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MISERIA DE LA FILOSOFÍA 400 golpes

De cada 435 aspirantes que -aproximadamente- se inscriben por año para Filo en el CBC, sólo el 75% ingresa a la carrera, y sólo el 2,5% se recibe -aproximadamente 10 ó 12 egresados por año. Casi la mitad de los ingresantes abandona la carrera antes de que termine el primer año de cursada. De esos 10 ó 12 egresados promedio por año, la mitad consigue alguna beca (5 o 6 egresados), y un tercio (3 o 4) algún cargo docente en la facultad. El resto se va a otra facultad, da clases en escuelas secundarias de la capital y el conurbano o, lisa y llanamente, se dedica a otra cosa. La Naúsea Es cierto, quizás lo primero sea el malestar. Entrar a un aula, digamos a una clase de Filosofía Antigua o de Lógica, y experimentar la distancia que se despliega entre nuestros deseos y aquello que nos dicen que debe ser la filosofía. Esa molestia nos atraviesa en el momento primero, cuando se descubre el telón y la clase magistral invade el aula. Vemos desplegarse un hacer que desconocíamos, con una racionalidad que se nos oculta; una práctica con un sentido que vivimos como ajeno. Experimentamos la sensación de llegar a una obra ya empezada y de la que, eternamente, vamos a ser espectadores. Una obra masturbatoria del pensamiento sobre sí mismo: el onanismo teórico. Con el tiempo el malestar nos encuentra en los finales, aquel malestar que acompaña a la reproducción de los teóricos frente al examinador de turno. Con el correr de los cuatrimestres se sedimenta la sensación de impotencia en las decisiones. Así, a la desilusión le sigue la apatía, la expulsión y en el mejor de los casos la aceptación pasiva de un estado de cosas opresivo. Interiorizamos los mecanismos institucionales en sus más perversos aspectos y acríticamente deambulamos por los pasillos amortajados de la academia. En nuestros casos, el ser es la nausea. La experiencia de la nada. El desierto de lo real. Es el malestar irresuelto que afirmándose a sí mismo no permite afirmar ninguna otra cosa, más allá de los diversos rostros que adopta la resignación: nuestra integración a la competencia por los pocos cargos (y de salarios miserables) que la academia ofrece, o el seguir cursando por inercia o, por supuesto, la deserción sin más.


¡Bienaventurados los nauseabundos que deambulan por este Valle de Lágrimas! ¡Bienaventurados aquellos que mantienen la fe en que aún es posible filosofar en la carrera! Que hay detrás… Este malestar es el resultado brutal de una estructura que se conforma según criterios escolásticos: la división por claustros, la estructura jerárquica de cátedras, la relación unidireccional entre estudiante y docente, la percepción de que la filosofía es una práctica solitaria y solo posible gracias al ocio, la alienada relación de intercambio entre los estudiantes. Es el resultado de decisiones que una elite toma a espaldas de quienes las padecemos. Es el producto de lo privado sobre lo público. Es la interiorización de los mecanismos por los cuales quienes habitamos la academia no generamos instancias públicas de discusión, otorgándoles capacidad de maniobra a las camarillas privatistas. Es el castillo feudal construido y habitado por quienes desde los tres claustros eligen garantizar la conservación de lo existente, con la esperanza cómplice y acomodaticia de ser alguna vez aquella elite. Ahí hay organización, también hay organización estudiantil. Entretanto, los incómodos seguimos caminos solitarios, salidas individuales: algunos estudiantes deciden que la filosofía sólo será un complemento de sus otros proyectos, otros, la gran mayoría, abandonan la carrera, algunos, con mayor o menor angustia, entran en el circuito de la competencia académica, otros se insertan en la estructura educativa no universitaria. Caminos individuales y solitarios. En este sentido, la falsa pretensión de que la academia pude vivir al margen de la sociedad se disuelve en el perfil especializado del egresado de filosofía que genera la sutura final por la cual este profesional se integra al mercado. Así la filosofía adopta un modo capitalista de producción que se cristaliza en dispositivos disciplinarios como el examen, la especialización, o la producción en serie de ponencias y papers, generando una apropiación individual de la producción social de pensamiento. ¿Se podrá organizar el malestar? Márgenes de la filosofía "No nos convertimos en lo que somos sino mediante la negación íntima y radical de lo que han hecho de nosotros". J.P.Sartre Frente a la academia que integra la filosofía a la dinámica del mercado (y, junto a esto, proyecta cierta imagen del docente y del investigador), nosotros queremos afirmar la posibilidad de una filosofía implicada en una perspectiva de cambio social. Para esto es necesario hacernos del control de las condiciones de producción de nuestro hacer, de cara a que seamos el producto reflexivo de nosotros mismos. Esto supone, por un lado, repensar y repolitizar nuestra formación docente para superar la perspectiva de ser una pieza más del maltrecho sistema educativo secundario o universitario, en función de producir una practica docente como instancia de transformación que libre una batalla cultural y contrahegemónica en el marco de la lucha social general. Implica, también, repensar la investigación filosófica y contraponer a la especialización que nos ofrece la Academia la construcción colectiva de un espacio teórico que se componga con las preocupaciones de los movimientos sociales y políticos contemporáneos.


Para decirlo rápidamente, nosotros creemos que la experiencia popular expresada en diciembre de 2001 se encontró en la práctica con una fuerte resistencia de la estructura social a todo deseo de cambio radical y con sus propias dificultades y limitaciones (mientras en nuestra facultad se estaban tomando finales), lo cual exige una reelaboración teórica que funcione como potenciadora de una nueva práctica. Así la filosofía se resignifica como exigencia vital y política ligada a las prácticas emancipatorias. Del mismo modo, creemos que la experiencia abierta en diciembre de 2001 dejó [o inscripto en el cuerpo social la práctica asamblearia horizontal y resolutiva. Por eso reivindicamos para nuestro espacio interclaustro tal practica. Apostamos a la existencia de instancias de producción y circulación de conocimientos autogestivos donde se suspenda la estructura tradicional en pos de espacios interclaustros y horizontales. También apostamos a la democratización, desde abajo, de los órganos de gestión de la carrera oponiéndole a la estructura antidemocrática de la junta departamental (que proyecta la asimetría docenteestudiante del aula sobre los órganos de gobierno con la sobrerrepresentación del claustro docente), el autogobierno sobre nuestras propias experiencias (sin subestimar la posibilidad de conseguir mejoras en el terreno institucional). ***** Apostamos a una transformación del Plan de Estudios que, al mismo tiempo que solucione los baches y "ninguneos" teóricos, ponga en discusión la totalidad del proceso académico incluyendo las condiciones de cursada, las formas de evaluación y acreditación, la división en claustros, etc. Finalmente, pretendemos modificar la relación de la carrera y la universidad con el "afuera" y las problemáticas sociales para, como dijimos, articularnos con las dificultades de los movimiento sociales actuales, resignificando, de este modo, la noción de lo público, de la que se jacta nuestra universidad, donde no se la reduzca a la gratuidad o al carácter estatal sino como instancia donde se elaboran colectivamente los problemas colectivos.

Jueves 10 de mayo ASAMBLEA INTERCLAUSTROS 19 hs. Aula 218 Frente a la ausencia de espacios públicos de discusión colectiva sobre nuestra carrera, invitamos a toda la comunidad que la compone a discutir asambleariamente estas cuestiones y todas aquellas que nos han quedado afuera. Después de la votación del actual plan de estudios en una asamblea interclaustros del '84, hubo pocos espacios similares. Esta ausencia está enmarcada en la privatización de los espacios de decisión a la que nos referíamos antes. Por eso creemos que es fundamental llenar este lugar para empezar a tomar en nuestras manos los problemas de nuestra carrera.

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