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PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL PERÚ FACULTAD DE ARQUITECTURA Y URBANISMO

ARQ – 801 TALLER DE INVESTIGACION INFORME Arquitectura(s) paisajista(s) de E. Gastelumendi: 1963 Autor Eduardo Zambrano Nalvarte. 20051418

CATEDRA: Dr. Arq. Willey Ludeña Prof. Lic. Pablo Quintanilla Arq. Ernesto Arias ASISTENTES: Arq. Milovan Martínez Vuckovic, Arturo Gutiérrez Rojas, Sarah Yrivarren Valverde, Stefanie Romero Palomino, Marlit Martins Ildefonso, Mayra Vila Aranzaes, Lucía Weilg La Torre, Luigi Rivadeneyra Vicente SEMESTRE 2011-1

Solo en el trabajo nacen las ideas. - Henri Ciriani

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Arquitecturas paisajistas de E. Gastelumendi: 1963

Indice

1. INTRODUCCION 1.1. Paisaje y paisajismo en el Perú, una historia por escribir. 2. ESTADO DEL ESTUDIO 2.1. Estado de la investigación académica en el Perú 2.2. Investigación sobre paisajismo en el Perú

paisaje

y

2.3. Arquitecturas paisajistas 2.4. Publicaciones y trabajos posteriores 3. MARCO TEORICO 3.1. Arquitectura transdisciplinar

como

campo

3.2. Estudio interdisciplinar del paisaje 3.3. País y paisaje 4. EL AUTOR 4.1. Ernesto Gastelumendi, una biografía breve 4.2. Gastelumendi: el escritor y docente 4.3. Gastelumendi: el acuarelista 4.4. Gastelumendi: funcionario

el

proyectista

y

5. CONTEXTO HISTORICO SOCIAL:1963 5.1. Arquitectura y paisaje en el contexto global en los 60 5.2. El Perú en los años 60: política, arquitectura y sociedad 6. ARQUITECTURA PAISAJISTA DE 1963 6.1. Estructura del libro 6.2. Primer tópico: la teoría general del paisaje 6.3. Segundo tópico: el análisis del territorio peruano 6.4. Tercer tópico: historia del paisaje occidental 7. CONCLUSIONES 8. BIBLIOGRAFIA

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Introducción

Paisaje y paisajismo en el Perú, una historia por escribir. El presente trabajo tiene como propósito estudiar y analizar el libro y el contexto social y arquitectónico que llevó a Ernesto Gastelumendi publicar su obra titulada Arquitectura Paisajista en 1963, el primer libro de paisajismo escrito en el país desde el punto de vista de la arquitectura. Primeramente, se mostrará que, tanto en temas de paisajismo y paisaje, como en el estudio de estos, el Perú es un país de amplios contrastes. La geografía peruana, con su ubicación tropical, su mar de corrientes tanto antárticas como cálidas, su amazonía exuberante y principalmente cinturón montañoso longitudinal ha brindado a sus pobladores un vasto catálogo de situaciones topográficas. Esta multiplicidad de características físicas, sumadas a la diversidad cultural que habita este amplio territorio, produjeron una sorprendente cantidad de paisajes peruanos, tan numerosos y a la vez tan poco estudiados. Posteriormente se hará un breve repaso sobre la biografía del autor. Gastelumendi es, sin duda, un personaje multifacético, que ha sabido conjugar bien sus labores como arquitecto, pintor, columnista, urbanista, paisajista y planificador. Se comentará sus inicios como acuarelista, sus estudios de bellas artes en el extranjero y las implicancias que tuvieron estas experiencias en la realización del libro, además de relacionarlas con sus aportes a revistas y periódicos donde publicó antes y durante la realización del texto.

Figura 1: Esquema de plazuelas y patios del centro histórico de Lima, por Ernesto Gastelumendi. Fuente: Callirgos & Sanabria, 2010

Luego se analizará el texto en sí mismo, sus puntos de vista y forma de análisis de paisaje y las influencias que tuvo del contexto arquitectónico de la época, marcada por el fin del Movimiento Moderno y su llegada a América Latina, el primer gobierno de Fernando Belaúnde Terry y las corrientes europeas de la naturalización del paisaje. Finalmente, a raíz de lo estudiado se señalará a modo de conclusión el aporte y las influencias que supuso la publicación de Arquitectura Paisajista en el contexto peruano.

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ESTADO DEL ESTUDIO Estado de la investigación académica en el Perú. El Perú es uno de los países latinoamericanos que menos invierte en investigación. Cifras del año 2010 revela que el porcentaje del PBI destinado a investigación en el país es inferior al promedio de países de la región – el año 2007 fue del orden del 0.15%PBI (Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL], 2010)-, lo que agrava nuestra situación y nos ubica, según el Foro Económico Mundial, en la posición 109 de 133 países analizados internacionalmente en temas de competitividad, investigación e innovación. (Schwab, 2010). Penosamente, a pesar de la explosiva creación de nuevas universidades en el país, este panorama no ha cambiado de manera sustancial. Del 1996 al 2010, el número de universidades peruanas ha pasado de ser de 57 a 102: un aumento del 79%, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) en su reporte del 2011. En ese mismo intervalo de tiempo, la cantidad e alumnos en programas de pregrado aumento en 56% y en post-grado solo en 12%. Paradójicamente, a pesar de este crecimiento de población universitaria y de estudios de postgrado, la cantidad de docentes que participan en instituciones científicas y culturales ha disminuido en 30% y la suscripción de estos a publicaciones especializadas se redujo un 40%. La poca concurrencia y la falta de suscripción son causales en parte de la poca investigación que se produce en el país. La misión que diferencia a las universidades de otros centros de formación académica es específicamente la producción de conocimiento, objetivo que figura invariable tanto en sus documentos legales como en sus planes de estudio oficiales (Piscoya 2007, p. 48). Es así tan inherente a la labor de la investigación en las universidades que la misma Asamblea Nacional de Rectores, dentro de los criterios que utiliza para la elaboración de rankings entre universidades, concede al criterio Investigación el mayor peso para el puntaje final –un cuarto del total-. Ya en el ámbito más próximo de la Arquitectura, el panorama no se muestra más alentador. Si bien es poca la investigación que se produce en el país,

es mucho menor aún la que tiene a la Arquitectura como tema de estudio. Cifras del Censo Universitario del 2010 revelan que del total de investigaciones finalizadas entre el 2008 y el 2010 en el país, solo entre 2 y el 3% pertenecen al campo del Arte y Arquitectura (INEI, 2011). De la misma manera como existen nuevas universidades, en los últimos años hemos visto la multiplicación de facultades de Arquitectura en el país. De 102 universidades, son 41 las que ofrecen la carrera de Arquitectura en pregrado, y de estos últimos solo una ofrece formación de postgrado. Este hecho podría explicar en parte la baja cantidad de profesionales trabajando en áreas de investigación en Arquitectura y más aún la poca cantidad de docentes investigadores disponibles. Actualmente hay más de 13 mil jóvenes inscritos como estudiantes de Arquitectura, número similar a los 13 mil arquitectos colegiados hoy en día (Colegio de Arquitectos del Perú, 2011). Por otro lado, en el caso peruano existe una visión incompleta – y generalizada- de la labor arquitectónica. Sobre este punto, Willey Ludeña (2007) señala que “el ser arquitecto en el Perú significa exclusivamente crear y producir proyectos, y donde el investigar o pensar sobre la arquitectura no es competencia de los arquitectos como profesión y mucho menos, una actividad de los arquitectos”.

Investigación sobre paisaje y paisajismo en el Perú Poco se sabe y poco menos aún se ha escrito e investigado sobre paisaje en el Perú. Paradójicamente siendo un país con una vasta cantidad de pisos ecológicos y climas1 – y en un primer momento se podría pensar que también de paisajes-, la producción bibliográfica sobre este tema desde el punto de vista de la arquitectura ha sido muy reducida. Esta escasez de publicaciones es producto directo de tres factores: la inexistencia de una historia escrita referida a temas de paisaje y paisajismo (Ludeña, 2008), la reducida cantidad de investigadores y postgrados en arquitectura del paisaje y la poca o nula presencia de cursos de paisaje dentro de los planes de estudios de pregrado en las facultades en el país.

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En el Perú, los primeros registros de escritos sobre paisaje2 se remontan a artículos periodísticos y columnas de opinión escritas en la revista Ciudad y Campo en 1926 y 1927, donde tratan de una manera descriptiva –donde curiosamente no se emplea en ningún momento el término ‘área verde’ (como veremos más adelante)- la aparición de nuevos parques en la ciudad de Lima. Durante el segundo gobierno del presidente Augusto B. Leguía, se crearon en Lima nuevas parques urbanos siguiendo lineamientos de la corriente higienista de la época –el discurso del “parque urbano” insistía en la higiene pública y a la difusión de la cultura positiva- conjunto a los paseos y alamedas que ya contaban la ciudad. De esta manera, el Paseo de Aguas del virrey Manuel de Amat y el Parque de la Exposición del presidente José Balta fueron complementados con el Parque de la Reserva, la plaza San Martín o el Parque de Neptuno, actualmente Parque de los Museos. Sobre este tema en particular, Juan Luís Orrego (2009) señala: Así, esta concepción de la naturaleza urbanizada o de c iudad naturalizada fue adquiriendo una gran fuerza con la introducción, casi al mismo tiempo, de parques urbanos en la mayor parte de las grandes ciudades de Europa y América del Norte. Todas las ciudades que se preciaban de tales desarrollaron algún proyecto público o privado en el que la naturaleza urbana apareció como parte integrante del nuevo espacio urbano. Además, hubo todo un discurso que insistió en el prestigio de la naturaleza, a la que se le atribuyeron valores pedagógicos, terapéuticos y estéticos, entre otros.

Arquitecturas paisajistas En 1963, la Facultad de Arquitectura de la Escuela Nacional de Ingenieros –hoy Universidad Nacional de Ingeniería- publica un libro titulado Arquitectura paisajista de Ernesto Gastelumendi, el primero de su género en el Perú. Esta obra fue republicada el año 1997 por auspicio del Vivero Italiano. Esta segunda edición sufrió una reorganización de los temas escritos en 1963 y supuso una actualización de las referencias gráficas y de los proyectos de paisaje del autor. Un hecho a tomar en cuenta en esta nueva edición fue la disminución de los capítulos del libro que trata temas de teoría en desmedro de los que muestran el catálogo de especies vegetales a usar en Lima.

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Publicaciones de paisaje posteriores Entre las décadas de los 70 y 80 no se registró en el país ningún libro que abarque el tema del paisaje desde la arquitectura. Ya a inicios de la siguiente década, Rafael Cubas publica en 1992 el segundo libro de paisaje llamado también Arquitectura paisajista. Sin embargo, a diferencia del libro homónimo anterior, este solo se centra en un listado de especies vegetales y consejos para su manejo. Sebastián Solari en el 2009 con su obra Árboles de Lima y Rosa Brescia de Ford, miembro del grupo Floralíes, en el 2010 con Paisajes verdes con poco agua no hacen sino confirmar esta tendencia: la reducción de las publicaciones sobre el paisaje al hecho vegetal, a la guía de plantación, el enfoque hacia la jardinería Si bien las publicaciones de libros sobre paisaje siguen esa tendencia, en el campo de las revistas se muestran nuevas orientaciones. Willey Ludeña escribe en la revista ARQ un artículo sobre el desierto costeño, Lima, sus relaciones a lo largo del tiempo como una categoría sagrada, su implantación hispánica, su subsiguiente posesión e invasión y finalmente sobre el fenómeno de la privatización que esta sufriendo al sur de la capital (Ludeña. 2007). Posteriormente, el mismo Ludeña hace un repaso por los vasta geografía peruana y la multitud de paisajes que esta accidentada topografía en su escrito “Paisajes y paisajismo peruano” (Ludeña, 2008), donde recalca la necesidad –y la ausencia- de un discurso propio del paisaje latinoamericano y principalmente peruano. Por otro lado, José Canziani en el 2007 publica digitalmente su investigación sobre Paisajes Culturales en los Andes, donde entiende por “paisajes culturales” a las obras que combinan el trabajo del hombre y la naturaleza, es decir un paisaje donde se manifiesta de forma singular la interacción entre la sociedad y su ambiente natural (UNESCO en Canziani, 2007). Hace un pormenorizado recorrido por los andes peruanos y analiza también situaciones geográficas como camellones, intervalles y wachakes, propios de la costa del país Finalmente, a finales del 2010, el grupo LOT (colectivo interdisciplinar fundado en 1998 que experimenta en territorios de arte, teatro, arquitectura y artes visuales) edita el primer numero de Paisajes Urbanos, publicación que se compone de diversos artículos que tratan el tema del paisaje desde la perspectiva de las artes, la sociología, la antropología y la

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arquitectura. Incluye además un Manifiesto, donde toca temas de gestión, visión y proyección del paisaje urbano.

MARCO TEORICO Arquitectura como campo transdisciplinar La arquitectura, necesita tanto para su concepción como para su desarrollo y ejecución, la participación de distintas disciplinas anexas que ayuden y soporten a su desarrollo. Es por esta necesidad que la Arquitectura, desde sus origen, implica un campo transdisciplinar para su labor, entendiendo transdisciplinar como “el estudio entre las intersecciones de las disciplinas” (Quintanilla, 2011). En efecto, la arquitectura necesita, principal pero no exclusivamente, conocimientos físicos –básicamente relacionados a la estática- y resistencia de materiales para su ejecución, conocimientos antropológicos y antropométricos para su proyección y también conocimientos sociológicos, geográficos y demográficos para su implantación y así una cantidad importante y variada de ramas. Luigi Snozzi (2008), arquitecto perteneciente a la generación del Ticino dijo que “un arquitecto es aquel que sabe poco de muchas cosas, un ingeniero es aquel que sabe mucho, pero de una sola cosa”. Esta cita del arquitecto suizo denota, dentro de la comparación, la cualidad – o mejor dicho, la necesidad- del arquitecto de tener un conocimiento variado para el ejercicio de su profesión. Al igual que en otras ramas de la técnica, como la ingeniería, la amplitud de los campos de acción y de saber de la Arquitectura devino con el pasar de los años en una especialización y fragmentación de la carrera: la Arquitectura cedió parte de su campo de acción al Urbanismo, a la Planificación y al Diseño Industrial. Y dentro de la misma, actualmente unitaria, disciplina de arquitectura, hay profesionales especializados en restauración, y paisaje3 –por citar dos ejemplos- sin ser necesaria una separación de estas disciplinas por especialización.

El estudio interdisciplinar del paisaje Son muchas y variadas las disciplinas las que abarcan el estudio del paisaje, siendo la arquitectura tan solo una de ellas. Las actuales mallas curriculares para la formación de profesionales de paisaje incluyen materias relacionadas tanto a las ciencias naturales (Geografía, Biología), a las ciencias sociales (Ecología, Sociología) y a las ingenierías (Agronomía, Ingeniería Forestal) como a la Arquitectura. Estas exigencias son actualmente necesarias y solo ellas, insuficientes. Es por ello, y por definición propia, que el estudio del paisaje demanda una aproximación interdisciplinar para su comprensión: distintas disciplinas tratan a este mismo sujeto, el paisaje, cada una desde su punto de vista (Quintanilla, 2011). Estas visiones particulares hicieron que el estudio del paisaje sufra un desmembramiento actual que sin embargo está en proceso de reconciliación. Estudios de Geografía del paisaje, de Ecología y Arquitectura del paisaje –por citar algunos- están cada vez más próximos e interrelacionados. Prueba de esto último es la presencia de geógrafos o ingenieros forestales en postgrados de Arquitectura del Paisaje o arquitectos en los de Geografía del paisaje, por ejemplo4. Iñaki Ábalos señala, con respecto a esta interdisciplinariedad, que “la arquitectura del paisaje debería entenderse, no ya como una disciplina independiente, sino como la culminación de un proceso de formación en el ámbito de la arquitectura” (Ábalos, 2006, p.48). Como se mencionó anteriormente, la arquitectura es principalmente una disciplina propositiva. Bajo esta característica, la arquitectura del paisaje es la llamada a ser una disciplina aplicativa, una disciplina de culminación, que gracias a las lecturas del paisaje brindadas por las distintas disciplinas, interviene el territorio y, como veremos más adelante, brinda al país su condición de paisaje.

País y paisaje Sin embargo, ¿cuál es la noción contemporánea que se tiene por paisaje? ¿Tiene que ver necesariamente con lo natural, con la naturaleza? Para tratar de responder esta pregunta, se remitirá a la etimología del término, a sus ascendientes franco-latinos y a su concepción contemporánea.

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Paisaje, según la definición de la Real Academia de la Lengua describe en sus tres acepciones a la “parte de un territorio que puede ser observada desde un determinado lugar, a un espacio natural admirable por su aspecto artístico o a la pintura o dibujo que representa ese espacio natural” (RAE, 2011). La idea de paisaje desde sus inicios, se ha relacionado siempre con la vista, el paisaje es una aproximación sensorial al territorio, debido que el ser humano en si es un animal visual. (Quintanilla, 2010), el carácter únicamente visual del paisaje (iniciado desde el s.XV) está siendo contemporáneamente complementado con percepciones provenientes de otros sentidos. Sobre este punto cabe señalar los trabajos de Natalie Poiret y sus paisajes olfativos y principalmente a Muray-Schafer y sus soundscapes o paisajes sonoros5. Etimológicamente paisaje viene de país, y ambos términos españoles provienen respectivamente del francés paysage y pays –cuya primera mención oficial figura en el diccionario latín/francés de Robert-Estiene, escrito en 1493 (Roger, 1997, p. 24)-. Curiosamente en este idioma, el término pays tiene más connotaciones que su similar ‘país’ español, pues no solo alude a lo que se puede considerar como patria. El ‘pays’, en términos de paisaje, se refiere a una región, a una porción de territorio al cual el emisor da un sentido de pertenencia, se habla de mon pays (mi país) en clara referencia a lo propio. Si desde un inicio el término ‘pays’ supone una apropiación, el término paysage no hace sino reforzar esta condición. Alain Roger usa un juego de palabras nada gratuito sobre este tema. El sufijo ‘age’, a diferencia del ‘aje’ español, aporta además una mayor significación al concepto: ‘âge’ quiere decir ‘edad’, y dentro de su texto, Roger señala al paysage, al paysâge y al paysâgé –paisaje, años de país y país con años- en cuya traducción se pierden estas importantes referencias (Roger, 2007, p. 121) pero sin embargo, la inclusión de ‘años’ no hace sino agregar un factor muy importante a la definición: el concepto de temporalidad a la noción de paisaje. Paisaje es entonces una porción de territorio, un país, al cual el espectador le da una significación especial, una valoración que va más allá de su sola condición material, ligado a los patrones culturales propios del espectador mismo. Ludeña (2004, p.59), señala que “los entornos físicos se trasforman realmente en ‘paisajes’ desde

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el momento en que son leídos y percibidos social y culturalmente como tales”. Por su parte, Roger (1997, p.140) argumenta que “el paisaje es siempre una invención histórica, social y estética” (y en la tradición occidental, también artística y pictórica). En efecto, la idea del paisaje en occidente tiene un nacimiento tardío en la pintura, donde al aparecer la ventana en la composición de los cuadros del s. XVI, obligo al pintor a retratar como plano de fondo al paisaje circundante de su obra. Fue la ventana en la pintura la que hizo concientes la presencia, en ese momento ligada a lo bello, del paisaje. Trabajos posteriores de André Le N ótre en Francia y Frederic Law Olmstead en Estados Unidos ahondaron no solo en la representación del paisaje sino también en su proyección y proposición. Fueron estos trabajos, principalmente el segundo, los cuales Gastelumendi tomó posteriormente como base para su futuro libro y obra. NOTAS 1. El Centro de monitoreo de conservación ambiental, un organismo del programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente identifico a una lista de 17 países que albergan el mayor índice de biodiversidad de la Tierra. Estos son: Madagascar, El Congo, Sudáfrica, Brasil, Colombia, Ecuador, Estados Unidos, México, Perú, Venezuela, China, Filipinas, India, Indonesia, Malasia, Australia y Papúa Nueva Guinea 2. Cabe señalar la publicación de Paisajes Peruanos, de José de la Riva Agüero o Notas sobre el paisaje de la sierra, de Mariano Iberico, ambos mayoritariamente tratando al paisaje de una manera descriptiva. 3. En la tradición anglosajona y francesa existen ya actualmente carreras de landscape architect y paysagiere, respectivamente, los cuales si bien están dentro o son anexas a escuelas de Arquitectura, poseen una autonomía en su formación. En la tradición ítalo-ibérica, aún se considera la Arquitectura del paisaje como una especialización de la misma Arquitectura. 4. En Sudamérica se pueden encontrar estudios de postgrado en países como Argentina, Colombia, Venezuela Chile y Brasil. En el Perú, pese a tener ya casi 100 años de historia en estudios superiores de Arquitectura (y un gran potencial paisajístico como vimos anteriormente), no existe por el momento estudios de postgrado en Arquitectura del Paisaje. Cabe mencionar una propuesta en la Universidad Peruana de Tacna para crear un Master en Arquitectura del paisaje para el año 2010, pero aún sin concretarse. (UPT, 2010). 5. El compositor canadiense R. Murray Schafer usó los términos paisaje sonoro (“soundscape”) y ecología acústica

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para describir críticamente nuestro medio ambiente como un campo humano-ecológico ubicado entre “el sonido y el ruido”. A partir de allí desarrolló la idea de una disciplina futurista, con claras influencias de la Bauhaus, el diseño acústico. Su idea era juntar compositores contemporáneos con arquitectos, diseñadores de productos e ingenieros a fin de desarrollar sonidos para los innumerables objetos de nuestra vida cotidiana. (Werner, 2009).

EL AUTOR Ernesto Gastelumendi, una biografía breve Ernesto Gastelumendi Velarde nace en Lima el 21 de julio de 1915, hijo de Ambrosio Gastelumendi y Clemencia Velarde. Finalizados sus estudios en el colegio jesuita La Inmaculada en 1930, cursa estudios de Pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes, en Lima hasta 1936 y posteriormente sigue especializaciones en la Escuela de Bellas Artes de París y de Burdeos entre 1938 y 1940. Gracias a estos estudios realizó desde 1942 exposiciones de acuarelas, tanto individuales como colectivas. (Callirgos & Sarabia, 2010) En 1941 inicia sus estudios de Arquitectura en la Escuela Nacional de Ingenieros (hoy Universidad Nacional de Ingeniería, UNI), donde obtiene el título de Arquitecto en 1944. Ya graduado, comienza a trabajar como funcionario en el municipio de San Isidro entre 1948 y 1958, como docente de Arquitectura en su misma universidad entre 1945 y 1970 y como proyectista independiente. Posteriormente vuelve a las aulas y obtiene en 1961 el título de Urbanista en la UNI. En 1962 hizo estudios de master en Planificación Urbana y Regional en la Universidad de Yale, gracias a una beca del gobierno peruano, obtenida por gestiones del entoces decano Fernando Belaúnde Terry. Este grado le permitió ser nombrado a su regreso como director del Instituto de Planeamiento de 1966 a 1970. Concluido este cargo, Gastelumendi se dedicó al ejercicio profesional en proyectos de arquitectura, planeamiento y paisaje y a la docencia en la Universidad Particular Ricardo Palma, donde llegó a ser director de programa en 1985 y posteriormente decano en 19886.

En el año 1996 recibe la distinción de Profesor Emérito por la Universidad Nacional de Ingeniería y en 1999 por la Universidad Particular Ricardo Palma. En el año 2006, preside la primera junta directiva del Fondo Cultural Documental de la Arquitectura y el Urbanismo - Regional Lima (FONCULDAU), asociación encargada de identificar, recolectar, restaurar, procesar y administrar el patrimonio documental de Arquitectura y Urbanismo en el Perú, pertenecientes al Colegio de Arquitectos del Peru (CAP) y a colecciones privadas donadas (entre ellas, una del mismo Gatelumendi). En el año 2007, la Universidad Nacional de Ingeniería le ofreció un homenaje, junto a Santiago Agurto y a Adolfo Córdova, en reconocimiento a su trayectoria profesional. Finalmente, en el año 2010, la sede regional Lima del CAP y el FONCULDAU editaron un recopilatorio de sus artículos mas importantes publicados en el Perú.

Gastelumendi, el escritor y docente. Ernesto Gastelumendi fue un prolífico escritor de artículos para revistas y periódicos. Sus primeros escritos datan de 1940, publicados en la revista de octubre del mismo año de El Arquitecto Peruano donde describe el nuevo Museo de Arte Moderno de París y posteriormente en el número de noviembre de 1941 donde escribe sobre la arquitectura colonial La Habana y sobre la Iglesia de Juipón, en Ancash. Fue un activo participante del VI Congreso Panamericano de Arquitectos, celebrado en Lima en 1947. Gastelumendi inicia su labor como docente en 1945 y para este propósito empieza a redactar sumillas para su curso de Arquitectura Paisajista en la UNI, basándose principalmente en su experiencia en Yale, que si bien no fue precisamente en Landscape Architecture7, tenía relación con su programa de postgrado en planificación. Toma también como base textos de procedencia principalmente americana como Town Design de Frederik Giberd o Landscape Architecture, de John Ormsbee Simonds (Gastelumendi, 1963). Posteriormente publica partes de estas sumillas en la revista El Arquitecto Peruano –en los números de julio 1958, abril 1959, enero 1961- y en el número de la revista Amaru, de la misma facultad. Finalmente, a pedido del decano Santiago Agurto, se

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edita el libro que contiene estas sumillas del curso y artículos del autor en revistas de arquitectura de la época. Este texto se publica por la misma facultad, en 1963, donde se incluye además toda la serie de sus artículos ‘Plantas Ornamentales’, publicada en El Arquitecto Peruano desde abril de 1959 hasta setiembre de 1962. Ya finalizada su labor como docente, sigue apoyando a la revista El Arquitecto Peruano con artículos de su labor profesional y también como en la revista institucional CAP de setiembre 1973 y en el periódico La Crónica a inicios de los años 80. Colabora con la columna “Ya no existe” de la revista Plaza Mayor hasta 1994, donde expone, a manera de obituario, una reseña de una construcción de valor arquitectónico que ha sido destruida recientemente en pro de lo que él llama, una malentendida modernidad.

Gastelumendi, el acuarelista. Gastelumendi estudió pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes en Lima durante los años 1929 y 1935, años antes de su formación como arquitecto, durante su proceso de formación como pintor en Francia, optó a la acuarela como técnica principal de pintura. Sobre esta faceta del pintor-arquitecto, Callirgos & Sarabia (2010) escriben: En sus momentos iniciales, sus trabajos los desarrollaba en al corriente indigenista y el paisaje peruano, se interesa por los ambientes y edificios urbanos. Numerosos trabajos dan cuentadesucalidadenesatécnica[laacuarela],porlaseguridadpara traducir sus impresiones a través de trazo y el color según como le impresione los personajes, pasajes y arquitectura. (p. 183)

Gastelumendi escribe el artículo ‘La pintura moderna’ en El Arquitecto Peruano de mayo de 1945, ‘La técnica de la acuarela’ en la edición diciembre de 1947 y la serie de acuarelas ‘Lima colonial a través del pincel’ en el número de noviembre de 1946.

Gastelumendi, el proyectista y funcionario. En su etapa de funcionario en el municipio de San Isidro fue responsable de trabajos de planificación en esa comuna, como el reordamiento de la ave-

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nida Arequipa, (publicado en El Arquitecto Peruano de enero de 1947) o el Parque El Olivar (publicado también en El Arquitecto Peruano de mayo de 1947). Como jefe del Instituto de Planeamiento y de la Dirección de Desarrollo Urbano tuvo a su cargo proyectos urbanos en las ciudades de Cajamarca, Ayacucho, Arequipa, Iquitos y el Callao. Hizo también proyectos de arquitectura como el cine Orrantia en 1950, el Parque de las Leyendas en 1963 y encargos privados. Paralelamente realizó continuos viajes al interior del país para elaborar proyectos personales de planeamiento –Cuzco, Chimbote, Quinua-, instalación de nuevas áreas urbanas -especialmente asentamientos mineros-, y proyectos de tratamiento paisajístico –Juipón, malecón de Miraflores, entorno del Palacio de Justicia- hasta 1998. Actualmente, a sus 95 años, tiene el cargo de Presidente del Fondo Cultural Documental de la Arquitectura y Urbanismo – CAP, regional Lima (FONCULDAU-LIMA).

NOTAS 6. Primer centro en planeamiento urbano y regional, planificación regional y nacional, y de formulación y evaluación de proyectos de inversión pública. Su liderazgo y cobertura fue a nivel de América Latina. Contó con la cooperación del BID, OEA, y el aporte del Estado Peruano. 7. El recorrido profesional de Gastelumendi está detallado en su totalidad en el texto de Callirgos & Sanabria. 8. Si bien la Facultad de Arquitectura de Yale no contó en la época de Gastelumendi con un posgrado en Arquitectura del paisaje -Landscape Architecure en el sistema anglosajón-, la Sociedad de Arquitectos Paisajistas (IFLA por sus siglas en inglés) proporciona desde 1949 información sobre esta nueva profesión, denominada así desde 1899 por su creador, Frederick Law Olmsted (Ábalos, 2006)

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Figura 2: Pueblo Andino. Acuarela de Ernesto Gastelumendi. Fuente: Callirgos & Sanabria, 2010

Figura 3: Pueblo Andino. Acuarela de Ernesto Gastelumendi. Fuente: El Arquitecto Peruano . N掳 112

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CONTEXTO HISTORICO SOCIAL: 1963 Arquitectura y paisaje en el contexto global en los 60 Los años 60 se iniciaron con la disolución de los Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna (CIAM), evento internacional que reunía a varios de los arquitectos más importantes de la época para discutir en conferencias y reuniones temas relacionados a la arquitectura y la sociedad de ese entonces. El último CIAM se realizó en Holanda y su disolución no hizo sino prevenir el ocaso del movimiento moderno de ese entonces (que devino en las especulaciones de un joven equipo Team X y Archigram). En 1960, Le Corbusier acababa de construir el convento de Sainte Marie de La Tourette en Lyon, Francia y proyectaba el Hospital de Venecia, nunca construido. El arquitecto suizo había publicado tiempo atrás en su libro Vers une architecture, un documento donde sistematiza sus ideas arquitectónicas (y como veremos, también paisajísticas) titulado ‘los cinco puntos de la nueva arquitectura’. Este ensayo fue una innovación conceptual para la época, derivadas del uso del uso reciente del hormigón armado. Con relación a los cinco puntos, Iñaki Ábalos (2006, p. 130) señala que por lo menos tres de estos cinco puntos tienen relación directa con el sentido paisajístico de la obra corbusiana: La fenetre en longueur, la ventana apaisada, panorámica como sus dioramas (de Le Corbusier) y sus propios bocetos de paisajes, heredera de los formatos tradicionales de la pintura de paisajes y de batallas y en sí misma un intento de hacer pictórica la relación exterior interior. Los pilotis que levantan la casa sobre el paisaje, a la vez una estructura característica del hormigón armado y creación jardineril, las palissade á la italienne estudiadas cuidadosamente por Le Corbusier y omnipresentes en los jardines históricos de París y en el Palais Royal, que liberan el plano del suelo para permitir la continuidad del parque y del movimiento humano. La terraza jardín, culminación del ideario pintoresquista de Le Corbusier, un jardín artificial, elevado, que corona la villa y protege su estructura de los saltos térmicos, una verdadera simbiosis naturaleza-artificio que supondrá la gran aportación pintoresca de la modernidad, a la vez invención de un nuevo lugar y una nueva técnica.

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La tradición occidental paisajista europea llegó a América a dos puertos principalmente (y con dos figuras importantes para la historia del paisaje contemporáneo): Nueva York con Frederic Law Olmstead y Rio de Janeiro, con Burle Marx.

El Perú en los años 60: política, arquitectura y sociedad La década de los años 60 comenzaba abruptamente en el país con el golpe de estado por el general Ricardo Pérez-Godoy al gobierno de Manual Prado para evitar que el aprismo entrara al poder. El general llamó a elecciones generales el año 1963 donde salió electo presidente el en ese entonces diputado por Lima y decano de Arquitectura de la UNI, el arquitecto Fernando Belaúnde Ferry. Belaúnde fue un ferviente impulsor de la arquitectura en el país, no solo desde su puesto de diputado y posteriormente presidente, sino también como decano FAU, director de la única revista de arquitectura de la época. Desde cada una de sus facetas abogaba por el papel de la arquitectura en el desarrollo de una futura moderna sociedad peruana. Belaúnde promovió y gestionó becas a través de la Organización de los Estados Americanos para varios arquitectos profesores de la facultad para enviarlos al extranjero a realizar estudios de posgrado y de esa manera, al volver, aumentar el nivel de la misma facultad, entre ellos al mismo Ernesto Gastelumendi. En la década de los 60 el país vivía en un auge de la construcción y una nutrida producción arquitectónica. Posteriormente a las unidades vecinales iniciadas en la década pasada (como Barboncito, Risso, Miraflores Unidad Vecinal No 3 entre otras) el gobierno de Belaúnde continuo con obras civiles de vivienda, además de nuevos equipamientos locales y nacionales, como el aeropuerto internacional Jorge Chávez, la carretera marginal de la selva o la residencial San Felipe (donde se aplican algunos de los ‘puntos de la arquitectura’ descritos anteriormente), una época donde el problema de la vivienda –producto de las olas migratorias de la época- tenía una sólida respuesta desde la arquitectura y que concluyó en 1969 con uno de los proyecto más representativos de esta preocupación a escala internacional: el Proyecto Experimental de Vivienda Urbana (PREVI).

Arquitecturas paisajistas de E. Gastelumendi: 1963

Con relación al estudio y tratamiento del paisaje peruano en esa época cabe mencionar también en 1956 y 1960 la creación de los primeros parques nacionales peruanos: Mesopata en Pasco y Iparia en Huanuco (Gastelumendi, XI.4), muy posteriores a sus pares latinoamericanos como México en 1917, Argentina en 1934 o Brasil en 1937. Por otro lado, como continuación de la célebre publicación del geógrafo peruano Javier Pulgar Vidal, Geografía del Perú en 1940 –donde se propone una nueva división geográfica del país en ocho regiones, desplazando a la división tradicional de costa, sierra y selva-, el ecólogo Joseph Tosi propone para el Perú la presencia de 30 zonas de vida natural, tomando como base la clasificación de los sistemas Holdridge (Holdridge life zones system), usados hasta la actualidad (Urrutia, 2011). Tanto la creación de los parques nacionales, como la clasificación propuesta por Tosi permitieron a Gastelumendi tener una base con la cual estructurar su nuevo curso optativo de paisaje dictada en la UNI.

ARQUITECTURA PAISAJISTA DE 1963 Estructura del libro Como se mencionó anteriormente, el libro es producto de una compilación del material de clase de curso del mismo nombre dictado por Ernesto Gastelumendi en la UNI. El texto se compone del prólogo del de ese entonces decano, el arquitecto Santiago Agurto, una introducción donde se describe el contenido general del texto y la necesidad de estos conocimientos para la formación de los nuevos arquitectos, luego quince capítulos –cada uno con una numeración independiente no correlativa-, y finalmente una bibliografía de referencia. Los capítulos en los que se subdivide el texto son los siguientes: I. Conceptos Fundamentales II. Principios de Composición III. Formación de espacios IV. Espacios urbanos en ciudades europeas V. Espacios urbanos en ciudades peruanas VI. Carácter plástico de Lima tradicional

VII. Transformación urbana VIII. Elementos de la vía publica IX. El paisaje peruano X. La obra del hombre XI. Parques Nacionales XII. Integración ciudad-campo XIII. Los parques y jardines en la historia XIV. Principios de botánica Para un ordenado análisis del libro, se agrupará los capítulos en cuatro tópicos generales: Teoría del paisaje, correspondiente a los capítulos I, II y III. Análisis del paisaje, que abarcan los capítulos V, VI, VII, VIII IX, X y XI. Historia del paisaje occidental, donde se incluye el capítulo IV, XIII y parte del capítulo V. Finalmente un acápite de Botánica que corresponde al capítulo XIV.

Primer tópico: la teoría del paisaje Ernesto Gastelumendi propone una manera de aproximarse al diseño del paisaje sin llegar a plantear en sí una metodología. En los primeros capítulos de libro -en donde se incluyen artículos del autor de El Arquitecto Peruano de enero de 1961-, se señalan los principios de composición y formación espacial, además de dar, desde un inicio, una definición de paisaje y arquitectura paisajista. El autor sostiene que “lo que apreciamos en ambientes o espacios más o menos amplio, más o menos bellos constituye el paisaje” (p. I-2). (¿es entonces técnicamente imposible entonces por contradicción la existencia de ‘paisajes feos’?). Escritos posteriores indican que la cualidad de bello está presente no solo en la definición de Gastelumendi sino en otros textos de la época. En la tradición occidental, el término ‘bello’ aparece en 19 de 33 definiciones de paisaje seguidos de los términos ‘rico’, ‘agradable’ y ‘natural’ (Roger, 1997, p.141). Gastelumendi, a partir de sus aproximaciones como pintor acuarelista confiere al paisaje este valor. ¿Por qué tan directa esta relación bello-paisaje en la época de Gastelumendi? En los años sesenta, la capital experimentaba problemas de caos y contaminación propios de una ciudad en proceso de mo-

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dernización. Ya por el año de 1964, Julio Ramón Ribeyro nombraba a Lima como ‘la horrible’, producto de sus problemas de tugurización y salubridad a causa de las migraciones internas y la falta de continuidad en los trabajos comenzados en la época de Odría años atrás. Por ello, la introducción de la naturaleza en la ciudad a manera de parques daban, literalmente, un respiro a la ciudad agobiada en medio de esos problemas. Gastelumendi señaló a estos, los parques, como el campo de acción principal del arquitecto paisajista dentro del ambiente urbano, un lugar de reunión y a la vez de contemplación, donde el diseño esta íntimamente ligado al descanso y a la apreciación de la belleza. Como se mencionó anteriormente, Lima continuaba aún con la corriente higienista iniciada en los años 30. Una introducción de la naturaleza dentro de las ciudades, producto de las reformas borbónicas iniciadas años atrás (Ludeña, 2008) y de esfuerzos similares en países de América del Norte, Europa y América del Sur: Olmestead completa el Central Park en 1856, Barillet-Deschampes finaliza el parque urbano de Bois de Vincennes en 1929 y Burle Marx, concluía el Parque do Flamingo en 1961. Por otro lado, el autor describe a los ‘espacios libres’ como el campo de acción del arquitecto paisajista y los clasifica en tres tipos: los jardines decorativos, los centros de reunión (parques, plazas, centros de comercio) y las vías de circulación. En esa época, mientras que el arquitecto trabajaba sobre el lleno, sobre el objeto, el paisajista lo hacía sobre el vacío. Esta dicotomía es producto de una formación del arquitecto bajo los métodos modernos (Ábalos, 2006, p.144). Niemeyer diseñaba el Palacio de Itamaraty y Burle Marxs proponía los jardines, dicotomía que Gastelumendi trató de evitar. Gastelumendi abogaba sobre la necesidad del arquitecto paisajista en estos campos de acción descritos anteriormente. Señalaba que el deterioro del espacio público que estaba ocurriendo en la ciudad se debía, en parte, a la poca presencia de profesionales en la realización de parques y jardines, comprensibles en una época donde el paisajismo –y más aún en la arquitectura- era todavía una disciplina joven. En todas las escalas, relata Gastelumendi, era inexistente pero absolutamente necesaria una fluida coordinación entre los distintos especialistas -, ingenieros

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civiles, arquitectos, industriales, artistas, escultores, técnicos horticultores y (p. I-6)- y el arquitecto paisajista. Una cualidad interdisciplinar en un contexto donde era común la realización de todo el proyecto por una sola especialidad. Posteriormente, Gastelumendi señala su manera de aproximarse al diseño del paisaje, describe una composición a partir de un espectador: campo de visión, primer plano, plano de fondo y punto de vista. Esta manera de componer tiene una notoria influencia pictórica en su concepción. Gastelumendi, antes de estudiar arquitectura, viajó a Francia a perfeccionarse en la pintura a la acuarela, sus estudios de Bellas Artes en ese país influyeron en su manera de concebir el paisaje y la arquitectura paisajista. Gastelumendi, el acuarelista, escogió a los paisajes como sujeto de pintura y para la realización de sus obras uso los mismos criterios de composición que luego traslado a su arquitectura ¿Existía para la época otra forma de concepción del paisaje? Evidentemente que sí, pero no desde la visión europea del paisaje. Gastelumendi, como lo prueban sus escritos de la época en El Arquitecto Peruano, conocía la obra que Burle Marx venía realizando en distintas ciudades del Brasil. Burle Marx, pintor como Gastelumendi, concebía el trabajo de la arquitectura paisajista de otra manera: ¿Qué hace Roberto Burle Marx? En realidad una operación sencilla, casi instintiva, al menos para quien posee los conocimientos que él tenía en una primera época, la que le da a conocer. Actúa frente al jardín simultáneamente como pintor depaisajesycomoarquitecto,utilizandocomoreferenciapara sus proyectos la paleta expresionista y las geometrías orgánicas abstractas de Hans Arp, Le Corbusier, Fernand Léger, Alexander Calder, etc. Pero lo hace como arquitecto, porque a pesar de utilizar el gouche, sus paisajes son concebidos como organizaciones o composiciones en planta, en un distanciamiento del procedimiento de las “vistas” características de los paisajistas (Abalos, 2006, p. 178)

Curiosamente, Gastelumendi experimenta en su formación personal el mismo recorrido que tuvo la tradición paisajista en occidente: una preocupación del paisaje desde la pintura. En efecto, este hecho explica por un lado una concepción de lo ‘bello’ en el paisaje, su método de aproximación y proyección a partir del espectador y su postura de mínima intervención en el contexto natural

Arquitecturas paisajistas de E. Gastelumendi: 1963

Segundo tópico: el análisis del territorio Gastelumendi continúa en su obra con análisis preceptúales de distintos espacios públicos peruanos. Inicia con la Plaza San Martín, obra de Manuel Piqueras, Emilio Harth Terré y Rafael Marquina en 1921. Describe su unidad arquitectónica y su ambiente atractivo al peatón, en un contexto de desaparición de tranvías y promoción del automóvil. Debido a sus viajes en 1953 como jefe de la Oficina Nacional de Planeamiento y Urbanismo nutre su afición por los paisajes y pueblos de la sierra, presentes desde su etapa como pintor acuarelista. Describe y comenta estos paisajes en sus ponencias en la facultad de arquitectura de la UNI y principalmente en su conferencia sobre Arquitectura rústica del Perú, en el VI Congreso Panamericano de Arquitectura, celebrado en Lima en 1947. En el libro se mencionan a la plaza de Juipón en Ancash –reseñado también en El Arquitecto Peruano de noviembre de 1941-Chincheros en el Cuzco, Cocharcas en Apurímac, Belén en Huaraz y la Alameda Valdelirios de Huamanga en Ayacucho. Muestra las diferencias entre estas-, como por ejemplo la presencia de una cancha precolombina en el caso de Chincheros-, seguidamente también de similitudes presentes, como el trazo colonial vigente. Acaba con una lámina comparativa de las plantas de estas implantaciones. Estos análisis son tomados a manera de casos de estudio para sus alumnos en el curso. Utiliza los criterios de composición descritos en los capítulos iniciales –primer plano, plano de fondo, punto de vista, etc- y también conceptos de hito nodo y senda provenientes de la ‘La imagen de la ciudad’, de Kevin Lynch, escrita en 1960 que si bien no está reseñada en la bibliografía del autor, provee conceptos presentes a lo largo de los capítulos centrales del libro. Estos análisis lo llevarán en años posteriores a realizar propuestas de proyectos de arquitectura del paisaje en estas ciudades, que fueron a futuro incluidas en la reedición de Arquitectura Paisajista de 1997. Dentro de las investigaciones de plazas y espacios públicos urbanos peruanos, cabe mencionar de manera particular a la sección dedicada a la plaza de Lunahuana, en Cañete. Gastelumendi realiza en este caso un trabajo más profundo, pues contempla no solo la plaza por sí misma –como lo había hecho en los ejemplos anteriores- sino además se estudia el contexto, las calles circundantes y la arboleda lateral

-con un énfasis en las especies, su edad, su repercusión en la conformación de la plaza y su estado de conservación-. Gastelumendi realiza cuatro lecturas complementarias en base a fotografías, esquemas en planta y textos explicativos. El análisis realizado Gastelumendi no se enfocó únicamente en el aspecto ‘verde’ del paisaje. Gracias a su trabajo en el municipio de San Isidro en 1958, Gastelumendi puede poner en práctica y relacionar sus conocimientos del paisaje con sus estudios en planificación. Para el año 1941 prepara cambios para el parque El Olivar (p. V-20), donde propone mejoras para el trazo original realizado por Piqueras Cotolí en 1920. Su trabajo no se centra únicamente en el parque en sí mismo, sino también en el análisis de las vías aledañas, principalmente en la avenida Arequipa –reseñada en El Arquitecto Peruano de marzo de 1952 e incluida también en el libro-. El estudio de la avenida como una senda desde el Parque de la Exposición hasta Miraflores es realizado en planos esquemáticos adjuntos, acompañados de los edificios, tratados como hitos, y de parques tratados como elementos estructurantes (y compositivos) de la vía. Finalmente, Gastelumendi incluye en el libro su propuesta como proyectista independiente: el cambio de la sección vial para las últimas cuadras de esta avenida. Cierra así el análisis con un proyecto concreto, contemplado conjuntamente desde la planificación urbana y el paisajismo. Los capítulos centrales del texto hacen una revisión a la geografía peruana en general. Para este punto, similar a la que hiciese José de la Riva Agüero con Paisajes peruanos en 1955 con la salvedad que Gastelumendi toma como base la teoría de Pulgar Vidal y su división del país en ocho regiones naturales, publicada en la década de los cuarenta. Gastelumendi considera importante y necesaria esta base geográfica en la formación de los futuros arquitectos ya que considera estos conocimientos son útiles para poder proponer proyectos coherentes a esta diversidad. En los capítulos iniciales, Gastelumendi señalaba que “el hombre solo pondrá lo mínimo para fines necesarios, en forma tal que no disturbe la belleza original [de la naturaleza]” (p. I-6), o que “cuando la vitalidad económica produce mayor actividad y demanda de la obra humana, el paisaje comienza a ser afectado para llegar en muchos casos a ser destruido” (p. XI-2)¿Cómo saber cuál es ese ‘mínimo’ si no se conoce y estudia la naturaleza misma? Un conocimiento y análisis del sitio

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Figura 4, 5 y 6: An谩lisis de las ciudades de Lima y Cuzco. Fuente: Gastelumendi, E. 1963

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resulta entonces pertinente para esta intervención. El análisis no es sino una lectura del territorio, una aproximación teórica a una realidad cultural. El método que propone Gastelumendi es una herramienta de comprensión del lugar, una forma de lograr el ‘justo equilibrio’ entre “lo agradable y lo eficiente” (p. X-3). Una forma de leer y escuchar el lugar, como sugería Alexander Pope en 1731 y su teoría de los ‘genios del lugar’ – “esa voz que hay que escuchar tanto para plantar como para construir” (Ábalos, 2006, p. 21)9 - posteriormente ampliada por  Chris-

tian Norberg-Schulz en 1980.

Finalmente en este tópico, Gastelumendi hace un repaso por la historia y el estado de las reservas naturales creadas hasta ese momento en el país. El autor sostiene que el hecho de preservar es una respuesta “a la destrucción de la belleza de determinados sectores del país, a la ocupación indiscriminada del paisaje […] al incontrolado avance de la urbe, ajeno a toda coordinación con su paisaje” (p. XI1). Señala que los bosques nacionales son “zonas de concentración de fauna oriunda y sectores de especial belleza que deben ser debidamente preservados, como valor de recreación y de cultura para la presente generación y como valores potenciales y reserva de recursos para las generaciones venideras” (p. XI-2). El autor señala que esta iniciativa no era un hecho aislado en el Perú puesto que para la época, diversos países estaban también en proceso de creación de sus propias zonas de conservación. El Estado contaba hasta 1963 con seis áreas protegidas10: Mesopata, Iparía, Chapín, Cutervo, Chilca y Pisco, cifra notablemente menor que las cuarentaa y un áreas mexicanas, las trece brasileras o las veinticinco puertorriqueñas (p. XI-3). Sin embargo, cabe resaltar las razones que alude Gastelumendi para la creación de estas zonas –más allá que sean positiva o negativa esta intención-. Anteriormente se comentó como ‘lo bello’ como argumento es insuficiente para como justificación para la conservación del paisaje. Gastelumendi, además de este factor, señala a la conservación actual –es decir, la conservación para la época- era una salvaguarda de una explotación posterior –para las futuras generaciones-. Estas dos afirmaciones llevan a una posible paradoja. Por un lado se conserva el recurso por tener un valor de recreación ‘de fin de semana’ y de cultura para las generaciones actuales y por otro lado se las conserva como fuente de recurso para las generaciones futuras ¿Habrá un escenario en que

lo conservado deje de serlo y pase a ser ‘explotable’? ¿Un área de conservación puede por sí misma dejar de serlo y perder esa condición?¿Hubo acaso una ausencia de criterio de intangibilidad? ¿O es esta una cualidad con fecha de caducidad? La pregunta central fue y ha sido cuestionarse sobre los criterios para conservar unas zonas en desmedro de otras. ¿Es más natural el bosque virgen amazónico que la cuenca del río en la ciudad? Gastelumendi casi sin proponérselo adjunta al estudio de arquitectura-paisaje el factor de patrimonio y la conservación, una discusión muy polémica, cuyas posturas discrepantes llegan incluso hasta la actualidad11

Tercer tópico: historia del paisaje Gastelumendi aporta con un marco histórico sobre el paisaje a su obra escrita en 1963. Hace un repaso por los jardines fantásticos de Mesopotamia y Siria, por los jardines chinos y japoneses para luego escribir más en detalle sobre la historia occidental del paisaje. Si bien a lo largo del texto existen siempre referencias al contexto peruano y se analiza obras coloniales y republicanas, es notoria la ausencia de menciones al tratamiento del paisaje precolombino de la costa y el paisaje incaico serrano. Menos referencia tiene aún las realidades amazónicas, las cuales en la época eran casi desconocidas –la vía marginal de la selva fue recién comenzada años después-. Si bien Arquitectura paisajista es el primer texto de paisajismo en el Perú, existieron en esa época escritos sobre paisaje desde el punto de vista de la geografía, sociología e incluso desde la antropología12, que eran sujeto de discusión en el mundo académico de ese entonces. Omisiones resaltantes son por ejemplo menciones a las Líneas de Nazca13, estudiados por la matemática alemana Maria Reiche y con estudios publicados en Lima en 1948, o por otro lado a la ciudad de barro de Chan Chan y Túcume -estudiados en la década de los cincuenta- o el mismo Kuélap o Cantayoc, de 1930. ¿Es que acaso en esa época el estudio de la arquitectura del paisaje se reducía al hecho vegetal?. Gatelumendi fue un asiduo viajero al interior del país, además de ser un académico siempre en relación con las nuevas investigaciones y estudios publicados lo que hace difícil suponer su desconoci-

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miento sobre estos ejemplos. Sin embargo, la ‘omisión’ más importante es indudablemente la que se le hace al santuario histórico de Machupichu, descubierto al mundo occidental en 1911 y estudiado por Luis Eduardo Valcárcel hacia 1948, al cual se le dedica solamente una brevísima mención. Resulta más extraña aún esta auasencia si se tiene en cuenta las páginas que le dedica a la ciudad de Cuzco en especial y a los demás restos arqueológicos aledaños. Un análisis similar a los hechos en las plazas de la costa era totalmente posible y pertinente en la ciudadela. Los criterios de composición utilizados así como la relación objeto-naturaleza descritos anteriormente estaban presentes en el santuario religioso14. Gastelumendi finaliza este tópico con un recorrido descriptivo a ejemplos paradigmáticos de la arquitectura y el paisaje europeo. Toma referencias de la Italia del renacimiento, el jardín francés –con el ya mencionado jardín de Versalles-, el jardín inglés, la Alhambra de Granada para acabar con las realizaciones de un contemporáneo Roberto Burle Marx en Brasil y Venezuela.

conclusiones La obra de Gastelumendi es un aporte importante a una historia poco documentada del paisaje y paisajismo en el país, no solo por ser su libro el primer escrito de origen peruano sobre este tema desde la arquitectura, sino sobre todo por su preocupación de que los conocimientos del paisaje y la arquitectura paisajista sean incluidos desde la formación de los nuevos arquitectos de la época. Como se comentó anteriormente, Gastelumendi experimenta en su formación personal el mismo recorrido que tuvo la tradición paisajista en occidente15: una preocupación del paisaje nacida desde la pintura. Este hecho explica por un lado una concepción de lo ‘bello’ en el paisaje, su método de aproximación y proyección a partir del espectador y su postura de mínima intervención en el contexto natural. Esto último es de más valor aún si se tiene en cuenta que Gastelumendi no registró estudios superiores en el tema pues es el mismo autor quien se auto-educa en temas de paisaje, notando una clara vocación autodi-

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dacta. Gastelumendi se vuelve por esfuerzo propio así en uno de los fundadores de esta nueva rama profesional, joven para la época. Su aporte no es solo al paisajismo en general sino primordialmente a la historia de la arquitectura del paisaje peruano. El autor marca así el inicio al estudio del paisaje desde la arquitectura y la incluye dentro de las disciplinas que estudian, analizan y proyectan sobre éste. Arquitecturas Paisajistas de Gastelumendi debe tomarse como un testimonio de la época y como base para una lectura contemporánea del paisaje. Ahora bien, ¿Cuál es el panorama de los estudios y publicaciones sobre paisaje en el país a casi cincuenta años después? Como se argumentó anteriormente, poco se sabe y poco menos aún se ha escrito e investigado sobre paisaje en el Perú, y este hecho, en un país megadiverso –o exagerando el término, en un país mega paisajístico- es una responsabilidad ineludible en tanto que arquitectos, geógrafos y profesionales afines. Son actualmente aislados los esfuerzos por construir una noción y un estudio del paisaje en el Perú. Es necesario y casi obligatorio mantener una mirada a nuestra particular realidad y al mismo tiempo ser concientes de los acontecimientos internacionales sobre paisaje, mas aún en una época como la actual, donde una gran cantidad de iniciativas ‘verdes’ no son sino un disfraz de moda que cubre una falsa sostenibilidad, un discurso banal, donde lo escrito y actuado sobre el paisaje, desde una perspectiva académica y rigurosa –como lo es Arquitectura Paisajistason esfuerzos aún más loables.

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NOTAS 9. Genius loci es un nacido en la época romano. De acuerdo a las creencias romanas antiguas, cada ser independiente tiene su «Genius», su espíritu guardián. Este espíritu da vida a la gente y a los lugares, los acompaña desde el nacimiento hasta la muerte y determina su carácter o esencia (Buitrago, 2007). 10. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, (IUCN, por sus siglas en inglés) define desde 1948 a las áreas protegidas como “Una superficie de tierra o mar especialmente dedicada a la protección y mantenimiento de la Biodiversidad y de los recursos naturales y culturales asociados; manejada a través de medios legales, o de otros medios efectivos”. (UICN, 2011) 11. Roger (2007) plantea un ensayo sobre la pertinencia del patrimonio del paisaje, cuestionándose específicamente a los criterios contemporáneos de defensa a lo ‘natural’ y a lo ‘conservable’, a lo que llama una reducción del paisaje (p. 136). 12. Los primeros escritos sobre estos temas provienen incluso desde la conquista. Juan Diez de Betanzos, en sus crónicas del 1551 relata la proeza inca del encausamiento ortogonal del río Urubamba y el ondulamiento de las faldas de los cerros en Pisaq (Betanzos, J. 1551, p. 187) 13. Diversos investigadores que incluyen a las Líneas de Nazca como trabajos, además de fines astronómicos o temporales, como verdaderas obras de landart en el desierto. (Ludeña, 2008). 14. Sin embargo esas omisiones no son un hecho aislado para la época ni menos aun exclusividad de las publicaciones sobre arquitectura. Durante los años sesenta, la clase académica tuvo una marcada influencia desde el exterior. El indigenismo y las corrientes racionalistas estaban muy débiles para los sesenta y se veía en Europa y América del Norte los modelos a seguir. Arquitectura, escultura, música eran guiadas por las corrientes provenientes del extranjero –con excepción de la pintura y particularmente por la obra de Fernando de Szyslo15. Roger (2007, p. 82) señala el nacimiento del paisaje en occidente en el cuadro de El Éxtasis de Santa María Magdalena de Joachim Patinir de 1512, donde la imagen de la santa tiene inclusive una menor jerarquía que el mismo del paisaje retratado.

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