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Verónica Calvo

Madrid, febrero 1966 Lectora, viajera, amante de las artes, en especial del cine y la música. Ha cursado estudios de Arte Dramático, análisis de texto, dramaturgia, técnica de guion para cine y televisión, técnicas de voz para el actor (dicción y foniatría), expresión corporal y danza. Escritora desde los doce años. Se adentró en la poesía y en el relato corto, pero pronto quiso profundizar en más géneros. Con sus primeras narraciones fue tomando contacto con el estilo narrativo que le permitía desarrollar al completo una obra de este género, este hecho también le permitió adentrarse en el mundo del guion. Bloguera desde hace años bajo el pseudónimo de Ananda Nilayán, posteriormente Verónica C., ha publicado más de 400 poemas, reflexiones, relatos cortos y prosas. En la actualidad con su nombre al completo, Verónica Calvo, nos presenta nuevos poemas en Issuu. Su primera publicación es el poemario “Las pequeñas esencias”. Actualmente está trabajando en la edición de su próxima publicación, “Japonismo” Su blog: Tinta de Sueños Participa en varios grupos de escritura en Facebook Redes sociales: Google+ Twitter Facebook Pinterest You Tube Goodreads

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Agua Lugar donde nos formamos, renacemos, y otras, nos ahogamos. Agua, sentimiento de acuarela que nos levanta. Líquido elemento donde flotamos soñando soles y estrellas. Y quise vincularme a tu reflejo de espejo; a tu quietud y a tu caudal según mi ánimo que siempre transformas en tus hondas. Agua, tan importante en mi vida. Tantos años en comunión contigo susurraron poemas en la carrera de un río hacia el océano, con sus mareas y sus misterios que alimentan las marismas. Tierra de sol, de luz especial para plasmar en lienzos, macetas en las rejas y una vez más, tú: agua. A esa tierra que me acogió bajo su cielo inmenso, a esa agua en sintonía con la mía… Gracias.

Verónica Calvo

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En la playa

El rumor de las olas susurra una esperanza. Lejos la borrasca se columpia entre dos aguas. Una transparente incógnita sobrevuela la mar de plata. Hay algodón en el aire, humo y olor a infancia. Acuden dos estrellas y un caracol que habla. Apenas un recuerdo confundido entre salitre y algas. ¡Ya viene el plenilunio! -y las sirenas lo cantan. Las olas susurran rompiendo el ritmo del agua. Viento fresco, relente de madrugada. …Allá quedan los secretos, en la arena de la playa.

En la marisma Una mariposa Sobrevuela la marisma. En sus alas el relente llega a la orilla. Una barca en el limo adormecida, espera a que la pleamar al mar la lleve. Hay un canto en el ambiente. Promesa de vida. Las garzas se desperezan Saludando al nuevo día.

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Mujer perla Dicen que la vieron, a la hora del poniente, de rodillas frente al mar. Cuentan que silenciosa estaba, que su nada se palpaba. Dos sombras cruzaron la playa y en sus manos, cuatro estrellas dejaron. Ella las tomó, y en viento las convirtió. Dicen que su cabello ondeó y una determinación la levantó. Nunca supieron de su aflicción. Dejó que la pleamar la inundara. En perla se convirtió. Sus penas y resacas como un manto envolvieron el horizonte que miraba. Y así, nácar y brillo, fue llevada al alba por un vencejo que bajó del rojo cielo. Más allá de la línea de la vida, fue en calma depositada, convertida en perla de belleza deseada.

Fue Ecos de voces. Pleamar y resaca. Donde mis manos no llegan lo hace el susurro de mi alma. Fueron tus ojos una noche de luna nueva, esperanza y sepultura para mi calma.

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Pasea Pasea su luto por la marisma. Su vida, sombra opaca de días. De su quejido escapa un suspiro que retorna, intacto, en alas de una gaviota herida. Atrás quedan sus pasos, marcadas huellas en la orilla. Lleva en su pecho un lucero, apagado y chiquitito. Recuerdos teñidos de alba sobre su bruma descargan. Siente en su piel la brisa y no puede contener el llanto. Tantos recuerdos liberados al sol en la marisma.

Resaca Golpea la resaca contra las rocas. Las moldea y las desgasta, ellas, en silencio, callan. Alta marea, incierta, arriba hay espuma, a mis pies, arena. Resaca, dulce nombre que me arrastra, llévame lejos, hazme sirena de nácar. Fúndeme entre las olas y deja que se diluya mi memoria. 5


Como esa luna Misterio, luna sobre un mar nocturno. Eterno suspiro de bruma, llorado sobre una dalia. Acaso sea eso, suspirar, llorar, dejar que todo suceda. Y sin más, como esa luna, iluminar lo oscuro con su brillo.

Éxtasis La sangre se hizo espuma. Un borbotón rojo asoló el corazón. Y se hizo playa, arena blanca, inmensidad azul. Una gaviota voló libre entre sus venas. Adornó el olvido con un caracol de nácar. Y se entregó, gozosa de su causa, al viento mistral que en sus cabellos jugaba. La sangre –otra vez la sangre-, se hizo océano… ¡Qué éxtasis lleva la plenitud del último momento!

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Océano Atlántico Agua que fluye, reflejo cielo sobre su plata. Algas y arena arrastra con fuerza hasta la playa. Entre su espuma lleva dos caracolas blancas. El rumor de sus olas mece a las barcas que sueñan estrellas de nácar. Hay en la orilla una niña que moja los pies en sus aguas. ...Océano Atlántico, fuerza de pleamar y resaca, llévame a tu encuentro antes de que llegue el alba.

Vinculada Lejos estoy de tus acentos. Vinculada sigo a tus espumas, a tu cielo inmenso, a la luz que captaron los pintores, al canto del gallo vespertino que desgarra el dorado alba. Lejos de la marisma, de las bajas casas blancas, del olor a Don Diego en la noche, y a azahar en la madrugada. Y aquí sigo, vinculada a ti, en la añoranza. (Al paisaje de Ayamonte)

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Haiku Abril es agua dicha de vida plena gotea el cielo

Senryu Luna coqueta reflejada en el agua mira su imagen

Tanka Aquel camino perdido entre castaĂąos llevaba al rĂ­o donde nos esperaban noches de amor secretas

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La Villa

Casas blancas encaladas en primavera lucen banderolas de colada en sus azoteas. Siempre presente el cielo despejado, cual cúpula inmensa y perenne, protege y desprotege la vida en la frontera. El viento mece cabellos sueltos escapados de los altos moños de muchachas adormiladas que, en pijama arrastran a sus hijos de la mano a la escuela. Se saludan cantarinas mientras pisan charcos de relente, y arrebujadas en la bata, regresan a sus casas parando antes en la panadería donde compran un sabroso pan portugués. Escapa un murmullo de misterio bajo las adoquinadas calles estrechas donde dicen emerge bajo el pozo, calle Galdames arriba, un pasadizo que lleva bajo el río a Castro Marim majestuoso, el mismo que pintara Sorolla de fondo cuando pescaban atunes en abundancia. Olores de puchero, Don Diego y azahar acompañan al solitario caminante que no encuentra más placer en estas calles que admirar patios llenos de geranios, atelier de pintores y leyendas de brujas que escapan con orgullo y aviso, de las alzadas voces ayamontinas. La Villa, vericuetos de subidas, gente que saluda y sonríe allá arriba del cabezo, donde el viento húmedo divisa la desembocadura del Guadiana, mirando alegre el Algarve portugués, sin entender de contrabando ni rencillas. (La Villa es un barrio de Ayamonte lleno de encanto y autenticidad)

Todos los poemas y textos aquí editados están inscritos y aprobados por el Registro de Propiedad Intelectual de Madrid. Si quieres compartir algún poema pide permiso. Gracias. veronica@2deletras.es

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Agua - Verónica Calvo  

2 de Letras, edirorial

Agua - Verónica Calvo  

2 de Letras, edirorial

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