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Portada: EAL

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CONTENIDO

DIRECTORIO Director general Ing. Francisco Montoya Camacho Coordinación editorial Lic. Ernesto Ávalos López Arte y Diseño Lic. Ma. Guadalupe Hernández Ruíz «Vida y Valores» es una publicación bimestral de la Fundación Vida y Valores A. C. Los artículos no reflejan necesariamente los criterios de la institución y son responsabilidad exclusiva de los autores. Se permite la reproducción total o parcial de estos materiales bajo los criterios de buena fe y citando la fuente. © Fundación Vida y Valores A.C. Av. Américas No. 384 Col. Ladrón de Guevara C.P. 44600. Guadalajara, Jal. México. Tel. (33) 36-15-27-32 Fax. (33) 36-15-30-98 vidayvalores@vidayvalores.com

Editorial

El gran engaño del mundo moderno

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Cultura de la Vida

La vida humana y su valor trascendente

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Jerome Lejeune, apóstol moderno a favor de la vida

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Pulgarcito

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Aborto químico: reemplazo del aborto quirúrgico

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Los primeros cristianos contra el aborto

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La vida intrauterina

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Llamado a la juventud

Para engrandecer a la Patria

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Los griegos tenían razón

El deporte educa al hombre

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Educación

Los medios de comunicación y la insana curiosidad

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Familia

El privilegio de la paternidad

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EDITORIAL

El gran engaño del mundo moderno

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l mundo moderno nos propone valores, principios y acciones para, supuestamente, estar bien, para ser libres, tener una mayor dignidad y obtener salud, dinero y amor, y en consecuencia, ser felices. Sin embargo, en la práctica los resultados son todo lo contrario a lo esperado: No estamos bien pues no somos libres, ya que nos convertimos en esclavos de nuestras pasiones; no obtenemos salud, pues con el agitado y a veces convulsionado ritmo de vida moderna más fácilmente nos enfermamos, a veces hasta mortalmente; no tenemos el dinero suficiente para satisfacer nuestras necesidades y muchos, desafortunadamente, ni siquiera pueden atender sus requerimientos básicos. Y en el amor, resulta que tampoco nos va bien, pues cada vez estos invisibles lazos son rotos con mayor facilidad (desintegración y violencia familiar, vacío existencial, etc.). En fin, ante esta situación nos sentimos frustrados, y en consecuencia somos infelices... Como se podrá apreciar, obtenemos todo lo contrario a lo esperado. ¿Acaso es esta una visión catastrofista de la vida moderna? Tal vez así le podrá parecer a las mentalidades pequeñas, mediocres o conformistas, a las voluntades castradas o a las ideologías perversas. Sin embargo, esta reflexión va dirigida a todos aquellos que piensan en la necesidad de hacer algo, para los que no están conformes con su vida y quieren obtener de ella algo mejor; para todos aquellos que saben que la dignidad del ser humano es mucho mayor y que por lo tanto merece ser y estar mejor. ¿Qué hacer? Pues si queremos seguir teniendo los mismos malos resultados, bastaría con no hacer nada diferente a lo que hasta ahora mismo hemos hecho, basta seguir obedeciendo al mundo moderno y sus consignas; pero si realmente queremos cambiar esta situación es momento que emprendamos el camino de retorno al orden natural, tan severamente atacado y violentado en estos modernos días por diferentes medios. Pero retomar el camino del orden no resulta fácil, ya que exige una férrea lucha para vencer las pasiones individuales y las inercias sociales que nos aquejan. Lucha titánica para desprendernos de todas aquellas comodidades y ventajas que limitan el ejercicio de nuestra racionalidad, que es lo distintivo del género humano. También significa la necesidad de conocernos mejor, identificar nuestras debilidades y vicios para superarlos, pero también nuestras virtudes y capacidades para trabajar en su fortalecimiento. Por supuesto, esto no quiere decir que renunciemos a todas las ventajas técnicas que nos ofrece la vida moderna, sino que les demos su justo valor, que las aprovechemos como un medio para el logro de cosas más trascendentes. EL DIRECTOR

LA VIDA HUMANA y su valor trascendente El problema del aborto es mucho más que una cuestión demográfica Por Eduardo Ruiz L.

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l aborto es uno de esos temas en los cuales las posiciones necesariamente se polarizan radicalmente. Asumir una posición cómoda en relación con este tema es algo impensable para alguien

comprometido con la verdad, de ahí que en esta ocasión nos propongamos hacer un análisis del tema para aclarar posiciones, tratando de ser lo más objetivo posibles. En la discusión sobre el aborto encontramos dos perspectivas perfectamente definidas: por un lado se encuentran los defensores de la práctica abortiva que le consideran como si se tratara de un derecho humano de la madre, como una práctica higiénica más o como una medida de control demográfico; por otro lado, se encuentran quienes argumentan que dicha práctica es un atentado contra la vida y en consecuencia en

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contra de la propia naturaleza humana. TODO COMIENZA CON LA VIDA En la raíz del problema se encuentra latente una serie de preguntas que parecen de difícil solución pero de cuya respuesta depende la posición que habrá de asumirse en relación con el tema. Dichas preguntas son: ¿Qué es la vida? ¿Qué es la vida humana? ¿Cuándo empieza la vida de un ser humano? ¿Realmente lo que se encuentra en el vientre materno es un ser humano? ¿El producto de la concepción es algo independiente de la persona que lo porta, o es algo que le pertenece, que le es propio? En este último caso, ¿tiene la portadora derecho a aniquilarlo? ¿No se trata de una simple “cuestión

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de conciencia” de la madre? Como se podrá comprender, la cuestión no resulta fácil, así que habrá de abordarla poco a poco, tratando de aclarar cada una de estas cuestiones. ¿QUÉ ES LA VIDA? En primera instancia nos parece que esta pregunta tendría una fácil y rápida respuesta que surge de la experiencia inmediata: “si se mueve, entonces está vivo; si no se mueve, entonces no es un ser vivo”. Pero al reflexionar nos damos cuenta que esta respuesta no es lo suficientemente clara, así que procedemos a intentar un nuevo acercamiento: “vida es aquello por lo cual el ser se mueve a sí mismo”, es decir, es capaz de realizar operaciones llamadas

inmanentes, lo que es lo mismo que decir que un ser vivo es aquel que posee un movimiento propio, que no requiere de una causa externa para tener dicho movimiento. Esta definición tal vez sea un poco más adecuada, pero aún nos parece que requiere un poco de mayor explicación y entonces agregaríamos que: “la vida es un movimiento interno, inmanente y continuo, que capacita al ser para ejercitar ciertas funciones específicas, denominadas vitales”. Esas funciones son las que constituyen el ciclo vital que solo terminará con la muerte. ¿QUÉ ES LA VIDA HUMANA? Ahora bien, no todo tipo de vida es igual, sino que hay grados o niveles, el primero de los cuales es el correspondiente a las

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operaciones vegetativas u orgánicas (nutrición, crecimiento y reproducción). Un segundo nivel corresponde a la vida sensitiva (propia de los animales, que además de tener las funciones vegetativas, agregan el conocimiento por medio de los sentidos, la capacidad de locomoción y el apetito sensible) y, en el peldaño más elevado de los vivientes, está la vida intelectiva (correspondiente a las funciones llamadas intelectuales, es decir las operaciones o funciones propias de la inteligencia) la cual además de las vegetativas y sensitivas, agrega el conocimiento intelectual, patrimonio propio de los seres humanos. Como se puede fácilmente concluir, la vida humana corresponde a este último nivel o grado de vida, y dentro del orden natural ésta es la de mayor valor y jerarquía. Esto quiere decir que, en el orden natural la vida humana es de mayor valor que la de cualquier irracional o cualquier ser vivo inferior. Por otra parte, la naturaleza humana, y en consecuencia su dignidad, es mucho más elevada ya que no se limita a la realidad de un “ser vivo” biológico, sino que su constitución esencial vital lo coloca como un compuesto de cuerpo material y alma espiritual. ¿CUÁNDO INICIA LA VIDA? Una vez asumida una posición en torno al problema de la vida humana, procedamos a cuestionarnos si el producto de

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Dr. Landrum Shettles, pionero de la fecundación in vitro: «La concepción confiere vida y esa vida es de un solo tipo: humana».

la concepción es ya un ser vivo y por lo tanto a responder a la pregunta ¿realmente lo que se encuentra en el vientre materno es un ser humano? Tratándose de los seres vivos inferiores tenemos que, cuando se consuman los presupuestos indispensables para su propia reproducción (función primaria del ser vivo), entonces el producto de tal proceso resulta ser también un ser vivo, pero independiente y distinto al que le dio origen. Pero, aunque independiente y distinto, este nuevo ser es de la misma especie que la de sus progenitores. Ahora viene la parte más complicada, pues trataremos, en relación con la especie humana, de especificar que tipo de ser vivo es lo que resulta de la concepción, es decir, trataremos de aclarar si “eso” (el producto de la concepción) es vida realmente humana. La respuesta es importante porque si es afirmativa,

entonces resulta que a “eso” le asiste el derecho natural de vivir y por lo tanto se le debe proteger desde el momento mismo de la concepción; si la respuesta es negativa, entonces, cabría la posibilidad de un derecho por parte de la portadora de “eso” de eliminarlo sin mayor cargo ni de conciencia ni de orden legal o de cualquier otro tipo, pues en todo caso, “eso” sería simplemente un conjunto de tejidos o células. Entonces procedamos a revisar algunas opiniones calificadas respecto al inicio de la vida humana, para ello nos permitimos citar las siguientes declaraciones hechas por un grupo de genetistas y biólogos ante el subcomité judiciario del senado estadounidense, hace ya más de diez años (citado en http:// www.embarazoinesperado.com/ argumentos.htm): El Dr. Micheline M. Mathews-Roth (de la escuela de medicina de Harvard) dio su testimonio confirmatorio de que la vida humana comienza en la concepción, y apoyó su afirmación con referencias de más de 20 libros de texto de embriología y medicina. El Dr. Jerome Lejeune, considerado como el padre de la genética moderna y descubridor de la trisomía 21 –anomalía genética que produce el Síndrome de Down– por su parte afirmaba: «Aceptar el hecho de que después de la fertilización un nuevo ser humano cobra vida, ya no es un motivo de pruebas u opiniones, es simple evidencia...» El Dr. Hymie Gordon 6

Chairman, del Departamento de Genética de la Clínica Mayo: «Basado en todos los criterios de la biología molecular, la vida está presente en el momento de la concepción». El Dr. Mc. Carthy de Mere (médico y abogado, de la Universidad de Tennessee): «El momento exacto de los comienzos de la personalidad y del cuerpo humano, es el momento de la concepción». El padre de la “fertilización in vitro”, Dr. Landrum Shettles: «La concepción confiere vida y esa vida es de un solo tipo: humana». Por su parte, el biólogo y premio Nobel, Jean Rostand, afirma en otra ocasión que: “En la primera célula constitutiva de la persona humana, es decir en el óvulo fecundado, existe un ser humano... y está todo entero, con todas sus potencialidades”. Tan evidente parece que la vida del concebido es de naturaleza humana que hasta los mismos promotores del aborto la han proclamado, como por ejemplo en el caso de la llamada Ley Veil-Pelletier (Francia) que en su artículo 1 dice que “la ley garantiza el respeto de todo ser humano desde el inicio de la vida”, es decir, reconoce que desde el mismo momento en que existe vida, desde entonces tal vida es humana, aunque posteriormente dicha ley autoriza la cancelación de dicha vida humana. Con lo dicho parece que podemos llegar a una clara conclusión: el fruto de la procreación humana es un ser humano desde

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el momento mismo de la concepción. Cuando se presenta la fusión de la información genética femenina y masculina, entonces da como resultado un nuevo ser vivo, también distinto y más o menos independiente, pero con todas las potencialidades inherentes a un ser vivo de la misma especie que la de los progenitores. Es evidente que de la concepción resultado entre un macho y una hembra de la especie felina, un tigre, por ejemplo, el producto natural será un individuo de la misma especie, un felino, un tigrillo; de la misma suerte, de la concepción humana (hombre – mujer), el resultado natural será un individuo de la misma especie humana. UN SER ÚNICO ¿El fruto de la concepción es algo diferente de la persona que lo porta o simplemente es una parte de la misma? ¿Es algo que le pertenece, que le es propio? En este último caso, ¿tiene la portadora derecho a aniquilarlo? ¿No se trata de una simple “cuestión de conciencia” de la madre? Vayamos por partes: En primer lugar, “ese algo” no es un órgano propio de la madre, simplemente “es algo” que se está gestando en el interior de ella. Además, ese “algo”, como le hemos venido llamando, es “alguien”, es decir, es una persona (“sustancia individual de naturaleza racional”, diría Boecio), de ahí que propiamen-

te no se puede afirmar que el hijo sea una pertenencia de la madre, sino que al afirmarse que “es hijo de” esto se dice de origen, de procreación, no de pertenencia. A la segunda interrogante habremos de decir definitivamente que no, que la portadora de “ese ser” no tiene ningún derecho de coartar la existencia del ser que va en su seno. El derecho a la vida está por encima de cualquier otro derecho; y el no nato es un ser humano vivo que debe no sólo ser respetado, sino favorecido en el sentido de que es un ser inocente e indefenso, sin muchas posibilidades individuales de luchar por su propia existencia, sino que en eso depende en buena medida de las atenciones y cuidados que le obligan a sus progenitores. Y aquí es conveniente enfatizar la obligación natural, legal y moral que le corresponde a los padres, no sólo a la madre, sino a ambos. Por supuesto que después de todo lo dicho hasta ahora, en relación con la pregunta de si el aborto se trata de una simple cuestión de conciencia de la madre, la respuesta es evidentemente en sentido negativo. No sólo se trata de un hecho de conciencia porque, el ser humano (y el no nacido lo es, como ya lo hemos señalado) es mucho más que “algo de conciencia”; es un compendio de expresiones que trascienden la conciencia individual, subjetiva.

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no de los grandes campeones a favor de la vida ha sido, en los últimos tiempos, el acreditado científico francés Jerome Lejeune. El consumado científico genetista durante su vida dio testimonio no sólo de valer científico, sino de integridad moral a favor de la vida. Muchos no le han perdonado su atrevimiento de evidenciar, con la ciencia de su lado, el estatuto ontológico del embrión humano. En esta ocasión “Vida y Valores” presenta un esbozo de la vida de este magnífico luchador pro vida.

entonces era conocida como mongolismo. En esas indagaciones es como descubre, cuando contaba apenas con 32 años de edad, la “Trisomía 21”, una anomalía genética consistente en que el paciente en vez de tener dos cromosomas 21 en todas sus células, tiene tres; esta anomalía implica un desequilibrio en el funcionamiento de las células, en particular en las del cerebro, esto es lo que se conoce como Síndrome de Down. En 1962 recibe el premio Kennedy por sus trabajos sobre

DATOS BIOGRÁFICOS Nace el año de 1926, en las cercanías de la ciudad capital francesa, “junto al río Sena”. Desde joven se inclinó por la práctica médica (obtuvo el título de doctor en Medicina con especialidad en pediatría por la Universidad de París) pero su verdadera vocación la encontraría en la investigación referente a las enfermedades mentales, y particularmente de la que en ese

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las patologías cromosómicas y dos años después, a los 38 de edad es nombrado profesor de la cátedra de genética fundamental de Francia. Padre de 5 hijos, Lejeune siempre fue un hombre sencillo y humilde. Conferencista a todo lo largo y ancho del mundo, entre otros recibió las siguientes distinciones y encargos: * Doctor en Ciencias por la Sorbona, especializado en genética.

* Fue el primer profesor de Genética Fundamental de la Universidad de París. * Director de la Clínica Genética del Hospital Pediátrico de París. * En 1974 fue nombrado miembro de la Academia Pontificia de las Ciencias (1974). * Colaborador del Consejo Pontificio para la Salud. * Profesor invitado del Instituto Tecnológico de California. * Miembro de las siguientes asociaciones científicas: Academia Americana de Artes y Ciencias, de la Real Sociedad de Medicina de Londres, de la Real Sociedad de Ciencia de Estocolmo, de la Academia de Ciencias de Italia, de la Academia de ciencias de Argentina, de la Pontificia Academia de Ciencia, del Institut de France, de la Academia de ciencias morales y políticas de Francia (1981) y de la Academia de Medicina de Francia (1983). * Recibió muchos reconocimientos, entre otros, el prestigioso premio Kennedy (1962), el “Memorial William Allen” (1969), que es la recompensa mundial de mayor impor9

tancia en el campo de la genética, y el premio Griffuel (1993), por sus aportaciones sobre las anomalías cromosómicas del cáncer. Aunque nunca le fue otorgado el premio Nóbel, lo cierto es que bien que lo merecía por sus muchas aportaciones en el campo de la medicina y la genética. * En 1994, el mismo año de su muerte es designado presidente de la Academia Pontificia a favor de la Vida.

PERSEGUIDO POR DEFENDER LA VERDAD Convencido de que la vida humana debe respetarse desde el primer instante, Lejeune se destacó como un férreo combatiente. Sobre sus motivos, se cuenta la anécdota de que en 1972, cuando en Francia, su país de origen, empezaron los debates sobre el aborto, un niño de 10 años, trisómico, llegó al consultorio de Lejeune y le dijo: “¡Nos quieren matar. Nos tienes que defender. Nosotros somos demasiado débiles y no sabríamos hacerlo!”. Desde aquella mañana, Lejeune se lanzará incansable a la defensa del niño por nacer. En la sede de Naciones Unidas, meses más tarde, asiste a un debate sobre el aborto. Los abortistas argumentan lo mismo de siempre: clandestinidad, mortandad entre las madres que se sujetan al aborto en condiciones

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inadecuadas, el sufrimiento emocional de la madre que no desea tener a su hijo, evitar el nacimiento de niños con malformaciones, etcétera… Ante aquel importante auditorio, el genetista francés toma la palabra y habla a favor de la vida lo cual le valió quedar prácticamente solo, condenado al más cruel ostracismo. Desde entonces se enfrenta contra los científicos que, cubiertos con el manto de la ciencia sin Dios ni moral, adoptan una posición anti vitalista. Al asumir esta valiente posición pronto

le valió vivir bajo la amenaza de sus enemigos, que incluso llegó a ser una violencia casi permanente en su contra. Se le dejó de invitar a los congresos internacionales de Genética, se le quitaron apoyos económicos injustamente, durante mucho tiempo no se le concedieron aumentos salariales y le retiraron todo tipo de créditos y oportunidades de investigación científica. En estas condiciones pronto perdió su laboratorio y todo el equipo que trabajaba con él y 10

se vio obligado prácticamente a mendigar el sustento para sus programas de investigación. A pesar de todo, Jerome Lejeune no se amedentró y continuó su batalla a favor de la vida. Para él, cualquier vida humana, aunque no sea advertida por los ojos y la razón –mejor dicho sin razón- vale la pena, precisamente por ser un ser humano. Dos de las más famosas participaciones de Lejeune en los foros internacionales fueron ambas en los Estados Unidos: · En febrero de 1989, en Maryville (en el Condado Blount, Tennessee), acudió como testigo en calidad de experto en un caso sin precedente acerca de la custodia de siete embriones congelados criogénicamente. · Aportó su testimonio ante la Asamblea Legislativa del Estado de Lousiana, en junio de 1990, en otro caso en que se requirieron sus opiniones como autoridad en materia de genética.

LA RECTA FINAL En 1993, empiezan a aparecer los primeros síntomas de cáncer, enfermedad que al final lo conducirá al sepulcro. Durante los últimos meses de vida, entre dolores, continuó abogando a favor de la vida. Finalmente, el domingo de Pascua, 3 de abril de 1994, a los 67 años de edad, entregó su alma al Creador.

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Para ampliar la información sobre este aguerrido combatiente a favor de la vida, se puede acudir a las siguientes fuentes: * Lejeune, Clara, “ Dr. Lejeune. El amor a la vida”. Palabra, 2003-02-13. * «Jerome Lejeune: Un hombre es un hombre, es un hombre». En línea en: http://www.movimientosm.org/movimiento/pdf/183ESTARsetl2004.pdf * Lejeune, Jerome. “¿Qué tenemos en la nevera?”, en línea, en http:// www.sedin.org/PDFS/embrios.pdf.

En un debate ante la televisión francesa, el genetista Lejeune preguntó a su interlocutor, el científico Jacques Monod: «Padre sifilítico y madre tuberculosa con cuatro hijos: uno ciego, otro nació muerto, otro es sordomudo y el cuarto, tuberculoso. ¿Qué haría si la madre queda embarazada de nuevo?» «Interrumpiría ese embarazo», contestó Monod sin dudarlo. «Un minuto de silencio» -pidió Lejeune-. «Acaba usted de matar a Beethoven»

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N. de R. El que a continuación transcribimos es un material del Dr. Jerome Lejeume y reproducido en diversas fuentes, impresas y digitales. En él podemos apreciar, en la voz de una verdadera autoridad, cómo la ciencia moderna nos permite escuchar claramente el mensaje de la vida humana que inicia en el momento mismo de la concepción.

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La genética moderna se resume en un credo elemental que es éste: en el principio hay un mensaje, este mensaje está en la vida y este mensaje es la vida. Este credo, verdadera paráfrasis del inicio de un viejo libro que todos ustedes conocen bien, es también el credo del médico genetista más materialista que pueda existir. ¿Por qué? Porque sabemos con certeza que toda la información que definirá a un individuo, que le dictará no sólo su desarrollo, sino también su conducta ulterior, sabemos que todas esas caracte-

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rísticas están escritas en la primera célula. Y lo sabemos con una certeza que va más allá de toda duda razonable, porque si esta información no estuviera ya completa desde el principio, no podría tener lugar; porque ningún tipo de información entra en un huevo después de su fecundación. (...). Pero habrá quien diga que, al principio del todo, dos o tres días después de la fecundación, sólo hay un pequeño amasijo de células. ¡Qué digo! Al principio se trata de una sola célula, la que proviene de la unión del óvulo y del espermatozoide. Ciertamente, las células se multiplican activamente, pero esa pequeña mora que anida en la pared del útero ¿es ya diferente de la de su madre? Claro que sí, ya tiene su propia individualidad y, lo que es a duras penas creíble, ya es capaz de dar órdenes al organismo de su madre. Este minúsculo embrión, al sexto o séptimo día, con tan sólo un milímetro y medio de tamaño, toma inmediatamente el mando de las operaciones. Es él, y

sólo él, quien detiene la menstruación de la madre, produciendo una nueva sustancia que obliga al cuerpo amarillo del ovario a ponerse en marcha. Tan pequeñito como es, es él quien, por una orden química, fuerza a su madre a conservar su protección. Ya hace de ella lo que quiere ¡y Dios sabe que no se privará de ello en los años siguientes! A los quince días del primer retraso en la regla, es decir a la edad real de un mes, ya que la fecundación tuvo lugar quince días antes, el ser humano mide cuatro milímetros y medio. Su minúsculo corazón late desde hace ya una semana, sus brazos, sus piernas, su cabeza, su cerebro, ya están formándose. A los sesenta días, es decir a la edad de dos meses, cuando el retraso de la regla es de mes y medio, mide, desde la cabeza hasta el trasero, unos tres centímetros. Cabría, recogido sobre sí mismo, en una cáscara de nuez. Sería invisible en el interior de un puño cerrado, y ese puño lo aplastaría sin querer, sin que 12

nos diéramos cuenta: pero, extiendan la mano, está casi terminado, manos, pies, cabeza, órganos, cerebro... todo está en su sitio y ya no hará sino crecer. Miren desde más cerca, podrán hasta leer las líneas de su palma y decirle la buenaventura. Miren desde más cerca aún, con un microscopio corriente, y podrán descifrar sus huellas digitales. Ya tiene todo lo necesario para poder hacer su carné (tarjeta) de identidad. (...). El increíble Pulgarcito, el hombre más pequeño que un pulgar, existe de verdad; no se trata del Pulgarcito del cuento, sino del que hemos sido cada uno de nosotros. Pero dirán que hasta los cinco o seis meses su cerebro no está del todo terminado. ¡Pero no, no!, en realidad, el cerebro sólo estará completamente en su sitio en el momento del nacimiento; y sus innumerables conexiones no estarán completamente establecidas hasta que no cumpla los seis o siete años; y su maquinaria química y eléctrica no estará completamente rodada hasta los catorce o quince. ¿Pero a nuestro Pulgarcito de dos meses ya le funciona el sistema nervioso? Claro que sí, si su labio superior se roza con un cabello, mueve los brazos, el cuerpo y la cabeza en un movimiento de huida. (...). A los cuatro meses se mueve tanto que su madre percibe sus movimientos. Gracias a la casi total ingravidez de su cápsula cosmonauta, da muchas volteretas, actividad para la que

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necesitará años antes de volver a realizarla al aire libre. A los cinco meses, coge con firmeza el minúsculo bastón que le ponemos en las manos y se chupa el dedo esperando su entrega. (...). Entonces, ¿para qué discutir? ¿Por qué cuestionarse si estos hombrecitos existen de verdad? ¿Por qué racionalizar y fingir creer, como si uno fuese un bacteriólogo ilustre, que el sistema nervioso no existe antes de los cinco meses? Cada día, la Ciencia nos descubre un poco

más las maravillas de la vida oculta, de ese mundo bullicioso de la vida de los hombres minúsculos, aún más asombroso que los cuentos para niños. Porque los cuentos se inventaron partiendo de una historia verdadera; y si las aventuras de Pulgarcito han encantado a la infancia, es porque todos los niños, todos los adultos que somos ahora, fuimos un día un Pulgarcito en el seno de nuestras madres». Clara Leujene, Dr. Leujene. El amor a la vida, Ed. Palabra, Madrid 1999, pp. 47-50

Citado en: http://www.arvo.net/includes/documento.php?IdDoc=2486-&IdSec=451

“Cada uno de nosotros comienza a existir en un momento preciso en el que toda la información genética necesaria y suficiente la recoge una sola célula, el óvulo fecundado, y éste es el momento de la fecundación. No hay la menor duda de ello, y sabemos que esta información está inscrita en un tipo de listón que llamamos DNA.” Dr. Jérome LeJeune

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Por Daniel Aceves Rodríguez

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esde hace tiempo ha tomado fuerza en varios países, incluyendo México, la promoción inusitada de un fármaco que ha recibido el calificativo de “píldora del día después”, y no es que la utilización de este tipo de método antivitalista sea algo novedoso, sino que ahora, se promociona en el mercado con el argumento de que esta nueva fórmula no sólo reduce a un 1% el riesgo del embarazo, sino que los efectos secundarios provocados por las fórmulas anteriores como eran los vómitos, cefaleas e inflamaciones quedan reducidos casi al mínimo. Los especialistas explican

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que esta nueva fórmula poscoital hormonal está basada únicamente en un principio activo llamado levonogestrel que supera en eficacia a la combinación de estrógenos y gestágenos llamada método yuzpe que fue utilizado en los principales países desarrollados. Tan grande ha sido el intento por lograr la aprobación de la venta de este fármaco que entre otras medidas se sugiere el fácil acceso a este producto para los adolescentes, la inclusión en la financiación publica, así como la dispensación del producto en los centros sanitarios. La aprobación de la comercialización de la “píldora del día siguiente” constituye un

hecho más de la introducción en los países, sobre todo de América Latina, de una política que tiene sus fundamentos en una cultura materialista y hedonista conocida como contracultura de la muerte, en que los verdaderos valores quedan desplazados de la jerarquía axiológica fundamentada en la familia tradicional; como consecuencia de esto vemos cómo en la actualidad existe una relación directa entre anticoncepción, revolución sexual, uniones libres y “solidarias”, aborto, homicidio, suicidio y eutanasia que son vivamente ilustrados con las campañas a favor del placer, desvirtuando la tendencia innata del hombre a buscar la felicidad haciéndole 14

creer que el placer, y principalmente el placer carnal es el medio más próximo para alcanzar esta “felicidad”. Por eso no es de extrañar que la llamada educación sexual que se insiste en dar desde la etapa educativa inicial, sea todo un llamado de incitación a la sexualidad prematura y al conocimiento y promoción de todo tipo de anticonceptivos que se convertirán en su “tabla de salvación” para poder vivir –como ellos dicen– más intensamente su sexualidad. Todo esto va llevando a millones de parejas a perder el respeto por la vida humana, a caer en el crimen sin sentirse culpables o acallando la conciencia con falsa hipótesis científicas y el uso de medios técnicos para destruir la vida de millones de criaturas. El mecanismo de la “píldo-

ra del día después” consiste básicamente en evitar que el óvulo, una vez fecundado, se anide en el útero materno, por eso es necesario que la paciente ingiera una pastilla cada 12 horas dentro de las 72 horas después de una relación sexual, esta practica por más que se le quiera enmascarar con términos científi-

cos, constituye una flagrante práctica abortiva, que viene a sumarse a los otros métodos utilizados en el clandestinaje, ya que está comprobado que la vida principia en el instante mismo en que el espermatozoide fecunda al óvulo; desde este preciso momento ese huevo fecundado es una célula viva, con su propio material genético que lo hace ser único e irrepetible. Por eso es falso lo que la publicidad menciona acerca de esta píldora de marras en el sentido de que su función es disminuir los abortos. La verdad es todo lo contrario ya que dicha píldora es abortiva, solo que el aborto que se produce no es quirúrgico sino químico, y en ambos casos se trata de un homicidio calificado, realizado con premeditación, alevosía y ventaja. * El autor es químico fármaco biólogo, educador y articulista de temas sociales.

Cartón tomado de: http://www.catholic-church.org/mscperu/caricaturas/caricat_aborto/images/brazlo.jpg

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Los primeros cristianos CONTRA EL ABORTO Ejemplos para el cristiano del siglo XXI

Por Luis Fernando Pérez Bustamante

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ara cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad humana es claro que una de las plagas más infecta, desastrosa e inmunda de nuestra sociedad en pleno siglo XXI es el aborto. La Iglesia Católica, así como la mayoría de las iglesias y comunidades eclesiales separadas de ella, condena sin paliativos la aniquilación de seres humanos en el seno de sus madres. Dado que la Biblia apenas habla específicamente del aborto, aunque obviamente hay indicios muy claros de que las Escrituras consideran que el feto es una vida humana (p.e Jueces 16,17; Salmo 22,9-10; Lucas 1, 15-16 y 41-44; Galatas 1,15), es importante que estudiemos lo que creían los primeros cristianos acerca de este tema. Su tes-

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Todos los Padres de la Iglesia y los primeros apologistas y maestros cristianos hablaron a favor de la vida y gracias a su influencia el aborto y el infanticidio fueron gradualmente desapareciendo de Europa

timonio es unánime y no deja lugar a dudas en la condena del aborto. La Didajé, que pudo haber sido escrita incluso en el siglo I, es quizás el primer testimonio patrístico en el que se introduce dicha condena: «He aquí el segundo precepto de la Doctrina: No matarás; no cometerás adulterio; no prostituirás a los niños, ni los inducirás al vicio; no robarás; no te entregarás a la magia, ni a la brujería; no harás abortar a la criatura engendrada en la orgía, y después de nacida no la harás morir.» (Didajé II). En la Epístola de Bernabé, escrita en la tercera década del siglo II, se llama hijo al feto que está en el vientre de la madre, se prohíbe expresamente el aborto y se le equipara al asesinato:

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«No vacilarás sobre si será o no será. No tomes en vano el nombre de Dios. Amarás a tu prójimo más que a tu propia vida. No matarás a tu hijo en el seno de la madre ni, una vez nacido, le quitarás la vida. No levantes tu mano de tu hijo o de tu hija, sino que, desde su juventud, les enseñarás el temor del Señor.» (Ep Bernabé XIX,5). Y: «Perseguidores de los buenos, aborrecedores de la verdad, amadores de la mentira, desconocedores de la recompensa de la justicia, que no se adhieren al bien ni al juicio justo, que no atienden a la viuda y al huérfano, que valen no para el temor de Dios, si no para el mal, de quienes está lejos y remota la mansedumbre y la paciencia, que aman la vanidad, que persiguen la recompensa, que no se compadecen del menesteroso, que no sufren con el atribulado, prontos a la maledicencia, desconocedores de Aquel que los creó, matadores de sus hijos por el aborto, destructores de la obra de Dios, que echan de sí al necesitado, que sobreatribulan al atribulado, abogados de los ricos, jueces inicuos de los pobres, pecadores en todo.» (Ep Bernabé XX, 2). El primer apologista latino Minucio Félix, llama parricidio al aborto en su obra Octavius de finales del siglo II: «Hay algunas mujeres que, bebiendo preparados mé-

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dicos, extinguen los cimientos del hombre futuro en sus propias entrañas, y de esa forma cometen parricidio antes de parirlo.» (Octavius XXXIII). El apologeta cristiano Atenágoras es igualmente tajante en su consideración sobre el aborto cuando escribió al Emperador Marco Aurelio: «Decimos a las mujeres que utilizan medicamentos para provocar un aborto que están cometiendo un asesinato, y que tendrán que dar cuentas a Dios por el aborto... contemplamos al feto que está en el vientre como un ser creado, y por lo tanto como un objeto al cuidado de Dios... y no abandonamos a los niños, porque los que los exponen son culpables de asesinar niños» (Atenágoras, En defensa de los cristianos, XXXV). Los testimonios se multiplican por doquier. Así leemos en la Epístola a Diogneto que los cristianos: «Se casan como todos los demás hombres y engendran

San Basilio.

San Jerónimo.

hijos; pero no se desembarazan de su descendencia (fetos)» (Ep a Diogneto V,6) . Tertuliano condena el aborto como homicidio y reconoce la identidad humana del no nacido: « Es un homicidio anticipado impedir el nacimiento; poco importa que se suprima el alma ya nacida o que se la haga desaparecer en el nacimiento. Es ya un hombre aquél que lo será.» (Apologeticum IX,8). Ya en el siglo IV San Basilio va incluso más allá al llamar asesinos no sólo a la mujer que aborta sino a quienes proporcionan lo necesario para abortar, lo cual sería perfectamente aplicable a quienes fabrican o prescriben la píldora abortiva: «Las mujeres que proporcionan medicinas para causar el aborto así como las que toman las pociones para destruir a los niños no naci17

dos, son asesinas» (San Basilio, ep 188, VIII). San Jerónimo trata la situación de la mujer que muere mientras procura abortar a su criatura: «Algunas, al darse cuenta de que han quedado embarazadas por su pecado, toman medicinas para procurar el aborto, y cuando (como ocurre a menudo) mueren a la vez que su retoño, entran en el bajo mundo cargadas no sólo con la culpa de adulterio contra Cristo sino también con la del suicidio y del asesinato de niños». (San Jerónimo, Carta a Eustoquio). Quizás el texto más dramático en relación al aborto sea un párrafo que aparece en el libro apócrifo conocido como Apocalipsis de Pedro. El libro seguramente es de origen gnóstico, lo cual supone que no debemos considerarlo del mismo valor que las citas anteriores, pero he decidido copiar este pequeño párrafo como muestra de hasta qué punto la condena del aborto estaba presente incluso entre los heterodoxos de los primeros siglos: «Muy cerca de allí vi otro lugar angosto, donde iban a parar el desagüe y la hediondez de los que allí sufrían tormento, y se formaba allí como un lago. Y allí había mujeres sentadas, sumergidas en aquel albañal hasta la garganta; y frente a ellas, sentados y llorando, muchos niños que habían nacido antes de

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tiempo; y de ellos salían unos rayos como de fuego que herían los ojos de las mujeres; éstas eran las que habían concebido fuera del matrimonio y se habían procurado aborto.» (Ap Pedro 26). Todos esos testimonios en contra del aborto tienen un doble valor para nosotros en las circunstancias que nos toca vivir en nuestro tiempo. Por una parte deben servirnos de aviso para que bajo ningún concepto nos acomodemos a un estado de opinión en nuestra sociedad cada vez más favorable a la aceptación del aborto como algo normal. Hacer tal cosa sería ir justo en la dirección opuesta a la que tomaron nuestros antepasados en la fe. Ellos ni se callaron ni fueron tibios a la hora de condenar esa lacra. Por otra lado, debemos ser sinceros y reconocer que vivimos en un mundo donde gran parte de lo más abominable del paganismo antiguo, el aborto y la profusión de todo tipo de amoralidad sexual, no sólo ha resurgido con fuerza sino que ha conseguido «legitimarse» socialmente echando sus raíces incluso en las legislaciones de nuestros países. La Iglesia, hoy igual que ayer, alza su voz contra esta infamia. Podría decirse que Juan Pablo II, paladín de la cultura de la vida y por tanto enemigo declarado de la cultura de la muerte que impera en nuestra sociedad, ha llevado la condena del aborto casi hasta el nivel de dogma de fe en la Encíclica Evangelium Vitae:

«Por tanto, con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos —que en varias ocasiones han condenado el aborto y que en la consulta citada anteriormente, aunque dispersos por el mundo, han concordado unánimemente sobre esta doctrina—, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal.» Nadie pues que se precie de tener el nombre de cristiano y el apellido de católico, puede justificar, aprobar, legislar o colaborar, por activa o por pasiva, con el aborto. Es nuestro deber como cristianos combatir en la guerra por salvar a millones de inocentes. Ellos no tienen voz, no tienen fuerza para oponerse a quienes desean asesinarlos. Seamos nosotros la voz y la fuerza que, como en el pasado, venza la batalla por la vida, por la esperanza y por el amor hacia toda criatura humana desde su concepción. Tomado de: http://www.iespana.es/revistaarbil/(88)pere.htm

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La vida intrauterina

des biológicas y genéticas del ser humano. Inmediatamente después de la fecundación comienza el desarrollo celular e incluso puede ya conocerse el sexo de la criatura pues el espermatozoide contiene un cromosoma X o Y que determina genéticamente si el nuevo ser ha de ser varón o hembra.

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esde el momento mismo de la concepción hay ya una nueva vida, de esto no cabe ya la menor duda, la ciencia lo ha demostrado con evidencia; pero esa vida ¿es realmente humana? Para dar respuesta a esta interrogante es necesario conocer los hechos y argumentos científicos, particularmente los aportes de la biología molecular, la embriología y la fetología, que nos muestran paso a paso el desarrollo de la vida intrauterina. A través de la tecnología moderna hoy en día podemos recrear casi de manera total el desarrollo de la vida intrauterina. Las imágenes que nos hemos permitido reproducir en estas páginas son del Sr. Lennart Nilsson, en su obra «A Child is Born». Estas imágenes han dado la vuelta al mundo y nos permiten apreciar el milagro que se gesta al interior del seno materno en todo su esplendor:

La madre ni siquiera se lo imagina pero ya en su interior hay una nueva vida humana que se está desarrollando a pasos agigantados. Apenas es el día 4 de la concepción y ya hay diferenciación celular; para el día octavo ya existen cientos de células.Sólo dos semanas después de la concepción el nuevo ser vivo ha crecido mucho.

INICIA EL CICLO VITAL En el momento de la fecundación, cuando el ovocito es fecundado por un espermatozoide están presentes en potencia todas las propieda-

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médula espinal, sistema nervioso, los pulmones, los intestinos, el corazón... todo ello ya está funcionando y comienzan a aparecer las orejas, la nariz... Hacia la sexta semana de desarrollo es posible captar la actividad cerebral mediante un electroencefalograma. No ha llegado la menstruación y mamá sos-

Hacia el día 17 todos los órganos se están formando: el cerebro, los riñones, los huesos... el hígado ha desarrollado sus propias células sanguíneas; pocas horas después se podrán apreciar las contracciones del corazón y empezará a percibirse el desarrollo de los ojos. A los 20 días aparece la base completa del sistema nervioso. A partir de la tercer semana de ser concebido, el nuevo ser humano alcanza la segunda etapa de su desarrollo, a la cual los especialistas llaman embrión. Esta etapa del desarrollo concluirá hacia la octava semana de gestación. Mamá está apenas a punto de darse cuenta de su “interesante estado” y aquel diminuto ser ha dado grandes pasos en su desarrollo: ojos,

pecha de su estado de embarazo el cual tendrá una duración aproximada de 40 semanas. Ha cumplido ya siete semanas y apenas mide 2 centímetros. A esta edad se puede percibir que los labios se entreabren y hace pequeñas muecas; de vez en cuando saca la lengua. Su cerebro está completo. Se le pueden distinguir perfectamente orejas y naríz. A partir de la octava semana inicia la tercera y última fase de desarrollo intrauterino, al cual solo concluirá hasta el nacimiento del bebé; por lo pronto los especialistas le llamarán “feto”. Después de esta semana todo cuanto debe tener un niño desarrollado ya

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se encuentra presente, solo falta su completo desarrollo. Semanas 11 y 12. Nuestro amiguito(a) ya respira

y exhala el fluido amniótico. En esta etapa de su desarrollo el bebé puede percibir los estados de ánimo de su madre. A partir del cuarto mes los órganos genitales se

funcionan las cuerdas vocales, puede llorar. Nueve meses después de haber iniciado su vida en el vientre materno, el bebé por fin verá la luz del día. Aunque el día de su nacimiento empezará a contarse a partir de la salida del útero de la madre, lo cierto es que su vida ha iniciado ya desde hace mucho tiempo.

aprecian con toda claridad, abre y cierra las manos, da patadas y gira sobre sí mismo. Ya

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Por Gabriela Gpe. Morales Aceves

No serテ。n las bellas frases las que logren salvar a la Patria, sino los grandes ideales y las grandes obras que se construyan.

Foto: E. テ」alos

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QUÉ ES LA PATRIA?... Patria proviene de la palabra pater, padre, y la tierra patria es la tierra de nuestros padres o antepasados. Denota, primordialmente el lugar de nacimiento, al igual que sus tradiciones, intereses, raza, idioma, religión, costumbres, ideas, sentimientos. Todo esto en conjunto hace a la Patria y a nosotros, como pertenecientes a ella, nos hace sus hijos y, por lo tanto, debemos cargar sobre nuestros hombros y en nuestro corazón, con orgullo y felicidad, una gran responsabilidad, porque siendo mexicanos y siendo dueños y parte de esta gran Nación, nos corresponde poner nuestro granito de arena, de manera tal que con cada uno de esos actos pequeñísimos que hagamos nuestra Patria crezca y sea lo mejor de lo mejor. Teniendo en claro qué es Patria y cuál es nuestra responsabilidad ante ella, es tiempo de mencionar algunos de los peligros en los que actualmente se encuentra y las fallas que muchos de sus hijos hemos cometido. México en la actualidad se encuentra en una situación deplorable: su moral y su religión -las cuales son fuente de vida- en

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estos momentos de decadencia, han venido retrocediendo, se vienen abajo poco a poco. Existen enemigos de la Patria que quieren acabar con ella, y por ello atentan contra lo más sagrado. Por eso a su juventud les han quitado lo más preciado, la inocencia y el espíritu emprendedor que lo caracterizaba. ¿De dónde surge el problema? Todo viene de raíz. Desde que en las escuelas ya no enseñan los valores cívicos, morales y religiosos; desde que en el seno familiar muchos padres de familia ya no brindan cariño ni atención a sus hijos; desde que en el medio en el que las nuevas generaciones se desarrollan, está lleno de cosas perversas, maliciosas y pervertidas, como se puede ver en el Internet, en la televisión o hasta en la misma calle. Evidentemente, el enemigo -ése que pervierte las mentes y los cuerpos-, sabe el valor que representa un joven para el futuro de nuestra Patria, no en valde parece haber dicho… ¡Hoy sin jóvenes, mañana sin Patria! Los jóvenes somos el mañana, somos el futuro, y no podemos permitir que se sigan manchando nuestros corazones con cosas vanas;

los mexicanos, necesitamos recobrar el patriotismo, desde el más chico hasta el más grande, porque esto no es tarea sólo de los jóvenes, también a los adultos les corresponde enseñar y predicar con el ejemplo todos estos valores, para que se fortalezcan y no se pierdan con el paso del tiempo. La figura paterna debe ser un modelo que trabaja, que coopera en aportar ideas y entusiasmo para que esta sociedad sea mejor, más justa, más sabia, más bella, más rica… Por su parte, la figura materna debe fomentar, desde el hogar, el amor a la Patria, inculcando el respeto a nuestros símbolos patrios, que nos dan esencia y presencia en todo el orbe, promoviendo siempre ser el guardián severo que evita las asechanzas que debilitan nuestra identidad nacional, ya que el joven es como una esponja que aprende rápidamente, por eso el que de pequeño respeta a la Bandera, sabrá defenderla cuando sea mayor. Tomando en cuenta todo esto podemos entender la gran importancia que tiene la ayuda y el aporte que den los adultos y los jóvenes para la recuperación de lo mucho bueno que aún le queda a México.

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Pero todo esto no lo lograremos si no trabajamos; no habrá mejoría si no ponemos de nuestra parte y actuamos, porque lo que necesita de nosotros México son hechos, no palabras, por más coherentes y bellas que éstas sean ¿De qué nos sirve saber lo mal que anda México, si no aplicamos una solución? ¿De qué habrá valido tanto el esfuerzo de nuestros antepasados, si nuestro saco de granitos de arena está vacío? R e c u e r d e n mexicanos ¡HECHOS NO PALABRAS! Podemos empezar con pequeños actos, nuestra Patria no está siendo exigente. Ahora no pide muertes heróicas, necesita vidas victoriosas y eso se logra siendo excelentes alumnos, hijos obedientes, amigos leales, personas humildes... ¿Acaso esto es demasiado para este México que tanto nos ha dado? No podemos negarle a la Patria nuestra gratitud, amor y servicio ya que como dice Santo Tomás de Aquino- el patriotismo, «el amor a nuestra patria, es una prolongación del amor que tenemos a nuestros padres», es una virtud hermosa, entonces ¿qué nos

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cuesta actuar y defender a nuestra bendita Patria? Qué triste es ver un joven o hasta un adulto mexicano que ya no se emociona por su México, que ya no se acelera y palpita más rápidamente su corazón al ver pasar nuestra gloriosa Bandera Nacional, que ya no canta con emoción y respeto nuestro majestuoso Himno Nacional... ¡Qué tristes son estas cosas! Nuestro México no pide mucho, y sin embargo, necesitamos hacer mucho… Me atrevo a decir que una juventud que no está siempre dispuesta a jugarse la vida callada y sacrificadamente por el futuro de su Patria, esa ya no es juventud. Mexicano, no olvides que en la tierra has de luchar y en el cielo has de glorificar; qué bellos momentos aquellos en los que el joven mexicano imploraba a su piadosa madre: “Madre no me dejes descansar hasta que mi Patria esté en libertad” o cuando decía a su bendito México: “Patria, Patria querida, yo te entrego mi vida ante este Crucifijo”... Son tiempos difíciles y complicados, pero nada es imposible para quien cree, y mucho menos para quien ama a su Patria.

Con esto, sólo quiero hacer conciencia de lo mal que anda México y cómo pide a gritos nuestro auxilio y que la solución está en nosotros, en nuestros actos, en nuestro pensar, sentir, hablar y hasta en nuestro andar diario. Tenemos que proveer el futuro de nuestro México, que nos quede muy claro: esta tierra nos fue legada por nuestros padres, pero en calidad de préstamo, para que en el momento oportuno la entreguemos a nuestros descendientes mucho mejor de lo que la hemos recibido. Para terminar sólo quiero dejar plasmado este último pensamiento:

Joven mexicano no olvides que tienes un mundo que despreciar; un cielo que agradecer, y un Dios y una Patria por quien luchar... y morir.

¡México te necesita; la Patria te reclama!

La autora es estudiante universitaria.

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Por: José Chávez Chávez

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s bien sabido que para los griegos y los romanos la educación física y los deportes fueron elementos imprescindibles en la educación de la juventud; el aforismo «mens sana in córpore sano» sintetiza el equilibrio ideal de la educación grecolatina. Mediante los ejercicios físicos y deportes como las carreras, el salto, el lanzamiento del disco o la jabalina, la lucha y juegos de pelota, además del manejo de las armas, practicados en la palestra o en el estadio, el muchacho se preparaba para integrarse plenamente y con todo derecho a la vida política de la ciudad, pues ya estaba listo para defender la patria en la guerra, si era necesario.

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Por distintas razones a las de la antigüedad clásica, hoy se concede aún más importancia que antes a los deportes. Muestra de ello es la desmedida atención, de los jóvenes y adultos, por el desarrollo y resultados de los juegos que en determinado momento están en boga (basquet, beis, y, sobre todo, fútbol), sin mencionar el fenómeno de la teleadicción deportiva generalizada que se padece con motivo de los «Mundiales» o las «Olimpiadas». Nada importa que haya sucesos políticos o sociales infinitamente más trascendentes, ya no digamos acontecimientos culturales o científicos, pues estos no reciben ninguna atención. Ciclones o terremotos que casi acaban con pueblos enteros;

guerras o cambios de gobierno; descubrimientos o inventos, poco o nada importan a quien sólo está pendiente de quién ganó, con cuántos goles, canastas o carreras. Lo único que más o menos le disputa la atención popular son las noticias o escándalos de la gente de la televisión, el cine y los discos; y esto sucede porque ambos, el «deporte» que mencionamos antes y el llamado mundo de la farándula, son una misma cosa: un atractivo espectáculo intensamente difundido por los medios masivos de comunicación para divertir a la gente, y para entretenerla pegada al televisor o al radio recibiendo torrentes de mensajes publicitarios de las empresas que lo patrocinan. 25

Sin embargo, no es a eso a lo que nos referimos en esta ocasión. Del deporte profesional, o deporte espectáculo, se hablará solamente en cuanto pueda ayudar o estorbar a la educación. Éstos son algunos de los puntos que al respecto conviene plantear: ¿Qué es el deporte y por qué es importante para nosotros? ¿En qué forma estamos relacionados con el deporte (activa o pasivamente, deportistas o espectadores), y... ¿Cómo puede ayudar el deporte a lograr una mejor educación? Respecto del punto primero, para el español Luis Daniel González, licenciado en ciencias físicas (1) «deporte es: juego + ejercicio físico + competición», ingredientes que están en muy variada proporción en los distintas disciplinas deportivas; unas, como la natación y el atletismo, tienen poco de juego y mucho de ejercicio físico y competición, o como el alpinismo que tiene mucho de ejercicio y poco o nada de juego, mientras que otros, el basquet y el fútbol, tienen mucho de todo, lo cual quizá explica su casi universal popularidad. Cada uno de esos aspectos tiene su atractivo o responde a una necesidad natural del hombre: de niño aprende jugando; el ejercicio físico es indispensable para su salud; luchar, competir, buscar el triunfo, ha sido el impulso de conquistas y aventuras forjadoras de la historia, porque,

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como escribía el educador Tihamer Toth (2), «con el deporte se consigue el robustecimiento de la voluntad, de la perseverancia y de la valentía...»; y H. Durand (3) añade que se trata de una «actividad que atañe a la totalidad física y mental del individuo». De ahí, entonces, su importancia e interés para el educador. Para algunos su atractivo reside en la capacidad que tiene para distraer y hacerle olvidar las dificultades, o la monotonía de lo cotidiano, o porque permite poner a prueba sus fuerzas y habilidades y saborear el placer de la victoria o los aplausos. Para otros es un recurso indispensable para bajar de peso o para controlar el «estrés». Y para aquellos que son «profesionales» de algún deporte, éste es su trabajo y lo ejercen como tal: bien o mal, según la paga. Para algunos niños y jóvenes, independientemente de si les guste o no, es una asignatura más que tienen que aprobar si quieren pasar semestre o año. Pero hay una razón más profunda para explicar el atractivo del deporte: todos los hombres tenemos deseos de lograr la felicidad; pero ese anhelo en la tierra jamás podrá saciarse. Nuestras limitaciones están muy a la vista; y bien sabemos que cualquier momento de felicidad es pasajero. Además, ese breve instante feliz que logramos, es sólo eso: una partecita, pues la felicidad nunca será completa mientras vivamos.

No obstante, permanece siempre en nosotros una gran tensión hacia lo infinito y eso origina los deseos de aventuras y heroísmo que todos los hombres sentimos en nuestras almas. No nos llena la burda materialidad o el grosero hedonismo que hemos impuesto como característica de los tiempos actuales y buscamos aquello que mitigue, al menos, el hambre de nuestro espíritu. La literatura de todos los tiempos ha recogido esas inquietudes humanas en numerosas obras, desde Homero y Cervantes hasta Julio Verne. Los héroes de Troya, el señor de La Mancha o los viajes a la Luna o al centro de la Tierra, por sólo citar algunos, satisfacían antes, imaginariamente, ese impulso natural. Hoy, cuando el placer de leer Literatura es tan despreciado, los personajes extraterrestres o satánicos de las «series» de la televisión y los juegos de la computadora, seducen con macabras fantasías a los niños y jóvenes, pero de ninguna manera calman, y mucho menos satisfacen su necesidad de aventuras y heroísmo. Ése es quizá, el porqué de la admiración por los ganadores de medallas y campeonatos que hacen vibrar las tribunas en las ocasiones en que logran llegar más allá de las marcas establecidas, cuando imponen un nuevo récord o logran una victoria asombrosa. Esa admiración lleva al deportista común, al no privilegiado, a que quiera imitar sus proezas, o al menos imaginarse que es un Pelé, un 26

Ronaldo, un Jordan o un Valenzuela. Pero sea por una u otra causa, el hecho es que el deporte llena una parte importante del quehacer del hombre contemporáneo, y no porque sea esencial para su vida o destino; los hombres del pasado no lo practicaban en el sentido que actualmente entendemos, ni le dedicaban atención en la medida que hoy ocurre y no por eso eran menos felices o sanos, y aún quizá, todo lo contrario. Lo que sucede es que el valor que le atribuimos es muy superior al de su importancia objetiva; importancia en buena parte artificial, pues ha sido creada por la publicidad. Esta desmesurada presencia del deporte en los medios de comunicación es causa y efecto, a la vez, del enorme desarrollo de los intereses mercantilistas que empujan al consumo incesante de novedades y agrandan la importancia de acontecimientos cuyo valor objetivo es pequeño. Aunado a lo anterior, y quizá por haberse convertido en un producto de consumo sometido a las reglas del mercado, se han deteriorado seriamente las conductas deportivas: la elegancia en el saber perder y ganar han perdido terreno frente al afán del triunfo a toda costa. Tal parece que detrás de todo fuera el deporte un sustituto de una profunda necesidad vital; casi, casi, una religión para algunos. Por tales razones, es de gran importancia tener un concepto adecuado del valor y sen-

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tido del deporte. Sin eso y sin unos valores espirituales firmes, habrá quien encuentre motivos no sólo para doparse, sino, como apostilla Luis Daniel González, «hasta para intentar fabricar, por ejemplo, hombres - mono que salten...» ¡y que ganen medallas...! Pero, independientemente de las causas por las cuales cada quien lo practique o disfrute -o sufra- como espectador, es indiscutible su gran valor educativo personal y social. ¿Por qué? * Porque es un magnífico

cultivo de las capacidades físicas del hombre, para conseguir salud y fortaleza. * Porque cuando es bien hecho mejora no sólo el cuerpo, sino a la persona completa. * Porque cuando se realiza con criterios morales sanos, llena también una necesidad espiritual. Todos sabemos que en el deporte, el espíritu tiene tanto valor como el cuerpo (¡Cuántas veces hemos visto cómo el valor, la decisión o el coraje, pasan por encima de las limitaciones físicas, pues la voluntad pue27

cio, al trabajo); el espíritu de sacrificio (al domar, doblegar el cuerpo); la capacidad de renuncia (aún muchas veces hasta a los placeres lícitos); el reconocimiento inevitable de las propias limitaciones («no todo lo puedo»); la valoración de las virtudes de los demás (su entrega, su inteligencia, su fuerza...). En conclusión, los deportes pueden ser una buena preparación para la vida adulta de los niños y jóvenes al ayudarlos a conocerse y a corregir muchos de los defectos de su carácter y a madurar y ser responsables.

* Otra ventaja educativa consiste en que también inducen a conocer y amar la naturaleza; a valorar y gustar de la alimentación saludable y, si se practican bajo una sana dirección, a comprender lo perjudicial de los vicios y a alejarse de ellos. * Pero no sólo eso, pues además proporcionan condiciones inmejorables para robustecer el compañerismo y las amistades. Esos hábitos adquiridos en la práctica deportiva serán un sello o una nueva y mejor forma de ser de la persona. Pero tales logros del carácter sólo podrán adquirirse cuando alrededor de los jóvenes se viva y se hable del deporte del modo que se merece; dándole solamente la importancia que tiene, sin exagerar alabanzas ni vituperios; criticando de modo razonable los comportamientos antideportivos y dando a cada triunfo y a cada marca su verdadero valor y apreciando el mérito y el esfuerzo donde lo hubiera, pero sin hacer ídolos o mitos de nadie.

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de mucho más de lo que sospechamos!). No en vano el hombre es cuerpo y alma. Por eso se dice que los deportes son un medio propicio para la maduración de la personalidad, ya que facilitan adquirir dominio físico y psicológico sobre uno mismo y desarrollar cualidades básicas para la vida, como la lealtad (hacia el equipo o el grupo); la perseverancia en el esfuerzo (al entrenar o competir); la resistencia (al cansan-

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______ NOTAS: (1) Luis Daniel González. «Deporte y educación». (2) José Chávez Ch., «Apologética de la educación cristiana en Tihamer Toth». (3) Georges Durand. «El adolescente y los deportes».

El autor es catedrático universitario y analista de temas sociales.

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LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN y la insana curiosidad Por Salvador Echeagaray

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odos los días, y prácticamente a toda hora, se inmiscuyen en nuestros hogares unos seres entrometidos que vienen a desestabilizar, de alguna manera, la paz de sus moradores. Ingresan todos los días y se quedan ahí. Cada vez se van haciendo más numerosos, pues tienden a multiplicarse en nuestras diarias conversaciones con los demás y nuestros diarios coloquios con nosotros mismos, pues, quedan residuos en nuestra memoria de su actuación. Esos escu-

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rridizos intrusos son muchos de los mensajes contenidos en las informaciones de los medios de comunicación masiva, que tienen preferencia, por entrar a nuestras casas principalmente por la televisión, aunque también, se han escabullido en la radio, la prensa y la Internet. Nos referimos especialmente a los mensajes que exaltan la curiosidad en el ser humano. Si bien dice el refrán popular que «la curiosidad mató al gato», animal que metafóricamente se dice tiene siete vidas; esa misma curiosidad que «com-

parte» el ser humano, no es más que el desorden del apetito de conocer, y también, ejerce una poderosa influencia en él, que si no lo mata, al menos lo distorsiona. Bien lo dice Aristóteles, «todo hombre tiene el deseo de saber», y podemos agregar: mas no todo saber nos es lícito. En este trabajo trataremos de darnos respuesta a las siguientes preguntas: ¿De qué manera los medios de comunicación fomentan la insana curiosidad? ¿Debemos y podemos saberlo todo? ¿Es lícito indagar sobre la 29

nicación masivos son aquellos conductos por los cuales nos llega información o se transmiten datos, especialmente a públicos numerosos; tal es el caso de la radio, la prensa escrita (periódicos y revistas), la televisión y la Internet. Aunque el teléfono, el correo, el telégrafo o una nota escrita también son medios de comunicación, no se consideran como medios de comunicación masiva, puesto que transmiten información a pocos usuarios a la vez. Por otra parte, la curiosidad la podemos definir como: el vicio por conocer cosas que nos son prohibidas o que rebasan nuestra capacidad natural de saber. Si bien –como decíamos antes– todo hombre posee el deseo de saber, no todos los saberes son conducentes al bien, a lo honesto, a la verdad. Nues-

tra única obligación respecto al saber, es conocer la verdad, y no cualquier verdad, sino llegar a la verdad absoluta, que no es otra sino Dios. Y todo saber humano debe ser encaminado al saber absoluto. El estudioso de las ciencias es un ser incompleto, si su saber, no lo concatena a la primera y ultima causa de las cosas. Al respecto de los medios de comunicación dice Pío XII en su encíclica Miranda prorsus: «... todos los instrumentos de comunicación humana que sirven para establecer relaciones entre los hombres, deben tender al elevado fin de poner la actividad del hombre, también en este campo, al servicio de Dios». Pero, ahondemos un poco más sobre este vicio de la curiosidad, que es hoy en día tan fomentado en los medios de comunicación.

Foto: M.G. Hernández

vida privada de otros seres humanos? Pero, ahondemos en este tema que es el de los medios de comunicación y la curiositas (vicio de la curiosidad). Para empezar definamos qué es comunicación. Comunicación viene del latín comunicare, que significa poner en común. Esto es, hacer partícipe a otro de algo. Dice Wilbur Schramm: «Al comunicamos pretendemos establecer algo “en común” con alguien o, lo que es lo mismo, tratamos de compartir alguna información, alguna idea o actitud». En este caso los medios de comunicación transmiten datos, ya sea para hacer llegar a otro u otros una noticia, un aviso, un argumento, un acontecimiento, un suceso o una acción determinada de algo o de alguien, y es aquí donde se puede dar el vicio del curiosismo. Especifiquemos. Los medios de comu-

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CURIOSIDAD VS ESTUDIOSIDAD Bien sabemos que toda virtud es un hábito bueno, y esto se logra con la repetición continua de actos bien encaminados hacia el fin último del hombre que es Dios. Pues bien, la virtud que ordena nuestro conocimiento en orden a la verdad, es la virtud de la estudiosidad. Ésta se puede definir como la aplicación constante de la mente al conocimiento de algo. Ese algo no debe ser otra cosa mas que lo real, lo verdadero. Así como toda virtud tiene dos vicios opuestos, cuando se

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carece de la estudiosidad por un defecto le llamamos negligencia, misma que definimos como la voluntaria omisión de aprender las cosas que hay que conocer según la condición de cada cual. Este vicio del conocimiento por defecto, por carencia, es fácil advertirlo en nuestra sociedad. Hoy en día priva en nuestro ambiente una indocta cultura, esto es una sociedad inculta, ignorante, que solo sabe las cosas necesarias para ejercer algún oficio, alguna carrera, pero ignora todo lo demás. Su conocimiento es carente de nexos con las cosas, es un saber limitado, sin conexión con las causas últimas. Es fácil advertirlo, hasta programas de televisión se ha-

cen al respecto preguntando algo ficticio y la gente opina de ello. Por ejemplo, se les pregunta: ¿Qué opina usted respecto a los hoyos negros? Y la gente responde: -Bueno, ya es hora de que el gobierno tape los baches de la ciudad-. No obstante esta indocta cultura que vivimos hoy en día, en esta sociedad extremista que nos ha tocado vivir, se llega al otro punto extremo, que es el conocer cosas que no son esenciales, que son vanas y superfluas. Es ahí donde nos lleva el vicio de la curiosidad, que se puede definir como el deseo desorbitado de saber, de dar rienda suelta al apetito que todos tenemos de conocer, incluso muchas cosas que no son lícitas. Luego cabe preguntamos ¿Qué entonces no es bueno conocer? Sí, efectivamente todo conocimiento es bueno en sí mismo. Lo malo estriba en el uso que le damos a ese conocimiento, que puede ser por soberbia o para pecar. En el primer caso, cuando nos ensoberbecemos por que tenemos conocimientos, deberíamos preguntamos, ¿Cuánto más ignoramos? Por ello, Sócrates, llega a formular su famoso aforismo, «Solo sé que no se nada». Dado que entre más sabemos nos damos cuenta que podríamos saber más. Por ejemplo, nos admiramos de todo lo que nuestra civilización ha logrado avanzar en tecnología, gracias a los conocimientos acumulados, a través de la historia de la humanidad, pero pensemos a futuro, ¿cuánto más 31

no avanzará la ciencia, gracias a lo logrado hasta hoy? Y los avances tecnológicos en sí mismos no son malos; la maldad está en el uso que a veces se da a la tecnología o a la ciencia. Por ejemplo: ¿Qué diría Luis Pasteur si reviviera y se diera cuenta que su descubrimiento de los microorganismos hoy se puede usar para provocar una epidemia que acabe con miles de personas en instantes en una guerra bacteriológica y que no se le da el uso adecuado a ese saber científico que es el de salvar vidas? Hay otros muchos ejemplos que ilustran el mal uso de los medios de comunicación masiva, algunos de los cuales están al alcance indiscriminado de todo mundo. No es difícil darse cuenta, con tan solo prender el televisor ¿cuántos programas vemos en los que se maneja el albur o se explota el erotismo? Peor caso se presenta en la televisión por cable que incluso cuenta con canales exclusivos de pornografía. Si bien es cierto que se trata de canales privados, en el sentido que hay que pagar por ellos o se aplica el famoso candado paterno para que los menores de edad no los vean, pero, ¿Realmente en cuántas casas se hace uso adecuado de esta restricción? Además, hay muchos canales de cable en los cuales no hay candados y mantienen pornografía, si bien a altas horas de noche, pero al fin, pornografía. En relación con los daños que este tipo de mensajes aca-

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rrea, el sabio Papa Pío XII se preguntaba: “¿Quién podrá decir los daños que tal clase de imágenes puede producir en las almas, especialmente de jóvenes, y los pensamientos y sentimientos impuros que pueden provocar y el grado en que contribuyen a la corrupción del pueblo con grave perjuicio de la prosperidad misma de nación?”.

EL FLAGELO DE LA CURIOSIDAD Dice el Padre Alfredo Sáenz, en su obra Las siete virtudes olvidadas, que el vicio la curiosidad puede darse en dos ámbitos: el conocimiento intelec-

tual y en el orden de sensible, cuando proviniendo del uso de los sentidos, se vuelve concupiscencia desordenada. Respecto al conocimiento intelectual, se ejercita la curiosidad de la siguiente forma: 1. En orden a un fin malo, por ejemplo cuando estudiamos, como dijimos líneas atrás: a) Para ensoberbecernos por la ciencia adquirida. ¿Cuántos seudo intelectuales vemos a nuestro alrededor que se sienten la personificación de ciencia misma? El tener muchos conocimientos debería llevarnos a la virtud de humildad, puesto que entre más sabemos más cuenta nos damos que podrían saber más. El mismo Alfredo Sáenz nos recuerda que “el pecado de 32

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milar al de la persona objeto de su admiración. Refiriéndose a los actores dice Pío XII, en su encíclica Miranda Prorsus: “El actor... no puede prestarse a interpretar escenas licenciosas, ni cooperar en una película inmoral”. Hoy parece que para triunfar en la farándula es preciso hacer todo lo contrario. Tengamos entonces arquetipos trascendentes; personajes que hayan sobresalido por su heroísmo, por su rectitud de vida, por su santidad. 3. El vicio de la curiosidad también se da, dice Alfredo Sáenz por aprender de maestros inadecuados. Últimamente han proliferado los programas televisivos, de seudo ciencias como la astrología y de esto no se escapa la radio, ni la prensa. Para ejemplo, tenemos las consultas de casos atendidas por charlatanes dedicados a solucio-

nar problemas humanos, que pretenden curar a quienes lo consultan atendiendo a la posición de las estrellas. De esto la radio también ha hecho un amplio negocio con programas exclusivamente dedicados a «consultas espirituales», donde se proponen soluciones de magia blanca y en ocasiones hasta de magia negra. Al respecto, el mismo Pío XII enseñaba que «La ley de Dios prohíbe escuchar transmisiones dañosas a la fe y a las buenas costumbres». En este mismo ámbito podemos englobar los llamados “formadores de opinión”. Aquí podemos preguntarnos, ¿Qué fundamentos de una filosofía basada en la realidad pueden tener la mayoría de los comentarista que vemos en TV o que oímos en la radio o que leemos en la columna de un diario?

Foto: M.G. Hernández

nuestros primeros padres estuvo ligado a conocimiento movido por la soberbia, a la pretensión de ser no sólo participantes del conocimiento que Dios tiene del bien y del mal, lo que hubiera sido legítimo, sino quienes determinan lo que es bueno y lo que es malo. Hubo allí una pasión no por verdad, sino por el manipuleo de la verdad, fruto de una crecida soberbia”. b) También, está la posición del que siempre está en búsqueda de la verdad: Como si la verdad misma fuera inaccesible a nuestro entendimiento. Una cosa es profundizar en el esclarecimiento de la verdad, otra muy diferente es estar buscándola siempre y sobre todo en los lugares donde no habremos de hallarla. Ahí también los medios de comunicación nos inducen a error. 2. Otra falla en el ámbito del conocimiento intelectual es el descuidar lo necesario por temas menos útiles. ¿Qué tanto bien nos hace conocer los deslices de una actriz frívola e intrascendente o qué añade a nuestro intelecto conocer las nuevas conquistas femeninas del cantante de moda? Pura frivolidad. Está bien que ante el ajetreo diario de nuestra vida tratemos de distraernos, de entretenernos, pero hay que procurar que esa distracción sea dentro de los cauces honestos; que sea un sano entretenimiento, puesto que el joven que idolatra a un actor o a un cantante, tiende a imitarlo, a seguir un patrón de vida si-

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Por tanto, es necesario conocer la ideología de aquellos que tratan de «orientamos», por los medios de comunicación, no sea que nos desorienten más. 4.Otra de las formas en que se exalta la curiosidad es el conocer más allá de nuestra propia capacidad. Si bien, en los medios de comunicación masiva las informaciones o los contenidos de los programas son accesibles a la mayoría de las personas y los programas cultos o doctos son mas bien pocos o en horarios difíciles de seguir. Definitivamente los medios masivos de comunicación no entran en esta categoría. Lejos de exigirnos mas de nuestras fuerzas mas bien son limitados. No se requiere de ningún gran esfuerzo mental para enterarnos de chismes o de aventuras sexuales de los artistas. Cuando la curiosidad se ordena solo al conocimiento sensible, esto es al conocimiento que nos llega por los sentidos, en primer lugar tenemos un vicio, ya que: a) El conocimiento no se ordena a algo útil o provechoso. Analicemos bien, ¿Cuántos programas de televisión o radio, por ejemplo, nos presentan temas útiles? Son realmente pocos en la televisión abierta. En la televisión por cable hay un poco más de opciones, pero es fácil suponer que la mayoría no los ve ya que la masa se prefiere o se inclina por los programillas fáciles, por los concursos, por el entretenimiento barato, por las telenovelas superficiales y

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«Estos medios técnicos que están al alcance de cualquiera, ejercen en el hombre un extraordinario poder, ya porque lo pueden iluminar, ennoblecer y enriquecer de belleza, ya porque lo pueden arrastrar a las tinieblas...» Pío XII, Papa.

banales. b) Se da también un mal uso de nuestro apetito de saber cuando nuestro conocimiento sensible se ordena a algo nocivo. Por ejemplo, mirar a una mujer para desearla. Desde temprana hora por la televisión abierta nos presentan mujeres sensuales, con escasa ropa. Más tarde, las escenas eróticas de casi todas las novelas y, luego, los programas de comedia donde también se presentan escenificaciones tendentes al erotismo, esto incluso en algunos de los programas de mayor raiting en la televisión abierta. Los al-

bures y las insinuaciones erótico-sexuales también han invadido la radio y no pocas publicaciones periódicas. La pornografía ha hecho legión. Lo ha invadido casi todo, desde el periódico serio, hasta las revistas científicas. La Internet también es una fuente abundante de pornografía y mensajes inmorales, y para ello ni siquiera se requiere de la autorización o petición por parte del usuario sino que basta con hacer clic en alguno de la enorme cantidad de mensajes del correo electrónico para que fluya una cascada de inmoralidad en la pantalla del ordenador, burlando todo tipo de censura. En el artículo 25-25 del catecismo de la Iglesia Católica podemos leer: «La pureza cristiana exige una purificación del clima social. Obliga a los medios de comunicación social a una información cuidadosa del respeto y de la discreción. La pureza de corazón libera del erotismo difuso y aparta de los espectáculos que favorecen el exhibicionismo y los sueños indecorosos». Fácil es de advertir que los “reality shows” se apartan totalmente del ideal Católico. c) Otro vicio al que nos induce la curiosidad es el deseo de conocer lo que hacen los demás con el fin de denigrarlos. Aquí entran los programas sensacionalistas y de chismes del mundo de la farándula que se erigen como jueces autorizados para juzgar a los demás. Aparte de inmiscuirse en sus vidas privadas. 34

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Dice el catecismo: “Por razón de su profesión en la prensa (aquí podemos generalizar a todos los medios) sus responsables tienen la obligación, en la difusión de la información, de servir a la verdad y de no ofender a la caridad. Han de esforzarse por respetar con una delicadeza igual, la naturaleza de los hechos y los límites y el juicio crítico respecto a las personas. Deben evitar ceder a la difamación». «En cambio –apunta Santo Tomas de Aquino– cuando nos preocupamos ordenadamente por conocer las cosas sensibles, sea para mantener la vida, sea para estudiar la verdad que ha de ser conocida, dicha estudiosidad es virtuosa aunque verse sobre objetos sensibles». Una de las definiciones que se le ha dado a la época que nos ha tocado vivir es la de «civilización de la imagen» que con mucha frecuencia nos separa de cosas útiles y hasta nos impulsa al pecado. ¿Qué tipo de espectáculos domina hoy día a los medios de comunicación? Los de sexo, violencia, vicio, mundanidad, frivolidad, hedonismo, materialismo y pornografía. Al respecto, del ir a cierto tipo de espectáculos ( hoy en día ya no hace falta ya que solos concurren a nuestras casas) dice Santo Tomás: “La asistencia a espectáculos se vuelve viciosa en cuanto que por ellos el hombre se hace propenso a la lujuria o a la crueldad, sintiéndose inclinado a imitar lo que allí se representa”. Es esta imitación a la que nos mueven los mensajes que

recibimos uno de los mayores problemas de la información que nos llega por los medios. Jorge Loring en su obra “Para salvarte”, nos dice: «El cine tiene una tremenda fuerza persuasiva. Anula la personalidad, Arrastra, emboba, hipnotiza. Nos identifica con el protagonista y nos proyecta su sicología». Así que no es cuestión de tener unas neuronas altamente desarrolladas para darnos cuenta de cómo los medios de comunicación masiva infieren en el cambio de costumbres de una sociedad. Estamos convencidos de que buena parte del cambio experimentado por la sociedad mexicana a una sociedad más libertina sexualmente se dio a través del cine, principalmente en la segunda mitad de los años seten-

ta por ejemplo. Pero, situaciones más sencillas de advertir se dan con frecuencia por la trasmisión de imágenes de los medios de comunicación. Los jóvenes, al tener menos elementos de juicio a la hora de discernir entre lo bueno y lo malo, son los más vulnerables a esta mala influencia y sus voluntades son movidas por lo que ven en la televisión o en el cine. Baste recordar los casos de los chicos adolescentes que han disparado contra sus compañeros de clases, a imitación de imágenes vistas en los medios, principalmente el cine. “Estos medios técnicos – dice Pío XII– que están al alcance de cualquiera, ejercen en el hombre un extraordinario poder, ya porque lo pueden ilumi35

Hace tiempo se transmitió por los noticieros de TV las imágenes de un tipo balaceando a otro en plena luz del día, en una calle de Estados Unidos. ¿Qué nos falta por ver en los medios? Lejos de satanizar los medios masivos de comunicación queremos ponderarlos como instrumentos maravillosos de formación de los espíritus. ¿Pues, cómo habrían de ser malos, si

Foto: M.G. Hernández

nar, ennoblecer y enriquecer de belleza, ya porque lo pueden arrastrar a las tinieblas, llevarlo a la depravación o dejarlo a merced de instintos desenfrenados, según que el espectáculo ofrezca a los sentidos cosas buenas o malas». Por su parte, dice el Cardenal de Guadalajara, México, Don Juan Sandoval Iñiguez, «con demasiada frecuencia los medios

de comunicación social incluyen grandes dosis de violencia en sus programas. Son, por desgracia, los mentores que desorientan y pervierten las costumbres. Allí se propone con toda naturalidad matar y matarse para solucionar los problemas que se presentan, basta citar el caso del coreano que se suicidó en Cancún y que fue transmitido decenas de veces por la televisión».

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combinan en su mayoría, imagen, sonido y texto? Herramientas formidables para hacer llegar el mensaje de forma sencilla y fácil de captar? Los medios de comunicación en sí mismos no son malos. El uso que se les da es el que puede interferir en la transmisión de la verdad, pues como dice Pío XII: “.. la primera finalidad del cine, de la radio y de la televisión ha de ser la de servir a

la verdad y al bien. Desgraciadamente se les utiliza, en la mayoría de los casos, para fines totalmente distintos». ¡Qué diferente sería nuestra sociedad si los medios sirvieran a la verdad para estrechar más fuertemente los lazos entre los pueblos, la mutua comprensión, la solidaridad en las desgracias, y la colaboración entre los poderes públicos y los ciudadanos!” y agrega: “Servir a la verdad significa no sólo apartarse del error, de la mentira y del engaño, sino, también evitar toda actitud tendenciosa y parcial que pudiera favorecer en el público conceptos erróneos sobre la vida y el comportamiento de los hombres”. Y hoy en día vemos con suma tristeza y desesperanza cómo los medios de comunicación modelan las actitudes y las costumbres de los espectadores, no encaminadas hacia la verdad, el bien y la belleza, sino a conductas depravadas, desnaturalizadas y vacías de todo lo trascendente. Los medios de comunicación pudieran ser, si se les da un uso adecuado, excelentes coformadores de las conciencias; maravillosas técnicas pedagógicas al servicio de la educación. El “aula sin muros» como los califica Mc Luhan. “Por ello –enseña el mismo pontífice Pío XII– deseamos vivamente, que los medios audiovisuales sean empleados, sobre todo, para completar la formación cultural y profesional y sobre todo la formación cristiana, base fundamental de todo auténtico progreso». 36

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LO QUE SE PUEDE HACER Ante el oleaje de mensajes desordenados que nos llegan por los medios de comunicación masiva, surge la pregunta, ¿Qué es lo que debemos hacer? Ya que parece que somos impotentes para detener la andanada de programas y publicaciones. Sin embargo hay una respuesta sencilla pero a la vez complicada de llevar a cabo. Así corno en la vida diaria, si el productor de algún bien de consumo ve que su mercancía no se vende, que no es adquirida por los consumidores, deja de producir tal bien, lo cambia por otro, o cambia de actividad. Así mismo, si no consumimos los productos televisivos mal intencionados el productor de TV, el empresario de la radio

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o el editor de publicaciones tendría que cambiar su producto. Así de sencillo, pero así de difícil. Fácil sería que no consumiéramos la basura que se nos da por los medios, pero arduo lograr poner de acuerdo a la sociedad en sí para que se boicoteara la programación inmoral en todos los sentidos. Sin embargo, aun el ser tarea ardua, no es imposible. Al menos nosotros como cristianos tenemos la obligación moral de no consumir tales productos. ¿Qué benéfico, por ejemplo, hubiera sido que ante la película «El padre Amaro», que ataca los dogmas del catolicismo, lejos de irla a ver por simple curiosidad, las salas de cine se hubieran quedado vacías? Los productores de tales películas se la pensarían dos veces de hacer otra película inmoral.

También las autoridades civiles tienen la obligación de velar por el recto uso de los medios de comunicación. En el Artículo 10, fracción I, de la Ley Federal de Radio y Televisión dice: “Compete a la Secretaría de Gobernación: Vigilar que las transmisiones de radio y televisión se mantengan dentro de los límites del respeto a la vida privada, a la dignidad personal y a la moral, no ataquen los derechos de terceros, ni provoquen la comisión de algún delito o perturben el orden y la paz pública”. Y bien ¿qué se está haciendo al respecto? El autor es licenciado en Comunicación máster en filosofía y periodista.

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El privilegio de la

PATERNIDAD Por Daniel Aceves Rodríguez

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Foto: E . Ávalo s

n el primer capítulo del Génesis, que es el primer libro de la Biblia, se halla constancia de que Dios creó al hombre y a la

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mujer para ser padres. Dice la Biblia: «Dios creó al hombre a su propia imagen: a la imagen de Dios lo creó; varón y hembra, y Dios los bendijo diciendo: creced y multiplicaos y po-

blad la tierra» (Génesis,1:2728). Siendo así cada padre es beneficiario de un don que excede con creces cualquier otro que pueda poseer un ser humano: el magnífico poder que Dios le ha dado para reproducir la vida humana, participar junto con el Ser Supremo en el excelso milagro de la procreación, el privilegio de tener hijos, es solo una pequeña parte del privilegio total de lo que representa la paternidad, ya que desde ese preciso momento los padres se convierten en el primero y más importante maestro de sus hijos, el medio por el cual aprenderán a como vivir sobre la tierra y convertir su vida en una preparación para la vida externa. S.S. Pío XI al referirse a los padres, señala que «Dios desea que nazcan los hombres no solo para que vivan y llenen la tierra, sino por encima de todo, para que puedan adorar a Dios, para que lo conozcan y amen, y finalmente, para gozarlo eternamente en el cie38

lo». Siendo así, el padre se convierte en la influencia más importante que su hijo podrá recibir en toda la vida, porque el padre representa las enseñanzas de Dios frente a su Hijo, porque el padre debe ser la imagen de la autoridad en el hogar, enseñando al niño que debe depender siempre de la misericordia y bondad del Padre Eterno. En su obra “Manual de la Familia Católica” el R.P. George A. Kelly en el capítulo ¿Cómo ser un buen padre? Explica que aparte del ejemplo saludable que debe brindar, un buen padre sigue cuatro reglas fundamentales en la conducta hacia sus hijos, siendo éstas las siguientes: DEMOSTRAR INTERÉS EN EL BIENESTAR DE SU HIJO

Esto se puede hacer dedicándoles tiempo cada día si es posible. Se deberá tratar con él sus experiencias, problemas, temores, éxitos o fracasos. Al hacerse de forma íntima, se le proporciona al hijo el sentimiento de que puede confiar en su progenitor, para entenderlo y ayudarlo en sus dificultades. En una familia numerosa es muy importante encontrar tiempo para tener momentos de atención con cada hijo. Cada niño debe saber que su padre se interesa en él de forma particular, que lo comprende y se preocupa por su bienestar. ACEPTAR AL HIJO COMO ES Y ESTIMULARLO A DESARROLLAR SUS APTITUDES.

Los hijos son un don de Dios y los padres deben aceptar siempre cada uno de ellos con

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espíritu de gratitud. De hecho el padre virtuoso aceptará un hijo deficiente con gran gratitud, porque Dios le ha ofrecido una oportunidad de proporcionarle más amor, afecto y orientación de los que puede necesitar el niño ordinario. Recordemos que un hijo, desde el momento mismo de ser concebido, ya es un ser humano con aptitudes y características que a veces los padres no alcanzan a apreciar. NUNCA REHUIR A LAS TAREAS NO AGRADABLES QUE LLEVA LA PATERNIDAD.

No es justo que los padres gocen de todos los placeres de la paternidad, y que dejen a las madres todos los deberes penosos. Un padre debe imponer disciplina tanto como la madre; si deja de hacerlo da a los niños la idea de que no apoya a la madre en sus esfuerzos por inculcarles buenas maneras y formas aceptables de conducta. De hecho, en los asuntos trascendentes podrá ser el padre el tribunal de última instancia, ya que su autoridad es más efectiva, por ser la cabeza del hogar. MANTENERSE

EN COMUNICA -

CIÓN CON LOS HIJOS.

Hay muchas cosas que los seres humanos prefieren mantener para sí, y probablemente está bien que así ocurra. Sin embargo, el niño debe saber que en tiempos difíciles o angustiosos tiene en su padre un consejero a quién acudir; alguien que simpatiza con él y que lo ama. El padre cumplirá con este deber si hace el esfuerzo de tratar a su

hijo brindándole confianza y una comprensión basada en el recuerdo de las dificultades, problemas, temores y aspiraciones de su propia adolescencia. El padre no debe poner a su hijo en ridículo ya que esto es opuesto a la comprensión y probablemente cierre más puertas entre padre e hijo que ninguna otra actitud. De lo dicho por el R.P. Kelly se pueden derivar muchos otros consejos y claro que podrán haber otros puntos importantes que ayuden a todo aquel que desea ser mejor con sus hijos, esos seres en que todos los que somos padres ciframos nuestra propia felicidad, una felicidad basada en un espíritu de abnegación y desprendimiento de nuestro propio egoísmo por amor a esos seres que llevan en su rostro y en sus actos la herencia de una vida que queremos que perdure en la descendencia física y espiritual que ellos puedan darnos, donde invariablemente se vera reflejado el sello de amor y ejemplo que pudimos imprimir. Vivamos ese gran privilegio que Dios nos ha dado como tales, y reflexionemos en la enorme responsabilidad que debemos cumplir, poniéndolo todos los días de nuestra vida.

El autor es químico fármaco biólogo, articulista y educador universitario.

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