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Cuento III

Del salto que dio en el mar el rey Ricardo de Inglaterra, peleando contra los moros. El conde Lucanor llega un día a preguntarle a su consejero, Patronio, sobre qué tenía que hacer para poder hacer penitencia por todos sus pecados. Patronio le dijo que al dejar su cargo dos cosas pasarían: (1) Sería criticado por todo el mundo y (2) no soportaría la vida en el monasterio. Entonces, Patronio, le contó la historia de la revelación de Dios a un ermitaño. Había un rey, que reinaba propiamente en Inglaterra y él se inclinaba mucho hacia los conflictos armados. También había un ermitaño muy bueno al que prometieron el paraíso. El ermitaño al saber que iría al paraíso se moría por averiguar quién sería su acompañante en el paraíso y comenzó a preguntar muchas veces, le negaron la dicha de saberlo. Entonces, luego de tanto insistir, Dios mandó a un ángel a decirle que su acompañante sería el rey de Inglaterra y así lo hizo. Dios, al fijarse en el disgusto del ermitaño, le explicó que habían hecho lo mismo, pero el rey lo hizo en un menor tiempo, mientras el ermitaño llevaba toda la vida intentándolo. Dios le dijo que el rey y el ermitaño, ambos, se habían sacrificado por mucha gente para poder conquistar tierras repletas de moros. El ermitaño entendió y entonces, aceptó lo que sería su destino. Patronio le explicó que la historia tenía relación con lo que el Conde Lucanor había vivido. Patronio dijo al conde: si quieres desagraviar a Dios antes que nada tienes que solucionar las ofensas hechas en tu vida.

Una persona tiene que tener la mente abierta para resolver cualquier tipo de problema.


Tener una mente abierta puede ayudar en muchas ocasiones en la vida. Al aceptar ideas de los demรกs, se pueden ver diferentes caminos para llegar al destino y elegir el mรกs apropiado.


Cuento IV

Lo que dijo un genovés a su alma al morirse Un día de estos llega con Patronio el conde Lucanor a preguntarle qué pensaba él sobre la idea de empezar un negocio dudoso, por sus amigos que se lo aconsejaban. Patronio entonces le cuenta la historia de un genovés y lo que dijo este a su alma. Un genovés tenía mucha riqueza y cuando estaba a punto de morir, dijo a todos sus familiares y amigos que se reunieran con él. Este logró reunir a sus más íntimos amigos y familiares en una habitación enorme con una vista espectacular y les agradeció la llegada. Luego, empezó a hablar con su alma y la cuestionó sobre por qué querría ir a un lugar desconocido, mientras que en esta vida tenía todo lo que podía desear: dinero, amigos, familiares, joyas, etc. Patronio le dijo al conde Lucanor que su historia era parecida en el sentido de estar en una buena posición en donde no necesita mayor cosa y está bien y feliz, así que no debería de meterse en un negocio que posiblemente le cambie todo lo que poseía sentía.

Si estás en una buena posición y feliz con lo que tienes, no deberías de cambiar las cosas.


Si cambias, que sea para estar lo mejor que se pueda. Cuando logres tener lo mejor que puedas, no lo cambies por nada del mundo.


Cuentos III y IV Conde Lucanor