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CONSORCIO GRANADA PARA LA MĂšSICA

ORQUESTA CIUDAD DE GRANADA Entidad protectora

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Colaboradores

Colaborador especial


viernes 21 septiembre 2012 Auditorio Manuel de Falla, 20.30 horas

SERIE B (1) I

Maurice RAVEL (1875–1937) Ma mère l’oye, suite

(16’)

(Cinq pièces enfantines)

Pavane de la Belle au bois dormant Petit Poucet Laideronnette, Impératrice des Pagodes Les entretiens de la Belle et de la Bête Le jardin féerique

Darius MILHAUD (1892–1974) Concertino d’hiver, para trombón y orquesta de cuerda, op. 327

(18’)

Animé – Très modéré – Animé

II

Francis POULENC (1899–1963) Sinfonietta para orquesta Allegro con fuoco Molto vivace Andante cantabile Finale. Prestissimo et très gai

RICARDO CASERO

trombón y director

(29’)


Petit Poucet (Pulgarcito) se adentra en el bosque con la precaución de ir dejando tras de sí piedrecitas blancas, en una de las ilustraciones para Ma mère l'oye realizadas por Gustave Dorè en una edición de 1867.


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ÉRASE UNA VEZ... MAURICE RAVEL Ma mère l’oye, suite

Como tantas otras páginas del catálogo orquestal de Maurice Ravel, Ma mère l’oye fue compuesta originariamente para piano. En concreto para el piano de los pequeños Mimie y Jean, hijos del matrimonio formado por Ida y Cipa Godebski, íntimos amigos del compositor. El título de la obra procede del libro Les Contes de ma Mère l’oye (Los cuentos de Mamá ganso) publicado por Charles Perrault (1628–1703) en 1697. En su redacción primigenia, gestada entre septiembre de 1908 y abril de 1910, Ravel decidió ilustrar musicalmente en forma de suite para piano a cuatro manos cinco cuentos originales de Perrault, Madame d’Aulnoy (1651–1705) y Madame Leprince de Beaumont (1711–1780). El estreno público de la obra en la versión original tuvo lugar el 20 de abril de 1910 en la Sala Gaveau de París, en el primer concierto de la recién creada Société Musicale Indépendante, y corrió a cargo de las niñas Jeanne Leleu y Geneviève Durony, de once y catorce años respectivamente. Parece que sus dedicatarios, los hijos de Godebski, no se atrevieron a afrontar una interpretación fuera del ámbito doméstico pese a que Ravel había confesado que “el propósito de evocar en estas piezas la poesía de la infancia me ha conducido naturalmente a simplificar mi estilo y a despojar mi escritura”. Entre 1910 y comienzos de 1911, Ravel elaboró la orquestación de las cinco secciones que integran la suite y, por encargo del empresario Jacques Rouché, adaptó la obra en forma de ballet en seis cuadros para lo cual añadió un Prélude, una Danse du rouet et Scène (que oficia como primer cuadro) y cuatro pequeños interludios, que unen entre sí los cinco cuadros restantes y permiten los necesarios cambios de decorado entre ellos, alterando el orden de los episodios centrales. Con argumento del propio compositor, decorados y vestuario de Jacques Drésa, coreografía de Jeanne Hugard y dirección musical de Gabriel


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Grovlez, el ballet Ma mère l’oye se estrenó en el Théâtre des Arts de París el 28 de enero de 1912 con enorme éxito, por más que su música, más atmosférica que danzable, no se prestara en apariencia a grandes despliegues coreográficos. Como apuntará Roland–Manuel en su temprano ensayo biográfico sobre el músico de Ciboure, “el Ravel de Ma mère l’oye nos libra el secreto de su naturaleza profunda y nos descubre el alma de un niño que no ha dejado jamás el reino de la maravilla”. En su ritmo calmo y ceremonioso, la concisa Pavane de la Belle au bois dormant (Pavana de la Bella durmiente del bosque) —enunciada en las voces de flauta y clarinete— encierra una tensión, cargada de misterio, que sirve como antesala ideal a ese clima mágico y evocador reinante a lo largo de toda la partitura. En Petit Poucet (Pulgarcito) Ravel se complace en sutiles rasgos descriptivos de notable realismo: los violines con sordina acompañan la angustia y las vacilaciones de los hijos del leñador mientras la flauta y los glissandi y trinos de los violines simbolizan el quejumbroso piar de los pájaros hambrientos. Su empleo del modo pentatónico —que proporciona un inequívoco aroma oriental a esta encantadora chinoiserie— y su exquisita instrumentación, rica en sonoridades de arpa, xilófono y celesta, Laideronnette, Impératrice des Pagodes (Laideronnette, Emperatriz de las Pagodas) constituye una de las páginas más refinadas y seductoras de todo el legado orquestal raveliano, paradigma de su atracción por las “músicas mecánicas” de los autómatas, que siempre le fascinaron. Ritmo de vals lento y con ecos de las Gymnopédies de Satie orquestadas por Debussy, Les entretiens de la Belle et de la Bête (Las conversaciones de la Bella y la Bestia) recrea un diálogo amoroso en el que a la voluptuosa línea melódica del clarinete responde el oscuro timbre del contrafagot. Al final, los glissandi del arpa y un etéreo solo de violín acompañan la transformación de la Bestia en Príncipe encantador. Destellos resplandecientes, cantos de pájaros y repiques de campanas envuelven progresivamente el despertar de la Princesa y su encuentro con el Príncipe al tiempo que los primeros rayos del sol iluminan Le jardin féerique (El jardín feérico), radiante apoteosis de esta obra deslumbrante, prodigioso logro de ese alquimista de la orquesta que fue Maurice Ravel. Tras su temprana muerte, Mimie Godebski evocaría las “maravillosas historias” que el compositor acostumbraba contarle comenzando siempre por un “érase una vez…”.


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DARIUS MILHAUD

Concertino d’hiver, para trombón y orquesta de cuerda, op. 327 En el amplísimo catálogo de Darius Milhaud —443 obras numeradas y compuestas a lo largo de más de sesenta años de infatigable actividad creadora, exactamente los que separan los Poemas de Francis Jammes para voz y piano (1910–12) y el Quinteto de viento (1973)— hay espacio para todo tipo de partituras y, en especial, para las concertantes, que superan la cuarentena. El abanico de instrumentos empleado por Milhaud en este copioso capítulo de su legado no se reduce, como en otros compositores, a los instrumentos más habituales, a los que dedicó abundantes páginas (cinco conciertos para piano, dos para dos pianos, tres para violín, dos para viola y otros tantos para violonchelo, además de numerosas piezas de títulos diversos como Le carnaval d’Aix, la Cinéma Fantaisie o la Suite cisalpine, escritos respectivamente para piano, violín y violonchelo). El músico provenzal, perfecto conocedor de los recursos tímbricos de todos los miembros de la orquesta y decidido siempre a afrontar el desafío de cualquier nuevo encargo, compuso también conciertos para clave y para percusión, para dúo de flauta y violín y para oboe (Stanford sérénade, 1969), para clarinete y para saxofón (Scaramouche, 1939), incluso para conjuntos de maderas y metales y para arpa, armónica (Suite anglaise, 1942) o marimba y vibráfono. Fechado en 1953, el Concertino d’hiver, para trombón y cuerdas, op. 327 culmina un conjunto de cuatro conciertos de extensión breve y formación reducida escritos por Milhaud con el pretexto de ilustrar las cuatro estaciones. Un ciclo iniciado en 1934 con el Concertino de printemps, para violín y orquesta de cámara, op. 135 y seguido en 1950 por otros dos: el Concertino d’automne, para dos pianos y ocho instrumentos, op. 309 y el Concertino d’été, para viola y orquesta de cámara, op. 311. El Concertino d’hiver es, por tanto, el único de la serie encomendado por su autor a un instrumento de viento. La obra adopta una disposición tripartita (rápido–lento– rápido) en la más pura tradición del género. Las animadas síncopas, el espíritu juguetón y las ágiles líneas melódicas que envuelven el juego del solista en la primera sección, muy breve, nada tienen que ver con la atmósfera triste o apagada que pudiera sugerir el título de la obra, sin duda más acorde con el clima dominante en el introspectivo fragmento central, el más


Cinco de los componentes de Les Six, con Jean Cocteau. De izquierda a derecha: Tailleferre, Poulenc, Honegger, Milhaud, Cocteau y Auric.


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desarrollado de la composición y, también, el de mayor vuelo lírico. El empleo de la sordina añade un tono lastimero y susurrante a algunas de las intervenciones del trombón en su registro agudo, al tiempo que ciertos efectos articulatorios utilizados por Milhaud contribuyen a enriquecer el atractivo tímbrico de la sección. El movimiento final, de nuevo muy brioso, constituye en ocasiones una réplica casi literal del que iniciaba la obra. Compuesto por encargo del Hunterton County Arts Center, el Concertino d’hiver fue estrenado por Davis Schuman y la Brooklyn Community Symphony en Nueva York, en 1954. Según su propio catálogo, Milhaud lo compuso entre París y “el océano Atlántico” a finales de 1953.

FRANCIS POULENC Sinfonietta para orquesta

A diferencia del prolífico Milhaud, en el legado musical de Francis Poulenc —su amigo y camarada en Les Six— escasean las páginas sinfónicas o concertantes. Poulenc representó, como acaso ninguno de sus compañeros de grupo, esa joie de vivre inequívocamente francesa. Enemiga de la grandilocuencia y de las longitudes inútiles, la música del parisino seduce por su claridad y su frescura, por la contagiosa energía rítmica que la anima y el encanto infalible de su siempre bien dosificada ternura. El formidable talento de Poulenc se desplegaría con prodigalidad y admirables resultados en dos terrenos muchas veces coincidentes, el vocal y el pianístico, lo que ha provocado cierta desatención hacia algunas de sus obras ajenas a estos ámbitos. Es el caso de su Sinfonietta, una de esas composiciones sumidas en la penumbra que, sin embargo, representa uno de los mayores y más ambiciosos triunfos de su autor. Se trata, de hecho, de la obra orquestal más extensa de Poulenc si exceptuamos las versiones completas, no demasiado difundidas, de sus dos grandes ballets: Les biches (1923), que encierra destacadas intervenciones corales, y Les animaux modèles (1940–41). El origen de la Sinfonietta se sitúa a comienzos de 1947, cuando el músico trabaja en un proyecto de cuarteto de cuerda con destino al Cuarteto Calvet. Pero Poulenc escucha al grupo interpretar algunos fragmentos y comprende que no es esa la instrumentación idónea para su nueva música, más adecuada a las sonoridades de los instrumentos de viento. Como apuntaría en sus Entretiens: “Desde


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los primeros compases, me dije: ‘Eso quedaría, en todo caso, mejor en el oboe, aquí se necesitaría una trompa, allí un clarinete’. ¿No era eso condenar, de golpe, la obra? Sólo tenía una idea: huir. ¡Con qué alegría, al salir de casa de Calvet, arrojé en una alcantarilla de la plaza Pereire mi manuscrito!”. Cuando Poulenc telefonea a su amigo Georges Auric —otro miembro de Les Six— para comunicarle lo sucedido, éste le recomienda que aproveche los mejores temas para alguna obra futura. El encargo de la BBC de componer una página sinfónica para celebrar en 1947 el primer aniversario de su Third Programme permite al músico recuperar e integrar esos temas (además de otras autocitas procedentes de Aubade, el Concierto para órgano o la cantata profana Figure humaine) en el contexto de una obra que, iniciada en el verano de 1947, no estaría concluida hasta el 8 de septiembre de 1948. El 24 de octubre de ese último año, Roger Désormière al frente de la Orquesta Filarmónica de la BBC estrena en Londres la Sinfonietta. Sin duda en recuerdo de aquella llamada telefónica, Poulenc dedica a Auric esta obra, verdadera sinfonía cuya denominación obedece solamente al carácter luminoso y amable que la caracteriza y la convierte, a casi un siglo de distancia, en digna heredera de la también risueña Sinfonía en Do mayor (1855) de Bizet. De estructura tradicional, el Allegro con fuoco se inicia con un vigoroso episodio de inequívocas resonancias stravinskyanas en su ímpetu rítmico, que pronto da paso a uno de esos motivos ligeros y melancólicos a la vez de los que Poulenc parecía conocer el secreto. La proverbial elegancia melódica del autor domina el curso del breve Molto vivace. A modo de scherzo y dispuesto en forma ternaria, su ritmo vivo de tarantela y su plasticidad tímbrica, con protagonismo de los instrumentos de viento, lo emparentan con el tono galante y neoclasicista del final de Les biches. Mecida por los dulces pizzicatos de las cuerdas, una idílica melodía pastoral a cargo de las maderas, que parece mirar fugitivamente hacia Brahms, introduce el lírico Andante cantabile, de atmósfera sosegada y fluida, que adquiere acentos decididamente románticos en su sección central. El Finale: Prestissimo et très gai debuta nuevamente con una enérgica pulsación de impronta stravinskyana. Referencias a Mozart (el final de la Pequeña música nocturna), secuencias más reposadas y ensoñadoras y un brillante desenfreno con ecos de cabaret parisino otorgan variedad y contrastes a esta desenfadada conclusión. JUAN MANUEL VIANA


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RICARDO CASERO Ricardo Casero ha realizado estudios musicales junto a maestros como José Chenoll, Keith Brown, Denis Wick y Christian Lindberg, en Madrid, y también en Indiana University (Estados Unidos), Guildhall School of Music de Londres y Umea (Suecia). Ha sido becado por Fullbrigth y la Escuela de Música de la Universidad de Indiana, donde se graduó en Artist Diploma. Ha recibido diversos premios nacionales e internacionales en Italia, Suecia y España. Además de solista y director, Ricardo Casero desarrolla una intensa labor pedagógica: es profesor en excedencia de la Escuela Superior de Música de Cataluña (ESMUC), y también lo ha sido de trombón y música de cámara de las escuelas superiores de Euskadi (Musikene) y del Conservatorio Superior de las Islas Baleares. Ha sido director del programa de Master en Pedagogía, Instrumental y Dirección de Orquesta de la Universidad de Valencia (2007–2011), e invitado con regularidad por la Juilliard School of Music de Nueva Cork, Guildhall School of Music de Londres, Royal Academie of Music and Drama de Glasgow (Escocia), Domaine Forget Festival de Québec (Canadá), Santa Agueda (Portugal), Supino (Italia), Sibelius Academy of Music de Helsinki (Finlandia), Musikhochschule Hannover (Alemania), Santa Fiora Music Festival de la Toscana (Italia), etc. Como solista ha compartido escenario junto a los mejores trombonistas del mundo, Christian Lindberg (solista internacional), Josep Alessi (trombón solista de la New York Philarmonic), Peter Sullivan (trombón solista de la Pittsburgh Symphony) y Alain Trudel (profesor del Conservatorio de Toronto, Canadá), al frente de orquestas y festivales internacionales, tales como la Manchester Symphony Orchestra, Helsinki Philarmonic, International Wokshop Detmold, International Wokshop Helsinki, Domaine Forget Festival–Quebec, Orquesta Sinfónica de Barcelona y Orquesta Ciudad de Granada, entre otras. Ha sido trombón solista de la Orquesta Sinfónica de Madrid (1984–87), Orquesta Sinfónica de Barcelona (1992–2007), e invitado en la Malher Chamber Orchestra. Daniel Harding, Claudio Abbado, Zubin Metha, Lorin Maazel, Lawrence Foster, Valery Gergiev y el memorable maestro Leonard Bernstein son algunos de lo directores con los que ha trabajado. Después de 25 años de carrera como intérprete, compagina su labor como trombón solista de la Orquesta de Valencia–Palau de les Arts de


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Valencia con la de director. Con Brass & Co. ha ofrecido conciertos en los festivales Internacionales de Alzira y Peñiscola (España), Festival Enescu de Bucarest (Rumanía), Domaine Forget Music Festival (Canadá), así como en Taijin, Langfang, Beijin y Sanghai, y en las salas más importantes de nuestro país, Palau de les Arts de Valencia, Palau de la Música Catalana, Auditorio Nacional de España y Palau de la Música de Valencia. Actualmente es director principal de Master Symphony Orchestra, cargo que desempeña desde 2007. Entre sus grabaciones destacan las realizadas para los sellos discográficos Claves, Harmonia Mundi y Anacrusi, en algunos casos con conciertos escritos y dedicados a él, como el de Salvador Brotons. También ha grabado junto a Josep Pons y la Orquestra del Teatre Lliure. Como director colaborador del Palau de les Arts de Valencia ha participado activamente en producciones operísticas como Les Troyens de H. Berlioz, junto a V. Guerguiev; Lucia de Lammermoor de G. Donizzeti junto al Maestro J. K. Chichón, La Traviata y Aida, de G. Verdi con el maestro L. Maazel, etc. Gracias a la grabación de la banda sonora de Lords of Shadows, para la empresa anglo–japonesa Konami, Master Symphony Orchestra y Ricardo Casero han entrado a formar parte en el libro Record Guiness 2012. Recientemente ha asumido la dirección de Master Chamber Players, formación que desarrollará su labor en la recuperación y divulgación del repertorio clásico. Ricardo Casero es desde 2010 artista internacional Schagerl–Austria, y toca un instrumento de diseño propio, RC pro valve.


ANDREA MARCON director artístico

Concertino Friedemann Breuninger Violines primeros Peter Biely Sei Morishima Piotr Wegner Isabel Mellado Annika Berscheid Atsuko Neriishi Julijana Pejcic Andreas Theinert Violines segundos Alexis Aguado Marc Paquin Joachim Kopyto Edmon Levon Wendy Waggoner Berj Papazian Milos Radojicic César Vázquez Violas Hanna Nisonen Krasimir Dechev Andrzej Skrobiszewsky Mónica López Josias Caetano Donald Lyons Violoncellos Arnaud Dupont Kathleen Balfe J. Ignacio Perbech Matthias Stern Ruth Engelbrecht Philip Melcher

Flautas Juan C. Chornet Bérengère Michot Oboes Eduardo Martínez José A. Masmano Clarinetes José L. Estellés Carlos Gil Fagotes Santiago Ríos Joaquín Osca Trompas Óscar Sala Carlos Casero Trompetas Jorge Giner Pedro A. Martínez Timbal / Percusión Jaume Esteve Noelia Arco Alex Alventosa

Gerencia José Luis Jiménez Mª Ángeles Casasbuenas

(secretaria de dirección)

Programación Pilar García Comunicación Pedro Consuegra Beatriz González Administración Maite Carrasco Mª Angustias Orantes Arantxa Moles Producción Juan C. Cantudo Jesús Hernández Michel Ayotte Juande Marfil Antonio Mateos Gabriel Pozo Educación Marian Jiménez

Arpa Isabel Maynés Celesta Ángel Jábega

Contrabajos Frano Kakarigi Gunter Vogl Xavier Astor Stephan Buck La Orquesta Ciudad de Granada es miembro de la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas (AEOS) y miembro fundador de ROCE (Red de Organizadores de Conciertos Educativos)


PróximO CONCIERTO viernes 5 octubre 2012 Auditorio Manuel de Falla, 20.30 horas

SERIE B (2) Carlos SURIÑAC Ritmo jondo, flamenco para orquesta Robert SCHUMANN

Konzertstück para piano y orquesta, op. 92 Gabriel FAURÉ

Pavane

Igor STRAVINSKY Danses concertantes Denis Zhdanov piano MANEL VALDIVIESO director

Con la colaboración de


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Concierto Serie B (1)