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viernes 27 abril 2012 Auditorio Manuel de Falla, 20.30 horas

CONCIERTO EXTRAORDINARIO 3 I

Eduard TOLDRÀ (1895–1962) Empúries, sardana para orquesta Felix MENDELSSOHN (1809–1847) Ein Sommernachtstraum (El sueño de una noche de verano), obertura y cuatro entreactos, op. 61/1, 5, 7 y 9

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Obertura. Allegro di molto Scherzo. Allegro vivace Intermezzo. Allegro apassionato Nocturne. Allegro tranquillo Marcha nupcial. Allegro vivace

II

Johannes BRAHMS (1833–1897) Sinfonía núm. 4 en Mi menor, op. 98 Allegro non troppo Andante moderato Allegro giocoso Allegro energico e passionato SALVADOR MAS director Con el patrocinio de

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Clásicos

Pablo Casals admiraba a los clásicos: Mozart, Haydn, Beethoven. Y también a los clásicos románticos. Mendelssohn, "el que siempre encuentra una solución a los problemas más difíciles de la forma musical con una fantasía y elegancia particulares", decía. Y Brahms, a quien le hubiera gustado conocer, "un compositor emotivo que nunca cae en el academicismo aburrido y, al contrario, tiñe de una luminosidad suave y profunda su personalidad artística". El canon de la música occidental encontró en el intérprete y director catalán una nueva dimensión interpretativa también en la música barroca. El lirismo que imprimió a las Suites para violonchelo de Bach sacudió la historia musical de un siglo XX que despertaba en guerra. Hasta el creador de la atonalidad pidió a Casals, como un pupilo obediente, que hiciera la primera lectura de su Concierto para violonchelo inspirado en la transcripción de una obra para clave del siglo XVIII. Schönberg escribió a Casals desde Berlín, en febrero de 1933, para contarle con emoción que había conseguido crear un estilo parecido al de Haydn y que, en el terreno armónico, nunca sobrepasaba los límites de Brahms. Una década antes, en Granada, Manuel de Falla conocía a Wanda Landowska, la impetuosa pianista polaca que había sacado del olvido al clavicémbalo y las obras barrocas para tecla. De la amistad personal y admiración entre Falla y


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Landowska nació el Concierto para clave, estrenado en el Palau de la Música Catalana en 1926, bajo la dirección del mismo Falla y con la colaboración de los profesores de la Orquesta Pau Casals. En las primeras décadas del siglo XX, la música contemporánea entremezclaba la vanguardia, el amor por los clásicos y el redescubrimiento de un mundo barroco con muchas posibilidades. De un modo parecido, el siglo XIX se debatió entre la inspiración divina y el positivismo, entre la música programática y la música absoluta, entre el gusto por las ruinas góticas y la luminosidad del Neoclasicismo, entre el pathos griego y lo sublime encarnado en las desventuras del malogrado Werther.

En aquella encrucijada estética y filosófica tan particular del Romanticismo, un jovencísimo Felix Mendelssohn finalizaba sus estudios en la Universidad de Berlín. Con poco menos de veinte años se había convertido en un verdadero erudito y tenía un conocimiento profundo de la literatura clásica y moderna. Su posición cultural y social era privilegiada, tenía un buen dominio de la equitación y la natación —mens sana in corpore sano— y se codeaba con poetas como Heine, filósofos como Hegel y científicos como Humboldt. Reconocido como niño prodigio, al igual que su hermana Fanny, empezó a componer sus primeras obras en la década de 1820. En 1826, con diecisiete años e inspirado en El sueño de una noche de verano de William Shakespeare, compuso una obertura, su op. 21. La primera audición de la obra tuvo lugar en casa de los Mendelssohn en una versión para piano a cuatro manos, en la interpretación que en noviembre del mismo año ofrecieron los hermanos Fanny y Felix en honor al director bohemio Ignaz Moscheles que se encontraba de paso por Berlín. Tres meses después, el 20 de febrero de 1827 se estrenó la versión orquestal en Szczecin, en la actual Polonia. Años más tarde, Mendelssohn compuso la música incidental para la representación dramática de la obra de Shakespeare, su op. 61, añadiendo doce números musicales a la obertura original. El estreno tuvo lugar el 14 de octubre de 1843 en la corte de Potsdam, aunque durante esa misma


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semana se representó diversas veces en el Schauspielhaus de Berlín con gran aclamación por parte del público. El siglo XX recuperó el gran clásico de la literatura universal y también la música de Mendelssohn, y lo hizo con la popularidad del cine sonoro. La productora Warner Brothers encargó al director alemán Max Reinhardt la versión cinematográfica de El sueño de una noche de verano, y éste eligió al compositor Erich Wolfgang Korngold para que sincronizara la banda sonora. La película se estrenó en 1935 con ciento catorce minutos musicales que incluían el op. 61 de Mendelssohn, además de fragmentos de la Sinfonía Escocesa, dos Canciones sin palabras y algunas partes originales de Korngold. Antes del estallido de la Guerra Civil, también en España se proyectó el mundo mágico y onírico de Shakespeare, con coreografías de Bronislava Nijinskij y una música clásica que, en la gran pantalla, construía toda la acción con una presencia extraordinaria. Antes del éxito cinematográfico, Casals ya hacía tiempo que se esforzaba en dar a conocer aquella obra. En octubre de 1926 —centenario de la obertura de El sueño de una noche de verano— el maestro interpretó en el Palau de la Música de Barcelona uno de los entreactos, el Nocturno. Lo hizo al frente de su Orquesta en el marco de las temporadas que ofrecía la Asociación Obrera de Conciertos, una entidad fundada por él mismo con el objetivo, muy propio de su espíritu filantrópico, de difundir la música de los grandes compositores en todas las clases sociales, especialmente las más humildes.

La semana posterior a la interpretación del Nocturno de Mendelssohn, la Orquesta de Pau Casals estrenó la sardana libre para orquesta Empúries, del compositor, violinista y director Eduard Toldrà. Ganadora del premio Sant Jordi que otorgaba el Foment de la Sardana de la Ciudad Condal. La obra de Toldrà se inspiraba en la danza catalana, aunque sin las ataduras formales del propio baile y estilizando el ritmo sin perder su "esencia", como decían en la época. Bajo el lema "Invocació a l'Empordà", era la primera sardana escrita originalmente para orquesta sinfónica del compositor de Vilanova i la Geltrú. La mayoría de las que había escrito hasta


Eduard ToldrĂ


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entonces estaban instrumentadas para cobla —la agrupación que acompaña el baile de las sardanas al aire libre. Entre éstas destacan algunos títulos clásicos del repertorio sardanístico, como Sol Ixent (1922), El bac de les ginesteres (1924) o Atzavares i Baladres (1929). En aquellos años veinte, Toldrà consiguió un gran reconocimiento y se consolidó como uno de los compositores catalanes más destacados del siglo XX. Estrenó el cuarteto de cuerda Vistes al mar (1920) —más tarde instrumentado para orquesta de cuerda—, Sis sonets para violín y piano (1921) y la ópera cómica El giravolt de maig (1928), con libreto de Josep Carner. Su lenguaje expresivo era transparente, podría decirse que mediterráneo, impregnado, por un lado, de la tradición académica de maestros como Antoni Nicolau o Lluís Millet y, por el otro, de la vanguardia del Novecentismo, representada por Jaume Pahissa, Juli Garreta y Joan Lamote de Grignon. Aquel 24 de octubre de 1926, el día del estreno de la sardana Empúries, no se había organizado en el Palau de la Música ningún festival folklórico. Al contrario, la obra dio fin a un concierto que había empezado con obras de Schubert y Liszt en la primera parte, que había continuado con la Octava Sinfonía de Beethoven en la segunda, y se había completado con la Suite intertonal de Pahissa, el Idilio de Sigfrido de Wagner y la obra de Toldrà. Casals dirigió las partituras alemanas y cedió la batuta a Toldrà y a Pahissa para la interpretación de sus respectivas obras, un gesto elegante e inteligente que legitimaba de facto a la música contemporánea catalana.

Johannes Brahms fue también uno de los

compositores predilectos de Casals, un habitual en los conciertos matinales del Palau barcelonés. El peso de la tradición sinfónica y, sobre todo, los límites establecidos por un Beethoven entonces ya convertido en mito, habían sembrado las dudas en un Brahms que tardó casi quince años, de 1862 a 1876, en escribir su Primera Sinfonía. Sin embargo, las tres siguientes fueron compuestas a un ritmo mucho más rápido: la Segunda al año siguiente, en 1877, y la Tercera en 1883. La


Manuscrito de la Cuarta SinfonĂ­a de Brahms


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Cuarta Sinfonía, estrenada en octubre de 1885, significó la cima de su catálogo sinfónico, y los tres primeros movimientos —Allegro non troppo, Andante moderato y Allegro giocoso— son una síntesis extraordinaria del legado compositivo del clasicismo. Brahms utiliza características propias del Romanticismo, como frases musicales irregulares (rehusando la simetría de las frases de ocho o dieciséis compases) y efectos armónicos arriesgados (con modulaciones a tonalidades lejanas), pero consigue un resultado sonoro perfecto y equilibrado. Su instinto le permite saber en qué lugar abreviar el discurso o en qué instante alargar una cadencia, como un orador experimentado que sabe exactamente como mantener nuestra atención. Después de un primer movimiento intenso, aunque con una economía de recursos asombrosa —el primer tema se sostiene sobre un esqueleto de dos notas, superando el ejercicio de síntesis de Beethoven en su Quinta Sinfonía—, el segundo movimiento aparece sombrío y misterioso, manteniendo la tensión musical y utilizando cambios de color provocados por el uso de tonalidades alejadas. El tercer movimiento se presenta bullicioso y alegre, dando fin a la clase magistral en el dominio del concepto sinfónico. En el cuarto movimiento el compositor se vuelve hacia el siglo XVIII y construye un inmenso tema con variaciones tomando como base la Ciaccona de la Cantata Nach dir, Herr, verlanget mich BWV 150 de Johann Sebastian Bach. Este gesto, el de tender la mano hacia Bach, coronó a Brahms como portavoz de la tradición musical europea. Y lo reafirmó como ídolo de la filosofía de Edward Hanslick, filósofo y musicólogo austríaco que elaboró en torno a la música absoluta sus tesis morales y estéticas. Desde entonces, Brahms se convirtió en la culminación del canon de las tres "B", justo por detrás de Bach y de Beethoven. Como ya anunció el filósofo Hans–Georg Gadamer en 1957, la aparición de una toma de conciencia histórica es verdaderamente la revolución más importante de las que hemos experimentado tras la llegada de la época moderna. Es decir, el peso de la tradición —como lo sintió Brahms—, el mero hecho de tener que escoger entre seguir el camino o buscar nuevas vías expresivas, entre la acción o la reacción, entre la vanguardia o el neoclasicismo, o la mezcla de todas


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las posibilidades ha cambiado, sin duda, nuestra manera de escribir y de escuchar música. Nikolaus Harnoncourt, a inicios de los años ochenta, lo decía en otras palabras: si se retirase la música histórica de las salas de los conciertos y sólo se interpretaran obras modernas, éstas quedarían desiertas; exactamente lo mismo, pero al revés, hubiera pasado en la época de Mozart si se hubiese privado al público de la música contemporánea. Desde hace ciento cincuenta años, los clásicos (en el sentido amplio de la palabra) nos acompañan siempre, los hemos traído a nuestro mundo, nos pertenecen. Pero no nos engañemos: Mozart, Haydn y Beethoven, o Bach, Beethoven y Brahms, no son clásicos per se. Lo son porque quienes les siguieron tuvieron la voluntad de que así fuera: Brahms sintetizó el lenguaje compositivo de sus antecesores, Casals dio valor a un Bach inédito, Landowska recuperó el sonido barroco, Schönberg experimentó con las armonías de Brahms para romper luego con ellas, Toldrà utilizó un estilo neoclásico muy propio del Novecentismo, Korngold llevó la música de Mendelssohn hasta Hollywood. En este concierto se interpretan tres obras de inspiración clásica y cada uno de nosotros las traerá a su mundo, un ritual que nos gusta repetir con frecuencia. Porque en el siglo XXI estas músicas aún tienen mucho que mostrarnos, ¿no somos nosotros, acaso, quienes nos reflejamos en su espejo?

ANNA COSTAL


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ocg-once-doce Salvador Mas

Director titular y artístico

Concertino Friedemann Breuninger Violines primeros Peter Biely Sei Morishima Piotr Wegner Isabel Mellado Julijana Pejcic Atsuko Neriishi Annika Berscheid Andreas Theinert Lara Salvador Violines segundos Alexis Aguado Marc Paquin Joachim Kopyto Israel de França Berj Papazian Milos Radojicic Edmon Levon Wendy Waggoner Violas Alejandro Garrido Krasimir Dechev Mónica López Donald Lyons Andrzej Skrobiszewsky Alejandra Poggio Josias Caetano Violoncellos Nabi Cabestany Arnaud Dupont J. Ignacio Perbech Ruth Engelbrecht Matthias Stern Marko L. de Vicuña

Contrabajos Frano Kakarigi Gunter Vogl Xavier Astor Stephan Buck Flautas Juan C. Chornet Bérengère Michot Santiago Marín Oboes Eduardo Martínez José A. Masmano Clarinetes José L. Estellés Carlos Gil Fagotes Santiago Ríos Joaquín Osca Rosa Cases (cfagot) Trompas Óscar Sala Mª José Ruiz–Cabello Carlos Casero Judith Vogt

Gerencia José Luis Jiménez Mª Ángeles Casasbuenas (secretaria de dirección)

Programación Pilar García Comunicación Pedro Consuegra Beatriz González Administración Maite Carrasco Mª Angustias Orantes Arantxa Moles Producción Juan C. Cantudo Jesús Hernández Michel Ayotte Juande Marfil Antonio Mateos Gabriel Pozo Educación María A. Jiménez

Trompetas Esteban Batallán Manuel Moreno Pedro A. Martínez Trombones Eusebio Saez José V. Ortega Daniel Stofan Tuba Pedro Castaño Timbal / Percusión Jaume Esteve Noelia Arco

La Orquesta Ciudad de Granada es miembro de la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas (AEOS) y miembro fundador de ROCE (Red de Organizadores de Conciertos Educativos)


CONCIERTO EXTRAORDINARIO

viernes 15 junio de 2012

Auditorio Manuel de Falla, 20.30 horas

CONCIERTO EXTRAORDINARIO a beneficio de

MUNDO EN ARMONÍA (Proyecto: Impulso al conocimiento)

Piotr Ilich CHAIKOVSKI

Concierto para violín y orquesta en Re mayor, op. 35

ˇ ÁK Antonín DVOR

Sinfonía núm. 8 en Sol mayor, op. 88

Noé Inúi

violín

PABLO GONZÁLEZ

director

TAQUILLA OCG Información y venta de localidades 958 22 11 44


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Concierto Extraordinario 3  

Concierto extraordinario 3 antes de dar por terminada la temporada. Para cerrarla de manera adecuada, se contará con una obra que puede cons...