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poéticas de la distancia

el coloquio es mantenerlo vivo en el contexto límite del dentro-de-mí. Para no atreverme a borrar esa huella del otro, la singularidad del destinatario, con los reposos de mi escritura cuando se poza. Día 3 La pregunta que no duerme… ¿qué es lo que hay que decir ante la muerte? Reposa de nuevo la imagen acelerada del poema de Safaa, puede ser la telepatía como transmisión a distancia. Pues decía entonces: “aquello que olvidamos regresa de una manera sintomática”. Es el dar la muerte derridiano. El trasplante de corazón; el exhilio. Es Egipto en Francia, Argelia en España. El duelo del tiempo nos ha recorrido a todos en la sala. Capilla mortuoria a semanas de la desaparición de Jacques Derrida. Safaa llora. Llueve. Por la noche, ese día resurrecto me pide una palabra Elida Tessler en un cuarto pequeño y blanco de Aldaba Arte. Cuando coloco la pinza quiero pensar que la constelación de lo sensible explicada por Safaa en lo telepático habita un pequeñito espacio como ese. ¿Cabe en una pinza el cuerpo diferido? Safaa no estuvo esa noche. Quedó flotando de su poema esta sentencia “y llevaré las ciudades en los dedos”. Desde esa noche, Elida, Edson y sus hijas llevarían nuestra ciudad en sus dedos. En mí, la différance como destinatario (des)conocido y una palabra que se me viene encima en la voz de Safaa: aniquilación. Día 4 Los tubos de ensayo de Elida Tessler hay que habitarlos. Aun transparentes. Su obra, expuesta en imágenes proyectadas a lo largo de la mañana había empezado la noche antes con una palabra prestada, donada. Se articula entre los proyectos, la continuación socorrida de lo aniquilable: verbos en infinitivo. Elida

recorre el horizonte en una ‘línea infinitiva’ sostenida por muchas manos. La participación poética de su trabajo parece flotar sobre el pozo, para ella inadvertido. La sensibilidad preciosista brasileña recoge el alma dolida y nos abraza, como ella temprano a la mañana. Elida ha conseguido en una pieza, deslizar la palabra sobre la tierra, sobrevolando al aire, la ribera. Destina el alcance de la palabra y lo dice bien claro, su interés está en compartir impulsos. Resuenan entonces al pozo iluminando los horizontes de expectativa de W. Iser, como horizontes de lo probable. Día 5 Edson Sousa recupera la latencia de la invención de la utopía como un proceso en hacer en la obra de arte. Profundidades insondables las de su pensamiento, rico y fértil en referencias teóricas y literarias sumamente valiosas. Edson, después de Elida, habla de la posibilidad del arte para abrir “esa ventana que pone en escena el deseo”. Propone la historia como creación, no como ruina; y la auto-conciencia del síntoma como ancla que impide una de las acciones-frases más radical-hermosa que he escuchado al día de hoy: hacer un agujero en el saber por medio del acto, del ser del cuerpo en el mundo, de su habitar el paisaje. Disponerse a la enunciación es el sentido de la utopía como posibilidad optimista, diría yo. Optimismo que —en contra de todo— ha de mantenernos tan enteros como seamos capaces para atrevernos a “producir otra especie de sombra” sobre el mundo al paso. Sombras que reposen sobre el pozo, no que se tiren en él. Edson llama por “momentos de producción de algo nuevo, de espacios que comiencen a existir al momento de su enunciación; esto es la utopía” y apunta, ante todo, a reconfortar la existencia. Pero, advierte antes o después Sousa, si hemos de guardar silencio, es porque es éste un tiempo, como an-

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Coloquio 3º “Poéticas de la distancia”.  

Organizado por 17, Instituto de Estudios Críticos, con la colaboración de Aldaba Arte, Casa Refugio Citlaltépetl, Proyecto 3, la Embajada de...

Coloquio 3º “Poéticas de la distancia”.  

Organizado por 17, Instituto de Estudios Críticos, con la colaboración de Aldaba Arte, Casa Refugio Citlaltépetl, Proyecto 3, la Embajada de...

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