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Liderazgo y Misión de Servicio

Módulo 1

RESPONSABILIDAD Y SENTIDO DE LA VIDA

1.2 Antropología: el concepto del hombre. De Viktor Frankl analizaremos cuatro premisas: El hombre es un ser espiritual personal Capaz de auto-trascenderse Que se orienta primariamente hacia el significado y los valores. La autodeterminación pertenece de manera esencial al ser del hombre y de la antropología Ontológico-Dimensional de su sistema, analizaremos sus perspectivas y su antecedente psicoterapéutico revisando el concepto de persona; cuestionando si el psicoanálisis alcanzo a la persona en profundidad y estudiando finalmente las diferencias entre el inconsciente freudiano y el frankliano. De Ricardo Peter estudiaremos su Antropología del Límite y al final veremos algunos conceptos de Carlos Llano sobre la dignidad del hombre y su espiritualidad.

1.2.1 Antropología Ontológico-Dimensional1 Dice Frankl que la objetividad acabó por convertirse en “objetivación”, objetivación de eso que llamamos persona. Todo lo que constituye el alma humana es visto atomísticamente dentro del psicoanálisis, al concebirse como compuesto por partes individuales, los diversos impulsos, que a su vez son formados por impulsos parciales o componentes impulsivos. De esta manera lo anímico o psíquico no sólo se atomiza, sino que finalmente se anatomiza: el análisis de lo psíquico se transforma así poco a poco en su anatomía. En su Imago Hominis : Nicolai Hartmann con su ontología y Max Scheler con su antropología se esforzaron como pocos por rescatar lo humano de las aspiraciones reduccionistas de una ciencia pluralista. Distinguen diversos estadios o capas, como el corpóreo, el anímico y el espiritual. A cada uno de ellos corresponde una ciencia distinta: a lo corpóreo la biología, a lo anímico la psicología, etc. Pero precisamente la pluralidad de las ciencias nace de la diversidad de los estadios o capas. ¿Y donde queda la unidad del hombre? ¿Hasta dónde ha llegado y dónde se ha impuesto la humanidad, a la manera de un mosaico de planos y saltos, de “saltos cualitativos” (Hegel)? Es sabida la definición del arte como unidad en la multiplicidad. Ahora bien, yo quisiera definir al hombre como unidad a pesar de la multiplicidad. Porque hay unidad antropológica a pesar de las diferencias ontológicas, a pesar de las diferencias entre las modalidades diferenciables del ser.

La comprensión psicológica del hombre en Frankl es sustancialmente diversa de la que domina, por ejemplo en Freud y en Jung (y prácticamente la mayoría de los teóricos del siglo XX), dos de los

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Adaptado de Frankl, V. (1997). Psicoanálisis y existencialismo. De la psicoterapia a la logoterapia. México: FCE; de Peter, R. (1998). Viktor Frankl: la antropología como terapia. Buenos Aires: San Pablo y Llano, C. (2007) Viaje al Centro del Hombre. México: ediciones ruz

autores que influyen mayormente en el escenario de la psicología contemporánea. La esencia de esta diferencia se detecta a nivel filosófico. Lo que resulta radicalmente distinto en la visión frankliana es su concepción antropológica. Freud y Jung consideraban una teoría psicológica libre de toda influencia filosófica. En la perspectiva de Frankl, ninguna teoría psicológica del hombre puede optar por la neutralidad o por la indiferencia con relación a la filosofía. También la neutralidad y la indiferencia son, en último análisis, actitudes filosóficas. Hay imposibilidad de cualquier sistema psicológico sin el filosófico. Frankl parte de una filosofía espiritual-existencial, centrado en cuatro conceptos: Persona Libertad Responsabilidad. Significado La inevitabilidad de la filosofía. Se puede objetar que la dimensión espiritual no pertenece al campo experimental. A lo cual Frankl responde que no lo introduce él, sino la problemática planteada por sus propios pacientes. Una teoría psicológica del hombre no puede excluir estos problemas propios del hombre. Por lo que Frankl determina que se atienda la filosofía subyacente en cualquier teoría psicológica del hombre. No hay psicoterapia sin filosofía del hombre. Y desde luego hay muchos psicólogos que aportan a la filosofía, como por ejemplo Erick Fromm o Kurt Goldstein. Se supone que Freud y Jung están en el rigor de la ciencia y no utilizan presupuestos, sin embargo no se libran de la filosofía. Ludwing Marcuse refiriéndose a Freud dice: “...Era un médico, pero esto no hacía más que esconder en lo que él espera en mayor medida desde siempre y lo que se volvió de manera más evidente de decenio en decenio: un filósofo... Freud investigaba sobre todo el parecer de algo, pero aquello que estaba detrás, más allá de los fenómenos, no le daba paz.”

El psicoanálisis tiende a desenmascarar; es la psicología de la sospecha (esto es ya una visión del hombre). Finalmente el asunto que nos interesa en toda psicología es saber en que tipo de filosofía se basa y si es justa o errada, y ¿cuál es el criterio? Necesitamos responder si la humanidad del hombre queda preservada o no, en dicha filosofía. La Logoterapia de Frankl, salvando lo específicamente psicológico, supera los muros médicos y psiquiátricos para llegar a tratar uno de los problemas más específicamente filosóficos como es el significado de la vida, resaltando la totalidad del hombre como ser espiritual-personal. Un punto firme en el horizonte presupuesto es: “ser hombre significa ser responsable”. ¿De qué? Del sentido concreto de su existencia persona. Toda la logoterapia responde a este horizonte filosófico. Frankl manifestará abiertamente su imagen filosófica del hombre permaneciendo en el campo estrictamente psicológico.

Antropología Frankliana. La Logoterapia es un sistema fenomenológico-analítico-terapéutico. Una orientación que en su base y doctrina ideológico-científica que tiene una triple prerrogativa, parte de lo espiritual, va a lo espiritual y trata a lo espiritual. Espiritualidad, responsabilidad (libertad implícita) y significatividad. La mayor responsabilidad de todo hombre es el uso de su libertad. Frankl define al hombre como un ser responsable. Habiendo descubierto notables lagunas “en el espacio científico de la psicoterapia”, Frankl se propuso cuestionar la comprensión tradicional de los sufrimientos psíquicos para dejar al desnudo el verdadero combate espiritual del hombre neurótico.

Perspectivas del sistema.

Se abrazan tres momentos, surge como logoterapia, madura como análisis existencial y se ensancha como cura medica de almas. Estas no son piezas de un sistema fragmentario, sino como praxis de una escuela de psiquiatría existencial que a lo largo de su vida desarrolla: 1. Un método clínico que es la logoterapia 2. Una visual o perspectiva metaclínica que es el análisis existencial 3. Una cura médica del alma para los tratamientos que resultan inaccesibles a la ciencia. Con la palabra logoterapia no se alude a lo espiritual con sentido teológico o religioso, sino en la dimensión antropológica que caracteriza a la existencia humana. Logos está por “espiritual” y también por “significado” en cuanto que el hombre es la sola criatura que el significado de su existencia. Lo humano es lo espiritual. No se puede vivir ni sobrevivir sin sentido cuando la dimensión es dramática. En los años 20’s del siglo XX, Frankl, usa el término logoterapia para indicar una orientación terapéutica. En los años 30´s Frankl usa el “análisis existencial” como alternativo a logoterapia, de esta manera se esclarecía una nueva fase del sistema. Por análisis existencial no se trata un análisis de la existencia, que no es analizable ni sintetizable. La existencia permanece como lo que es, un fenómeno primario irreducible. Se refiere al esfuerzo fenomenológico para explicitar la existencia. Es una explicación de la existencia, la persona “explica” de continuo su propia existencia a través de su devenir, como un tapete que se abre y va mostrando su diseño. Por “explicitación” se quiere decir que la Logoterapia vuelve conscientes los valores espirituales inconscientes, removidos o reprimidos. La expresión “medical ministry” o cura médica del alma no es un sustituto pastoral o confesional, sino estrictamente médica para atender los casos en que la medicina, como tal, pierde su eficacia. El análisis existencial supera los confines meramente medico-psiquiátricos (es metaclínico) para descubrir la realidad espiritual del inconsciente; finalmente como cura médica de almas se propone una ayuda cuando para entonces cualquier terapia se ha vuelto obsoleta, cuando el hombre, despojado de todo, se encuentra luchando solo con su propio destino

Antropología ontológico-dimensional. ¿Cómo integrar las dimensiones del hombre con la unidad que el hombre manifiesta de estas dimensiones (orgánica, psicológica, espiritual)? Para explicar lo específico del hombre se proponen algunas cuestiones metafísicos, no originalmente suyas, pero que reivindica como propia de su sistemas. Las doctrinas de Nicolás Hartmann y Max Scheler, son retomadas y completadas que salvan las diferencias ontológicas. Frankl tiene el mérito de unir la concepción ontológica de Hartmann con la antropológica de Scheler. Hartmann concebía al hombre como una estructura en forma de gradas o escalones, constituida por el nivel corpóreo, el psíquico y el espiritual. Pretendía esquivar el problema del reduccionismo que, ignorando lo espiritual, terminaba ignorando la misma persona humana. Hartmann logra afirmar las diferencias ontológicas de la existencia humana, pero no supera los riesgos de una comprensión dualística: el hombre, de hecho, resultaba compuesto de cuerpo y alma. En otras palabras se tiene en cuenta la multiplicidad, pero no se resalta suficientemente la unidad del ser-hombre. Otro problema se presentaba con Scheler. Es su caso no habla de escalones, sino de capas: la biológica, la psicológica y la personal; pero sigue sin resaltar la unidad de la estructura antropológica, no el concepto dualista, cartesiano de cuerpo y alma. Frankl considera guardar la unidad antropológica sin minimizar las diferencias ontológicas. Para ello bosqueja el concepto del hombre basándose en el concepto geométrico de “dimensiones”.

LEYES de FRANKL 1) Si sacamos de su dimensión un objeto y lo proyectamos a diversas dimensiones que sean inferiores a la propia dimensión, da origen a figuras (fenómenos) diversas que se contradicen entre sí.

2) Si sacamos de su dimensión (no uno, sino) diversos objetos y los proyectamos fuera de su propia dimensión, (no en dimensiones diversas, sino) en una sola dimensión inferior a la propia, dan origen a figuras que (no se contradicen entre si, sino que) son ambiguas.

Esto lo explica gráficamente proyectando un cilindro primero en dos planos y obteniendo un rectángulo y un círculo; y la segunda proyectando sobre un plano un cilindro, un cono y una esfera.

¿Cómo aplicamos todo esto al hombre? Pues bien, también el hombre, si lo reducimos sacándolo de su dimensión específicamente humana y lo proyectamos a los planos de la biología y psicología, forma imágenes que se contradicen entre sí. La proyección sobre el plano biológico da fenómenos somáticos, mientras que la proyección sobre plano psicológico da fenómenos psíquicos. Sin embargo a la luz de la ontología dimensional, esta contradicción no contradice la unidad del hombre. No la

contradice como tampoco la contradicción del círculo y el rectángulo contradice la realidad de que se trata de proyecciones de un mismo cilindro. No se puede decir que hemos resuelto el problema psicofísico. Pero es muy posible que la ontología dimensional arroje luz sobre la causa que el problema psicofísico no tenga solución. Algo análogo sucede con el problema de la voluntad libre. Porque, de la misma manera que en el caso del recipiente abierto su proyección al plano de la base y al plano lateral nos da figuras cerradas, sobre el plano biológico el hombre proyecta la imagen de un sistema cerrado de reflejos fisiológicos, y sobre el plano psicológico se proyecta como un sistema cerrado de reacciones psicológicas. Porque pertenece a la esencia del hombre ser también abierto. Porque ser hombre significa, por sí mismo, estar orientado hacia más allá de sí mismo. Ser hombre significa estar, desde siempre, orientado y dirigido a algo o a alguien, estar dedicado a un trabajo al que se enfrenta el hombre, a otro ser humano al que ama, o a Dios a quien sirve.

Las premisas del sistema frankliano. 1. El hombre es un ser espiritual personal La logoterapia combate los sistemas cerrados (absolutizan), que hacen una “caricatura del hombre”, por ejemplo el psicologismo o fisiologismo cuando se dice que el amor es pura química. Desde luego las emociones están sustentadas por la química, pero también las emociones pueden modificar esa química. El reduccionismo, cree descubrir al hombre y su humanidad en una sola dimensión, descuidando la pluralidad de dimensiones que constituye el fenómeno humano. Y se convierte en nihilismo, llegando a la negación, pero no del ser, sino del significado del ser. El nihilismo no afirma que no exista algo, sino que es “esto” o “aquello”. El reduccionismo aísla una dimensión de las demás y después absolutiza esa dimensión. Este peligro se combate afirmando además de las dimensiones psicofísicas, la dimensión espiritual del hombre. La primera afirmación básica de la logoterapia, es presentar una imagen nóetica del hombre (espiritual). Ignorando la dimensión espiritual del hombre, el reduccionismo rechaza el carácter intencional de sus actos. Escribe Frankl: “Por esencia los actos espirituales son intencionales y esto quiere decir que ellos tienen un objeto hacia el que se dirigen intencionalmente. Ahora bien, en el momento en que tales actos se vuelven objetos, desaparecen inmediatamente de nuestra mirada sus propios objetos. Y cuando tales objetos están constituidos fundamentalmente por valores objetivos, se deduce que el psicologismo, además de ser ciego ante lo espiritual, es también ciego a los valores... Donde no hay ningún valor objetivo, falta también una evaluación objetiva, y donde faltan valores válidos está completamente ausente un orden jerárquico de los valores: queda sólo el 2 placer –placer siempre idéntico, equivalente”

Se supone que Jung y Adler “los reparadores” de la teoría freudiana solucionan esto, pero no ha sido así. Adler lo sustituye esta búsqueda de placer por la de poder. El psicologismo no ha sido debidamente superado, se continúa dando una psicología sin espíritu. 3

Louis Beirnaert , dice que los psicoanalistas solo quieren ver el inconsciente, o el ateísmo, que ha consistido en el caso de los analistas que identifican psicoanálisis con materialismo, declarando implícita o explícitamente que el sujeto del inconsciente es la sola verdad absoluta. Que el psicoanálisis solo ve lo enfermo del hombre. Cuando sólo el placer es el motivo del hombre se vuelve patológico. Por sí mismo, es patológico. El placer es el residuo de un proceso de psicologismo, vaciado de su intencionalidad. El placer es

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Frankl, V. (1987). El Hombre doliente. Fundamentos antropológicos de la psicoterapia. Barcelona: Herder,. pp. 206-218 Beirnaert, L. (1967). La psicoanalisi e l’ateismo en L’ateismo contemporaneo. Vol. Y Facultad de la Pontificia Universidad Salesiana de Roma, Turin: SEI 3

residual y consecuencia de una finalidad, por ejemplo el comer. El valor es intencional. El placer como valor, es destructivo. 2. El hombre es capaz de autodeterminarse. Freud se limitó al “subterráneo” de la psicología del hombre. Descubre sólo un pasado de tendencias instintivas, arqueología que sólo trabaja en el pasado, se encierra en un humanismo sin futuro, sin creatividad, el hombre instintivo sobre el hombre creativo. Para Frankl el pasado no decide sobre toda la suerte del hombre, el hombre no es solo aquello que él es, sino todo aquello que decide ser. El futuro deja libertad al decidir, a la intencionalidad. A la esfera de los impulsos queda una parte de la conducta humana, pero aparte de esa esfera, existe la de aquello que hacemos (no acaece, instinto), que depende de la libertad de orientación. El presupuesto fundamental es que el hombre es capaz de autodeterminarse, no sólo decide de “algo” sino que decide de él mismo. Frankl es no es un pandeterminista. La logoterapia no niega ni minimiza los condicionamientos y limitantes de la libertad humana. Donde los condicionamientos afloran el hombre es capaz de escoger su actitud ante sí mismo. La única solución a los problemas que no tienen solución es la aceptación y la actitud. 3. El hombre se orienta primaria y originariamente hacia el significado y los valores. Este es uno de los aspectos más queridos por Frankl. Efectivamente el problema fundamental del hombre es el de descubrir y realizar el significado de la propia existencia a través de la misma realidad concreta de la vida. La existencia es relación a los significados, según la expresión de 4 Tillich , lo cual quiere decir que si para el hombre no existe un significado, la existencia entonces desemboca en la absurdidad. No es probable una tercera opción. La segunda afirmación, el hombre se orienta hacia los valores, es sólo una modalidad de la primera, en el sentido que la búsqueda de significado constituye una búsqueda de valores. Aun más, el significado de la propia existencia es también el valor supremo de toda existencia humana. Dando fe al credo psicologístico del psicoanálisis, el hombre en todas sus realizaciones responde a las metas de los mecanismos inconscientes que determinan su personalidad. El psicoanálisis “ve” una energía instintiva detrás de toda decisión humana: una existencia “guiada”. En esta estrecha perspectiva, la filosofía, la estética, todo el arte, la vida cultural, las exigencias éticas y las profundas aspiraciones religiosas se vuelven fenómenos de origen instintivo. Frankl reconoce la existencia de una energía instintiva en la esfera de lo psíquico, pero afirma también la existencia de una energía espiritual en correspondencia con la dimensión espiritual del hombre. Freud interpretó la vida espiritual en términos de vitalidad biológica. En la medida en que la ciencia excluía lo espiritual de su propio ámbito se preparaba el terreno para el desarrollo de esa visual freudiana. La psique se percibió como una entidad exclusivamente biológica. En el hombre sin embargo, nada es meramente biológico, como tampoco nada es meramente espiritual. Dice Tillich, cada célula del cuerpo participa de la espiritualidad y todo acto de su creatividad espiritual está nutrido por su dinámica vital. Precisamente porque el psicoanálisis se detiene en el “subsuelo” del mundo humano, descubre sólo impulsividad y energía instintiva. Cuando se privilegia la impulsividad, el hombre exalta el vacío existencial que se convierte o en búsqueda de placer o de potencia, de consumo y en otros componentes de la modalidad “tener” (avidez de poder, deseo de posesión y rapacidad con relación a las cosas, fama, dinero, goces, drogas, consumo). “Privilegiar la libido significaría por lo mismo 5 potenciar la modalidad tener” La modalidad “ser”, en cambio, se centra en la propia experiencia de sí mismo, como persona libre y responsable que trasciende su propio aislamiento. El hombre necesita dar sentido a sus opciones, a 4 5

Tillich, p. (1973). El coraje de vivir. Barcelona: De Laia Fromm, E. (1993). ¿Tener o Ser? México: Fondo de Cultura Económica

sus experiencias, a su actividad, a sus límites y a las circunstancias determinantes de su vida. La tensión a los valores y al significado es definida por Frankl como Voluntad de Sentido. 4. La trascendencia pertenece de manera esencial a ser hombre. En el contexto de la Logoterapia se reconoce una trascendencia a dos niveles. Inicialmente, la trascendencia es apertura al mundo. Frankl habla de un “mundo denso de otros seres que encontrar y de significados que realizar”. Este nivel de trascendencia podemos definirlo como “horizontal”. La psicología humanista reconoce suficientemente el fenómeno de la trascendencia horizontal. Para la Logoterapia la trascendencia se da también a un nivel superior. La trascendencia no es completa hasta que no se vuelve abertura radical y total hacia un significado último y absoluto. Este nivel de trascendencia podemos definirlo como “vertical”. A este segundo nivel de trascendencia se presenta la esencial insuficiencia antropológica de la psicología contemporánea. Más allá de la búsqueda de placer (Freud), de una existencia entendida como tensión a la superación (Adler), como una realización de sí mismo (Jung) o de los valores de la biofilia (Fromm), Frankl apunta a una dimensión superior. Para esta dimensión la Logoterapia reserva el término de Trascendencia con mayúsculas.

Examinaremos a continuación cómo resuelve Frankl el problema encarado por Hartmann y por Scheler pero todavía expresado en términos insuficientes, para ello nos adentraremos un poco más en la concepción logoterapéutica del hombre exponiendo su concepto de persona, las relaciones entre el Yo y el Inconsciente, para examinar por último, las implicaciones religiosas de la orientación frankliana.

a. El concepto de la persona en Logoterapia Para Viktor Frankl el verdadero problema es mantener la unidad antropológica junto con las diferentes ontologías, es decir, la unidad del ser-hombre junto con la multiplicidad con la se participa al serhombre. En lugar de usar el concepto de escalones de Hartmann o el de Scheler. Frankl prefiere hablar de la persona como una estructura concéntrica (sea cilíndrica o esférica), donde las capas exteriores son la biológica, luego la psicológica y el núcleo es la espiritual

En lugar de dimensiones también se puede hablar de esferas (en ambos sentidos, el de ámbitos y el geométrico) concéntricas. La psicológica y biológica constituye la esfera de la facticidad, mientras la esfera de la existencia corresponde a la dimensión noética: en su núcleo, Frankl localiza una realidad personal, que es la sede propia del hombre, desde donde el hombre toma las decisiones, es creativo, busca significar su existencia, ama. También corresponde a ella la facultad de reagrupar los elementos de la facticidad, de los impulsos, de las necesidades biológicas, de los instintos y de sus

“programas”, productos, reflejos y reacciones biopsicológicas que generan el puro sexo o el mero “super-yo” En esta dimensión específicamente humana, el hombre no es un ser guiado, sino libre y responsable. La impulsividad y sus condicionamientos no afectan propiamente esta esfera. El núcleo de su estructura consiente al hombre la posibilidad de resistir, confrontarse, y superarse de frente a los impulsos e influencias que tienden a condicionar su comportamiento. En ella reside lo que Frankl denomina el inconsciente espiritual.

b. El psicoanálisis ¿psicología de lo profundo? Donde mejor se aplica esta visión del hombre es en el concepto de persona y a este propósito Frankl, responde a Freud, que se ufanaba a los 80 años de haber alcanzado la profundidad de la persona a través del inconsciente, le responde que efectivamente alcanzó la persona profunda con el inconsciente instintual pero no la verdadera persona profunda. El psicoanálisis alcanzó la zona del Es (el Ello). La verdadera persona profunda, no el Eros, sino el Amor, de donde parten las decisiones y el hombre reagrupa las otras dimensiones, de aquí que Frankl dice: Mis instintos no me tienen a mí, sino yo tengo instintos. De hecho no “tengo” una persona, sino “soy” mi persona. No puede propiamente decir: “Mi Yo”, pues yo soy Yo y no “tengo” un Yo. A lo 6 sumo puedo “tener” un Es: y esto precisamente en el sentido de “mi facticidad psicofísica”.

c. El Yo y el Inconsciente. El “yo” y el “inconsciente” es donde mejor se distingue el concepto de persona en Freud y en Frankl. Freud dice a sus 80 años, en una carta a Biswanger, “yo me encuentro siempre sólo en el sótano del edificio” y piensa que hay también un piso superior, donde dicen en que habitan huéspedes distinguidos, como la religión, el arte, la creatividad; si tuviera tiempo les asignaría un lugar en el sótano. Termina diciendo: “... nuestro contraste se resolverá sólo después de siglos.” 7

En el diccionario de psicoanálisis de se le atribuye a Freud el descubrimiento del inconsciente, lo que parece excesivo, ya que hay un esfuerzo de siglos, que permite que la interpretación de los sueños 8 se pueda formular. Dice Lancelote White, que hace este recuento: “He ofrecido suficientes testimonios para demostrar que la concepción general de los procesos mentales inconsciente era concebible en la Europa post-cartesiana alrededor del 1700, de actualidad alrededor del 1800 y de moda alrededor del 1870 al 1880 y que además, desde 1800 en adelante se desarrollaron sistemáticamente muchas aplicaciones especiales de la idea de “inconsciente”. Al hacer esto mi objetivo no era en absoluto disminuir la conquista de Freud, lo que sería absurdo, sino mostrar más bien, que un inmenso fondo de constante pensamiento, obra de un gran número de individuos de muchos países, influencía y sostiene, inconscientemente incluso, al más original de los pensadores.” El Inconsciente Freudiano. En la primera teorización del aparato psíquico (1895), desde el punto de vista tópico, hablaba de sistemas, el sistema inconsciente, el pre-consciente y el consciente. El inconsciente queda asimilado a la remoción. Resulta el lugar de los contenidos removidos. El inconsciente freudiano se revela como un sistema con energía (la libido), y con contenidos específicos (proceso primario, ausencia de negación, ausencia de duda, ausencia de tiempo, indiferencia a la realidad y regulación en base al principio del placer). Hacia 1920, definido como el año del cambio, Freud elabora una segunda teoría del aparato psíquico. En lugar de los sistemas inconsciente, pre-consciente y consciente, habla de tres instancias: Ello, Yo y Superyo.

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Frankl, V. (1994) La presencia ignorada de Dios. Psicoterapia y Religión. Barcelona: Herder Laplanche, J. y Pontalis, J.B. (1973) Enciclopedia della psicoanalisi. Roma: Laterza. Vol. 1, p 230 8 White, L. (1970). L’inconscio prima di Freud. Una storia della evoluzione della coscienza umana. Roma: astrolabio. P.43 7

En este nuevo modelo operativo, Freud ensancha el adjetivo “inconsciente” a las nuevas instancias. A partir de entonces, el inconsciente se atribuye en parte al Yo y en parte al superyo, pero el Es (Ello), hereda las características del inconsciente. Desde el punto de vista económico, el Ello es un gran depósito de libido sexual. Mientras que del punto de vista genético, es la instancia original, el Yo y el Superyo emanan del Ello, bajo la influencia del mundo externo. El Yo no es la totalidad del individuo, sino una parte, la más vigilante, que vive a la defensiva del material inconsciente considerado incompatible. Inmerso en el Ello, el Yo aparece frágil e incompetente de gobernar en su propia casa. El Yo es un elemento constantemente amenazado. El Yo aparece con una función principalmente inhibidora. Se encuentra casi siempre de la parte de la censura y de la mediación entre la realidad que se impone del mundo exterior y las pulsiones que lo embisten desde adentro. El Yo quisiera imponer al Ello el principio de realidad, pero el Ello es sordo a todo lo que no aporte placer; sólo quiere desear y satisfacer. El Yo es el blanco de una lucha a la cual no puede renunciar. El yo intenta desexualizar y sublimar las demandas internas de placer inmediato. Intenta hacer “razonar” a las pasiones. En su segunda elaboración el Superyo, representa una ulterior evolución anímica. La instancia del Super-yo se presenta investida por las exigencias y prohibiciones relacionadas con el Yo. Por leyes, normas y obligaciones, primeramente de origen paterno y luego sociales, introyectadas en el individuo. En este proceso de interiorización de las prohibiciones paternas que corresponden, por una parte, al declinar del complejo de Edipo y, por otra, a la formación del Super-yo, Freud descubre el origen de la religión y de la moral. Para Freud el Super-yo es (el equivalente de) la conciencia moral.

El Inconsciente Frankliano. En el psicoanálisis viene a hacerse consciente, o a traerse a la conciencia, lo impulsivo, mientras que en el análisis existencial es hecho consciente un elemento esencialmente distinto de lo impulsivo, a saber, lo espiritual. Freud se mueve en el plano inferior del psiquismo, Frankl trata de conservarse en la dimensión superior. El inconsciente descubierto por la Logoterapia no tiene ningún parentesco con el inconsciente freudiano. El inconsciente pulsional está en la esfera fáctica, psico-biológica, mientras el de Frankl, esta en la dimensión de la existencialidad. Si bien Frankl usa un término característicamente freudiano, el concepto de inconsciente espiritual, es completamente nuevo, rehabilitado, al que sigue una demarcación del inconsciente hasta una neta contraposición contra el inconsciente freudiano. Freud termina señalando el automatismo del aparato psíquico, Frankl señala la autonomía de la existencia humana. En cuanto persona-espiritual lo que caracteriza verdaderamente al hombre no es la impulsividad, sino la responsabilidad: el ser-humano es un ser responsable. La Logoterapia indica que este centro personal espiritual que es la verdadera persona profunda, es decir, lo espiritual-existencial en su dimensión profunda, es siempre inconsciente. Como el ojo tiene un punto ciego que no puede ver. En la ejecución de sus actos espirituales la persona queda de tal forma absorbida que deja por completo de ser reflexionable en su verdadera esencia, es decir que de ninguna manera puede aparecer en la reflexión. En este sentido la existencia espiritual, el yo propio y auténtico o, por decirlo así, el yo “en sí mismo”, es irreflexionable y en consecuencia solamente ejecutable, sólo “existente” en sus realizaciones, dicho de otro modo, como “realidad de ejecución”. Esta total imposibilidad de auto-observación, define exhaustivamente la calidad y la naturaleza del inconsciente espiritual de Frankl: Debo precisar que, hablando de espiritualidad inconsciente, entiendo una espiritualidad cuyo carácter inconsciente consiste en la ausencia de consciencia refleja, mientras se salva

la comprensión inmediata de sí mismo, la conciencia de sí es mediata -es refleja-, mientras la consciencia (igualmente mediata) en sí misma es intencional y representa de hecho un “tener” consciente, así que sólo la consciencia de sí representa una verdadera conciencia, un “ser” consciente.

La logoterapia descubre fenómenos espirituales en el ámbito del inconsciente. Delimita los confines del inconsciente instintual con relación a la existencia humana. Después de esta demarcación el inconsciente queda indicado en el inconsciente impulsivo e inconsciente espiritual. Hay una separación y contraposición del instinto y del espíritu en el ámbito del inconsciente. ¿Cómo detectar si un determinado comportamiento proviene del inconsciente impulsivo o de la facticidad; o del inconsciente de la existencialidad o espiritual? ¿Si un determinado actuar proviene de la verdadera persona profunda, o de un impulso? “Es del todo irrelevante que sea consciente o inconsciente, puede el hombre ser él mismo, aún ahí donde es inconsciente. Lo es solamente ahí donde no es guiado sino responsable. Se da sólo cuando no hay un ES que maneja el hombre sino cuando hay un YO que se decide”.

En tal sentido la logoterapia marca al ser creativo, de lo que es determinado en la condición del hombre, sólo la dimensión espiritual constituye el verdadero espacio de lo humano. Los atributos específicos de la espiritualidad son la libertad y la responsabilidad. Se puede terminar diciendo que Frankl rechaza la conciencia moral y el superyo, definiendo la conciencia como normas paternas interiorizadas, no podemos entender el carácter personal del hombre, libre de, libre para y libre ante... libre de movimientos impulsivos...libre para ser responsable...responsable ante el otro y el Otro. Resalta la trascendencia de la conciencia, se percibe condicionado pero también corre responsable ante la propia conciencia.

1.2.2 La Antropología del Límite de Ricardo Peter9 La Perfección como Problema. Perfección es sinónimo de máximo valor en todos los órdenes y que ciertas expresiones históricas como la de Kant ha exaltado como un imperativo para el género humano: “Haz la cosa más perfecta que sea posible por sus medios”. Contrario a lo que se piensa, el ideal de la perfección no encierra una motivación positiva para el hombre, sino un peligro para su real proceso de humanización. La tendencia intencional a la perfección compromete la funcionalidad de la persona en términos profundos. Quienes viven “envueltos” por la dinámica que genera este ideal en nuestro sistema mental, acusan una percepción constante de inadecuación: Incapacidad de aceptar los errores Los actos necesitan ser aprobados por un juez interior y aprobados por los demás Carentes de espontaneidad Viven en función de normas La perfección es aséptica y, por lo mismo, requiere de seres fríos en el plano emocional. Se nutren de desestima, sentimientos de culpabilidad y de remordimiento. Anticipamos desde este punto que el error no es ajeno al crecimiento, a la exploración de la vida, a las experiencias. Todo inicia con el Límite. La antropología del límite se trata de una reflexión filosófica encaminada a sostener una particular estrategia psicoterapéutica (Terapia de la Imperfección) y una determinada concepción de la conducta humana (Ética del Límite). No tiene como objeto primario “entender” el ser del hombre, sino la compasión por el hombre, que es una forma más elevada de comprensión. Comprender deriva del 9

Adaptado de Peter, R. (1998). Honra tu límite: fundamentos filosóficos de la terapia de la imperfección. Puebla: BUAP

latín Cum-junto y pretendere-tomar. Así aceptar y perdonar son formas de comprender el ser del hombre. El límite como consistencia. El límite no sólo “anuncia” la negación de algo, sino que, paradójicamente, anuncia también lo que “es”. Es en este sentido que lo limitado posee un carácter de consistencia. El límite es una forma de ser real. El límite en cualquier grado o forma de la realidad, “es”, pero ser revela privación. Ser es ser insuficiente. La alternativa a la realidad es la idealidad. La idealidad a este punto puede ser, en contraste con la realidad, completamente ilimitada. En todo caso, puramente teórica, “separada” de la existencia. El límite acepta una tipología múltiple. Límites artificiales, límites relativos, límites sistémicos, límites existenciales. Desde el punto de vista ontológico, podemos afirmar que ser, es ser limitado. Desde el punto de vista genético, de nuestra herencia y constitución, ser es recibir límites. En los acontecimientos y circunstancias reales dentro de las que vivimos, ser es estar rodeado de los límites. Por lo que se refiere a las alternativas y opciones, a los actos y decisiones, ser es preferir límites. Desde el punto de vista existencial, aquí y ahora, en cada instante de nuestra vida, ser es enfrentar límites. Las funciones del límite La contradicción, la incoherencia, la inestabilidad, la indecisión, la indefinición, la desarmonía, etc., acompañan en toda la curva de su vida. Todas nuestras operaciones y actividades cognitivas y volitivas se verán irremediablemente afectadas por el límite. Nuestra manera de percibir, pensar, entender, comprender, relacionarnos, comunicar, desear, amar, creer, confiar, esperar y perdonar serán siempre “ejercicios” limitados y defectuosos. Necesidad e Indigencia La necesidad es el producto del límite en el mundo de los organismos vivientes. La necesidad es la verificación del límite en términos biológicos. Diremos que el camino de la necesidad a la indigencia es el camino del animal al hombre. El animal es empujado, comprimido, conducido por sus necesidades. Éstas se imponen. Dan instrucciones. Atan y comprometen su existencia. Las necesidades gobiernan y “ordenan” el mundo del animal. El animal está totalmente a merced del límite. El hecho de permanecer confinado en la necesidad hace imposible autodistanciarse de la propia necesidad. El animal no halla semejantes ni siquiera entre su propia especie, sino seres idénticos. El animal se relaciona con idénticos. Sólo el hombre encuentra semejantes en el sentido estricto de la palabra. La semejanza consiste entonces en que el hombre puede “estar” dentro del hombre que tiene frente a sí mismo. Límite y trascendencia. En el hombre, la necesidad cede el paso a la indigencia. El hombre, en verdad, no se ordena a la necesidad ni ésta ordena completamente la vida del hombre. Entre la necesidad y la indigencia hay un desplazamiento y éste se cumple en la conciencia de la necesidad. El animal no confiesa ni reniega del límite. La necesidad está vitalizada por el impulso, la indigencia por el espíritu. La indigencia, entonces, tiene la función de “destapar” al hombre hacia lo que está fuera de sí mismo. El hombre ya no necesita de la perfección para trascender la indigencia. La indigencia es ya la trascendencia del hombre. El hombre no se basta a sí mismo. La indigencia que sufre el hombre es fundamentalmente carencia, no de objetos, sino de ser. Al posibilitar la trascendencia, la indigencia hace también posible el mismo proceso de humanización del hombre.

1.2.3 El espíritu humano y la dignidad del hombre10. Dice Carlos Llano que la dignidad del hombre no se adquiere o alcanza por la mera “eficacia del hombre”. No soy digno por lo que hago en sí. Estamos en una civilización tecnificada en la que la eficacia y la eficiencia son lo más valioso; de hay que pudiésemos deducir que la dignidad de la persona tuviera algo que ver con un “mínimo de algo” que me permitiera ob-tener un “mínimo de algo”, por ejemplo este sería el sentido de un “salario digno”. ¿Que pasaría si ni siquiera llego a obtener por mis medios ese salario digno? ¿sería indigno por ser ineficaz? Hablamos de la eficacia para conseguir lo que nos proponemos. El origen de la palabra dignidad es interesante, de origen griego, tenía una similitud con los axiomas matemáticos, aquello era inapelable –constituía una referencia última y en sí misma era irreferente, porque se demostraba por sí solo- recibía el nombre de dignitates, eran un referente absoluto. El concepto de dignatario se utiliza a veces para designar a las diferentes autoridades que representa a todo un país, en general ellos hablan a nombre de su nación. La palabra entonces tiene que ver con valor (axio) y con absoluto. ¿Qué significa entonces que el hombre tenga un carácter absoluto, y que ello le da valor? ¿En que reside? En este momento haremos un primer desarrollo que luego profundizaremos. ¿Qué sentido tendría el universo sin el hombre? El hombre no es un caso particular al lado de otros casos. Si todo el universo –lo que conocemos de él- existiera sin el hombre, carecería de sentido. Pero que sucedería si por ejemplo no existiera más que nuestra galaxia, o sólo nuestro sistema solar. El valor del hombre no disminuiría. Cada hombre, cada uno de nosotros, aunque se sepa limitado por su nacimiento y su muerte y por todas aquellas circunstancias que lo constriñen y empobrecen tiene un valor infinito. El hombre tiene la particularidad de ser el centro del universo. El universo es antropocéntrico, pero no porque yo sea hombre y considere por ello que el universo tanga que estar centrado en mí, sino porque yo tengo una dignidad de la que el universo carece. A pesar de los múltiples y disímbolos enfoques todas las naciones han reconocido la dignidad del hombre (y de hay sus derechos humanos), Alemania por cierto fue la primera en incluir este concepto formalmente en su constitución. Pero tal vez el caso más significativo lo encontremos en una tribu de África, los Masai. Los Masai cuentan cuantas vacas tienen, pero si se pregunta a una mujer masai cuantos hijos tiene, no responde porque no “cuenta” a los hijos. Cada uno de ellos es considerado como una unidad. Decía André Frossard, un socialista francés que se convirtió al catolicismo, que Dios sólo sabe contar hasta uno. Cada uno es una unidad y es único. Ya hemos hablado del concepto de intercambiabilidad que hoy se les asigna a las personas en las empresas, como si fueran piezas, que se contrapone al sentido que cada uno tenemos de nosotros mismo: que yo soy algo absoluto, irreferente, insustituible y propio. Baste ahora con decir al respecto que el hombre es fin en si mismo y no medio. Abró un paréntesis ante una posible reacción de tipo religioso, en que el único fin es Dios, sin dejar de reconocer que el hombre ha sido creado para servir a Dios, conducirse y conducir las cosas a Dios, no es cualquier medio que conduce al fin; no como el camino que nos lleva a la meta, quedándose atrás. Para el cristianismo, el nombre del hombre es hijo: la imagen que se conduce al modelo. Desde el punto de vista teológico, el hombre no es un medio para Dios, porque Él no necesita nada. Desde el punto de vista de la re-lación (re-ligación-religiosidad), el hombre se acerca a Dios siendo persona, como Él; pareciéndose más a Él. El hombre en su condición de fin. Si queremos imitar a Dios, nuestra dignidad se acrecienta no por eficacia, sino por la fecundidad. El hombre es más hombre no por ser más eficaz, sino por ser más fecundo. Si la eficacia la adquiero al obtener aquello de lo que carezco, la fecundidad en cambio, consiste en desbordar lo que tengo. Por aquí 10

Completar con la lectura de: Fabre, A. (2004). Autoestima: ¿Resultado del Tener o de la Actitud ante el Ser? en R. Peter El miedo a amarnos. Puebla: AITI

va el verdadero desarrollo del ser humano, no mediante la consecución de lo que hace falta, sino transmitiendo lo que se tiene. Cierro el paréntesis. Pero ¿por qué hemos dicho que el hombre, referido a todo el universo, es lo único que se puede considerar digno de ser fin y no medio? La respuesta a esta pregunta ya la hemos visto en la concepción antropológica de Frankl: porque el hombre es un ser espiritual. La idea desde luego no es original. Prácticamente toda la filosofía así lo ha considerado y hasta los ateos entienden el concepto del “espíritu del hombre” asociado por ejemplo con la “conquista” de la luna. Tomás de Aquino, recoge cinco razones expuestas a lo largo de la historia de la antropología. Dichas razones nos demuestran que no somos fundamentalmente animales, sino que nuestra sensibilidad está impregnada de espiritualidad o, más que eso, nuestra espiritualidad se abre paso en el mundo a través de la sensibilidad. Tenemos ideas universales. Las ideas son representaciones de un conocimiento libre de las particularidades materiales. Por ejemplo “un arma”, no se vincula necesariamente con la representación o imagen de un arma en particular. Lo mismo es una cerbatana o un misil, una catapulta o un arco. La idea del arma no depende de la materia, tamaño, lugar o temporalidad, basta pensar en un instrumento capaz de atacar y defender. Sin ofender, pero en la medida en que sólo sea capaz de imaginar o pensar en concreto, me encontraré en a vecindad del simio, o si prefiere del perro o del delfín. (Experimentos de Pavlov con chimpancés: el fuego y el agua...) a diferencia del hombre, el animal no es capaz de abstraer la idea o concepto de agua a partir de las cosas concretas. La capacidad de poseer ideas abstractas de cosas inmateriales. Por ejemplo, la verdad, la bondad, la relación entre las cosas, es decir en realidades que no tienen materia. De esta forma estamos al menos demostrándonos a nosotros mismos que nos hallamos por encima de nuestra propia materia de la que carecen las cosas que nosotros mismos pensamos. La condición libre del hombre independientemente de la materialidad. El hombre puede realizar actividades múltiformes y heterogéneas. De alguna manera no está sujeto a las cosas corpóreas. En todos los animales hay una continuidad indefectible entre el estímulo externo y su comportamiento (toda la evidencia del conductismo). En el hombre, aunque sean las mismas presiones del entorno, el hombre se comporta de distinta manera. Una discontinuidad ontológica con respecto a los animales. Nuestra capacidad de reflexión, yo no solamente conozco (muchos animales), sino que sé que conozco. El hombre cuenta con la capacidad de volverse sobre sí mismo, reflexionando sobre sus propios actos. (aunque sólo sea para martirizarnos). Poseer una capacidad indeterminada de progreso. Esta capacidad no se da en nuestras propias capacidades corporales. La vista por ejemplo, posee una capacidad que varía dentro de un rango máximo. Sin embargo, por ejemplo la verdad (aunque nos conformemos con la de la ciencia) se nos puede hacer cada vez más clara y nítida, y vamos mejorando nuestro entendimiento.

RESUMEN de Antropología: el concepto del hombre El hombre es un ser espiritual, una unidad a pesar de la multiplicidad Capaz de autodeterminarse (libre, aunque sea parcialmente) Orientado a la realización de significados y a la vivencia de valores Capaz de salir de sí (por su fecundidad tener y por tener sentido del otro) Único e irrepetible (de hay su valor absoluto), a pesar de ser limitado


Antropologia psicologica