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Editorial Rectora Rosita Cuervo Payeras Decana Facultad Ciencias Jurídicas y Sociales Mary Luz Báez Suescún Directora Programa Comunicación Social Diana Elizabeth Vargas Hernández Directora Revista 1un PRETEXTO Libia Carolina Pinzón Camargo. Asistente editorial Karen Dayana Estupiñán Díaz Corrección de estilo Ingrid Lorena Naranjo Lizeth Rocio Rojas Escriben en esta edición

Karol Viviana Romero Jiménez, Carolina Alfonso Álvarez, César Luis Melgarejo Aponte, Yecid Fabián Rodríguez Cely, Ivette Camila Jiménez Reyes, Wilmar Enrique Pineda Espitia, Diana Paola Chinome Cely, Ernesto José Rodríguez Rodríguez.

Concepto Juan Carlos Vargas Franco Fotografía Juan Carlos Vargas Franco Cesar Luis Melgarejo Diagramación e impresión Salamandra Grupo Creativo S.A.S Colectivo de Redacción Básica y Redacción periodística. Universidad de Boyacá. Facultad de Ciencias jurídicas y Sociales. Comunicación social. 2012

La mejor forma de imaginar, crear y soñar es la escritura. Ejercitar el pensamiento y conocer más de este mundo a partir de la investigación, hace que las palabras impresas no divaguen por el tiempo y se conviertan en Un pretexto para empezar a relatar y a leer aquellas historias cotidianas, que parecen estar tan cerca pero se encuentran ocultas.

Este es Un Pretexto para dar a conocer nuestra pluma y nuestra propia identidad, porque las historias están relatadas con un estilo ameno y sugestivo, propio de los jóvenes, quienes pretendemos que nuestros lectores se informen, se entretengan y conozcan un poco más de los hechos y protagonistas que cada día hacen de esta región un lugar especial. Confiados que el eco de cada relato permanecerá latente en el recuerdo de una sociedad que ha perdido el rumbo de los colombianos de a pie. Hemos encontrado en Un pretexto, diversas razones para demostrar cómo una idea que surgió al interior de clase, como una iniciativa romántica y utópica, hoy se materializa. Se convierte en el escenario propicio para contar las historias del mundo que nos circunda. Para emplear los recursos que vamos aprehendiendo en nuestra formación periodística.

Además nos convertimos en el punto de partida de una línea editorial para el programa de Comunicación Social de la Universidad de Boyacá. Nos unimos con júbilo, a la conmemoración de los veinte años de labores a través de este producto que hoy entregamos a la comunidad académica. Estamos seguros que desde este espacio combatimos con el arma más valiente para expresar las ideas, la escritura, anexa a la ilustración y a la fotografía, generando un medio lleno de matices, sentimientos, percepciones e ideas. Karen Estupiñán Néstor Rodríguez


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Contenido Editorial Néstor Fabián Rodríguez Olmos. Karen Dayana Estupiñán Díaz

Triunfos que brillan en la oscuridad Carolina Alfonso Álvarez

Cuenta regresiva Karol Viviana Romero Jiménez

Las fotografías que nadie ha visto de Rodolfo González César Luis Melgarejo Aponte.

Foto-reportaje Juan Carlos Vargas Franco.

Vegetariano, una opción de vida Yecid Fabián Rodríguez Cely

Encierro asfixiante Ivette Camila Jiménez Reyes

John Lennon vive en Tunja Wilmar Enrique Pineda Espitia

Un artista en el semáforo Diana Paola Chinome Cely Ernesto José Rodríguez Rodríguez.


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Carolina Alfonso

TRIUNFOS QUE BRILLAN EN LA OSCURIDAD “Creo que todos estamos ciegos, hay ciegos que ven, y ciegos que viendo no ven” José Saramago.

Toqué a su puerta, estaba en su labor de carpintería y me invitó a pasar, lo acompañaba Saimon su perro, es un schnauzer de color gris oscuro. Entré en la casa y a la izquierda se ubicaba la sala, allí una repisa llena de carros de colección, cuyas imitaciones, hechas en madera por él, otorgaban a la morada una condición cuidadosa.

Continué por la derecha y al comenzar las escaleras, divisé un sin número de medallas dispuestas simétricamente. Son los reconocimientos que ha ganado gracias al ciclismo, caminé unos pasos más, hasta entrar en el patio de ropas donde se ubica su pequeño taller. Sobre el mesón: madera por montones, piezas para pintar, para pegar, algunos utensilios propios del oficio y cinco máquinas especiales para crear cada día un objeto innovador. Un espacio con orden sin igual, vacío de aserrín o de piezas pendientes de entregar. “La verdad no me gusta que la gente me tenga lástima tan solo por ser ciego, me gusta que me traten como alguien común y corriente.”

Nació el 30 de junio de 1958 en la ciudad de Tunja, viene de una familia humilde. Su papá Benjamín Niño Caicedo trabajó en la Policía y su mamá Rosa María Vargas Hernández, es


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El desempeño laboral de una persona invidente en nuestro departamento, está relacionado con tareas elementales o con la mendicidad. La historia de José Daniel, explora la faceta de un hombre que ve la vida más allá de su limitación. Enseña el valor de acciones tan minúsculas como amarrarse los zapatos. A través de su voz, no solo permite que conozcamos su casa, también su labor como fabricante de juguetes.


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desayuno, que se le hizo tarde, uno esta haciendo otras actividades y no en realidad lo que es, por eso no es tan complicado ser invidente”. Sin embargo no significa que sea sencillo porque las personas a quienes les ocurre algo así, quedan en una depresión que sin una buena ayuda no pueden salir de ahí. Su esposa Martha Inés Torres Walteros es psicóloga y con ayuda de ella y su familia, ha salido adelante. La mayor ayuda la ha recibido en Bogotá, con una persona que ha sido la encargada de dejarle claro que la vida continúa y que por ningún motivo se debe derrumbar. Aunque acostarse viendo y levantarse sin ver es un golpe muy fuerte, persevera y día a día se convence que tiene que innovar en sus acciones y sus metas para darle un ejemplo de vida a sus hijos y a la sociedad. una mujer de la casa, entregada a sus cinco hijos. La primaria la hizo en el colegio Nuestra Señora de Fátima y el bachillerato en el Liceo Santo Domingo de Guzmán, ambos ubicados en Tunja. Su profesión de Administrador Agrícola la realizó en el colegio Superior de Cundinamarca.

- “Comencé trabajando a los 18 años en la Caja Agraria, durante 28 años, siempre con insumos agrícolas, una actividad que tiene relación directa con mi profesión. El 2 de diciembre de 2002, tanto contacto con los químicos me causaron una lesión en el cerebelo, (este es el órgano en el cuerpo que controla los sentidos) eso me produjo una lesión lacunar cerebelosa. Esta lesión me inflamó la silla turca donde encaja el cráneo con la columna vertebral, me elevó la presión ocular en lo que eran los cuerpos que estaban más relajados, y me causó infarto óptico dejándome invidente de inmediato”.

“Eran las 2 de la mañana de ese día cuando me levanté por un vaso de leche, me puse mis chancletas y caminé hacia la habitación de mis hijos a ver cómo estaban, los tapé y fui a la cocina por la leche, subí y me volví a recostar. Mi rutina siempre ha sido levantarme a las 5 de la mañana para ir a hacer ejercicio y este día sin excepción me levanté a esa hora, pero cuando abrí mis ojos no veía nada”. José Daniel sintió que su mundo se derrumbaba y que ya no significaba nada, pero a medida del tiempo se dio cuenta que es igual a tener la visión, tan solo que debía tener un poco más de cuidado -“uno nunca se da cuenta de las cosas porque, abotonándose la camisa, amarrándose los zapatos, desayunando, uno está pendiente de otras cosas, -que tiendan la cama, que apure con el

- “No me dejaré doblegar porque considero que uno tiene que luchar hasta el día que Dios destine, qué ha de ser de uno”.

Él ha dedicado cada día de su vida a salir adelante – “soy enemigo de que la gente se eche a la pena y más teniendo una discapacidad. Uno va paso a paso porque es difícil, pero no imposible. No quiero terminar en una calle de mi ciudad con una guitarra y un tarro de monedas, porque entre la invidencia y la indigencia la única diferencia que hay son dos letras “la gente cae rapidito”. La pasión por la carpintería nace cuando José Daniel tenía 25 años, fue gracias a su suegro, quien era uno de los mejores ebanistas de Tunja. Yo iba y hacía cositas, bobaditas (expresa con una sonrisa en su rostro). Gracias a esa experiencia, José Daniel adquirió las bases para cuando quedó invidente. Desarrolla su talento como ebanista con clases en el instituto CRAC (centro de rehabilitación para el adulto ciego) en Bogotá,

“Allá podíamos escoger entre, panadería, carpintería, latonería y pintura, motores, entre otros. Aparte nos enseñaban a leer, a escribir, a guiarnos solos, a caminar, a cocinar, a barrer, tender camas y me llamó la atención. Me dijeron la pensión vale tanto y me llevaron al taller de carpintería, realmente quería aprender”.

Hay muchas oportunidades de trabajo para los invidentes, solo que los que caen en la indigencia toman esto como una mejor opción ya que es muy lucrativo. Él reitera lo importante que es tener vocación para salir adelante y no dejarse caer tan fácil porque después es complicado escapar. Para hacer la construcción de algún objeto, primero corta la


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madera en una sierra especial para invidentes, que tiene una cubierta plástica bordeando la cuchilla y a medida que se vaya moviendo, ésta va tapándola para evitar accidentes. Luego en la sierra de banco utiliza unas plantillas como guías, en donde está la silueta de alguna parte de lo que va a hacer. Pule cada una de las cortadas en el taladro que tiene un cilindro como lija.

José Daniel además de prevenido, es recursivo y ha adaptado algunas máquinas para que sirvan por dos y si necesita hacerle algún diseño especial usa la ruteadora (herramienta que sirve para copiar piezas). Luego, una vez cortadas las piezas, las limpia, las pega y las pinta, bien sea con vinilo o con laca dependiendo el objeto. Los artículos quedan listos para entregarlos a personas que mandan hacer sus trabajos allí o para vender al por mayor en algunos sitios como Villa de Leyva o en almacenes de Boyacá. - “Mi padre es una persona sencilla, alegre y no le queda nada grande, siempre logra todo; es la persona que trata de darle lo mejor a uno y da los mejores consejos con mucho cariño. “Mi papá es enchapado a la antigua, pero es un bacán” dice Andrés su hijo.

“Cuando era pequeña a mi papi no lo conocía bien porque él salía temprano a trabajar y era poco lo que lo veía. Luego cuando quedó ciego ya permanecía más en la casa y comenzó a crecer la relación. Él desarrolló todas esas habilidades y yo tengo el orgullo de decir “él es mi papá”, porque cuando él estaba bien, no sabía qué podía hacer y todo lo que ha logrado lo hace por nosotros”. Comenta Rocío su hija. Es recursivo, comprometido, jocoso, organizado, pero entre tantas cualidades no se le escapa un punto débil, es malgeniado, característica que se agudizó luego de perder la visión.

-“Mi papi es de muchos caracteres, es alegre pero hay veces que es muy cansón, es exigente, y es tan perfeccionista y riguroso que también somos así, pero me

encanta que es muy chistoso y sale con muchos cuentos “locos” agrega Rocío.

José Daniel Niño no solo se desataca como carpintero, también se le reconoce por su faceta de ciclista. Ha ganado una serie de medallas de oro, plata y bronce de los juegos Panamericanos, la vuelta a Colombia en 2006, ha sido dos veces campeón nacional de ciclismo paralímpico y ha recibido una serie de reconocimientos departamentales y nacionales como el deportista del año. -“La experiencia más linda que recuerdo fue en la vuelta a Colombia del 5 al 20 de agosto del 2006, cuando entré en la Plaza de Bolívar de Tunja y comencé a escuchar que la gente gritaba y decía ¡bravo Daniel bravo, bravo!, le pegaban a las vallas y yo sentía una emoción inmensa que me puse a llorar con Manuelito; ese día nos alzaron, nos dieron un ramo de flores y lo recuerdo como si fuera ayer, precisamente por lo bien que me hicieron sentir”.

La expresión de sentimiento contando su anécdota, removió en él el más mínimo recuerdo de ese día. Su rostro se llenó de una alegría y su voz aunque temblorosa, dejó escapar esas palabras y actuaciones rebobinando como si hubiese sido hace unos minutos. Manuelito, como él lo llama, es su lazarillo, quien lo acompaña en sus entrenamientos y competencias. La función de Manuel es la de guiar a José Daniel por la ruta, usando una bicicleta bipersonal. A don Daniel lo que más fuerza le da, es su fe en Dios. Pase lo que pase él todos los días reza el rosario y va los domingos a misa en compañía de su familia a pedir que no le falte nada como hasta ahora ha sido. Iván, Catalina, Rocío, Andrés y Angélica sus hijos, además de Martha su esposa, han estado pendientes de él tras nueve años de ceguera. “A quienes les doy infinitas gracias porque sin ellos no habría salido adelante”.


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Karol Viviana Romero Jiménez

CUENTA REGRESIVA Esa noche del 2011, Héctor salió de su casa a las 8:30 porque se dirigía a una fiesta de cumpleaños de una amiga. Vestía un jean azul, chaqueta y zapatillas anchas. Lo que él no sabia es que unas horas después asesinaría a un joven de su misma edad, 19 años. “No era una fiesta formal, así que todos nos fuimos como quisimos, eso sí, como siempre bien vestidos” dice David quién sería uno de los involucrados en la pelea que se daría horas después.

Para el 2007, Héctor había ingresado a estudiar al Colegio Militar de Tunja, sus padres estaban cansados de que se involucrara con personas que lo mal influenciaban y pensaron que allí lo reformarían. En este colegio conoció a quienes serían sus amigos de rumba.

“No se podía confiar en ninguno de ellos, porque en cualquier instante te darían una puñalada por la espalda” afirma Héctor.

David, Andrés, Marco, Sergio, entre otros con quienes se hacían llamar “Los del gueto” formaron una especie de grupo de amistad en el que generalmente se reunían todos los días después de ir al colegio para tomar, fumar o ingerir sustancias alucinógenas. Para mediados del 2009, Héctor y sus amigos deciden probar el bóxer, estaban cansados de consumir marihuana, esta no les surtía el mismo efecto y tenía un costo superior (aproximadamente $4000 por una bolsa pequeña).


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Desde el ambiente frio y taciturno de la cárcel, se reconstruyen los momentos de diversión y los días de gloria de Héctor, quien en una noche pasara de la alegría de la fiesta a la desesperación de la tragedia. Luego de cometer un asesinato que lo condenó a ocho años de prisión, este personaje y su gueto como se hacían llamar, cuentan cómo el consumo de bóxer no solo perjudicó su cuerpo, también sus ilusiones.


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me llamaran apenas estuvieran en las casas y así lo hicieron”

En muchas oportunidades, se reunían y fumaban marihuana, consumían chamber (una bebida que ellos mismos elaboraban a base de alcohol etílico, frutiño, agua y mentas). La marihuana y el chamber, eran los más populares en el colegio, pero también los que generaban mayores reacciones agresivas y cambios en sus comportamientos. En octubre del 2010 Héctor y todos sus amigos, fueron invitados a la fiesta de 15 años de una compañera. Algunos profesores e incluso el dueño del colegio hicieron presencia en la fiesta. Esa noche todo se desarrollaba de a cuerdo a lo previsto, hasta que los amigos de Héctor y los primos de la cumpleañera empezaron a discutir. Después todo se convertiría en una batalla campal, salieron y pelearon en la avenida. Así lo relata Karol: Héctor relata: “El bóxer es más fácil de conseguir, más barato y dura más la traba. Lo único feo es que queda el tufo y eso lo delata a uno, pero sea con bóxer o con otra cosa casi siempre queda algún olor que lo pone en evidencia”.

Una tarde salieron del colegio y se dirigieron a la “cueva” (una ladrillera abandonada llena de árboles y de vasta vegetación).Lugar al que acudían con cierta frecuencia, llevaban bolsas y en ellas insertaron un poco del pegante, luego lo pusieron en su boca y comenzaron a soplar, Andrés temblaba sin parar y preguntaba con desesperación, “¿Quién me está moviendo?, déjeme en paz”. -Repetía una y otra vez y no dejaba de moverse. Ese día me asusté mucho porque estábamos muy lejos de una casa o de algún lugar con habitantes, y yo era la única que estaba en sus cinco sentidos. Solo pensaba que si era una sobredosis ¿yo qué haría?”. Recuerda Karol, una compañera del colegio quien los acompañaba para cuidarlos.

“Minutos después le cogí la cara a Andrés y le dije que me mirara y así lo hizo: Nadie te está moviendo, tú estás temblando, mira, a tu alrededor no hay nadie. Levantó la mirada y asentía con su cabeza, le dije que se controlara. Luego de ver a Andrés de esta forma y a los demás en estados peores esperé que se les pasara el efecto y los acompañé a cada uno a coger sus respectivo transporte, les pedí que

“Mientras esto ocurría, Marco, otro de los compañeros, le rompió la ventana a un taxi. El taxista llamó por radio a todos los del gremio, y llegaron en cuestión de segundos. Marco llamó a Héctor y a los demás, quienes envolvieron las chapas de los cinturones en sus manos y seguían peleando con los primos de la cumpleañera. Los del colegio fueron a apoyar a Marco y se enfrentaron con los taxistas quienes tenían en sus manos crucetas. Luego, Héctor tenía a uno de los taxistas en el piso dándole patadas para no dejarlo parar. De algún lugar de la trifulca le lanzaron a Héctor un cuchillo, él lo tomó y comenzó a apuñalar al hombre. Cuando llegó la policía soltó el cuchillo y corrió, pero los patrulleros lo cogieron a él y a Marco y los subieron a la panel”.

“Desde adentro le dábamos patadas a la puerta para que nos dejaran salir, pero fue inútil. Dice Marco. Yo no tuve la culpa, el taxista cerró todas las puertas y yo me iba a bajar, así que de la piedra le di un puño al vidrio, pero tenía la chapa envuelta en mi mano y se rompió”. La fiesta terminó con la pelea ya que todos se dispersaron. Karen, la cumpleañera, solo lloraba. A Héctor y a Marco, no les hicieron nada, la policía les dio unas vueltas por la ciudad y luego fueron dejados en el barrio los Muiscas porque allí vivían.

Los días siguientes a la pelea, Héctor tuvo que internarse en su casa, los taxistas lo buscaban, porque su compañero se encontraba en estado de coma en el Hospital San Rafael. Pa-


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saron los días y el taxista se recuperó, así que él pudo continuar con su vida normal.

Por esa época era normal las constantes reuniones. En los primeros días de Abril de 2011, Héctor fue invitado a la fiesta de cumpleaños de Lorena, otra compañera, hacía pocos días él había cumplido años y los celebró con sus amigos y con ella. “En la fiesta tomamos mucho, y cuando salimos de allá, teníamos un tarro de bóxer, lo terminamos y nos fuimos al potrero frente a mi casa. Estábamos tranquilos, pero pasó un grupo de manes que nos empezaron a buscar problema. Nosotros no les hicimos nada, pero nos llamaban gomelos, no nos dejaron tranquilos. Incluso nos querían hacer la vuelta (robarnos)”. Héctor, se sonroja del malgenio que le produce recordar esto.

David complementa. “Yo me acuerdo que nos recostamos en el pasto y hablábamos, y cantábamos, hasta que pasaron esos ñeros y estaban con un visaje todo raro. Primero nos pidieron plata y después nos trataban mal y se nos saltó la piedra”. Según otros compañeros con quienes se encontraban esa noche Héctor y David, esto fue lo que ocurrió: “Héctor y nosotros, en ningún momento queríamos problemas, esos muchachos nos querían robar y nos defendimos. Empezamos a pelear, ellos eran como seis y nosotros solo cinco, así que nos fuimos a los puños y en una de esas Héctor tenía al otro joven en el suelo, y no sé de dónde pero resultó con un cuchillo y comenzó a apuñalar al man”.

“ Yo le dije al Garza que no lo hiciera, pero él seguía apuñalando al man. Estábamos muy llevados y con esa rabia fue peor. Cuando Héctor se detuvo yo cogí al man y le suplicaba que no se muriera que por favor no lo hiciera, porque meterían a mi perrito en la cana, pero no me hizo caso y se nos fue”. Dice David quien con los ojos aguados evidencia el dolor que le produce el recuerdo de ese día.

“No me acuerdo muy bien de lo que pasó después, porque yo me puse a pelear con él y cuando me miré tenía mis manos llenas de sangre y un cuchillo. Examiné a mi alrededor y vi a David con el mansito en sus brazos diciéndole que no se fuera a morir, le pregunté al otro que me acompañaba lo que había pasado y me dijo que yo apuñalé a el man y que se estaba muriendo. Después me fui a mi casa y dormí pensando que todo era un mal sueño, pero desperté y mi papá que es pensionado de la policía me dijo que me iba a entregar. Me cambié y fui a despedirme de mis amigos, les pregunté que si era cierto lo que decían: que yo era un asesino, ellos me dijeron todo lo que hice con el man”.

Luego del adiós con sus amigos, Héctor regresó a su casa en donde sus padres y su hermano lo esperaban para despedirse e ir a entregarlo. Llegó a la fiscalía y solo tuvo que esperar un día para su sentencia: Héctor fue condenado a ocho años de prisión en la cárcel de Ramiriquí. “Si pudiera devolver el tiempo, ese día no me hubiera galeado (consumir bóxer), tal vez evitaría hacer tantas estupideces y no estuviera encanado, solo espero que se pase rápido el tiempo, porque aquí uno se desespera” Héctor. “Desde que él se despidió, no me he podido sacar la tristeza que está dentro de mí. Todavía espero el regreso de mi parce y quiero que sea rápido”. David.

David fue interrogado por la fiscalía junto con los amigos con quienes se encontraba Héctor la noche del asesinato, David tuvo que irse de la ciudad durante unos meses porque lo estaban buscando los amigos del joven muerto, ahora estudia en la universidad. Andrés y los demás compañeros se distanciaron mucho luego de lo ocurrido y aunque él aceptó que sigue consumiendo marihuana, los demás dijeron que no volverían a consumir bóxer debido a las alucinaciones tan fuertes que la sustancia les ocasionaba.


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César Melgarejo

LAS FOTOGRAFÍAS QUE NADIE HA VISTO DE RODOLFO GONZÁLEZ El legado de mi viejo: “ Yo nunca conocí a mí abuelo. Se llamaba Arturo Prieto y el viejo era fotógrafo de rostros, esos de los que cargaban con su equipo a todas partes”. Trabajaba con la Registraduría Civil de la población de Támara y hacía las fotos de cedulación. Al viejo le gustaba mucho el trago. En una de sus borracheras, debió discutir con algunos amigos o conocidos y seguramente por un empujón fue a dar a un andén, donde se golpeó la cabeza y murió. “Desde ese entonces según me cuenta mi madre Nelly Prieto, la máquina de retratar, como ella la llama, nunca apareció; era una cámara importada y profesional”.

“Todo lo que yo sé del viejo es por su álbum de fotografías, ya que yo me críe entre fotos que eran muy bien tomadas, con un trabajo profesional y en un papel fino. El álbum de fotografías de mi abuelo yo me lo quedé a pesar de mis tíos y hermanos, álbum que fui desbaratando para armar el mío, o sea, arrancaba las fotos y las ponía en un álbum nuevo, cosa un poco egoísta”.

“En una vida de fotógrafo, hay mucha gente que quisiera hacer las fotos que uno hace” comenta Rodolfo González Prieto, fotógrafo del periódico Boyacá 7 Días y El Tiempo, quien


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El gusto por las imágenes, hace que este cronista se convierta en el vigía del reportero gráfico de uno de los diarios más importantes de Boyacá. Lo acompaña en sus travesías, para luego retratar la vida de un hombre sensible, quien habla de su amor por una profesión que heredó de su abuelo en tiempos remotos, cuando la imagen fija era todo un misterio.


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cuenta con una trayectoria que se aproxima a los 40 años en la profesión y el arte de plasmar momentos.

para conseguir la fotografía, o si yo veo un paisaje maravilloso con una helada espectacular pero veo que le falta algo, yo no voy a tratar de conseguir  una cosa que no pertenezca a la imagen. Yo traigo a un campesino y le digo: hermano párese acá y mire su campo; donde prima el respeto, la composición y la creación”.

La idea de ser fotógrafo no fue por decir: ”oiga mi abuelo fue fotógrafo; qué dicha yo también voy a serlo”; fue por interés en el viejo y el gusto por la observación de la fotografía, acompañada por la sensibilidad de la imagen, o como su esposa Esperanza dice: “la pasión de Rodolfo viene de sangre”.              Su gusto por la fotografía empezó a los 7 u 8 años, cuando sus padres les regalaron a sus hermanos y a él unas pistolas de fulminantes, de esas que toteaban.  “Un día esa pistola que me regalaron quise cambiársela a mi hermano mayor, por una cámara fotográfica de juguete, que era muy similar a una profesional, era como ver una Pentax chiquita”. Para él era increíble, simpático y curioso el hecho de ver una cámara de verdad en miniatura. “Lo extraño es que al cabo de unas semanas la cámara desapareció, entonces me quedé sin pistola y sin cámara. Yo creo que mi hermano ahí metió la mano, pero desde entonces comenzó a generarse en mí, el gusto por el arte, hasta que a los 12 años tomé mi primera fotografía con una cámara sencilla y pequeña, que sacaba unas fotos pésimas, pero con esta experimentaba mucho.” A sus 13 años, tuvo su primera cámara profesional, fue una Pentax. Cámara que su mamá hoy en día tiene guardada. Con esta empezó a trabajar sobre los efectos de una maquinaria, es decir, la profundidad de campo, el manejo de la luz, y demás posibilidades que le permitían seguir creando, pero ya con más herramientas, queriendo mostrar lo que la gente no ve, pero él sí. 

Desde muy pequeño le empezó a gustar la fotografía social, porque retrataba a muchas personas, y a la vez componía sus imágenes. “Lo hacía de manera mental, primero creaba el concepto en mi mente, luego ubicaba a las personas y le añadía algo que lograra contextualizar la imagen y a la hora de disparar obtenía lo que había imaginado”.  Esto lo llevó a tenerle un gran respeto a la imagen y es el hecho de no violentarla, como dice Rodolfo. “Si yo veo a un niño que llora en la tragedia minera, y quiero capturar el momento en el que está llorando, yo siento el dolor de la tragedia y logro compenetrarme con el sufrimiento del niño y así puedo mostrar una imagen del infante llorando; pero yo no debo hacer que el niño llore por otros medios

Mi éxito en la fotografía es por la terquedad “A él toda la vida le ha gustado la fotografía, siempre ha sido un fotógrafo aficionado”, cuenta su Esposa.

“Mi trabajo empezó mezclado con mi hobby,  ya que estaba interesado en difundir mis fotos así no me pagaran, pues el aliciente nunca fue el dinero, si no ver mi trabajo publicado. Con el pasar del tiempo, logré publicaciones en el periódico Boyacá 7 días, pero yo trabajaba en un banco, y normalmente sábados y domingos bajaban del periódico y me pedían el favor de cubrir los partidos del equipo de fútbol  Lanceros, a los que yo accedía con amor”. Ricardo Rodríguez, editor del periódico 7 Días, y jefe de Rodolfo desde hace 12 años cuenta: “él simplemente era un colaborador; ya que no trabajaba para el periódico, y estaba empleado en el banco, pero lo que lo vinculó con el diario fue su hobby, su afición por la reportería gráfica”. Le dejaban dos rollos fotográficos, uno para cubrimiento y el otro se lo regalaban, lo que era realmente su única ganancia. Los lunes antes de entrar a trabajar, Rodolfo pasaba por el periódico y dejaba las películas con los registros.

“Trabajaba para el Banco Industrial de Colombia, que luego pasó a la acción de Bancolombia, fusión que duró 2 ó 3 años hasta que el banco fue negociado y lo liquidaron”, cuenta su esposa. Fue cuando Rodolfo solicitó empleo en el periódico, casualmente el fotógrafo que estaba, se encontraba saliendo a vacaciones, ¡Ahí fue el papayaso! y en Rodolfo hallaron el remplazo. Ante lo que Ricardo refiere: “conocer parte del trabajo de él, fue algo que nos facilitó su elección y desde entonces empezó a trabajar con el periódico”. Como dato curioso, Rodolfo narra que estuvo desempleado medio día, “yo salí del banco un viernes por la tarde y el sábado ya estaba trabajando para el periódico en condición de free


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lance, desde ese momento inició mi historia con el 7 días y el Tiempo”. Fue free lance durante 4 años en los que la ganancia era mínima. Ganaba por fotografía, eran realmente pesitos, ya que le descontaban lo de salud, y aclara “Para mí era trabajar en lo que me gustaba, y paulatinamente empezó a ser mi profesión real. Pues cuando vives de lo que trabajas ya eres un profesional en eso”.

“El pasar de un banco, donde hay un horario establecido, a trabajar en un periódico donde la dedicación es casi completa y no hay un horario específico, le dio un cambio a la vida de Rodolfo, ya que este es un trabajo muy pesado, y a él le toca viajar a la hora que sea, pasar fines de semana completos en el periódico, he incluso hasta meses donde no tiene descanso ni un sábado o un domingo, pero él simplemente tiene que estar cubriendo la noticia”. Señala Esperanza a quien Rodolfo de cariño llama María. “yo creo que esa pasión de mi esposo, viene de su abuelo, y por eso es que él ha resistido, ya que si a él no le gustara, no habría podido aguantar”.

El éxito de Rodolfo en la fotografía ha sido por la terquedad, por querer hacer la cosas bien. Así son todos sus trabajos, o como él mismo dice: “yo me traigo la imagen, porque me la traigo, para mí no hay barreras”, agrega su esposa: “él no se conforma con cualquier cosa, va más allá, da ideas y es hasta obsesionado con el trabajo, aporta más de lo que le piden”, opinión que a la vez comparte Ricardo el editor del periódico: “yo siempre lo he reconocido por sus aportes, donde en ocasiones brinda mucho más que los reporteros, es algo que me ha hecho mencionarlo siempre en el Diario, ya que él hace las cosas por iniciativa uno no necesita darle órdenes, y obviamente todo el tiempo él trabaja al ritmo de los periodistas, ya que es el único fotógrafo de planta. Éste es uno de los trabajos más duros y complicados en el periódico”.

El hecho de hacer fotografía todos los días de su vida, le ha dejado a Rodolfo un gran legado, posee un archivo fotográfico que contiene miles de negativos y fotografías en digital, trabajo que ha sido muy importante para el periódico y para Boyacá; pero por dedicarse tanto a la reportaría gráfica, Esperanza dice: “yo le peleo a Rodolfo porque se dedica mucho a la fotografía y a veces descuida otras obligaciones ya que antepone el trabajo”.


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Mi primer encuentro con las grandes ligas “Siendo free lance, hice un trabajo de artesanías en Ráquira de Doña Otilia, una señora que hacía unas vírgenes muy especiales. El trabajo lo hice con Rosa María Jerez la hija, debido a que ese año había fallecido Otilia. Era muy interesante porque era arte con arte, y cuando uno es fotógrafo y va a fotografiar alguna obra de arte tiene que ser muy bueno, porque puede llegar a dañarla”. Rodolfo recuerda que para ese trabajo tuvo que usar un flash de ventana, debido a que la única luz que entraba, era por la puerta y esta no era suficiente. Mandó poner todos los trabajos de Otilia en un cuarto de adobe y montó un trípode con

un flash. Al oprimir el obturador y observar la imagen parecía que hubiera dejado una ventana abierta, el rostro de Rosa María se iluminaba con una luz blanca. Entraba por la puerta una luz tenue, y todo componía un ambiente muy hermoso, con el adobe de las paredes y los almanaques que cuelgan los campesinos en sus casas. “Fue una fotografía que salió con unas sombras muy hermosas de todo el lugar, desde Rosa sentada hablando con su hija y el resto con las virgencitas con su luz tenue, fue una cosa muy bien compuesta. Esa fue la primera foto que me sorprendió en mi trabajo como “free lance”. Para asombro mío, salió en el resumen de fotografías del Tiempo del año 2000. Ver esa foto casi a dos páginas en ese libro que me mandaron, fue grandioso”. Recuerda Rodolfo.


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Con esta fotografía hay algo especial, y es que en el libro de compilaciones de El Tiempo, salió a nombre de otro fotógrafo por un error en la edición, lo que causó un gran dolor en Rodolfo, después de tan hermosa imagen lograda por él. Esperanza reitera que este hecho para él: “fue una desilusión inmensa, porque son trabajos en los que se esmera mucho, y él es muy cansón cuando va a sacar una foto” aun así, para Rodolfo: “fue uno de mis primeros vínculos reales con las ligas mayores del Tiempo”.

A mi ya se me acabó el tiempo Esperanza define a su esposo como: “una persona muy cariñosa y honesta, entregado a su trabajo y a su familia, a la vez supremamente detallista, ordenado y perfeccionista, quien todo lo hace con amor”. Ricardo su jefe lo precisa como: “un buen padre, como persona un buena amigo y un excelente trabajador. Rodolfo simplemente es un amante de la fotografía”.

Un morral rojo, con franjas negras levemente desteñidas por la constante exposición al sol, suele colgar en los hombros de Rodolfo, morral del que su esposa se queja por el peso, ya que este se asimila a cargar tres o cuatro ladrillos: “esto le está dañando la columna a raíz de tanto trabajo, pero él no lo ha querido entender”. Dentro de este morral carga una gorra y un bloqueador por efectos del sol, un cepillo para el pelo, un radio modelo 82 como él mismo dice, una grabadora de voz, un impermeable, una sombrilla, algo de mecato que su esposa le alista como nueces, galletas, frutas y agua, y por supuesto su equipo completo de fotografía que lo acompañan diariamente a todos los lugares. Su ceño suele estar fruncido, pero no por enojo, sino por una constante observación de

reojo y curiosidad ante el ambiente de su alrededor. Su cabello conserva un negro profundo con unas escasas canas, está cruzando por la edad de oro, su cuerpo delgado que por el paso de los años pareciera estar cansado, se evidencia que posee una mente despierta para seguir creando imágenes como lo ha hecho toda su vida.

“A mí se me acabó el tiempo, y realmente yo quiero resumir todo lo que he hecho y salir a buscar otra instancia, porque ya por mi edad no es época de seguir en el periódico, y tengo que extractar todo mi trabajo fotográfico, porque si me muero, este va a quedar guardado”. Rodolfo explica que quiere armar una galería con todas las imágenes que a través de tantos años ha recompilado, algo así como ¡Las Fotografías que nadie ha visto de Rodolfo González! “Cuando Rodolfo se retire, se irá a descansar y a disfrutar de su pensión, que por cierto ya son pocos años que faltan para eso, él es el mayor de todos en la redacción” cuenta Ricardo. Su esposa comenta: “Cuando él se retire, nosotros tenemos pensado hacer un banco de imágenes, a la vez ordenar el álbum de la familia, ya que este es muy desordenado, porque los dos somos personas muy ocupadas; pero en sí, él no quiere retirarse de su pasión, Rodolfo gira alrededor de la fotografía y morirá sacando fotos.”


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Yecid Rodríguez

VEGETARIANO, UNA OPCIÓN DE VIDA El significado original de esta palabra implica un equilibrado sentido filosófico y moral de la vida, que va mucho más lejos de una mera dieta de verduras y frutas. Un vegetariano está comprometido con una filosofía que respeta la vida animal y la conservación del medio ambiente en estado natural. Con un delicioso desayuno rico en fruta, huevo, café o chocolate inicia su día Lorena Arrieta, aunque está tratando de dejar este último porque hay muchos rumores que el chocolate tiene sangre de vaca.

Después de la participación en una marcha anti-taurina hace 26 meses, Lorena entendió que la muerte de un toro es tan dolorosa e igual de importante a la de una vaca o a la de cualquier animal. Allí tomó la decisión de ser vegetariana, un paso que inició con la suspensión de consumo de carnes rojas y 6 meses después la de pescado y pollo, así como cualquier alimento derivado de animales, excepto el huevo y los productos lácteos, por lo que se denomina a si misma como “ovo-lácteo-vegetariana”.

Un difícil comienzo Esta decisión ha sido un proceso largo y con algunas complicaciones que ha logrado superar, como el apoyo de sus


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Ser vegetariano se convierte en una opción de vida que cada vez toma más fuerza. Cuando un alto porcentaje de los individuos que habitan el planeta, hablan de mantener un equilibrio entre los ecosistemas, respetarles la vida a los animales y rechazar preparaciones gastronómicas con sus carnes, vestir pieles o calzado producto de su sacrificio, no resultas tan descabellado escoger esta filosofía de vida.


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olor que inevitablemente lleva a la mente en un viaje de sabores en una extraña pero deliciosa mezcla de dulce miel, el sabor salino de una superficie crocante y al mismo tiempo jugosa”. Lorena refiriéndose a esta tentación agrega “pero de ahí a decir que voy a dejar de ser vegetariana para comer pollo pues no, que yo vea a alguien comiendo no me produce asco simplemente no me provoca comerlo”. Dejar la carne ha sido una nueva etapa en la que siempre ha estado acompañada por su novio René Avella quien también es vegetariano y con quien comparte el gusto por el cuidado de la naturaleza y de los animales.

Vida social En la actual sociedad, el vegetarianismo está hasta ahora tomando fuerza. Por lo tanto existen personas que aún no aceptan el hecho de que alguien pueda sobrevivir sin el consumo de carnes. Esta situación no ha sido ajena para Lorena, ya que es consciente que ella creció en un ambiente donde todos consumen carne y que muchos la juzgan y la cuestionan porque piensan que a ella le importan más los animales que las personas.

padres, quienes arraigados a sus costumbres católicas y boyacenses siempre han consumido carnes en las tradicionales reuniones, paseos y asados, actividades en las cuales se usa cualquier pretexto para compartir en familia, una actitud propia de los habitantes del departamento. Aunque en un principio estaban preocupados por el bienestar de su hija y no aprobaban esta decisión terminaron comprendiendo que sus temores relacionados con que Lorena se viera físicamente afectada eran infundados. Ahora cuando salen a almorzar llevan a su hija a un restaurante vegetariano. “la carne roja para mí no fue la más difícil de dejar, de pronto si fue más difícil dejar el pollo. Todavía cuando uno pasa por un asadero de pollos sobre todo a la broaster pues me gusta el olor ese

Otra parte de esta nueva vida es la experiencia social en cuanto a la participación en reuniones con amigos y familiares “no falta obviamente la montadera, porque hay mucha gente que pues, por ignorancia, empiezan a decir que uno sólo come lechuga, pasto, entonces uno trata de evitar a esas personas sin dejar de hablarles. A palabras necias oídos sordos”.

¿Vida sana? Existen diferentes opiniones sobre los beneficios y perjuicios de ser vegetariano. ¿Qué tan cierto es que al dejar de comer carne se puedan padecer algunas enfermedades por la carencia de vitaminas y proteínas esenciales?.

Fiorela Rocío Lammoglia médica de la universidad de Boyacá, explica que la no ingestión de proteínas animales puede desencadenar una anemia por la falta de Cobalamina o vitamina B12, la cual no se encuentra en suplementos farmacéuticos


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en las cantidades que el organismo necesita. Para Lorena esto sería un problema si su dieta no incluyera huevos y leche, los cuales le proporcionan la cantidad de vitaminas del complejo B que requiere el organismo para sus funciones vitales.

Lorena explica desde su práctica, que hay muchas personas que toman esta decisión sin haber estudiado los sustitutos para dichas proteínas “por ejemplo el gluten tiene alto porcentaje de proteína o la quinua que tienen altos valores en aminoácidos, es cuestión de buscar los sustitutos y consumir lo que la dieta necesita. Pero que uno no pueda vivir y que se enferme si no come carne pues no, es simplemente buscar alimentos complementarios”.

Lorena encuentra esta alimentación en platos que puede preparar en su casa o también tiene la opción de ir a uno de los pocos restaurantes vegetarianos de la ciudad: “la carne no es necesaria y no por dejar de comerla, entonces solo vamos a comer verduras y cosas verdes, nosotros también comemos cosas muy ricas las personas que tienen restaurantes para vegetariano son muy creativas y le dan a los clientes cosas deliciosas que hacen que uno no extrañe la carne.”

Cultura animalista Es un estilo de vida diferente a los demás porque “ser vegetariano no es solo una dieta de fru-

tas y verduras ya que incluye una filosofía de vida amable con el medio ambiente”, por eso Lorena como muchas otras personas evitan comprar ropa y utensilios de origen animal, porque son derivados de la matanza y la explotación de esos seres. Ella se opone a todo experimento y testeo sobre animales, dándole una especial importancia a la parte ética de esta filosofía de vida. Así, cada vez que ella va de compras es diferente, ya que busca marcas o productos regionales los cuales está segura que no tienen ningún testeo en animales, y en cuanto a zapatos le pasa algo curioso. “Generalmente la gente le dice a uno que las botas o los zapatos son de cuero porque piensan que todo el mundo quiere cuero. Entonces cuando pregunto y me aseguran que sí es de ese material, pues yo digo ¡qué lastima! y la vendedora queda extrañada. Yo busco que los zapatos y las botas sean 100% poliuretano o cuero sintético”. Además, Lorena en su vestir busca usar dril y telas sintéticas, en cuanto alimentación, consume alimentos regionales donde ella esté segura que no son derivados de animales ni que hacen pruebas con ellos. El crecer en una sociedad donde la cultura esta basada en el uso de animales para el beneficio humano es complicado y tratar de cambiar esa ideología es un proceso. Esa transformación está iniciando a dar sus frutos en niños, jóvenes y adultos, creando una conciencia social en el cuidado y la no explotación de animales para diversión ni consumo.

Cualquier tipo de vegetariano es un claro ejemplo de que las carnes de origen animal no son realmente necesarias para la subsistencia ni el bienestar humano. “no siento que en verdad necesite quitarle la vida a otros para que yo viva bien”. Concluye Lorena.


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Camila Jiménez

Encierro asfixiante “Ningún placer es malo en sí, solo que los medios para buscarlo pueden ser el inconveniente, el riesgo o el error”. Epicuro

Andrés se encontraba con sus amigos en un bar de Tunja llamado Lola Paloza, se tomaron unos tragos y salieron de allí cuando acabo la fiesta. Ya estaban ebrios caminando de lado a lado, decidieron comprar más trago en una licorera ubicada pasos abajo del sitio, compraron el licor y se dirigieron a Culfisa, un parque localizado en el barrio Maldonado, allí se sentaron a tomar, horas después llegó la policía. Andrés tenía en su maleta marihuana, inmediatamente fue arrestado. Al día siguiente ante un juez de garantías, se le leyeron sus derechos, se determinó que Andrés portaba más de mil gramos de marihuana, que sobrepasaban la dosis mínima. El juez remitió el caso ante el juez de conocimiento, donde la audiencia fue programada cuatro meses después.

Durante estos cuatro meses Ofelia la mamá de Andrés, tenía como rutina visitarlo cada ocho días en la Cárcel Distrital de Tunja. Allí, su hijo permaneció durante ciento veinte días mientras llegaba la fecha de audiencia con el juez de garantías, quien le daría la pena exacta por el delito de tráfico de estupefacientes. Un domingo como era costumbre, Ofelia se encontraba orando, antes de ir a visitar a su hijo. En medio del ritual reli-


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Etimológicamente, asfixia significa “falta de pulso”. Para la medicina actual, la asfixia es la alteración o interrupción significativa de la función respiratoria. Las muertes por asfixia ocupan un lugar muy importante en la investigación criminal porque, el uso de bolsas plásticas y la colgadura son las formas más comunes de suicidio. Andrés un joven de 19 años, tomó esa decisión según comenta su mamá. “porque él no soportó el encierro, además el viernes anterior se había enterado de su sentencia: una condena de ocho años en prisión por el delito de tráfico de estupefacientes. También debíamos pagar una multa de noventa y tres salarios mínimos, era lo que había afirmado el Juez quinto penal del circuito de Tunja”.

Andrés era un joven de buena familia a quien le gustaba el cine y la televisión. Se fue de su casa a muy corta edad. Siempre contó con el apoyo de su mamá, quien estaba pendiente de él todo el tiempo. Ella le hacía visitas frecuentes y tenían una buena relación, Andrés vivía cerca a la Uptc (Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia), tenía una vida normal, era estudiante universitario, tenía amigos, salía a beber, hacia ejercicio y llevaba una vida cotidiana como cualquier joven de su edad.

gioso, ella recibió una llamada desde la Cárcel Distrital, donde le comunicaron que la necesitaban urgentemente. Ofelia se acercó a Aura, quien asiste al mismo culto y colabora con las actividades de la iglesia. Le dijo que por favor le recibiera el diezmo que tenía que dirigirse urgentemente a la cárcel, Aura se lo recibió y Ofelia salió a toda prisa para cumplir con el requerimiento de la llamada.

Cuando Ofelia llegó al lugar, los primeros en registrar su entrada fueron los guardianes, quienes le informaron que su hijo Andrés, la noche anterior fingió que dormía y mientras pasaba la noche se envolvió en el colchón de su celda, lo amarró, se puso una bolsa en su cabeza y se asfixió.

“Soñaba con ser director de cine y escribir historias, este sueño lo hizo entrar al mundo de las drogas” afirma Diana Ávila, quien lo conocía y dialogó muchas veces con él. “Andrés sólo quería hacer una investigación acerca de la venta de estupefacientes para realizar un documental, empezó jugando con este negocio y terminó tomándolo enserio, seguro por ambición”.

También dijo que “él no consumía drogas, tenía muchas aspiraciones en la vida, tenía muchos sueños, además afirmó que no se explicaba cómo habían capturado a Andrés si él era una persona muy discreta al momento de vender los estupefacientes ya que no le vendía a cualquier persona, al contrario él era selectivo con sus “clientes” y solo a aquellos de confianza los citaba en su apartamento donde tenía algunas matas de marihuana”.

Mientras Andrés actuaba de esta forma, su mamá creía que él era un joven responsable, dedicado al estudio y al trabajo. En realidad su mamá no sabía en qué se desempeñaba, por lo tanto, la sorpresa de Ofelia fue descomunal cuando conoció el delito que produjo su captura.


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Su tío, quien también vivió de cerca los días de encierro de Andrés, afirmó. “ Yo tampoco tenía idea de lo que hacía mi sobrino, me enteré por mi hermana quien me comentó todo el día que lo capturaron”.

Después de ese fatídico día, Ofelia no volvió a ser la misma persona de siempre, dejó de asistir a la iglesia “Casa sobre las rocas” a donde iba todos los domingos en las mañanas, muchas veces acompañada por Andres. Desde aquel triste

y frio fin de semana en el que perdió a su hijo, únicamente visita este lugar para dialogar con el pastor de la iglesia quien la aconseja y la orienta de vez en cuando. Ella prefiere encontrarse a solas con él. “Tal vez los sueños, las grandes aspiraciones de mi amigo y su ambición por tener más de lo que su mamá le podía brindar, lo llevaron a esta situación, que inició como un juego o un experimento, y lo llevaron a la muerte”. Concluyó Diana.


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Wilmar Pineda

John Lennon vive en Tunja Recorrer la capital de Boyacá en la noche es conocer otro lugar. Todas las ciudades reflejan una cara en el día y otra cuando se ha marchado el astro rey. En Tunja se mezclan sensaciones, temperaturas, personajes, sonidos y escenarios. A medida que avanzan las horas, la temperatura parece descender cada vez más, y sólo quien ha parrandeado en Tunja, sabe cuál es la intensidad del frío que soporta la piel sobre las tres de la madrugada. Desde que Tunja se caracterizó como ciudad estudiantil, la variedad en las opciones de bares y discotecas es cada vez más prolífica, los hay para todos los gustos y todos los bolsillos. Como es lógico, es un ambiente donde surgen muchas historias para contar. Luego de una jornada por la noctámbula Tunja me encontré con un hombre de 20 años de edad, nacido en esta capital. Me interesó su historia no solo por el trabajo que desempeña, también por la particularidad en su nombre. ¿Cómo un hombre tan boyacense podía llamarse así? “No me gusta para nada mi nombre, no sé si mi papá estaba trabado o qué, cuando me bautizó”. Esto dijo John Lennon Rincón García. Sí, como el famoso y ya desaparecido ex Beatles del mismo nombre, además agrega que el hermano se llama Elvis. Lennon dice que no le da gran importancia a su nombre, pues a él ni siquiera le gusta el rock, pero es consciente que es el homónimo de un famoso rockero de los años 60.


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Luego de unos meses Lennon se fue ganando la confianza de David, su jefe. Hasta que un día la mesera de planta dejó el trabajo botado y fue entonces cuando John pasó de portero a mesero. Para él ese momento fue muy significativo, pues lo ascendieron.

“Me gustaba más ser mesero que requisar y pedir cédulas, y además gano más por hora y trabajo más días a la semana”. En esa tarea le pagan a 2.000 pesos la hora y trabajaba de lunes a sábado. Su salario semanal pasó de 36.000 pesos a 96.000 pesos, “fui muy afortunado, porque eso me daba estabilidad económica y lo necesitaba con urgencia”.

Todo comenzó según nuestro protagonista cuando terminó sus estudios en el colegio Boyacá, él quería seguir estudiando “siempre quise estudiar arquitectura, pero es muy cara y no tengo plata” palabras de Lennon. Así fue como John entonces empezó a trabajar, en distintos quehaceres, de ruso como él cuenta, de celador, mesero y finalmente administrador de un bar.

Su primer trabajo en tabernas fue en el sector conocido como “los bares de la uptc”. Inicialmente se presentó en un establecimiento llamado “Ébano bar” pero le cerraron las puertas por su falta de experiencia en éste campo. Siguió insistiendo en distintos lugares hasta que en uno llamado “Acústico karaoke café bar” le dieron la tan anhelada oportunidad.

David Contreras propietario del negocio señala -“cuando vi a Lennon por primera vez le di la oportunidad porque parecía buena persona y se notaba que de verdad necesitaba el trabajo, así que inició como portero”.

John agradecido aceptó y empezó a trabajar como vigilante. “Al principio fue duro, pagaban muy poquito pero la necesidad tiene cara de perro y tocó, además aprendí a las malas a fumar por el frío”. En ese entonces le pagaban 1.500 pesos la hora, entraba a las siete de la noche y salía a las tres de la mañana, lo que le dejaba una ganancia de 12.000 pesos la noche, Lennon trabajaba en ese horario durante tres días a la semana.

En su labor como mesero permaneció casi seis meses, cuando su jefe le manifestó que sería promovido a administrador -“me di cuenta, cuando lo pasé a las mesas que hacia su trabajo bien, la gente salía contenta con su atención y regresaban por él, así que decidí darle la oportunidad para ver qué sucedía”. Dice David Contreras, quien además de ser su jefe, es amigo de Lennon.

Con su nuevo puesto la calidad económica de Lennon mejoraba considerablemente dando paso a una nueva etapa en su vida -“fue lo mejor que me había pasado, hasta me alcancé a ilusionar con ahorrar juicioso y estudiar arquitectura esos eran mis pasos a seguir”. Fue administrador por más de dos años, las cosas parecían ir bien, le colaboraba a su mamá con los gastos de la vivienda, además estaba ahorrando para su sueño universitario. “Tanta armonía y felicidad no podían ser ciertas”. Afirma Lennon con melancolía. La Alcaldía de Tunja a través de la Secretaría de gobierno, amenazaba con cerrar los establecimientos de la zona por irregularidades en cuanto a permisos y requisitos. Él estaba al tanto, pero se negaba a pensar que ese momento llegaría, pues en algunas ocasiones les sellaron el bar máximo 15 días y transcurrido ese tiempo volvían a laborar normal. Meses después pasaría lo que ya se veía venir.

La Alcaldía mayor de Tunja ganó la batalla como dice Lennon, y procedieron a sellar definitivamente los negocios de la zona. “La solución de ese man fue dejar a más de 350 personas honradas sin trabajo, en la calle incluyéndome a mí”. Las posibilidades de Lennon eran pocas, pero en un esfuerzo de parte de su jefe, por no quedarse sin trabajo, decidió montar un nuevo bar en el centro de la ciudad, donde John Lennon actualmente labora con un poco de miedo, pues la Al-


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caldía, según él, sigue en la lucha de sellarles nuevamente.

“trabajar en el centro es un chimba, la gente en muy diferente a la de la U y acá me cuadro harto en propinas” -Señala John. Lleva ya más de un año y medio en “Mariana karaoke café bar”, asegura que tiene un sinfín de historias por contar, pues dice que cada día se encuentra con algo diferente. Asegura también que desde que está en el centro le caen muchas mujeres de edad, y comparte su gusto por el canto mientras trabaja. La novia que tiene actualmente la conoció en el bar y da gracias por eso. Decidí ponerme en la tarea de trabajar con él por tres días, para conocer un poco más a fondo cómo es una noche en la vida laboral del Jhon Lennon tunjano, y poder vivir de cerca algunas de sus historias. Entré a las 6 de la tarde y ahí estaba detrás de la barra, sonrió cuando crucé la puerta, me saludó y me dijo-“wepe marica ayúdeme a surtir la nevera, y después salga a hacer compras”, procedí a cumplir las órdenes de mi jefe.

Avanzada ya la noche, la gente comienza a llegar poco a poco y el lugar se ve cada vez más lleno. Destapo cervezas, botellas de licor, doy lumbre a los pocos que fuman y ya se siente el ambiente de la noche. Noto cómo las mujeres que llegan solas al bar gustan de mi jefe, le mandan cerveza, saludos, le dedican canciones, incluso algunas preguntan -“¿oye: el joven de la barra tiene novia?”, él sabe lo que pasa, lo pongo al tanto de la situación, me contesta con una gran sonrisa en su rostro y añade “espere más noche que entre en calor y verá”. Bien entrada la noche, Lennon toma uno de los micrófonos del karaoke, y procede a

cantar. No lo creía hasta que lo comprobaron mis ojos, inmediatamente la presencia femenina se transformó. Termina su interpretación y la barra se llena de mujeres o admiradoras como él les dice, descuido mi labor por un momento y veo como dos de éstas damas lo besan, yo solo sonrió y pienso en lo genial de la situación.

Lennon programa música, sale de la barra y baila sutilmente con sus admiradoras, le ofrecen licor pero lo rechaza con la excusa de no tomar en horas laborales. En su cara se le ve esa satisfacción picaresca de saber lo que hace. Es todo un Dios en medio del olimpo.

Termina su acto y me lanza la frase: “es el mejor trabajo del mundo, me pagan por levantar viejas”. A la noche le quedan pocas horas, el establecimiento ha tomado un olor incomodo a borracho, a licor y a cigarro, los clientes embriagados se hacen notar y se refleja en Jhon el estrés de la situación. “Sacar borrachos es lo jodón de esto”. Continuamos, yo por mi parte cobro las cuentas abiertas, él se encarga de la contabilidad de la noche. A puerta cerrada, nos sentamos en una mesa, me brinda una cerveza, me paga lo correspondiente a mi jornada. Tocan a la puerta y noto una silueta femenina, es su novia, nos pregunta cómo estuvo la noche y en complicidad sonreímos. Finalmente nos alejamos, la pareja por su lado, yo por el mío. Pienso un poco en todo lo que ocurrió y me causa gracia. Al día siguiente regreso y se podría decir que la historia se repite noche tras noche. Jaime Tovar amigo y compañero de trabajo de John Lennon, afirma “como hay buenas noches, también las hay malas, pero trabajar con este man es muy bacano”.


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Paola Chinome - Ernesto Rodríguez

UN ARTISTA EN EL SEMÁFORO A cielo abierto y con la tenue lucecita roja como única referencia del tiempo, comienza la magia en su sentido artístico, en menos de un minuto nace un dinámico espectáculo, tan efímero como la misma luz.

Norberto Augusto Chavero más conocido en el mundo de los malabares como Yiyo, atraviesa los 26 años. Con 1.65 mts de estatura, cabello claro, ojos cafés en los que ya se asoman las primeras líneas de expresión, nariz afilada y pequeña, cuerpo delgado al igual que sus labios y con un arete de cobre en su oreja izquierda que él mismo perforó, para prevenir la enfermedad del reumatismo y a la vez por vanidad. Este joven argentino, cuenta parte de su vida en este arte. “El conductor es un público exquisito: para atraer su atención tenés que sorprenderlo. Tenés con buena actitud que transportarlo a un circo”.

“A los ocho años empecé vendiendo en las calles de Argentina ropa, fruta, y algunos panes que hacía mi mamá. También estudiaba, hice toda mi primaria, pero después de repetir tres veces segundo de bachillerato me retiré. A los dieciocho años empecé a observar a los malabaristas, me gustaba ese mundo, así que empecé trabajando y ensayando nuevos trucos. Me fui de la casa, mis papás siempre me apoyaron, y llegué como mochilero a Brasil. Allá conocí muchas per-


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aprendí a hacer manillas, collares y anillos en hilo, “porque además de los malabares también me gustan las artesanías”.

Me fui sólo a villa de leyva me hablaron de su naturaleza, de los hongos, lo primero que hice fue probarlos, es algo genial. Comer hongo es entrar en otro mundo, empiezas a sentir un cosquilleo por todo el cuerpo empezando en la barriga. Hay una conexión con la naturaleza, principias a ver perfectamente un movimiento de unión y desunión de las nubes, cómo ellas se forman. Se siente profundamente cada sonido, el movimiento de los árboles, el canto de los pájaros, la hoja que cae, el olor a fresco de la naturaleza, esa sensación delicada de la madre naturaleza, muy diferente a de la ciudad pues los carros con sus olores a gasolina, los sonidos, sus motores, sus pitos, eso es diferente, cuando comes hongos no desearías estar en la ciudad. sonas que trabajaban en lo mismo. Al comienzo fue difícil, no sabía portugués, no les entendía nada, lo único que respondía a alguna pregunta hecha de vez en cuando era que sí, siempre sí y sí…hasta que conocí una persona, una mujer que me enseñó a leer, escribir y hablar portugués, ella me enseñó muchas cosas en la vida, tuvimos un noviazgo no muy largo, pero viví momentos felices y trágicos al mismo tiempo, terminamos porque soy muy nómada, me gusta conocer lugares, personas, me gusta sencillamente recorrer el mundo, y pues yo quería conocer más, y para ella esto no era vida. Yo no tengo suerte en el amor, siempre me alejo de la gente que quiero.

Asimismo conocí a Pinia La Rua , otro artista, él me enseño un poco más de malabares, sabía mucho, tenía mucha experiencia, desde niño trabajaba en los semáforos acompañado de unos balones, dos ula ula y unas tres clavas, para así poder sobrevivir. Duré un año durmiendo en las calles de Brasil, aguantando hambre, en ese tiempo la suerte no estaba de mi lado. En Brasil no es muy fácil la vida, pero este lugar me trae buenos recuerdos, pues duré mucho tiempo y conocí personas espectaculares además fue donde tuve más experiencias en todo sentido. De allí viajé al Perú, conocí historia, gente y arte, luego al Ecuador allí también conocí numerosa gente, entre ellos un amigo con quien me comunico muy seguido y el que me recomendó Colombia, en especial Villa de Leyva donde actualmente vivo. Él se encuentra en Medellín en este momento. Juntos llegamos a Cali donde

Esta clase de cosas que da la naturaleza se deben respetar, no suelo consumirlos a menudo, es muy de vez en cuando; en Argentina hay unos cactus alucinógenos, se llaman San Pedro y son más fuertes, se deben saber comer o si no, las consecuencias son graves. Con estas dos sustancias se me despiertan los sentidos, entro en un estado en el que la creatividad surge momento a momento.

En Villa de Leyva empecé trabajando en un hostal hace año y medio, un señor me dio el trabajo, allí arreglo la cocina, los pisos, también salgo al terminal a llevar a la gente hasta el “Hostal Rana” que es un lugar hermoso. A Villa de Leyva va mucho turista, es historia y turismo, no solo para Colombia, sino para el mundo.

Hace poco conozco Tunja, me dijeron que aquí eran rentables los malabares, y pues junto con mis clavas gano para comprarme algo, lo necesario, pues las cosas materiales no representan mucho para mí. A eso de las seis de la tarde me devuelvo para Villa de Leyva. Esto lo hago de vez en cuando, aunque me gustaría hacerlo más seguido. Esto me encanta, hacer arte es lo que me gusta, no soy grosero, respeto a la gente, a mis compañeros como la vendedora de periódicos, la de limpiones, y muchos más que siempre están por aquí. Nunca he tenido problemas con nadie, pero hay gente que le gusta la pelea, y piensa que por haber estado ahí trabajando hace tiempo, ese lugar les pertenece, no lo dejan trabajar a uno, se creen dueños de la calle. Todo esto sale de la voz de Yiyo con tanta naturalidad, que parece un guión aprendido, bebe algo de agua, y se alista para su función, el semáforo está en rojo y es el turno en la escena para Yiyo.


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“Qué bueno que desde jóvenes empiecen a lucharla, a mi me parece bonito eso de los malabares porque lo entretienen a uno. Él es buena persona, se dirige a uno con respeto, nunca ha tenido malos tratos con la gente de los carros, todo lo contrario. Yiyo es muy decente y antes de presentarse hace una venia, es cómico y con sus ocurrencias nos hace reír. Nunca pensamos que ellos sean una competencia, esto de trabajar en los semáforos es muy difícil y más para ellos porque es un trabajo muy agitado. Mientras hace frío o esta ese calor terrible de las mañanas, ellos se la pasan tirando pelotas al aire y balones, muy pocas veces paran, son unos verracos” cuenta con tono jocoso Martha la vendedora de periódicos del semáforo que esta ubicado junto al centro comercial La Sexta, en donde también trabaja Yiyo.

Norberto, está como ilegal en Colombia, como también lo fue en Brasil, Ecuador y en Perú. Afirma que tiene un ángel que lo protege. Un día en Brasil me encontré con dos colombianos también ilegales, yo decidí ese día irme temprano, no sé porque se me ocurrió eso, pues siempre terminaba tarde de tirar mis clavos al aire. Al otro día me entero que a los 5 colombianos los cogió como llaman en Colombia la policía, no sé qué pasó al fin con ellos, nunca los volví a ver, pero agradecí el no haberme quedado en ese lugar. Aquí en Colombia como en Argentina no molestan tanto con ese tema, pues en estos dos años que llevo acá nunca he tenido problemas con los policías.

El humo que dejan esos carros me tiene mal la garganta, además fumo, por esa otra razón es que no vengo muy seguido, pues sé que puedo enfermarme más de los pulmones. Del arte callejero he aprendido mucho, a valorar mi vida, mi familia, pues me hacen mucha falta, de vez en cuando los llamo, no me gusta preocuparlos cuando algo malo me pasa. Solo los llamo cuando me encuentro bien, y pues creen que siempre lo estoy.

Aprendí a valorar un techo, la comida, soy un “guiso” para comer, como de todo y lo que me llama la atención de Colombia es la variedad de deliciosas frutas que en mi país no hay, como el lulo, maracuyá, feijoba, esas frutas ácidas, la guanábana me encanta, también las verduras, soy amante de ellas, me gusta que en Colombia hacen combinaciones con todas, esto es muy rico, es algo diferente. Antes pensaba en ser futbolista profesional, pero en el fondo sabía que no lo iba a ser, no tengo tanto talento, además no tenía como costearme una escuela de futbol. Hoy quisiera ser un buen malabarista, no me arrepiento de nada, he vivido una buena vida, al lado de gente amable, que me ha enseñado muchas cosas, no quiero ser más que nadie, ni superar a nadie, no me interesa eso, aprendo y ensayo nuevos trucos porque me gusta, porque me siento feliz cuando me salen uno o dos nuevos, siento que los malabares son mi vida. “Hacer magia, retar la gravedad, el tiempo, crear una ilusión óptica, demostrarle a los conductores que en 45 segundos están consumiendo una expresión artística que subvierte, que altera su estado de ánimo, eso para mi es arte, y eso me mantiene vivo”. Admiro a Antony Gatto un viejo que hace piruetas y además tiene record Ginnes en esto, es genial, no intento superarlo es un duro, mejor intento copiar algunos actos; cuando entro a internet lo primero que hago es ver algo de sus videos, eso me inspira.

En mi mente siempre están presentes frases que me dan ánimo cuando las necesito, a la que más recurro, es: “vive y deja vivir”, y la más importante es “la vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo”. Me encanta y siempre que tengo problemas o dificultades la recuerdo, esta frase me da fuerzas para seguir y superar los obstáculos.


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Con el apoyo de: Centro Comercial el Pinal • Restaurante Buona Vita • Los 80`s Video-Bar • Hotel San Ignacio Plaza • Natufauna • Odontologa Doris T. Pineda Alvarado • Cooeducadores • lavaseco lavamatic

Revista 1unPRETEXTO  

Revista del Colectivo de Redacción Básica y Periodística de la Universidad de Boyacá. Directora: Libia Carolina Pinzón.

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