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Staff Mel Cipriano

Elle Val_17 Sofí Fullbuster CrisCras karlamirandar Maca Delos Juli Noelle KristewStewpid

Jess Rowe♡ yure8 Zoe.. Melody Hamort snowsmily aa.tesares Aimetz14 Mary Haynes

Amy Ivashkov Julieyrr SamJ3 Issel BeaG hermanaoscur a JoyceLovesTL Lalu

Adriana Tate Janusnelly melusanti Majo_Smile ♥ Elena Verlac Vanessa VR Joss Mel Cipriano

3 Melii Daenerys Lalu Maarlopez Cris Vanessa Cami Alessa

mterx Daniela mariaesperanza.nino Alaska Aimetz Momby Merlos Sofi Karool

Juli

PaulaMayfair

itxi Tsuki SammyD Meliizza Paltonika Mel Markham CarolVanessa Valeriia


Índice Sinopsis

Capítulo 16

Capítulo 1

Capítulo 17

Capítulo 2

Capítulo 18

Capítulo 3

Capítulo 19

Capítulo 4

Capítulo 20

Capítulo 5

Capítulo 21

Capítulo 6

Capítulo 22

Capítulo 7

Capítulo 23

Capítulo 8

Capítulo 24

Capítulo 9

Capítulo 25

Capítulo 10

Capítulo 26

Capítulo 11

Capítulo 27

Capítulo 12

Capítulo 28

Capítulo 13

Agradecimientos

Capítulo 14

Sobre las autoras

Capítulo 15

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Sinopsis El baterista, estrella de rock, Bishop Riley no tiene un problema con las drogas. Las celebridades, especialmente las que sufren de ansiedad, a veces solo necesitan un poco de ayuda para salir del borde. Después de haber tomado demasiadas pastillas, Bishop despierta en el hospital, enfrentando una intervención. Si quiere quedarse en la banda, tendrá que desintoxicarse mientras cumple arresto domiciliario en Seldon, Alaska. La jugadora de hockey, Penny Jones no puede imaginar una vida fuera de Seldon. A pesar de que tiene un montón de ofertas sobre becas en las mejores universidades, lo último que quiere es irse. ¿Quién cuidaría de su despistado abuelo? Ciertamente no su madre, quien ni siquiera puede molestarse en ir a casa después del trabajo, y mucho menos hacer frente a sus nuevos inquilinos de al lado. Penny no está interesada en tratar con la actitud de mierda de Bishop, y él está demasiado ocupado escondiendo pastillas como para preocuparse. Hasta que empieza a pasar tiempo con el abuelo, y comienza a ver lo que se ha estado perdiendo. Si Bishop quiere una oportunidad con la ardiente chica de al lado, tendrá que admitir que tiene un problema y superarlo. Lástima que una adicción es difícil de superar... y Bishop está a punto de quedarse sin tiempo.

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Este libro está dedicado a mi madre. Gracias por enseñarme a creer en mí misma. Es por ti que nunca me di por vencida, y vi mis sueños hacerse realidad.

—Nyrae Para Melissa, Heather, Beth, Mónica, Andrea, Jamie, Julie, Betty (ambas), Vivian, Emma y todas las otras fuertes chicas de Alaska que he tenido el privilegio de conocer. Esto es para ustedes.

—Jolene

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1 Traducido por Mel Cipriano & Elle Corregido por Daenerys♫

Bishop ¡Bishop! ¡Bishop! ¡Bishop! Los gritos de la multitud no se detendrán de golpetear en mi cabeza. ¡Bishop! ¡Bishop! ¡Bishop! Me tropiezo desde el coche hacia la puerta, enganchándome el pie en un escalón y estrellándome contra el costado de la casa. El mundo a mi alrededor se desdibuja. Siempre lo hace después de un show. ¡Mira, es Bishop Riley de Burn! Izquierda, derecha, e izquierda de nuevo, miro por encima del hombro a los paparazzi que siguen detrás de mí; sus voces se mezclan con los aficionados que me persiguen. ¿Qué tipo de estrella de rock no puede manejar las multitudes? Es patético. Es patética la forma en que dejo que la ansiedad casi me trague entero. Sólo entra. Tengo que entrar, y luego todos se irán. Saludo a mi guardia personal que se encuentra en el coche, antes de agarrar la manija, desesperado por silencio. Pero tan pronto como abro la puerta, es como si regresara al escenario y todo el mundo quiere un pedazo de mí. La gente está en todas partes, acercándose. Nadie debería estar aquí. Ella lo prometió. Maryanne malditamente prometió que no habría fiesta esta noche. Me abro camino a través de las personas que se encuentran en el salón de su casa. Los gritos de la multitud durante mi solo de batería me alcanzan, borrando lo bien que me siento cuando mis palos golpean en la batería. Nadie está mirando, pero se siente como si estuvieran subiendo dentro de mi piel, carcomiéndome desde adentro. Necesito a Maryanne. Dijo que tenía una sorpresa para mí, y más vale que no sea esta fiesta.

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Alguien me golpea en mi lado izquierdo, y se escabulle hacia la derecha. Cada toque amplifica los gritos en mi cabeza, torciendo una soga alrededor de mi garganta. Doblo mis manos, deseando tener mis baquetas. —¡Bishop! Me tapo los oídos, pero luego me doy cuenta de que me llama Maryanne. Salta hacia mí, una gran sonrisa idiota en su rostro. —¡Ven conmigo! —Está gritando, pero aún así apenas puedo oírla. Mis pies se enredan de nuevo mientras subo las escaleras y la sigo por el pasillo. Con cada paso, la presión de la soga alrededor de mi garganta es cada vez mayor, los flashes del espectáculo de esta noche se reproducen en mi cabeza. 10.000 personas. ¡Burn! ¡Bishop! ¡Burn! Los gritos se mezclan con la llamada telefónica del imbécil de mi padre. Él quiere más dinero, como siempre. Es la única manera de lograr que nos deje en paz. Cierro los ojos, todo es demasiado. Entramos en una de las habitaciones... y está tranquilo. Dichosamente tranquilo, el ruido de la fiesta es silenciado por las paredes. Me vuelvo hacia Maryanne, odiando la forma en que tiemblan mis manos. —Más vale que tengas algo bueno. Ella sostiene un frasco de pastillas y sonríe. Mi boca se seca. —¿Qué es? —Ven a ver. —Riendo, se aleja. Y tan pronto como camino hacia ella, me lanza la botella. Cuando saco la tapa, sacudo las pastillas dentro de mi boca y agarro la cerveza que me entrega Maryanne para tomarlas. Las píldoras y la cerveza se han ido en tres segundos. Atrás ha quedado la forma en que solía ser antes de que tuviera el dinero para pagarle a papá, cuando podía encontrarnos en cualquier ciudad nueva a la que nos trasladáramos para poder escapar de él. Solo las pastillas me hacen sentir mucho mejor que escapar. Maryanne arrastra los dedos por mi estómago. —¿Cuántas tomaste antes de llegar aquí? —Un par. Yo solo tenía unas cuantas conmigo. —Toma. —Me entrega su cerveza, y también la bebo. No pasa mucho tiempo antes de que el borde se esfume, de que la soga, las voces, las manos agarrándome, se desvanezcan.

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Suena mi celular. Mierda. Saco el teléfono, sabiendo que si no contesto puede que me la vea fea. La gente siempre me está comprobando. —¿A dónde desapareciste? —pregunta Blake, el cantante de mi banda—. Pensé que ibas a venir. La habitación está girando. ¿Cómo diablos es que una habitación puede girar? Caigo en la cama para ver si eso hace que se detenga. Nop. Mi cuerpo se estremece por todas partes. Es una sensación increíble. Mucho mejor que las manos que rasgan mi piel durante un espectáculo, o el canto atrapado en mi cabeza. —¿B.R.? Oh, cierto. Estoy al teléfono. —Los Paparazzi no dejaban de seguirme —le digo—. Tenía que deshacerme de ellos. —Es cierto. La palabra suena divertida, así que sigo repitiéndola. Cierto, cierto, cierto, cierto. —Podrías haberte deshecho de ellos y venir. Pensé que decidimos que la banda saliera junta después del show de esta noche. ¿Lo hicimos? Pequeños fragmentos tratan de formarse en mi cerebro, pero luchar para descifrarlos toma demasiada concentración. Blake está tratando de matar mi zumbido. Estaré condenado si dejo que eso suceda. El giro comienza a reducir velocidad, y estoy enojado al respecto. Estar mareado es mucho mejor que tratar con él. —No es para tanto. Mis dientes superiores rozan algo en el labio inferior, y eso me asusta. Pero luego me doy cuenta de que es mi aro, y comienzo a reírme. No quiero parar. No recuerdo la última vez que me reí tanto, la última vez que me solté con gente que no estaba en mi cabeza. ¡Burn! ¡Burn! ¡Burn! Es algo más que el nombre de nuestra banda cuando lo gritan así. Me hace sentir como si me estuvieran quemando vivo. Mi zumbido comienza a desaparecer… Quiero aferrarme. Hallar algo más que tomar para asegurarme de que no se irá por el resto de la noche. —Bishop, debes tomarte esta mierda en serio. Solo puedo cubrirte por un tiempo, antes que… Espera. —¿Cubrirme? ¿Qué diablos quieres haber dicho?

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—Decir1. ¿Decir? ¿De qué está hablando? El giro frena hasta detenerse. Él me está dando mierda por algo que todos hacemos. Van a salir esta noche. No hay ninguna diferencia si yo voy también. Y por lo menos tengo una excusa. Ellos no sienten que van a perder su mierda en el escenario como yo. No es que se los haya dicho alguna vez. —Bishop —se queja Maryanne—, me estás ignorando. No me gusta ser ignorada. —Cae sobre la cama junto a mí y pasa los dedos por mi pecho otra vez. Mi corazón se recupera. Estoy de humor para esto. No para la mierda de Blake. —¿Esa es Maryanne? —pregunta. ¡Bishop Riley! ¡Burn, Burn, Burn! Mi zumbido se está perdiendo. —Tengo que irme. —Cuelgo el teléfono y lo dejo caer en la cama... o en el piso. No lo sé y no me importa. La falda de Maryanne es corta, tan corta—. ¿Qué quieres B.R.? Sé que quieres más. ¿Lo hago? Sí, eso creo. Hace apenas unos minutos me reía. Eso aleja el estrés, y así puedo ser feliz. Creo que ella mueve sus pestañas, pero no puedo asegurarlo. Maryanne se levanta y se acerca a la cómoda. Una botella de vodka vuela hacia mí y casi no la atrapo. Con una leve sonrisa, ella saca dos píldoras más. El estrés desaparece de inmediato, así de fácil. Merezco estar de fiesta de vez en cuando. Me cansé de que me digan lo contrario. No conozco a nadie que no se suelte a veces. ¿Quién no necesitaría ayuda para relajarse después de la vida de locos que llevamos? El resto del tiempo, solo aguanto. Todos tenemos que aguantar. Por una vez, quiero hacer algo más que aguantar. Me levanto y agarro una de las botellas de su mano, y no me molesto en leerla antes de intentar girar la tapa. Me toma tres intentos abrir la estúpida cosa, pero finalmente lo consigo, antes de tomar todo lo que queda en ella. —B.R. ¿Y yo qué? —Maryanne golpea mi brazo, pero la ignoro. Estoy tan cansado de recibir mierda de todo el mundo. Cansado de sentirme nervioso todo el tiempo, como si mi corazón quisiera comerme vivo. Solo quiero que todo se vaya. Después de hurgar un par de veces, por fin me las arreglo para abrir el vodka antes de tomar un poco, con píldoras y todo.

En inglés Bishop dice: “meant” y Black lo corrige: “mean”. Es una cuestión de tiempos verbales que en español no queda muy clara dado que las palabras no se asemejan. 1

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En lo que se siente como un segundo más tarde, mis piernas se debilitan. Los giros comienzan otra vez, pero se siente como si fuera mi cabeza, y no la habitación. Maryanne se echa a reír y empieza a bailar. Trato de ver, pero una sábana continúa descendiendo sobre mis ojos. La habitación se tambalea. Me caigo al suelo. Maryanne está riendo, y yo estoy luchando para hablar, pero no sale nada. Algo trata de subir por mi garganta. Esa estúpida sábana cae otra vez, pero no desaparece. ¿Por qué Maryanne no la quita? Ella sigue riendo... riendo... Pronto, no queda nada. *** Trato de abrir los ojos, pero es como si hubieran sido cosidos, cediendo lo suficiente para levantarlos parcialmente y volver a cerrarse. Son marionetas. Alguien tira de sus hilos y ellos no me escuchan. La idea me da ganas de reír. Cuando lo intento, el sonido no sale. Mi garganta arde. Mi lengua está muy seca, y me siento pesado, paralizado, o algo así. Oh, mierda. ¿Estoy muerto? Mi corazón comienza a golpear un solo de batería asesino. Si mi corazón late, no puedo estar muerto, ¿cierto? Trato de sentarme, pero es imposible, por lo que en lugar de eso me concentro en mis ojos, luchando como loco para abrirlos. —Está despertando —susurra alguien. ¿Mamá? Creo que sí, pero no puedo asegurarlo. Cuando siento una mano sobre mi cabeza, sé que es ella. Lo ha hecho desde que era un niño, y no quiero nada más que apoyarme en ella. Esto tiene que ser bueno. Si puedo recordar esas cosas, tengo que estar bien. ¿Quiero estar bien? —Bisop —susurra mamá de nuevo. El dolor en su voz me rompe en pedazos. Odio cuando está dolida, lo odio tanto que estoy bastante seguro de que la jodí a lo grande, y que soy yo quien la hizo sentir de esa manera. —¿Mamá? —Mi voz no salió bien. Hay algo en mi garganta. Lucho para abrir los ojos, pero apenas logro una especie de aleteo. En primer lugar, solo veo niebla, pero poco a poco se empieza a aclarar, y ella se inclina sobre mí y su pelo marrón cae. Sonríe, pero una lágrima se desliza por su rostro y se posa en mi mejilla. Se supone que debo protegerla, no hacerla llorar. Sí, estoy totalmente jodido.

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Esta vez, trato de mover mi brazo pero me doy cuenta de que está atado a la camilla. Los tubos están por todo el maldito lugar: en mí, colgando de las cosas. Hay un pitido constante que no debo haber notado antes. El pánico se establece, y trato de moverme de nuevo. Para hacer algo, cualquier cosa. Ya que mis brazos no están respondiendo, voy por mis piernas. Trato de levantarme. —Shh. Está bien, cariño. Solo relájate. No puedo parar. Me estoy volviendo completamente loco, ¿y ella quiere que me relaje? —Está demasiado agitado —dice una voz que no reconozco—. Vamos a darle algo. ¿Darme algo? Sí, eso suena muy bien. El rostro de mamá comienza a desdibujarse. Lo último que noto es que ya ni siquiera trata de sonreír, y luego le doy la bienvenida a la oscuridad que me lleva otra vez. *** —No iré a Alaska. —Cuando siento que mi corazón se agita, lucho por calmarlo aferrándome a los brazos de la silla. El mánager de mi banda, Don, ni siquiera intenta ocultar su ira del modo en que mamá intenta ocultar su tristeza. Don cruza sus robustos brazos y se recuesta al escritorio. —Sí vas. Empujo la silla y se cae al piso detrás de mí. —Primero que todo, soy un adulto. No puedes obligarme a hacer esta mierda. Segundo, fue un accidente. Un accidente de una vez. Todavía no puedo creer que sucedió. ¿Despertarme y averiguar que podría haberme ahogado en mi propio vómito? No había estado tan jodido antes. En realidad fue una muy mala noche, y se me fue la mano, es todo. Las pastillas son un modo de desconectar; una forma de permanecer en calma cuando siento que me quiebro. Las manos de mamá tiemblan cuando se las lleva a la boca y jadea. Ni siquiera dije nada, pero es la primera vez que hemos hablado de las cosas parcialmente desde que desperté en el hospital hace una semana. —Ma, lo siento. En serio, sabes que no pretendía nada. Estaba… —me encojo de hombros—. No sé. Solo algo que hacer, o lo que sea. Estaba cansado después del espectáculo y toda la cosa esa con la prensa. Me ayuda a relajarme. No lo hago todo el tiempo. — Cuando Maryanne me da algo, puedo hacer que una botella me dure

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todo un mes. No es nada comparado con alguna gente que conozco. No es que pudiera decírselo a mi mamá. —Bishop… podrías haber muerto. —Mamá llora otra vez y se limpia las lágrimas con las manos que relucen su manicura rosa. Me odio un poco más por hacerla sentirse así—. ¿Te das cuenta lo grave que es eso? ¿Te das cuenta lo grave que es eso? Esa es la pregunta más estúpida que he escuchado. —Sí, ma. Soy yo quien despertó con un tubo metido en la garganta. Eso solo hace que llore con más fuerza. De ser posible, me siento aún más mierda. Mamá no se merece esta porquería, no se merece mis meteduras de pata, porque ha renunciado a todo para que yo llegue hasta aquí. Qué mal que no puedo lograr hacer nada al respecto. Don se aclara la garganta. —Si comprendes lo grave que es, entiendes por qué vas a Seldon. Tu mamá y yo hemos estado hablando, y creemos… —No hables de mí como si fuera un idiota. No los necesito discutiendo a mis espaldas. Cuando habla de nuevo, la voz de Don es dura. —¿Sabes cuánto tiempo he estado en este negocio, Bishop? Ahora mismo no podría importarme menos. —Más de veinte años. He visto pasar mucho talento. He visto gente lograrlo y fastidiarlo por completo. —Sacude la cabeza—. He visto gente morir. —Yo… —Cállate y déjame terminar. Creo que lo de la semana pasada fue un accidente, pero no creo que fuera cosa de una vez. Puedes pensar que soy idiota, pero me doy cuenta cuándo alguien está drogado. He estado en este ambiente con músicos en mejor y peor forma que tú. También sé que estás en el límite. Si continúas por este camino, vas a caer. Inicia como un modo de relajarte; luego comienzas a perder el control de vez en cuando, como la semana pasada; y antes de que lo sepas, has perdido todo el control. Lo he visto. —Solo queremos que tomes un pequeño descanso, cariño — agrega mamá—. Eso es todo. Que te aclares las ideas y veas lo que estás haciendo. Mirarla duele demasiado, así que miro a Don. Es más fácil estar enojado con él. —Eres afortunado de tener gente que se preocupa por ti. No todo el mundo posee eso. He visto lo suficiente para saber que, aunque me

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haces ganar dinero ahora, empeorarás y comenzarás a costármelo. Alaska o rehabilitación, escoge. Podemos mantener lo de Alaska en silencio, lo que, honestamente, sería una jodida bendición. La prensa no sabe lo que pasó la semana pasada, y quizá podamos ser capaces de mantenerlo de ese modo. Lo averiguan y todo cambia. Ya no se trata de la música de la banda. Todo se convierte en: ¿Cómo está tu baterista? ¿Se mantiene limpio? No dejaré que jodas a mi banda de ese modo, Riley. Odio el modo en que dice el apellido. Don me mira engreído, como si supiera que me tiene convencido. Los premios de música están por toda la pared en su estúpida oficina, tentándome. Nuestro Grammy del año pasado. —¿Y si me rehúso? —La mirada en el rostro de mamá me dice que la he herido más. El ceño fruncido de Don me dice que está más que enojado, pero, ¿qué demonios? No son ellos a los que embarcarán lejos. ¡Bishop! ¡Bishop! ¡Bishop! Enfocándome, pienso en las pastillas que tengo en casa. Después de lidiar con esto, creo que merezco una. —Eres un baterista natural, chico. —Sacudo la cabeza, deseando tener las manos tranquilas. Sabe que me molesta cuando me llama chico, incluso más que esa cosa del apellido—. Eres uno de los mejores que he visto y aún eres un maldito adolescente. Odiaría perderte. Los chicos también, pero no nos sirves si tenemos que preocuparnos porque te tragues tu lengua si estás muy jodido para ver bien. Una noche lleva a dos, a tres. Seguirás acercándote a ese precipicio, y que me condenen antes de que todo nuestro trabajo se desperdicie porque no pudiste manejarlo. ¿Manejarlo? ¿Cómo manejo esto? Esta sensación de que todo el mundo en el espectáculo está en mi interior, apropiándose de mis entrañas y saltando sobre mi corazón. Las pastillas son lo único que atonta el caos en mi cabeza. Mamá extiende la mano y me toca el hombro. —Solo quiero que estés bien. No me interesa la banda, me interesas tú. Necesitamos hacer lo que es mejor para ti. Si eso fuera cierto, no estaría escuchando a Don. —Los chicos no estarán de acuerdo con eso. Ellos me cubren las espaldas. —Ahora estamos en la cima. Tres sencillos número uno en los últimos seis meses, ¿y él quiere que me esconda? Se frota la barba. —Desapareciste un día entero en Tokio. Te desmayaste y perdiste la entrevista en Nueva York. Te perdiste una reunión con la banda el mismo día que te bajaste un montón de pastillas. No te cubrirán, y también se les ha dado instrucciones para

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que no te hablen durante tu partida. Te vas a retirar de todo mientras estás ahí. —Yo… —No tienen permitido hablarme. Mis compañeros de banda saben sobre esto. Me delataron. Hablé con cada uno de ellos esta semana y ninguno mencionó nada sobre Alaska. Don me interrumpe antes de que pueda pensar en algo más. Suspira, dejando caer el peso de su cuerpo en los brazos, como si de veras le importara. —No tenemos nada en los próximos meses. Los chicos van a tomarse un tiempo libre. Es la oportunidad perfecta para que averigües lo que quieres hacer. Retrocede de ese precipicio. Tienes dos meses para organizarte o estás fuera. Eso nos dará tiempo suficiente para conseguir a alguien para la gira. Fuera.Fuera de la banda. Otra vez es como si la multitud estuviera dentro de mi pecho. Lucho por apaciguar mi respiración. Esta es mi vida. La batería es mi vida. —¿Me vas a quitar la música? Miro a mamá, pero ella deja que sus ojos vaguen, cerrándose. —No, chico. Tú serás quien te la quite. —El rostro severo de Don no cambia. —No tengo un problema —suelto. —Entonces no te molestará irte de vacaciones. Alzo los brazos en respuesta. —De acuerdo, pero Alaska no es un sitio para vacacionar en pleno febrero. Yo elijo el lugar. Don se ríe. —Perdiste la oportunidad de negociar. Es Seldon, Alaska o nada. Troy creció allí; él y Gary van de vez en cuando. Allí no te puedes meter en muchos problemas, y a diferencia de Los Ángeles, es el sitio en el que te puedes esconder, porque, lo juro por Dios, si veo tu cara estampada en la portada de un tabloide como si fueras la jodida Lindsey Lohan, estás fuera. No soy a lidiar más con esa mierda. Mamá se mueve y su seriedad iguala la de Don. —Será una aventura, Bishop. Nunca hemos estado en Alaska. Será como cuando eras más joven… solo nosotros dos. Esas palabras sacuden mi sistema. Siento como si estuviera intentando tragarme la lengua como dijo Don. No puedo hacer esto con mamá. No puedo lidiar con el modo en que me mira. No puedo lidiar con ella mordiéndose sus uñas rosa, asustada de que perderé los papeles en cualquier momento. Ponerle canoso el cabello castaño detrás de la oreja y saber que la estoy fastidiando. Sacudo la cabeza. —No. No… no puedo ir con ella. Si es así, me voy. —Miro a mamá, esperando que lo entienda. Esperando que vea que no estoy intentando hacerle daño, pero en lugar de eso jadea y su mandíbula comienza a temblar. Mira a Don, y sé que él la salvará, pero me sorprende diciendo—:

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No. Gary ha pasado por esto antes. Él se hará cargo. Mamá parece tan sorprendida como yo de que Don me envíe con su hermano. *** Decidimos que sería mejor si nadie sabe quién soy, y por “decidimos” me refiero a Don, pero da igual. Lo entiendo. No es que yo quiera que la gente sepa que estoy metido en un pueblo mierdero con gente que probablemente se case con sus primos. Mi cabello volvió a su color marrón oscuro natural. Don quería que me quitara el aro del labio, pero de ningún modo voy a perderlo. Ya me están enviando lejos como si fuera un drogadicto degenerado. Creo que estoy siendo bastante condescendiente. Frustrado, pongo los pies en el salpicadero. —¿Cómo te sientes? ¿Algún síntoma de abstinencia? ¿Qué? Miro a mi guardaespaldas, Gary. —Primero que todo, ha pasado una semana desde la fiesta. Si tuviera abstinencia, ¿no habría pasado ya? Segundo, ¡no soy un pastillero! No tomo esa mierda todos los días. Eso es lo que ustedes no entienden. —No tienes que tomar algo a diario para que sea un problema. — Hay tensión en la voz de Gary que no escucho a menudo, pero la ignoro. Después de lo que parece un año, Gary se sale del camino cubierto de nieve y va hacia una autopista cubierta de nieve en medio de un incontable número de árboles nevados. —Les servirá de lección si me ataca un oso o algo. —Tan pronto como lo digo, me doy cuenta de lo estúpido que suena, pero no me importa. —Los osos duermen durante esta parte del año —es todo lo que dice Gary. Lo ignoro, mirando hacia las microscópicas cabinas al frente. Son del tamaño de las habitaciones de hotel de nuestros inicios. Ahora siempre nos quedamos en suites. —Usualmente no las rentan a estas alturas del año, por lo que pagamos por todo. No saben quién eres, así que viene siendo hora de que me digas si vas a crearte un alias. Dejo caer la cabeza hacia un lado. Es el hermano de Don, pero su apellido es donde termina el parecido. Don es enorme. Gary es pequeño y delgado. Don es serio. Gary se cree comediante. Don es lo más hetero que hay. Gary es gay. Aunque hay algo en Gary que hace que no quieras meterte con él. Tal vez es por su novio fisicoculturista con

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enorme trasero. —Esto no es un juego. Es mi vida. Se encoge de hombros. —Es tu decisión. Al menos debes deshacerte del apellido. Puedes ser como Madonna. Todas las estrellas geniales de rock tienen un solo nombre. —Me hace un guiño. Maldigo por lo bajo. Acabamos de llegar y ya estoy harto. —Qué gracioso. Me muevo para salir del coche, pero él me detiene. —Puedes hacer esto, Bishop. Troy estaba mucho peor que tú cuando se limpió. Fue a rehabilitación, y cuando terminó, vino aquí a recuperarse. No a las cabañas, sino a la casa de sus padres. ¿Don no te dijo que Troy había crecido aquí? Todavía estoy intentando procesar todo lo que dijo. Nunca supe que su novio solía ser un adicto. Y odio que me estén comparando con eso. Después de librarme de su agarre, salgo del coche. Él está justo detrás de mí. —Ya que tenemos todo el sitio, quiero mi propia cabaña. —En serio, sigo pensando en Troy y en cómo creen que necesito el mismo tratamiento de alguien que estuvo en rehabilitación. Él camina hacia el maletero y lo abre. —Estamos puerta con puerta y tendrás chequeos al azar. También registraré tu cabaña de menudo, y antes de que nos separemos, voy a mirar en tu bolsa y tus ropas. Vas a donde quieras, preguntas primero. Quiero verte antes de ir y cuando regreses a casa. Del mismo modo, no puedes irte por más de un par de horas. —¿Perdón? —No he terminado. También tendremos charlas al menos una vez a la semana. También tenemos que ponerte algún tipo de cronograma. Cuando Troy se limpió, comenzó a hacer ejercicios. Contigo comenzaré una hora diaria de caminata. Algunas veces iremos juntos, otras podrás ir solo. Será bueno que tengas tiempo a solas con la naturaleza. —Gary alza una ceja; obviamente disfruta esto. Gimo, pero en realidad es solo una fachada. Mi corazón late a miles de millones de kilómetros por hora. No hay tiempo para pensar en la caminata o en cualquier otra mierda que dijo. Gary revisará mi bolsa. Mi mente se va a las pastillas que tengo metidas en una ranura en el fondo. Creo que está escondida, pero hay una probabilidad de que la encuentre. —Estoy en un pueblo del tamaño de una caja de zapatos. No tengo auto y definitivamente tampoco amigos. No es que haya muchos sitios a los que ir… bueno, excepto en tus caminatas, supongo. —Estoy esperando que esto lo entretenga para que no se dé cuenta de que me siento aterrorizado. Gary se ríe y de pronto tengo ganas de meterle un puñetazo. Solía

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caerme mejor que Don. —No seas tan gruñón. Ahora ven acá y ayúdame con las bolsas. Doy un paso adelante, de algún modo me resbalo en la nieve y caigo sobre mi trasero. Gary se ríe con más fuerza. Odio la jodida Alaska.

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2 Traducido por Val_17 & Sofía Belikov Corregido por Lalu ♥

Penny La adrenalina me recorre el cuerpo mientras vuelo detrás del objetivo del enemigo con el disco en mi poder. Con los gritos de la multitud apenas registro el sonido de mi respiración y los patines contra el hielo. Este juego podría llevarnos a las semifinales, y estamos tan cerca del final. Quedan diez segundos. Conozco la ubicación de cada jugador —la mayoría de nosotros hemos estado en los mismos equipos por años— y puedo identificar a cualquiera de los chicos por la manera de moverse en el hielo. Apenas esquivo el centro opuesto, Mitch se mete por el centro. Está a punto de girar a la izquierda y se encuentra frente al objetivo en el momento perfecto. Solo tiene que rodear a la defensa. Vigilo por el rabillo del ojo mientras sigo con el disco cerca. Mitch y yo tenemos más asistencias y goles que cualquier otra persona en el estado y eso dice mucho. Hay un montón de talento aquí. Está bien. Enfoque. El tiempo va lento como siempre cuando me estoy moviendo tan rápido. Cada pulsación de mi patín, cada golpe de mi palo contra el disco se registra en mi cerebro; no lo arruines. Quedan cinco segundos. Justo antes de que el número ocho intente robarlo, muevo mi palo y tiro el disco directamente a Mitch que lo golpea hacia la meta. El número ocho me lanza contra la pared, sacándome el aire de los pulmones, pero no arranco los ojos de la red. El portero lo alcanza y toca el disco con la punta de su guante. Contengo la respiración hasta que cae justo dentro de la línea roja. A pesar de la protesta de mis costillas, echo mis manos al aire y grito cuando suena el timbre. El número ocho no tonteaba. Mi lado me está matando. Mitch se estrella contra mí para un abrazo, y el resto del equipo nos ataca.

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Toda la mierda que recibo de los extraños por ser la única chica en el equipo vale totalmente la pena por esto. *** —¡Pen-ny! ¡Pen-ny! —cantan los chicos cuando salgo del vestidor de chicas. Amo esto; el subidón del juego, de la multitud, de mis chicos. Mi cabello rubio blanquecino sigue empapado de la ducha, y me duele todo el cuerpo. Era un equipo duro, y me pregunto cuántos moretones tendré mañana. Pongo mi enorme bolsa de lona de hockey más alto sobre mi hombro, enviando otra oleada de dolor a través de mi lado izquierdo. —¡Fiesta en casa de Matt! —Mitch arroja un brazo por encima de mi hombro, haciéndome cambiar de nuevo mi bolsa mientras nos dirigimos hacia la puerta. Nunca me había insultado por pedir que lo llevara—. ¿Vienes? —Allí estaré. —Una parte de mí desea que los chicos fueran jugadores virtuales o nerds del juego D&D o algo así, para no tener que hacer frente a las fiestas, pero al menos son lo suficiente serios con el hockey como para no meterse en algo peor. Tampoco dicen nada cuando tomo sus llaves. —¿No has recibido noticias de Michigan? —Su sonrisa es amplia, y su oscuro cabello le cae sobre la frente—. Su equipo de mujeres es bastante duro. Mi pecho se hunde porque ni siquiera Mitch entiende que quiero seguir jugando con los chicos. No quiero ir a Michigan. No quiero ir a Illinois ni Washington ni Wisconsin. He dejado de explicar que en realidad quiero quedarme en Alaska e ir a la UAA o UAF, por lo que suelo dar las respuestas más evasivas posibles. A mamá, al abuelo, a todos, porque al parecer todos ellos tienen un plan para Penny Jones que no incluya mi aporte. —Aún no. —¿Irás a casa? —pregunta Mitch tranquilamente. —Sí, mamá está trabajando esta noche, así que necesito pasar por allí. —Amo al abuelo, y me asusta dejarlo mucho tiempo solo en casa. Hasta ahora, su confusión no se ha vuelto peligrosa, pero todavía me preocupa. Estaba demasiado cansado para venir a mi juego, y eso no sucede con frecuencia. —¿Cuándo va a contratar a alguien tu mamá para que se quede con él? No puedo pensar en eso. Es demasiado drástico. —No hasta que tengamos que hacerlo. Ha tenido muchos buenos días últimamente. —

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Incluso mientras digo las palabras, sé que él se va a ir cuesta abajo sin importar lo que hagamos. Mitch me da un apretón porque me conoce lo suficiente para entender que lo necesito. —¿Quieres que vaya contigo? —No. —Sé que lo haría, pero también sé que probablemente preferiría no hacerlo. Yo preferiría que no, porque va a traer a su novia con él y verlos podría matar mi entusiasmo por el juego. Quiero ir directo a la fiesta, a pesar de que no soy una bebedora. Alguien tiene que estar ahí para asegurarse de que los chicos no se maten accidentalmente al jugar a algo atrevido para desperdiciar el tiempo. —Voy a ser el guardián de las llaves hasta que llegues allí, ¿bien? —Me da otro apretón. —Gracias. —Doy un suspiro de alivio. Mitch tiene la necesidad de mantener a nuestros amigos a salvo; incluso cuando están demasiado borrachos como para importarles. Echo un vistazo a la puerta, donde la novia de Mitch, Rebecca, está frunciendo el ceño. Como siempre lo hace cuando estoy cerca de Mitch. Se halla perfectamente vestida y arreglada, con su pequeño y curvilíneo cuerpo, y cabello castaño perfectamente liso. Lo opuesto a la clase de chica que podría entender a Mitch. Lo que sea. Me da un beso en el costado de la cabeza antes de dejar caer su brazo y bolsa para ir corriendo a buscarla. Esto siempre le apacigua, y en general, me hace darme cuenta de que podría no ser tan buena como quisiera con él y Rebecca. Él tenía citas antes, pero Rebecca es diferente. Ella ha estado por más tiempo, y no muestra signos de querer pasar a otra persona. Parece una locura, pero Mitch siempre ha sido algo dado conmigo. Es mi mejor amigo, y nunca tuve una duda de que algún día habría un Mitch y Penny. La pequeña punzada de nostalgia, pérdida o celos es breve, pero solo porque soy buena en apartarla. —Buen juego, Jones. —Freddie y Chomps; bueno, David, pero todos lo llamamos Chomps, me dan una palmada en la espalda cuando me alejo de Mitch y Rebecca que acaban de convertirse en un retorcido desastre de hormonas en la puerta. Chomps es el defensa y casi tan grande como se podría esperar de un chico con un apodo como Chomps. Él y su novia no son de esos desagradables. Podría tener algo que ver con el hecho de que han estado saliendo desde, como, octavo grado y es probable que se casen luego de dos meses de la graduación, pero aun así.

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—¡Nos vemos, Lucky Penny2! —Mitch me da un corto saludo antes de ser absorbido por la aspiradora que son los labios de Rebeca. O tal vez tiene más que ver con sus pechos. —Lárgate, idiota. —Sonrío mientras empujo el segundo conjunto de puertas, aunque no lo siento. La idea de perder a Mitch hace que sea difícil respirar. Solo necesito llegar a casa y hacer mi comprobación para poder reunirme con todo el mundo, entonces voy a estar bien otra vez. Estoy segura. La nieve está bajando con fuerza, y es probable que ya haya un centímetro de sustancia pesada y húmeda en el estacionamiento. Lo bueno es que Matt vive cerca de mí, porque si no, es imposible que conduzca en este lío solo para ver como se emborrachan los chicos. Bitty, mi camioneta roja, gira hacia los lados, por lo que aumento la velocidad solo para sacar un poco de nieve. Una vez que recupera la tracción, arranco el vehículo para el viaje a casa. Pongo la radio en mi estación favorita de rock y subo el volumen, cualquier cosa para mantener mi entusiasmo del juego por un tiempo. Cuando miro detrás de mí, la camioneta de Chomps me pisa los talones, llena de chicos, también derrapando hacia un lado y rociando nieve. Apesta tener que hacer ir a casa en lugar de viajar con ellos. Ya es lo suficiente malo olvidar la conversación en la sala de casilleros. Por otra parte, probablemente hablan de chicas cuando no estoy cerca, así que tal vez debería estar feliz de no estar allí. Lo que importa es que me cuidan sobre el hielo, y yo cuido de ellos. Un equipo. Al menos por un par de partidos más. Y luego viene la parte en la que no quiero pensar porque no estoy lista para que cambie nada. *** Vivo en la casa para locos de la esquina cerca del río. Esta parece ser la dirección de Alaska. Mi abuelo y abuela vivían en un remolque, y luego construyeron alrededor de eso. El abuelo vive en la parte del remolque que ahora está protegida por nuestra casa, pero cuando estás dentro, aún se ve como un remolque estacionado en el sótano. En el último conteo, teníamos tres tipos de revestimientos en la casa de tres pisos y medio, en cinco colores diferentes de marrón y azul, y el equivalente a la mitad de un depósito de chatarra de autos al lado

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Lucky: Afortunada/Suertuda. Es el apodo que le dan a Penny.

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izquierdo para el pasatiempo del abuelo. A la derecha se encuentran las cabañas de madera perfectas y pequeñas, y un jardín bien cuidado (ahora enterrado bajo varios centímetros de nieve) que mamá y yo alquilamos en verano. Dos de las cabañas tienen las luces encendidas y recuerdo que tenemos a chicos de California. Esperaba que los inquilinos no se quedaran por mucho tiempo. Es molesto tener que preocuparse por los huéspedes en la temporada de hockey, especialmente los ricos que esperan un trato especial solo porque han alquilado el lugar durante el invierno. Es nuestra temporada baja. ¿Quién más estará aquí? Estaciono la camioneta y veo al abuelo bailando country en la cocina del segundo piso. Cuando está ahí normalmente significa que no está del todo animado, pero sí feliz. Es su tradición. La demencia, y lo que el doctor dice que podría convertirse en Alzheimer, le llegó hace dos años, cuando murió la abuela. En sus momentos lúcidos, me dice que es mejor de esta forma. No la extraña tanto como lo haría si supiera lo que sucede. Me rompe el corazón y me alivia a la vez. En sus momentos de drástica confusión, puede pasar cualquier cosa. Afortunadamente, no suceden a menudo. Es otra razón por la que desearía que papá siguiera aquí, porque quizá si el abuelo no hubiera perdido tanto a su hijo como a su esposa, su mente aún funcionaría. Me saco las botas de invierno en nuestra gran entrada y subo las escaleras de madera hasta el segundo piso donde vivimos. Aparte del agujero al que llamo habitación, en la planta baja de la casa hay un montón de congeladores, el depósito de comida del abuelo y un gran estante para todas mis cosas de hockey, una máquina de nieve y cosas de motocross. El abuelo se prepara para todo, incluso al borde de la paranoia. Habría culpado a la demencia, pero tuvo esa peculiaridad desde que recuerdo. —Hola, abuelo. Detuvo su baile a medio paso con una tarta fresca en su mano. Su gran barba toca la parte superior del viejo delantal a cuadros blanco y rojo con volantes de encaje en los bordes de la abuela. Dice que el delantal le trae suerte en la cocina. No voy a discutir ya que no sé cómo cocinar, y la mayoría de lo que hace es delicioso. —¡Lucky Penny! ¿Cómo estás, mi chica? —Su sonrisa se amplía, y se arruga la piel alrededor de sus ojos. —Estoy bien. —Pone la tarta en la encimera con un ademán, y envuelvo los brazos a su alrededor para un abrazo rápido. —¿Qué tienes ahí? —pregunto mientras mi estómago comienza a quejarse. No tengo idea de cuántas calorías he quemado en el juego porque nunca he sido del tipo de chica que cuenta las calorías que come, pero sé que siempre estoy hambrienta cuando terminamos.

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—Tarta de filete y fresa. —Sonríe con orgullo. Se me revuelve el estómago, primero porque nadie debería poner un pedazo de filete en su boca al mismo tiempo que una fresa, y segundo, eso significa que él no lo está tan bien como quiero, al menos esta noche no. Definitivamente no lo suficiente como para sentirme bien para abandonarlo para una fiesta. Recoge una almohadilla roja desteñida y hace un par de pasos de baile de la horrible música country que ha escuchado desde que recuerdo. Su cola de caballo gris cuelga hasta la mitad de su espalda y se balancea un poco mientras se mueve dos pasos hacia el otro lado del piso de madera contrachapada de la cocina. —¿Quieres una rebanada? —pregunta. —No. Comí después del juego. —Trago el nudo que se forma en mi garganta, y lágrimas aparecen en mis ojos. Sé que el abuelo dice que no le importa que esté así, pero lo conozco. Me pregunto si lo golpeara antes o después de que coma un pedazo de la estúpida tarta. Saco el teléfono y le envío un mensaje a Mitch. No iré. No ha tenido una buena noche. Mitch responde, como siempre, en menos de un minuto. Dilo y llevaremos la fiesta a ti. Tal vez no he perdido a Mitch por Rebecca. Al menos no del todo. Me inclino contra la gran mesa de picnic hecha de madera puesta en medio de la cocina. Sé que los chicos vendrían, y al abuelo podría gustarle, pero no va a ser posible si mamá llega a casa a una hora decente. Nunca sé cuál es su horario en el hospital; sobre todo porque siempre toma cualquier turno de enfermera que pueda. Y ahora que lo pienso… han pasado probablemente dos semanas desde que mamá y yo pasamos bastante tiempo juntas. Está tomando muchas horas extras. Gracias, pero no. Nos vemos mañana en la escuela. Lo siento, Pen. Comienzo a escribirle que no se preocupe, que no se moleste. Pero se preocupará sin importar qué, porque es un buen tipo de todas formas. Rebecca dice que guardará las llaves. La irritación viaja a través de mí. Estoy segura de que lo hará, así Mitch tendrá la oportunidad de decirme cómo está tratando de llevarse bien con el equipo, y cómo podría estar exagerando las que cosas que hace, como presionar sus pechos contra el plexiglás que rodea nuestra pista de hielo.

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Gracias, escribo, solo porque no puedo comportarme como una perra y no decir nada. Caigo pesadamente en el asiento y me doy cuenta de que se ha detenido la música. El abuelo está mirando a la tarta intacta. —Es algo raro, ¿no? —pregunta—. Poner filete y fresas en el mismo lugar. Quiero mentir y decirle que todos hacen tarta de filete y fresas, pero le prometí que le diría la verdad, aunque no quisiera. —Un poco. Suspira y se saca el delantal de la abuela, para colgarlo en el gancho junto a la ventana. —¿Postre? —pregunta, tratando de aligerar su voz. Levanto una ceja. —Depende, ¿qué tenemos? —Helado. —Se ríe mientras abre la puerta del congelador—. Es una lástima. Creo que di en el clavo con la corteza. Tengo que reírme, incluso aunque deba secar de nuevo mis lágrimas. Nadie como el abuelo trataría tan bien el hecho de perder su mente. —No te preocupes, Penny. Sé cómo conseguir dos tazones. Creo que estamos a salvo —trata de bromear mientras pone los tazones en la encimera, pero le tiemblan sus manos. No se pierde lo suficiente como para no saber que hace cosas raras, y eso hace que odie incluso más esto que le sucede. Sube el volumen a la radio y las horribles canciones de la estación de country antiguo resuenan a través de la casa. Por más que detesto el gangueo, significa que las cosas están tan bien como es posible. ¿Hay consuelo en eso? *** Mamá está sentada en la mesa a la mañana siguiente, mirando a lo que probablemente es casi un metro de nieve fresca. Su cabello rubio no brilla como el mío, pero lo mantiene largo y apretado en una trenza la mayoría de los días. El mío cuelga directamente sobre mis hombros, lo suficientemente largo para una muy pequeña cola de caballo. Entro a la habitación arrastrando los pies, encogida dentro de mi suéter. El sol de febrero se refleja en las paredes de madera, haciendo que la casa se sienta cálida, incluso a pesar de que la escarcha en los bordes de la ventana dicen que seguro estemos bajo cero. —Buenos días, Penny. Escuché que ayudaste a ganar el juego de anoche. —Sonríe por encima de la taza de café. —Todos jugamos bien —asiento—. No te he visto en un tiempo.

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—Brandy dijo que le hiciste un pase a Mitch para la anotación ganadora. —Alza sus cejas y curva las esquinas de sus labios. Brandy es el peluquero de mamá. —Sí, lo hice. —Reproduzco el pase en mi cabeza. Perfecto. Pero aún duele un poco todo mi costado izquierdo. Nada que un jacuzzi y un par de ibuprofenos no puedan arreglar. —Recibí otra carta del director de deportes de Minnesota. Esto es grande, Penny. —Su sonrisa es amplia y llena de orgullo—. Han sido campeones nacionales la mayoría de las veces en los pasados cinco años. Sé que es algo grande. Son muy buenos. Me tenso, sabiendo que trata de meterme en otra de sus conversaciones sobre la universidad, una que no quiero tener. —Tanto en la Universidad de Alaska Fairbanks y la Universidad de Alaska Anchorage tienen buenos programas, y aún estaré en Alaska, no tan lejos… y seguiría jugando con los chicos como lo he estado haciendo desde que tenía ocho. Mamá frunce el ceño. —En la Universidad de Alaska Anchorage no siempre hay equipo de mujeres, Penny. ¿No quieres…? —¿Podemos hablar más tarde? —pregunto, porque el hecho de que la Universidad de Alaska Anchorage sólo tenga algunas veces equipo de mujeres es el por qué quiero ir allí. No es que haya algo mal con los equipos femeninos, solo no es lo mío. Miro hacia la mesa, esperando que deje pasar el tema, porque no sé cómo responder de tal forma que la mantenga feliz, y a mí en Alaska, donde quiero estar. Mamá, el abuelo y todo el mundo piensa que es importante salir de aquí, explorar el mundo, descubrir quién soy o lo que sea. Ya sé quién soy. Huir a la universidad no me va a ayudar a aprender algo que ya sé. Su ceño fruncido se mantiene por un momento, y luego su rostro se suaviza. Como si hubiera decidido dejarlo pasar por ahora. Gracias a Dios. —¿Fuiste a la fiesta de anoche? —pregunta. Me siento al final de la banca junto a la mesa, sin estar segura aún si quiero estar sentada o no, porque ahora pienso en el abuelo. Si le digo la verdad, sabrá que no lo está tan bien como yo quisiera. —¿Tomo eso como un no? —Baja su taza, con una mirada de preocupación en su rostro. —El abuelo hizo una tarta rara. —Suspiro y me levanto. Pensar en el abuelo duele demasiado. Necesito comida. —Me preguntaba porque nadie la había comido. —Se remueve en el banco y toma otro largo trago—. ¿Estás bien?

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Me encojo de hombros, porque definitivamente no estoy bien, y saco algo de pan. El abuelo ya se las ha arreglado para arruinar una hogaza. —Los arrendatarios de la cabaña vinieron hace un par de días — dice. —Los vi. —Deslizo el pan en el tostador—. ¿Por cuánto tiempo estarán aquí? —No hay tiempo. —Mantiene mi mirada. —Vale. A mamá nunca le ha gustado tener gente viviendo en las cabañas, así que quién sea que se las pidió, debe haberle pagado una buena cantidad de dinero para que incluso considerara dejarle vivir allí sin una fecha exacta. —No te preocupes. Les advertí que hacemos desayunos en el verano y que estarían solos para sus comidas. Así que, solo las cosas de siempre, ya sabes. Sábanas, sacar la basura, los mapas, responder preguntas estúpidas sobre por qué las llamamos máquinas de nieve en vez de motonieves… —Me da un guiño. —Bien. —Esto significa más trabajo para mí, pero también un poco de dinero. Mamá y yo nos dividimos la ganancia de las cabañas, lo que a pesar de ser poco, es bueno. Necesito piezas para mi viejo Corvette. —¿Cómo estuvo tu noche? —pregunto y le pongo mantequilla a la tostada, lamiendo la que quedo en mis dedos. —Oh, bien. —Sus ojos no encuentran los míos mientras se levanta y camina hacia su habitación—. Necesito una ducha. —Oh… bien. —Me siento un poco estupefacta por el abrupto final de nuestra conversación mientras mamá cierra la puerta entre nosotras. No tenemos una relación perfecta ni algo por el estilo, pero esta es la primera conversación en un tiempo, e iba bien hasta que… terminó. Oigo la ducha y me siento estúpida de pie en medio de la cocina con la tostada. Me siento y descanso los pies en el alféizar. Humo sale de la chimenea de dos cabañas, y la nieve refleja los rayos del sol en billones de pequeños destellos como siempre que está así de helado. Sale un chico. Uno que luce de la misma edad que yo. No esperaba eso. Tal vez debí prestar más atención los pasados dos días. Cuando estoy por dejar de mirar y poner el jacuzzi, enciende un cigarrillo. Lo miro nuevamente. Cabello castaño que es demasiado equitativo para ser natural y un abrigo que debe costar más que todo mi equipo de hockey. Veo su ceño fruncido desde aquí, haciéndome preguntarme por qué está gastando tanto dinero para quedarse aquí si luce tan molesto.

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Definitivamente averiguaré el por qué cuando mamá se vaya a su turno.

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3 Traducido por CrisCras & Karlamirandar Corregido por MaarLopez

Bishop He estado aquí durante tres días y se siente más como tres años. Gary entra y sale de mi cabaña un millón de veces al día. Revisa toda la cabaña y a mí en cada ocasión como si estuviera en una cárcel o algo así. De vez en cuando, actúa como si solo viniera de visita, pero sé que es una excusa para revisarme con más frecuencia. Para asegurarse de que no he muerto de aburrimiento o he salido y me he ahogado en toda la nieve. ¿Quién demonios querría vivir en un lugar en el que hace este frío? Me congelo las pelotas cada vez que vamos a dar uno de los paseos. Todavía intento averiguar el sentido. Ni siquiera hablamos… solo andamos. Estoy bastante seguro de que podría caminar en Los Ángeles si eso es todo para lo que estoy aquí. Pero no. Eso sería demasiado fácil. Y estoy seguro de que él está torturándome con caminatas por la nieve porque piensa que estoy aquí esnifando cocaína o algo así. Lo cual es ridículo. Eso no es algo con lo que yo juego. Bebo un poco. Tomo unas pastillas aquí y allá para ayudarme a burlar la vigilancia. No es como si no tuviera receta para algunas de ellas. Esta es una vida dura. Don, de todas las personas, debería entenderlo. Él ha manejado suficientes bandas para saber cómo es esto. Saber cómo empiezas a sentir como si estuvieras perdiendo la cabeza. Yo no tengo un problema. Gary se las arregló para no encontrar las pastillas de mi mochila, y solo he tomado una en los tres días que he estado aquí. Sin embargo no es como si pudiera decirle eso. Va a sacarlo de proporciones y a llamar a su hermano. Don es bastante bueno dándole la vuelta a las cosas en relación a mí, y mamá sigue todo lo que dice él. El caso en cuestión: me encuentro sentado dentro de esta cabaña diminuta en medio de la nada. Ella nunca me habría hecho esto por su cuenta, y definitivamente no es lo mejor. Ni siquiera puedo relajarme dentro si quiero fumar.

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Intentando no temblar, tomo una calada de mi cigarrillo. Estar sentado en el pórtico con la puerta abierta no me da ningún calor. Y ellos dijeron que esto iba a ser unas vacaciones. Después de apagar mi cigarrillo, vuelvo a entrar, me deshago de mi abrigo y empiezo a pasear por la cabaña. Empiezo a volverme loco. No estoy acostumbrado a estar sentado de esta manera. Me tiemblan las manos, así que las froto en mis pantalones vaqueros esperando que ayude. Cuanto más permanezco encerrado tras estas paredes de troncos, siento como si se redujeran. Como si estuvieran cerrándose hacia dentro más… y más… y más, intentando aplastarme. Intentando exprimirme la vida. Se siente como cuando estoy en una multitud. Como si no pudiera aspirar suficiente aire. Es ridículo. ¿Qué clase de jodida estrella del rock no puede tratar con una multitud? Mi cabeza está toda caliente y mis pies, fríos. Gary dijo que es debido a la estufa de petróleo y al aumento de calor. No entiendo por qué la gente no pone simplemente un calentador normal. Es Alaska, no la Edad de Piedra. Estoy bastante seguro de que todo el mundo en California tiene un maldito calentador, y apenas usamos las cosas. Mientras paseo empujo el aro de mi labio inferior por el agujero. Es tan desastroso. Cuanto más rápido camino por la habitación, más rápido empieza a latir mi corazón. Si no salgo de aquí pronto me siento cada vez más como si fuera a explotar. Es este lugar. Echo de menos mi casa, mi batería. Eso es todo. He tenido baquetas en mis manos desde que recuerdo. Es una locura cómo puedo amar algo y odiarlo al mismo tiempo. Tocar es mi vida, las multitudes son una mierda para mí. De nuevo, intento encontrar algo que hacer con mis manos, pero tienen mente propia y siguen temblando. Me apoyo contra la encimera de la cocina y hago esa mierda de la respiración profunda que mi doc me dijo cuando me sentí al borde. Dentro. Fuera. Dentro. Fuera. Cuando no funciona, ocupo mis manos pasando ambas por mi cabello y me inclino más. Dentro. Fuera. Dentro. Fuera. Todavía nada. Las paredes se mueven otro metro, y es entonces cuando sé que tengo que salir de aquí. Apartándome de la encimera, voy directo a la puerta principal. Está abierta alrededor de dos segundos antes de que recuerde que estoy en Alaska y mi pene es propenso a congelarse si no me mantengo tan cálido como sea posible. Unos diez pasos después, estoy en la pequeña habitación de la sala principal de la cabaña. Hay un gorro en la silla, el cual me pongo. Me dirijo a la puerta, pero algo me detiene. No sé qué. Mi enojo o molestia, lo que sea, me giro y me encamino hacia mi maleta. Después

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de mirar para asegurarme de que Gary no va a aparecer sigilosamente, meto dos dedos en el interior del lugar escondido en mi maleta. Una de las pastillitas blancas que escondí sale fácilmente. Las de la ansiedad para la que en realidad tengo una receta, y Gary las controla. Ahora mismo necesito más de lo que me recetaron. Es solo porque estoy atrapado en este infierno nevado, me digo a mí mismo mientras trago en seco, agarrando mi chaqueta de la sala de estar, y luego encabezándome al exterior. Si tomo estas en vez de ir a Gary, tal vez él informe a mi oficial de la libertad condicional, es decir, Don que estoy bien y podré ir a casa. No debería haber tanta nieve en todas partes. Me llega hasta las rodillas. Blanco y árboles es todo lo que veo… bueno, por lo que puedo ver. Las drogas están empezando a hacerme efecto. Ya siento que la tensión en mis músculos comienza a disminuir. Echo un vistazo a la cabaña de al lado justo cuando sale Gary. Con su celular pegado a la oreja, probablemente susurrando palabras de amor a Troy, o lo que sea que hacen. —¿Qué haces? —me dice. ¿De verdad? Andar se supone que es parte de mi “terapia”. No es que él me permita hacerlo solo. ¿Cree que voy a comprarle algo a los alces de la esquina? —Estoy bastante seguro de que se llama andar. Tal vez lo recuerdes. Hablamos sobre hacerlo cada día. No te preocupes. No voy a marcharme, papá. Me dedica una enorme sonrisa y hace un gesto con la mano, como si fuera la persona más feliz del mundo. Y ahora, de repente, quiero vomitar. Encantador. Mientras camino con dificultad hacia la nieve, disminuye el temblor y siento que puedo respirar. Sin embargo, no es tan bueno como la niebla tóxica que llena el aire de Los Ángeles. Sí, lo dije. Es casi como si las cosas fueran demasiado claras aquí arriba, si eso tiene algún sentido. O tal vez me estoy volviendo loco. He oído que la gente se deprime en Alaska ya que está oscuro como el noventa por ciento del tiempo. Me dirijo a un extremo de la propiedad y hacia el enloquecedor desierto, deseando que alguien me hubiera dicho que comprara unas botas antes de venir aquí, pero lo último que quiero es terminar en las noticias de última hora. Puedo ver el titular: El baterista adolescente, Bishop Riley de la banda Burn, se ha perdido en el desierto de Alaska, mientras su “niñera” estaba ocupado en el teléfono con su novio, y su mamá y su mánager estaban de fiesta celebrando su ausencia. Hago un rápido cambio de sentido para evitar encontrarme con uno de esos osos durmientes sobre los que hablaba Gary. Mis pies están muy fríos cuando paso mi cabaña otra vez y empiezo a ir hacia la casa

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principal; si puedes llamarla casa. Nunca había visto nada como eso, con todas las plantas diferentes de obvias adiciones. Quiero decir, de algún modo es genial pero también me hace preguntarme si estamos alquilando cabañas a un puñado de chiflados. Rodeo el otro lado de la casa cuando veo a la rubia de piernas largas de pie junto a un Corvette impresionante. Privado como estoy, me tomo un minuto para admirarlos a ambos. La he visto ir y venir varias veces. No lo suficientemente cerca como para ver su cara, pero el resto de ella es hermoso. Su pelo llega un poco más allá de los hombros, es recto, y juro que es solo unas pocas sombras más oscuro que la nieve. Es alta. Más alta de lo que me atrae normalmente, pero no tanto para no apreciarla. Es curvilínea en los lugares correctos. Sí, sin duda algo para apreciar. ¿Y el coche? El coche también es increíble. Por primera vez en un tiempo, recuerdo el Ford Ranchero de 1970 aparcado en mi cochera en la parte trasera de casa. Es una de las primeras cosas que compré cuando firmamos. Siempre quise uno, un pedazo de mierda que podía arreglar yo mismo. Si no fuera un baterista, haría eso: reconstruir coches. Ya está planeado lo que quiero hacer con el mío. Estará increíble una vez que tenga la oportunidad de trabajar en él. Ha estado allí durante más de un año. ¿Por qué no he trabajado en mi coche? La Reina de las Nieves aparca su coche y trato de volverme, así no se dará cuenta de que he estado mirándola fijamente, pero atrapa mi atención antes de que tenga la oportunidad. Dos pensamientos chocan contra mí. Primero, ella es irrealmente hermosa. No de la forma plástica como las chicas que conozco. Grandes ojos, labios delgados y una pequeña sonrisa. Y segundo, no tengo ganas de hablar con ella. Estoy fuera de mi elemento aquí. Tratar de hacer amistad con los lugareños es lo último para la que estoy de humor. Además, ella podría reconocerme, y eso haría las cosas mucho peores. Debería haber cogido el sombrero que me dio Gary en vez del gorro. Obviamente eso haría una enorme diferencia. Si pensara que eso me llevaría a casa, le diría quién soy, pero conociendo a Don, él encontraría una forma de culparme y me enviaría a un lugar incluso peor. Aunque no estoy seguro de qué sería peor que estar en el desierto nevado sin ninguna civilización real. Entierro las manos en los bolsillos y me giro para alejarme cuando oigo—: ¡Hola! —Maldita sea —murmuro entre dientes antes de empezar a andar en su dirección. Tal vez ella pueda decirme qué servicios de comida a domicilio llegan hasta aquí. Comida china suena fantástico—. ¿Qué

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pasa? —Hago un gesto con la cabeza antes de mirar al suelo. Soy impresionante en disfraces. Oigo su risa y alzo la vista hacia ella para ver que sus ojos están en mis pies. Sí, sé que no llevo el calzado adecuado. No tiene que ser arrogante al respecto. —¿Algo divertido? —No, no. —Intenta disimular, pero aún veo la persistente sonrisa—. ¿Puedes ayudarme con algo muy rápido? —pregunta, mientras yo estoy ocupado mirando su cara. Tratando de encontrar cualquier señal de que reconoce quién soy. —Claro. —Me encojo de hombros, buscando el suelo otra vez con mis ojos. Me guía hasta una enorme caja de herramientas, una de esas alta y pesada. —Soy Penny Jones, por cierto —dice por encima del hombro. La puerta de la cochera está abierta y ella solamente lleva puesta una sudadera. —Bishop Ri… —Oh, mierda. Se supone que no voy a usar mi nombre completo. La miro mientras se lame sus brillantes labios rojos—. Ripe. Arruga la frente. —¿Bishop Ripe3? Sí. Soy un idiota. ¿A quién le importa? —¿Algún problema con eso? Penny sacude la cabeza, pero me doy cuenta de que lucha con otra carcajada. No es que yo no me estuviera riendo en su situación. —Debo meter esto en el carro, pero las llantas no sirven. A veces se caen así que, ¿puedes quedarte en el otro lado por si acaso? —Su voz tiene una mezcla de sarcasmo y dulzura, la dulzura se siente como un contraste de su complexión fuerte y alta. Y de alguna manera, tengo un presentimiento de que la dulzura es su camuflaje. Como si fuera una viuda negra o algo así que puede morderme la cabeza en cualquier segundo. O tal vez estoy siendo paranoico porque estoy en el mundo de Ice Road Truckers4. —Voy a empujarlo por ti. —El carro está al fondo de la cochera, pero es un descenso ligero. —Si solo una persona pudiera hacerlo, no necesitaría tu ayuda. Si quieres empujar, déjame sostener este extremo. —No suena enojada, pero tal vez un poco frustrada. Se para en el frente como si de verdad fuera a necesitar su ayuda con esta cosa. Puedo estar también un poco frustrado.

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Se puede traducir como Obispo Perfecto. Ice Road Truckers. Programa donde camioneros manejan en carreteras con hielo.

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—Estaré bien —le digo antes de ir hacia atrás y empujar. En serio, ¿cuántas personas se necesitan para empujar una caja de herramientas? —Lo que digas. —Se para atrás y sonríe con suficiencia, como si supiera una broma privada de la cual no soy parte. Sosteniendo mi llave, comienzo a caminar. La cosa se desliza tan fácil como es debido y empiezo a preguntarme si quería una excusa para hablarme o algo así. Sigo empujando y caminando, cuando de repente se caen las llantas delanteras y la cosa llega a un punto muerto. Desafortunadamente para mí, no tengo súper saltos y no puedo detenerlo rápido. Mi cabeza golpea con fuerza la estúpida caja de metal frente a mí. —¡Mierda! —Agarro mi nariz, la cual palpita con dolor. —¡Oh Dios mío! —La Reina de las Nieves camina hacia mí, pero levanto mi otra mano para detenerla. Definitivamente no necesito el “te lo dije” de una chica que acabo de conocer en Alaska. Especialmente alguien tan engreída como pretende ser. —Te dije que me dejaras ayudarte. ¿Te encuentras bien? —Inclina la cabeza a los lados como si estuviera tratando de mirar alrededor de mi mano. No existe, ni de cerca, suficiente preocupación en su voz, considerando que seguramente acabo de romperme la nariz. Nuestro publicista se volverá loco si la artimaña de Don arruina sus fotos promocionales para nuestra próxima gira. —Estoy bien. —Luego siento algo derramándose por mi muñeca. Genial. Estoy sangrando. Choco la caja de herramientas, me rompo la nariz, y ahora no solo estoy sangrando sino que parece que lloro frente a la Reina de las Nieves. Debí haber empacado más pastillas. No tenía idea de que habría tanto estrés por aquí. —Inclina tu cabeza hacia atrás y ven adentro. Te limpiaré. — Todavía no hay preocupación. Como si esto no fuera importante y la gente se rompiera sus narices en su cochera todo el tiempo. Pero entonces miro de reojo y creo que podría haber algo de preocupación es sus ojos. Una parte de mí quiere decirle que no iré a ningún lado con ella, pero hace frío y mi nariz duele demasiado, así que la sigo al frente de la casa y hacia una puerta de metal sin pintar. Cuando entramos, la única luz viene de una pequeña ventana iluminando un estante de metal con cascos y bolsas negras de lona de quién sabe qué. Los equipos de nieve cuelgan de una barra en la pared y de casi cada superficie. Los pisos y las paredes son de madera, y hay alrededor de cinco refrigeradores aquí abajo. Esto es extraño. Tal vez es donde mantienen a los cadáveres.

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Maldito Don y su necesidad de tenerme aquí. Estará arrepentido cuando termine en pedacitos en un refrigerador de una casa en Alaska. Me detengo cuando mi ojo capta una esquina de este gran espacio abierto. Parece como si hubiera un remolque dentro de la casa. Un remolque. Dentro de la casa. Definitivamente gente loca. Ella trota por las escaleras de madera, y de nuevo, la sigo. Las escaleras terminan en la cocina, la cual es la mitad de la planta de arriba con una gran mesa de picnic en medio y ventanas por todo el frente. Puedo ver que Gary sigue afuera, con esa misma sonrisa en su cara. Dios, hablan más que chicas adolescentes. Mis ojos continúan lagrimeando, pero esta es la casa más loca en la que he estado. Parpadeo varias veces. La otra mitad de este piso está lleno de sofás viejos, una televisión vieja, y unos cuantos animales muertos en la pared. Es escalofriante. Necesito regresar a California. —Siéntate —me dice, y caigo en el banco, descansando mi peso contra la mesa. Dejo caer mi cabeza hacia atrás y me da una toalla—. Apriétala. —Sé lo que estoy haciendo. —La última nariz ensangrentada que tuve fue cuando me metí en una pelea con los novatos. Pero aprieto mi nariz como dice, y miro hacia el techo de madera. Probablemente deba decirle a estas personas que es posible hacer casas con algo más que madera. —Ahorita vengo —dice. Deseo haberme quedado en la cabaña y que las paredes se cerraran sobre mí. Se para cerca cuando regresa, y siento algo como a vainilla revuelta con aceite y gasolina. —Esto tal vez apeste un poco al principio. —Suelta una risita antes de zambullir algo en uno de mis orificios nasales. —¿Qué diablos? —grito, yendo hacia delante. Ni siquiera se encoge, se disculpa ni nada. —Sé que suena loco, pero todos los jugadores de hockey usan tampones para las narices ensangrentadas. Son las cosas más demandadas en un botiquín de primeros auxilios. —¿Así que ayudas en el equipo o algo así? —Trato de ser amable, pero es una lucha. Frunce el ceño y empuja algo en mi otro orificio nasal, más fuerte que el primero. Espera. —¿Tampones?

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—¿Te sientes mejor? —Me da una sonrisa falsa que me dice que sabe malditamente bien que no me siento bien y que hice algo para hacerla enojar. —Sí, genial. Tienes un increíble comportamiento con un enfermo. ¿Estás pensando en ser doctora? Ella se ve como si quisiera golpearme, lo cual es algo gracioso y extrañamente ardiente. —Absolutamente. A todos les gusta hacer cosas en lo que son buenos, ¿no? —Me da una sonrisita como si estuviera divirtiéndose conmigo, no burlándose de mí. Sí, como no. No sé cómo reaccionar en esta situación y, honestamente, estoy cansado de jugar con ella. Mis pies están mojados y helados, estoy cubierto de sangre, me duele la nariz. Oh, y tengo productos femeninos dentro de mis orificios nasales. —Escucha, gracias por… —¿Romper mi nariz? En realidad, no estoy seguro de tener algo que agradecerle. Me levanto. Parece que el sangrado ya se ha detenido, quizás admita que fue por los tampones, los cuales se irán al segundo en que me vaya de este lugar. Ahora todo lo que quiero es algo bueno para comer y el colchón con bultos. No es que haya estado durmiendo o algo así. Días largos y noches más largas cuando mis ojos no se mantienen cerrados y mi cerebro se siente en el escenario. —Me iré. ¿Tienes el número de lugares que traigan la comida a domicilio? La sonrisa de suficiencia está de vuelta. —¿Entrega a domicilio? ¿Nadie te dijo que ya no estás en Kansas, Toto? —Luego lo hace. Se ríe y aunque pueda ser un poco gracioso, me molesta. Ella debió haberse dado cuenta porque dice—: Lo siento. No me estoy riendo de ti. Lo juro. —Genial. Gracias por la hospitalidad, Reina de las Nieves. Todavía puedo escuchar su risita mientras bajo las escaleras. Voy de regreso a mi estúpida cabaña, y a tomar algo de ibuprofeno para mi nariz rota. Con suerte, en el camino, olvidaré que vi a esta chica. Estoy a punto de cerrar la puerta cuando escucho—: Nos vemos luego, Bishop Ripe. ¿Mencioné que odio a Alaska? *** —El aire fresco es genial, ¿no lo crees? —Gary me da un empujón. —No. Es frío. ¿Por qué estamos hablando de nuevo?

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Desde la esquina de mi ojo, lo veo sacudir la cabeza. —Hazme un favor y toma una respiración profunda. Resoplo. —Sígueme la corriente, Bishop Como no tiene ningún sentido hacerlo enojar, hago lo que me pide. —¿Qué es lo que hueles? Estamos caminando por una calle desértica en el invierno. No estoy seguro que debo oler. —Nada. Frío, tal vez. —¡Ahí lo tienes! Eso es bueno. —Me empuja de nuevo—. ¿Sabías que podías oler el frío? Lo miro y ruedo los ojos. —Honestamente, no es algo en lo que he pensado mucho. —Pero se puede oler la nieve y el frío en el aíre. Me congela el interior de mi nariz—. ¿Por qué importa esto? Gary no contesta eso. —Mira alrededor y dime lo que ves. Estoy a punto de decirle que esto se está volviendo algo estúpido. —Árboles, una carretera, más árboles, líneas pintadas en los lados de la carretera, más árboles. —Troy solía escalar esos árboles todo el verano cuando era un niño. No esos específicamente, pero ya sabes a lo que me refiero. Sus padres me dijeron que siempre podían encontrarlo escalando. También construyó su propia casa del árbol. La he visto. Claro que cuando creció dejó de hacerlo. ¿Cuántos adultos andan por ahí subiendo a los árboles solo por diversión, cierto? —Cierto. —Me encojo de hombros, esperando que esa sea la respuesta correcta. —Cuando llegamos aquí después de la rehabilitación, ¿sabes qué hicimos? —Hay un tono sentimental en su voz que no comprendo. —Me rindo. ¿Qué hicieron? —Escalamos árboles. Construimos otra casa del árbol. Suena loco, lo sé. Pero él lo disfrutaba. Lo llevaba a un tiempo donde todo era más sencillo. ¿Cuándo fueron las cosas simples para ti, Bishop Riley? En vez de contestar, me cruzo de brazos. Esto es malditamente estúpido. No es como si no entendiera lo que está tratando de hacer. De repente, Gary lanza el pie juguetonamente. En ese momento no me doy cuenta y me tropiezo con su burla intento de hacerme caer. —Vamos. Ya has tenido suficiente por hoy. Vayamos al auto, viajemos al pueblo, y compremos unas botas.

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—¡Al fin! —Sin ninguna otra palabra, me volteo y nos dirigimos detrás de las cabañas. El canto en mi cabeza ha sido reemplazado por la voz de Gary. ¿Cuándo fueron las cosas simples para ti, Bishop Riley?

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4 Traducido por Maca Delos Corregido por CrisCras

Penny Me siento en la cocina con el café, mirando por la ventana hacia las cabañas. Probablemente sea grosero estar mirando siempre, pero no puedo evitarlo. Esos tipos no esquían. No tienen motos de nieve. No parecen conocer a nadie aquí. Caminan. Todos los días. La gente normal no sale a caminar en invierno cuando hay un millón de cosas mejores que hacer afuera, las cuales son todas más rápidas. Si tuviera que adivinar, diría que Bishop debe estar enojado por toda la situación porque todavía no lo he visto sin fruncir el ceño. Ese tipo, Gary, siempre está yendo a su puerta, se detiene allí para hablar un minuto, y luego se va. Hay algo en toda la situación que me parece raro, y quiero saber qué es. Me fijo en toda la papelería de las cabañas de mamá, pero todo lo que encuentro es que el alquiler está a nombre de Gary, a nombre de su tarjeta VISA, y nada más. Bishop sale y prende otro cigarrillo, recordándome lo seriamente ardiente que es. Tiene todo ese aspecto de oscuridad y melancolía. Seguro que parte de ello es más que nada porque a la mayoría de los chicos de mi edad los conozco desde hace tiempo, conozco a sus familias, o soy amiga de sus primos, o algo así. Este chico es totalmente nuevo, se sintió totalmente nuevo cuando le vendé la nariz, y luce... fuera de lugar aquí. Pero más que eso, luce fuera de lugar adentro. Y eso no es algo fácil de arreglar. Y tal vez de allí viene toda la cosa melancólica. —¿Cómo está mi naricita de botón esta mañana? —El abuelo me sonríe desde el otro lado de la mesa. Sus ojos azules están tan brillantes, y su rostro lleno de una sonrisa de niño, que luce como un ansioso chico de tres años. No hay manera de contener la sonrisa cuando me llama de un modo que me dice desde que tengo memoria. —Mi nariz no es un botón, abuelo. Él estira la mano a través de la mesa y suelta un sonido fuerte cuando su dedo hace contacto. —Tengo que diferir.

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Arrugo la nariz, pero me alegra que esté teniendo un buen día. —¿Por qué lucimos tan introspectivos esta mañana? —pregunta. —Los chicos. En las cabañas. —Levanto la barbilla—. Solo intento descifrar su historia. Me muestra su profesional mirada de sospecha. —¿Intentas descubrir o acosar a ese chico? Me congelo por un momento y busco algo que decir que no revele que tal vez he estado observando a Bishop más de cerca de lo debido, y que tal vez disfruté de curarle la nariz más de lo que debía. — ¿Qué? —Me pregunto cómo de bien me sale hacerme la inocente. —Se fue de aquí sangrando y con un tampón en la nariz. Debes dejar de hacer eso. —Se ríe entre dientes y se levanta, yendo al congelador. —¿Qué? ¡Funcionan de manera genial! No es como si yo le hubiera hecho sangrar la nariz, ni nada. —Como suelo hacer. Sacude la cabeza. Y sí. De acuerdo. El tampón puede que no haya sido totalmente necesario, pero no mentía cuando dije que es una de las cosas más usadas en nuestro kit de emergencias. —Tienes una oferta de la Universidad de Boston para que le eches un vistazo a su pista de hielo. —Mete la mano en la heladera—. Una posible beca. Otra universidad. Soy buena, pero no creí que fuera lo suficiente como para llamar mucho la atención por ello. Son el cuarto equipo en este mes, y si quisiera dejar el estado, y jugar para algún equipo de mujeres, valdría la pena escucharlos. Hora de cambiar de tema. — ¡Abuelo! ¡No debes revisar el correo de otras personas! Es infracción federal —añado, con exagerada seriedad. Resopla. —La distracción puede funcionarte con tu madre, Lucky, pero no funcionará conmigo. —Me voy a quedar cerca. —Me encojo de hombros—. No tiene sentido correr por todo el país cuando sé dónde quiero estar. —Penny. —Se da la vuelta y se apoya en la encimera. El abuelo está totalmente aquí y totalmente serio—. Voy a vivir o morir estés aquí o no, y lo mismo con tu madre. —Ese no es el punto, abuelo. —Mantengo la barbilla en alto. No puedo perder esto. A él. El abuelo no siempre puede ocuparse de sí mismo, y sin papá, mamá tampoco puede ocuparse de él. Apenas duerme. Solo trabaja, come, y últimamente, hace una ocasional parada en casa. —El punto es que tienes un talento muy grande, y no debería ser

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desperdiciado. —Imita la posición de mi mandíbula, lo cual hace que la mía vuelva a su lugar. —Me están pasando buenas cosas, abuelo. Tanto la Universidad de Alaska Fairbanks como la de Alaska Anchorage me han visto jugar lo suficiente como para tomarme en los equipos de varones, y probablemente podría ser asistente de entrenador en mi secundaria. — Esas son cosas que quiero hacer. ¿Por qué me iría? Odio que intenten empujarme hacia sus opciones. Frunce el ceño con preocupación. —Los jugadores universitarios son mucho más grandes que los chicos de secundaria, Penny. Incluso Chomps. Tal vez jugar en un equipo de varones no sea una buena idea. —¿Es eso lo que diría tu hijo? Papá es el que me llevó a jugar con los chicos. —Tiro de mi cabello hacia atrás y suelto el aliento. El abuelo parpadea varias veces, con suerte leyéndome lo suficientemente bien como para cambiar de tema. Pasa el pulgar por mi mandíbula, inclinando la cabeza a un lado y luego hacia el otro hasta que no puedo evitar una sonrisa. —¿Por qué no trabajas en tu auto hoy? Me sorprende que no me haya preguntado si ambos íbamos a trabajar en el auto. Para el abuelo es como terapia. Es algo que aún le cuesta recordar cómo hacer. —Por un rato. Tengo entrenamiento. —¿Un domingo? —Sus cejas se levantan. —Se acercan las semifinales. —Apenas perdimos las estatales el año pasado. Estoy decidida a llegar a lo último este año. Semifinales, después finales, y tenemos que hacerlo. *** Mi Corvette está quieto aquí. Exactamente como lo ha estado en los últimos años. Logré que anduviera el verano pasado, pero jamás funcionó bien. El auto era un proyecto de mi padre hasta que alguien salió de una fiesta con un puñado de pastillas y demasiadas bebidas encima y lo atropelló mientras andaba en motocicleta. Yo tenía diez años. Ahogo una respiración y alejo el pensamiento. Normalmente es bueno estar en esta habitación con el auto, pero a veces me hace extrañar más a papá. Pone un dolor en mi pecho que no creo llegar a perder alguna vez por completo. Paso la mano por el costado del auto hacia el capó. Ahora es feo, pero estará perfecto cuando lo termine. Un 1975, pulido y listo para pintar; una vez que consiga algo más de dinero y decida un color. Es el motor lo que aún me da problemas.

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Me inclino debajo del capó y observo los mismos problemas. Básicamente estamos reconstruyendo un motor reconstruido. No es fácil. Y mientras me quedo aquí parada, el rompecabezas en el que normalmente no puedo esperar a meter mis manos, no se siente como si quisiera ser tocado. Fin de mi distracción antes de la práctica. De todas formas el abuelo está tomando la siesta, y no es lo mismo trabajar aquí sin él. En lugar de limpiarlo, o intentar meter los neumáticos debajo de mi caja de herramientas, me siento en el lado del conductor, lo que me recuerda que tengo que encontrar un volante que se encuentre en mejor estado. El techo está salido. Ya nadie aprecia los techos tipo Ttops5, pero yo pienso que es perfecto. Especialmente para aquí arriba. No es como si hubiera muchos meses en los que pudiera bajar el techo. Deslizar las manos por el volante hace que el dolor de mi pecho crezca por extrañar a papá. Hay tantas cosas en mi cabeza hoy. El abuelo diciéndome que necesito irme del pueblo. Un chico que luce como una estrella de rock con un tampón en la nariz. Mitch con una novia que parece gustarle mucho, y a la que no parece importarle tolerarlo. Me deslizo más bajo en el asiento, sintiendo que con el final de la temporada de hockey, y el final del último año de secundaria, la cosas van a cambiar mucho más de lo que quiero. *** —¿Dónde están tu bola y tu cadena? —Le doy un empujón a Mich desde atrás mientras calentamos en el hielo. Frunce el ceño. —Ella vendrá más tarde. —Odia que lo atormente con ella. Es que es una chica tan... femenina; se pavonea y cuesta soportarla, tiene el cabello oscuro siempre brillante y liso, o armado con pequeños bucles. Mi estómago da un vuelco. No tengo idea de cómo ser de esa forma, o si quiero serlo, siquiera. Más que nada, detesto que él odie que lo moleste al respecto. Significa, otra vez, que cualquier cosa que sienta por él no es algo que sea reciproco, y que o bien no le importa que Rebecca comience a meterse entre nosotros o no se ha dado cuenta. No estoy segura de cuál es peor. Lo paso, y comienzo a hacer abdominales mientras espero que el resto de los chicos llegue al hielo. Hoy está como sedoso. Suave y firme. Casi lo suficiente como para que me olvide de la única cosa en la que no debería estar pensando hoy, con el desastre que es

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Es una especie de descapotable.

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mi cabeza. Mitch se emborrachó después de que perdiéramos las finales el año pasado, y fue la primera vez que tomaba más que una cerveza. Nuestro beso no había sido perfecto. Fue descuidado y forzado, porque habíamos estado tomando, pero el punto es que ambos lo queríamos. Él me besó. Yo lo besé. Fue mutuo. Mitch y Penny, justo como se suponía que fuera. Me desperté prácticamente en un campo minado de cuerpos en el sótano de Chomps, porque nadie se encontraba en posición de conseguir sus llaves la noche anterior. —Lo siento, Penny. Anoche se salió todo de control. No debimos haber... ya sabes. —Mitch bajó la mirada con una sonrisa extraña, como si hubiera estado esperando a que me levantara y preparándose para decírmelo. Y si yo me hubiera quedado callada, no habría sido capaz de ser rechazada otra vez. —Estoy de acuerdo con eso. En serio. Creo que puede funcionar. —E incluso me incliné hacia adelante. Hacia él, pero no tanto como lo que se alejó. Fue como si no hubiera sabido a dónde mirar. Dónde poner sus manos. Dónde poner su cuerpo. Quería irse, y yo no supe cómo hacer que me quisiera como algo más que su amiga. —Lo siento —dijo, con una voz muy baja y llena de pena. Me froté la cara para ocultar las lágrimas, las cuales eran una horrible mezcla de tristeza y humillación. —Estamos bien, Mitch. —Y mi voz sonó bien, aunque me destrozó. —¿Estás aquí, Jones? —Matt me golpea el casco al tiempo que me pasa de largo, apresurado, trayéndome de vuelta al presente. Tengo que poner la cabeza en el juego o voy a salir lastimada. Rebecca pone los labios sobre el vidrio, y luego su pecho. Mitch corre hacia el borde, y juro que parte de ella no piensa que todos la estamos viendo hacer esto. Los entrenamientos no son lugar para este tipo de flirteo ridículo. Mitch apoya el casco contra el vidrio para que puedan hacer algún tipo de cara estúpida como si se estuvieran besando, algo que es totalmente raro en él. —Completamente dominado, ¿verdad? —Le doy un codazo a Chomps e inclino la barbilla hacia Mitch, esperando que terminen con el ridículo espectáculo. Suelta una carcajada antes de apresurarse a través de la pista y darle un golpe al trasero de Mitch. —¡Lo siento, hombre! —grita Chomps mientras se aleja, con Mitch

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detrás de él. —¡Chomps! —grita el entrenador. —¿Qué hay, entrenador? —Se desliza para detenerse a su lado en el medio. —No me preguntes “qué hay”. Estamos a cinco días de las semifinales y acabas de golpear a uno de los tuyos. No está bien. — Cada palabra tiene ese tono duro de ira que posee cuando está muy enojado. Nada bueno. Su cabello oscuro es más corto que el de los militares, y tiene la mandíbula apretada y las cejas unidas. Ahora me siento mal de haberlo empezado, pero no hay mucho que pueda hacer al respecto. —¡De acuerdo! —Suelta un chiflido para que nos agrupemos y comienza a gritar órdenes. Mitch me golpea en el brazo. —¿Qué pasa con la cara amarga, Pen? —¿Debe vigilarte a donde sea que vayas? —le respondo en un susurro. Pero estoy parada demasiado cerca y mirándolo de un modo que no debería. Mitch y yo somos unidos, sin embargo, así que las líneas siempre están un poco confusas para mí. Hablaba en serio la otra noche cuando me dijo que habría venido a mi casa. Y habría dejado a Rebecca para ayudarme. O al menos solía haber un punto en el que él la dejara atrás. Ya no estoy segura, y odio cómo me hunde. —Me gusta que esté aquí, y a ella no le importa sentarse en una cancha durante horas para estar conmigo. Así que, sí, es genial. Becca es genial. —Sus ojos están sobre mí, pero alejo la mirada. Hablar sobre cosas profundas antes del entrenamiento no ayuda a concentrarme. Mantengo los ojos en el entrenador. Sé que la pregunta estará clara en el rostro de Mitch: ¿estás segura que estás bien? Ese beso fue hace un año. O, aún peor, se verá compasivo. El problema es que Mitch me conoce lo suficiente como para que le sea fácil entender qué me pasa. Al menos el resto del equipo no se ha dado cuenta... o no creo que lo hayan hecho. Apesta cuando él dice que le gusta Rebecca. Parte de mí quiere que la esté usando. De acuerdo. Todo de mí quiere que la esté usando. Tal vez será mejor cuando se vaya a la universidad el próximo año. Me meto el protector en la boca e intento enfocarme en el entrenador. Luego de haberme sentado en el auto de papá, apenas ver a mamá, y observar las tetas de Rebecca apretadas contra el vidrio, necesito patinar. ***

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Está nevando ligeramente, mi momento favorito para sentarme en el hidromasaje. Los copos se derriten antes de tocar mi piel, pero las gotas frías de agua aún se sienten bien. La bañera para diez personas fue un regalo del abuelo cuando me lastimé la espalda hace unos años y podemos meter a un montón de gente allí. Una lástima que Rebecca no vea que hay como seis lugares más que no son el regazo de Mitch en los cuales se puede sentar. La novia de Chomps, Trinna, no tiene problemas en sentarse al lado de él, y no ser tan... pública. Además, yo estoy bien con mi sostén deportivo y las bragas tipo bóxer de mi bikini. El traje de Rebecca se caería con un pequeño tirón del cordón. La mano de Mitch traza su clavícula mientras sus rostros se mantienen juntos, y se besan otra vez; del tipo que hace que caiga un peso fuerte sobre el pozo de mi estómago, porque jamás ha mirado a alguna de sus novias del modo en que la mira a ella. El jacuzzi no fue una buena idea. —¡Llegó la pizza! —grita Matt—. Demonios, me alegra que Ditch crea que estás ardiente. —Me patea por debajo del agua. Me encojo de hombros. Sé que soy la única a la que le lleva comida tan lejos, pero jamás he pensado demasiado en el motivo. Simplemente, siempre lo ha hecho. Una línea de luz desde la cabaña más cercana me llama la atención, y Gary camina hacia la puerta de Bishop. Cuando aparece en la puerta, sus ojos se entrecierran cuando ve a Ditch bajando del auto con tres pizzas grandes. Genial. Estará enojado, ya que le dije que nadie enviaba a domicilio por aquí. No me siento mal, más bien como una picazón, incómoda. Justo cuando Ditch sale del auto de entregas, Matt se inclina hacia adelante. —¿Quién es el chico lindo? Sigo su mirada hacia el ceño fruncido de Bishop y la parte trasera de la cabeza de Gary mientras hablan. —¿Por qué? ¿Quieres que te consiga su número? Agarra mi cabeza antes de que pueda alejarme, y me hunde. El agua con cloro me quema los ojos. —¡Cuidado, imbécil! — balbuceo mientras salgo a la superficie—. ¡La venganza es una mierda! Intento empujarlo hacia abajo, pero debí haber sido más lista. Se ríe mientras intento ahogarlo. Matt es rápido y fuerte. Es por eso que es tan buen portero. Inclino todo mi peso contra el lado de su cabeza, pero aun así no logro hundirlo. —Está disfrutando demasiado de esto. —Mitch sacude la cabeza y lanza un salpicón de agua caliente hacia mí. Y estos son los celos suyos que me demuestran que todavía mira. Que Rebecca todavía no me lo ha quitado. Al menos, no completamente.

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Bajo la mirada hacia mi estómago desnudo que acaba de estar presionado contra la cabeza de Matt mientras me deslizo de vuelta en el agua. Él y Chomps se encogen de hombros como diciendo “por supuesto que se disfrutó”. Hombres. Hay un parpadeo de luz desde el pórtico de Bishop, supongo que un encendedor, y mis ojos permanecen allí demasiado tiempo. —Sé amable, Pen. Invítalo a que venga —dice Chomps. Trinna mira por encima del hombro, pero permanece en silencio, como suele hacerlo. Invitar a Bishop es lo menos que puedo hacer. Se supone que tengo que ayudarlos como anfitriona, como diría mamá. Me paro en el hidromasaje y sacudo la mano en el aire. —¡Bishop! ¡Tenemos pizza! ¡Ven! Cuando dejo de mover la mano, Ditch me está mirando, con la mandíbula floja y las tres pizzas. Cuando se graduó era algo así como un bicho raro, y no mucho ha cambiado en los últimos tres años. Tal vez Matt tiene razón y en realidad tiene algún flechazo por mí o algo. —¿Te unes? —pregunto, intentando ser amable. Al fin y al cabo, recorrió unos ocho kilómetros extra por mí. —Eh... —Sus ojos se detienen en mi estómago, luego mi cara, luego mi estómago, luego mi pecho, mientras el vapor de mi cuerpo llena el aire—. Estoy de turno. Solo quería traerte tu comida. —Gracias. —Sonrío. Y luego noto que Bishop está acercándose y poniéndose un gorro. Luce molesto, lo cual hace que se vea como más ardiente, y que yo pierda cada pensamiento coherente en el cerebro. Una cosa es luchar contra Matt, pero es muy diferente intentar actuar con naturalidad cerca de un chico que me pone los nervios al borde de un modo en que no estoy acostumbrada. A medida que Bishop se acerca, mi boca comienza a secarse. Estas cosas no me pasan. Jamás. Tengo que intentar conseguir la misma valentía que tengo en el hielo. En unos dos segundos.

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5 Traducido por Juli Corregido por Vanessa VR

Bishop Mientras camino con dificultad sobre la nieve con las estúpidas botas que me compró Gary, y mi estúpido sombrero de incógnito, todavía no puedo creer que esté yendo allí. En primer lugar, esta chica está loca. Me estremezco cuando pienso en cómo violó mi nariz. Y me mintió acerca de la entrega de comida. La mantequilla de maní y el queso gratinado se están poniendo viejos. Definitivamente me hubiera gustado un poco de pizza en los últimos días, y aquí se encuentra ella, disfrutando de la comida para llevar que me dijo que no existe. Sin comida para llevar. Sin portátil. Sin tableta. Todo lo que tengo es mi celular, y como estoy ignorando las llamadas de Blake, eso no sirve de mucho. Él ni siquiera puede molestarse conmigo por eso. Los chicos de la banda no deben estar llamando; órdenes de Don. Sin embargo, todo este aislamiento me está matando. Echo de menos el ajetreo de la ciudad. Extraño nunca saber con quién me voy a encontrar. La mayoría de la gente que sabe donde vivo son geniales y les gusta pasar un buen rato. Era divertido ser sorprendido por quién veía o lo que estaría haciendo cada día. Echo de menos practicar con la banda, y eso me molesta porque me traicionaron. Me detengo el tiempo suficiente para tirar el cigarrillo en la nieve. Odio estas cosas. Ni siquiera sé por qué fumo, pero cuando estás con personas que fuman todo el día, es fácil copiar el hábito. He ordenado las pastillas que traje, así que puedo tener una o dos cada dos días. Un adicto no podría hacer eso. Además, solo porque las tengo, no significa que las tomaré. Gary es como un bulldog con mis medicamentos de ansiedad, por lo que el humo me ayuda a tranquilizarme. —¿Creí que nadie traía comida? —Las palabras salen de mi boca rápidamente mientras camino por las escaleras. Ahí está la Reina de las Nieves, otras dos chicas y un montón de chicos en la bañera de hidromasaje. No me gusta la proporción. No es que esté interesado en alguien de aquí, pero aun así.

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—Ditch solo lo hizo por ella —dice un chico de pelo oscuro con una chica en el regazo. —¿Ditch? —Ese es un nombre de mierda. No es que Bishop Ripe sea mucho mejor. Lo que daría por volver atrás en el tiempo y cambiar eso, pero ahora estoy atascado con ese como mi nombre en clave, como dijo Gary. Un tipo levanta la mano ansioso. —Yo soy Ditch. El chico de pelo oscuro habla nuevamente. —Si lo ves cuando hacemos motocross, sabrás de donde proviene el nombre. —Todos se ríen. Es un poco raro. Estoy seguro de que son los típicos chicos que han crecido juntos, que se conocieron cuando jugaban en el arenero y no se han separado desde entonces. Nosotros nos mudamos demasiado para eso, no es que mamá lo quiera, pero querer y necesitar no siempre es lo mismo. Las únicas personas que apenas conozco la mitad de bien, son los chicos de mi banda. Y mira lo que me hicieron. Blake intenta llamar todos los días... Hago callar la voz en el fondo de mi cabeza. Ya que soy el más joven de la banda, Blake trató de tomarme bajo su protección. Pronto se dio cuenta de que no lo necesitaba. Cruzo los brazos. Los descruzo, tratando de ponerme cómodo. No me he sentido cómodo desde que llegué aquí. Incluso desde antes de eso. —Así que, supongo que te debo una rebanada de pizza. Sírvete, si lo deseas. —Penny asiente hacia las cajas. Maldita sea, quiero una, pero no me permito moverme. —O una cerveza. Mis sentidos se despiertan. Me encantaría una cerveza. Sería una buena manera de relajarme después de todo lo que he pasado. —Ella tiene una regla de una cerveza, y ni siquiera pienses en tratar de agarrar otra más —dice su amigo. Se ve un poco más bajo que yo. Sus hombros son anchos, y parece ser el tipo de persona que tiene su número de hockey tatuado. No le quita las manos de encima a su chica en ningún momento. Maldita sea, extraño a las chicas. La Reina de las Nieves se tensa un poco y la sonrisa que estoy acostumbrado a ver en su rostro desapareció. —Bueno... la regla es por una buena razón. —El tipo da marcha atrás y no puedo evitar preguntarme de qué se trata todo esto. —Entonces, ¿cerveza? —Penny se pone de pie; el vapor se desliza de su piel hacia las olas y el agua gotea de su cuerpo. Un cuerpo muy bonito. Se ve suave como una chica debe verse, pero tonificada a la

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vez. No tengo ni idea de cómo puede usar una bikini en este tiempo, pero estoy agradecido por ello. ¿Mencioné que extraño a las chicas? —¿Hola? ¿Estás ahí, Ripe? ¿Ripe? Ah, sí. Mi estúpido nombre en clave. Gary se siente tan orgulloso. Agarra una toalla y la envuelve alrededor de sí misma. —Hace frío. Tienes cinco segundos para decidir antes de que entre de nuevo en la bañera. Mi ritmo cardíaco empieza a acelerarse. No estoy seguro de si es por el bikini, la forma en que el agua hace que su cabello se vea aún más blanco, el frío o la mención del alcohol. No he tomado una gota, desde el “el incidente”. Además de las pocas píldoras, he sido un chico bueno como quieren ellos. No es que vaya a emborracharme ni nada. Ella tiene una regla de una cerveza. Trato de ver a su alrededor para echar un vistazo a mi oficial de libertad condicional, también conocido como Gary. —Cinco, cuatro, tres. —Penny comienza una cuenta atrás. Siento el impulso de espetarle, pero en cambio, meto mis manos en los bolsillos. —Sí... sí, tomaré una cerveza. —Entonces me molesto un poco porque estoy aquí sintiéndome culpable por tomar una cerveza. Es una cerveza. Si para estos chicos bonitos está bien tomar una, yo también puedo. Mientras ella está fuera, descubro que el chico que no puede apartar las manos ni la boca de su chica es Mitch, y su pareja es Becca. El otro tipo, un rubio enorme que se parece a la versión humana de un camión, es Chomps. Los de Alaska tienen nombres muy raros. La chica de Chomps es Trinna, y no puedo recordar los nombres de los otros chicos. El chico de la pizza se va, y Penny me da una cerveza fría sin una palabra, luego deja caer su toalla y se queda de pie el tiempo suficiente por lo que sé que quiere ser vista, antes de meterse de nuevo en la bañera de hidromasaje con sus amigos. Abro la tapa y la trago completa, saboreando la amargura. He echado de menos esto. Ese sabor. ¿Por qué tiene la regla de una sola cerveza? Miro la puerta, deseando poder entrar y tomar otra. —Guau, santo bebedor de cerveza. Su sorpresa me hace sentir un poco extraño. Como si tuviera que defenderme. —Tenía sed. —Me dejo caer en una silla. Tienen un fogón con una pila de troncos, ardiendo en el centro de la cubierta, lo que ayuda a mantenerme semi-cálido. Cuando tiro, la etiqueta se sale de la lata con

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facilidad y la ruedo entre mis dedos, sabiendo que debería levantarme y regresar a mi cabaña. No estoy seguro de por qué no lo hago. El chico, Chomps, me pregunta si quiero entrar, pero me niego. —¿Sigues dolorida por el juego? —pregunta Chomps a Penny. ¿Juego? —Sí, un poco. Sin embargo no es para tanto. —¿Qué juego? —me encuentro preguntando. —Hockey. ¡Ella es nuestra Lucky Penny! —Sonríe Mitch. Espera. —¿Juegas hockey? ¿Con los chicos? Todo el mundo se ríe, y me siento excluido de alguna broma. Maldita chicos areneros de Alaska. —Él cree que “ayudo con el equipo”. —Hace el gesto de cita con los dedos. —¿Y lo dejaste vivir? —Chomps la empuja. Estas personas están tan jodidas. —Le metí un tapón en la nariz. Todos empiezan a reírse de nuevo, y empiezo a molestarme. — ¿Has hecho ostentación, Reina de las Nieves? Todos los ojos están puestos en mí como si la hubiera jodido en grande; como si no pudieran creer que le haya hablado de ese modo. Noticia de última hora: no voy a caer a sus pies como todo el mundo. Soy Bishop Riley. Toco la batería en una banda ganadora del Grammy. No voy a besar su trasero. La mandíbula de Penny se aprieta y sacude la cabeza. Abre la boca, probablemente para regañarme, pero no lo hace. —Así que, umm... ¿qué te trajo aquí? —pregunta Mitch. Puedo darme cuenta que está tratando de calmar la situación y se lo permito, pero es la primera vez que alguien me lo pregunta y no estoy seguro de qué decir. En realidad, estoy bastante seguro de que Gary me contó la historia, pero no le presté atención. Sé que “Casi tuve una sobredosis y mi madre y mánager me enviaron aquí” no es la respuesta correcta. —Gary... ¿Mi tío? Tiene mucho trabajo que hacer, y vine con él para alejarme por un tiempo. —¿Qué hace? —pregunta Chomps. Mierda. ¿Qué hace? Me encojo de hombros. —No lo sé. Trabaja desde casa, pero quería paz y tranquilidad. Para alejarse o lo que sea. —Lo cual es cierto. Sé que las cosas que escribe para su revista lo hace a través de Internet. —Hmm —dice Penny—. ¿Y querías venir con él? Me sorprende.

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—¿Qué es esto? ¿Las veinte preguntas? —Trato de pasarme una mano por el pelo, pero entonces recuerdo que estoy usando un estúpido gorro. ¿Todos los habitantes de Alaska son tan entrometidos? Lo único que sé sobre este Estado es que hace frío, está lleno de árboles y Sarah Palin puede ver Rusia desde aquí. —Lo… siento —dice Penny, con las mejillas un poco rosadas, haciéndome sentir como un idiota. No hay duda en mi mente que se necesita mucho para avergonzar a esta chica. Chomps rompe la tensión cuando empieza a hacerle cosquillas. Penny dura unos dos segundos antes de que le haga efecto y todos se ríen. Me siento y observo. A partir de ahí, se lanzan a hablar de hockey y la escuela. Me pierdo después de un tiempo, y ya no trato de incluirme. Tan loco como suena, no responder a las preguntas es más molesto que responderlas. Unos treinta minutos más tarde, me levanto y me alejo. Ni siquiera estoy seguro de que noten que me fui. Mi puerta está cerrada el tiempo suficiente para que camine al baño antes de que alguien la golpee. Pongo un poco de pasta de dientes en mi boca muy rápido antes de ir a abrirla. —¿No era que no nos gustaban los grupos? —se burla Gary—. Me alegro de ver que estés haciendo amigos. —No estoy haciendo amigos. ¿Puedo ayudarte en algo? Gary chasquea la lengua. —Qué mal humor. Este aire de Alaska no está ayudando a tu estado de ánimo. —Cuando me quejo, se pone serio—. ¿Te sientes bien? Aún no te has enfermado ni nada, ¿verdad? ¿Cómo estás durmiendo? ¿No pasamos ya por esto? —Mierda. —Me doy la vuelta, me dirijo al sofá, y me desplomo en él—. No, no estoy pasando por abstinencias ni nada de eso. No soy un adicto a las drogas, Gary. —Una parte de mí se pregunta si debo decirle que no puedo dormir, pero probablemente va a creer que se debe a que no tengo pastillas. Eso no es todo. Estoy seguro de ello. Se acerca y se sienta frente a mí. —Sé que esto no es fácil, y sé que estás enojado, pero puedes hablar conmigo, ¿de acuerdo? Me quejo de nuevo, y levanta las manos antes de continuar—: No estoy diciendo que tienes que hacerlo. Te digo que la opción siempre está, ¿de acuerdo? Sabes que he pasado por esto hace años con Troy, pero no estoy seguro de si te das cuenta de que esto es lo que yo solía hacer. Puedo ayudarte. Quiero ayudar. Ahora, voy a preguntarte de nuevo. ¿Estás bien? ¿Necesitas uno de tus medicamentos de ansiedad? ¿Solía hacer esto? No, no lo sabía, pero eso explica por qué lo enviaron conmigo. Me pregunto cómo pasó de terapeuta a escribir

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para una revista, aunque no sé para qué tipo de revista escribe. Tal vez están relacionados. Los temblores tratan de insertarse, pero no se lo digo. Cuanto más piensen que estoy bien, más rápido debería ser capaz de salir de este lugar. La cerveza debería haberme ayudado a relajarme. —No, estoy bien. No necesito nada. —Mañana es el día de la charla, ¿de acuerdo? Podemos hablar de lo que quieras. Tal vez has pensado en algo para ti que sea como los árboles eran para Troy. Sí, jodidamente correcto. En lugar de decir esas palabras, asiento. Gary se queda durante unos minutos más antes de que me diga buenas noches y se vaya. Una vez que se fue, tomo mi celular y hago una llamada rápida a Maryanne. Tal vez si le pido que me traiga algunas cosas, no voy a tener que tomar mis medicamentos para la ansiedad. El resto de la noche la paso tratando de dormir, yendo fuera y, aunque no me guste, fumando un cigarrillo tras otro, y me pregunto si Penny todavía no ha ahogado a ninguno de sus amigos. Cuando por fin me duermo, sueño con subir a los árboles. *** A mañana siguiente, me encuentro de pie en el pórtico, temiendo mi conversación con Gary, cuando veo las luces encendiéndose y apagándose en la casa grande. Me imagino que Penny debe estar preparándose para la escuela. Es probable que haya dormido un total de tres horas anoche. Cada vez que caía en un sueño profundo, algo me forzaba a abrir los ojos. Hoy me arden. Cada vez que parpadeo, es como si alguien frotara papel de lija sobre ellos. Pronto, Penny sale corriendo y arranca el motor de la camioneta antes de regresar a la casa. Es extraño. Nunca podría dejar mi coche marchando en Los Ángeles, o habría desaparecido. Ni mi motocicleta. Maldita sea, también extraño eso. Tengo un amigo, Ryan, con el que solía montarla antes de que las cosas se pusieran feas. Aquellos eran buenos tiempos. ¿Las cosas eran más fáciles en esos momentos? La pregunta que aparece en mi cabeza me molesta. El camión. Es algo en lo que no debería molestarme en pensar. Al igual que con sus amigos anoche, la falta de seguridad es una novedad para mí. Esta ciudad es casi como uno de esos programas que se ven en la televisión que no parece real. Donde nada malo ocurre, donde existe el tipo de amigos que se escuchan cuando habla el otro. Casi espero que todo sea en blanco y negro. Como si estuviéramos en los años cincuenta o algo así.

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Su camión sigue calentándose, y tengo un impulso muy grande de marcharme con él. No sé si es solo para darle una lección o si espero poder huir y no volver. Cuando vuelve a salir, está muy abrigada. Su cabello se halla oculto bajo un sombrero y siento otro jodido impulso. Esta vez quiero quitarle el sombrero, así puedo ver su cabello. Es un color tan asesino. —¡Hola! —me grita y saluda. Sigo un poco enojado por lo de anoche, así que no hago nada. Penny niega con la cabeza antes de subir a la camioneta y alejarse. Su mano sale por la ventana y me saca el dedo medio antes de que se haya ido. No puedo evitar reírme. Esa chica es una cosa seria. *** —Tienes algo colgando de tu labio. El anciano me sonríe. Tiene el pelo largo y gris, y la barba también, y estoy bastante seguro de que si hay cuerpos en los congeladores, él es quien los puso allí. —Gracias por decirme. —Penny se fue hace unos veinte minutos, y todavía no he logrado salir del pórtico. La verdad es que no quiero ser un idiota con un hombre viejo, pero tampoco estoy en el mejor estado de ánimo. Aparto la mirada de él. El viejo se ríe. —Te estoy dando un mal rato, novato. Es bonito. ¿Crees que podría conseguir uno? —Mi cabeza se mueve bruscamente hacia él, y me guiña el ojo. Es una locura, pero no dudo de este tipo ni por un segundo. Totalmente podría agujerearse el labio. —¿Tienes algún plan para hoy? —me pregunta. —Nop. —Saco un cigarrillo y lo enciendo. —¿Tienes miedo de ensuciarte las manos? —¿Eh? —Nah, no lo creo. —Se ríe de nuevo—. ¿Sabes algo de coches? —Está prácticamente rebotando sobre las puntas de sus pies. —Sí. Un poco. —Mucho, en realidad. —¿Quieres trabajar en uno conmigo? —Este hombre es todo ojos grandes, barba extravagante y movimientos nerviosos. Es como si estuviera drogado, aunque dudo que lo esté. Mi cuerpo se anima un poco y de repente ya no me siento cansado. Si quiere que trabaje en el Corvette que vi el otro día, la respuesta es claro que sí. En realidad, saltaría a casi cualquier

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oportunidad de trabajar en cualquier coche. Mis manos pican para mantenerse ocupadas. —Supongo. Extiende la mano hacia mí. —Soy el abuelo. —Bishop. —Sacudo su mano y luego lo sigo. Me lleva al Corvette. Sin Penny aquí, tengo la oportunidad de admirarlo aún más. Está suavemente pulido pero moteado, y listo para la pintura. Estoy casi seguro de que es un 1975. Es… —Una belleza, ¿verdad? —dice el abuelo. Suena como un niño que está muy emocionado. —Es increíble. Me encantan los coches como este. —Y no puedo creer que realmente vaya a trabajar en él. No solo porque es increíble, sino porque tengo tiempo para hacerlo. El abuelo y yo nos acomodamos, inclinándonos sobre el motor. Me cuenta sobre algunos problemas que ha estado teniendo con el motor y sacar el carburador malo, por lo que estamos casi en un punto muerto, aparte de algunas tuercas pequeñas. Supongo que Penny tiene grandes planes para arreglarla. —¿Esta es la máquina de Penny? —Sí. —¿Y trabaja en ella? —Sí, pero no dejes que te oiga sonar tan sorprendido. Tiene un poco de mal genio. Sí, ya cometí ese error con el hockey. —¡No jodas! —Se me escapa accidentalmente. Me preparo porque sé que los hombres más viejos se molestan cuando maldigo, pero el abuelo se ríe. —Es una chica dura, mi Lucky Penny. Lo es. Tengo ganas de decirle, pero me doy cuenta de que es ridículo. No la conozco. Estamos en silencio durante unos minutos. El abuelo me entrega una llave. La primera tuerca es algo evidente, y el nuevo paquete está descansando en el borde del motor. —¿Qué hay de ti? ¿Qué haces? Sorprendentemente, solo me toma unos segundos responder. Los jodidos árboles de Gary y Troy surgen en mi cabeza. —Soy baterista, pero los coches son geniales. Trabajar con ellos me da algo que hacer con las manos. Me gusta eso... mantenerme ocupado. No estoy seguro de por qué dije eso, pero parece entenderlo. Creo que probablemente entendería mucho. No responde, y nos ponemos a trabajar. Cuando me hace preguntas sobre los coches, sé todas las respuestas. Incluso señalo también algunas cosas para él. Odio admitirlo, porque no quiero que nada de aquí sea genial, pero se siente bien.

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Troy construyĂł una casa en un ĂĄrbol para no volverse loco en esta ciudad. Tal vez el coche puede hacer eso por mĂ­.

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6 Traducido por Noelle & KristewStewpid Corregido por Cami G.

Penny Me detengo en la calzada, exhausta. Mi cuerpo se siente como gelatina después de la práctica. Estoy frustrada porque el equipo del norte en Barrow —con quienes se suponía que debíamos jugar en las Semifinales Estatales— se hallan completamente cubiertos de nieve y el juego se ha pospuesto una semana o más. Odio los aplazamientos, pero es Barrow, y aún es invierno. Cuando salgo, veo al abuelo y a Bishop en la cochera, inclinados sobre el motor de mi Corvette. No puedo creer que ese idiota engreído tenga sus manos en mi coche. Traté de ser agradable esta mañana. Bueno, hasta que le mostré mi dedo medio, pero en serio, trataba de ser agradable esta mañana al saludarlo, y él solo se quedó parado allí. Idiota. Engreído. Oh. Y eso fue después de que le di una cerveza, le ofrecí pizza y se fue mientras todos pasábamos el rato. Ni buenas noches. Ni gracias. Ni nada. Salto de mi coche y resisto la urgencia de correr dentro de la cochera. —Hola, abuelo. —Le doy un beso en la mejilla y sale desde debajo del capó con grasa en sus manos. —Bishop y yo cambiamos todas las tuercas. —El abuelo pincha mi nariz con una sonrisa. —Puedo cambiar las tuercas. —Sale más irritable de lo que pretendía. Pero el abuelo sabe cuán delicada soy. No quiero un trabajo de principiantes en él. —Debería irme. —Bishop toma su abrigo desde un taburete y se dirige a la puerta. —Oh. —El abuelo camina detrás de él—. Penny puede llevarte a conseguir una batería. —¿Puedo qué? —No quiero llevar a este chico a ninguna parte. Menos después de que se metió con mi coche.

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—No. —Sacude la cabeza—. Yo me encargaré de eso. El abuelo se ríe entre dientes. —Pero Pat no tiene un flechazo por ti y tal vez no te dé el mismo trato que Penny. —Está bien. —Bishop sacude la cabeza y se dirige a la puerta—. Gracias de todos modos. Abro la boca para decir hasta luego, pero entonces recuerdo que él tuvo sus manos en mi coche. El abuelo se acerca, y casi me alejo porque sé lo que va a decir ahora. —Estos chicos están pagando a tu madre montones de dinero por dos cabañas y sin trabajo de tu parte. Crece, sé agradable, y lleva al chico a la ciudad. No te heriría ser un poco más agradable también con Pat. Solo el abuelo podría hablarme de esta manera y aún hacerme sonreír. Su voz es tranquila pero feliz. Bishop está casi en la cabaña. Diablos. Salgo. —¡Bishop! —Incluso uso mi mejor voz amable—. Me dirijo a la ciudad, y estoy segura que Pat puede hacerte un descuento. Si necesitas baterías, conseguiremos baterías. Tienes que estar aburrido. — Porque no haces otra cosa que salir a caminar en la nieve y fumar. Se frena y echa una mirada en dirección a Gary. —Solo un segundo. Como hizo la noche anterior, mete las manos en sus bolsillos, mirando a todas partes menos a mí. No es como si le hubiese pedido al chico que se case conmigo o algo. —Escucha, si no quieres… —¡No! —prácticamente me grita—. Solo dame un minuto. —Aún luce como si estuviese tratando de quitarle los dientes en vez de llevarlo a conseguir algo que él quiere. Bishop se gira y se aleja. Su hermosura en serio desaparece con su actitud de mierda. Golpea la puerta de Gary —no me trago totalmente la cosa de “Gary está aquí por negocios”— y me doy cuenta que le pregunta si puede ir. ¿Lo suficientemente joven para necesitar permiso pero lo suficientemente grande para no ir a la escuela? ¿Qué pasa con ellos? Desde que estoy tratando de ser complaciente y quiero al abuelo feliz conmigo, me dirijo a mi camioneta y trepo al asiento del conductor para esperar. Cuando la puerta de Gary se cierra, enciendo mi camioneta y le

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hago un gesto a Bishop para que suba. Él sostiene un dedo en alto, corre a su cabaña, y sale usando otro sombrero. Qué decepción. Me gusta su cabello. No es que importe lo que haga con su estúpido cabello. Es un camino de diez minutos a la ciudad con las carreteras congeladas, y son casi las seis. Estoy bastante segura de que la tienda de música cierra a las seis. Eso no es bueno. Llamo a Pat mientras Bishop abre la puerta. —¿Seguro que esto está bien? —pregunta Bishop, y me hace detenerme la incertidumbre en su voz. —Estoy en el teléfono con Pat. Entra. —Fuerzo mis labios en una sonrisa. Bishop frunce el ceño de nuevo. El chico tiene un serio daño. Tiene que superarlo. Sea lo que sea “eso”. Se desliza en el coche y lo observo otra vez. Lindos ojos. Buena complexión. Revoloteos golpean mi estómago antes de que despierte mi cerebro y salga de la calzada. Mi reacción es porque Bishop es nuevo, eso es todo. —¡Penny! —Pat suena demasiado entusiasmado por una simple llamada. No soy estúpida y sé que él me está mirando. Pero soy una chica a la que los chicos miran, no a la que invitan a salir. Lo cual apesta porque solo he sido besada por Mitch, y fue una vez. —¿Penny? —pregunta. Concéntrate, Penny. —Hola, Pat. Te estoy llamando para pedirte un favor. —Por supuesto que sí. —Suelta una risita—. ¿Qué necesitas? —Un chico que se hospeda en las cabañas necesita un set de batería. Le dije que tú podrías ayudarlo, pero apenas estamos saliendo de mi casa. —Golpeo el acelerador al final de la calzada, solo para girar a Bitty hacia los lados un poco. La mandíbula de Bishop se flexiona, pero no se encoje de dolor. Estoy impresionada. Dirijo a Bitty de regreso hacia la carretera. —Así que, quieres que me quede en la tienda, ¿verdad? —Serán solo unos pocos minutos. Lo prometo. Se ríe. —Me quedaré por aquí. Nos vemos en unos pocos minutos. Cuelgo y meto el teléfono en mi bolsillo. —Abrirá hasta tarde. Un lado de la boca de Bishop se curva. Es la primera emoción que veo de él que no incluya su ceño, y me gusta lo suficiente para saber que trataré de hacer que suceda de nuevo. —Por supuesto que sí. ***

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Así que, Pat solo tenía un set de trescientos dólares y otro de dos mil dólares. Bishop fue tras el de dos mil dólares y me hizo preguntarme en qué tipo de trabajo de computación se hallaba su tío, si es que eso era cierto. Pat sonríe de oreja a oreja mientras lo observa acomodar la batería. Intercambiaron unos pocos susurros cuando Bishop se sentó, lo que hizo que luciera un poco enfermo. Luego, tuve que preguntarle a Pat qué pasó allí. Bishop tiene un par de baquetas que hace girar como si fueran una parte de él. Los músculos de sus brazos se flexionan en un ritmo practicado mientras continúa haciendo girar las baquetas. Me siento en un taburete bajo la fila de guitarras, y deja caer su gorra de beisbol antes de acomodarse en el asiento. De repente, ya no luce enfermo. Los ojos de Bishop se cierran por lo que dura un parpadeo. Contengo mi respiración en anticipación y lo observo realmente. Un poco de cabello largo, nariz perfecta, fuerte y musculoso, pero no enorme, solo… esbelto. Sus ojos se abren, y juro que está en un lugar diferente. Bueno. Amo la música como cualquier otra persona, pero nunca presté atención a la batería. Hasta que él comienza a tocar. Por el resto de mi vida, prestaré atención a la batería. Es irreal. El ritmo. Todo. Es como si al principio hubiera demasiado que asimilar. Él no puede estar pensando, solo sintiendo. La sonrisa de Pat se extiende aún más mientras Bishop continúa tocando. Sus manos vuelan tan rápido que apenas puedo verlas. De vez en cuando sus ojos se cierran, perdido en lo que está haciendo y todo lo que puedo hacer es mirar. No soy experta, pero este chico tiene que ser algún tipo de genio o algo así. Me encuentro congelada en este estúpido pequeño taburete hecho para personas que tocan la guitarra, mirando a este chico. Sé cómo se siente justo ahora. Él está en la zona detrás de las baterías, al igual que yo lo estoy sobre el hielo. Para el ritmo, y la habitación se siente vacía y plana, como me siento cuando alguien me deja sin aire. Y ahora entiendo por qué las chicas opinan que los chicos de las bandas son ardientes. Al mirar el trabajo del chico, su cabeza perdida en lo que está haciendo, ¿y algo tan asombroso viniendo de eso? Ardiente. Cuando se pone de pie está sudando, con el pelo pegado un poco a su frente. —Me quedo con esta. Y entonces, Bishop sonríe realmente. Pat se mueve a la registradora, y Bishop lo sigue. Escribe un recibo, y Bishop desplaza su peso de atrás hacia adelante unas pocas veces,

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echándome vistazos sobre su hombro. Pasó de feliz a nervioso en unos tres segundos. Me muevo hacia la puerta, lista para irnos a casa. —Iré por la camioneta. Bishop arroja su tarjeta de crédito sobre la encimera, pero se resbala de sus dedos y cae en el piso. Uno pensaría que estaría más relajado luego de tocar la batería, pero cuando me agacho a recogerla, Bishop medio cae por la tarjeta de crédito, robándola antes de que pueda sujetarla por el borde. Lo miro lo suficiente para que ambos sepamos que era extraño. Rompe el contacto visual primero sin una palabra y mete la tarjeta en su bolsillo con manos temblorosas. Definitivamente está sucediendo algo extraño. *** Nos retiramos de la tienda de música con un set de batería de dos mil dólares en la caja de mi camioneta. ¿Cómo puede un chico de mi edad tener una tarjeta de crédito para algo de dos mil dólares? Bishop ha estado tranquilo, mirando por la ventana y rebotando su pierna. —No estás… en algún tipo de problemas extraños, ¿cierto? — pregunto. Sus cejas suben, y está mirándome como si estuviera loca, pero también hay malestar allí. Creo. —¿Problemas extraños? Comienzo a preguntar acerca de su tarjeta y su nerviosismo, pero mientras las palabras se forman en mi cabeza, suena un poco estúpido. —No importa. Me acerco para darle un empujón, pero paro porque no busco maneras de tocar a chicos que no sean Mitch. Y, de todas formas, acabo de dejar extraño el ambiente en el coche, cuando debería ser agradable. —Luce como si hubieses encontrado un fanático allí. Tira su sombrero hacia abajo otro centímetro. —Solo aprecia el talento loco. Resoplo aunque no puedo discutir su observación sobre el talento. Mi estómago gruñe, está oscuro afuera, y aún tengo cosas que hacer. Y no puedo sacar de mi mente la imagen de Bishop tocando la batería. Él es sin duda un rompecabezas. ¿Quién es su tío? ¿Tiene padres ricos? ¿Es algún tipo de prodigio? Si estuviera en una banda, no estaría aquí, pero

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si no lo está, ¿no sería desperdiciar su talento? O tal vez solo es una actividad secundaria de lo que él es en realidad O tal vez me paso mucho tiempo pensando en un rompecabezas que no es uno. —¿Has tocado desde hace mucho? —interrogo, preguntándome si dará alguna información voluntariamente sin que lance otra pregunta estúpida como problemas extraños. Asiente. —Desde hace un tiempo. La frustración burbujea en mi interior por lo perfectamente vago que está siendo. —¿Estás en la escuela? ¿Como escuela en casa o algo así? —Escuela en casa. Estoy graduado. —Suena aburrido, pero su mandíbula está apretada mientras mira por la ventana. Creo que no conseguiré ninguna información. Bien. No voy a sonsacar nada… al menos no frente a él. Lo intentaré después con mamá. Si alguna vez estamos en casa al mismo tiempo. Me pregunto de nuevo si estamos más cortos de dinero de lo que pensaba ya que no ha hecho más que trabajar desde hace semanas. —¿Qué hora es? —pregunto. Bishop para de dar vueltas a sus baquetas el tiempo suficiente para mirar su reloj. —Las siete. —Genial. Jeremy está trabajando en la ventana del McDonald’s, lo que significa que mi comida es gratis. Voy a parar. ¿Quieres algo? Aparta un mechón de pelo castaño de su cara, mostrando sus ojos. Tiene un bonito perfil. Masculino. Y después de oírle tocar, es mucho más que el chico con la actitud de mierda. —Tienes que estar bromeando —dice, y sacude la cabeza. —¿Qué? —Aunque ya lo sé. Y quizá puedo estar fanfarroneando, pero hace mucho tiempo desde que le pedí un favor a Jeremy, y le enseñé cómo cambiar el aceite sin burlarme de él. Creo que me debe una. —Tienes una forma de conseguir todo lo que quieres. Eres, como, Miss Alaska o algo así. Es en cierto modo ridículo. —Por una vez, no hay mala actitud en su voz. El chico continúa despreocupado desde esos pocos minutos en la batería. Lo entiendo; es el por qué juego al hockey. Y monto máquinas de nieve. Y motocross. —Si vuelves a compararme con una reina de la belleza, olvida el tampón, usaré uno de tus baquetas. —Sonrío y pestañeo—. Y consigo lo que quiero porque soy agradable con todo el mundo. Desde que sé que no quiero irme de Alaska, de algún modo he cambiado mi forma de actuar.

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Como que esa gente es con la que voy a pasar mi vida. El peso de irme por la universidad se asienta sobre mí otra vez. Se supone que tengo que querer largarme de aquí e ir a la escuela. Pero no quiero. Todavía no. Quizás nunca. —¿Tú, amable? —La esquina de su boca se eleva. —Todo depende de con quién esté tratando. —Estrecho los ojos, coqueteando un poco, y aleteos nerviosos comienzan en mi estómago. Esta vez, no quieren irse cuando quiero que lo hagan. —Oh, ya veo. —Todavía me muestra su media-sonrisa, como si no estuviera preparado para rendirse y admitir que se está divirtiendo. —¿Piensas que no sé cómo miras a mi casa? ¿A mis amigos? ¿Dónde vivo? Es como si odiaras todo sobre el lugar que amo. No eres mejor que yo, y no eres mejor que este lugar. Así que, sí. Me enojó un poco. Al principio. —Mantengo mi voz baja, pero es más difícil respirar cuando estoy siendo así de honesta, especialmente ahora que intento no pensar sobre lo cerca y solos que estamos. Enciendo la radio y me pongo a la cola en el McDonald’s. Con solo dos restaurantes de comida rápida en este pueblo, este lugar se llena. —¿No te contienes, no? —Gira las baquetas entre sus dedos y me pregunto por un segundo cómo ha conseguido ser tan bueno—. No me creo mejor que nadie. Solo sé que no pertenezco aquí, y no quiero hacerlo. Tengo una vida en otro lugar. Además, no es como si no me miraras de la misma forma. —No me contengo la mayor parte del tiempo. He conocido a esas personas desde siempre, y podemos decirnos casi cualquier cosa. Y sería de esa forma con Mitch también si él… —Las palabras salen antes de que pueda pararlas, y estoy en shock porque nunca he dicho cosas que no quería decir. Se ríe entre dientes. —¿El chico amoroso? ¿Chico amoroso? ¿Cómo demonios podría saber Bishop cómo me siento por Mitch? Se aprieta mi estómago, y quedo boquiabierta… Ninguna de las dos cosas es propia de mí. En absoluto. —Él no podía mantener sus manos para sí mismo. —Se ríe por lo bajo—. No lo culpo porque su chica es… —Vale —interrumpo, porque el comentario sobre el chico amoroso era por Rebecca, y no por mí. Lo cual parece peor a que él se diera cuenta cuán patética me siento sobre Mitch—. No vamos a hablar sobre Mitch y Rebecca. ¿Vale? —¿Un mal tema? —Su voz no tiene el suficiente sarcasmo como para contraatacar. —Has conseguido tu batería con descuento, y vas a tener patatas fritas gratis. Creo que ya está bien con ser amables durante la noche. —

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Le doy una sonrisa, así quizá no lo tomará tan seriamente como lo pretendo. El abuelo tenía razón. Debo ser amable, aunque Bishop acaba de señalar algo que ya sé. Estoy perdiendo a Mitch. —Set de batería. Y me parece justo. De algún modo, que esté de acuerdo en que no seamos amables me hace querer serlo. Empiezo a hablar tres veces antes de encontrar las palabras debido a que Bishop luce tan bien como lo hace, y toca la batería tan bien, y es nuevo, y las locas mariposas que no puedo sacar de mi estómago… Estoy en un tipo diferente de territorio con un chico, y es un territorio que no sé cómo tratar. Puedo sentir como los nervios sacan a la fuerza las palabras más rápido de lo que quiero. —Nuestro juego se ha aplazado porque los niños que viven en Barrow no pueden volar hasta que pase la tormenta. Voy ir a montar la moto de nieve mañana con los chicos. ¿Te gusta ir rápido? —Seh, quizá. Su “quizá” me da algo de alivio, haciendo que me pregunte cuál es mi problema. ¿Por qué me importaría si quiere venir o no? —Pasaré después de la escuela. Tengo material y equipo de sobra. Soy alta así que todo es de chicos. —¿Nada de pantalones de nieve rosas? Me está provocando. No puedo creerlo, y voy a estar contando los días para hacer algo divertido con él. Encontrar otro modo de hacerle relajarse un poco. Quizás incluso hacerle sonreír de nuevo. Estoy sonriendo, buscando sus ojos marrones en la oscuridad de mi camioneta. —Definitivamente nada de pantalones de nieve rosas. *** Cuando salto fuera de mi camioneta para dirigirme a la cabaña de Bishop, todo lo que oigo es la batería. El chico es locamente bueno. Definitivamente y suficientemente bueno para unirse a una banda real. No como los chicos que pasan el rato en la tienda de música creando nombres de bandas malos para un grupo que preferirá drogarse que practicar. Golpeo la puerta, aunque una parte de mí quiere esperar a que acabe la canción. Eso podría tomar una eternidad. Los chicos estarán aquí en cualquier momento, y tengo que vestirme y prepararme para ir o ellos se adelantarán en la pista. No voy a ir detrás de ninguno de esos maricas por mi pista. Toco otra vez y Bishop no contesta, así que paso. —¡Vamos! No te estás acobardando, ¿no?

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Bishop para de tocar con una mirada asesina en su cara. Elijo ignorarlo, incluso aunque haya algo para prestar atención sobre un chico que sienta tanto. Bueno o malo. —La batería estará aquí cuando volvamos, pero tu oportunidad de ir a dar una vuelta y verme dejar en ridículo a los chicos de mi equipo es ya. —¿Y si hubiera estado tocando desnudo? —Pasa su mano por la frente, húmeda con sudor tal y como estaba ayer. Su expresión es indescifrable. Un nudo se forma en mi garganta con la idea de cómo se vería tocando la batería sin camiseta. Cómo se movería inconscientemente su cuerpo. La forma en que se flexionarían los músculos en su pecho y sus abdominales y sus brazos. Algo extraño pasa por mi mente con ese pensamiento, haciendo que mis piernas se sientan como gelatina por un segundo. Vaya. Eso es nuevo. Mitch no me hace sentir así. El silencio se vuelve tenso hasta que encuentro mi ego y ruedo los ojos, porque no puedo sentir toda esta extraña novedad sobre él sin que me salga el tiro por la culata. —No es nada que no haya visto antes. Todos mis amigos son chicos. Su ceño fruncido es remplazado por algo como casi una sonrisa. —Estás loca. —Sacude la cabeza, aún medio sonriendo. —Vamos. —Retrocedo, necesitando estar fuera de la pequeña habitación—. Vamos a vestirte. Agarra su abrigo y mete los pies en sus botas. —Tengo que hablar con Gary muy rápido. Trota hasta la otra cabaña y toca. Vale. Raro. Yo no tengo que decirle a nadie cuando voy a montar en moto de nieve. Quizás es algo de gente de ciudad. Un minuto después estamos en mi casa. Tan pronto como paso la puerta, empiezo a lanzarle el equipo. —¿Qué se supone que tengo que hacer con esto? —Sus cejas se juntan mientras mira cómo crece el montón a sus pies. —¿Ponértelo? —sugiero mientras termino de vestirme y me estiro a por mis botas. Sigo sin mirarle después del comentario sobre el desnudo. Deja salir un suspiro, pero veo un indicio de sonrisa cuando miro entre mi pelo. Casi le ofrezco mi ayuda con los pantalones de nieve, los cuales tienen unos tirantes alocados, pero lo resuelve antes de que mis botas estén atadas. Está muy callado. Empiezo a preguntarme si siempre es así. Yo no lo soy, la gente callada me enerva. ¿Qué está pensando? ¿Qué quiere? ¿Por qué no habla?

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Abro la puerta hacia la parte de la cochera con las dos motos de nieve. El abuelo tiene dinero. Mamá solo quiere que no lo use. Pero él lo hace alguna que otra vez; el jacuzzi, nuevas motos de nieve, mi camioneta. Señalo a la moto favorita del abuelo. —Puedes tomar esa. Es una 800, así que podrás mantener el ritmo. Otro pequeño indicio de sonrisa mientras toma asiento. Escanea la cubierta blanca y naranja que cubre la máquina, a los dos esquís en frente y luego por debajo a la anchura de la pista de goma. —¿Algo especial que debería saber? Me paro al lado suyo y señalo todas las piezas importantes. — Acelerador. Freno. Si un árbol es más pequeño que mi muñeca, puedes pasarlo por encima. —Levanto la mano. Inclina una ceja. —Si tienes dudas, siempre dale al acelerador. Asiente una vez y otra vez casi sonríe. —Bien. Echo de menos ir en moto por la ciudad. Quizás esto se le acerque. —Confía en mí. Será mejor. Y sé que suena loco, pero vamos a ir a los campos de heno de los padres de Matt, y la nieve es profunda. Si de verdad quieres jugar, gira el manillar en la dirección contraria a la que quieres ir, acelera e inclínate en la dirección en la que pretendes ir. Se levantará el lado de la moto, darás la vuelta, rociarás nieve y harás que parezca que sabes lo que estás haciendo. Sus cejas suben, y me fijo en sus ojos otra vez. —No vas a hacerme quedar como un imbécil, ¿no? —Bishop retuerce sus manos como si no supiera qué hacer con ellas. Me encojo de hombros e intento no reír. —Inténtalo tú solo y lo descubrirás. —¿Siempre eres así? —Una esquina de su boca se alza, y mi estómago se tensa solo un poco por la forma en la que me mira. —¿Eres siempre tan callado, gruñón e introspectivo? Se encoge de hombros. Eso, para mí, es una afirmación. Le lanzo su casco. —Te veo en la pista. Arrancamos las motos justo cuando frenan Mitch y Matt, y no estaré detrás de ellos, así que acelero y salgo como un cohete de la cochera, para asegurarme de que voy delante. Bishop está justo detrás de mí. El chico aprende rápido. En segundos, bajamos volando por la pista cerca de los setenta. Llegamos a los campos de heno de Matt en diez minutos. Mitch levanta su mano en el aire y hace un círculo: lenguaje de motos de nieve para “jugaremos aquí durante un tiempo”.

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Bishop frena a mi lado. Tengo que chillar por encima del ruido de las motos. —Ahora vamos a hacer el tonto. Haz lo que te dije con los esquís, lo peor que puede pasar es que te caigas en un montón de nieve y tengas que subir otra vez. —Vale. —Las esquinas de su boca están presentes ahora. Es una auténtica sonrisa del rey de los gruñones. Soy muy buena.

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7 Traducido por Amy Ivashkov Corregido por Alessa Masllentyle

Bishop La adrenalina corre a través de mí, haciéndome sentir mejor que cualquier droga. He montado motos, motocross, cuatrimotos, ¿pero esto? Se siente diferente. El aire frío me roza mientras voy más rápido, pero no puedo ralentizarme. No quiero hacerlo. Hago lo que dijo Penny, giro el manillar en la dirección opuesta y me inclino en el otro. En realidad esta mierda funciona. La nieve sale debajo de la máquina mientras me muevo alrededor de un círculo. Todos estos chicos de por aquí no pueden seguirme. La única que puede es Penny. Una parte de mí quiere tratar de enseñarle, pero la otra parte… a la parte fuerte, le divierte demasiado convertirlo en algo más. Solo quiero seguir adelante, disfrutar de la libertad que no estoy seguro que alguna vez haya sentido. Es como si nada pudiera atraparme aquí: ni mi psicótico padre al que casi tuve que pagarle para que nos dejara en paz, ni los fans, ni mi ansiedad, ni mi mánager… y ni siquiera mi guardia personal. No sé cuánto tiempo hemos estado aquí cuando todos se colocan en un círculo. No estoy listo para irme, no estoy seguro si alguna vez quiero parar pero sé que tengo que hacerlo. Acelero el motor antes de volver al lugar donde se encuentran, pulverizando la nieve en Penny antes de parar. —Te crees muy genial ahora, ¿no? —Se saca el casco y su pelo blanco vuela. —No lo creo. Lo sé. Poseo eso. —Mis ojos no la dejan. Esta chica es tan salvaje. Nunca he conocido a alguien como ella. —No a mí. —Gira su atención a sus amigos. Y ella tiene razón. Se lo mostró a todos estos chicos. Tengo la sensación de que nadie le ha ganado en algo—. ¿Están listos para regresar? Los veo, la forma en que todos mantienen sus ojos firmemente en ella todo el tiempo. Me pregunto si sabe que la mitad de estos chicos

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están enamorados de ella. O quizá no enamorados, pero sin duda la quieren. Y la respetan. O quizá le tienen miedo. —Sih, tengo cosas que hacer. Se supone que debo ir donde Becca —dice Mitch y Penny rueda los ojos. Abre la boca para contestar, pero toso y digo “le diste una paliza” al mismo tiempo. Mitch me frunce el ceño, pero Penny me da una sonrisa. Casi parece… ¿agradecida? Y me doy cuenta de por qué lo hice, lo que es jodidamente raro. Pero entonces, supongo que se lo debo por pasar un buen momento hoy y ayudarme a conseguir mi set de batería. —¡Una carrera de regreso! —Se coloca su caso otra vez y está acelerando antes de darme cuenta de lo que pasa. Los otros chicos comienzan a acelerar, pero yo soy más rápido y piso el acelerador. No sé dónde está el resto de ellos, todo lo que sé es que estoy buscando a Penny. El sendero de los campos es suave y rápido pero cada pequeño bache me hace sentir como si estuviera flotando en la pista otra vez. En serio es como volar y luego veo una luz trasera frente a mí, decidido a no dejarla ganar. Ni siquiera sé cómo explicar lo que se siente. Es tan bueno como cuando mis baquetas golpean la batería una y otra vez. Tal vez mejor que eso. Me hace olvidar todo lo demás. La charla estúpida que tuve con Gary que no hizo casi nada. Porque estoy aquí. Lo que se supone nadie debe saber... Pat lo descubrió, no había manera de ocultárselo cuando compré la batería, y si lo dice, estoy jodido. No hay forma de negarlo. Él está muy metido en la música como yo, y me conoce. O conoce a Burn, creo. Penny podría haberlo descubierto fácilmente cuando se cayó mi tarjeta. Sin embargo nada de eso importa. No mientras estoy volando sobre la nieve. Ambos paramos casi al mismo tiempo. Estoy solo a unos segundos detrás de ella. Jadeo tan fuerte que siento que he estado tocando la batería por días y días. —Amigo, soy jodidamente asombroso. —Las palabras se rompen ya que estoy sin aliento. —¿Qué? —Sus mejillas son de color rosa y un poco sexy. Guau. ¿Cuándo comencé a notar sus mejillas?—. No has ganado. Empatamos. —Sí, pero hiciste trampa. Empezaste primero, nos detuvimos al mismo tiempo, así que técnicamente te gané. —¿En serio estás tratando de ganar por tecnicismo? ¿Qué es esto, CSI?

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Comienzo a reírme, pero no respondo cuando el zumbido de las otras máquinas se acerca más y más. Todavía estoy respirando con dificultad, mirándola a horcajadas en la máquina frente a mí. Como que quiero darle las gracias por traerme, pero no sé cómo hacerlo, así que en cambio digo—: Lo que sea, te concederé ésta, pero tendremos una revancha. De repente no puedo esperar a que suceda. Luego, hago lo más extraño. Respiro profundamente, oliendo el frío como lo hice con Gary, y pensando que esto es algo que trataré de recordar. *** Me duele el cuerpo cuando salgo de la ducha. Sin embargo, es una buena clase de dolor. No he hecho algo así en… diablos, ni siquiera puedo recordarlo. Estoy usando pantalones de chándal, una sudadera y calcetines cuando me tiro en el sofá y coloco mis pies arriba. No tengo cigarros pero de todos modos no sé si tengo la energía para salir y fumar. Miro mi batería en la esquina y recuerdo el nuevo ritmo que toqué hoy. Me recuerda a la canción en que Blake trabajaba cuando me fui. Él escribe casi todo lo que hacemos, pero algunas veces yo ayudo. Extraño eso. De repente, me siento con ganas de hablar con él, a pesar de que yo he sido el que lo ha ignorado. Aprieto el botón en mi celular para llamarlo. —¡B.R! Me río de la manera en que Blake contesta el teléfono. Siempre tiene una tonelada de energía. Dice que tenía Trastorno por Déficit de Atención, pero mejoró cuando comenzó a cantar. No estoy seguro si lo hizo eso o si su energía se ha redirigido. Eso es algo de lo que pasó conmigo. Cuando comencé a tocar la batería, me ayudó a olvidar a mi estúpido padre. —¿Qué pasa? —¿Qué pasa? He tratado de llamarte, has estado ignorándome y, ¿todo lo que dices es “qué pasa”? Quiero decirle que siento como si me traicionara. Que debería apoyarme, pero no lo hago. En cambio, digo—: No quiero tocar ese tema. De todos modos no debemos estar hablando. ¿Qué has estado haciendo? Deja las cosas así, lo que no me sorprende. Me conoce y no espera que hable más de lo que quiero. —No mucho. Es desalentador. ¿Cómo está Alaska? —Se ríe cuando pregunta.

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Se siente bien hablar con él otra vez. —Vete a la mierda. Es Alaska. ¿Cómo crees que es? —Algunos destellos de haber montado hoy se vinieron a mi cabeza. Algunas partes fueron bastante buenas, creo—. En realidad, hoy fui a andar en moto en la nieve. Fue asombroso. Esas cosas van rapidísimo. Quiero una. —No es que tuviera un lugar para montarla, pero aun así. —Bien. ¿Con quién fuiste? No me digas que a Gary le gustan los deportes extremos. Me río porque es lo más ridículo que he oído. —Sí, claro. Pasa todo el tiempo haciendo que vaya a paseos con él, trabajando, o hablando con Troy. —Entonces, ¿quién? —Hay un poco de ruido de fondo y luego Blake le grita a alguien que se calle. Me molesta por un segundo porque estoy seguro de que él está con los chicos. Están juntos en casa, y yo me encuentro aquí, pero antes de que pueda pensarlo mucho, recuerdo lo que me preguntó. —Una chica llamada Penny. Ella es como la Reina del Hockey de Alaska o algo así. No la he visto jugar, pero es genial con las máquinas. Tiene un Corvette ’75, también. Es lindo. —Sacudo la cabeza, dándome cuenta que estoy presumiendo por esta chica o algo así. —¿Estás conquistando a una chica de Alaska? No te tomó mucho tiempo, hombre. —¿Qué? No voy a jugar con ella. A pesar de que es como sexy… —Realmente, no es un cómo—. De todos modos no estoy aquí para eso, ¿recuerdas? Ayudaste a mandarme aquí. Estoy esperando que Don deje de molestar y me mande a casa. Ignora parte de mi comentario y dice—: ¿Y? ¿No puedes tener algo mientras estás en ello? Su pregunta me molesta porque Penny no es así. Luego me molesta porque su pregunta no debería molestarme. —No he llamado para hablar de Penny. Compré un nuevo kit de batería. He tocado y tengo un solo matador que iría con “Break Out”. —¿En serio? Genial. Les diré a los chicos. Estuvimos trabajando en ello, pero voy a ver si no les importa dejarlo a un lado hasta que vuelvas. Sus palabras me afectan en el mal sentido. Están trabajando en las canciones sin mí. ¿Y va a ver si les importa esperarme? Mi cuerpo se tensa. —¿Vas a ver si están de acuerdo con ello? —No debe haber ningún problema en esperarme. Se supone que estamos en vacaciones en este momento, no solo yo—. Seguimos siendo una banda, ¿cierto? No estaré aquí para siempre. Estoy haciendo todo bien. Estoy pensando en largarme y volver a casa. —¿Sí? ¿Por qué no? Si puedo lograr que los chicos me apoyen, Don no será capaz de decirnos que no a todos.

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—B.R, sabes que no es lo que quiero decir, y… no sé si es una buena idea… digo, estás ahí por una razón, ¿sabes? No es como… —A la mierda, Blake. No intentes jugar a esa mierda de soy más santo que tú. —Maldita ansiedad. Mis manos no paran de temblar. Ellos me conocen, así que deben saber que no tengo ningún problema. No estoy tomando nada ahora y estaba bien antes de que empezara. En realidad, mejor que bien. Quizás incluso genial. Suena preocupado cuando dice—: No trato de ser un idiota. Demonios, a Chase le gusta pasar un buen rato tanto como a ti, pero es diferente. Ninguno acabó en el hospital. Vamos a las reuniones y no nos perdemos en otros países. Nos asustas, hombre. Si Maryanne estuviera aquí… Sí, ella fue la que me buscó. —Hablando de Maryanne, la llamaré. Al menos no me sermonea cuando hablamos. —Ella sabe que no tengo un problema. Ni siquiera tiene el mismo horario loco que nosotros, pero entiende por qué hago esto las raras veces que lo hago. —¡Eso es porque es una admiradora pastillera! Quiere entrar en tus pantalones porque quiere tu dinero y porque… No sé que más dice porque cuelgo el teléfono. Que se joda. Que se jodan todos. No saben de qué hablan. Tanteo los bolsillos, en busca de los cigarros pero recuerdo que no me quedan. Sacudo las manos, esperando que dejen de temblar. Esta vez, cuando tomo el teléfono, llamo a Maryanne. Contesta al primer timbrazo. —Hola, Bishop. —¿Lo enviaste? Se ríe. —Sí. Me recuesto, sin darme cuenta de que me senté, ya sintiéndome un poco mejor. *** —Tengo tu computador. —Gary camina delante de mí y mira por encima del hombro. Soplo una bocanada de aire frío. —¿En serio? Asiente. —Podría ser útil. Nunca se sabe. Estamos en silencio durante unos minutos al tiempo que seguimos caminando. Gracias, dile gracias. Me tenso un poco cuando un auto nos pasa. Con la nieve acumulada junto a la carretera, y sin cunetas, no hay mucho espacio para caminar.

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Gary mete con fuerza las manos en sus bolsillas. —¿Te gusta trabajar en el auto con el abuelo? —Obviamente, hombre. Sabes que me gustan los autos. Me echa un vistazo antes de mirar de nuevo la carretera helada. —¿Lo sé? Odio decirlo, Bishop, pero no. Nunca te he escuchado hablar de autos hasta que llegamos aquí. Eso es estúpido. O tal vez no hablé con él. —Tengo un Ranchero en casa. Quiero arreglarlo. Estoy pensando en comenzarlo si alguna vez me dejan sacar mi culo de aquí. Ese comentario me gana una sonrisa, pero sé que no me ofrecerá salir de aquí pronto. —Cuando iba a la universidad, las cosas eran locas. Trabajaba con Don parte del tiempo y sabes lo tirano que es. Es como con nuestros paseos, pero establecí una cierta cantidad de tiempo para hacer lo que quería, algo que me encantaba. Nada de trabajo, ni la universidad, solo algo que era un momento feliz de Gary. Aquí vamos. Con mi labio superior, juego con mi perforación antes de contestar—: Eso no es siempre fácil para hacer en la carretera. Damos unos pasos en silencio, y me gusta cuando sucede así. Como si estuviera escuchando lo que digo en vez de saltar con algún eslogan al azar para ayudarme a sentirme mejor. —Si es importante, encuentras tiempo. Si no velas por ti mismo, Bishop, nadie más lo hará. No soy estúpido. Sé que no puedes trabajar en un auto durante los viajes, pero puedes leer al respecto. Haz planes para lo que quieres hacer luego. O los autos pueden ser lo tuyo en casa y puedes encontrar algo más, algo bueno para ti que te provoque la misma sensación. Sin pensarlo, asiento. Tiene algo de sentido. Hubo muchas veces que pensé que me volvería loco en un avión o una habitación de hotel. Puede ser muy bueno planear algo para hacer en esos momentos. En algún instante, Gary debe haber ralentizado o yo debo haber acelerado el ritmo porque ahora estamos caminando juntos. —Troy es un planificador. Me vuelve loco algunas veces. Tiene calendarios por toda la casa y su teléfono suena cada cinco minutos para recordarle algo. Y Dios, que no pierda su hora en el gimnasio porque entonces quiero estrangularlo, pero el punto es, que eso funciona. Sus actividades le dan algo que hacer, y su calendario lo ayuda a sentirse estable. Gary se detiene, dejando esta conversación similar a la que hizo sobre los árboles. —¿Qué te mantiene estable, Bishop Riley? No lo sé. ***

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Calendarios. Tengo uno de esos. Un calendario de pastillas y otro con el abuelo. Por la mañana del quinto día, consulto con el abuelo para ver si tengo algún correo. He estado aguantando, tomando las pastillas solo cada pocos días y funciona bien. Pero aun así, cuando me dice que no, me enloquece un poco. El correo no puede demorar tanto. Como cualquier otro día, nos ponemos a trabajar en el Corvette. Me llama “novato” todo el tiempo, lo que pensé que sería molesto. Pero cuando viene de su parte, no lo es. Es una explosión trabajar con él en el auto. Es un loco, con su barba loca y bromas aún más locas, pero es genial, y estamos haciendo varios progresos. No veo a Penny. El abuelo dice que ha estado practicando o algo así. Definitivamente se toma en serio el asunto del hockey. Algunas veces, el abuelo y yo estamos callados todo el día. Otras, me cuenta historias sobre cuando él era joven, sobre guerras, viajes e incluso chicas. Le gusta hablar sobre chicas, lo que creo que es genial. No disimula nada y aunque estoy callado la mayor parte del tiempo, tengo la sensación de que podría decirle cualquier cosa. Aunque creo que él ya podría saberlo todo. De vez en cuando, actúa un poco extraño, murmurando cosas raras o algo así, pero el tipo es viejo como el polvo. Me imagino que tiene que ser normal. Sería una locura ahora si no fuera por él y este auto; lo sé. Dos veces Gary ha tomado un descanso del trabajo y ha venido a vernos. Se divierte con el abuelo, y éste sin duda sabe que Gary está un poco chiflado. Bien, quizá no chiflado, pero sí demasiado sentimentalista. Tuvo tres llamadas de Troy el otro día, y sonríe siempre. Cada vez que Gary nos da la espalda, el abuelo pone el dedo en su sien, lo gira en un círculo y con la boca me gesticula “loco”. Él es asombroso. Sin embargo, las noches me están matando. Es casi como si me transportara al escenario. O quizá ni siquiera ahí, pero a una habitación vacía dónde la gente me está llamando. Esta ciudad es suficiente para volver loco a cualquiera. Se hace de noche muy temprano. Estoy atrapado dentro de una cabaña solo con Gary, dos canales de TV, mi batería y ahora un computador. ¿Cómo creen que esto ayuda? Me hace volverme loco. Tiemblo cada vez más. Cada vez que intento dormir, mi cabeza se inunda de repente de cosas que no importan. Es una mierda. Después de horas de estar acostado en la oscuridad, me levanto, enciendo el computador y miro lo primero que se me viene a la mente. No me toma mucho encontrar un par de suscripciones a revistas de automóviles en línea para comprar. ¿Ahora qué? Pongo un documento

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vacío para escribir pero mis dedos luchan con las teclas, volviendo a temblar un poco otra vez. Cierro el computador y caigo en el sofá. De todos modos, ¿qué diablos podría hacer para mí una clase de horario? Si el paquete de Maryanne llegara acá, me ayudaría a alejarme del límite. Eso es todo lo que necesito, un poco de ayuda para aliviar la tensión… *** Es tarde en la noche cuando me doy cuenta que Penny se desliza en la bañera de hidromasaje; su pelo rubio platinado está muy brillante. Maldición, la chica es sexy. No estoy seguro si ella sabe lo sexy que es. O quizá sí. Sin pensarlo, coloco mis pies en las botas, agarro la chaqueta que estoy cansado de usar y voy afuera. —Hola. —Camino por las escaleras. Echa su cabeza hacia atrás, descansando en la cubierta. Penny ni siquiera se molesta en abrir los ojos. —¿Quieres entrar? —Nah. Estamos en silencio por un minuto, ella viendo la parte posterior de sus párpados y yo viéndola fijamente. Tiene que haber una razón para que yo viniera aquí, pero ahora no puedo pensar bien. —Así que… ¿el correo? Tiene que llegarme un paquete. ¿Cuánto tiempo se demora normalmente? Por fin, abre los ojos y gira un poco la cabeza. —Depende. ¿Es prioridad o paquete regular? No puedo creer que no pensé en preguntarlo. —No estoy seguro. —Si es correo regular, se demora una eternidad. Algunas veces un par de semanas. ¿Un par de semanas? —Dime que estás bromeando. Rueda los ojos como si yo fuera un idiota. —Bishop, estás en Alaska. El pánico comienza a aparecer. Espera, ¿pánico? No, es solo que no quiero que Maryanne sea atrapada enviando eso. No es como si estuviera deseándolo mucho. —Sí, en Alaska, no la luna. ¿Un par de semanas? ¿Recuérdame por qué alguien elije vivir aquí? El ceño fruncido en su rostro me dice que dije algo equivocado. —No hay nada malo aquí. No entiendo por qué todo el mundo piensa eso. —Cierra los ojos otra vez, ignorándome. Obviamente, toqué un punto sensible.

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—Lo siento —murmuro, un poco sorprendido por disculparme con ella—. Si te gusta tanto, ¿por qué te vas? El abuelo dijo que te esperan un montón de universidades. Que estás decidiendo a dónde ir. Sus ojos se abren antes de colocar su ceño fruncido. —No sabes de lo que hablas. —¿Qué? ¿Tienes miedo de irte? La mirada que me da, me dice que fue sin duda lo que no debía decir.

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8 Traducido por Julieyrr Corregido por mterx

Penny —¿Miedo de irme? Voy a fingir que no acabas de decir eso. — Necesito tiempo para pensar qué decir, así que me deslizo hacia abajo hasta que el agua me cubre la cabeza antes de sentarme y limpiar mi cara. Pero todavía no sé si voy a darle una respuesta real o no—. Es solo que… No importa. No sé a dónde iré a la universidad, ¿de acuerdo? Bishop estará de acuerdo con el resto y me dirá que tengo que ir. Que aproveche la oportunidad. El hecho de que los equipos de la universidad podrían quererme, no significa que yo los quiero. La irritación me invade con toda su fuerza cuando pienso en cómo incluso mi equipo me está presionando. Los chicos palmeaban mi espalda después de que dos universidades más contactaron a mi entrenador esta semana. No es como si fuera la única que recibe ofertas… Solo soy la única que no ha decidido. ¿Por qué todo el mundo quiere que me vaya? Bishops se encoge de hombros. —Supuse que era importante que muchas personas te quisieran. —¿Por qué? —espeto—. ¿Porque soy una chica? Sus cejas se levantan un poco. Puedo sentirme siendo una perra, pero no me importa en estos momentos. Chomps me golpeó duro en la práctica de hoy, y me duele todo el cuerpo. Me duele el cerebro de la presión de nuestros partidos, la escuela, el abuelo y otro día en que Rebecca hace caras de besos a Mitch, y solo necesito estar sola por un rato. —Diablos, no —se ríe—, eso te hace más atemorizante. Es incluso agradable. —Las semifinales son en tres días. Estoy acabada. —Estoy casi... disculpándome. Qué loco—. Voy a tomar un montón de Advil y saltar a la cama.

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Algo en la expresión de Bishop se tensa antes de relajarse de nuevo. —Sí. Está bien. Ninguno de los dos se mueve, pero no me gusta la tensión entre nosotros. El viaje a casa de Pat, las motos de nieve… Bishop es divertido de una manera que nunca esperé. —Mierda. Lo siento. —Llevo las rodillas al pecho mientras ordeno mis pensamientos—. Ya sé lo que quiero. Quiero ir a la UAA o UAF, y al parecer eso no es lo bastante grande para alguien que es buscado por unas de las universidades con los mejores equipos de hockey femeninos en el país. Bishop me mira por tanto tiempo que juro empiezo a encogerme. —Después de toda la mierda que he oído de tu boca, no puedo creer que dejes que alguien te convenza de nada. Eres más fuerte que eso. —Yo no... —Parpadeo un par de veces ante el cumplido. Aturdida por lo que suena como una creencia concreta en mí y lo que quiero—. Es difícil cuando tantas personas esperan tanto. Juega con el aro de su labio por un momento, haciéndome preguntarme lo que lo impulsó a tenerlo. El silencio entre nosotros esta vez es relajado. —Eso es algo con lo que puedo relacionarme. Lo observo por cualquier signo o indicio de que me pueda decir algo acerca de sí mismo, pero sigue jugando con los labios y mirando al otro lado del agua. Por alguna razón, el hecho de que sea alguien que no conozco bien me hace más fácil el hablar. —Debería estar contenta de jugar en equipos femeninos. Pero saber que puedo estar en un lugar que amo y seguir jugando con los chicos con quienes sé cómo llevarme bien y hablar... no le veo el sentido a dejar eso. Sobre todo cuando ni siquiera estoy segura de lo que quiero estudiar. Bishop se acerca, buscando mi cara de un modo que punza las sensaciones de deseo dentro de mí otra vez. —Penny, probablemente eres la chica más dura que he conocido. Lo resolverás, y una vez que el abuelo y tu madre te vean felices también lo harán. —Tal vez. —Ruedo sobre mi estómago para mirarlo directamente y descanso mi barbilla en los brazos. Es tan extraño. Es casi como si me entendiera—. Pero en este momento, me siento como el héroe, y si hago lo que quiero, yo podría... —perderlo. Puede ser que piensen que soy débil. Que estaba demasiado asustada para irme. —Si hablas con Gary, te alimentaría con alguna frase de mierda acerca de cómo a veces tenemos que tocar fondo antes de saber lo que queremos. Pero no necesitas eso. Sabes lo que quieres, y es algo que está bien. Haz lo que quieras Penny, porque quieres hacerlo. No hay forma, con tu historial, de que no vaya a funcionar. Una esquina de su boca se detiene en una media sonrisa, y miro fijamente sus labios. Ahora el silencio se siente incómodo porque hay

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una pequeña parte de mí que se pregunta cómo sería besarlo, qué se sentiría al presionar su arete contra mis labios, y cuanto más lo miro se vuelve más intenso. Despierta. Ahora. —Eres mucho menos idiota de lo que imaginé cuando llegaste. Bishop resopla mientras se levanta con una sonrisa de verdad esta vez. —Solo tú, Penny. Duerme un poco. Le doy un saludo y hasta le devuelvo la sonrisa, lo que se siente como tal vez algo nuevo para mí. Y podría ser grande. *** Intercambio notas sobre la mesa de la cocina con mamá. Penny, lo siento, parece que no te he visto en mucho tiempo. Debería estar aquí y espero todavía estar despierta cuando llegues a casa de la escuela. ¡Veo que tenemos más de tres posibles ofertas de becas de las que hablar! ¡Estoy tan orgullosa de ti! Con amor, mamá. Le doy la vuelta a su papel y escribo mi propia nota. Mamá, todo está bien. No te preocupes. Extraño verte por aquí. Con amor, Penny. Eso es más fácil que tratar de decir todo lo que está en mi mente. Mamá y yo no hemos hablado en serio en demasiado tiempo. Sin duda no sé cómo empezar con una nota. *** La escuela es solo eso. Lo hago para poder jugar al hockey. Los chicos y yo estamos todos heridos completamente, y Mitch y Rebecca están más apegados que nunca. Al parecer, una tarde, su padre entró cuando ellos tenían relaciones sexuales y no los está dejando fuera de su vista, aparte de cuando están en la escuela. Así que están tratando de recuperar el tiempo perdido… en el pasillo. He sido dejada de lado por Rebecca porque Mitch y yo apenas hemos hablado desde que pasó todo este lío hace unos días. El entrenador no es tan duro con nosotros otra vez. Necesitamos patinar de verdad, no deslizarnos por ahí como patinadores llevando palos. Restándole belleza. ¿Qué diablos es eso? Necesito una distracción. Cuando salgo de la escuela, me dirijo directo a casa. Podría trabajar en mi coche o ver lo que está haciendo

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el abuelo. Pero con mi coche viene la falta de mi papá, y algunos días es difícil ver al abuelo confundirse. Una parte en el fondo de mi cerebro se pregunta si Bishop se aburrirá. Si estará tocando la batería, o si va a estar pasando el tiempo en su pórtico. Tal vez le apetezca hacer algo. Cuando me levanto, Bishop está en su pórtico, fumando otra vez. Odio los cigarrillos. Apestan. Y hacen que todo lo demás apeste. Pero aun así, estoy contenta de que esté aquí porque me hace sentir menos acosadora al pedirle que haga algo conmigo. Y sucede lo más raro porque me congelo cuando mi mano golpea la manija de la puerta. ¿Y si dice que no? Puedo sentir cada latido de mi corazón y odio que me esté afectando y haciéndome sentir débil. Es una estupidez. Soy Penny. Puedo manejar a un tipo cualquiera. —Oye —digo mientras salto fuera de mi camión—. Si apagas ese cigarrillo, ¿quieres ir conmigo para otro viaje? Bishop mira fijamente el cigarrillo recién iniciado en su mano y lo deja caer al suelo, frunciendo el ceño. Observa fijamente sus manos por un momento antes de mirarme a los ojos. —Bueno, mierda. —Doblo los brazos—. Regresó el Bishop gruñón. ¿Qué pasa contigo? —Alguna mierda de prohibición. —Sacude la cabeza—. No sé… Tal vez en otro momento, o… —Vamos. —Sonrío, odiando lo cascarrabias que es. Pero él me salvo de mí misma la otra noche en el jacuzzi, así que tal vez hoy puedo salvarlo—. Sabes que te da curiosidad. Ve a cepillarte los dientes, ponte el equipo de motos de nieve y ven a jugar. Suspira. —Dame un segundo. Desaparece dentro de su casa, y sonrío como una idiota, porque él dijo que sí. *** —¿Qué tiene la poderosa Reina de las Nieves en el almacén para esta noche? —pregunta mientras pasa por la cochera, con olor a pasta de dientes de menta y cigarrillos. Por lo menos lo intentó. Dejé pasar el estúpido nombre de reina porque parece que su día fue peor que el mío. —Un viaje a un lugar fresco. —¿Adónde? —pregunta, mientras se sienta en la moto junto a la mía. Lo miro por un momento, con ganas de hacer algo para cambiar el gesto de su cara. —¿Confías en mí?

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Me muestra su sexy media-sonrisa, esa que me emociona. — Diablos, no, no confío en ti. Pero aun así voy a seguirte. Me muerdo el labio para contener una sonrisa y aprieto el acelerador con tanta fuerza que la parte delantera de la máquina flota los primeros treinta metros más o menos. Sin importar lo rápido que vaya, no puedo librarme de Bishop. No se adelanta, porque he dado dos vueltas en las pistas, pero quiere asegurarse que sé que hay una posibilidad de que me puede vencer si supiera a dónde íbamos. Puedo apreciar eso. Llegamos a la orilla de la montaña y empezamos la subida. Le va a encantar, y mientras mantengo mi pulgar sobre el acelerador y seguimos subiendo, me siento aún más contenta de que estuviera en el pórtico cuando llegué allí. Una vez que pasamos la casa minera abandonada convertida en albergue abandonado, requiero unos minutos para encontrar el lugar exacto. Cuando su moto se detiene frente a la mía y luego espera, sé que está impaciente. Chicos. Al fin, ubico la entrada de la antigua mina y apago la máquina. Está oscuro ahora y me alegra saber el camino de vuelta a casa porque no habrá luz al regresar. —¿Qué es esto? —pregunta mientras se quita el casco, mirando el agujero negro que es la entrada al túnel minero. La única razón por la que podemos ver a estar alturas es debido a que la nieve siempre encuentra algo de luz para reflejarse, y no hay nada de nieve sobre una brecha de tamaño humano en la ladera de la montaña. Le lanzo una pequeña linterna mientras prendo la mía. —Vamos. Bishop sonríe en la tenue luz, que es el exacto aspecto que quería obtener de él después de que lo vi con el ceño fruncido en su pórtico. La temperatura se calienta de modo drástico al tiempo que avanzamos hacia el interior. —Las cuevas se mantienen constantes, por lo que son más cálidas que el exterior en el invierno, y más frías que fuera en el verano. Las paredes grises son ásperas, húmedas y cercanas. Puedo tocar ambos lados cuando extiendo los brazos, y apenas puedo estar de pie. Ni siquiera nuestras linternas alejan mucho la oscuridad. —¿Es seguro? —pregunta. —¿Tienes miedo? —Le doy un ligero puñetazo en el pecho, de repente muy consciente de que somos solo nosotros dos y que está demasiado cerca. Y tiene una sonrisa sexy. Siento otra vez revoloteos de nervios, y doy un paso atrás, sin tener idea de qué hacer con ellos.

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Hace un ruido burlón, pero no me creo mucho sus bravuconadas. —No. Es simplemente que no quiero morir dentro de una montaña en Alaska, eso es todo. Me giro y alumbro su cara, haciéndole entrecerrar los ojos. —Así que, ¿en dónde quieres morir? Se ríe y empuja mi linterna. —En una playa cálida y feliz, con una chica caliente. O algunas. Una burbuja de felicidad me llena porque lo hice reír. —Claro. Estamos a unos cinco metros de la entrada, y los rieles oxidados para los coches mineros aparecen fuera de la tierra. —Santa mierda. —Baja la mirada—. ¿Es esta una antigua mina? —Sí. Me encanta este lugar. No se ha utilizado desde los años cuarenta, pero cuando era pequeña se hacían visitas guiadas. El albergue que pasamos estuvo abierto cuando era una niña. Solíamos pasear aquí con mi padre en las motos de nieve, para conseguir hamburguesas. Bishop abre la boca; estoy segura que preguntará por papá, pero la cierra de nuevo. No me doy cuenta de que estoy conteniendo la respiración hasta que la dejo escapar. No es una buena idea hablar de los recuerdos con papá frente a alguien que no conozco bien. O en realidad, con nadie. —De todos modos. Me pone triste que el lugar esté cerrado. —Me siento en la tierra, lo que se siente extraño después de que la nieve ha estado en el suelo durante muchos meses. —Esto debe ser un gran lugar para las fiestas, ¿eh? —pregunta, mientras continúa caminando hacia adelante. —Está demasiado lejos. —Niego con la cabeza—. Y un chico se perdió aquí hace unos cuatro años, por lo que se convirtió en una de esas locas historias de fantasmas que asusta a todos. —Apunto mi luz a la espalda de Bishop mientras sigue caminando—. Y después de que desapareció ese chico, cada vez que salimos de fiesta, hemos perdido a alguien. Se detiene. —¿En serio? —No. —Me río, lo que suena como una especia de risita femenina extraña antes de parar—. Estoy jugando contigo, chico California. Sacude la cabeza y se vuelve hacia mí. —No puedes evitarlo, ¿verdad? —No. —Me levanto—. ¿Quieres ver la casa de campo? —¿Podemos entrar? —Empieza a regresar hacia mí.

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Me muerdo el labio otra vez para contener mi sonrisa al saber cuál será su reacción. —Garret es el inmobiliario, y lo conozco, así que sé dónde está escondida la llave. —Por supuesto que sí. *** Amo y odio caminar a través de este antiguo lugar. Veo a mi padre aquí, riendo con mamá, dándole de comer papas fritas en la mesa. Diez años es demasiado joven para perder a tu padre. Nuestras linternas hacen formas locas en las paredes a medida que avanzamos a través de las mesas y sillas cubiertas de polvo. Los cristales de las ventanas están tan sucios que nuestra luz apenas se refleja en ellos mientras las vigas siguen las líneas de las paredes. Nunca he ido a las habitaciones del piso superior; el lugar vacío es un poco espeluznante, sobre todo en la oscuridad. —Esto podría ser muy bueno. —Bishop da la vuelta, dejando que su luz ilumine la barra de madera, las sillas y mesas. —Podría serlo —concuerdo—. Lo era. —Podrías tener un pequeño escenario por aquí, ya sabes, talento musical y esas cosas. —Está imaginándolo todo. A diferencia de mí, que estoy pensando en lo que era, y él, en lo que podría ser. Sigo su mirada. Antes había una máquina de disco allí. Una vieja. —¿Y las habitaciones están arriba? —Señala con su linterna hacia el techo y ve hacia arriba. —Sí. Y entonces —señalo el extremo de la pared—, hay una casa del propietario ahí atrás. No es mucho, pero sería increíble. —Otra pieza de Penny Jones cae en el lugar correcto. —Luego se ve confundido como si no le gustara saber de mí—. De verdad te gusta estar aquí en Alaska, ¿no? Digo, sé que dijiste que querías quedarte, pero es más profundo que un deseo para ti. —La luz de su linterna me da en los ojos, cegándome. Me cubro la cara hasta que apunta lejos. Lo comprende. Es una locura como entiende lo que la gente que he conocido toda mi vida no puede. —Me encanta estar aquí — asiento. Pero aparece una sensación nerviosa en mi pecho, como si la conversación pudiera ir demasiado lejos. Tal vez podría redirigirla—. Así que —me vuelvo hacia él en el comedor polvoriento—, ¿quién eres? — Tal vez pueda responder a una pregunta directa, ya que nada en mí parece funcionar.

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—Soy Bishop. —Su voz suena seria, y sus ojos no dejan los míos. E incluso en las penumbras hechas por nuestras linternas, y las extrañas sombras que se mueven entre las sillas, sus ojos marrones oscuros son profundos. Y apuesto a que también se siente profundo. —Sí. Tengo esa parte. Bishop Ripe de California. —Me adapto al hecho de que este tipo es un misterio, y no me molesta tanto como es debido. Tal vez porque es temporal, así que no importa. Tal vez estoy madurando. —Sí —responde. O tal vez no estoy madurando porque quiero más información y todo se está convirtiendo en callejones sin salida. —¿Eso es todo? —No hay mucho que saber. Esta tensión fresca en el aire se ha convertido en una parte interesante de estar cerca de Bishop. —Hay más sobre ti. Y una vez que decida lo que necesito saber, te descifraré. Cualquier insinuación de una sonrisa se ha ido. —No lo dudo. Me giro y me muevo hacia la salida, sintiendo como que hemos hablado algo muy profundo, y no creo que eso sea lo que ninguno de nosotros quiere hoy. —¿Pero, Penny? Cuando me giro para enfrentarlo, se ve vulnerable. Me detengo e inhalo, temerosa de hablar. —No indagues, ¿de acuerdo? Todavía no. —Traga una vez y el aire entre nosotros está tan calmo que lo oigo moverse lentamente—. Por favor. No esperaba el “por favor”. La expresión de su rostro suaviza todo en mí. ¿Qué podría ser tan malo? ¿Por qué se esconde? Quiero hacer un comentario inteligente, pero hasta yo sé que no es el momento. — Está bien. —Gracias. La repentina seriedad entre nosotros no es lo que quería esta noche. La manija sigue congelada cuando abro la puerta. Tengo que hacer algo para aligerar las cosas, pero no sé qué decir. No después de que él mismo se puso de esta manera. Echo un vistazo por encima del hombro, de repente sabiendo cómo manejar esto. —Ahora puedes tratar de mantenerte al día en el camino de regreso. —O, ya que conozco el camino, tú puedes tratar de mantenerte al día conmigo. A pesar de su exterior gruñón, creo que empieza a gustarme.

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9 Traducido por Val_17 Corregido por CrisCras

Bishop Penny está loca. Graciosa y hermosa, pero está totalmente loca. Es raro que me guste eso de ella, pero es divertida de una manera en que no recuerdo en nadie. Las cosas son simples con ella, y aunque no me di cuenta antes, creo que podría necesitar algo simple. ¿Cuándo fueron las cosas simples para ti, Bishop Riley? Trabajar con el abuelo aparece en mi cabeza. Y el paseo con Penny. Incluso mis aburridos paseos por la naturaleza con Gary. Si me hiciera la misma pregunta, creo que le respondería que ahora. En este momento las cosas son simples. Esos pensamientos envían escalofríos por mi columna vertebral. Fácil, sí, pero fácil no es mejor. Los Ángeles es divertido. Me gusta la diversión. La única razón por lo que estoy haciéndolo bien aquí es porque me gusta molestar a Penny. No sé quién más habría disfrutado de vencerla tanto como yo al ganarle nuestra carrera hacia la casa la otra noche. Sí, eso es correcto. Gané. No por mucho, pero una victoria es una victoria. Y maldición que se sintió bien. Tan bien como puedo recordar en demasiado tiempo. Mi mente recuerda el albergue; mirarla prácticamente irrumpir en el lugar. Con llave o sin llave, estoy bastante seguro de que podríamos habernos metido en problemas por estar allí, pero como todo lo demás, se metió sin miedo. Me pregunto si tiene miedo de algo. Bueno, excepto tal vez de dejar su casa. Suena mi celular y golpeo el botón sin mirar quién es. —¿Hola? —Bishop. Hola, cariño. ¿Cómo estás? —La voz de mamá parece incierta, y náuseas sustituyen la calma que sentía. Cada vez que hablo con ella me siento como una mierda. Aunque las cosas no estén tan

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mal como parece pensar, odio decepcionarla. Ella siempre creyó en mí, y es horrible que ya no lo haga. Podría haber casi muerto... ¿papá aún la dejaría en paz si yo no estuviera cerca? Me libro de esos pensamientos. No morí, y ellos probablemente estaban exagerando. —Hola, ma. ¿Qué pasa? —Nada. ¿Necesito una razón para llamar a mi hijo? —No. —Eso es lo que pensé. —Hay risa en su voz—. Te extraño, Bishop. —Entonces déjame ir a casa. —Las palabras salen de mi boca de modo automático, y luego me siento culpable. No quiero desquitarme con ella, además ahora me estoy divirtiendo un poco. La idea de volver a las demandas de Don, la banda, todo el viaje... Tal vez pueda ver esto como unas pequeñas vacaciones. Pero luego al considerar que papá llamó antes de que todo se viniera abajo, debo estar con ella. Relájate, Bishop. Don ayudará a cuidarla, como lo hace cuando estás de gira—. Lo siento. No quise decir eso. Acabo de despertar de una siesta, así que mi cabeza está un poco nublada. Suspira. —Está bien. Hablé con Gary. Dice que lo estás haciendo bien. Que has hecho algunos amigos y has paseado en motonieves. Eso es bueno, Bishop. Podría venirte bien eso. Amigos, diversión. Motos de nieve. Es motos de nieve. Me rasco la cabeza, sin saber qué decir. —Tengo amigos y diversión en casa. —¿Sí? —No hay duda en mi mente de lo que quiere decir con esa pregunta. Está preguntando si Maryanne es realmente una amiga. Los chicos no parecen pensar que sí. ¿Son ellos mis amigos? Digo, estamos bien. Hemos estado tensos durante un año y medio, pero ninguno de ellos excepto Blake vino a verme antes de decirle a Don que creían que tenía un problema. Blake siempre me llamaba para saber cómo estaba. —Me pregunto si hice lo correcto. —La voz de mamá es suave, insegura—. Si debería haberte dejado unirte tan joven. Si no hubiera sido mejor que primero terminaras la escuela en vez de obtener tu Diploma de educación general. Tal vez las cosas habrían sido diferentes si hubieras sido mayor. Mi pecho se oprime. —Todo está bien. Habría peleado si hubieses tratado de detenerme. No has hecho nada malo. Además... ayudó. Nos libró de papá. Inhala suavemente, y sé que está llorando. Odio ese sonido. La necesidad de alejarlas se hace cargo. —¿Y esto? ¿La cosa de Alaska? De hecho me estoy divirtiendo. Lo hiciste bien, mamá. Lo hiciste bien.

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*** Estoy un poco alterado después de mi conversación con mamá. Por reflejo, recojo el teléfono y llamo a Pat. Lo llamé para preguntarle sobre unas baquetas, y hemos tenido este tipo de conversación desde entonces. Su amor por la música es increíble. Él es bastante genial por no decirle a nadie quién soy. Como no respondió, lanzo mi celular sobre la mesa. Todavía no ha llegado mi paquete de Maryanne, y he estado sin las píldoras por un par de días. Lo cual ha ido bien. He estado tan ocupado con el abuelo, las motos de nieve y esas cosas, que ni siquiera he pensado en ello. Mucho. Y seguiría bien ahora si no fuese por hablar con mamá... y el juego de esta noche. Me asusta que alguien me vaya a reconocer. No quiero, pero sé que necesito ir donde Gary. Me toma unos treinta segundos llegar a su cabaña. —Hola. — Abre la puerta. Cuando entro, me sorprendo al ver a Troy aquí. Qué bien. Gary tiene una visita sexual y se supone que debe ayudarme. Y tal vez debo odiar a Troy, porque él es la razón por la que me encuentro en Alaska en vez de en una playa por mis vacaciones. Pero luego pienso en Penny, en las motos de nieve y en el abuelo, y me doy cuenta de que podría no ser tan molesto como antes. —¿Qué pasa? Troy asiente hacia mí desde el sofá. —¿Qué te parece mi pueblo? Él siempre ha sido callado, y me pregunto si esta es la primera vez que lo he oído hablar. —Sí... está bien... yo... —No tengo ni idea de qué decirle. Escuché que te gusta trepar árboles no suena muy bien. Por suerte, Gary me salva. —Bishop Ripe. ¿Cómo te encuentras en este lindo día? Sacudo la cabeza. —Muy gracioso. Oye, yo... —Miro a Troy para ver si nos está mirando. Es vergonzoso que ni siquiera pueda tomar mis medicamentos para la ansiedad recetados por el doctor sin el permiso de mi niñera. Me inclino hacia él y digo con voz baja—: No me siento muy bien. ¿Puedo conseguir una de mis pastillas? Gary me mira y sus ojos se arrugan un poco en los bordes. —Sí... seguro. Ven conmigo. —Lo sigo a su habitación, y deja una píldora en mi mano. La pongo debajo de mi lengua y comienza a derretirse. Sabe a mierda, pero funciona mucho más rápido de esta manera.

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—Gracias, hombre. —Hago una pausa por un minuto, las palabras luchan por salir—. ¿Así que, acostumbras a hacer esto? ¿Ayudar a las personas que tienen un problema? Digo, yo no lo tengo. Creo que es bastante obvio, pero, ¿este era tu trabajo? Aunque Gary y yo caminamos todos los días y tenemos nuestras charlas semanales, él no habla sobre su trabajo. Todos los artículos que escribe tratan de sus experiencias al ayudar a la gente. Aquí, a veces no parece como si estuviera trabajando realmente. Asiente, estudiándome. Creo que es lo más serio que lo he visto. — Lo era. No duró mucho tiempo. Es un trabajo difícil. Recompensa y me encanta, pero es difícil. Me sienta mejor escribir al respecto, creo. Oye, sé que hay más cosas en tu cabeza que no estás compartiendo. No he sido duro contigo, pero quizá debo indagar un poco más la próxima vez que hablemos. Te ayudará. Quiero ayudarte… Lo interrumpo. —Estoy bien. Voy a trabajar en el Corvette con el abuelo por un rato, y luego voy al juego de hockey de Penny. —Tengo dieciocho años y es ridículo que prácticamente pida permiso. —¿Quieres que Troy y yo vayamos contigo? O a Troy no le importaría quedarse aquí, y tú y yo podríamos pasar el rato. Sería divertido. Nop. Tener a mi niñera conmigo definitivamente no es mi idea de un buen momento. —No. Estoy bien. Más arrugas en sus ojos antes de darme un simple asentimiento. — Pásate por aquí antes de irte y cuando llegues a casa. También estaré llamándote, y espero que respondas al cabo de dos tonos. Y lo que dije acerca de nuestra próxima charla; es importante y va a suceder. La ira tira y afloja en mi interior, pero me muerdo la lengua antes de asentir, y luego me giro. Casi llego a la puerta cuando Gary dice en voz alta—: Oye, Ripe. Estoy orgulloso de ti. Lo estás haciendo bien. Le dedico un asentimiento antes de salir. Es la segunda persona que me dice eso. En realidad me siento culpable. No estaría diciéndolo si supiera sobre la cerveza que bebí y que estoy esperando a que llegue por correo un maldito paquete de malditas pastillas. *** He estado trabajando con el abuelo por unas horas cuando me golpea en la frente. —¿Qué demonios fue eso? —Retrocedo, frotando el lugar. —¿Qué está pasando en tu cabeza hoy, novato? No estás siendo tan encantador como siempre.

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Casi sonrío ante el apodo. Pero me enderezo y cruzo los brazos, sin importarme que me deje grasa en toda la ropa. —¿Yo? ¿Encantador? El abuelo no se ríe del modo en que quiero. Tiene razón. Me siento nervioso y no sé por qué. Sigo pensando en mamá, en Gary, las píldoras, el hockey, Penny, la banda, Alaska, Maryanne, y cualquier otra cosa que se atasca en mi cerebro demasiado lleno. Mis pensamientos tiran en un millón de direcciones diferentes, y me dan ganas de arrancarme mi propia piel. —Puedes engañar a algunas personas, pero no a mí. —Se acerca, se desploma en una silla y hago lo mismo—. ¿Cómo estás, chico? —No me molesta, como con Don, cuando él me llama chico. Me encojo de hombros. —Bien, supongo. Quiero decir, estoy bien, yo... —¿Yo qué? Ni siquiera tengo una maldita idea de lo que está mal conmigo. —¿Te he contado que estuve en dos guerras? Sí lo ha hecho, pero no quiero avergonzarlo señalando que lo hemos hablado mucho. —No, pero al ser tan viejo como tú, me lo imaginé. Esta vez, el abuelo se ríe. —Sabelotodo. Como decía, estuve en la guerra. Una mierda dura, así fue. Las personas piensan que saben, pero no es así. Si estuvieran ahí; en cualquier guerra, no hay manera de saber lo que pasan los soldados. Creo que esa es la forma en que se trata a la mayoría de la gente. Es fácil sentarse y pensar que sabes por lo que pasan, pero no es así. No a menos que camines en sus zapatos, y la mayoría de las personas no está dispuesta a prestarse a cualquier otra. Asiento, preguntándome a dónde va esto, pero sabiendo que tiene razón. —Cuando llegué a casa, estaba mal de la cabeza. Bebí mucho, tratando de lidiar con eso. Por supuesto, eso nunca funciona, ¿verdad? No fui amable con mucha gente. Culpé a un montón de gente. Fueron un par de años difíciles. Pero entonces conocí a una mujer; no, no solo una mujer, la mujer indicada, y ella me despertó. Me puse mejor, no solo por ella, sino por mí. Yo sé lo que es luchar, novato. Mi pierna está rebotando como loca. Mi visión está borrosa. Él lo sabe. Bueno, no es que tenga un problema, porque no lo tengo, pero sabe por qué estoy aquí. Lo que todos piensan que necesito. El miedo de que me vaya a preguntar deja rasguños por mi espalda. —No estoy diciendo que sé por lo que has pasado. No creo que encajaría en tus zapatos, lo que digo… —Se frota la larga barba—. Estoy aquí. Si alguna vez quieres hablar, gritar, lo que sea. Estoy aquí.

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No tiene que ofrecérmelo. No soy responsabilidad del abuelo como lo soy de Gary. Abro la boca. La cierro. Deseo decirle que nunca necesitaré hablar. Que estoy bien. El impulso de darle las gracias pasa como un fantasma a través de mí. Es extraño, porque en cierto modo me gustaría hablar con él, pero ni siquiera estoy seguro sobre qué. No hay ninguna razón. No he estado en una guerra, nunca he pasado por algo muy malo. Soy solo yo. Increíblemente, el abuelo parece saber que no estoy listo. Se pone de pie y palmea mi hombro con su mano. —Sé también sobre esa maldita banda tuya. Crees que eres muy astuto, pero nadie consigue que se me escape nada. Ahora trae tu culo aquí y ayúdame a terminar antes de que comience ese juego de hockey. El pánico me aprieta por un segundo, pero luego... solo lo dejo ir. Confío en él. De verdad. Sin decir una palabra, hago lo que dice. *** El campo está lleno de personas tan amontonadas que apenas puedo respirar. Cristo, ni siquiera estoy en el escenario, la multitud no se encuentra aquí por mí, y aun así me hace querer enloquecer. Sin embargo esto está muy bien. Nunca he estado en un juego de hockey, así que trato de concentrarme en la pista y no en las personas que gritan a mi alrededor. Trato de no escucharlos cantando mi nombre cuando sé que no es así. Cuando salen los jugadores, trato de averiguar cuál es Penny. El abuelo se sienta entre la mamá de ella y yo y me señala a Penny justo antes de que lancen el disco y se desate todo el infierno. No es broma. Todo. El infierno. La gente está volando alrededor del hielo, y empujándose unos a otros. He visto hockey en la televisión, pero no es nada comparado a verlo en la vida real. Ellos golpean tan fuerte que el plástico vibra. Como que quiero saltar allí y recordarles que hay una chica ahí con ellos, pero luego pienso en Penny y sé que si lo hiciera, ella iría tras de mí con su palo de hockey. Ella tampoco se anda con rodeos. Puede hacerles frente a estos chicos. Ellos deberían ser los que estén asustados. Así que en lugar de hacer el ridículo plantándome en el hielo, bajo más mi gorro sobre la cabeza, esperando que ayude para que nadie me reconozca. Le dan otro empujón a Penny, golpea la pared y después cae sobre su estómago, pero ni siquiera hace una pausa antes de levantarse. A los cuatro minutos del juego, ella se coloca en la zona de penalti, y el abuelo se levanta y grita—: ¡Esa es mi chica!

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Es rápida. Más rápida que cualquiera de los chicos de allí. Es impresionante. Me olvido de la multitud, de las píldoras, de mamá, de Don, de Gary, de la banda, de Maryanne, y de todo lo demás. No hay espacio para otra cosa en mi cabeza. No quiero nada más de ahí. Solo me paro aquí y la observo volar.

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10 Traducido por SamJ3 Corregido por Daniela Agrafojo

Penny Ganamos dos a uno, y la multitud se volvió loca cuando fuimos patinando hacia la salida. Uno de esos goles fue mío, en el primer tiempo, justo después de salir. El otro, de Mitch, en el segundo tiempo. Esos chicos Barrow buscaban sangre. Estaré adolorida mañana. Es algo bueno que tengamos un par de semanas antes del estatal. Los chicos siguen golpeándose entre ellos, y me arranco el casco para poder respirar. Mi cabello se halla pegado a mi cara y cuello. Tengo calor y necesito quitarme el equipo, pero la gente se acerca. Sacudo las manos, asiento y sonrío como si pudiera absorber algo de lo que la gente grita por encima del ruido. —¡Lucky Penny! —Chomps besa la parte trasera de mi cabeza sudorosa y la mitad del equipo lo sigue. Matt también merece unas felicitaciones; esta noche ha pateado traseros. Me giro para ver a mamá y al abuelo caminando hacia nosotros entre la multitud de personas apretujadas, y disminuye mi emoción. —Mamá. ¿Estás con uniforme? —pregunto—. ¿Descansas alguna vez? No debería importar porque me iré con los chicos esta noche. Pero aun así. Hace una pequeña mueca con su boca. —Lo siento, pero estaré en casa mañana, y debo estar despierta para la tarde. Me esfuerzo para oírla por encima del ruido. —Está bien. Mamá mira detrás de ella de nuevo, pero hay gente por todos lados. —Buen trabajo, Penny. —Un tipo rodea a mamá y se acerca para sacudirme la mano. —Sí, gracias. Ben, ¿cierto? —Creo recordarlo como alguien que fue con mamá y papá a la secundaria o algo así. Empieza a hablar,

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pero hay voces gritando y música sonando a través de los altavoces; es demasiado. Mitch me agarra por la cintura, jalándome hacia atrás, y grito con sorpresa. En segundos, también estoy empujando a Matt y a Chomps, y la mitad del equipo mientras me dirijo hacia nuestra banca a buscar los protectores de mis patines. —¡Te veremos en casa! ¡Te amamos! —grita mamá, mientras soy enterrada bajo el olor de chicos, guantes de hockey y equipo sudoroso. Cuando me pongo los protectores, veo a Bishop mirando con los ojos muy abiertos, y luce perdido a un lado de la pista. Me dan dos palmadas más en la espalda mientras me dirijo a la esquina en donde se encuentra. Pero aún hay un mar de gente aquí, todos felicitándome, y empiezo a sentir como que necesito llegar hasta él. —¿Qué pasa? —pregunto, cuándo al fin llego donde está, medio aplastado contra la pared, y sé sin dudas que algo importante está sucediendo. —Necesito aire. Es decir, afuera. Aire. —Gesticula con su mano y no me mira. —Uh… necesito una ducha —bromeo, pero él no reacciona, así que tal vez esto no es algo sobre lo que se pueda bromear. Se ve desorientado. Sus ojos no se enfocan en nada, y no puede mantenerse quieto. —Está bien. Yo… —Pero obviamente no está bien. —Salgamos de aquí. —Tomo su mano y él aprieta la mía con una fuerza mortal. Nunca le diré eso, claro. —Sí, gracias. —Apenas puede decir las palabras. Lo llevo hacia la puerta trasera. Lo primero que hace después de soltar mi mano es encender un cigarrillo con dedos temblorosos. Casi trato de abrazarlo para ver si ayuda, pero Bishop y yo no nos tocamos de esa forma. No tengo idea de que hacer. Caminamos en silencio hacia mi camioneta, que se encuentra estacionada en el puesto de empleado del mes porque conozco a Rick, y él es el empleado del mes casi siempre y no le molesta que lo use. Bishop tira su cigarrillo a medio fumar en la nieve, sube al asiento del pasajero, se quita el gorro e inmediatamente se deja caer contra el respaldo con los ojos cerrados. Aferrándome a la puerta abierta, espero que diga algo. Empieza a asustarme un poco. —¿Estás bien? ¿No vas a vomitar en mi auto, verdad? —Mierda. Solo necesitaba salir. Aire. Multitudes. —Respira de un modo raro. Adentro, afuera, adentro, afuera.

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Todavía quiero tocarlo, pero me da miedo. Me acerco como tres veces hasta que recuerdo lo que funciona para mí. —Golpea algo. Esa mierda de respirar nunca funciona. Sacude la cabeza como si estuviera tratando pero todavía no me mira. —Joder… eres algo diferente. Un par de gritos al azar y el sonido de motores de auto empiezan a sonar a nuestro alrededor. No hablamos durante el tiempo suficiente en que empieza a volverse incómodo y tengo la necesidad de romper el silencio. —¿Te asustan las multitudes? —pregunto lentamente. —Preferiría no usar la palabra “asustar”. —Cierra los ojos y sus manos tiemblan en el regazo. Es incómodo estar parada ahí con mi equipo puesto, pero no puedo dejarlo. —¿Es aquí donde me dices quién eres? ¿Por qué estás aquí rentando todas las cabañas, aunque permanecen vacías? Deja salir otra risa desesperada. —No. —Voy a tomar una ducha para no apestar la camioneta. ¡Oh! Dejaron estas en mi escuela. Son de parte de Pat. —Busco las baquetas en el compartimiento de la puerta y se los entrego. Bishop las toma y empieza a girar las baquetas, manteniendo los ojos cerrados y esa respiración rara. —Qué lindo de su parte. —Creo que está enamorado de ti —bromeo. —Es genial hablar con él. A los dos nos gusta la música. ¿Ellos hablan? Él gira las baquetas varias veces más antes de abrir los ojos y luego cerrarlos de nuevo, como si aún no estuviera listo para ver el mundo. —Estuviste salvaje ahí afuera, Penny. Joder, eso es una locura, ¿sabes? Siento de nuevo la emoción de mi juego, y con ella viene la idea de que él lo entiende. O está tratando de hacerlo. —Por eso lo amo. Asiente y sigue girando los dedos, con los ojos todavía cerrados, regulando su respiración, y empieza a tocar ritmos suaves en mi tablero. Al menos sabe que no debe estrellar esas cosas contra Bitty. Por fin, después de lo que parece una eternidad, me mira. —Lo entiendo… por qué quieres jugar aquí y por qué quieres estar en un equipo de chicos. Eres buena. —Y entonces se voltea como si hubiera dicho demasiado mientras muero por dentro. Él lo entiende. Este chico que apenas me conoce, lo entiende aún cuándo nadie más lo hace. No sé qué decir.

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—Dame diez minutos para bañarme y recoger mi equipo, ¿sí? Mira a sus baquetas, soltando otra respiración lenta y tratando de mostrar una sonrisa que termina luciendo más como una mueca, pero al menos lo intenta. —¿Necesitas ayuda con eso? Tengo una imagen de cómo sería el que me ayudara. Sus dedos en la piel de mi hombro, y sus oscuros ojos mirándome del mismo modo que lo hicieron la noche que me senté en el jacuzzi y me dijo que podía hacer cualquier cosa. Tensión y necesidad recorren mis nervios gracias a mi hiperactiva imaginación, y no sé cómo lidiar con eso. Mis mejillas se sonrojan antes de que pueda encontrar las palabras. —Debes sentirte mejor. Sus ojos por fin se encuentran con los míos, y el vulnerable Bishop está de vuelta. El que hace que se debiliten mis rodillas. —Gracias. Tengo que salir de esta situación, porque de repente es muy intensa y no sé qué hacer. Que un chico tenga un enamoramiento conmigo es una cosa. Que él me entienda a mí y a mis decisiones es otra completamente diferente. Esto no era parte de mi plan. —Te veo en diez. *** Desde que dejé a Bishop en su cabaña, no he hecho nada más que tratar de redirigir mis pensamientos con la ayuda de la música ridículamente fuerte. No quiero desequilibrarme por alguien que acabo de conocer. Sé lo que quiero. Quiero el futuro en el que siempre me he basado, y algo de ese futuro depende de un chico en esta fiesta, no de uno que no conozco. Para el momento en el que aparco en la casa de Matt, mis ideas están relativamente claras, y finalmente estoy lista para celebrar en lugar de seguir pensando en alguien que no debería. Encuentro a Mitch, y mi estómago empieza a retorcerse con una sensación de urgencia que me golpea con fuerza. Tengo que hacer algo. Decir algo. Nos graduamos en un par de meses. Él se irá a la universidad. Parece que yo me iré a la universidad. Mi corazón golpea más fuerte con cada pensamiento. Porque mi futuro ahora parece más incierto. Él está hablando del juego, pero sus palabras se pierden entre mis pensamientos y la fuerte música. —Y entonces esta chica… —Me agarra de lado y me aprieta contra él, besando mi frente. Haciendo algo más para confundirme—. Hizo ese gol demente en el primer tiempo… —Su voz se desvanece al tiempo que respiro su aroma, solo… solo que no se siente como creí. No es inquietante ni emocionante.

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Cuando las manos de Mitch sueltan mis hombros, me da la bolsa de llaves. Sabe cómo funciona, él llego aquí primero, así que recogió las llaves. Rutina. Seguridad. —Gracias —digo, parpadeando estúpidamente hacia la bolsa en mi mano. Los chicos siguen repasando jugadas, lo cual usualmente amo, pero aún estoy mirando la bolsa de llaves como si supiera que algo es diferente, aunque no puedo decir exactamente qué. —¡Santa Mierda! ¡Becca! ¿Cómo saliste? —Mitch corre hacia la puerta principal, saltando sobre el sofá en el camino, y la abraza, levantándola del suelo. Él se alejó de mí sin pensarlo dos veces, y ahora la mira como… como… como sé que nunca va a mirarme. Se siente como si alguien me hubiera golpeado, porque ahora parece oficial. Me dejó por ella. Y supongo… ni siquiera sé que pensar acerca de eso porque se siente más fácil y a la vez mas jodido de lo que esperaba. Pero tal vez ese es el punto. Yo esperaba. Ni siquiera sé por qué es diferente de cuando la abrazó ayer o el día antes de ese. Si tiene algo que ver conmigo, o con ellos, o tal vez con que ahora el futuro de Mitch se ve más sólido todo el tiempo, y no estoy segura de cuánto voy a ser parte de él. Esa es la parte que está haciendo que el aire escape de mis pulmones y que se sienta tan horriblemente inesperada. —¿Que con esa cara? —Chomps empuja mi hombro. —Solo necesito algo de aire. No creo que todos aquí se hayan bañado —trato de bromear, pero mi voz suena rara. El aire frío hormiguea sobre mi piel mientras camino por el pórtico, y las voces y la música pasan a ser un bajo e irreconocible murmullo. Antes de pensarlo, voy a la nevera y agarro una cerveza para hacer algo. No hay hielo. Con estas temperaturas es un problema que todas se congelen. Es algo gracioso que usemos neveras en el invierno para mantener las cosas calientes. Trato, patéticamente, de distraerme de esa sensación en mis entrañas… que es… ¿cambio? No, cambio no. Confusión. Es confusión y no saber que esperar acerca de nada, lo cual es estúpido. Lo que sea que esté pasando o no entre Mitch y yo, no lo es todo. Es una cosa. Es solo que Mitch era una de las pocas cosas con las que pensé que siempre podría contar. Mi mirada va a la ventana de nuevo, donde espero ver a Mitch y a Rebecca en alguna esquina, tratando de comerse la cara del otro, pero en vez de eso, están bailando. Lento e incómodo, porque Mitch no sabe bailar de otra manera, pero está sosteniéndola como si ella fuera su todo. Con los ojos cerrados, sé que el equipo va a molestarlo con eso después. Hay un raro momento de comprensión en el que me doy cuenta de que no quiero estar en el lugar de Becca, pero tampoco

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quiero ser ignorada por mi mejor amigo. No tengo idea todavía de cómo reconciliar mis sentimientos. Cómo querer uno sin el otro. Deslizo los dedos sobre la tapa de la cerveza, pero lo único en lo que puedo pensar es en papá. Como lo perdí porque un idiota quiso emborracharse en una fiesta. Mis manos se sienten temblorosas mientras dejo la cerveza en la nevera y entro de nuevo. Le empujo las llaves a Trinna y a Chomps. —Tengo que irme. —¿Qué? —Matt me abraza de lado—. ¡Acabas de llegar! —Sí. Lo sé. —Miro a Mitch de nuevo. Ni siquiera ve que me estoy marchando. Que estoy enojada. El chico que contesta mis mensajes al momento que presiono enviar, probablemente no sabrá que me fui. Me alejo de Matt y me dirijo hacia la puerta. Necesito irme. A casa. *** Mi pecho se hunde cuando me estaciono en la entrada y el auto de mamá no está. De nuevo. Me siento aún más estúpida porque sabía que estaría trabajando cuando apareció en el juego con su uniforme. Sigo intentando exhalar una respiración completa y real. Como si el aire de alguna manera pudiera detener el desastre dentro de mí. No lo detiene, pero lo hace menos rápido. Le diré buenas noches al abuelo y después me arrastraré hasta la cama. Puedo hacerlo. Mientras me acerco a la casa, oigo mi música sonando en lugar de la música country del abuelo. Eso es… raro. ¿Desde cuándo le gusta el rock? Las luces en el tráiler del abuelo están encendidas, pero la puerta se halla abierta, así que no creo que él esté adentro. Troto por las escaleras y el pánico oprime mi pecho. El abuelo baila desnudo. Sus nalgas caídas se tambalean con cada movimiento, y agradezco que me esté dando la espalda. Esto es nuevo. Y definitivamente no es bueno. ¿Qué debo hacer? Mi cuerpo empieza a entumecerse, porque me doy cuenta que esto va a ser mi responsabilidad. La realidad de la situación aprieta mi pecho, y lo único que puedo pensar es: Por favor, no dejes que recuerde esto. Busco a tientas mi teléfono y lo saco de mi bolsillo para marcarle a mamá. Responde su contestadora. No. No. ¡No! Incluso duele escribir las palabras. El abuelo baila desnudo. ¿Qué hago?

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Mi teléfono vibra con una llamada. —¿Mamá? —Lo siento mucho, cariño. Soy una de las dos enfermeras a cargo de la sala de partos, y tenemos dos mujeres aquí. No hay manera de que pueda irme. Ahora no. Trata de que se tome una pastilla para dormir, cúbrelo, iré a casa tan pronto como pueda… —Oigo sonidos apagados en el fondo antes de que mamá vuelva a hablar—: Aguarda un segundo. —Um… —No quiero tratar de darle una pastilla para dormir a mi abuelo desnudo. Mantengo en curso la conversación con mamá pero voy a la sección de mensajes de mi teléfono. Le envió a Mitch un rápido y desesperado mensaje porque no quiero hacer esto sola. Necesito ayuda con el abuelo. Ven, por favor. Me ahogo cuando otro sollozo trata de subir por mi garganta. Debo ser más fuerte que esto. —Estoy de regreso —dice mamá—. Déjame llamar a alguien para ayudar, ¿está bien? —Su voz está llena de culpa. —No, no. Está bien —mentí—. Puedo hacer esto. Mitch va a venir. —Penny, cariño. De verdad. Lo siento tanto. —Inhala y empieza a hablar de nuevo, pero el abuelo gira hacia mí, con los ojos tan grandes como su sonrisa. —¡Lucky Penny! ¿Cómo estás? —Tengo que irme, mamá. —Meto el teléfono en el bolsillo, tiemblo por dentro de nuevo y trato de encontrar algo en mí para lidiar con esto. Y no mirar muy abajo. Aún no hay respuesta de Mitch. ¿Ahora qué?

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11 Traducido por Issel Corregido por MaarLopez

Bishop Soy oficialmente un perdedor. Qué tipo de chico colapsa en un juego de hockey y no puede ni siquiera salir después. Pero sabía que ir a la fiesta no habría sido una buena idea. Gary se habría enojado. La camioneta de Penny se estaciona en frente de su casa, y ella corre hacia adentro. No sé lo que será, pero hay algo me lleva a ir allí. Fue bueno de su parte el haber tratado de convencerme para que saliera con ellos, y la forma en que trató de ayudar cuando colapsé. El abuelo esperaría más de mí que huir de la forma en que lo hice, y no quiero defraudarlo. Él está guardando mis secretos y bueno… mierda, quiero verla a ella. Me encuentro solo, tan jodidamente solo entre estas pequeñas paredes y mis amigos están a miles de kilómetros. Gary, al lado con Troy. Incluso llamé a Pat de nuevo cuando regresé del juego. Él se ofreció a venir a recogerme después de mi estúpida excusa de que no tenía carro, pero le dije que no. Ahora desearía no haberlo hecho. Es como si todos en Alaska tuvieran alguien con quién estar excepto yo. Lo que tal vez es mi culpa, pero aun así. Alcanzo los cigarrillos pero decido dejarlos antes de dirigirme hacia la puerta. Es tarde. Bueno, no tan tarde si se considera el hecho de que ella fue a una fiesta esta noche, pero lo suficientemente tarde como para que yo estuviera yendo a su casa. Aunque acaba de llegar y estoy seguro de que al abuelo no le importará. El carro de su mamá no está, así que pienso que está bien. Un estruendo de música se escucha de adentro de la casa y por un momento me pregunto si trasladaron la fiesta aquí. Oh mierda. Me están escuchando. No solo a mí, creo, sino a mi banda. Pensar en cómo reaccionaría ella si supiera, hace que me duela el estómago. Todo cambiaría si lo supiera. Sería horrible si empezara a tratarme de la forma en que lo hacen otras chicas. No haría bromas, paseos en las motos de nieve y cosas por el estilo conmigo si ella supiera que soy Bishop Riley,

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consumidor de pastillas y baterista de Burn en vez de Bishop Ripe, chico temperamental de California. Esperen. ¿Consumidor de pastillas? —¡Abuelo! ¡Ven acá! ¡No puedes salir! —grita Penny. El sonido de su voz, el toque de pánico, me hace empujar la puerta para abrirla. Probablemente me arrepentiré cuando me grite por entrar a su casa pero algo no parecía estar bien. El abuelo dobla la esquina corriendo hacia la puerta, en pelotas. Completamente desnudo y pienso que no debería haber entrado, pero la mirada salvaje en sus ojos, no es la del abuelo que conozco. —¡Soy un hombre adulto! Sé lo que hago. —Hay un tono filoso en su voz que nunca pensé escuchar de su parte. La siguiente en aparecer por la esquina es Penny, y sus ojos enrojecidos captan los míos. Una gran cantidad de cosas pasan por su cara: dolor, vergüenza, miedo, enojo. ¿Y ni siquiera me molesta el que pueda leerla por esto? Esto es serio. Algo está mal con el abuelo. Me encuentro congelado, no muy seguro de qué hacer, parado en la puerta abierta, mientras el aire helado se escabulle hacia adentro. Mi música retumba a través de los parlantes con un abuelo desnudo y una Penny rota parada frente a mí. No, rota no, sino resquebrajada. No creo que nada pueda romperla completamente. —¡Lárgate! —Da pasos hacia mí—. Este no es tu problema. —Está exactamente en frente de mí y yo sigo plantado en el mismo lugar. Veo el temblor en su barbilla y luego, el abuelo baja la cabeza como si estuviera confundido. —Pen… —¿Por favor? —Su voz se quiebra a medida que habla—: No quiero que lo veas así. —Una lágrima, solo una se desborda y rueda por su cara. Quiero limpiársela. Quiero arreglar esto, de un modo en que no puedo arreglar nada más en mi vida. —Déjame ayudarte. No deberías tener que hacer esto sola. —Hay demasiadas preguntas colándose en mi cabeza: ¿Qué es esto? ¿Qué tan seguido sucede? Pero en este momento, nada de eso importa. Lo único que importa son el abuelo y Penny. Se limpia los ojos, aunque no hay más lágrimas. Desearía saber cómo lo hace. Ella es como una pared de concreto fuerte y tenaz. —A él no le gustaría que lo vieras así. Tiene razón, pero aun así no me parece bien dejarla sola con esto. —Y como dije, tú no deberías lidiar sola con esto. —Me tiembla la mano,

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pero esta vez no por culpa de la ansiedad ni por la necesidad de medicamentos, sino porque quiero tocarla. Sentir la suave piel que contiene tanta fuerza. He pasado semanas aquí y nunca habría imaginado que ella vivía con algo así. —No hablen sobre mí como si no estuviera presente. ¡No soy un jodido niño! Si quiero salir, puedo jodidamente hacerlo. —El abuelo se dirige hacia nosotros. No espero el permiso de Penny y la rodeo para atajarlo. —¿A dónde vas, anciano? —trato de bromear pero se oye sin gracia. Por suerte, él no se da cuenta—. Está helado allá afuera. Quieres salir, saldremos, pero vamos a ponerte tu ropa de trabajo. Ese motor está bastante grasiento. —No tengo idea de lo que digo. Si sueno como un idiota o si ayudaré en algo, pero es todo lo que se me ocurre—. ¿Y qué es esa mierda que estás escuchando? Pensé que tenías buen gusto para la música. —Es un riesgo traer esto a colación, pero si el abuelo que conozco está ahí, funcionará. Esa reservada y arrogante sonrisa del abuelo se curva a un lado de su boca, y pienso que él está ahí. Pase lo que pase, el abuelo que trabaja conmigo en los carros reconoce que esto es gracioso, sabe que hay algo familiar y una broma privada en la que está involucrado. —No me llames anciano, novato y tienes razón… la música es una mierda. —Se ríe y el nudo que estruja mi pecho se aprieta un poco. —No es tan mala. A lo mejor necesitas cambiar tus aparatos de oído. Ahora llévame a tu cuarto para que podamos encontrar tus cosas e ir a trabajar en el carro. Él enrolla un brazo alrededor de mis hombros, y trato de olvidar el hecho de que tengo un hombre anciano desnudo a mi lado. Mientras caminamos, volteo la cabeza, tratando de encontrar los ojos de Penny y esperando estar haciendo lo correcto. Ella está parada donde la dejé y su labios enrojecidos forman una “o”, pero juro que hay algo diferente en sus ojos. Algo que no había visto nunca antes cuando me miraba. El abuelo me lleva hacia su cuarto. Penny está detrás de nosotros. Las cosas de pronto empiezan a ir a nuestro favor cuando veo que hay un par de pantalones deportivos sobre su cama. A lo mejor él estaba cambiándose de ropa cuando algo cambió en su cerebro. ¿Esto es normal? Demasiadas preguntas. —¿Por qué no te pones esos? —Lo suelto—. Si lo deseas, después de que te vistas, podemos ir a trabajar en el Corvette. Parpadea y deja caer sus hombros, luciendo agotado. Se sienta en la cama y se coloca los pantalones. —No me estoy sintiendo muy bien, hijo. ¿Crees que podríamos posponer lo del carro hasta mañana? Mi cuerpo se pone rígido ante la palabra hijo. No de forma mala, sino de un modo que me hace sentir como más que el Bishop Riley en el

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que pensé más temprano. Más que cualquier tipo de Bishop que he sido nunca. Uno mejor. —Estaré aquí. —Lo ayudaré a meterse en la cama. —Penny se adelanta a mi lado y me toca el brazo—. Hay algunas pastillas en el baño. Se hallan categorizadas por color. Necesito las del recipiente morado. ¿Me las puedes traer? —Sí… por supuesto. —Estoy tan concentrado en la forma en que me hizo sentir el oírlo a él llamarme hijo y la sensación de la mano de ella sobre mi piel, que no asimilo sus palabras hasta que estoy de pie en el baño, el que podría ser una farmacia. Pastillas para dormir y para el dolor, la reconozco todas. Mi boca se seca. Mi frecuencia cardíaca aumenta. Las quiero. No puedo creer cuanto. Es el estrés. Debe serlo. El preocuparme por que Maryanne se meta en problemas, por la banda, por mamá sola en casa cuando papá ha llamado no hace mucho. Él nos ha dejado en paz, ¿pero y si no es así? Y el abuelo… Jesús, el abuelo. Podría tomar una y nadie lo notaría. Me lo merezco. Después de esta noche loca, puede venirme bien algo para eliminar la tensión. Me tiembla todo el brazo cuando tomo el recipiente. Una, una, una. Puedo tomar una. No sería tan malo. La tapa gira entre la punta de mis dedos. —¿Las encontraste? —pregunta Penny desde el otro cuarto. Su voz me penetra y saca de mi aturdimiento. Mierda. —Umm… si. Ya voy. —Echo un vistazo. Ella no viene. Nadie lo sabría, menos si lo hago aquí. Beber algo de agua del lavamanos o tomarla seca, y hacer borrar esta noche. Quiero que desaparezca. No tener que saber que el abuelo pasa por esto. El abuelo. El hombre con el que trabajo en el Corvette todos los días. Quien me trata como un igual y habla conmigo. Penny salta en mi mente después. Ella no sería tan jodidamente débil. También está Gary. Acaba de decirme que está orgulloso de mí. Y mamá. La mataría el pensar en que me ahogara con pastillas, especialmente en un momento como este. Es una pelea. Mis dedos no quieren obedecer, pero me las arreglo para arrojar la botella en el mostrador. No puedo hacerlo. A ellos no. Pero diablos, quiero… tanto. Tomo el contenedor morado y salgo del baño tan rápido como puedo. Mis manos tiemblan tanto que se me resbala casi un millón de veces antes de llegar hasta Penny. —Aquí están, ¿estás bien ahora? — Por favor di que sí, necesito salir de aquí. Me da una pequeña sonrisa antes de darle la pastilla al abuelo. Él parece estar mejor, más como él mismo. La toma antes de que Penny le desee buenas noches. Estamos en la puerta cuando él dice—: ¿Lucky? ¿Bishop? Los amo, chicos. —Y luego cierra sus ojos.

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Los amo, chicos… A lo mejor no sería así si supiera lo que quise hacer con sus pastillas. —Sígueme. —Penny no espera mi respuesta y empieza a subir las escaleras. Me siento como la mierda. Me siento confundido, apenado y nervioso. Mis pies suplican para que vaya de vuelta a casa de Gary en busca de mis medicamentos para la ansiedad. De vuelta a la casa del abuelo… solo para verlo, pero de cualquier manera la sigo hacia arriba por un conjunto de escaleras más pequeñas; casi como escaleras de mano. Ella abre una puerta en el techo y nos deslizamos dentro de algo que es del tamaño de un apartamento, pero abierto y con ventanas en todos lados. —¿Qué lugar es este? —Le echo un vistazo al espacio abierto, a todas las ventanas, y apuesto que si no estuviera oscuro afuera, sería posible ver todo desde aquí arriba. Las paredes son de madera como todo lo demás en la casa, pero aquí hay alfombra en vez de suelos de madera contrachapada y desgastada. —El abuelo lo construyó para mí después de que murió mi papá, pero al principio era demasiado joven y no quería estar aquí sola, y ahora mi habitación está cerca de la del abuelo así puedo escucharlo. Hay algunas sábanas y una pila de enormes almohadas en el suelo. Debe venir seguido aquí. Penny se sienta. Precisamente cuando voy a preguntarle que acaba de pasar, ella dice—: Gracias… Eso fue… Gracias. Me siento a su lado. —No hay problema. ¿Que está mal con él? — Odio esas palabras porque no quiero que nada esté mal con él. —Una demencia leve. El comienzo del Alzheimer. Está bien la mayor parte del tiempo, pero a veces se pierde. Es decir, está bastante bien, pero de vez en cuando no, y esta noche… Eso es nuevo. —Diablos. Es una pena. Lo siento. No lo sabía. Se encoge de hombros. Hay una suave luz en la esquina que me da la claridad suficiente para verla. —Él no querría que lo supieras. Es difícil. Lo conoces. Es maravilloso. Y me mata verlo perderse de esa forma. —Pestañea de nuevo antes de respirar profundamente y trata de sonreír. Incluso ahora, ella no quiere que piense que no es dura. —Sí… a mí también. —Me mata verla de esta forma. Saber que es mucho más que La Reina de las Nieves que tiene a cada chico del pueblo enrollado alrededor de sus dedos. Lo que es una tontería porque ya sabía eso, pero esto lo lleva todo a un nuevo nivel. Sube las rodillas y descansa su frente por un momento en sus manos antes de enderezarse. —¿Cómo se dañó tanto la noche? Maldito fuera si no deseara tener la respuesta para ella. Todas las respuestas para lo que quisiera saber.

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—El juego estuvo increíble y luego la estúpida fiesta… luego el abuelo. ¡Ahh! A veces la vida apesta, ¿sabes? La historia de mi vida. —Sí, lo sé. Ella voltea a mirarme. Sus ojos son tan azules; esta sombra salvaje que no parece real y es como si pudieran ver a través de mí, dentro de mí. Y yo quiero ver dentro de ella. Para conocer lo que hay en su interior pero no lo hago. Todo lo que necesito es alejar el dolor que puedo ver en ellos. Verlos brillantes y felices como cuando estamos en las motos de nieve. —Gracias. —Baja la mirada, casi avergonzada y eso causa algo en mí porque ella es tan dura y segura de sí misma, pero estoy haciendo que sus mejillas se sonrojen y que su lengua salga de su boca y trace la línea del labio inferior. —Ya lo dijiste. Sonríe, mirándome de nuevo. —Eres un estúpido. Y que me condenen si sé lo que viene después, pero no puedo evitar inclinarme hacia adelante. Toco sus suaves mejillas y luego deslizo la mano a través de su muy rubio cabello. El brillo de la luz se va y no veo, no sé nada más que la sensación de sus labios mientras los cubro con los míos. Me da un sobrecogido “Oh” y luego abre la boca de forma que puedo deslizar mi lengua dentro de ella. El aro en mi labio se presiona contra su boca. Su sabor es dulce, pero también un poquito salado como las lágrimas. Luego su lengua se está moviendo con la mía, como si estuviera tratando de saborear cada parte de mí de la misma forma en que yo quiero saborear cada parte de ella. Succiono su labio dentro de mi boca, antes de que mi lengua se mueva para explorarla de nuevo. Todo lo demás es olvidado, solo me animan la calma y la necesidad, haciéndome inclinar más adelante para poder saborearla más profundamente. Una de mis manos la toma por la cintura mientras deslizo la otra detrás de su cuello. Más profundo, quiero llegar tan profundo como pueda hasta que de pronto sus labios desaparecen. —Bishop… No puedo… No… Tan solo no puedo. Penny me da una última mirada y luego se levanta y se va. Bishop Riley lo ha jodido de nuevo. Creo que ya debería estar acostumbrado a eso.

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12 Traducido por BeaG Corregido por mariaesperanza.nino

Penny Me siento en el primer período de clases, deseando poder irme a casa. ¿Qué pasa conmigo? Un chico que me gusta me besó. Estando sobrio. Después de ayudarme en una de las peores noches de mi vida, ¿Y yo dije que no podía? Mis besos hasta ahora incluyen uno con Mitch, que él no quería, y un beso que me derritió completamente desde adentro hacia afuera. ¿Y ese era el que yo había decidido rechazar? Tenía serios problemas. Era demasiado. Demasiado pronto. Y el abuelo… lógicamente sé que no se pondrá mejor, pero sus días buenos todavía me hacen tener esperanzas. Y luego momentos como los de anoche aplastan cualquier idea que tengo de que él vuelva a ser como era antes de que la demencia comenzara. Pero cuando pienso en anoche; Bishop como que nubla todo lo demás. Es que el beso fue intenso. No sabía cuánto querría él. Que tan lejos pretendía llegar y entré en pánico. Y sin Bishop, ¿dónde habría estado con el abuelo? Él no me oía, y Mitch nunca respondió los mensajes de texto, probándome que lo había perdido en un modo que no esperaba. Tomo una respiración profunda, tratando de aclarar mis ideas. Le diré a Bishop el por qué me eché para atrás en su beso después de la escuela, o por lo menos una pista de que estoy dispuesta a hacerlo de nuevo. Y trataré de no pensar en cómo tal vez haya perdido a mi mejor amigo porque fue de estar siempre ahí a dejar que pasaran doce horas sin responder mi mensaje pidiendo ayuda.

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Suena la campana y yo salto. Mierda. Es algo bueno que no necesite esta clase para graduarme, porque no tengo idea sobre lo que hablaron hoy. —¿Penny? —La familiar voz de Mitch se arrastra por mi columna vertebral. No dejo de moverme. Me preparé para hablar con Bishop, no con Mitch. —Penny. —Toma mi mano, dándome la vuelta con esa expresión preocupada y triste que sabe hacer tan bien—. ¿Todo está bien? Lo siento, yo… Aparto mi brazo y empiezo a caminar por el pasillo. —Revisa tus mensajes, Mitch. —Si me da esa expresión triste de nuevo, le dejaré un ojo morado. Odio cuando me trata como si fuera frágil. Me hace sentir débil, algo que detesto. No soy esa chica. Soy la chica dura. ¿El mundo necesita de los dos tipos, cierto? Pero ahora siento como si me pudiera romper. —Penny. —Él toca mi brazo de nuevo desde atrás, pero yo doy un tirón porque encarar a Mitch en este momento puede terminar en otra oleada de lágrimas. Tres pasos más hasta las escaleras. —¡Maldición! ¡Penny! Empiezo a apresurar mi paso. Mitch está justo detrás de mí. Me doy la vuelta antes que me agarre del brazo porque no puedo manejar el tipo de excusa que está a punto de darme. —Solo quiero hablar. ¿De acuerdo? —Su rostro es una mezcla equilibrada de la lástima que odio y tristeza. —¿Sí? —Esta vez, camino hacia él y se echa hacia atrás tal como pretendía, solo que no quisiera estar discutiendo. Se encoge de hombros con sus brazos llenos de libros. —Recibí tu mensaje esta mañana. Lo siento mucho, Pen. Pienso en el abuelo y el baile y como por primera vez, Mitch no vino cuando lo llamé. —Me dejaste —susurro, pero no quise. Tal como me dejó papá. Tal como me está dejando ahora mamá, y como la memoria del abuelo se lo está llevando. —¿Te dejé? Penny, tú fuiste la que se fue de la fiesta. —Toma una respiración profunda al tiempo que se inclina hacia atrás—. Espera. Estamos hablando de dos cosas diferentes. Creo. Trato de sacudir la cabeza, pero me voy entumeciendo poco a poco así que no estoy segura de que funcione. —¿Cuánto tiempo te tomó notar que me había ido? Llegué a casa para encontrar a mi

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abuelo desnudo y tú eras la única persona que sabía que podía llamar. Y no contestaste. Me mira por un momento, absorbiendo todo. —Mierda, lo siento. No revisé mi celular hasta esta mañana. Es porque yo… —No quiero tus excusas. —Me doy la vuelta y me alejo. —Penny —suplica. Aprieto los dientes. —Ahora. No. Oigo los libros de Mitch golpear el suelo al menos dos segundos antes de que su puño conecte con el casillero más cercano. Mitch siempre termina con su frustración, dolor o ira haciéndose sangrar sus estúpidos nudillos. Y él debería sentirse mal. Me siento vacía y horrible porque no respondiera cuando lo necesitaba, pero aún cuando la idea pasa por mi cabeza, sé que es más que haberse perdido un mensaje de texto. Son todas las cosas que pasaron por mi mente en la fiesta de anoche. Como lo estoy perdiendo al tiempo que a todos los demás. —Lo siento, Penny —dice—. ¿Estás bien? Definitivamente no estoy bien. Aún no. *** —¡Penny! —grita una chica al otro lado del estacionamiento. Es difícil deducir si es un grito molesto, o para tratar de llamar mi atención. No es como si tuviera muchas, o alguna chica que sea amiga mía, así que me doy la vuelta. La pequeñísima Rebecca está viniendo hacia aquí, con un rostro inexpresivo. No molesta, ni feliz, simplemente… confundida. Esto no es lo que necesito. La nieve casi ha desaparecido de las carreteras, y el lodo ensucia sus zapatos, pero parece no darse cuenta. Esto me sorprende porque es alguien que chilla por cada burla, y la clase de persona que supuse se preocuparía por sus zapatos. Pero, ¿quiero hablar con la novia de Mitch sabiendo que ella tal vez sabe sobre mi ataque en las escaleras? No tanto. Intento abrir la puerta de mi camioneta, y ella trota hacia donde estoy parada. —¡No! ¡Espera! —No tengo nada que decirte. —Aprieto la mandíbula pero no subo. ¿Por qué no me estoy subiendo?

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—¿Sí? Pues yo tengo mucho que decirte. —Alza la barbilla, pero es unos quince centímetros más baja que yo, por lo que su acción me impresiona un poco ya que ella no está retrocediendo. Toda esta situación es… tan cursi como una película para adolescentes que termino riéndome. Se adelanta y cierra de un empujón la puerta de mi camioneta, parando mi risa. Guau. La ira aparece donde estuvo el dolor, el miedo y la preocupación. —¿Qué quieres, Rebecca? Me encuentro cansada y estoy pensando y sintiendo demasiado para una sola persona. —No sé por dónde comenzar. —Sus cejas arregladas se juntan con determinación, y no estoy segura de si quiero irme o esperar. —¿Por qué no comienzas por decirme por qué estás arruinando tus zapatos solo para hablar conmigo? —ofrezco. —Oh, mierda. —Mira al suelo por un momento. Y sé que esto es un movimiento idiota, pero estoy completamente fuera de mi zona de confort y lista para que eso termine. —Cualquier momento de este día sería genial. Rebecca se muerde el labio de nuevo. —He vivido debajo de tu sombra con él desde que comenzamos a salir. Habla de ti todo el tiempo. Sigo esperando al día en que me diga que está enamorado de ti. He querido hablar contigo sobre esto un millón de veces, pero sabía que probablemente te reirías de mí. —O te dejaría un ojo morado. —Mantengo mi cara seria, siendo una perra otra vez, lo sé, pero no sé cómo hablar con ella. Siempre he salido con los chicos… siendo la chica del hockey. Y para ser honesta conmigo misma, quería ver su reacción. Toma una respiración profunda, pero se mantiene estable. Siento una punzada de admiración cuando la verdad es que no quiero. —Lo amo. Mucho. Y él fue el que me preguntó si había alguna oportunidad de que quisiera ir a Michigan o Washington porque se iba a ir allí por el hockey, y yo nunca pensé que tendría una oportunidad con alguien como él. ¿Qué? Me recuesto contra Bitty y observo a Rebecca. Suaves rizos hoy. Grandes ojos con maquillaje. Vestida… bueno, vestida como si no le importara una mierda. Imaginé que una chica como ella esperaría conseguir a un chico como él. No me gusta que Rebecca no encaje en el pulcro estereotipo en que le había puesto hasta ahora. —Y sigo esperando a que todo sea una gran broma, y él sigue volviendo a mí, y cuando lo castigaron por golpear ese casillero en una pelea contigo, o lo que sea que haya sido eso… de nuevo. Pensé que él estaba a punto de marcharse. —Inhala un par de veces antes de poder

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respirar bien, y casi le digo que golpee algo porque funciona mejor, pero no lo hago. Mitch se alejó de mí. Por ella. ¿Qué quiere ella de mí? Ya lo tiene. —¿Qué es lo que quieres? —Por favor, habla con él. Se volvió loco por herir tus sentimientos. Dijo que tú necesitabas ayuda anoche y él no lo supo hasta que era muy tarde. Sé que no te importa como son las cosas entre nosotros, y también sé que el que te diga que hables con un chico con el que desearía no fueras tan cercana podría ser contraproducente… —Sus palabras salen amontonadas, y parece seria. Le importa si Mitch y yo nos llevamos bien. ¿Por qué está siendo amable? Dolió que Mitch no respondiera mi mensaje, y ahora la amabilidad de Rebecca, y como alejé a Bishop, y el episodio del abuelo todo emerge en mi interior. No puedo llorar en frente de ella. No puedo. Abro la puerta de mi camioneta. Esto es todo. Tengo que salir de aquí. Debería decirle a Rebecca que nunca tendrá que preocuparse por mí y su chico, porque anoche fue la última prueba de que ella es prioridad en su mundo. —Por favor, Penny —agarra mi puerta—, él está malhumorado, y apesta saber que está herido por alguien más. —Debo irme —digo mientras subo a mi carro. —Sí. De acuerdo. Solo… piénsalo, ¿está bien? —Baja la mirada, y yo cierro la puerta entre nosotras, necesitando estar en casa. Lejos. En la pista de hielo. Lo que sea. Solo ahora comienzo a ver lo que Mitch ve en ella. Es inteligente. Probablemente no le da tanta mierda como la que yo le daría. Y no le asustó el venir a hablar conmigo… eso es algo. Además, si soy honesta conmigo, mi corazón no se siente como si estuviera rompiéndose porque estoy enamorada de Mitch, sino porque no tenemos la relación que creí. Me está dejando atrás, y como con muchas cosas en mi vida, no tengo opinión al respecto. No es la culpa de Rebecca, aún cuando quisiera que lo fuera. Bajo la ventana. —Hablaré con él, ¿de acuerdo? Me mira, y el alivio llena sus ojos. —Gracias, Penny. En serio. Gracias. Abro la boca para decir algo más, pero no sé cómo hablar de cosas de chicas, así que balbuceo un “seguro”, subo mi ventana y conduzco lejos. El regreso a casa toma una eternidad, y me doy cuenta que es porque estoy esperando ver a Bishop. Y luego está esa oleada de comprensión sobre cómo al haber limitado mi mira en Mitch, a quien nunca le pasó lo mismo conmigo, tal

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vez me hizo perder un montón de oportunidades de estar con chicos geniales a los que podría gustarles. Me pregunto si Bishop querrá hacer algo hoy. Pasear en las motos de nieve o tal vez tocar la batería para mí, o quizá ir a la habitación de arriba o trabajar en mi auto. Tan pronto como llego a la entrada, corro hacia su cabaña. Porque no soy la chica para la mayoría de los chicos —no el tipo de chicos que querrían tratar conmigo, al menos—, pero él fue el que me besó. Abre la puerta con una sonrisa y hay una chica detrás de él. Una chica. Juro que mis tripas golpean el suelo. Ella luce como… una chica chica. Una real. Como Rebecca, pero rubia. Y en todos sentidos, lo opuesto a mí. No puedo respirar. No hay aire. Mi pecho sigue estando hecho pedazos. Mitch me vio enloquecer, y Rebecca estuvo a punto. No necesito esto. —¿Qué pasa, Penny? —Suena como si tratara demasiado de que su voz suene relajada. —Estás ocupado. Me iré. —Guau, mi voz suena más normal de lo que pensé que lo haría para alguien que se siente como si se estuviera ahogando. Necesito moverme, pero no puedo. Es como si le pusieran pausa y freno a mi mundo… como si quisieran que este momento durara. —Saldré por un rato. —Mueve los pies, pareciendo nervioso—. Si um… llama Gary, ¿me cubrirías? Dile que estoy contigo y me quedé dormido en frente del televisor o algo así. Me sorprende tanto que no sé si estoy respirando o aún en pausa. Necesito permanecer tranquila por un minuto más porque todo dentro de mí está rompiéndose. Apenas me mantuve entera todo el día, y me emocionaba tener la oportunidad de verlo, y ahora… Ahora pienso que seré la chica soltera que sale con los chicos, pero no en citas, por el resto de mi vida. Doy un paso atrás para irme… ni siquiera sé a dónde. —¿Penny? —exclama desde atrás. —Sí. Está bien. Tengo tarea. —Mis pies se sienten raros en la nieve, como si mi cuerpo no funcionara bien, y comienzo a preguntarme si estoy exagerando. Aunque, en este momento, no me importa porque no tengo idea de cómo quitarme esta sensación. Sé que anoche hui de él, pero esperaba que lo intentara de nuevo. De que al menos tuviera un chance de explicarle porqué corrí. Y ahora me ofrezco a ser su coartada para que pueda… salir a alguna parte con una chica real. Si no estuviéramos haciendo mucho dinero de

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estos dos y no me hubiera ayudado anoche, no habría manera de que lo ayudara ahora. Y todavía no he decidido si lo haré. Después de lo que parece una muy larga caminata a través del patio, destrozada por dentro, por fin llego a la casa y tomo un profundo respiro que es suficiente para forzar a mi pecho a aflojarse. Soy una completa idiota. Bishop. Y yo. El tipo rezuma algo increíble, ¿por qué me querría? Los chicos quieren a chicas “reales”, incluso cuando me dicen que las chicas duras son ardientes. Porque es bastante obvio para mí en este momento que yo no soy lo que los chicos quieren.

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13 Traducido por hermanaoscura Corregido por Alaska Young

Bishop Siento la urgencia de vomitar y tengo que luchar para contenerla. Anoche enloquecí. No podía creer que la besé. No podía creer que ella me dijera que no. De hecho, lo que no puedo creer es que eso me molesta muchísimo. Es solo una chica, o debería serlo, así que no existe ninguna razón por la que deba sentirme como si alguien me hubiera dado una paliza. Ninguna razón para sentarme detrás de mi batería durante toda la noche, para sacar toda la energía reprimida, con nada más que Penny en mi cabeza. Debería superarlo. Así que llamé a Maryanne para asegurarme de que lo hice. Se sintió bien en ese momento, pero ahora que veo a Penny alejándose, sé que está mal. No porque crea que me quiere. Cuando me rechazó fue bastante obvio que no es así, sino porque el Bishop de Alaska se siente un poco diferente al otro Bishop. El de Alaska patea traseros en motos de nieve, explora minas, arregla los coches con el abuelo, y ve los partidos de hockey de Penny. Puede tomar algo cada pocos días, pero solo es para mantenerse en movimiento. No tendría una casi sobredosis. Maryanne conoce al otro yo, no a este, y no creo que pueda mezclarlos. Mi cabeza está tan jodida. No puedo ser dos hombres. —¿Quién era esa? —Truena su chicle, sonando aburrida. Seguro que lo está. A pesar de que se subió a un avión para venir aquí, este no es su tipo de lugar. Sin embargo, para ella era una aventura. Un modo de pasar el rato conmigo y una fiesta. A Maryanne le gustan las fiestas, y a mí me gustar salir de fiesta con ella. Además, es una de las ventajas del dinero, de la fama. El hecho de que todo lo que tenía que hacer era comprar un boleto y ella aceptaba venir cuando la llamaba. Que siempre hay alguien dispuesto a hacerlo. —Una amiga —dije antes de cerrar la puerta.

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—Bishop, ¿estás saliendo con las locales? —se burla, tratando de envolver los brazos por mi espalda, pero la esquivo. —Gary estará de regreso pronto. Si queremos que esto funcione, tenemos que salir de aquí ya. —Después de caminar hacia el sofá, agarro mi bolsa. No puedo creer que esté haciendo esto mientras Gary recoge a Troy del aeropuerto. No puedo creer que lo esté haciendo. —Todavía me sorprende que te enviaran aquí y te pusieran una niñera. Eso es una mierda. Por un momento, me pregunto si recuerda lo que me pasó. Que se encontraba ahí, riendo y bailando cuando casi sufrí una sobredosis, pero no lo hago porque tiene razón. Es una mierda. No es que las cosas no estén mejor de lo que pensaba, sino porque me obligaron. —No es tan malo. Son como vacaciones. —Nos dirigimos a su coche de alquiler. En el camino, le envío un mensaje a Gary para decirle que estoy con Penny. Al pensar en ella, la opresión corre a lo largo de mí otra vez. Me siento como un idiota, pero no estoy seguro si debo o no sentirme así. Supongo que el hecho de que sea así debería decirme algo. Como que debo parar y volver. Decirle a Maryanne que regrese al aeropuerto para que se pueda ir a casa. Para no arruinarlo de nuevo. Me recuesto en el asiento y pienso en el abuelo, preguntándome si recuerda lo que pasó anoche. Si las cosas serán raras la próxima vez que lo vea. Tal vez será un ojo por ojo. Él guarda mis secretos y yo, los suyos. No es que su Alzheimer sea un secreto, pero estoy bastante seguro de que es algo de lo que no quiere hablar. —Estás muy callado. Normalmente no eres así. Se acerca y me aprieta la pierna. Trato de sonreírle pero apenas puedo hacer que suceda. Siento los inicios del pánico en mi interior; pequeños arañazos de uñas amenazando con cortarme. No sé por qué me asusta, pero ahí está, tratando de abrirse paso a la superficie. Tal vez necesito una noche con Maryanne para aclarar mi cabeza. —¿Tienes algo de beber? Mete la mano en su enorme bolso y me entrega una botella de agua. Giro la tapa y vacío todo el contenido, lo que me ayuda un poco. —¿Tienes cigarrillos? —Me mira. —Nop. Estoy tratando de dejarlos. —Solo desde anoche, pero no importa. Eso es lo que me hace notar la diferencia. El por qué estoy tan asustado. El Bishop que conoce Maryanne, fuma. No parece correcto que esté aquí. Cuando estoy con ella salimos de fiesta. Eso es diferente a tomar pastillas cada par de días como lo hago en Alaska. La última vez que estuve en una fiesta, casi me muero. Casi dejo a mi madre sola. No quiero regresar a esa noche.

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—Guau… eso es nuevo. Si me conociera, sabría que no lo es. Siempre odié fumar. Lo hacía solo porque sí. Finalmente, llegamos a un pequeño hotel. —Bonito lugar —digo, tratando de relajarme. —Como sea. Tú eres el que me arrastró a este asqueroso pueblo. Sus palabras me hacen fruncir el ceño, pero Maryanne sale del auto y me lleva a su habitación. Es casi del mismo tamaño que mi cabaña, pero no tan bonito. Tiene un cuadro barato en la pared y una vieja manta en la cama. El televisor parece de hace cincuenta años. El polvo vuela cuando me siento en la silla junto a la ventana. ¿Y ahora qué? Mi pierna comienza a rebotar y empiezo a tamborilear mis manos en las rodillas, deseando estar de vuelta en la cabaña con mi batería antes que aquí. —Relájate, Bishop. Maldita sea, estás muy tenso. —Tira su bolso rosa brillante en la cama y se recoge el cabello. Es rubia, pero lo único que puedo pensar es que no es rubia natural. Luce falso. Tal vez no falso, más bien no tan… puro como el de Penny, y entonces me siento como un idiota por pensar cosas como esa sobre ella, no debo de estar pensándola en absoluto. —¿Tienes algo? —pregunta Maryanne. Ni siquiera tiene que especificar de lo que habla. A pesar de que acabo de beber agua me siento sediento de nuevo. —No. Tus cosas no han llegado. ¿Y tú? El recuerdo de tener las pastillas del abuelo hace que me piquen las manos. Las aprieto en puños, tratando de olvidar, de concentrarme en mi batería, trabajando en el Corvette y montando motos de nieve con Penny. La chica es agotadora. En un buen sentido. Cuando la besé, se sintió tan jodidamente increíble y pensé que le pasó lo mismo. Pero en realidad metí la pata, ya que obviamente no fue así. Y entonces llegué a la cabaña, y toda la noche regresó a mí. El partido de hockey. Cómo se sintió tomar las pastillas del abuelo. El beso. Yendo y viniendo entre el beso y las pastillas, el beso y las pastillas. No fui capaz de apagar mi cerebro hasta que llamé a Maryanne. Ella podría ayudarme. Siempre lo ha hecho. —Ahora, Bishop, ¿qué clase de pregunta es esa? —Me guiña el ojo antes que abrir el bolso—. Tengo una botella de vodka. Quiero decirle que pare.

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Quiero decirle que se dé prisa. Sin entender ninguna de estas reacciones, trato de ignorarlas y dejo que ella haga lo que quiera. Maryanne saca una botella de su bolso, agita un par de pastillas antes de lanzarlas a su boca y bebe un poco de agua de la otra botella. Mis piernas se mueven, mis manos tiemblan y mi corazón trata de encontrar el mismo ritmo que ellas, pero todo se siente como si fuera demasiado. E insuficiente al mismo tiempo. —¿Qué tienes? —Me pongo de pie y me acerco para sentarme en la cama. Una pequeña voz susurra que debería irme; la sensación persistente de que esto es incorrecto me abruma. Estoy tan harto de sentir culpa por todo. Después de agarrar las botellas, las giro en mis manos. Luego leo cada una hasta que encuentro la que quiero. Me tiemblan las manos mientras saco tres pastillas. Maryanne intenta darme el vodka, pero agarro el agua. ¿Ven? Eso es bueno. Si tuviera un problema, bebería el vodka. Miro las pastillas. Tomo otro trago. Echo un vistazo a las pastillas de nuevo. A la mierda. Lanzo las tres en mi boca y trago. Espero que los miembros hiperactivos frenen, pero no lo hacen. Espero sentirme mejor, pero no lo hago. Todavía estoy pensando en el abuelo, en Penny, y esa culpa estúpida sigue extendiéndose como una enfermedad en mi interior. Tratando de relajarme, me apoyo contra la cabecera de la cama y agarro el control remoto del antiguo televisor. Las noticias resuenan a través de los altavoces, y hablan de hockey, lo cual me hace pensar en Penny y lo maravillosa y motivada que es. Ella quiere jugar en un equipo masculino. Eso es bastante increíble. Mi culpa se extiende incluso más rápido, así que cambio de canal. —¿Qué está mal contigo, B.R? ¿Te hicieron una lobotomía o algo así? —Se ríe, y trato de hacer lo mismo, pero no sucede. No soy yo, es este jodido sentimiento que se consolida en mí. Tomo el vodka. Tal vez solo necesito una copa para relajarme. Antes de que tenga la oportunidad, Maryanne me lo quita, arrastrándose a la cama y montándome a horcajadas. —Sé lo que te hará sentir mejor.

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Se inclina hacia delante, pero una vez más me doy cuenta de que su cabello tiene el color incorrecto y huele a cigarrillos. Penny odia ese olor, y ahora que lo pienso, yo también. Los labios de Maryanne se me acercan. Los he besado antes. He hecho más que eso con ella y me gustaba la forma en que se sentía, pero en esta ocasión, giro la cabeza y su boca aterriza lejos de su destino. Sin embargo, ella no se rinde y sus labios hacen un camino hacia mi boca y esta vez, no la detengo. Penny dice que no puede así que no hay ninguna razón por la que yo tampoco. Mi boca se abre y la lengua de Maryanne se desliza en el interior. Ahora no solo huelo los cigarrillos, sino que los saboreo. El abuelo me mandaría al diablo, al igual que Penny y Gary. Esto se siente mal. Me siento mal, así que me alejo. —¿Bishop? —No suena herida, solo confundida. —No puedo. —Las palabras de Penny ahora salen de mi boca. Es casi como una experiencia extracorporal. ¿Por qué estoy siendo así? Solo es besar a Maryanne. No es un gran problema—. Lo siento, no estoy de humor. —Levanto a Maryanne de mi regazo antes de salir de la cama. Mi intestino está acalambrado. No estoy seguro de si está en mi cabeza o no—. No me estoy sintiendo muy bien. Cierro la puerta del baño detrás de mí antes de mojarme la cara. Ayuda un poco, despertándome y llevándome a la realidad. Mi cuerpo tiene esa luz, la sensación de flotar cuando estoy en lo alto, pero no puedo decir si me gusta o no. Entonces estoy de vuelta en la sala principal. —Escucha… creo que será mejor que me vaya. Pone los ojos en blanco. —Como sea, Bishop. Estás perdiendo el rumbo, ¿sabes? En este momento, pienso que ella debería estar enojada, o al menos importarle un poco. Quizá Blake tiene razón. ¿Estaría de acuerdo con cualquier cosa con tal de estar cerca de mí? No estoy seguro de si estoy perdiendo o encontrando el rumbo, así que asiento. Cuando me dice que quiere regresar a Los Ángeles, tomo mi teléfono y le compro un boleto de avión. Nos dirigimos hacia las cabañas en silencio. Cuando casi llegamos, le digo que se detenga para que pueda caminar el resto del camino. Mi cuerpo se relaja con ese pensamiento, y me doy cuenta de que no solo caminaré para no quedar atrapado, sino porque tal vez lo necesito. —Lo siento por esto. Solo tengo mucho que hacer.

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—Está bien. Nunca he estado en Alaska. Me sacaste de la ciudad por un día. —Se encoge de hombros—. Llámame cuando vuelvas y saldremos. Asiento. Cuando esté en casa con ella, las cosas serán diferentes. Seré normal. Me siento muy bien conmigo, como si hubiera hecho lo correcto. Entonces, Maryanne saca una bolsita, con cerca de diez pastillas en su interior. —He traído esto para ti, ya que el paquete nunca llegó. No lo hagas. No lo hagas. ¿Por qué no debo hacerlo? ¿Por qué me preocupa de repente? Extiendo la mano y la agarro antes de meterla en mi bota. —Gracias. Salgo del coche. Cierro la puerta y veo cómo se aleja. Pongo un pie delante del otro. Camino. Cada paso se siente como una lista de actividades, que en realidad no estoy haciendo. La bolsita rasguña mi pierna con cada paso. Hay una línea recta desde el lugar que toca hasta mi cerebro, haciendo que sea lo único en que pienso. Paro, saco la bolsa y las cuento. Doce. Me equivocaba. Hay doce pastillas. Ahora que se cuántas hay, las pongo en mi bota y vuelvo a caminar. Respirando profundo, intento concentrarme en el aire frío, miro los árboles, y recuerdo la sensación de grasa en las manos. Mi mente emite destellos de Penny y su cabello rubio casi blanco, el montar motos de nieve y trabajar con el abuelo. Paso mi cochera y sigo adelante. Sigo respirando y pensando. Al poco tiempo, ya no siento el rasguño de la bolsita, aunque sé que está ahí. Cuanto más camino, más se aclara mi cabeza. Sigo adelante sin parar, luchando para dejar que todo se vaya, para encontrar esa paz que Gary me dice que tengo. Y entonces... ahí está. La encuentro y deseo que dure.

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14 Traducido por Joycelovestl & Lalu♥ Corregido por Aimetz14

Penny Así que ayer me inclinaba hacia Mitch y hoy me inclino más hacia Bishop. Por lo menos me dirijo a la pista. Dejé temprano el último periodo para tener un tiempo a solas en el hielo. El entrenador nos reventara el trasero esta semana, pero ya lo espero. No es como si nada asombroso estuviera pasando en estos momentos. Esta es la última semana de hockey de la secundaria, y entre más práctico, mayor es la distracción. ¿Tienes un segundo? grita Mitch al otro lado del hielo. Después de lamentar lo de anoche… casi todo, solo quise patinar. Pero de cualquier manera me detengo frente a él porque necesito que una tonta parte de mi vida deje de ser así. ¿Qué pasa? Conociéndote, tengo cerca de treinta segundos así que lo diré. Ahora que decidí dejarlo hablar, todo dentro de mí queda quieto esperando oír lo que tiene que decir. Mete las manos en sus bolsillos. Obviamente nervioso. Te quiero, Penny. Como una hermana. Como mi mejor amiga. Si hubiese visto tu mensaje, aunque no he visto a Becca fuera de la escuela desde hace mucho tiempo, habría ido a ayudar. Mi teléfono estaba en la encimera, y odio no haber sabido que me necesitabas. Asiento una vez porque eso es lo que hacemos como un equipo. Explicar. Superar. Seguir adelante. Está bien. Su cabeza se inclina a un lado. ¿Está bien? Mi pecho se afloja de una manera que no ha pasado desde la fiesta de Matt. No es perfecto, pero es mejor saber que eventualmente estará bien. De verdad. Ponte tu equipamiento o estarás retrasado. Y sí, estamos bien. Me alejo de la pared para mantenerme en calor. Mitch nunca será mío como es de Rebeca, y ahora que se ha terminado, no duele del modo en que creí. Pensar en nosotros juntos era mi constante pero no la realidad que deseaba. Es loco, pero creo que se requirió que enfrentara a Rebeca y besara a Bishop para entenderlo.

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Un dolor se propagó en mi pecho cuando pienso en ver a Bishop con otra chica. Respiro y trato de disipar el dolor. Necesito seguir patinando. Dos vueltas, y mi cerebro sigue pensando en Bishop y la chica, pero cuando esas dos vueltas se convierten en quince, luego en veinte, comienzo a despejarme. Un poco, por lo menos. Rebecca entra al lugar al tiempo que doblo la esquina y saluda. Está mordiéndose su estúpido labio otra vez. Me detengo, tratando de ser amable y forzándome a reconocer que tiene más agallas de las que le he dado crédito. ¿Qué pasa? Se encoge de hombros. Solo vine a verlos practicar. ¿Por qué? Realmente tengo curiosidad. Porque es muy importante para Mitch, y quiero entender esa parte de él. Aparta un mechón de cabello castaño de su hombro. Quiere entenderlo, y debería. Él lo merece. Entonces necesitas estar en el hielo. Sus ojos se abren. Oh. No. De ninguna manera. No patino, para nada. Examino el área hasta que veo a Rick, el dueño de la pista, y luego le insto para que se acerque. Hablo en serio. El entrenador no llegara por otros quince minutos. Estoy tan llena de buenas obras. ¡Rick! Consíguele a esta chica unos patines de hockey, Levanta las cejas. No. Penny. Por favor. Me río. No te lastimaré. Rick tira algunos talles de equipo en el banco que está a nuestro lado, y Rebecca simplemente mira, indecisa. Mitch prácticamente sale como una bala de los vestidores, con solo la mitad de su equipo y sin camisa, mirando entre nosotras con pánico. Alguien le tuvo que haber dicho que hablaba con su novia. Lo señalo con mi palo. Eso no se lo prometo a él. Lucía muy asustado, lo cual es ridículo. No es como si la fuera a poner en los patines solo para golpearla. Niego con la cabeza como si estuviera siendo estúpido, y asiente porque me conoce lo bastante bien para entenderlo… ¡cálmate! Camina algunos pasos hacia atrás sin decir una palabra y luego se gira hacia los vestidores. Cuando termino de mostrarle a Rebecca como atar sus cordones, Mitch reaparece completamente equipado. Demostrándome que tal vez no es tan tranquilo como quisiera yo. Por lo menos aún no. Frunce el ceño cuando comienzo a patinar para dejarlo con ella, que todavía observa incierta los patines en sus pies.

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Luego de unos minutos de Rebecca tropezando y cayéndose, los brazos de Mitch le rodean la cintura y él patina al revés. Rápido. Y ella solo lo mira con sus femeninos ojos saltones, confiando en que la mantendrá a salvo. Supongo que eso es lo que quiere él, ya que no podría manejar a una chica que no tenga miedo de acosarlo. Mitch me acepta tal como soy, pero siento que a Bishop le gusto de verdad. Ni siquiera me había dado cuenta que existía una diferencia hasta ahora. Eso hace que la situación con la chica rubia sea mucho peor. Tal vez simplemente apesto leyendo a la gente. Mitch alza a Rebecca y la coloca al lado de una de las bancas y se para entre sus piernas para besarla. Ella le pasa las manos por su cabello, manteniendo sus caras pegadas, y puedo ser muy caritativa y amable en algunas ocasiones, pero no tan amable. Mantengo una sonrisa mientras volteo el patín de Mitch con mi palo, casi mandándolo al hielo. ¿Qué demonios, Penny? grita, sonriendo y poniéndose de pie. Me esfuerzo para alejarme sobre el hielo, y estamos de regreso a la normalidad. ¡Dije que sería amable con ella, no contigo! Y justo cuando Mitch comienza a patinar hacia mí para tomar represalias como siempre lo hacemos, llega el entrenador. Llegó la hora de lo que será probablemente la mejor parte de mi día. La sonrisa de Rebecca divide su cara mientras camina hacia la banca. Odio admitirlo pero tengo que darle créditos a la chica por salir al hielo. Supongo que Mitch pudo haberlo hecho peor. *** Cuando entro a la cocina, mamá y el abuelo están viendo una comedia cursi. El abuelo parece drogado, así que me pregunto cuanta medicina habrá tomado hoy. No me gusta cuando mi madre hace eso; es como si hiciera trampa, como si lo drogara para no tener que preocuparse, pero eso no le permite ser el mismo. Nunca le haría eso, a menos que fuese necesario. Preferiría hacerle diez filetes y tartas de fresa que ver las repeticiones de Seinfeld todo el día mientras está como zombi frente a la televisión. ¡Hola, cariño! Mamá sonríe ampliamente y camina hacia la mesa. Compramos pizza. ¿Está bien?

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Bien. Me detengo en la mesa y quiero preguntar porque está en casa pero en cambio digo: No te he visto en mucho tiempo, debes estar ocupada. Sí, he estado ocupada. Ese es su modo de coincidir conmigo, sin espacios para nada más. Quería que dijera algo más personal que negocios, o escuela o hockey y así yo también podría, porque una parte de mí se muere por hablar con alguien. La irritación me lleva al límite. Abro la caja y tomo dos trozos, sin querer ver a mi madre si las condiciones eran un abuelo totalmente drogado, una madre cerrada y la repetición de una muy mala comedia. Estoy adolorida, voy a saltar al jacuzzi. Asiente y sonríe pero se siente forzado y no sé cuando se volvieron tan extrañas las cosas. Está bien. No te quedes hasta muy tarde. Tengo que morderme la lengua para no preguntar porque le preocupa que esté hasta tarde en el jacuzzi cuando ella no pasaba la mayoría de las noches en casa, pero me detuve. Sí, buenas obras. Gracias por la pizza. Amontono mis dos trozos y corro escaleras abajo antes de que mamá comience a hacer más preguntas. Tal vez me gusta su nuevo horario. Luego de ponerme rápidamente mi traje de baño, agarrar una soda y quitar el cobertor del jacuzzi, me deslizo dentro del agua casi hirviendo. Mejor. Siento que prácticamente estoy viviendo en el jacuzzi estos días, lo cual es bueno. El aire frío me roza la cara, pero el calor me mantiene caliente. Las estrellas son increíbles esta noche; puntitos de luz en un cielo negro. Sigo esperando ver la aurora boreal pero quizá no está suficientemente frío. Cierro los ojos y trato de no escuchar el ruido de la batería que viene de la cabaña de Bishop. Trato de no imaginarme cuan inspirado puede estar mientras se encuentra tocando. Trato de no pensar en lo genial que sería si estuviese tocando para mí, o como se sienten las rubias cuando él toca para ellas, Pero luego se detiene. Trato de no darme cuenta de eso tampoco. Mi cuerpo flota y yo lo dejo. Dejo que mi cuerpo flote en el centro del gran jacuzzi. Hola. La voz de Bishop suena cerca. No salto. No me muevo. No abro los ojos. No quiero hacer nada para demostrarle lo feliz que estoy de que este aquí, porque debería estar más molesta que aliviada. Pero no es así. ¿Qué quieres? ¿Porque estás tan molesta? pregunta.

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¿Quieres una lista o solo quieres agradecerme por no delatarte con tu niñera? No es mi… Pero luego se detiene. Eso es lo que pensé. Levanto la comisura de mi boca pero mantengo los ojos cerrados. No quiero mirar sus ojos café. No quiero mirar al chico que tuvo sus labios en los míos, y al que rechacé. No creo tener las agallas para decirle lo de Mitch cuando ya ni siquiera importa, porque Bishop ya tiene a otra. ¿Dónde está tu novia? Incluso logro esconder la molestia en mi voz y trato de sonar aburrida. No es mi novia, para nada. Finalmente me siento y abro los ojos, tratando de ignorar su muy agradable forma en la tenue luz del pórtico, y levanto una ceja. Está bien. Digo… Deja caer su cabeza por un segundo antes de que sus ojos encuentren los míos. Demonios, Penny. ¿Porque eres tan dura conmigo? No hay manera de que lo deje darle la vuelta a esto. No lo soy, solo hice una pregunta bastante simple. Su expresión decae mientras nos miramos el uno al otro. Lo arruiné. Estaba molesto y solo, así que la llamé. Correcto. Ahora es cuando debo decirle que se vaya. En cambio, cierro los ojos y otra vez me relajo en el jacuzzi, reposando la cabeza en la orilla. Si quiere tomarlo como un “jódete” puede hacerlo. Si no, puede seguir enterrándose él mismo en un hoyo. Yo no… no llegamos muy lejos. Prácticamente me di la vuelta y regresé. Prácticamente. Me pregunto qué pasó durante ese “momento”. Odio que duela pensar en ello, y odio lo feliz que me hace que él esté aquí hablándome, porque es peligroso querer a alguien de este modo. Mitch lo demostró. Y Bishop también lo hizo anoche. Da igual. No es como si pudiera tener ningún derecho sobre ti. Toma un profundo respiro. Tú puedes. Yo puedo. ¿Puedo tener un derecho sobre él? ¿Esto significa que es lo que él quiere? ¿Está tratando de seguir adelante, otra vez? No me muevo, pero abro los ojos. Maldición, no está jugando limpio… al lucir vulnerable otra vez. Pero tengo muchas preguntas como para dejarlo pasar. No debería importar. No debería preocuparme. Así que, ¿solo saliste con ella el tiempo suficiente para echar un polvo? Cierro los ojos y me hundo de nuevo, tratando de parecer desinteresada cundo en realidad, estoy conteniendo la respiración a la espera de su respuesta.

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Está tan silencioso que debe haberse congelado. No me acosté con ella, pero me besó. ¿Querías que lo hiciera? Mi corazón late con fuerza en mi pecho, haciendo que su batería perezca un juguete de niños. No debo reaccionar así. No. Y ella se ha ido. A su casa. Digo, como que le regresé el beso… ¿Así que no cuenta o algo así? Juro que los chicos tienen una excusa para cada cosa estúpida que hacen. Se pasa otra vez el dedo por el aro que tiene en la boca. Maldición, no lo sé. ¿Cuenta? Dejo que el silencio permanezca entre nosotros por un momento. Depende de cómo te sientas al respecto, supongo. La envié a su casa. Su voz es tranquila. Estoy aquí a tu lado. Así es como me sentí. Así es como me siento. Algo sobre no solo sus palabras sino su tono me hace sentir como si debiera decir algo. La noche… que me besaste, casi dije. La noche que el abuelo tuvo un mal momento y todo eso, yo estaba en la fiesta, y me di cuenta que no le gusto ni le gustaré a Mitch de la manera en que pensé que le gustaba. Es extraño porque las cosas entre nosotros han sido confusas por largo tiempo, aunque yo creía que sabía lo que quería de él. La otra noche contigo… mi cabeza era un desastre y huí. He sido conocido por arruinar a las chicas para los otros chicos. Solo se necesita una de mis miradas con los ojos entrecerrados, y él comienza a reír. Estoy bromeando. Lo siento, Penny. Hay un silencio entre nosotros, como si él estuviera procesándolo y tal vez yo también. Procesando que una chica caliente voló hasta acá para verlo, no tuvo sexo con él y luego se dio la vuelta y se fue. ¿Quién es este tipo? También debería decirte que incluso fui amable y no le pateé el trasero a la novia de Mitch cuando me persiguió. Eso es bueno por tu parte. No tenía idea de que sabías como ejercer el autocontrol. Su sonrisa es inmediata, y en el momento en que nuestros ojos se encuentran, se suaviza, agrupando el calor en mi estómago. Se mueve, pero sus ojos no dejan los míos. Así que… ¿realmente estabas enamorada de él? A pesar del agua caliente, me estremezco ante su mirada. Nunca me sentí así con un hombre solo por mirarme. —No lo sé. Creí que sí, pero tal vez no era así. Hemos estado tan unidos por tanto tiempo que supuse que terminaríamos juntos, y creí que

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me gustaría. Entonces no fue así, y me confundí. Creo que... —dejo que mis palabras se apaguen, mientras mis pensamientos se forman en mi cabeza. Diferentes piezas del rompecabezas encajan en su lugar, y me doy cuenta de una verdad que no conocía. —¿Crees qué? —Se toca el cuello como si estuviera nervioso. —Esto me va a hacer parecer un poco patética, pero creo que era porque no quería que me dejara. Me estaba dejando por ella y... eso me asustó. Ser dejada. —No solo no podía asimilar esta nueva pieza de información, sino que también tenía que admitírselo a Bishop—. Dios, no puedo creer que esté diciendo esto. Parpadea un par de veces como si estuviera absorbiendo lo que acabo de decir. Yo estoy absorbiendo lo que acabo de decir. Antes de que hable, sé que va a decir algo para hacerme saber que lo entiende. —Puedes soportar cualquier cosa. Es una locura lo fuerte que eres. No te dejará, pero si es así, le demostrarás al mundo que no lo necesitas. Nunca he conocido a nadie como tú. —Se frota la cara como si creyera también que ha revelado demasiado. —Bishop... Niega con la cabeza. —¿Podemos no hacerlo? Solo quería que supieras eso, ¿de acuerdo? Sinceramente, no estoy segura de qué decir, así que quizá lo más inteligente sea dejarlo pasar. Sin embargo una parte de mí quiere hacer un millón de preguntas acerca de la chica, y otra parte, solo tiene un millón de preguntas sobre él. —No sé nada de ti, excepto que no eres nada malo con una moto de nieve, que puedes tocar la batería como ninguno, y que ves más cosas en mí que personas que he conocido de toda la vida. ¿Quieres hacerme saber algo más? Se pasa la mano por el pelo y baja la mirada, con el ceño fruncido. —Me están pasando muchas cosas, pero cuando estamos juntos, me haces olvidarlas. ¿Estoy halagada? ¿Me siento utilizada? ¿Más insegura de lo que debería estar? —No me has contestado. —Lo sé —suspira—. Estoy aquí porque tengo que hacerlo, pero no lo cambiaría por nada. ¿Eso es suficiente por ahora? —Puede ser. Supongo. —Me siento en el borde, necesitando refrescarme después de estar bajo el agua durante mucho tiempo. El vapor se eleva de mi cuerpo, y lo veo mirar mis movimientos. No hay modo de que no esté observándome. Bueno. Tengo que olvidarme de la chica que estuvo con él, porque no necesito pensar más. Estoy lista para simplemente ser—. Si soy tan buena para ti, entonces desnúdate y trae tu culo aquí.

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—Sí, señora. —Su rostro se relaja lo suficiente como para darme una sonrisa sexy. Es la primera vez que está de acuerdo. Supongo que estamos bien. O tal vez solo de regreso a donde nos encontrábamos antes del beso, y la rubia de California. Lo miro abiertamente. Los bateristas son ardientes. Está marcado en todos los lugares correctos. Y en unos minutos se queda en bóxers. Costados estrechos. Grandes brazos. Hombros impresionantes. Abdominales perfectos, y para nada piernas de pollo. El tatuaje en el lado es unas baquetas, formando una gran “X”. Realmente debe gustarle la batería. —Maldita sea, hace frío. —Se mete al agua, sentándose frente a mí, y yo sigo observando, dejando que el vapor salga flotando de mi cuerpo—. ¿Qué estás mirando, Penny? —Oh, por favor. Como si tú no me hubieras mirado cuando salí. — Me meto de nuevo en el agua—. Me gusta tu tatuaje. —Y podría estar pensando en tocarte. —Gracias. —Hombre de pocas palabras. —Le empujo la pantorrilla con el pie, solo para tocarlo. —Chica de muchas observaciones sabelotodo. —Se inclina hacia atrás hasta que su pelo está mojado. Lo miro y sé que el único otro chico que he querido en mis manos era Mitch. Si Bishop me besara en este momento, sin duda lo besaría. No hay manera de acercarse más sin que sea obvio. Y tal vez debería ser obvia. Mostrarle que estoy de acuerdo con eso. Pero a lo mejor soy muy mala para esto de ser una chica, y no soy alguien con la que él quiera tener algo. Sin embargo, no puedo quedarme aquí en silencio con él. No, si no nos estamos besando. —He querido un tatuaje desde que cumplí los dieciocho años. Justo antes de navidad. —Quiero tocar el suyo, pero no estoy seguro de dónde estamos, aunque me gustaría estar en su regazo, así que mantengo las manos quietas. —Hazlo... Deja que te lleve a conseguir uno, Penny Jones. Al pensar en ello, la emoción me invade rápidamente. —¿Qué, ahora? —Estoy seguro de que conoces un salón de tatuajes de por aquí. Tal vez alguien que lo haga de forma gratuita o por un descuento Penny o algo así —bromea. En pocas palabras, todo su rostro ha cambiado. La forma de su postura, a pesar de estar bajo el agua, es diferente. —Estás más relajado. —Las palabras salen apenas.

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Asiente y su rostro se pone más serio que hace un momento. —Un poco... quiero estarlo. —Todavía no sé lo que soy. —Espero que diga algo profundo. Algo que ponga toda esta basura en perspectiva. Me da un guiño, sonríe y se desliza más abajo en el agua. —Eres una chica que va a conseguir un tatuaje conmigo. Me río y me hundo tanto como él, dejando que mi barbilla toque la superficie. Saco los pies para apoyarlos a los lados de la bañera junto a Bishop. Parte de mí siente curiosidad por ver si va a tocarme mientras estoy allí. Su mirada se desplaza hasta las pantorrillas como yo esperaba, y luego arruga la frente. —Maldita sea, Penny. —¿Qué? —Tienes una contusión horrible en la rodilla. Saco la pierna del agua y sus dedos se apoyan en el borde de la masa púrpura, causándole estremecimientos a mi cuerpo. Mierda, tocar a un chico nunca se ha sentido tan bien, y eso es decir mucho teniendo en cuenta que me encuentro rodeada de ellos. ¿Con qué más puedo salirme con la mía? —Mira mi costado. —Me levanto y me volteo para que vea el moretón azul, morado y amarillo en la parte superior de la cadera. Debo bajar un poco la pieza inferior para que pueda verlo—. Eso fue cortesía de Chomps. Bishop recorre con sus dedos el borde de mi moretón. Mi respiración se detiene. El calor de mi cuerpo sube a un millón. No hablo. Se aclara la garganta dos veces antes de hablar. —¿Alguno más? Descanso mi pie en el asiento junto a él para mostrar el interior de mi muslo, donde quedé atrapada en el borde de la meta. Mi cuerpo se siente débil mientras sus dedos pasan desde la rodilla hasta mi muslo. Sus ojos siguen el rastro, y mi pierna tiembla por su contacto. —Penny —grita mamá. Salto, Bishop retira las manos de inmediato, y los dos exhalamos al mismo tiempo. Ella se apoya en la ventana del segundo piso. Su voz tiene esa alegría forzada que dice soy la mamá amigable con los amigos de mi hija, pero sé que no está contenta con las manos de Bishop sobre mí. —¿Sí? —digo con una dulzura igualmente forzada mientras doy un paso atrás y me siento, mucho más lejos de Bishop de lo que quisiera.

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—No tardes. Sacudo la mano y le sonrío para hacerle cerrar la ventana y que me deje en paz. —Nunca está aquí, y ahora trata de ser como la súpermamá o algo así. —Bishop traga, mirándome del mismo modo en que lo hizo cuando me tocó la pierna—. Supongo que hasta aquí llega nuestra noche. Espero que no quiera que sea el final de nuestra noche, porque sin duda yo desearía que no lo fuera. Me levanto y salgo antes de hacer alguna otra cosa muy estúpida, como darle un beso. —¿Está bien si me quedo un tiempo más? —pregunta—. No creo estar lo suficientemente caliente como para evitar que mis bolas se congelen cuando salga de aquí. Señalo a la cubierta sin mirarlo porque me hace quererlo mucho. —Solo pon el toldo. —Puedo hacer eso. Una vez más, nos miramos, queriendo decir mil cosas, pero sin hacer nada. Envuelvo la toalla a mi alrededor y me pongo los zapatos. Será mejor que me vaya de aquí antes de que haga algo muy estúpido, o terminemos en una maraña en la bañera de hidromasaje en frente de mi extraña-actual madre. —Te veré mañana por lo del tatuaje, a menos que te escapes. —Voy a estar aquí. —Se voltea pero luego se detiene y me mira—. ¿Y Penny? Lo siento... por todo. Sí. Yo también. *** Tenía la esperanza de entrar a la cama sin otro enfrentamiento. Por desgracia, mamá tiene una idea diferente. Se cruza de brazos mientras se inclina contra la puerta de mi habitación. —¿Sí? —Agarro mi toalla con firmeza al tiempo que la rodeo para cambiarme mi traje de baño. —No estoy segura de sentirme cómoda contigo en el jacuzzi con un chico. Resoplo. —Mamá. Nunca he estado en el jacuzzi sin un chico, a menos que estuviera sola. Suspira, y yo recojo ropa interior y un pijama limpio, ya que quiero bañarme antes de ir a la cama.

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Está frotándose la frente y tiene el ceño fruncido cuando por fin encuentra más palabras. —Pero sé que son tus compañeros de equipo, Penny. Es diferente. —Tú invitaste a Bishop y a Gary para que se quedaran aquí y me dijiste que fuera amable. —Amplío los ojos, desafiándola a que me contradiga. En vez de pelear, se detiene por un momento. —¿Qué sabes de Bishop? —La forma en que lo dice me hace pensar que sabe mucho más de lo que me ha dicho. Me muero de ganas por preguntarle, pero no quiero admitir que casi no sé nada de él, excepto la forma en que me hace sentir—. Bishop Ripe, California. Chico mimado y hosco que cree que puede trabajar con los coches, y cree que puede andar en las motos de nieve… —¿Lo llevaste a montar motos? —Levanta las cejas—. Penny. No es seguro que los clientes hagan eso. —Mamá. Relájate. —Me siento en la cama, sintiéndome estúpida por no pensar siquiera en eso—. Es un amigo, eso es todo. No estaba pensando, ¿de acuerdo? —A veces detesto el negocio de alquiler de cabañas, pero eso trae un poco de dinero en efectivo, lo cual está bien. Y tiene razón. Una demanda por un brazo roto, probablemente podría destruirnos. —Los amigos no se tocan como lo hacían ustedes. —Aprieta fuertemente la mandíbula—. No veo a los chicos del equipo haciendo eso. No puedo responderle, porque tendría que pensar en las cosas que no quiero pensar en estos momentos. —Nunca estás aquí, mamá. ¿Qué está pasando? Suspira y juro que se ve culpable de nuevo, luego mira al suelo, pero no habla. —Está bien. —Paso por delante de ella para irme a la ducha—. Puedes meterte en mi vida, pero yo no puedo en la tuya. —Penny —dice, su voz tiene un tono rogativo, pero seguiré así hasta que ella empiece a hablar, lo cual puedo decir que no pasará—. Sabes que eso no es justo. Sigo tan saturado de todo lo que he sentido en los últimos días que ya me he quedado sin paciencia. —Tienes razón. —La ira fluye a través de mí al tiempo que me acerco—. No es justo que me haya perdido las dos últimas fiestas del equipo, porque has estado trabajando y el abuelo tuvo momentos difíciles. No es justo que me dijeras que fuera amable con las personas que se quedan aquí y ahora estés molesta por ello. No es justo que cuando me sentí completamente rechazada por Mitch, mi madre no estuviera allí para hablar conmigo. Queda boquiabierta. —Cariño... Lo siento mucho, yo…

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—Ya he terminado. —Camino hacia mi cuarto de baño—. Buenas noches. Encerrarme no soluciona nada pero necesito escapar, y ahora, eso es suficiente. ¿Por qué en lugar de esto, el hecho de que Bishop tocara mi moretón no podía ser lo último que me ocurriera antes de irme a dormir?

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15 Traducido por Jess Rowe♡ & yure8 Corregido por Momby Merlos

Bishop —¿Sabes que estoy orgulloso de estar aquí contigo? —Gary se recuesta sobre el sofá mientras yo me muevo nerviosamente a un lado de él. —¿Por qué estarías orgulloso por eso? —Odio que debamos estar aquí, pero me honra ayudarte a pasar por esto. Al igual que estuve orgulloso de Troy o cuando me gradué. Ah. Veo a dónde se dirige con esto. Abro la boca y casi le digo que esto es estúpido. Todas estas pláticas son lamentables, pero no se lo digo. —Estoy orgulloso de cómo toco la batería… de trabajar con el abuelo, de ser amigo de Penny, y de cuidar de mi madre. —Lo que no puedo hacer si estoy muerto… —Eso es bueno. Debes estar orgulloso de esas cosas. Cuidas bien de ella. Don me habló un poco acerca de eso. Se erizan los vellos de mi nuca, pero hago tronar mis nudillos y trato de dejarlo pasar. Tiene sentido que todos parecieran saber que mi padre es un idiota. Que hay una orden de restricción y dinero secreto involucrado para que él nos deje en paz. —Ella siempre está cuidando de mí, es lo menos que puedo hacer. Gary asiente y continúa hablando. Primero que nada, discutimos sobre mi ansiedad, un poco sobre cómo me siento y qué tan a menudo me sucede. Estoy seguro de que él piensa que se debe a mi padre, pero yo no. No creo… Es una lucha hacer que salgan las respuestas, pero me las arreglo. Él tenía razón. Esta plática es más que árboles y aire fresco. Pero… mi instinto no coopera y siento como si me ahogara con toneladas de peso. Cuando se acaba la hora, me paro en la puerta. —Saldré con Penny por un rato. Asiente. —Conoces las reglas.

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—Sí. Apenas salgo, la voz de Gary me detiene. —Oye, el consejero de Troy le dijo que debería tratar de hacer algo de lo que esté orgulloso, todos los días. Puede ser algo pequeño, como abrirle la puerta a alguien o hacerle un favor a una persona. Y cuando lo hagas, déjate deleitarte en ello. Felicítate a ti mismo. ¿Crees que puedes hacerlo? Mi puño se aprieta en el picaporte. Después de lo sucedido con Maryanne, no estoy seguro de merecerlo. —No lo sé. *** Veo a Penny mientras ella camina junto a la pared, mirando los diseños de tatuaje por millonésima vez. No me estoy sintiendo ansioso. No quiero apresurarla porque me gusta mirarla. Se mueve con fluidez, y sé que no es algo que debería notar, o algo que debería haber notado antes, pero me recuerda a la forma en que patina, o monta las motos de nieve, diablos, la manera en que hace cualquier cosa. Todos los movimientos fluidos, pero con una perfección practicada que sé que es automática. El chico de los tatuajes también lo ve. Quiero romperle la nariz. —Eres demasiado lenta. —Me detengo a su lado. Cuando mis manos empiezan a temblar esta vez, no es por la ansiedad, sino porque quiero tocarla. No habíamos hablado nada más acerca del beso, o del chico enamorado, cuya nariz de repente quiero romper, pero eso no me detiene de poner mis manos en sus hombros, pretendiendo que lo hago para masajearle los músculos, cuando solamente quiero sentir su piel contra la mía. Se estremece. Joder, esta chica me afecta. Anoche dijo que me veo más relajado, y aunque todavía siento como si un peso me jalara hacia abajo, sí me siento más liviano cuando estoy con ella. Quiero aferrarme a esa sensación incluso cuando sé que todo lo demás continúa ahí, amenazando con llevarme hacia abajo. Mierda, se presentó Maryanne, tomé un par de pastillas y no bebí. Eso tiene que contar para algo. Ese no es el tipo de cosa de lo que quiero estar orgulloso. Tal vez mi plática de anoche con Penny podría serlo. Creo que tal vez la ayudé. Ella confió en mí para hablar y eso significa algo. —Esta es una decisión seria, Ripe. Si quieres verme tatuada, debes aprender a tener un poco de paciencia. —Se da la vuelta, lo que hace que mis manos caigan de ella.

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—No me llames así —se escapa de mi boca. Ella me mira como si estuviera tratando de descifrarme, y muevo la cabeza, esperando que no pueda hacerlo. Eso me hace sentir como un idiota. Pero no estoy seguro de sí le gustará lo que podría ver. De repente, no estoy seguro si me gusta lo que yo veo. —Es tu nombre. —Me da un codazo. —Mi nombre es Bishop. —Y después, porque quiero besarla, o porque necesito un poco de espacio, debido a que la forma en la que estoy actuando empieza a asustarme, doy un paso lejos de ella—: ¿Qué tal una flor? Se supone que a las chicas les gustan las flores, ¿verdad? — Tal como lo supe, me lanza una mirada severa. —Voy a pretender que no dijiste eso. —Se cruza de brazos y me empuja con la cadera, y aunque pensé que quería espacio, la alcanzo y la tomo por la cintura. Ella inhala jadeante antes de decir—: Te estás poniendo muy afectuoso, Bishop. No recuerdo decirte que podías tocarme. Se libera otra tonelada de peso y se hunde lejos. Inclinándome cerca, rozo su mejilla con la mía. —Si no quieres que lo haga, dime que me detenga. —Ella todavía huele a vainilla y también a su auto. ¿Quién podría haber pensado que podía oler tan sexy? Y me encanta cómo, a pesar de ser alta y a pesar de ser una maldita jugadora de Hockey, su cuerpo se siente frágil bajo mis manos. —Eres arrogante. —Se aleja de mí y comienza a mirar las paredes nuevamente. Mira los mismos diseños una y otra vez—. No veo nada. No voy a marcarme la piel a menos que sea algo increíble. —¿Tratas de huir de ello? —Esta vez, soy yo quien le sonríe. —No, tengo mis normas. Auch. No estoy seguro de si eso va directamente dirigido a mí o no, así que lo ignoro. —Lo entiendo. Por eso yo solo me hice uno hasta ahora. Amo tatuarme, pero no voy a poner algo en mi cuerpo de lo que no sé si querré por siempre. Como mis baquetas, sin importar que pase, sé que la música siempre será una parte de mí… hasta ahora, es de lo único de la que estoy seguro. —Me encojo de hombros. Tal vez estoy siendo muy obvio y digo demasiado, pero es la verdad. —Tienes problemas de confianza, ¿no es así? Riendo, niego con la cabeza. —¿Cómo dedujiste eso solamente con lo que acabo de decir? —Pero tiene razón. No necesito contestarle porque los dos sabemos que es verdad—. Ahora, date prisa. Si no te decides, no vamos a tener tiempo de hacer esto, y después voy a creer que lo hiciste a propósito porque estás… —De nuevo, me inclino cerca, así mi boca está al lado de su oreja—… asustada. Me empuja otra vez, y casi caigo encima de una silla, pero estoy riendo muy fuerte como para que me importe.

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*** —¿Estás segura de que quieres uno ahí? —pregunté—. Eso duele muchísimo. Ella eligió el diseño de una pluma que se está rompiendo y que se extiende como pequeñas aves en sus costillas. Penny salta sobre la mesa acolchada y pone los ojos en blanco. —Me patean el trasero en la pista de hielo todos los días. Creo que puedo soportarlo. —Después mira al tatuador—. Se aproxima un juego, así que no puedo dejar que sea demasiado grande. No quiero que me moleste en el hielo. —Seguro. Lo disminuiré, así tendrá unos cuantos centímetros. —Lo hace y regresa para mostrárselo. Ella tiene que levantar su camisa para que él coloque el diseño sobre sus costillas—. ¿Así? —le pregunta. Creo que voy a disfrutar de la vista. —Si te pasas de listo, te romperé el dedo. Demonios, sí. Esa es mi chica. Observo al chico de los tatuajes y le doy una mirada arrogante. Él únicamente pone los ojos en blanco. Ella está recostada ahora sobre su lado izquierdo, por lo que me enfrenta. Su camiseta apenas cubre sus pechos. He visto su estómago antes… he visto un montón, pero no puedo evitar admirar la curva en su cintura. La firmeza de su estómago. Y sí... quiero tocarla. Quiero tocarla tanto que me duelen los dedos. —¿Estás preparada para esto? ¿Para que una aguja perfore tu piel miles de veces, sobre cada una de tus costillas? —Guau. Pareces súper traumatizado. ¿Lloraste cuándo te hiciste los tuyos, Bishop? —La aguja hace el primer contacto con su piel al tiempo que se burla de mí, pero estoy bastante seguro de que está muy ocupada lanzándome mierda como para darse cuenta. Esto es lo que quería. Solo hay un pequeño estremecimiento antes de que añada—: Apuesto a que sí. Apuesto a que lloraste como un bebé. —Siempre hablando estupideces. No puedes creer que una chica es más fuerte que yo, ¿no? —Es muy divertido burlarme a costa de ella. Y no bromeaba cuando dije que los tatuajes a un costado duelen. No es que no piense que ella no pueda soportarlo, porque estoy bastante seguro de que puede soportar cualquier cosa, pero ojalá la distracción ayude. Me siento en una silla, poniendo mi mirada al mismo nivel que la suya, mientras ella sigue recostada en la mesa. Su piel está hinchada y roja mientras la aguja se hunde en su piel, pero lo lleva muy bien. Se mantiene quieta y no se inmuta. —Así que, cuéntame acerca de esta cosa del hockey. ¿Cómo conseguiste entrar?

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—Mi padre jugaba. Únicamente en equipos locales, organizando juegos. Aquí lo llaman el Viejo del Hockey. Él ha estado en la pista desde la secundaria. Era lo que hacíamos juntos. Eso, y todos los chicos me dijeron que nunca lo lograría. Así que, tú sabes, tuve que hacerlo. Y cuando salí a probarles que se equivocaban, me enamoré de ello. — Inhala profundamente mientras el chico toma un pequeño descanso, inclinándose hacia atrás y estirando sus hombros y cuello—. Y, ¿qué hay de ti? ¿Qué te hizo empezar con la música? Miro al chico de los tatuajes. Él no nos está prestando atención. Estoy casi cien por ciento seguro que no me reconoce, y si lo hace, no lo está diciendo. Jugueteo con el arete en mi labio por un minuto, tratando de encontrar una buena respuesta. Este es un territorio peligroso. Trato de decidir qué decir, y eso apesta porque realmente quiero hablarle sobre eso. Significa hablar de mi imbécil padre, pero puedo lidiar con ello. —¿Pregunta difícil? —Hay un poco de acusación en su voz. Penny no es estúpida. Sabe que hay algo más. —Nos mudábamos un montón cuando era un niño. Mi padre era un completo idiota. Abusó de mi mamá y esa mierda. Junta las cejas mientras lo procesa. —Oh, Dios mío. Lo siento. Niego con la cabeza, algo sorprendido de estar diciéndole esto. —Fue hace mucho tiempo. Sin embargo, ella fue inteligente. Lo dejó y nunca miró atrás, pero él era un hijo de puta y tuvo que seguirla. Nos mudamos a otro sitio. Ella consiguió un trabajo, y unos meses después, él apareció. Las órdenes de restricción no hacen una mierda, por cierto. — Lo único que funcionó fue el dinero, pero el pedazo de papel lo hace legal—. Así que sí, no mudamos un montón. Nunca tuvo mucho… La culpa comenzó a surgir dentro de mí de nuevo, ese peso que sentía tratando de alcanzarme. Mamá siempre cuidó de mí. Sin importar lo difícil que fue, ella me cuidaba, y yo estoy haciendo un trabajo de mierda en devolverle el favor. —¿Te perdí, chico de la batería? Sus palabras me traen de regreso a la superficie. —Hombre de la Batería. —Le guiño—. Así que sí, uno de los trabajos de camarera que ella tenía se encontraba justo a un lado de una tienda de música. Yo tenía como diez años. Cuando ella trabajaba, yo iba al lado y pasaba tiempo con el dueño. Él era genial conmigo. Tocaba la batería, y me enseñó algunas cosas. Negocié horas de trabajar ilegalmente con él a cambio de lecciones. Estuvimos ahí seis meses. Me enfadé muchísimo cuando nos mudamos, pero como digo, fue genial y él me dio una vieja batería. Después, continué tocando siempre. Aprendí a tocar la guitarra también, pero siempre seré un baterista. —Encogiéndome de hombros, intento restarle importancia. No hago todo eso de desnudar mi alma.

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La tinta empieza a tomar forma genialmente. Es un contraste, la tinta negra y la piel roja, contra la que suele ser pálida. Nunca supe lo sexy que podría ser ver a una chica hacerse un tatuaje. O tal vez, solamente es sexy mirarla a ella. No estoy seguro. Ha estado en silencio durante un minuto, por lo que la miro, preguntándome si el dolor le está afectando o qué, pero no es así. Ella también está mirándome. No, dentro de mí, y en realidad me asustan las respuestas que encontrará. Nada me asusta. Ni el idiota de mi padre, ni haber despertado en el hospital, pero esta locura sí lo hace. —¿Qué? Se muerde el labio y luego dice—: Una vez tuve una muy mala noche con mi abuelo. Un tipo caliente y arrogante que piensa que es mejor que yo en una moto de nieve, me confundió al mostrarme que es más de lo que creía cuando ayudó. Y luego me besó... como el mejor maldito beso, pero lo aparté. Estoy tratando de averiguar lo que está diciendo. Centrándome en el hecho de que piensa que soy más y con la esperanza de que lo soy realmente. De repente, no quiero ser el tipo que toma una pastilla cada pocos días. Respira.

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Respiro. —No debería haberlo hecho. Apartarlo, quiero decir. Ojalá no lo hubiera hecho. El calor corre a lo largo de mi cuerpo. Maldita sea, me gusta esta chica. Me gusta mucho. Ojalá no estuviéramos en la sala de tatuajes en estos momentos. Froto mi dedo contra su estómago, observando la piel de gallina extendiéndose por su piel. —No te preocupes. Tendrás la oportunidad de recompensarte. Él tiene planes de volver a hacerlo. *** Cierro la puerta de la cabaña detrás de mí. Acabamos de volver a casa desde la tienda de tatuajes, y le dejé pasar al interior mientras corrí hacia Gary y le di mi registro. Ella brinca un poco y me mira, deslizando su mano sobre el bombo. Por lo general, me molesta cuando alguien toca mi batería, pero esta vez, no es así. —Toca algo para mí. —Me sonríe. Normalmente odio esto, estar expuesto cuando alguien me pide que toque. Si ocurre naturalmente, es diferente, pero me gusta la idea de que ella me viera así. Es increíble en todo lo que hace, y la batería es una de las pocas cosas que tengo. En lo que soy bueno, y sí, quiero demostrárselo.


—¿Seguro que puedes manejarlo? No quiero que estés celosa porque soy muy bueno. Además, sé lo difícil que es para las chicas resistirse a un chico de una banda. —Siento miedo. Acabo de cagarla diciendo banda. Por favor, que no se dé cuenta. Finge tener arcadas. —Sí, los niños fumadores de marihuana en un sótano con un par de viejas guitarras de papá es verdaderamente excitante. Oh, no. No sé si podré contenerme. ¡Por favor, Bishop, tómame ahora! —No digas que no te lo advertí. —Encogiéndome de hombros, me saco la chaqueta y la lanzo sobre la mesa antes de sentarme a la batería. Penny se sienta en el sofá enfrente de mí. La habitación es tan pequeña que sé, va a ser fuerte para ella. Solo unos pocos metros nos separan. Cierro los ojos mientras deslizo las baquetas entre mis dedos. Uno, dos, tres, cuatro, y luego golpeo mis baquetas. Voy encontrando el tempo y el ritmo que quiero. Golpeo una y otra vez. Mi corazón coincide con el ritmo. Mis brazos sienten el ardor, pero le doy la bienvenida, siempre es bien recibido este tipo de ardor porque es lo que deseo. No pienso. Nunca lo hago cuando toco fuera del estadio. Solo siento. Mi cuerpo sabe automáticamente qué hacer. El sudor gotea por mis ojos cerrados, pero sigo adelante, porque esto es lo único que tengo para ofrecerle. Cuando por fin abro los ojos, los suyos están cerrados como si estuviera saboreando el ritmo. Mi ritmo. Se siente increíble. Hace que me sienta orgulloso. Tocar se siente mejor que nunca y una parte de mí no quiere volver a parar, pero lo hago. —¿Quieres probar? Abre los ojos. —¿Tienes que preguntar? Dios, es tan jodidamente genial. Me encanta que siempre esté dispuesta a todo. Me levanto para que pueda sentarse en mi lugar detrás de la batería. —Está bien, solo… —Mis palabras son cortadas por el peor sonido que he escuchado—. ¿Qué estás haciendo? Es una ofensa. — Agarro su brazo—. Las personas no se dan cuenta de que es un arte. Deja que el experto te muestre cómo se hace. Pasamos la siguiente hora tocando. Bueno, ella trata de tocar, y yo trato de enseñarle, pero no está saliendo muy bien. Tengo la oportunidad de tocarla mucho, por lo que es una ventaja. Me duele la barriga de tanto reír, y estoy seguro que a ella le pasa lo mismo. Al final, lanza los palos al suelo. —Ya he terminado. La batería apesta, y tú eres un maestro apestoso. —Dime que estás bromeando. Soy Bis… —Bishop Riley. El baterista de Burn. Quién le miente a la chica que le gusta—. ¿Tienes hambre? Te ofrecería pizza o algo así, pero entonces tendría que hacer frente a uno

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de tus admiradores, y no estoy de humor para eso ahora. —Espero que mi guiño le muestre que estoy bromeando. Se levanta y cae al sofá, levantando sus pies en la mesa. —Jamás dejas escapar nada, ¿verdad? —Nop. —Me siento a su lado, con una de mis baquetas en mano. Permanecemos en silencio durante unos minutos. Sigo mirándola, preguntándome en qué está pensando. —Así que... antes me dijiste sobre tu padre. Te puedo decir sobre el mío, si quieres. Mis entrañas de convierten en hielo. No sé por qué, pero sé que esto es importante. Sé que no le gusta hablar de esto, y me siento absolutamente indigno de saber, porque estoy ocultándole tanto. Pero tal vez esta es una manera de decirle. Ella me dirá algo, y luego voy a decirle. Ella lo entenderá, creo. Entender por qué no le dije quién soy realmente. —Quiero saber todo lo que quieras decirme. — Pongo mi brazo a su alrededor y juego con los mechones de su cabello. Se siente incluso mejor que la baqueta en la otra mano. Penny me mira, y toda la fuerza de acero, de algún modo se llena de suavidad. —No es como un gran secreto ni nada. Es solo que no me gusta hablar al respecto. —No tienes que decirme si no quieres. —Pero quiero saber de ella. Quiero saber qué quiere decirme. —¿Conoces mi regla de una cerveza? ¿La razón por la que cuido a los chicos cuando están de fiesta? Un idiota que estaba drogado lo atropelló mientras él iba en su moto cuando yo tenía diez años. Todo dentro de mí explota. Y no en el buen sentido. Ella intenta restarle importancia, pero sé que no es así. Mis entrañas se destrozan. Empiezo a temblar de nuevo. El pánico hierve a fuego lento bajo la superficie. Que no lo note. Por favor, que no que vea que me estoy partiendo en dos. —¿Sí? Ella asiente. —Supongo que tomó un puñado de pastillas para el dolor, seguidas de un par de cervezas, y me dejó sin un padre. Apesta. Es por eso que no bebo y por qué mataría a los chicos, si alguna vez hacen algo más intenso que eso. Por qué les hago darme sus llaves en las fiestas, y por qué odio salir temprano porque no puedo estar allí para asegurarme de que no hacen nada estúpido. Mi boca está tan seca que es difícil hablar. —Lo siento. Y no sé de dónde viene, pero me siento como si fuera yo. Podría haber sido yo. No pensaba ni me preocupaba por nada, salvo quedar en mal estado y luego hacía algo estúpido. La conversación sobre Mitch adquiere un significado completamente nuevo. Su miedo de ser abandonada es debido a alguien como yo.

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Pienso en despertar en el hospital. En las pastillas que he tomado desde que estoy aquí. En las pastillas en mi maldito bolso, y por primera vez, me siento como un drogadicto. Soy un perdedor. Un adicto. Estoy sentado aquí con mi mano en su cabello, sabiendo lo que le sucedió a su padre cuando ella no sabe nada de mí. Me hace sentir como un fracasado. Como si le estuviera defraudando tal como defraudé a mi mamá. —Estás muy callado. ¿Acabo de arruinar totalmente el estado de ánimo o algo así? Trato de olvidarlo, pero estoy partido en dos. Nada de lo que he hecho en mi vida me hace merecer estar aquí con esta chica. Pero nunca he querido tanto estar en algún lugar. —Tenemos que poner la pomada en tu tatuaje. Me olvidé de eso. —Levantándome, trato de olvidar lo que dijo. Trato de cuidarla así tal vez me merezca estar aquí un poco, porque no puedo soportar la idea de no compartir el cuarto con ella. Agarro el tubo y camino hacia atrás. Penny sonríe, después se apoya en el sofá y levanta su camisa. Cuando me siento en la mesa de centro frente a ella, no sé si el temblor de mis manos es porque me siento culpable, porque quiero algo que me quite la tensión, o porque la quiero. —Estás temblando —dice cuando quito el vendaje. Sí, sin duda es en parte debido a ella. —Lo sé. —Es la única respuesta que puedo darle, y entonces unto la pomada. Mi dedo roza su piel, cada vez más alto, justo debajo de su pecho. Tan suave, tan ligero porque no quiero hacerle daño. Ya le estás haciendo daño, ella simplemente no lo sabe. —Se ve increíble. Lo hiciste impresionante hoy. No tienes miedo de nada, ¿verdad? En lugar de responder, dice—: Creí que ibas a besarme otra vez, Bishop. Sé que está mal. No debería hacer esto, pero estoy tan roto por dentro que no puedo negárselo. Nada. Voy a besarla, y voy a empezar a hacer lo correcto. Ya he terminado con esta cosa de las pastillas. He terminado con todo. Me arrodillo en el suelo entre sus piernas, metiendo mis manos en su cabello y luego la beso. Nuestras lenguas se enredan entre sí. Los labios se amoldan. Y podría jurar que con cada toque, ella derrite el hielo en mis venas. Quiero contarle todo. No quiero dejar de besarla.

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—Ni siquiera sabes quién soy. —Mis palabras susurradas son quizá lo más honesto que he dicho desde que nos conocimos—. He metido la pata... jodidamente demasiado. —Es la primera vez que me doy cuenta de exactamente cuánto. Pero ella me tranquiliza con su boca, y la dejo. Se inclina hacia abajo y se tumba en el sofá, y la sigo. Beso su clavícula, detrás de la oreja, antes de subir para saborear sus labios otra vez, sabiendo todo el tiempo que fallé. Nada de lo que podría hacer me haría sentir orgulloso. Por favor, no me dejes arruinar esto.

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16 Traducido por Zöe.. Corregido por Sofí Fullbuster

Penny Sueño con acostarme en los brazos de Bishop. Sueño con él tocando la batería sin camiseta. Sueño con él besándome en el cuello y cómo no puedo acercarme lo suficiente. Y cómo susurra en mi oído que no me preocupe y luego comienza a quitarme las bragas, y lo beso, y nos besamos, y estoy desesperada, y hay un horrible timbre que no se detiene… Me siento y por un momento olvido en dónde me encuentro. Bishop se da la vuelta, atrapa mi mirada, y sonríe. —Nos quedamos dormidos. —Supongo que sí. —Santa. Mierda. Solo una parte era un sueño. Sí nos besamos. Un montón. Y definitivamente hubo un poco de toqueteo debajo de la ropa, porque los lados del chico están tonificados. Y su espalda. Y sus abdominales. Y su pecho. —¿Podrías, por favor, atender tu teléfono? —Se ríe mientras desliza su mano por mi brazo. Mi estómago da un vuelco. Mierda. Es mi alarma de la escuela. Estuve aquí toda la noche. Mamá va a enloquecer. —Me tengo que ir antes de que mamá se dé cuenta que no volví a casa anoche. —Cojo el móvil, y me toma cuatro intentos apagarlo. Bishop medio salta de la cama, pero el aturdimiento en su rostro me dice que no es una persona madrugadora. Y no está usando una camisa, lo que me detiene por un segundo así puedo mirarlo. Todos los sentimientos de mi sueño envían una oleada de calor por mi cuerpo, y extiendo la mano para tocar su costado. Sonríe. Sus manos cubren las mías, y se acerca un paso, tirando de mí a sus brazos. —Me alegro de que te hayas quedado. Dormí muy bien anoche. —Lo dice como si no fuera algo común. Descanso mi mejilla en su pecho desnudo, deseando desde lo más profundo de mí ser no tener que irme. Pero tengo que hacerlo. — Tengo que irme.

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Planta un beso en mi sien antes de liberarme lentamente. Como si me quisiera aquí tanto como yo quiero estar aquí. —Cierto. Tus cosas. —Escanea el pequeño piso en busca de algo que pueda ser mío, pero estoy tan tristemente vestida como cuando nos metimos en la cama juntos. Levanto mi camisa, recordando el tatuaje. —¿Cómo luce? Se arrodilla en el suelo, más despierto de lo que había estado antes. —Caliente. Me río, porque se siente demasiado bien que diga eso. —Tengo que correr. Se acercan las Estatales, y si no tengo una excusa matadora, debo estar en la escuela. Se pone de pie y pasa una mano por mi cabello, provocándome temblores. —No puedo esperar para verte jugar de nuevo. Me encanta que quiera verme jugar. Para los chicos que no juegan al hockey, por lo general, es un desvío, o un factor intimidante o algo así, y los chicos en el equipo… Bueno, obviamente eso no funciona tan bien. Agarro mi abrigo, dejo que Bishop me aplaste en sus brazos otra vez para decir adiós, y salgo silenciosamente por la puerta hacia la oscuridad. Estoy afuera, la puerta se está cerrando, y mis mejillas ya duelen por sonreír tanto. Entonces hay un movimiento en mi casa. Me congelo. De seguro me atraparon. Es demasiado tarde para esconderme, pero luego me detengo y miro. La silueta delineada por la pequeña luz del pórtico no es familiar. Me tenso, pensando que algún imbécil está tratando de entrar a mi casa mientras salgo del pórtico de Bishop. Mamá, en su albornoz y zapatillas, aparece, sonriéndole al hombre. ¿Qué demonios? Hay algunos murmullos bajos, entonces el hombre se inclina hacia adelante, y ella lo besa. Y luego otra vez. Y entonces sus manos están alrededor de mamá, y él la está besando como besé a Bishop anoche. Estoy congelada y temblando. Mi estómago da un vuelco. Su mano peina su cabello hacia atrás. Con cada gesto, mi enojo se eleva. ¡Mamá ni siquiera me dijo que estaba saliendo! Esta es la casa de los padres de mi padre. Y la cama de mi padre. ¡Y mi madre! El hombre se vuelve hacia un coche que me resulta familiar. ¿Ben?

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Trato de aspirar una bocanada de aire, pero no creo que funcione, porque me siento mareada, como si no consiguiera suficiente aire. ¡Papá conocía a este tipo! ¡Yo conozco a este tipo! Y ella mintió. Me mintió a mí. Eso es todo. Debo salir de aquí. Me dirijo hacia mi camioneta. Y entonces me doy cuenta que mamá y Ben son en realidad mi escape perfecto desde el pórtico de Bishop. Todo lo que tengo que hacer es llegar a mi auto. Doy un paso en la nieve. —¿Penny? —exclama mamá con voz temblorosa—. ¿Qué estás haciendo? La ira corre a través de mí tan de repente que no pienso. —Te lo contestaré cuando me digas ¿qué jodidos hiciste anoche? ¿O acabo de contestarme a mí misma con la pregunta? —Muy bien. Tal vez no fue el mejor movimiento, cuando incluso yo sé que tal vez quedarme en la casa de Bishop no fue la mejor idea. Y tal vez dejar caer la bomba con j también fue estúpido, y quizá era demasiado pronto en la conversación para un contraataque cuando debería estar caminando hacia ella para explicarme. La puerta se abre detrás de mí para mostrar a un Bishop con los ojos muy abiertos. Lamentablemente usando una camisa. —Penny. Por favor. Esto no es… —Mamá ve a Bishop, y su rostro pasa de conmocionado a enojado. Estamos lejos de las explicaciones en este momento. Y de todas formas, estoy mucho más cerca de mi camioneta que de ella. No es como si las cabañas estuvieran situadas justo debajo de la casa. Y yo estoy junto a Bishop. —¡Penny! ¡Pasar la noche allí es totalmente inaceptable! —grita y mira entre nosotros. No puedo creer que crea que está mejor que yo en esta situación. No puedo creer que me haya estado mintiendo. —¿En serio vamos a ir allí ahora? La mirada de Ben pasa de mí a mamá y de nuevo a mí. Está a punto de ser arrastrado en un lío porque tanto mamá como yo vamos demasiado lejos cuando nos enojamos. Y sin duda las dos estamos enojadas. —Lo siento, señorita Jones. —La voz de Bishop es de disculpas—. Estábamos viendo una película y nos dormimos. No quise… Mamá levanta la mano. —Necesito hablar con mi hija. Creo que ser agradable no va a funcionar hoy. —Bueno, estoy malditamente segura de que no necesito hablar contigo. —Corro hacia mi camioneta. —¡Penny! —grita mamá.

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—Déjala ir —dice Ben. Como si tuviera voz en todo esto. Solo que, más ó menos estoy esperando que tome su consejo, a pesar que sé que no lo hará. —Mamá. En serio. —Me vuelvo para mirarla—. Nunca escondí que pasaba tiempo con Bishop, algo que sabrías si alguna vez estuvieras aquí. ¡Y por alguna loca razón, sentiste la necesidad de escabullirte por ahí con un hombre cuando eres una adulta! Anoche ni siquiera notaste mi ausencia porque estabas demasiado distraída. ¡No puedo creer que lo hayas invitado aquí cuando no me has dicho acerca de él! ¡Te estás ocultando más que yo! Sabes cómo odio que me mientan. Mamá comienza a caminar hacia mí, la ira fue abandonando su rostro, pero cada célula de mi cuerpo está tensa, por lo que ahora no es el momento de que hablemos. Llego a la puerta del lado del conductor y estoy a punto de llorar. Las emociones se arremolinan en mi cabeza. Parpadeo un par de veces, como si no consiguiera el aire suficiente y estuviera a punto de desmayarme. Está bien. Respira. ¿De acuerdo? Como lo hacía Bishop. Puedo intentarlo. Adentro. Afuera. Adentro. Afuera. Esta vez mis dedos enganchan la manija de la puerta. ¿Por qué estoy reaccionando de esta manera? Mamá no ha estado aquí. Yo he estado aquí. Yo me he perdido fiestas. No he tenido más que locuras con Mitch y Rebecca, y Bishop, y ahora es como si ella estuviera eligiendo a Ben sobre mí, sobre el abuelo… Nos ha dejado solos por Ben. Me dejó. ¿Cómo pudo pensar que no era algo que me podía contar? Necesité la ayuda de Bishop para meter al abuelo en la cama, ¿y mamá llega con un hombre? Y ahora se enoja porque estoy haciendo lo mismo. Pero probablemente no es lo mismo, porque Bishop y yo no tuvimos sexo. Contengo un grito. Trato de tomar otra bocanada de aire cuando recuerdo que esta mierda de la respiración no funciona. Estampo mi puño en el panel de la puerta tan fuerte como puedo, enviando una satisfactoria ola de dolor a través de mis nudillos, por mi brazo y el sonido es casi como un disparo. —¡Penny! —grita mamá; nada más que enojo y desaprobación en su voz, pero tiene puesta sus zapatillas y tropieza a través de la nieve desigual. Puedo salir de aquí antes de que me alcance. Es fácil.

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—¡No empieces con Penny! ¡Una pequeña advertencia hubiera sido agradable! —Abro la puerta de un tirón y la cierro de golpe detrás de mí. —¡Penny! ¡Espera! —Bishop corre hacia la puerta del pasajero y salta dentro con los brazos cargados de cosas justo cuando mamá alcanza mi camioneta, y justo antes de poner a Bitty en reversa y salir pitando de la calzada. No puedo respirar bien, y estoy agarrando el volante con todo lo que tengo. Hay sangre corriendo por mis nudillos, pero el daño no fue suficiente. No para bloquear el lío en mi cabeza. Bishop permanece en silencio mientras voy rápidamente hacia la escuela. Esta solo a quince kilómetros más o menos, pero el camino es ventoso aquí. Bitty se desliza lateralmente en una curva pronunciada, y Bishop ni siquiera toma una bocanada de aire. —¿Qué demonios estás haciendo aquí? —pregunto. —Me aseguro de que no tengas un accidente de camino a la escuela. Estoy segura de que quiere que reaccione, pero no lo hago. Sin embargo mi pecho se siente diferente. Como si tal vez fuera capaz de respirar. —Cuida el volante. Tus huellas tal vez nunca vuelvan a salir. —Se ríe, pero sus ojos están lo suficientemente abiertos como para saber que está preocupado por mí. Tratando de distraerme como ayer cuando me hice el tatuaje. Mi mañana se estrella contra mí, y mi pecho se siente vacío. —Ella no… quiero decir, ella nunca me dijo nada. Nunca. Y no sé si he estado lidiando con todo el trabajo extra en casa porque necesita trabajar o por Ben. Y no me importaría que lo estuviera viendo si me hubiera dicho la jodida verdad. Bishop permanece en silencio por un momento. —Lo siento. Respiro profundamente, tratando de apaciguar mi corazón. —Por favor. Deberías estar diciéndome que no es un gran problema. Si no me importa que esté viendo al tipo, ¿cuál es el problema? —Pero sí importa, porque mamá y yo solíamos hablar, y no estoy segura de qué cambió. Apoya su mano en mi pierna. —No necesito decirte cosas que ya sabes. Te escondió algo enorme. Eso no está bien. —Su rostro cae por un momento antes de recomponerse. Y escucharlo decir eso da justo en la diana. He sido dejada sola en casa noche tras noche para lidiar con el abuelo, y no salir con mis amigos porque mamá prefería pasar el tiempo con Ben y no conmigo. Ahora estoy parpadeando en un miserable intento de no llorar delante de Bishop.

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Le da un apretón a mí muslo. —Eres como yo. Estás herida, pero es más fácil estar enojado. El calor se esparce a través de mí porque sé que él lo entiende. Al igual que entiende mi necesidad de permanecer en Alaska y jugar con los chicos. Como si entendiera todo de mí. —¿Qué eres? —Trato de secar mis lágrimas sin ser obvia, pero estoy segura de que fallo—. ¿Un psiquiatra? —Todavía me siento confundida y un poco enojada y muy dolida, pero mejor. —No. Solo quiero que sepas que lo entiendo. Y que tu madre es aterradora cuando grita. —Hace una pausa—. Pero quiero que se llevan bien para que pueda verte y por razones egoístas, como que me traiga toallas limpias, y no quiero una que se use para el perro o algo así. Me encanta que esté tratando de hacerme reír. —Me siento tan… debilucha. —Me deslizo más abajo—. No soy así. —Penny, ¿cuántas personas ensangrentarían sus nudillos antes de la escuela, a propósito, y todavía desearían golpear algo más? No eres debilucha. —Hace una pausa—. Tengo razón, ¿verdad? ¿Deseas un buen saco de boxeo? —Sí. —Me permito sonreír un poco—. Voy a llegar tarde a la escuela. ¿Cómo planeas volver? Se encoge de hombros. —No lo sé. No pensé en eso, solo quería asegurarme de que estuvieras bien. Voy a hacer autostop o algo así. No pensó en cómo volvería porque estaba pensado en mí. Saco las llaves del contacto. ¿En serio voy a hacer esto? Nadie conduce a Bitty. Nadie. —Puedes llevar a Bitty a casa, pero si le haces un rasguño, te patearé el trasero. Y significa que tienes que recogerme de la práctica de hockey a eso de las cuatro y media. Pongo las llaves en sus manos, y sus oscuros ojos marrones quedan fijos en los míos por un momento. Bishop baja la mirada y entonces comienza a tirar del paquete de cosas en sus brazos, viéndose todo ocupado como si tal vez estar cerca de alguien es tan diferente para él como lo es para mí. —Tomé un par de mis pantalones en caso de que no quisieras quedarte todo el día con el chándal. —Un par de vaqueros caen en mi regazo—. Eres alta de todas formas, así que pensé que funcionarían. Y traje una sudadera con capucha. —Su sudadera está en el asiento entre medio de nosotros—. Ya sabes, cubrirte para que todos los chicos de tu escuela no estén babeando. Y creo que se supone que debemos volver a poner crema en el tatuaje.

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—Guau, mamá. Gracias. —Pero sonrío ampliamente porque hizo todo esto por mí. Ni siquiera puedo recordar la última vez que alguien cuidó de mí de esta manera. —Hagamos la parte divertida primero. Muéstrame tu tatuaje. — Mueve las cejas, y levanto la camisa para moverme. Bueno y para sentir sus manos sobre mí. Y entonces tengo una mejor idea. —Déjame ponerme tus pantalones primero. —Me quito los míos, y valió la pena por la mirada en su rostro mientras me siento en mis bragas para ponerme sus vaqueros. Porque, para él, soy una chica de verdad. Sus pantalones son un poco grandes, pero haré que funcionen. Cuando sus manos tocan mi tatuaje de nuevo, enviando una ola de anticipación a través de mí, de repente no estoy segura de si esta mañana es una de las peores, o una de las mejores. Cuando finalmente entro al primer período, Chomps me arquea una ceja y sonríe. —¿El trasero de quién has pateado por esa ropa? Lo ignoro pero sonrío, porque huelen a Bishop. Y luego recuerdo por qué estoy usando estas ropas, y que sigo molesta, y que él está en casa mientras yo me encuentro aquí, y si no tuviera que estar en la estúpida escuela, podríamos estar juntos, y toda la tristeza, enojo y frustración de mi mañana comienza a inundarme. Nadie me molesta por el resto del día. Debo verme tan furiosa como me siento. ¿Cómo pudo mamá no decir nada acerca de Ben? ¿Cuántas noches pudo haber estado en casa y no lo hizo? Y entonces, la otra noche cuando sí vino a casa, estaba metida en mis asuntos, tratando de hacerme ir a la cama temprano, ¿y de repente le importa lo que está pasando? ¿Y entonces llega a casa demasiado tarde para ver si estoy en casa o no, pero no demasiado tarde para follar al tipo que no me ha dicho que está viendo? Hoy solo tenemos que correr un kilómetro y medio cronometrado para educación física. Corro seis y medio. Todavía no es suficiente para aliviar la tensión.

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17 Traducido por Melody Hamort Corregido por Karool Shaw

Bishop Dormí con Penny. De acuerdo, no me acosté con ella, pero en realidad me quedé dormido sin dar vueltas por horas, y toda la noche. Y no estoy hablando de desmayarme porque esas son cosas completamente distintas. Todo lo que sé es que nos besábamos y se sintió bien, tan bien y tan diferente; solo nos hallábamos acostados ahí, y luego su molesto teléfono tuvo que despertarnos. Freno un poco antes de tomar el giro frente a mí. Me encantaría acelerar un poco, para ver qué se siente hacer girar las ruedas de Bitty tal como lo hace Penny, pero sé que tengo muchos puntos en mi contra por lo que no pretendo añadir el estrellar su camioneta a la lista. Ese pensamiento hizo que recordara la noche anterior. Pero no las partes buenas, sino donde me dijo que un perdedor al que le gustaban demasiado las fiestas había matado a su padre. Alguien como yo. Y no se lo dije. La besé, la toqué, pero no pude hacer que mi boca estúpida y débil se abriera para decirle la verdad. No soy tan estúpido como para no darme cuenta que esto no es enorme. Que no hago lo incorrecto al mentirle, pero también es por todo lo demás: la bebida, las píldoras, el hospital. Sí, bastante para incluso contarlo. Todas las cosas que he pensado que hacía bien desde que estoy aquí de repente no valen mucho. Mi puño pica por la necesidad de golpear algo tal como estrelló el suyo en el costado de la camioneta. Recuerdo sus manos y como, cuando vi la sangre en ellas, fue como si me hubiesen golpeado. Es horrible ver a tu chica herida, pero solo quería mejorarlo. Todo: yo, el dolor, y su madre. Maldita sea, eso fue intenso. Y recién… acabo de decirle lo grave que era que su madre le mintiera, pero ¿qué hay de mí? Estoy haciendo lo mismo.

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Sé que me equivoqué cuando regresé a las cabañas porque su madre me gritó por dejarla sola esta mañana, pero lo único en lo que podía pensar era que Penny se congelaría en esa camiseta sin mangas. Que necesitaba la crema para que su tatuaje se curara bien. Que no quería que estuviera sola al estar herida. Es feo lidiar con esos asuntos solo, y no deseo eso para ella. No quiero que nada de la mierda que nubla mi vida recaiga sobre ella. Es demasiado buena para eso. Y demasiado buena para mí. Todo este tiempo, y ahora acabo de darme cuenta de lo jodido que estoy. Y cuando lo descubra, probablemente intentará patearme el trasero. Meto la camioneta en la entrada y aparco justo frente a su casa, deseando no tener que hacerlo, pero esperando que logre arreglar la situación. Si le digo la verdad, con suerte Penny después no se meterá en problemas por ello. No es suficiente para perdonar mis pecados, pero quizás algo de lo que estar orgulloso. Me tiemblan las manos mientras troto por las escaleras, pero lo ignoro y golpeo la puerta. Parte de mí espera que abra el abuelo, así podemos trabajar en el auto y consiga olvidarme de su madre, no obstante me convertiría en un cobarde, y estoy cansado de temerle a todo. Nuevamente, golpeo, más fuerte esta vez, así sabe que no voy a dejarla ignorarme. Vi el auto de su madre, por lo tanto está en casa. Un par de segundos más tarde, la puerta se abre. Viste su uniforme para el trabajo y un ceño fruncido que probablemente es la mitad del tamaño de Seldon. Estoy tan jodido. —Umm, hola. —Mis manos tiemblan en mis bolsillos. Nunca antes había tenido que hacer este tipo de cosas. Me uní a la banda siendo muy joven, la mayoría de las chicas con las que salí eran groupies, así que no es como si hubiera tenido que hacer toda la cosa de conocer a los padres—. Soy Bishop… Bueno, obviamente, lo sabe. Quería venir y disculparme por lo de esta mañana. No fue culpa de Penny. Estuvimos tocando la batería y luego se quedó dormida durante la película. Tuve que haberla despertado, pero no lo hice… así que sí, no es su culpa. Es mía. Si era posible, el ceño fruncido es más profundo. Me pregunto si Penny se da cuenta que ella y su madre se parecen en que las dos pueden oler la mierda desde kilómetros. No es que no nos hayamos quedados dormidos, pero esta mujer sabe que hubo más que película y batería anoche. —No volverá a suceder. —Mis palabras no hacen que deje de mirarme como si fuera algo que ella pisó—. Fue un accidente, pero mi accidente. —¡Cierra la boca, Riley!

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—¿Has terminado? —pregunta. Síp, definitivamente jodido. —Sé quién eres, Bishop. Mi cabeza cae hacia atrás, y dejo salir un suspiro. Esto es todo. Sin duda no va a guardar este secreto. No es que debiera seguir siendo un secreto. Los secretos significan mentiras, y Penny odia que le mientan. —Ya he visto tu tipo. Disminuye el peso en mi pecho. No sabe. No sabe acerca de la banda ni las otras cosas. —Viniste aquí con aires de grandeza; tu familia malgasta el dinero y renta el lugar. Tú compras la batería, lo que sé que debe costar una fortuna, y te sientas a darle golpes durante todo el día sin preocuparte por el mundo, y me parecía bien. Tanto el hecho de que el abuelo te aprecie como que pases la mitad de tu tiempo aquí cuando sin duda crees ser mejor que el resto… —No es así —la interrumpo, sabiendo que está mal, pero a este punto, ya no me importa—. No me creo mejor que el abuelo… o que Penny… Levanta la mano. —Como dije, me parecía bien mientras eso no afectara a mi hija. Ahora la afecta. Ella es una buena chica. Ama a su familia. Es inteligente. Increíble en el hockey. Tiene un gran futuro por delante. Pronto se irá a la Universidad, y se siente emocionada por eso. No quiero que nada se meta en su camino. Penny puede ser amiga de los chicos, pero solo los ha visto de esa manera. No es como esa otra chica que vi entrando a tu cabaña la semana pasada. Ah, mierda. Sabe sobre Maryanna. —Su actitud esta mañana es tan impropio de ella. Tú eres lo único que ha cambiado para hacerla actuar de esa forma. Mi primer instinto es decirle que no conoce a su propia hija. Sí, Penny es todas las cosas que dijo, y no se parece en nada a Maryanne, pero tampoco quiere irse. No quiere el futuro que tratan de meterle por la garganta, y segundo, es bastante más fuerte de lo que su madre le da crédito. Sacudiendo la cabeza, sé que voy a lamentarlo más tarde. Esta mujer puede echarnos, hacer que Penny se aleje de mí, pero no puede mantener mi boca cerrada. —Tal vez sea todas esas cosas que usted cree que soy, y en muchas maneras, Penny también, pero no la conoce realmente. No si cree que dejaría que alguien como yo se interponga en su vida. A ella no le asusta dar un paso al frente y tomar lo que quiere. Y no conozco mucha gente que pueda decir eso, si es que hay alguno.

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Con eso, me doy la vuelta y me alejo. Tal vez deba empacar mis cosas, pero no lo hago. Por primera vez, voy a lo de Gary por algo más que una píldora o una sesión de terapia obligatoria. —Troy, debo colgar, cariño —dice Gary en el teléfono cuando entro. Y por primera vez, ni siquiera quiero molestarlo por hablar con Troy tan seguido. Sinceramente entiendo un poco, ya que todo esto de Alaska es algo que usualmente hacen juntos. Y si no estuviera aquí, creo que también querría hablar con Penny todos los días. —Oye. —Pasa una mano por su cabello desgreñado y se sienta en el sofá junto a mí, cerrando su computadora portátil sobre la mesa. Lleva puesto pantalones de pijama de franela, y creo que podría venirle bien un afeitado, y noto un nuevo par de aretes en sus orejas. —¿Regalo de Troy? —Asiento a sus orejas. —Sí. Sin embargo dudo que estés aquí por eso. ¿Te encuentras bien? Sí y no. No estoy exactamente seguro de por qué vine aquí. —Sí, estoy bien. —Gary espera, y me doy cuenta que es bueno en esto. Quizá se ha sentado con incontables personas como yo que tenían el peso del mundo en sus hombros pero no conseguían hablarlo, ni aliviar algo de ese peso. —¿Escuchaste el griterío afuera esta mañana o pudiste dormir? Esto es un poco raro. —¿Bromeas? Puedo dormir con tu batería a la mitad de la noche. Puedo dormir con lo que sea. Rasco mi cabeza, manteniendo mis manos como una pared entre nosotros. —Así que, Penny se escabulló de mi cabaña esta mañana, y su madre la atrapó. Solo intentaba… —¡No! No, no, no, no. Sabía que ustedes se hallaban muy unidos, y en realidad es romántico, ¡Pero no! Don va a asesinarme. ¡No puedo creer que te la hayas tirado en la casa de su madre! —¿Qué? —Bajo la mano—. Primero que nada, un chico jamás debe decir “tirado”. Segundo, no dormí con ella. Quiero decir, sí dormí con ella, pero no tuvimos sexo. Pequeños corazones y burbujas comenzaron a flotar alrededor de Gary. —¡Aww, dormiste con ella! Por qué, Bishop Riley. No pensé que fueras capaz. ¿Estás E-N-A-M-O-R-A-D-O? Bromea, intentando aligerar el ambiente. Lo sé, pero no me gusta. —Lindo. —Me pongo de pie—. Trato de ser serio, y tú me das mierda. — Cuando comienzo a alejarme, Gary agarra mi muñeca. —Tienes razón. Lo siento. No tenías que venir a mí, y lo hiciste. Eso es importante. Siéntate otra vez, por favor.

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Me froto el rostro con las manos y caigo nuevamente en el sofá. —Escucha, acabo de hablar con su madre. Creo que es seguro decir que me odia y cree que soy prácticamente el engendro del diablo, así que no me siento muy seguro de cuánto más va a durar este concierto. Sé que Don se enojará, pero no quería que sucediera y… —no estoy listo para irme. No quiero arruinar esto. No quiero ser como el perdedor que se sube a un auto después de una fiesta. Tan pronto como pienso esas palabras, sé lo que viene a continuación. Soy esas cosas que el mundo cree, a menos que sea un hombre. —Estoy seguro que Penny estará de acuerdo con su madre pronto, porque voy a decirle. —Todo esto crea un agujero dentro de mí; la mentira. Su padre. Tengo que intentar hacer algo al respecto—. Don seguro se enfadará por aquello, y sin embargo no me importa. Gary está sorprendentemente tranquilo, así que sigo hablando. — Se encontraba tan enojada con su madre esta mañana, hombre. Tan enojada porque le mintió, y yo hago la misma maldita cosa. Va a enloquecer. —No logro dejar de pensar en eso—. No quieres tener que lidiar con una Penny enojada, pero yo solo…. —No tengo que seguir mintiéndole. Se merece algo mejor que eso. Yo merezco algo mejor que eso—. Por tanto sí, solo quería decírtelo. Prepárate o lo que sea. — Cuando me pongo de pie, Gary está justo detrás de mí. Me agarra y tira de mí en un abrazo. —Todos estamos jodidos. Nadie es perfecto. Eres un bien chico, Bishop. No dejes que nadie te haga pensar cosas diferentes. Sin importar qué, ¿bueno? —Todavía se aferra a mí, y lo permito—. Si las cosas no funcionan aquí y no estás listo para ir a casa, no lo haremos. Cuando no estás gruñón, no es tan malo viajar contigo. —Ríe y me suelta. —Yo… gracias, hombre. Me da un asentimiento. —Hablo en serio. Lo que necesites, ¿de acuerdo? Y en lo que respecta a Don, me encargaré de él. No es tan malo si sabes cómo tratarlo. Asiento de nuevo. —Y Bishop, ni siquiera has necesitado mucho de tu prescripción. Pasas tu tiempo con la batería y las motos de…lo que sea en lugar de hacer las cosas que harías antes. Lo haces bien. Estoy orgulloso de ti, pero quiero que tú estés orgulloso de ti mismo. Lo mereces. No, no lo merezco. —Como has dicho, algo pequeño cada día. —Esto no fue pequeño, Bishop. Suena su teléfono. Sacudo la cabeza, pero no a él. A mí porque cree que soy mucho mejor de lo que realmente soy. Porque las cosas que dijo que he hecho no tienen sentido porque no compensan lo malo; esas cosas malas con las que no soy honesto ni siquiera con él. Hace que duela mi estómago.

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—Habla con tu hombre. —Me muevo hacia la puerta—. Iré a esperar a Penny. —No es Troy e incluso si lo fuera, seguiríamos hablando si quisieras. —Lo sé. —Y ahora solo necesitaba hacer algo para hacerme merecedor. *** Me doy una ducha rápida, preguntando si esta será la última que tome mientras esté aquí. Antes de irme, bajo más la gorra de béisbol sobre mi cabeza. Estoy tan cansado de usar esa estúpida cosa. Me dirijo a la tienda de música por un rato para salir con Pat. — ¿Qué tal, hombre? —No mucho. Solo algo aburrido. —Genial. Ha pasado tiempo desde que viniste. Pat es buena gente. Es genial salir con él, y me pregunto por qué no lo hago seguido. Además, podría haber volado mi tapadera hace tiempo, pero no lo hizo. —¿Quieres tocar? Sus ojos se iluminan. —Demonios, sí. Improvisamos un rato; bueno, por un par de horas, antes de que entraran unos chicos. —¿Te gusta la batería? —Me acerco al que tiene la cabeza rapada y observa el equipo. —¡Sí! ¡Son tan geniales! Miro a Pat y asiente. —¿Quieren que toque algo? —les pregunto y me miran como si fuera un idiota, así que me siento y les muestro lo que puedo hacer. Es como si viniera de adentro; este increíble sentimiento que brota de mi interior y sale a través de las baquetas. —¡Santa vaca! —dice el otro chico al terminar—. ¡Eres bueno! ¿Nos enseñarías algo? La siguiente hora y media es usada para enseñarles algunos ritmos y trucos de estilo libre. En realidad es bastante genial. El chico calvo me recuerda a mí cuando empecé a tocar. Es bueno. Esto —enseñarle— se siente incluso mejor que eso. Finalmente, es cerca de la hora en que Penny sale de la escuela, así que me voy. Aún tiene práctica, pero voy a la escuela de todos modos. Tengo ganas de verla, ya que probablemente no podré ver su partido. Estoy seguro que tendrá suficiente de mí luego de lo que le diga hoy.

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De pie en la entrada de la arena, la observo en el hielo. Mi mente retrocede a ella en la camioneta esta mañana; cómo se quito sus pantalones frente a mí como si mereciera estar ahí y verla. Como si perteneciera allí con ella. Como le dije a su madre, nada la detiene. Me doy cuenta que sonrío cuando me dirijo hacia adentro. Ella patinó hacia la parte de atrás pero todos los chicos están aquí, todavía en sus gigantescos equipos de hockey. Mitch vuelve a mirar cuando me ve y luego patina hacia mí. —¿Qué tal, hombre? —Incluso aunque a Penny solía gustarle, él está bien. Lo menos que puedo hacer es ser genial. —Oye. —Tiene su casco en su gigantesca y enguantada mano—. ¿Te encuentras aquí por nuestra chica? —¿La chica de quién? Nop, no estoy aquí por tu chica. Me sonríe. Después, Chomps se acerca patinando y haciendo lo mismo. —¿Tienen algo que decir? —Esta es la parte donde me dice que no lo estropee con Penny, y a pesar de respetarlos por eso, no necesito oírlo de su parte. Sé exactamente cuánta suerte tengo. Y también sé que ya la he jodido. La sonrisa de Chomp se agranda, pero es Mitch quien habla. — Vamos a ir en trineo en unos días. ¿Quieres venir? ¿Trineos? ¿Qué tenemos, doce? —Nah, estoy bien. Gracias. —Será divertido. —Chomp asiente—. Puedes pedirle prestado el equipo a Pen, o nosotros podemos llevar alguno para ti. —¿Equipo? Estoy bastante seguro que puedo manejar un trineo sin equipo. Los dos se ríen, y Mitch se inclina y pone un brazo a mi alrededor. —¡Será divertido! ¡Tenemos que asegurarnos que eres lo bastante duro para nuestra chica! —Se aleja. Mis hombros suben y bajan en un encogimiento. —Créeme. Tengo lo que se requiere. Comienzan a reír de nuevo, y abro la boca para decirles que se jodan, cuando Penny patina hacia nosotros, deslizándose hacia una parada junto a la pared. —¿Qué haces aquí tan temprano? Vas a aburrirte. —Se inclina hacia mí, con ojos brillantes. Sí, quería verme. Se abre camino a través de Mitch y Chomps, quienes se alejan, todavía riéndose de algo, pero no puede importarme menos. No vine aquí para lidiar con ellos. Por primera vez, quiero quitarme mi gorra en lugar de bajarla más. —Quería verte, Pen.

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Abre la boca, la cierra, y la abre otra vez. Por primera vez, Penny Jones no sabe qué decir. —Puedes sentarte en las gradas, pero si te veo mirando de reojo a Rebbeca, podría enloquecer. Ahí está la chica que conozco. Acercándome, toco su rostro. —Si no está pateando traseros en el hielo, o retándome en motos de nieve, no es mi tipo. —Le guiño antes de ir a sentarme en las gradas. Por segunda vez, la dejo sin habla. —Así que, tú y Penny, ¿Eh? —Me giro para ver a la chica de Mitch un par de filas más arriba. —Sip. —Gracias a Dios. —Ríe pero luego se ve tímida por eso, desviando la mirada y medio mordiendo su labio—. Hablando en serio… es genial verla feliz y no solo porque quiere a Mitch… —Solía querer a Mitch. —Mi estómago se endurece. Y tal vez lo quiera de nuevo luego de que sepa la verdad. —No quise decir nada con eso. —Desvía la mirada nuevamente. Es tan diferente a Penny. No es que eso sea malo. Solo diferente. —¿Y? —La motivo para ver si continuará. —Sé que no lo creería, pero estoy feliz por ella. Penny es genial, incluso si me odia e insiste en llamarme Rebecca cuando sabe que me gusta más Becca. —Su voz es tan baja que me esfuerzo para oírla por encima del ruido de los patines en el hielo. Río. —Eso suena propio de ella, y sí, es genial. Y estoy seguro de que no te odia. Le sonrío a Becca antes de recostarme en el asiento para ver la práctica de Penny. Espero ver ejercicios o algo así, pero están golpeándose entre sí como hacen en los juegos, solo que se golpean por diversión. Esto es algo serio, y ella me gusta aún más por eso. Que no tema de estar ahí afuera dando tantos golpes como recibe. Sin embargo, eso podría ser contraproducente cuando le diga lo idiota que soy.

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18 Traducido por Snowsmily Corregido por Itxi

Penny Maldición, el chico puede hacer un cumplido. Se sienta cuatro filas más abajo, lejos de Rebecca, y observa hasta que terminamos. —Así que, el vecino y tú, ¿eh? —Mitch arroja un brazo sobre mis hombros mientras nos dirigimos fuera de la pista, lo cual se siente lejos de ser tan bueno como lo era antes de que llegara Bishop. —Es Bishop, y solo me dará un aventón a casa. —Y con suerte más de anoche cuando lleguemos allí. Arquea una ceja. —Para alguien que solo va a darte un aventón ha estado aquí por un buen rato. Alzó las manos en el aire con una sonrisa. —Porque soy asombrosa en el hielo. ¿Quién no querría ver esto? Mitch se inclina. —No estás engañándome, Pen. Solo admite que te gusta el chico. —Quizá. —Quito mi casco para enfriarme. —¿Se siente bien, cierto? —Sonríe—. Que él viniera a mirar. —Aléjate. —Sonrío al tiempo que lo empujo. Pero sí, se siente bien. Ahora entiendo por qué a Mitch le gusta que Rebecca esté aquí. Saludo a Bishop antes de dirigirme a los vestuarios para darme una ducha y cambiarme. Por primera vez desde que puedo recordar, sé que se sentirá bien salir de mi equipamiento de hockey y regresar a algo que me hace sentir como una chica, incluso si es vistiendo ropa de chico. *** Viajamos a casa en silencio, pero Bishop parece nervioso. Se reajusta la gorra y frota sus manos una con la otra constantemente. Está volviéndome un poco loca.

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—Estuviste asombrosa allá afuera —dice nuevamente. Es obvio que hay algo que quiere decir. —Ya dijiste eso. Se retuerce de nuevo. —Bishop. Solo dilo. Me estás enloqueciendo. —Me froto un poco los nudillos. Después de golpear a Bitty y luego utilizar mis guantes de hockey, están irritados nuevamente. Expulsa una bocanada de aire. —Así que… ¿Recuerdas qué me preguntaste quién soy? Mis nervios están a flor de piel, con cuán extraña y tensa suena su voz. —Sí… —Mierda. —Se frota el rostro—. De acuerdo. Mi apellido no es Ripe. Es Bishop Riley. Soy el miembro más joven de Burn. Soy el baterista y… Río. Fuerte. Y luego nuestros ojos se encuentran, y los suyos están tan raros y serios que me hace reír más fuerte. —Cállate. Tonterías. —Esa banda es ardiente. ¿Qué está tramando? Toca su aro en el labio y observa. ¿Habla en serio? —No. —Niego con la cabeza, la cual está comenzando a sentirse ligera, vaporosa y extraña con la posibilidad de quien es él—. De ningún modo. Conozco esa banda. —No hay manera de que sea una estrella de rock. No es posible. Pero mientras lo pienso, me doy cuenta de que muchas cosas sobre él tienen sentido. Como siempre se esconde bajo esa gorra. El nombre. El modo irreal de tocar la batería. La niñera. El loco Pat que se puso sonriente cuando llegamos, quien debería haberme llamado al enterarse. Tal vez la ansiedad con respecto a las multitudes es un problema serio. Creí que iba a enloquecer después de mi partido. —¿Tu Iphone está aquí? —pregunta. Señalo el bolsillo delantero de mi mochila, pero estoy empezando a tensarme como si él pudiera no estar mintiéndome. ¿Una estrella de rock estuvo viviendo junto a mí todo este tiempo? Bishop lo extrae y se desplaza por la pantalla un minuto. —Mira. Es el diseño del sello discográfico para Burn. Los cinco chicos. Es negro, blanco y un poco granuloso, pero madre mía. Mierda. —¿Qué demonios? —Digo, sé que ocultaba cosas, pero, “¿qué demonios?”, mi corazón parece estar latiendo demasiado rápido en mi pecho, dificultándome el respirar y tragar. ¿Cómo acabé compartiendo un baño caliente y besando a un chico que es parte de una banda asombrosa y no saberlo? —Un motivo de mi estancia aquí es para no revelar quién soy. Quiero que sepas, pero a la vez no, porque las personas agradables se

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ponen raras cuando descubren quien soy. —Suena tan derrotado—. Me miran diferente. Me tratan diferente. Yo no quiero… Por lo general, nadie conoce quien es el baterista de una banda, pero cuando ellos son jóvenes —y ardientes— las personas lo notan. No puedo creer que no lo vi antes. Es decir, tal vez si pasara tanto tiempo en frente de la televisión o leyendo estúpidas revistas como algunas personas que conozco, lo habría reconocido. Estoy enloqueciendo. En serio. Pero de ninguna manera voy a dejarle ver eso. —Espera. ¿Crees que no voy a fastidiarte solo porque eres un baterista de una banda? — Elevo una ceja—. ¿Que no voy a exigir una revancha por tu victoria totalmente casual con la moto de nieve? ¿O comprobar tu trabajo en mi coche para asegurarme de que no arruinaste algo? Me río, pero es un poco forzado porque me encuentro sentada en el camión con un baterista de una banda que conozco. —¿Estás en realidad enojada, alterada, y tratas de ocultarlo? —Se quita la gorra y se pasa la mano por su cabello. —No. —Sí. Completamente sí. Suspira. Lo miro y parece nervioso. Molesto. Como si fuera algo muy importante para él. —Respondiste muy rápido. Sé que odias cuando las personas te mienten… Mierda, esta es una situación tan jodida. No esperaba… —Se encoge, viéndose más serio de lo que lo he visto jamás—, enamorarme de alguien aquí. Especialmente desde... —Niega con la cabeza. Enamorarse de alguien. Algo decididamente femenino revolotea en mi pecho. Me aclaro la garanta. —Odio cuando las personas me mienten. Pero sabía que no me contabas todo. A eso no lo mantenías en secreto. Incluso me pediste que no hurgara, lo que es admitir que hay algo. No lo sé. Supongo que lo hace diferente. O al menos, quiero que se sienta diferente. —Aparco a Bitty en mi entrada. Estoy intentando no pensar en cuan totalmente frenética estoy, porque un baterista estrella de rock, Bishop Riley, se encuentra en mi coche. Estoy vistiendo su ropa. Y dormimos juntos anoche. Suspira. —Hay más, Penny. Nada podría ser más impactante de lo que acaba de decirme, así que eso puede esperar. —Sígueme. Por suerte el coche de mamá no está aquí. —Necesito ocultarme por un tiempo. Bishop me sigue en silencio hacia mi habitación. Aseguro el pestillo detrás de nosotros esperando que mamá no regrese durante un tiempo.

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Deslizo las manos alrededor de su cintura, y disfruto la sensación de calidez al tenerlo tan cerca. Intento no hacer una clase de chillido interior debido a quien es él. Sus dedos se deslizan sobre la parte posterior de sus pantalones. Los que yo estoy utilizando. —Me gusta cómo te ves con mi ropa. Le mordisqueo suavemente el labio inferior. —También podría gustarte sin ellas… un poco. Mueve la cabeza cuando intento besarlo. —Pen, yo… mierda. Tengo un problema con… —Enloqueces con grandes multitudes. —Me río entre dientes, sin embargo todavía estoy bastante tensa. Todo tiene sentido ahora: su reacción en mi partidos de hockey, porque no compartía, y por qué está aquí solo—. Lo sé. Escoge un buen asiento si no te gusta la gente, pero no creas que eso te salvará de verme jugar. Hay píldoras para eso, y te quiero en mi próximo juego. —Lo codeo en el pecho y luego observo por un momento el lugar donde recién estuvo mi dedo, porque después de anoche, quiero otra oportunidad de estar tan cerca de él. Pero me estoy preguntando qué pasará cuando se marche. Cuando regrese a su vida real. O tal vez necesito solo estar pensando en el presente. Lo que quiero ahora. En cómo por fin soy la chica que le gusta lo suficiente a un chico y no solo para flirtear. Y no a cualquier chico. A Bishop. El único que me entiende. Abre la boca como si tuviera algo más que decir, así que sonrío, esperando que sonría. Es extraño verlo de este modo; tan inseguro. Me gustaría preguntarle más sobre ser famoso, tocar la batería, su banda, pero no quiero que sienta que voy a ponerme extraña con él por eso. Es obvio que esto le resulta vergonzoso. O incomodo o algo, lo que en cierto modo lo hace más dulce. Más lindo. Porque podría haber venido hasta aquí y haber sido un imbécil y exigido algo diferente o especial debido a quien es, pero trató de integrarse. O esconderse. —¿Vendrás? —Claro que iré. —Suspira nuevamente y toma una respiración profunda—. Esa no es la única razón por la que yo… Lo interrumpo. —Más tarde. —O perderé mis nervios. —Pero… Agarro la parte inferior de su sudadera y la saco sobre mi cabeza, seguida rápidamente por la camiseta con la que dormí anoche. Eso me deja en mi sujetador negro y los pantalones que me prestó. Sus dedos trazan el borde de mis pantalones, y luego se mueven arriba, toqueteando el borde inferior de mi sujetador, enviando a todo mi cuerpo a un frenesí de desear tener su peso sobre mí nuevamente. En lugar de colapsar en el charco de baba que quiere mi cuerpo, extiendo las manos. —De modo qué, ¿puedo sacar tu camisa o vas a dejarme ser la única medio desnuda? —pregunto.

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—Um… —Sus dedos continúan toqueteando, y su mirada no ha dejado mi estómago—. Lamento no haberte dicho sobre… —Basta, Bishop. Entiendo. No querías ser reconocido. ¿Podemos hablar después? No conozco el horario de mi madre, pero no está aquí ahora. —No quiero que esté disculpándose por algo que en realidad es solo una parte de él—. Esto no cambia quien eres para mí, ¿sí? Así que, ¿puedo sacar tu camisa o no? Gime, pero desliza su camisa por encima de la cabeza. Nuestros cuerpos se acercan al mismo tiempo que nuestras bocas. El calor de su piel en la mía hormiguea en su camino a través de mi cuerpo, avivando mi necesidad de estar más cerca, de tener más. Sus manos exploran en mi espalda cuando nos presiona juntos, y estoy igualándolo; presión por presión, caricia por caricia, beso por beso, tan lejos como podemos ir. Tropiezo hacia atrás mientras nos conduce lentamente hacia mi manta y mi montón de almohadas. Sin importar cuánto sienta de él, no es suficiente. En segundos, estoy en el piso mientras se cierne sobre mí, casi como yo quería. Se detiene y busca mi rostro, y luego su mirada se desliza sobre mi cuerpo, mirándome de la misma manera que Mitch mira a Rebecca. Mi estómago se tensa con anticipación y la sensación de ser querida. Sus ojos viajan hasta los míos, y algo es diferente. Más lento. Como si quisiera que cada toque contara. Que cada momento contara. Se burla de mí con sus labios un par de veces antes de que envuelva mis brazos a su alrededor y lo atraiga hacia abajo. De modo que esta es la razón por la qué las personas dicen que ellos “se funden”. Siempre me lo he preguntado. Como derretir cera de velas y mezclar colores; los más importante es que estamos juntos y besándonos, y apenas puedo distinguir dónde me detengo yo y dónde comienza él. Su peso está sobre mí nuevamente. Le quiero. Y no tiene nada que ver con quien es en el mundo. Tiene que ver con quien es aquí. El chico que reparte golpes, pero también los soporta, y no solo me aguanta, sino que parece gustarle. Mis manos van de un lado a otro en sus costados, en su espalda, a través de sus hombros, en su cabello, y me estoy quedando sin sitios a los que tocar que no me conducirán a nuevo territorio. Rueda a un costado, llevándome con él, y me siento, jadeando en busca de aire. Estoy asustada, pero a la vez no. En general, no me siento en control de lo que quiere mi cuerpo, y eso es una primera vez para mí. —Tu tatuaje. Lo siento —dice—. Yo no… —Mi tatuaje está bien. Solo quiero mirarte. Me siento en mis rodillas y empujo suevamente su pecho. Le toma un momento relajarse lo suficiente para recostarse sobre su espalda del

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modo en que quiero. —Es tan extraño. No te comportas como un chico famoso. —Solo soy yo. Continúo observando su pecho desnudo, abdominales y brazos, amando la novedad de todo y asombrada de no sentirme nerviosa o asustada. Es que creo que él quiere estar aquí. Quiere verme, tocarme y hacerme las mismas cosas que le hago a él. Mi cuerpo se calienta de nuevo, pero no es de la necesidad de sentirlo más cerca como lo era antes. Es por la cercanía y la confianza, y la manera en que me estoy enamorando de un chico que todavía estoy descubriendo. Inhala profundamente. —Esto requiere una gran cantidad de confianza. —¿Gallina? —bromeo. —Con miedo de ti —bromea también. —Cierra los ojos. —Mi ritmo cardiaco está inundando mis oídos, y mi respiración todavía no es normal. Me siento a su lado, donde se tiende en el piso y espero. Y espero. No parpadeo, no me muevo, solo miro hacía la oscuridad en la que me introduce, esperando que ceda. —Joder —susurra, y lo hace. Cierra los ojos, pero su cuerpo sigue tenso. Quiero conocer todo sobre él. Paso mis dedos por su frente y los deslizo por su rostro. Toco sus pómulos y acaricio sus labios y su arete. En lugar de tensarse, se relaja. Las pocas fotos que he visto de él en revistas en cierto modo flotaron en mi cabeza, pero se sentían desconectadas del chico que yace frente a mí. Como si ese chico fuera una persona y Bishop es alguien totalmente diferente. Comienzo a pensar en la chica que vino hasta aquí, y cuantas otras chicas quizá podrían haber estado, pero comienzo a sentirme nerviosa y cohibida, así que me concentro de nuevo en lo que está sucediendo ahora. Lo que sé sobre él. Quien es para mí. Mi muslo está presionado contra su costado, y muevo los dedos hacia su cuello y por medio de su clavícula. Y a pesar de que no quiero, me impacta de nuevo; este es Bishop Riley. Estoy tocando a Bishop Riley. El chico que me deja ser real, y le gusto de todas formas. El chico que corrió el riesgo de la furia de mamá esta mañana, y pensó en conseguir mi crema y ropa para la escuela. Paso cada mano por sus brazos y trazo todas las venas y formas, que hay muchas. Un muy agradable efecto secundario de tocar la batería. Sus palmas son lisas, y aprieta mi mano en el momento en que nuestros dedos se tocan. Abre los ojos y extiende los brazos hacia el costado, lo que me trae cerca. Nos besamos una vez antes de separarme.

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—Todavía no. —Sonrío—. No he terminado. —Quizás estaré demente para el momento en que termines. —La necesidad en sus ojos debería asustarme, pero no es así. Solo me hace sentir que tomé una decisión realmente acertada al venir aquí. —Me parece bien. —Tomo asiento de nuevo y paso las manos sobre su pecho, debajo de la línea donde terminan sus pectorales y luego hacia su estómago definido. Las puntas de mis dedos se deslizan por el borde de su ropa interior, y se pasean de un lado a otro en el extremo de su cinturón, el cual se muestra arriba de sus vaqueros. Podría sentarme aquí y tocarlo de esta manera por horas. —Sí, definitivamente me vuelve loco. —Se levanta y nos presiona juntos, mientras evita tocar mi tatuaje. Su calidez casi le da a mi cuerpo lo que necesita para tomar el control de nuevo, y frota sus labios contra los míos. Cuando no protesto, su beso es lento y profundo, una vez más haciéndome sentir como si estuviera explorando cada parte de mí—. Momento en el que tú renuncias al control por un minuto. —Sus labios tocan los míos mientras habla. Mi corazón comienza a latir con fuerza ante la idea. —Yo… —Iba a decir no lo creo, pero la manera en que me está observando… Lo dejo llevar mis manos con las suyas y guiarme para tenderme junto a él. Cerca. Tocándonos. No puedo inhalar una respiración profunda con su pecho desnudo contra mí, pero me encanta. Me encanta que me haga esto, a mi cuerpo. Me encanta que quiera estar aquí. Que quiera tener este efecto en mí. Nuestros ojos se encuentran bajo la luz tenue. —Eres hermosa, Penny. Todo lo que puedo hacer es sonreí porque, por primera vez, me siento hermosa. Bishop se cierne, sosteniendo mis manos sobre mi cabeza y afirmándome debajo. ¿Qué tan lejos quiere ir? Mis músculos se tensan mientras me pregunto si puedo hacer eso. Si estoy lista. —No creo que pueda ir tan… —No llegaremos allí. —Me besa suavemente—. No te apresuraré. Estoy sintiendo demasiado al mismo tiempo, así que bromear se siente seguro. —Sabes que podría alejarte ¿cierto? —Me impulso hacia arriba con mis brazos para que pueda sentir qué tan fuerte soy. —Lo sé. —Su rostro todavía es suave—. Pero no lo harás. De acuerdo. Confianza. Como dijo él. Puedo hacer esto. Relajo mis brazos, cada nervio en mi cuerpo consiente que Bishop Riley está cernido sobre mi cuerpo medio desnudo, y simplemente he perdido el control. Me permito cerrar mis ojos mientras sus labios rozan mi clavícula.

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Esta es un mont贸n de primeras veces para Penny Jones.

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19 Traducido por aa.tesares Corregido por Tsuki

Bishop —¡Este coche va a ser mi muerte! —El abuelo seca el sudor de su frente, dejando una gran estela de polvo. Ignoro el impulso de decírselo en caso de que necesite una broma después. Meto la mano y aprieto uno de los tornillos que él acaba de atornillar. —No me digas que te estás rindiendo, viejo. ¿No puedes con esto? Pensé que eras mejor. —Alzo una ceja, esperando el comentario sabelotodo que tenga. —Y yo pensaba que sabías bien que no debías tratar de jugar conmigo, novato. Puedo ser viejo, pero eso solo significa que soy mejor. Tuve mucho más tiempo para perfeccionar mis habilidades que tú. Ten, voy a buscar un pañuelo y limpiarte la nariz. Mueve la mano hacia mi cara, pero la aparto en broma. Una risa ruge desde lo más profundo de mi estómago y se libera. El abuelo es tan agradable. Él es diferente a cualquiera que haya conocido, pero no hay manera de que le diga eso. —Tal vez deberías sentarte. No quiero que te canses conmigo. ¿Dónde está tu andador? Me agarra, y le dejo que me dé un manotazo en la cabeza. — ¡Mocoso! ¡No tengo un andador! Él en realidad me da un coscorrón (¿quién podría decir que iba a recibir un coscorrón de un viejo?), cuando una puerta se cierra de golpe. —Abuelo, deja de golpear a Bishop. —Levanto la vista para ver a Penny con los brazos cruzados—. ¿En serio? ¿No puedes soportarlo? Salgo del agarre del abuelo. —Le dejaba ganar. Creí que podrías molestarte un poco si lesiono a tu abuelo. El abuelo se aclara la garganta. —Nadie me dejaba hacer nada. Niños de estos días. No hay respeto. —Intenta ocultar su sonrisa mientras retrocede, pero luego su expresión se pone seria—. Cinco minutos. —Se queja antes de dirigirse dentro.

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—Pensé que nunca se iría. —Regreso con Penny, y coloco las manos en su cintura hasta que hago un sándwich entre ella, el Corvette y yo. —No tengo cinco minutos. Debo irme —dice mientras mis labios se deslizan por su cuello. Me encanta la forma en que sabe. La forma en que huele. La forma en que se siente. Todavía no puedo creer que esté aquí con ella. —¿Cuatro? —Muerdo su oreja. —Seis, pero esa es mi última oferta. Me río contra su piel. No estoy seguro de que me haya reído esta cantidad en toda mi vida. En realidad, eso es una mentira. Mamá y yo tuvimos problemas, pero fuimos felices cuando estaba creciendo. Era feliz. Gary me preguntó una vez, cuando fue última vez que las cosas fueron fáciles para mí. No podrían haber sido en aquel entonces. Quiero decir, he tenido momentos difíciles de vez en cuando, como todos, pero creo que he sido feliz. Me gustaba montar mi motocicleta y la utilizaba para encontrarme con mi amigo Ryan, pero esas cosas son pocas y distantes entre sí. Cuando estoy drogado, me río mucho, pero eso no es lo mismo. Para nada. Penny vuelve la cabeza para que nuestros labios se conecten, y la beso. Ahora no es el momento de pensar en esas cosas. Deslizo la mano debajo de su sudadera con capucha. Sus manos se enredan en mi pelo, y le doy un beso profundo. Necesitando más... siempre más cuando se trata de ella. Pero tampoco quiero presionarla mucho ni demasiado rápido. —Me gusta tu cabello. Odio ese estúpido gorro que usas —susurra contra mis labios. —Yo también. —Y tú aro del labio. —Finge mordisquearlo—. Totalmente sexy. Gimo, deseando que tuviéramos mucho más que seis minutos. Es una locura lo salvaje que me pone esta chica. Cuán diferente me siento cuando estoy con ella, pero también con todo últimamente. Trabajar en el carro, la moto de nieve. Todo eso. La culpa trata de abrirse camino, pero la aparto. —¿Eres realmente Bishop Riley? —Es diferente la forma en que lo dice. No me siento como si fuera una fan, tratando de conseguir un pedazo de mí. Es solo curiosidad, sorpresa, y hace que la culpa trate de aparecer de nuevo. Le doy un asentimiento, y ella sacude la cabeza con una sonrisa—. Es tan extraño.

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—No es extraño. —La beso de nuevo. Y no es porque cuando estoy con ella siento como si solo se mostraran las partes buenas mías. —¿Qué vas a hacer hoy? —Ella me aprieta más fuerte. —Tus amigos van a recogerme en unas pocas horas. Creo que quieren llevarme a las montañas y ocultar mi cuerpo. —Apartándome lo suficiente para que podamos vernos, le guiño, con las manos todavía en su cintura—. Lo bueno es que puedo con ellos. —¡Uf! No me lo recuerdes. Me molesta no poder ir. Mi madre me está volviendo loca. Maldita hipócrita. Esa es una manera de traer la culpa de nuevo. No solo debido a que Penny y su madre siguen peleadas —en parte por mi culpa— sino también porque todavía le estoy mintiendo. —Tal vez ella contrató a Mitch y Chomps para tratar de eliminarme. Apuesto a que se trata de eso. Asesinato por encargo. El baterista de Burn es asesinado en las montañas de Alaska por los admiradores de su novia y por orden de la mamá de la misma. Su agarre se aprieta en mí, y no puedo evitar inclinarme y besarla de nuevo. —Pensé que podrías con ellos. —Puedo, pero entonces estarás enojada conmigo por golpear al chico amante. —¡Uf! —Me empuja—. Deja de llamarlo así. El abuelo vuelve a entrar en la cochera. ¿Ya pasaron los cinco minutos? —Sepárense, ustedes dos. Ya soy enemigo público número uno con tu madre, Penny. Sigo en estado de shock de que ella no nos haya echado. Que aún estoy aquí. Penny me rodea. —No me hagas empezar con ella. ¿No es increíble? Estoy causando todo tipo de dramas familiares. Empiezo respirar un poco más rápido. Me tiemblan las manos. —No te enojes con tu madre por mí, ¿de acuerdo? Ella rueda los ojos y me besa rápidamente. —Tengo que irme. Quiero acercarla. Dejarla besar más y tocarla por todas partes, pero no lo hago. —Nos vemos —digo y trato de alejarme, pero siento sus labios contra mi oreja. —Sé que quizá no es muy importante para ti, pero ¿la forma en la que hablaste acerca de estar en la banda? ¿Cómo era natural, y que no te importaba que lo supiera? Significa mucho para mí. Gracias por ser honesto.

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Un dolor agudo y punzante atraviesa mi pecho. No por ella, sin embargo, ¿por qué es esto? Esto es todo por mí. Mi mano sosteniendo el cuchillo. Bishop Riley ataca de nuevo. El abuelo y yo nos quedamos en silencio durante la hora siguiente, mientras seguimos trabajando en el carro. No podemos entender por qué nos está dando tantos problemas, y se está añadiendo a mi estado de ánimo de mierda. Si tan solo pudiera hacer funcionar el Corvette, tal vez empezaría a merecer Penny. Mi corazón ha estado latiendo demasiado rápido desde que se fue. Podría venirme bien uno de mis medicamentos de ansiedad, pero no puedo hacerme ir a Gary. Ya no más. Voy a dejar todo. Ya me siento como un hombre lamentable porque, bueno, porque supongo que soy uno, y eso solo lo hace peor. Sin decir una palabra, el abuelo arroja su herramienta y se va a sentarse en una silla. Hemos estado trabajando juntos lo suficiente como para que él conozca mis estados de ánimo. Cuando no tengo ganas de hablar, el abuelo no habla. Cuando necesito reír, me fastidia. Y estoy bastante seguro de que él es el que habló con la madre de Penny el otro día, porque hasta ahora, ella no nos ha echado. La mujer sin duda me quiere fuera de aquí. Me mira con odio cada vez que la veo. —Voy a ir en trineo con Mitch, Matt y Chomps en un rato. Creo que ellos quieren probarme o algo así. —Me encojo de hombros—. Para asegurarse de que soy lo suficientemente bueno para Penny o lo que sea. —Ni siquiera me sorprende contárselo. El abuelo es así de genial. Él tiene una habilidad para hacer que la gente cuente sus cosas y que se sientan bien. Algo así como Gary. El abuelo sonríe, reclinándose en la silla. Cruza los brazos. —Eh, son muy buenos chicos. Han estado por aquí desde siempre. Son buenos para Penny, salvo Mitch, que le ha hecho daño. No era su intención, pero aun así me dan ganas de cortarle sus llantas. Le extiendo mi puño y golpeo el del abuelo, tal como haría uno de los chicos de mi banda. —Me gusta Mitch, pero no es el indicado para Pen. Ella no lo amaba. Solo creía que sí. Él estuvo allí para ella cuando perdimos a mi hijo. Y también, cuando la gente la molestaba por jugar en el equipo de hockey de los muchachos. Los celos surgen en mi interior. —Sí, pero él también eligió a otra chica sobre ella. El abuelo rueda los ojos. —Como dije, ellos no son una pareja. Lo qué está bien. No hay nada malo con eso. Más silencio. Mi pierna está rebotando un poco, pero me siento más tranquilo que antes. —Te gusta mucho, ¿verdad, hijo?

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Sus palabras hacen que sea difícil mirarlo. Porque ella sí me gusta mucho, pero también sé que no debo. Siento los ojos del abuelo en mí y sé que es hora de afrontarlo. —Sí. Ella es impresionante. Sin embargo no la merezco. No lo sabe todo. Aquí nadie sabe todo sobre mí. Rebote, rebote, rebote. Con mis ojos, inspecciono el lugar como si pensara en robarlo o algo parecido. —Entonces, ¿por qué no me lo dices? —La voz del abuelo es más suave de lo habitual. ¿Puedo hacer esto? ¿Puedo abrir la boca y decir las palabras? Es tan jodidamente difícil admitir lo que se halla en mi cabeza. Es diferente, saber algo y reconocerlo. El conocimiento es personal. Es fácil mentirte a ti mismo. O engañarte. ¿Admitirlo? Eso es poseerlo. Es hacerlo real. Se necesitan agallas para apoderarse de ello. No soy un adicto. Casi no me morí en casa ni me perdí en Tokio, si en realidad no abro la boca y largo las palabras. Intento lo de la respiración profunda que aprendí. Me siento como un cobarde, y estoy cansado de ello. Y creo que si le podría decir a alguien, sería al abuelo. Mirándolo, me doy cuenta de que quizá es lo más parecido a un padre que he tenido. Que jamás tendré. —Yo como que... ¿tengo un problema con las pastillas? —Tú… —No. Tengo un problema. —Me rasco la cabeza. Mi brazo. Toco mi arete del labio. Reboto la pierna. Nada de esto me hace olvidar lo que estoy haciendo. El postergarlo lo hace peor—. Empecé después de que fui contratado. Las multitudes, como que me asustan. Es como si estuvieran tratando de meterse dentro de mí, así que tomo algo para relajarme. Entonces, me canso y necesito permanecer despierto, por lo que me tomo otra píldora para eso. Luego necesito ayuda para dormir, lo cual exige otra. Se siente bien, ¿sabes? Como si volara o... no sé... ¿fuera ligero? Comenzó a ser divertido. Comencé a tomar de diferentes tipos. ¿Sabes lo fácil que son de conseguir las píldoras? Por primera vez desde que empecé con esta confesión, miro al abuelo. —Quería robar algunas tuyas. Sus ojos se arrugaron en los laterales. Él me da una inclinación de cabeza. —Pero no lo hiciste, ¿verdad? —No. Sin embargo traje aquí algunas escondidas. Las tomé todas. También tomé con mi amiga, Maryanne, que me visitó, y tengo doce en la cabaña, esperándome. Es casi como si mis palabras salieran, pero regresan dentro de mí. Susurrando en mi cabeza para asegurarse de que quedan grabadas. Soy un adicto. En este momento, mi boca se siente seca. Mi corazón se vuelve loco de nuevo porque aún tengo pastillas. Podría tomarlas esta

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noche. O no a todas, pero sí unas pocas. Como por última vez, o lo que sea. Tomo algunas, vierto el resto y luego se acabará. ¡No! —¿Quieres saber lo que pasó para que viniera aquí? —Una parte de mí cree que quiero decirle. Tal vez es un precalentamiento, porque sé que tengo que decirle a Penny. —Sí, quiero. —La voz del abuelo es aún más suave. Más respiraciones. Más rebotes. Más palabras. —Mi banda tenía un espectáculo y yo me volvía loco como siempre. Las multitudes... me afectan. Y luego, me persiguieron los paparazzi. Cuando llegué donde Maryanne, solo quería olvidar, ¿sabes? Tenía que olvidar, por lo que ella me dio muchas cosas... —Inhalo, exhalo, inhalo, exhalo—. Ni siquiera sé todo lo que tomé. Eso es malo. Tiene que ser malo, ¿no? —No responde, pero no necesito que lo haga—. También hubo mucho alcohol. Por lo general no soy un gran bebedor, pero esa noche tenía ganas. Me muerdo la uña del pulgar. —La habitación estaba bastante tranquila, pero todo se sentía fuerte en mi cabeza. Hubo baile, ¿creo? Sí, Maryanne bailaba y se reía. —Recuerdos fragmentos de esa noche. Bebiendo, girando, bailando, riendo, cayendo... No me había permitido pensar en ello—. Es casi como si supiera que algo iba mal. Que era un desastre. Era como si mi cuerpo estuviera gritando y luchando contra sí mismo o algo así, pero no podía hacer nada al respecto. Mis mejillas están mojadas. Mierda. Estoy llorando. —Era como un fundido en negro, entraba y salía. Una parte de mí quería reírse con ella, creo, porque me tropecé y no podía levantarme, y sabía que debía ser divertido, pero a la vez no lo era. —Ahora estoy hablando más rápido, ya que necesito sacarlo. Es como si fuera un veneno dentro de mí, supurando, y la única manera de deshacerme de él es dándome prisa y sacando las palabras—. Maryanne se cayó a mi lado. Creo que nos hallábamos en el piso de su habitación. Ni siquiera puedo recordar, pero sé que mi cuerpo necesitaba sacarlo. No estaba consciente, pero a la vez sí. Como si mi cerebro funcionara, pero el resto de mí no. Sabía Maryanne me giró... y me golpeaba en la espalda. Y... eso es todo. Lo siguiente que supe es que me encontraba en el hospital. Casi me ahogué. —Sacudo la cabeza—. Ellos tuvieron que bombear mi estómago. Mi madre... Dios, creo que la destrocé. Ella ha pasado por mucho con mi padre, y luego yo también la destrocé. Me seco los ojos, deseando atreverme a mirar al abuelo. Mi pierna continúa rebotando. Inhalo, exhalo, inhalo, exhalo. Trato de concentrarme en mi respiración. —Mamá y mi mánager me hicieron venir aquí. No he hecho nada indebido desde que se fue Maryanne. Es como si jodidamente lo odiara.

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Odio las pastillas en mi bolso, pero también las amo. Quiero botarlas, pero no puedo obligarme a hacerlo. —Cuando por fin miro al abuelo, sus ojos lucen húmedos—. ¿Eso cuenta para algo? Es decir, sé que sigo jodido, pero ¿el hecho de que no quiero ser así? ¿Tiene importancia? Pone la mano en mi hombro, y aprieta. —Sí importa, hijo. Importa. Me permito asimilar sus palabras. Escuchar cómo me llama hijo. Eso también es importante. Dejo escapar un suspiro tembloroso. —¿Cómo le digo? Tengo que decirle. —Se quiebra mi voz. —Tal como me lo dijiste. Puedes hacerlo, hijo. Estoy muy orgulloso de ti. Se siente bien y mal al mismo tiempo. Se siente tan bien por ella que me diga que está orgulloso, pero es como si aún no hubiera hecho nada. Esto no es suficiente para ser mi “cosa” de la que hablaba Gary. —Pero me obligaron a venir aquí. No lo hice porque quise. Y no estuve completamente limpio. —Un paso a la vez. ¿Puedo tenerlas? ¿Las pastillas en tu bolso? ¡No! Inhalo, exhalo, inhalo, exhalo. —¿Puedes tomarlas mientras estoy fuera? Mi maleta se halla en el armario. Hay una ranura en la parte posterior. Están ahí. Asiente. —Un paso a la vez. Puedo hacer eso, pienso. Algo del peso cae de mis hombros. — Voy a decirle mañana después del partido. Yo quiero... —Me aclaro la garganta—. No sé... tal vez ese es mi primer paso para merecerla. Y... la rehabilitación. Voy a hablar con Gary sobre la rehabilitación. —Son mis palabras, pero me cuesta creer que las dije. Hace dos meses, nunca me hubiera imaginado esto, pero lo necesito. Lo necesito por mí, así puedo cuidar de mamá y por todos los que son importantes en mi vida—. No quiero estar jodido nunca más... Es hora de que esté mejor. Que trate de ser feliz como dice Gary. El abuelo pone su mano en mi hombro. —Lo estás haciendo bien, hijo. Vamos a salir de esto juntos. Voy a estar ahí en cada paso del camino. Me acerco al abuelo y lo abrazo, deseando saber cómo decirle gracias. Que lo necesito. Que ha sido como un padre para mí, pero más porque él eligió estar aquí. La forma en que me devuelve el abrazo me demuestra que ya lo sabe. Hay un fuerte ruido de un camión desde el exterior. El abuelo y yo nos separamos y me limpio la cara otra vez. El abuelo le da otro apretón

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a mi brazo antes de alejarse. Llego a la puerta de la cochera cuando él dice—: No lo arruines, novato. —Hay risa en su voz. —Tienes la frente sucia, viejo. Tal vez soy el que debe limpiarte. El abuelo se ríe. —Como he dicho, no hay respeto. Tienes suerte de que te ame. Sus palabras me congelan. Tengo suerte. Trato de decirle que yo también lo amo, pero no puedo, así que digo—: Gracias. Y vamos a trabajar en el coche de nuevo pronto, ¿no? —Sí. —Me da un pequeño saludo con la mano antes de que yo corra a reunirme con los chicos. *** Conducimos por, como, cuarenta y cinco minutos. Empiezo a preguntarme si estos chicos realmente quieren encontrar un lugar para esconder mi cuerpo. No va a ser lindo tener que patearles el culo a los amigos de Penny, pero voy a hacerlo. Están escuchando Cyclops, a quienes aborrezco. Siento el impulso de decirles lo idiotas que son los de esa banda, pero recuerdo que no debo conocer a gente famosa. Mi cabeza es un desastre después de hablar con el abuelo —mejor— pero aun así sigo jodido. Si éste trineo es tan bueno como dicen, estoy ansioso por salir y hacerlo. Ojalá despeje mi mente de todo. Alaska es buena para eso, lo estoy notando. Cuando me siento un poco ansioso, siempre hay un modo loco para olvidarlo. Por fin, Mitch estaciona el camión. Subimos bastante, por lo que si no estuviera bastante oscuro, tal vez podría ver todo el valle desde aquí. Este cerro se ve mucho más grande que cualquier lugar en el que he imaginado para que la gente se deslice en trineo. Se parece más a un acantilado. Cuando pienso en trineos, me imagino películas de navidad y los niños de ocho años. —Te va a encantar esta mierda. —Chomps se frota las manos. Todos salimos y empiezan a lanzarme el equipo. Me demoro un minuto para ponerme todas las cosas que uso para la moto de nieve. Incluso un casco. Este debe ser un trineo duro. Mitch coge el trineo, Matt va justo detrás de él. Son estos trineos de plástico rojos y gruesos con crestas en la parte trasera, y cojines de goma para sentarse. Tuvimos veinte minutos de caminata hasta el lugar que vamos a usar para bajar. Mitch me sonríe. —¿Primero los novatos?

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Esto es una prueba. Tal vez debo respetarlos por ello, y creo que lo hago, pero también me muero de ganas de patearles el culo. —¿Por qué? ¿Tienes miedo? Chomps ríe y abotona su abrigo hasta arriba. —Parece que eres el único que tiene miedo. No lo creo. Lanzo mi trineo al suelo y lo sostengo con mi pie. No hay árboles aquí arriba, pero puedo verlos abajo. Si el trineo va muy lejos, voy a tener algunos problemas para esquivarlos. —La primera vez, voy solo. La segunda, corremos. —No escucho si responden, porque me siento y salgo. Mi primer pensamiento es: mierda, tenían razón. Es una locura. Me agarro mientras me inclino, esperando que me ayude a tomar la curva. Se siente como si fuera a millones de kilómetros por hora. Casi como si estuviera en la moto de nieve, pero es aún más intenso, ya que parece como si volara por la montaña. Golpeo un bache y mierda, realmente voy por el aire. —¡Siii! — grito. Es increíble. Me alegra tanto que tuvieran gafas de protección y esas cosas. Tan deprisa. Cuando aparece otra curva, nuevamente me inclino. Estoy llegando al fondo. Mi trineo choca con otro bache y va más alto que la última vez. Cuando vuelvo a tocar la tierra, pierdo el control y caigo, rodando lejos del trineo. Mi cuerpo se detiene a unos seis metros de donde me caí. Acostado en la nieve, miro hacia el cielo. Mi pecho sube y baja un poco más brusco de lo debido, y no puedo recuperar el aliento. Al estar aquí en la nieve congelada, solo puedo pensar en lo increíble que es este tipo de adrenalina natural. Mucho mejor que cualquier tipo de drogas. Lo que le dije al abuelo antes es lo correcto. Este es el tipo de cosa que quiero que me haga sentir bien, no las pastillas. Voy a hablar con Gary. Iré a rehabilitación.

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20 Traducido por CrisCras Corregido por SammyD

Penny Nadie está diciendo la palabra “castigada”, pero, ¿qué otra cosa puede ser cuando es la noche antes de mi gran juego y no puedo salir con los chicos? Mamá y yo nos hemos cruzado en un silencio sepulcral decenas de veces desde que le expliqué, otra vez, que me quedé dormida por accidente en casa de Bishop. Nada de lo que diga parece importar. Ella también lucha con lo que quiere decir, pero ninguna de nosotras sabe cómo empezar. Prefería a mi madre cuando pasaba mucho tiempo en el trabajo, o acostándose con Ben, o lo que sea que está haciendo y sobre lo que no me habla. —Afloja ese ceño, chica afortunada. —El abuelo pasa una mano sucia por mi frente—. Bishop puede manejar a esos chicos. Me apoyo en la sucia pared de la cochera y doblo los brazos. — Bishop está tan loco como el resto de ellos. Le encantará. Es mamá la que me está volviendo loca. Asiente y empieza a abrir cajones de la caja de herramientas. Lo hace cuando no sabe en qué seguir trabajando. Coge una herramienta y luego elige el trabajo que va a hacer con ella. Siempre he amado eso de él. Me aparto de la pared y me desplomo en una de esas sillas de campo grasientas que hay en la cochera. —No, no. —El abuelo niega con la cabeza—. No necesitas hablar conmigo, necesitas hablar con tu madre. —Pfft. —No es probable. Se ríe entre dientes. —Justo tuve esta charla con el chico. Te gusta, ¿verdad? Asiento y tengo solo un poco de éxito en esconder mi sonrisa. — Mucho.

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Los ojos del abuelo se iluminan. —Él tiene historia, ¿sabes? Pero esas personas son el mejor tipo porque ya saben lo que hay allí afuera y están listos para descubrir qué quieren realmente. ¿Tú sabes qué quieres realmente? No estoy lista para responder a esa pregunta. —¿Vas a darme la charla sobre las grandes oportunidades están frente a ti? ¿El cielo es el límite? —Sí pasaba del tema de Bishop a la universidad y a marcharme, podría enloquecer. —No. —Niega con la cabeza—. Ve a hablar con tu madre. Creo que tiene mucha culpa acumulada por esto y por enamorarse de alguien nuevo. Intenta ver esto desde su punto de vista. Seguro que ha tenido miedo de decir nada. Simplemente dale una oportunidad de explicarse antes de atacarla con tu actitud. Me levanto. —Está bien, está bien. Iré. —No estoy intentando asustarte. Quiero que tomes algo del pastel que he hecho esta mañana y me digas que soy un hombre normal del Renacimiento porque soy muy polifacético. —Me hace un guiño. Me detengo en la puerta. —¿Algo más? Hace una pausa por un momento y junta sus cejas. —Bishop me pidió que hiciera algo, y no puedo acordarme ni por mi vida. ¿Tienes alguna idea? —Ninguna. La confusión llena sus rasgos antes de que su rostro se relaje. —Lo recordaré. Buena suerte con tu madre. Cierto. Está absorto al instante en que se inclina sobre el mostrador. Al parecer, ha encontrado la herramienta con la que quería trabajar. Cuando llego a la cima de las escaleras para coger algo de cena o pastel del abuelo, supongo que debería ver si mamá quiere hablar. Su voz me lleva desde su habitación a la cocina. Bueno. Está despierta. Y aquí. Podemos hablar. Tal vez era solo la culpa lo que la contenía de contármelo. Quiero decir, es extraño, pero sabía que ella encontraría a alguien con el tiempo. Cuando llego a la puerta, me detengo. —Tendré que conseguir la historia de ese chico. Obviamente es una mala influencia. Nunca antes he tenido que preocuparme por ella. Lo siento mucho por el arrebato… No, por supuesto que no es tu culpa. Es solo una niña… Sí, lo sé… tiene mal genio, eso es todo. Mamá suspira. Cierro las manos en puños. ¿Niña? ¿Oponerme solo por lo molesta que estoy debido a mi mal genio? ¿Qué demonios? ¿Con quién está hablando? No puede ser… —Lo sé, Ben. También quiero verte.

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Todo mi cuerpo se tensa. ¿Está hablando sobre mí con su novio? —Una vez que trabajemos en la forma en que está lidiando con esto, todo estará bien, y se encaminará a la universidad pronto. ¿Qué, me quiere fuera de aquí, así puede estar con su hombre siempre que quiera? Duele respirar. Mis uñas se clavan en mis palmas. —Está bien. Gracias. —Su voz tiene el mismo tono sobreactuado y ridículo que Rebecca tiene con Mitch—. Lo sé. Hormonas de niños. Simplemente no estoy acostumbrada, es todo… Bueno, él no puede quedarse para siempre, pero hace que esté sumamente decidida a conseguir que ella salga de aquí… Toda esta situación es extraña… lo sé. Está bien, buenas noches. Ahora es cuando debería irme de mal humor a mi habitación, pero no lo hago. No soy la chica más inteligente cuando estoy así de exaltada. Mamá abre la puerta y se congela cuando me ve. —¡No hables sobre mí con tu novio! —grito. Desliza su teléfono en el bolsillo con manos temblorosas. Es como si estuviera caminando de puntillas por una habitación con el suelo de cristal. Quiero que grite. Que me diga que estoy siendo infantil. En cambio, se queda extrañamente estoica. —Penny. Necesitamos hablar. Yo… —No soy una niña. No es una cosa hormonal. ¡Es que mi madre me dejó aquí para encargarme de las cosas mientras ella corre por ahí con un tipo sobre el que no vio la necesidad de hablarme! Parpadea unas cuantas veces, todavía pareciendo insegura de qué decir. —La noche que llamaste, me encontraba en el trabajo. No podía marcharme, y… Pongo las manos en mis caderas. —¿Y qué pasa con cada una de las otras noches? —Penny —advierte—, necesito que bajes la voz. —¡No! —grito, sabiendo que estoy a punto de descontrolarme y que no será bonito, pero ahora estoy más allá del punto en el que me importa porque ha estado construyéndose durante mucho tiempo—. ¿Qué hay de cuando no ibas a mis partidos, o cuando tenía que venir a casa en vez de ir a la fiesta de después? ¿Qué hay de entonces? ¡Dios! ¡Lo mínimo que podías haber hecho era decirme que estabas viendo a alguien! —No es tan sencillo, Penny. —¡Por supuesto que es jodidamente sencillo! —Y justo acabo de destrozar cualquier posibilidad que tuviéramos de hacer esto civilizado.

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Sus fosas nasales se agitan y su boca se aprieta en una línea fina. Puede que estemos a un paso de la pelea que ha estado hirviendo a fuego lento desde que me alejé de ella en mi camioneta. —¿Y qué has estado haciendo con Bishop? —Su voz llega al borde de una ira seria—. Porque no es propio de ti estar… estar… durmiendo fuera de casa, o… —No lo hagas —señalo—. Esto no se trata de mí. ¡Sino sobre ti! —¡No cuando me gritas de esta manera! —exclama mamá antes de tomar una profunda respiración, como si intentara controlar su frustración—. Tenemos que hablar sobre ti ahora. No sobre mí. —Oh, ¿de verdad? Porque no sabes nada acerca de lo que ha estado sucediendo en mi vida. ¡Bishop es el primer chico que me gusta que me corresponde! —Pero él es mucho más que eso. Simplemente no tengo ni idea de cómo explicarlo, o por qué querría molestarme en tratar de explicárselo en este momento. Todo se halla en una neblina roja de frustración e ira. Mamá avanza un paso hacia mí, con una expresión de piedra, pero sin retroceder todavía del modo que yo quería. —¿Sabías que tuvo a una chica aquí? Contengo la respiración, lista para cualquier cosa que tenga que decirme. —¡Claro que lo sé! —grito—. ¿Por qué estás tan determinada a tomar decisiones por mí? ¿O a arruinar esto por mí? Su cuidadosa fachada se rompe, y su cara enrojece. —¡Porque eres una niña y no sabes lo que quieres! Suelto una risa áspera, nada que esconda la forma en que estoy empezando a desintegrarme por dentro. —¿Soy una niña? —Sé cómo sacarla de sus casillas, y puedo sentir las palabras abriéndose camino hacia la superficie incluso aunque sé que es lo más estúpido que podría hacer en este momento—. El del salón de tatuajes no piensa que soy una niña. Ira arde en sus ojos, y el silencio es lo suficientemente pesado para saber que es el momento de retirarse. Me giro y me dirijo hacia las escaleras, pero mi visión y mi cerebro siguen nublados por la frustración. Esto se suponía que iba a ser sobre ella, no sobre mí. —¡Penny Jones! —Su voz se ha convertido en un gruñido—. Vuelve. Aquí. Ahora. Dar marcha atrás sería adentrarme en un nuevo territorio para el que no estoy segura si estoy preparada, pero entonces oigo un rápido golpe en la puerta. —Abriré la puerta —digo mientras bajo de un salto el último par de escalones.

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Abro la puerta principal y me encuentro cara a cara con Rebecca. Mi mandíbula se afloja. ¿Qué demo…? No puedo concebir ninguna razón por la que ella esté en mi casa, pero su intervención es definitivamente perfecta. Mamá empieza a bajar las escaleras a pisotones. —No vas a verle… —Se detiene tan pronto como Rebecca está a la vista, con una mirada deliciosamente sorprendida en su cara; una de esas que me hace saber que podría librarme durante un poquito más—. Oh. Hola. — Su voz es de repente brillante y feliz. —Mamá. Esta es Becca. —Incluso intento usar el nombre que sé que le gusta—. Vino a ayudarme a estudiar ya que no me vas a dejar ir a ninguna parte. —Trato de exagerar mi voz más agradable. Exagerar lo suficiente para que sepa lo que estoy haciendo, pero con la esperanza de que no la enojará más. La boca de Rebecca se abre, pero es rápida. —Sí. Sabía que Penny querría avanzar con la materia de ética y ciudadanía antes del gran juego, así que vine a ayudarla. —Su dulce voz y la forma tímida en que está de pie son el contraataque perfecto para la ferocidad de mamá. —Está bien. Bueno. Penny. —Sus labios se aprietan. No le gusta, pero noto que va a aceptarlo—. No te quedes hasta muy tarde. Le dedico un saludo que espero que diga “vete a la mierda” tanto como dice “sí, mamá”. Deslizo mi brazo por el de Rebecca, algo que nunca pensé que haría, y nos encabezamos hacia mi habitación. —¿Qué pasa? —susurra mientras cruzamos la puerta. —Larga historia. —Suspiro y me dejo caer en la cama. Está silencioso durante unos momentos, lo cual está bien para mí. No tengo ni idea sobre qué hablar con la novia de Mitch. —Tu habitación parece la de un chico, Penny. Es todo azul, negro y hockey. —Sacude la cabeza, pero continúa de pie junto a la puerta, como si no estuviera segura de sí quiere estar aquí dentro. —Ya has estado aquí. —Agarro un disco de hockey de mi mesita de noche y lo giro entre mis manos. —En realidad, me haces cambiarme para el jacuzzi en el diminuto baño sin terminar de la planta de abajo. Me estremezco, porque ahora parece bastante duro. —Sí. Lo siento por eso. Su sonrisa es irónica. —Seguro que sí.

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Jugueteo con el borde de mi manta y trato de descubrir qué se supone que diga a continuación. —Entonces… ¿Qué estás haciendo aquí? —Esperar a Mitch. Sabía que no podrías ir con ellos, pero pensé en venir y esperar a los chicos, si te parece bien. Cada vez que nos atrapan juntos, mis padres creen que Mitch es el engendro del diablo o algo parecido, así que sigo bajo llave. Tuve que mentir y decirles que iba a ayudarte con ética y ciudadanía para ir a la fiesta de la otra noche. —Sí. Está bien. —Esto no debería ser tan incómodo. Ser amiga de una chica debería ser más fácil—. Siéntate. —Ahí, eso parece amigable. Me deslizo sobre mi cama para dejarle espacio. Si ella lo intenta, lo cual obviamente está haciendo, yo también debo intentarlo. —Entonces, ¿te encuentras bien? —pregunta. No estoy segura de por dónde empezar, pero sé que no conozco a Rebecca lo suficientemente bien como para desnudar mi alma aquí. —¿Qué? Se encoge. —Podía oírlas a ti y a tu mamá. Giro la cabeza tratando de deshacerme de parte de la tensión. —Está enfadada por Bishop, y yo estoy enfadada por otras cosas, y heredé mi mal genio de ella, así que… Sonríe. —¿Así que cuando discuten es como la Tercera Guerra Mundial? Sonrío de nuevo. —Más o menos. Se apoya en sus brazos. —Mis padres se ponen, como, locos por todo. —Por eso enloquecieron por Mitch. —Y lo bueno es que Mitch no se asemeja a Bishop en un millón de formas, así que tenerla aquí… no lo sé, pero se siente bien. —¿Y por qué tu mamá enloqueció por Bishop? Podría decirle que mi madre piensa que Bishop y yo tuvimos sexo como ella y Mitch, pero eso es entrar en territorio personal. —No creo que mi madre sepa qué hacer con la idea de que un chico podría gustarme. —Yo apenas sé qué hacer con ello. —No te preocupes, Penny. —Sonríe un poco—. Tengo la sensación de que Bishop tiene una habilidad con la gente. Estoy segura de que hará cambiar de opinión a tu mamá. Espero que sí. Y entonces me doy cuenta de que una chica y yo acabamos de hablar de chicos, y no me brotaron uñas de color rosa, el infierno no se ha congelado —que yo sepa—, y podría estar bien.

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21 Traducido por Aimetz14 Corregido por Meliizza

Bishop Otra noche sin dormir. Pensé que esa mierda había terminado. Confesarme con el abuelo, decidir que voy a ir a rehabilitación y hablar con Penny debería haberse llevado todo el estrés, pero no fue así. Mi cerebro sigue dando vueltas, mis ojos continúan abiertos mientras estoy inquieto. Habría hecho cualquier cosa por una pastilla de ansiedad, pero estoy determinado a estar limpio. Tiene sentido empezar ahora, hacerme sentir orgulloso. Y ya estoy un poco de orgulloso, entonces, ¿por qué no puedo dormir? Me di un golpazo al deslizarme por la colina. Mi cuerpo se siente exhausto, pero también duele. Y una vez más, estoy sin pastillas, así que intento lidiar con eso. Los trineos de Alaska no son una broma. Nunca los miraré de la misma forma. En realidad, me pregunto si veré algo del mismo modo después de Alaska. Lo que es una locura. No esperaba venir aquí y tener una epifanía o lo que sea, pero no puedo parar de pensar en que es justo lo que pasó. Quizá tiene algo que ver con toda la meditación interna que he estado haciendo… En casa no pasaba mucho tiempo contemplando los misterios de la vida. El caminar ha ayudado, dándome tiempo a estar sumergido en mis propios pensamientos. Quién sabe si eso es algo bueno o malo. A veces me gusta lo que descubro, y otras, me siento como un demente. Cuando mi celular comienza a sonar, giro en la cama y lo agarro de la mesita de noche. Maryanne aparece en la pantalla. Una parte de mí siente que soy una mierda por ignorarla, pero la otra parte no quiere que esa vida surja nuevamente. Además, se siente mal hablar con ella debido a Penny. Después de pulsar ignorar, pongo nuevamente el teléfono en la mesita de noche.

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Ojalá siempre fuera tan fácil, pulsar “ignorar” cuando una idea o deseo se desliza en mi mente. Cuando el Bishop de Los Ángeles intenta resurgir y todo lo que quiero hacer es borrarlo y convertirme en el Bishop de Alaska para siempre. Incluso si la idea de rehabilitación eriza mi piel, ese es el por qué tengo que hacerlo. Salgo de la cama y voy al baño antes de que mi autobiografía comience a escribirse por sí misma en mi cabeza: “Si la vida fuera un teléfono celular, combina dos versiones de ti mismo” por Bishop Riley. Sí, Alaska me está volviendo loco. Pero me gusta. Después de una ducha rápida, me visto, sabiendo que la mañana va a ser aburrida. Hoy es el partido y Penny saldrá a desayunar con su equipo. Su madre está en casa así que no puedo exponerme a su ira por ir a ver al abuelo. Lo que ayuda, supongo. No ser capaz de ir a verlo se lleva mi excusa para no ir a hablar con Gary. Después de todo lo que ha hecho por mí, necesita saber acerca de mi rehabilitación. Me ayudó a llegar hasta aquí. Me siento un poco ansioso. Nada malo, solo un poco de nervios. Sigo encontrando razones para ir a mi habitación y a mi armario, así puedo mirar mi maleta. Estoy orgulloso de decir que mirar mi maleta es todo lo que he hecho. Antes de hablar ayer con el abuelo, revisaba mis pastillas todos los días. Contaba las doce al menos una vez para asegurarme de que continuaban allí. Desde ese momento, no las he tocado. No he puesto mis dedos en esa pequeña abertura en la tela para asegurarme de que el abuelo no dejó accidentalmente una, para estar seguro de que no había nada de las viejas. El abuelo quería tomarlas, y me alegro de que lo hiciera. Y sinceramente... me hace sentir un poco orgulloso. Me dirijo a mi batería y agarro las baquetas. Estoy a punto de ponerme a tocar cuando recuerdo lo que dijo la mamá de Penny, acerca de lo ruidoso que soy, y las tiro al suelo. Mis manos están con ganas de tocar, pero no quiero dar otro motivo para que me odie. La lista ya es demasiado larga. Uso mis manos para tamborilear mis rodillas, pero no es lo mismo. Pienso en ir y pedir prestado una de las motos de nieve, pero entonces recuerdo que Mamá Osa está en casa y no puedo hacer eso. Sin embargo no estoy seguro si alguna de esas cosas hoy podría relajarme, porque sé lo que viene. Voy a decirle todo a Penny. Una parte de mí quiere hacerlo ya. Debería haberlo hecho anoche, pero no sería justo antes del partido. Ya estoy en territorio de ser un imbécil, y eso podría inclinar las cosas hacia imperdonable, si es que ya no están allí. Es entonces cuando me doy cuenta y de solo pensarlo, la tensión comienza a deslizarse dentro de mí. Caminar. Necesito aire fresco. Para

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ver cómo es ese gran mundo y darme cuenta que mis problemas no son el fin. Hay algo liberador en eso y en este momento, solo quiero ser libre. Sin importarme que sea temprano, me pongo las botas y el abrigo antes de dirigirme donde Gary. Puede ir conmigo y contarme historias y hacer preguntas que ahora respondo con gusto. Al fin voy a hacer algo de lo que puedo estar orgulloso; contarle a Penny e ir a rehabilitación. Tan pronto como llego a la escalera, me doy cuenta de que la puerta se encuentra parcialmente abierta. Es hora de divertirse. Espiar a Gary y darle un susto de muerte, sin duda va a distraerme durante unos minutos. Permanezco en silencio cuando me detengo frente a la puerta. Estoy a punto de escabullirme dentro cuando escucho a la mamá de Penny allí. —Necesito saber lo qué están haciendo aquí. —Su voz es tan feroz como nunca la he escuchado. En este momento, sé que estoy jodido. —Con todo respeto, señora, no creo que eso le incumba. No hemos causado ningún problema. Estamos pagando como huéspedes, pero no me parece que eso le dé derecho a pedir información de nuestra vida privada. Quiero gritar, “¡vamos Gary!” y “¡cierra la boca que ya me odia!” al mismo tiempo. —Me incumbe cuando se trata de mi hija. Cuando la atrapé escapando de su cabaña en la mañana; con todo respeto, eso lo hace asunto mío. Me golpea como si fuese un puñetazo en el estómago, porque tiene razón. O tal vez no es asunto suyo, pero si de Penny. Es mi chica y debería saber toda la mierda sobre mí. Gary habla de nuevo—: Entiendo su preocupación, pero confío en él. Ahora es un cuchillo, no solo un puñetazo. Gary confía en mí cuando no sabe ni la mitad de la verdad. Cuando no sabe nada de Maryanne ni las pastillas ni algo de eso. Él sigue hablando—: No estoy diciendo que Bishop, o alguien más de hecho sea perfecto, pero se preocupa por su hija. No le hará daño. Ella suspira. —Lo he visto antes; chicas que desperdician sus vidas por un chico. Penny es mucho más grande que Seldon. Necesita salir de aquí. Ir a la universidad. ¿Te das cuenta de que está recibiendo becas de escuelas que tienen algunos de los mejores equipos de hockey de mujeres en América? No quiero que Bishop se interponga en su camino. Lo veo en los ojos de él. Algo no está bien, y que me condenen antes de dejar que la arrastre.

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Arrastrarla… No es que no tenga algo que ofrecerle. Tiene razón. El dinero no le importa a una chica como Penny. Quiere a Alaska y al hockey. Hasta cuando esté limpio, soy uno de los bateristas más jóvenes en ganar un Grammy. He tenido más éxito en los dos últimos años de lo que nunca imaginé, pero Penny es más importante que todo eso. No es que pueda esperar que renuncie al hockey por mí. De ser ella yo no lo haría, pero, ¿podría renunciar a Burn? No podemos tener una relación si estoy viajando todo el tiempo. Su madre tiene razón. La idea de retener a Penny hace que mis entrañas se retuerzan. Gary se queda en silencio unos segundos. —Sabe, personas como usted me hacen enojar. Él es un chico jodido. No ha tenido mucho en su vida, pero lo intenta. Se esfuerza mucho más que un montón de gente que conozco. Odio estos prejuicios de mierda. Sin importar lo que digan, estoy muy orgulloso de ese chico. Es un buen muchacho, que sé va a convertirse en un gran hombre. ¿Es perfecto? No, pero al menos él lo sabe. No se sienta sobre un pedestal y condena a todos los demás. Gira, gira y gira. El cuchillo continúa enterrándose cada vez más profundo. Agarro mi estómago para no vomitar. Gary se equivoca tanto conmigo. Yo no soy ninguna de las cosas que dijo. No importa que haya reservado un vuelo a casa, y que esté pensando en llamar a mi madre para que me ayude a entrar en rehabilitación. Soy un mentiroso. Me defiende sin saber sobre las píldoras y Maryanne. —¿Por eso metió a escondidas aquí a una rubia? No puedo evitar preguntarme si empezó a ver a mi hija antes o después de ella. Preparen. Apunten. Fuego. Estoy muerto. Debería haber sido yo quien le contara a Gary sobre Maryanne. Merece eso y mucho más por la fe que ha puesto en mí. Después de besar a Penny, traje a Maryanne. Ella tiene metas y un futuro. Necesita a alguien mucho mejor que yo. Gary se queda en silencio. —¿Sabías acerca de la chica? Más silencio. Por último, responde—: Nos iremos mañana. Nunca ha habido un momento en que me odiara más que en este preciso instante. Tan pronto como la mamá de Penny vuelve a su casa, salgo de mi escondite. Todo dentro de mí está gritando... gritándome que huya, pero estoy tan jodidamente cansado de ser débil que subo las escaleras de la cabaña de Gary nuevamente y toco la puerta.

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Cuando abre la puerta, no muestra su típica sonrisa. No bromea. No hay nada. Eso no es cierto. Hay decepción. Mis piernas se doblan, amenazando con derrumbarse. Duele todo en mi interior. Quiero huir. Me da muchísimo miedo hacer esto, pero debo hacerlo. Ya no puedo seguir huyendo. Me dirijo directo hacia el sofá y me siento. —Lo siento. —¿Esa era Maryanne? —Su voz es tensa. —Sip. —¿Te drogaste con ella, Bishop? —Sí. —Mierda —murmura, y luego dice—: Debí haberlo sabido. Saber era mi maldito trabajo. —Su remordimiento por mis errores hunde otra vez ese cuchillo—. ¿Cuántas veces? Odio esto. Me siento tan cansado de decepcionar a todos. De decepcionarme a mí mismo. —Solo una vez con ella. Esa es la única vez que estuvo aquí. Sin embargo traje unas pastillas aquí. Las tomé cada tanto. También tomé una cerveza. Y Maryanne me envió unas pastillas, pero nunca llegaron. También dejó algunas cuando se fue, pero no las tomé. Lo quise un millón de veces, pero no lo hice. Comencé a darme cuenta, aunque eso no importe. —¿Dónde están? —Rechina los dientes, caminando de un lado a otro por la sala. —Ya no las tengo. El abuelo se las llevó; le conté todo ayer y dijo que se encargaría de ellas por mí. —Es tan loco soltarle todo así. Duele. Es feo. Odio a la persona que soy, pero esto también hace que el nudo en el pecho se afloje solo un poco. Esas palabras suavizan un poco su postura. Gary suspira antes de sentarse a la mesa delante de mí. —¿Cómo dejé que esto pasara? Ya he hecho esto con Troy. He sido entrenado para hacer esto. Debí haber sabido... yo tenía fe en ti, Bishop. Que se eche la culpa me hace sentir peor. —Mierda, lo sé. —Aquí vienen los temblores. Me paso las manos por mi cabello, esperando que se detengan—. Lo sé, y odio eso. Odio todo esto. Es muy jodido, pero te juro que he terminado, Gary. Ya no quiero tocar nada, y lo siento. Sé que no tiene importancia, pero lo siento. Se lo contaré a Penny después del partido y luego... iba a hablar contigo. Quiero regresar a casa y, ya sabes —me encojo de hombros—, ir a rehabilitación. Me mira fijamente. —Es curioso cómo decidiste ir a rehabilitación de repente. No funciona de esa manera. No puedes decir esas palabras simplemente porque te atraparon. Tiene que venir de aquí. —Se toca el pecho. El miedo sube por mi espalda. —Es así. No estoy mintiendo. Estoy tan malditamente harto de mentir. Puedes hablar con el abuelo. Ayer le

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conté todo. Tomé la decisión sobre la rehabilitación y decirles a todos la verdad antes de que te enteraras, pero todavía no te había dicho. Solo me mira, y nunca me di cuenta de cuánto necesito a Gary. Cuan débil era antes de que empezara a ayudarme. Dejó su vida por mí, y confiaba en mí. Ha caminado conmigo y hablado, y demonios, es mi amigo. Puede que lo haya llevado demasiado lejos para dar marcha atrás, y esa idea hace que las palabras empiecen a salir de mi boca otra vez. —No es tu culpa. Te juro que voy a hacerlo mejor. No me des la espalda... —Por favor, no me des la espalda. Suspira. —¿En serio ya habías estado pensando en esto, Bishop? ¿Hablaste con el abuelo y esto no se trata de agarrarse a un clavo ardiendo? —Lo juro. —Miro al suelo—. Sé que mi palabra no significa mucho en este momento, pero estoy diciendo la verdad. Te... te necesito. —Y aquí estaré. No te librarás tan fácil de mí. No voy a ninguna parte. Alzo la cabeza de inmediato y lo miro. ¿Se queda? —¿En serio? ¿No vas a irte? —Pero no será tan fácil para ti. Has perdido mi confianza. Vas a tener que recuperarla, y no voy a dejar que esto de la rehabilitación quede a un costado. Si quieres mi ayuda, entonces irás allí. Siento ganas de abrazarlo. —Gracias. Lo haré. Voy a hacer lo que sea necesario. Solo necesito ver el partido de Penny y contarle a donde voy, entonces podemos irnos. Se acerca y agarra mi hombro. —Te dije que nos encargaremos de esto juntos, y lo haremos. No voy a abandonarte. Nunca. Es como si con cada palabra de Gary el cuchillo se liberara un poco más. No va a echarse atrás. Todavía puedo hacer esto. —Gracias. No te arrepentirás.

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22 Traducido por Mary Haynes Corregido por Daniela Agrafojo

Penny —Tu mamá se va a enojar —dice Bishop, cuando apago a Bitty en el estacionamiento de la pista de hielo. —Ahh... ¿Te asusta mi mamá? —bromeo. Niega con la cabeza. —No, pero no quiero causar problemas. —Mi mamá es la que causa problemas. ¿Y tuviste o no que preguntarle a Gary si podías venir conmigo? —Me acerco y deslizo una pierna sobre su regazo hasta que quedo sentada a horcajadas sobre él en la parte delantera de mi camioneta. Esto es lo que necesito antes de mi partido; un poco de distracción que me ayude a concentrarme. Los pulgares de Bishop trazan mis pómulos, y la calidez en sus ojos hace que mi cuerpo se vuelva papilla. Me encanta todo lo que siento con él. Es excitante, como estar en el hielo, pero más suave y cálido... Sus manos descansan en mi cintura, tal como estoy aprendiendo que a él le gusta. Y a mí también. Me inclino para darle un beso, el cual Bishop esquiva besando mi mejilla. —Tenemos que hablar de algunas cosas, ¿de acuerdo? —dice—. Hay algo que tengo que decirte… Deslizo la lengua por su labio inferior hasta que llego a su aro, con la esperanza de distraerlo. —¿Estás convirtiéndote en una chica, Bishop Ripe? Hablando sobre mi madre y sentimientos y... Masajea mis hombros, mirándose las manos. —Lo digo en serio, Penny. La calidez de sus ojos se ha vuelto triste, y no es lo que necesito ahora. —Y yo hablo en serio cuando digo que podemos hablar después del partido. Tengo que besarte. —Lo tiento nuevamente con mi lengua, esta vez en el labio superior—. Y luego tengo que concentrarme.

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Estrecha los ojos mientras trata de contener una sonrisa. —Eres imposible. —Te encanta. —Separo los labios y rozo los suyos, apartándome cuando abre la boca para un beso. —Me encanta. Ahora ven aquí antes de que te pongas todo ese equipo y no pueda sentirte más. —Bishop envuelve los brazos alrededor de mi cintura, haciendo que olvide todo salvo él y cómo necesito estar más cerca. Necesito que mi cuerpo esté más cerca. Necesito más de sus manos sobre mí. Pero el beso se acaba muy pronto, y él se está alejando. Quita algunos mechones de mi cara. —Probablemente deberías entrar. El hockey es lo tuyo. Campeonato Estatal. Esto es importante. No quiero distraerte. —Es lo mío. —Beso la esquina de su boca—. Adoro el hockey. No podría funcionar sin él. Pone una mirada distante, como si hubiera un millón de cosas en su cabeza. —Oye, ¿qué pasa? —Deslizo las manos sobre su pecho. Porque Bishop y yo nos tocamos de esa manera. Y nos besamos. Y después de besarlo, realmente quiero saber cómo se siente hacer más. También sé que en unos pocos minutos, voy a tener que librarme de esta increíble sensación para poder estar lista para el juego. Pero todavía no. Toma una respiración profunda antes de sonreírme. —Nada. No puedo esperar para verte patear culos allá. Sonriendo, me inclino para besarlo de nuevo. —¡Jones! —Los palos de hockey de alguien golpean la ventana—. ¡Sal de encima del chico y trae tu trasero al vestuario! Mitch se ríe y Becca me da un saludo. Chomps y Matt se hallan detrás de él haciéndome caras y simulando besos. Los ignoro. Idiotas. Cierro los ojos por un momento, tratando de aclarar mis ideas, al tiempo que deslizo los dedos por su pelo. —Me encanta la forma en que me afectas la cabeza. —Me encanta la forma en que tú afectas la mía. —Me observa. Intensamente. Como lo hace siempre—. Lo sabes, ¿verdad? —Tengo que irme. —Me inclino hacia delante y presiono nuestros labios de nuevo. Y luego, rozo su lengua con la mía. Se está convirtiendo en una adicción muy agradable. —Lo sé. Ve a patear traseros. —Se inclina y me besa de nuevo—. Hablaremos después.

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—¡Bishop! —Gary golpea la ventana mientras se ríe, pero también está sacudiendo la cabeza. —Está bien. —Me aparto, disgustada con nuestras interrupciones, pero lista para meterme en el juego. Incluso lo dejo llevar mi bolso. *** Sostén de la suerte. Calcetines de la suerte. Mallas de la suerte. Camisa de la suerte. Sacudo las manos temblorosas. Me pongo mis protecciones y suéter. Mi corazón se halla tamborileando. Latiendo con fuerza. Repiqueteando. Estatal. Último año. Soy la única chica jugando. Estoy sola en el vestuario. Es tranquilo. Perfecto. Toda mi carrera de hockey en la escuela me ha llevado a esto. No me voy a ir a casa con el equipo perdedor. Patines. Aseguro cada cordón antes de pasar al siguiente. Tienen que estar bien. Para que no tenga que tocarlos de nuevo. Apretados. Listo. Casco. Listo. Protector bucal. Listo. Aparto a Bishop de mi mente. Aparto a mamá de mi mente. Alejo la imagen de ella y Ben. Le doy las gracias a papá por enseñarme a amar este juego, lo que retuerce mis entrañas, pero solo por un momento. Alejo a regañadientes la imagen de Bishop tocando la batería sin camisa. Alejo al abuelo, después de imaginarlo dándome un pulgar hacia arriba. Para los grandes juegos como este, ni siquiera puedo buscarlos en la multitud. Tengo que estar concentrada. En la pista y en ninguna otra parte. Estoy bien. Con la mente despejada. Tengo puesto todo lo de la suerte y me encuentro lista. Puedo patear traseros. Puedo hacer esto. Mi equipo puede hacer esto. Me pongo de pie y salgo hacia la pista de hielo, sabiendo que una vez que esté ahí, todo va a caer en su lugar. Como siempre. *** No he tenido ni un pensamiento claro en los cuatro minutos desde que comenzó el juego. No hay tiempo. El disco es mío. Ahora es de Mitch. Ahora fue robado. Vuelo hacia el número diez y lo estrello contra la pared. Chomps lanza el disco de nuevo hacia Mitch, y el diez está detrás de mí mientras trato de colocarme delante de la portería. Conozco a Mitch. Sé lo que está haciendo. Rodea la parte trasera de su portería, y yo finjo que estoy retrocediendo, pero me muevo al

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frente cuando el disco va desde el palo de Mitch al mío. Golpeo la cosa con todo lo que tengo y choca la red. Santa. Mierda. El primer tanto en el Estatal es mío. Grito y levanto las manos en el aire. La multitud grita. Mitch golpea mi espalda cuando me doy la vuelta. —¡Bien hecho, Penny! —grita Matt desde su portería. Vaya, esto se siente bien. Mejor que bien. El disco está en el hielo. Volvemos al juego. El número diez está detrás de mí. No puedo deshacerme de este tipo, y es casi tan grande como Chomps. Al final del primer período, el partido sigue uno a cero. Solo yo. Solo mío. Me falta el aire cuando llegamos a la banca. El entrenador grita unas palabras alentadoras. Me duele todo el cuerpo por haber sido golpeada. Esto es brutal. —¿Estás bien, Penny? —dice el entrenador en voz baja, a medida que volvemos. Nunca me hace a un lado para hablar. —Bien, ¿por qué? —Porque el diez anda tras de ti. Es un tipo grande. Asiento. Esto me enojaría si viniera de la mayoría de la gente, pero el entrenador nunca me ha tratado como si fuera diferente. Llego a la pista y miro de nuevo el casco del número diez. No es una buena idea. No puedo tener miedo de ser golpeada. No puedo. Eso es lo peor en un partido. Soy Penny. Sin miedo. Soy rápida. Estoy bien. Puedo jugar. El disco golpea el hielo, y recupero mi instinto. Nunca he patinado ni esforzado tanto; dejando que se hiciera cargo el instinto. No puedo esperar a mirar este partido, porque sé que estoy jugando bien. Seguro que el entrenador del equipo masculino de la UAF me llevará después de esto. Todavía no hay goles del equipo rival. Podemos hacer esto. Me encuentro débil, como si hubiera corrido dieciséis kilómetros, pero solo pasó un período, lo que significa que queda uno más y ganamos. Uno. Suena el silbato para comenzar el período final, y el número diez agarra mi hombro y me golpea contra la pared. Un dolor punzante atraviesa mi brazo, robándome el aliento, pero puedo soportarlo. Estoy bien. Mis patines se deslizan a través del hielo y los dos equipos corren

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para obtener el control del disco y del juego. Me golpean de nuevo. Me caigo. El agotamiento se apodera de todo casi tanto como el dolor. Mitch va detrás de la portería de nuevo, con el disco preparado. Tengo que entrar ahí para asegurarme de que seguimos ganando. Mis piernas comienzan a debilitarse, mi hombro es un desastre palpitante, pero quedan menos de diez minutos. Puedo tomar un analgésico después. Ahora, debo jugar con todo lo que tengo.

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23 Traducido por Adriana Tate Corregido por Paltonika

Bishop Algo no va bien. No sé qué es, pero Penny no parece tan rápida como siempre. No deja que nadie se le acerque. Sí, sé que se supone debe esquivar a los chicos, pero lo está haciendo de manera diferente. Me cuesta todas mis fuerzas no saltar sobre el hielo y derribar al número diez. Ha estado tras ella todo la noche y me está cabreando. Hockey o no, la golpea de nuevo, y voy allá. Relájate, Riley, me digo. Penny no me necesita. No necesita a nadie. Puede cuidarse sola. Se irá para jugar Hockey en otro lugar, tal como debe hacer. Dejarme atrás. Miro los alrededores, empezando a sentirme asustado. No lo hace más fácil que la multitud sea el doble de lo que era en el último partido. La gente empujando, gritando, animando, agarrando. Son todos mis miedos, burlándose de mí. Si éste no fuera su juego, me habría ido hace mucho tiempo pero, ¿qué clase de hombre soy si no puedo lidiar con una multitud por ella? Necesito encontrar una manera de calmar mis temblores antes de que pierda el control. Penny hace un giro, el hielo sale disparado desde su patín y me calma un poquito. Es increíble allí afuera. En todas partes, en realidad, pero es tan genial verla patinar así. Y ellos ganarán por ella. Lo sé. Miro hacia unas cuantas filas detrás de mí y veo a la mamá de Penny con Ben. Si me preguntas, es bastante extraño que lo haya traído aquí. Me da una mirada airada, por lo que me giro. No voy a lidiar con ella está noche. Sin embargo, me molesta que el abuelo no esté aquí. El abuelo, nuestras conversaciones y las pastillas se están reproduciendo en un círculo continuo en mi cabeza. Cuánto más pienso en ellos, más se siente como si todo el mundo gravitara hacia mí, apretándome más y más fuerte hasta que quiero gritar por una razón completamente diferente. ¡Bishop! ¡Bishop! ¡Bishop!

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Me encojo, tratando de tomar algunas respiraciones profundas y pretendiendo que estoy caminando con Gary. Ellos no están aquí por mí. Nadie está gritando mi nombre. Odio que sea así. No debería ser de esta manera. Es una mierda que me esté alterando en un partido de Hockey. Intentando superarlo, busco a Penny. Justo cuando la hallo, empieza a patinar en nuestra dirección. El número diez va detrás de ella. La golpea contra la pared tan fuerte que juro, siento el ruido sordo. Y luego cae al hielo. Mi pecho se aprieta, como si alguien estuviera sacándome el aire. La multitud jadea. Se quedan en pausa. La miro, esperando que se levante. Pero no lo hace. Todos comienzan a correr en su dirección. Los entrenadores, un paramédico, su equipo y no sé quién más, pero debo llegar hasta ella. Acompañarla tal como ella, sin saberlo, lo hace conmigo. Empiezo a abrirme camino entre la multitud. —¡Bishop! —grita Gary detrás de mí, pero lo ignoro. Respiraciones profundas. Cálmate, B. No puedes perder el control ahora. La multitud está cerrada. Nadie quiere permitirme pasar y estoy luchando por respirar. Es como si fueran una pared, manteniéndome lejos de ella, así que empiezo a empujar cuerpos con toda la fuerza que tengo en mí. Mi pecho se aprieta. Respiraciones profundas. Inhala. Exhala. Inhala. Exhala. Es como si hubiera tragado un montón de drogas estimulantes. Mis entrañas están inquietas, como si quisieran fugarse de mi cuerpo. No puedo controlar nada de esto. Nada. Yo. La multitud. No tengo control. —Bishop —grita Gary de nuevo. Solo necesito a Penny. Necesito llegar hasta ella. Hay demasiada gente alrededor y enfrente de mí, lo que me impide verla. Manos se clavan en mi piel. La gente me agarra. ¡Bishop! ¡Burn! ¡Bichop, burn! No te asustes. No es real. Respiraciones profundas. Respiraciones profundas. Respiraciones profundas. No se levanta. ¿Por qué no lo hace? Por fin, me abro paso dentro del hielo. Si me tomo el tiempo, debo ser capaz de respirar en este momento, pero no es importante. Me estoy resbalando como un loco, pero otra vez, no importa. Un millón de años después, llego hasta la gente que la está bloqueando. Se amontonan a su alrededor. ¡Denle espacio para respirar!

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—Pen. —Sale de mi boca cuando la alcanzo. Su mamá está a su lado y me da otra de sus miradas airadas. ¿En este momento? Que se vaya a la mierda. No me importa. Esto es sobre Penny. Ben se detiene frente a mí cuando me estiro hacia ella. —Su mamá no te quiere aquí. Tal vez deberías retroceder. —Y estoy bastante seguro de que Penny no te quiere aquí. —Lo empujo a un lado y cae en el hielo. Alguien grita—: ¡Oye! —Un montón de miradas se fijan en mí. ¡Burn, Bishop, Burn! Manos me agarran. La están cargando hacia una camilla. —Penny. —Me estiro y toco su mano. Le quitaron los guantes, así que es solo su piel, toda suave. Sus huesos, todos frágiles. Tan frágiles. Parpadea unas cuantas veces pero el cuerpo sigue flácido. Ben agarra mi hombro. —¡Atrás! Solo quiero asegurarme de que se encuentra bien. Tienen que entenderlo. Necesito que esté bien. Lo aparto. Engancho mis dedos con los de Penny. Su mamá está allí de nuevo, rompiendo nuestro contacto, inclinándose sobre ella. —¿Qué pasa? ¿Qué tan herida se encuentra? ¿Está despierta? —Puede odiarme después. Ahora mismo, solo necesito saber de Penny. —Fuera del camino —responde. Ben me agarra y nuevamente, lo empujo. La gente jadea a mi alrededor. Un entrenador me agarra esta vez. —¡Necesitamos que salgas del hielo! Todo el mundo está mirando. Micth patina y trata de agarrar mi brazo, pero lo alejo. No puedo soportar ser tocado en este momento. —Estará bien, Bishop. Lo ignoro. Respira, respira, respira. El sudor hace que me piquen los ojos. Se están llevando a Penny. Mareado. No puedo creer que me sienta malditamente mareado en este instante. Siento como si pudiera vomitar. Desmayarme. Caerme. Algo así. Todo está borroso. La multitud es ruidosa y silenciosa al mismo tiempo. La gente me está mirando. De alguna manera, se transforman en una multitud de uno de mis conciertos. Esperándome. Penny se ha ido y en todo lo que puedo pensar es en ella. El abuelo. El abuelo no se encuentra aquí. Estaría en el hielo si fuera así. El abuelo tiene que saber que está herida.

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No me dejaran verla, pero el abuelo se asegurará de que ella está bien, por mí. Conseguiré que entre para ver si se encuentra bien. Respira, respira, respira. Comienzo a correr. El hielo está muy resbaladizo. Siento como si mi corazón pudiera explotar, pero continúo corriendo. Estoy fuera del edificio y ni siquiera me tomo el tiempo de aspirar una respiración profunda. Corro hacia Bitty, al tiempo que saco las llaves de mi bolsillo. Pongo la camioneta en primera, y los neumáticos giran mientras salgo del estacionamiento. Casi me salgo de la carretera en tres ocasiones, los neumáticos están resbaladizos por lo que se deslizan, pero solo tengo que llegar a casa. Decirle al abuelo. Ver a Penny. Ella va a estar bien. Todo va a estar bien. La única razón por la que sé que apagué la camioneta cuando llego es que uso las llaves para abrir la puerta de la casa. —¡Abuelo! Respira, respira, respira. No pierdas el control ahora. No cuando es importante. Ella puede hacer cualquier cosa. Es mucho mejor que yo. Necesito hacer esto por ella. —¡Abuelo! Penny está herida. Te necesita. ¡Te necesitamos! Se escucha música, pero no puedo encontrarlo en ninguna parte. Mis piernas están temblando tanto que apenas puedo mantenerme de pie, pero me obligo a hacerlo. A continuar. Tengo que continuar. — ¡Abuelo! Llego a la cocina. Ya no estoy respirando. Mi corazón ya no late, pero de alguna manera me obligo a correr hacia el abuelo, que está en el suelo; un pastel se tambalea en el borde de la mesa. —¡No! ¡No, no, no! ¡Mierda no! —Caigo en el suelo a su lado. Lo agarro. Coloco su cabeza en mi regazo. Mis manos tiemblan tanto que ni siquiera puedo decir si tiene pulso. Contrólate. Necesito controlarme. Para no arruinar esto. Se me abre el pecho y todo dentro de mí se desborda. El abuelo. Penny. ¿Cómo puede estar pasando esto? —Despierta. Despierta, viejo. Penny te necesita. —Te necesito. Lo sacudo. Por favor, despierta. Necesito que se despierte. Yo también te quiero. Me balanceo. Con su cabeza en mi regazo, me balanceo. Miro su barba. Hay grasa en su cara de nuevo. Viejo loco, siempre tiene grasa en su cara. Y luego está mojada, mis lágrimas lo golpean de la misma manera que las de mi mamá me golpearon en el hospital.

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“Lo estás haciendo bien, hijo. Vamos a salir de esto juntos. Voy a estar ahí en cada paso del camino”. —Dijiste que lo haríamos juntos. Que estarías ahí. Tienes que estar ahí. —Más balanceo. Mi cabeza se siente borrosa. La habitación está borrosa. Solo quiero que desaparezca todo. Es demasiado. Por favor, quédate aquí. Te necesito. No puedo hacerlo, viejo. Lucho por tratar de dejar de temblar, detener mi balanceo, pero no puedo. Me está llevando, poseyéndome. Penny, el abuelo… —¡Bishop! ¿Qué estás…? Oh mierda. —Gary cae en el suelo a mi lado. Está hablando por teléfono. Grita por ahí. Me grita. Me aparta del camino para extender al abuelo en el suelo. Mi cerebro le está diciendo a mi cuerpo que haga algo, pero estoy congelado. —¡Recupérate rápido, Bishop! ¡Necesito tu ayuda! —Inclinándose, le da respiración boca a boca. Reanimación cardiopulmonar. El abuelo ha muerto. Él me quería. Sabía todo sobre mí y aun así me quería. —Presiona su pecho. ¡Recupérate y ayúdame! —grita él. Lo estoy arruinando. Como siempre. ¡Contrólate! Por una vez, necesito no arruinar algo. Luchando contra todo lo demás dentro de mí, encuentro un lugar en el centro de su pecho y comienzo con las compresiones. Le da más aire. El abuelo no tiene aire. Gary está respirando por él. Estoy tratando de reavivar su corazón cuando él siempre ha sido capaz de hacer todo. Una y otra vez, tratamos de traer de regreso al abuelo. Estoy en piloto automático, no tengo idea de lo que estoy haciendo, pero lo hago por inercia. Aparece un paramédico. Me empuja del camino. Le da aire al abuelo. Aprieta su pecho. Gary camina de un lado a otro. Habla con un paramédico. Mis piernas están tan débiles que extiendo una mano para apoyarme en la mesa, pero lo pierdo y casi me estrello contra el suelo. Estoy paralizado. Más congelado de lo que he estado alguna vez. No puedo sentir nada. No sé si estoy respirando, pero sé que tengo que salir. Fuera de la casa. Fuera de mi propia piel. Fuera de todo. Entró tambaleándome a mi cabaña. No tengo idea de cómo llegué. Con toda la fuerza e ira dentro de mí, pateo mi batería hasta que cae al suelo, luego la aplasto con el pie una y otra vez. El dolor se dispara por la pierna, pero no me importa. Penny está herida. El abuelo está muerto. Lo sé. Sé que no va a regresar. ¿Cómo pudo dejarme? ¿No sabía que lo necesitaba? ¿Lo mucho que lo necesita Penny? Ayer se encontraba muy bien. Trabajamos en el carro, reímos y hablamos, y dijo que haríamos esto juntos. Me hizo creer en mí y sentirme fuerte.

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Más tropiezos y luego llego a mi habitación. No sé porque voy ahí, ni lo que quiero. En realidad sé lo que quiero, pero no puedo tenerlo. Mis pies se enganchan en la silla, caigo hacia delante y me dejo derrumbar. Gritos suben por mi garganta. Tengo calambres intestinales. Quería salvarlo. No pude. Está muerto. Muerto. Penny permanece herida, y no pude salvar al abuelo para ella, para mí. Lo estoy perdiendo. De todos modos, no es como si hubiera hecho algo para merecer ser feliz. Ruedo en el suelo, con los ojos llenos de lágrimas. La maleta está enfrente de mí, burlándose. Apenas puedo llegar hasta ella a través de mi visión borrosa. Los temblores aumentan. Mi corazón golpea eufórico en mi pecho. Pudo haber dejado una. En realidad, me arrastro hasta la maleta y la abro. Por favor, que haya dejado una. Me cuesta tres intentos poder meter mis dedos. Por fin ellos están ahí y… más fuerte, mi corazón late más fuerte. Hay una bolsa adentro. No se las llevó. ¿Por qué? Tal vez no tuvo la oportunidad. Tal vez se le olvidó. Lo que importa es que están aquí cuando las necesito. La rasgo. La abro. Doce pastillas. Quiero tirarlas al otro lado de la habitación. Quiero tomármelas todas. Gary dándole aire al abuelo. Flexionando en su pecho. Penny golpeándose contra la pared. Cayendo, cayendo. Las palabras de su madre. Nunca me dejará ser parte de la vida de Penny. No merezco serlo, nunca lo merecí. Será mi última vez. No más. ¿Por qué no le dije al abuelo que también lo quería? Las vierto en la palma de mi mano temblorosa y las lanzo sin siquiera saber cuántas entran en mi boca. Las demás caen al suelo y se dispersan. Voy al baño a los tropiezos, y luego abro el grifo. ¿Qué estoy haciendo? No quiero hacer esto. Necesito esto. Pongo las manos en forma de copa, las lleno de agua y me tomo las pastillas y el líquido antes de deslizarme por la pared y caer en el suelo. Estoy flotando lejos… cada vez más mientras permanezco aquí sentado más tiempo. El dolor está disfrazado, escondido detrás de las nubes altas. Puedo respirar. Soy libre. Se siente tan bien. No debí haberme resistido a esto. ¿Por qué me resistí a esto?

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Sumergiéndome en esta luz, en esta sensación esponjosa, estiro las piernas delante de mí. Esta es la libertad de la que habló Gary. El dolor continúa alejándose; se siente increíble. El Bishop de Alaska se ha terminado. El abuelo se abre camino a través de la neblina. Trabajó conmigo. Creyó en mí. Me quiso. Lo estoy dejando atrás. Gary aparece en la siguiente parada. Me defendió. Me protegió. Restó tiempo con Troy para ayudarme. Caminó y habló conmigo. Lo estoy dejando atrás. La mano de mamá está en mi cabello. Siempre me amó. Me cuidó. Me dejó tener mis sueños. Hizo todo para mantener a papá lejos de nosotros. Quiero cuidarla. Pero no hay forma de hacerlo de esta manera. No quiero decepcionarla nunca más. Penny. Penny. Sus manos en mis costados. Sus labios contra los míos. Vainilla y gasolina. Siento la adrenalina cuando corremos. Lo bien que me siento al llevar su bolso de hockey. Ella confía en mí. Habla conmigo. Le gusto. Bishop Ripe, no Bishop Riley. No tengo que ser una estrella del rock para ella. Y le mentí. No quiero mentirle nunca más. Quiero merecer su confianza. Esta es mi mayor cagada de todas. Todos mis planes, lo que le dije al abuelo, a Gary, la rehabilitación. Lo estoy mandando al infierno. Me hace sentir enfermo. Yo mismo me hago sentir así. El abuelo acaba de morir y no sé lo que le pasa a Penny, y estoy drogado. El odio quema dentro de mí. Me tambaleo hacia delante y meto mi dedo en la garganta, en un intento de deshacer el veneno en mi interior. En un intento de ser el Bishop que quiero ser. Sabe a mierda. Me arde la garganta. Siento como si se estuviera secando mi estómago mientras vomito muy fuerte, pero no quiero dejar nada más. No lo quiero dentro de mí nunca más. Cuando nada más sale, saco mi teléfono y escribo dos palabras. Lo siento. Después de presionar enviar, me coloco de pie y corro hacia el exterior.

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24 Traducido por Janusnelly & Melusanti Corregido por Mel Markham

Penny Parpadeo y trato de abrir los ojos, pero era como si estuvieran llenos de barro. Todo se siente pesado. Alguien me sostiene la mano. Bishop. Bishop tiene mi mano. Recuerdo la pista. Me doy vuelta, y la cara borrosa de mamá está mirándome a través de las barandillas de la cama del hospital. —Está bien, cariño. —Su voz llega a mis oídos desde muy lejos. O tal vez yo creía que era así—. Tienes una desagradable contusión, y… —¿Dónde está Bishop? —Tiro de mi mano, pero no puedo hallar la idea para formar las palabras. Espera. El partido—. El partido. ¿Cómo lo hicimos? —Mitch se pasó por aquí. Ganaron. Me permito relajarme. ¿Cuánto me había perdido? ¿Qué me perdí? —El tuyo fue el único tanto. Estoy orgullosa de ti. —Su voz sale trabada. —¿Por qué estoy aquí? Espero. Su rosto está muy rojo y con manchas; lágrimas corren por sus mejillas tan rápido que no puede limpiarlas. —¿Perdí un brazo o algo así? —pregunto. La niebla, la sensación flotante todavía me impide juntar las piezas. Solo estoy aquí. Espero. Estoy enojada con mamá. Creo. —No, cariño, pero… —¿Bishop? —Eso es lo que busco. Él tenía mi mano. No mamá. Bishop. Esto no está bien. —No está aquí —dice mamá, pero su voz es triste, cansada, no frustrada como yo esperaba—. Penny. Escúchame.

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Está muy silenciosa. ¿Por qué su voz es tan baja y vacilante? ¿Por qué no está Bishop aquí? Me vuelvo hacia mamá. —¿Le dijiste a Bishop que no viniera? —Sí, pero necesitamos hablar de algo más en este momento. Nunca supe que hacer cuando las cosas se ponen tan intensas, así que trato de bromear. —¿Estoy muriendo o algo? Niega con la cabeza y cierra los ojos antes de mirarme. —Vas a estar bien, cariño, pero perdimos al abuelo. —¿El abuelo? —El cuarto gira y mi estómago da un vuelco—. ¿De qué estás hablando? —Falleció. —Las letras salen una encima de la otra con una voz extraña, susurrada. Permanecen en el aire, revoloteando y luego comienzan a penetrar. Pero no voy a dejarlas entrar. No voy a dejar que se hundan. No voy a dejar que vuelvan a reproducirse. Me ahogo. —No. Él está bien. —No puedo perder al abuelo. No puedo. Mi cabeza se siente tan saturada y pesada que no lo proceso bien. De ninguna manera puede estar pasando esto. —Lo siento, Penny. Tuvo un ataque al corazón. Se había ido antes de que llegara la ambulancia. —La mano de mamá aprieta la mía de nuevo, pero ella parece una extraña en este momento que dice cosas que no puedo entender. El abuelo no se ha ido. Necesito entender esto. Necesito salir de aquí así puedo ir a buscarlo. Trato de sentarme, pero el dolor se dispara hasta mis hombros y la habitación gira como si estuviera en una montaña rusa. —Vaya. —Una enfermera me recuesta. ¿De dónde salió? —Va a darte algo para el dolor —dice mamá mientras continúa sosteniendo mi mamo en las suyas. No quiero nada para el dolor. El dolor en mi pecho es mucho peor que el de mi hombro, y no creo que lo que ponga en mi intravenosa vaya a ayudar con eso. No quiero que mamá sostenga mi mano. Quiero estar en la pista mientras el abuelo grita mi nombre desde las gradas y sonríe cada vez que ingreso en el área de penalti. Era el único que aliviaba el dolor que había dejado papá. Mis ojos están demasiado pesados. Abro la boca para decir: Detente con las drogas, pero no sale nada. La muerte del abuelo es demasiado real. Grito y chillo, pero creo que son solo balbuceos, porque mis labios están tan adormecidos que no puedo sentirlos. Mamá le dijo a Bishop que me dejara sola, y ahora el abuelo murió, y si no puedo tener al abuelo, lo necesito a él. Trato de decirle lo mucho que odio que me mintiera, que no estuviera en casa y que nunca le diera una oportunidad a Bishop. Me agoto al hablar con

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palabras arrastradas. Todavía estoy confusa por los fármacos y nada de esto tiene sentido. Al final, la doctora insiste en que mi madre salga del cuarto. —No estás enojada conmigo, Penny. Solo estás enojada —dijo ella una y otra vez. En estos momentos, todo es lo mismo. Paso por el tomógrafo para detectar los daños permanentes en mi cerebro y me pregunto por qué Bishop no ha peleado para verme. He estado aquí toda la noche. Un doctor me explica que mi clavícula está rota en varios lugares, pero no es su mayor preocupación. Su inquietud es el enorme bulto de ligamentos desgarrados, que quizá fue por el golpe que me hice e ignoré. Porque seguí jugando, me desgarré los extremos. Él programa la cirugía para mi clavícula y todavía no está seguro de la mejor manera de tratar el resto de los daños. Ese es un tipo diferente de especialista. También tengo hematomas en la cadera y el muslo, lo que hará que caminar sea difícil las próximas semanas. Todo suena mal, y me pregunto cuánto tiempo pasará antes de que pueda regresar a la pista, porque ni siquiera puedo pensar en la posibilidad de perder el hockey. El doctor mantiene a mamá fuera de mi habitación para mi rehabilitación. Estoy enojada y ella está aquí, y todo lo que quiero es que esto termine. Quiero estar en casa con el abuelo, trabajando en mi camioneta y molestando a Bishop por no seguir el ritmo, a pesar de que lo hace. Me informan que necesito una larga recuperación. Fisioterapia. Analgésicos. Descanso. Calmarme. Nada de lo que quiero oír. Bishop todavía no viene a buscarme. Creo que eso me duele casi tanto como la pérdida del abuelo. *** Mamá y yo viajamos juntas a casa, y creo que entiende que necesito que permanezca en silencio, porque no dice nada. Me siento vacía. Debería estar preocupada porque quizá nunca más pueda jugar al hockey, porque mi hombro no funcione muy bien o preguntarme hasta qué punto estoy atrasada con las tareas o qué voy a hacer, pero no me importa ninguna de esas cosas. El abuelo y Bishop son las únicas cosas que dan vueltas en mi cabeza. En cuanto nos detenemos en la calzada, abro la puerta, decidida a hacer esto a mi manera. —Voy a ir a ver a Bishop. Entraré en un minuto. —Sin embargo, aún no he descubierto el método para caminar yo sola. Respira profundamente, como si estuviera preparándose. —¿Qué? —Pero antes de que ella pueda responder, Mitch desliza su camioneta en mi calzada. Conduce muy mal, como siempre.

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Antes de que Mitch abra su puerta, mamá dice—: Se fue, Pen. Él y Gary se fueron. Tengo un número para ti. —¿Se fue? ¿Por qué no me lo dijiste? —Las cadenas que me oprimen en el interior se sienten un millón de veces peor que mi hombro—. Dame el número. Mamá saca su teléfono, se desplaza hasta Gary, y me lo entrega. Lo alcanzo con manos temblorosas. Ni siquiera he aceptado que no esté aquí. Bishop nunca se iría. No con mi estado. Ni con la muerte del abuelo. ¿Qué tan loco es que ni siquiera tenga el número de Bishop? Simplemente… estaba aquí. —¿Hola? —responde Gary. —¿Qué es lo que ocurre? —Mi voz no tiene ni de cerca la fuerza que necesita. Mi cuerpo no tiene fuerza. —Penny… —Suspira—. Lo siento. Él se esforzó mucho. —¿De qué hablas? —Contengo las lágrimas otra vez. Hasta me tiemblan los labios. Estoy sintiendo demasiado. ¿Cómo podía…?—. ¿Se enfermó o algo parecido? Mitch se detiene a mi lado, con el ceño fruncido al tiempo que se inclina hacia delante, tratando de ver mi rostro. —Sabes quién es, ¿verdad? —me pregunta Gary—. El baterista de… —¡Sé quién es! —grito, y el dolor que se extiende por mi costado es tan agudo que jadeo; Mitch envuelve un brazo a mi alrededor—. ¿Dónde está? Suspira. —Tiene un problema con las drogas, Penny. Píldoras. Bebida. Por esa razón se encontraba allí. Para limpiarse, pero no pudo controlarlo solo. Es como si alguien estuviera llenando mi cabeza con algodón; algo que hace difícil el pensar. Ver. Respirar. ¿Problemas de drogas? ¿Consume drogas y no me lo dijo? Mi mundo da un vuelco. No entiendo cómo es que Bishop puede consumir drogas. Nunca me pareció un drogadicto. Ni una vez actuó como si estuviera drogado. Y sabía, sabía cómo me sentía a causa de mi padre. Y… y sabía cómo odiaba que me mintieran. De un modo extraño, eso no es lo peor que hizo. ¿Cómo podía tener toda la fe en mí; decirme que podía ir a la universidad que quisiera y jugar en el equipo masculino, cuando ni siquiera se mantenía limpio? De alguna manera, solo era otra persona tomando decisiones por mí. O dejándome tomar decisiones basadas en una mentira. Y se fue. Me dejó tal como lo hizo papá. Sé que no fue su elección, pero me siento abandonada igualmente. Mamá eligió a Ben antes que a mí. Mitch me dejó por Becca. La abuela y ahora el abuelo… ¿Por qué es tan fácil abandonarme?

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—¿Sabías que papá murió? —pregunto. Es lo único en que puedo pensar, es más fácil concentrarse en eso que en el hecho de que dos personas que me importan, se fueron a la vez. Mamá se cubre la boca con la mano, y parpadea mientras caen unas pocas lágrimas. No estoy segura si eso me hace sentir mal o más enojada. Probablemente, debería sentirme mal. —¿Te refieres a tu abuelo? —pregunta Gary. —¡No! —grito—. ¡Mi papá! —No —susurra. —Lo mató un estúpido al que le gustaba emborracharse. Cuando veas a Bishop, si es que lo ves, dile que me deje de una puta vez en paz. —Cuelgo el teléfono, se lo tiendo a mamá, y se escapa el primer sollozo, enviando oleadas de dolor desde mi hombro hacia todo mi cuerpo. La venda no está lo bastante firme. Nadie podría mantenerme lo bastante firme. Me duele la cadera mientras camino de regreso a la casa; medio paso a la vez. Sé que debo estar apoyándome en alguien, pero Mitch ya no me parece una buena opción. Bishop se fue. Me dejó cuando más lo necesitaba. Perdí a mi abuelo. Su rostro sonriente, sus pasteles raros y su música country horrible. No tengo personas suficientes como para perder dos a la misma vez. Hay demasiado dolor. Demasiadas heridas. Demasiado de todo. De cada tipo de dolor. El bastardo se fue. Dios. ¿Y la razón por la que se encontraba aquí? No puedo respirar. No quiero moverme. Me detengo en la entrada de la casa, deseando poder salir de nuevo. Deseando no poder sentir. Escapar. Cualquier cosa. Haría cualquier cosa. Me tiembla el cuerpo, ampliando el dolor en mi hombro, que no se compara en nada con el dolor que arde en mi pecho. Mamá trata de tocarme, pero la aparto porque no me encuentro lista para lidiar con todo nuestro desastre. Mitch trata de darme apoyo mientras mis pensamientos siguen dando vueltas. Mierda. Bishop quería hablarme de algo. ¿Era esto? ¿Qué era lo que quería decirme antes del partido? ¿Ese algo por el que me burlaba de él? Es que simplemente era algo tan grande, que no lo vi venir, y me siento estúpida. Sigo enojada. Que él sea algún tipo de estrella de rock era algo que le pareció bien compartir porque no lo hacía quedar mal. ¿Pero el que sea un baterista que se drogaba no era lo suficientemente importante como para compartirlo? Bien. Da igual. —¿Penny? —La voz de Mitch suena asustada, pero cerca. Muy cerca—. ¿Puedo ayudarte a levantarte?

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¿Estoy en el suelo? Mamá seca sus lágrimas mientras se arrodilla frente a mí. Estoy sentada en la nieve, y los brazos de Mitch me rodean para levantarme. —Penny —susurra Mitch—, vamos. Lo dejo cargarme hasta la puerta. Nunca antes había dejado que alguien me viera así de débil. Nunca antes había estado así de débil. Eso solo alimenta mi ira. —Puedo… —empieza mamá. —Yo me encargo —susurra Mitch mientras la pasamos en nuestro camino hacia la casa. —Se fue, Mitch. —Más dolor punzante—. Simplemente se fue. *** No estoy segura cuánto tiempo se queda Mitch. Sollozo cuando me trae un pedazo de la tarta de manzana del abuelo. Y una parte de mí sonríe porque el abuelo tenía razón. Dijo que estaba buena. Él era bueno en todo. Me duermo. Me despierto. Me duermo. Mi cirugía es un largo día de más confusión y fármacos. Mitch sigue por aquí. Es loco que alguna vez pensase que era más que un amigo. No se siente nada parecido a lo que es estar al lado de Bishop, lo que me provoca otra punzada de dolor. Ahora, Mitch es mi mejor amigo. Tal vez el único verdadero. Me acurruco contra su calor, junto con platos de papel y vasos esparcidos por mi habitación de varios días, mientras me desplazo a través de todo lo que puedo encontrar en mi teléfono acerca de Bishop Riley. Nada de eso encaja con el tipo que conocí. Drogas. Chicas. Sensualidad… Está bien. Esa viene con él. Ahí está la diferencia entre el chico famoso y el que yo conozco. O… conocía, supongo, ya que no volverá, y de todos modos, al parecer no lo conocía tan bien. El día que se fue me envió un corto y patético mensaje. Lo siento. Todos lo sienten. No cambia nada. Cuando se abre la puerta de mi habitación, me desconecto del internet rápidamente, y entra Rebecca. ¿Qué? Me siento lentamente en la cama y el dolor se duplica. — ¿Acabas de entrar en mi casa? —¿Cuánto tiempo ha pasado desde que tomé algo para el dolor? Es como si todavía no hubiera suficiente venda para evitar que mis huesos sientan que se están raspando dentro de mí, y la cicatriz de la cirugía me pica demasiado.

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Rebecca mira entre Mitch y yo un par de veces, y luego se cruza de brazos. —Te presté a mi novio por casi una semana. Cuando él durmió, contigo, después de por fin admitirme que te ama. —Su susurro es severo—. A pesar de que él afirma que es solo amistad, creo que se me permite entrar. En ese momento, Mitch deja escapar un ronquido, con la boca todavía abierta. Y las dos nos reímos; es una especie de risa necesaria para romper la tensión, pero funciona. Pero entonces el peso de perderlo todo a la vez se estrella contra mí nuevamente. La expresión de Rebecca cambia. —¿Has comido? —susurra. Niego con la cabeza y agarro mi estómago —No desde hace un rato. —Nunca he sido capaz de no comer. Y entonces hago un gesto al desorden de mi habitación—. Mitch no ha tenido problemas con su apetito. Becca sonríe mientras lo mira babear en la almohada. Solo alguien locamente enamorado podría ver algo atractivo en la baba de él. —Por supuesto que no ha tenido problemas con el apetito. Es Mitch. Por lo menos es lo bastante amigo para quedarse. —Hace un gesto con la cabeza hacia la puerta—. Vamos. La humillación crea un camino hacia la superficie, y abro la boca dos veces antes de sacarlo. —Necesito ayuda para levantarme. Sin decir nada, Becca se acerca a mi lado de la cama y pone su brazo suavemente a mi alrededor para ayudarme a pararme. Me pesa la cabeza, palpitan mis hombros, y siento como si mi cadera no solo estuviera rígida sino dolorida. —Te daremos alguna medicina tan pronto como comas algo — susurra. Estoy a punto de preguntarle donde está mi mamá, porque aún no estoy de humor para encontrarme con ella, pero Becca sigue hablando. —Tu mamá está en el trabajo. Ya había tomado un tiempo de descanso y trata de darte espacio, así que… —¿Han hablado de mí? —Frunzo el ceño mientras, con pasos de bebé, salgo de la habitación. Duele estar de pie, duele moverse. Tan pronto como estoy en la zona abierta de la planta baja, veo congeladores del abuelo y luego sus remolques; el pánico y la pérdida se apoderan de mi pecho de nuevo, limpiando mi mente de lo que hablábamos. Becca me frota varias veces la espalda. —Respira, Penny, vamos —susurra. La sigo por las escaleras, un patético paso a la vez, y entramos a la cocina.

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—Esto es tan raro. —Niega con la cabeza—. Nunca en un millón de años se me ocurrió que me encontraría con ganas de ayudar a Penny Jones. O que tú aceptarías la ayuda de alguien. Me sorprende un poco que me esté ayudando. Han cambiado muchas cosas. —No es que tenga elección. Apenas puedo caminar. — Me apoyo en la encimera, temiendo que si me siento no seré capaz de volver a levantarme. El dolor de cabeza, el hombro y las costillas hace que sea difícil respirar, pero no es como el dolor en mi pecho. Becca se para en frente de las ventanas, de repente luciendo un poco pequeña y perdida. —Se que Mitch tenía la misma ropa puesta, y me siento horrible por siquiera preguntarlo, pero… No muevo la cabeza, pero levanto mi mano. —Después de besar a Bishop, veo totalmente que no siento lo mismo por Mitch. Acostarme a su lado no se compara en nada a cuando lo estuve junto a Bishop. Y de todos modos el idiota cree que debería estar jugando en el equipo de chicas para la universidad. Una esquina de su boca se levanta. —Solo tú, Penny, podrías encontrar al baterista de una banda de rock en el enloquecido Seldon, Alaska y hacer que se enamore de ti. Resoplo. —Él no se enamoró de mí, sino estaría aquí. —Las últimas palabras salen temblorosas, y las lágrimas amenazan de nuevo en mis ojos, pero no hay manera de que llore de nuevo. Destellos de fotos que he encontrado de él mientras acechaba Internet atraviesan mi cerebro, aunque me gustaría poder borrarlos. Demasiado de su sonrisa arrogante y demasiadas chicas que se parecen a las modelos de Victoria Secret. Becca empuja dos piezas de pan en la tostadora antes de cruzar los brazos. —Me senté cerca de Bishop en el partido, y vi a ese chico cuando te lesionaste. Ya sea que lo sepa o no, se encuentra locamente enamorado de ti. Créeme. Sus palabras chocan contra la ira a la que me estoy aferrando, que es mucho más fácil que el dolor. —Y así es como se siente Mitch contigo. ¿Por qué te preocupas por él? Se pasa los dedos por el clip en su cabello. —Porque sé que te ama, y él jura que no es del modo en que creo, pero puede convertirse tan fácilmente en eso. Esa es la razón. Sinceramente, Penny, creo que si lo quisieras, podrías tenerlo. Eres como… eres como la chica que puede hacer cualquier cosa. Es una sombra muy grande para estar viviendo por debajo. Sacudo la cabeza, sintiéndome vacía y pesada al mismo tiempo —Confía en mí. No puedo… ahora no sé lo que quiero. —¿Cuándo lo averigües? Hazlo. Debes ver que tienes un don para conseguir lo que deseas, porque trabajas duro por ello.

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Gran parte de lo que dice hace eco a las palabras de Bishop. Es demasiado pensar en él ahora, pero tal vez, tal vez, Becca tenga razón. Tal vez solo puedo decidir por mí. Lo que yo quiera. Y hacer que suceda. —¿Por qué has venido a ayudarme? Ríe mientras se mueve a la nevera. —Dos razones. La primera; tu mamá me lo pidió, y antes de que te molestes, lo hizo porque intenta ser agradable. La segunda; porque podría verte con Mitch. —Ella pone de nuevo el jugo de naranja en la nevera y no hace contacto visual—. Si estoy siendo perfectamente sincera. Sonrío, sintiéndome un poco más ligera, ya que parece que ella y yo podemos ser directas entre nosotras. —Me parece bien. Y… creo que eres buena para él. —Lo más loco es que lo digo en serio. Desliza las tostadas en un plato, tomando una para ella. —Tengo miedo porque quiere que lo siga a Washington, pero me quedo aquí. Es que… no quiero gastar el dinero, y tampoco estar lejos de casa. Creo que se puso nervioso. Tomo unos bocados de la tostada, y Becca se sienta en frente de mí. —Mitch está loco por ti. Ustedes dos van a estar bien. —Y también tú, Penny Jones. —Me da una sonrisa de complicidad al tiempo que se sienta—. Mitch cree que estás loca por querer quedarte en Alaska, pero me he enterado de que el entrenador de Fairbanks ha llamado como tres veces para preguntar cómo estás. Dejo de masticar cuando pienso en las cosas maravillosas que podría significar esto. —¿Qué equipo? Hace una pausa y toma un gran bocado de su tostada con una sonrisa. —El entrenador de hombres. En este momento está moviendo los hilos para llevarte, si quieres ir. Estoy sorprendida y emocionada, y espero que mamá no ponga mucha resistencia porque, en este instante, sé que lo quiero lo suficiente como para encontrar un modo de hacer que esto suceda, lesionada o no. Me paso la mano por mi cabello grasiento y sé que debo decirlo. Conocerlo. Algunas palabras son más difíciles de encontrar que otras. — Gracias, Becca. *** Subimos al coche después del funeral del abuelo. No era nada de lo que él hubiera querido, sino todo lo que es cada funeral; personas llorando que no conocen al fallecido tan bien como creían. Tan pronto como me dé cuenta de lo que tengo que hacer por él, lo haré. Hasta entonces, voy a hacer todo lo posible para borrar de mi memoria el día de hoy.

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Mamá se mete en un bache en el camino, y me estremezco. Mi estúpida venda no es mucho soporte, y las medicinas para el dolor no están funcionando muy bien, sobre todo en un día como hoy, cuando me estoy moviendo mucho. Mamá se aclara la garganta y se mueve en su asiento. —Tengo cosas para decir. El nerviosismo aumenta a medida que se prolonga el silencio, y ella re-agarra el volante como cincuenta veces más. —¿Cosas para decir? —pregunto. Suspira largo y lento. —Juzgué a Bishop con dureza, y lo lamento. Trató de estar junto a ti cuando te lastimaste y estabas en la camilla y enloquecí. Me enojé porque sentía como si se estuviera entrometiendo y yo te alejaba cuando no lo pretendía. No fui justa con él cuando te lastimaste, y lo siento. ¿Qué tan diferentes serían las cosas si ella no le hubiera dicho que se mantenga alejado? ¿Lo serían? Estoy tan cansada de estar enojada porque no sé qué hacer o decir. Si ella no pareciera tan… arrepentida, sería diferente. —Sé que te doy mucha libertad, pero la mañana que saliste de su cabaña… pude verte tirando todo por él. ¿Sabías que una enfermera con la que trabajo le faltaba dos semestres para ser médico? —No. —Tengo miedo de mirarla, así que me quedo observando los árboles llenos de nieve que pasamos mientras conduce. —Le faltaba dos semestres y ella abandonó todo por un chico de Seldon. Me muerdo el labio, un poco molesta de que crea que soy lo suficientemente débil como para hacer a un lado lo que quiero por alguien, pero empiezo a entender que ella está paranoica porque soy su hija. Mamá aprieta las manos en el volante, sintiendo cosas que quiere obligarme a entender. —Y ahora, diez años más tarde, ella es madre soltera de tres hijos y trabaja como enfermera en lugar de lo que podría haber sido. —Mamá —levanto mis cejas y la miro al fin—, no voy a perderme en un chico. Nunca. Y si deseas que siga lo que sé que quiero, en lo que he pensado mucho, vas a estar de acuerdo en que vaya a la UAF. Lo deseo mucho, mamá. En serio. —Las palabras que no digo son las que las dos sabemos que estoy pensando. Iré allí con o sin tu ayuda. Mamá y yo somos bastantes parecidas, así que lo sabrá. Asiente, y sus manos, por fin, se relajan un poco en el volante; señal de que podríamos estar avanzando. —Voy a pensarlo, Penny. Es difícil para mí ver tantas grandes oportunidades y reconciliarme con el hecho de que no sea lo que tú quieras.

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—Ya lo he decidido, mamá. —Y cuanto más pienso en la decisión, más ligera me siento. —Y si yo hubiera sido una mejor madre, habríamos hablado y no me hubiera hecho un lío y subestimarte. Lo siento. —¿Y Ben? —pregunto porque abrió la puerta para hablar de chicos, así que la voy a dejar abierta. —Y Ben… —Deja escapar un suspiro—. No he salido con nadie desde que murió tu padre. Lo amaba mucho, y se sentía muy mal hasta mirar a otra persona; sobre todo viviendo con el abuelo. Me topé con Ben en mi camino a casa del trabajo y, por primera vez en años, me sentí bien. Bonita. Nuevamente como una mujer. Y luego la culpa me mantuvo despierta toda la noche. Era como si estuviera engañando a tu padre. A pesar de que se fue hace años. Quería decírtelo, Pen. Pero no pude. Me sentía culpable, y sabía que si no lo aprobabas, eso me alejaría. Después de cuidar de ti y del abuelo, por fin había alguien que cuidara de mí, que quería verme, hablar y pasar tiempo conmigo. Me aterrorizaba perder eso. Debimos haber hablado porque mamá y yo compartimos mucho más de lo que cualquiera de nosotras nos diéramos cuenta. —Eso es lo que Bishop hizo por mí. Suspira largo y lento, y la conozco lo suficiente bien como para saber que está considerando lo que he dicho, pero todavía no la había convencido completamente. —No me gusta lo que nos he hecho. Sin embargo, a posteriori todo es evidente. Tenía miedo, pero cuanto más tiempo mantenía en secreto lo de Ben, más difícil era. Te lo juro, lo haría de otra manera, pero era algo que quería que fuera solo mío por un tiempo. ¿Eso tiene sentido? —Un poco. —Me deslizo un poco más abajo—. Lo extraño. —¿A quién? —pregunta—. ¿A Bishop? —A ambos. Viajamos en silencio durante unos minutos más. —Sabes que él abuelo habría preferido morir así que como un loco amarrado a una cama en alguna parte. —No creo que lo hagan más, mamá. —Casi me río, a pesar de que estoy demasiado triste para reír. —Seguramente no. —Algo como una sonrisa juega en los bordes de su boca. Dado que el estado de ánimo está relajado en el coche, y soy lo suficientemente inteligente como para querer que siga siendo así, tengo la cosa perfecta para nuestro camino a casa. —Jeremy está trabajando en McDonald esta tarde. —Suena bien. —Se ríe—. Quiero que conozcas a Ben.

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—Mamá… ciudad pequeña. Conozco a Ben. Es simpático. Me gusta. Es que… —No te gusta que no te lo haya dicho. —Echa un vistazo en mi dirección para medir mi reacción. —Sí. Me aprieta el brazo. —No voy a volver a hacer eso. Lo prometo. Más que nunca, creo que estaremos bien. —Está bien. Una vez más, viajamos en silencio. Mamá y yo nunca hemos sido muy buenas en la parte emocional. —Si tienes que hablar de Bishop o cualquier otra cosa, sabes que puedes recurrir a mí, ¿no? —No estoy preparada para eso. —Miro por la ventana—. Y trato de no peguntarme si las cosas habrían sido diferentes si no lo hubieras alejado. Pasan unos momentos antes de que mamá responda. —Me parece justo. Y no somos perfectas, pero estamos mejor. Mamá y yo debemos aprender a estar sin el abuelo como nuestro intermediario. Simplemente no tengo idea de que será lo próximo para mí. Si voy a ser capaz de jugar al hockey, si voy a la universidad, si alguna vez iba a hablar con Bishop de nuevo.

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25 Traducido por Majo_Smile ♥ Corregido por CarolVanessa

Bishop Querida Penny: Me siento como un idiota por escribir esto. Es una salida fácil. Estoy bastante seguro de que si te hubiera escrito antes de... todo, nunca habría acabado. Me habrías dicho unas cuantas cosas, y luego habría te pateado el trasero en las motos de nieve para mostrarte lo genial que soy. Sin embargo esto no pasa desde hace unos pocos meses, ¿no? Me sorprendería si estuvieras incluso leyendo esto. Has sido conocida por tener un poco de mal genio, ¿sabes? Lamento que me demorara tanto tiempo para escribirlo. Lamento fastidiarlo tanto. Lamento mentirte. Pero sobre todo, siento lo que pasó con el abuelo. Siento que se haya ido y no haber podido salvarlo. No haber podido abrazarte mientras llorabas. Secaste tus lágrimas de un modo que nunca habrías querido que hiciera alguien, excepto después de algo enorme. Me mata haberte dejado; irme sin una palabra pero es mi culpa ¿de acuerdo? No tuya. Y no quería dejarte, pero necesitaba mejorar, recuerda eso. Dios, lo echo de menos. No me puedo imaginar cómo te sientes sin él. Era tan bueno... Lo amaba. Él sabía todo sobre mí, y aun así me amaba y pensaba que yo era algo especial. El abuelo era especial. Te pareces mucho a él; no estoy seguro si alguna vez te lo dije. Odio hacer esto a través de un correo electrónico. Merezco tener que enfrentarte en persona, y admitir lo que hice. Para ver cuánto te decepcioné. Eso no va a suceder, por lo que voy a decirlo ahora. Comencé a tomar pastillas porque no podía soportar las multitudes, no soportaba estar de gira. Después de eso, se agravó hasta que no pude parar.

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Mi mamá y mi mánager me enviaron a Alaska cuando casi tuve una sobredosis. No lo entendía. Los necesité a ti, al abuelo, e incluso a Gary para empezar a ver. Sin embargo, no fue suficiente. Tuve que oír lo que pasó con tu padre. Alguien como yo te quitó a tu padre; entonces me di cuenta de que era un adicto y un cobarde. Esto no excusa absolutamente nada, pero quiero que sepas que pensaba decirte. Después del partido, iba a contarte todo y luego irme a rehabilitación, pero no sucedió así. La noche que perdimos al abuelo... la noche que TÚ perdiste al abuelo, enloquecí. Lo único que podía pensar era que te encontrabas herida y el abuelo se moría, entonces me tomé un montón de pastillas. Joder, es vergonzoso incluso admitirlo. Mientras te encontrabas en el hospital y el abuelo estaba muriendo, tuve que drogarme. Nunca me he odiado tanto como lo hice en ese entonces. No sé lo que sabes, o lo que quieres saber, pero he estado en rehabilitación desde entonces. Me fui directamente al aeropuerto, nos bajamos del avión y nos dirigimos a rehabilitación. No es que eso mejore algo, pero es la verdad. Así que sí, eso es todo. Hoy es mi último día, y quería que supieras que lo siento. Por las mentiras, las drogas, por no ser lo que necesitabas, el abuelo, todo. Espero que, algún día, merezca todo lo que ustedes me dieron. Sé la mejor en la pista de hielo. Muéstrale a esos chicos que Lucky Penny puede con todos. Sé que sin importar lo que sea tu lesión, eso no te detendrá. Con amor, Bishop. PD: Cuando Gary y yo solíamos caminar, utilizábamos ese tiempo para hablar. Me habló sobre hacer calendarios, así que ahora tengo uno. Todos los días, voy a trabajar en mi Ranchero; para arreglarla. He querido hacer esto durante mucho tiempo, pero nunca me tomé el tiempo. Lo haré ahora. Y no te rías de lo siguiente, pero también voy a recibir una moto de nieve. Ya la ordené en línea, ella es toda blanca como la nieve y hermosa. Mamá cree que estoy loco, pero sé que tú lo entenderás. Presiono enviar en el correo electrónico justo cuando golpean la puerta. —Entra —digo, sabiendo que es mamá. Es la única persona que ha venido a verme desde que he estado aquí. La única persona que he querido ver. —Hola, cariño. ¿Estás emocionado de volver a casa hoy? —Sonríe cuando se sienta junto a mí, pero noto que está nerviosa. Tiene sentido.

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No estoy seguro de si volverá a confiar en mí. Sin embargo, me siento bien. Mejor de lo que recuerdo sentirme en mucho tiempo. Es algo así como lo que dijo Gary; voy a volver a cuando las cosas eran simples, para aferrarme a las cosas que importan, las cosas que me conectan a tierra. Sé que debo trabajar en muchas cosas. Queda un largo camino por delante, pero creo que lo espero ansiosa. —No sé si emocionado es la palabra correcta, pero creo que me encuentro listo. Mamá lleva el pelo recogido en una cola de caballo al igual que siempre y un par de pantalones vaqueros. Me sonríe antes de inclinarse hacia delante para poner una mano sobre mi rodilla. En su lugar, la jalo en un abrazo. Trato de recordar la última vez que yo abracé a mi propia madre. Dios, estaba tan arruinado. Le tiemblan los hombros, y sé que está llorando. Empieza a sorber por la nariz, y la abrazo con más fuerza. —Lo siento, ma... No puedo creer todo lo que te hice pasar. Lo siento mucho. —Está bien —intenta decirme, pero niego con la cabeza. —No está bien. Para nada. Tú me protegiste. Me diste todo. Me dejaste seguir mi sueño, y no fui lo suficiente hombre para manejarlo. Y me desquité contigo... ¿No dejarte ir conmigo a Alaska? Dios, no puedo creerlo. —Fui yo —sostiene mi mano—, quién insistió en que fueras... o hicieras algo. Quería la rehabilitación, pero sabía que nunca lo harías. Soy yo la que le exigió a Don que te diera el ultimátum. Vaya... no me lo esperaba. —Gracias, por hacer eso. Tal vez no habría... Sí, no habría estado aquí si no lo hubieses hecho. Llora más fuerte. Permanecemos así durante mucho tiempo. Al final se aleja. Sus uñas siguen siendo el mismo tono de color rosa, como siempre. Se seca los ojos y sonríe. —Te amo, Bishop. Siempre te amaré. Y espero con ganas tu futuro. Sé quién eres, y ¿ese otro chico? No eras tú. No puedo esperar para verte brillar. La abrazo de nuevo, dándole las gracias y negándome a arruinar este momento. Quiero ser la persona que ella cree que soy, la persona que quiero ser. Me dice que me ama, y sé que estamos bien. Sin embargo es solo el comienzo. Voy a seguir probándome a mí mismo. Por mamá, Penny, el abuelo... por mí. —¿Estás listo para salir de aquí? —Me voy a casa con ella en lugar de mi antigua casa. No quiero tener nada que ver con el chico que vivía allí. ***

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Lo último que habría pensado decir es que disfruto yendo a mis reuniones. Tal vez disfrutar no es la palabra correcta, pero no les temo. No he perdido ni una. Es una locura darte cuenta que no estás solo. Era un drogadicto y un desastre. Sobre todo esto último, pero no me define, y no soy el único. Al hablar con la gente, veo que mi padre podría haber sido un poco responsable de mi ansiedad. Mi auto se lleva gran parte de mi atención. Es mi versión de los árboles de Troy. Cuando necesito estar solo, camino. A veces con Gary, a veces no. Incluso Troy y yo hemos comenzado a entrenar juntos. A pesar de que no debería, no puedo evitar preguntarme lo qué diría Penny si viera lo musculoso que estoy ahora. Le envío correos electrónicos, pero por lo general son solo cosas pequeñas. Tardó un tiempo para responder al primero; no la culpo, lo hizo porque es así de fuerte. Y tal como sabía, está yendo a la escuela en Alaska. Ella va a patear los traseros de esos sujetos. Hay un taxi esperándome al salir de mi reunión. Luego de saludar a mi padrino, entro en el auto y doy la dirección de mi antigua casa. Mamá está esperando en el pórtico cuando llego. Es la primera vez que he estado aquí desde que regresé a Los Ángeles. —Va a llegar tarde. Ella dijo que estará aquí en unos diez minutos. Pero no tardarás mucho en firmar los papeles. —Se levanta de donde había estado sentada en los escalones. —Está bien. —Al mirar la casa, me doy cuenta de algo. No debía temerle a este lugar, sino al antiguo yo. Tal vez esta casa, despedirme de ella, es otra manera de decir adiós al viejo Bishop. Mis manos no tiemblan ni siquiera cuando abro la puerta. Se halla vacía. Mamá se encargó de eso. Y... es solo una casa. Sí, es el lugar donde consumí un montón de drogas y otras cosas indebidas, pero eso es todo lo que es. —¿Estás bien? —El brazo de mamá se enreda con el mío. —Mejor que bien. Me da un pequeño apretón. —Sí, creo que sí. Sin embargo este es un gran paso, Bishop. No solo la casa, si no todo. ¿Seguro que es lo que quieres? Volviéndome hacia ella, sonrío. —Más que seguro. —Y es cierto. Increíblemente cierto.

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26 Traducido por Elena Verlac Corregido por -Valeriia♥

Penny Mamá y Ben me dejan junto a la pista de motocross en el camino a casa desde la terapia psicológica. Si soy cuidadosa, estaré jugando hockey para UAF en unos pocos meses y practicando con el equipo en tan solo unas semanas. —¡Penny! —Chomps se baja de un salto de su moto—. Tú sabes las reglas. Mi cuerpo se tensa, preparándome para pelear con ellos. —Oh, no. —Elevo un dedo para advertirle—. No te atrevas. Me puse una falda como muestra que no voy a tratar de montar. —¡Ayúdenme con la lisiada! —grita, y en segundos cuatro chicos me tienen sujeta mientras colocan cinta adhesiva de mi brazo derecho a mi costado, envolviendo la cosa a mi alrededor al menos cuatro veces. Estoy riendo tan fuerte que me duelen las costillas al tiempo que trato de alejarlos. —¡Imbéciles! —grito. Mitch sonríe satisfecho en tanto arroja el brazo sobre los hombros de Rebecca. —No puedo permitir que ese brazo salga lastimado. —¿En serio? —Entrecierro los ojos y bajo la mirada hacia la tira entrecruzada en la mitad de mi cuerpo—. Esta cosa lastima el vello de mi brazo, y esta mierda se está volviendo aburrida. Me limito a resoplar entretanto intento mantener una cara seria, y los chicos siguen riendo y colocándose sus cascos para otra vuelta más. —Ven a sentarte —Becca se mueve hacia las gradas y la sigo con mi estúpido brazo pegado al costado. Me pregunto lo que mi terapeuta diría acerca de esto. Cuando arrancan en la pista, siento muchas ganas de montar mi moto. Hoy Chomps está siendo descuidado, y sé que podría patearle el trasero. —Odio estar en las banquillas —gruño al sentarme, entretanto uso uno de los muchos conjuntos que Becca me hizo obtener antes que

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accediera a ser mi compañera de habitación. En realidad, creo que anunció que seríamos compañeras, pero no antes que yo comenzara a vestirme como chica en lugar de como una atleta. —Luces ardiente, Penny Jones. Estoy impresionada. —Suelta una risita mientras toma otro sorbo de su Coca-cola dietética. —Sí, bueno… —Y no es tan raro como creí. Me echan vistazos sin importar qué; ser tan alta y tener cabello rubio platinado hace eso. Y, de cualquier modo, me gustan las faldas. Al menos son un combustible para mi ego. —¡Vamos Universidad de Alaska! ¡La única que puedo pagar! — anima falsamente. —¿Y a Mitch le parece bien que no vayas a Washington con él? —pregunto. Se encoge de hombros, manteniendo su mirada fija en él mientras corre por la pista. —Él no va a pagar mi matrícula. —Cierto. —Pero ellos están muy bien. Lo sé. He visto la forma en que se miran el uno al otro. Y de solo pensar en ello, extraño a Bishop de un modo que desearía no hacerlo. Becca se sienta, y luego los nervios se asientan en mi estómago al tiempo que trato de encontrar el borde de la cinta para quitármela y sé que estoy a punto de contarle a ella sobre él. Tiemblo por todas partes, lo cual es loco ya que fueron solo unos pocos correos electrónicos. Todo sigue sintiéndose demasiado reciente, incluso cuando han pasado más de tres meses. —Bishop me escribió. —Toso un par de veces tratando de sacar las palabras—. Bueno, unas pocas veces… —Esto es tan extraño; tener a una amiga para hablar de estas cosas. Aunque bastante genial también—. De hecho, un correo electrónico largo, y luego cada pocos días me enviaba algo más. —Santa mierda. —Se incorpora tan rápido que sus pies golpean la vieja madera—. ¿Por qué no dijiste algo? ¿Le respondiste? Deslizo el pie a través de las gradas, con la mirada baja. —Aún no estaba segura de cómo hablar al respecto. —Sus palabras han estado dando vueltas en mi cabeza por semanas. —¿Le escribiste? Es decir, ¿están conversando? —Se acerca, con los ojos llenos de excitación. Recuerdo todas las palabras y son como puñetazos en el pecho. —Él fue a rehabilitación. Me contó todo. Mencionó que odiaba el modo de dejar las cosas… Me tomé un tiempo para responder. Dos semanas más o menos. Pero hemos estado escribiéndonos. Un poco. Becca da un sorbo a la soda, todavía observando y esperando el resto de la historia.

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—No sé qué somos. —Coloco los pies en la grada frente a mí para hacer algo. La mayoría de sus cartas me hicieron odiarlo y extrañarlo al mismo tiempo. No sé qué hacer con tanta emoción. Me da un codazo. —Mírate. Estás toda afectada. Por fin encuentro el borde de la cinta y empiezo a tirar. Cualquier cosa para mantener mis manos ocupadas mientras charlamos de cosas sobre las que no sé cómo hablar. —Cállate y ayúdame con la cinta adherente, ¿sí? La sonrisa de Becca luce eufórica. —Él está escribiéndote. Tú estás escribiéndole. Estás tan jodida. Me pongo de pie y giro mientras ella continúa tirando de la cinta, haciendo una mueca cada vez que pasamos por mi brazo descubierto. Imbéciles. En serio. —Nop. Jodida no. De hecho, no voy a quejarme si me vistes porque necesito un novio normal de preparatoria, no alguien que me vuelve loca. Resopla. —Como sea, Penny. Nos vamos en una semana, y sigues enamorada de él, obviamente. Me congelo. ¿Es así?

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27 Traducido por Vanessa VR Corregido por Aimetz14

Bishop —Gracias por reunirse conmigo, chicos. —Veo a Don sentado detrás de su escritorio. El resto de mis compañeros de banda están sentados en sillas, pero yo me encuentro de pie junto a la puerta. Creo que sabían que esto iba a suceder. Yo sabía que sucedería, y pensé que iba a ser más difícil. Estar en una banda siempre fue mi sueño, y no soy tan estúpido como para pensar que no lo extrañaré, pero dejarlo es lo que necesito. Es lo mejor para mí. —No hay problema, B.R. —dice Blake. Es el único además de Don que puede comprender mi decisión. El único que se acerca a tocar conmigo sin motivo. Eso es genial. Ha habido suficiente gente falsa en mi vida. Estoy listo para la real. Giro mis baquetas entre los dedos y empiezo a hablar—: Me voy, chicos. Sé que es un momento de mierda, pero también sé que Don es lo suficientemente inteligente como para tener un plan B. —Cuando lo miro de nuevo, asiente—. No puedo hacer nada más. —¿De verdad? —espeta Chase, nuestro guitarrista—. Cuando entraste en rehabilitación y supimos que no ibas a salir hasta después de nuestras primeras presentaciones, pospusimos toda la maldita gira por ti. —Lo sé. Lo siento, pero no creo que sea inteligente que regrese ahí. No quiero volver ahí... es... no puedo hacerlo más. —Desde que salí, he estado en todos los titulares. Tal como dijo Don, es difícil mantener la rehabilitación oculta. Los paparazzi me siguen. Mis fotos viejas se hallan esparcidas por todas las revistas—. Los medios de comunicación serán una distracción también para ustedes. Es lo mejor para todos nosotros. Chase me mira como si estuviera confundido. —No finjas que lo haces por nosotros. Tuvimos que cubrirte la espalda todo este tiempo para nada. A pesar de lo que dice, sé que esta es la mejor opción.

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Blake se pone de pie. —Voy a apoyarte sin importar lo que quieras hacer, pero amas tocar, B.R. Eres el mejor que he visto. ¿Estás seguro que quieres tirar todo a la basura? Pienso en las noches de gira. Las chicas, las fiestas, las drogas. La presión, las peleas. Y luego pienso en lo vivo que se siente mi corazón cuando estoy sentado detrás de la batería, manteniendo el ritmo para los chicos. Cómo se siente cuando terminamos una nueva canción. — Todavía puedo querer tocar. Aún puedo hacerlo, pero... no sé. Ahora es diferente. Hay otras maneras de mantener la música en mi vida. Blake asiente. —Sí... lo sé. Si alguna vez quieres volver, estamos bien. ¿Lo entiendes? —Me da un abrazo, palmeándome la espalda. El resto de los chicos me desean buena suerte, estrechándome la mano. Todas cosas superficiales. Hay mucha gente así en el mundo, y ya no me rodearé más de ellos. Cuando quedamos solo Don y yo en la oficina, habla por primera vez. —Estás bajo contrato. —Lo sé. Resopla. —Haremos que funcione. Tienes que cuidar de ti mismo y toda esta mierda. —No parece más sincero de lo que suena, pero sé que lo es. Asiento y me alejo. Casi en la puerta, me giro. —Gracias, Don. Por tener las pelotas para enviarme lejos. Nunca lo habría logrado de no ser por eso. Por primera vez en la historia, logro que sonría. —Si todavía tienes problemas con tu papá, ven conmigo ¿de acuerdo? Voy a ayudarte a resolverlo. Sus palabras se asientan dentro de mí, fortaleciéndome. Puedo contar con más gente aquí de lo que creía. —Si puedo hacer algo por ti, también, sabes que estoy aquí. —Lo sé y... lo hiciste bien, chico. Lo hiciste bien. El chico ni siquiera me molesta esta vez. Gary me envía un mensaje cuando estoy por dejar el edificio. Los paparazzi están afuera. Malditos paparazzi. Siempre están buscando algo. Sin otra opción, empujo la puerta. —¿Qué estás haciendo aquí, Bishop? —¿Toda la banda estuvo aquí? —¿Cómo crees que vas a manejar tu adicción, mientras están de gira? —¿Sigues en Burn?

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Siento algunos flashes de cámaras. Haciendo todo lo posible por ignorarlos, troto hasta la camioneta de Gary y entro. —Cabrones. Se ríe y se aleja de la acera. —Hola a ti también. —Sabes que no hablaba contigo. —Veo a los paparazzi mientras nos alejamos—. Gracias por el aventón. No puedo creer que llegues a tiempo. Troy no debe haber estado en casa. —No seas odioso, Ripe. No siempre estoy con él. Me quedo callado porque los dos sabemos que está mintiendo. —Está bien. Siempre estoy con él; cuando no está contigo. Va a estar desanimado por perder su compañero de entrenamiento. —Yo también. Él es genial. —Incluso sabemos cómo hablarnos el uno al otro. Cuando tengo que hablar con alguien que ha pasado por lo mismo que yo, Troy está ahí. —Tuvo que salir de la ciudad. No tendré con que mantenerme ocupado. Sin poder evitarlo, me río. Sabía que debía estar pasando algo. Pero también recuerdo que por mucho que Gary nunca quiera alejarse de Troy, lo dejó durante meses por mí. Se hubiera quedado más tiempo. Seguro también regresaría si yo se lo pidiera. Es tal vez el mejor amigo que tengo. Estoy de acuerdo con eso. —Mal momento, ¿eh? Gary niega con la cabeza. —Claro que no. Esta es tu vida, Ripe, y estoy feliz por ti. —Hace una pausa por un segundo—. ¿Has hablado con ella? Sé exactamente quién es “ella”. Y también sabía que esto iba a suceder. —Como lo hemos estado haciendo. Nos enviamos correos electrónicos. Se tomó un tiempo para responder la primera vez, pero no me rendí. Gary se ríe. —¿Intentas regresar a su vida? Siempre has sido un idiota arrogante. —Hay burla en su voz. —Soy arrogante por una buena razón. Pero no... no intento volver a ningún lugar. Me gusta hablar con ella. Tal vez algún día, realmente pueda disculparme con ella. Trata de abrirse camino en medio del tráfico en la autopista 405. —Mírate. Eres todo un sentimental ahora. —Sin embargo todavía puedo patearte el trasero. Sigue hablando de esa mierda, y lo haré. —Tan violento —se burla—. Ella aún no lo sabe, ¿verdad? El tráfico se acumula alrededor de nosotros. —Nop. —Espero que no resulte contraproducente—. No debiste haber tomado este camino. Odio esta autopista. —No todas las autopistas de por aquí son malas.

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—¿Quieres conducir? —Sí, claro. —Cállate. —Le echa el mal de ojo a la fila de coches delante de nosotros—. ¡Uy! El tráfico apesta. Nos encontramos en un punto muerto. Siempre es así. Y también hace calor. Pongo los pies en el tablero. —Despiértame al llegar allí. Odio Los Ángeles, maldita sea.

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28 Traducido por Joss Corregido por Melii

Penny Me alegra haber decidido no decirle a mi madre que regresaría un poco antes de la universidad. Es el fin de semana de Halloween y el maldito de Chomps va a casarse. Loco. Tardaron más de los dos meses que predije, pero aun así es raro. Becca se despide otra vez cuando salgo del auto, luego se retira. Mitch acaba de llegar a casa, por lo que sé cuál es su próxima parada. Siento una punzada en el pecho cuando entro y veo el remolque de mi abuelo en la esquina, y una música del rock viejo está sonando en vez de su country, pero es mejor que sea así. Estoy bien. O lo estaré. Llego a la cima de las escaleras, y Ben se congela junto a la estufa. —¡Penny! —Hola. —Miro los alrededores. Mamá no está aquí. Qué raro. Oh, espera. Dijo que él se había mudado. Aun así es raro, pero no en el mal sentido—. ¿Dónde se encuentra mamá? —Llegaste un día antes. —Continúa sonriendo. No creo que esté fingiendo. —Sí. —Me encojo de hombros—. Quería estar en casa. —Tu mamá fue a buscar algo de las cabañas. Debería volver en cualquier momento. Yo solo terminaba con la comida. —Sacude la cabeza—. Cada vez estás más adulta. Bajo la mirada a mi falda, botas y suéter ajustado. —Becca. —Me encojo de hombros. Ríe. —Bueno, iba a preparar un buen momento, pero parece que acaban de dármelo. —Se inclina hacia atrás y mira por la ventana. —¿Buen momento para qué? —Me siento un poco nerviosa, debido a que él se frota las palmas sobre sus piernas. Sin duda, nervioso de repente.

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—Sé que no te entusiasmaba mi relación con tu mamá... —Su sonrisa ha desaparecido, y una extraña expresión la reemplaza. Se ve totalmente asustado. Río de lo nervioso que parece. —Me enojé porque ella no me dijo qué pasaba. No me oponía a ti. Suspira. —Bien. Simplemente voy a preguntarte. —Pero la pausa es demasiado larga como para hacerme dudar si él va a preguntar—. Quiero casarme con tu madre. Una burbuja de felicidad por ellos crece en mi pecho, pero trato de no mostrarlo. Debe sudar por lo menos un poco. —¿Qué tengo que ver con esto? —Eres su familia. Creí que debía preguntarte a ti. —Se pasa una mano por el pelo—. Ni siquiera sé si dirá que sí… No puedo contener más mi sonrisa. —Dirá que sí. —¿Y tú? —¿Asustado? —Sonrío y estrecho los ojos. Sus hombros se relajan un poco cuando algo similar a una sonrisa empieza a aparecer en las esquinas de su boca. —Eres fuerte, Penny. —Aprendí de la mejor. ¿Estás seguro de querer enredarte con ella? —Muy seguro. —No había nada más que sinceridad en su voz. Me tomará un tiempo hacerme a la idea, pero está bien. —Bueno, iré a revisar mi Corvette y tal vez llevar a Bitty a la ciudad para ponerme al día con algunos amigos. Dile a mamá que volveré más tarde, y buena suerte. —Le guiño. Mientras corro por las escaleras, un motor en la cochera ruge a la vida, y mi corazón salta a mi garganta. ¿Quién tiene las manos en mi coche? Corro por las escaleras y abro la puerta. Bishop. Riley. Con sus manos en mi coche. Bueno, ya no porque ahora está sonriendo de oreja a oreja en el asiento del conductor, y mi mamá está en el otro lado del coche, mirándolo y luciendo muy feliz. Estoy tan sorprendida que quedo congelada en la puerta. La sonrisa de Bishop se amplía más, al tiempo que sus manos se extienden sobre el volante. Me atraganto con las palabras y mi corazón late con fuerza en mi pecho porque él está aquí. Y mamá no lo ha matado.

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No tengo idea de dónde nos encontramos después de tres meses de molestarnos a través de correos electrónicos, y ahora... Me mira a la cara y nuestros ojos se encuentran. Mamá me da un rápido apretón antes de pasar por mi lado y entrar a la casa. No puedo registrar nada de eso. Solo a Bishop. Dios, es el mismo. Pero... mejor. Su expresión es de sorpresa, que es probable que sea igual a la mía. Y entonces es como si reaccionara por fin. Estira el brazo lentamente y gira la llave, dejando que mi Corvette se estremezca hasta que se detiene. He olvidado cómo moverme o respirar o... —¿Qué estás… —Puedo explicarlo… —Decimos al mismo tiempo mientras sale del coche con las manos alzadas en señal de rendición. Quiero lanzar los brazos alrededor de él y enterrar mi cara en su aroma. Sentir sus manos abrazarme. Al apartar la mirada, veo una caja de pizza en el mostrador. Ahora es más fácil mirar allí que a él. —Así qué, ¿hiciste que Ditch entregara comida y que mamá no te matara? —Es una distracción estúpida. —¿Qué puedo decir? Soy bueno. En ese momento, me dirijo a él y niego con la cabeza. —Quería darte una sorpresa... —Mira hacia el Corvette y luego a mí—. Sorpresa. —Me da su arrogante media sonrisa que hace que mi interior se funda. Y se ve bien. Saludable de una manera en la que no se veía antes, que no había notado entonces. —Yo... —Y después de solo hablar a través de correo electrónico, quiero sentirlo otra vez. No puedo soportar estar rara o incómoda con él—. Te he echado mucho de menos. —No tienes ni idea. —Me da una sonrisa de verdad, y es como si estuviera viendo todas las mejores partes de él a la vez. Sus ojos. La forma en que me ve realmente cuando me mira... Baja la mirada y se tensa un poco. Tiene esa mirada distante. Chasqueo los dedos un par de veces y suelto una risita nerviosa. —¿Me estás examinando? —Te ves... No hay manera de que lleves eso puesto sin pensar que nadie te echara un vistazo. Nos acercamos unos pasos, y lo miro de nuevo. Su pelo volvió a ese rubio rockero, viste una camiseta cómoda manchada de grasa y se le nota un poco más de músculo debajo de ella que antes. Y todavía tiene su arete en el labio. Me encanta ese aro. Se ve cada centímetro de la estrella de rock que es. O era. O... —¿Qué estás haciendo aquí?

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—Quería mostrarle Alaska a mamá. Quería verte. He estado trabajando en tu coche y ayudando a Pat en la tienda de música. Tenía que averiguar quién soy cuando no trato de ser alguien más. Solo me tomo un día a la vez. Tengo el tiempo y dinero, ya sabes, así que... La incertidumbre se cuela cuando su presencia aquí se siente más real. —¿Por qué no has ido a verme? ¿A decirme dónde estabas? Estoy, como, a cuatro horas en carretera. Pone los dedos en su aro del labio y parpadea un par de veces. —No quería venir tan pronto. No quería que me evitaras. Apenas recibí tu primer correo, me moría de ganas de tirar mis brazos alrededor de ti, pero me sentía... Sentía que quería recuperarte, asegurarme de que te encontrabas bien. Como te dije en el correo electrónico, estoy yendo a mis reuniones, trabajando en los coches, haciendo ejercicio, y es genial, pero también quería arreglarla para ti. —Asiente hacia el coche. Luego sonríe—. Además, si esperaba lo suficiente, pensé que podrías echarme de menos lo suficiente como para que me perdonaras. El calor se propaga a través de mi pecho, porque tiene toda la razón. Me conoce bien. —Te ves feliz —digo al tiempo que le extiendo la mano para entrelazar sus dedos con los míos. Los miro enredados por un momento antes de atreverme a ver lo que hay en sus ojos. —Estoy muy contento. —Presiona los labios—. Así que... ¿está bien que esté aquí? Trago saliva cuando los nervios se instalan de nuevo. —Sí. —¿Y que haya puesto las manos en tu coche? —Su voz parece tranquila. Más tranquila de lo que he escuchado. Cada respiración de él, cada palabra, cada movimiento es algo que siento, algo de lo que quiero ser parte. ¿Cómo me mantuve alejada de él durante tanto tiempo? —Sí. Todo está bien. —Y siento tanto que me acerco más, como si toda esta novedad es algo que podemos compartir. Sostiene mis dos manos en las suyas y me doy cuenta de que en realidad podría tenerlo. La emoción se vierte a través de mí mientras miro sus manos ásperas sosteniendo las mías. Este momento es más intenso que cualquier cosa que hayamos compartido hasta ahora. Como si todo lo que hemos pasado juntos y separados estuviera empezando a dirigirse a algo increíble. Algo para lo que por fin estoy preparada. Tal vez fue bueno que estuviéramos tanto tiempo separados. Tal vez estoy dispuesta a apreciar todas las cosas buenas que vienen de sus experiencias. El abuelo tenía razón. Las personas que han pasado por tantas cosas, toman decisiones sobre lo que quieren, y esas decisiones significan algo. Que Bishop eligiera estar aquí conmigo significa algo.

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Suelta mis manos y limpia mis lágrimas con sus pulgares. —Dios, quería estar allí, Penny. No tienes idea de cuánto. Me mató dejarte... todavía me mata. Pero incluso cuando todo estaba perfectamente bien con nosotros, yo seguía resistiendo apenas. Tuve que pedir ayuda... tenía que mejorar, para que tuvieras lo que mereces. Lo que ambos nos merecemos. Sé que lo que hice es una mierda, pero al final, y a largo plazo, era lo correcto. Doy un paso hacia sus brazos y dejo que Bishop me sostenga. — No odio amarte, ya no más. Me aprieta con fuerza. —Solo tú admitirías amar a alguien de esa manera. —Se queda callado por un momento, y luego siento su mano deslizarse por mi pelo—. Extrañaba esto... Tu pelo... el modo en que hueles... la forma en que te sientes. Estoy tan jodidamente enamorado de ti, Penny Jones. No puedo levantar mi cabeza de su hombro, no puedo soportar la idea de no tener tus brazos a mi alrededor. Lo atraigo con más fuerza. —Me voy a arrepentir de no haber grabado esta conversación — dice—. Dijiste que me amabas primero. —Supongo que eso significa que gané. —Me inclino hacia atrás para verlo. Sus ojos están llenos de amor, amistad y todo. Se ríe. —Estoy bastante seguro de que soy el ganador. Como sea. Podemos discutirlo más tarde. Estoy decidida a ser mejor de alguna manera. —Por lo tanto, Ben va a proponerle matrimonio a mamá; supongo que esta noche. Digo que ya que mi auto funciona, hay que probarlo. Tal vez ir a ver tu casa. —No tengo miedo. No estoy avergonzada. Es él. Nosotros. Todo. Nunca he querido algo como lo quiero a él. Da miedo, pero estar a su lado me hace sentir como ni siquiera puede el patinaje sobre hielo, y no puedo esperar a ver lo que sucede cuando estemos aún más unidos. Sonríe. —Me había preparado para que me patearas mi trasero por arreglar tu auto, ¿y me estás invitando a salir? Me inclino y le susurro—: Estoy aquí por un fin de semana largo, y quiero algunas primicias contigo. —Lo abrazo con más fuerza, temiendo a ver su rostro, pero también de mirar hacia otro lado, y que me diga que no—. Y como que necesito una cita para la boda de Chomps. Se ríe. —¿Sabes? Iba a tratar de ser agradable y decirte que quería volver a empezar, y si lo único que querías era ser amigos, estaría de acuerdo con eso. —No me manejo así. —Niego con la cabeza y dejo que mi sonrisa se haga cargo. Esto va a funcionar. No lo dudo. No lo veo solo en sus ojos, sino en todo; la forma en que me mira, la forma en que me toca, la

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forma en que me puede decir que me ama en un minuto y burlarse de mí al próximo. —Lo sé. Parpadeo, aún sorprendida de que me esté abrazando, pero es más fácil y perfecto de lo que creía posible. —Sé lo que quiero. Su nariz toca mi mejilla, y cierra los ojos. —Creo que siempre sabes lo que quieres, Penny Jones. —Y te quiero a ti. —Deslizo los labios contra los suyos, y su reacción es inmediata. No me derrito en su beso; me disuelvo. En él. Y aunque todo estuviera un poco jodido, ahora es bastante perfecto. Y no hay manera de que permita que eso vaya a cambiar.

Fin

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Agradecimientos Mi esposo y mis hijas. Ustedes aguantan mucho de mí cuando estoy escribiendo. Se los agradezco y los amo por todo el apoyo. A Jolene Perry por escribir conmigo. ¡Gracias por crear esta pareja perfecta para Bishop, y por ser una gran amiga! A Wendy Higgins porque eres la estrella de rock de las mejores amigas, y una gran lectora beta. A Kelley York, Cassie Mae, Morgan Shamy y cualquier otro lector prematuro. No podría hacerlo sin ustedes. También me gustaría darles las gracias a todos los que leen mis libros. Su confianza lo es todo para mí. A Heather Howland por todo su conocimiento y por ver algo en la historia de Bishop y Penny. Gracias por darnos una oportunidad. Y a todos los chicos de Entangled. Gracias por creer en esta historia.

224 Mi familia, cuya infinita paciencia me permite hacer lo que amo. Definitivamente a Nyrae por escribir conmigo. Ella escribe a los mejores chicos; me enamoro de todos ellos. No me puedo imaginar no tenerte como amiga. Gracias a todas las personas que nos dieron comentarios sobre este libro: Lauren Hammond (la agente que lo vendió), Wendy Higgins, Kelley York, Cassie Mae, Morgan Shamy, y a mi marido, quien escuchó Out Of Play no solo una, sino dos veces, mientras lo escribía y editaba. Agradezco haberme criado en muchas chicas que son como mi agradecerle a Heather Howland por sobre la historia de Bishop y Penny. Y para sacar Out Of Play al mundo.

Alaska y de haber conocido a Penny Jones. También quiero sus conocimientos y entusiasmo a Entangled por su ardua labor

No hay manera de que pueda agradecerles lo suficiente a las personas que leen mis libros. Nunca. Ustedes. Son. Impresionantes.


Sobre las autoras Escribir siempre ha sido la pasión de Nyrae Dawn. Ha habido momentos en su vida en los cuales no fue capaz de perseguir ese sueño de la manera en que deseaba, pero siempre encontraba su camino de regreso a sus historias. Uno de sus amores siempre ha sido escribir sobre adolescentes. Hay algo tan fresco y divertido de esa edad que le encanta explorar. Su marido dice que es porque ella no quiere crecer. No cree que eso sea una mala idea, y para su suerte, su marido tampoco. Nyrae gravita hacia las historias motivadas por sus personajes. Le encantan los viajes emocionales con ellos ya sea leyendo o escribiendo. Y sí, es una romántica empedernida y está orgullosa de ello. Nyrae vive en el soleado sur de California con su marido (quien aún la hace suspirar) y sus dos increíbles hijos. Cuando no está con su familia, pueden estar seguros que la encontrarán con un libro en la mano o su laptop y un documento abierto en frente de ella. Jolene Perry creció en Alaska central del sur. Ella ha vivido en Anchorage, cerca de la estación de esquí de Alyeska, en una cabaña en una isla en un lago. Enseñó a la escuela secundaria francesa cuando tenía solo unos pocos años más que sus alumnos, y luego enseñó matemática en la escuela secundaria con su licenciatura en ciencias políticas y francés. Escribió con Allie Brennan con el nombre de AJ BROOKS. Ha publicado libros con su nombre completo Jolene Betty Perry y con el nombre de Mia Josephs. Es autora de Knee Deep, My Heart for Yours, The Summer I Found You, Stronger Than You Know y Love Blind.

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