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Testimonios del tercer coloquio

poéticas de la distancia

el que ya no aguantó; llegué a verlo, lo encontré feliz, muy contentito, platicándole un sin fin de cosas a las enfermeras que lo cuidaban. Afortunadamente era un excelente conversador, en una de esas charlas, me llama la atención diciéndome que había re-descubierto el significado de una palabra. Me dijo que él había utilizado la palabra órdago con un sentido un tanto negativo; yo le habré escuchado decir que tal o cual persona había recibido una paliza de órdago. Y bueno, me imagino que lo de extraordinario que una paliza pudiese haber tenido, era cuestión de enfoques. Mi padre se re-encuentra con el sentido original de la palabra órdago y me la vuelve a recetar: ahora como despedida. Lo recuerdo con claridad: ojos serenos, profundos en su cama de hospital de terapia intensiva, el ánimo echado pa’lante a sus 79 años con el infartazo que le dio: se despidió de mi diciéndome: Hijita: que te vaya de órdago. El surco que órdago es dejado en mí, resume (resume). Los viajes infinitos de Elida en, a través, para, por, sobre, sin, la palabra pa lavra, mapas, horizontes, poesía, arte, distancia y cercanía, me hacen sentir la tele/patía de mi propio horizonte y encuentro mis raíces judías. Las encuentro en esta maña/costumbre que tengo de escribir al revés —padezco de zurdes. Representar la fragilidad del discurso a través de la transparencia de un libro/vidrio, pone a las imágenes mismas a lavrar en el propio inconsciente. En un proyecto de 14 años de trabajo con la palabra como tema: número de palabras, colores, texturas, formas, adjetivos, calificativos, pronombres, posesivos, dativos, los verbos infinitivos que no tienen tiempo y remiten al horizonte probable, a esas hablas inacabadas donde Elida y Edson se encuentran. Me dan ganas de regalarle una bolsa de “comas”. Un pre-texto perfecto para recuperar el aliento.

Es aliento con sentido (y consentido) del respirar, de saber que la vida depende de darme y no darme cuenta de cómo entra y sale el aire de mi cuerpo. De hacer una pausa para que en la distancia entre el inhalar y exhalar se genere el espacio de claridad que me permita darme cuenta. Pero claro que vale la pena vivir. Con todas y cada una de las experiencias de este Tercer Coloquio, el aliento se suspende en artilugio de magia y hace conciencia de ser.

Notas 1   Mannoni, O., El descubrimiento del inconsciente, Nueva Visión, 81 ss. 2   Real Academia: 1. loc. adj. coloq. extraordinario (fuera de lo común). Borrachera, calor de órdago.

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Coloquio 3º “Poéticas de la distancia”.  

Organizado por 17, Instituto de Estudios Críticos, con la colaboración de Aldaba Arte, Casa Refugio Citlaltépetl, Proyecto 3, la Embajada de...

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