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Safe With Me 2

With Me in Seattle #5 Kristen Proby


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El presente documento tiene como finalidad impulsar la lectura hacia aquellas regiones de habla hispana en las cuales son escasas o nulas las publicaciones, cabe destacar que dicho documento fue elaborado sin fines de lucro, as铆 que se le agradece a todas las colaboradoras que aportaron su esfuerzo, dedicaci贸n y admiraci贸n para con el libro original para sacar adelante este proyecto.


Staff Moderadora de Traducción: Blanca20011893

Grupo de Traducción: Blanca20011983 Vecina

Bellen1930

Noebearomero

Lizels

Ivi04

Moderadora de Corrección: Leluli

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Grupo de Corrección: kelly frost

lsgab38

Yanii

laumoon

vickyra francatemartu Liraz lililamour

Revisión Final: Ivi04

Diseño: MaryJane♥


Índice

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Sinopsis

Capítulo 13

Capítulo 01

Capítulo 14

Capítulo 02

Capítulo 15

Capítulo 03

Capítulo 16

Capítulo 04

Capítulo 17

Capítulo 05

Capítulo 18

Capítulo 06

Capítulo 19

Capítulo 07

Capítulo 20

Capítulo 08

Capítulo 21

Capítulo 09

Epílogo

Capítulo 10

Bonus track

Capítulo 11

Próximo libro

Capítulo 12

Sobre la Autora


Sinopsis Traducido por Blanca20011983 Corregido por Leluli

Mantener a otros a salvo es lo que hace Caleb Montgomery. Él nunca había tenido un problema aceptando una tarea, ya fuera durante sus peligrosos días como SEALs o en su más reciente trabajo entrenando a mercenarios de guerra. Pero ser designado para mantener a Brynna Vincent y a sus adorables hijas, Maddie y Josie, a salvo de una amenaza desconocida, lo ha sacado de su eje. Arde por la alta morena desde que ella regreso a la ciudad hace más de un año, estar cerca cada día está quebrando la resolución de Caleb de mantener sus manos lejos de su esplendido cuerpo y su cabeza dentro de la misión. Brynna está harta de tener miedo. Todo lo que quiere es una vida normal y tranquila para ella y sus preciosas niñas. Justo cuando se está asentando en su

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nuevo hogar en Seattle y sintiéndose segura de nuevo, Caleb aparece en la puerta de su casa insistiendo en que el peligro es más alto que nunca. Pero que necesite ser protegida de la amenaza de su pasado, o de las intensas emociones que siente por el sexy y protector hombre que duerme en su casa, eso está por verse. ¿Qué ocurrirá si Brynna y sus niñas se enamoran de un hombre tan roto que podría no ser capaz de protegerlas del peligro que las amenaza, y mucho menos de sí mismo?


Prólogo Traducido por Blanca20011983 Corregido por Vickyra

—¿Por qué tenemos que ir a casa de papá? —Maddie pregunta en la parte de atrás de mi camioneta, cruzando sus pequeños brazos sobre el pecho, sosteniendo su muñeca fuertemente y arrugando la frente. —Porque es Acción de Gracias —respondo con paciencia—. Tu padre quiere estar con ustedes en vacaciones. —No quiero ir —Josie se une, imitando a su hermana gemela en la postura, y yo suspiro profundamente, frotándome las manos por la cara mientras espero a que la señal se vuelva verde.

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—Es sólo hasta el sábado —les recuerdo, haciendo mi mejor esfuerzo para ignorar el agujero en mi estómago. Yo tampoco quiero que se vayan. Su padre sólo las ve en vacaciones o en su cumpleaños, cuando se aparece. Por supuesto que no quieren estar con él. Ellas no le conocen. Cuando aparco delante de la pequeña casa de Jeff en un suburbio de Chicago, tres hombres salen corriendo por la puerta principal y se meten en un SUV negro estacionado en el garaje circular. Justo antes de salir, uno de los hombres mira hacia nosotras. Apago el motor y hago una mueca mientras observo el vehículo ir hacia la carretera rápidamente. Mis banderas están de color rojo y volando por toda mi cabeza. Miro de nuevo a las chicas. —Quédense aquí un momento mientras veo si su padre está listo, ¿ok?


Solo me fruncen el ceño, con los ojos color marrón oscuros que parecen tristes y abandonados, y yo arrugo la frente hacia ellas. —Dejen de hacer berrinches. Su padre las quiere. Lo pasaran bien. Ellas simplemente se encogen de hombros cuando salgo del auto y camino hacia la puerta principal. Miro por encima del hombro, curiosa de ese SUV. Ellos podrían ser los compañeros de trabajo de Jeff, pero si ese es el caso, no voy a dejar a las niñas con él. Jeff es un policía encubierto, y las personas con las que trabaja son desagradables, por decirlo suavemente. Llamo a la puerta, no hay una respuesta, y la casa está tranquila. Llamo otra vez y suspiro profundamente. Si él no esta va a decepcionar a las chicas de nuevo, y yo le patearé el culo.

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Como aún no hay respuesta, cojo el picaporte y arrugo la frente cuando la puerta se abre fácilmente. Este no es el M.O. 1 habitual de Jeff. Siempre cierra las puertas, incluso cuando está en casa. —¿Jeff ? —llamo mientras ingreso, pero no hay respuesta, y un olor a metal caliente llena mis fosas nasales. Entro a la habitación y de pronto detengo mi paso. Jeff está tumbado en el suelo, los ojos muy abiertos, igual que la boca y una gota de sangre mana de una herida de bala en la frente. Oh, Dios mío. Mi primer pensamiento es correr hacia él, para asegurarme de que está bien, pero no había sido la esposa de un oficial de policía durante cinco años para nada, y estoy con mis hijas en el auto. Corro de nuevo al auto, enciendo el motor, coloco la marcha, saliendo del garaje, y conduciendo en la dirección opuesta a la camioneta que se había marchado antes. 1

MO: Modus Operandi.


¡Jeff está muerto! —Mamá, pensé que íbamos a la casa de papá. —Maddie se movió en su asiento, tratando de ver a través de la ventana trasera. —Siéntate Mads —ordeno más duramente de lo que debería, mis ojos también miran detrás de nosotras. Tengo que llamar a la policía. —¿Dónde está papá? —Josie pregunta y las dos chicas me miran fijamente, y sé que mis temblorosas manos y mi voz aguda las asusta, así que hago mi mejor esfuerzo para parecer y sonar bien. Estoy segura de que no está funcionando. —Tenía algo en el trabajo. —Me inclino y reviso el espejo por enésima vez. —Está bien —responde Maddie y abraza la muñeca apretadamente contra ella.

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Mierda, ¿qué voy a hacer? Me detengo en una gasolinera, cojo el teléfono y salgo del auto, para que las niñas no puedan escuchar mi conversación. Llamo al compañero de Jeff que responde al segundo toque. —¿Por qué llamas a este número? —Jeff está muerto — respondo de inmediato—. Lo encontré en su casa. Voy a llamar al 911, pero quería darte la primera alerta. —Hijo de puta —murmura—. ¿Fuiste testigo de algo? —Los vi salir de la casa, pero no, no vi quién le disparó. Yo ni siquiera pensé en conseguir el número de matrícula del auto. Era un SUV oscuro. —Eso no ayuda, Bryn. —Su voz es triste y frustrada. Sully trabaja con Jeff desde hace diez años.


—Lo sé, lo siento. No toqué nada. —Te llamaré más tarde. Tendremos un comunicado oficial. Ya sabes qué hacer. Asiento y luego me doy cuenta de que él no puede verme. Tengo escalofríos. Es difícil respirar. *****

—Creo que voy a salir de la ciudad, Sul. Suspira y se aclara la garganta —¿A dónde vas? —A Casa. Seattle. Mi familia está allí. El hermano de mi primo es un policía en el Departamento de Policía de Seattle. Matt Montgomery. ¿Puedo dar mi

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testimonio a él? —Voy a tener que obtener tu declaración antes de que te vayas. Sabes que no puedo dejarte ir sin ella. —Parece que alejó el teléfono de su cara—. Bryn espera. Paso por el auto mientras espero a Sully. Jesús, ¿esto está pasando realmente? ¿No tengo tiempo ni para ir a casa y conseguir algunas de las cosas de las chicas? He querido volver a Seattle durante años, pero nunca soñé que sería en estas circunstancias. De repente, Sully está de nuevo en línea. —Creo que es una buena idea que te vayas, Bryn. No puedo decir quiénes eran, pero has sido vista en la casa de Jeff por la gente equivocada. Toma a las chicas y sal de la ciudad. Si permaneces callada, todo irá bien, pero quiero que te vayas. Mierda. Jeff, ¿en qué me has metido? —¿Y mi declaración? —mi voz suena más fuerte de lo que quiero. —Te encontraré en algún lugar con algunos de oficiales para tomar una


declaración. Pero no quiero que regreses a tu hogar. Te enviaré tus cosas en unos pocos días. Paso mi mano por mi cabello, miro al auto y me encuentro con que las chicas me miran. —Ok, tengo que conseguir algunas cosas para mí y las niñas. —Indico la ubicación de la tienda de descuento más cercana, y oigo Sully suspirar en el teléfono. —Ten cuidado. Y envíame un mensaje de texto con el número de Montgomery. —Vale. La línea está en silencio, y me meto de nuevo en mi auto, sonriendo tranquilizadoramente a las chicas que me están mirando con ojos asustados. Los niños son mucho más inteligentes de lo que la gente cree.

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Tomo mi teléfono del bolso nuevo, y envío un mensaje de texto al marido de Stacy, Isaac. Los Montgomery sabrán qué hacer. Con dedos temblorosos escribo: * Por favor, llámame cuando estés solo. Reviso mi bolsa de nuevo para asegurarme que tengo mi billetera y todo lo que necesito, y entiendo definitivamente que no puedo volver a casa a recoger nuestras cosas. Mi teléfono suena, aparece el nombre de Isaac en el identificador de llamadas y contesto rápidamente. —Isaac. —¿Bryn? ¿Qué pasa? —No puedo entrar en detalles porque las niñas están en el auto conmigo, pero tengo que llegar a Seattle ahora. —Bryn, ¿estás herida?


—No, estamos todos bien, pero creo que no estamos a salvo. —¿Qué quieres decir? —Su voz adquiere un tono duro y me estabiliza. —Acabo de ver algo que no debería haber visto. Te lo explicaré cuando llegue. Sólo quería que supieras que estoy yendo a casa. —Miro hacia atrás para encontrar a las chicas que me miran con ojos grandes y oscuros. —¿Estás conduciendo? —me pregunta con incredulidad—. Es casi diciembre Bryn. Los caminos seran horribles. —Lo sé. Voy a ir despacio. De todos modos, tendré que deternemos en la noche, por las niñas. Dame una semana para llegar allí. —No me gusta —responde con severidad. —Ni a mí. —Cuando el shock me alcanza, las lágrimas cubren mi cara.

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—Estaremos aquí, Bryn. Llámame todos los días, hazme saber dónde te encuentras. Hablaré con Matt. —Voy a tener que hablar con Matt una vez que llegue allí, Isaac. Y un detective de Chicago lo llamará en cualquier momento. —¿Tienes problemas? —La voz de Isaac es tranquila y fresca, y sé que él está pensando lo peor. —No es lo que estás pensando, pero es malo. —Conduce con seguridad. Mantenerme informado. —Ok —asiento, corto la llamada y sigo hasta el estacionamiento de un Wall Mart—. Vamos chicas, hay que comprar algunas cosas. —¿Vamos a ver al abuelo y la abuela en Seattle? —pregunta Josie. Son tan jodidamente inteligentes. —Sí, querida, por eso tenemos que comprar algunas cosas para llevar.


—¡Sí, vamos a ver a la abuela y el abuelo! —Maddie baila a mi lado mientras caminábamos a la tienda a comprar lo necesario, como cepillos de dientes y ropa interior. Las chicas tienen ropa para unos pocos días, pero todo lo que yo tengo es mi bolso. Tal vez un poco de tinte para el cabello para mí estaría bien. También tomo mi teléfono y lo tiro a la basura, apuntando uno nuevo en mi lista de cosas para comprar. Creo que regresaremos a Seattle antes de lo esperado.

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Capítulo 1 Traducido por Blanca20011983 Corregido por Vickyra

¡B

ang! ¡Bang! ¡Bang! Mi alarma no debe sonar aún. ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!

Me despierto sobresaltada con el sonido de alguien que trata de echar la puerta abajo, e inmediatamente mi corazón empieza a latir más rápido. Salto de la cama, sin tomarme la molestia de ponerme nada encima de mi sujetador

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y bragas, buscando frenéticamente un arma de cualquier tipo. —¿Mamá? —Maddie dice somnolienta desde la puerta de su dormitorio. —Vuelve a la cama, Mads. —La llevo de vuelta a la habitación y le doy mi mejor sonrisa, aunque es más parecida a una mueca. —Hay alguien en la puerta —Josie me dice, y abraza la muñeca en sus pequeños brazos. —Lo sé. Iré a ver. Quédate en tu habitación —mi voz es dura cuando cierro la puerta detrás de mí, y corro por las escaleras hasta la sala de estar. Todas las cortinas aún están cerradas, por lo que no pueden ver desde el exterior. ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! Tomo el destornillador que usé ayer para colgar algunos estantes y abro solo un poco la puerta. —¿Quién es? —pregunto tensa.


—Bryn, sólo Caleb y yo —Matt Montgomery responde, con su hermoso rostro sombrío. Doy un paso atrás y abro la puerta con un suspiro de alivio. —Me asustaste muchísimo. —¿Qué haces con el destornillador? —Matt pregunta, poniendo sus manos en sus caderas, así como su hermano, Caleb, que me mira. —Esta es mi arma —respondo, y levanto la barbilla obstinadamente. —De acuerdo. —Caleb saca el destornillador de mi mano—. Es muy eficaz. —Podría haberte apuñalado si fueses un tipo malo. —Doy un paso hacia atrás y quito el pelo de mi cara—. ¿Qué haces aquí a las seis de la mañana? —Tal vez deberías ponerte algo de ropa. —Matt sugiere, y chillo cuando me doy

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cuenta de que estoy prácticamente desnuda. —¡Mierda! —Mamá, no deberías decir eso —Josie habla desde los peldaños inferiores de la escalera—. ¡Maddie! ¡Matt y Caleb están aquí! —Ve a ponerte algo de ropa, cariño, vamos a desayunar con las chicas. —Matt le sonríe a mis niñas y las abraza a las dos, pero Caleb sigue estando tranquilo, mirándome con esos profundos ojos azules. —¿Por qué estás aquí? —le pregunto de nuevo. —Vamos a hablar de eso también —Caleb me asegura, y finalmente me ofrece una media sonrisa, mostrando los hoyuelos en las mejillas mientras deja que sus ojos vaguen por mi cuerpo medio desnudo. Este hombre me hace temblar por dentro. Desde que llegué a casa hace más de un año, y quedé atrapada en esta gran familia amorosa, Caleb me ha dado un caso permanente de bragas mojadas. Cuando tuvo que llevar mi culo borracho a casa


después de la fiesta de despedida de Jules el año pasado selló el trato. Incluso en mi estado de embriaguez, mi cuerpo estaba lleno de un zumbido de emoción, mientras estaba en sus brazos. —Ahora vuelvo —digo y corro por las escaleras, esquivando a las niñas, tratando de no pensar en el hecho de que dos hombres calientes como el infierno Montgomery acababan de tener una vista privilegiada de mi culo casi desnudo, y es el máximo de piel que cualquier hombre vio en unos cinco años. Patético. Puedo escuchar a las chicas que hablan en voz alta con los chicos, mientras corro a ponerme una camiseta con capucha y pantalones de yoga, sostengo mi pelo en un moño informal y vuelvo. —Comeremos Coco Puffs2 para el desayuno —Maddie me dice.

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—Ok, pero comete un plátano también. —¡Oh, hombre! —Josie se queja. —Ya conoces la regla. Puedes comer cereales llenos de azúcar, si comes una fruta. —Les beso la cabeza al pasar por ellas, para llenar la cafetera con agua. Matt coge los plátanos y los pela para las niñas. —No me dijeron nada de esa regla —les informa con una mirada burlona. —No sabíamos nada al respecto —Maddie miente, tratando de contener la risa. —Ya sabes, puedo llevarte a prisión por mentir a la policía —Matt les dice con una sonrisa. —¡No puedes! —Josie exclama y ríe. —Sí — asiente. 2

Coco Puffs: Marca de cereales con sabor a chocolate.


—Comeremos el plátano. —Maddie admite y le da un gran mordisco. —Así está mejor. —Matt desliza su mano por su cola de caballo en el otro lado del mostrador—. No habrá prisión para ustedes hoy. Él es tan bueno con las niñas. Todos los Montgomery lo son. Caleb está apoyado en la barra de la cocina, mirándome fijamente, con los brazos cruzados sobre el pecho. Su cabello ha crecido un poco de su acostumbrado corte militar, y su barbilla está cubierta con el comienzo de una barba rubia rojiza. Ojos azules de la marca registrada Montgomery me siguen cuando me paseo por la cocina, preparando el desayuno y me aseguro de que las chicas están sentadas. Como cada vez que lo veo, la electricidad fluye a través de mi columna vertebral y por mis piernas y sólo quiero acercarme a él y devorarlo.

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Pero en vez de eso apenas sonrío y rozo sus bíceps cuando paso. —¿Café? —le pregunto. Sus músculos se flexionan con mi toque y aprieta el estómago. Jesús, sus brazos son del tamaño de mi muslo. —Por favor —asiente. —Yo también —Matt añade y le roba un pedazo de plátano a Maddie, haciéndola reír. —¿Entonces, qué pasa chicos? —pregunto, mientras les entrego sus tazas de café recién hecho. —Chicas, terminen el desayuno, vamos a ir con su madre a la sala de estar para hablar, ¿de acuerdo? —Caleb sonríe a las chicas besando sus mejillas—. Sólo griten si nos necesitan. —¡Está bien! —Josie concuerda y sorbe algunos Coco Puffs, derramando leche con chocolate por todo el mostrador.


Maddie asiente y toma otro bocado del plátano. Sigo a los chicos a la sala de estar, disfrutando de la vista de su culo. —Siéntate. —Matt señala una de las sillas, pero sólo cruzo los brazos sobre mi pecho y me quedo de pie. Toma asient,o mi culo. —Sólo dime qué pasa. —Brynna, por favor siéntate —murmura Caleb suavemente y se sienta en el sofá junto a la silla que quiere que ocupe. Miro entre ellos, y me doy cuenta de que es una batalla perdida, me hundo en la silla y me siento en el borde de la misma. —Bueno, estoy sentada. ¿Por qué están los dos en mi casa a las seis de la mañana, asustándome?

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—Me llamaron ayer al trabajo —Matt comienza y suspira profundamente. —¿A la estación de policía? —pregunto. —Sí. Fue un IP3, y me hizo un montón de preguntas acerca de la familia. —Me mira, los ojos sobrios—. Toda la familia. —Es decir, preguntó por mí —murmuro y siento un ligero sudor sobre mi piel—. Y si ellos me asocian a tu familia, me tengo que ir... —Tú no vas a ninguna parte —Caleb interrumpe y toma mi mano en la suya, sosteniéndola con firmeza. —El investigador no preguntó específicamente acerca de ti, pero levanto algunas sospechas en mí. No me gustó. —Matt niega con la cabeza y camina por la habitación. —Ha pasado más de un año, Matt. ¿Por qué ahora? —Trato de mantener mi voz 3

IP: Investigador privado.


baja para que las niñas no puedan oírme. —No lo sé. —Se vuelve hacia nosotros—. Puede que no tenga nada que ver con lo que pasó en Chicago. —No creo que nadie pueda encontrarme aquí —le digo—. No tengo casa, trabajo para Isaac detrás de escena, no he cambiado mi licencia de conducir de Illinois a Washington. No hay ninguna razón para tengan ninguna sospecha. —Estoy de acuerdo, y vamos a seguir teniendo cuidado, pero nos parece bien para tu bienestar y el de las niñas que vengan a vivir conmigo o Caleb. —Por supuesto que no. —Retiro mi mano de la de Caleb y camino por la habitación. —¿Por qué? —pregunta Caleb, su voz tranquila y baja.

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—Porque las niñas tienen escuela. Tengo un trabajo. Tenemos una rutina. No voy a molestarlas. Ellas han tenido suficiente. —Sigo manteniendo la voz baja, pero todo mi cuerpo está tenso y me dan ganas de gritar—. Por fin estamos en un lugar en el que no saltamos cada vez que escuchamos un ruido extraño. —¿Es por eso que abriste la puerta con un destornillador como si fuera una maldita pistola? —Caleb me pregunta con una ceja levantada. —No suelo tener visitantes tan temprano en la mañana. —Tenemos que saber que estás a salvo. —Matt insiste y pone las manos en las caderas, mirándome. —No vamos a salir de la casa. —Cruzo los brazos sobre mi pecho y me quedo mirando a Matt. —Está bien, me voy a mudar aquí. —Caleb se levanta y sostiene mis hombros en sus grandes manos, su cara feroz—. Si vas a continuar siendo terca, está bien, las chicas se quedarán aquí, pero entonces me mudo contigo.


—¿Cómo es esto posible? —le pregunto con incredulidad—. Pueden llamarte a una misión en cualquier momento. ¿Cómo es que va a ayudar? Matt se aclara la garganta y Caleb cierra los ojos por un momento y luego me mira fijamente con sus ojos azules de nuevo. —No hay más. Mi última misión fue el final. —¿Qué? —le pregunto, mis ojos muy abiertos, mirando su hermoso rostro—. ¿Por qué? —Ya era el momento. —Sacude la cabeza y mira hacia abajo antes de alejarse de mí y mirar a Matt—. Me quedo con ellas. —Me parece bien. —¿Qué le voy a decir a las niñas? —pregunto, todavía tratando de centrar mi

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cabeza alrededor de todo. ¿Caleb está fuera de la Marina? —¿No me estás escuchando, Brynna? —pregunta Caleb—. Podrías estar en peligro. No estoy dispuesto a correr ese riesgo. Hasta que no sepamos a ciencia cierta lo que está pasando, voy a estar aquí. A partir de hoy. —Hoy no es buen día para mí... —empiezo. —A partir de hoy. —La voz de Caleb está muy controlada y baja cuando él empuja su cara a la mía—. Eso es lo que hacemos en esta familia, Brynna. Nos protegemos entre nosotros. —Yo no... —Sí, lo eres —Matt responde antes de que pueda terminar la frase—. Deja de ser terca, y has lo mejor posible. Miro entre estos dos formidables hombres que se ciernen sobre mí, y sé que he perdido esta batalla. Siento que mis hombros caen y me tiembla el labio inferior antes de fijar mi mandíbula y parpadear rápidamente.


—¿Y qué? ¿No vas a protestar más? —Caleb me pregunta con sarcasmo, pero su rostro es suave y sus ojos son amables cuando me mira cuidadosamente. —No, sólo quiero que mi vida vuelva a la normalidad, y parece que nunca va a suceder. Antes de saber lo que está sucediendo, Caleb me toma entre sus fuertes brazos, sus manos moviéndose arriba y abajo en mi espalda y me susurra al oído: —Vas a estar bien. Te lo prometo. —Podrás dormir en el sofá, marinero —le susurro sobre su suave camisa gris, ganándome una risa de él. —Hecho. *****

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—¿Y qué aprendieron hoy? —pregunto, mientras preparo la mesa y camino de vuelta a la cocina para comprobar la salsa de los espagueti. —Me enteré de que Nelson se come sus mocos —Josie responde con una mueca—. Los chicos son brutos. —¿Quién es Nelson? —le pregunto con una sonrisa y vacío un paquete de pasta cabello de ángel en una olla de agua hirviendo. —Está en su clase — responde Maddie pasando mantequilla en el pan de ajo. La puerta se abre y se cierra segundos después, Caleb entra a la cocina con una mueca en su rostro. —¿Por qué está abierta la puerta principal? —Caleb. —Suspiro y niego con la cabeza, volviendo al espagueti hirviendo—. Estamos bien. —Traba la maldita puerta, Brynna.


—¡Caleb! ¡No debes maldecir! —Josie le frunce el ceño. —¿Por qué tienes una mochila? ¿Vas a pasar aquí la noche? —Maddie le pregunta, mirando la mochila verde en las manos de Caleb. —Me quedaré aquí por un tiempo —contesta y cierro los ojos. ¡Mierda, no he hablado con las chicas todavía! —¿Por qué? —pregunta Josie. —Porque Caleb tiene obras en su casa —Me apresuro a responder antes de que Caleb lo haga, me mira con sorpresa—. Así que, él estará aquí por un tiempo. —De acuerdo. —Maddie se encoge de hombros y sonríe al hombre alto en mi cocina—. Puedes dormir en mi habitación. —No, creo que voy a dormir en el sofá.

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—¿Me vas a leer cuentos antes de dormir? —le pregunta. —Puedo hacerlo —confirma y le sonríe. —¡Genial! —Mamá suele leernos —Josie dice con una mueca en su cara bonita. Josie siempre ha sido la más desconfiada de las chicas. No se apresura a confiar, incluso con los Montgomery, que han sido parte de su vida durante más de un año. Es también la más cascarrabias de las dos. —Si prefieren que ella lo haga, eso también está bien. —Caleb se encoge de hombros y pone su bolsa en el suelo del pasillo. —¡Quiero a Caleb! —Maddie grita. —¡Quiero a Mami! —Josie grita.


—¡Basta! —grito yo—. Esto no es una gran cosa, chicas. Dejen de pelear y vayan a lavarse las manos. La cena está lista. Las dos ponen mala cara, el labio inferior hacia afuera, saliendo de la cocina y caminando hasta el pequeño aseo en el pasillo para lavarse las manos. —Si se quedan con esa expresión en su rostro por un largo tiempo, ¡se quedará así para siempre! —digo, y sonrío cuando las oigo reír. Caleb sonríe mientras se acerca a mí, tirando de la tapa de la salsa para oler los aromas del tomate y tomillo, y lo cubre de nuevo. —Parece que llegué en el momento adecuado. —Si te gustan los espaguetis, sí, lo has hecho. —Echo la pasta en un colador y retiro el pan de ajo del horno —. He puesto un lugar para ti en la mesa.

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—Gracias. Asiento de espaldas, pero me agarra del brazo y me tira hacia atrás para mirarlo. —¿Estás bien? —Si lo estoy. —Con una obra en mi casa, ¿verdad? —Los hoyuelos de sus mejillas me guiñan cuando sonríe. —No sé qué más decir. No quiero asustarlas. —¡Mis manos están limpias! —Maddie anuncia mientras entra de nuevo a la habitación. —Hablaremos más tarde —Caleb me susurra, y me ayuda a poner el resto de la cena en la mesa—. Huele muy bien. —Es mi favorito —Maddie le dice con orgullo—. Voy a elegir la historia esta noche, porque acerté todas las palabras en mi prueba de ortografía.


—Buen trabajo —Caleb la alaba y empuja las sillas de ellas. —¿Por qué haces eso? —Josie pregunta, arrugando la nariz. —Porque eso es lo que hace un caballero. Empuja la silla de una dama cuando ella se sienta. —No soy una señora. —Maddie se ríe—. Soy una niña. —Eres una pequeña dama, entonces. —Caleb pestañea para ellas y se queda de pie pacientemente detrás de mi silla, esperando a que yo coloque un gran plato de espaguetis en la mesa y me siente en mi lugar. —Gracias, señor —digo tímidamente y me siento en la silla. ¿Cuándo fue la última vez que un hombre se sentó en nuestra mesa para cenar con nosotras? Aparte de vacaciones de la familia, nunca.

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Nunca. Caleb ayuda a las niñas a servirse, y espera a que yo llene mi propio plato antes de servirse a sí mismo. Mientras él y las chicas comen de todo corazón, me siento y los miro a los tres, riendo y hablando, y mi corazón se encoge. Eso es normal, ¿no? —... ¿Vale mamá? —Josie me mira expectante. —Lo siento, ¿qué? —Vamos a tomar un helado como postre esta noche. —Oh, por supuesto. —Asiento y tomo un sorbo de mi vino tinto. Durante el resto de la comida, veo a Caleb interactuar fácilmente con mis hijas. Él se apresura a reírse de sus travesuras, e incluso Josie se derrite por él, luchando con Maddie para hablar acerca de su día.


Dios, es tan lindo. Como todos los hombres Montgomery, es alto y ancho. Su cabello es rubio oscuro, pero sus ojos son de color azul hielo y cuando me mira con esos ojos, te juro que puede ver directamente en mi corazón. Lleva una camiseta gris, vaqueros desteñidos y calcetines negros. Y no puedo evitar preguntarme cómo lucirá desnudo. Por más de un año he querido sentirlo encima de mí, sosteniéndome. Dentro de mí. Y hubo momentos en que sé que él sintió lo mismo, pero nunca cruzamos la línea de la amistad. Maldita sea. —¿Quién es responsable de la limpieza? —Caleb pregunta cuando todos hemos terminado nuestras cenas. Apenas toqué la mía, ¿pero quién puede comer cuando

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Caleb “el caliente SEALs4” Montgomery está sentado a su lado? Yo no. —Todos nos ayudamos —Josie le dice—. Tú puedes barrer el suelo. —Este es tu trabajo. —Le recuerdo a ella—. Es lo que menos le gusta. —Le digo a Caleb con una sonrisa. —Mierda —Ella susurra y lleva su plato al fregadero. —Todos tenemos obligaciones PC. —Caleb le dice a las chicas. —¿Qué obligaciones? —pregunta Maddie. —PC. —Caleb raspa los restos en un recipiente de plástico—. Eso significa patrulla 4

SEALs: Los equipos Mar, Aire y Tierra de la Armada de los Estados Unidos (en inglés: United States Navy Sea, Air and Land) o SEAL (acrónimo de SEa, Air and Land), conocidos habitualmente como Navy SEALs, son la principal fuerza de operaciones especiales de la Armada de los Estados Unidos, siendo el componente marítimo del Mando de Operaciones Especiales de los Estados Unidos (USSOCOM).


de cocina. —Tenemos que hacerlo antes de comer el helado. —Josie frunce el ceño. —Me parece justo. —Me río y empiezo a cargar el lavavajillas, mientras que Caleb y las chicas limpian la mesa y encimera. Pronto la cocina está limpia y pongo helado para todos, con jarabe de chocolate y confites para las niñas. —¿Podemos sentarnos en el patio? —pregunta Maddie. —No, Mads, es invierno —le recuerdo. —Quiero verano. ¿Cuándo llega el verano? —pregunta. —Todavía hay unos cuantos meses por delante —Caleb responde y le besa en la cabeza, mientras todos nos sentamos en la mesa del comedor a comer nuestra

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comida. —No está lloviendo —señala Josie. —No, pero hace frío afuera. —Invierno tonto. —Josie pone mala cara y le da un mordisco a su helado. ***** —¿Están en la cama? —Caleb pregunta, cuando camino por las escaleras hasta la sala de estar. —Sí. —Suspiro y me siento en el sofá junto a él—. Me encantan, pero Dios, me agotan. —Son hermosas —Caleb murmura, mientras me da una cerveza. —¿Estamos bebiendo? —pregunto con las cejas levantadas.


—Estamos compartiendo esta. —De acuerdo. —Tomo un sorbo de la botella de color marrón y luego se la entrego de nuevo a él—. Ya sabes no tienes que quedarte, Caleb. Las niñas y yo estamos a salvo. —Brynna, ¿entiendes por qué estoy aquí? —Porque alguien hizo un montón de preguntas que ni siquiera eran sobre mí. Caleb, ni siquiera sé si alguien me está buscando. —Mira. —Caleb se acerca más a mí y pone su brazo alrededor de mis hombros—. Sé que tenemos los ojos de la policía en Chicago, y no sabemos a ciencia cierta si alguien te está buscando, pero Brynna, si existe la más mínima posibilidad de que puedas estar en peligro, tengo que estar aquí. —Me besa la sien, inhalando profundamente—. Si el instinto de Matt dice que algo está pasando, entonces algo está pasando.

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—No me gusta. —No tienes por qué. —Toma mi barbilla con los dedos y tira de mi mirada para encontrar la suya—. Continúa diciéndoles a las chicas que necesito un lugar para quedarme. Yo me quedo fuera de tu camino tanto como sea posible. Solo ten las malditas puertas cerradas y los ojos abiertos. —No quiero que nuestra rutina sea interrumpida. —Jesús, eres terca. —Ya sabes eso de mí —le recuerdo con una sonrisa. —Trabajas para Isaac tres días a la semana, ¿no? —Eso es. —Ok, debes estar segura cuando estés allí con Isaac, y el resto de los chicos que van y vienen todo el tiempo. Voy a recortar mi semana de trabajo a tres días a la


semana, así estaré aquí cuando tu lo estés. —¿Estás trabajando ya? —pregunto, sorprendida. —Sí, estoy entrenando mercenarios civiles fuera de Seattle. —Se queda en silencio, como si le incomodara hablar de su nuevo trabajo, pero quiero saber más. —¿Qué tipo de entrenamiento? —pregunto. —Armas, principalmente. Las armas eran mi especialidad. —¿Qué tipo de armas? —pregunto, acercándome a él, y me inclino contra su duro torso, disfrutando del sonido de su voz. —Cualquiera que elijan, las conozco a todas. —Hmm

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—En realidad, creo que mañana voy a llevarte para que aprendas a disparar. —¿Yo? —le pregunto, y me enderezo—. ¿Por qué? —Porque necesitas saberlo para protegerte. Necesitarás también armas legales para ocultar. —Yo ya... —Basta. —Empuja sus dedos en mi boca, poniendo una mirada apasionada en mí—. Deja que te enseñe esto, Bryn. Su brazo todavía está alrededor de mí, tirándome hacia su lado, y con su dedo sobre la boca, todo en lo que puedo pensar es el hecho de que sus labios están a centímetros de los míos. Centímetros. Fijo mi mirada en sus labios y hago una respiración profunda.


—No —susurra y aleja suavemente los dedos. —¿Qué? —susurro, sin dejar de mirar sus labios, y mi estómago revolotea cuando él los lame. —No me mires así. Mis ojos van hacia él. —¿Cómo? —Como si quisieras que te besase. —Quiero que me beses. Uy, ¿dije eso? Suspira profundamente, pasando su dedo pulgar por mi labio inferior y luego

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envuelve suavemente sus brazos alrededor mío, abrazándome con fuerza. —No puedo hacer eso. Ve a la cama, Brynna. —Pero... Abruptamente tira de la botella de cerveza de mi mano y se aparta lejos de mí. —Vete a la cama.


Capítulo 2 Traducido por Blanca20011983 Corregido por Vickyra

~Caleb~

¿Q

ué diablos estoy haciendo aquí? La mirada en el lindo rostro de Brynna cuando le dije que no podía besarla se repetía una y otra vez en mi cabeza. Son las dos de la mañana, y el sueño todavía está lejos. Si es que viene.

No estoy durmiendo muy bien estos días. La mujer durmiendo arriba ha estado a menudo en mi mente durante gran parte del

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año pasado. Ella y sus dos maravillosas hijas me han envuelto alrededor de sus pequeños dedos. Brynna es tal vez la mujer más hermosa que he visto en mi vida, con su largo pelo oscuro, ojos marrones profundos, y sus labios que fueron hechos para besar. Con piernas que nunca terminan, y ese culo redondo que sería perfecto para mis manos. Increíble. Y sus niñas son tan hermosas, con su largo pelo oscuro y los ojos marrones de su madre. Me levanto del sofá y hago mi camino por el interior de la casa por tercera vez esta noche, haciendo un análisis para asegurarme de que todo está como debe ser. Ambas puertas delanteras y traseras están bloqueadas, junto con todas las ventanas. La casa todavía tiene el crujido normal de sedimentación, aparte del ruido ocasional de la tubería del agua. Una sola lámpara encendida en el salón, junto al sofá. Una manta roja y blanca está perfectamente doblada en un extremo, donde Brynna la dejó antes.


Consciente de que la casa está a salvo esta noche, me saco la camisa y la pongo en mi bolsa, abro el primer botón de mis jeans, saco una pistola 9mm de la cintura en la parte baja de la espalda y la coloco en la mesa junto al sofá. Una vez que me pongo una camiseta limpia y pantalones cortos de baloncesto, alguien deja escapar un suave grito arriba. Agarró la pistola, me muevo por las escaleras, subiendo rápidamente, con la espalda contra la pared para mirar en la habitación de las niñas, suponiendo que el suave ruido vino de Maddie y Josie, pero cuando cruzo por la habitación Brynna ella deja escapar un fuerte grito más urgente para pedir ayuda. Mataré a quien le esté haciendo daño. Su puerta está entreabierta. La abro con cuidado, con mis ojos adaptándose a la oscuridad rápidamente, y hago una exploración superficial a través de la habitación, tratando de enfocar en la hermosa mujer tumbada en la cama.

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La habitación está vacía. —¡No la toques! —Brynna grita y cae sobre su estómago. Meto mi pistola en el cajón de su mesilla de noche y voy de inmediato a la cama, inclinándome sobre ella. Retiro su pelo empapado en sudor de la frente y la mejilla, mientras ella se gira de nuevo y mi corazón se encoge cuando veo la mirada de completa angustia en su cara bonita. —¿Bryn? —la llamo suavemente, no quiero asustarla. —No voy a dejar que te las lleves. —Ella mueve la cabeza hacia atrás y hacia delante y las lágrimas salen de sus ojos y desaparecen en el cuero cabelludo. —Cariño, estás soñando. —Sigo acariciándole la mejilla con suavidad—. Brynna despierta. Abre los ojos y su mirada se encuentra con la mía inmediatamente.


—Oh, Dios mío. Intenta escapar, pero la sostengo contra mí, metiendo su cabeza debajo de mi barbilla y balanceándola hacia atrás y hacia adelante mientras llora suavemente. —Está bien —susurro y deslizo mis manos arriba y abajo por su espalda. Puedo sentir su calor a través de la fina tela de su corta blusa blanca, y solo quiero arrancarla de su cuerpo voluptuoso y sentir su suave piel. Su corazón late con fuerza en mi pecho. —Odio esta mierda de pesadillas —susurra en mi pecho, su aliento haciéndome cosquillas en la piel. —Tú y yo —agrego. Estoy de acuerdo. Tanto es así que ya no duermo—. ¿Quieres hablar de ello? —Hace mucho tiempo que me pasa —murmura y solloza. Las lágrimas cesaron,

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gracias a Dios, porque ver a Brynna llorar es sentir que me arrancan el corazón del pecho. No puedo soportarlo. —¿Qué es? —pregunto y paso los dedos por el pelo largo y oscuro. Los mechones son suaves y rectos, y caen bien abajo de su espalda. Me encanta cuando ella lo lleva suelto, si se lo deja liso, o con ondulados, no importa. —Mis niñas —susurra, entierra su cara en mi pecho de nuevo y coge mi cuerpo con ambas manos, como si la idea que la estaba atormentando hace unos momentos, fuese demasiado difícil de soportar—. Ellos estaban intentando dañar a mis niñas. —Nena —susurro e inclino la cabeza hacia atrás hasta que se que me está mirando a la cara—. Nadie va a lastimar a las niñas. Nunca. Las lágrimas caen de sus grandes ojos marrones de nuevo, y es mi perdición. —No llores, Bryn. —Rozo mis dedos sobre sus mejillas, secándole las lágrimas—. Estas completamente a salvo. —Estoy tan cansada de tener miedo, Caleb.


—Hey —susurro y corro mis dedos por sus suaves mejillas—. No tengas miedo, cariño. Te tengo. Sus ojos se posan en mis labios, tal como lo hizo anteriormente en el sofá y mi estómago se aprieta, y mi polla se despierta a la vida. ¡Sal de aquí, Montgomery! —¿Caleb? —me pregunta en voz baja. —Sí. —¿Por qué no me besas? No puedo responder. La puta verdad apesta, y no voy a mentirle. Nunca. En cambio, le rozo el pulgar por el labio inferior, amando la sensación de ella en contra de mi dedo y deseo con todo mi corazón que las cosas fueran diferentes.

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Cuando mi pulgar alcanza el centro de sus labios carnosos, la punta de su lengua me roza la piel y me pierdo. Tomo su cara en mi mano y pongo mis labios sobre los de ella y luego me hundo mientras ella gime de felicidad, envolviendo sus fuertes brazos alrededor de mí cuello, acercándome más. Su boca es felicidad pura. Mi otra mano se desliza por su costado, por la parte exterior de su pecho y hasta acunar el otro lado de su cara, mientras la abrazo fuerte contra mí haciéndome un festín con su boca. Quiero probarla con locura desde hace meses, y aquí está por fin en mis brazos. Su piel y exótico aroma me rodean, me intoxican. Ella suspira profundamente cuando me alejo lentamente, besando su nariz y las mejillas, y, finalmente, todo el camino de vuelta, mirándola atentamente. Sus ojos aún están cerrados, mientras empuja sus increíbles manos en mi pecho, donde descansa, traga en seco, y abre sus impresionantes ojos oscuros.


—Creí que no me besarías —susurra. —No pude evitarlo. —Sentado aquí con ella, en el oscuro silencio de la noche, me parece absolutamente correcto. —Está bien —murmura y me da una sonrisa. —Deberías dormir un poco. —No te vayas. —Ella agarra mi brazo con fuerza, y sus ojos están abiertos por el miedo—. ¿Por favor? Todavía no. —Túmbate. —Caleb... —Me quedo, cariño. Acuéstate.

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Se tumba y se mueve hacia la derecha para darme más espacio en la cama. Mis pies probablemente sobresalgan. Me acuesto en mi lado, la tiro contra mí, besando la parte superior de su cabeza, y suspiró profundamente. —Lo siento, te desperté —murmura. Sonrío contra su pelo. Ella es tan jodidamente dulce. Jodidamente buena. —No lo hiciste. —¿No estabas durmiendo todavía? —pregunta ella y bosteza. —Todavía no. —Vamos a dormir, Caleb. Ella pone su brazo alrededor de mi cintura y se presiona contra mí de pies a cabeza,


entrelaza sus piernas con las mías y maldita sea si no se ajusta a la perfección. Su cuerpo es largo. Con los tacones que insiste en llevar, es sólo unos centímetros más baja que mí metro noventa. —¿Caleb? —dice adormilada. —Sí, Bryn. —Duérmete. Es una orden. Sonrío y entierro mi nariz en su pelo, sosteniendo su aroma cerca de mí. —Sí, señora. Y para mi sorpresa, caigo en el sueño más reparador que he tenido en años.

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Capítulo 3 Traducido por Blanca20011983 Corregido por Vickyra

~Brynna~

M

e levanto despacio y perezosamente me estiro como un gato gordo y holgazán. A propósito mantengo los ojos cerrados y sonrió suavemente, recordando cuando Caleb llegó a mi cama para

consolarme de mi horrible pesadilla. Sé que se ha ido porque el lado de mi cama esta frío, pero él me abrazó, me consoló en el medio de la noche y fue... increíble. El hombre sin camisa es increíble. En todo el tiempo que pasé con él, nunca lo vi sin camisa, e incluso en la oscuridad, es un espectáculo para la vista.

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Jesús, hasta sus músculos tienen músculos. Me froto las manos sobre la cara y entonces abro los ojos y me asusto. Es la luz del exterior. Demasiado fuerte para ser anterior a la hora de que suene el despertador. Muevo mi cabeza para mirar el reloj y suspiro cuando veo la hora. ¡Llego tarde! —Maldita sea, maldita sea, maldita sea —murmuro y me quieto las mantas de encima. Corro al baño, después de poner mis leggings hago pis rápidamente, me lavo los dientes y me recojo el pelo en un moño desordenado. —Chicas —llamo y rápidamente paso por mi habitación y por el pasillo hasta su habitación—. ¡Nos hemos dormido! Abro la puerta, pero sus camas están vacías. —¿Chicas? —llamo de nuevo y corro por las escaleras. Justo antes de doblar la


esquina de la cocina, oigo a Caleb y las niñas riendo, así que me detengo y escucho. —¿Cuántos años tienes? —pregunta Josie. —Muchos más que tú —Caleb responde. Puedo oír y oler el tocino freír y me gruñe el estómago. —¿Eres mayor que mamá? —Maddie le inquiere con la boca llena de algo. —Sí —dice riendo—. Soy un par de años mayor que ella. —Mamá tiene treinta años —Josie dice—. Ella es muy, muy vieja. —¿Eres más viejo que el Empire State5? —Maddie cuestiona con admiración en su pequeña voz y me tapo la boca para no reírme en voz alta. —Uh, ¿me veo más viejo que el Empire State? —Caleb le pregunta.

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—Puede ser —Maddie responde. —¿Tienes un perro? —Josie ataca y mastica algo. Ella debe haber conseguido otro plato de Coco Puffs. —No —responde Caleb. —¿Tienes un gato? —pregunta Maddie. —No. —¿Tienes un cocudrulo? —Josie interroga en voz alta. —¿Te refieres a un cocodrilo? —Caleb repregunta con una sonrisa. —Eso es lo que dije. —No, ninguna mascota. Sobre todo de la variedad reptiles. 5

Empire State es un rascacielos situado en la intersección de la Quinta Avenida y West 34th Street, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos. Fue el edificio más alto del mundo durante más de cuarenta años, desde su iniciación en 1931 hasta 1972, año en que se completó la construcción de la torre norte del World Trade Center.


Decidido ir a rescatarlo, entro en la cocina y mi corazón se detiene. Las chicas están vestidas, su largo cabello oscuro cepillado, y son felices comiendo un desayuno de panqueques, huevos y tocino. Y, por supuesto, Josie tiene sus preciosos Coco Puffs. Él se hizo cargo de mis hijas y me dejó dormir. Las chicas no me han visto todavía porque están lejos de mí, pero Caleb mira hacia arriba y me da una sonrisa suave. Sus ojos son cálidos y viajan por todo mi cuerpo, deteniéndose en mis piernas. —¿Has dormido bien? — pregunta y siento mi cara caliente. —Muy bien —confirmo y me uno a él en la cocina—. Me quedé dormida. ¿Apagaste el despertador? —Sí, pensé que necesitabas un poco de sueño extra. Las chicas y yo tenemos las cosas bajo control aquí.

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—Gracias. —Me pongo de puntillas y le beso la cara y luego camino alrededor de la barra de desayuno para abrazar a mis niñas. —Buenos días, mamá. —Josie lanza sus brazos alrededor de mi cintura y me abraza fuerte —Buenos días, niñas. ¿Durmieron bien? —¡Sí! —Caleb hizo huevos crudos —Maddie me dice, y me abraza fuerte. —¿En serio? —le pregunto con una sonrisa y miro hacia Caleb—. ¿Qué tipo de huevos son? —Crudos. —Maddie se encoge de hombros y se gira a la comida. —Cocidos —Caleb me dice con una sonrisa—. No fue un gran éxito. —Ah. —Asiento—. Somos de huevos revueltos por aquí.


—Ya me di cuenta. —Él pone los platos sucios de las niñas en el lavavajillas y la máquina de café para mí—. ¿Café? —Sí, gracias, voy a servirme una taza. —Puedo hacerte unos huevos. —Estoy bien. —Niego con la cabeza y me sirvo café. —Caleb, que... —Maddie empieza, pero la corta. —No hay más preguntas esta mañana. Suban, lávense los dientes, y prepárense para partir. El autobús estará aquí en diez minutos. —Mamá, no te olvides, hoy es la clase de baile —Maddie me recuerda. —Lo sé. Stacy las recogerá en la escuela y las llevara.

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—¿Lo hacen una vez por semana? —Caleb me pregunta en voz baja. —Sí, Stacy siempre las recoge y las lleva. Sophie está en la misma clase de baile. Sacude la cabeza y pone huevos, tocino y panqueques en un plato y empieza a comer. Sus caderas con pantalones vaqueros están apoyadas en el banco y los pies desnudos se cruzan. Observo con fascinación cómo los músculos de sus brazos se flexionan cuando sube y baja el tenedor de la boca, y siento que mis bragas se mojan y mis pezones se endurecen. Maldita sea, ni siquiera me tocó y estoy dispuesta a desnudarme y saltar sobre él. —¡Mamá, estamos listas! —Josie grita y corre a la cocina. —De acuerdo, bien. Me las llevo al bus. —Yo las acompañaré al bus —Caleb me dice y deja a un lado su plato a medio comer. —Termina tu desayuno, Caleb. Estamos bien.


—Yo las acompañaré al bus —repite, me guiña el ojo y se mueve con gracilidad por la habitación poniéndose una chaqueta verde y los zapatos. Una vez que estamos todos con abrigos, las niñas agarran sus mochilas y caminamos el largo trecho hasta la carretera. Josie toma mi mano en el camino, y Maddie la de Caleb. Su hermoso rostro se ve sorprendido por un momento y luego le sonríe mientras caminamos. En cuestión de minutos llega el autobús y las chicas suben a bordo, junto con otros niños del barrio. Caleb y yo esperamos que el autobús se vaya, antes de regresar a casa. Cuando empezamos a caminar, me meto las manos en los bolsillos, luchando contra el frío aire, y lo miro. Está alerta, sus ojos escaneando la casa, árboles, arbustos. —¿Qué es lo que buscas? —le pregunto y yo sigo su mirada.

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—Todo lo que no parezca encajar. Todo parece normal para mí. —¿No eres demasiado cauteloso? —le digo y me encuentro con una mirada azul hielo. —No. —De acuerdo. —Me encojo de hombros y lo llevo de nuevo a la casa—. Bueno, sobreviviste a tu primera Inquisición Española. Caleb se ríe y se quita el abrigo, colgándolo en el gancho junto a la puerta, y coge el mío para hacer lo mismo. —Son unas niñas muy dulces, Bryn. —Gracias. —Asiento—. Pero hacen muchas preguntas. —Sí, las hacen. —Caleb niega con la cabeza y se ríe—. Casi creo que prefiero ser interrogado por el enemigo. Al menos en ese caso, todo lo que tengo para darles es


mi nombre, rango y número de seguro social. —No digas eso —murmuro y le abrazo la cintura con fuerza, sorprendiéndolo. —Oye, ¿qué es esto? —Eso no es gracioso —susurro y luego me retiro, avergonzada—. Me preocupaba demasiado por ti. —¿Por qué? —inquiere con las cejas levantadas. Pongo los ojos en blanco y suspiro profundamente. —Oh, no lo sé, Caleb. Tal vez porque estabas yendo constantemente a Dios sabe dónde, haciendo Dios sabe qué, y yo sabiendo que era peligroso, caminaba sobre cáscaras de huevo, hasta que regresabas seguro. Él se tambalea por un momento, y me doy cuenta que acabo de sorprenderlo

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completamente. ¿De verdad no entiende lo mucho que me preocupo por él? —No te preocupes por eso. —Niego con la cabeza y me giro, caminando rápidamente hacia la cocina—. Me alegro que estés a salvo. Eso sí, no hagas más bromas como esa. —Sí, señora —le escucho susurrar detrás de mí, haciéndome sonreír mientras cargo el resto de los platos sucios en el lavavajillas, pongo una medida de jabón en el compartimiento y lo enciendo. —¿Qué tienes en la agenda de hoy? —me pregunta con voz ronca. —Tengo cosas que hacer esta mañana, y luego no tengo nada, hasta que las niñas lleguen a casa alrededor de las seis. Voy a empezar la cena alrededor de las cinco. —Bueno, bueno, vamos a prepararnos para salir enseguida. Después de terminar tus cosas, tenemos un lugar para ir.


—¿Dónde? Su cara sigue estando seria cuando me mira. Algo ha cambiado en sus ojos, en su postura. Parece... confundido. —Ya lo verás —murmura y sale de la habitación. ***** —No entiendo nada sobre eso —musito y veo que Caleb mete un clip en su arma con un fuerte chasquido. —Tienes que aprender —me recuerda por enésima vez desde que salimos de la oficina de correos y me dijo que íbamos a venir al campo de tiro. —¿Por qué? No me gusta la idea de tener un arma en casa con las niñas. —Las chicas no van a disparar. —Me da unas gafas claras de tiro y protección para

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los oídos. —Caleb, los accidentes ocurren. —Número uno —comienza, mandíbula cerrada, ojos fríos, voz dura. Él está en el modo militar. Me asusta como el infierno. —Cualquier arma en casa estará con nosotros o con llave. Las chicas nunca tendrán la oportunidad de tener un accidente. —Él levanta una ceja, esperando a que le responda. Maldita sea si digo: Sí, señor. —Ok —respondo y levanto la barbilla. Sus labios tiemblan antes de continuar. —Número dos, tienes que aprender esto para poder protegerte a ti misma. Las


personas que pueden o no estar buscándote son peligrosas, y llevan armas de fuego. Tu destornillador no puede competir con eso. —Hey —empiezo, pero me corta. —Y número tres. —Se inclina para susurrarme al oído—. No seas cobarde. Funciona. Sólo eso y estoy enojada como el infierno. ¿Cobarde? No soy una maldita cobarde. Estrecho mis ojos e inclino mi rostro hacia él. —Dalo por hecho, marinero. —Buena chica —murmura y me sonríe con orgullo—. ¿Alguna vez has tenido un arma?

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—No. —De acuerdo. —Él me hace toda la demostración—. Este es el bloqueo de seguridad. Está abierto porque estamos a punto de disparar. —Él me sonríe y puedo decir que me encanta—. Este disparador se ajusta a diez rondas. Tengo cuatro más para mí. —Lo tengo. —Asiento, mirando el arma negra en su mano, completamente perdida. —¿Quieres que lo haga primero? —me pregunta. —Sí, por favor. Caleb niega, empuja sus gafas y establece su propio objetivo. Miro a mí alrededor en el campo y disfruto del olor de la pólvora y el sudor masculino. Está vacío ahora, en medio de un día laborable. Estamos en el puesto más alejado, y completamente solos. Y Caleb está plenamente en su elemento.


—Aléjate un poco. No quiero uno de estos casquillos calientes te golpee cuando salga de la pistola. —Lo tengo. —Me pongo en mi lugar, y cuando él está convencido de que estoy a salvo de un golpe, se vuelve hacia el objetivo, levanta el arma con las dos manos, con los brazos extendidos y los músculos totalmente flexionados y da su primer tiro. E inmediatamente estoy mojada y jadeando. Por el amor de todo lo que es sagrado, este hombre es puro sexo, es impresionante. Aprieta el gatillo lentamente durante un par de tiros, y luego vacía el cargador rápidamente, sin apartar los ojos de la meta. Cuando me mira, sonríe con aire de suficiencia y empuja el objetivo hacia él. —¿Estás bien? —me pregunta.

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—Todo bien. —Me aclaro la garganta y siento que mis ojos se abren cuando el objetivo se aproxima. Hay un grupo de pequeños agujeros en el pecho y el otro en la parte superior de la cabeza—. Buen tiro. Se encoge de hombros y reemplaza el objetivo por uno nuevo y lo envía. —Tu turno. —Tal vez deberías tomar otra dirección —menciono, tratando de mantener mi voz ligera. De repente, estoy nerviosa como el infierno. —Cobarde —dice en voz baja y se ríe cuando le miro. Toma el cargador vacío y me da un arma nueva y cargada—. Carga tu arma. Lo hago torpemente. —Tranquila, bebé, lo conseguirás. Sólo necesitas práctica. Mi corazón tartamudea ante el bebé.


—Ahora bien, de cara al objetivo. Siente el arma en tus manos, Bryn. Es pesada. Cuando se activa, tendrá un poco de retroceso. —Oh, Dios —murmuro. —Vas a estar bien. Me enfrento al objetivo y miro hacia la pistola en mi mano. ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo mi vida llegó a esto? —Levanta el arma. Sigo su pedido y echo una mirada a la meta a unos seis metros de mí. Aprieto el gatillo y los primeros tiros se vuelven más difíciles de lo que esperaba, haciéndome saltar y tropezar hacia atrás un poco. —Calma —Caleb murmulla detrás de mí.

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—Estoy bien. —Tal vez si lo sigo diciendo, voy a empezar a creérmelo. Él se mueve detrás de mí y me empuja las piernas. —Amplia tu posición para mantener el equilibrio. Disparo de nuevo, y mi sangre se espesa con la adrenalina que pasa rápidamente a través de mí. No hay necesidad de ser un SEALs de la Marina para averiguar cómo alinear la vista, y apretar el gatillo una y otra vez, mi cuerpo enseño una agresión que no sabía que estaba conteniendo. El tiro es una gran terapia. Cuando el tambor estaba vacío, Caleb en silencio me muestra cómo cambiarlo, y yo todavía sigo disparando balas por la pista, disparo tras disparo, hasta que los cuatro se gastan.


Pongo el arma pesada en el estante, retiro mis gafas y protectores auditivos y regreso. Tengo que cerrar mis rodillas porque mis piernas se sienten como gelatina, y tengo miedo de caer. Mis brazos están temblando, estoy sin aliento, y lo juro por Dios, podría correr un maratón. De repente, Caleb está detrás de mí y pulsa el botón para abrir la puerta. —Toma una respiración profunda —susurra en mi oído y respondo instintivamente, hago un largo y profundo suspiro. Aprieta su pecho contra mi espalda, los muslos contra la parte trasera de los míos, y también da un largo suspiro—. Hueles jodidamente bien. Su pene se agita contra mi culo a través de sus pantalones vaqueros. Él pone sus manos en mis brazos y mi culo contra sus caderas, donde descansa mientras pasa su nariz por el costado de mi cuello. Con el ruido y la sensación de la pistola todavía en mi cabeza, mi corazón sigue

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latiendo como loco, y lo quiero. Ahora. —No tienes idea de lo jodidamente bueno que es sentirte presionando contra mí así —habla en voz baja, su voz áspera y tensa. —Creo que tengo una idea —respondo, sorprendida al escuchar la cruda necesidad en mi propia voz. Cierro los ojos, inclino mi cabeza en su hombro y me derrito con la sensación de las manos amasando mis caderas y su cara en mi cuello. Mis pezones están duros y luchando contra mi sujetador, mientras los escalofríos estallan por toda la longitud de mi cuerpo. Lo quiero más que cualquier cosa o persona que quise antes. —Caleb. —Su nombre es un susurro, una plegaria. —Un olor tan bueno. —Tócame —exijo sin problemas. Sus manos todavía en mis caderas. Besa mi cuello


suavemente, toma un largo suspiro, profundo, luego se aleja. Me giro con total sorpresa y con ira. —¿Qué clase de juego estás jugando? —requiero. —No estoy jugando. —Cruza los brazos sobre el pecho. —Caleb. —Yo sólo lo miro por un largo tiempo. Hace treinta segundos, sus manos estaban sobre mí y me susurraba las cosas más dulces en mi oído. Ahora él volvió a ese modo sargento. Y los hombres dicen que las mujeres son confusas. Por último, se vuelve y tira del objetivo hacia abajo. —Que me condenen —dice en voz baja.

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—Déjame ver. Hay algunos agujeros de balas perdidas alrededor de la parte blanca de la meta, pero el centro del pecho y la parte superior de la cabeza tiene dos agujeros de buen tamaño donde mis balas perforaron el papel. —Tienes un don natural. Me encojo de hombros, como si no fuera gran cosa, pero por dentro estoy haciendo un baile feliz. —No soy una cobarde entonces, supongo. Caleb se ríe largo y alto y me envuelve en un abrazo. —Definitivamente no eres una cobarde —está de acuerdo, y se aleja de mí. —¿Caleb? —Mi corazón late con fuerza, y todavía estoy molesta. Él está sonriendo a mi objetivo, pero cuando sus ojos se encuentran con los míos, esta serio.


—Sí. —¡No me toques así de nuevo, a menos que quieras terminar lo que empezaste! Sus ojos son duros y aprieta su mandíbula. Antes de que pueda girar y alejarme, me agarra la muñeca y me tira contra él, clavando mis brazos entre nuestros cuerpos. —Vamos a aclarar esto, Brynna. Te deseo tan jodidamente que mis dientes duelen. Te quiero desde hace meses. Pero eres parte de mi familia, y yo debería estar protegiéndolas. Bajar mi guardia y follarte sobre el colchón no es la manera correcta de mantenerlas a salvo. Suspiro mientras sus palabras se hunden y me dan ganas de pedirle que me lleve a casa y haga precisamente eso, follarme sobre el colchón, pero antes de que pueda hablar, él baja su frente con la mía y cierra los ojos, como si estuviera dolorido. —No voy a arruinar nuestra amistad, o hacer cosas extrañas contigo por mi familia,

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solo porque no puedo mantener mis malditas manos lejos de ti. Significas más que solo eso. Me inclino hacia él, con ganas de consolarlo, pero él suspira, levanta la cabeza y pone sus labios en mi frente durante largos segundos, luego se aleja, se vuelve de espaldas a mí, y guarda el arma y los tambores de vuelta en su caja cerrada. —Te pido disculpas. No voy a tocarte de nuevo. Antes de que pueda discutir y pedirle que hablemos sobre eso, camina delante de mí. —Vamos.


Capítulo 4 Traducido por Blanca20011983 Corregido por Vickyra

~Caleb~

—M

i nombre empieza con "c" y termina en "o". Soy peludo y redondo y suave en el interior. ¿Qué soy? —Jules se dobla de la risa en el sofá en frente de mí, antes de

tomar otro sorbo de su bebida con sabor a fruta. —Necesito otra cerveza —murmuro, tomo mi botella vacía y entro en la cocina de Nat y Luke, que se abre a la gran sala donde estamos jugando este estúpido juego.

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Por supuesto, las chicas lo eligieron. —¿Un caramelo? —Brynna pregunta con su voz sexy y baja, y empuja su cabello oscuro detrás de la oreja. Sus ojos están un poco vidriosos por las bebidas, y ha estado sonriendo toda la noche. El venir aquí esta noche era exactamente lo que necesitaba para pasar tiempo con amigos y divertirse. Pero estar tan cerca de ella es duro, me está matando. He hecho un trabajo colosal para mantener mis manos lejos de ella desde la otra tarde. Porque todo lo que quiero es tirarla contra mí, debajo de mí, y perderme en su interior por alrededor de un mes. Esto es ridículo. He estado con muchas mujeres en los últimos años, pero ninguna me había amarrado, sobre todo antes de habérmelas follado. —¿Qué tipo de dulces has estado comiendo? —Leo pregunta a Brynna, apuntándola y partiéndose de risa.


—Argh .... Bueno, no importa. —Bryn asiente y toma un sorbo de su bebida mientras voy de nuevo a la habitación con mi cerveza, y me siento entre ella y Matt. Toda la pandilla está aquí, hoy en la casa de Luke y Nat: Jules y Nate, Will y Meg, Sam y Leo y Matt. Incluso Isaac y Stace están aquí esta noche. El hermano de Luke, Mark, también apareció. Las chicas están locas e hilarantes, y pido con todo mi corazón y alma que no comiencen con su locura de hablar de orgasmos. Si tengo que sentarme aquí y escuchar a Bryn sobre conseguir uno, voy a perder mi maldita cabeza. —Esto es gracioso como la mierda. —Jules ríe. —Yo sé lo que es —Will murmura y sonríe a Meg mientras pasa la mano por su espalda hasta la cadera—. Aunque no es peludo.

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No me jodas. Me pregunto si el de Bryn es peludo. —Argh... Basta —Sam lo regaña con el ceño fruncido. —¿Qué? —Will le pregunta. —Por el amor de todo lo sagrado, Nat, ¡deja de fraternizar con el enemigo! —Jules exclama. Según su costumbre, Luke y Nat se están besando. El hombre no puede dejar de besar a esa mujer. Y ahora tienen un segundo hijo en camino. No podría estar más feliz. Ella se merece toda la felicidad del mundo. Luke es increíble para ella. —Estoy casada con él, Jules. Él está lejos de ser el enemigo. —Esta noche es chicas contra chicos. Trae tu sexy culo aquí, a mi lado. —Jules se echa hacia un lado, dejando espacio para que Nat se una a ella.


—¿Me besarás? —pregunta Nat. —Después de otro trago, sí. —Sin duda iré con ellas —Nate está de acuerdo rápidamente. Yo frunzo el ceño hacia él. Tal vez McKenna tenga que morir después de todo. Jules lo superará. Con el tiempo. Probablemente. —Uh, ellas son nuestras hermanas, caramba —Matt recuerda con una mueca. —No son mis hermanas —responde Nate. Dejo escapar un gruñido de mi garganta, listo para sacar todo el aire de él con mis propias manos.

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—¡Es un coco, gente desagradable! —Jules grita y pasa las cartas para Samantha. Presto atención a la siguiente pregunta, consciente del muslo de Brynna pegado al mío, cómo huele su pelo y cómo su risa me hace un nudo en el estómago, en la conciencia. Si sigo así, voy a tener que pedirle a Matt que se quede con ella. No soy de ninguna utilidad si en todo lo que puedo pensar es en entrar en sus pantalones. —Solo piensan en el sexo —Samantha anuncia. —No todos. —Brynna pone mala cara y me frunce el ceño. La cabeza de Matt se da vuelta y sus ojos se fijan en mí. Maldita sea. —No empieces —le advierto, mi voz baja y dura. Ella cruza los brazos sobre su suéter negro, apretando con fuerza sobre sus pechos, y mi verga se mueve. Lleva una falda gris, que fluye hasta sus rodillas y botas negras hasta el tobillo.


—¿Qué es Sam? —pregunta Nat. —Es la goma de mascar. —¡Oh! Aquí hay otro. —Will saca su carta de la caja de juegos Dirty Minds6—. Me clavas dentro tus varas, me atas para conseguir que me levante y me mojo antes que tú. Voy a matarlos a todos. —Me gusta la cosa de atar, ya sabes —Sam nos recuerda, en referencia a su descripción fuerte y explícita acerca de sus preferencias sexuales después de la fiesta de despedida de Jules. Yo no creo que pueda sobrevivir este maldito viaje a casa. Matt se atraganta con la cerveza cuando los demás se ríen de ella. Leo la mira, estupefacto.

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—En serio. —Claro. —Sam se encoge de hombros. —¡Se trata de una tienda de campaña, amigos! —Pasa la caja. —No me he mojado en un tiempo —Brynna anuncia. Corrección: Voy a matarla. —¿Cuántas bebidas has tomado? —Sam le pregunta. —Muchas —respondo por ella—. Les pedimos disculpas, tenemos que hablar. — Agarro su brazo con mi mano y la llevo fuera de la habitación, por el pasillo que pasa a través de la cocina a la oficina de Luke y cierro la puerta detrás de nosotros. —¿Qué demonios estás tratando de hacer? —le pregunto con ira, inmovilizándola contra la puerta. Mis manos están planas contra la madera a ambos lados de su 6

Dirty Minds es un juego de mesa para adultos que consiste en adivinar pistas con doble sentido.


cabeza, y con los tacones de sus botas calientes como el infierno, está casi de mi altura. Y joder si eso también es suficiente para volverme loco. —No sé de qué estás hablando —dice, mirándome de frente. —Tonterías. —No puedo evitarlo. Que Dios me ayude, pero no puedo dejar de tocarla. Me inclino y froto mi nariz contra la de ella, disfrutando de la forma en que sus ojos se cierran. —¿Qué quieres de mí? —le susurro mientras hundo mis manos en su pelo suave. —No quiero nada de ti —responde y abre los ojos, y me fija con sus ojos marrón chocolate—. De eso se trata, Caleb. Sólo te quiero a ti. Paso mis labios arriba y abajo por la suave piel de su garganta. Maldición, ella huele jodidamente bien. Agarro sus hombros en mis manos con un gruñido y nos

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doy la vuelta, presionándola en la esquina de un diván de cuero, guiándola hacia abajo hasta que se sienta, y me hundo de rodillas ante ella. —¿Qué estás haciendo? —me pregunta con los ojos muy abiertos. —¿Cuánto tiempo hace, cariño? —le pregunto. —¿Cuánto tiempo qué? —Sacude la cabeza y frunce el ceño, como si tratara de despejar la cabeza, confundida. —¿Cuánto tiempo ha pasado desde que alguien te hizo acabar? Se tranquiliza, sus manos agarran mis hombros, abro sus rodillas así puedo arrodillarme entre ellas, y me mira con cuidado. —¿Por qué? —finalmente me susurra. —Pensé que eso era lo que querías —respondo y me pongo derecho para que nuestros rostros estén nivelados. Agarro sus caderas en mis manos y tiro de ella más cerca del borde del asiento—. Puedo oler tu excitación desde aquí.


Su boca se abre y se cierra en dos ocasiones, y su mirada se posa en mis labios. Ella se lame los labios llenos y hermosos, y todo pensamiento racional se escapa por la maldita ventana. Aprieto mi boca en la de ella y ella envuelve sus brazos alrededor de mi cuello, y me pierdo. La necesito. Necesito saber cómo es cuando disfruta. Beso mi camino desde el cuello hasta la clavícula, acariciando sus pechos, y empujo su falda hasta las caderas. —Caleb. Ella hunde sus dedos en mi pelo y tira.

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—Túmbate. —No, quiero ver. Jesús, me va a matar. —Lo que quieras, querida. —Ella está usando unas pequeñas bragas de encaje, que no es rival para mí. Las quito rápidamente, la pongo sobre mis hombros y le abro las piernas de par en par, mirándola con admiración. Ella es tan hermosa. —Te has afeitado —murmuro sorprendido, y me inclino a darle un dócil beso en la suave piel de su pubis. No puedo esperar a probarla. —Mmm —murmura. —Dios, estas tan excitada. —Empujo un dedo sobre su clítoris y los labios hacia


abajo y se empapan de inmediato. —Tú me excitas, marinero —responde con una sonrisa, la voz sin aliento mientras suspira. Agarra mi muñeca con su mano y lleva mi dedo chorreando con su propio jugo a la boca y chupa. Duro. Eso me jode, y me pierdo por completo. Gimo y entierro mi cara en su coño, lamiendo y chupando los pequeñnos labios, empujando mi lengua dentro de ella y girando, lamiendo tantas gotas de su dulce nectar como puedo. —Tienes el coño más dulce —susurro y me inclino a tirar del clítoris entre mis labios, empujando la punta de la lengua contra ella y rápidamente sumerjo dos

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dedos en su apretado coño. Mi polla está presionando contra mis pantalones vaqueros, pidiendo hundirse en ella, pero tengo que hacerlo rápido. Los otros nos echarán de menos. Y no hay nada más hermoso para mí que ver a Brynna corriendose. Ella aprieta esas piernas increíbles sobre mis hombros, y puedo sentir los músculos apretados alrededor de mis orejas cuando la fuerza de su orgasmo se construye. Se muerde el labio para no gritar y sus músculos tiemblan, apretando mis dedos, y ella empuja su pelvis contra mí, cuando el orgasmo la consume. Cuando regresa, saco los dedos de su interior y los chupo hasta limpiarlos, observándola detenidamente mientras ella jadea y empuja su cabello para atrás de su rostro sonrojado. Ella sonríe con aire soñador, me aprieta la cara con las manos y tira de mí para


besarme profundamente, empujando su lengua en mi boca, el sabor de ella en mi no le molesta lo más mínimo. —Tenemos que volver —susurro y me alejo. —Pero tú... —Estoy bien, cariño. —Le sonrío y le beso en la frente. —Después. —No. No habrá después. —Me alejo, dándole espacio para ponerse de pie y estirar la ropa. —Te lo advertí —me recuerda, con los ojos brillantes de ira. Me inclino y aseguro su barbilla entre el índice y el pulgar. —Terminé. Has gozado. Fin de la historia.

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—¡Eres tan jodidamente molesto! —grita. No sabía que Brynna fuera capaz de gritar. —Puedo decir lo mismo, querida. Vamos. —Podría matarte mientras duermes —me amenaza con un profundo ceño, mientras me empujaba para llegar a la puerta de la oficina y a las risas en la sala de estar. —Es una buena cosa que no duermo —murmuro. —Me esperaba más de un bam bam, gracias señora —sonríe sobre su hombro, y eso es todo lo que puedo manejar. La giro y la presiono contra la pared, poniendo sus manos sobre su cabeza y devorando su boca, besando y lamiendo, mordiendo y tirando con entusiasmo. Gime en silencio y gira sus caderas contra mí, pidiendo más. —Me encanta sentir mi gusto en ti —susurra. Es suficiente para hacerme casi gozar


en mis pantalones, como un adolescente cachondo. Ella es sexy como la mierda. Me alejo y dejo caer las manos, y ella se endereza temblando, mirándome. Trago saliva y paso la mano sobre mi boca, y todavía puedo sentir su olor en mí. Joder, va a ser una larga noche. —Vamos. —¡Quiero verlo! —Stacy está saltando en su asiento, aplaudiendo. —¿Qué quieres ver? —Bryn pregunta cuando reanudamos la posición en nuestros asientos. Siento la mirada de Matt, pero que me aspen si voy a mirarlo ahora. O explicarme.

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Mierda. —Tengo un piercing. —Meg se encoge de hombros cuando se sube al regazo de Will. —Oído, nariz, ombligo, ceja. —Leo está apuntando con pasión, en cada área, emocionado como ella—. Todos estos son piercing aceptables. —Tal vez perfore mi clítoris —Brynna susurra para mí. Hago lo que puedo para ignorarla. Le encanta hacerme enojar. Literalmente. —No era el que yo quería —Meg responde con una sonrisa. —Jesús. —Pasa la mano por su rostro y se ríe. —Yo nunca, nunca necesito saber cosas como esta sobre ti. —Hey —interrumpe Will—. No digas eso, hasta que lo intentes.


—Así que de vuelta al orgasmo. —Stacy comienza y antes de que pueda detenerme, salto sobre mis pies, agitando los brazos. —¡No! ¡No, no, no! Ninguna discusión acerca de orgasmos de esta noche. —Podría hablar de orgasmos —Mark dice. —¡No! Lo digo en serio. —Miro fuerte a todas las mujeres—. Cualquier conversación sobre sexo u orgasmo será mi fin esta noche. —Muy bien, gente, vamos a hablar de orgasmos durante la noche de chicas. —Sam sonríe dulcemente hacia mí y yo podría besarla. —¿Cómo están las cosas en casa? —Matt pregunta cuando me siento. —Todo bien. —Me encojo de hombros y tomo un sorbo de mi cerveza que se ha calentado.

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—Es bueno con las chicas —Brynna responde bajito y me ofrece una sonrisa, y por primera vez en horas, días, mi estómago se establece. Le sonrío y descanso mi mano sobre su rodilla. —Hacen que sea fácil ser bueno. —No hables de las niñas —Stacy dice—. De acuerdo. Estamos pretendiendo que somos jóvenes y sin responsabilidades. Isaac le besa la mejilla y envuelve un brazo alrededor de su esposa. —Soy joven y sin responsabilidades —Mark recuerda—. Lo recomiendo. —Claro, porque tú odias a los niños —Sam dice a su hermano menor—. No puedes mantenerte alejado de Livie. —La quiero. Luego se va a casa y yo encontraré un cuerpo caliente para pasar la noche. —Él guiña un ojo a su hermana con aire de suficiencia. Parece que Mark y yo teníamos mucho en común.


Ahora, la idea de ir a buscar a un polvo rápido me revuelve el estómago. La pequeña mano de Brynna cubre la mía en su rodilla mientras la conversación continúa girando alrededor de nosotros, las chicas riendo y jugando con los chicos. Joder, amo a mi familia. Ellos son mis mejores amigos, y Brynna es una parte de ella, no sólo porque es prima de Stacy, sino porque se convirtió en uno de nosotros. Seré maldecido si lo arruino todo con ella. Estoy jodido para algo a largo plazo, y ella no se merece nada menos. —Mierda, ahora quiero chocolate —murmura Brynna y se muerde el labio. Quiero morder su labio. —¿Tienes chocolate? —Jules pregunta a Natalie. —Yo vivo aquí, chicas, y estoy embarazada. ¡Por supuesto que tengo chocolate!

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¡Sígueme! Todas las chicas saltan y siguen a Nat ansiosamente a la cocina. —¿Cuál es el problema que tienen con el chocolate? —Nate pregunta y cruza los brazos sobre el pecho mientras observa a su esposa tropezar en la cocina de Nat —Es como el crack para la mujer, hombre. —Matt mira su teléfono rápidamente y luego lo empuja de nuevo en el bolsillo. —Contamos con helado de chocolate, barras de chocolate, bizcochos de chocolate y crema batida. Miro a Luke y sonrío. Tiene la sonrisa más idiota en su cara mientras mira a su esposa distribuir el chocolate entre las mujeres. Él se convirtió en un mariquita. ¿Y por qué diablos estoy un poco celoso de eso?


—Estoy tan enamorada de ti ahora —Jules le dice a Nat— que quiero tumbarte en este banco y comer toda esa mierda sobre tu cuerpo. —No nos importa participar —Nate grita, ganándose un golpe en las costillas de Matt. —Amigo —exclamo, mis ojos grandes y moviendo las manos como diciendo—: ¿Qué carajo? Nate sólo sonríe hacia mí con aire de suficiencia. —No son mis hermanas —me recuerda. Mierda. —Oh, Dios mío, está bueno. —Bryn gime cuando apoya su culo perfecto contra el mostrador y mastica un pedazo de brownie.

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Caramba, sonará así cuando esté en su interior. Paso mi cara entre mis manos y froto con fuerza. —Me gustaría tener tus tetas. —Oigo a Sam y levanto la cabeza para ver de quién está hablando. Por supuesto que ella está hablando con Bryn. —Claro. —Sonríe y toma otro bocado de brownie. —¡Mierda, yo quiero! —Entonces, Sam camina a través de la cocina y palpa los pechos de Brynna con la mano—. ¿Lo ves? tienes pechos perfectos. Stace, ¿has tocado alguna vez sus pechos? Mátame. Ponme una bala en la cabeza y pon fin a esta agonía. —Oh, sí. —Stacy asiente—. Ella tiene los pechos increíbles. Ella tiene los pechos increíbles.


—¡Quiero tocarlos! —Jules salta más cerca de ellas. —¡Dame más chocolate y puedes tocar lo que quieras! —Brynna se ríe y luego me mira—. Esta es la mayor acción que he tenido en los últimos meses. —Hija de puta —murmuro. —¿Brynna está soltera? —Mark pregunta a Will. —Mantén tus malditas manos fuera de ella —gruño hacia él, antes de pensar en lo que está saliendo de mi boca. —Hey. —Él pone las manos en señal de rendición y se ríe—. Sólo era una pregunta inocente. Con las muchachas cotilleando en silencio y mirando de vez en cuando a nuestro lado, nos indica que probablemente estaban hablando de nosotros, Matt se inclina y susurra en voz baja:

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—¿Qué estás haciendo, hombre? —No te preocupes por eso —respondo y asiento. —Tienes que pensar mucho sobre eso. Brynna es especial. —¿Crees que no lo sé? —Sonrío sin gracia y niego con la cabeza otra vez, luego miro a mi hermano mayor de reojo—. Ella se merece mucho más que cualquier cosa que le pueda dar. —Yo no quería decir eso. —Las manos de Matt y la mandíbula se aprietan en la frustración—. Basta pensar justo antes de comenzar algo. Asiento y miro hacia atrás a la hermosa mujer riendo en voz alta y asintiendo a Meg y Sam. Mataría por ella. Y sus chicas.


Y no sólo por la situación en que está involucrada Que Dios me ayude. De repente, las chicas están cantando y bailando alrededor de la cocina, llamando nuestra atención. Ellas son un borrón de brazos y el pelo y los cuerpos están en movimiento con la música, todo sobre una chica hablando de un rey de nada7. No sé la canción, pero las chicas parece que sí, porque cantan cada palabra. Casi como si fuéramos una sola persona, todos nos levantamos y nos reunimos en semicírculo, mirando a nuestras chicas, todos con esas sonrisas tontas en nuestras caras. Estas mujeres son increíbles. Cuando termina la canción, aplaudimos ruidosamente, silbando y llamándolas preciosas, y las mujeres se ríen cuando se inclinan profundamente, aunque un poco

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tambaleantes. —¡Genial! —Mark grita—. Con menos ropa. Excepto tú, Sam, mantén esa mierda. —Somos un espectáculo de una canción, amigos. Lo siento. —Sam se ríe. Los chicos se reúnen con sus mujeres, una a la vez, haciendo ruido por llegar tarde y tener que volver a casa. Nuestros padres están cuidando de todos los niños esta noche, pero se hace tarde y tengo que revisar la casa por la noche. Miro a Brynna y la encuentro mirándome con esos grandes ojos castaños. Extiendo mi mano hacia ella, y ella se une a mí, vacilante, enlazando sus dedos con los míos. —¿Lista? —le pregunto. Ella asiente. —Sí. 7

Están cantando King of Anything de Sara Bareille.


—Vamos —digo, mientras hacemos nuestras despedidas. Matt me llama la atención y levanta una ceja, apuntando hacia abajo a nuestras manos unidas. Llevo a Brynna hacia la puerta y giro mi espalda, ganándome una risa de mi hermano. Brynna y las niñas viven en la antigua casa de Natalie, justo al lado de la calle donde Nat y Luke viven, en el barrio de Alki Seattle. El viaje es corto, y tranquilo. —No sé por qué estás enojado —murmura, rompiendo el silencio—. Estás muy distante. Para mi sorpresa, ella se acerca más y presiona mi polla con firmeza en su palma. —Yo sería feliz de devolverte el favor, pero continuas diciendo que no. Quito su mano de mi entrepierna y la regreso a su regazo.

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—La respuesta seguirá siendo no, Brynna. —De acuerdo. —Levanta el mentón, pero puedo ver el destello de una lágrima en sus ojos y mi estomago palpita—. Me niego a pedir sexo otra vez. Maniobro a su casa y paro el auto en el aparcamiento. —¿Cómo dices? —Voy a tomar una ducha. —Ella cierra la puerta de mi auto, y se acerca rápidamente a la casa. —No la he revisado… —¡Vete a la mierda! —Se vuelve hacia mí, con cara de enojo, y luego asiente, abre la puerta y entra—. Está bien. Necesito una ducha. Mantente alejado de mí por un tiempo, Caleb. Desaparece dentro. Sé que debo ir tras ella, pero necesito un descanso. Respiro profundamente el aire del invierno y camino alrededor de la casa, satisfecho


cuando todo parece normal, y luego entro. Hago las rondas alrededor de la casa, comprobando las cerraduras y ventanas, y hago mi camino hasta allí. El dormitorio de las niñas está tranquilo, incluso con ellas fuera de sus camas. Se han ido por cinco malditas horas, y ya las echo de menos. ¿Qué están haciendo conmigo? Al entrar en el dormitorio principal, puedo oír la ducha corriendo en el baño, y me sorprendo de escuchar a Brynna cantando. Camino en silencio hasta la puerta y me apoyo con mi hombro en el marco, cruzo los brazos y oigo la dulce voz levemente fuera de tono. La ducha tiene puertas de cristal, ligeramente nublado debido al vapor. Puedo ver su cuerpo a través del cristal borroso, veo su fina espalda mientras el agua corre a través de su pelo, su culo y los pechos levantados, y mi pene esta oficialmente más duro de lo que nunca ha estado en mi vida.

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—“Odio decírtelo, cariño, pero me estoy ahogando. No hay nadie aquí para salvar.8” Oh, querida. Alguien está definitivamente ahogándose. Yo.

8

Letra de la canción King of Anything de Sara Bareille.


Capítulo 5 Traducido por Blanca20011983 Corregido por francatemartu

~Brynna~

¿Q

ué pasa con él? ¿Qué hay de malo en mí? Es solo que no comprendo del todo esa línea “Estás muy cerca

de mi familia y tengo que protegerte.” que él continúa diciendo.

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Si no me quiere, sólo tiene que tener un par de bolas y decirlo. No necesito orgasmos por misericordia. Cuando termino de afeitar una pierna, me detengo y miro la pared. ¿Eso es lo que hizo en la oficina de Luke? ¿Un orgasmo por lástima? Porque si ese es el caso, sólo quiero que la tierra se abra y me trague entera. Terminando con la otra pierna, me lavo y me inclino para atrás para enjuagar el cabello, tarareando distraídamente. Tal vez debería insistir en que él se vaya. Puedo proteger a las niñas, y estoy segura de que podría quedarme con mis padres, si es necesario. Aunque, si estamos verdaderamente en peligro, voy a hacer lo que sea necesario para asegurarme que se mantenga lejos de ellas. Tal vez Matt pueda quedarse aquí.


Mientras termino de retirar el acondicionador de mi pelo, la puerta de cristal de la ducha se abre, y de repente estoy contra la pared, con Caleb apretándose contra mí, todavía vestido. Él tiene mi cara entre sus manos, jadeando, con los ojos en llamas, y parece que está librando su propia guerra privada. Rasga mi corazón. —Caleb —murmuro y paso mis dedos por su pelo, mientras lentamente cierra los ojos—. Te estás mojando. —No me importa. —Inclina su frente contra la mía, sus manos se deslizan sobre mi cara, por los hombros y hasta mis pechos, frotando sus pulgares sobre los pezones y suelto un largo y bajo gemido. —Me estás confundiendo —susurro e inclino la cabeza hacia atrás mientras sus

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dientes raspan mi cuello. —A mí también —habla en voz baja, luego pone sus labios en mi oído y susurra—: Pero lo quiero, Brynna. No puedo detenerme. —Deja de intentarlo —le digo y trato de tirar de la pesada camisa mojada de su espalda, pero de repente se pone de rodillas y pone mi pierna por encima de su hombro. Suspiro y apoyo una mano contra la pared para no perder el equilibrio. —No puedo tener suficiente —murmura contra mí y de repente aquella boca talentosa está chupando y absorbiendo mi centro, y mi mundo estalla en estrellas. —¿Quién podría imaginar que esto podría sentirse tan bien? Se detiene y me mira, la cara mojada, goteando e incrédulo. —¿Nadie te ha hecho esto antes? Me muerdo el labio y sacudo la cabeza con timidez. Sus ojos se aprietan con fuerza, y cuando los abre, se centran en mi coño.


—Tu vagina es tan hermosa, Bryn. No puedo dejar de lamerla. —Y así, él se inclina y pasa la lengua entre mis labios, incluso en mi clítoris y otra vez—. Eres deliciosa. —Quiero probarte —murmuro y me acerco a él, pero empuja mis manos entre las suyas y las sujeta a la pared cerca de mis caderas. —Después. —Caleb —digo y siento su sonrisa contra mi centro. —Puedes probarme más tarde. —Besa mi muslo dejando marcas de mordiscos cuando lo hace—. Me encantan tus piernas. Tienes las piernas más largas que he visto nunca. —Muy largas —murmuro y grito cuando chupa mi clítoris en su boca. —Perfectas. —Él me besa y sube por mi cuerpo hasta mis pezones duros, tirando y adorándolos con la lengua—. Y Sam tiene razón, sabes. Tienes unos pechos

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increíbles. Mi risa se convierte en un gemido cuando hunde un dedo en mi, mi pierna aún descansando sobre el antebrazo, que me mantiene abierta para él. Si no me folla pronto, voy a perder la maldita cordura. —Quítate la ropa —exijo pero estoy hablando a oídos sordos, ya que continúa atacando mi coño con la mano y mis pechos con la boca. La presión en caliente crece en la base de mi espina dorsal cuando siento el orgasmo como lo hizo antes en la oficina de Luke. Nunca he tenido un orgasmo así en mi vida. —Oh, mierda —dejo escapar un gemido y empujo mi pelvis con más fuerza contra su mano—. ¡Caleb! —Sí, cariño, relájate. Me corro mientras chupa un duro pezón en su boca, y presiona un segundo dedo


para unirlo al primero. Lo único que escucho es el latido de mi corazón en mis oídos y el flujo de sangre que corre por mi cabeza. Estamos sin aliento y necesitados, aferrándonos el uno al otro. —Más —él gruñe y empieza a bombear sus dedos dentro y fuera de mí más fuerte, más rápido, me envía directamente a otro largo orgasmo, haciéndome gritar su nombre. Él retrocede, apaga el agua y se quita la ropa húmeda y pegajosa de su duro cuerpo. Cuando se gira para coger las toallas, veo un tatuaje en el hombro izquierdo y otro en la parte superior de su bíceps derecho. Y cuando se vuelve hacia mí, su pene es largo y lleno, de pie reclamando toda la atención. Lamo mis labios ante la idea de poner mis manos y mis labios sobre su hermosa polla. Cada centímetro de él es simplemente increíble.

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Abruptamente pone una toalla sobre él, limpiándose la mayor parte del agua, y luego me saca de la ducha y me envuelve suavemente con una bata, pasando sus manos por mi cuerpo, dejando al material grueso absorber el agua antes de echase para un lado, me levanta en sus brazos, y se dirige hacia la habitación. —La segunda ronda. —Sonríe ampliamente, con unos hoyuelos increíbles en su cara, y me besa, inhalando su aroma masculino almizclado. —¿Es mi turno de dejarte loco? —pregunto. —No todavía. —Besa mi frente y me pone suavemente en el centro de la cama. —Caleb. —Tomo su mano en la mía y beso sus dedos, besando pequeñas cicatrices blancas en su pulgar—. Realmente creo que es tu turno de disfrutar. —Brynna —balbucea y se instala entre mis muslos, la pelvis desnuda, apoyada en la mía, y empuja lejos los mechones húmedos de pelo de mi cara—. Observar que te corres es la mierda más sexy que he visto en mi vida.


Sonríe cuando suspiro. —Confía en mí, voy a disfrutar. Tenemos toda la noche. Las niñas no volverán hasta mañana por la tarde, ¿no? —Sí —asiento. —Vamos a disfrutar el uno del otro, nena. Su voz es ronca y caliente por la lujuria, y sus ojos son brillantes cuando se reflejan en los míos. ¿Cómo pude dudar alguna vez de que me quisiera? Está escrito en todo su increíble rostro. —Voy a disfrutarlo —le digo con una sonrisa, y paso los dedos por la espalda a su culo—. Y tu culo. —¿Mi culo? —él me pregunta con una risa.

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—Oh, sí, tienes un buen culo. —Sus músculos se flexionan bajo mis palmas cuando se levanta y comienza a deslizarse por mi cuerpo. —Me alegro de que lo apruebes. —Él me guiña un ojo y se sienta sobre los talones, arrastrando su mano de mi esternón hasta el vientre. Su rostro se queda serio cuando me toca—. Tu piel es tan suave. —Como puedes ver, tengo el cuerpo de quien tuvo un bebé —informo y sonrío cuando sus ojos encuentran los míos. —¡No me digas que estás avergonzada de tu vientre! —No —asiento y disfruto de la forma en que me está acariciando—. Es lo que es. Yo llevé dos bebés aquí. —Descanso mis manos sobre mi vientre—. Tuvo un precio. Mi cuerpo nunca volverá a ser lo que era antes, pero lo haría de nuevo en un abrir y cerrar de ojos. —No te cubras. —Saca las manos lejos de mi vientre y las besa, luego se inclina hacia abajo y planta besos dulces en mi vientre y en mi pubis—. Tu cuerpo es muy


sexy, Bryn. Me encanta tu altura. Le sonrío. —Me encanta lo alto que eres. Eso significa que puedo usar tacones cuando estoy cerca de ti, y tú aún eres más alto que yo. —Joder, me encanta cuando te pones tacones altos —él gruñe y se acomoda en la cama para poder jugar con mi coño—. Hacen que tus piernas parezcan de dos kilómetros de longitud. —Caleb, si pasas de encima de mí de nuevo, mi cuerpo va a explotar. Realmente te quiero dentro de mí. Él me ignora, besando la parte interna de mis muslos y acariciando mis labios con su nariz, haciendo que me retuerza. —¿Me estás escuchando?

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—Ya te he oído. —¿Y bien? —le pregunto pero dejo escapar un suspiro mientras mete sus manos debajo de mi culo e inclina la pelvis hacia arriba, dándole un mejor acceso. —Brynna —él susurra contra mi núcleo, haciendo que mi coño se apriete. —¿Qué? —Dame uno más, bebé. Una vez más. Se inclina y tira de mis labios en su boca, succionando suavemente y empujando su lengua dentro de mí, siempre tirando de mis caderas hacia adelante y con más fuerza contra su rostro. Es condenadamente increíble. De repente, mis muslos y estómago comienzan a temblar incontrolablemente. Agarro las sábanas en mis caderas con los puños, y pongo mis pies sobre su


espalda, empujando mi coño contra él más fuerte, cuando siento que mi clímax se acerca rápidamente. Besa perezosamente mis muslos, mis caderas y sube hasta mis pechos donde tira de mis pezones con los labios, lo que los deja rígidos y arrugados. Por último, hace su camino para descansar sobre los codos al lado de mi cabeza y acaricia con sus dedos mi rostro. —¿Estás bien? —murmura. —No creo que esa sea la palabra adecuada —contesto con una sonrisa y le beso suavemente. —¿Mejor que bien? —pregunta con una ceja levantada. —Sólo una cosa me haría sentir mejor —murmuro contra sus labios antes de bucear para un beso largo y húmedo.

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—¿Qué es? —pregunta cuando finalmente se aparta. —¿El qué? —le pregunto, mi cerebro completamente frito. —¿Qué te haría sentir mejor, bebé? —pregunta con una risa. Una lenta sonrisa se extiende a través de mis labios mientras muevo mis caderas, empujando su polla contra mi pubis. —Creo que lo sabes. —¿Cuánto tiempo ha sido para ti, Bryn? —Se echa hacia atrás y me mira a la cara con cuidado. —Cuatro años y siete meses —susurro y llevo mis ojos a su tatuaje, incapaz de mirarlo a los ojos. —Mírame. Niego con la cabeza.


—Oye, nena, mírame. —Su voz es suave y cuando levanto mis ojos a los suyos, son posesivos y cálidos. Realmente muy caliente. —No tienes relaciones sexuales desde que tú y Jeff se divorciaron. —Esto no es una pregunta. Asiento. —Vaya —susurra y besa mi frente, mis ojos y luego mis mejillas—. Bryn, estoy limpio. Te lo prometo. No quiero una barrera entre nosotros. Te deseo desde hace mucho tiempo, siempre pensando cómo se sentiría, y yo sólo quiero sentirte. —Estoy tomando la píldora —susurro contra sus labios y sonrío mientras muevo mis caderas en circulos, él se aleja hasta que la cabeza de su pene sin protección empuja contra mi entrada, y luego, lentamente, centímetro a centímetro, me llena.

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—Santa María Madre de Dios — gime y me mira con admiración—. Estas tan jodidamente apretada. —Eres tan jodidamente grande —me opongo. — ¿Te estoy haciendo daño? —pregunta con el ceño fruncido. —No. —Niego con la cabeza, y deslizo mis manos por su espalda, su culo y lo hago de la misma manera otra vez. —Tengo que moverme —gime y comienza a empujar y tirar lentamente dentro de mí, permitiendo que mi cuerpo se adapte a él—. Envuelve esas piernas increíbles a mí alrededor. Obedezco, envolviendo mis tobillos detrás de su espalda y mis brazos alrededor de su cuello, sosteniéndolo cerca. Me encanta sentir su peso sobre mí. Me encanta sentir su aliento en mi cuello. Me encanta la forma en que me huele, y los sonidos que hace, como si no se cansase de mí.


—Oh, Dios —murmuro cuando toma ritmo y pone una mano en mi cuerpo para mantener mis caderas firmes cuando comienza a cabalgarme duro. Nada jamás me hizo sentir tan bien. Pongo mi mano entre nosotros donde estamos unidos y puedo sentir su raíz, mientras desaparece dentro de mí, y luego deslizo los dedos en círculo alrededor de mi clítoris. —Oh, mierda, sí, sí tócate —murmura mirando mis dedos haciendo pequeños círculos alrededor de mi núcleo—. Dios mío, ésto es tan caliente. —Caleb —yo suspiro e inclino mi pelvis—. ¡Oh, Dios, estoy...! —Sí, querida. Adelante. —Él me besa duro, deslizando su lengua entre mis labios bailando conmigo, y siento el tirón ya familiar en el fondo de mi vientre, mientras mis músculos se tensan alrededor de él, y me pongo rígida, gritando cuando llego al

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borde. —Brynna —Caleb susurra con voz ronca, mientras entierra su cara en mi cuello y acaba dentro de mí, estremeciéndose con su propio clímax. Después de largos minutos en esta postura, con Caleb todavía dentro de mí, nuestra respiración se tranquiliza, y él sale de mí, rodando hacia un lado y alejando el cabello de mi cara cuando dice: —Quédate aquí. Entra en el baño, oigo el sonido del agua corriendo, y él regresa a la habitación con un trapo húmedo y una toalla. —Puedo lavarme —le recuerdo secamente. —Lo sé —dice pero continúa lentamente limpiándome entre las piernas, y luego me seca. —¿Me podrías darme mi camisa y legging? —digo.


—Yo te prefiero desnuda. —Frunce el ceño. —Vivo en una casa con dos niñas de seis años de edad —le recuerdo con una sonrisa—. Pueden saltar a la cama conmigo en cualquier momento. Nadie duerme desnudo aquí. —Ellas no están aquí ahora —me recuerda y se desliza en la cama a mi lado mientras tira de las sabanas sobre nosotros—. Así que tal vez esta noche puedes hacer una excepción. —¿Siempre consigues todo lo que quieres? —pregunto y hundo una pierna sobre su cadera para estar más cerca de él. —No. —Menea la cabeza con tristeza, pero antes de que pueda preguntarle, gentilmente sonríe y besa mis labios—. Pero estar aquí contigo, desnudo y caliente, es genial.

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Puedo sentir su polla agitarse contra mi vientre y me mira fijamente, sorprendido. —¿No deberíamos estar cansados? —pregunto. Él lleva su mano por mi espalda desnuda hasta mi culo. —Eres la mejor razón para perder el sueño. De repente, me tira encima de él, y agarra mis caderas, deslizándose fácilmente en mi interior. No perdemos el contacto visual o hablamos mientras me monta duro y rápido hasta que yo presiono con fuerza su hueso púbico contra mi clítoris, enviándome a otro espiral, y estoy perdida. Él tira de mí y me besa mientras mi cuerpo tiembla y disfruta. Me quedo encima de él, mi rostro presionando contra su esternón mientras recupero el aliento y cuando estoy a punto de caer en un profundo sueño, lo oigo susurrar: —Maldita cosa sexy.


Capítulo 6

E

Traducido por Blanca20011983 Corregido por Lililamour

s temprano cuando despierto a la mañana siguiente, espero estar sola en mi cama, pero para mi sorpresa, Caleb está durmiendo pacíficamente a mi lado, de espaldas, con una pierna doblada hacia el exterior.

Incluso durante el sueño él tiene una fuerza a considerar. Es todo músculos definidos. Me pregunto ¿qué tipo de régimen de ejercicios hace para estar tan en forma? Sostengo mi cabeza con mi mano y dejo que mis ojos recorran todo su duro cuerpo. Las sabanas están enredadas alrededor de su cintura, dándome una excelente vista de su abdomen. No tiene un six pack. Si estoy contando correctamente, tiene un ten

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pack 9 El tatuaje más alto en su bíceps es un águila con las alas extendidas, sosteniendo algo en su garra. Las alas son del color de la bandera americana. Debe ser un tatuaje SEALs de algún tipo. Me inclino y beso suavemente el tatuaje. Recordando cuanto quería probarlo anoche, y que nunca me dejo, decido aprovecharme de que Caleb está noqueado, y lentamente muevo mi cuerpo hacia abajo en la cama, me muevo bajo las sábanas para descansar entre sus piernas, y planto besos mojados sobre sus caderas, las increíbles líneas V que son tan sexys como las que más, y sobre su abdomen inferior. Su polla se agita, despertando lentamente a la luz de la mañana. Paso mi lengua desde su escroto hacia la parte inferior de su hermosa polla hasta la cabeza, donde lo chupo como un cono de helado. Levantando la mirada a su rostro, no me sorprendo de encontrar sus ojos bien abiertos y viéndome atentamente, con una media sonrisa en sus carnosos labios. Sin decir nada, me hundo en torno a él, empujándolo totalmente en mi boca, chupando suavemente.

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Ten pack: diez abdominales.


—Oh, infiernos —susurra y levanta sus brazos para agarrar la almohada a ambos lados de su cabeza. Sus bíceps y antebrazos se flexionan, y mi estómago se encoge ante la vista, sabiendo lo que se siente tener esos fuertes brazos a mí alrededor. Mientras subo por su verga, uso mi mano para bombearlo lentamente, con firmeza, y luego me hundo de nuevo, acunando sus bolas en mi mano y frotando esa tierna carne bajo su escroto. —¡Brynna! —exclama, sorprendido y emocionado, y su polla se endurece aún más en mi boca. Con la próxima mamada sobre su eje, lo rozo apenas con el borde de mis dientes, sólo para estimular la sensible piel, y de pronto estoy sobre mi espalda debajo de él y me está besando profunda, apasionadamente, mientras sus manos corren a través de mi piel como si nunca me hubiera tocado antes. —Quería hacer que te corrieras. —Hago pucheros cuando se desliza para besar la

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línea de mi mandíbula y mi lóbulo. —Casi lo hiciste. —Muerde la parte superior de mi hombro y luego desliza su nariz de nuevo hasta mi barbilla—. Pero tú siempre te corres primero, Piernas. Joder hueles tan bien. —Huelo a sexo. —Me río. —Mmm —asiente y me mira, sus ojos azul hielo están brillando con lujuria y felicidad. Se posiciona a sí mismo y lentamente empuja en mí todo el camino hasta el final. Mientras se sostiene, corre sus nudillos por mi mejilla y me besa dulcemente—. ¿Cómo te sientes? —susurra. —Bien —respondo y trato de girar mis caderas, pero él me sostiene, manteniéndome en el lugar. —¿Estamos bien? —pregunta, sus ojos están serios. —Lo estaremos, tan pronto como empieces a mover tu sexy culo.


Sonríe mostrándome sus hoyuelos, y se desliza dentro y fuera en un largo, fluido movimiento. —¿Mejor? —Oh, sí. —Trago saliva—. ¿Dormiste? —Mejor de lo que lo he hecho en años —confirma con un ligero fruncimiento del ceño y luego mueve sus caderas de nuevo—. Dios, te sientes tan bien, nena. — Agarra mis manos entre las suyas, entrelaza nuestros dedos y las coloca encima de mi cabeza, fijándolas al colchón mientras comienza a moverse más rápido y con más fuerza, mirándome fijamente mientras me hace el amor. Deslizo mis piernas sobre sus muslos, y las envuelvo alrededor de sus caderas, abriéndome a él aún más. —Joder, sí —gruñe y se pierde en mí, empujando y jalando, su respiración es entrecortada, sus manos sostienen la mías con fuerza, hasta que se hunde, duro, y se corre violentamente, temblando y gruñendo, enviándome al borde con él.

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Mientras se recupera, libera mis manos y besa mi nariz. —Buenos días, Piernas. —¿Piernas? —pregunto con una risita—. ¿Qué pasa con el “piernas”? —Ah, cariño, cuando te ríes cuando estoy dentro de ti... —Niega con la cabeza antes de descansar su frente contra la mía—. ¿He mencionado que me encantan tus piernas? —Una o dos veces

—contesto secamente—. Pero no me importa que me lo

recuerdes. ***** —¡Quiero gomitas! —anuncia Josie mientras nos instalamos en la sala para ver una película juntos. —¿Con qué frecuencia hacen la noche de película? —pregunta Caleb sentado en el sofá y pasando a Josie su paquete de gomitas.


—Trato de hacerlo una vez a la semana. —¡Quiero buttercups10! —Sonríe Maddie a Caleb y bate sus pestañas, haciéndome reír. Es una coqueta. —Inmediatamente. —Caleb le pasa el dulce y sonríe mientras se colocan sobre sus estómagos en medio de una gran cantidad de mantas y almohadas. —¿Qué estamos viendo? —pregunta. —Ivan, El Increíble. —Genial. —Sonríe y aprieta inicio en el control remoto, pasándome el tazón de palomitas de maíz mientras susurra—: No tengo ni idea de qué película es. —Está bien —susurro de vuelta— se dormirán en una hora y la terminarán mañana.

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—¿Quieres uno de mis buttercups? —Maddie le ofrece a Caleb. —No, gracias, dulzura. —Caleb le sonríe. —¿No te gustan? —le pregunta con el ceño fruncido. —No mucho, en realidad. —Se encoge de hombros—. No soy un tipo de buttercups. —¡Tienen que gustarte! —Josie se pone de pie de un salto y Maddie le sigue con rebelión en sus ojos. —¿Tienen que gustarme? —pregunta con una ceja levantada, y sé lo que está a punto de suceder. —¡Sí! ¡Ten, come! —Maddie salta y se lanza en su regazo, confiando en que él la va a agarrar. —¡No puedes obligarme! —grita bromeando, haciendo como que la empuja, 10

Buttercups: Chocolate con mantequilla de cacahuate.


mientras que Josie se une a la diversión. —¡Debes comerlo! —chilla Josie y comienza a hacerle cosquillas de su lado. —¡No me gustan las cosquillas! —¡Sí te gustan! Todo lo que puedo hacer es recostarme y reír. —¡Ayuda! ¡Brynna, quítame estos pequeños parásitos de encima! ¡No soy lo suficientemente fuerte! —¡Eres un llorón! —le dice Josie con una fuerte risa y sigue haciéndole cosquillas. —¡Cómelo, llorón! —se ríe Maddie y continúa tratando de darle el dulce. Por último, abre ampliamente los brazos y las sostiene contra él, se levanta y

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comienza a correr por la habitación, gritando como un espartano de esa película de televisión. —¡Victoria! Las deja caer con cuidado en su pila de almohadas y mantas, sin ni siquiera jadear. Las niñas se están riendo con lágrimas corriendo por su rostro. —Y tú. —Me señala, con una mirada burlona en su hermoso rostro. —¿Qué? —pregunto con los ojos muy abiertos, fingiendo inocencia. —Se suponía que eras mi respaldo. —Manejaste muy bien las cosas. —Sonrío y entonces de repente estoy de pie y sobre el hombro de Caleb para el deleite de las niñas que gritan de risa. —¡Creo que la echaré en la basura! —anuncia Caleb y se dirige a la cocina. —¡No, ponla en el contenedor de reciclaje! —Josie ríe.


—¡No puedes reciclar mamás! —grito y suavemente golpeo la espalda de Caleb con mis puños—. ¡Déjame ir! —¡Traidora! —grita Caleb y da vueltas por la sala y me deja caer en el sofá—. Eso fue una advertencia, mujer. —¡Entendido! —Sonrío, sosteniendo mi cintura. Las niñas siguen riendo y Maddie envuelve sus brazos alrededor de la cintura de Caleb y le abraza con fuerza. —Te quiero, Caleb. ¿Podemos ver la película ahora? Su mano se detiene en su camino de colocarse sobre su espalda, parpadea dos veces antes de responder con voz ronca: —Sí, buttercup11, vamos a verla. —Ella le sonríe con amor y luego se une a su hermana, lista para ver la película. Se sienta a mi lado y me jala más cerca mientras besa mi cabeza, y agarra un

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puñado de palomitas del tazón y lo mete a su boca, dándole a la película su total atención. Maldición, esto se siente bien. Tenerlo aquí, jugando con nosotras, simplemente se siente correcto. En menos de una hora, las chicas están dormidas en el suelo. —Bueno, eso no tomó tanto como pensé —susurro con una sonrisa. —Gracias a Dios —murmura e inclina mi cabeza hacia atrás para besarme, roza sus labios sobre los míos suavemente antes de profundizar y empujar su lengua entre mis labios, sujetando mi cara con la palma de su mano. Finalmente, se tira hacia atrás y besa mi frente—. Llevémoslas a la cama, para poder llevarte a ti a la cama también. —Buena idea. *****

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Buttercup: Le dice así por el dulce que intentó darle a comer.


—¡Mami! ¡mami! —Bryn. —Caleb toca mi brazo. —¡Es Josie! —grito despertando inmediatamente y saltando de la cama para correr por el pasillo hasta el dormitorio de las niñas. Caleb está justo detrás de mí. —¡Mami! —Estoy aquí, mi amor. ¿Qué pasa? —Ella vomitó —dice Maddie y señala a un lado de la cama de Josie. —Lo siento —lloriquea Josie. —Oh, cariño, está bien. —La pongo en mis brazos, sin notar que Caleb ha salido de la habitación. Presiono mi mejilla contra su frente y jadeo. Está en llamas.

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—Tienes fiebre, mi amiga. Voy a tomar tu temperatura, ¿de acuerdo? —De acuerdo. —Se da la vuelta y se recuesta cuando Caleb regresa con un cubo grande y artículos de limpieza. —Tú cuida de ella, yo me encargo del desorden. —No tienes que... —Está bien, Bryn. Lo tengo. —Gracias. —Beso su mejilla y corro al botiquín para traer el medicamento contra la fiebre y un termómetro, y regreso a la cama justo cuando Caleb está terminando de limpiar el desorden en el suelo. —¿Mami? —llama Maddie desde su cama. —Sí, bebé —respondo y tomo la temperatura de Josie en su oído. 38º. Maldición.


—No me siento bien. —Maddie se sienta y envuelve sus brazos alrededor de su cintura. —Vamos, buttercup. —Caleb la recoge y la lleva al baño, donde la oigo vomitar. Josie lo escucha también, y eso la hace vomitar de nuevo. Gracias a Dios que Caleb trajo el cubo. Y así pasamos las siguientes horas, sosteniendo a las niñas mientras vomitan, enfriándolas con paños húmedos y finalmente dándoles medicina para la fiebre y orando para que se mantenga baja. Caleb nunca flaquea. Nunca nos deja para irse a la cama. No frunce el ceño ni se muestra disgustado por la cantidad de vómito que sale de estas dos pequeñas personas. Tranquilamente me ayuda, mientras nos alternamos entre las niñas cambiando sus ropas, ayudándoles a ir al baño y reconfortándolas. Estoy meciendo a Josie en la mecedora de la esquina, y Caleb sostiene a Maddie, sentado en su cama con la espalda contra la pared.

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—No sé cómo agradecerte —le susurro. —No necesitas agradecerme, Brynna. —Baja la mirada hacia la cara de Mad y frunce el ceño—. Pobrecitas, están tan enfermas. —La gripe esta por ahí. —Apoyo mi cabeza en el cojín y cierro mis ojos—. Samantha la tuvo la semana pasada. —¿Qué hacemos ahora? —pregunta. —No hay mucho más que esto —respondo una sonrisa—. Nos mantenemos despiertos y les damos medicina, oramos por que baje la fiebre y las reconfortamos. —Es un trabajo duro —remarca casualmente y me mira por encima de la cabeza de Maddie. —Esto no es nada. —Sonrío sosamente—. Cuando eran pequeñas, yo nunca dormía. No querían dormir al mismo tiempo, no importa lo duro que traté de meterlas en una rutina. Tenían que comer cada dos horas, las dos, así que sentía


como si siempre estuviera alimentándolas. —Negué con la cabeza y le sonreí—. Creo que en algún punto pasé dos semanas sin un baño. —¿Por qué no tenias ayuda? —pregunta. —Mi mamá vino por algunas semanas cuando acababan de nacer, pero estuvieron en cuidado intensivo prenatal porque nacieron antes, y cuando llegó el momento de llevarlas a casa, mi madre tuvo que regresar a casa también. —¿Cuánto tiempo antes nacieron? —Unas tres semanas —respondo. —¿Dónde estaba Jeff ? —gruñe. Sonrío de nuevo y trazo el dulce rostro de Josie con mi dedo. —Trabajando. Siempre trabajando. —Muerdo mi labio, odiando que las lágrimas

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estén por llegar—. Ni siquiera estuvo allí cuando nacieron. Caleb maldice entre dientes. —No era un mal hombre, Caleb. —Tomo una respiración profunda, y la suelto lentamente—. Con honestidad, simplemente nunca debió iniciar una familia con nadie. Sabía cuando me casé con él, que su trabajo era su prioridad. Nunca hizo de eso un secreto. —Josie se revuelve, cambiando de posición en mis brazos—. Creo que me imaginé que podría cambiar una vez que las niñas hubieran nacido. — Sonrió a Caleb tristemente—. Pero no lo hizo. Y nos dimos cuenta desde el principio que no debería estar con nosotras. —Así que has sido madre soltera desde el primer día. —No es una pregunta. —Así es —asiento—. Las amo demasiado. Valen cada minuto de sueño perdido, Caleb. Pero, maldita sea, es agotador y aterrador cuando están enfermas. Hay veces que he tenido a una vomitando en el baño, y otra vomitando en su cama y sólo puedo estar con una de ellas. ¿Qué se supone que debo hacer entonces? —Levanto la mirada hacia él y dejo que las lágrimas caigan silenciosamente por mis mejillas


por la frustración—. O cuando ambas están llorando por mí, y sólo puedo sostener a una a la vez, sobre todo ahora que son más grandes. —Niego con la cabeza y limpio mis mejillas—. Me preocupa no ser suficiente para ellas. —Detente, bebé. Eres una gran madre. Ellas no podrían amarte más. Sólo asiento y miro a Maddie descansando tranquilamente en los fuertes brazos de Caleb, aún con las mejillas rosadas por la fiebre. —Cuando les dije que su padre murió... —susurro y trago duro, meciéndome suavemente—. Pensé que se iban a poner histéricas, pero simplemente fruncieron el ceño, y Maddy dijo: "¿Eso significa que no lo volveremos a ver?” —Vuelvo mis ojos hacia Josie y le beso la parte superior de su cabeza. —¿Qué dijiste? —pregunta en voz baja. —Sólo dije sí, que tenía razón. Ninguna de ellas lloró, Caleb. Simplemente

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fruncieron el ceño y me abrazaron, porque dijeron que me veía triste. No lloraron porque no lo conocían. —Quién perdió fue él, Bryn, y por su propia elección. —Lo sé —asiento—. Es sólo que me pone muy triste porque son tan maravillosas, y él perdió la oportunidad de conocerlas. De repente Josie se revuelve de nuevo y llora antes de vomitar sobre todo mi cuerpo. —Aquí vamos de nuevo. ***** Veinte horas más tarde, estamos completamente agotados. En un momento durante el día, Meg nos trajo sopa y bocadillos, caldo para las niñas, y les echó un vistazo para asegurase de que era realmente sólo una gripe. Las dos últimas horas habían sido relativamente tranquilas. La fiebre bajó, y fueron capaces de dormir relativamente en paz.


—Creo que hemos pasado la peor fase —murmuro y paso mis dedos por el pelo de Maddie. Estoy acostada a su lado, dormitando y despertando junto a ella. Caleb mece a Josie en la silla. —A ella le gusta el balanceo —murmura con una sonrisa suave. —Ella siempre ha sido mi mecedora —concuerdo—. Maddie puede dormir en cualquier lugar, a cualquier hora. Josie, no tanto. Pero sientate en una mecedora con ella, y es un caso perdido. —Voy a tratar de acostarla —balbucea y besa su frente—. La fiebre ha disminuido, gracias a Dios. Me asustaron. ¿Cómo puedo resistirme a un hombre que es tan bueno con mis niñas? Dejo mis ojos cerrarse, escuchándolo meter a Josie en su cama. Debo de haberme dormido por un momento porque de lo siguiente que me doy cuenta, es que Caleb

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está levantándome. —Puedo caminar —protesto pero pongo mis brazos alrededor de su cuello—. No soy una mujercita como Jules. —Estás bien. —No me siento terriblemente sexy hoy —murmuro disculpándome. —Creo que puedo controlarme a mí mismo esta noche —responde con una carcajada. —Debería quedarme con las niñas. Tú ve a la cama. —Cogí el monitor. —Lo levanta para que lo vea—. Así las oiremos si nos necesitan. Pero ahora, te voy a meter en un baño caliente. Te lo mereces, querida. Estoy sorprendida cuando me lleva al baño y me doy cuenta de que ya ha llenado la bañera con humeante agua caliente y mi aceite de baño de lavanda. —¿Cuánto tiempo he dormido? —pregunto.


—Unos quince minutos. —Me pone en el asiento del inodoro, conecta el monitor en el desagüe del lavabo, me ayuda a quitarme la ropa y a meterme en la bañera. —Oh, Dios mío, esto es tan bueno. —Hago una respiración profunda y la suelto lentamente, luego abro los ojos y observo al hombre que está de pie al lado de la bañera con las manos en los bolsillos. Sus ojos están cansados—. Sabes, esta bañera es lo suficientemente grande para dos. —No, esto es sólo para ti, Piernas. Pero ¿te importa si me doy un baño mientras estás ahí? —Hmm... —Arrugo mi cara como si estuviera realmente pensando—. ¿Observar un hombre sexy desnudarse y tomar una ducha mientras estoy aquí simplemente deleitándome? Claro, por qué no. —Eres muy lista. —Se ríe y se desnuda, completamente a gusto en su propia piel, y abre la ducha. Puedo estar agotada, pero no estoy muerta. Querido Jesús, el

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hombre es simplemente caliente. —¿Qué es ese tatuaje en tu espalda? —pregunto. No puedo leer desde aquí, pero parecen cuatro líneas de letras en su hombro desnudo. Toma una toalla verde del mostrador de al lado de la ducha y luego regresa para así poder tener una mejor vista. MONTGOMERY, CALEB J 990001212USN O NEG CHRISTIAN US CITIZEN 12 —¿Qué es? —pregunto, ya conociendo la respuesta. —Es exactamente lo que está en mi placa de identificación, en caso de que alguna…

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Las Fuerzas Armadas de EE.UU. suelen llevar dos etiquetas idénticas ovaladas que contienen: Apellido. Primera inicial, segunda inicial y Grupo sanguíneo Número de Seguro Social, sin guiones ni espacios Rama (USMC), máscara de gas de tamaño (S-pequeñas, medianas-M, L-grande) Preferencia religiosa (o "sin preferencia") o médica en caso de alergia, etiqueta roja.


—Lo entiendo —interrumpo, no queriendo siquiera pensar en ello. Mira por encima de su hombro hacia mí y arruga la frente al ver la expresión de mi cara. —¿Qué pasa? —pregunta. Niego con la cabeza y me hundo más en el agua. —Gracias a Dios que estás a salvo. Se inclina para besar mi cabeza y susurra: —Estoy bien, cariño. —A continuación entra en la ducha. Dios mío, ¿y si lo hubieran capturado? ¿Torturado? ¿Asesinado? Un estremecimiento resquebraja mi cuerpo, a pesar del agua caliente. Me inclino

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para agarrar el jabón, pero se desliza de mi mano, cayendo al suelo con un ruido sordo. —¿Estás bien? —grita Caleb y abre la puerta de la ducha, con los ojos salvajes y jadeando. —Estoy bien. Se me ha caído el jabón. —Cierra los ojos y niega con la cabeza, y sin decir una palabra, cierra la puerta y se termina de lavar. Cuando sale no encuentra mis ojos. Se seca, ata la toalla alrededor de sus caderas, y me ayuda a salir de la bañera. Cuando me inclino por una toalla, me la quita y me seca. —¿Estás bien? —susurro. —Bien. Continúa secándome, entonces toma mi mano en la suya y me jala hacia la habitación donde me ayuda a ponerme mi pijama, se pone su ropa interior y unos pantalones cortos negros de baloncesto.


—Dormiré en el sofá. Empieza a salir de la habitación, pero lo detengo. —Tonterías. Dormirás en esta cama conmigo, Caleb Montgomery. Se detiene en la puerta y deja caer su cabeza, como derrotado y voltea hacia mí con ojos tristes. —No debería, Bryn. Las niñas están aquí. —No estamos desnudos. Las niñas estarán bien. De todos modos, probablemente estaremos despiertos antes que ellas. Coloca sus manos en sus caderas y baja la mirada. —Tengo miedo de hacerte daño en mi sueño —admite, su voz es un susurro ronco.

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—¿Qué? —pregunto e instintivamente me muevo hacia él, envuelvo mis brazos alrededor de su cintura y lo jalo contra mí—. Nunca me harías daño. —No intencionalmente, nunca. —Acuna mi cara entre sus manos y me mira fijamente—. Pero cuando vienen las pesadillas, me pongo bastante violento, Bryn. —Estaré bien. —Niega con la cabeza pero me mantengo en mis trece—. Si me abandonas ahora, después de la batalla que acabamos de atravesar juntos, patearé tu trasero. Sus labios se sacuden antes de posarlos en mi frente y respirar profundamente. —¿Estás segura? —Sí, estoy segura. —Entrelaza sus dedos con los míos y me lleva a la cama, nos mete dentro y me jala contra él, mi espalda contra su pecho—. Gracias, Caleb. Por todo. Lo oigo suspirar antes de inclinarse y besar la piel sensible debajo de mi oreja.


â&#x20AC;&#x201D;Buenas noches, Piernas.

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Capítulo 7

—¡B

Traducido por Vecina Corregido por francatemartu

uenos días!

—dice Nat y besa mi mejilla cuando se

acerca a mí en la sala de estar. —Buenos días, luz del sol. —Meg sonríe y besa mi otra mejilla.

—Ustedes dos están demasiado animadas siendo recién las ocho y media de la mañana.

—Cierro y trabo la puerta, como Caleb me enseñó repetidas veces, y

llevo a las niñas a la cocina. —Ah, qué bueno, tienes leche desnatada —Meg murmura cuando abre la nevera.

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—La compré para ti. —Le sonrío a la bonita mujer de cabellos castaños y luego abrazo a Natalie, pasando los brazos por sus hombros y apretándola un poco—. ¿Cómo estás, mamá? —Bien. —Ella sonríe y me abraza—. Me estoy sintiendo bastante mal con este ahora. —Ella cubre su panza aún plana con la mano y se frota en círculo en el sentido de las agujas del reloj. —Podrías haber traído a Livie contigo —le menciono cuando todas nos llenamos nuestras tazas y nos sentamos a la mesa. Este es nuestro encuentro semanal durante el desayuno. No tengo que ir al trabajo hasta las diez, por eso, normalmente nos encontramos para una taza rápida y unos chismes. —¿Jules está atrapada en el trabajo? —Luke ama sus mañanas con Liv, por eso no la traje —Nat comenta distraídamente—. Y sí, Jules tenía reuniones temprano esta mañana. —Stacy está en casa con dos niños enfermos. —Hago una mueca y tomo un sorbo


de café caliente, apoyando los codos sobre la mesa. —¿Cómo están las niñas? —Meg pregunta y se junta a nosotras. —Mucho mejor, gracias a Dios. Ellas finalmente volvieron a la escuela esta mañana. —Pasó una semana desde que las niñas se enfermaron—. Aunque las amo tanto, estaba a punto de entregarlas en adopción si no retornaban pronto a la escuela. —Buenos días, señoras. —Caleb camina por la cocina, usando una remera azul marino oscura y bermuda negra. Sonríe para las chicas y después dirige esa sonrisa para mí, sus ojos calientes y suaves, como si estuviera recordando cada pequeña cosa increíblemente sexy que me hizo esta mañana. —Buenos días —todas respondemos juntas. —¿Qué vas a hacer? —Meg pregunta.

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—Voy a ejercitarme un poco. —Sonríe para Natalie—. Gracias por dejarme instalar el equipo. Natalie sonríe y encoje los hombros. —Sin problemas. Nat ofreció su casa en Alki Beach para mí y las niñas, después que Jules se mudara a vivir con Nate y no podría amarla más por ese ofrecimiento. Eso significaba que no tendría que dejar mi nombre en ninguna inmobiliaria y ni las niñas ni yo tendríamos que vivir con mis padres. Caleb se despidió y salió por la puerta de atrás, al patio trasero cercado, donde instaló todo tipo de aparatos extraños para ejercitarse. —¿Cómo están las cosas con él? —Meg pregunta y gesticula para la puerta de atrás con la cabeza. —Todo bien. —Levanto los hombros y tomo un sorbo de café.


—¿Estás durmiendo con él? —Nat pregunta casualmente y la miro con la boca abierta. —No —miento y tomo más café—. Él está aquí para protegernos a las niñas y a mí. —Cierto. —Meg pone los ojos en blanco y se levanta de su silla para llenar nuestras tazas—. Es por eso que te mira como si quisiera rasgar tu ropa y tomarte acá en la mesa de la cocina. Es divertido cuando él hace eso en la mesa de la cocina. Pero no lo digo en voz alta, simplemente muevo la cabeza y me río. —Piensa lo que quieras. —Niégalo si quieres. —Meg sonríe y mira fuera de la ventana—. Joder…

susurra.

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—¿Qué sucede? —Nat pregunta y se levanta de la mesa, para ver lo que Meg está mirando. Sus ojos se agrandan y me mira y, en seguida, vuelve a mirar hacia afuera—. Puta mierda. Sé exactamente lo que ellas están viendo. O a quien. Y sí, es un espectáculo a mirar. —¿Cómo consigues hacer cualquier cosa por aquí? —Meg pregunta cuando me levanto y me inclino contra la puerta de vidrio corrediza, con el café en mis manos y observo al sexy hombre en mi patio trasero—. Yo simplemente estaría alrededor de él el día entero, todos los días, sólo para admirarlo. —Uh, Meg. —La miro y me río—. Tienes uno de esos en casa —le recuerdo, refiriéndome a la estrella de fútbol profesional, y hermano de Caleb, Will, que también es el novio de Meg, y vive con ella. —Y es una cosa buena que él pase la mayor parte del día fuera de casa o no haría


nada tampoco. —Está comenzando a llover. —Nat observa, pero eso no parece detener a Caleb. Levanta dos pesadas cuerdas gruesas con ambas manos. Las extremidades están atadas al estudio fotográfico de Nat. Con un control firme sobre las cuerdas, comienza a moverlas arriba y abajo, muy rápido, la lluvia cayendo sobre él, haciendo que su remera se empape y pegue a cada músculo, una vez que flexiona y se mueve con el movimiento del ejercicio. —Caramba —susurra Nat, y yo silenciosamente concuerdo. Él continúa moviendo los brazos furiosamente, sin esfuerzo—. ¿Para qué sirve ese ejercicio? —Nat pregunta. —Ejercita sus brazos, espalda y abdomen y es cardiovascular también. —Meg responde y bebe café. Solo entonces, Caleb dejas las cuerdas, se baja, toma una bola gigante y agacha su

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alto cuerpo para una posición sentada. —Tal vez él se va a doblar de nuevo —murmuro haciendo reír a las otras dos mujeres. —Es bueno que Jules no esté aquí —se queja Nat y se lame los labios mientras sus ojos observan a Caleb asegurar la bola frente a él, sentarse en un ángulo de cuarenta y cinco grados, y girar de su izquierda a su derecha, una y otra vez—. Ella nunca nos dejaría estar aquí observando. —Jesús, esa bola pesa 40 kilos —Meg susurra espantada. —Cuidado con esa parte —las prevengo cuando Caleb lanza la bola para un costado como si fuera una bola de playa y se pone en cuclillas, y comienza a ejecutar flexiones perfectamente, fácilmente completando más de un centenar de ellas en dos minutos. —¿Por qué no estás durmiendo con él? —Meg pregunta, y yo me ahogo con el café. —Podría estar haciéndolo —susurro y siento sus miradas asombradas sobre mí,


pero no las miro—. No se atrevan a decir una palabra de esto a nadie. —¿Quién puede culparte? —Nat pregunta cuando Caleb se levanta y vuelve a las cuerdas—. Mira los músculos de la espalda. —Mira ese trasero —Meg agrega. —Deberías verlo desnudo —respondo y todas nos reímos nuevamente. —¿Soy tan mala por eso? —Nat pregunta inclinando la cabeza para un lado—. Es prácticamente mi hermano. —Pero él no es tu hermano, Nat —le recuerdo con una sonrisa—. Y los hombres Montgomery son absolutamente calientes. —Eso no es mentira —Meg concuerda—. ¿No vas a llegar tarde al trabajo? —me pregunta.

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—Tengo algunos minutos —murmuro y siento una presión familiar debajo de mi abdomen, mientras veo a Caleb en el suelo nuevamente, ejecutando abdominales perfectos. Sería la posición perfecta para montarlo. Podría sugerir esa posición esta noche. —Él ni está agitado —observo—. ¿Qué tipo de entrenamiento físico debe pasar, para ejercitar tan fuerte y no estar cansado? —Oh, querida, no tienes idea del entrenamiento riguroso que es necesario para ser un SEALs. No es natural. —Nat se estremece—. Todos los chicos fueron siempre atléticos. —Obvio —murmuro sarcásticamente—. Es un poco intimidante. —Caleb puede ser la persona más aterradora de la tierra si está enojado —Nat nos informa, aún con los ojos puestos en él—. Es grande y fuerte, y caramba, intimidante. —Deberías verlo con las niñas —sonrío recordando nuestra noche de películas la


semana pasada—. Es divertido y dulce. Percibo que el ambiente se torna mortalmente silencioso. Miro a mis amigas, para encontrarlas mirándose unas a otras y luego a mí. —¿Qué sucede? —Estás enamorada —observa Nat y se ríe—. Bienvenida al club. —¿Qué club? —El club “Amo a un hombre caliente”, querida. —Meg se ríe y choca mi taza con la suya, a modo de brindis, en el momento exacto que Caleb se aproxima a la puerta, frunciendo la frente para mí. Doy un paso hacia atrás sorprendida y las chicas se ríen. —¿Qué hay de malo? —Caleb pregunta, el cabello y la ropa mojados con un poco de barro, lluvia y grama.

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—Nada —le respondo y encojo los hombros. Achica los ojos y me mira, observándome de cerca, y entonces gira la mirada hacia Nat y Meg. —¿Qué sucede con ustedes? —Nada —Nat responde con una enorme sonrisa—. Charla de chicas. —Uh huh —golpea sus manos en su estrecha cadera y nos encara a las tres durante un momento, luego encoje los hombros y camina hasta la nevera para sacar una botella de agua fría—. Debemos que irnos pronto —me recuerda. —Lo sé. —Muevo la cabeza y lo observo mientras sale andando en dirección a la escalera para subir y tomar una ducha. Natalie de repente empuja para darme un abrazo largo y fuerte. —Buena suerte —susurra y se separa.


—Que tengas un buen día en la oficina, querida. —Meg sonríe. —Gracias. ***** Amo mi trabajo. No sólo porque soy buena en eso, sino porque es divertido y me siento parte de una familia. Isaac Montgomery posee un negocio de construcción. Está casado con Stacy, mi prima hermana, aunque somos como hermanas en realidad. Desde que abandoné Chicago, Isaac no solo mira por mí, sino que también me dio trabajo en su oficina, pagándome a escondidas, para ayudarme con mi necesidad de mantenerme oculta. Agradezco a Dios por eso. El año pasado, no sólo organicé todas las cuentas de Isaac y mantuve su facturación y pagos en orden, también tengo una buena camaradería con los

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hombres que trabajan para él. Obviamente que hay coqueteo inofensivo y provocaciones, y al final del día, siempre estoy con los hombres a mi alrededor, y es divertido jugar con ellos, cuando aparecen en mi escritorio con preguntas sobre sus cheques o beneficios, o apenas para conversar antes de la hora de salida. Pero hay un hombre nuevo, Levi Jackson, que me asusta mucho. Nunca hizo algo inapropiado, pero la manera como me mira, y el tono de su voz cuando habla conmigo, me da escalofríos. Y no de los buenos. Es un hombre lindo, y probablemente, use esos movimientos bruscos con todas las mujeres que le lanza su mirada, si ellas aguantan ese factor asustador. Tengo una sensación de malestar en mi estómago, ahora que él puso su atención en mí.


Sin embargo, no va a suceder. Siempre estoy evitando un contacto visual con él, pasando a su lado rápidamente y, en general, evitándolo tanto como me sea posible. Lo rechazaría más duro aún, pero no hizo nada para merecerlo. Excepto darme escalofríos. Isaac comparte la oficina conmigo, pero está con los equipos la mayor parte del tiempo, dejando las tareas administrativas para mí, lo que nos conviene a ambos. Él está fuera instruyendo un grupo para un nuevo proyecto, y puedo oír su voz seria, mientras verifico el correo de la empresa. La puerta del frente se abre y cierra, las bisagras hacen mucho ruido. —Somos una empresa de construcción —comento en voz alta—. ¿No puedes poner aceite en esas malditas bisagras?

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—Creo que el jefe tiene que aprobarlo primero. Mi cabeza se levanta por la sorpresa. Estaba esperando a Isaac, pero en vez de eso, Levi está aproximándose a mi escritorio, con una sonrisa en el rostro. —Disculpa, pensé que era Isaac —respondo educadamente—. ¿En qué puedo ayudarte? —Tengo una pregunta sobre los beneficios del seguro —responde y se mueve hacia mi escritorio para apoyar la cadera al costado, al lado mío. Demasiado cerca para mi gusto. —Te expliqué todo sobre el seguro la semana pasada, Levi. Sonríe y encoje los hombros, cruza los brazos sobre el pecho y se inclina para atrás un poco, observándome. —Soy lento.


—No, no lo eres. —Tal vez solo quiera venir aquí y hablar con una linda señorita. —Me sonríe, como si estuviera intentando levantarme en un bar, y hace que mi estómago se revuelva. —Levi, no estoy interesada. Si tienes dudas sobre el pago o el seguro, está bien, pero estoy muy ocupada para hablar, y no estoy interesada en tus elogios. Me levanto e intento caminar hasta el centro de la oficina, pero bloquea mi camino y deliberadamente roza su brazo contra mi pecho. —Tú sabes —murmura y extiende la mano, pasando la parte de atrás del dedo índice por mi brazo—. No pareces una mujer que pertenezca a un policía. ¿Qué mierda es esa? ¿Cómo sabe sobre Jeff ? ¿Quién es él? Aparto al idiota justo en el momento que Isaac entra a la oficina.

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—Yo no pertenezco a un policía —le respondo, mi voz helada. —¿Qué diablos estás haciendo? —Isaac pregunta, su voz calma, pero sus ojos azules están bien enojados. —Sólo estaba haciendole algunas pregunta a Brynna sobre mi seguro. —Él se estaba yendo —anuncio y encaro a Levi—. Si tienes alguna duda más, pregúntale directamente a Isaac. Levanta las dos manos, como si estuviera rindiéndose, y se aleja de mí. —Disculpa si te incomodé. —Ponte a trabajar —Isaac gruñe. —Sí, jefe. Levi corre afuera, golpeando la puerta tras él e Isaac gira su mirada fría hacia mí. —¿Qué fue eso?


—Nada que yo no pueda resolver —suspiro mientras me hundo en mi silla y vuelvo a mi e-mail, queriendo que mi estómago se calme. Querido Dios, solo quiero vomitar. Siento que necesito de un largo y caliente baño para intentar apagar la sensación de su dedo sobre mí. —¿Qué fue eso? —repite Isaac mientras apoya sus manos sobre mi escritorio y se inclina hacia mí—. Y no me vengas con vueltas. —Levi se me insinuó. —Me encojo de hombros y ofrezco a Isaac lo que espero sea una sonrisa confiada, pero él no se la cree, porque todavía estoy temblando por su comentario sobre el policía—. Excepto, ¿por qué diría eso sobre mí, que pertenezco a un policía? —Debe haber visto a Matt ayer cuando vino a buscarte. —Isaac encoje sus hombros, como si eso explicara todo, y creo es eso mismo, gracias a Dios. Nunca mencioné nada sobre mi pasado antes.

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—Oh, tienes razón. —Sonreí y sacudí mi cabeza—. No es nada más. —¿Estás segura? Porque puedo despedir al bastardo. —Estoy segura. —Muevo mi cabeza y me reclino en mi silla mientras paso mis manos por el cabello y expiro profundamente—. Él es un poco atemorizante, pero es la primera vez que cruza la línea. —Voy a estar atento a él. Si algo como esto sucede nuevamente, me lo dices inmediatamente, y voy a darle una patada en el culo a ese pequeño idiota, ¿entendido? —Sí, señor —respondo con sarcasmo. —Lo digo muy enserio, Bryn. —Ok —le respondo. Él mueve la cabeza y se instala tras su ordenador. Hoy es su día en la oficina.


—¿Cómo están los niños? —pregunto. —Un poco mejor. Stacy y yo nos quedamos con ellos toda la noche. Cierra los ojos, los aprieta y se los frota con los dedos. —Conozco ese sentimiento —respondo con simpatía—. Me avisan si necesitan ayuda. —Creo que estamos casi fuera de peligro. La madre de Stacy nos está ayudando hoy. —Bien. —Muevo la cabeza y abro mi programa para registrar los pagos, iniciando el registro de las horas trabajadas por los hombres—. La llamaré cuando llegue a casa. —Estoy hablando muy en serio, Brynna, si Levi intenta un golpe más…

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—Isaac, para. Estoy bien. Me mira por un largo minuto y entonces exhala profundo. —Ok, me voy a tranquilizar. Él murmura algo sobre que Caleb lo matará y esconderá su cuerpo si descubre esto, haciéndome sonreír. —Caleb no haría eso —le digo con una gran sonrisa. —Oh, querida, claramente no conoces muy bien a mi hermano. Lo conozco muy, muy bien. ***** —¿Dónde está Caleb? —Maddie pregunta y gira sus grandes ojos castaños para mí, mientras empuja los nuggets de pollo alrededor de su plato. —Ya te lo he dicho antes. Se está divirtiendo un poco hoy con su padre y sus


hermanos. —Después que termino de cortar un poco de melón, retiro los platos y vuelvo a la cocina de mis padres para limpiar. —Lo extraño —Josie suspira dramáticamente. —Solo hace una hora que se fue, niñas —les recuerdo poniendo los ojos en blanco. —¡Hey! ¡No voy a ver solo a ese maldito pez Nemo! —mi padre grita desde la sala, haciendo que las niñas se rían. —Apresúrense y coman, así pueden ir a ver Nemo con su abuelo. Después de devorar sus nuggets y frutas, ellas descienden de las banquetas de la mesada, y corren para unirse con mi padre frente al televisor. —Parece que realmente les gusta Caleb —mi madre habla casualmente cuando entra a la cocina.

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Ella no está bromeando. —Todos gustamos de Caleb —le digo y le sonrío—. Él es de la familia. —Hmm —ella responde sin comprometerse. —¿Cuál es el punto? —pregunto y pongo mis manos en mis caderas. Mi madre mueve la cabeza y encoje los hombros, mientras prepara un mix de brownies, huevos y aceite, para hacerles una sorpresa a las niñas. —Fue una observación. —Madre… —comienzo pero ella me interrumpe. —Estoy feliz que a las niñas les guste Caleb —murmura mientras abre la caja—. Es un buen hombre. Arrugo la frente y muevo la cabeza, mirándola de cerca. —Y tú estás sola hace mucho tiempo.


—Madre —intento de nuevo, pero se gira hacia mí con grandes lágrimas en los ojos y me quedo paralizada donde estoy. —Estás sola hace mucho tiempo —repite y traga fuerte parpadeando rápidamente—. Me hubiera gustado que volvieras a casa mucho antes, siento que hayas tenido que venir bajo estas circunstancias. Estoy tan orgullosa de ti, hija. Camino por la cocina y la rodeo con mis brazos, abrazándola con fuerza. Heredé mi altura de mamá, igual que mi cabello y ojos oscuros. Eloise Quinn es una mujer bonita, por dentro y por fuera. —Si él es quien tú y las niñas quieren, pues te digo que vayas al frente —susurra en mi oído y, en seguida, se aparta y me sonríe, antes de retornar a sus brownies. —Mamá, nunca dije nada sobre tener sentimientos hacia Caleb —le recuerdo suavemente.

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—No soy ciega ni estúpida, Brynna Marie. Punto para ella. Me quedo callada y escucho el sonido de la batidora, mientras ella mezcla la masa y quedo perdida en mis propios pensamientos. ¿Caleb es lo que yo quiero? Oh, ¿a quién estoy engañando? Por supuesto que es él.


Capítulo 8 Traducido por Vecina Corregido por Kelly Frost

~Caleb~

—B

ien señoras, pueden ir entregando todo su dinero, porque se va a casa con papá, el vencedor

—Will sonríe para

nosotros, y se tira en su silla, mientras nos pasa a cada uno

una botella cerveza helada. Es jueves, noche de póker en casa de nuestros padres, solo nosotros, los hermanos y nuestro Pa. Intentamos hacerlo todos los meses y, generalmente, lo cumplimos, especialmente ahora que no me llaman a ninguna misión.

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—Tú hablas de más —Pa murmura y estudia sus cartas. —Tú estás perdiendo viejo feo —Isaac provoca a nuestro padre, su mirada sobre la pequeña pila de fichas a su frente. —Estoy listo para acelerar mi paso en cualquier momento. —Está todo bien, papá, Will tiene tendencia a joderse en la segunda mitad del juego de cualquier manera

—Matt ríe y revuelve los cabellos de Will, que

rápidamente huye. —¡Eres un idiota! —Will lanza una palomita de maíz a Matt, que sonríe. —Tú simplemente no sabes perder —Matt se burla de nuestro hermano menor. —Hombre, el deporte es mi trabajo. Claro que no me gusta perder. —Esto es póker, hermano. No es un deporte. —Doy una carcajada y bebo un trago de agua, mientras me hamaco hacia atrás en mi silla, pero con un ojo en mi madre.


Si ella me descubre inclinando la silla de la sala, me va a dar una patada en el culo. Siempre voy a tener miedo de esa mujer. —Tú ciertamente juegas bien —Will murmura y juega sus cartas sobre la mesa de la cocina de nuestra madre—. Desisto. —Tonto —Pa lo provoca y lleva todo el pozo para él—. Yo les enseñé todo lo que saben niños, pero no les enseñé todo lo que sé. Todos nos reímos mientras nuestro padre apila sus fichas y sonríe triunfante, mientras bebe su cerveza. —¿Cómo están las cosas con Brynna y las niñas? —Isaac me pregunta, mientras baraja las cartas. —Bien. La llevé al polígono de tiro la semana pasada —me inclino hacia el frente, cuando mi padre busca en su memoria la imagen de ella con el arma en la mano. Es

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tan jodidamente increíble—. La dejé tirar con mi 9mm. —¿Eso te ha puesto nervioso? —Matt pregunta. —No —me exhibo orgullosamente—. Ella lo hizo muy bien. Acertó al objetivo. No tenía miedo. —Me encojo de hombros y bebo más agua—. No me gustaría estar en la mira de su arma. —Yo sé qué tipo de arma le quieres mostrar a ella —Isaac sonríe y examina sus cartas. —Púdrete, hombre. —Él está enojado porque está jodidamente casado hace tanto tiempo que ni recuerda la sensación de una mamada —dice Matt, ganándose una fea mirada de Isaac. —No sé qué tiene que ver estar casado con eso —dice Pa y lanza algunos Doritos a su boca—. Su madre y yo estamos casados hace casi 40 años y justo la otra noche…


—¡No! ¡No! ¡No! —¡Deja de hablar! —¡Oh, Dios mío! Todos gritamos al mismo tiempo, implorando a nuestro padre que pare de hablar, y él tira la cabeza hacia atrás y explota en carcajadas. —Podemos ser viejos, chicos, pero no estamos muertos. —Voy a matarte, aunque seas mi padre, si vuelves a sugerir otra vez que mi madre tiene sexo —Isaac murmura mientras se encoje. —Nunca digas “madre” y “sexo” en la misma frase —dice Will, su voz dura y tensa. —Entonces, ¿es por eso que no quieres casarte? —Isaac le pregunta a Matt—. ¿Por

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miedo a que el sexo se vuelva malo? —No —hablo con una risa—. A Matt solo no le gusta quedar atrapado. —O atrapado en esa cuestión específicamente —Will ríe y grita de dolor cuando Matt le da un golpe en el brazo. —¡Amigo, este es mi maldito brazo de juego! —No seas mariquita —Matt sonríe. —No soy cobarde —Will va hasta la mesada y bebe un trago de cerveza—. Y tú necesitas claramente follar. —¿Quién dijo que no he follado? —Matt pregunta. —¿Quién te va a follar? Eres jodidamente feo —respondo, ganando risas de mis otros hermanos. —Él se parece a ti —Pa responde y me sonríe—. Todos ustedes son una banda de


feos idiotas. —¡Deja de llamar feos a mis niños! —mamá grita desde arriba—. ¡Y Caleb, deja de inclinar mi silla! —¿Cómo lo sabe? —susurro y vuelvo a apoyar mi silla en sus cuatro patas. —Ella sabe todo —Isaac me recuerda—. Radar de madre. —Eso me asusta. —Debería —Pa sonríe, sus ojos fijos en la escalera. Entonces el teléfono suena y Pa atiende—. ¿Hola? Él frunce su frente. —Sí, soy Steven Montgomery —una pausa—. ¿Hable?

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Retira el teléfono de su oreja y lo aleja mirándolo, antes de apagarlo. —¿Cortaron? —Matt pregunta y se inclina, sus ojos se estrechan. —Sí, solo preguntó mi nombre y cortó. —Vuelve a su lugar y todos nos miramos entre nosotros, frunciendo la frente, nuestras banderas amarillas se levantan, pero agitándolas violentamente, y todos en estado de alerta. —¿Qué mierda es esa? —susurro y comienzo a andar por la sala—. ¿Qué está sucediendo? —¿Por qué él estaba tan preocupado con la idea de que ella esté ligada a un policía? —susurra Isaac y nuestras cabezas giran de repente para concentrar las miradas en él. —¿Qué has dicho? —le pregunto. Nos mira a todos y mueve la cabeza mientras hace una mueca. —¿Qué has dicho? —repito.


—Hay un hombre en el trabajo —comienza y bebe de su cerveza—. Levi Jackson. Noté que observaba a Bryn, inventando excusas para hablar con ella. —¿Por qué no has dicho nada antes? —Matt cuestiona. —Déjalo terminar —Pa interrumpe severamente. —Él nunca cruzó la línea con ella. Hasta ayer. Se detiene y pasa sus manos por su cabello con gesto de frustración. —Cuando llegué a la oficina, la tenía acorralada contra el escritorio y le escuché decir: “Tú no pareces pertenecer a un policía” —¡Qué mierda es esa! —grito y golpeo la mesa—. ¿Por qué diablos estoy escuchando eso recién ahora? —¿Ella le ha dicho a los trabajadores que estuvo casada con un policía? —Matt

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pregunta. —No lo creo —Isaac mueve la cabeza—. Es muy cuidadosa sobre lo que habla con ellos. No creo que estuviera hablando de Jeff. Creo que él te ha visto. —Señala a Matt, que pone cara fea. —¿Tal vez sea solo una coincidencia? —Will pregunta. Está inclinando hacia atrás la silla, brazos cruzados sobre el pecho, inmerso en sus pensamientos. —Es mucha coincidencia —Pa dice. —No es coincidencia —gruño—. ¿Él tenía sus manos sobre ella? Isaac hizo un gesto y miró para otro lado y esa es toda la respuesta que necesito. —¡Hijo de puta! ¿Por qué no me lo contó? —¿Probablemente porque sabía que ibas a reaccionar así? —Matt argumenta. Sus ojos están duros y su rostro tenso. Está en modo policía.


—¿Ella está sola con las niñas, hoy a la noche? —Will pregunta. —No, están en casa de sus padres. —Apuesto que tener una niñera tiempo completo está comenzando a irritarla —Pa murmura. —Puede ser —concuerdo y froto mi mano por mi frente—. Pero es necesario. No sabemos qué diablos está sucediendo. —Me concentro en Isaac nuevamente, la rabia corriendo por mi cuerpo junto con un poco de miedo que me deja más irritado—. ¿No investigas a la gente antes de contratarla? —Por supuesto —contesta irritado—. Puede ser solo un hombre espeluznante que está enamorado de ella. —¡O podría ser la mierda de un gánster que está intentando acercarse lo suficiente para matarla! —grito para él.

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—Oh, discúlpame, no me he dado cuenta si había alguna observación como gánster hijo de puta en su solicitud —Isaac gruñe sarcásticamente. —Voy a patear tu trasero

—murmuro y alcanzo mi móvil, la necesidad de

escuchar la voz de ella, asegurarme que ella y las niñas están bien. Suena cuatro veces y salta al correo de voz, por eso dejo un mensaje pidiéndole para llamarme y luego le envío un mensaje de texto. Por favor, llámame lo más rápido posible. —Sin respuesta —murmuro. —Llama a casa de sus padres —Matt sugiere. —Lo estoy haciendo —le respondo y escucho que suena cuatro veces, antes que su madre atienda. —¿Hola?


—Hola, Eloise, soy Caleb. Por favor, ¿puedo hablar con Brynna? —Oh, ella y las niñas se marcharon hace cerca de una hora —responde y todos los pelos de mi cuerpo se paran—. Su padre las llevó hasta su casa. —Le dije que me esperara allí, que la buscaría de camino a casa. Los ojos de Matt se estrechan, e Isaac y Will se inclinan hacia adelante, mientras Pa se levanta y comienza a marcar el número de teléfono de la casa de ella. —Voy a intentar otra vez en su móvil —él susurra. —Dijo que las niñas estaban cansadas y ella también, que te esperarían en casa. —¿Cuánto tiempo hace que se han ido? —pregunto. —Hace casi una hora —ella repite.

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—Todavía sin respuesta —Pa anuncia y desliga el teléfono. —Gracias, Eloise. Voy a intentar en su móvil —no quiero asustar a la madre de Brynna, entonces mantengo mi voz tranquila y luego corto la llamada—. Mierda. —¿Dónde está ella? —Will pregunta. —Eloise dice que su padre la llevó con las niñas para casa hace casi una hora atrás. —¿Pero no atiende el móvil? —Matt pregunta. —No. Me marcho —agarro mi abrigo—. Voy a golpear su trasero. —murmuro bajito, mientras estoy saliendo. —Avísanos apenas la encuentres —Pa me dice. Asiento, saliendo, con la intención de estar con Bryn lo más rápido que pueda. Trago en seco, intentando mantener el miedo alejado y llamo a su móvil nuevamente. Luego de cuatro llamadas, salta a su correo de voz y esta vez mi mensaje no es tan


tranquilo. —Atiende el móvil de mierda, Brynna. Corto y arrojo el móvil al asiento del acompañante, mientras acelero por Seattle, de vuelta al barrio de Alki y las niñas. Mis niñas. Cierro con un golpe fuerte la puerta de mi auto y abro la puerta del frente, colocando el código del sistema de alarma, y me muevo rápidamente por la planta baja hasta la cocina. El bolso de Brynna está en la mesa de la cocina, entonces subo las escaleras, saltando a la vez de tres en tres los escalones. Me detengo en la habitación de las gemelas primero. La puerta está entreabierta y la luz nocturna es brillante. Ambas están durmiendo en sus camas. Cierro la puerta silenciosamente, y voy hasta la habitación de Brynna donde la

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puerta también está ligeramente abierta, entro y la cierro detrás de mí. —Brynna —mi voz es dura pero no lo suficientemente alta como para llegar al corredor y despertar a las niñas. Ella se sienta abruptamente, parpadeando para mí. —¿Caleb? —¿Qué diablos estás haciendo aquí? —pregunto y cruzo los brazos sobre mi pecho, parado al lado de ella. —Vivo aquí —arruga la frente, inclinándose para encender la lámpara. —Te dije que me esperaras en casa de tus padres

—le recuerdo, mis dientes

apretados. Quiero estrangularla y besarla al mismo tiempo. Está despeinada, su cabello cayendo en ondas alrededor del rostro. Su piel es brillante, sin nada de maquillaje. Ella es deslumbrante.


—¿Dónde está tu móvil? —En mi bolso. Maldigo, calmo mi respiración y camino inquieto por el cuarto, incapaz de calmar el infierno que me consume. —No podía ubicarte. —Caleb, no necesito una niñera veinticuatro horas por día, siete días a la semana. —pone cara fea y se sienta—. Estamos bien. —Podrías no estarlo —murmuro y paso mis manos por mi cabello. —¡Alguien podría lastimarte! ¡Lastimar a las tres! —¡Bien, ellos no lo han hecho! —aprieta el mentón y me mira. Joder, quiero sacarla de este infierno. Ella salta de la cama y comienza a moverse en dirección a la puerta—. Necesito ver a mis hijas.

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—Ya lo he hecho —tomo su brazo con mi mano y la empujo hacia mí—. Están durmiendo. —No creo que quiera que me toques ahora

—tira de su brazo y se aparta,

mirándome. —Pero, aparentemente, no te importa tener las manos de Levi sobre ti en el trabajo. Ella hace una mueca y se aleja aún más, cruzando los brazos sobre el pecho. —¿De qué diablos estás hablando? —Isaac me contó todo sobre Levi queriendo conquistarte. —Tienes que estar bromeando —cierra los ojos y mueve la cabeza—. ¿Esto es un maldito concurso de meadas? —¿Por qué no me lo has contado? —pregunto, ignorando el ataque.


—¡Porque no fue nada! —gesticula frenéticamente con las manos y luego se las pasa por el cabello, mientras camina alrededor del cuarto—. Él es inocente. —Tiene claramente un problema con la policía y él puso sus manos sobre ti —mi voz es baja y dura y mis manos tienen ganas de tocarla—. Eso no es inofensivo. —Él no es nada —ella insiste. —Necesito poder confiar en ti —sus ojos se agrandan con sorpresa y dolor, y mi estómago se revuelve. Su mentón cae, antes de apretar las manos por la frustración, susurra bajito con rabia e inhala bruscamente. —Tú puedes confiar en mí —se para delante de mí, a pocos centímetros de mi rostro, mirándome con exasperación y dolor—. No soy una niña. Puedo cuidar de mí y de mis hijas.

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—¿Entiendes lo que haría conmigo, si alguien te hace daño? —exploto y agarro sus hombros con mis manos—. Eso me destruiría, si tú o aquellas niñas fueran heridas, Brynna. ¡Te necesito para sobrevivir, joder, y voy a hacer lo que sea para mantenerte a salvo y bien, pero preciso que hables conmigo, cuando algo parece mal, te necesito para hacer la mierda que sea necesaria! Sus grandes ojos castaños están muy abiertos cuando ve mi rostro, sus suaves labios entreabiertos de sorpresa y no aguanto más. La empujo contra mí, mis brazos alrededor de ella y la sostengo firme, mi boca contra la de ella, dura y posesiva. Mierda, ella es todo. Me separo apoyando mi frente contra la de ella, aliviado que ella y las niñas estén a salvo. Mis piernas tiemblan y me siento estremecido hasta el alma, ahora que la adrenalina de la amenaza potencial desapareció. Es como sobrevivir a una misión. —Déjame hacer mi trabajo, nena. Habla conmigo. Por favor.


—Lo siento mucho, Caleb —su voz es suave. Agarra firmemente mi espalda, presionando su pelvis contra mí—. No sabía. —Ahora lo sabes.

—Trago saliva con dificultad, mirando su dulce rostro—.

Además, los millonarios pagan mucho dinero por este tipo de protección. Tú la tienes gratis. —¿Sí? —sonríe atrevida y arrastra las manos desde mi pecho a mi cintura—. ¿Qué más puedo conseguir gratis? —¿Qué quieres? —pregunto y suspiro cuando desabotona mi cinturón, abre mis jeans y hunde su mano bajo mis bóxers hasta mi polla dura, tomándola con firmeza. —Hmmm… —mueve la cabeza para atrás y para delante, como si estuviera pensando muy duro y, en seguida, se inclina para besar mi pecho a través de mi camisa, bajando hasta mi abdomen y se arrodilla a mis pies—. Creo que voy a

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mostrarte lo que quiero. Después de bajar mis jeans hasta mis rodillas, Brynna lame la punta de mi polla, como si fuera su helado favorito, y luego me toma en su boca, empujándome todo lo que puede dentro de su boca caliente y mojada, y todo lo que puedo hacer es intentar sostener mis caderas. —Joder, Bryn. Empuja para arriba y lame hasta mis testículos, sin dejar ningún pedazo de piel sin tocar por aquella increíble lengua. Ver su cabeza bombear, su mano apretada en la base de mi polla, y aquellos ojos grandes color chocolate fijos en mí, es la cosa más jodidamente sexy que vi en mi vida. Jesús, todo lo que ella tiene que hacer es respirar, y no puedo esperar para estar dentro de ella. Sostiene mis bolas y chupa mi polla dura, haciendo estremecer mi columna y apretar mi estómago, y la levanto, invadiendo su boca.


—Realmente debes parar con eso, impides que termine mi trabajo —hace muecas con los ojos divertidos y brillantes. —No quiero correrme ahora —gruño y la empujo hacia la cama, sacándole la ropa y luego el resto de la mía, a medida que avanzamos—. Quiero estar dentro de ti. Entierro mi rostro en su cuello, respirando su aroma fresco y limpio. —Hueles jodidamente bien —susurro, mientras acomodo mi polla entre sus piernas, anidando en su núcleo, pero no me hundo en su interior todavía. Me apoyo en mis codos y arrastro los dientes por su cuello hasta su oreja, saboreando sus firmes manos que se deslizan por mi espalda hasta mi trasero y haciendo el mismo camino nuevamente. —Caleb —susurra, inclinando la cabeza para darme mejor acceso a su piel. —Sí, cariño.

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—Hazme el amor, ¿si? El pedido es suave y dulce y me aparto para mirarla, despejando algunos largos cabellos de su rostro con mis pulgares. —En un minuto —le susurro y deslizo mi mano sobre su perfecto y redondo pecho, frotando el pulgar sobre el pezón. Ella tiene pechos grandes. Mi mano desciende hasta su dulce y caliente coño, para encontrarla mojada y su clítoris hinchado, completamente lista para mí. —Estás tan mojada, Piernas —deslizo dos dedos entre sus labios y mi polla se contrae y palpita por la forma en que ella se aprieta alrededor de mis dedos—. ¿Esa pelea conmigo te excitó? —Todo lo que tú haces me excita —responde, mientras jadea y se estremece debajo de mí.


Sonrío contra su cuello y trabajo rápidamente con mis dedos, frotando su clítoris. Jesús, no hay nada como Brynna cuando está excitada. Es tan abierta. —Caleb. Ah, cariño, me voy a correr. —Hazlo —le susurro, y empujo mi nariz en su cuello. —Quiero correrme cuando estés dentro mío —me dice con un gemido. —Oh, confía en mí, Piernas, vamos —inclina la pelvis contra mi mano y se muerde el labio—. Suéltate, cariño. Y lo hace, gimiendo y apretándome con fuerza, cabalgando su orgasmo. Mi mano está empapada cuando la retiro y acomodo mi polla contra ella de nuevo, deslizándome dentro. —Haz el amor conmigo, Caleb.

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—Con mucho placer —le sonrío y cuando ella me sonríe, con total confianza y amor brillando en sus ojos, es casi mi perdición. Aseguro mi polla con mi mano y la guío dentro de ella, lentamente, centímetro a centímetro, gimiendo su nombre cuando me hundo en su húmedo calor. —Tan jodidamente apretada —murmuro entre dientes—. Nunca voy a tener suficiente de esto, Bryn. Cuando estoy enterrado casi hasta las bolas dentro suyo, aparto mi frente de ella y la observo, aquí, conmigo completamente dentro. Necesito protegerla. Sus músculos me aprietan y empujan, cuando hace movimientos circulares con su cadera y no lo puedo evitar, entro y salgo furiosamente, sintiendo la gloria completa cuando sus músculos tensos atrapan mi polla, ordeñándola de la mejor manera posible. Llevo mi mano entre nuestros cuerpos y presiono el pulgar contra el clítoris duro y


se aprieta aún más dentro de mí haciéndome ver las estrellas. —Ah, querida, si continúas apretando así, me voy a correr. —Hazlo, Caleb —empuja sus caderas más rápido, balanceándose y apretando, sus manos amasando mi culo y sé que es solo una cuestión de segundos. —Ven conmigo —le susurro y la beso, presionando el pulgar contra esa protuberancia aún más dura y sus piernas tiemblan, rodeándome las caderas, abriéndose más para mí, y no puedo aguantar más. Tengo que morderme el labio para no gritar, cuando el orgasmo me llena las bolas y explota fuera de mí, dentro de esta hermosa mujer. Sus manos agarran mi trasero apretándolo más, cuando se corre, empujándose contra mí descaradamente, y para mi total sorpresa, muerde mi hombro. Duro.

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Eso me va a dejar una marca. Le sonrío cuando jadeo, exhausto. Froto mi nariz con la de ella y luego la beso suavemente. —Me sorprendes —le susurro. —Lo mismo digo, marinero —ella susurra con los ojos aún cerrados, haciéndome reír. De alguna forma, encuentro fuerzas para cambiar nuestra posición, ubicándola encima de mí. Ella cae en el sueño rápidamente, respirando profundamente contra mí. Este es el lugar donde me quedo por un largo tiempo, rítmicamente acariciando sus largos cabellos con mis dedos, escuchando su respiración y los sonidos normales de la casa. ¿Cómo es que ella y las niñas pasaron a significar tanto para mí en tan poco


tiempo? ¿Y qué voy a hacer cuando llegue la hora de dejarlas? Mierda, solo el pensamiento de eso duele más que cualquier herida que recibí en el campo de batalla. Perderlas va a matarme.

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Capítulo 9 Traducido por Vecina Corregido por Kelly Frost

—¿Q

ué sucede con ustedes y esas preguntas a esta hora de la mañana? —pregunto a las niñas mientras reparto huevos revueltos.

—Ellas hacen preguntas a cualquier hora del día —Brynna me informa, mientras se une a nosotros en la cocina, fresca por su baño. Está a mi lado para tomar una taza de café y me sonríe. Huele a lavanda y vainilla. Y mi corazón se agita en mi pecho. —Estás hermosa —le susurro. Ella baja la mirada, un poco de colorete rosado en sus mejillas. Me inclino y le beso arriba de su cabeza, respirando su aroma—.

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Buenos días. —Buenos días. —¡Coco Puffs, por favor! —pide Josie y sonríe dulcemente. —¿Tú estás hecha de Coco Puffs? —le pregunto a Josie y saco un tazón para cereales de la alacena. —No, tonto. —Yo creo que tal vez sí. Comes bastante de esos cereales —le guiño un ojo a Maddie y me sirvo mi café. Todo ese sexo que tuve me deja hambriento. Y no me estoy quejando. —¿Huevos? —pregunto a Brynna, pero ella mueve la cabeza y bebe el café.


—A mamá no le gustan los huevos —Josie me informa—. Solamente Coco Puffs. —Uh, no creo que eso sea verdad —Brynna responde secamente—. Mamá simplemente no quiere comer nada todavía. —¿Crees que tu trasero parece grande en los jeans? —Maddie le pregunta a Brynna inclinando su cabeza y casi me atraganto con el bacón. Brynna suelta un gran carcajada y mueve la cabeza. —¿Dónde has escuchado eso? —En la escuela, Mason dice que su madre siempre está diciendo que su trasero parece grande en sus jeans. —Bien, no tengo hambre todavía —Brynna responde con una sonrisa. Es mejor que ella no piense que su trasero es muy grande. Su trasero es perfecto.

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—Creo que deberíamos tener un perro —Maddie anuncia y come su bacón. —Ya tuvimos esta conversación —Brynna comienza. —Pero mamá —interrumpe Maddie—. Necesitamos un perro. —¿Necesitamos? —Josie pregunta y Maddie la golpea en la cintura—. ¡Sí, lo necesitamos! ¡Es para mantenernos seguras y podríamos amarlo y alimentarlo y lo puedes levantar! —Yo no quiero levantar a nadie —Brynna ríe—. Dije que íbamos a hablar sobre ese tema en el verano. Me mira y se encoje de hombros. —Ellas quieren un perro. —Me di cuenta. —¿Quién era el hombre que estaba ayer en casa? —Josie pregunta. Yo arrugo la


frente mirando a Bryn y vuelvo a mirar a la niña. —¿Qué hombre? —le pregunto con mucha calma, pero mi cuerpo entra inmediatamente en alerta máximo. Aparto mi plato y miro a Josie. —El hombre que estaba revisando el buzón del correo de mamá cuando llegamos de la escuela —Maddie responde. —¿Cómo? —Brynna deja la taza—. ¿Había un hombre revisando el buzón del correo? —Eso mismo. Pero nosotras no tenemos más correspondencia en el buzón, ¿no es así mamá? Poso mi mirada en Brynna, levantando mi ceja a modo de pregunta. Ella mueve la cabeza lentamente. —No, querida, nosotras no tenemos.

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—Ven conmigo. Ahora —tomo su mano y la empujo fuera de la cocina hasta la sala—. ¿Tienes un buzón del correo? —Sí. Ese buzón del correo en la calle, pero nunca hay nada en él. Incluso la correspondencia de Nat y Jules se detuvo por completo. —Entonces no era un cartero —murmuro y proceso todo lo que sucedió las últimas veinticuatro horas—. Necesito que ustedes tres salgan de aquí. —¿Qué estás diciendo? —Brynna —tomo sus manos y la acerco a mí—. Tengo a Matt verificando detalladamente los antecedentes del hijo de puta de tu trabajo, no confío en él. Mi padre recibió una llamada extraña ayer a la noche… —Es por eso que te asustaste —ella susurra, pero continúo hablando. —Y ahora descubrimos que las niñas vieron a alguien fisgoneando aquí. No me gusta eso.


—Tampoco me gusta pero no podamos simplemente irnos —su frente está arrugada, y sus manos tiemblan mientras están sobre las mías. —Es viernes, Bryn. No mandes a las niñas a la escuela y huyamos el fin de semana. —Me inclino y beso su frente, intentando mantener la calma, pero mi lucha o instintos están volando y golpeando, y todo lo que puedo pensar es en llevar a mis chicas lo más lejos posible de aquí. Lo más rápido posible. —Ok —ella susurra y se aparta—. ¿Cuándo? —Ahora —mi voz es dura—. Las niñas están vestidas y listas. Ve para arriba y prepara una maleta para ellas y para ti y partimos. —¿Dónde vamos a ir? —pregunta. —Conozco un lugar —le respondo—. Date prisa.

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***** —Uh, ¿Caleb? —Brynna pregunta secamente del lado del acompañante de mi auto. —Sip. —Estamos a menos de diez minutos de distancia de la otra casa —ella frunce la frente cuando detengo el auto. —¿Creías que las estaba llevando de vacaciones a Europa? —pregunto riéndome y salgo del auto, abriendo las puertas traseras para que las niñas desciendan. —¿Esta es tu casa? —Josie pregunta y mantiene su muñeca apretada contra su pecho.


—Si, Jellybean13 —respondo y las ayudo a descender, cargando las maletas. —¿Por qué estamos en tu casa? —Brynna pregunta. —Porque nadie te buscará aquí —respondo y cierro la puerta tras nosotros, echando llave, mientras Brynna deja caer su bolso en el sofá y gira en círculo inspeccionando la sala. —Es bonito —murmura y me sonríe. Me encojo de hombros y miro el lugar. No está desordenado, porque nunca estoy aquí el tiempo suficiente. Los muebles son prácticamente nuevos, aunque los compré hace algunos años. No hay nada en las paredes. No es ni cerca de bueno para ella y las niñas, pero es todo lo que tengo. —Es pequeño, apenas dos habitaciones.

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—Es todo lo que necesitamos —ella se encoje de hombros y se arregla su cabello tirándolo hacia atrás—. ¿Hace cuánto tiempo vives aquí? —Hace dos años —respondo—. Lo rento. —Es un lugar muy masculino. —¿Un lugar masculino? —pregunto con una sonrisa. —Sí, ninguna mujer vive o estuvo aquí recientemente —ella levanta una ceja mirándome y sé exactamente lo que está preguntando. En el pasado, habría evitado una pregunta como esa, sabiendo que era el momento de seguir con mi vida. Pero ahora me siento obligado a tranquilizarla. —Niñas —las llamo, mis ojos aún mirando a Brynna—. ¿Por qué no llevan sus maletas hasta la habitación con el edredón verde sobre la cama y comienzan a

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Los jelly beans son dulces que algunos están llenos de chicle de fresa.1 Tiene sus orígenes en dos dulces diferentes: uno con un centro de lokum (delicia turca) y el exterior es de almendras cubiertas con una capa de azúcar; ambos del siglo XVII.


instalarse allí? —¡Ok! —Maddie exclama y salta del sofá donde estaba sentada observando el lugar. —¡Vamos! —Josie se une y se marchan. Sus voces suenan hasta la sala mientras hablan con sus muñecas, explicándoles donde están ahora y yo le sonrío a su hermosa madre. Ella permanece quieta en el lugar mientras me acerco y deslizo mis manos por sus brazos, pasando por los hombros hasta que mis dedos se detienen en sus mejillas. —Nunca traje una mujer aquí, Piernas —sus ojos se agrandan y sé que va a decirme que no necesito justificarme, pero coloco mi dedo suavemente sobre los labios, silenciándola—. Tú eres la única mujer que quiero aquí. —¿Por qué? —susurra detrás de mi dedo y me observa atentamente.

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Trago saliva con dificultad y me inclino un poco hasta apoyar mi frente contra la suya. —Porque eres más que una follada rápida, Bryn. Incluso sin sexo, en medio de todo esto, eres mi amiga. Tú eres mi familia —me rodea con sus brazos por la cintura mientras la miro. Paso mis dedos por su suave cabello y suspiro lentamente—. No quiero perder esto. —No voy a ningún lado, Caleb —Veremos. —No voy… —¡Mamá! ¡Caleb tiene una TV en su habitación! Es muy grande. ¡Ven a ver! — Maddie corre por la sala y, en seguida, se detiene abruptamente, observándonos con cuidado—. ¿Por qué estás abrazando a mamá de ese modo? —Solo necesitaba de un abrazo —Brynna responde con una sonrisa enorme.


Maddie viene corriendo y envuelve sus brazos alrededor de nuestras cinturas, apretando fuerte. —Yo quiero abrazar. Pasando las manos por la espalda de Maddie, recuerdo lo frágil que es, lo pequeña que es, y exactamente cuál es esta misión. Mantener a las niñas seguras. Deja de pensar con la polla. Me aparto y me giro de espaldas de forma abrupta. —Ve a instalarte, Bryn. —Creo que debemos… —Te quedas aquí —la interrumpo y giro el rostro para mirarla, pero no puedo encontrar sus ojos—. Solamente. No. Salgas. Tengo que ir a buscar comida y otras

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cosas. Tú y las niñas mientras se acomodan y en seguida vuelvo. —Caleb, ¡no podemos simplemente escondernos en tu casa durante días! Nos vamos a matar todos para mañana a la noche —pone sus manos sobre su cadera y me encara como si yo hubiera enloquecido. —Haz lo que te digo —respondo y agarro mis llaves—. Y por amor a Dios, mantén tu móvil contigo. Y con eso salgo, las emociones que no debería estar sintiendo en este asunto alrededor mío. Dios me ayude, me estoy enamorando de dos increíbles niñas y su madre. Y soy exactamente lo que ellas no precisan. Quebrado. Herido. Otro hombre que va a terminar dejándolas, igual que el cobarde de su ex marido. ¿Qué tipo de hombre deja a su esposa sola cuidando de sus hijas gemelas? Sin embargo, aquí estoy, sabiendo que no puedo permanecer con ellas para siempre. Merecen mucho más que un jodido ex SEALs. Pero que me aspen si puedo permanecer lejos de ellas.


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Capítulo 10 Traducido por vecina Corregido por Yanii

~Brynna~

—¡N

o quiero! —grita Maddie. —¡Suéltala! —Josie se lamenta y tira de su muñeca de los brazos de Maddie—. ¡Ella es mía!

—¡Niñas! —grito, pero estoy hablando a oídos sordos, cuando comienzan a golpearse una a otra, llorando sin parar—. ¡HEY! —Suelto un rugido y empujo a

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Josie lejos de Maddie. —¡Ella comenzó! —Maddie grita entre sollozos y entierra su rostro en su propia muñeca. —¿Qué diablos? —Caleb exclama cuando entra a la casa—. Podía escucharlas desde la calle. —Está con el ceño fruncido hacia nosotras, cuando golpea la puerta de entrada y cruza los brazos sobre el pecho—. ¿Qué está sucediendo? —¡Los odio a todos! —Maddie grita y corre para la habitación que ella y Josie están compartiendo en casa de Caleb los últimos dos días. —¡No deberías decir “¡Qué diablos”! —Josie exclama mientras corre tras su hermana. —¡No se toquen! ¿Me están escuchando? —grito detrás de ellas y, en seguida, giro mis hombros y miro enojada al alto y demasiado lindo para su propio bien espécimen masculino delante de mí. —¿Qué he hecho? —pregunta.


—Caleb Montgomery, estamos encerradas dentro de esta casa desde hace más de dos días. Si no salimos de aquí para tomar un poco de aire fresco, no me importa si existe un gánster homicida intentando encontrarnos. Yo misma voy a asesinar a todos en esta casa durante el almuerzo. Su boca se frunce y sus ojos azules claros sonríen para mí. —No creo que seas capaz de matarnos. —No aguanto más todo esto, nene. —Sus ojos brillan cuando lo llamo nene, como siempre hace y me derrito un poco—. Sé que tú estás haciendo todo lo posible para mantenernos a salvo, pero las niñas están enloqueciendo. Ya no soportamos más mirar tantas películas y si una de ellas vuelve a decir “¡Ella me está golpeando!”, ¡voy a quemar mis ojos con una vara caliente! —Entonces, ¿me estás queriendo decir que quieren salir de casa? —pregunta con sarcasmo y cierro mi mano en un puño y lo golpeo en el brazo—. ¡Ouch! —gruñe y

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frota su bíceps, frunciendo el ceño para mí—. Eres más fuerte de lo que pareces. —Por favor, Caleb. No es justo para ellas. Él suspira y mueve la cabeza, la mirada sobre el suelo, y frota su frente con la punta de los dedos. —¿Tú y las niñas ya han ido a ese maldito paseo de barco con forma de pato que pasa por el centro de la ciudad? —pregunta inesperadamente. —No —respondo. —Conozco al dueño. Habrá una pequeña multitud pero será controlable, y podemos sentarnos en la parte de atrás para que pueda mantener un ojo en todas las personas a nuestro alrededor. —¡Ok! —Salto en las puntas de mis pies mientras rodeo con mis brazos su cuello y le doy un sonoro beso en la mejilla. —Solo un par de horas —aclara y luego afloja—. No soporto verlas tan infelices.


—Ellas van a adorar el paseo. Va a ser perfecto. —¡Niñas! —Caleb llama y en pocos segundos las niñas salen de su cuarto despacio y con caritas tristes—. Agarran sus abrigos. Vamos a pasear un poco. —¡Si! —Josie exclama. —¡Te amo! —Maddie grita y las dos corren a prepararse para salir. —Mira. —Beso su mejilla nuevamente y le sonrío—. Ya están mejor. ***** —¡Mira, mamá! ¡Es el predio de Jules y Nate! —Josie apunta ansiosamente por la ventanilla del barco pato, su silbato con forma de pico de pato amarillo en su boca. Cuando llegas al barco anfibio, recibes un silbato de pato amarillo que hace sonidos de cuá-cuá.

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Son extremadamente irritantes, y temprano al día siguiente acabarán “perdidos”. El barco realiza el camino por el centro de Seattle, por el famoso Mercado Local Pike, a través del viejo campanario de la ciudad y, luego, se dirige a la derecha por el agua del lago Washington, llevándonos en un paseo por el lago y teniendo una fantástica vista del horizonte de Seattle. Las niñas están felices. —Sí —asiento y sonrío para Josie—. ¿Pero cómo lo sabes? —Porque hay un local que vende una dona muy sabrosa. —Ella sonríe—. Me encantan esas donas. —Ah, eso es cierto —afirmo y tengo un repentino deseo de comer donas—. Fuimos allí la última vez que paramos a visitar a Jules y Nate. Josie se ríe cuando tiro de una de sus largas colas de caballo y miro a Caleb, que no prestó atención a nada de lo que dijo el guía turístico, pero está atento a cada persona alrededor, sus ojos estrechos. Él y yo estamos sentados en el corredor,


dándoles a las niñas los asientos de la ventanilla para que puedan ver todo lo que el guía describe. —Relájate —le murmuro. Ni siquiera me mira. Coloco el silbato entre mis labios y lo hago sonar en su cara. Gira la cabeza y me mira. —Relájate —le digo una vez más, con una sonrisa—. Esto es divertido. Su cuerpo está tenso, todos los músculos flexionados y listos para entrar en acción. Su móvil suena y lo toma, contestando antes del segundo timbre. —Montgomery.

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Y de repente, su cuerpo se desinfla como un balón. —Gracias a Dios. Escucha y se ríe. —Sí, bien, eso es una cosa menos de lo que necesitamos preocuparnos, pero no estamos fuera de peligro. Ok, hasta luego. Corta la comunicación y suspira, pasando la mano por su cabello y, finalmente, me mira. —Voy a contarte todo cuando volvamos a mi casa. —¿Son buenas noticias? —le pregunto. —Sí. —Mueve la cabeza y verifica el grupo nuevamente. —Son las mismas personas que estaban allí hace veinte segundos. No cambiaron, Caleb.


—No me gustan las multitudes —murmura, mientras balancea la cabeza, sus ojos fijos sobre las salidas, el cuerpo aún alerta. Me acerco más a él y entrelazo mis dedos a los suyos, empujándolo más cerca de mí. Ni puedo imaginarme todo lo que está pasando por su cabeza ahora. Las niñas están indiferentes, disfrutando la vista y los sonidos de la ciudad, bailando junto a la música y soplando sus silbatos de pato. —Gracias por todo esto —murmuro para él y asiente una vez, luego, da un suspiro de alivio cuando el barco retorna y los pasajeros comienzan a descender. —¿Y ahora? —Maddie pregunta con una gran sonrisa. —¡Vamos a tomar un helado! —Josie exclama cuando salimos últimos. —¡Vamos al cine! —Maddie agrega. Caleb maldice por lo bajo y toma una mano de cada una de las niñas mientras

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caminamos por el Experience Music Project en dirección al aparcamiento. Tuvimos suerte con el tiempo hoy. Para ser febrero, está relativamente caliente y sin lluvia. Gracias a Dios. —¡Caleb! ¡Mira! ¡Algodón dulce! —Josie apunta para un carrito rojo y blanco, cargado con nubes de algodón dulce en bolsas de plástico y palomitas. —Ok, podemos comer algodón dulce. —Caleb sonríe para las niñas y nos lleva al carrito. —¡Yo quiero el rosa! —Maddie y Josie gritan al mismo tiempo. —Dos colores rosa. —Caleb ríe para la mujer mayor que trabaja en el carrito. Ella sonríe mucho y le entrega los algodones mientras espera que Caleb le pague. —Su familia es hermosa. —Ella parpadea—. Y sus niñas le tienen atrapado en sus pequeños dedos.


Me pongo tensa por un momento, mi mirada sobre el rostro de Caleb. Él continúa mirando hacia abajo a su billetera, una sonrisa asomando en sus labios, pero después frunce la frente casi con pesar. Finalmente, mira a la mujer, ofreciéndole una falsa sonrisa. —Gracias —responde a la mujer, toma su vuelto y entrega sus algodones a las niñas. —¿Qué deben decir ustedes niñas? —le recuerdo a mis niñas. —¡Gracias! —Sus voces son un coro de emociones, mientras atacan el dulce con placer. —Gracias —le murmuro a Caleb, que me mira con ojos azules tristes. —De nada. *****

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—Quiero que permanezcan aquí, Brynna. —Las manos de Caleb están apoyadas sobre sus caderas mientras se apoya en la mesada y me mira exasperado. —Absolutamente no. —Muevo mi cabeza furiosamente, doblando el paño de cocina al medio perfectamente, apoyándolo en la puerta de la alacena debajo del fregadero—. Nosotras tenemos una vida a la que retornar. —Brynna, escúchame… —Caleb —lo interrumpo, mi voz calma y tranquila y él para de hablar y me mira con cuidado—. No. Mis hijas necesitan ir a la escuela. Tengo un empleo. Sí, Levi es aterrador, pero… —Levi ya no es un problema. —Caleb cruza los brazos sobre el pecho, apartando mi mirada para sus bíceps flexionados, y tengo que asegurar a mis rodillas junto al rayo de energía eléctrica que atraviesa mi núcleo. —¿Qué quieres decir? —pregunto.


—Él fue despedido. Me quedo parada mirándolo, esperando que me explique mejor. —Era Matt quien me llamó al móvil hoy. —Caleb suspira y mueve la cabeza—. La verificación de antecedentes más detallada ya la realizó. No tiene antecedentes violentos, lo que significa que solo es un hombre extraño obsesionado por ti. —¿Entonces él solamente pensó que Matt y yo estábamos juntos? —pregunto y siento un leve sudor brotar en mi frente. —Así es. —Se ríe y me empuja contra él, como si no pudiera estar sin mí durante más de un segundo, aunque estemos discutiendo—. Él pensó que Matt era tu marido, porque te busca todos los días por el trabajo. Cierro los ojos, mientras suelto un suspiro e inclino mi cabeza contra su pecho. —Gracias a Dios.

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—Ya fue despedido. Aunque no tenga registros, se comportó mal contigo. Isaac lo despidió antes que yo apareciera allí y le arrancase las bolas. Me río con ganas y levanto la cabeza para mirarlo a los ojos. —Yo ya tenía resuelta la situación. —Realmente creo que estamos más seguros aquí, Piernas. Mi sonrisa se evapora. —No. Él gruñe y me aprieta más fuerte, entierra su rostro en mi cuello y respira largo y profundo. —Eres tan malditamente miedosa —murmura contra mí, las palabras sofocadas y no puedo dejar de reír.


—Lo mismo puedo decir de ti. —Si vamos a volver a tu casa mañana, tengo algunas condiciones. —Uau, eso suena como un compromiso —respondo secamente. Muerde mi cuello, exactamente donde se junta con mi hombro, antes de apartarse y lanzarme una mirada dura. —Uno, nada de bus escolar. O Matt o yo llevaremos a las niñas todos los días a la escuela. No voy a ceder en esto. —Pasa las manos suavemente hacia arriba y debajo de mi espalda, pero estrecha su mirada, atreviéndome a desafiarlo. —Sí, si… —Me siento tartamudeando—. Ok. Caleb me sonríe suavemente. —Puedes decir “sí, señor”, lo sabes. Escucho eso todos los días.

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—No en esta vida —murmuro y me río—. De ninguna manera. —Ok, número dos, vamos a ampliar el sistema de alarma de tu casa. —No puedo pagar… —Conozco algunas personas, Brynna. No te va a costar un centavo, y debería haberse hecho hace semanas. Quiero los sensores en las ventanas y sensores de movimiento con luces del lado de afuera. —Para de hablar y me mira, esperando que acepte, y le confirmo con la cabeza. —Número tres, quiero que vengas conmigo al polígono de tiro con más frecuencia y voy a dejar mi 9mm contigo siempre. Comienzo a mover la cabeza, pero él se inclina y descansa su frente contra la mía y frota nuestras narices. —Por favor —susurra, su voz áspera, y sé que eso le está consumiendo todo su control, para aceptar volver a mi casa. Quiere que todas estemos seguras. ¿Cómo puedo culparlo por eso?


—Ok —concuerdo y beso su barbilla—. ¿Alguna cosa más? —Sí, ni tú ni las niñas estarán solas. Nunca. —¿Podemos ir al baño solas? —pregunto sarcásticamente. —Eres muy graciosilla —responde pero sus labios tienen una sonrisa y sus ojos lucen felices. —Puedo vivir con eso —murmuro y beso sus labios suavemente. —Bien. —Tengo sueño. —Bostezo y luego me río—. Creo que me voy a la cama. —Enseguida me uno. —Besa la punta de mi nariz, antes de retirarse hacia la sala— . Tengo que telefonear a Matt y después tengo cosas para leer.

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—Está bien. —Sonrío y camino hasta su habitación, bostezando otra vez. ***** —¡Puta mierda! ¡Baja, baja! ¡Sal! Rat tat tat tat tat. ¡Boom! ¡Boom! Me sacudo en la cama y miro frenéticamente alrededor, pero Caleb no estaba en la habitación. —¡Protéjanse, mierda! Salto de la cama y corro para la sala. Las luces aún están encendidas, lo mismo que la televisión, sintonizada en un programa militar en History Channel. Caleb está extendido por todo el sofá, donde debe haberse dormido mientras miraba el programa, pero él está inquieto, sudando y su respiración está fuerte y jadeante. Corro y me arrodillo a su lado. ¿Qué hago? ¿Puedo tocarlo?


El televisor continúa detrás de mí. ¡Boom! ¡Rat tat tat tat tat! Agarro el control remoto y lo apago, y en seguida vuelvo al hombre aterrorizado delante de mí. —Caleb —murmuro y apoyo delicadamente mi mano en su bíceps y antes que pueda tocarlo estamos rodando por el suelo, me está sujetando con su enorme cuerpo y envuelve su mano alrededor de mi cuello, apretando. Está teniendo una pesadilla infernal. Y yo estoy bien en el medio. —¡He dicho que salgas, mierda! —Grita y me mira, con los ojos vidriosos y blancos, como si no estuviera realmente allí. Es la cosa más aterradora que viví en mi vida. Joder Puta mierda.

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—¡Mamá! ¡Mamá! —Escucho a las niñas en la puerta, asustadas y llorando. Querido Dios, no dejes que me ahogue hasta la muerte frente a mis hijas. —¡Te tengo, hijo de puta! —Caleb gruñe en mi oído y un sudor frío irrumpe por todo mi cuerpo. Jesús, si fuera un sublevado, me encantaría morir con el sonido de esa voz. Él ni siquiera tendría que derribarme. —Caleb. —Intento de nuevo, pero aprieta todavía más fuerte. Muevo mis brazos libres y comienzo a pegarle en la espalda y los costados, más y más, intentando despertarlo, pero me agarra más fuerte con las piernas y gruñe más. El color brillante de su tatuaje de agua llama mi atención y veo su músculo del hombro tensarse cuando aprieta aún más mi garganta. —¡Para de lastimar a mi mamá! —Josie llora mientras mi visión comienza a oscurecerse y veo estrellas.


En tanto Maddie suelta un grito estridente, le doy un rodillazo en el interior de su muslo y soy súbitamente liberada y empujada lejos de él, rodando sobre mi estómago, agitada y ahogada. Cubro mi garganta con las manos y comienzo a toser, me levanto sobre mis rodillas y observo los ojos claros de Caleb, el vacío reemplazado por el horror y la tristeza. Se separa lejos de mí, caminando para atrás como un cangrejo, hasta que su espalda choca contra la pared. Las niñas están en la puerta, abrazadas con los ojos muy abiertos, gritándome. —Mierda —Caleb susurra y mi cabeza se gira para encontrar sus rodillas contra su pecho, rodeadas por sus brazos y su rostro en sus manos. Está temblando violentamente. —Caleb —consigo hablar, mi voz ronca, pero se encoje lejos de mi toque y niega con la cabeza con fuerza.

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Me levanto del suelo y corro hacia mis hijas, abrazo a ambas y las llevo de vuelta a su cuarto, para la cama matrimonial que comparten. —¿Por qué Caleb te lastimó? —Josie susurra, enterrando su cara en mi pecho, mientras Maddie me abraza y entierra su rostro en mi cuello. —Él no quiso hacer eso. —Las tranquilizo, repitiendo eso una y otra vez, mientras yo me tranquilizo también. Les beso sus cabezas y respiro el olor dulce del champú de bebé, balanceándome para atrás y para delante—. Estaba teniendo una pesadilla. —Él parecía tener miedo —murmura Maddie. —Creo que él aún tiene miedo —susurro y beso su frente. —Tal vez debamos ir y abrazarlo —Josie susurra pero se hunde más en mí. Mis valientes niñas dulces. —Yo creo que Caleb necesita estar un poco solo, pero pueden darle los abrazos


mañana por la mañana, ¿ok? Ambas asienten. —¿Te quedas aquí con nosotras un poco? —Josie pide. —Claro —respondo y las aprieto más, enseguida, me acomodo con ellas, apartando el cabello de sus rostros y murmurándoles. Limpio las lágrimas de sus suaves mejillas y las beso una y otra vez. —Estoy bien, mis bebés. —Te amo, mamá —Josie susurra mientras se duerme. —Yo también te amo, niña valiente. Maddie ya está roncando bajito, ambas cayeron en un sueño exhaustas y las dejo allí y me preparo para enfrentar a Caleb.

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Pobre Caleb. Las luces aún están encendidas en la sala y lo encuentro allí, sentado en el sofá, con las rodillas separadas y los codos apoyados sobre ellas, con el rostro hundido en sus manos. —Caleb —susurro y su cabeza se agita, su rostro con angustia extrema cuando sus ojos azules brillantes encuentras los míos. —Estoy tan malditamente arrepentido —responde, su voz llena de angustia marcada en su rostro. —No es tu culpa. —Me acerco a él y me siento a su lado, pero él se aleja. —No debería tocarte. —Caleb… —Podría haberte matado. —Su voz se quiebra, cuando se toma el rostro con sus


manos nuevamente—. ¡Oh Dios mío! —Tú no me matarías, Caleb. —¡Sí, lo haría! Si no me hubiera despertado, podría haberte estrangulado o partido el cuello. —Mira mi garganta y se estremece con la visión que puedo imaginar son las contusiones comenzando a aparecer—. Dios, nena, lo siento mucho. —Caleb, esto nunca sucedió antes. Fue un fin de semana emocionante. —Esto nunca sucedió antes contigo —me corrige—. No he dormido con una mujer desde hace más de cuatro años, Bryn. No me puedo arriesgar. Mis amigos me contaron historias de las cosas que hago en mis sueños. —Traga saliva con dificultad y mueve la cabeza—. Pero Dios, adoro dormir contigo en mis brazos y por primera vez en mucho tiempo que yo recuerde, realmente dormí mientras lo hicimos juntos.

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Mueve la cabeza sorprendido y se limpia los ojos,

y eso me quiebra, él está

llorando. —No tuve pesadillas desde nuestra primera noche juntos. —Su voz está llena de emoción, y puedo sentir mis propias lágrimas corriendo por mi rostro—. Pero contigo y las niñas en peligro, y estar en aquel maldito paseo con el pato hoy, con todas esas personas, creo que eso me afectó. —Explícame sobre las multitudes. —Me siento en el sofá, frente a él, y paso mi pierna sobre la otra, con cuidado de no tocarlo, pero lo suficientemente cerca para que pueda sentir que estoy aquí. —Las multitudes son peores. —Traga duro nuevamente y frota las manos sobre los labios mientras se recuesta en el sofá, mirando hacia arriba—. Se nos enseña siempre a buscar un punto de desplazamiento. Levanto una ceja. —Inglés, por favor.


—Salida. Siempre debes saber dónde están las salidas. Las multitudes en Irak son muy peligrosas. Esos locos extremistas explotan toda una multitud, sin ninguna duda. Mi corazón sangra por él, cuando cierra los ojos y no quiero ni imaginar los horrores que está viendo detrás de sus párpados. —No sabía que habías estado en Irak —murmuro. —No mucho, pero lo suficiente. Cierra las manos en puños y no aguanto más. Me acerco más para calmarlo, pasando mi mano para arriba y abajo por su brazo, pero él se aleja de mí, entonces me siento en su regazo, dejándolo sin opción, excepto envolver sus brazos alrededor mío. —Escúchame, con mucho cuidado. —Llevo mis dedos a su rostro, sin perder el

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contacto visual con él—. Yo estoy bien, Caleb. No me mataste. Me asustaste. —Las niñas… —comienza pero lo interrumpo. —Las niñas están preocupadas por ti y tuve que impedirles que vengan aquí a abrazarte. Las niñas están bien, cariño —continúo calmándolo, pasando mis dedos por su cabello y su rostro—. Estamos bien. —Debería volver a dormir en el sofá —murmura y suspira como si estuviera resignándose a una idea horrible. Observa mi rostro con cuidado, como si estuviera buscando miedo en mí—. Pero no quiero. —Yo tampoco quiero que lo hagas. —Muevo mi cabeza y beso su mejilla—. Adoro tener tus brazos alrededor mío durante la noche. Nunca tuve eso antes. Cierra fuerte los ojos antes de mirarme otra vez. —Yo tampoco. Nunca te lastimaría, querida. Nunca. —Caleb, tú me haces sentir segura. No has tenido pesadillas mientras dormiste


conmigo. Estabas en el sofá. —Le recuerdo y observo sus ojos cuando parpadea varias veces, antes de encontrar mi mirada nuevamente—. Con un programa sobre la guerra en History Channel. —Nunca tuve pesadillas mientras dormía contigo —susurra. Le sonrío con ternura y peino sus cabellos con mis dedos. —Creo que tus días de dormir en el sofá terminaron, marinero. Aprieta los brazos alrededor de mi cintura y presiona su rostro en mi cuello, agarrándose en mí, mientras le rodeo sus hombros con mis brazos y beso su frente con ternura. —Estoy tan devastado —susurra de nuevo y lo aprieto más. ¡Díselo! Dile que lo amas. Mi corazón está tan lleno de amor por este hombre intensamente protector, pero dañado, pero estoy demasiado confundida.

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¿Estoy enamorada de él o solo tengo la necesidad de ayudarlo? —Estás seguro conmigo, querido —respondo y presiono mis labios en su frente—. Siempre.


Capítulo 11 Traducido por vecina Corregido por Yanii

~Caleb~

M

e despierto antes de que amanezca, alerta y listo para comenzar el día, a pesar de solo haber dormido un par de horas. Necesitamos comenzar temprano, para poder llevar a las niñas a la escuela, a

Brynna al trabajo y yo debo comenzar a hacer mi trabajo. A la noche estaremos instalados otra vez en casa de Bryn.

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Suspiro y dejo que mis ojos viajen por su rostro, hasta el pecho que está firmemente presionado contra mi tórax a través de su blusa fina, y más lejos hasta su cintura. Nunca puedo decirle que no a ella, aunque sea por su propio bien y tengo miedo que sea mi mayor error. Ella es mi debilidad pero me fortalece mucho. Es la mejor cosa. El recuerdo de la pesadilla de la noche pasada me atraviesa y cierro fuerte los ojos, abrazándola con fuerza contra mí. Jesús, podría haberla matado. ¿Qué es lo que está mal en mí? Sí, la guerra es una jodida mierda, pero vuelves a casa y continúas con tu vida. No saltas como un cobarde a cada sonido y, con toda maldita seguridad, no intentas estrangular a la mujer que significa más para ti que la propia vida. Presiono mis labios y nariz en su cabello, inspiro profundamente, dejando que el dulce aroma a vainilla y lavanda llenen mi cabeza y me calmen.


Todo lo que tengo que hacer es sentir su aroma y me tranquilizo inmediatamente, pero sé que debería alejarme completamente de ella. Bryn y las niñas necesitan a alguien que no tenga la cabeza tan jodida. Merecen alguien que no pierda el control en medio de una multitud y tenga pesadillas que lo hacen actuar como una mierda en casa. Pero pensar que alguien esté así con Brynna o acompañando a sus hijas mientras crecen, me deja aún más loco de la cabeza. Me aparto un poco y miro sus ojos castaños somnolientos. Ella me está mirando perezosamente y comienza a pasar la mano arriba y abajo por mi costado. Coloca una de sus largas piernas entre las mías. —Buenos días —murmura. —Buenos días, Piernas. —La beso en la frente y aparto mi pelvis cuando arrastra la mano hacia mi polla, descubriendo mi roca matinal.

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—Para — susurro y llevo su mano a mis labios—. No puedo. —¿Qué quieres decir? —pregunta con una mueca. —Aún no. —Muevo mi cabeza y entrelazo mis dedos con los suyos, apretando su mano en mi pecho—. Necesito decirte una cosa. —Ok —murmura y se acomoda contra mí, no dejando que me aleje, lo que es una buena señal. No soportaría si ella estuviera con miedo de estar cerca de mí. —Solo quiero decir algo sobre la noche pasada —comienzo y frunzo la frente mientras intento reunir mis pensamientos. Ella espera tranquila, sin moverse, sin estar tensa. Solo esperándome—. Siento mucho haberte lastimado y haber dejado a todas con miedo. Abre la boca para hablar pero me inclino y presiono mis labios suavemente contra los suyos, cerrando su boca.


—Eres la persona más fuerte que he conocido, Brynna —susurro contra sus labios—. Y conozco algunas personas malditamente fuertes. Me sorprendes y me haces más humilde, y estoy agradecido de estar aquí con ustedes. Antes que pueda responder, la beso otra vez, pero más profundo ahora, y siento mi polla endurecerse ante la expectativa de correrme en su interior. Excepto, que ella va a quedar desilusionada al descubrir que no va a ir a ningún lugar esta mañana. Ahora, en este momento, todo es sobre ella. Delicadamente la empujo de espaldas y me aparto para poder examinar las marcas rojas alrededor de su cuello. —Estoy bien —murmura, pero al mirar sus ojos, veo tristeza y pesar—. Realmente estoy bien. Está todo bien.

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Bajo mi mirada nuevamente, y levanto su barbilla con el dedo para tener mejor acceso, regando besos suaves y cariñosos sobre su piel marcada. Ella ronronea y aprieta los músculos de mis hombros cuando desciendo hasta su pecho, lamiendo y besándola cariñosamente. Sus pezones están duros bajo la fina pieza y levanto su blusa exponiendo sus perfectos senos para mi boca. Chupo y la atormento, haciéndola gemir nuevamente. —Caleb… —susurra. —Shhh… —Soplo sobre sus picos mojados, volviéndolos más arrugados y luego continúo mi búsqueda por su estómago ligeramente redondeado, besándola a lo largo de la cintura y caderas, contando sus costillas con mi lengua. Ella levanta sus caderas cuando agarro sus bermudas con mis dedos y lo arrastro junto con sus bragas hacia abajo sobre sus largas piernas, y lo arrojo en el suelo. —No tenemos tiempo para eso. —Respira y aprieta las sábanas con sus puños. —Ah, yo creo que sí —confirmo y empujo sus piernas juntas y hacia arriba, mis manos presionando los costados de sus muslos, entonces llevo sus rodillas


flexionadas sobre su pecho. Bajo mi cabeza y comienzo a lamerla, a partir de su ano, a través de sus labios mojados, empapados y su clítoris ya hinchado. —Dios, sabes jodidamente increíble —gruño y repito el movimiento nuevamente. Golpea las manos sobre las mías, agarrándome y empujando las piernas aún más cerca de su pecho mientras me hundo en su coño. La siento comenzar a temblar, sus piernas también comienzan a temblar debajo de mis manos. La suelto y la abro bien, mirándola cuando envuelvo mis labios alrededor de su clítoris y chupo rítmicamente. Hundo dos dedos en su interior y comienza a tensarse debajo de mí, empujando su coño contra mi mano y mi rostro, sacudiendo la cabeza para atrás y adelante sobre la almohada, el cabello oscuro despeinado alrededor de su cara. Sus músculos aprietan mucho mis dedos, y no quiero nada más que hundirme dentro de ella y montarla con fuerza hasta correrme, pero definitivamente no tenemos tiempo para eso.

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Continúo besando sus labios y clítoris suavemente, sus muslos y pubis, mientras jadea y pasa los dedos por mi cabello, frotando mi cuero cabelludo con las uñas. Antes que me pida que hagamos el amor, enderezo su largo cuerpo, la beso profundamente y la alejo, caminando hasta el baño con mi short proyectándose como una tienda. —¡Hey! —exclama. —¿Qué? —Lanzo una sonrisa por encima de mi hombro. —Tú no has acabado. —Estoy bien —respondo, parando junto a la puerta para mirarla. Adoro verla en mi cama, toda rosada, desparramada y satisfecha. Mi chica. —Tenemos que despertar a las niñas e irnos. —Me pongo serio y la miro en silencio


por un momento. Ella suspira y se levanta de la cama, caminando hacia mí, y me rodea en un gran abrazo. —Ellas van a estar bien, Caleb. Basta ser sinceros con ellas. —Toma mi mano y me lleva al baño tras ella—. Vamos a terminar lo que comenzamos antes, en la ducha. Economizar agua y todo lo demás. Sonrío para sus ojos felices, encogiéndome por dentro. ¿Qué les voy a decir a Maddie y Josie? ¿Cómo les voy a explicar lo que yo no entiendo? —Ve tú, Piernas. Vamos a economizar agua otro día. Frunce la frente en señal de confusión. Infierno, estoy demasiado confundido. Solo sé que no estoy listo para hacer el amor con ella otra vez. Aún no. —Otro día —repito y beso su cabello, antes de retirarme rápidamente, antes que

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pierda mi determinación y la lleve conmigo hasta la ducha caliente y me pierda en ella. ***** —Niñas, arriba —canto suavemente desde la puerta, no queriendo asustarlas. Brynna está parada a mi lado, la mano en mi espalda—. Deberías despertarlas tú — susurro. —Deja de preocuparte —me dice con una pequeña sonrisa. —¡Caleb! —Maddie salta de la cama cuando abre los ojos y me ve. Corre y envuelve sus brazos alrededor de mi cintura, apretándome fuerte. Miro a Josie y mi corazón se detiene. Ella está sentada en la cama, con los ojos castaños, el mismo color de su madre, abiertos y observándome. Toma la muñeca de su cama y la abraza contra su pecho. Ella tiene miedo.


—Buenos días, florecita —murmuro bajo para Maddie y me agacho, para estar al mismo nivel que ella—. ¿Cómo te siente esta mañana? —Tengo que hacer pipí. —Bien, entonces ve. —Le sonrío y la llevo hasta la puerta, después me giro hacia Josie—. Hey, Jellybean. La niña lleva su mirada a su madre y, enseguida, de nuevo a mí y permanece en silencio. Brynna atraviesa la habitación y se sienta con ella en la cama, pasando la mano por los largos cabellos castaños oscuros de Josie. —Josie, todo está bien, querida. —Lastimaste a mi mamá —susurra y aprieta los labios bien juntos, cuando comienzan a temblar. —Yo no quería, Josie, lo juro. —Me acerco a la cama, pero ella se encoje en los

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brazos de Brynna, entonces me detengo y llevo mis manos a los bolsillos, sintiéndome como un completo idiota. ¿Ahora qué? Maddie viene saltando para el cuarto y sube a la cama, mirando para un lado y para otro entre Josie y yo. —Josie —Brynna murmura bajito—. Está todo bien, nena. Ella mueve la cabeza, frunciendo la frente, agarrándose a su madre. No me mira. Me está castigando. Y debería hacerlo. Joder, tampoco no confiaría en mí. —Está todo bien, Bryn —murmuro y sonrío tranquilamente a las niñas—. Vamos. Necesitan llegar a la escuela y al trabajo y yo también. Giro y salgo del cuarto, con mi corazón partido en mil pedazos.


***** —No tienes que llevarme. —Brynna me dice, rodando los ojos—. Isaac está allí cerca. —No me importa. Voy a dejarte en la puerta —le informo y abro la puerta de mi auto para que ella descienda. Dejamos a las niñas en la escuela hace diez minutos. Josie aún no habla conmigo, pero Maddie habla por las dos, apenas parando para respirar durante toda la mañana. —¿Qué diablos sucedió contigo? —Isaac pregunta, a medida que entramos en la oficina. —Púdrete —respondo y le muestro el dedo del medio. —Pareces salido del infierno. —Se recuesta en la silla y cruza sus brazos detrás de

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su cabeza, examinándome con los ojos apretados. —Lo mismo para ti —respondo y observo a Bryn, mientras guarda su bolso al fondo del cajón de su escritorio y se sienta. Estaba usando un top hasta el cuello para esconder el hematoma, pero cuando la miro, son como faroles que brillan, recordándome el tipo de monstruo que soy—. Matt la buscará a las dos y media y luego los dos recogerán a las niñas en la escuela. —Yo tengo un trabajo, Caleb —Ella me recuerda, con los ojos llenos de frustración. —Y yo conozco a tu jefe. —Sonrío y miro a Isaac—. Ella saldrá más temprano para buscar a las niñas y luego van para casa con Matt. —Por mí todo bien. —Él levanta los hombros y se inclina hacia adelante, tomando su taza de café. Brynna maldice sobre nosotros bajo su respiración, haciéndonos reír. Ella es jodidamente adorable.


—Tengo trabajo que hacer. —Me apresuro cuando veo la hora en el reloj—. Te veo a la noche. —Chau, querida. —Isaac grita después que me retiro y le levanto el dedo medio nuevamente, cerrando la puerta detrás de mí. Cuando me deslizo en el asiento de mi auto y lo enciendo, marco el número de Matt por bluetooth. Necesito avisarle. —Ey —murmura con la voz grave por el sueño. —Despierta, hombre. —¿Qué sucede? —pregunta con la voz más alerta y puedo escuchar un susurro al fondo, como si estuviera sentándose en la cama.

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—No hay ninguna emergencia, solo necesito informarte, porque si Brynna no te cuenta nada esta tarde, una de las niñas probablemente lo hará y quiero que te enteres primero por mí. Jesús, estoy tartamudeando. —¿Eres idiota? —Matt pregunta secamente. —No, idiota. Tuve una pesadilla anoche. —Trago saliva, recordando a Brynna atrapada debajo de mí, con los ojos muy abiertos y rojos, jadeante. Mierda. —¿Estás bien? —pregunta bajito. —Yo estoy bien, pero lastimé a Brynna y asusté a las niñas. —Joder —se queja con un suspiro—. ¿Qué sucedió? Mientras le explico los hechos, Matt me escucha tranquilo, nunca me interrumpe o


hace preguntas. —Y esta mañana, Brynna está actuando como si todo fuera perfectamente normal. Maddie estaba bien, Josie no está muy convencida. Estaba asustada y no me habla. —El pensamiento aún me causa dolor del tamaño de Montana en mi pecho. —Sabes que no es tu culpa, ¿verdad? —pregunta. —¿De quién es la culpa, entonces Matt? —pregunto con rabia y distraídamente froto mi mano sobre mi pecho—. Soy el único que estaba con las manos alrededor de su cuello. ¡Está llena de hematomas! Si fueras tú, querría patear tu culo. —Estabas dormido, Caleb. —¡Eso no es excusa, hijo de puta! —Dios, estoy tan enojado. ¿Cómo pude hacerle eso a ellas?— ¿Cómo puede estar tan calmada después de todo esto? ¿Cómo puede actuar como si no hubiera pasado nada?

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—¿Le has preguntado? —Matt habla con calma. —No. —Suspiro. —Ustedes dos son tan malditamente estúpidos. —Matt ríe con tristeza. —¿Qué significa eso? —Está claro que ella enfrentó tan bien todo eso porque está enamorada de ti, Caleb. Ustedes están locos el uno por el otro. Hace meses que tú estás así. —Eso no importa. —Diablos que no. No me creo ni por un minuto que tienes sexo con ella solo porque te conviene. Solo el pensamiento ese me hace querer darle un golpe en su garganta. —No quise decir…


—Mereces ser feliz, como cualquier persona, hombre. —Él me interrumpe, dando con el clavo en mi cabeza. Dejo que Matt exprese lo que está sucediendo en mi cabeza. —Y si tú no reclamas a ella y las niñas como tuyas, alguien va a estar más que feliz en hacerlo. —Jódeme —murmuro. Está en lo cierto. —No, no eres mi tipo —responde—. Coloca la cabeza en su lugar, hermano. Voy a dormir un par de horas más, antes de buscar a Brynna y las niñas. —Ok. Gracias. Te veo más tarde. Corto la llamada y giro en la calle que lleva al complejo de entrenamiento en el cual ahora me ejercito.

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La única cosa buena de salir de la Marina es ser independiente. Escojo mis horas en Redwire, la empresa civil independiente que trabaja con los militares en zonas de guerra. Vengo entrenando a sus novatos en armamento y tiro hace algunos meses. Ellos saben que soy uno de los mejores en el campo, razón por la cual gano mucho más dinero ahora que cuando era un SEALs. Los hombres y mujeres de las fuerzas armadas están lamentablemente mal pagos. Otra ventaja de este trabajo en particular es trabajar con hombres que eran de mi equipo SEALs, o que eran especialistas en otras ramas de las fuerzas armadas. Solo los mejores de los mejores trabajan aquí. El Centro de Entrenamiento está a veinte minutos al sur de Seattle, en un área remota, lejos de las empresas y residencias. Estaciono mi auto y entro al predio principal para verificar mi e-mail y hacer check-in con el propietario. —¿Qué tal, Montgomery? —Jim Peterson saluda desde su oficina. Él y yo estábamos en el equipo SEALs 5, juntos durante diez años. Es un hombre


atemorizante cuando lo quiere ser, y conoce su trabajo. —Hola, hombre —respondo y aprieto su mano—. Disculpa por dejarte con poco personal. Se encoje de hombros. —Está todo bien. Markinson está dictando las clases los días que tú estás fuera. No es tan bueno como tú, pero lo necesitamos. —Gracias. Asiente y apunta para la silla que está frente a su escritorio. —Siéntate. —¿Por qué siento que estoy siendo llamado a la oficina del director? —Sonrío cuando me siento en la silla, y cruzo un tobillo sobre la rodilla opuesta.

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—¿Cómo están las cosas? —pregunta, con el rostro serio. —Todo bien. —Mentira —responde. Suspiro profundamente y froto mis manos por mi rostro. —¿Me veo tan mal? —Peor —responde con una risa—. No te he visto aparecer tan destruido desde Colombia. —Su sonrisa desaparece cuando nos miramos, recordando una misión especialmente peligrosa en Colombia casi una década atrás, cuando debíamos rescatar a tres mujeres americanas que estaban siendo mantenidas como rehenes por el cartel de droga colombiano.


La misión era FUBAR14 antes que pusiéramos nuestras botas en suelo colombiano. —Pesadillas. —Suspiro y me encojo de hombros y Peterson entiende lo que me pasa. —Hay personas con las cuales puedes hablar sobre ello, lo sabes. Lo miro y suspiro. —Estoy bien. Estoy mejorando. La noche pasada solo fue difícil. Me mira durante un largo momento. —Ok. ¿Has hablado con Kramer últimamente? —pregunta, cambiando felizmente de tema. Kramer es otro ex compañero que también vive en la zona y entrena perros militares para SEALs ahora. —No hablo hace algún tiempo. ¿Qué está sucediendo? —pregunto.

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—Él tiene que salir de la ciudad durante aproximadamente un mes, para una misión. Necesita encontrar un lugar para Bix mientras está fuera. —¿Cómo anda Bix? —pregunto y sonrío cuando pienso en el perro. Leal, sin miedo y uno de los mejores marineros con el que tuve el placer de trabajar. —Está bien. No puede ser asignado nuevamente en combate. —Peterson hace una mueca y mueve la cabeza—. Pero está bien. ¿Crees que podrías quedarte con él por algunas semanas? —Voy a ver lo que puedo hacer. Es mejor que vaya a encontrarme con los hombres, me levanto y aprieto su mano—. Gracias, señor. —De nada, soldado. *****

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FUBAR es un acrónimo de: 1. F * cked hasta más allá de toda razón. 2. F * cked arriba más allá de todo reconocimiento. 3. F * cked hasta más allá de toda reparación.


~Brynna~ —Muéstrame. —Matt ordena detrás del volante, cuando me acomodo en el asiento del pasajero. —¿Mostrarte qué? —pregunto. Levanta una ceja y me mira con esos increíbles ojos azules Montgomery, las manos descansando en su regazo. —No voy a pedirtelo de nuevo —murmura con calma y nunca saca la mirada de mí. Es irritante. Bajo mis ojos y separo mi blusa de mi garganta, mostrándole los hematomas y,

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enseguida, la cierro rápidamente y me pongo el cinturón de seguridad. —¿Cómo lo sabes? —pregunto sin encontrar su mirada. Enciende el motor, coloca la marcha y acelera por el aparcamiento con más fuerza de lo que me esperaba, dado su calmo comportamiento. —Caleb me llamó —responde bajo y me mira—. Habla conmigo. —Estoy bien. —Habla conmigo. Su voz es firme, haciendo que yo no pueda negarme. Suspiro derrotada y me aflojo en el asiento, llevando mi rostro entre mis manos. —Fue horrible —susurro—. Me asustó. Apoya su mano en mi muslo y aprieta tranquilizándome. —¿Él tuvo pesadillas antes contigo?


—No —respondo inmediatamente, sacudiendo la cabeza con fuerza—. Siempre duerme profundamente. —¿Es verdad? —Matt pregunta mirándome sorprendido—. No ha dormido bien durante un largo tiempo. —No tuvo ningún problema conmigo —respondo—. Hasta la noche pasada. Pero fue… diferente. —¿Diferente cómo? —Se quedó dormido en el sofá, mirando un programa de guerra en History Channel. Cuando me desperté, escuché tiros y cañones y Caleb estaba en medio de la pesadilla. —¿Entonces no tuvo pesadillas mientras estaba contigo en la cama? —Maniobra su Jeep para tomar el camino para ir a buscar a las niñas a la escuela.

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—No, él estaba en el sofá. —Interesante. —Me giro y observo a Matt silenciosamente. Él está con una camisa blanca y jeans, la pistola guardada en una pistolera en la cintura. Su cabello castaño está necesitando un buen corte y no se rasuró hoy, dejando una sombra en la barbilla. Su codo izquierdo está apoyado en la puerta y se está frotando los labios con los dedos. —¿Cómo lo has despertado? —me pregunta. —Le di un rodillazo en la ingle —respondo. Él se estremece y ríe con tristeza. —Eso lo despertaría seguro. —Me sonríe y luego vuelve a ponerse serio—. ¿Y tú cómo te sientes hoy? —dice bajo. —Mi voz estaba un poco ronca esta mañana, pero fuera de eso, me siento bien. —No te pases de lista, Bryn. ¿Cómo te sientes?


No va a dejar el asunto. —Exhausta. Aliviada. —Trago en seco y miro hacia mis rodillas—. Tan enamorada de él que no consigo entender nada — susurro. —Mírame. Mi mirada encuentra la suya y me ofrece una dulce sonrisa. —Creo que ustedes dos serán muy buenos el uno con el otro. Da tiempo al tiempo. Asiento, cuando las niñas llegan corriendo al auto. —¡Hola mamá! —Josie grita y agarra la hebilla de su cinturón de seguridad. —Hola Matt. —Maddie sonríe, cuando se junta a su hermana. —Hola niñas. —Les sonrío mientras Matt se aleja de la escuela y conduce en

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dirección a nuestra casa. —¿Cómo estuvo el día? —Matt pregunta. —Caleb lastimó a mamá la noche pasada —Josie responde. Yo suspiro y la miro con la boca abierta. —¿Él hizo eso? —Matt pregunta y mueve la cabeza levemente para mí, diciéndome que no responda y lo dejé a él lidiar con esto. Yo quiero morir. —Sí, él no la soltaba del piso —Josie responde. —¡Él no quiso hacerlo! —Maddie salta para defender a Caleb—. Tuvo una pesadilla. Josie mueve su cabeza negando. —Él la lastimó.


—¿Tú crees que él lo hizo a propósito? —Matt le pregunta a la niña con calma. Josie se encoje de hombros y cruza los brazos sobre el pecho temerosa. —Responde mi pregunta, por favor. —La voz de Matt es autoritaria y fuerte. Típico policía. —No lo sé —ella responde con una mueca—. Daba miedo. —Estoy seguro que sí, mi amor— Matt murmura—. ¿Tú sabes lo que son pesadillas, Josie? —¿Pesadillas? —Sí, son sueños realmente malos —afirma. —¿Recuerdas no hace mucho tiempo, cuando viniste llorando a mi habitación,

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porque tuviste un sueño que no podías contarme, querida? —le pregunto a ella y observo llenarse de lágrimas sus grandes ojos castaños. —Sí, estaba muy triste. —Ella solloza. —Caleb estaba teniendo un sueño muy, muy malo, amorcito, solo que él pensó que estaba corriendo peligro. Pensó que alguien estaba intentando lastimarlo. —Matt observa a Jodie atentamente por el espejo retrovisor. —¿Quién estaba intentando lastimarlo? —Personas malas —Matt responde—. Él acostumbraba ir a lugares donde había personas malas, que querían lastimarlo y también a sus amigos, y tenía que ayudar a las personas que necesitaban de él. —Entonces, ¿era eso lo que estaba soñando? —Josie pregunta, con los ojos abiertos llenos de lágrimas. —Sí, querida —respondo y froto su piernita con la palma de mi mano.


—Oh —ella susurra y mira hacia abajo—. Pero yo tenía miedo que estuviera lastimándote. —Yo también —admite Maddie—. Pero él tenía miedo también. —Joder —Matt susurra entre dientes y mueve la cabeza—. Lamento mucho que ellas tuvieran que ver eso. —Tú no lo abrazaste hoy —Maddie acusa a Jodie. —Hey, está todo bien —interrumpo antes que una pelea se inicie y salga de control—. Puedes darle un abrazo hoy a la noche, si quieres. Josie apenas mueve la cabeza y mira sus manos, mientras Matt maniobra frente a nuestra casa. —Parece que no necesito quedarme mucho tiempo —él murmura, su mirada fija en Caleb a punto de salir de su propio auto—. Regresó a casa más temprano.

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—Sí. No lo esperaba hasta dentro de una hora, por lo menos. Matt estaciona detrás de él y las niñas salen del auto con sus mochilas. Caleb nos mira, dudando, y luego abre la puerta trasera de su auto y silba. Un perro grande y lindo sale del auto, para deleite de mis hijas que comienzan a saltar, batiendo palmas, con grandes sonrisas en sus rostros. —Y esa es mi señal para salir. —Matt me sonríe, saluda a Caleb y nos quedamos parados en la calle. —Siéntate —Caleb ordena bajito y el perro se sienta inmediatamente al lado de él, sin moverse, mirándolo para su próxima orden. —¿Quién es este? —pregunto con una ceja levantada. —Este es el sargento Bix. —Bix mueve su cola una vez al escuchar su nombre—. Él es un SEALs de la Marina retirado y necesita de una casa durante algunas semanas, mientras su entrenador está fuera en una misión.


—¿Podemos acariciarlo? —pregunta Maddie, ella y Josie están con sus cuerpos temblando de la emoción. Bix mira ansiosamente a mis hijas y después mira de nuevo a Caleb, a la espera de que le digan que hacer—. ¿Por favor? —Claro. —Caleb sonríe—. Ve —le dice a Bix, que felizmente corre hacia las niñas y ellas colapsan por la euforia, acariciándolo y hablando con él como si lo conocieran hace años. —¿Qué le pasó en su ojo? —Josie pregunta cuando besa su cara. Uno de sus ojos está permanentemente cerrado, como si estuviera siempre parpadeando y la oreja del mismo lado está ligeramente deformada. Caleb me mira con ojos serios. —Bix era un pero que rastreaba explosivos. —Traga en seco y vuelve la mirada hacia el perro—. Se lastimó mientras estaba trabajando y perdió el ojo, y se lastimó también su oído, entonces no puede trabajar más.

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—¡Oh, pobre Bix! —Maddie envuelve sus brazos alrededor de él y lo abraza con fuerza—. ¿Puede quedarse, mamá? —Esto es sabotaje —le digo a Caleb—. No puedes preguntarme si el perro más noble y adorable del mundo puede quedarse con nosotros, cuando mis hijas ya están completamente enamoradas de él. —¿Qué tipo de perro es? —Josie pregunta y ríe cuando Bix lame su mejilla. —Es un pastor belga. Fue entrenado para ser un perro de trabajo, desde que tenía tres días de vida. —¡Uau! —Josie exclama. Caleb se acerca más a mí y me rodea los hombros con su brazo. —Asumir la responsabilidad por un perro es mucha cosa ahora, Caleb. —Es el mejor perro entrenado que hayas conocido, Piernas. No tiene miedo, es


obediente y ciento por ciento profesional. Lo miro y me pongo a reír cuando veo a Bix acostado de espaldas, patas arriba, la lengua colgando fuera de su boca, sonriendo y saboreando los cariños en su barriga por dos ansiosas niñas de seis años de edad. —Sí, puedo ver que es perfectamente profesional. —Tiene que quedarse, mamá —Josie reclama—. ¡Es un héroe, como Caleb! Caleb parece estar en estado de shock cuando se gira para mirarme. —Es un perro increíble, Bryn, y miembro del equipo. Podría hacerme sentir mejor sabiendo que él está aquí. Nadie va a llegar a ellas, con Bix observando. —Eso es extorsión —susurro y a contrapunto sonrío para las niñas cuando ellas ríen y corren por la calle con el cariñoso perro—. Creo que puede quedarse.

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—¡Gracias, mamá! —Maddie grita. —Ven. —Caleb le ordena y Bix salta inmediatamente y deja a las niñas atrás para estar a su lado—. Dile hola a Brynna. El perro ladra una vez y me sonríe, con la lengua colgando nuevamente. —Hola —murmuro y acaricio su cabeza, me agacho a su lado y froto su cara—. Eres un niño dulce, ¿no es así? ***** —Pero no estamos cansadas —Maddie protesta mientras bosteza. Caleb arroja una gran cama para el perro al piso entre las camas de las niñas y apunta hacia ella. Bix inmediatamente se acuesta, mirándonos con una oreja levantada y ambas cejas moviéndose para arriba y para abajo, mientras mira para los costados, a cada una de las niñas. —¿Por qué él no puede dormir con nosotras? —Josie pregunta y mira ansiosamente a su nuevo mejor amigo.


—Él duerme en su propia cama —Caleb responde y se sienta a su lado—. Hey, Jellybean, siento mucho que estés enojada conmigo hoy. Tal vez mañana sea un día mejor. —Me siento en la cama de Maddie y asisto a la lucha interna de mi hija cuando Caleb la mira de cerca. —Mi mamá siempre dice: dulces sueños cuando es la hora de dormir. —Ella le dice a Caleb suavemente. Bix suelta un largo suspiro cuando baja la cabeza y las patas y Josie lo mira con una sonrisa—. Espero que tengas buenos sueños, Caleb y no esos feos. Yo me muerdo el labio y Maddie lo abraza fuerte, mientras Caleb silenciosamente extiende las manos a Josie. Ella sube rápidamente en su regazo y lo abraza, luego se aleja para arroparse en su cama. —Buenas noches, mamá —susurra Maddie. —Buenas noches, niñas.

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Bix levanta la cabeza y acompaña el movimiento de Caleb hasta la puerta. Se detiene y mira a Bix. —Quédate, Bix. Quédate con las niñas. Con eso, Bix baja nuevamente la cabeza y Caleb apaga la luz, dejando apenas la luz del mueble de princesa en la pared, y cierra la puerta detrás de nosotros. —No puedo creer que me hayas traído un perro. —Me río y me adelanto descendiendo las escaleras hasta la sala. —Te demostré que está bien entrenado —responde con una sonrisa, refiriéndose a las innumerables veces que apretó la nariz en la puerta de vidrio corrediza, pidiendo salir para hacer sus necesidades fuera. —Gracias a Dios —concuerdo y me siento en el sofá. Caleb se sienta a mi lado, pero mantiene por lo menos dos metros de distancia entre nosotros—. Oh, ¿quieres masajear mis pies? Acá están. —Extiendo mis pies en su regazo y le sonrío.


—No recuerdo haberme ofrecido a hacer eso —se queja, con una media sonrisa, comenzando a masajear mi pie, obteniendo un gemido de placer mío. —Oh, dulce Jesús, eso es muy bueno. El talón de mi pie está apoyado sobre su hebilla y siento su polla crecer. —No comiences —me advierte. —¿Por qué no? —le pregunto, y froto su punta contra sus pantalones con mi pie. —No estoy listo, Piernas. —Aprieta mi pie y continúa masajeándolo. —Uh, Caleb, venimos teniendo relaciones sexuales hace semanas. —Arrugo la frente y me quedo sorprendida al ver como sus mejillas se sonrojan. Para de masajear mi pie y dirige su mirada hacia mí, sus ojos azul hielo irritados como el infierno.

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Capítulo 12

—¿Q

Traducido por VECINA Corregido por Liraz

ué sucede? —pregunto y frunzo mi frente. —¿Cómo puedes estar tan normal? —pregunta, mirándome con aquellos ojos increíbles.

—¿De qué estás hablando? —pregunto y saco mis pies de su regazo, colocándolos debajo de mí. —Podría haberte matado la noche pasada, Brynna. —Suspiro y me tomo la cabeza con mis manos, muy frustrada con él. —¿Es por eso que no vas a tocarme?

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—Joder, sí. —Asiente firmemente. —Caleb, estás siendo ridículo. —Bajo mis manos y lo miro, para encontrarlo mirándome como si yo tuviera dos cabezas. —Brynna, te apreté del cuello sin pensarlo dos veces. Tengo eso en mí. Tenía mi mano —extiende su mano para que yo vea— alrededor de tu pequeño cuello y estaba sacándote la vida y todo lo que tú haces hoy es ser dulce y agradable y jodidamente normal. ¡Nada de esto es normal! —No, no es normal, Caleb, pero ¡no fue a propósito, mierda! —Me inclino y tomo su brazo con la mano, apretándolo fuerte—. Tú nunca me lastimarías, querido. —Soy capaz de hacerlo. —Mueve la cabeza y suspira. —No. No. Eras. Tú. —Se resiste a mirarme a los ojos y está realmente comenzando a irritarme—. Mírame. Niega con la cabeza, mirando hacia mi mano, y no sé por qué, pero eso me deja


completamente irritada. Me levanto rápidamente y subo las escaleras hasta mi cuarto y me meto en el baño. Tengo la urgente necesidad de golpear una puerta, pero no quiero despertar a las niñas. —Todo bien, Piernas, ¿pero por qué estás tan irritada? —pregunta Caleb desde la puerta del baño, los brazos cruzados sobre el pecho, observándome. —¡Porque eres tan terco! —Me alejo de él y me apoyo en el lavabo, con cabeza gacha—. Ya no sé qué decirte para que entiendas que no lo has hecho a propósito, y que yo estoy bien. —Tengo un miedo tremendo de lastimarte —murmura, haciendo que me voltee para mirarlo. —Me lastimas al no tocarme. —Inclino mis caderas contra el lavabo y cruzo los brazos, imitando su postura—. Me lastimas al no hacer el amor conmigo. Ser tierno y dulce con las niñas para después alejarte de mí, eso me lastima.

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—Quiero tocarte como el infierno y eso me está matando —él susurra, sus ojos cerrados y dientes apretados. —Estoy aquí —le digo y me muevo lentamente hacia él. No va a hacer el primer movimiento y que me maten si vuelvo a tener una relación platónica con él. Lo amo. Lentamente le rodeo la cintura con mis brazos y me presiono contra él, sus brazos aún cruzados y presionando entre nosotros. Me inclino, besando su pecho y lo acaricio a través de su suave remera con mi nariz y miro hacia arriba para encontrar su mirada azul observándome. —Tú nunca podrías lastimarme —susurro y beso su barbilla—. Tú me amas. Sus ojos se abren sorprendidos por una fracción de segundo y la próxima cosa que sé, es que estoy en sus brazos, sus manos plantadas en mi trasero y me está levantando contra él, besándome ferozmente.


—¿Estás segura? —gruñe. —Si no me llevas ahora a la cama —respondo entre besos—. Entonces preocúpate por lastimarme. Se ríe, me lleva a la cama y me deslizo hasta que mis pies tocan el piso, comienza inmediatamente a desvestirme. Sin querer sentirme excluida, retribuyo el favor, tirando de su remera negra por su cabeza y dejo mis manos deslizarse hacia abajo por su lisa piel, sobre sus tetillas y todo su torso. —Tienes un abdomen perfecto —murmuro, mirando mis manos recorrer su estómago. —Teníamos que hacer miles de abdominales —se queja secamente y me lleva a la cama con él y, enseguida, como si yo no pesara nada, tira de mis pies y me coloca

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sobre él—. Llevo soñando durante meses con tener tu dulce coño sentado sobre mi cara. —Odio esa palabra, lo sabes —le digo y me equilibro con las manos apoyadas sobre su estómago, mientras coloca mis rodillas al lado de sus hombros y separa mi núcleo abierto. —¿Qué? —Gentilmente me lame, pasando la lengua a lo largo de mis labios, haciéndome jadear—. Tú maldices tanto como Jules, excepto cuando las niñas están cerca, claro. —Parece una palabra sucia —susurro y suspiro de nuevo, cuando siento su lengua barrer mi clítoris hasta mis labios y volver, otra vez, con más fuerza ahora, empujando contra mi excitada carne—. Ah, Dios, eso es tan bueno. —Tengo una mejor vista ahora. —Envuelve los labios alrededor de mi clítoris y tira suavemente, haciendo un sonido cuando lo suelta y no puedo dejar de mover mis caderas en círculo sobre él, con miedo de que se detenga—. Es verdad, nena.

Abre y tira, cuando muerde mi clítoris y los labios una vez más y otra vez. Aprieto


mis manos en sus costillas y miro hacia abajo para ver su polla erecta muy dura y sin darle ni un momento más para pensar, extiendo la mano y la rodeo, moviéndola arriba y abajo, acariciándolo con firmeza. —¡Mierda! —Su voz es baja y dura y me enloquece saber cuánto lo excito. Continúo moviendo mis caderas, rozando mi centro hacia el frente y hacia atrás en su boca, me inclino hacia adelante llenando mi boca con su polla todo lo que puedo. Lo que significa que solo consigo colocar cerca de la mitad de su polla en mi boca, por culpa de su grosor y largo, pero él salta en la cama. —¡Mierda, Bryn! —Mmm —murmuro asintiendo y comienzo a chuparlo, manteniendo mis labios firmes contra la suave piel de su verga, amando la sensación de la punta de la cabeza moviéndose sobre mis labios mientras entra y sale.

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Él desliza dos dedos dentro de mí y pierdo mi concentración, teniendo que sentarme mientras continúa follándome con su rostro. Dios querido, ¡voy a correrme en su cara! —Caleb, tengo que apartarme. —No te atrevas —gruñe contra mí, las vibraciones de su voz me empujan aún más al borde. Me froto contra sus dedos y siento crecer el clímax, mi centro vibra y me corro contra él, descaradamente frotándome contra su boca y nariz. Cuando mi cabeza se aclara, me inclino hacia abajo nuevamente y pongo su polla endurecida en mi boca, chupándola más duro y más rápido, moviendo mi mano hacia arriba y abajo en su eje, hasta que no aguanto más. Lo necesito dentro de mí. Ahora.


Retiro mi coño de su rostro y desciendo por su largo torso, arrastrando mi humidad por todo su pecho mientras recorro mi camino. Mis caderas suben cuando tomo su polla por la raíz y la guío dentro de mí, colocando mis rodillas al lado de su cuerpo y montándolo de espaldas. —Jesús, Brynna. —Sus manos se deslizan por mi espalda, a los costados de mi columna, mi culo y sostiene mis caderas cuando lo monto ferozmente, rodeándolo con mis músculos. Me preparo, apoyándome entre sus rodillas y tomo su escroto con mi otra mano, apretando suavemente. Sus manos caen de mis caderas hacia mis pantorrillas y llegan hasta mis pies, donde se detienen, contrayéndose dentro de mí, reuniéndose conmigo en cada impulso de mis caderas, masajeando mis pies con sus grandes manos. ¡Estoy recibiendo un jodido masaje de pies mientras follo con él enloquecidamente! Y es fan-jodidamente-tástico.

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Su mano derecha abandona mi pie y lo siento acariciar mi nalga derecha, antes que me abra y frote el borde apretado de mi ano, mojado por su boca y mis propios jugos. —¡Puta mierda! —grito pero empujo más contra él. La sensación es extraña y tal vez un poco tabú. No empuja, solo continúa frotando. —Eres tan jodidamente hermosa —gime y sé que está cerca. Aprieto sus bolas en mis manos y su pene se endurece aún más. Me aprieto alrededor de él y profundizo la penetración, entregándome a mi propio orgasmo, moviéndome y temblando sobre él. —¡Oh, Dios mío! —grito cuando se corre duro dentro mío. Mierda. No tenía idea que existiera sexo así. Los dos estamos jadeantes y sudados y estoy segura que perdí la sensación de mis piernas hace por lo menos diez minutos. Me inclino hacia adelante permitiéndole salir lentamente y antes que pueda reaccionar, Caleb me empuja contra él y me


acomoda a su lado. —Estás intentando matarme —se queja y besa mi frente—. Puta mierda, Piernas. —No pude evitarlo. —Me río—. Eres tan caliente… Me sonríe, esos hoyuelos en su rostro en plena explosión. —¿Ves? —pregunto y tomo su rostro en mi mano—. Esto es lo que somos, Caleb. No lo olvides. Se queda serio y me mira durante unos segundos, antes que me tiré para un fuerte abrazo, la nariz presionando contra mi cabello. —Eres la mejor parte de mi vida, Bryn. No lo olvides. Sonrío y beso su pecho, mis ojos pesados por la fatiga.

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Le digo lo mismo a él. ***** —Esa ropa que has comprado para el show es jodidamente caliente —dice Jules y sonríe mientras caminamos por el shopping del centro de Seattle—. ¡Oh, mira! ¡Michael Kors! —Necesitas otro bolso tanto como otro agujero de bala en tu cabeza. —Nate se ríe y besa su frente. —Una mujer nunca tiene bolsos suficientes, As —contesta Jules. Hoy estoy haciendo compras con Jules y Nate, Nat y Luke y Stacy. Era un día de mujeres pero Caleb insistió que deberíamos llevar a los hombres para protegernos, mientras él, Matt e Isaac quedaban en casa con los niños. Creo que al final de cuentas la pasamos muy bien igualmente. Natalie y Luke caminan delante, Luke empujando el carrito de Olivia, y Nat está


con su brazo rodeando su cintura, con la mano metida en el bolsillo de atrás de sus jeans. —Chicos calientes empujando un carrito de bebé son aún más calientes —Stacy se inclina y me susurra. —Luke Williams empujando un carrito de bebé es caliente —respondo y me río, chocando nuestros hombros. —Podemos escucharlas —Nat nos avisa con sarcasmo, haciendo que Stacy y yo rompamos en un ataque de risa. —Yo no he susurrado —respondo. —Si aceptas casarte con una estrella de cine caliente. —Jules provoca a Nat detrás de nosotras, sosteniendo la mano de su propio marido caliente—. Tienes que saber que las personas irán codiciando su trasero.

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—Él tiene un hermoso culo —Nat concuerda y lo acaricia con una sonrisa. —Estoy feliz de que te guste, nena —murmura Luke y la besa suavemente. —Comenzó —dice Jules, haciéndome sonreír—. Ey, tengo que ir al baño. —¿Necesitas ir al médico? —pregunta Nate—. Esta es la cuarta vez desde que llegamos al shopping. —No —le responde—. Bebí mucha agua. —No, no has bebido, Julianne. —Miro por encima de mi hombro para ver que Nate la está observando. —Estoy en medio de los dos hombres más calientes del planeta. Los otros están ahora en mi casa. —Vamos, chicas. Necesitan retocar sus pinta labios —Jules lidera el camino hacia el baño, dejando a Nate, Luke y Livie atrás.


—Yo no uso pinta labios —dice Stacy mientras seguimos a la rubia bajita. Ella está deslumbrante hoy, como todos los días, en un vestido maxi con una chaqueta de jeans por arriba y tacones negros que suenan por el piso cuando camina. Jules es la única mujer que conozco que usa tacones durante todo el día de compras, sin necesidad de un trasplante de pie al final. Si no la adorase tanto, la odiaría. Cuando todas entramos al baño, Jules abre todas las puertas para asegurarse que estamos solas. —Esto no es una escuela, Jules —Stacy le recuerda con una sonrisa. —Necesito que ustedes dos mantengan a Nate ocupado durante un tiempo —dice a Stacy y a mí, los ojos abiertos de excitación. —¿Por qué? —pregunto—. ¿Dónde vas?

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—Ella y yo vamos a comprar lencería, para que pueda usar algo sexy cuando… — Natalie comienza pero es interrumpida por Jules cuando salta, aplaudiendo animadamente. —¡Cuando le diga que estoy embarazada! —¡Puta mierda! —exclama Stacy. —¡Wow! —Asiento y nos apresuramos a abrazarla bien fuerte, balanceándonos hacia delante y atrás. —Oh, déjenme entrar ahí —dice Natalie y envuelve sus brazos alrededor de nosotras. —Y de repente en esta familia brotan bebés —murmura Stacy y se limpia las lágrimas de sus ojos. —Oh, Dios mío, ¿puedes imaginar lo lindo que será este bebé? —pregunto y abrazo a Jules nuevamente—. Este conjunto de genes es realmente impresionante.


—Estoy tan contenta por ti —dice Nat y le aprieta la mano. Jules mira a cada una de nosotras y suspira con una gran sonrisa en el rostro. —Sé que fue rápido. Nos acabamos de casar, hace solo algunos meses que estamos juntos, pero… —ella se encoge de hombros y se lleva el cabello para atrás, por arriba del hombro—. Listos o no, aquí está. —Nate va a quedar enloquecido —dice Natalie con una sonrisa. —¿Entonces, estás pensando primero en tener sexo y luego darle la noticia? — pregunto con una sonrisa. Eso es muy de ella, de Jules. —Claro que sí —Asiente y luego, sus ojos se agrandan—. Espera. Realmente tengo que hacer pis otra vez. ¿Por qué nunca nadie me dijo que una se la pasa haciendo pis mientras se está embarazada?

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—Yo te avisé —dice Nat detrás de la puerta de uno de los baños—. Tú nunca me escuchas. —Entonces, ¿cuál es el plan? —pregunto. —¿Por qué ustedes dos no continúan con Nate y buscan una mesa en aquel lugar italiano enfrente, y Jules, Luke y yo los encontramos luego? —sugiere Natalie, mientras Jules sale del baño y se lava las manos. —Me parece bien —dice Stacy—. Podría comer lasaña. —Ok —Jules sonríe y retornamos con los hombres—. Hey, As, ¿puedes ir con Bryn y Stacy a buscar una mesa en el restaurante italiano al otro lado de la calle, mientras Nat, Luke y yo vamos a comprar alguna mierda para Olivia? —Ella sonríe dulcemente y pasa los dedos sobre su pecho. Él aprieta sus ojos grises por un momento, como si supiera que está mintiéndole e intentando decidir si descubrirla o no. Por fin, se encoje de hombros y simplemente dice:


—Por supuesto. —¡Chau chau! —Livie dice desde su carrito de bebé, sonriendo y apretando su pequeño puño y saludando de aquella manera típicamente infantil. —Chau chau —saludamos, llevando a Nate fuera del shopping. —¿Qué es lo que va a comprar ella realmente? —él nos pregunta en cuanto estamos fuera de su vista. —Cosas para el bebé —respondo con un movimiento de hombros y Stacy asiente, pero ninguna de nosotros podemos mirarlo a los ojos. —Las mujeres siempre se complotan —murmura bajito. Yo lanzo una carcajada. —Yep. Estoy feliz de que finalmente lo hayas entendido. Atravesamos las puertas de vidrio del restaurante italiano y Nate se aproxima a la

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recepcionista para solicitar una mesa, al mismo tiempo que Steven y Gail Montgomery están abandonando el restaurante, riendo con un extraño hombre alto y muy lindo. Steven nos ve y sus ojos se sorprenden, el rostro perdiendo inmediatamente todo su color. —Hola, gente. —Stacy sonríe, feliz de ver a sus suegros. —¡Oh Dios mío! ¡Hola! —Gail nos abraza y se gira hacia el hombre alto que dio un paso atrás y cruzó los brazos sobre el pecho, mirándonos con ojos azules brillantes estrechos. Tiene cabello oscuro, perfectamente cortado y una piel morena, hombros anchos bajo un sweater y apenas un asomo de barba en su barbilla. —Dominic —Gail se dirige a él y se voltea hacia nosotros—. Ellos son Brynna, Stacy y Nate. —Ahora se dirige a nosotros—. Este es Dom Salvadore. —Hola —saluda con un movimiento de cabeza y nos ofrece una media sonrisa y


creo que mis partes femeninas acaban de despertarse. ¿Quién diablos es ese hombre y por qué los padres de Caleb están almorzando con él? —En un momento Jules y Natalie estarán aquí con Luke y el bebé, si los desean saludar —dice Nate con los ojos pegados en Dom, observándolo con cuidado. —Nos gustaría, pero creo que debemos irnos —responde Steven rápidamente, pasando por delante de Gail—. Dale un beso a Liv por nosotros. Ellos saludan y salen rápidamente, dejándonos a los tres mirando hacia un lado y otro con expresiones de intriga. —Extraño. —Finalmente observo. —Definitivamente —concuerda Stacy. Nate saca el móvil del bolsillo.

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—¿Ella dijo qué su nombre es Dominic Salvadore? —pregunta. —Yeah. ¿Qué estás haciendo? —pregunto. —Escribiendo una nota. —Vuelve a guardar el móvil en su bolsillo, me guiña un ojo y yo me derrito. Nate es completamente caliente, pero más que eso, es gentil y fuerte y tan bueno para Jules. Todas lo adoramos. —Podrías darle una patada en el culo —Stacy habla y sonríe. —Claro que podría, querida. Eso nunca estuvo en discusión. Él levanta una ceja y se mofa. —¿Mencioné que tienes un ego del tamaño del Space Needle? —digo. Nate lanza una carcajada, una completa carcajada y envuelve su brazo en mis hombros, acercándome a su costado, mientras la recepcionista nos guía hasta nuestra mesa.


—Ego o no, querida, podría darle una patada en el culo. ***** —No debería haber comido ese tiramisú —murmuro y froto mi estómago, mientras Stacy guarda la minivan en mi garaje. —¿Quién es el que está detrás de nosotros? —pregunta Nat y en seguida se ríe—. Son Will y Meg. —¿Qué es lo que hacen aquí? —pregunto mientras recojo mis compras de la parte trasera de la van. —Isaac nos envió un SOS —Will nos informa con una risa. —¿Qué? ¿Por qué? —La voz de Stacy es de sorpresa, los ojos abiertos de preocupación.

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—Tiene a un policía y a un SEALs en la misma sala que él —responde Luke con una sonrisa y agarra a Olivia en sus brazos, sacándola del asiento de niños del auto. Ella se ríe, como si supiera de lo que está hablando—. ¿Qué podría estar sucediendo allí dentro? Todas nosotras, mujeres, intercambiamos miradas e inmediatamente hacemos el camino más corto hacia la puerta de entrada. Jules saca su móvil y se queda con él apuntando como si fuera a filmar. —¿Qué es lo que estás haciendo? —pregunta Luke cuando abro la puerta. —Estoy lista para documentar lo que hay al otro lado de la puerta. Nunca, en un millón de años, estaría esperando lo que encontramos dentro. —Puta mierda —murmura Nate bajito—. Ey, Jules, ¿está mal que de repente encuentre a tus hermanos súper calientes? —¡Mamá! —grita Sophie y corre hacia Stacy, abrazándola por las rodillas.


—Ese es un muy buen color para ti, hombre. —Luke provoca a Caleb, que pone cara fea. Nadie en la sala se movió, además de Sophie y Jules grabando con su móvil. Los hombres están sentados en el piso, alrededor de la pequeña mesa de las niñas. Josie y Maddie prepararon una fiesta de té con lo que parecen ser sus nuevas muñecas American Girl, caramba, eso debe haber costado una fortuna, y todos, cada uno de ellos, están usando tiaras. Tiaras. Incluso el sargento Bix que está sentado obedientemente entre Josie y Maddie, ostentando una tiara de princesa en la cabeza, su oreja dañada asomando por un costado. Sus cejas moviéndose hacia arriba y abajo, mientras observa toda la escena. —Uau, estás tan lindo, Matt —murmuro, siendo incapaz de callarme más.

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—Ok, la fiesta de té terminó —anuncia Caleb y saca su tiara rosa de su cabeza y se la entrega a Maddie. —Pero solo has bebido una taza —ella le reclama. —Fue suficiente —se queja y se levanta del piso. —Isaac, ¿estás usando un collar? —pregunta Will, lanzando una carcajada y señalando a sus hermanos. —Sophie quería que la usara —responde Isaac, sacando su pecho hacia afuera—. Espera. —Apunta a Luke—. Liz va a hacer lo mismo contigo. —Esto va para Youtube —murmura Jules y continúa filmando. —Desliga eso ahora, Jules —ordena Matt, su voz dura. —Ni a palos. —Mueve su cabeza y se ríe—. Esto es increíble. —¡Dame tu móvil! —Caleb extiende su mano hacia ella y ella le pasa el móvil a


Meg. —¡Tómalo! —grita. Meg lo toma fácilmente y continúa filmando, moviéndose rápido por la sala. Cuando Isaac está listo para sacarle el móvil de su mano, ella me lo arroja. —Piernas, te juro, que si no me das el móvil… —Caleb me gruñe, encarándome. —¿Vas a hacer qué? ¿Me darás palmadas? —Sonrío dulcemente y aparto el móvil lejos de su alcance. —¿Qué es lo que está mal en estas mujeres? —pregunta Matt en general. Luke, Will y Nate están riendo tanto que se toman sus estómagos. —Oh, hombre, este es el mejor día de mi vida. —Jadea Will, mientras intenta que entre aire en sus pulmones—. Estoy tan feliz de que grabaran un video.

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—Voy a quebrar tus piernas —promete Caleb—. ¿Y qué sucede con tus hijas, las pequeñas chantajistas? —pregunta. —¿De qué estás hablando? —pregunto e inmediatamente miro a las niñas, que se rehúsan a mirarme a los ojos. —Ellas nos dijeron de ir hasta la tienda de muñecas American Girl. —Matt comienza—. Estábamos seguros que iríamos hasta allí y eso las mantendría ocupadas. —Setecientos - Dólares. —Isaac gruñe cada palabra—. Para que tres niñas tengan una muñeca y vestuario entero para la muñeca. —¿Por qué has comprado tanto? —pregunto, mis ojos abiertos en shock. —En esa tienda son unos mentirosos —responde Matt con un suspiro—. Las muñecas tienen números, que pensamos eran los precios. —Pero no. —Caleb se une al resto en la sala, observándolos con admiración cuando ellos cuentan su historia—. No, es un código que te dice como encontrar el


precio en un gráfico. ¡Un gráfico! —Entonces, en vez de que esa ropa valga ocho dólares como pensábamos, ¡eran cuarenta malditos dólares! —exclama Isaac, señalando la muñeca de Sophie. —¿Cuarenta dólares por una ropa de muñeca? —pregunta Meg con sorpresa—. Que me muerdan los monos. Durante toda esta conversación las tres queriditas en cuestión estaban silenciosamente jugando con sus muñecas, como si estuvieran solas en la sala. —Y luego, cuando verificamos, estas tres sonreían con las miradas más inocentes en sus rostros. —Matt mueve la cabeza con disgusto. —Ellas no son inocentes —Caleb se queja—. Son unas locas extorsivas. —¿Nate? —Josie camina hacia el hombre alto y oscuro y golpea su brazo para llamar su atención.

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—¿Sí, niña bonita? —él responde y se agacha, manteniendo sus miradas al mismo nivel. —¿Puedo dar un paseo en tu moto cuando esté soleado fuera? —pregunta y enrosca su cabello alrededor de un dedo, sus ojos castaños abiertos y amorosos, y si no me engaño, ella, en verdad, parpadeó para él. —Claro que puedes —responde Nate con una sonrisa y golpea delicadamente en su nariz con el dedo índice. —¡Gracias! —Ella le rodea los hombros con sus bracitos y lo abraza y luego vuelve con su muñeca. —Si ella ya está encima del chico de chaqueta de cuero con una moto… —Will observa con una risa— …tú vas a tener las manos ocupadas cuando crezca. Caleb maldice bajo su respiración, mientras el resto de nosotros se ríe. —Por eso es que nosotros solo vamos a tener niños —dice Nate a Jules, mientras


apunta a Josie. —Entonces, creo que es mejor esperar que éste sea un niño —responde con una sonrisa, observando el rostro de Nate. —Eso está bien, yo… Espera. —Se gira y la agarra por los hombros, mirando su rostro atentamente—. ¿Qué acabas de decir? —Te lo quería contar más tarde, cuando estuviéramos solos, pero no consigo guardar los secretos y casi toda nuestra familia está aquí de cualquier manera, entonces… —Jules se encoge los hombros y se muerde el labio, los ojos brillantes con lágrimas no derramadas—. Vamos a tener un bebé, As. Él se inclina y toma su rostro con las manos, pasa los dedos por sus mejillas y descansa su frente contra la de ella y la sala está completamente silenciosa, mientras esperamos lo que tiene para decir.

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—¿Estoy soñando? —pregunta con la voz emocionada. Ella mueve la cabeza negando y lo rodea con sus brazos. —No. La besa levemente y, luego, profundo y duramente, como nunca lo había visto hacer en público, ni en su casamiento. Él finalmente se aparta y la mira con tanto amor en sus ojos, que me hace nublar la vista, como si estuviéramos invadiendo su privacidad. Caleb entrelaza sus dedos con los míos y aprieta con fuerza. Todos los hombres Montgomery están en silencio. Ella es su hermanita. —Te amo tanto, Julianne —Nate finalmente habla y le limpia las lágrimas de sus mejillas con sus pulgares—. Gracias —susurra. La abraza muy fuerte y giran los dos en círculo antes de volver a dejarla sobre el


piso y mirarnos a todos. —¡Vamos a tener un bebé! —¡Felicidades! —Nos acercamos a ellos, abrazándolos y riendo y volvemos a abrazarlos, conmemorando la alegría de la nueva vida que está pronta a formar parte de nuestra familia. —Mamá —Maddie tira de mi mano para llamar mi atención—. ¿Sophie puede quedarse a dormir hoy? —No, querida. —La levanto en mis brazos y beso su mejilla. Está bastante más pesada para que yo pueda sostenerla así ahora—. Hoy a la noche no. —¿Por qué no? —pregunta Josie. —Sophie tiene que ir a casa y dormir en su propia cama —contesta Stacy con una sonrisa.

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—Ella puede dormir en nuestra cama como Caleb duerme en la cama de mamá — responde Maddie y una vez más la sala se queda en un silencio mortal. Mis ojos se abren y miro alrededor, buscando a Caleb, que está de pie al lado de Nate, también pareciendo un ciervo delante de los faroles en su bonito rostro. Isaac se ríe y todo el mundo se junta a él, y simplemente cierro los ojos e inclino la cabeza contra el hombro de Maddie. Quiero pegarme un tiro.


Capítulo 13 ~Caleb~

—E

Traducido por bellen1930 Corregido por Liraz

ntonces, me trajiste aquí, ¿sólo para recordarme que no estoy en forma? —Brynna planta las manos en las caderas y me mira, después de entrar por la puerta principal de la

academia de Rich McKenna, en el centro de Seattle. —No. —Sonrío y extiendo mi mano para coger su abrigo. —No voy a darte mi abrigo. —Ella hace pucheros.

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—Eres adorable. Dame el maldito abrigo. Ella me mira un poco más, así que Jules grita detrás de nosotros. —¡Aquí están! —¿Jules está aquí? —pregunta Brynna con sus grandes ojos castaños. Antes de que pueda responder, Jules corre hacia nosotros y agarra a Brynna en un fuerte abrazo. —Estoy tratando de convencer a Nate para que me deje hacer algunas flexiones, pero él no me deja hacer nada. —Jules pone los ojos en blanco y luego sonríe—. Voy a engordar. —No creo que eso sea posible —responde Brynna mientras sacude la cabeza—. Además, él tiene razón. A menos que estés aquí para hacer yoga, no hay nada más que deberías hacer en esta academia. —Eso es lo que le estoy diciendo —responde Nate cuando se une a nosotros—. Esta es una academia de lucha. Nosotros no hacemos yoga. —Nate envuelve un


brazo alrededor de sus hombros y besa la frente de mi hermana. —Me alegro de verte —comienza Brynna y me mira—. Pero, ¿qué estoy haciendo aquí? —¿Caleb no te lo dijo? —pregunta Jules. Ella balancea la cabeza y sonríe a Nate de forma interrogante. —Nate te mostrará algunas técnicas de defensa personal. —Le informo y tomo su mano en la mía, apretándola con firmeza. —¿Por qué? —pregunta, encarándose a Nate. —Porque es un tipo duro —responde Jules con orgullo, haciendo que Nate se ría y mueva la cabeza. —¿No me puedes enseñar tú? —me pregunta Brynna en voz baja.

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Por supuesto, si no te importa que me distraiga cada diez segundos, y transforme una clase de defensa personal en sexo caliente y loco. —Podría, pero Nate tiene experiencia en combate real —respondo en su lugar. Ella pone los ojos en blanco ante Nate y frunce el ceño. —Yo soy, tal vez, la mujer que menos está en forma en esta familia. Lo sabes, ¿verdad? En lugar de cintas de correr y pesas, paso mi tiempo persiguiendo y levantando a las gemelas. —No tienes que ser atleta para protegerte, Brynna. —Nate parpadea hacia Bryn, besa a Jules una vez más y luego se aparta, extendiendo la mano hacia Brynna para que lo acompañe—. Vamos. Será divertido. —Dile a mis hijas lo mucho que las amo —pide ella, cuando me mira por encima del hombro—. Y quiero ser incinerada, por favor. Yo me río y niego con la cabeza, mientras me detengo al lado de mi hermana


pequeña, junto al gran cuadrilátero que hay en el centro de la habitación. Nate lleva a Brynna al Ring y comienza a murmurar hacia ella, moviendo las manos mientras habla. —Maldita sea, él es jodidamente caliente —susurra Jules a mi lado. —¿En serio? —pregunto, y frunzo el ceño. —¿El qué? —Ella sonríe inocentemente, luego inclina la cabeza hacia mi brazo—. Él es mío. Puedo decir cosas como esas. —No cerca de mí. —Suspiro y miro a la mujer alta y delgada que está en el ring. —Ella es hermosa —murmura Jules. —Lo es — confirmo y suspiro de nuevo. Ella es tan jodidamente guapa que me quita el aliento.

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No sé por qué insiste en que no está en forma. Es alta y curvilínea, con apenas el tamaño correcto en el culo y los pechos. Sus muslos son sólidos, probablemente por perseguir a las niñas. Y sus ojos castaños me destruyen, si están felices o con miedo o brillando con lujuria. —Y, de acuerdo con las niñas, estás durmiendo en su cama. —Puedo sentir su sonrisa en mi brazo y yo estrecho mis ojos cuando veo a Nate envolviendo su brazo alrededor del cuello de Brynna, cuando se aproximó por detrás. —Lo estoy. —¿Qué más hay que decir? —Entonces, ¿cómo van las cosas? —pregunta Jules, y se aparta para poder mirar mi cara. Yo mantengo mis ojos sobre el Ring. —Todo está bien. —¡Jesús, eres tan difícil ! —Ella me da un puñetazo en el hombro, y luego se aprieta la mano con una mueca—. Ay.


Sonrío y la miro. —No voy a hablar de mi vida sexual contigo. Nunca. —Sólo quiero saber cómo van las cosas. —Ella hace pucheros. —Estamos bien —repito. —¿Vas a ir al show de Nash mañana por la noche? —pregunta Jules con una sonrisa. —Sí. —Asiento y suspiro, llevando mi mano hasta mi rostro. Dios, no quiero ir a ese espectáculo. —¿Estás seguro de que es una buena idea? —pregunta ella en voz baja. Me encojo de hombros con indiferencia.

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—Bryn quiere ir. Ella no va a ninguna parte sin mí, entonces eso significa que vamos. —No tienes que cuidar de ella cada minuto del día, Caleb. —Jules pone los ojos en blanco y sacude la cabeza—. ¿Qué, estás preocupado porqué coquetee allí? —Tú no sabes una mierda de eso —respondo con firmeza. —¡Bueno, si nos dijeses lo que está sucediendo, yo sabría una mierda sobre eso! — responde y suspira profundamente—. Habrá un montón de personas en el show. La miro brevemente, registrando la preocupación en su bonito rostro, y yo sacudo los hombros, mirando hacia otro lado. Habrá un montón de gente, ¡joder! Le doy un guiño y ella jura suavemente. —¡Hey, Craig! ¡Ven aquí y ayúdame! —Nate llama a un chico musculoso al otro lado del Ring.


Craig salta a través de las cuerdas y se une a Nate y Brynna con una sonrisa. —¿Qué puedo hacer? —pregunta, mirando de arriba a abajo a Brynna, y yo siento que mis manos se cierran en puños. —Craig es un buen tipo —menciona Jules de forma engañosamente informal. —¡Hmm! —Suelto un gruñido. —Hacen una hermosa pareja. —Ella golpea el labio con el dedo—. Debería juntarlos. —Debería patearte el culo —gruño. Ella me mira y abre sus ojos, mientras una sonrisa se extiende por su rostro. —No vas juntar a nadie, Jules —le aviso.

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—Parece que no quieres tomarla. —Se encoge de hombros. —Ya la tomé —murmuro y maldigo en voz baja. El marimacho no va a parar hasta destriparme. Jules vuelve su cabeza para mirarme, con su boca y ojos azules muy abiertos. —Tú la amas —susurra. Más que nada. —No puedo tenerla —susurro, y empujo mi mano por mi pelo. —¿Por qué? —Ella se merece algo mucho mejor, J. —Niego con la cabeza, al ver a la increíble mujer en el Ring con mi cuñado y un musculitos que daría su bola izquierda por tener sexo con ella. —¿De qué demonios estás hablando? —Ella está manteniendo su voz baja, pero


puedo decir que está enojada como el infierno. —Voy a terminar lastimándola. Físicamente. Emocionalmente. —Me encojo de hombros otra vez y miro hacia los coléricos ojos de Jules. —¿Y entonces, qué? Van a tener sexo mientras te quedes con ella y luego vas a abandonarla tras la puesta de sol, ¿cuándo todo este dicho y hecho? —Ella me mira con los brazos cruzados sobre el pecho y me siento como un idiota. Porque cuando ella lo dice así, soy un idiota. —No lo sé —respondo y respiro entrecortadamente cuando Nate empuja a Brynna contra el suelo, sacándole el aire. Nate y Craig se agachan junto a ella, ayudándola—. Es sólo que no quiero llevar mi equipaje a su vida y a la de las niñas. Siento los ojos de Jules en mí, entonces, miro hacia abajo y encuentro lágrimas en ellos.

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—Caleb, la vida es demasiado corta para eso. Ella y las niñas te aman. Tú las amas. Sé feliz.

—Envuelve sus brazos alrededor de mi cintura y se aferra a mí,

presionando su cara contra mi pecho—. Sólo se feliz. Todos esos tipos cuyas vidas salvaste, e incluso aquellos que perdieron su vida a tu lado, querrían eso para ti. ¿Cómo lo sabe? Yo no merezco lo que Brynna y sus niñas me están ofreciendo. No pude proteger a mis hombres ni garantizarles el tipo de vida que me veo teniendo con estas increíbles niñas. En cambio, ellos tienen una caja de pino y una bandera americana. —Sé feliz —susurra Jules—. Disfruta de ella. Si ella no puede manejarlo, te lo dirá. Cristo, Caleb, Brynna es una de las mujeres más fuertes que he conocido. Puede lidiar con casi cualquier cosa que le propongas. Arrugo la frente, mientras miro a Nate y Craig con Brynna. Su ceño fruncido mientras se centra en lo que están tratando de enseñarle. Su sonrisa cuando acierta. Su suspiro de exasperación cuando falla y termina el suelo sobre su magnífico culo.


Ella es mía. Craig le susurra algo al oído, haciéndola reír, con los ojos brillantes, un brillo de sudor le cubre el rostro y el pecho, y mi respiración se detiene. Y luego el hijo de puta hace lo que cualquier hombre americano con sangre en las venas haría cerca de una mujer como Brynna. Él le coloca un mechón de pelo detrás de la oreja. Y yo veo rojo. *****

~Brynna~ ¿Cómo diablos puedo concentrarme que no me pateen el culo cuando estoy en el ring con Nate

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McKenna? Sé que él está casado. Con una de mis mejores amigas. Y yo estoy enamorada de su hermano. Pero, por el Amor de Dios, él está como un cañón, mostrando sus músculos perfectamente tonificados extendiéndose por debajo del delicioso tatuaje de su brazo. Su cabello está retirado hacia la nuca, mostrando una barbilla cuadrada y unos brillantes ojos castaños. Todo sobre este hombre grita sexo. Grita. Sexo. Además, él es uno de los hombres más dulces que he conocido, y por otra parte, está completamente enamorado de su esposa. ¿Hay algo más sexy que un hombre caliente enamorado de esposa? No. —Recuerda, si logran poner su brazo alrededor de tu cuello, mueve el brazo hacia


arriba y hacia abajo y golpea duro —susurra Nate en mi oído detrás de mí. Su brazo se envuelve en mi cuello, como si él estuviera sorprendiéndome desde atrás. —De acuerdo —confirmo, aunque no estoy segura de si conseguiré recordar nada de eso más tarde. —Ok, quiero mostrarte algunas técnicas de lucha. —Nate sonríe tranquilizador y se vuelve hacia el lado del ring—. ¡Hey, Craig! ¡Ven aquí y ayúdame! El hombre llamado Craig sube fácilmente al ring, y atraviesa las cuerdas, caminando con confianza hacia nosotros. —¿Qué puedo hacer? —pregunta con una sonrisa. Él es guapo, un estilo de chico grande. Su cuerpo es duro y está hinchado, pero tiene un rostro joven. Apuesto a que fue llamado guapo por toda la escuela. Él es muy guapo, pero no es lo que quiero.

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Lo que quiero está en el borde del ring con su hermana. Miro y veo a Caleb malhumorado junto a Jules, que tiene sus brazos alrededor de su cintura en un apretado abrazo. Me pregunto de qué estarán hablando. —Presta atención, Bryn —Nate me llama y propone a Craig detrás de mí para enseñarme cómo colocar los pies y las manos. Paso varios minutos de instrucción con Nate y Craig colocando sus manos sobre mí, mostrándome cómo asegurar los brazos, y abrir las piernas, apoyando mis caderas. —Ok, ¿estás lista para pelear? —pregunta Nate. —Voy a morir —susurro, ganándome una risa de Craig detrás de mí. —No voy a dejar que te maten —susurra en mi oído—. Además, sabes cómo esquivar. Sólo recuerda lo que dije. Nate se acerca a mí, y cuando pienso que puedo atacarlo, se escapa con otro golpe, y yo estoy de espaldas con el aire noqueándome.


—¡Mierda! —Nate y Craig se agachan a mi lado y cogen mis manos con las suyas, ayudándome a sentarme. —¿Estás bien, cariño? —pregunta Nate. Asiento y arrastro el aire a mis pulmones. Luego lo expulso. Nate da unos pasos hacia atrás, pero Craig me sonríe suavemente, coloca mi pelo detrás de mi oreja y desliza los nudillos en la línea de mi mandíbula, provocando escalofríos en mis brazos. —No hay nada más sexy que una mujer sudorosa —gruñe. —Las mujeres sudadas no son sexy —respondo con una nariz arrugada, sonriendo pero luego me siento culpable y rápidamente busco a Caleb. —Creo que es suficiente por hoy —anuncia Caleb mientras entra en el ring con el rostro congestionado por la ira. Él mira a Craig, que inmediatamente se aleja y

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toma mi mano en la suya, ayudándome a levantarme—. ¿Estás bien? —me pregunta. —Estoy bien. Puedo continuar. —No, es suficiente por hoy. —Le da la mano a Nate—. Gracias, tío. —Cuando quieras. —¡Yo también quiero luchar! —anuncia Jules cuando entra en el ring—. Vamos, Bryn, voy a entrenar contigo. —¡No! —gritan Nate y Caleb al mismo tiempo. —No va a pegarme duro —murmura Jules con un mohín. —No te voy a golpear de ninguna manera. ¡Estás embarazada por el amor de Dios! —Niego y le sonrío—. Puedes aguantar nueve meses sin dar una paliza, Jules. —Nueve meses. —Sus ojos se aprietan, antes de mirar feo a Nate—. Será mejor que


te prepares para muchas palizas verbales si no puedo patearte el trasero en el ring. —Sí, me asustas. —Nate sonríe y tira de ella hacia sus brazos. —Estás sudado —se queja Jules y trata de esquivarlo, pero Nate la sostiene fuertemente. —Ven aquí —refunfuña y entierra el rostro en su cuello, haciéndola reír. —Me voy —anuncia Caleb. —Espera —grita Nate y besa la cabeza de Jules, antes de caminar hacia él—. Si tienes tiempo, me gustaría un mano a mano contigo en el ring. Parece que necesitas una buena pelea. Miro sorprendida de ver Caleb considerando la invitación de Nate. Me mira con sus ojos azules calientes y luego otra vez a Nate.

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—Sí, tengo tiempo. —No lo lastimes, As. —Jules sonríe y besa el rostro de Nate, antes de agarrar mi mano y llevarme a un lado del ring. —¿Lo han hecho antes? —pregunto. —No lo sé. —Jules se encoge de hombros—. Pensaba que no, pero Caleb viene a este gimnasio cuando está en la ciudad, puede que hayan luchado antes. —¿Cascos? —Nate pregunta. Caleb niega con la cabeza y pone su mano en el hombro, quitándose la camiseta por la cabeza y lanzándola en mi dirección. —Maldita sea —susurro con su visión. Cada vez que veo su piel desnuda es como la primera vez. Una multitud se reúne alrededor del ring para ver a los dos atletas.


Ellos se rodean el uno al otro, ambos de la misma altura, hombros anchos, pero donde Nate es oscuro, Caleb es claro. Probablemente es ilegal tener dos hombres increíblemente calientes en el mismo ring. De repente, Nate se inclina, golpea, y la lucha comienza. Durante varios minutos, dan puñetazos y esquivan, patean y empujan, cayendo uno y otro al suelo, sólo para levantarse y comenzar de nuevo. Sus rostros son feroces, sus ojos fijos el uno en el otro, y eso es la cosa más malditamente caliente que he visto en mi vida. —Van a matarse —susurro reverentemente. —Puede ser. —Jules está de acuerdo—. ¡Jesús, míralos! La mano de Nate vuela hacia el rostro de Caleb, quien agarra el puño apretado, y lo

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gira, llevándolo hacia atrás y dejándolo en el suelo, con el codo en el cuello de Nate. Nate da una patada hacia fuera, y ellos continúan, jadeando y sudando. Sangrando. Nate tiene un hilo de sangre saliendo de su nariz, y Caleb está sangrando cerca de su ojo izquierdo. Y ninguno de ellos parece dispuesto a parar. Finalmente, después de que Nate le pega una patada a Caleb en las costillas y éste se la devuelve con un codazo entre los omóplatos, el padre de Nate entra al ring y toca la campana. Ni siquiera me di cuenta de que estaba aquí. —¡Basta! —grita el Sr. McKenna—. Si quieren eliminar más agresividad, utilicen el saco de boxeo. No el uno al otro. Nate y Caleb están doblados con la mano en la cintura, jadeando y sudando,


recuperando el aliento. Jules y yo también estamos tratando de mantener el control. —¿Qué demonios fue eso? —pregunto. —¿Testosterona? —pregunta Jules con un encogimiento de hombros, perpleja—. Eso fue muy caliente. Asiento, y veo cuando Nate se levanta y se aproxima a Caleb, le da la mano y tira de él en un abrazo masculino. Habla en voz baja por unos momentos, y los ojos de Caleb se estrechan, antes de apartarse hacia atrás y mover la cabeza, Nate le ofrece una media sonrisa y le pega con fuerza en el hombro. Ambos descienden del ring, y nos sonríen. —¿Te sientes mejor? —pregunta Jules. —Sí. —Nate se encoge de hombros y le ofrece una sonrisa arrogante—. Podría haberlo derribado.

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—En tus sueños, McKenna. Te ganaría fácilmente —responde Caleb y pasa los brazos por la camisa, poniéndola por la cabeza. ¡Oh, no escondas esos músculos sudorosos todavía! —Deberíamos irnos —susurro y sonrío a Caleb. Él aún está un tanto reservado y tranquilo, y yo no consigo descubrir qué error he cometido. —Nosotros también tenemos que irnos —dice Nate y atrae a Jules con él, incluso sabiendo lo sudoroso y sucio que está. —¡Nos vemos mañana por la noche! —Jules rie, y sin entusiasmo lucha para apartarse de Nate. Caleb me lleva hasta el auto, me abre la puerta, sin decir una palabra y luego se sube por el lado del conductor. Después de conducir durante más de diez minutos en completo silencio, me decido a aligerar el ambiente. —Yo no coqueteaba —dejo escapar.


—¿Qué? —me pregunta, echándome un vistazo. —Con Craig. Él flirteó conmigo, pero yo no coquetee con él. —Cruzo los brazos sobre el pecho y miro por la ventana, sin prestar ninguna atención a los puntos turísticos del centro de Seattle, o a la lluvia rodando por la ventana. —Me importa una mierda ese tipo —murmura Caleb y da la vuelta hacia mi calle. —Entonces, ¿qué he hecho mal? —pregunto con el ceño fruncido. Traga saliva y me mira, frotando los dedos sobre sus labios y parece que va a decir algo, pero cambia de idea. —Nada. Está mintiendo. —Caleb...

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—Estoy bien —me interrumpe y conduce el auto hacia el parque cuando llegamos a mi casa—. No te preocupes por eso. Cuando entramos, Caleb verifica la alarma, las ventanas y puertas, deteniéndose en la cocina, evitando mi mirada. Bix nos saluda feliz de vernos, y Caleb acaricia su cabeza, todavía sudado y sucio de su vigoroso ejercicio con Nate. —¿Quieres venir conmigo a la ducha? —pregunto. Sacude la cabeza y se dirige al patio trasero. —Voy a trabajar un poco. Llámame si me necesitas. Y con eso, él se marcha con el perro a cuestas, y va directamente a las pesas que están en el estudio de Natalie, trabajando enérgicamente con ellas. En el momento en el que se detiene, sus músculos debían estar protestando, pero fue directamente a la barra que tenía instalada para las flexiones, se colocó e inmediatamente comenzó a subir y bajar la barra.


Bix se acomoda en el suelo, observándolo. ¿Qué diablos está pasando en su cabeza? —¡Mamá! ¡Mamá! —Las niñas vienen corriendo por la puerta principal, con los abrigos y mochilas, contentas de estar en casa después de la escuela. Matt sonríe en la puerta. —¿Se divirtieron en el gimnasio hoy? —pregunta. —No me hagas hacerte daño —contesto con una sonrisa—. Ahora puedo hacerlo. —Es bueno saberlo. —Sacude la cabeza y luego frunce el ceño—. ¿Dónde está Caleb? —Fuera, entrenando. Está malhumorado —respondo con un suspiro, y saco las mochilas de las niñas de sus espaldas.

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—En ese caso, voy allí. Nos vemos más tarde. —Matt asiente, mientras le doy un beso a las chicas. —¿Tuvieron un buen día? —pregunto. —Sí —responde Maddie—. ¿Por qué está Caleb enfadado? —No lo sé. —¿Le preguntamos? —Josie le sugiere a Maddie sonriente, y ambas corren hacia la puerta antes de que les pueda pedir que se queden quietas. Guardo sus mochilas y recojo los ingredientes de la nevera para preparar la cena, y escucho los gritos de risa de las niñas en el patio trasero. Miro fuera por la puerta de vidrio para encontrar a Caleb agarrando a Maddie de la cintura, sujetándola hasta su barra, y ayudándola a subir y bajar, haciendo levantamientos. Ella mira por encima del hombro de él, con una enorme sonrisa en su rostro, llena de confianza y amor, mientras que Josie y Bix hacen círculos alrededor de ellos, riendo y ladrando.


—¡Bájame! —grita Maddie, y Caleb la baja y luego agarra a las dos niñas en sus brazos, cayendo en el suelo, pero asegurándose de que ellas caen encima de él, mientras Bix ladra y salta alrededor de ellos, con su sonrisa de cachorro y con la lengua suelta cayendo de su boca . Es la imagen más dulce que he visto en mi vida.

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Capítulo 14 Traducido por Bellen1930 Corregido por Lsgab38

—¡E

l show fue increíble! —exclama Stacy cuando se instala al lado de Isaac, copa en mano, y sonriendo ampliamente. Mi prima está firmemente empecinada en emborracharse.

—Lo estuvo. —Asiento y sonrío, no puedo evitar mirar a Will y a Meg, que estánabrazados en un sofá cercano—. Will —le llamo—. Esa fue posiblemente la propuesta más romántica que he visto en mi vida. Estamos todos en la fiesta después del primer show de Nash en su gira de Sunshine, donde Will sorprendió a todos al salir al escenario y pedir a Meg que se casara con él, frente a miles de fans gritando.

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—Soy un tipo romántico. —Se encoge de hombros y sonríe. —Eres es un montón de cosas, cariño —responde Meg con una carcajada— pero romántico no es una de ellas. ¿No será que Luke te dio algún consejo? —¡Hey! ¡Tengo mis momentos románticos! —Will le frunce el ceño y luego le susurra algo inapropiado al oído, haciéndola sonrojar furiosamente. —¡Ah! Sí, eso es cierto. —No quiero saberlo. —Matt sacude la cabeza con una sonrisa, y luego mira a Caleb, que no ha hablado en toda la noche, incluso me miró solo dos veces. Estoy con ropa sexy, y él ni siquiera lo notó. Además, su cuerpo está tenso, y sus ojos están estrechos, observando el ambiente, la gente que está a nuestro alrededor, y en general irritándome. Sé que está tratando de mantenerme a salvo, pero por el amor de Dios, tengo más músculos a mí alrededor ahora que el propio presidente. —¿Estás bien, amigo? —le pregunta Matt.


—Todo bien —responde Caleb con un movimiento de cabeza. —¿Está seguro? —pregunto, apoyando mi mano en su brazo. Él no se digna a mirarme, apretando más la barbilla si eso es posible. —Estoy bien —repite con una voz fuerte y firme. —Hey, Sam —Jules llama a Sam desde el otro lado del cuarto—. Leo te estaba buscando hace unos minutos. Deberías ir al baño. Samantha está saliendo con Leo, el vocalista de Nash, y no podía estar más feliz por ella. Hacen una hermosa pareja. Leo es alto, tatuado y sexy, pero Sam tiene los pies en el suelo y no tiene miedo de ponerle en su lugar, cuando su ego se le va un poco de las manos. No es que él lo haga mucho, pero creo que a Sam le gusta provocarle. —¿Sabes por dónde se fue? —le pregunta Sam.

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—Por ahí en el pasillo. —Jules apunta hacia la puerta y Sam sale para encontrarse con su hombre. —Te apuesto a que dentro de poco ella va a conseguir varios orgasmos —me susurra Stacy, haciéndome sonreír. —Por supuesto —le confirmo y sonrío. —¿Dónde están las niñas y Bix esta noche? —pregunta Isaac. —Están con mis padres —contesto con una sonrisa. —Ustedes necesitan una habitación. —Jules frunce el ceño a Will y Meg, que actualmente se están acariciando abrazados en el sofá. —Querida, se acaban de comprometer. —Nat mira a Jules—. Deja que se diviertan. —No te importa, porque tú te vas a unir a ellos en cualquier momento —le acusa Jules con los ojos entrecerrados.


—Buena idea. —Luke sonríe a Nat, abrazándola y besándola profundamente, ganando un fuerte gemido de Jules. —Puff —murmura y bebe su agua—. Meg, quiero ver tu anillo de nuevo. Meg extiende alegremente la mano izquierda a Jules para que lo inspeccione, sonriendo con orgullo. —¿Lo escogiste tú solo? —le pregunta Matt a Will. —Sí. —Elegiste bien —Natalie murmura y sonríe cálidamente. —Tienes buen gusto. —Claro que sí. —Will se ríe y besa el rostro de Meg.

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—¡Y él es tan modesto! —Meg asiente y empuja los dedos por su pelo. —¿Te sorprendí? —le pregunta Will. Ahora su voz es suave y no tiene ningún rastro de arrogancia. —Completamente —asegura Meg, besándole—. Es la mejor sorpresa de mi vida. —Brynna, estás preciosa esta noche —comenta Luke, antes de levantar el vaso y beber, sorprendiéndome. —Gracias —murmuro y siento enrojecer mi rostro—. Me alegra de que alguien se diera cuenta —murmuro y miro lejos del grupo, examinando la multitud. Las chicas intercambian miradas y luego observan a Caleb y a mí, pensando que estaban siendo discretas. Gracias a que mis hijas anunciaron nuestros arreglos para dormir la semana pasada, y que finalmente confíe en ellas cuando nos preparábamos para el show de esta noche, saben que Caleb y yo tenemos sexo. Pero les dije que era sólo sexo y nada más. Porque, honestamente, no sé lo que es. Sé que estoy completamente enamorada de él, y creo que me ama, pero él cambia, y a veces es muy frío y otras muy caliente, y no consigo entenderle. Es frustrante como


el infierno. Caleb se acerca a mí todavía más, cuando un hombre que nunca había visto se nos aproxima. —Perdona, ¿eres Luke Williams? —pregunta el hombre en voz baja. —Sí. —Luke asiente y se vuelve hacia el señor mayor. —Soy Roger, el padre de Jake. —Él responde con una sonrisa, extendiendo la mano para saludar a Luke. Jake es el guitarrista de Nash—. Mi esposa es una gran fan. ¿Te importaría saludarla? —Será un placer —Luke responde con una sonrisa y se vuelve hacia nosotros—. Volveré. —¿Cómo se controla Luke en noches así, con tanta gente a su alrededor? — pregunta Stacy a Natalie, refiriéndose a su fobia a las multitudes y siendo reconocido gracias a sus famosas películas, donde era el protagonista.

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—Él está bien —nos asegura Nat con una sonrisa—. Se mantiene tranquilo al estar con todos nosotros. Sólo cuando está sólo le es difícil. Will asiente con comprensión, y apoya su mejilla en la cabeza de Meg, mientras que Sam y Leo entran en la sala, de la mano, compartiendo una sonrisa. —¿Les gustó el show? —pregunta Leo, acomodándose detrás de Sam y envolviendo los brazos alrededor de sus hombros, empujándola contra su pecho y besando la parte superior de la cabeza. —Fue genial, Leo —contesto con una sonrisa—. Me encantaron las nuevas canciones. —Sunshine es una gran canción. —Jules asiente y hace un guiño a Sam. Extiendo la mano y entrelazo mis dedos con los de Caleb esperando llamar su atención y empezar una conversación. Él me mira rápidamente y aprieta mi mano, pero por otro lado sigue mirando y escuchando, sin participar en la conversación. Finalmente, levanto mis dedos y le susurro al oído:


—¿Estás listo para irnos? —Sí —responde inmediatamente—. Brynna y yo nos vamos —anuncia, dando la mano a los chicos y besando en las mejillas a las chicas—. Fue un gran show, hombre. —Gracias. Nos vemos dentro de algunas semanas cuando regrese a casa de la gira. —Leo me sonríe cálidamente y me besa en la mejilla, haciendo que mis dedos se doblen un poco—. De ahí al infierno —susurra y me sonríe, en cuanto me aparto. Sonrío de nuevo y sigo a Caleb, con mi mano todavía firmemente unida en la suya, hasta el estacionamiento. —¿Caleb? —Vamos al auto, Bryn —responde con calma, pero escucho el tono de su voz. Él no está enojado. Tiene miedo.

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Y eso, simplemente, me hace temblar las rodillas. Caleb es el hombre más fuerte que conozco, pero el que esté aquí, preocupado por mi seguridad y lidiando con sus propios demonios, simplemente porque yo quería venir al show, dice mucho acerca de lo que siente por mí. Iría al infierno por mí. De hecho, ya fue. Llegamos al auto, me empuja con seguridad al interior, y a continuación, se mueve al lado del conductor y entra, cerrando y bloqueando la puerta detrás de él. Enciende el auto, con los dedos blancos detrás del volante, conduciendo rápida y eficientemente a través del estacionamiento. Sus músculos no sólo están apretados, están estirados y agrupados sobre el suéter negro, y cada parte de él es pura tensión. Me acerco, pongo suavemente mi mano en su muslo y suspiro. Su pierna está flexionada, y puedo sentir el contorno de cada músculo a través de sus pantalones vaqueros. —¿Estás bien? —murmuro. Me mira, con sus ojos azules calientes y oprimidos, y asiente.


—Sí. —Cariño, todo está bien. —Deja caer una mano en el volante y cubre la mía en la pierna, apretándola para tranquilizarme. ¿Qué puedo hacer para ayudarlo? De repente, una idea se forma en mi cabeza, me muevo y rozo mis dedos por su cara y a lo largo de su mandíbula. —¿Caleb? —llamo suavemente. —Hmm —responde. —Habla conmigo, marinero. Exhala profundamente, se concentra en la carretera por un momento y cuando pienso que no va a hablar, me susurra:

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—Lo siento. —¿Por qué? —pregunto, sorprendida. —Sé que no fui muy divertido esta noche. No soy muy bueno cerca de tantas personas, Bryn. Me ponen nervioso. —No teníamos que venir, Caleb. —Tú querías estar aquí. Yo quería que vinieses y te divirtieras un poco. —Lleva la mano a su cabello y siento que comienza a relajarse, poco a poco. —Gracias —respondo en voz baja y me inclino para besarle la mejilla. Mis dedos se mueven suavemente hacia arriba y abajo en su muslo, acariciándole suavemente. Dejo caer un beso en su hombro, y después en sus bíceps. —¿Qué estás haciendo, Piernas? —pregunta. —¿Puedo probar algo que nunca he hecho antes?


Me mira y frunce el ceño ligeramente, con curiosidad, y finalmente me ofrece una media sonrisa. —Ok. —Vas a tener que controlar un poco el volante —le informo, y alejo su cinturón de seguridad, alcanzando sus pantalones. Sus ojos se abren. —¿Bryn? —Te la voy a chupar en el auto —hablo, naturalmente, bajo la cremallera y agarro su polla caliente. Apoyo mis rodillas en el suelo, me acomodo y lo empujo en mi boca. —Joder —susurra cuando descansa su mano en la parte posterior de mi cabeza, metiendo sus dedos en mi pelo mientras asciendo y desciendo en él, chupando,

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lamiendo, y tirando de su hermosa polla. Le doy una lamida a sus bolas, hasta la parte inferior a lo largo de una gruesa vena saliente, hasta la punta, y trazo la parte superior de la cabeza y la ranura con mi lengua. —Me encanta tu verga —murmuro y me hundo nuevamente, empujando hasta el fondo de mi garganta. Lo mantengo, presionando con mis labios y engullo, masajeando la punta con mi garganta. —Santo Jesús, Bryn , me voy a correr en el puto auto —gruñe— no sigas. Chupo más y me muevo más rápido. Agarro lo que no cabe en mi boca con la mano y giro su polla, dándole la mejor mamada de su vida. Pasa la mano sobre mi cabeza, mi espalda y mi culo y aprieta con fuerza, frotando sus dedos a lo largo de la costura de mis pantalones vaqueros, dejando mi coño caliente. Agarro sus pelotas en mi mano y planto mi lengua en la parte inferior de su polla, provocándole, sabiendo muy bien que él está cerca de correrse en mi boca.


No puedo esperar. —Detente, Bryn, me voy a correr. Sacudo la cabeza, aumento mis esfuerzos, y de repente puedo saborear el aroma salado de él llenando mi boca, salpicando la parte posterior de mi garganta y me trago todo, hasta dejarle limpio antes de inclinarme hacia atrás, y cerrar su ropa, sonriendo presuntuosamente en el asiento del pasajero. —Creo que puedo afirmar que ahora me miraste, ¿no? —pregunto con una sonrisa. Está jadeando, con la boca abierta, y me mira con una mezcla de admiración, lujuria e... ¿ira? Trago saliva seca... seca ¿Por qué diablos está enojado? Para en casa, detiene el auto bruscamente en el aparcamiento y antes de que me diese cuenta, estamos en casa, y estoy atrapada en la puerta con Caleb quitándome la ropa.

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—Caleb... —Ya lo dije antes, Piernas —comienza y lanza mi top y sujetador por encima de su hombro, y luego llega a mis jeans—. Tú siempre gozas primero. Siempre. ¿Quieres jugar a este juego? —Saca mis jeans por las piernas y los lanza a un lado, junto con mi ropa interior, y coloca una de mis piernas por encima del hombro, dejándome abierta de par en par—. Espero que estés preparada para lo que comenzaste. Y antes de que pueda formar un pensamiento coherente, presiona un pezón entre el pulgar y el índice y entierra su cara en mi coño, chupando y tirando de mis labios, lamiendo mi ano hasta mi clítoris, con movimientos largos y duros. —¡Puta Mierda! —exclamo y le agarro la cabeza con una mano, tirando de su pelo con la mano y sosteniendo mi cuerpo en la manija de la puerta, rezando para no caer. —¿Crees que no te he visto esta noche, cariño? —murmura entre largas lamidas arriba y abajo en mi coño con su lengua—. ¿Crees que no me doy cuenta de lo caliente que estaba tu culo y piernas con esos vaqueros y esos tacones “jódeme” en


los pies? Me retuerzo contra la puerta mientras empuja un dedo dentro de mí y tira de mi clítoris a través de sus labios con un fuerte ruido. —No puedo ver nada, sólo tus piernas. Aprieta su lengua contra mi clítoris y mantiene un ritmo duro con su dedo, conduciéndome a un orgasmo enloquecedor. Mis rodillas tiemblan, pero me sostiene fuertemente presionada contra la puerta, mientras grito y giro mis caderas, presionándolas contra su rostro. Él se aleja apenas un segundo, empuja un segundo dedo dentro de mí y mira hacia arriba para ver mi cara cuando golpea mi dulce botón y me da otro orgasmo. Se levanta y me empuja a la sala de estar, hasta la superficie más próxima, que casualmente es una silla, dobla mi espalda y estoy de nuevo de rodillas.

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—Caleb, te necesito en mi interior —lloriqueo. —Llegaremos a eso más tarde —murmura y mordisquea cada una de mis nalgas con suficiente fuerza como para dejar una marca. —¡Ouch! Se ríe y pone sus manos en mi espalda, en mi culo y me abre. —¿Te gusta mi polla? —pregunta, con voz ronca. Asiento vigorosamente. —Bien, me encanta —responde y planta su lengua en mi clítoris y se arrastra lentamente por mis pliegues hasta mi ano—. Amo cada centímetro de esto. ¿Sabes lo que es esto? —Uh, es mi vagina, Caleb —contesto secamente. Da una bofetada a mi culo, no demasiado fuerte, lo suficiente para llamar mi atención y lo miro, sorprendida. —No, es tu coño, Brynna.


Le frunzo el ceño y él se ríe, estabilizando sus ojos de nuevo en mi centro húmedo. —Sí, es una palabra sucia, cariño. Pero esto... —mete un dedo en mi interior y me estremezco—. Este es el coño más dulce que he probado jamás. Entierra su rostro en mi de nuevo, empujando su lengua dentro y presionando su pulgar contra mi botón y me vengo una tercera vez, estremeciéndome y temblando, me apoyo en la silla, cuando mi pies dejan el suelo. —¡Joder! —exclamo—. ¡Caleb! —Sí, nena —responde, besando y lamiendo mis nalgas y mi espina dorsal, plantando besos húmedos entre mis omóplatos. —Te quiero dentro de mí —respondo sin aliento—. Por favor. Golpea mi culo, me gira rápidamente, y me acomoda en el respaldo de la silla, pone su brazo alrededor de mi cintura para asegurarme y orienta su larga polla dura

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dentro de mí, pero se detiene. Su rostro está al nivel del mío, a milímetros de mí, y cuando habla puedo sentir mi olor en él, y casi puedo sentir sus labios en movimiento. —Vas a aprender —empieza a deslizar su mano libre sobre mis caderas, entre nosotros, para poder presionar mi clítoris con el pulgar—. Hacerte gozar es mi puto trabajo, Brynna. —Mueve el pulgar hacia atrás sobre mi clítoris ahora hinchado e hipersensible, haciéndome apretar su pene alrededor. —Por favor —susurro. —Por favor, ¿qué? —pregunta, y barre sus labios sobre los míos. —Por favor, muévete, amor. Te necesito. —No hasta que te corras de nuevo. —Me informa con un gruñido bajo. Lo siento enterrado dentro de mí, las bolas contra mi culo, presionando su pulgar sobre mi clítoris, y se inclina y muerde mi cuello, enviándome al borde de nuevo.


—¡No puedo seguir con esto! —grito cuando siento que mi cuerpo se pone rígido y tengo espasmos contra él. Si no fuera porque su brazo me sostiene, me hubiera caído de la silla. Finalmente, comienza a moverse lentamente con movimientos suaves, y grito con la increíble sensación de su polla aterciopelada arrastrándose contra mi núcleo. Me besa profundamente, declarando su posesión, y luego descansa su frente contra la mía mientras comienza a moverse más rápido y más fuerte, bombeando mí clítoris contra su pubis con cada embestida. —Eres tan sexy, Piernas —susurra y aprieta los ojos cerrados cuando se corre, frotando y presionando contra mí, cuando se libera. Lo abrazo y entierro a mi cara en su cuello, absorbiendo los temblores de su cuerpo en cuanto su orgasmo lo atraviesa. Está jadeando y sudando, aferrándose a mí como si tuviera miedo de perder el

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contacto conmigo. Beso su hombro y mantengo mi abrazo sobre él, consolándole, amándole. ¡Dile que lo amas! Pero antes de que pueda decir una palabra, se levanta de la silla, aún dentro de mí, y me lleva por las escaleras. —Nunca nadie me había cargado antes —murmuro con una sonrisa—. Nunca nadie fue lo suficientemente fuerte. —Te puedo llevar en cualquier momento, cariño —susurra y me lleva a la cama, apoyándome en mi espalda, cerniéndose sobre mí con sus brazos—. Eres hermosa. Arrastro mis dedos por su mejilla y le sonrío. —Gracias. —¿Por qué? —pregunta con el ceño fruncido.


—Por esta noche. Sé que estabas triste, pero estabas allí porque yo quería ir. Gracias por eso. Niega un poco y me ofrece una media sonrisa, apareciendo sus sexys hoyuelos, y susurra: —Creo que haría cualquier cosa por ti. —No eres el mismo desde ayer en el gimnasio —susurro, aprovechando la oscuridad y la calma—. ¿Quieres hablar de ello? Suspira y se instala junto a mí, mirando nuestras manos entrelazadas y finalmente susurra: —Estaba preocupado por esta noche. Me quedo quieta, simplemente observando su rostro mientras piensa, y lentamente relaja los músculos de su cuerpo duro, liberándose por fin.

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—Tenía miedo de que una de dos cosas, o que ambas sucedieran a la vez: O tendría un ataque de pánico en medio del show, o toda la experiencia de esta maldita noche me provocarían pesadillas, y tenía mucho miedo de hacerte daño de nuevo. —Su voz no es más alta que un susurro. Me subo encima de él y me envuelvo alrededor de su cuerpo, apretando los brazos y las piernas a su alrededor y enterrando mi cara en su cuello. —Estoy bien aquí, Caleb Montgomery, y las pesadillas no vinieron. Además... — murmuro y levanto mis caderas, lo que le permite deslizarse dentro de mí otra vez—. No tienes pesadillas cuando estás conmigo y no he terminado de hacer el amor contigo. —¿En serio? —me pregunta con una sonrisa suave e invierte nuestras posiciones, colocándome sobre él. Comienza a moverse lentamente, apoyándose en los codos, mirándome con los ojos azules brillantes. Acaricia mi nariz y suspira en voz baja mientras hace el amor conmigo lentamente.


—Sí —confirmo y dejo escapar un gemido cuando mueve sus caderas para frotar la punta de su pene sobre mi punto G—. Y también pretendo dormir desnuda esta noche. —Es el mejor plan que has tenido durante todo el día, cariño —refunfuña.

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Capítulo 15

E

Traducido por Bellen1930 Corregido por Lsgab38

l teléfono de Caleb está sonando. Estoy de espaldas y él está envuelto en mi cuerpo, aferrándose a mí y respirando lenta y constantemente, en un descanso aparentemente sin sueños.

Brynna-1 Pesadillas-0. —Caleb —empujo su hombro e intento alcanzar el teléfono, pero está muy lejos—. Caleb, el teléfono. Frota su cara contra mi pecho y luego me mira con ojos de sueño.

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—¿Eh? —El teléfono está sonando, cariño. Lo alcanza y lo presiona en su oído, inmediatamente despierto y alerta. —Montgomery. Al otro lado, un hombre está hablando. Caleb se levanta de la cama, desnudo como el día en que nació, y sostengo mi cabeza con la mano para verle caminar al lado de la cama. —Dime que está pasando. Gruñe, y desconecta el teléfono. —Mierda. —¿Qué pasa? —le pregunto, y me siento mirando el reloj. Son las seis de la mañana.


—Matt está en camino. Necesitamos vestirnos. —¿Que sucede? —pregunto, y me levanto de la cama, sólo para que los brazos de Caleb me apresen y me empujen contra él. —No me lo dijo. Estará aquí en unos pocos minutos. —Me abraza fuerte y entierra su rostro en mi cabello, respirando profundamente—. Tienes un olor increíble. Me río y le doy un beso en su pecho antes de alejarme para tomar algo de ropa. En cuanto me pongo una camiseta sobre la cabeza, suena un fuerte golpe bang bang bang en la puerta principal. —Eso fue rápido —murmuro con una sonrisa. —Ya estaba en camino cuando llamó. —Caleb se pone los vaqueros en las caderas, toma una camisa y me lanza una sonrisa, antes de girarse y caminar hasta la puerta del dormitorio—. ¿Ya te he dicho lo fantástica que estás por la mañana?

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—Uh, no. —Bueno, lo estás. —Me mira de arriba abajo y me deja aquí, en mi habitación, mirando la puerta vacía. Le oigo responder y abrir la puerta, dejando entrar a Matt, y corro para ponerme unos legging, y atarme el pelo. Cuando bajo las escaleras, Matt y Caleb están de pie en la sala de estar, Caleb, con los brazos cruzados sobre su pecho enorme, y Matt, con las manos apoyadas en las caderas, ambos sombríos. —¿Cual es el problema, chicos? —les pregunto—. ¿Y por qué estás con tu espeluznante uniforme de policía? —interrogo a Matt, señalando su placa y su arma. —Me voy a trabajar —responde con un suspiro—. Mira, recibí una llamada esta mañana de Chicago. Todos los pelos de mi cuerpo se erizan, y automáticamente extiendo mi mano hacia la de Caleb.


—Al parecer, el compromiso de Will Montgomery durante el concierto de Nash, es una gran noticia, y se ha publicado en todos los noticieros de la mañana. —¿Entonces? —le pregunto, y arrugo la frente—. ¿Cuál es el problema? —No debería haberlo, pero varias fotos de la noche anterior incluyen fotos y vídeos de la familia, Brynna. —Suspira y sacude el mentón con ojos preocupados y profesionales hacia mí, mientras que las implicaciones de lo que dijo entran en mi mente. —Estaba en esas fotos —susurro y me siento en el sofá que hay detrás mío. Caleb maldice en voz baja y se sienta a mi lado, abrazándome y acercándome a su lado. —Si —confirma Matt—. Uno de los chicos de la Policía de Chicago me llamó esta mañana. No sabemos si alguien se dará cuenta, pero es sólo cuestión de días antes de que lleguen a las revistas nacionales, así como estarán en todas las noticias de esta noche.

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—¿Por qué tuvo que declararse de esa manera? —pregunta Caleb en voz baja, y besa mi hombro. —Él no lo sabía —susurro, y por primera vez en más de un año, me arrepiento de mi decisión de mantener al resto de la familia en la ignorancia—. Él no lo sabía, porque no dejé que se lo contaran. —Ahora tenemos que decírselo —murmura Matt. —Lo sé. —Asiento y enderezo mi columna vertebral—. Hoy. —Hoy tengo que hacer un turno —dice Matt, mirando el reloj y se estremece—. Pero esta noche, reuniremos a toda la familia y hablaremos con todos para esclarecer lo sucedido y averiguar qué haremos a continuación. —Voy a hacer alguna llamada y mantener un ojo en los medios de comunicación. Mi informador en Chicago tratará de ponerse en contacto con alguno de los tipos encubiertos para ver lo que saben, pero pueden pasar varios días hasta que recibamos una respuesta.


—¿Tus padres se pueden quedar con las niñas una noche más? —me pregunta Caleb—. Prefiero que no estén aquí cuando hablemos con nuestras familias. —Sí. —Asiento—. Estoy segura de que no será un problema. A pesar de todo, quiero ir a pasar tiempo con ellas hoy. —Trago saliva y miró a Matt, que asiente y me sonríe tranquilizador. Caleb saca su teléfono y empieza a enviar mensajes de texto a la familia. Reunión familiar hoy, 18:00. Casa de Brynna. Obligatorio.

***** —Hey, gracias por venir. —Beso el rostro de Stacy cuando ella e Isaac entran en mi casa. Son los últimos en llegar—. ¿Los padres de Luke se quedaron con todos los

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niños? Stacy asiente, mientras Isaac nos lleva a la habitación. Mi casa está completamente llena. Los padres de Stacy están sentados en la mesa del comedor, mientras que todos los hermanos están reunidos en la sala de estar. Luke y Natalie están compartiendo una silla mientras que Jules, Nate, Mark y Sam están en el sofá. Will, Meg, Isaac y Stacy se sentaron en los asientos restantes, y todos los ojos se volvieron hacia mí, Caleb, y Matt. ¿Por qué de repente me siento tan jodidamente culpable? —Entonces, ¿qué pasó? —pregunta Will—. ¿Dónde están los padres de Bryn y las niñas? —Mis padres están en casa con las niñas. Es mejor que ellas no escuchen esto. — Las últimas palabras son dichas en un susurro, y todo el mundo intercambia miradas curiosas. —¿Ustedes

están

bien?

—pregunta

Steven

Montgomery,

y

tengo

que


parpadear furiosamente para alejar las lágrimas. Puff, esta conversación apenas comienza, y el suministro de agua en mi conducto lagrimal ya comenzó. Asiento y miro a Matt y a Caleb para recibir orientación. —Todos saben —Matt comienza y suspira— que Brynna llegó a casa abruptamente hace aproximadamente un año. Isaac se frota las manos por la cara y maldice en voz baja. Él conoce la historia y guardó mi secreto todo este tiempo. —¿Lo sabías? —pregunta Stacy, con su voz llena de dolor. Él suspira profundamente y la agarra por los hombros, atrayéndola y besándole la cabeza mientras le susurra. —Es hora de que todos sepan por qué —anuncio y ofrezco una sonrisa vacilante a Caleb y a Matt—. Tienen que escucharme.

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Trago saliva y miro alrededor de la habitación, a este hermoso grupo de personas que se han convertido en mi familia y mis mejores amigos. —En el Día de Acción de Gracias, hace poco más de un año, estaba llevando a las niñas a casa de su padre para que pasaran unos días con él. Justo antes de llegar allí, Jeff fue asesinado por miembros del cartel de drogas donde estaba trabajando encubierto, y cuando llegué a la puerta de su casa, ellos se estaban marchando. Hay una mezcla de emociones en todos los de la sala. Algunos suspiros. Ojos espantados. Bocas abiertas. Las manos de Nate están en un puño. —No he conseguido identificar a ninguno de ellos —continúo y retuerzo mis manos—. Pero ellos no lo saben. No puedo testificar contra ellos en un tribunal, y por lo tanto no puedo entrar en el programa de protección de testigos. Pero eso, ellos tampoco lo saben. —A Bryn le aconsejaron abandonar la ciudad, y mientras permaneciese en silencio y se mantuviera fuera de la vista, debería estar segura —dice Matt.


—Y lo he estado —aseguro rápidamente—. La policía de Chicago mantuvo sus ojos y oídos abiertos, y por lo que sé, estaba olvidado. —Entonces, ¿qué está pasando ahora? —pregunta Luke con voz dura. —Algunas cosas que sucedieron en los últimos meses nos pusieron sobre aviso. — Caleb habla por primera vez—. En primer lugar, Matt recibió una llamada de un IP 15

de la delegación, haciendo todo tipo de preguntas curiosas sobre la familia.

Matt asiente y continúa cuando Caleb se detiene. —Entonces apareció un funcionario de la compañía de Isaac, que parecía... —Atemorizador como el infierno —termino por él—. Hizo comentarios de que estaba involucrada con un policía, y siempre tenía excusas para estar cerca mío. Podría ser simplemente un tipo extraño que estaba interesado en mí, pero... —Pero no me gustó —añade Caleb—. Entonces, un día, las niñas vieron a alguien

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rondando por la casa, ojeando el buzón al borde del camino cuando bajaron del autobús escolar. —¿Por qué nos dices esto ahora? —pregunta Jules—. Estamos averiguando ahora lo que le pasó a Brynna hace meses. Así que, ¿por qué ahora? —Lo siento, chicos —comienzo y cierro los ojos con un suspiro—. No quería preocuparlos y me di cuenta de que, cuanto menos supieran, menos probabilidades existían que fuesen un objetivo, especialmente debido a la popularidad que tienen algunos. —Pero, nuestro hermano pequeño decidió cultivar su lado romántico, y le pidió a su novia que se casara con él de una manera muy pública ayer por la noche —Matt murmura y se frota la frente con la mano—. Estaba en todas las noticias de esta mañana, y me llamaron de Chicago. —Yo estaba en las fotos —añado y la conclusión se ilumina en la cabeza de todos.

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IP: Investigador privado.


—¿Está en peligro de nuevo? —pregunta Gail. —No lo sabemos —responde Caleb por ella—. Pero es sólo cuestión de días de que las imágenes se difundan por los periódicos y revistas, y por lo tanto, aumentan las probabilidades de que la gente equivocada averigüe donde y con quien está Brynna. —Joder —se queja Will—. Lo siento mucho, chicos. —No lo sabías —digo para tranquilizarle—. No es culpa tuya, Will. —Queremos que todos lo sepan lo que pasa para que comiencen a prestar atención. —Matt informa a todos—. Mantengan los ojos abiertos a cualquier cosa fuera de lugar. Alguien ha estado buscando información sobre la familia, y queremos asegurarnos de que todos saben lo que está pasando, así pueden ver si pasa algo extraño y cuidar sus espaldas. Nos guste o no, somos una familia conocida. De repente, nos damos cuenta de que Gail está susurrando febrilmente a

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Steven, quien está sacudiendo la cabeza inflexiblemente. —Tienes que decírselo. —Ella insiste, más fuerte ahora—. Tienen derecho a saberlo. Puedes tranquilizarlos, por lo menos en eso. —¿Mamá? —pregunta Jules con el ceño fruncido—. ¿Qué está pasando? Steven mira a su esposa durante varios segundos y la tensión es tan espesa en la habitación que se podría cortar con un cuchillo. —¿Papá? La voz de Isaac es calmada, pero firme, Steven vuelve a mirarle, y después a cada uno de sus hijos, uno por uno. Su cara está completamente seria, mientras mueve sus ojos sobre la sala y de nuevo a su esposa, quien asiente para tranquilizarlo. Finalmente, se levanta y camina hacia el lado de Matt. —Realmente no sé cómo decirlo —murmura, con los ojos fijos en su esposa. Finalmente, ella se levanta y se une a él, entrelazando la mano en la suya, e inclina la cabeza para besar su hombro.


—Me están asustando —susurra Jules con los ojos muy abiertos. —Justo después del nacimiento de Caleb —Gail comienza y frota la mano libre arriba y abajo en el brazo de Steven, como si tuviera frío— tu padre y yo nos separamos. —¿Qué? —exclama Matt. —Déjame terminar la historia —le reprende Gail y continúa hablando—. Pasamos por una fase difícil, como sucede en la mayoría de los matrimonios. Tenía tres hijos en casa, él trabajaba más de lo que me gustaba, y decidimos separarnos. Entonces, se marchó. —¿Te marchaste? —Jules se desliza hacia adelante en su asiento, inclinándose y escuchando atentamente. —Me marché —confirma Steven—. Los tres meses más jodidos de mi vida.

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—Ok, esto es sorprendente, pero ¿qué tiene eso que ver con lo que está pasando ahora? —le pregunta Matt. —El I.P. estaba buscándome a mí —dice Steven y se encuentra con la mirada de Matt—. Mientras estuve separado de tu madre, tuve un breve romance con una mujer cuando estaba en un viaje de negocios. No lo supe entonces, pero ella se quedó embarazada. —Tienes que estar bromeando —gruñe Isaac. —No —afirma Steven—. No estoy bromeando. El chico ha tratado de encontrarme, desde que su madre falleció hace unos meses. Es la persona que contrató el I.P. La habitación se queda mortalmente silenciosa durante varios segundos, mientras que todos procesan lo que acaba de decirse. Miro la cara de Caleb, y su mandíbula está cerrada, sus músculos flexionados y los ojos entornados hacia su padre. —Tienes un hijo ilegítimo —esclarece Matt.


—Así es —afirma Steven con lágrimas en los ojos—. Su nombre es Dominic. —¡Puta mierda! —susurra Nate y aprieta los ojos—. Nosotros le conocemos. —¿Lo conociste? —exclama Isaac, poniéndose de pie. —Sí, el día que llevé a las niñas de compras. —Nate asiente—. Estaba almorzando con tus padres. —¿Estaban almorzando con él? —No puedo creerlo —murmura Caleb, hablando por primera vez. —Es cierto. —Steven tiene las manos en alto, como si se estuviese rindiendo—. Estaba esperando a las pruebas de ADN, antes de contárselo a la familia. ¿Y si él era sólo un idiota tratando de acercarse a mi hijos famosos? —Tu padre los estaba protegiendo —les dice Gail a todos con voz severa.

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—Pero el ADN lo confirmó —dice Caleb con frialdad. —Sí. Matt maldice, largo y fuerte, y camina por la habitación mientras que Isaac sólo mira a su padre. Jules y Will parecen estar en estado de shock y Caleb está con el ceño fruncido, como una bola tensa de ira y frustración. —Tengo algo que decir —Caleb empieza a hablar con una voz monótona, aparentemente fría y calma. —Adelante —dice Steven. —Tú nos enseñaste a ser un hombre. Un compañero. Un padre. —Caleb inhala profundamente y un músculo de su mandíbula se mueve mientras le rechinan los dientes—. Siento que todo lo que nos enseñaste era mentira. —No era una mentira —interrumpe Gail, irritada.


—¡Él follo a tus espaldas! ¿Qué clase de hombre hace eso? —¡Él no lo hizo! —Gail habla más fuerte y encara a Caleb—. No estábamos juntos, Caleb. Y él me habló de ella cuando volvió a casa, implorándome que lo aceptase de nuevo. —¡Él te fue infiel mientras estaba casado! —interrumpe Isaac—. Me importa un comino que estuvieran dándose tiempo. —Isaac ríe sin humor—. Esto no es algo entre amigos. Estaba casado contigo, aunque no estuvieran viviendo en la misma casa. —Nos enseñaste a respetar a las mujeres —agrega Will con una voz ronca. Mira hacia arriba y ve a su padre con sus ojos azules—. Nos enseñaste a proteger a las mujeres que amamos. A cuidar de ellas, pero nunca a lastimarlas. Steven suspira profundamente y baja la cabeza, mirando sus zapatos.

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—Fue un error terrible, y algo de lo que me arrepentiré toda mi vida. Tu madre fue más indulgente de lo que me merecía, y agradezco todos los días que me ame lo suficiente como para aceptarme de nuevo y poder arreglar nuestro matrimonio. —¿Dónde está? —pregunta Caleb en voz baja. —No vive lejos de aquí —responde Gail con lágrimas en los ojos—. Creció principalmente en Italia con la familia de su madre. —¿Nos lo ibas a decir en algún momento? —pregunta Jules con lágrimas rodando por sus mejillas. —Sí, sólo que no sabía cómo —susurra Steven. —Pero no nos dirías nada si no hubiese un niño —añade Isaac. —Si Dom no hubiese nacido, no habría ninguna razón para decírselos —les dice Gail a todos ellos—. Lo qué pasa en nuestro matrimonio es entre tu padre y yo, y nadie más.


—¿Cómo puedes protegerle? —pregunta Caleb a su madre enojado—. ¿Después de lo que te hizo? —Cariño. —Gail agarra las manos de Caleb en las suyas—. Recuerda que eso ocurrió hace más de treinta años. Tuvimos más hijos, desde entonces, nietos. Treinta años de vida. —Ella se da la vuelta y nos mira a todos nosotros, mientras una lágrima cae de sus ojos—. Esto es nuevo para ustedes, sucede hoy, pero para nosotros está lejos, en el pasado, toda una vida. —¿Tienen alguna otra información para nosotros? —le pregunta Isaac a Matt y levanta a su esposa. —No. —Matt niega con la cabeza. —Me voy. Isaac toma Stacy, salen por la puerta, y le oigo conducir su camión, derrapando con

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los neumáticos fuera del garaje. Jules está realmente llorando y Nate la lleva a su regazo, frotando su gran mano arriba y abajo de su espalda, y susurrándole en el oído, tratando de calmarla. El rostro de Natalie está presionado contra el pecho de Luke, donde las lágrimas descienden en silencio por sus mejillas. Will se levanta y va hacia su padre, con los ojos llenos de ira y enojo, y, colocándose de igual a igual ante el hombre mayor. —Me gustaría darte una paliza ahora. Pero por respeto a mi madre, voy a decir esto: nunca esperaría estar tan decepcionado contigo. No de ti. Sacude la cabeza y se aleja, caminando rápidamente hacia la puerta de enfrente. Meg aparta las lágrimas de sus mejillas y lo sigue. La mirada de Caleb no se apartó de la de su padre desde que éste empezó a hablar. No se movió. Su cara está blanca, su cuerpo apretado, y puedo sentir la angustia en torno a él. Las lágrimas también caen por mi rostro, aunque no me doy mucha cuenta de ello. No sé qué diablos hacer, así que hago lo que me parece correcto.


Envuelvo mis brazos alrededor de Caleb y lo abrazo. Él despliega sus brazos y me envuelve firmemente alrededor, empujándome hacia él. Su cuerpo está prácticamente temblando con agitación. —Creo que... —Matt empieza pero se detiene y traga saliva—. Creo que ésta reunión terminó. Mantengan todos los ojos y los oídos abiertos. Cuando pasa junto a mí y Caleb, me palmea el hombro reconfortándome y sale por la puerta principal, cerrándola silenciosamente detrás de él. —Vámonos —Steven le dice a Gail—. Tienen que procesar todo esto. —Mira alrededor de la habitación, para los amigos sentados en estado de shock en la mesa de comedor, a sus hijos, a Luke—. Los quiero mucho a todos. No puedo decir cuánto lamento que sepan acerca de Dom de esta manera. Se detiene frente a Jules, con cara de absoluto tormento, mientras busca la mirada de su hija.

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—Jules —habla en voz baja. Jules se aparta de los brazos de Nate y se lanza hacia su padre, sujetándole con fuerza. —Te quiero, papá. —Yo tambiñen te quiero, niña. Jules abraza a su madre y llora más fuerte, mientras se alejan de nosotros y salen por la puerta principal. —Jodidamente increíble16 —susurra Caleb.

16

En el original figura la expresión Fucking-A que tiene varias acepciones entre ellas Fucking Awesome que expresa enojo y frustración.


Capítulo 16 Traducido por lizels Corregido por Lililamour

~Caleb~

—¡É

l jodió a mi madre! —grito y camino por la habitación, todavía demasiado molesto una hora después de que todos se han ido

de la reunión.

—Caleb… —comienza Brynna, pero la interrumpo. —No intentes defenderlo. —No lo haré. —Asiente—. Pero, honestamente, tu madre está en lo correcto. Eso

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sucedió hace mucho tiempo. —Todo lo que él nos enseñó fue una maldita mentira. —Paso mi mano por mi cabello y miro por la ventana de enfrente hacia el patio oscuro. El sol se puso hace ya mucho tiempo. —No, no lo hizo, Caleb. ¿Tan siquiera te detuviste a pensar que aquel hombre te estaba enseñando basándose en sus propios errores? No quería que cometieras los mismos que él cometió. Suspiro y cierro los ojos. Maldita sea ella por tener razón. —Tu padre ama a tu madre ferozmente. Es obvio para cualquiera que los observe. —¡Tengo un hermano que ni conozco! —exclamo y comienzo a caminar por la habitación nuevamente. —Él tampoco lo sabía. No hay manera de que si Steven hubiera sabido que tenía un hijo lo hubiera abandonado, Caleb. Sabes eso. —Me mira ir de un lado a otro, con


su rostro sereno y mirada atenta, y de repente me siento como un idiota. —Tienes razón —murmuro y paso mi mano por mi rostro—. No lo haría. Pero es jodidamente una mierda que dejara a mi madre poco después de que nací. —Eso se llama ser humano. Francamente, estoy aliviada de que los Montgomery no sean tan perfectos como se ven desde afuera. —Se ríe entre dientes y hago una mueca hacia ella. —¿Qué se supone que significa eso? —Oh, vamos, Caleb. Tus padres aún están felizmente casados, todos ustedes son súper modelos hermosos, todos se llevan bien. —Señala cada punto con los dedos—. Tienes un hermano que es un maldito jugador de futbol profesional, tú eres un SEALs… —Era —interrumpo, pero ella continúa.

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—Eres exitoso. Es como si ninguno pudiera hacer algo equivocado, y esta familia fuera la perfecta propaganda de las galletas de mantequilla. Bueno, sorpresa, todos son humanos, al final de cuentas. —Se encoje los hombros y me mira con cuidado, y yo estoy aquí sólo viéndola. —A Matt le gusta el sexo pervertido, no hay nada perfecto sobre él —le informo, intentando mantener mi rostro serio. —Oh, ubícate, a ti también te gusta la mierda pervertida. —Me desestima con un gesto de la mano, pero sonrío diabólicamente hacia ella. —No tan pervertido, pero no me importaría intentar algo contigo en algún momento, Piernas. Se ríe y niega con la cabeza, luego se levanta y camina hacia mí. —Dale un poco de tiempo —ruega y envuelve sus brazos alrededor de mi cintura— . Podrías encontrar que ese Dominic es un buen tipo.


—Podría ser un maniaco homicida. Un idiota. Un fan de Denver. —Me encojo y estremezco ante la idea, haciendo reír a Bryn, y por primera vez en todo el día, siento mi cuerpo relajarse. —Podría ser sólo un tipo normal que quiere saber cómo es su padre biológico — argumenta con una sonrisa—. Por lo que recuerdo, cuando lo conocimos en el almuerzo, es guapo. —¿Lo conoces también? —pregunto, sorprendido. —En pocas palabras, sí. Tu papá estaba tratando de sacarlos de ahí rápido cuando nos vio. Parecía normal. —Juguetea con el botón de mi camisa, pero antes de que puede hacer más preguntas, hay un golpe en la puerta. —¿Esperando a alguien? —pregunto con una ceja levantada. —Llamé a mi mamá y le pedí que trajera a las niñas a casa. Las echo de menos. —

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Sonríe tímidamente y beso su suave frente antes de abrir la puerta del frente. Dos pequeñas niñas y un ansioso perro irrumpen brincando, con los padres de Brynna detrás de ellos. —Gracias por traerlas a casa. —Brynna sonríe hacia sus padres y abraza fuertemente a las dos niñas. —No hay problema. De todas maneras estaban listas para regresar. —El abuelo dice que somos malas para su presión alta —informa Josie a su madre con un rostro serio. —Dice que le daremos una vagina. —Maddie se une y resoplo antes de retener la carcajada que quiere salir de mí. —Angina —corrige el hombre mayor y pone los ojos en blanco—. Me darán una angina. —Eso fue lo que dije —confirma Maddie.


—Vayámonos, cariño. —Eloise abraza fuertemente a Brynna y besa mi mejilla mientras sale. —Gracias de nuevo, mamá. Y no olvides que la noche del lunes es nuestra noche mensual con el grupo, así que las niñas regresarán contigo para entonces. —No hay problema. —Sonríe Eloise. —No creo que vayamos a ese evento, Bryn —comienzo pero me encuentro con una mirada de ella. —Tendré un policía, un SEALs, un jugador profesional de futbol y un ex luchador de la UFC conmigo, Caleb. Estaré bien protegida. —Pone sus puños en sus caderas y me mira como si estuviera loco. —Creo que sí, cuando lo pone de esa manera. —Me encojo de hombros y sonrío. Sus padres se ríen mientras se van y las niñas inmediatamente comienzan a hablar

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sobre su noche con sus abuelos. Bix camina a mi lado y me acomodo en el sofá con él, tiene la mitad en mi regazo y la otra mitad en el sofá. Con toda su formación, todavía no ha descubierto que no es un perro faldero. Me alegro de rascarle su panza y masajear suavemente su oído malo, ganando gemidos de placer del gran tonto mientras las niñas hablan con entusiasmo a su madre. Es tan buena mamá. Ella sonríe alegremente hacia las niñas y les hace señas para que se le unan en el sofá doble que está al lado de donde estoy sentado, coloca a cada una a su lado, envuelve sus brazos alrededor de ellas y las besa en sus cabezas. Me gustaría haberla visto con ellas cuando eran bebes. Que visión debe haber sido verla tranquilizándolas, acunándolas. Amamantándolas. —¡Mi diente esta suelto! —le dice Josie entusiasmadamente. —¿Lo está? —pregunta Brynna—. Déjame ver. Josie le muestra a su madre el diente suelto del frente y después se gira para mostrarme.


—¿Ves, Caleb? —Lo veo. Déjame ir por mis pinzas, lo sacaré por ti. —¡No! —Josie suelta una carcajada y cubre su boca con su manita. —Mi diente no está suelto. —Maddie hace pucheros con una cara larga. —No te preocupes, bebé. —Brynna ríe y besa su mejilla—. Lo estará pronto. —¿Podemos ver una película, mamá? —pregunta Josie con un bostezo. —Creo que es hora de dormir, cariño. —Quiero que Caleb me lleve a dormir —responde Maddie y gira sus grandes ojos castaños hacia mí, mirándome con esperanza. —Vamos. —Chasqueo los dedos y Bix salta de mi regazo feliz por ir arriba hacia la

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cama. Recojo a ambas niñas y me las llevo, una debajo de cada brazo como si fueran sacos de papas, haciéndolas reír como locas—. ¡Las tiraré en su cama! —¡Mamá! ¡ayuda! —Están por su cuenta. —Brynna ríe mientas yo subo las escaleras—. Tengo una cocina que limpiar. —¡Bajaré para ayudarte! —le grito mientras meto a las niñas en sus camas. Es tiempo de ponerlas a dormir y tener algún tiempo tranquilo con su sexy madre. ***** —Bola amarilla, esquina —grita Will y da el golpe, fácilmente hundiendo la bola. El bar es ruidoso gracias a un viejo tocadiscos en la esquina tocando Livin’ on a praye17r y las chicas en una mesa cercana riéndose, la mayoría está completamente borracha. —Sabes —digo a Nate quien está sentado en un taburete a mi lado viendo a 17

Livin' On a Prayer (“Viviendo en una oración”) es una canción de Bon Jovi.


Will tirar—. Tu esposa es la más ruidosa ahí y no esta bebiendo nada, excepto agua. Nate se ríe y mira a mi hermana, con humor y amor. —Le gusta divertirse con sus amigas —murmura. —A todas les gusta. —Asiente Will mientras se une a nosotros después de perder su último tiro. —¡Guau! ¡guau! —grita Meg y todo el grupo cae en un ataque de risa justo cuando la camarera llega con los platos de comida para todas. —Nuestras chicas pueden comer —comenta Luke y hace un gesto con su barbilla mientras rebosantes platos de costillas, nachos y pollo en canastas con papas fritas son dispuestos sobre la mesa frente a ellas. —Prefiero esto que a la Stacy hambrienta —murmura Isaac y da vueltas a la mesa

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buscando el mejor tiro. Silenciosamente asiento. Adoro ver a una mujer comer. —Nat es sexy cuando come —murmura Luke, casi para sí mismo, reflejando mis pensamientos. —¡Oye, As! —llama Jules desde la mesa, agitando el menú de los postres—. ¡Tienen tarta de chocolate! ¡comeré dos rebanadas! —Levanta dos dedos y se ríe, girándose hacia las chicas. —No, estas chicas no tienen miedo de comer. —Se ríe Will y palmea a un sonriente Nate en el hombro. —¿Dónde está Matt? —pregunta Isaac, mirando el reloj—. Hemos estamos aquí por casi una hora. —¿Sólo hemos estado aquí por casi una hora y Meg ya esta así de borracha? — pregunta Will, con una expresión de horror en su rostro, haciéndonos reír.


Justo entonces todos nos quedamos quietos mientras observamos a Matt atravesar la puerta con un hombre alto, de cabello oscuro como el suyo. Mientras miramos, el extraño sonríe, oyendo atentamente lo que Matt le está diciendo mientras lo guía a la mesa de las chicas. No tengo que preguntar para saber quién es el extraño. Es como mirar una versión más morena de mi padre 30 años atrás. —Oh, demonios no —gruñe Isaac pero Will lo detiene con una mano sobre su pecho. —Relájate, hombre —murmura en voz baja sólo para él—. Esto ya no es más su culpa que nuestra. Isaac hace una mueca hacia Will y luego mira hacia donde las chicas, que están sonriendo por algo que Dom dijo. Él estrecha cada una de sus manos respetuosamente, pero cuando llega a Jules, se detiene y sostiene la mano de ella en la suya por un momento, su rostro es serio y atento.

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Los ojos de Jules están pegados a los de él con admiración, y finalmente, ella salta fuera de su taburete y lo abraza fuerte, y le sonríe alegremente. Él sonríe, acaricia su hombro un poco torpemente, y Jules toma su asiento mientras ataca sus nachos. Natalie también le ofrece un abrazo y una sonrisa, antes de que él y Matt caminen en nuestra dirección. Tres hermanos menores. —Traje a alguien para que conozcan —comienza Matt mientras él y Dom llegan. Los ojos azules de Dom son cautelosos y reservados. Nerviosos. Luke avanza y ofrece su mano. —Soy Luke Williams, el esposo de Natalie. —Apunta hacia su bella morena esposa y aprieta la mano de Dom. —Dom Salvadore —responde él. —Nate. —Nate se levanta y ofrece su mano—. El esposo de Jules. —Will, el hermano menor. —Will se acerca a Dom y sacude su mano, sosteniendo su mirada—. ¿Te gusta el futbol? —pregunta, haciéndonos reír a todos.


—No lo veo mucho, lo admito —responde Dom con una media sonrisa—. Pero he oído que juegas. —Eso es correcto —confirma Will, todavía sosteniendo la mano de Dom firmemente—. No me digas que juegas futbol europeo18. —Se burla. —Algo —dice Dom con un leve asentimiento—. Los europeos no usan almohadillas para protegerse, como hacen los maricones estadounidenses. Todos contenemos la respiración, y esperamos la reacción de Will. Él mira directamente a Dom, parpadea dos veces, y luego, se echa a reír. —Vete a la mierda, hombre. Dom se gira hacia mí, y aprieto su mano, apreciando que su apretón es firme y fuerte. Mamá siempre dijo, puedes decir mucho de una persona por su apretón de manos. Hasta ahora, no tengo quejas.

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—Soy Caleb —digo. —¿Eras él que estaba en la fuerza? —pregunta. —Estaba, sí. Asiente y se inclina para murmurarme: —Gracias por tus servicios, hombre. Es un honor conocerte. Bueno, a la mierda. Solo asiento mientras Isaac se aproxima, todavía frunciendo el ceño. —Soy Isaac. —El mayor —responde Dominic. —Eso es correcto —confirma Isaac y aprieta la mano de Dom—. No sé todavía cómo sentirme con respecto a ti. 18

Fútbol europeo: futbol soccer.


—Bueno, eso ya nos hace dos, creo. —Asiente Dom y da un paso hacia atrás, mirándonos a todos—. No estaba esperando descubrir que Steven Montgomery tuviera una familia tan grande. No tenía idea de lo que encontraría, para ser honesto. —Vamos a conseguir un poco de comida y más cerveza aquí —sugiere Luke y le hace señas a una camarera cuyos ojos se iluminan y lucha para venir y tomar nuestros pedidos. —¿Qué te hace venir a buscarlo ahora? —pregunto mientras él toma asiento y una cerveza de la camarera. —Mi mamá murió el otoño pasado —comienza y toma un trago de cerveza, luego hace una mueca cuando mira hacia la etiqueta—. Nunca me habló sobre mi padre biológico. —¿Alguna vez se casó? —pregunta Matt.

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—No. —Dom niega con la cabeza y no puedo evitar sentir lástima por el tipo. Crecer sin un padre apestaría. —Después de que murió, estaba viendo sus cosas, y encontré una carta de ella. — Se encoje de hombros y aclara su garganta—. Explicaba quien era , y lo que podía recordar sobre él, en caso de que yo quisiera buscarlo. —¿Steven dijo que creciste en Italia? —pregunta Nate. —En parte, sí. —Asiente y se mueve en su silla—. La familia de mi madre todavía estaba allá, y cuando yo tenía unos cinco años, nos mudamos para que ella pudiera estar cerca de ellos. Regresamos a los Estados Unidos cuando yo tenía quince años. Regresé a Italia en el verano y estudié allá por un tiempo. Mis abuelos murieron hace algunos años, y yo heredé su propiedad. —¿Visitas con frecuencia? —pregunta Will —. He estado muriendo de ganas de llevar a Meg allá, solo que no hemos tenido tiempo para ir. —No voy tan frecuentemente como me gustaría porque tengo un negocio aquí,


pero tú y Meg son bienvenidos a utilizar la casa siempre que quieran. —Se encoge de hombros como si fuera la cosa más natural del mundo ofrecer su casa italiana a su recién encontrado hermano para que la use cada vez que se le pegue la gana. Tal vez Brynna tiene razón, es sólo un tipo normal. —¿Eres casado? —le pregunta Isaac y cruza los brazos sobre su pecho. —No. —Dom sacude la cabeza y sonríe tristemente—. Muy ocupado para eso. Pero conocí a tu encantadora esposa. —¿Qué es lo que haces? —le pregunta Nate calmadamente. —Dirijo dos viñedos. Uno aquí en Washington y otro en Italia, aunque un primo mío administra el de Italia la mayoría de las veces en estos días. Mientras él continua contándoles a los chicos sobre los vinos que hace aquí en Washington, me doy cuenta que las chicas están riendo histéricamente y

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repentinamente, Jules grita hacia todos nosotros: —¡Oigan! ¡Brynna sabe chupar hasta el maldito hueso!


Capítulo 17 ~Brynna~ Traducido por lizels Corregido por Vickyra

—¡C

aleb! ¿Sabías que Brynna sabe chupar hasta el maldito hueso? —grita Jules en dirección a los chicos, ganando risas de las otras chicas.

—Claro que lo sabe —Natalie ríe y apunta hacia mí mientras extiende la otra mano para llenarla con papas fritas—. ¡En serio! Ella probablemente le hace una mamada

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todo el tiempo. —¡Oh, sí! —exclama Jules y ríe ampliamente. —¡Hum, hola! —Abro mis brazos a los costados y miro hacia las chicas, mi mente un poco nublada por el alcohol—. Estoy aquí. —Amiga, ¿le haces mucho oral? —pregunta Stacy, y chupa una costilla. Sonrío hacia ella, y miro a Meg, Jules y Nat, pero todas ellas esta mirándome, esperando mi respuesta. —Claro —respondo con un encogimiento de hombros. Bah, si no puedes vencerlos, únete a ellos. —¡Lo sabía! —grita Nat y bombea su puño. —¡Que asco! —exclama Jules y ríe—. No quiero saber.


—Creo que encontré alguien nuevo para admirar —murmura Stacy y levanta las cejas, los ojos fijos en Dom. —Lo sé, ¿verdad? —exclamo y tomo un trago de mi Sex on the Beach antes de tomar otra costilla para alegría de Jules—. Jules, tengo que decirte, tu nuevo hermano es caliente como el infierno. —Son los genes Montgomery. —Asiente Meg y pone los nachos en su boca—. Son como súper humanos o algo así. Todas giramos y lo miramos, admirando su belleza. Donde los hermanos Montgomery son claros, con varios tonos de cabello rubio, Dom es moreno con cabello negro, pero los ojos de ellos son de familia. Son de aquel azul perfecto, y cuando sonríe, tiene un hoyuelo, en su mejilla izquierda. —Me pregunto si tiene hoyuelos encima de su trasero. —Observa Nat.

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—¡Oh, esos son sexy! —Asiente Meg—. Will los tiene. —Ya sabes —Stacy se inclina con una sonrisa— si él creció en Italia, habla italiano. —Me pregunto si me va a enseñar italiano —reflexiona Meg—. Solo las palabras feas. —De acuerdo, realmente necesitamos traer más chicos calientes que no sean mis parientes —Jules hace un puchero y bebe su agua—. Quiero hablar sobre las partes del cuerpo desnudo y lenguas extranjeras sexy. —Basta fingir —sugiere Stacy con un asentimiento ebrio. Trabajo en limpiar toda la carne de la costilla, asegurándome que no queda nada antes de tirarla al cesto. —En serio —murmura Nat mientras me observa—. Eso es impresionante. —Apuesto a que ustedes dejan un montón de carne solo con el hueso. —Suelto una risita y tomo mi bebida.


—Acabé. —Anuncia Meg y lanza la servilleta en la mesa—. Vamos a tomar nuestras bebidas y a sentarnos con los chicos. Quiero oír lo que están diciéndole a Dom. Estamos todas de acuerdo, y nos unimos a los chicos, las bebidas en la mano. —Brynna tiene algunas habilidades orales espectaculares, tío. —Jules le informa a Caleb, a medida que nos acercamos, y quiero simplemente morir. —Jules —exclamo y la miro feo. —¿Qué? —Y mira que ni siquiera esta ebria. —Sonríe Stacy y se apoya en su esposo—. Pero yo tengo las habilidades orales espectaculares también, ¿verdad? —Las tienes, cariño. —Isaac sonríe hacia ella.

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—Basta de eso. Vamos a asustar a Dom. —Anuncia Meg y sonríe hacia el bello italiano—. Lo siento mucho por su comportamiento adolescente. —Estoy bien. —Él ríe y asiente—. Fui a la universidad. Sé como se ponen las chicas cuando están juntas. —Así que —comienzo y doy un trago a mi bebida. Deliciosa—. Eres italiano. Él asiente y me sonríe, mostrando aquel hoyuelo que es tan semejante al de Caleb, que mi ropa interior puede estar inundada. —Lo que significa que, naturalmente, hablas italiano. Asiente y ríe nuevamente, su sonrisa se extiende por todo el rostro. Caleb envuelve sus brazos alrededor de mí por detrás y me empuja contra él, colocándome cerca y a pesar que debo sentirme culpable por flirtear descaradamente con su medio hermano frente a él, no lo estoy. Me parece gracioso, como el infierno.


—Lo que ella está intentando decir —comienza Meg— es que eso es, medio caliente, que hables italiano. —¡Oh, por favor! —Will pone los ojos en blanco y hace una mueca hacia Meg. —¡Es verdad! —Ella insiste. —Avete un bellisimo fidanzato, fratello —murmura Dom, sus ojos brillando con malicia mientras habla. —Dulce, Jesús, ¿qué dijiste? —pregunta Stacy. —Dije — Dom se ríe— “tienes una bella novia, hermano” Stacy suspira soñadoramente y doy una carcajada. Los chicos ponen los ojos en blanco nuevamente y Nate ríe. —Tío, deja de flirtear con las chicas. Tus hermanos van a matarte —Nate le avisa

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con una sonrisa. —No estoy flirteando —Dom levanta las manos hacia arriba y ríe—. Aunque me parece gracioso que a las mujeres le gusten las lenguas extranjeras. —Sí, ¿qué hay con eso? —pregunta Isaac. —¿No encontrarías sexy una mujer hablándote en una lengua extrajera, que no entiendes? —le pregunto a Isaac con una sonrisa. —Nunca pensé eso —responde él con un encogimiento de hombros. —Mentiroso —respondo. Él me mira, camino hasta él y extiendo mi mano para que la tome. Miro a Stacy, que asiente y sonríe, me inclino hacia y le digo: —Vous êtes un sacré menteur. Vous savez que c’est sexy et je vous dire pourrais manjedoura de


la nourriture fluidez chien pour le petit déjeuner et il serait toujours le filho chaud19. Isaac traga duro y, luego, encoje los hombros, como si no le afectara mucho. —De acuerdo, eso fue jodidamente caliente, ¿qué dijiste? —pregunta Luke con una sonrisa. —Le dije cuan caliente es en francés. —Sonrío y camino de vuelta a Caleb, que está con los ojos entrecerrados y mirándome como si quisiera lanzarme al piso y joderme igual que un loco aquí en este pub. —Mentirosa —responde Dom en voz baja—. Hablo francés. Levanto mi cabeza y doy una risita, guiñándole. —Bueno, ellos no hablan, así que vamos a dejarlo así. —Creo que es hora de irse —gruñe Caleb y agarra mi mano en la de él—.

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Diviértanse, chicos. Dom, conocerte fue mejor de lo que pensé. Dom asiente y sonríe hacia mí mientras pasamos. Caleb me tira por el pub y de repente, oigo a nuestro grupo caer en una carcajada. —¡Hey! —llama Isaac— ¡yo no quiero consumir comida de perro en el desayuno! Doy una carcajada, intento seguir a Caleb mientras me empuja por el estacionamiento hasta el auto. —¡Más despacio! —Lo has hecho a propósito —susurra y me sostiene contra el auto, inclinándose hacia mí, sus brazos sosteniéndome en ambos lados. Él baja la cabeza y roza sus labios con los míos suavemente solo provocándome. —¿Hice qué? —Apenas respiro.

19

Eres un sagrado mentiroso. Sabes que eres sexy y podría decirte que te daré comida para perro para el desayuno y todavía serías muy caliente.


—Provocándome al flirtear con mis hermanos, y hablando francés. No sabía que podías hacer eso, por cierto. —Tuve clases de francés en la escuela y, luego pasé un verano en París después que me gradué —susurro, mientras él deslizaba sus labios de mi mandíbula hasta mi cuello. Paso mis manos por sus brazos, hombros y hasta su cabello. —Caleb… —Mmm… —Por favor, llévame a casa. En los quince segundos de besos y la sensación de sus manos en mí en el aire frío de la noche, estoy lista para follarlo. Mi piel está ardiendo, mis pezones duros y mi vagina ya hinchada y mojada con la necesidad.

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Él me coloca en el auto, y en pocos minutos estamos en la calle de mi casa. Podríamos haber caminado esa corta distancia hasta nuestro pub favorito, The Swell Celtic, pero Caleb dijo que no era seguro. Ahora estoy feliz por estar tan cerca de casa. Él me lleva adentro y subimos la escalera hasta la habitación, donde rápidamente tira nuestras ropas, y me empuja suavemente hasta la cama. Nunca fue tan gentil, y esto me está sacudiendo un poco. Me empuja hasta que mi espalda toca la cama, y él queda suspendido sobre mí, besándome y alternando entre rápido y duro, lento y suave, cada vez que me acostumbro con un ritmo, él cambia. Finalmente, disminuye el ritmo e inclina su frente contra mi cuello, respirando pesadamente. —Me sorprendes, Bryn. Eres tan increíble. —Arrugo la frente, y me alejo para


poder ver su rostro. Sostiene mi rostro en sus manos y roza los pulgares sobre mi piel. —Eres tan graciosa, dulce, inteligente. —Traga en seco y me besa de nuevo, todavía en voz baja—. Podrías hacer que el propio diablo se enamorara de ti —susurra. —¿Sabías que también tengo habilidades orales espectaculares? —le pregunto con una sonrisa. Él ríe suavemente y roza sus labios en los míos nuevamente, mordisqueando la esquina de mi boca y enviando escalofríos por mi cuerpo. Inclino mi pelvis, en silencio, invitándolo a empujarse dentro de mí, pero él se aleja—. Caleb… —me quejo y arrastro los dientes hacia abajo en la línea de su mandíbula sin afeitar. —Sí, cariño —susurra, besando la cima de mi hombro. —Realmente quiero que me folles ahora.

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Se aleja hacia atrás y me mira, alejando las mechas de mi cabello de mi rostro. —No puedo cogerte esta noche, nena. —Sacude la cabeza y cierra los ojos, y luego, los abre y me enfrenta con aquella mirada azul brillante una vez más—. Necesito hacer el amor contigo esta noche. Antes de que pueda responder, él baja la cabeza y me besa nuevamente. Rozo mi mano por su brazo desnudo y arrugo la frente cuando siento rasguños en su piel lisa. —Caleb, ¿qué pasó con tu brazo? —pregunto. —Trabajo —balbucea y continúa besando su camino en mi garganta. —Estos rasguños son serios —respondo. —No es gran cosa. —Envuelve sus labios alrededor de mi pezón y chupa suavemente, haciéndome arquear contra él. —No me gusta verte lastimado —susurro—. Nunca.


—Estoy bien, Piernas. —Pasa su enorme mano sobre mi cadera, hacia abajo por mi muslo hasta mi pantorrilla y de vuelta nuevamente, llevando mi rodilla alrededor de su cadera y abriéndome para él todavía más. Su pene duro empuja mi clítoris y me desgarro. —Ah, Caleb, esto es tan bueno. Él sonríe contra mi pecho, y repite el movimiento del otro lado, chupando y tirando mi pezón con los labios. Mueve las caderas, solo lo suficiente para causar fricción entre la cabeza de su pene y mi clítoris, y gimo su nombre. —Esto va a demorar aún más, cariño —susurra. —Te necesito, Caleb. —Estoy aquí —responde en voz baja. Mi cuerpo está en llamas por este hombre. No puedo parar de moverme debajo de él, no dejar que mis manos recorran cada

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centímetro malditamente increíble de su piel lisa. Finalmente, desliza sola la punta de su pene dentro de mí y se detiene, pone el rostro de vuelta hacia el mío, besándome profunda y apasionadamente, deslizando su lengua a lo largo de la mía, colocando mi rostro en sus manos grandes. Él esta adorando mi cuerpo, y es la mierda más increíble que alguna vez sentí en toda mi vida. Lentamente desliza el resto de su verga en mi núcleo, y después, maldice bajo, mientras se mantiene allí, envuelto en mí. —Tan malditamente increíble —susurra. La habitación está tranquila, la casa aún silenciosa, mientras él hace el amor dulce y suavemente conmigo. Nuestra respiración es dura, casi no hacemos ningún ruido, mientras se mueve encima de mí, y levanto y bajo mis caderas para encontrarlo saboreando la sensación de su dureza dentro mío. Es como si él estuviera en casa.


—Te amo tanto… —susurro en su hombro, mientras su pubis presiona mi clítoris, enviándome en un orgasmo, suave como una onda del océano, pero no menos importante que un mar agitado o un huracán salvaje, cuando él me sigue sobre el borde de su propio clímax. Se estremece encima de mí, y no hace ningún ruido cuando cae a mi lado, y me empuja hacia sus brazos. Si escuchó mi declaración segundos atrás, no lo dice. Simplemente me empuja contra él, pasando los dedos por mi cabello y besa mi frente antes de caer en un sueño profundo. Después de algunos minutos, me salgo de su abrazo para ir al baño y limpiarme, tomo algunas ropas, y mentalmente me recompongo. ¿Será que no me escuchó?

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Quizás. Cuando regreso a la habitación, él se giró de espaldas. Me subo y me acuesto en mi lado, a varios centímetros de él, observándolo mientras respira dormido. La luz de la luna lanza una sombra de luz sobre su espalda, iluminado su tatuaje. No puedo resistir levantar mi mano y trazar las letras y números con la punta de mi dedo. Él es mucho más de lo que está escrito en esas cuatro líneas. Es todo lo que siempre quise.


Capítulo 18 ~Caleb~

L

Traducido por Vecina Corregido por Vickyra

a he evitado todo el día. Todo el maldito día. Y no es fácil de hacer, cuando la persona a la que estás evitando es aquella con la cual estás viviendo y haciendo lo mejor para protegerla.

No es fácil. Pero, por mi propia salud, es necesario.

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La escuché la noche pasada, cuando ella susurró que me amaba, mientras estaba enterrado dentro suyo y no podía decir donde terminaba yo y donde empezaba ella. No precisaba decir esas palabras en voz alta, podía sentirla y decir que me aterró es un eufemismo. Entonces hice la única cosa que podía, la ignoré. Porque en algún lugar a lo largo de la línea, yo también me enamoré de ella, y ahora soy muy cobarde para admitirlo. Me alejo de donde está, debajo del lavabo de la cocina, tiro un destornillador en mi caja de herramientas y me limpio las manos en un trapo. Ya ejecuté mis ejercicios dos veces, reparé una tabla suelta en el deck, la bañera en el baño de las niñas, una pérdida del grifo de la cocina, todo eso luego de que volvimos del trabajo y de la escuela, esta tarde. Yo mismo opté por no cenar con Brynna y las niñas, insistiendo que había comido demasiado en el almuerzo del trabajo.


Y estoy jodidamente hambriento. Arrugo la frente cuando Bix pasea alrededor de la isla de la cocina, aspirando todas las migajas que cayeron al piso mientras Brynna preparaba la cena y se acerca para que le acaricie su oreja. —Hey, chico —susurro y beso su cabeza mientras lo acaricio—. ¿Cómo estás? Bix golpea mi barbilla con la cabeza y se sienta a mi lado en el piso, aprovechando mi atención. —Eres un falso —murmuro con una sonrisa—. Tienes más caricias de las dos niñas que todas las que has tenido en tu vida. Me sonríe y gime cuando froto el área sensible alrededor de la oreja herida. —¿Será que eso aún no te trajo problemas, tío? —pregunto con un susurro y masajeo suavemente el área herida.

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—¿Qué hay de malo con él? Levanto la vista, sorprendido al ver a Maddie parada en la cocina, no la escuché llegar. Está usando una larga camisola, con el cabello oscuro aún mojado del baño, pero peinado suelto sobre los hombros. Ella está descalza y sostiene su muñeca contra el pecho. Ella está fresca y limpia, es solo la cosa más dulce que he visto. —Nada, florcita —respondo y sonrío—. Algunas veces le duele su oreja. —Oh —frunce la frente y me observa acariciar la cara de Bix—. Pobre Bix. —Él está bien —la tranquilizo—. ¿Qué estás haciendo tú? —Quiero que nos leas un cuento y nos arropes para dormir, pero mamá me dijo que debería venir y pedírtelo. Me mira con sus ojitos somnolientos.


—¿Vamos a llevar a Bix y leemos un cuento? —le pregunto con una sonrisa. —Sí, por favor —ella responde con alegría. Me levanto del piso y camino con Bix siguiéndonos por las escaleras. Brynna está saliendo del cuarto de las niñas cuando nos aproximamos y ella abraza a Maddie y le sonríe. —Buenas noches, nena —Brynna le dice a su hija. —Buenas noches, mamá —Maddie responde y salta a su cama. Bix se ubica alegremente entre las camas de las niñas, pero no me engaña. En cuanto apague la luz y me retire, él va a dormir en una de las dos camas. —Tú y yo tenemos que hablar —Brynna me murmura, antes de girarse y bajar las escaleras.

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Sí, lo necesitamos, Piernas. —Ven aquí con nosotros, Jellybean y vamos a leer una historia. Josie sube a la cama de Maddie y las dos niñas se quedan juntas. —Yo quiero Ferdinand —Josie me informa. —Será Ferdinand, entonces —sonrío y encuentro el libro en su estante, antes de sentarme al borde de la cama para leer. Bix suspira cuando comienzo la historia de un toro que se pone feliz con solo sentarse y oler las flores bajo su sombra favorita. Las niñas se instalan y observan las imágenes mientras leo, cambiando mi voz para los distintos personajes. Ellas bostezan, sus ojos a punto de cerrarse. En el momento que llego al final, ambas están con los ojos cerrados y respirando profundamente en sus sueños. En vez de despertar a Josie para que se levante de la cama de Maddie y vuelva a la suya, la levanto en mis brazos con cuidado y la llevo hasta su cama, acostándola suavemente.


Antes que pueda alejarme, ella aprieta los brazos alrededor de mi cuello en un abrazo y susurra: —Te amo, papi. Mi corazón se detiene cuando ella comienza a moverse, gira de costado y suspira, y luego vuelve a dormir. De pronto, siento un brillo de sudor formarse en mi frente y dejar entrar y salir aire de mis pulmones se convirtió en una lucha. Necesito salir de aquí. Estoy fuera del cuarto de las niñas, apago la luz y camino rápidamente por el corredor hasta el cuarto de Brynna, entro al cuarto de baño y abro el grifo de agua fría, echándome agua sobre el rostro una y otra vez, sin importarme salpicar todo el piso, el lavabo, mi camisa.

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Paro y apoyo mis manos sobre el lavabo, mirando mi propio reflejo, el agua escurriendo, jadeante, intentando tomar aire suficiente en mis pulmones. ¡Rat tat tat tat tat! —¡Vamos, vamos, vamos! ¡Salgan! —grito a mis hombres en el desierto de Afganistán—. ¡Fuera de aquí! —¡Marshall cayó! —Lewis me grita a veinte metros de distancia, disparando con precisa calma a los Talibanes que nos emboscaron. —¡Mierda! —Voy hasta la colina para intentar pedir ayuda —Bates, el cuarto de nuestro equipo me informa. —No, permaneceremos juntos —niego con la cabeza y apunto mi rifle, alcanzando otro enemigo. —Necesitamos refuerzos, hombre —Lewis grita.


—Te alcanzarán —grito a Bates, mientras caminamos a través de los árboles—. ¡Hay por lo menos cincuenta de ellos! —Necesitamos refuerzos —repite Bates y me mira directamente a los ojos—. Voy allí arriba. Antes que pueda responder, él se agacha y sale corriendo hacia la colina, para llegar al terreno elevado hasta la unidad de comunicación para trabajar, y Lewis y yo abrimos fuego, para cubrirlo. —¡Tres en punto! —Lewis grita y me giro hacia mi derecha, disparando y alcanzando a tres Talibanes más. Mis ojos buscan a Bates y lo veo aún haciendo su camino hasta a la montaña. De repente, escucho gruñir a Lewis, y cuando miro en su dirección, está doblado en una rodilla, pero continúa disparando. —¿Estás herido? —pregunto.

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—Afirmativo, señor —él responde y continúa disparando. —¿Qué tan malo es? Él no responde. Mirando hacia arriba, Bates ha llegado a la cima y está montando la unidad de comunicación cuando de pronto una bala alcanza su hombro derecho, derrumbándolo. Hace una mueca, pero levanta el CB20 a la boca, pidiendo ayuda. Otra bala perfora la mano que sostenía el transmisor, pero él no se altera, lo sostiene con la otra mano y continúa hablando. —¡Lewis! ¡Bates necesita ayuda! —grito. Lewis estaba doblado en su estómago, ahora, aún disparando y derribando hombres. Mi propio rifle continua disparando, y por un momento, pienso que podremos sobrevivir a esto, aunque con un hombre menos. Hasta que la mierda de un francotirador acierta un tiro en la frente de Lewis, matándolo 20

Por definición, es la porción del espectro de frecuencias destinada a la libre comunicación entre el personal civil, por medio de la radio y sin que medien exámenes o preparación especializada.


instantáneamente. —Hijo de puta —gruño y continúo disparando sin parar, con la certeza que a ninguno de nosotros cuatro nos gustaría morir aquí en esta colina, y no vamos a salir sin luchar. —¡Refuerzos llegando! —Bates me grita, poco antes que otra bala impacte su hombro izquierdo y caiga al suelo. —¡Protégete! —le grito, mi corazón latiendo de forma irregular—. ¡Desciende, Bates! —Sí, señor, —responde y me mira con los ojos vidriados mientras yo continuo disparando al enemigo que nos rodea. Un flash de luz vino directo hacia nosotros y cayó a varios metros de distancia, aturdiéndome. ¿Qué estoy haciendo? Sacudo mi cabeza, tratando de volver aquí y ahora, y tiro más agua en mi cara con

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manos temblorosas. Quiero a Brynna desde la primera vez que puse mis ojos sobre ella. Es jodidamente hermosa, ¿quién no querría follar con ella? Pero, mierda, es mucho más que eso. ¿Por qué creí que podría simplemente tenerla en mi cama y no enamorarme? ¿Por qué no pude mantener mis malditas manos lejos de ella? Me quedo mirando al hombre roto y vacío en el espejo, sabiendo la respuesta. Porque Brynna Vincent es para mí. Nunca habrá otra mujer que pueda hacerme sentir seguro, feliz. Amado. Y sus hijas son dos pequeños faroles de luz en este infierno oscuro que llamo vida, y que no consigo resistir.


Y Dios sabe que no las merezco. A ninguna. Solo el pensamiento de Josie y Maddie llamándome papá me llena de tanto orgullo y miedo, que no sé que hacer conmigo mismo. Las cosas se me fueron completamente de las manos. Tenemos que parar de jugar a la casita. Si no es por mi propia salud mental, que sea por las niñas, porque solamente un dolor de cabeza puede salir de eso. No pude proteger a mis hombres. ¿Qué es, en nombre de Cristo, lo que me hace pensar que podría proteger a esas preciosas mujeres? Salgo del baño y entro a la habitación, golpeando las teclas de mi móvil mientras camino, agarro mi mochila del armario y arrojo los pocos artículos de vestir y productos de higiene personal que traje, cierro y corro por las escaleras,

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deteniéndome para conversar de igual a igual con la mejor cosa que me sucedió. Porque nunca voy a ser la mejor cosa para ella. —¿Qué es lo que estás haciendo? —pregunta con un gesto en su cara, levantándose del sofá cuando me ve. —Envié un mensaje a Matt para que se quede aquí contigo y las niñas. Es hora de que me vaya, Bryn. —Dios querido, no me mires así. Ella parpadea y sus ojos se vuelven tristes, pero cruza los brazos sobre el pecho y levanta su barbilla. —¿Por qué? Me encojo de hombros y me coloco el abrigo. —Es el momento. Creo que voy a aceptar un trabajo que me ofrecieron en San Diego. Vas a estar bien con Matt —cada palabra es como un cuchillo perforando mi corazón. —¿Entonces, te digo que te amo, mis hijas te adoran y todo lo que puedes hacer es


huir? —ella pregunta, su voz suave llena de rabia. Y traición. —Mira —comienzo y paso mis dedos sobre mi boca, sin ser capaz de mirarla a los ojos—. No puedo hacer nada si tú confundiste esta mierda con algo más de lo que era. Ella se atraganta y me pongo de espaldas, mi pecho sin aire, odiándome. ¿Cómo le puedo hacer esto? —Pensé que pasaría unos buenos momentos contigo mientras estaba aquí, pero… —¿Pero qué? —ella gruñe entre dientes. —Pero no te amo —no puedo girar y mirarla a la cara. Dios, te amo jodidamente. No lo soportaría.

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Escucho su dura respiración detrás de mí y rezo para que no llore. No me implore. Pero es de Brynna de quien estamos hablando y ella no implora nada. —Te estoy diciendo a ti ahora, Caleb Montgomery, si te vas, no serás bienvenido a volver —su voz tiembla en la última palabra, y es un golpe en mi estómago. Asiento rígidamente. —Ya envié un mensaje a Matt. —¿Debería follar con él también, ya que estará tomando tu lugar? —pregunta, con la voz llena de veneno y rabia, y consigue lo que exactamente está buscando. Me apuñala directo al corazón. Lo mataré, si pone una mano sobre ti.


Aprieto mi mandíbula y mis puños, y giro para mirarla a los ojos. Hago lo mejor que puedo para mantener mi rostro impasible, pero reconozco que estoy fallando horriblemente. Nunca me quebré bajo presión, incluso si estaba siendo interrogado por el enemigo, pero esto me está quebrando, y necesito salir. —Fóllate a quien quieras —le respondo. Su barbilla cae y abre los ojos, llenos de lágrimas no derramadas, pero se controla y estrecha la mirada hacia mí nuevamente. —Eres un cobarde de mierda —se queja. —Te dije que terminó y estoy saliendo, Brynna. ¿Qué es lo que quieres? —pregunto con rabia, levantando la voz por primera vez. —¡Quiero ser la primera maldita elección de alguien! —ella me grita—. Quiero a

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alguien que quiera estar conmigo. ¡Que me elija! —sus ojos están muy abiertos e irritados cuando golpea el piso con su pie y me mira—. Pensé que eras ese hombre. —Pensaste mal. Tú eres mi elección, Piernas. Ella se aleja, cuando escucho a Bix saltar de la cama de las niñas y comienza a ladrar. Un ladrido cada tres segundos. —Estoy tan… —Para —levanto mi mano, haciéndola callar en el medio de la frase y escucho. La casa está tranquila, excepto por el ladrido profesional de Bix. —¿Por qué él está…? —Te dije que pares de hablar —la interrumpo, y ella cubre la boca con las dos manos, mirándome sorprendida. De pronto, una sombra rompe la ventana de atrás, al lado de la puerta corrediza de vidrio, y entro en acción. Saco mi pistola de la


cintura y se la pongo en las manos de Brynna. —Toma esto y quédate arriba con las niñas —mi voz es baja y dura—. Lleva a todos, incluyendo a Bix, hasta el baño y traba la puerta. No abras, a menos que yo te lo diga. ¿Me estás escuchando? Ella mueve la cabeza, los ojos agrandados de miedo y apenas me mira. —¡Vete! —Te amo —ella susurra y sube las escaleras. *****

~Brynna~ Busca a las niñas. Busca a las niñas. Busca a las niñas.

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Me lo repito a mí misma una vez y otra vez, mientras subo las escaleras de dos en dos e invado el cuarto. Bix está en posición de alerta, de pie al lado de la cama, orejas levantadas, mostrando los dientes. Él llora cuando me ve. —¡Mamá! —Maddie llora y se lanza sobre mí, en el momento que escucho una voz dura abajo con Caleb, palabrotas y gruñidos. ¡Alguien está en mi puta casa! Rápidamente agarro a las niñas y tomo el edredón de la cama mientras corro para el baño. Bix se une a nosotras y cierro la puerta con llave. —¿Qué está sucediendo? —Josie grita. —Hay un hombre malo abajo —le digo con toda la calma que puedo aparentar. ¡No podría ser más de uno! Acomodo el cobertor dentro de la bañera y coloco las niñas dentro, entonces, me uno a ellas. Bix permanece a pocos metros de la puerta, gruñendo, aún con las


orejas levantadas y dientes a la vista, montando guardia. Mierda, amo a este perro. Agarro mi móvil de mi bolsillo y llamo a Matt. —¿Sí? —-responde. —Matt, te necesitamos aquí —comienzo y Maddie deja escapar un lamento alto, muriendo de miedo. —¿Qué hay de malo? —pregunta. —Alguien entró, y Caleb está abajo solo. Estamos encerradas en el baño del piso de arriba. —Estaré allí en treinta segundos.

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Él corta la comunicación y llamo al 911, informo sobre la situación y dejo el móvil al lado de la bañera, aún ligado al operador, mientras esperamos. Las niñas amontonadas a mi lado, y yo aprieto la pistola de Caleb en mis manos, mirando la puerta, a la espera, jadeante y temblando de miedo. Oh, Dios mío, ¿qué está sucediendo allá abajo? Más sonidos a vidrios rotos y escucho muebles siendo tumbados. Puedo oír voces apagadas y más gruñidos de dolor, y rezo con toda la fe dentro de mí, para que Caleb esté entero y seguro. Luego de varios segundos sin ruidos, se escuchan dos tiros y, enseguida, un tercero, y después silencio. Lágrimas corren por mi rostro. Las limpio con la manga de mi camisa y mantengo el arma apuntando a la puerta. Bix aún gruñendo y ladrando, pero, de repente, para e inclina la cabeza para un lado, como si estuviera escuchando atentamente.


—¿Bryn? —Caleb llama del otro lado de la puerta. —¡Caleb! —Maddie llora, mientras me levanto y aproximo para abrir la puerta y dejar entrar a Caleb. —¿Dónde está él? —pregunto, a través de mis sollozos. Caleb simplemente mueve la cabeza y nos lleva a todas a sus brazos, apretándonos fuerte. Me aparto, y las niñas se pegan a él, con miedo, y quiero seguir el mismo camino, pero las palabras que él me dijo momentos antes de que nuestro mundo se venga abajo, están aquí entre nosotros. Nos está abandonando. Yo no soy a quien él quiere.

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Cuando las niñas están más calmadas, él susurra para ellas que abracen a Bix, y cuando hacen eso, me tira contra él, entierra el rostro en mi cuello y se mantiene firme, pero aún no envuelvo mis brazos alrededor de él. Me quedo parada, y espero que él termine. —Brynna —susurra. —¿Dónde están? —Matt llama frenéticamente. —¡Estamos aquí! —le grito. Matt entra en la sala, otros policías detrás de él, dispersándose por toda la casa para tener la certeza que no existe ninguna amenaza más. —Estás herido —le dice a Caleb, sus ojos duros, y miro hacia abajo para encontrar sangre cayendo del brazo de Caleb. —¡Oh, Dios mío, no vi eso!


—Es solo un rasguño —Caleb balancea la cabeza, su mirada en mí, lleno de preocupación y miedo, pero lo ignoro y me lanzo sobre Matt, abrazándolo con fuerza. —¿Tú estás bien, caiño? —me pregunta. Asiento y vuelvo la mirada a Caleb. —Necesitas ir al hospital. —No, estoy bien —mueve la cabeza y acaricia la espalda de Josie, que está pegada a su cintura, colgada como si fuera la vida en ello. —La ambulancia está en camino. —Matt nos informa, mientras el ruido de las sirenas se escuchan desde el garaje—. Ellos te pueden atender. Finalmente todos nos movemos hasta abajo, después que el legista llega y retira el cuerpo. Las niñas y Bix se acomodan en el sofá, mientras Caleb es atendido por un

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paramédico y yo doy mi declaración a Matt y su compañero, distraída por la confusión que nos rodea, muebles rotos, vidrios esparcidos sobre la alfombra. Hasta el sofá está dado vuelta. La sangre se está amontonando en el piso de madera de la sala. El proceso es largo y desgastante, y cuando toda la adrenalina del momento pasa, las niñas y yo no conseguimos permanecer con los ojos abiertos. —Nosotras no podemos permanecer aquí hasta que la ventana sea arreglada, y este lugar esté limpio —murmuro a Matt. —Las llevaré a un hotel —responde con una sonrisa. —Pueden quedarse en mi casa —Caleb responde cuando se une a nosotros. —Vamos al hotel —murmuro, sin mirar a Caleb. —Yo creo… —Caleb comienza, pero lo interrumpo. —Yo no quiero ir a tu casa, Caleb. Nos vamos para el hotel.


Sus ojos azules se endurecen, pero desvía la mirada y traga en seco, mientras Matt nos observa atentamente. —Las llevaré —Caleb murmura bajito. —Yo… —Las llevaré —repite, con su voz fuerte sin dejar espacio para la discusión. Salgo sin responder y beso a las niñas. —Vuelvo enseguida, ¿ok? Solo voy arriba a hacer las maletas. Se quedan aquí con Bix, Matt y Caleb. Ellas asienten con sueño, mientras me giro hacia Matt. —Asegúrate que el hotel recibe perros. Él viene con nosotras donde sea a partir de ahora.

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Matt sonríe y asiente. —Buena chica. Una vez que nuestras maletas están listas, Caleb nos lleva en su auto. Matt se ofreció a quedarse en casa y supervisar la limpieza y asegurarse que la ventana sea cerrada con tablas. —Bryn… —Caleb comienza, pero suspiro y lo corto. —Ya has dicho todo lo que necesitabas decir, Caleb. Nosotras estaremos bien. Aunque no sepa si vamos a estar bien. No sé si estamos fuera de peligro. ¿Quién era ese hombre que invadió la casa e intentó herirnos? El proceso de check-in está demorado, y siento como si mis pies estuvieran llenos de barro, cuando Caleb nos lleva a nuestra habitación. Él está cargando a las dos niñas, y yo estoy arrastrando nuestra maleta detrás de mí. Bix a mi lado, sin su correa.


Creo que me olvidé de la correa. La habitación tiene una cama King size, pero yo pedí eso. Quiero a mis hijas durmiendo conmigo esta noche. Caleb lleva a las niñas a la cama y le dice a Bix que se una a ellas. Saco mi pijama de la maleta y voy al baño a cambiarme. —No tienes que hacer eso por mí —susurra. —Nunca más me verás desnuda otra vez —respondo, notando como aprieta su mandíbula y sus ojos se endurecen con mis palabras. Puedo oír la tristeza en mi voz, y no tengo energía para intentar ser audaz. Él nos está abandonando. Cuando vuelvo para la habitación, me junto con las niñas en la cama. Josie comenzó a llorar de nuevo, y está agarrada a Caleb.

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—¿Dónde está el hombre malo ahora? —ella llora bajito. —Se ha ido, querida —Caleb habla suavemente con ella—. Él no puede lastimarte. Pero él te lastimó a ti. Miro su brazo y hacia abajo con la necesidad de verificar todo su cuerpo y besar la herida, tocarlo entero y asegurarme que está bien. Pero él no me quiere. Finalmente los gritos de Josie desaparecen y Caleb la coloca otra vez en la cama. Se acuesta a su lado, observándonos dormir. Bix está acomodado a sus pies, y yo estoy en el lado opuesto a Caleb, también de costado, pero estoy mirándolo a él. Memorizando cada línea de su cuerpo, cada cabello de su cabeza. Finalmente, aparta su cabello para atrás y se inclina para colocar un suave beso en cada una de las cabezas. Levanta su mirada hasta la mía, y en sus ojos azules brillantes hay tristeza y arrepentimiento. Atraviesa las niñas y asegura mi rostro con su mano, limpia una lágrima con el pulgar y acaricia cada centímetro de mi rostro


con los ojos. Él suspira profundamente y me suelta, se aleja de las niñas, apaga la luz y va hacia la puerta. Cuando abre la puerta, me mira y susurra. —Perdóname, Piernas —antes de salir tranquilamente y cerrar la puerta. Durante varios segundos miro ciegamente por donde Caleb salió, entonces me giro y entierro la cara en la almohada, dejando mis lágrimas y la tristeza salir en sollozos violentos. Caleb se marchó.

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Capítulo 19 ~Caleb ~ Tres meses más tarde Traducido por Blanca20011983 Corregido por Vickyra

—¿L

o de siempre? Asiento a la camarera pelirroja, y mantengo la cabeza baja, mirando el mostrador y veo mi frente cubierta de cicatrices.

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—¿Ya no estás activo? —Ella me pregunta, al recoger un vaso y una botella de Jack Daniels. —¿Cómo lo sabes? —le pregunto, y giro el líquido ámbar, empujando hacia adelante en una súplica silenciosa por más. —Llevo trabajando en este bar hace más de quince años —ella dice y me sirve otra dosis—. Sé sobre las idas y venidas de chicos militares sobre esta base. Y puedo decir mirándote que ya no estás activo. La miro y tomo un sorbo de Jack, no confirmo ni niego su suposición. —¿Entonces por qué estás aquí y no vuelves a casa, y luchas por tu chica? —Ella me pregunta con una sonrisa. Jódete y déjame beber. —No sabes nada al respecto —gruño y golpeo mi copa en el mostrador.


—Se muchas cosas. —Ella coge un paño y limpia la barra, claramente aún no está lista para dejarme solo—. Sé que has venido aquí tres noches a la semana como un reloj en los últimos tres meses. Bebes whisky hasta emborracharte y caminar de regreso de donde saliste. Estás bebiendo para olvidar algo, y mi apuesta es que es una mujer. —Tal vez sea un hombre. —Sonrío. —No, me he dado cuenta de que miras algún culo que otro, pero si se te acercan gruñes y las espantas. —No hay nada de malo en mirar. —Me pongo de mal humor. Sólo quiero beber hasta que esté tan borracho que anestesie los kilos de dolor en mi pecho, y pueda olvidar la mirada en el rostro de Brynna mientras salía de su habitación de hotel hace tres meses. —No —ella está de acuerdo, y asiente, pensativa—. Pero te ves culpable como el

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infierno después de hacer eso. —¿Qué quieres? —le pregunto, y empujo mi vaso vacío hacia adelante para otra dosis. —Sólo quería hablar contigo, eso es todo —responde con una sonrisa—. No me asustas con esa mirada, de todas formas. Llevo casada con un SEALs desde hace diez años, y tu mirada no me asusta. —Enhorabuena —murmuro y cojo mi whisky. —Oh, no fue un paseo por el parque, confía en mí. El tonto de verdad me dejó por un tiempo. Afirmó que no me merecía. —Ella se encoge de hombros y se ríe mientras la miro con los ojos entrecerrados. —¿Qué has dicho? —pregunto. —Me dijo que no me merecía —repite y me mira durante unos segundos—. Oh, así que eso es todo. —Ella niega con la cabeza y pone los ojos en blanco—. Así que cuando te están enseñando a hacer levantamiento de pesas con un árbol de pino y


contener la respiración durante 45 minutos... —Cuatro minutos —la corrijo con un gruñido. —¿También se aprende a ser una mula terca? —Ellos me enseñaron a hacer caso omiso de las jodidas camareras curiosas — respondo y juego con un pretzel en la boca. —Ok, no hables, y escúchame idiota. —¿Por qué estás hablando conmigo? —le pregunto con incredulidad. —Por qué vas a arruinar tu puta vida, y estás demasiado involucrado para verlo, así que cállate y escúchame. —Cruza los brazos sobre el pecho y me mira, y por un minuto yo podría jurar que estoy hablando con mi madre. —De acuerdo. —Suspiro y mantengo los ojos en la barra.

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—Él no vino por mí, hasta que descubrí que estaba embarazada —inicia y luego suspira—. Sin embargo, perdí el bebé. —Lo siento —le susurro. —Yo tenía tres —responde y puedo oír la sonrisa en su voz, y no puedo dejar de odiarla un poco. Es buena, si no fuera una mujer tan entrometida, pero no me importan un comino sus hijos—. Pero te diré lo que le dije, y luego voy a prestar atención a los otros clientes. —Oh, gracias Señor —contesto con sarcasmo. —¿El sueño americano por el que tanto luchan por allá? ¿Las libertades por las que morirían para proteger? Son tuyos también, sabes. Mi cabeza se levanta, y la miro mientras ella continúa. —Tú ya te has ganado el derecho a ser feliz, más que la mayoría de nosotros. —Ella traga saliva y pone su mano en mi brazo—. En eso tienes razón, sargento.


—¿Cómo lo sabes? —le pregunto, pero ella me corta. —Gritas sargento. O teniente. —Sargento —le susurro. Ella niega con la cabeza y mira hacia abajo en el mostrador. —Antes de ir a casa y reclamarla antes de que alguien más lo haga, necesitas obtener un poco de ayuda para TEPT21, y poner tu cabeza en su lugar. —¿Qué eres, un maldito psiquiatra? —desprecio. —No —ella asiente y sonríe suavemente—. Pero conozco uno bueno. —Ella saca una tarjeta de su bolsillo trasero y la desliza sobre el mostrador antes de detenerla frente a mí, me da un guiño, y camina a lo largo de la barra para ayudar a otros clientes.

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¿Qué coño es lo que sabe de todos modos? De pronto, no quiero más whisky, y no puedo soportar el olor a licor rancio en este bar, esparzo algunos billetes sobre el mostrador y me alejo, pasando por la multitud que empieza a reunirse y salgo por la puerta. Este bar en particular no está muy lejos del apartamento que la Marina me dio con mi contrato. He estado entrenando a SEALs cerca de San Diego, California, la mayor parte de esos tres meses. El contrato terminó. Tuve una invitación para trabajar en el centro de entrenamiento de mercenarios, cerca de Seattle, pero vivir en Seattle significa vivir cerca de Brynna y las niñas, y no sé si podría sobrevivir a eso. Mira lo bien que estás sobreviviendo aquí, idiota. Entro en mi apartamento y miro el viejo sofá, en el techo oigo el ruido del aire acondicionado. Es sólo mayo, pero ya hace mucho calor en el sur de California, 21

TEPT : Trastorno de estrés postraumático


incluso por la noche. Me pregunto si no es tiempo de ir a casa. Saco mi iPhone del bolsillo y abro la aplicación del tiempo. Está configurado para Seattle. Soleado y media de 16ºC. Buen tiempo. A mis chicas les gustaría ir al parque con este clima. Mis niñas. Dios, estoy hecho una mierda. Decidí irme, sabiendo que me amaban. Yo elegí. Porque quedarme, sólo terminaría perjudicándolas a ellas.

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Ellas no se merecen esto. Froto las manos sobre mi cara con un largo suspiro y cierro los ojos. Las echo de menos. Pensé que iba a mejorar con el tiempo, pero la verdad es que sólo se pone peor. Cada día es como una tortura sádica, y yo daría cualquier cosa por estar con ellas. Todas ellas. Cometí un error. Miro el teléfono y lo muevo hasta que su número aparece, junto a su imagen, y me quedo mirando, mi pulgar se cierne sobre el número y me debato en llamarla. Necesito escuchar su voz. Más que eso, tengo que sentirla. Abrazarla fuerte y respirar su aroma Lo necesito tanto, que duele.


En lugar de pulsar el botón para llamar, me tumbo en el sofá y miro su dulce cara, sus grandes ojos marrones, cabello largo y oscuro, y me acuerdo de cómo se sentía cerca de mí mientras duermo. Cuan seguro me siento durmiendo a su lado, donde las pesadillas están muy lejos, y rezo para mantenerlas fuera porque no estaba lo suficientemente borracho para dormirme esta noche. El whisky es la única cosa que adormece el cerebro de los pensamientos de Bryn y las pesadillas. ***** ¿Dónde están? —¡Brynna! —grito y corro alrededor de la casa, subo las escaleras y hacia abajo de nuevo, del dormitorio a la sala, tratando de encontrarlas.

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Ellas están gritando y llorando por mí. —¡Papá! —Maddie llora histéricamente. —¡Caleb, ayúdanos! —Brynna grita. Bix está ladrando frenéticamente, no su ladrido de alerta sino el de ataque. El vidrio estalla. Disparos. —¡Papá! ¡No puedo encontrarlas joder! Corro y subo las escaleras, pero cuando llego allí, estoy de alguna manera en la cocina. Tengo que llegar hasta allí. Es allí desde donde viene el llanto. —¡Ya voy! —grito y corro por las escaleras de nuevo, pero cuando trato de subir las escaleras,


voy a una velocidad súper lenta, no soy capaz de moverme lo suficientemente rápido para llegar hasta allí. —¡Papá! Ahora, sus gritos son procedentes de la cocina, pero no puedo dar la vuelta y regresar. ¡Vete a la mierda! De repente, todo es silencio sepulcral. Incluso Bix dejó de ladrar, y puedo escuchar los sollozos en silencio que viene de alguna parte, pero no puedo decir dónde, sólo sé que no puedo moverme lo suficientemente rápido para alcanzarlas. —¡Papá! —susurra Josie. Me despierto con un sobresalto, jadeo, el sudor chorreando por mi cara. Jodido hijo de puta.

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Salto del sofá y corro por todo el apartamento, buscando frenéticamente, antes de darme cuenta que era una pesadilla, y las chicas no están aquí. ¿Este sueño americano por el que luchan tan duro? ¿Las libertades por las que moriría para proteger? Son también tuyas también, sabes. Fue un golpe directo. Son míos. Saco la tarjeta que la camarera me dio de mi bolsillo trasero, y llamo al número. Es hora de arreglar esta mierda y volver a casa. ***** —¿Cómo llevas las pesadillas desde que empezaste a venir aquí la semana pasada? —El Dr. Reese me pregunta en voz baja. —Apenas tuve una —respondo y me inclino hacia delante en la silla, apoyando los


codos en las rodillas. —Esto es un gran avance. Asiento y suspiro. —Todavía no estoy muy cómodo entre la multitud. —¿Has estado en una gran multitud últimamente? —me pregunta con una ceja levantada. —Estuve en la tienda de comestibles el sábado. Estaba lleno. —Me encojo de hombros. —¿Y qué pasó? —Me fui.

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—Las multitudes siempre pueden molestarte, Caleb. El Trastorno de Estrés Postraumático nunca desaparece, sólo se aprende a manejarlo y vivir con ello. —El TEPT es otro término para la cobardía, doctor. No vamos a endulzar este hecho. Sus estrechos ojos me miran por un momento antes de arrugar la frente y se sienta de nuevo en su silla. —Estás diciendo que si alguno de tus compañeros de equipo... —Hermanos —lo corrijo. —Si tus hermanos hubieran sobrevivido a ese día en la montaña, y estuviesen como actualmente estas, ¿los llamarías cobardes? —Inclina la cabeza, mirándome fijamente. —¡Ellos no sobrevivieron porque no pude mantenerlos a salvo! —Caleb, eran cuatro contra más de cincuenta hombres fuertemente armados.


¿Cómo en el mundo se cree que podría sobrevivir a eso? —Era una maldita misión —murmuro y froto mi mano sobre mi boca. —Estoy de acuerdo. —Él asiente—. Pero no fue por falta de inteligencia de tu parte que ellos murieron, Caleb. El enemigo los mató. Y lo sabes. —Lo sé. —Es la primera vez que lo reconozco—. ¿Pero por qué sobreviví? Soy el único maldito, doctor. —Suena como si estuvieras viviendo una vida maldita, Caleb. Tienes una gran familia, una mujer que te ama, una sólida carrera. —¿Y si otra cosa mala sucede? —¿Por qué tiene que suceder? —Se inclina hacia delante en su silla y me mira de manera constante—. Hiciste tu trabajo, Caleb. Has salvado a Brynna y a sus hijas de un intruso. Hiciste lo que tenias que hacer allí. Tú las mantienes a salvo.

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Lo miro, mientras que las imágenes de esa carrera nocturna vienen a mi mente. Diciéndole a Bryn que me iba. La ruptura de la ventana. Luchando con ese hijo de puta que vino a hacerles daño, apuntando la pistola a la cabeza y apretando el gatillo. —Yo moriría para mantenerlas a salvo —susurro—. Pero fui terrible con ella. Las cosas que dije, que no la amaba. Era la única manera que se me ocurrió para alejarla. —¿No crees que lo entenderá cuando se lo expliques? Por lo que me dijiste, suena como una mujer razonable. Y estas enfrentando a tus demonios para mantenerlas en tu vida. Estás haciendo progresos. —Bueno, el primer paso es admitir que hay un problema, ¿verdad? —pregunto sarcásticamente. Él sonríe y asiente.


—¿Has hablado con los familiares de los hombres que perdiste ese día? Me pongo serio, lo miro. —No desde su funeral. —Quizá deberías. —¿Llamar y hablar con las esposas de Bates y Marshall, y la madre de Lewis, sólo para escuchar que digan que debería haber sido yo, y colgarme en mi cara? —Le pregunto con incredulidad. Niega con la cabeza. —No. Llámalas. Esta es tu última lección de mi parte, y luego te voy a enviar a casa. Tendrás que seguir viendo a alguien por un tiempo, pero todo irá bien, Caleb. Casa.

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Me detengo y miro al médico, dudoso sobre esta última tarea. Llamarles y recordar que la misión fue lo suficientemente dura. ¿Hablar con su familia? Maldita sea. —Vas a estar bien —repite. Asiento y dejo su oficina, caminando a paso rápido hacia mi auto, cierro la puerta y cojo mi teléfono. Si es lo que tengo que hacer para volver a casa, que así sea. Me mantengo firme y luego marcó el primer número. ***** El viaje de regreso a Seattle ha sido muy largo. Otra semana ha pasado desde que hice esas conexiones. Una semana para empacar mis cosas, sentarme durante unas cuantas sesiones más con el buen doctor y salir a la carretera.


Jesús, y ¿si ella no me quiere de vuelta? Me detengo abruptamente en frente de su casa y bajo del auto, dejando la puerta abierta, corro a la puerta principal, llamando con el puño. No hay respuesta. La casa está en silencio. Corro hacia atrás, y miro con satisfacción que la ventana trasera fue reemplazada. Mi equipo de entrenamiento desapareció. Voy a tener que reemplazarlo. Llamo a la puerta corredera de cristal, pero todavía no hay respuesta y no hay movimiento en el interior. Incluso Bix no está corriendo para ver quién está llamando a la puerta.

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Por favor, que estén en la casa de sus padres. Vuelvo al auto y acelero a la casa de los padres de Bryn, pero también estoy frente a otro silencio en esta casa. ¿Dónde está todo el mundo? Es domingo por la mañana, por Cristo. Con una mueca, conduzco hacia el norte desde Seattle hacia la casa de mi padre. No he hablado con ellos, o cualquier persona en casi dos meses. Tengo que aclarar las cosas y pedir disculpas. A todos. Así que paro en la casa y bajo del auto, Matt está detrás de mí, con Pa e Isaac en el remolque. Antes de que pueda decir una palabra, Matt sale de su auto con los ojos rojos y


mostrando los dientes, me sujeta por el cuello de la camisa, y me golpea contra mi auto. —¡Maldito hijo de puta! —Él grita y echa el puño hacia atrás firmemente plantándolo en mi barbilla. —¿Qué carajo? —grito y cambio nuestra posición, sosteniendo a Matt en el auto—. ¿Qué demonios te pasa? En lugar de contestar, se balancea de nuevo, plantando su puño en mi ojo y me empuja hacia atrás, aterrizando rotundamente en mi culo. Es un hijo de puta fuerte. Antes de que Matt pueda continuar con la paliza, Isaac y Pa le agarran de los brazos y le sujetan. —¡Dije que pares! —grita mi padre.

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—¡Jesucristo, hombre! —Isaac grita. —¡Es tu culpa! —Matt me señala y escupe a un lado, las gotas de sangre en el hormigón, por el puñetazo que conseguí darle. —¿Qué mierda es mi culpa? —pregutno y presiono la palma de mi mano en mi ojo. Cristo, como duele—. ¡Ni siquiera he estado aquí! —¡Exactamente! —Matt se encoge de hombros para salir de los brazos de Isaac y Pa, y se pone en mi cara otra vez, pero sin tocarme. Su nariz esta a centímetros de la mía, sus ojos oscuros enojado, mandíbula apretada—. Tú no estabas aquí. Le dije antes de salir que ella aún no estaba segura. No sabemos lo suficiente para dejarla ir sin seguridad. —¿Qué estás diciendo? —le pregunto, mientras mi corazón golpea fuerte. —Están heridas, hijo —murmura Pa detrás de Matt. —¿Qué? —Busco los ojos de Isaac y de Papá, y están llenos de tristeza y miedo—.


¿Qué? —pregunto a Matt. —Alguien le cortó las pastillas de freno. —Isaac me dice—. Ella y las niñas tuvieron un accidente muy grave ayer por la noche. Me aparto de todos ellos, mis pies moviéndose sin un rumbo. Meto mis manos en mi pelo y miro a mis hermanos y mi padre. —¿Qué pasó? —Las niñas no están demasiado magulladas. Principalmente contusiones, aunque Maddie ha necesitado puntos de sutura en su mano. —Isaac me dice. —¿Brynna? —le pregunto. —Ella está inconsciente —Pa responde sin problemas—. Conmoción cerebral. Se dislocó el hombro. Ellos la mantienen bajo observación debido a la lesión en la cabeza y para asegurarse de que no hay nada interno.

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—Oh, Dios mío. —Había una cámara de seguridad en el estacionamiento del centro comercial que estaban aparcadas, así que sabemos quién lo hizo, y fue arrestado —murmura Matt, sin dejar de mirarme—. Pero no estabas aquí, Caleb. —¿Por qué estaba sola? —pregunto. —¡No estabas aquí! —¿Y qué? —le grito—. ¡Tú estás aquí! ¡Estuviste aquí! ¡Estaba tan segura contigo como cuando estaba conmigo! —No lo permitía —papá dice con un suspiro—. Dijo que podía cuidar de ella y de las chicas, que ha estado haciendo esto por años, y no nos dejaba llevarla o quedarnos con ella. Estoy paseando por el camino, y no creo lo que oigo.


—Tienes que estar bromeando. —La cagaste hombre —Isaac dice—. Ella ha sido un desastre. Las chicas lloran mucho. Un golpe directo, en el estómago. —Me fui porque pensé que era lo correcto. —Las dejaste —Matt interrumpe— porque eres un puto marica. —¿Dónde están? Ninguno de ellos me responde, y me desgarra, no confían en mí. Piensan que yo voy a hacerle daño Brynna o a las niñas. —¿Dónde están? —repito—. Papá, las amo. Es por eso que estoy aquí.

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Pa suspira y se frota los ojos con las manos. —Están en Harborview. Sin responder salto en mi auto y salgo del garaje de mis padres. ¡Mis niñas se lesionaron! Corro hacia Harborview, sin prestar atención a los límites de velocidad y normas de tráfico, entro al estacionamiento y aparco dentro. —Brynna Vincent —gruño a la mujer detrás del mostrador de registro—. Tengo que encontrarla. —Un momento —murmura y busca en el equipo—. Ella está en el cuarto piso, cuarto cuatro -cero- nueve. Ignoro el ascensor y subo las escaleras, de tres en tres hasta que llego a la cuarta planta. Cuando entro en la sala de espera, escucho: —¡Caleb!


Me giro bruscamente sobre mis pasos al sonido de la vocecilla. —Hey, florecita. —Caigo de rodillas mientras cojo a Maddie en mis brazos, llorando y aferrándose a mí—. Oye, ¿estás bien? —Tengo puntos —pone mala cara y se inclina hacia atrás para mostrarme su pequeña mano envuelta en una gasa. Lo beso con suavidad y ofrezco una sonrisa. —¿Dónde está Josie? —¡Caleb! Josie salta sobre mi espalda, agarrándome por el cuello. —¡Tuve que hacer pis! La tiro cerca de mí y envuelvo mis brazos alrededor de las dos niñas, oliéndolas. Josie tiene un ojo negro y los labios de Maddie están partidos.

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Voy a matar a la persona que puso las manos en los frenos del auto de Brynna. —¿Están seguras que están bien? —pregunto con voz áspera. Ellas asienten y Josie se acurruca cerca de mí. —¿A dónde fuiste? — susurra. —Yo tenía un trabajo —respondo y cierro mis ojos—. Estoy en casa ahora. —Brynna no estará feliz de verte. Levanto la vista para encontrar a Luke, Nat, Meg, Nate y los padres de Brynna observándome. Incluso Sam y Leo están aquí, junto con Dominic. Por supuesto, toda la familia está aquí. —Tengo que verla

—contesto y beso suavemente las cabezas de las niñas—.

Quédense aquí, ¿de acuerdo? Voy a ver a su madre. —Ella está durmiendo— Maddie me dice con lágrimas—. Quiero verla también,


pero está todavía dormida. —La verás pronto, querida. —Jules y Will están con ella ahora —Sam me dice con una sonrisa—. Bienvenido a casa. Asiento y entro en la sala de Bryn, exactamente cuándo Jules y Will se van. —Oh, Dios mío —Jules murmura con los ojos muy abiertos—. ¿Quién te ha llamado? —Nadie. —Frunzo el ceño—. ¿Por qué nadie me llamó? —Ella no es tu esposa —Will dice y cruza los brazos sobre el pecho, bloqueando mi entrada a la sala—. Y no vas a entrar allí. —Sí, lo haré. —Mis ojos saltan entre mi hermano y mi hermana—. Te quiero. Más

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que nada. Sé que la cagué, pero tengo que hacerlo bien. Tengo que verla para asegurarme de que está bien. —Está bien —Jules me asegura—. Pero no creo que debas pasar, Caleb. Ella no va a querer verte. —Durante los pocos minutos que estuvo lúcida, insistió en que no deberíamos llamarte —Will me dice, y por primera vez, su rostro expresa simpatía. —Así que así está la cosa. —Cruzo los brazos, esperando la posición de Will—. Voy a pasar. Es posible que desees moverte o puedo moverte. La elección es tuya. Jules pone los ojos en blanco. —De acuerdo, burro terco —murmura y camina hacia la sala de espera. Will no se mueve. —Bueno —le digo. —Ya la has herido lo suficiente.


Lo miro por lo que parece minuto. Por último, suspiro y dejo caer mi cabeza. —Lo sé. —Ella merece ser tratada con respeto. —Lo sé. —Asiento y empiezo a caminar en círculos, aquí en el pasillo del hospital. —Ella merece ser amada incondicionalmente. —Mira, sé que no soy lo suficientemente bueno... —Eso no es lo que dije, idiota —Will me interrumpe—. Eres exactamente lo que necesita, pero te necesita para amarla a ella y a sus niñas. Para quedarte, Caleb. Así que si está decido a ser un cobarde y huir de nuevo, necesito saberlo ahora, para que pueda sacarte de aquí. —Nunca la dejaré de nuevo. Lo prometo. —Suspiro de nuevo y mantengo mis

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manos en mis caderas—. He estado viendo a un psiquiatra. Trabajando mi mierda. Estoy aquí para recuperar mi chica, Will. Me mira con cuidado y luego una lenta sonrisa se extiende por su rostro. —Voy a estar en la sala de espera. —Él golpea mi hombro—. Y te lo advierto ahora, no va a estar feliz de verte cuando despierte. Tienes mucho trabajo que hacer. Asiento y abro la puerta, doy un paso dentro y siento que mi estómago cae de rodillas. Hay pantallas y un sonido con el funcionamiento de los cables debajo de su bata de hospital en su cuerpo. Su cara esta blanca y magullada. Su cabello está enredado con sangre seca. Su brazo izquierdo en cabestrillo y en el dedo índice derecho hay un clip con una luz roja, que parece controlar su temperatura. Ella parece pequeña y frágil y me deja de rodillas.


Me siento en la silla junto a su cama, me inclino y aseguro su mano en la mía, trayéndola a mis labios y le beso los dedos. Su piel es suave y puedo oler el jabón de lavanda y vainilla. Aprieto su mano en mi cara y la miro. —Hey, Piernas. —Me aclaro la garganta y miro al monitor cardiaco, hipnotizado por el bip, bip, bip de la máquina—. Lo siento, cariño. Ella no se mueve. Le beso la mano y pongo mi cabeza en su estómago y, por primera vez en mucho tiempo, que yo recuerde, dejo que las lágrimas salgan. Por favor, nena, perdóname.

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Capítulo 20 ~Brynna~

M

Traducido por bellen1930 Corregido por Vickyra

e duele todo. Todo. Estoy luchando contra el fuerte peso del sueño. Quiero despertar y

ver a mis bebés. Mis ojos están muy pesados. Finalmente consigo abrirlos, y entonces vuelvo a cerrarlos por la luz cegadora de la habitación.

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Tengo la sensación de que es demasiado brillante, aunque sé que probablemente eso no es cierto. Mi cabeza me está matando. Mi hombro me quema. Trato de cambiar de posición, pero sólo siento dolor y dejo escapar un gemido de protesta. —¿Bryn? Mis ojos se abren de nuevo con el sonido de su voz, lo miro con admiración. —¿Estoy soñando?—pregunto, con una voz irreconocible. Él mueve la cabeza, besa mi mano y luego se inclina y besa mi frente, haciéndome gemir de nuevo. —La cabeza duele —le susurro. —Lo sé, cariño. Voy a llamar a la enfermera.


Cuando lo miro de nuevo, arrugo la frente al ver la preocupación en sus ojos. —¿Qué está mal? —¿Las niñas? —le susurro. —Están bien. Hace poco tiempo que tus padres se las llevaron a casa, pero vendrán mañana. —Tengo la boca seca, y ahora la sala está empezando a girar —me quejo. —Señorita Vincent, ¿está despierta? Una enfermera viene y comprueba los monitores. —Me duele —murmuró suavemente —Le voy a dar un poco más de tranquilizante. Va a dormir durante un rato.

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Ella pulsa algunos botones, siento mis venas calientes, y el sueño me envuelve de nuevo. —Te amo —oigo susurrar a Caleb, pero soy incapaz de decir nada porque el sueño me alcanza. Alguien está sosteniendo mi mano. Probablemente sea Stacy o mi madre. Me gustaría no tener que tomar tantos medicamentos que me hacen dormir tanto. De una terrible jaqueca pasé a un ligero dolor de cabeza. Mi hombro me está torturando. —Tuve un sueño —susurro, manteniendo los ojos cerrados. El dolor es menor si los mantengo cerrados. Mi madre o Stacy me acaricia suavemente el cabello. —Soñé que él estaba aquí —susurro y siento caer una lágrima—. ¿Por qué sigo soñando con él? ¿Cuándo va a terminar?


—Lo siento mucho, cariño. Abro los ojos y suspiro cuando veo a Caleb sentado a mi lado, apoyando los codos en la cama. Lloro de dolor con el movimiento brusco y él maldice. —No te muevas, Bryn. —¿Qué estás haciendo aquí? —¿Y por qué acabo de decir eso en su cara? —Estás herida —me responde, como si eso lo explicara todo. —No deberías estar aquí. —Mi voz es ronca, y de un ligero dolor paso de nuevo a una terrible jaqueca golpeando en mi cabeza. —Brynna, no sabía que estabas herida hasta que llegué aquí. Estaba volviendo a casa contigo, nena. Yo arrugo la frente y lo miro.

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—¿Quién dijo que quería que volvieses? Él me mira de reojo y me besa la mano, pero me aparto de su alcance. —No te quiero aquí, Caleb. —Mira, Brynna... —Cállate —murmuro y cierro los ojos, volviendo la cabeza, alejándome de él, avergonzada y dolida. Todavía no estoy dispuesta a confiar en él. —Fuera. —Por favor —me susurra. —¡Fuera! —grito y me estremezco cuando el movimiento me lastima el hombro y me reduce a las lágrimas—. Sólo márchate. —No quiero dejarte.


—¡Sal de aquí! —Sr. Montgomery, tiene que irse —insiste la enfermera cuando entra en la habitación—. Ella tiene demasiado dolor como para estar molesta. —Déjame sentarme contigo —me pide con voz áspera por el dolor, pero lo único que puedo hacer es llorar y mover la cabeza. —Vete —susurro con mis lágrimas rodando. —Por favor, Sr. Montgomery. Su familia todavía está en la sala de espera. —Quiero a mi madre —lloro. —La traeré, cariño. —Se levanta y besa mi frente—. Lo siento mucho, cariño. —Vete —susurro de nuevo.

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Él sale de la habitación. Me acuesto y lloro en silencio, intentando no sacudir más mi cuerpo, pero incapaz de detener el flujo de las lágrimas. Finalmente, después de unos largos minutos, mi madre empuja la puerta y corre a mi lado. —Lo siento, mi dulce niña. —Ella besa mi rostro y acaricia suavemente mi mano entre las suyas—. Él te ama, querida. —Yo no lo quiero —le susurro. —Tus lágrimas dicen algo diferente. —Él me dejó, mamá. —Lo sé. Fue un hombre estúpido, Brynna. Cuidadosamente muevo la cabeza y miro a mi madre con los ojos hinchados. —No puedo permitir que le haga daño a mis hijas de nuevo mamá —susurro. —Lo sé. No te preocupes por eso ahora. Descansa y ponte fuerte para poder irte a casa y cuidar de tus niñas.


—¿Ellas están bien de verdad? —Están bien. Nada que el tiempo no pueda curar. —Ella me ofrece una sonrisa tranquilizadora—. Tu padre las llevó a casa para acostarlas. —Bien. —Suspiro—. Tengo sed. —Voy a buscar un poco de agua fresca —responde la enfermera y sale corriendo de la habitación. —¿Lo encontraron? —le pregunto a mi madre. —Sí, lo arrestaron y Matt dijo que delatará a los otros en Chicago. —Ella aprieta mi mano, y yo estoy llorando de nuevo—. Estás a salvo, cariño. La pesadilla ha terminado. *****

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—No veo ninguna razón por la que no se pueda ir para casa esta mañana — comenta el médico a la mañana siguiente mientras mira mis ojos brillantes—. Sólo tiene que tener cuidado con ese hombro cerca de una semana. Le va a doler. Tome los medicamentos para el dolor. —Tengo hijas pequeñas —le recuerdo—. No puedo quedarme aturdida por las drogas. —Va a necesitar ayuda con ellas —me dice con firmeza—. Y le puedo dar unos medicamentos que no la dejen confundida. Si los toma cuando los necesite, no sentirá tanto dolor. Pero si se desmaya, se marea, o tiene alguna duda, venga inmediatamente al hospital. —Ok —acepto—. ¿Puede traer a mi madre? —le pido a la enfermera. —Oh, ella se fue anoche. Frunzo el ceño y en seguida busco el teléfono por la habitación.


—Creo que voy a llamarla. —Con seguridad, es una mujer afortunada —dice, mientras me ayuda a vestirme. —¿Qué quiere decir? —le pregunto. —Ese hombre atractivo que echó fuera de aquí. Él envió a su familia a casa y acampó junto a la puerta toda la noche. —Ella me sonríe y yo sólo puedo mirarla. —¿Él hizo qué? —Insistió en que no la dejaría. Le tuve lástima, y a medianoche le di una silla. Él se quedó allí toda la noche. —Supongo que todavía sigue ahí. ¿No? —le pregunto, aunque ya sabía la respuesta. —Estoy aquí —responde Caleb suavemente detrás de mí. La enfermera acaba de ayudar a vestirme, y yo cierro los ojos porque todavía no estoy preparada para

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enfrentarme a él. —Por favor, llama a mi madre y pregúntale si puede venir a buscarme y llevarme a casa —le pido en voz baja. —No —responde—. Yo te llevaré a casa. —Caleb... —Tengo algunas cosas que decir, Brynna. No estoy tratando de molestarte. Tú necesitas un chófer, y yo hablar contigo, así que vamos en cuanto estés lista. —Me giro para mirarlo, y tengo que respirar profundamente cuando lo veo. Su cabello rubio oscuro está muy despeinado de pasar continuamente la mano. Tiene puesta una camiseta ajustada y unos pantalones vaqueros descoloridos. Tiene ojeras y la barbilla está sin afeitar. Se ve terrible. E increíble. Encojo los hombros como si de todos modos no me importase y le echo un último vistazo a la habitación—. Haz como quieras. —¿Qué es lo que buscas, cariño? —pregunta la enfermera.


—Mi bolso y... mis cosas. —Oh, no tienes nada, querida. —Ah. —Frunzo el ceño y miro mis manos vacías. Es una extraña sensación. —¿Puedo llevarte ahora a casa? —pregunta Caleb. —Sí, ella ya está lista —responde la enfermera con una sonrisa—. Recuerde, toma sus medicamentos cuando sea necesario, y tómeselo con calma. —Gracias —murmuro y sigo a Caleb fuera de la habitación, donde una silla de ruedas me está esperando. Él me ayuda a sentarme y me empuja lentamente hacia el ascensor y después hasta su auto. Toma suavemente mi mano herida y me ayuda a levantarme de la silla y a entrar en el auto, poniendo mala cara cuando me estremezco. Después de estar acomodada, cierra la puerta y se une a mí en el auto.

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—¿Estás bien? —Estoy dolorida — admito—. Cansada. —Brynna, estoy muy arrepentido. Por todo. Me recuesto contra el asiento y cierro los ojos. —¿Podemos hablar cuando lleguemos a mi casa? —le pido—. Quiero ser capaz de verte cuando contestes a mis preguntas. —Claro —responde y se acerca más, para colocar su mano en mi muslo, pero yo me aparto—. ¿Puedo arreglar esto, Bryn? —me pregunta en un susurro. —No lo sé —respondo. Vamos en silencio hacia mi casa, y cuando estaciona, me ayuda una vez más a salir del auto y a entrar en la casa. —¿Sofá o cama? —me pregunta.


—Sofá. No tengo la energía suficiente para subir las escaleras. —Yo te llevaré. —Sofá —repito, haciendo caso omiso de su ceño fruncido. Llego a la esquina del sofá y ajusto los cojines para que sea lo más confortable posible. Hasta que tenga que reajustar todo en unos cuatro minutos. —Siéntate en el sofá —le ordeno. Quiero verlo cuando hablemos. Necesito ver su cara. Sus ojos. El entiende y se inclina hacia adelante, con los codos en las rodillas y encara mi rostro. —Odio que estés herida —refunfuña. —A mí tampoco me gusta —respondo secamente. —Quiero matarlo —gruñe, y puedo ver que cada palabra es cierta.

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—Me dijeron que él está en la cárcel —respondo y lo observó por un momento—. ¿A dónde fuiste? —¿No lo sabes? —me pregunta con sorpresa. —No. No le permitía a nadie que estuviese a mi lado que me hablase de ti. Él retrocede. —Estaba en San Diego en un contrato con la Marina. —SEALs —me imagino. —Sí —afirma—. El contrato terminó. Voy a volver a mi antiguo empleo. —Heriste a mis hijas —le digo, incapaz de aguantar más—. Me has hecho mucho daño, pero lo más importante es que heriste a mis hijas, y ellas no se lo merecían. —Lo sé. —Suspira—. Siento mucho las cosas que dije, lo que hice. No quise decir nada de aquello, lo juro. No sabía qué hacer para que me dejaras ir. Tenía miedo,


Bryn. —¿De qué? —exijo—. ¿Qué es lo que tenemos nosotras tres que sea tan jodidamente atemorizante para un fusilero de la marina, Caleb? —No sabía cómo lidiar con lo que sentía por ti —comienza y traga—. Lo que siento por ti. —¿Y qué sientes? —Te amo tanto que duele —me responde inmediatamente, con sus ojos fijos en los míos. ¡No voy a llorar! —¿Así que crees que puedes venir aquí tan contento, declararme tu amor y que todo estará bien?

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Maldice en voz baja y niega con la cabeza. —Estoy aquí para pedirte disculpas, en primer lugar. Tuve una larga conversación con las niñas ayer por la noche, después de que me echaras de la habitación y antes de que tu padre se las llevara para casa. —¿Lo hiciste? —le pregunto, sorprendida y preocupada que les cree nuevas esperanzas. —Me disculpé con ellas, nos abrazamos, y solucionamos algunas cosas. —¿Qué es exactamente lo que solucionaste con dos niñas de seis años de edad? —le pregunto con una sonrisa. —Voy a llegar a eso —responde con una sonrisa, mostrándome sus hoyuelos, y enseguida quiero jugar con ellos. Esos malditos hoyuelos me desarman otra vez. Trato de moverme en el sofá para encontrar una posición más confortable y grito


cuando me golpeó el hombro. —Hey, calma —dice y me ayuda a reorganizar las almohadas detrás de mí—. Cálmate, nena. —No me llames nena —le susurro. —¿Por qué no? —Me duele —admito y cierro los ojos—. Tenerte aquí me duele más que éstas heridas, Caleb. —Lo siento mucho —repite, y estoy cansada de oír eso. —Sabes, creo que me voy a mi cuarto. —Me levanto, haciendo una mueca, pero orgullosa de mí misma por no llorar. —Déjame ayudarte, ¡joder! —Él está a mi lado, listo para envolver sus brazos a mí

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alrededor, pero me alejo. —Puedo hacerlo sola. Mis piernas no están heridas. Sin decir nada más, camino lentamente hacia la escalera y subo los peldaños, uno cada vez, asegurándome en la barandilla para mantener el equilibrio. Acostarme en la cama y encontrar una posición cómoda es un verdadero infierno. No trato de cambiarme de ropa o de meterme debajo de las sábanas. Sólo quiero dormir. Quiero dormir con los brazos de Caleb sosteniéndome, pero eso no va a suceder. Las lágrimas caen por mi cara en cuanto inclino mi cabeza contra la cabecera de la cama y rezo para que me reclame un descanso sin sueños. ***** Me despierto sobresaltada, jadeando. Mi sueño aún es reciente, y mirando el reloj,


me doy cuenta de que sólo he estado dormida durante una hora. Pero el sueño me estaba persiguiendo de nuevo, aquel en el que no encuentro a mis niñas ni a Caleb, y el pánico se apodera de mí. ¿Soñé con él? ¿Él está realmente aquí? Tengo que verlo. Me levanto de la cama, maldiciendo el latido sordo en mi hombro, y poco a poco bajo las escaleras hasta la sala. Aquí está él. Caleb está sentado en el sofá con los codos en las rodillas y la cabeza apoyada en las manos. Parece derrotado y quebrado, y a pesar de mi deseo de enviarlo al infierno, no puedo evitar acercarme.

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Acaricio con mis dedos su cabello suave y rápidamente se levanta, con los ojos muy abiertos cuando mira mi rostro. —¿Bryn? —Pensé que estaba soñando. —Mi voz está ronca, mientras las lágrimas llenan mis ojos—. Necesitaba verte. —¡Ah, cariño! —murmura y se levanta, acercándome suavemente a sus brazos y sin esfuerzo, nos sienta en el sofá, acunándome cerca de él, besando mi frente y mejilla—. Lo siento mucho, cariño. —Lo sé. Puedes parar de decir eso. Pero necesito que hables conmigo. —Echo mi cabeza hacia atrás para poder mirarlo a los ojos—. Los últimos tres meses han sido horribles para mí y para las niñas, Caleb. Ellas estaban tristes. Se preguntaban si hicieron algo mal para que te marchases. —Sus ojos se llenan de lágrimas, pero yo continúo hablando—: Nosotras te amamos mucho y tú nos abandonaste, después de todo lo que habíamos pasado juntos.


—Lo sé —susurra con voz cruda—. Estaba demasiado jodido, Bryn. Viste las pesadillas. No podía soportar la idea de hacerte daño de nuevo, y me convencí de que no era lo suficientemente bueno para ti. —¿Cuáles son las pesadillas? —le pregunto y veo cómo su cara se vuelve blanca—. Me lo puedes decir. —Es secreto —responde, pero sostengo su rostro en mi mano y le obligó a mirarme. —¿A quién se lo voy a decir, Caleb? Suspira y apoya su frente contra la mía. —Yo estaba en una misión en Afganistán, hace unos siete meses con otros tres hombres. Supuestamente sólo era una misión de reconocimiento... Levanto mis ojos hacia él como si le quisiera decir:

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—En Inglés, por favor. —Sólo debíamos entrar y recoger información —continúa—: Sabíamos que había talibanes armados en la zona, pero no sabíamos si eran diez o cien. Nuestra fuente de información no era la mejor. Arrugo la frente y observo su cara mientras él cierra los ojos y continúa la historia. —Descubrí que había alrededor de cincuenta, y que estaban esperando por nosotros. —¿Cómo sabían ellos que estaban allí? —Buena pregunta —me responde—. Te ahorraré los detalles, pero perdí a mis tres compañeros de equipo ese día. Suspiro y con mi mano acaricio su cara, para consolarlo. —Oh, lo siento mucho. ¿Cómo escapaste de eso?


Él traga y lame sus labios. —Estaba inconsciente y ellos pensaron que estaba muerto. Así que empezaron a retirarse, nuestros hombres de las Fuerzas Especiales llegaron para ayudar. Ya era demasiado tarde para los hombres de mi equipo, pero no para mí, y me rescataron. Yo continúo mirándolo, procesando todo lo que me dice, y no consigo dejar de acariciar su pelo y su cara. Casi lo pierdo antes de tenerlo. —¿Esa fue tu última misión? —le pregunto. —Sí —me confirma—. Se acercaba el re - alistamiento, y decidí no hacerlo. Pasé suficientes años allí. —Caleb, hay personas con las que puedes hablar acerca de las pesadillas.

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—Yo lo he hecho —me responde con mirada seria—. Empecé a ver un psiquiatra en San Diego, y voy a seguir viéndolo aquí también. Estoy trabajando con esa mierda, Brynna. Incluso llamé a las familias de mis hombres por orden de mi psiquiatra. —Parpadea, como si estuviera sorprendido. —¿Cómo fue? —pregunto en voz baja. —No fue como esperaba. —¿Qué esperabas? —Pensaba que me echarían la culpa, que me gritarían. Caray, yo lo habría hecho. —Sacude la cabeza y se aclara la garganta. —Pero todos me dijeron que no era culpa mía, y que sólo querían felicidad y paz para mí. —Suenan como buenas personas —le susurro. Él asiente y desliza sus dedos en los míos, mirando mis labios.


—Lo siento, huí, Piernas. —Exhala y se inclina para descansar su frente contra la mía—. Estaba muy asustado. —¿De qué? —Tenía miedo de acabar decepcionándote. Me di cuenta de que las niñas y tú merecían a alguien que no hubiera ido y vuelto del infierno con equipaje para probarlo. —Oh, Caleb —murmuro y arrastro mis dedos por su mejilla—. Somos nosotras las que no te merecemos. Él niega con la cabeza, pero yo cubro sus labios con mis dedos antes de que me interrumpa. —Estoy tan orgullosa de ti. Siempre he estado orgullosa de ti. Desde el momento en que te conocí. Muchos no pueden hacer lo que tú hiciste, Caleb. Siento mucho

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que tengas demonios, que perdieras a tus hombres en esa misión, pero eso no te hace menos hombre. Y tampoco el equipaje de mi primer matrimonio me hace menos mujer. Suspiro mientras mueve su mano arriba y abajo en mi espalda, calmándonos a ambos. —Necesitas saber que nosotras somos un paquete, Caleb. Mis hijas y yo somos un equipo, y si quieres ser parte de mi vida, tienes que formar parte del equipo, no sólo de mí. Frunce el ceño y me mira como si hubiera perdido la cabeza. —Brynna, no necesitas recordármelo. Nunca te di ningún motivo para pensar que no quiero a tus hijas. —Él besa mi frente antes de sonreír suavemente—. Ellas me preguntaron si me gustaría volver casa, donde pertenezco. Yo les contesté que sólo dependía de ti. —Ellas te aman, ya lo sabes —me quejo—. Estaban destrozadas cuando te marchaste. Maddie lloró durante días. Incluso Bix no conseguía consolarla. Por


cierto, lo adoptamos definitivamente. Él acaricia mi nariz con la suya y luego se aleja antes de besarme, para observarme de cerca. —Las amo a las tres con todo mi corazón, Brynna. Puede que no sean mis hijas biológicas, pero nadie va a amarlas más. Déjame dar todo lo que tengo, déjame darles mi nombre. Cásate conmigo. Trago saliva, y mi mandíbula cae en estado de shock. Mis malditos ojos lloran de nuevo, pero no puedo moverme para apartar las lágrimas. —Quiero a adoptarlas —continúa—: Verte en ese hospital, me lo dejó todo muy claro. La idea de perderte es como un cuchillo clavado en mi corazón. Quiero más hijos contigo. Quiero darte todo lo que siempre quisiste. Yo continúo llorando en silencio y observo su hermoso rostro. Sus profundos ojos

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azules están húmedos y llenos de emoción, y sé que, sin duda, él está destinado para mí y para mis hijas. Es nuestro y nosotras somos suyas. —Hazme feliz, Piernas. Cásate conmigo. Yo sonrío lentamente y cojo su cara. —Estaríamos honradas de casarnos contigo, Caleb Montgomery. El sonríe ampliamente y se inclina para besarme. Suavemente. Tiernamente. Amorosamente. —Te quiero tanto —susurra contra mis labios, y mi cuerpo tiembla. —Yo también te amo, hombre terco —le susurro y lo beso, acariciando sus labios con los míos, disfrutando de la sensación de su barba contra mi cara. —Continúa besándome así —susurra y besa siguiendo un camino desde la línea de la mandíbula hasta mi cuello—. Y voy a olvidar que tuviste un accidente anoche y


que tienes una conmoción. —Eché de menos besarte —murmuro. Él se aleja y agarra mi rostro con ternura, mirándome con anhelo. —Dios yo también te eché de menos. Te extrañé. —Gracias por volver a casa. —Te vas a casar conmigo. —Él sonríe con orgullo. —Vamos a casarnos. —Asiento y sonrío—. ¿Cuándo? —Tan pronto como sea posible. No hay necesidad de esperar. —Se encoge de hombros y frunce el ceño—. ¿Cómo de grande deseas la boda? —Me encantaría que venga sólo nuestra familia —confieso, con una sonrisa

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tímida—. Algo pequeño e íntimo, con las personas más cercanas suena perfecto para mí. —Diablos, podemos casarnos mañana. —Bueno, me gustaría comprar un vestido, y las niñas también querrán hermosos vestidos —le recuerdo. —¿Dos semanas? —Creo que sería mejor llamar a Alecia, La Extraordinaria Planificadora de Eventos de los Montgomery y empezar a hacer planes. —Mañana. —Él está de acuerdo—. Por ahora, sólo quiero abrazarte. —Buena idea.


Capítulo 21

—¡M

Traducido por Noebearomero Corregido por Laumoon

amá! ¡Mira lo hermosa que estoy! Me doy la vuelta en el espejo, donde mi madre está cerrando mi vestido, para admirar a mis hijas

en sus pequeños vestidos de marfil con tiras de rosas en sus vestidos y cabellos, ambas sonriendo con tanto orgullo. —Están hermosas —les digo y beso sus mejillas—. Caleb estará tan orgulloso cuando las vea. —Él lleva puesto un traje —Josie me informa con una sonrisa.

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—Parece demasiado grande en él. —Ese hombre tiene los hombros más amplios que he visto alguna vez. —Mi mamá concuerda con una carcajada. —Creo que ellos están listos —Stacy anuncia cuando entra con Steven en la formal sala de estar de Gail, que se transformó en el vestuario de la novia—. Oh, querida, estás tan hermosa. —Sus ojos se llenan de lágrimas, y yo niego con la cabeza firmemente. —¡No! No, no, no! Sin lágrimas hoy. Mi maquillaje está listo y voy a aparecer toda roja y estúpida si lloro, y si tú comienzas yo también lo voy a hacer. —Tiro de mi querida prima en un apretado abrazo y lucho para contener las lágrimas. —Ya sabes, eso significa que realmente somos hermanas ahora. ¿Quién imaginaría que terminarías casándote con uno de los hermanos? —Ella se ríe cuando se aleja y sonríe feliz—. Estoy muy feliz por los dos. —Gracias.


—¡Vamos! —llama mi padre cuando entra en la habitación—. No van a esperar para siempre. —Oh, por favor. —Mamá asiente con un giro de ojos—. Ella es la novia. Esperarán el tiempo que ella quiera. ¿Dónde irían? —Estoy lista —le aseguro, mientras me vuelvo a echar otro vistazo en el espejo. El vestido que elegí es un vestido de marfil simple. Sin tirantes y justo, pero drapeado hasta los pies, con unos Louboutin de satén rosa, un regalo de Natalie y Jules. Esas niñas y sus zapatos. Mi cabello está atado en un moño suelto en la base de mi cuello, y me decidí a renunciar al velo. Quiero ver claro como el día cuando camine frente a nuestra familia y me comprometa junto a mis hijas con él.

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—Está bien, te veo ahí. —Mamá me besa en la mejilla y sonríe ampliamente, antes de salir de la habitación. —Ahora vamos nosotros. Stacy nos lleva a la puerta de atrás, y tengo un momento para espiar el hermoso patio en el que estoy a punto de casarme. El patio de Steven Montgomery es siempre encantador, especialmente en la primavera. El fresco aroma de las lilas llena el aire. El tiempo en Seattle ha tenido misericordia de mí, y hoy el sol está brillando, con una ligera brisa, por lo que es perfecto. Alecia se superó, como de costumbre. Pudo contratar a mi restaurante favorito para servir, y están acomodados y listos para comenzar bajo la cubierta del patio. El sistema inalámbrico de sonido que Steven puso en el exterior esta finalmente empezando a tocar Etta James. La familia está sentada en sillas blancas en el centro del patio en un semicírculo, y todo el mundo está aquí. Leo Nash regresó anoche de su gira para poder participar.


—Ok, niñas, síganme. —Stacy me sonríe y aprieta su ramo de rosas frente a ella, mientras va hacia el patio trasero, y las chicas la siguen, lado a lado, sin soltar los pequeños ramos de flores en vez de cestas de pétalos. Cuando Caleb las ve en su cara irrumpe una amplia sonrisa y les guiña un ojo a las chicas cuando están a su lado. —¿Estás lista mi niña? —Papá me sonríe. —Completamente. Vamos. Salimos, y todo el mundo se levanta y nos sonríen, pero sólo tengo ojos para mi hermoso hombre. Sus perfectos ojos azules están apacibles y felices mientras observa nuestra aproximación. —¿Nerviosa? —Papá me susurra. —Ni un poco —le susurro.

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—Pueden sentarse. —El Juez de Paz, Brian Parker, anuncia. —¡Beena! —Olivia anuncia en la nuca de Luke, haciéndonos reír. —Sí, Brynna está hermosa —murmura Luke. —¿Quién entregará Brynna a Caleb? —pregunta el señor Parker. —Su madre y yo —mi padre responde, besando mi mejilla y uniendo a mi mano con la de Caleb, antes de tomar su asiento. Yo paso el ramo a Stacy y estoy de frente a Caleb. Él me guiña el ojo, haciéndome reír. —Nos hemos reunido aquí para celebrar el matrimonio de Caleb y Brynna en matrimonio, pero también estamos aquí para celebrar la unión de una familia. Trago saliva mientras miro los ojos de Caleb. —Los votos sagrados van a ser intercambiados no sólo entre Brynna y Caleb,


porque no sólo formaran una nueva pareja, sino también una nueva familia. Así que, Madeline y Joseline, por favor, únanse a nosotros ahora para los ritos especiales de familia para este matrimonio. Caleb y yo damos un paso a un lado, mientras que Josie y Maddie se aproximan, deteniéndose entre nosotros. Caleb saca dos collares del bolsillo de su saco. Son cadenas de platino con colgantes de corazones que tienen la fecha en la parte de atrás. Cuando él prende el primer collar en el cuello de Maddie, su voz fuerte llena el aire con los votos que escribió a cada una de ellas. —Te quiero, Maddie, y me dedicaré a hacer tu vida llena de felicidad y logros, nutrir tu creatividad, fomentar tu independencia y asegurarme que siempre sepas qué regalo vas a ser para este mundo. —Él la besa en la frente y ella le sonríe alegremente, antes de admirar su nuevo y hermoso collar. Mis ojos se llenan de lágrimas cuando se vuelve hacia Josie.

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—Te quiero, Josie, y me dedicaré a hacer tu vida feliz y realizada, asegurándome que florezcas plenamente en todo tu potencial y que cuando llegues al cielo, permanezcas ligada a la tierra por el amor de nuestra familia y nuestro hogar. Hay muchos sollozos provenientes de nuestra familia ahora, mientras Caleb besa la frente de Josie y luego se vuelve hacia mí. —Chicas —Parker comienza—: Por favor, vengan mi lado para que pueda ministrar el matrimonio a mamá y Caleb. Nosotros queremos que tengan un asiento en primera fila. Maddie tira del dobladillo de la chaqueta, y el Sr. Parker la mira con una sonrisa. —¿Sí, querida? —Su nombre es papá ahora —ella susurra en voz alta para que todos oigan, haciéndolos reí. —Por supuesto. —Parker se ríe—. Lo siento.


—Caleb y Brynna, por favor, junten las manos y uno al lado del otro. Josie, ¿tomas el anillo para papá? Josie salta hacia arriba y hacia abajo y abre la mano de Caleb para que pueda tomar mi anillo. Suspiro cuando lo veo. Elegimos los anillos juntos, pero ver mi anillo, con dos bandas que se tuercen juntos, es decir, nuestras niñas, que se unen el centro de un hermoso diamante de corte princesa, me quita el aliento. —Caleb, por favor, coloca el anillo en el dedo de Brynna y repite después de mí. Caleb me mira a los ojos mientras repite nuestros votos. Sus propios ojos se humedecen, y es suficiente para provocar una lágrima cayendo por mi cara. —Te doy mi promesa de estar a tu lado para siempre. Prometo amarte, honrarte y escucharte cuando me digas tus pensamientos, tus esperanzas, tus miedos y tus sueños. Prometo amarte profundamente y verdaderamente, ya que es tu corazón lo que me conmueve, es tu mente la que me desafía, es tu sentido del humor lo que me

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encanta, y quiero tenerte hasta el final de mis días. Él pone mi mano en su boca y suavemente me besa en las articulaciones, justo por encima de mi anillo. —Maddie, ¿tienes el anillo para tu madre? Maddie sonríe y abre la mano, mostrando el anillo de Caleb, una simple tira de platino que tiene mi nombre escrito en su interior. —Brynna, por favor, coloca el anillo en el dedo de Caleb y repite después de mí. Asegurando la mano de Caleb con la mía, repito los mismos votos que él me había dicho. Cuando doy un paso atrás, el Sr. Parker termina nuestra corta ceremonia. —Que todos sus días se llenen de alegría y felicidad. Es un honor y un gran placer, y por el poder que me confiere el estado de Washington, los declaro marido y mujer. Puedes besar a la hermosa novia.


Caleb da un paso adelante, levanta mi cara en una mano y envuelve con su otro brazo mi cintura, acercándome a él. —Te quiero, señora Montgomery. Él desliza sus labios sobre los míos y me besa suavemente, profundizando lentamente y mordisqueando mis labios completamente, sin importarle que nuestros seres queridos estén observando. Por último, el Sr. Parker se aclara la garganta ruidosamente y Caleb se ríe mientras retrocede y me besa en la frente. —Es un placer para mí ser el primero en presentar a todos a Caleb, Brynna, Maddie y Josie Montgomery. —¡Viva! —Josie llora y nuestra familia se levanta, aplaudiendo. Jules y Natalie están secándose las lágrimas. Leo está susurrando al oído de Sam y luego coloca un

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dulce beso en su cuello, haciéndola sonreír suavemente. —¡Vamos a comer! —Will anuncia justo antes de que me atrape en un fuerte abrazo y me gire sobre el mismo—. Ya era hora —murmura, con un guiño. Antes de imaginar, soy pasada de hermano a hermano, presa de abrazos y besos. —Felicidades, querida —Luke susurra y besa mi mejilla. —Gracias —contesto con una sonrisa. Ésta es la atención de más varones que he tenido en mi vida. Dominic me abraza fuerte. En los tres meses que Caleb había desaparecido, Dom había trabajado duramente para llegar a conocernos a todos, y ha sido una adición muy bienvenida a la familia. —Te mereces ser feliz también — me susurra. —Hey, obtén tu propia chica —Caleb gruñe y me tira de los brazos de Dominic con una mirada burlona.


—Tú eres el único que dejó a su nueva esposa sola, minutos después de casarse con ella —Dom se burla de él, y no puedo dejar de sonreír. —Te voy a aplastar. Casado o no —amenaza Caleb, pero Dom echa la cabeza hacia atrás y se ríe muchísimo. —Sí. Me asustas, hermano. —Él me acaricia el brazo y sonríe cálidamente a Caleb—. Enhorabuena. Oh, te he traído esto. —Él levanta una botella de vino que estaba en el costado de su silla y sonríe—. Para ti. —¡Oh, gracias! —Acepto la pesada botella y admiro la etiqueta bonita—. ¿Es tuyo? —Por supuesto. —Sonríe. —Alecia. —Llamo la atención de la planificadora de eventos cuando ella pasa—. Dominic trajo esto. Me gustaría utilizarlo para el brindis, por favor. La hermosa rubia agarra la botella de mi mano, y sus ojos se abren mientras lee la

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etiqueta. Sus grandes ojos marrones se encuentran con los de Dom. —Esta es una rara botella de vino. Tienes buen gusto. —Ella me sonríe y se va hacia la casa—. Voy a arreglar esto. —Te quiero. —Suspiro cuando la veo irse. Yo nunca habría sido capaz de preparar esta boda sin ella. De repente, When The Stars Go Blue empieza a reproducirse en el sistema de sonido y Caleb me besa la mano y luego vamos al patio trasero. —Bueno, Maddie y Josie Montgomery, creo que es hora de bailar. Las chicas se ríen cuando Caleb las levanta a los dos, una en cada brazo, y las lleva por la hierba, donde se mueve, hablando y riendo con nuestras hijas. —Nunca lo había visto tan feliz —Jules murmura cuando ella y Natalie se unen a mí, una a cada lado. Sonrío y sigo viendo a las tres personas más importantes en mi mundo.


—Será un padre increíble. —Natalie está de acuerdo. De repente, me doy cuenta de que ambas están sollozando, y las miro riendo. —¡Ustedes dos son tan sentimentales! —¡No puedo evitarlo! —Jules se lamenta y limpia sus mejillas—. ¿Serán estas malditas hormonas? —Odio estar embarazada —murmura Natalie, pero sonríe cuando se frota su vientre redondo—. Él me hace totalmente emocional. —¿Es un niño? —le pregunto emocionada. Natalie sonríe y asiente alegremente. —Acabamos de descubrirlo ayer. —¡Oh, Dios mío, esto es tan emocionante! —La abrazo fuertemente

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—¡Necesito un abrazo también! —exclama Jules y nos abraza a las dos. —¿Qué está pasando aquí? Nos separamos para encontrar a Nate, Luke, Will, Matt y Dom mirándonos con miradas confusas. —Estamos felices —contesto con un encogimiento de hombros. —¿Por qué las chicas siempre lloran cuando están felices? —Mark pregunta, cuando se acerca con un plato lleno. —Hombre, ¿ya está la comida? —Will pregunta y sale corriendo hacia la casa. —No lo veremos por un tiempo. —Meg sonríe y me da un vaso de champán—. ¿Has visto tu pastel? —¡Sí, es tan lindo! —¿Lo habrá hecho la dueña de Succulent Sweets que está en el centro? —Sam


pregunta, con sus ojos azules vivaces—. Porque si fue ella, puedo comérmela toda. Leo se ríe de ella y mueve la cabeza. —Acabamos de comer bollos allí, esta mañana. —No me juzgues —Ella respondió con una mueca—. Esa mujer es realmente talentosa. La preparación de los alimentos es una forma de arte, ya sabes. —¿Cuál es tu sabor favorito? —le pregunto, y miro donde Caleb todavía está riendo y bailando con las chicas. Ahora Bix está ladrando y saltando alrededor con su moño de lazo negro, entrando en acción. Ese perro nunca está lejos de las niñas. —Chocolate —Sam responde automáticamente. —Pedí una de chocolate y otra con una capa y limón —contesto.

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—¡Sí! —Leo bombea su puño y le da un choque los cinco a Sam—. Ese es nuestro otro favorito. —Ustedes son un desastre —Jules asiente y luego parece que reconsidera—. Espera. ¿Es de chocolate? ¡No se puede ocultar el chocolate a unas mujeres embarazadas! —Por allí. —Señalo a la mesa en el patio donde nuestro hermoso pastel de dos capas está acomodado, y la panadera, Nicole Dolan, se cierne sobre él—. ¿Has conocido a Nic? —No, trae a esa mujer genial aquí —Sam responde. Asiento a Nic y ella sonríe y se une a nosotros en el césped. Es una pequeña morena con el pelo recogido en

un corte asimétrico. Sus ojos son

verdes brillantes. —¡Felicitaciones, amiga! —Ella se pone de puntillas y me abraza apretadamente—. ¿Dónde está tu hombre?


—Aquí mismo —murmura Caleb y nos sonríe, cuando nos separamos—. El pastel es hermoso, gracias. —El placer es mío —Nic responde. —Tú haces el mejor pastel del mundo —Sam le dice, pero la mirada de Nic se detiene en Matt. Palidece y da un paso atrás. —¡Santo cielo! —ella susurra. —¿Ustedes se conocen? —pregunta Caleb. Nic se recupera con un movimiento de cabeza y fuerza una sonrisa falsa. —Me alegra mucho que te guste el pastel. Está listo para servir. Felicidades de nuevo. —Se vuelve y se va, pero Matt la detiene. —Para. —Matt

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ordena,

su voz

engañosamente

suave. Todos observan

cuidadosamente cuando Nic para inmediatamente de caminar y cruza sus manos en frente de ella, observando a Matt con precaución. Miro a los hombres, y todos tienen sus cejas levantadas cuando ven este intercambio. Matt camina hacia adelante y toma a Nic suavemente por el brazo, a unos pocos metros de distancia, donde se inclina y le susurra algo al oído. Ella se sonroja furiosamente, pero sus ojos brillan con ira cuando le saca el brazo fuera de su alcance. Ella no dice nada, le da la espalda y se va enojada. —Maldita sea —él susurra con rabia y va tras ella. —Creo que se conocen —observa Will mientras empuja un rollo en la boca. —¿Sabes algo acerca de esto? —Isaac le pregunta a Caleb, que niega confundido. —No tengo ni idea. —Ustedes saben, yo sé que es difícil de creer para todos ustedes, pero no saben todo lo que hay que saber acerca del otro —Meg les recuerdan con una sonrisa pícara.


Los hermanos hacen un gesto a Meg, mientras Nate sonríe. —No sé por qué estás sonriendo. —Will codea a Nate—. Sabemos que tienes el pene... —¡Papá, baila con nosotras otra vez! —Josie interrumpe, saltando a un lado de Caleb. —Lo haré pronto, cariño. —Caleb sonríe mientras ella salta y luego frunce el ceño a Will—. Amigo, mide tu lengua. —Es cierto. —Will se encoge de hombros. Dom hace una mueca a todos nosotros. —¿Qué no sé? —Nada. —Nate se apresura en asegurarle y mira a Jules—. Vas a recibir una paliza

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después. —No me provoques ahora, As —Jules ronronea. Me río mientras pongo mi cabeza en el brazo de Caleb, y miro con amor a las personas que me rodean. —Me encanta esta familia. —Me río. —Te quiero —Caleb susurra en mi oído y me besa en la frente— Sra. Montgomery.


Epílogo ~Caleb~ Traducido por Noebearomero Corregido por Laumoon

V

ierto un poco de crema en el café Bryn y lo llevo al patio trasero. Ella está descansando en una de las muchas sillas de felpa que están acomodadas en el enorme espacio del lado de afuera de la casa de mi hermano

Dominic, en la Toscana. Este es el último día de nuestra luna de miel, estoy decidido a que se relaje y hagamos el amor, al menos un centenar de veces hoy, antes de regresar a la vida real de mañana.

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Aunque, debo admitir que estoy emocionado de ver a nuestras niñas. Dos semanas lejos de ellas fue demasiado tiempo. —Gracias, querido —murmura ella y bebe su café mientras yo me siento en la silla a su lado. Es temprano en la mañana. Hay filas y filas de viñas, tantas como el ojo puede ver, que cubren las colinas verdes y marrones que se acaban de despertar con la suave luz del sol de la mañana. —Es hermoso aquí —murmuro. —Mmm. —Ella está de acuerdo y se centra en su teléfono. —Fue agradable de parte de tu familia organizar todo y alquilar el avión para venir aquí. No tenía ni idea, cuando Dom dijo que tenía una casa en Italia, fuera esta enorme mansión con unos pocos miles de hectáreas de viñedos. —Mmm —ella concuerda una vez más, sin levantar la vista de su teléfono. —¿Qué estás haciendo? —pregunto con una sonrisa.


Ella pone el teléfono en su regazo, mete el pelo detrás de la oreja, toma un sorbo de café y luego me mira. —Tengo un atraso. —Estamos en vacaciones, Piernas. No estamos atrasados para nada. —No. —Niega y se ríe y luego me da una mirada mordaz con esos grandes ojos marrones—. Tengo un atraso. Me quedo mirándola durante un largo rato, y luego me golpeó. ¡Ella está atrasada! —¿Te refieres a...? —Yo creo que sí. —Ella sonríe y asiente—. Dejé de tomar la píldora hace un mes, y aquí estamos. —Asiente y se encoge de hombros—. Loco.

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—¡Necesitamos un test! —Doy un salto en la silla y doy una palmada en mi cuerpo de arriba a abajo—. ¿Dónde está mi billetera? —En el bolsillo. —Ella responde secamente. —¡Ya vuelvo! —Corro fuera de la casa y conduzco la corta distancia entre la propiedad de Dom y el pueblo más cercano. Una vez que encuentro una farmacia y compro un test de embarazo de cada tipo que tienen, corro de nuevo con mi esposa, espero, embarazada. —Eso fue rápido— susurra con una sonrisa. Todavía está sentada en la silla de playa, bebiendo café. —¿Puedes tomar café? —le pregunto. —No hay que volverse locos —responde—. Necesito el café. —Tengo uno de cada tipo —declaro y suelto la bolsa, extendiendo pequeñas cajas blancas y azules.


—Uh, Caleb, sólo se necesita uno. —¿Y si no lo podemos entender? —pregunto, y tomo uno para examinarlo—. Todas las instrucciones están en italiano. Ella se echa a reír histéricamente y luego se pone de pie, secándose los ojos. —No es gracioso. —Sí, lo es. Las pruebas de embarazo son universales, Caleb. Una hace pis en él y aparece una línea o no. —Ella me frota el brazo y suavemente besa mi hombro antes de sacar la caja de mis dedos—. Ya vuelvo. —Voy a ir contigo. —Empiezo a seguirla, pero ella gira rápidamente y con su mano me detiene. —Oh, no, no lo harás. No vas a ver que hago pis en esto.

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Yo le frunzo el ceño, y cruzo los brazos sobre el pecho. —Te ayudé a bañarte y vestirte, y cualquier otra cosa que necesitabas cuando estabas herida. Puedo manejarlo y verte hacer pipí. —Por supuesto que no. —Asiente, pero luego se inclina y me besa la barbilla—. Pero gracias por ayudarme cuando estaba herida. Ella se da vuelta y corre hacia el baño y tengo la sensación de que pasa una eternidad antes de que vuelva a salir, con una barra blanca en la mano. —¿Y bien? —le pregunto. —Se tarda unos tres minutos, querido. —Se sienta en la silla y mira hacia el viñedo—. ¿Estás seguro de todo esto de tener otro bebé? Me inclino hacia abajo y me siento en su silla y la pongo en mi regazo. —Quiero más hijos —susurro y le doy un beso en la mejilla.


—Está bien —me susurra, y sonríe tímidamente. Dios, ella puede destruirme, con sólo un vistazo. Me enfrenté sin escrúpulos a horrores que ningún hombre o mujer debería tener que ver a la cara, pero esta mujer y sus dos hijas me dejan de rodillas. —Te amo, Piernas. —Te amo, marinero. —Sonríe y me besa, envuelve sus brazos alrededor de mi cuello y gira su cuerpo hasta que se monta en mi regazo. —Espera. Mira la barra —nterrumpo antes de estar desnudos y sudorosos y el examen siendo un recuerdo lejano. Ella mira hacia abajo. —No está listo. —Ve a hacer pis en otro —instruyo—. Esto está tardando demasiado.

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—¡No tengo que hacer más pis! —Ella se ríe—. ¡Tú has pis en uno! Ellos dicen si una está embarazada, por lo que debería funcionar bien. —Listilla —murmuro y acerco su cara hacia la mía, así puedo besarla apasionadamente. Dios, es tan increíble. Finalmente, ella se aleja hacia atrás y me ofrece una sonrisa perezosa. —Mira de nuevo —susurra e inclino mi frente contra la de ella. —Dio positivo, cariño. Mi corazón se detiene cuando miro en sus profundos ojos color chocolate. Vamos a tener un bebé. —¿En serio? —le pregunto. Ella asiente mientras lágrimas se juntan en sus ojos. —Oh, nena. —Suspiro y la empujo contra mí, meciéndonos hacia adelante y hacia


atrás, me aferro a ella—. Gracias. —Eres un buen padre —murmura. Sonrío y levanto su barbilla, para poder ver su rostro. —Me siento muy honrado de ser tu esposo, mi amor. Para ser el padre de nuestros hijos. Cuando salí de la Marina, pensé que estaba perdiendo todo lo que me importaba, pero ahora sé que me conducía a ti. Yo no cambiaría nada. Te amo. Ella sonríe, empuja mi cara hacia abajo, presionando su cuerpo más cerca del mío y me acaricia la nariz. —Yo también te amo.

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Fin


Bonus track Halloween con los Montgomery Traducido por Ivi04 Corregido por Leluli

—¡B

ix es un pirata! —exclama Josie, encantada, mientras Brynna le coloca un parche negro en el ojo malo y le amarra una bandana alrededor de la cabeza. Sus pestañas suben y bajan

mientras alterna la vista entre Bryn y yo, preguntándose en que se ha metido. —¿En serio, Bryn? ¿Él es un héroe de guerra y tú lo vistes de pirata? —Desplazo mis brazos alrededor de su cintura mientras está de pie, descansando mis manos en

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su vientre que no deja de crecer, y entierro mi cara en su cuello, inhalando su dulce esencia. —Se ve adorable así, Montgomery —se ríe entre dientes, y se ajusta el sobrero de bruja mientras me aleja de mi—. Y tú luces muy guapo. —No sé por qué estoy usando esto —me quejo y observo mi traje de la Marina. —Porque es caliente, soldado —Bryn sonríe—. Y las niñas rogaron, y te tienen enredado en sus pequeños dedos. Sonrío hacia ella, deslizando mi pulgar por su mandíbula. Joder, sí, me han envuelto alrededor de sus dedos. Las tres lo han hecho. —¡Vamos! ¡Dulce o truco! —Maddie exclama con entusiasmo, saltando con su uniforme de animadora verde y azul. Ambas, Josie y Maddie, decidieron ir disfrazadas de porristas de los Seahawks22. Bryn pone sus largos y oscuros cabellos

Seahawks: Seattle Seahawks o Halcones Marinos de Seattle es un equipo profesional de fútbol americano con sede en Seattle, Washington. Allí es donde juega Will. 22


en una alta cola de caballo, y brillo rosado en sus labios, haciendo que se vean mucho más mayores de lo que me siento cómodo. —No necesitan el maldito maquillaje —le gruño a Bryn. —Es Halloween, Caleb —ella sonríe—. No quiero ni pensar en cómo serás cuando sean adolescentes. La sola idea me da un ataque de pánico que no tiene absolutamente nada que ver con mi trastorno de estrés postraumático. Mataré a cualquier adolescente hijo de puta que se atreva mirarlas. —¿Dónde iremos primero? —Bryn pregunta mientras nos amontonamos en nuestra nueva minivan. Nunca pensé que llegaría el día en que me gustaría conducir una puta minivan, pero con las gemelas, otro en camino, y Bix, necesitábamos el espacio.

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—Bien podríamos visitar a Nat y Luke primero —le respondo y conduzco hasta la calle de Nat y Luke. —Espero obtener un montón de pastelitos de mantequilla de maní 23 de esta noche— Maddie nos informa. —Estoy rezando por algún Almond Joy24 —Brynna susurra a mi lado y se frota su vientre. —¿Saquearás los dulces de las niñas esta noche? —le pregunto con una sonrisa. —Diablos, sí. Tan pronto como se vayan a dormir hurgaré en esas calabazas de plástico. Me detengo en la casa de Luke y Nat, y las niñas y Bix ya están fuera de sus asientos y corriendo hacia la puerta antes de que apagué el motor. Pastelitos de mantequilla de maní: (peanut butter cups) bocado de chocolate, con corazón de mantequilla de maní. 23

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Almond Joy: bocadito recubierto de chocolate, con un centro de coco y dos almendras.


—Creo que están entusiasmadas —me río mientras Brynna y yo seguimos a nuestras chicas. —¡Dulce o truco! —gritan las niñas al unísono, mientras Natalie abre la puerta y una hermosa sonrisa se dibuja en su rostro. —¡Oh, esperen a que el tío Will las vea más tarde! Ambas se ven tan adorables. —Maddie —Livie exclama mientras aplaude desde su posición en el brazo de Luke. Ella está vestida como una pequeña mariquita25, su carita de duendecillo brilla de asombro ante los trajes que llevamos puestos. —¿Ustedes no llevan disfraces? —pregunto con una ceja levantada. —Me llevó dos horas convencer a Liv que usara el suyo —Natalie responde con un suspiro—. Estoy bien. Luke besa la mejilla de Nat y pasa la mano por su cabello oscuro.

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—¿Te sientes bien? —murmura. —Estoy bien —Nat responde y frota su vientre redondo. Nuestra familia está llena de mujeres embarazadas. Mis padres no podían estar más emocionados. —No creo que sus golosinas quepan en sus calabazas —Luke le informa a mis hijas con una expresión seria—. Así que tal vez no debería dárselas. —¡Por favor! Por favor. —Saltan, riendo, haciendo que Liv ría con ellas. —No lo sé. ¿Qué piensas? —le pregunta a Nat. —Oh, no las hagas sentir miserables —dice riendo y toma dos bolsas de regalo color negro de dentro de la casa y se las da a cada una de ellas, luego le lanza una

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Mariquita: vaquita de San Antonio — Catarina.


galleta para perro a Bix, quien la atrapa en el aire y masca con alegría. —No tenían que comprar regalos —Brynna los regaña. —Son mis sobrinas. Puedo hacer lo que quiera —Natalie responde con una sonrisa de suficiencia. Brynna inmediatamente comienza a lagrimear, y me envía una mirada impotente. Simplemente me la acerco hacia mí y le beso la frente mientras las chicas cavan en sus bolsas de regalo. —¡Pastelitos de mantequilla de maní! —Maddie exclama. — Jelly beans —Josie suspira—. ¡Y trajes de American Girl para nuestras muñecas! —Mierda santa —murmuro y suspiro—. ¿En serio? —No me juzgues —Natalie responde con arrogancia—. Me gusta ir de compras. —Muchas gracias —Maddie se aferra a las piernas de Luke mientras Josie aprieta a

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Natalie. Luke se acuclilla con Liv aún en sus brazos y le da a cada una de las chicas un abrazo, y luego tira suavemente de sus colas de caballo. —De nada. Diviértanse esta noche. —¡Lo haremos! —Las chicas se dan la vuelta inmediatamente y regresan corriendo a la furgoneta, Bix sobre sus talones. —Gracias —murmura Brynna antes de unirnos a las niñas y continuar en nuestro camino hacia la siguiente casa. Como nuestro barrio no es muy grande para pedir dulce o truco, hay muchas casas cerradas y largos caminos de entrada, y no puedo manejar a un centro comercial lleno de miles de niños gritando y sus padres, decidí llevar a las chicas a cada casa de la familia. Ellos acabarán con la misma cantidad de dulces, si no más, que si hubiéramos recorrido todo el barrio. —¿El apartamento de Julies y Nate? —Brynna pregunta con una ceja levantada— ¿Pagaremos el aparcamiento en el centro de Seattle sólo para que las niñas pueden


divertirse con unos Snickers? —Jules me mataría si no llevamos a las chicas —le informo. Tomamos el ascensor hasta el piso de mi hermana y Josie toca el timbre. —Aaaaaarrrrrgghhhh —Nate aúlla mientras abre la puerta y se precipita sobre las chicas, tirando de ellas en sus brazos y haciéndoles cosquillas sin piedad—. ¿Se atreven a llamar a mi puerta? —Dulce o truco, tío Nate —Josie se ríe y se esfuerza por escapar—. ¡Papá! ¡Ayuda! —Estás por tu cuenta, jellybean. —Por el amor de Dios, As, harás que se orinen —Jules lo regaña desde el interior del apartamento. Tiene un par de orejas de gato negras en la cabeza, y una amplia sonrisa en su bonito rostro—. ¡Lucen preciosas! Jules les entrega cada una bolsas negras de regalo, pero también llena de grandes

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puñados de dulces sus calabazas. —¿Qué pasa con los regalos? —pregunto—. Lo han hecho tú y Nat. —Lo hicimos por las gemelas y Sophie —Jules responde—. Todo el mundo regala dulces. —¡Más trajes para nuestras muñecas! —exclama Maddie y salta—. ¡Gracias! —De nada, cariño —Jules responde. Más abrazos antes de que bajemos hasta la planta baja. Nos dirigimos hacia donde viven los padres de Luke, mis padres y los de Bryn, donde las chicas han acumulado más dulces de los que he visto en toda mi vida, y más accesorios American Girl para sus muñecas. A pesar de que también viven en una comunidad exclusiva y cerrada, la zona de Will es un modelo de “dulce o truco”. Todo el barrio está metido en el espíritu de Halloween, con sus casas decoradas y repartiendo caramelos a los cientos de niños


cada año. Will no suele participar, pero como este año Halloween cayó en fin de semana, Meg le convenció de hacerlo. —No puedo esperar para ver lo que hicieron —Brynna me susurra—. Ella se divirtió mucho planeándolo. —Sólo espera —murmuro. Matt y yo vinimos a ayudar a ayer, y es algo realmente bueno, porque fue un proyecto de todo el día. Aparco cerca del final de la entrada y todos bajamos de la minivan; caminamos hasta la gran casa de mi hermano, donde vive con su bella novia. Las niñas y Bix todos corren por delante. Yo tomo la mano de Bryn y la acerco a mi costado. —¿Cómo te sientes? —pregunto mientras nos detenemos en el camino pavimentado

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a la sombra de los árboles que bordean la casa, y ahueco su cara entre mis manos. —Estamos bien —responde, sonriéndome—. Me alegra haberlo hecho de esta manera. No habría sobrevivido a una caminata a través de todo un barrio. —Puedo llevarte —le ofrezco. Cualquier cosa con tal de tenerla en mis brazos —No soy una inválida, Caleb. —Tal vez sólo quiero llevarte —le respondo con una sonrisa y me inclino para besar sus suaves labios. Ella suspira y se apoya en mí, envuelve sus brazos alrededor de mi cuello, y me hundo en ella, absorto en su sabor, su olor. Sus gemidos. Su cuerpo se ha suavizado con su embarazo, y no puedo mantener mis manos lejos de ella. Como si pudiera mantener mis manos lejos de ella antes de que nos embarazaramos.


De repente, las chicas gritan, Bix está ladrando locamente, y me alejo de Brynna y corro el resto de la calzada. ¿Qué va mal? ¿Quién está haciendo daño a mis bebés? Pero me detengo cuando llego al porche delantero, y empiezo a reír. Will, Matt y Leo están vestidos como zombies, con sus maquillajes impecables y amenazando con comer los cerebros de Maddie y Josie. —¡No! ¡No pueden comernos los sesos! Los chicos no responden, sólo gruñen y persiguen a las niñas por todo el patio, haciéndolos reír y gritar al mismo tiempo. Bix está saltando y ladrando, disfrutando del juego.

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Sam y Meg están vestidas como humanas que han sido comidas por zombis, su carne arrancada de sus cuerpos. La luz del porche ha sido sustituida por una bombilla negra. Hay luces de color naranja colgados alrededor del porche, junto con telarañas falsas y una máquina de humo lanza espirales de niebla a lo largo del porche y del patio. Hablando del patio, hay lápidas torcidas y ojos brillantes esparcidos por el césped. Es jodidamente increíble. —¿Quién los maquilló? —Brynna pregunta mientras se une a nosotros, riendo mientras los chicos continúan persiguiendo a Maddie y Josie por el patio. —¡Mami! ¡Papá! —Maddie grita—. ¡Quieren comerse nuestros cerebros! —Un amigo de Leo que trabaja con el maquillaje —Sam responde, sonriendo mientras mira a mis hermanos y Leo aterrorizar a mis hijas. —¿Cuántos años tienen? ¿Doce? —gruño.


—Están divirtiéndose —Brynna responde y se inclina para darme un dulce beso en mi hombro—. Y esto las agotará, así cuando lleguemos a casa tú y yo podremos robarles sus dulces —Buena idea —responde Meg—. Acabo de comer la mitad de los caramelos que compré incluso antes de que comenzara la noche. Will se comió el resto. Tuve que hacer una loca carrera por más caramelos a las cuatro de la tarde. —Leo me compró pastelitos de nuestro lugar favorito —Sam responde con un suspiro. —¿De Nic? —Brynna pregunta con una sonrisa y luego se vuelve a ver a Matt mientras recoge a Josie y hace ruidos masticando en su cuello, haciéndola chillar de alegría. —Sí, ella es malditamente talentosa.

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—Y hermosa —Meg añade. Las tres muchachas me miran expectantes. —¿Qué? —¿Cuál es la primicia? —¿Cómo diablos voy a saberlo? —Matt es tu hermano —Sam me recuerda. —Y tú mejor amigo —Meg añade. —No le pregunto por esa mierda. No tengo vagina. —Me alegra oír eso, hermano —Will dice mientras se lleva a Maddie al revés, por el porche. —Nuestros cerebros desaparecieron —Maddie anuncia.


Extiendo la mano y la tomo de mi hermano, la enderezo en mis brazos, y la beso en su mejilla suave, fría. —¿Te has divertido? —le pregunto. Ella asiente con alegría y envuelve sus pequeños brazos alrededor de mi cuello. —Te quiero, papá. Cada vez que lo escucho, cada maldita vez, es un tiro al corazón. No sé lo que hice para merecer estas chicas increíbles en mi vida, pero lo haría un millón de veces más, sólo para tenerlas conmigo. —Yo también te quiero, ranúnculo. —Pensé que ustedes dos estaban todavía en Europa —Brynna le dice a Sam y Leo, que ahora están en la mecedora del porche. —Es perturbador verlos acurrucarse de esa manera usando los disfraces.

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Leo se ríe y planta un beso en Sam, lo que nos hace abuchear y silvar. —Qué asco —murmura Josie. —Regresamos hace un par de días —Sam responde con una sonrisa. —Está bien, tienen sus trucos, ahora es el momento de dulces —Meg anuncia. —¡Más trucos! —Will grita y embiste hacia Maddie, que grita y se agacha detrás de mi espalda para mayor seguridad. —Amigo, ¿tienes nueve? —le pregunto a mi hermano con una sonrisa. —Y medio —confirma—. Está bien, ya que lucen tan bellas en esos disfraces, pueden tener sus dulces. —¿Te

gustan

nuestros

trajes?

—Maddie

le

pregunta

mientras

cuidadosamente desde detrás de mis piernas—. ¡Los elegimos sólo para ti!

camina


—¿Lo hicieron? —Will le pregunta con una sonrisa. —Sí, porque tú lanzas la pelota —Josie le informa—. Y nos gustan las porristas bonitas. —A todos —Matt murmura en voz baja, obteniendo una palmada en el brazo de parte de Meg—. ¡Ouch! —Sus trajes de porristas son impresionantes —Will asiente—. Pero ¿qué hay de sus muñecas? ¿Tienen trajes de animadora también? —No —Maddie sacude la cabeza con tristeza—. Y eso las entristece. —¿Sí? —se ríe y tira de la cola de caballo de Mad. —Las pone muy tristes —Josie está de acuerdo. —Bueno, no podemos permitirlo.

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Meg da a cada una de las chicas de una bolsa de regalo de color naranja, que contiene suficientes dulces para darles caries a toda China y trajes de animadoras de Seahawk para sus muñecas. —Oh, Dios mío —Brynna susurra con los ojos muy abiertos. —Oh ¡wow! Es lo que siempre quise —Maddie exclama. —¡Gracias! —Josie sonríe dulcemente hacia Will y retuerce un mechón de su cabello en un dedo. —Ella es toda una coqueta —Sam se ríe. Gruño sin darme cuenta de que el sonido proviene de mí. —Abajo, muchacho —Brynna se ríe y me abraza fuerte—. Creo que es hora de ir a casa. Nos despedimos y conduzco a casa. Las chicas se duermen en la minivan, así que


les llevo arriba y las meto en la cama, aún con sus disfraces. Brynna le quita el traje de pirata a Bix y este se acomoda en la cama entre las niñas. Me inclino y presiono un beso a cada uno de sus frentes. Son mías. —Las quiero, bebés —susurro mientras Brynna y yo las dejamos soñar con dulces y muñecas y con todo lo que las niñas pequeñas sueñan. En el camino hacia el sofá, Bryn agarra una de las bolsas de caramelos y se instala. —Necesito coco y chocolate —murmura, hurgando a través de la bolsa—. ¡Sí! Almond Joy. Me siento a su lado y tiro sus pies en mi regazo, masajeándole los arcos. —No es un mal negocio tenerte cerca, marinero. —¿No? —pregunto.

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—Tengo chocolates, masajes en los pies y sexo realmente increíble. —Me alegra que lo apruebes, Piernas —le respondo con sequedad y miro mis manos mientras le froto los bonitos pies. —Lo hago. —Creo que deberías dejar los caramelos, y te recordaré cuán bueno es el sexo. —Metete entre este caramelo y yo, y te mataré mientras duermes —responde ella con una sonrisa dulce y batiendo sus pestañas. —Sí, señora —le respondo con una sonrisa. —Las chicas se divirtieron —murmura mientras come una golosina. —Yo también. —Me encanta la forma en que su piel se siente debajo de mis dedos. Nos sentamos en silencio por un rato, disfrutando de ello. —Te amo tanto —susurra.


La miro y mi coraz贸n simplemente se calma ante su vista, a la deriva dormida al lado del sof谩, con las manos apoyadas sobre su vientre redondo. Ella suspira mientras mi pulgar se desliza hasta el arco de su pie. Tanto para el recordatorio del sexo. Sonr铆o suavemente mientras la miro por largos minutos, agradecido por todas las experiencias que tengo con mi familia. Y esto es s贸lo el comienzo.

Fin

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Próximo Libro Serie With Me In Seattle Tied with Me (With Me in Seattle #6)

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Un hombre cuyo estilo de vida es tan diferente del de ella... La panadería de magdalenas de Nic Dalton está prosperando. Ella le sirve tanto a estrellas de rock como a los lugareños por igual, contenta con su negocio en crecimiento. Pero una noche de aventura con su mejor amigo, Bailey, pone su vida patas arriba. Ella conoce a un apuesto extraño que hace que su piel chisporrotee y su corazón se acelere. Su única noche juntos es explosiva e inesperada, pero cuando tiene que irse de repente, sin pedirle su número de teléfono, Nic se resigna a no volver a verlo. ... ¿Qué se necesita para confiar y rendirse a cada uno de sus deseos? Matt Montgomery es uno de los mejores de Seattle. Trabaja duro, ama y protege a su familia con fiereza, y es leal casi hasta la exageración. Y también tiene una inclinación por el bondage. Matt disfruta de la forma en que una mujer luce envuelta en cuerdas, y no se disculpa por sus preferencias. Cuando se encuentra con Nic en una fiesta fetiche, la pequeña y hermosa mujer le llama la atención, atrayéndolo. Su única noche con ella fue todo lo que siempre ha buscado en una pareja, pero se truncó debido a una emergencia familiar. Incluso antes de verla de nuevo semanas más tarde, él sabe que nunca va a sacarla de su sistema. Y va a hacer lo que sea necesario para hacerla suya. “Cede a esto, Nic. Déjame probarte que seré una de las mejores decisiones que alguna vez tomaste.” Matt Montgomery.


Sobre la Autora Kristen es autora de la Amazonia y EE.UU. Hoy tiene superventas en la serie Seattle. Ella tiene una pasión por una buena historia de amor y personajes fuertes que aman el humor y tienen un fuerte sentido de la lealtad y la familia. Sus hombres son del tipo alfa, ferozmente protector y un poco mandón, y sus damas son divertidas, fuertes, y no tienen miedo de ponerse de pie por sí mismas. Kristen pasa sus días con su musa en el noroeste del Pacífico. A ella le gusta el café, el chocolate y el sol. Y las siestas.

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Traducido, corregido y diseĂąado en...

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