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poéticas de la distancia

central como polémico: la complejísima relación entre arte y política. Si bien El Cartucho era un sitio del temor, la demolición del barrio y su posterior transformación en un no lugar terminan por dejar un hueco en la ciudad, una suerte de cicatriz que sin duda es evidencia de una ruptura aún más profunda a nivel individual: la pérdida de la casa, de lo propio, de lo íntimo. De ahí que lo que Abderhalden trabaja está en los límites entre lo público y lo privado, lo subjetivo y lo colectivo, lo oculto y lo develado, el afuera y el adentro. Recuerdo esos relatos que vienen de un disparador, como sería el mito de Prometeo, y que terminan mostrándose fragmentariamente en transmisiones de radios reterritorializadas. ¿Cómo es que el arte —y su deseo de memoria— a la vez que va al pasado proyecta al futuro? Testificar es sin duda una forma de hacer memoria. Y la memoria de lo público es un modo de intervenir políticamente. El arte-testigo es así voz fragmentada y silente que muestra en sus cicatrices la fractura. Ni el testigo ni su voz pueden contener el derrumbe; sin embargo, la imagen de una mujer deslocalizada que recorre el parque mudo, vuelca la memoria. Nely Maldonado La intención del grupo de teatro es dejar un testimonio de ese cambio y convertirse en un testigo. También se busca una forma de resistencia, no de la catástrofe —que parece inminente— sino del olvido. Se cuestionan, ¿qué es la memoria?, ¿cómo conservarla? Finalmente se proponen buscar un momento reparador y se preguntan si es posible hacer una reparación simbólica. Mientras Rolf mostraba su trabajo —totalmente cautivador para mí— la idea de buscar un momento reparador, empezó a sintonizarse con otras coordenadas. Un pensamiento paralelo aparecía constante en

mi mente: a unas calles de donde vivo está el parque Delta. Hace algunos años fue un estadio de béisbol perteneciente al Seguro Social. No sé cómo, ni por qué, dejó de serlo, lo cierto es que lo vendieron y, después de demolerlo, construyeron un enorme centro comercial donde se distinguen murales que recuerdan partidos de béisbol y fotos de jugadores; el estacionamiento está organizado con nomenclatura alusiva al juego: manopla, bate, etcétera. ¿Acaso los arquitectos, o diseñadores de interiores, quisieron hacer una reparación simbólica? ¿Su objetivo era pensar las implicaciones simbólicas en el espacio público? ¿Las estrategias del arte se parecen tanto a las de los publicistas? Tal vez no importa el resultado final. No importa si pudieron hacer una reparación social, que de antemano parecía condenada al fracaso, importa el movimiento que empezaron y la capacidad de lograr nuevos vínculos, nuevas prácticas. Rolf, ante el desafío de proponer una reparación, dice: “lo esencial es presentar la situación desde la perspectiva contradictoria que tiene.” La problemática queda abierta. Claudia Cabrera (B,a) es un intervalo temporal en el espacio: 4° 35’ 56.57’’ latitud norte, 74° 04’ 51.30’’ longitud oeste, las (pre)posiciones que delinean Bogotá en el escenario cartográfico, un ahí, donde Mapa Teatro marcó un horizonte localizado, una línea sobre la crisis de la representación. Se apartan los telones violentamente desgarrados de una prisión, bajo la trampilla, se escucha una catedral de sal: fundida por el Pacificanto de ballenas/mezzosoprano, cuando en el proscenio se observa la exégesis hindú de un relato forastero,

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Coloquio 3º “Poéticas de la distancia”.  

Organizado por 17, Instituto de Estudios Críticos, con la colaboración de Aldaba Arte, Casa Refugio Citlaltépetl, Proyecto 3, la Embajada de...

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