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ANTIPODA JULIO - DICIEMBRE 2011

ANTROPOLOGÍA BIOLÓGICA Y ZOOARQUEOLOGÍA DESDIBUJANDO BARRERAS DISCIPLINARES

REVISTA DEL DEPARTAMENTO DE ANTROPOLOGÍA DE LA FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES UNIVERSIDAD DE LOS ANDES BOGOTÁ, COLOMBIA

ANTIPODA R E V I S TA D E A N T R O P O L O G Í A Y A R Q U E O L O G Í A N º 13 , J U L I O - D I C I E M B R E 2 011 I S S N 19 0 0 - 5 4 07 · h t t p: //a n t i p o d a . u n i a n d e s . e d u . c o

. PUBLICACIÓN SEMESTRAL DEL DEPARTAMENTO DE ANTROPOLOGÍA, FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES UNIVERSIDAD DE LOS ANDES D i r e c c i ó n p o s t a l: C a r r e r a 1 N º 18 A -10 · E d i f i c i o F r a n c o , P i s o 5 · B o g o t á D. C . , C o l o m b i a Te l é f o n o: 57.1. 339 . 49 49, E x t . 3 4 8 3 · Te l e f a x : 57.1. 332 . 4510 P á g i n a w e b: h t t p: //a n t r o p o l o g i a . u n i a n d e s . e d u . c o

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UNIVERSIDAD DE LOS ANDES

EDITORES INVITADOS

R E C TO R

Universidad de los Andes, Colombia

Pablo Navas Sanz de Santamaría Hugo Fazio Vengoa

DEC ANO FA C U LTA D D E C I E N C I A S S O C I A L E S

Carlos Alberto Uribe

D I R E C TO R D E PA R TA M E N TO D E A N T R O P O LO G Í A

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COMITÉ EDITORIAL

Alcida Rita Ramos, Ph.D.

Universidad de Br asilia, Br asil alcida.ramos@uol.com.br

Carlos Alberto Uribe, Ph.D.

Universidad de los Andes, Colombia curibe@uniandes.edu.co

Jean Jackson, Ph.D.

M a s s a c h u s e t t s I n s t i t u t e o f Te c h n o l o g y, M I T E s ta d o s U n i d o s

Elizabeth Ramos Roca Luis Borrero

Imhicihu- conicet y Universidad de Buenos Aires, Argentina

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EQUIPO ANTÍPODA Direc tor a

Claudia Steiner Sampedro

Universidad de los Andes, Colombia msteiner@uniandes.edu.co

Editor a Gener al

Nidia Vargas Medina

Universidad de los Andes, Colombia nvargas@uniandes.edu.co

A sistente Editorial

Marisela Quiroz Díaz

Universidad de los Andes, Colombia maris- qu@uniandes.edu.co

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jjack son@mit.edu

María Clemencia Ramírez, Ph.D.

Instituto Colombiano de Antropología e Historia , IC ANH, Colombia c l e m a15 @ y a h o o . c o m

Margarita Serje, Dra.

Universidad de los Andes, Colombia mserje@uniandes.edu.co

Myriam Jimeno Santoyo, Dra.

Universidad Nacional de Colombia mjimenos@unal.edu.co

Roberto Pineda Camacho, Dr.

Universidad Nacional de Colombia rpinedac@unal.edu.co

Roberto Suárez, Dr.

Diseño original

Diego Amaral Ceballos

Edición, armada elec trónic a

.Puntoaparte Editores Impresión

Editorial Kimpres

Corrección de estilo

Guillermo Díez Fotogr afía s

Margarita Monsalve y Juan Antonio Monsalve fotomonsalve@gmail.com

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Universidad de los Andes, Colombia rsuarez@uniandes.edu.co

Santiago Giraldo, Ph.D.

G l o b a l H e r i ta g e F u n d , C o l o m b i a y E s ta d o s U n i d o s sgiraldo@globalheritagefund.org

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COMITÉ CIENTÍFICO

Beatriz Castro, Ph.D.

U n i v e r s i d a d d e l Va l l e , C o l o m b i a

Cris Shore, Ph.D.

VENTAS Y SUSCRIPCIONES

Librería Uniandes libreria@uniandes.edu.co

La librería de la U www.lalibreriadelau.com

Siglo del Hombre Editores w w w.siglodelhombre.com

CANJES

Sistema de Bibliotecas Uniandes sbadquisiciones@uniandes.edu.co

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Th e U n i v e r s i t y o f A u c k l a n d , N u e v a Z e l a n d a

Elizabeth Fitting, Ph.D.

D a l h o u s i e U n i v e r s i t y, C a n a d á

Gerardo Otero, Ph.D.

S i m o n F r a s e r U n i v e r s i t y, C a n a d á

Liu Xin, Ph.D.

U n i v e r s i t y o f C a l i f o r n i a , B e r k e l e y. E s ta d o s U n i d o s

Michel Taussig, Ph.D.

C o l u m b i a U n i v e r s i t y, E s ta d o s U n i d o s

Sergio Eduardo Visacovsky, Ph.D.

I n s t i t u t o d e D e s a r r o l l o E c o n ó m i c o y S o c i a l- I D E S , Argentina

Stephen Hugh-Jones, Ph.D.

C a m b r i d g e U n i v e r s i t y, R e i n o U n i d o

Zandra Pedraza, Dr. Phil.

Universidad de los Andes, Colombia

PRECIO POR EJEMPLAR: $24.000 / US$15.00

Ti r a d a : 3 0 0

ejemplares

• 17

x

24

cm

• 292

p p.

Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología Nº 13 se terminó de imprimir en el mes de diciembre de 2011. Las opiniones e ideas aquí consignadas son de responsabilidad exclusiva de los autores y no necesariamente reflejan la opinión del Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes. El material de esta revista puede ser reproducido sin autorización para uso personal o en el aula de clase, siempre y cuando se mencionen como fuente el artículo y su autor y a Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología del Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes. Para reproducciones con cualquier otro fin es necesario solicitar la autorización del Comité Editorial de la revista.

ÍNDICES • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • • •

CAB Abstracts (www.cabi.org, Estados Unidos), 2011 SciELO- Scientific Electronic Library Online (Colombia), 2010 LatAm – Estudios Latrinoamericanos (International Information Services, Estados Unidos), 2009 HLAS-Handbook of Latin American Studies (Librar yod Congress, Estados Unidos), 2009 LATINDEX-Sistema Regional de Información en Línea para Revistas Científicas de América Latina, el Caribe, España y Portugal, 2008 HAPI-Hispanic American Periodicals Index (UCLA-Latin American Institute, Estados Unidos), 2008 IBSS-International Bibliography of the Social Science (Proquest, Estados Unidos), 2008 PUBLINDEX Categoría A2-Índice Nacional de Publicaciones (Colciencias, Colombia), 2008 Sociological Abstracts y Linguistics and Language Behavior Abstracts (CSA-Cambridge Scientific Abstracts, Proquest, Estados Unidos), 2008 DOAJ-Directory of Open Acess Journals (Lund University Libraries, Suecia), 2007 CREDI-Centro de recursos documentales e informáticos (OEI-Organización de Estados Iberoamericanos), 2008 CLASE-Cita Latinoamericanas de Ciencias Sociales y Humanidades (UNAM, México), 2007 CIBERA - Biblioteca Virtual Iberoamericana (German Institute of Global and Area Studies, Alemania), 2007 RedLyC- Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal (CLACSO, UAEM, México), 2007 Informe Académico, Académico Onefile (Gae Cengage Learning, Estados Unidos), 2007 GALE-CENGAGE LEARNING, 2007 DIALNET- Difusión de Alertas en la Red (Universidad de la Rioja, España), 2007 EP Smartlink Fulltext, Fuente Académica, Current Abstract, TOC Premier, Académica Research Complete (EBSCO Information Services, Estados Unidos), 2005 Ulrich’s Periodical Directory (Proquest, Estados Unidos), 2005 PRISMA – Publicaciones y revistas sociales hamanísticas (Proquest, Estados Unidos), 2005 Anthropological Index Online-Royal Anthropological Institute (Reino Unido), 2005 OCENET (Editorial Océano España), 2005 (EBSCO Information Services, Estados Unidos) EP Smartlink Fulltext, Fuente Académica, Current Abstract, TOC Premier, Académica Search Complete, 2005

PORTA LES W EB http://www.lablaa.org/listado_revistas.htm (Biblioteca Luis Ángel Arango, Colombia) http://www.portalquorum.org (Quórum Portal de Revistas, España) http://sala.clacso.org.ar/biblioteca/Members/lenlaces (Red de Bibliotecas Virtuales de CLACSO, Argentina)

ANTIPODA Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología del Departamento de Antropología (Facultad de Ciencias Sociales) de la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia), llega semestralmente a sus lectores desde el año 2005. Antípoda conforma un foro abierto y plural en donde se publican artículos y trabajos que permitan adelantar discusiones en la frontera del conocimiento antropológico y de otras disciplinas afines de las ciencias sociales. El criterio para la publicación de trabajos es el de su calidad y pertinencia intelectual, así como su contribución en la discusión y el debate en la comunidad académica nacional e internacional. Los responsables editoriales de Antípoda garantizan una evaluación seria y profesional de todos los materiales sometidos a su consideración por parte de pares de reconocida solvencia intelectual, académica y ética. Antípoda tiene un enfoque regional latinoamericano, con un interés especial en difundir y compartir las experiencias del trabajo antropológico tanto de Colombia como de las antropologías del mundo. A partir del nombre de  Antípoda  como una metáfora de la alteridad, la revista pretende presentar las diversas visiones de los temas sobre los cuales trata la disciplina. Las secciones se organizan desde las siguientes alegorías espaciales: Meridianos: en esta sección se señala la orientación del número. Aquí se publican artículos originales, resultados de investigaciones que están directamente relacionadas con el tema central. Igualmente se presentan trabajos de investigadores reconocidos en la disciplina, los cuales hacen referencia al tema central y que en algunos casos se traducen para hacerlos accesibles al público hispanoparlante. Paralelos: tienen lugar en esta sección artículos que están relacionados con el tema central del número, no necesariamente de una manera directa pero sí a través de aportes tanto teóricos como empíricos. Panorámicas: una sección amplia y abierta que recoge escritos con temas de actualidad y que no necesariamente se relacionan directamente con el tema central del número. Reseñas: presenta reseñas bibliográficas de nuevas publicaciones u otros trabajos de interés para la revista y sus lectores. Documentos: sección que ofrece a los lectores trabajos inéditos que pueden ser escritos, fotografías u otros documentos de carácter histórico. .

Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología agradece la colaboración de las siguientes personas como árbitros de este número Ana María Boada, University of Pittsburgh, Estados Unidos Andrés Link Ospina, Universidad de los Andes, Colombia Angélica Monserrat Tivoli, Centro Austral de Investigaciones Científicas – Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas CADIC-CONICET, Argentina Atilio Francisco Zangrado, Centro Austral de Investigaciones Científicas – Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas CADIC-CONICET, Argentina Carl Langebaek, Universidad de los Andes, Colombia Carlos Alberto Uribe, Universidad de los Andes, Colombia Carolyn Freiwald, University of Wisconsin – Madison, Estados Unidos Eduardo Corona M., Instituto Nacional de Antropología e Historia INAH, México Elizabeth Ramos Roca, Universidad de los Andes. Bogotá, Colombia Federico Luis Scartascini, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas CONICET; Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas IMHICIHU, Argentina Francisco J. Prevosti, Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, Argentina Gabriel Eduardo José López, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas – CONICET, Argentina Gustavo Neme, Museo de Historia de San Rafael, Argentina Heather McKillop, Louisiana State University, Estados Unidos Helena Groot, Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia Joaquín Arroyo-Cabrales, Instituto Nacional de Antropología e Historia, México Lourdes Márquez Morfín, Instituto Nacional de Antropología e Historia / Escuela Nacional de Antropología e Historia, México Luciano De Santis, Universidad Nacional de La Plata, Argentina Luis Alberto Borrero, Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas CADICCONICET; Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas IMHICIHU, Argentina Mariana Eleonor De Nigris, Universidad de Buenos Aires, Argentina Mark Rohrig Hubbe, Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo Universidad Católica del Norte, San Pedro de Atacama, Chile Pablo Marcelo Fernández, Centro Austral de Investigaciones Científicas – Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas CADIC-CONICET, Argentina Roberto Suárez Montañez, Universidad de los Andes, Colombia Wendy G. Teeter, University of California-UCLA, Estados Unidos.

ANTIPODA Í N D I C E A N T Í P O D A N º 1 12 | JE UNLEI ROO - - DJ IUC NI EI O M B2R0E1 12 0 1 0

Nota Editorial........................... 15 P r e s e n t a c i ó n.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 7 M e r i d i a n o s.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2 7 Los aportes de la bioantropología al conocimiento de la variabilidad biológica de los sudamerindios Descripción y análisis

F r a nc isc o R aúl C arnese· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

29

Adeptos a la adaptación Tres propuestas clásicas para la arqueología y una evaluación

Vi v i an Sc heinsohn· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 55

Aportación arqueológica al conocimiento del proceso de descomposición del cuerpo humano en posición sentada/flexionada

K a r ina Gerdau R adonic · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 75

Paralelos.................................. 97 La biología de la conservación aplicada a la zooarqueología: la sostenibilidad de la cacería del venado cola blanca, Odocoileus virginianus (Artiodactyla, Cervidae) en Aguazuque

M a r ía Fernanda Martínez-Pol anc o · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

99

La arqueofauna de Xcambó, Yucatán, México

C h r istopher M Götz y Thelma N. Sierr a Sosa · · · · · · · · · · · · · · · 119

Tafonomía de huesos de aves Estado de la cuestión y perspectivas desde el sur del Neotrópico

I s a b e l C ruz· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 147

Primer registro de perro doméstico prehispánico (canis familiaris) entre los grupos cazadores recolectores del humedal de Paraná inferior (Argentina)

A l e j andro Ac osta, Daniel Loponte y C ésar García Esponda · · · · · 175

Arqueología subacuática y tafonomía Recientes avances en el estudio de sitios finipleistocénicos sumergidos en la costa pacífica de Chile central.

I s a b e l C arta jena F., Patric io López M., Diego C ar abias, C a r l a Mor ales y Gabriel Vargas· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 201

ANTIPODA Í N D I C E A N T Í P O D A N º 1 12 | JE UNLEI ROO - - DJ IUC NI ELI O M A B2BR0I EO 1 1L2 O 0 1G0Í A D E L A C O N S E R V A C I Ó N | M A R Í A F E R N A N D A M A R T Í N E Z - P O L A N C O

P a n o r á m i c a s.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2 2 7 Aproximaciones y escalas de análisis en la zooarqueología y tafonomía sudamericanas. Algunas reflexiones sobre su estado actual y perspectivas para su desarrollo

m a riana Mondini y A. Sebastiá n Muñoz· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 229

D o c u m e n t o s.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2 5 3

ANTIPODA C O N T E N T S Editorial Note........................... 15 P r e s e n t a t i o n.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1 7 Meridians.................................. 27 Bioanthropology contributions to the knowledge of biological variability among south american indians: Analysis and description

F r a n c i sc o R aúl C arnese· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

29

Believing in adaptation: Three classical proposals for archeology and one evaluation

Vi v i a n S c heinsohn· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 55

Archaeological insights into the disarticulation pattern of a human skeleton in a sitting/squatting position

K a r i n a G erdau R adonic · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 75

P a r a l l e l s.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9 7 The biology of conservation applied to zooarcheology: Hunting sustainability of the white tail deer odocoileus virginianus (artiodactyla, cervidae) in Aguazuque

M a r í a Fernanda Martínez-Pol anc o · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

99

Archeofauna of Xcambo, Yucatan, Mexico

C h r i s t opher M Götz & Thelma N. Sierr a Sosa · · · · · · · · · · · · · · · 119

Bird bones taphonomy. State of the problem and perspectives from the southern Neotropics

I s a b e l C ruz· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 147

First registry of the pre-hispanic domestic dog (canis familiaris) among gatherer-hunter groups in lower Parana (Argentina)

A l e j a n dro Ac osta, Daniel Loponte & C ésar García Esponda · · · · · 175

Sub-aquatic archeology and taphonomy recent advances in the study of submerged phinipleistocenics in the pacific coast of central Chile

I s a b e l C arta jena F., Patric io López M., Diego C ar abias, C a r l a Mor ales & Gabriel Vargas· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 201

ANTIPODA C O N T E N T S Panoramics............................... 227 Approaches and scale analyses in south american zooarcheology and taphonomy: reflections regarding its current state and perspectives for its development

M a r iana Mondini & A. Sebastiá n Muñoz· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 229

Documents. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2 5 3

ANTIPODA Í N D I C E A N T Í P O D A N º 1 132 | JE UNLEI ROO - - DJ IUC NI EI O M B2R0E1 12 0 1 10

Nota Editorial........................... 15 Apresentação............................. 17 M e r i d i a n o s.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2 7 Os aportes da bioantropologia ao conhecimento da variabilidade biologica dos sul-amerindios: descrição e análise

F r a nc isc o R aúl C arnese· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

29

Adeptos à adaptação: Três propostas clássicas para a arqueología e uma avaliação

Vi v i an Sc heinsohn· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 55

Aportação arqueológica ao conhecimento do processo de decomposição do corpo humano em posição sentada/flexionada

K a r i na Gerdau R adonic · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 75

Paralelos.................................. 97

A biologia da conservação aplicada à zooarqueologia: A sustentabilidade da caçada do veado cauda branca odocoileus virginianus (artiodactyla, cervidae) em Aguazuque M a r ía Fernanda Martínez-Pol anc o · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

99

A arqueofauna de Xcambó, Iucatã, México

C h r istopher M Götz, Thelma N . Sierr a Sosa · · · · · · · · · · · · · · · · 119

Tafonomia de ossos de aves. estado da questão e perspectivas desde o sul do Neotrópico

I s a b el C ruz· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 147

Primeiro registro do cão domestico pré-hispânico (canis familiaris) entre os grupos caçadores recolhedores da zona úmida de Paraná inferior (Argentina)

A l e j andro Ac osta, Daniel Loponte, C ésar García Esponda · · · · · · 175

Arqueologia subaquatica e tafonomia Recentes avanços no estudo de lugares finipleistocênicos submersos na costa pacífico do Chile central

I s a b el C arta jena F., Patric io López M., Diego C ar abias, C a r l a Mor ales, Gabriel Vargas· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 201

ANTIPODA Í N D I C E A N T Í P O D A N º 1 12 | JE UNLEI ROO - - DJ IUC NI EI O M B2R0E1 12 0 1 10

P a n o r â m i c a s.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2 2 7 Abordagens e escalas de análise na zooarqueologia e tafonomia sul-americanas: Algumas reflexões sobre seu estado atual e perspectivas para seu desenvolvimento

M a riana Mondini, A. Sebastián Muñoz· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · 229

D o c u m e n t o s.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2 5 3

Nota Editori a l

E

A ntropología biológica y zooarqueología. Desdibujando barreras disciplinares

n s u n ú m e r o 1 3 , Antípoda se propone ampliar la discusión sobre los diferentes campos de nuestra disciplina. El reconocimiento de los aportes de investigaciones no directamente relacionadas con la antropología social y cultural, pero que de manera permanente la influyen, es el objetivo de este número. Entre estos aportes se destacan aquellos hechos por la antropología biológica y la zooarqueología, los cuales, tal y como lo señalan nuestros editores invitados, Elizabeth Ramos Roca y Luis Borrero, en su significativa presentación, al involucrar aspectos tanto sociales como biológicos, permiten avanzar en la comprensión de las sociedades humanas. A partir de la realización del “Encuentro de Antropología Biológica en Colombia” y del “Primer Encuentro Latinoamericano de Zooarqueología”, llevado a cabo durante el 13 Congreso Colombiano de Antropología en Bogotá en 2009, se hizo notoria la importancia de establecer diálogos transdisciplinarios que permitieran ampliar las discusiones entre los diferentes campos de la antropología. Los editores invitados hicieron una cuidadosa labor de selección de las ponencias que se presentaron, y que hoy publicamos en este número en forma de artículos, con la intención de iniciar este tipo de diálogo, necesario para la disciplina antropológica. Para Elizabeth Ramos y Luis Borrero, nuestros agradecimientos por su labor. En el presente número, los artículos sobre antropología biológica aparecen en la sección Meridianos, y los relacionados con zooarqueología se presentan en la sección Paralelos. Para esta edición de Antípoda que pretende establecer un diálogo entre diversos campos de la antropología, el trabajo de los artistas Margarita Monsalve y Juan Antonio Monsalve no podía ser más adecuado para ilustrar el tema. Su obra, que también refleja un tipo de mirada transdisciplinaria, al transformar imágenes fotográficas convencionales para crear imágenes que se Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 15-16

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A N T Í P O D A N º 1 3 | J U L I O - D I C I E M B R E 2 0 11

esconden una tras otra, nos lleva, como espectadores, a establecer una mirada distinta sobre la representación fotográfica. Una mirada que no deja de maravillarse ante el surgimiento casi mágico de las nuevas imágenes que aparecen en diferentes dimensiones. A ellos, nuestros agradecimientos por permitirnos utilizar las fotograf ías que acompañan este número. .

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Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 15-16

Pr esentación

DISCUSIONES COMUNES Y R E L E VA N C I A D E L O S D I Á L O G O S TR ANSDISCIPLINAR IOS EN ANTROPOLOGÍA: APORTES DESDE LA ANTROPOLOGÍA BIOLÓGICA Y LA ARQUEOZOOLOGÍA

L

Eliz abe th R amos Roc a* eramosroca@uniandes.edu.co Universidad de los Andes, Bogotá, Colombia L u i s A l b e r t o B o r r e r o ** laborrero2003@yahoo.com IMHICIHU-CONICET y Universidad de Buenos Aires, Argentina

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as aproximaciones transdisciplinarias son, sin lugar a dudas, uno de los terrenos más fértiles y uno de los mayores desaf íos de la investigación en el presente siglo, ya que, más que un trabajo “paralelo” o “simultáneo”, lo que implican es la identificación de fundamentos teóricos y metodológicos que puedan resultar verdaderamente transversales y que, en consecuencia, permitan integrar las discusiones de los distintos campos del conocimiento alrededor de propuestas teóricamente sólidas y metodológicamente coherentes. Por ya largo tiempo se ha debatido sobre el impacto que para la reconstrucción y el entendimiento de los procesos de adaptación biocultural humana ha tenido la imposibilidad de integrar de manera coherente el conocimiento que se produce desde las ciencias sociales y naturales (Schultz, 2009; Borofsky, 2002; Goodman y Leatherman, 1998; Calcagno, 2003; Puccirelli, 1994)1. En el campo de la Antropología, esto se evidencia en la cada vez mayor separación entre los intereses disciplinares de los antropólogos y en el escaso interés por * Ph.D. en Arqueología - Universidad de Pittsburgh, Estados Unidos. ** Doctor, Universidad de Buenos Aires, Argentina. 1 Véase también Special Issue: Biological Anthropology: Historical Perspectives on Current Issues, Disciplinary Connections, and Future Directions, James M. Calcagno, editor invitado, American Anthropologist 105 (1), marzo de 2003.

Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 17-25

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generar discusiones que integren los resultados de investigaciones de diferentes campos, cuestión que se ve reflejada en una producción académica fragmentada, en la desarticulación de los contenidos en los currículos educativos y en el contenido de los textos antropológicos (White et al., 2009), y en la falta de claridad que hasta cierto punto persiste sobre los aportes que las investigaciones de los antropólogos biológicos y los arqueólogos pueden hacer a las discusiones de la Antropología social y cultural, especialmente en lo que atañe al estudio de las problemáticas contemporáneas2. Estas situaciones, creemos, vívidamente reflejan unas aristas del debate sobre el “holismo” como carácter esencial de la Antropología (Calcagno, 2003). En este sentido, vemos cómo, en la medida en que avanzamos en el entendimiento de los niveles de complejidad de la especie humana, biológica y culturalmente hablando, más evidente se hace la necesidad de ahondar en la discusión sobre la importancia de generar marcos conceptuales integradores entre las ciencias sociales y biológicas, y en el caso particular de la Antropología, entre sus distintos campos, los cuales, como es de suponer, involucran aspectos sociales y biológicos. Es claro que no ha sido tarea fácil producir arenas de discusión comunes sobre la coevolución biológica y cultural. Recientemente, se ha señalado, por ejemplo, que uno de los marcos teóricos más promisorios en este sentido es el de la teoría evolutiva, ya que se argumenta que este marco no sólo permite la integración entre las ciencias sociales y biológicas sino, en general, entre las distintas ciencias humanas (Richerdson y Boyd, 2005), ofreciendo así posibilidades alentadoras para la gestación de teorías sintéticas sobre el comportamiento humano (Martínez y Lanata, 2002; O’Brien y Lyman, 2002; Lyman y O’Brien, 2007; Muscio y López, 2009; Borrero, 2009; López y Cardillo, 2009). En el contexto de la Antropología y la Arqueología contemporánea, dos campos que ilustran de manera apropiada esta situación son el de la Arqueozoología3 y el de la Antropología Biológica, ambos con historias particulares de larga trayectoria y ampliamente reconocidos en el presente, y entre los cuales, a pesar de las múltiples posibilidades de diálogo, son escasos los intentos por construir marcos de discusión donde se integren las investigaciones de ambos campos bajo una perspectiva transdisciplinaria. En este sentido, y tomando como signo del desarrollo de cada una de estas dos disciplinas la diversidad de “áreas” o “subacampos” que cada una de éstas acredita hoy en día, vemos cómo la Arqueozoología –entendida de manera general como el estudio de la fauna de contextos arqueológicos– involucra 2 Como un ejemplo de trabajos recientes que aportan en este sentido, véase Véran (2011). 3 Usado aquí como sinónimo de Zooarqueología. Para mayor claridad en torno al uso de los dos términos, véase Reitz y Wing (1999), capítulo 1.

Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 17-25

PRESENTACIÓN | ELIZ ABETH R AMOS ROC A Y LUIS ALBERTO BORRERO

diversos objetivos a su vez ligados a la multiplicidad de énfasis y enfoques con los que podemos aproximarnos al estudio de la fauna, como son la reconstrucción medioambiental, la dieta, la subsistencia, la biología de la conservación, los usos extradietarios y el cambio sociocultural, etcétera. Desde la óptica de la Antropología Biológica –entendida como el estudio dentro de un marco evolutivo de la variación biológica de las poblaciones humanas a lo largo de toda su historia–, los subcampos que se pueden reconocer son, entre otros, los de la biología de poblaciones humanas, la bioarqueología y la antropología forense. A pesar de la aparente especificidad de cada una de estas áreas del conocimiento, resulta evidente que los temas alrededor de los cuales se insertan las discusiones más generales son compartidos. Así, identificar y definir “dónde” se plasman las arenas comunes y los marcos teóricos y aproximaciones metodológicas que nos sirvan de referente para establecer discusiones transdisciplinarias es a lo que apunta el presente volumen; se busca contribuir a la tarea de lograr cada vez más y oportunos espacios en los que esta perspectiva, central como la entendemos, logre convertirse en una agenda puntual de la academia latinoamericana y, por supuesto, mundial en el campo de la Antropología Biológica y de la Arqueozoología, que a su vez logre trascender y aportar a las discusiones antropológicas más amplias. Tal fue también el espíritu que guió el interés de organizar, en el marco del 13 Congreso de Antropología en Colombia (Bogotá, septiembre-octubre de 2009), la realización paralela del “Encuentro de Antropología Biológica en Colombia” y del “Primer Encuentro Latinoamericano de Zooarqueología”, eventos dentro de los cuales se presentaron la mayoría de los trabajos que aquí se compilan. Creemos que uno de los mecanismos para lograr estos diálogos comunes a los que nos referimos, es propiciar espacios de discusión y divulgación donde confluyan distintas áreas del conocimiento y diversas perspectivas, pero donde se establezcan e identifiquen temas comunes. En los trabajos que aquí se incluyen se evidencian al menos dos de estos temas donde se percibe la perspectiva transdiciplinar; uno es el de la adaptación humana –ligado, por supuesto, a la teoría evolutiva–, abordado explícita o implícitamente en todos los trabajos, y el otro, el de la tafonomía. La articulación entre estos dos temas resulta en nuestro concepto evidente, en la medida en que estudiar los fenómenos de adaptación humana en sus múltiples dimensiones requiere, por una parte, la discusión conceptual acerca de “adaptación”, y por otra, estudios puntuales en distintos contextos geográficos y temporales sobre las diversas líneas de evidencia relacionadas con estos procesos; líneas de evidencia que incluyen varios tipos de análisis pertinentes al campo de la Antropología Biológica y ArqueAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 17-25

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zooqueología, como la determinación de la dieta, los patrones de subsistencia, el perfil paleodemográfico y paleopatológico, entre otros, y para los cuales el aporte de la tafonomía resulta, por decir lo menos, necesario. La perspectiva tafonómica no sólo es la que permite decidir cuáles son los tipos de investigaciones para las que son adecuados determinados conjuntos de materiales, sino también establecer cuándo existen condiciones de comparabilidad entre distintas muestras. De acuerdo con la estructura de la revista, en la sección Meridianos contamos con tres trabajos que involucran explícita o implícitamente el tema de la adaptación humana y de la teoría de la evolución, en términos bioculturales –el último de ellos también ligado al tema de la tafonomía–, ensayos que nos permiten dimensionar los campos de la Antropología Biológica en una óptica regional como lo es la suramericana, y el de la Zooarqueología en dimensiones que van desde lo teórico-metodológico del concepto básico de “adaptación” hasta las precisiones propias de un análisis tafonómico detallado, en función de prácticas culturales humanas como las mortuorias. En efecto, el texto de Francisco Raúl Carnese, “Los aportes de la bioantropología al conocimiento de la variabilidad biológica de los sudamerindios. Descripción y análisis”, además de trazar el derrotero de los estudios de genética de poblaciones desde el siglo XIX hasta el presente en el contexto sudamericano, destaca los aportes metodológicos y técnicos de la Antropología Biológica, enfatizando en la contribución que este tipo de investigaciones ha venido haciendo a las discusiones sobre el origen, la dispersión y la variabilidad biológica de las poblaciones humanas, destacándose, de manera particular, el potencial que para la interpretación de estos fenómenos tienen los estudios de ADN. Por su parte, Vivian Scheinsohn, en su ensayo “Adeptos a la adaptación: tres propuestas clásicas para la arqueología y una evaluación”, presenta un estado del arte sobre las conceptualizaciones vigentes en el pensamiento arqueológico contemporáneo de uno de los conceptos más importantes en la perspectiva evolutiva –el de adaptación–, evaluando su utilización con base en una revisión exhaustiva en distintos campos y corrientes de la Arqueología, revisión que la lleva a concluir que, dentro de la gama de propuestas teóricas existentes, hay algunas que parecen adecuarse mejor a la interpretación arqueológica, como es el caso de la “Teoría del Nicho Cultural” y el de la “Teoría de la Herencia Dual”, y en el caso de esta última se requeriría una “decodificación en cuanto registro arqueológico”, lo que para la autora se convierte en uno de nuestros mayores retos. El texto de Karina Gerdau-Radonic, “Aportación arqueológica al conocimiento del proceso de descomposición del cuerpo humano en posición sentada/flexionada”, por su parte, además de documentar sobre el proceso Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 17-25

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de descomposición del cuerpo humano, discute sobre la posibilidad de distinguir entre manipulación intencional y eventos tafonómicos, realzando la importancia de estudiar detalladamente estos contextos con el fin de refinar las estrategias que nos permiten inferir de manera más precisa el comportamiento humano en sus múltiples dimensiones. En la sección Paralelos, se incluyen cinco ensayos que compilan resultados de trabajos de investigación sobre temáticas o áreas de estudio particulares, pero que están ligados en todos los casos con el tema de la adaptación humana y la importancia de las investigaciones tafonómicas para abordar el estudio de estos procesos. En este sentido, el texto de María Fernanda Martínez-Polanco, “La biología de la conservación aplicada a la zooarqueología: la sostenibilidad de la cacería del venado cola blanca, Odocoileus virginianus (Artiodactila, Cervidae) en Aguazuque”, aporta al debate sobre la aplicación de la investigación zooarqueológica a las discusiones sobre conservación de especies en la actualidad, mediante el estudio de los patrones de cacería del venado cola blanca en Aguazuque, sitio de cazadores-recolectores tardíos de la sabana de Bogotá, y centrándose la discusión alrededor de conceptos como sostenibilidad, biología de la conservación e índices de diversidad. El texto de Christopher M. Götz y Thelma Noemí Sierra Sosa, “La arqueofauna de Xcambó, Yucatán, México”, se aproxima al estudio de los procesos de adaptación de las poblaciones prehispánicas de la península de Yucatán, por medio del estudio zooarqueológico de los patrones de aprovechamiento de la fauna en el sitio prehispánico de Xcambó, contribuyendo así a la reconstrucción de las trayectorias bioculturales de las sociedades Mayas. El texto de Isabel Cruz, “Tafonomía de huesos de aves. Estado de la cuestión y perspectivas desde el sur del Neotrópico”, presenta, por su parte, una discusión basada en una serie de investigaciones en Patagonia, las cuales evidencian el impacto de los procesos tafonómicos sobre los restos de aves, que varían en relación con el tamaño corporal, y la morfoanatomía de las mismas, en función del contexto ecológico y ambiental. La autora señala la necesidad de aplicar lo anterior en estudios futuros que, desde la perspectiva tafonómica, estén dirigidos a evaluar la acción de tales procesos sobre restos de vertebrados, discusión muy pertinente sobre la calidad de las reconstrucciones de las dietas pasadas, tanto en términos nutricionales como de prácticas de cacería o pesca. Por su parte, el artículo de Alejandro Acosta, Daniel Loponte y César García Esponda, “Primer registro de perro doméstico prehispánico (Canis familiaris) entre los grupos cazadores recolectores del humedal de Paraná inferior (Argentina)”, trata sobre las implicaciones que para la discusión sobre el origen e interacción entre los perros prehispánicos y las poblaciones aborígenes tienen Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 17-25

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los hallazgos en esta zona, señalando que, dado que los resultados de estas investigaciones dejan “más interrogantes que respuestas”, resulta perentorio abordar otras técnicas de investigación, como los son los estudios de ADN, que nos permitan documentar con mayor precisión las relaciones filogenéticas y las trayectorias de esta especie en el continente. El último texto de esta sección corresponde al ensayo de Isabel Cartajena F., Patricio López M., Diego Carabias, Carla Morales y Gabriel Vargas, “Arqueología subacuática y tafonomía: recientes avances en el estudio de sitios finipleistocénicos sumergidos en la costa pacífica de Chile central”, el cual nos ofrece una discusión de los resultados del análisis tafonómico del sitio GNLQ1 –que corresponde a un contexto primario conformado por una serie de restos de fauna continental extinta del Pleistoceno final (familias Camelidae, Cervidae, Artiodactyla, Equidae, Mylodontidae, Canidae y Xenarthra), recuperados bajo las aguas del océano Pacífico–, enfatizando en la representación anatómica y las características superficiales de los materiales, con el fin de conocer las condiciones paleoecológicas y delimitar los factores tafonómicos en contextos terrestres y subacuáticos. En la tercera sección de la revista, Panorámicas, el trabajo de Mariana Mondini y A. Sebastián Muñoz, titulado “Aproximaciones y escalas de análisis en la zooarqueología y tafonomía sudamericanas”, ofrece una panorámica sobre la importancia del vínculo entre la investigación zooarqueológica y tafonómica en Sudamérica y los retos del uso de escalas de análisis apropiadas para abordar estos fenómenos. Así, la discusión se organiza alrededor de algunos puntos “sensibles” en los cuales los autores consideraran que debemos centrar nuestra atención en el futuro próximo, como la integración entre la tafonomía, la zooarqueología y la investigación arqueológica, los estudios actualísticos, investigaciones que involucren distintas escalas de análisis y la necesidad de la interlocución continental para abordar estos temas. Para finalizar, señalan la importancia que para el futuro de estas disciplinas tiene el estímulo de una producción teórica, metodológica y epistemológica. La última sección de la revista, Documentos, incluye el texto de Raúl Valadez Azúa y Gilberto Pérez Roldán, “La zooarqueología dentro de la Universidad Nacional Autónoma de México”, un estudio de caso que ilustra la importancia que tiene el trabajo interdisciplinario para la interpretación tanto zooarqueológica como arqueológica en general, Así mismo, en esta sección, y como reflexión final del volumen, tenemos el texto de Luis Borrero, “La función transdisciplinaria de la arqueozoología en el siglo XXI: restos animales y más allá”, documento que recoge, usando el ejemplo de la Arqueozoología, la importancia y los principales retos del trabajo transdisciplinar, destacando cómo el trabajo Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 17-25

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del arqueozoólogo exige un conocimiento de la variación exhibida, llamando la atención sobre la importancia de innovar y hacer propuestas metodológicas concordantes con las discusiones teóricas en América Latina, particularmente a partir de lo que el autor denomina “tafonomía irrestricta”. Como editores invitados, queremos concluir esta presentación reconociendo a los autores y el equipo coordinador de la revista Antípoda su paciencia y compromiso, con la convicción de que este esfuerzo servirá para hacer realidad los diálogos verdaderamente transdisciplinares. .

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PRESENTACIÓN | ELIZ ABETH R AMOS ROC A Y LUIS ALBERTO BORRERO

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Meridianos

LOS APORTES DE LA BIOANTROPOLOGÍA AL CONOCIMIENTO DE LA VARIABILIDAD BIOLÓGICA DE LOS SUDAMERINDIOS. DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS

Fr ancisco R aúl C arnese

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ADEPTOS A LA ADAPTACIÓN: TRES PROPUESTAS CLÁSICAS PARA LA ARQUEOLOGÍA Y UNA EVALUACIÓN

Vivian Scheinsohn

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APORTACIÓN ARQUEOLÓGICA AL CONOCIMIENTO DEL PROCESO DE DESCOMPOSICIÓN DEL CUERPO HUMANO EN POSICIÓN SENTADA/FLEXIONADA

K arina Gerdau R adonic

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L O S A P ORT E S DE L A BIOA N T ROP OL O GÍ A A L C ONO C I M I E N TO DE L A VA R I A BI L I DA D BIOL Ó GICA DE L O S S U DA M E R I N DIO S . DE S C R I P C IÓN Y A NÁ L I SI S F r ancisco R aúl C arnese * antbiol@filo.uba.ar Universidad de Buenos Aires

R e s u m e n En este trabajo se describe y analiza la información proporcionada por los estudios bioantropológicos en poblaciones amerindias sudamericanas. Se evaluaron tres etapas del desarrollo de la antropología biológica, desde el siglo XIX hasta el presente, con la finalidad de analizar los aportes técnicometodológicos y teóricos predominantes en cada una de ellas. Para alcanzar esos objetivos, se consideraron, principalmente, las contribuciones de la genética de poblaciones que abrieron nuevos rumbos para abordar y comprender, desde otra perspectiva, la variabilidad biológica de esos grupos humanos. PAL AB R A S C L AVE:

Bioantropología, poblaciones sudamerindias, diversidad genética, descripción y análisis.

* Doctor en Ciencias Naturales, Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Artículo recibido: 1 de junio de 2011 | aceptado: 1 de noviembre de 2011 | modificado: 18 de noviembre de 2011 Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 294 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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Bioanthropology Contributions to the Knowledge of Biological Variability among South American Indians: Analysis and Description A B S T R AC T

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This paper analyzes and

Os

aportes da bioantropologia

ao conhecimento da variabilidade biologica dos sul-amerindios: descrição e análise

RESUMO

Neste trabalho descreve-se e

describes bioanthropological studies

analisa-se a informação proporcionada pelos

on South American Amerindians. Three

estudos bioantropológicos em populações

periods in the development of biological

ameríndias sul-americanas. Foram avaliadas

anthropology, from the 19th century

três etapas do desenvolvimento da

up to the present, were evaluated with

antropologia biológica, desde o século XIX

the intention to analyze the technical,

até o presente, com a finalidade de analisar

methodological and theoretical contributions

os aportes técnico-metodológicos e teóricos

predominant in each of them. To achieve

predominantes em cada uma delas. Para

this objective, contributions on population

alcançar esses objetivos, foram consideradas,

genetics were considered, opening new

principalmente, as contribuições da genética

ways to approach and understand, from

de populações que abriram novos rumos

a different perspective, the biological

para abordar e compreender, desde outra

variability of these human groups.

perspectiva, a variabilidade biológica desses grupos humanos.

KEY WORDS:

PAL AV R A S C HAVE:

Bioanthropology, Genetic Diversity, South

Bioantropología, populações sul-ameríndias,

Amerindian Populations, Description and

diversidade genética, descrição e análise.

Analysis.

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L O S A P ORT E S DE L A BIOA N T ROP OL O GÍ A A L C ONO C I M I E N TO DE L A VA R I A BI L I DA D BIOL Ó GICA DE L O S S U DA M E R I N DIO S . DE S C R I P C IÓN Y A NÁ L I SI S

E

Francisco Raúl Carnese

Int roducción

n es te tr ab aj o se d e sc ri b e n y analizan los avances del conocimiento de la biología de las poblaciones indígenas sudamericanas, en las distintas etapas del desarrollo de la antropología biológica. Dada la vastedad de esta tarea, y debido a las limitaciones del espacio y a las propias del autor acerca del conocimiento de las distintas áreas de la bioantropología, el estudio se circunscribió a evaluar, principalmente, las contribuciones realizadas por la genética de poblaciones, disciplina que abrió nuevos caminos para abordar y comprender, desde otra perspectiva, la variabilidad biológica de los indígenas sudamericanos. Dentro de ese marco, el análisis se limitó a considerar los aportes técnico-metodológicos y teóricos más significativos que apuntalaron el desarrollo de la disciplina. Teniendo en cuenta esas contribuciones, el estudio se dividió en tres períodos, con una extensión temporal que va desde los albores de la antropología a mediados del siglo XIX hasta la época actual. Para desarrollar la primera de las tres etapas propuestas, se examinaron trabajos de autores de Argentina, Brasil, Chile, Uruguay y Venezuela, sobre la historia de la antropología biológica de sus respectivos países. Estos artículos fueron publicados en la Enciclopedia editada por Spencer (1997). En esta publicación no se registraron estudios realizados por autores de otros países sudamericanos. No obstante, se ha recabado información bibliográfica para el conjunto de los períodos analizados, a partir de otras fuentes no contenidas en esa Enciclopedia. Los libros de Salzano y Callegari-Jacques (1988), Crawford (1992) y artículos originales fueron analizados para valorar el estado de avance de los estudios genético-serológicos en las poblaciones nativas de América, durante Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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el período que se extendió desde la década de 1920 hasta mediados de los años ochenta. Por último, se consultaron trabajos que evaluaron la variabilidad biológica de esos grupos poblacionales, a partir de la incorporación en los estudios bioantropológicos de técnicas y métodos provenientes de la biología molecular.

L os p r i m e r o s pa so s

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Para la mayoría de los autores, los estudios bioantropológicos comienzan en los inicios o a mediados del siglo XIX. Este período se caracterizó por la presencia en las instituciones académicas, museos y universidades de investigadores extranjeros provenientes, principalmente, de países europeos. Posteriormente, muchos de ellos se establecieron en la región (Peter W. Lund, Paul Ehrenreich, Max Uhle, Henri Dumont, Adolf Bastian, Hermann Burmeister, Hermann ten Kate, Lehmann Nitsche, Martin Gusinde, Adolf Ernst, entre otros) y se relacionaron con investigadores nativos que, inicialmente, eran en su mayoría autodidactas. Según Rothhammer y Aspillaga (1997), en todos los países hubo un período precientífico en la antropología f ísica. Ese período termina en Chile con la publicación del libro Los aborígenes de Chile, en 1882, de José T. Medina (1852-1930), quien resumió las contribuciones realizadas por otros autores, y también aportó concepciones modernas que aplicó al estudio de comunidades indígenas. En 1912, Max Uhle, arqueólogo alemán, organizó el Museo de Etnología y Antropología Chilena, en Santiago de Chile. Colaboraron con él Aureliano Oyarzún y Martin Gusinde (1886-1969). Este último autor realizó una exhaustiva descripción de los indios fueguinos que, posteriormente, fue publicada, en idioma español, por el Centro Argentino de Etnología Americana (1990). En Brasil, João Baptista de Lacerda fue considerado el primer antropólogo biólogo de ese país. Entre 1875 y 1893, realizó estudios morfológicos en poblaciones actuales y extintas de Brasil (ver Lacerda y Peixoto, 1876). El libro Rondonia, publicado en 1917 por Edgard Roquette Pinto (1884-1954), fue uno de los hechos más importantes para el desarrollo de la antropología brasileña (Salzano, 1997). Los estudios realizados por Adolf Ernst (1832-1899) en el Museo de Ciencias Naturales de Caracas fueron profundizados por Gaspar Marcano (18501910), nacido en Venezuela y formado en París, quien estudió las características craneométricas de los habitantes precolombinos de varias regiones de Venezuela (Castro de Guerra, 1997). En Uruguay deben mencionarse los trabajos de José H. Figueira (18601946), quien realizó una descripción de las características f ísicas del material recuperado en enterratorios, ubicados en el este del país (Sans, 1997). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

LOS APORTES DE LA BIOANTROPOLOGÍA | FRANCISCO RAÚL CARNESE

Un hecho trascendente en este período fue el descubrimiento de los restos de Lagoa Santa por Peter W. Lund (1801-1880). En la actualidad, este hallazgo es motivo de interesantes debates, debido a que, por su antigüedad y características morfológicas, estos restos son considerados como pertenecientes a un grupo poblacional que ingresó a América, previamente a la llegada de los amerindios (Neves y Pucciarelli, 1990, 1991; González et al., 2008; Hubbe et al., 2010). En esta época predominaron los estudios antropométricos (craneometría y osteología) y antroposcópicos de poblaciones indígenas actuales y extintas y de grupos neoamericanos. También se realizaron investigaciones sobre mezcla racial, endogamia y consanguinidad. En general, los principales objetivos de la disciplina se centraron en las clasificaciones biotipológicas de las poblaciones indígenas. Las especulaciones acerca del origen del hombre y del hombre americano fueron también un tema de interés de los investigadores. En este sentido, es importante mencionar las obras de Florentino Ameghino (1854-1911) y sus elucubraciones en torno al origen del hombre en América, que, si bien fueron desvirtuadas por la realidad, tuvieron el mérito de haber despertado e impulsado el interés por estos estudios tanto en Argentina como en el mundo entero. Por ejemplo, Hrdlička, el padre de la bioantropología norteamericana, dedicó un libro entero a los hallazgos de Sudamérica, motivado por los trabajos de Ameghino (Hrdlička, 1912). (Ver Carnese et al., 1997; Carnese y Pucciarelli, 2007). El darwinismo fue el marco teórico preponderante de la época, no sólo en antropología sino, también, en otras disciplinas científicas. Las concepciones evolucionistas tuvieron una influencia considerable en los ámbitos académicos e institucionales de casi todos los países sudamericanos (Glick, 1989). Es recién en la década de 1920 cuando comienzan a realizarse los primeros estudios genéticos en poblacionales amerindias de Sudamérica.

L o s a po r te s d e la ge né tica serológica

Una segunda etapa en el desarrollo de la disciplina se corresponde, principalmente, con la incorporación de técnicas y métodos provenientes de la genética-serológica. Mediante la determinación de marcadores genéticos eritrocitarios y séricos se realizaron estudios en diversas poblaciones indígenas y neoamericanas. Uno de los hechos más importante en Sudamérica fue marcado por Bacigalupo, quien difundió, por primera vez, los resultados de sus análisis serológicos en aborígenes argentinos, mediante el empleo de técnicas estadísticas apropiadas (Bacigalupo, 1926, 1934). Casi al mismo tiempo, Mazza y Franke (1927, 1928) determinaron el grupo ABO en más de un centenar de aborígenes del Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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Chaco argentino, con el objetivo de establecer el origen de esas poblaciones. En esa época, Imbelloni, a pesar de ser un investigador proveniente de la escuela morfológica adscripta al hiperdifusionismo del historicismo cultural, adhirió a la inclusión de los grupos sanguíneos en los estudios bioantropológicos, por su extraordinaria eficacia heurística; porque se heredan independientemente de la edad y el sexo; no se modifican durante el desarrollo ontogénico, y es escasa o nula la influencia ambiental. Por estas razones, entendía que eran de suma utilidad para las clasificaciones raciales (Imbelloni, 1937). Otro hecho de trascendencia fue producido por Layrisse et al. (1955), quienes descubrieron el factor Diego A (DI*A) en una familia indígena venezolana (Castro de Guerra, 1997). Este hallazgo tuvo repercusión en antropología, porque reveló las relaciones genéticas entre las poblaciones amerindias y asiáticas. A su vez, las tipificaciones de enzimas eritrocitarias y séricas, de las inmunoglobulinas Gm/Km, del sistema HLA y del carácter secretor ABH, entre otras determinaciones, posibilitaron la obtención de un panorama más actualizado sobre la variabilidad biológica de las poblaciones indígenas sudamericanas. Una de las observaciones más interesantes de estos estudios está relacionada con los grupos sanguíneos. Se constató que los amerindios tenían frecuencias cercanas al 100% para el alelo ABO*O, eran casi todos Rh positivos y, en promedio, un 10% presentaban el alelo Diego A (DI*A). En relación con el sistema ABO, Crawford (1992: 32) señaló que antropólogos y genetistas sugirieron “que los amerindios se habían separado de las demás poblaciones humanas antes de la evolución de los antígenos A y B, y que ésa sería la causa de la ausencia de esos alelos en la mayoría de las poblaciones americanas”1. Por consiguiente, se dedujo que la presencia de esos marcadores en grupos amerindios sería consecuencia de mezcla génica con europeos. Sin embargo, las poblaciones siberianas actuales son polimórficas para el sistema ABO, con una frecuencia del alelo ABO*A1 de casi un 20% en los Chukchi de la península de Chukotka y un 14% entre los esquimales siberianos, quienes, a su vez, presentan un 23% del alelo ABO*B (Crawford, 1992). Estas variantes polimórficas fueron observadas también en otros grupos siberianos. ¿Si esos antígenos estaban presentes en esas poblaciones, y si se admite que ellas fueron parte de los grupos fundadores de América, cómo se explica la ausencia de los mismos en las actuales poblaciones amerindias? Se sugirieron al respecto varias hipótesis, donde la deriva génica, la selección natural o la acción combinada de ambos mecanismos microevolutivos 1 La excepción son los indígenas Blodfoots y Blood, que presentaban elevadas frecuencias del alelo A. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

LOS APORTES DE LA BIOANTROPOLOGÍA | FRANCISCO RAÚL CARNESE

habrían sido las causas determinantes de la fijación del alelo ABO*O y la pérdida de los alelos ABO*A y ABO*B. Afortunadamente, debido a que estos antígenos están presentes en distintos tejidos y órganos del cuerpo humano, y que su capacidad antigénica se preserva del paso del tiempo, se comenzaron a desarrollar investigaciones para detectar esas sustancias en material óseo y/o momificado de épocas precolombinas. Con estos estudios se intentó dar respuesta a los interrogantes arriba formulados.

L o s e s tud i o s pa le o se r o l ógicos

La presencia de sustancias grupales sanguíneas, en su forma alcohol soluble, en tejidos humanos posibilitó su determinación mediante técnicas serológicas que habían sido empleadas en medicina legal. En la tabla 1 se mencionan algunas de ellas, así como las determinaciones realizadas a partir de restos momificados de diferentes regiones de Sudamérica. Se puede observar que los antígenos A y B están presentes, aunque en bajas proporciones, en Colombia, Perú, Chile, Brasil y Argentina. La presencia de B en indios, precontacto con europeos, de la región andina de América del Sur es coincidente con lo remarcado para las poblaciones vivientes de esa misma área. A partir de estos datos se postuló que, si se descarta la acción de factores contaminantes que interfieren en la tipificación de los especímenes, la existencia de los antígenos A y B en América precolombina no sería sólo consecuencia del mestizaje con europeos. Se consideró, entonces, que la baja o nula frecuencia de esos antígenos en aborígenes actuales podría deberse a la acción de mecanismos microevolutivos como la deriva genética, la cual debió haber cumplido un importante rol en la diferenciación genética de esas poblaciones. A su vez, se sostuvo que un papel destacado pudo haber sido desempeñado por la selección natural, a través de mecanismos de susceptibilidad y resistencia a ciertas enfermedades y en función de determinados genes de grupos sanguíneos (Carnese y Palatnik, 1972). Estas investigaciones habían proporcionado información de interés para aquellos que intentaban interpretar las relaciones y las variaciones entre las poblaciones pre y poscontacto con los europeos y para hipotetizar acerca de las probables causas que determinaron la composición genética de los indígenas actuales. Sin embargo, en su momento, estos estudios fueron criticados por Thieme y Otten (1957), quienes sostenían, entre otros argumentos, que la gran distribución en la naturaleza de sustancias semejantes a los antígenos de grupos sanguíneos puede actuar como contaminante, dando lugar a falsas reacciones de inhibición. Los mismos autores analizaron otros factores que influyen sobre Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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Tabla 1. Investigaciones serológicas de sustancias grupoespecíficas ABO en restos sudamericanos precolombinos. Autor/Año

36

Procedencia

N

Método

Resultados A

B

AB

O

ND

Matson, 1934

Perú

12 IA

-

-

-

12

-

Boyd y Boyd, 1937

Perú

127 IA

1

6

2

118

-

Wyman y Boyd, 1937

Perú

133 IA

1

6

2

124

Gilbey y Lubran, 1952

Colombia

2 IA

2

-

-

-

-

Perú

3 IA

1

-

-

2

-

Furuhata et al., 1959

Perú

3 NE

2

-

-

-

1

Otten y Flory, 1963

Chile

7 AM

-

-

-

7

-

Etcheverry et al., 1970

Chile

-

-

-

80

-

Lippold, 1971

Perú/Chile

-

9

-

Carnese y Palatnik, 1972

Argentina

5

-

80 IA 9 AM 10 AM/IA/E

1

Allison et al., 1976

Perú

4

1

2

4

-

Allison et al., 1978

Perú

113 IA

27

4

21

61

-

Chile

49 IA

4

-

-

45

-

Brasil

69 AF

14

-

-

55

-

Llop y Rothhammer, 1988 Chile

54 IA

1

-

-

45

8

Pereira et al., 1984 Salaberry et al., 1999 Totales

Argentina

11 IA/In An

4

5 AM/IA/E 687

4 65 (9%)

18 (3%)

27 (4%)

567 (82%)

1 10 (2%)

Referencias: AM: aglutinación mixta; IA: inhibición de la aglutinación; E: elución del anticuerpo; In An: inducción de la producción de anticuerpos; ND: no determinado; NE: no especificado.

la reproductibilidad de estas determinaciones, como la acción de la actividad enzimática de las bacterias Clostridium tertium, Bacillus fulminans y Bacillus cereus, que descomponen o transforman las sustancias grupoespecíficas ABO. Estas observaciones, más otras comentadas recientemente (Salaberry et al., 1999), cuestionan estas investigaciones por su falta de reproductibilidad y especificidad. No obstante, en la tabla 1 se observa que tanto los antígenos A como B habían sido detectados en varias muestras precolombinas, de distintas regiones de Sudamérica. La pregunta que cabe formularse es si estos resultados pueden explicarse, exclusivamente, por la acción de factores contaminantes. Recientemente, Lin et al. (1996) estudiaron nueve momias del desierto de Taklamakan, en Asia Central. La genotipación del sistema ABO a nivel molecular fue consistente con las determinaciones serológicas realizadas en las mismas muestras, cuando se aplicó el método de absorción-elución. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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En consecuencia, los intentos de explicar las causas determinantes de la distribución del sistema ABO en poblaciones amerindias no tienen, todavía, una respuesta satisfactoria. Seguramente, nuevas investigaciones a nivel molecular podrán, en un futuro próximo, aclarar esta cuestión. En resumen, en este período, las investigaciones realizadas aportaron importante información sobre la biología de las poblaciones sudamerindias. Sin embargo, la incorporación de la genética serológica en los estudios bioantropológicos, si bien constituyó un cambio técnico y metodológico importante, no modificó la concepción básica de la variabilidad biológica de la época. Uno de los objetivos principales de la antropología biológica siguió siendo la caracterización racial de los grupos humanos en entidades discretas, idea que prevaleció hasta mediados del siglo XX. En un trabajo anterior se señaló que “El criterio tipológico de acuerdo a como fuera definido por Mayr (1968) y por Henning (1968) fue nodal en las explicaciones que se brindan en nuestra disciplina. Aún con los trabajos serológicos de Boyd (1950) se llega a una conceptualización raciológica similar, en lo esencial, a la de Blumenbach” (Pucciarelli, 1989: 28; ver Carnese et al., 1991-92: 44). En esta etapa, el marco teórico predominante en la antropología biológica parece haber sido el darwinismo, por el enfoque dado a las investigaciones, aunque en Argentina se produjo un retroceso de las concepciones evolucionistas y un significativo avance de las ideas hiperdifusionistas de la Escuela Histórica-Cultural, asociada al método tipológico. El máximo representante de esa concepción fue José Imbelloni.

L a s d é c ad as d e lo s a ño s sesent a-ochent a

Es a partir de la década de 1960 cuando comienza a producirse un paulatino reemplazo del método tipológico por métodos estadísticos uni y multivariado, que, junto con el desarrollo de la informática, se convirtieron en herramientas fundamentales para el procesamiento y análisis de una significativa cantidad de información. Estos aportes permitieron abrir nuevos caminos para una mejor interpretación de la variabilidad biológica humana. Se profundiza el conocimiento de las estructuras genéticas de las poblaciones indígenas, de los contactos interétnicos que establecieron y de la mezcla génica con grupos no amerindios. Entre otros significativos avances, las variaciones interpoblacionales comienzan a estimarse a partir de diversos coeficientes de distancias biológicas. Además, surgieron nuevas hipótesis acerca del origen de los amerindios y de los grupos migratorios que ingresaron al continente americano. En ese sentido, el trabajo de Greenberg et al. (1986) fue una excelente contribución a toda Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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esa temática. Más adelante, una revisión de los estudios realizados en poblaciones indígenas sudamericanas fue publicada por Salzano y Callegari-Jacques (1988). En este período, un hecho de trascendencia fue protagonizado por Lewontin (1972), quien demostró, mediante el análisis de diecisiete sistemas genéticos tradicionales, que de toda la variación genética humana, el 85% corresponde a variación entre individuos dentro de una nación o tribu, mientras que el resto se reparte entre naciones (8%) y las razas principales (6%). Posteriormente, los resultados obtenidos por Lewontin fueron confirmados mediante el empleo de marcadores genéticos moleculares (ver Barbujani, 2005). Al respecto, es interesante remarcar que los datos craneométricos son, también, coincidentes con las observaciones registradas a nivel serológico y molecular (ver Relethford, 1994). Estas observaciones originaron interesantes debates acerca de si el concepto de raza es reflejo de una realidad biológica o una construcción social.

L a b i o lo gí a m o le c ular 38

Hacia mediados de la década de 1980 comienza a percibirse un importante cambio en las investigaciones bioantropológicas, con la incorporación de técnicas y métodos provenientes de la biología molecular2. El primer trabajo en amerindios, que incluyó a treinta Warao de Venezuela, fue realizado por Johnson et al. (1983) mediante la técnica de longitud de fragmentos polimórficos de restricción (restriction fragment length polymorphism, RFLP) empleando cinco enzimas de restricción. A partir de este estudio se intensificaron las investigaciones con el empleo de un número mayor de enzimas y la secuenciación de la región control del ADNmt (Wallace et al., 1985; Torroni et al., 1992; Ward et al., 1991). Con estas investigaciones se constató la presencia de cuatro haplogrupos mitocondriales de origen asiático: A, B, C y D, y, posteriormente, sus variantes autóctonas americanas: A2, B2, C1 y D1. Más tarde, Brown et al. (1998) describen un quinto haplogrupo fundador denominado X, que está presente con bajas frecuencias, tanto en amerindios norteamericanos como en poblaciones europeas y siberianas actuales (Derenko et al., 2001), pero no se detectó en los grupos poblacionales que habitan actualmente en el este de Siberia, probablemente, por efecto de la deriva génica (Fagundes et al., 2008). En cambio, otros investigadores sugirieron la existencia de un número mayor de haplogrupos fundadores de América (Bailliet et al., 1994; Bianchi et al., 1995). Según Salzano (2002), hasta 2001 se habían estudiado 90 muestras de nativos americanos, con un total de 3.809 individuos; 39 de esas muestras pro2 Para el desarrollo de la primera parte de este apartado se tuvo en consideración la revisión efectuada por Salzano en 2002. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

LOS APORTES DE LA BIOANTROPOLOGÍA | FRANCISCO RAÚL CARNESE

venían de Sudamérica, e incluyen a 1.770 personas. Se observa que el haplogrupo B era, en promedio, el más frecuente (0,318), seguido del C y el D, con valores similares, 0,234 y 0,233, respectivamente, y que el haplogrupo A (0,188) registraba la menor prevalencia. A partir de estos hallazgos, se concluyó que en la región sudamericana hay una distribución bastante uniforme de los cuatro haplogrupos, semejante a la de los amerindios de Norteamérica. Las primeras investigaciones realizadas a partir del cromosoma Y permitieron indagar los linajes paternos y compararlos con los de origen materno derivados del ADN mitocondrial. Diversos estudios demostraron que su variabilidad era menor a la observada en el ADN mitocondrial. Bianchi et al. (1997) sugirieron la existencia de un simple haplotipo fundador de América, mientras que otros autores plantearon que por lo menos dos serían los linajes paternos que han contribuido al acervo génico de las poblaciones americanas (Rodríguez-Delfin et al., 1997; Karafet et al., 1999; Ruiz-Linares et al., 1999). En otras investigaciones se analizaron marcadores genéticos autosomales: sistema HLA, polimorfismos de inserción cortos o largos (Short or Large, LINE); longitud de fragmentos polimórficos de restricción (RFLP, en inglés); pequeñas secuencias de nucleótidos repetidos en tándem o microsatélites (Short tandem repeats, STRs); polimorfismos nucleotídicos simples de sustitución (Single nucleotide polymorphisms, SNPS) y número variable de nucleótidos repetidos en tándem (Variable number of tandem repeats, VNTRs). Por otra parte, hasta 2002 fueron escasos los trabajos en los que se utilizaron marcadores genéticos del cromosoma X, para el análisis de poblaciones aborígenes sudamericanas (Salzano, 2002). A partir de ese año, que se corresponde con la revisión realizada por Salzano, se produjeron significativos aportes técnico-metodológicos que permitieron analizar con mayor profundidad las estructuras y la diversidad genética de las poblaciones indígenas y plantear nuevas hipótesis acerca del poblamiento americano. Es profusa la bibliograf ía existente sobre estos temas, como para intentar realizar una revisión exhaustiva de la misma. Por esa razón, se presenta un análisis de la variabilidad biológica de los sudamerindios, a partir de los datos disponibles hasta 2008, que fue comunicado ese mismo año en el Congreso de la Asociación Latinoamericana de Antropología Biológica (ALAB), realizado en la ciudad de La Plata, Argentina (Carnese et al., 2008). En la tabla 2 se muestran las determinaciones genéticas realizadas en las poblaciones estudiadas, y en la figura 1, la distribución geográfica de las mismas. Como puede observarse, no fueron incluidos en el estudio todos los Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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Tabla 2. Marcadores genéticos empleados para el análisis de la diversidad genética de las poblaciones sudamerindias. Marcadores

Poblaciones ABO, MNSs, Rh, Fy, Di, JK, P, KELL, G6PD, HP, TF.

Proteicos (1)

(N = 19519) ADN mitocondrial (N = 1518)

Sistema HLA Clase II: locus HLA-DRB1 (N = 1118) Moleculares (2) 40

Cromosoma Y. Loci: DYS19, DYS390, DYS391, DYS392, DYS393. (N = 211) STRs autosómicos I. Loci: D3S1358, D5S818, D7S820, D8S1179, D13S317 (N = 309) STRs autosómicos II. Loci: D7S820, D13S317, vWA, D16S539 (N = 411)

Mapuche (Argentina), Mapuche (Chile), Wichi, Tehuelche, Toba, Mocoví, Pilagá, Chorote, Chiriguano, Lengua, Xavante, Yanomami, Wapishama, Aymara, Macushi, Makiritare, Ayoreo, Guarani, Kaingang, Ticuna. Mapuche (Argentina), Mapuche (Chile), Wichi, Tehuelche, Toba, Mocoví, Pilagá, Chorote, Chiriguano, Lengua, Xavante, Yanomami, Wapishama, Aymara, Macushi, Makiritare, Ayoreo, Guarani, Kaingang, Ticuna. Mapuche (Argentina), Mapuche (Chile), Chiriguano, Wichi, Tehuelche, Toba, Pilagá, Lengua, Xavante, Guarani (Brasil), Kaingang, Ticuna. Mapuche (Argentina), Tehuelche, Wichí, Toba, Pilagá, Chorote, Lengua, Ayoreo, Guarani (Brasil), Ticuna. Wichí, Toba, Pilagá, Xavante, Kaingang, Guarani, Ayoreo. Mapuche (Argentina), Wichi, Tehuelche, Pilagá, Toba, Xavante, Guarani (Brasil), Kaingang, Ayoreo.

Referencias: (1) Nagel y Etcheverry, 1963; Matson et al., 1967, 1969; Cabutti y Palatnik, 1975; Pages Larraya et al., 1978; Haas et al., 1985; Salzano y Callegari-Jacques, 1988; Carnese, 1995; Goicoechea et al., 2001; Carnese et al., 2002. (2) Cerna et al., 1993; Ginther et al., 1993; Torroni et al., 1992-1994; Bailliet et al., 1994; Merriwether et al., 1995; Ward et al., 1996; Blagitko et al., 1997; Bianchi et al., 1997-98; Sala et al., 1999; Pando,1998; Moraga et al., 2000; Demarchi et al., 2001; Hutz et al., 2002; Tsuneto et al., 2003; Demarchi y Michell, 2004; Dornelles et al., 2004; Bravi, 2005; Kohlrausch et al., 2005; Cabana et al., 2006; Catanesi et al., 2006; Marrero et al., 2007; Parolín y Carnese, 2009; Crossetti et al., 2008; Toscanini et al., 2008.

grupos indígenas sudamericanos. Se seleccionaron algunos de ellos, que comparten las mismas determinaciones genéticas y pertenecen a diversos troncos lingüísticos: Araucarian (mapuches); Aymará (Aymará); Patagon (tehuelches); Mataco (wichi, chorote); Guaycurú (toba, mocoví, pilaga); Mascoy (lengua); Zamuco (ayoreo); Kaingang (kaingang), Ge (xavante); Arawak (wapishana); Yanomami (yanomama); Karaib (macushi, makiritare); Tupí-Guaraní (guaraní, chiriguano); Ticuna (lengua independiente). Estas poblaciones fueron analizadas para once marcadores proteicos y ADNmt. A su vez, sólo ha sido posible Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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Figura 1. Poblaciones indígenas de Sudamérica estudiadas a partir de diversos marcadores genéticos.

Makiritare

Ticuna

Macushi Yanomama Wapishama

Xavante Aymara Ayoreo Lengua Chorote Mocoví Chiriguano Guaraní Wichi Toba Pilago Kaingang

Mapuche Chile Mapuche Argentina Tehuelche

41

emplear en el estudio al locus HLA*DRB1, porque fue el único estudiado en poblaciones tehuelches, lengua, y en cuatro grupos mapuches de la provincia de Río Negro, Argentina (Parolín y Carnese, 2009). En cambio, para el resto de los sistemas, y debido a que no todas las poblaciones fueron estudiadas para los mismos loci, se priorizó, en ciertos casos, el número de poblaciones, en detrimento del número de tipificaciones genéticas, y en otros se procedió de manera inversa, como puede observarse, por ejemplo, en las determinaciones de los STRs autosomales. A pesar de estas limitaciones, se logró arribar a algunas conclusiones que coinciden, en general, con las formuladas por otros autores. Se constata que la diversidad biológica varía según el sistema genético analizado. En todos los casos, la variabilidad genética intrapoblacional explicó la mayor parte de la variación genética total, que va del 75% en el ADNmt al 93% en los sistemas proteicos. La elevada variación genética interpoblacional a nivel del ADNmt (25%) se explica porque al ser transmitido sólo por línea materna, su tamaño efectivo es ¼ respecto de los sistemas genéticos de transmisión biparental. Un tamaño efectivo reducido acentúa las distancias genéticas entre las poblaciones, similar a la acción de la deriva genética, originando un aumento de la diferenciación genética interpoblacional. Asimismo, los STRs del cromosoma Y y el locus DRB1 del sistema HLA registraron, también, en términos relativos, valores elevados de variación genética interpoblacional, 19% y 12%, respectivamente. Estos valores disminuyeron al 9% con los marcadores STRs autosómicos en las dos muestras poblacionales, y al 6% para los sistemas proteicos. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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Estos altos porcentajes de diferenciación genética interpoblacional en sudamerindios son superiores a los observados entre poblaciones de otros continentes (Barbujani, 2005) y se deberían, probablemente, al accionar de mecanismos estocásticos que determinaron sus estructuras demográfico-genéticas. Esta característica había sido observada, previamente, por Salzano (2002) para el conjunto de los grupos amerindios. Otro aspecto destacable de los amerindios es que el ADNmt presenta una variabilidad más restringida respecto de otras poblaciones mundiales. Hay que tener en cuenta que esos grupos sufrieron reducciones dramáticas de sus poblaciones como consecuencia de los enfrentamientos con los conquistadores europeos y los ejércitos nacionales y, adicionalmente, por las enfermedades y epidemias que asolaron gran parte de esas comunidades. Estos hechos podrían ser una de las causas determinantes de la variabilidad biológica observada en los indígenas actuales. Para aclarar, en parte, esta problemática, las investigaciones del ADN antiguo se están convirtiendo en una herramienta útil que seguramente, en un futuro mediato, incrementará el conocimiento biológico de las poblaciones precolombinas, permitirá estimar las relaciones genéticas que se han establecido entre ellas, calcular la diversidad genética precontacto con europeos y comparar ésta con la observada en sus descendientes actuales. Con base en estas consideraciones, se presenta en el siguiente apartado una revisión de los estudios paleogenéticos realizados en grupos precolombinos e históricos de Sudamérica.

L os e s tud i o s pale o ge né t icos

Como se mencionó en los párrafos anteriores, las investigaciones genéticas en poblaciones aborígenes sudamericanas actuales han tenido un significativo desarrollo y contribuyeron al conocimiento de la historia evolutiva de dichos grupos. Desde 1990, con el análisis del ADN antiguo en restos precolombinos se incorporó la dimensión temporal en las investigaciones bioantropológicas. Con respecto a América del Sur, se realizaron estudios en diferentes sitios arqueológicos, desde el extremo norte del subcontinente hasta Tierra del Fuego (ver la tabla 3). Monsalve et al. (1996) analizaron ocho momias precolombinas de Colombia (1526-150 AP) y detectaron tres de los cuatro haplogrupos mitocondriales amerindios (5A, 1B y 2C). Al mismo tiempo, Ribeiro dos Santos et al. (1996) amplificaron y secuenciaron la región control del ADN mitocondrial en dieciocho restos esqueletarios precolombinos (4.000-500 AP) de la cuenca amazónica. Diez de ellos presentaron las mutaciones típicas de los haplogrupos A (5), C (4) y D (1). Una muestra más antigua, 4.000 años AP, Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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Tabla 3. Haplogrupos mitocondriales en grupos precolombinos e históricos de diferentes regiones de Sudamérica. Sitio / población

N

Haplogrupos A

Autor

B

C

D

Otros

8 0,630

0,120

0,250

0,000

0,000

Monsalve et al., 1996

Amazonas (4.000-500 AP)

18 0,280

0,050

0,220

0,050

0,390

Ribeiro Dos Santos et al., 1996

Región Fuego-Patagónica (100-200 AP, incluye 1 muestra de 4.030 AP y 1 muestra de 5.000 AP)

60 0,000

0,000

0,380

0,600

0,020

Lalueza et al., 1997

Chile, Momias de Azapa (2.990-6.000 AP)

32 0,312

0,219

0,312

0,031

0,125

Moraga et al., 2001

Tiwanaku

13 0,080

0,150

0,230

0,230

0,310

Rothhammer et al., 2003

Chile Arcaico Tardío (6.000-3.900 AP)

14 0,500

0,357

0,070

0,070

0,000

Moraga et al., 2005 (*)

Chile Horiz. Medio (1.650-1.000 AP)

19 0,316

0,421

0,263

0,000

0,000

Moraga et al., 2005

Chile Intermedio Tardío (1.000-500 AP)

15 0,200

0,533

0,200

0,067

0,000

Moraga et al., 2005

Perú (Paucarcancha, Patallacta y Huata)

35 0,086

0,657

0,220

0,029

Argentina, Pampa Grande (650 AP)

19 0,110

0,470

0,000

0,420

Colombia (152-150 AP)

43

Shinoda et al., 2006 0,000

Carnese et al., 2010

Referencias: Rogan y Salvo (1990), Horai et al. (1991), Lalueza et al. (1993-94), Merriwether et al. (1994) y Demarchi et al. (2001) no detectan la deleción de los 9pb en momias del norte de Chile, en tejido blando ni dientes del Norte, Centro y Sur de Argentina. García-Bour et al. (2004) secuenciaron 24 restos de los 60 estudiados por Lalueza et al. (1997) y confirmaron la ausencia de los haplogrupos A y B en Tierra del Fuego-Patagonia. (*) La totalidad de los restos de los períodos analizados por Moraga et al., 2005 suman 61 individuos, de los cuales 13 (21%) no pertenecen a los haplogrupos clásicos amerindios y los clasifican como “otros”.

fue asignada al haplogrupo B, que se distingue por la deleción de 9pb en la región V; las restantes muestras no pudieron ser asignadas a linajes mitocondriales amerindios. Previamente, Horai et al. (1991) no observaron la deleción de 9pb en momias del norte de Chile. Por otra parte, en el extremo sur del continente, en la región Fuego-Patagónica, Lalueza et al. (1993/4, 1997) no detectaron los haplogrupos A y B en 60 restos de aborígenes fueguinos de colecciones de Chile y Argentina (100200 BP, incluidas dos muestras de restos esqueletales de 4.030 y 5.000 años). Además, mediante la secuenciación de 24 de esas muestras, García Bour et al. (2004) detectaron, en todos los casos, las mutaciones características de los Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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haplogrupos C y D, coincidente con los resultados previos realizados por RFLP. A su vez, lograron tipificar varios microsatélites del cromosoma Y. Cabe destacar que el haplogrupo B no había sido detectado en tejidos blandos, huesos y dientes en 56 restos prehispánicos del norte de Chile, y del norte, centro y sur de Argentina, y, particularmente, en aquellos grupos que habitaron el extremo sur del continente (Rogan y Salvo, 1990; Merriwether et al., 1994; Demarchi et al., 2001). Sin embargo, Moraga et al. (2001), en momias provenientes del valle de Azapa (2.990-6.000 AP), y Rothhammer et al. (2003), en varios restos esqueletales provenientes de Tiwanaku, detectaron una frecuencia relativamente alta de B (15% y 22%, respectivamente). Más tarde, una alta prevalencia de B fue observada en grupos prehistóricos provenientes de los valles de Lluta, Azapa y Camarones, en el norte de Chile. En estas regiones, el haplogrupo B varía del 35% en el período Arcaico Tardío (6.000-3.900 BP) al 53% en el período Intermedio Tardío (1.000-500 BP) (Moraga et al., 2005). Además, Shinoda et al. (2006) también detectaron altas frecuencias del haplogrupo B (66%) en restos peruanos provenientes de Paucarcancha, Patallacta y Huata, que muestran grandes similitudes con las halladas en las actuales poblaciones Quechua y Aymará de Perú. Recientemente, en Pampa Grande, provincia de Salta, Argentina, se estudiaron diecinueve restos de una antigüedad de 1310 AP. En este estudio se detectaron elevadas frecuencias de B (47%) y D (42%), baja proporción de A (10%) y ausencia de C. La elevada presencia del haplogrupo B parece sugerir una estrecha relación genética con los antiguos habitantes de la región centrosur andina. A su vez, en este trabajo se determinaron, también, nueve STRs autosomales y once STRs del cromosoma Y (Carnese et al., 2010). En síntesis, de las series analizadas hasta ahora, se observa una relativamente elevada prevalencia de los haplogrupos A y baja frecuencia del haplogrupo B en Colombia y en la región amazónica; frecuencias altas de B en el norte de Chile y en el noroeste de Argentina y en los antiguos habitantes de las altas tierras de Perú, y ausencia de A y B y altas frecuencias de C y D en fueguinos. Por otra parte, de descartarse algún artefacto metodológico, los datos obtenidos por Ribeiro dos Santos et al. (1996) en la región amazónica, Moraga et al. (2001-2005) en el norte de Chile y Rothhammer et al. (2003) en Tiwanaku parecen indicar la existencia de otros haplogrupos fundadores de América, además de los clásicos A, B, C, D y X (ver la tabla 3). Estos resultados sugieren la existencia de una mayor variabilidad genética en las poblaciones extintas, respecto de los grupos actuales. Sin embargo, los STRs autosomales determinados en Pampa Grande presentan frecuencias génicas similares a las observadas Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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en poblaciones amerindias, que habitan actualmente en diversas regiones de Sudamérica (Carnese et al., 2010). Estos datos, por el contrario, nos estarían sugiriendo que no hubo variación en el tiempo, por lo menos en relación con ese sistema, de la diversidad genética de los sudamerindios. Es evidente que más estudios serán necesarios para aclarar las causas determinantes de la variabilidad biológica de las poblaciones amerindias pre y poscontacto con europeos. La actual superación de problemas técnico-metodológicos en los estudios de ADN antiguo posibilitará el desarrollo de nuevas investigaciones que contribuirán, como ya señalamos, a analizar las relaciones entre los grupos extintos y actuales de los amerindios en cuanto a continuidad y/o reemplazo y a responder interrogantes aún no resueltos sobre el poblamiento americano. Por último, del análisis efectuado en esta etapa del desarrollo de la antropología biológica, se puede observar una eclosión de datos acerca de la variabilidad biológica de los sudamerindios. Esta diversidad está siendo analizada desde distintos enfoques y con una magnífica batería de técnicas y métodos, cuyos resultados están aportando datos relevantes para una mejor comprensión de las probables causas que la determinan. Otro aspecto de interés, que excede el análisis aquí realizado, es el surgimiento de nuevas y plausibles hipótesis acerca del origen de los amerindios y de los contactos y rutas migratorias que siguieron en el interior del continente. Por otra parte, desde el punto de vista teórico, el paradigma predominante en este período es el neodarwinismo, aunque algunos autores como Reig (1984: 583) ya habían sostenido, durante un homenaje a Darwin por los 125 años de la aparición de El origen de las especies, que posiblemente estemos transitando “los albores de una nueva síntesis o de un desarrollo expansivo de la síntesis moderna, que se perfila como una teoría jerárquica de la evolución que pretende superar las limitaciones reduccionistas del darwinismo original y de su versión de la síntesis moderna, admitiendo la existencia de distintos ámbitos y niveles de manifestación de los procesos evolutivos”.

Sí n t e si s

Se han descrito y analizado, durante las distintas etapas del desarrollo de la antropología biológica, algunas de las contribuciones que apuntalaron el conocimiento de la biología de los amerindios sudamericanos. El análisis efectuado presenta facetas muy interesantes que permiten valorar positivamente lo alcanzado hasta el presente y vislumbrar un futuro promisorio, dado que, con el empleo de las excelentes herramientas técnico-metodológicas disponibles y dentro de un marco teórico apropiado, se podrá indagar y responder a muchos Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 29-54

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de los interrogantes que, aún, nos formulamos sobre la biología de las poblaciones originarias de nuestra América.

A g r a d e c i m i e nto s

A Victoria Lois, por su colaboración en la preparación del presente manuscrito. A los revisores de este trabajo, quienes con sus sugerencias enriquecieron el contenido del artículo. Al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y a la Universidad de Buenos Aires (UBACyT), por su apoyo financiero. .

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A DEP TO S A L A A DA P TAC IÓN: T R E S PROPU E STA S C L Á SICA S PA R A L A A RQU E OL O GÍ A Y U NA E VA LUAC IÓN V ivian S cheinsohn * scheinso@retina.ar Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL), Argentina

R e s u m e n A más de treinta años del artículo fundacional de Kirch (1980), este trabajo se propone investigar el papel del concepto de adaptación en el pensamiento arqueológico contemporáneo y evaluar su utilización. Para esto, se revisa cómo fue utilizado este concepto en biología, cómo se dio su uso en arqueología, enmarcado dentro del procesualismo, seleccionismo y la teoría de la herencia dual, y se evalúa su papel actual. PAL AB R A S C L AVE:

Adaptación, arqueología, procesualismo, seleccionismo, Teoría de la Herencia Dual.

* Doctora Universidad de Buenos Aires-UBA, Argentina.

Artículo recibido: 31 de octubre de 2011 | aceptado: 10 de noviembre de 2011 | modificado: 20 de noviembre de 2011 Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 294 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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Believing in Adaptation: Three Classical Proposals for Archeology and One Evaluation A B S T R AC T

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Thirty years after Kirch

adeptos à adaptação: três propostas clássicas para a arqueología e uma avaliação

RESUMO

A mais de trinta anos do artigo

(1980) seminal paper, this work reviews

fundacional de Kirch (1980), este trabalho

the role of adaptation in contemporary

propõe-se pesquisar o papel do conceito

archaeological thought and discusses its

de adaptação no pensamento arqueológico

use. In this process, the use of this concept

contemporâneo e avaliar sua utilização.

in biology will be examined as well as its

Para isto, é revisto como foi utilizado este

use in archaeology, as it is incorporated

conceito em biologia, como se deu o seu

in processualism, selectionism and Dual

uso em arqueologia, moldurado dentro do

Inheritance theories. The author concludes

processualismo, selecionismo e a teoria da

with an evaluation of its current potential.

herança dual, e avalia-se seu papel atual.

KEY WORDS:

PAL AV R A S C HAVE:

Adaptation, Archaeology, Processualism,

Adaptação, arqueologia, processualismo,

Selectionism, Dual Inheritance Theory.

selecionismo, Teoria da Dupla Herança.

Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

A DEP TO S A L A A DA P TAC IÓN: T R E S PROPU E STA S C L Á SICA S PA R A L A A RQU E OL O GÍ A Y U NA E VA LUAC IÓN

A

Vivian Scheinsohn

Int roducción

q u e l l o s s e r e s h u m a n o s que formamos parte de lo que se llama Occidente tenemos una forma particular de vernos. La “Gran cadena del ser” o Scala naturae, esa idea acuñada por los pensadores cristianos que acomodaba toda la creación en distintos niveles jerárquicos (sobre esta idea y su historia, ver Lovejoy, 1960), sigue permeando nuestro pensamiento y nos sigue ubicando en un escalón superior al resto de los seres vivos. La tesis de la excepcionalidad humana (Schaeffer, 2009) postula que el ser humano es excepcional, en cuanto posee una dimensión ontológica que le permite trascender la realidad de otras formas de vida y su propia naturalidad. De manera concordante, y ya en un terreno científico, también nos consideramos sobresalientes en cuanto a nuestras posibilidades de adaptación. Ya sea que se hable de plasticidad fenotípica o construcción de nicho cultural, ya sea que se lo plantee en términos conductuales y genéticos o en términos estrictamente culturales, nadie discute la capacidad de adaptación de los seres humanos. Como lo ha dejado en claro Kirch, “Es casi pedante afirmar que la adaptación conductual alcanzó un apogeo con el Homo sapiens” (1980: 105, traducción mía). Sin embargo, y paradójicamente, el registro de fracasos y conductas maladaptativas en nuestra especie es extenso. En la vida cotidiana, nos pretendemos infalibles al partir de ilusiones que nos llevan, entre otras cosas, a choques automovilísticos y equivocaciones groseras en los testimonios judiciales (ver Chabris y Simons, 2011). Con una profundidad temporal mayor, el registro arqueológico se ha encargado de demostrar muchas veces que esa maravillosa capacidad de adaptación no siempre ha sido puesta en práctica. Muchas veces los humanos han enfrentado la extinción de poblaciones antes de tener que cambiar conductas (ver algunos ejemplos en Diamond, 2004). Entonces, ¿cuál Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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es el papel del concepto de adaptación cuando se trata de estudiarnos? ¿Necesitamos ese concepto en arqueología? Este artículo pretende volver a esa pregunta, luego de transcurridos treinta años del artículo fundacional de Kirch (1980), que inauguró el uso científico del concepto de adaptación en arqueología. Para contestarla, empezaremos revisando cómo fue utilizado ese concepto en biología. Luego veremos cómo se dio su uso en arqueología, fundamentalmente a partir de tres propuestas correspondientes a sendos marcos teóricos, que consideramos clásicas. Nos limitaremos a estas propuestas en función de que: 1) en el marco del procesualismo y el seleccionismo, se publicaron trabajos que se dedicaron específicamente al tema de la adaptación y 2) son estos marcos teóricos los que formularon conceptos de adaptación acordes con el evolucionismo darwiniano. Por ende, dejaremos de lado aquellas propuestas relacionadas con lo que se conoce como evolucionismo cultural. Finalmente, evaluaremos el potencial actual del concepto de adaptación.

E l c o nc e pto d e a d aptac ión en biología 58

No es fácil definir qué es exactamente adaptación, a pesar de que es uno de los conceptos claves en teoría evolutiva (ver, entre otros, Ridley, 1997, y Hull y Ruse, 1998). En principio, es un concepto polisémico. En Origin of Species, Darwin describe la adaptación como un tipo de relación entre organismos: […] the structure of every organic being is related, in the most essential yet often hidden manner, to that of all other organic beings, with which it comes into competition for food or residence, or from which it has to escape, or on which it preys. (Darwin, 1859: 77, citado por Kampourakis, 2011)

Con posterioridad, la palabra adaptación fue usada para referirse tanto a un proceso como a un rasgo y a un estado (el de estar adaptado). WestEberhard (1992) alude a esas primeras dos acepciones, en cuanto considera como adaptación […] a characteristic of an organism whose form is the result of selection in a particular functional context […]. Accordingly, the process of ‘adaptation’ is the evolutionary modification of a character under selection for efficient or advantageous (fitness-enhancing) functioning in a particular context or set of contexts. (West-Eberhard, 1992: 13)

En lo que respecta a la adaptación como rasgo, no es simplemente el hecho de que ese rasgo le otorgue alguna ventaja a su poseedor lo que lo constituye como tal, ya que esa ventaja puede ser resultado del azar, sino que, debido a esa ventaja, sus ancestros deben haber sido seleccionados. Entonces, la selecAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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ción natural de un rasgo para un rol es condición necesaria y suficiente para ser una adaptación, mientras que contribuir al aumento actual de la supervivencia y reproducción no es necesario ni suficiente. Esto es lo que se ha denominado definición histórica de la adaptación (Kampourakis, 2011). Las dificultades prácticas que surgieron al intentar aplicar esta definición llevaron a ciertos autores a favorecer una definición ahistórica, que considera como adaptación a un rasgo que mejora la supervivencia y reproducción de su poseedor sin importar su origen. En este caso, no importa la historia, sólo importan el diseño y el éxito reproductivo. Así, una adaptación puede ser definida como un rasgo que puede ejecutar un papel o función biológica bajo circunstancias específicas o como una variante fenotípica que contribuye a la supervivencia y reproducción de sus poseedores entre un conjunto especificado de variantes en una ambiente dado (Kampourakis, 2011). En este caso, la contribución actual a la supervivencia y reproducción es una condición necesaria y suficiente para ser una adaptación, mientras que la selección de un rasgo para un papel o función no es ni necesaria ni suficiente (Kampourakis, 2011). Nótese también aquí una distinción importante, que es la diferencia entre adaptación (o adaptedness) y fitness. Los estados alternativos de una adaptación son la causa de los cambios evolutivos a través de sus diferencias en la interacción organismo-ambiente. Las diferencias adaptativas entre fenotipos alteran sus parámetros demográficos. Estos parámetros son los componentes de lo que la genética de poblaciones denominó fitness, es decir, el éxito reproductivo de poblaciones enteras de genotipos. Adaptación y fitness1, entonces, son conceptos relacionados pero no son lo mismo, aunque Darwin y los primeros evolucionistas los utilizaban como sinónimos. El uso de fitness cambió a medida que se pudo modelar matemáticamente el concepto de éxito reproductivo. Pero, en síntesis, hoy, adaptación es la causa y fitness es su resultado intrageneracional (Watt, 2001). Gould y Lewontin (1979) fueron los primeros en plantear una serie de críticas a aquellos que le daban a la adaptación un peso excluyente en la historia evolutiva. Para ello elaboraron el concepto de programa adaptacionista o paradigma panglossiano, en alusión al doctor Pangloss, personaje de la novela Cándido de Voltaire, quien sostenía que vivimos en el mejor de los mundos posibles. En síntesis, la crítica al programa adaptacionista apunta a que bajo este programa 1) no se analiza a los organismos como un todo integrado y, por lo tanto, no se tienen en cuenta las constricciones internas dadas por la herencia filética y/o el desarrollo; 2) se relaciona la utilidad actual con la explicación 1 Como es difícil diferenciar estos términos en español, ya que ambos pueden traducirse como adaptación o ajuste, utilizaré adaptación para la causa, y para el éxito reproductivo, el término inglés fitness. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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del origen de cada rasgo; 3) no se consideran las alternativas a la selección natural; 4) la sola plausibilidad es suficiente como para aceptar historias adaptativas (para detalles, ver Ginnobili y Blanco, 2007). Unos años después, Gould y Vrba (1982) proponen una redefinición del concepto de adaptación. A partir de las dos definiciones que hemos mencionado (la histórica, que considera la historia del rasgo, y que por lo tanto lo vincula con la selección natural, y la ahistórica, que define adaptación en un sentido inmediato como cualquier rasgo que mejora el éxito reproductivo de un organismo sin importar su origen histórico), estos autores consideran que existen rasgos que terminan siendo adaptativos, aunque no fueron diseñados en primera instancia para esa función, y que éstos no encajarían en ninguna de esas definiciones. A partir de la etimología de adaptación (del latín ad y aptus, que quiere decir “hacia un fin para un rol particular”), hablan de aptation (que podríamos traducir con un neologismo como “aptación”, o adecuación2), para considerar como tal al fenómeno general de ser adecuado (being fit) y diferencian entre adaptación (carácter diseñado para cumplir una función por selección natural) y exaptación (carácter diseñado para una determinada función que es cooptado para cumplir otra o que es no adaptativo por no ser originado por selección natural). Así, la selección natural no es el único proceso que lleva a la adecuación o “aptación”, definida como el fenómeno de estar adaptado, es decir, la definición ahistórica de adaptación, y que incluiría la adaptación y la exaptación (Gould y Vrba, 1982). Existen tres maneras en las que puede ocurrir la adecuación (Ginnobili y Blanco, 2007): la genética (adaptación propiamente dicha); la fisiológica, debida a la plasticidad fenotípica que permite al organismo en su desarrollo ontogénico moldearse según su ambiente, y la cultural, que, según estos autores, tampoco surgiría por selección natural (aunque hay autores que sostienen otra posición; ver más adelante). Lo que es clave en este panorama es que no todas las adecuaciones o “aptaciones” son óptimas.

E l c o nc e pto d e a d aptac ión, la ant rop ología y la a rq ue o lo gí a

En lo que sigue de este artículo me concentraré en el concepto de adaptación tal como fue usado en la arqueología contemporánea. Sin embargo, me veré en la obligación de hacer referencias a cómo las ideas evolucionistas se trasladaron al campo antropológico, debido a que son estas ideas las que van a influenciar el desarrollo del evolucionismo en la arqueología. 2 Sensu Ginnobili (2009), aunque este autor considera diferencias respecto de la definición ahistórica de adaptación. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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Se puede decir que incluso antes de Darwin ya había una idea de evolución, al menos implícita, en el ámbito de la arqueología. Esta noción de evolución estaba más relacionada con las ideas propuestas por el inglés Herbert Spencer, y que son radicalmente diferentes a las de Darwin (ver Scheinsohn, 2001). Las diferencias entre el evolucionismo darwiniano y spenceriano quedan claras en el siguiente párrafo: Spencer’s doctrine, not having resulted from any kind of sustained empirical enquiry, was explicitly deductive in its structure, and rested on the metaphysical supposition that all evolutionary change was due to the persistence of an immanent “Power” that was […] both “unknown and unknowable.” In marked contrast, Darwin’s theory, as he published it in 1859, was authentically scientific, for, without recourse, for all practical purposes, to metaphysics or “final causes,” it postulated, on the basis of massive factual evidence, a non-teleological mode of evolutionary change and incorporated a precise definition of the mechanism of natural selection which (as has since been conclusively demonstrated) does indeed result in the genetic evolution of populations of living organisms. (Freeman, 1974: 215) 61

En definitiva la evolución spenceriana es unilineal, direccional y progresiva y opuesta a la darwiniana, en cuanto ésta es multilineal, no direccional y no progresiva. Los trabajos del norteamericano Lewis Morgan y del inglés Edward Tylor se enmarcaron dentro de esta evolución spenceriana. Y los hallazgos arqueológicos de la época, respecto de la antigüedad humana, parecían encajar en ella, por lo que la arqueología incorporó, amplió y defendió ese evolucionismo neolamarckiano (según la definición de Freeman, 1974), dando sustento a la idea de que el progreso humano era una ley de la naturaleza, y que todos los grupos humanos pasaban por estadios similares de desarrollo. El evolucionismo antropológico transfirió las desigualdades humanas del terreno de lo político al terreno de lo natural, interpretándolas como consecuencia de las diferencias biológicas y, finalmente, dando origen a las primeras doctrinas racistas de corte científico (Scheinsohn, 2001). Esta asociación entre evolucionismo y “darwinismo social” condujo finalmente al rechazo de los enfoques darwinistas dentro de las Ciencias Sociales y Humanas, durante la primera mitad del siglo. A fines del siglo XIX, además, la arqueología se vio asociada con el nacionalismo, al ser utilizada para reafirmar la historia nacional. Lentamente se fue dejando de lado el evolucionismo unilineal, y los cambios detectados en el registro arqueológico ya no eran atribuidos a la evolución de los pueblos, sino a la difusión de caracteres culturales que se producían en ciertos centros de invención. Comenzaban a dominar el difusionismo y su corolario, el enfoque histórico-cultural. Así, el Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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supuesto de que grupos no relacionados que están al mismo nivel de desarrollo poseen similitudes culturales fue reemplazado por el de que, como las culturas son estáticas, sólo la comparación con aquellas relacionadas históricamente permite interpretar el registro arqueológico. Sólo los trabajos del australiano Vere Gordon Childe propiciaron una perspectiva evolucionista multilineal, inmersa en su militancia socialista y pensamiento marxista. En la década del sesenta surge un grupo de antropólogos que moderniza esos primeros planteos evolucionistas, aunque siempre dentro de la misma matriz direccionista y progresiva de corte spenceriano. Los autores más representativos de esta tendencia son los norteamericanos Leslie White y Julián Steward. Ambos autores plantearon su perspectiva, en primer lugar, diferenciando el evolucionismo cultural del biológico y, en segundo lugar, apelando a conceptos procedentes de la Teoría de los Sistemas y de la Ecología (Scheinsohn, 2001). Se puede decir entonces que el concepto de adaptación entra al campo de la cultura a partir de Leslie White, al considerar que la cultura es el medio de adaptación extrasomático humano (White, 1959). Para White la evolución cultural era unilineal, y la adaptación al ambiente se efectuaba al aumentar la eficiencia termodinámica. Steward (1955) aportó un concepto de adaptación cultural más moderno al sostener una evolución multilineal. La evolución era entonces concebida en términos ecológicos como la adaptación de una cultura a un ambiente específico (Kirch, 1980). La convergencia de las perspectivas ecológicas y evolutivas dio lugar a un concepto de cultura distintivo: el de un sistema que relaciona las poblaciones humanas con su matriz ambiental, es decir, el concepto adaptativo de cultura (Kirch, 1980). Si bien, como señaló Kirch (1980), el marco de referencia adaptacionista despertó en antropólogos y arqueólogos un inmediato atractivo, los principios fundamentales del proceso adaptativo no fueron definidos (Kirch, 1980). Es la Nueva Arqueología la que comienza a aplicar estos conceptos en un marco arqueológico. Binford comenzó a formular una aproximación arqueológica al estudio de la adaptación cultural (Kirch, 1980), mientras que su propuesta programática de focalizarse en la variabilidad vino a representar en arqueología el equivalente del pensamiento poblacional en biología (Mayr, 1963), aunque con un cierto desfasaje temporal. A partir de las propuestas de Binford se empieza a hablar de un paradigma sistémico adaptativo, que fue considerado como equivalente del procesualismo.

L a p r opue sta pr o c e sual

Es Kirch (1980) quien definirá el uso del concepto de adaptación en ese marco, y por ello nos concentraremos en su trabajo. Para Kirch la adaptación cultural consiste en “the continuous modification of those behavioral patterns in resAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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ponse to changing environments, by means of selective retention of behavior that confers increased adaptedness upon the members of that society” (Kirch, 1980: 110). Nótese que, al hablar de selección, Kirch no diferencia si se trata de selección natural o cultural. Esto posiblemente se deba a que apuesta al acoplamiento que habría entre ambas, lo que se revela en el siguiente párrafo: In the short run, various criteria including efficiency of energy capture, and the satisfaction of perceived needs and wants may determine the selection and retention of certain behavior. In the longer term, however, only if that behavior contributes to the persistence of the group or population in terms of reproductive continuity will it be truly retained. (Kirch, 1980: 122)

Kirch va a ser quien fije el concepto de “estrategia adaptativa”, central en el marco del procesualismo: “Adaptive strategy may be broadly defined as the set of culturally transmitted behaviors (extractive, exploitative, modifying, manipulative, competitive, mutualistic, and the like) with which a population interacts or interfaces with its natural and social environment” (Kirch, 1980: 129). Los principios fundamentales que entonces propone Kirch para el estudio de la conducta humana desde una perspectiva adaptativa siguen los lineamientos que corresponden a su estudio en biología (como cuando en su trabajo determina que la variación es la fuente última de la adaptación, que la selección natural es el mecanismo causante de discriminar entre las variantes conductuales y que, en cuanto la persistencia de un grupo o población es determinada por el éxito reproductivo, el criterio último de la selección es el fitness reproductivo), y que establece como aquellos propios de los humanos: (6) In human behavior, the mechanism for selective retention and transmission of adaptive behavior is cognitive and symbolic, with important consequences for the rate of adaptive response. (7) Selection of behavior operates not only upon the individual, but also at the group level. (8) All of human behavior cannot be reduced to function at the level of interaction with environment, and thus not all behavior is adaptive, or explicable in an evolutionary framework. (Kirch, 1980: 130-131)

Propone entonces, para un estudio arqueológico del proceso adaptativo, seguir el siguiente procedimiento: 1) identificar un marco temporal y espacial apropiado para la secuencia adaptativa en cuestión que contemple distintos niveles jerárquicos de unidades de adaptación, 2) buscar y analizar la variación conductual representada en el registro arqueológico e intentar identificar áreas probables de stress representadas por la variabilidad (por lo que interpreta la Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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variabilidad como un indicador indirecto de las presiones selectivas, y no como aleatoria), 3) identificar presiones selectivas probables causantes del stress en el ambiente local (que incluye las condiciones naturales y humanas), 4) analizar datos paleodemográficos para obtener información relacionada con la estabilidad poblacional, el crecimiento o declinación como medida de la tasa e intensidad del proceso adaptativo en cuestión, 5) formular un modelo de las relaciones entre ambiente, estrategia adaptativa y demograf ía que permita realizar predicciones respecto de las respuestas conductuales a presiones selectivas ambientales específicas, 6) generar hipótesis alternativas que puedan someterse a prueba desde ese modelo, 7) a partir de los resultados, revisar el modelo y obtener más datos para repetir el proceso hasta que puedan eliminarse las hipótesis alternativas (ver en Kirch, 1980). Esta enumeración revela a las claras la raíz procesual y sistémica de la propuesta de Kirch. En principio, por un cierto optimismo que demuestra, en cuanto a la posibilidad de obtener los datos que requiere: identificación de las presiones selectivas, datos paleodemográficos (no siempre disponibles arqueológicamente) o un marco temporal y espacial apropiado (sin definir qué es apropiado en este contexto), y la idea de que las hipótesis alternativas puedan descartarse sobre la base de la obtención de más datos. Pero también el peso que le otorga a la elaboración de modelos e hipótesis. Su postura podría ligarse a la ecología del comportamiento en ciertos aspectos (i.e., la idea de que la variación conductual permite identificar áreas de stress, es decir, que la variación es guiada); pero también puede verse esbozada una postura que después se elaborará en el marco de la Teoría del Nicho Cultural (ver una reciente síntesis en Kendal et al., 2011), cuando reconoce que el ambiente incluye las poblaciones humanas y poblaciones humanas vecinas, o cuando afirma: Man is the ultimate manipulator and modifier of environments, and any environmental analysis must reflect this fact of his behavior. Fortunately, some archaeologists have already paid serious attention to environmental selection pressures that are set up as a consequence of man’s own activity […]. Archaeologists occupy a rather privileged intellectual niche for the study of long-term consequences of ecosystem regression under the influence of human adaptive strategies. (Kirch, 1980: 136)

El problema que se plantea es que sus procedimientos no son estrictamente arqueológicos. Su definición de estrategia adaptativa apunta al contexto sistémico que arqueológicamente debería reflejarse en un “static set of patterned materials reflecting paleoenvironment, paleodemography, and past Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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human activity (i.e., archaeological data in the traditional sense)” (Kirch, 1980: 131). Cuando pasamos al procedimiento que establece en siete pasos, para un estudio arqueológico del proceso adaptativo, hay muy poca precisión respecto de lo que considera stress, presiones selectivas y paleodemograf ía en términos arqueológicos. Y los da como supuestos. Se puede decir que el impacto más profundo del trabajo de Kirch se dio en cuanto a la definición de estrategia adaptativa, citada por muchos arqueólogos. Pero muchas veces este término fue utilizado como mera etiqueta. A modo de ejemplo, puede argumentarse lo que sostiene Politis a propósito de la arqueología latinoamericana “[…] most of what is considered ‘processual archaeology’ by its practitioners is actually culture history with more sophisticated analytical methods, an emphasis on paleoenvironmental data and some fashionable themes (for example risk and uncertainty, adaptive strategies, technological efficiency, etc.) embedded in the discussion or sometimes only appended to introductions” (Politis, 2003: 248; las cursivas son mías). En definitiva, muchas veces el uso del término estrategia adaptativa sirvió para hablar de las culturas, que postuló la escuela histórico-cultural, y ponerle, al mismo perro, otro collar. Fueron pocos los que intentaron seguir los procedimientos de Kirch y encarar de manera rigurosa una visión adaptativa darwiniana en arqueología.

L a p r opue sta se le c c i o nist a

Esta propuesta de Kirch fue seguida en el tiempo por otra formulada dentro de un marco teórico ligado al procesualismo pero separado de éste. El seleccionismo, tal como se lo define en arqueología, apunta a la aplicación directa de la teoría evolutiva al registro arqueológico. El registro arqueológico no es ni refleja la conducta humana ni las poblaciones. Precisamente, es la ausencia de conducta lo que permite identificarlo como registro arqueológico. Se postula que el fenotipo humano tiene dos componentes: el individuo (componente material) y su comportamiento. Tanto la transmisión genética como la cultural son responsables del fenotipo, ya sea en humanos o en otros animales (ver detalles sobre el seleccionismo en Scheinsohn, 2001). El seleccionismo se hizo cargo del concepto de adaptación con el artículo de O’Brien y Holland (1992). Comienzan diciendo que “[…] anthropology in general, and archaeology in particular, are not even close to having a developed set of methods for the study of human adaptation” (O’Brien y Holland, 1992: 36). Para estos autores, en cuanto seleccionistas, la selección natural es pertinente respecto de los humanos. Esta postura viene a contrapesar las proAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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puestas de la ecología del comportamiento, para las que la selección natural sólo había intervenido en el pasado al conformar la plasticidad conductual humana: “human adaptedness and adaptation do not make us immune from natural selection and that despite historically based reasons for doing so, we cannot continue to equate the creative ability of humans with some bizarre, extraordinary means of escaping selective environments” (O’Brien y Holland, 1992: 37). Abogan entonces a favor de una visión darwinista del registro arqueológico sin ahorrar críticas al procesualismo: “Marks and Staski (1988: 151) are correct in asserting that the ‘new archaeology’ called for evolutionary thought. It may have made such a call, but apparently no one familiar with Darwinism answered” (O’Brien y Holland, 1992: 37). La premisa principal de la que parten es que el registro arqueológico se compone de partes del fenotipo humano del pasado. Los objetos que allí se encuentran no están relacionados con los fenotipos sino que son partes de él. Sin embargo, siguiendo a Leonard y Jones (1987), los objetos arqueológicos no son unidades de reproducción, por lo que deben ser considerados en cuanto al éxito replicativo y no respecto al éxito reproductivo: “[…] replicative success does not necessarily signal that a selective advantage has been passed to the possessors of the feature, nor does it imply that the feature was under selection” (O’Brien y Holland, 1992: 46). El éxito replicativo está a cargo de la adaptedness, entendida como el estado de estar adaptado (y, por lo tanto, equivalente a la definición ahistórica de adaptación o a lo que Gould y Vrba, 1982, llaman aptation o adecuación). Así, sostienen que, si bien los arqueólogos no pueden determinar la adecuación que se dio efectivamente (realized adaptedness), sí pueden determinar la adecuación potencial de un rasgo. O’Brien y Holland (1992) se concentran en las adaptaciones, en cuanto éstas son evidencia de la selección natural, y consideran que ése es el tipo de selección presente en el registro arqueológico, descartando la selección artificial (o cultural o racional). Los autores argumentan: Humans may be selective agents, but only if they affect the adaptedness either of themselves or of other organisms. For example, animal breeders are active selective agents. And, the seemingly capricious, but in reality patterned, choice by collectors of butterflies of one color or another is as potent an agent of selection as is the choice by any bird. In both cases the butterflies meet unhappy endings, and the gene pool of which they were a part is adjusted accordingly (O’Brien and Holland, 1990: 57). But this is very different from choosing one design element over another for vessel decoration.

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Nunca dejan en claro por qué es diferente un caso del otro y por qué consideran que las selecciones realizadas por agentes humanos no pueden afectar su adecuación. Si bien reconocen que la selección natural es sólo una causa de evolución, y no la única, consideran que la tarea esencial del arqueólogo es determinar adaptaciones, es decir, rastrear la selección natural en el registro arqueológico. Para ello, la clave es poder determinar, entonces, cuándo estamos tratando con una adaptación, y la escala de la misma. Cuando se trata con el registro arqueológico, primero hay que separar rasgos que afectan la adecuación (adaptedeness), de aquellos que no la afectan: Second, archaeologists are obliged to chart the evolutionary history of a particular feature in order to decide whether it has been shaped by selection, since then and only then can a trait be considered an adaptation. Determining whether or not a trait was (is) adaptive is not always easy. For example, adaptations may be nested in a number of hierarchical units, and it is necessary first to adjust the level of analysis to the proper unit. It then may be possible to determine the potential adaptedness of a trait (or suite of traits). Engineering studies are a viable means of assessing fitness, and we suggest elsewhere (O’Brien and Holland 1991) that perhaps this is the most-useful role that the field of archaeometry can play. (O’Brien y Holland, 1992: 55)

Es de rigor entonces determinar si un rasgo es selectivamente neutral o no. Precisamente, consideran que este tema llevó a las malas interpretaciones relacionadas con la cuestión de estilo y función definidas por Dunnell (1978). Éste distingue entre función y estilo en cuanto a su fitness darwiniano y su valor selectivo. El problema surge cuando se equiparan adaptación y rasgos funcionales y no-adaptación y rasgos neutrales. El aumento en el fitness se usa como criterio para la inclusión en la categoría función, mientras que la ausencia de valor selectivo se usa como criterio para la inclusión en la categoría neutral (estilo). But what do we do with features that increase the adaptedness of the possessor(s) but that are not products of selection? To bring the problem into focus and to avoid problems associated with the dichotomous terms “style” and “function,” we create three categories of traits: (1) traits that are under selective control and that increase adaptedness; (2) traits that are not under selective control and that increase adaptedness; and (3) traits that are not under selective control and that do not increase adaptedness. (O’Brien y Holland, 1992: 46-47)

Los rasgos 1) son definidos como adaptaciones. Sin embargo, y aunque no les dan un nombre a los otros dos casos, el caso 2 es una definición de adeAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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cuación o “aptación” (que incluye exaptaciones), mientras que el caso 3 serían no-adaptaciones. Diez años después Van Pool (2002), otro autor enrolado en el seleccionismo, publica un trabajo sobre el concepto de adaptación retomando las propuestas de O’Brien y Holland (1992). Según Van Pool (2002), los arqueólogos que se enmarcan dentro de la evolución darwiniana concuerdan con la definición de adaptación y las implicancias de su uso tanto como un resultado y como un proceso, pero la usan en dos escalas diferentes. Por un lado, está la posición de la ecología del comportamiento, que considera la conducta humana como una adaptación, ya que es producto de la selección natural que la modeló para facilitar la capacidad de modificar la conducta frente a circunstancias cambiantes y obtener respuestas conductuales consistentes ante estímulos ambientales (Boone y Smith, 1998). En cambio, los seleccionistas argumentan que la selección natural crea adaptaciones a la escala de artefactos específicos y patrones de conducta. Así, los artefactos y conductas son adaptaciones, y no el resultado de adaptaciones. Consideran entonces la operación de la selección natural en rasgos conductuales y la posibilidad de adaptaciones al nivel de artefactos individuales. Aquellos rasgos culturales y artefactos que afectan la supervivencia y reproducción de los humanos se verán afectados por selección natural, y con el tiempo se convertirán en adaptaciones. Thus by demonstrating that a trait affects the survival and reproduction of humans within a particular selective context and by identifying any changes in the trait that further increases the reproductive success of the associated individuals, a particular trait can be identified as an adaptation. (Van Pool, 2002: 19)

Si bien reconoce las dificultades que esta identificación implica al nivel arqueológico, no se amilana: Still the concept of adaptation is fundamental to all archaeologists employing Darwinian evolutionary perspective because it specifies the explanatory structure necessary to provide evolutionary explanations of some phenotypic changes […] Thus, differentiating between those traits that are adaptations and those that are not is the first step in creating evolutionary explanations. (Van Pool, 2002: 20)

Igual que en el caso de O’Brien y Holland (1992), considera el análisis funcional como una de las formas de determinar cuándo tratamos con una adaptación: así, propone una relación entre una forma particular de un rasgo y la supervivencia y reproducción de los individuos. A manera de ejemplo, aporta el caso de las puntas de proyectil, en cuanto constituyen una adaptación para Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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la caza favorecida por la selección natural, por sus efectos beneficiosos en los seres humanos. El análisis del diseño de la punta de proyectil permitiría determinar si ésta afecta la eficiencia en la caza. Luego, hay que verificar que el desarrollo histórico del rasgo se correlaciona con el ambiente selectivo permitiendo la creación de explicaciones de adaptación, por ejemplo, si se correlaciona con cambios en tipo de caza y disponibilidad. Los ejemplos a los que apelan O’Brien y Holland (1992) y Van Pool (2002) son sencillos y parecen convincentes. Pero son engañosos. Prueban en todo caso la existencia de adecuaciones (“aptaciones”) y exaptaciones, pero no adaptaciones. En ninguno de los ejemplos que mencionan puede argumentarse un éxito reproductivo concomitante de las poblaciones humanas portadoras de los rasgos que, según estos autores, constituyen una adaptación. El problema es que las poblaciones de artefactos y las poblaciones humanas están desacopladas. Como señaló Cullen (2000), los artefactos muestran independencia genealógica de los fenotipos humanos en los que residen, y, por lo tanto, no puede establecerse una relación uno a uno entre esas poblaciones. Los humanos hacemos artefactos, los diseñamos y creamos pero al mismo tiempo los intercambiamos y copiamos. Por lo tanto, es dif ícil evaluar el éxito reproductivo de una población humana en virtud de sus artefactos, ya que es muy dif ícil delimitar qué poblaciones usan qué artefactos. Sólo puede evaluarse el éxito replicativo de los mismos.

L a p r opue sta d e la Te o ría de la Herencia Dual

Luego del trabajo publicado por Van Pool, ya no hay trabajos dedicados específicamente al concepto de adaptación, aunque el tema no deja de mencionarse colateralmente en artículos que tratan sobre otros temas. Esta desaparición de la adaptación posiblemente se relaciona con las posturas que se dan en la Ecología del comportamiento humano y en la Teoría de la Herencia Dual (Boyd y Richerson, 1985 y 2005), en donde se argumenta que la selección natural es la causa última de la conducta humana, y, por lo tanto, su papel es indirecto. En el marco de la Teoría de la Herencia Dual (Boyd y Richerson, 1985 y 2005), la cultura es considerada como una adaptación: la cultura es la causa próxima de la conducta, mientras que la selección natural es su causa última. Para estos autores, el surgimiento de la cultura implicó un nueva disyuntiva (tradeoff ) evolutiva. El aprendizaje social permitió a los humanos acumular reservorios de información adaptativa durante muchas generaciones. La cultura es útil y adaptativa porque las poblaciones de mentes humanas almacenan los esfuerzos de las mentes de generaciones previas. Como este proceso es mucho más rápido que la evolución genética, las poblaciones humanas pueden generar adaptaciones culturales a ambientes locales, una capacidad importante ante Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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el caótico y cambiante mundo del Pleistoceno. Sin embargo, el mismo mecanismo psicológico que creó este beneficio vino con un costo implicado. Para aprovechar los beneficios del aprendizaje social, los humanos tienen que aceptar las maneras, los modos o las formas que observan en su sociedad. Esto da lugar a la dispersión de creencias maladaptativas: la conducta de otros individuos es una fuente de información, ya que su imitación implica bajo costo, pero con un mayor riesgo de error (Boyd y Richerson, 2005). Así, la cultura puede ser adaptativa cuando el aprendizaje es dif ícil y el ambiente no es ni muy variable ni muy estable, pero ciertas conductas pueden ser maladaptativas desde el punto de vista genético. Boyd y Richerson consideran entonces que la cultura es información almacenada en los cerebros humanos, que se transmite por procesos de aprendizaje social, y que la cultura evoluciona (Boyd y Richerson, 2005). Esta evolución se da por medio de tres tipos de fuerzas evolutivas: las random (que incluyen mutación y deriva), las que tienen que ver con la toma de decisiones (que incluyen la variación guiada y sesgada) y la selección natural, que tiene que ver con cambios en la composición cultural de una población causados por los efectos de adherir a una variante cultural antes que a otra, tanto grupal como individualmente.

Co n c lusi o ne s

Después de haber revisado estas posturas, queda entonces hacer una evaluación del concepto de adaptación en arqueología. Hemos señalado que la propuesta de Kirch (1980) adolece de una falta de precisión respecto de cómo operar al nivel del registro arqueológico y no reconoce las fuerzas evolutivas culturales (sensu Boyd y Richerson, 2005). Sin embargo, su consideración respecto del papel de la selección natural en cuanto causa última y su uso del concepto de nicho lo vinculan con las posibilidades que abre la Teoría del Nicho Cultural, de elaboración más reciente. Dentro de este marco muchas de las propuestas de Kirch son ahora más abordables. Por otro lado, la propuesta seleccionista de encontrar selección natural en los artefactos no ofreció resultados alentadores. A pesar de que insisten en la necesidad de probar que se trata de adaptaciones, los ejemplos que ofrecen estos autores no garantizan que en realidad estén encontrado adecuaciones. Y esto ocurre porque se parte de la hipótesis nula de selección natural, cuando en realidad la hipótesis nula debiera ser la neutralidad. Como se dijo más arriba, las poblaciones humanas están desacopladas de las poblaciones artefactuales, por lo que no hay forma de “medir” el éxito reproductivo de una población humana asociada a una población artefactual, como para determinar la intervención de la selección natural. Por otro lado, la selección natural es colocada como causa Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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primera, descartando también las fuerzas evolutivas culturales y considerando los artefactos o los rasgos de artefactos como adaptaciones a priori. Se supone que la adaptación es ubicua, y así se desanima la evaluación de hipótesis alternativas que consideren, por ejemplo, constricciones estructurales. Hasta el momento las propuestas que mejor han funcionado son aquellas que colocan a la selección natural como causa última, como es el caso de la Teoría del Nicho Cultural (Laland et al., 2000, entre otros) y la Teoría de la Herencia Dual, ya que éstas incluyen en el juego evolutivo otras fuerzas de carácter cultural. Estas posturas son hasta el momento las más parsimoniosas, en cuanto pueden explicar la paradoja señalada al principio de este trabajo respecto de la gran plasticidad conductual humana atada a una larga lista de fracasos. Específicamente, la explicación que ofrece la Teoría de la Herencia Dual, en cuanto la cultura implicó una nueva disyuntiva evolutiva (ver arriba), da cuenta de esta situación. En una versión de lo que Gould y Lewontin (1979) plantearon para la biología, no se debe exagerar la importancia de las adaptaciones ni extender su uso de manera excesiva. Las mismas críticas que estos autores le hicieron al programa adaptacionista son las que se le pueden plantear al uso del concepto de adaptación en el marco del procesualismo y el seleccionismo: no se analiza a los organismos como un todo integrado y, por lo tanto, no se tienen en cuenta las constricciones internas (sobre esto, ver Scheinsohn, 2010b): se relaciona la utilidad actual con la explicación del origen de cada rasgo; no se consideran las alternativas a la selección natural (a este respecto, ver la importancia que les dan a las fuerzas culturales Boyd y Richerson, 2005), y la sola plausibilidad es suficiente como para aceptar historias adaptativas (ver los ejemplos en O’Brien y Holland, 1992, y Van Pool, 2002, a pesar de que eso es lo que critican). En la evolución (cultural o no) hay más que adaptación y selección natural, y, después de un largo camino recorrido en la arqueología, estamos en condiciones de darles a las fuerzas evolutivas culturales la importancia que se merecen. Sin embargo, los planteos de Boyd y Richerson (1985 y 2005) se dan en un contexto sistémico. Su decodificación en cuanto registro arqueológico es el siguiente desaf ío, lo que ha comenzado a encararse ya en algunos trabajos arqueológicos. Teniendo en cuenta la imposibilidad de identificar la selección natural en el registro arqueológico, la identificación de adecuaciones o exaptaciones parece ser más realizable desde el punto de vista arqueológico. El concepto de adaptación debiera considerarse de manera indirecta y asociado a la causación última, en cuanto implica la acción directa de selección natural, quedando la búsqueda de adecuaciones o exaptaciones (ver, por ejemplo, Scheinsohn, 1997 y 2010a, y Borrero y Borella, 2010) como un terreno más fértil. . Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 55-73

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A P ORTAC IÓN A RQU E OL Ó GICA A L C ONO C I M I E N TO DE L PRO C E S O DE DE S C OM P O SIC IÓN DE L C U E R P O H U M A NO E N P O SIC IÓN SE N TA DA /F L E X IONA DA K arina G erdau R adonic * kgradonic@bournemouth.ac.uk Bournemouth University, Reino Unido

R e s u m e n La excavación arqueológica de restos humanos permite recabar datos sobre el proceso de descomposición. Basándose en estos conocimientos, se puede establecer la disposición original de los restos, distinguir entre manipulación intencional y eventos tafonómicos, así como revelar la presencia de material orgánico desaparecido. A partir de observaciones en contexto arqueológico, se presentan las modalidades de descomposición en posición sentada/flexionada de un fardo funerario y se ilustra cómo los huesos se desplazan naturalmente durante el proceso. PAL AB R A S C L AVE:

Descomposición, tafonomía, antropología forense, arqueología, fardo funerario.

* Ph.D., Doctorat en Anthropologie Biologique, Université Bodeaux I, Talence, Francia.

Artículo recibido: 1 de junio de 2011 | aceptado: 14 de octubre de 2011 | modificado: 23 de noviembre de 2011 Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 294 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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Archaeological Insights into the Disarticulation Pattern of a Human Skeleton in a Sitting/ Squatting Position A B S T R AC T

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Archaeological excavation of

Aportação

arqueológica ao

conhecimento do processo de decomposição do corpo humano em posição sentada/flexionada RESUMO

A escavação arqueológica de

human remains can provide information

restos humanos permite recavar dados sobre

on decomposition. From these data it is

o processo de decomposição. Baseando-se

possible to establish the original lay out

nestes conhecimentos, pode-se estabelecer

of the remains, to distinguish between

a disposição original dos restos, distinguir

taphonomic processes and intentional

entre manipulação intencional e eventos

human intervention, and to reveal

tafonômicos, assim como revelar a presença

the presence of decomposed organic

de material orgânico desaparecido. A partir

materials. From observations made in an

das observações em contexto arqueológico,

archaeological context, the author describes

apresentam-se as modalidades de

the decomposition of a funerary bundle in a

decomposição em posição sentada/

sitting/squatting position and explains how

flexionada de um fardo funerário e ilustra-se

bones can be naturally displaced during

como os ossos deslocam-se naturalmente

the process.

durante o processo.

KEY WORDS:

PAL AV R A S C HAVE:

Decomposition, Taphonomy, Forensic

Decomposição, tafonomia, antropologia

Anthropology, Archaeology, Funerary Bundle.

forense, arqueologia, fardo funerário.

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A P ORTAC IÓN A RQU E OL Ó GICA A L C ONO C I M I E N TO DE L PRO C E S O DE DE S C OM P O SIC IÓN DE L C U E R P O H U M A NO E N P O SIC IÓN SE N TA DA /F L E X IONA DA

L

Karina Gerdau Radonic

a excavación arqueológica de restos humanos permite recabar datos sobre el proceso de descomposición, información útil no sólo en arqueología funeraria, sino también en antropología forense. Entender dicho proceso, cómo se desarticulan y desplazan los huesos del esqueleto al desaparecer el tejido blando que los une, es necesario para reconstruir los hechos y eventos desde la muerte, pasando por el sepelio o abandono del cadáver, hasta el momento en el que se hallan sus restos. El tratamiento post mórtem del cuerpo, su posición original al ser depositado y los eventos posdeposicionales influyen sobre el proceso de descomposición, el grado de desarticulación del esqueleto y, por último, su disposición final. Por ende, es posible recorrer el camino inverso, partiendo de los despojos hallados, a menudo desarticulados, y llegar a establecer los hechos en torno al tratamiento post mórtem, e incluso la muerte (véanse, entre otros, Andrews y Bello, 2006; Boddington, 1987; Brothwell, 1987; Duday, 1986, 1987, 2005, 2006; Duday et al., 1990; Duday y Guillon, 2006; Haglund y Sorg, 1997, 2002). En cuestión de tratamientos mortuorios y eventos tafonómicos, los contextos arqueológicos son una fuente de información inigualable y permiten enriquecer nuestro conocimiento sobre la tafonomía del cadáver en diversas situaciones, ya sean culturales o ambientales. La manera en la que se deposita el cuerpo y el momento en el que se le da sepultura varían en función de las creencias y preferencias del difunto y sus allegados. Así mismo, situaciones particulares, el entorno geográfico y el clima, entre otros factores, también pueden influir en decisiones sobre el cuándo y cómo del sepelio. Este trabajo busca ilustrar la tafonomía del cadáver de un fardo funerario que contiene un individuo adulto en posición sentada-flexionada, mediante Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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evidencias arqueológicas provenientes del yacimiento Tablada de Lurín (departamento de Lima), en la costa central peruana. Además, también busca enriquecer el conocimiento sobre conexiones anatómicas lábiles y persistentes en el proceso de descomposición del cuerpo humano.

L a s t um b as c o le c ti v as de Tablada de L urín

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El yacimiento arqueológico de Tablada de Lurín se encuentra en el valle de Lurín, en la costa central de Perú. La ocupación principal fue una gran necrópolis de la primera mitad del Intermedio Temprano (siglos II a. C.-II d. C.), la cual fue el objeto de dos fases funerarias consecutivas, aunque distintas: la primera caracterizada por entierros en pozo, mayormente individuales, y la segunda por tumbas colectivas en estructuras semisubterráneas en piedra, llamadas cistas (para una descripción más detallada de estas ocupaciones, véanse Gerdau y Makowski, 2011; Makowski, 2002, 2009a, 2009b). Las observaciones que se presentan a continuación fueron recabadas en el marco del Proyecto Arqueológico-Taller de Campo “Lomas de Lurín” (PATL), dirigido por Krzysztof Makowski, de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Los datos tafonómicos fueron recopilados por la autora durante la excavación de una tumba colectiva (EF 4 {NE-B}) y el análisis osteológico del material humano proveniente de ésta y otras cuatro tumbas –EFs 1, 2 y 3 (NEB) y EF 6 (NE-A)–, excavadas con antelación por diversos miembros del proyecto PATL (véanse Gerdau, 2007; Gerdau y Makowski, 2011). Los informes, trabajos y registros gráficos y escritos de campo de estas otras cuatro tumbas brindaron información complementaria (Atalaya, ms.; Balbuena, 1996; García, ms.; Makowski, 2002; Makowski et al., 1996). Las cinco cistas excavadas por el equipo de Makowski contenían entre 20 y 55 individuos, mayormente adultos, en entierros primarios o secundarios –algunos de estos últimos parciales–, y habían sido objeto de diversas remociones, con el fin de ordenar el interior de las cámaras funerarias (figura 1; Gerdau, 2007; Gerdau y Makowski, 2011). Aun así, ciertos individuos se habían mantenido intactos o casi, y en su ubicación original, facilitando información sobre el tratamiento mortuorio, la posición original en las que se les dio sepultura y, finalmente, el orden de desarticulación de las diferentes conexiones anatómicas del cuerpo humano. Con base en los trabajos de Balbuena (1996), de la autora (Gerdau, 2007; Gerdau y Makowski, 2011) y de Makowski (2002), se ha llegado a la conclusión que, en un principio, los difuntos eran enfardelados de manera simple, sin momificación. Se les sentaba o acuclillaba sobre un cesto, con las extremidades superiores flexionadas y cruzadas delante del pecho, las extremidades inferioAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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res flexionadas, las rodillas frente al mentón, y los pies delante o bajo la zona púbica. A continuación se les envolvía en uno o más mantos, a fin de constituir un fardo pequeño y simple. Este tipo de fardo se puede apreciar, por ejemplo, entre las imágenes fotográficas y radiográficas de las momias sudamericanas albergadas en el Museum für Völkerkunde de Berlín (ahora el Ethnologisches Museum; Herrmann y Meyer, 1993). Los restos óseos de Tablada no presentan evidencia alguna de momificación, ya sean tejidos anatómicos desecados o huellas de desarticulación en orden paradójico. En situaciones naturales donde el cadáver no ha sido momificado, las articulaciones lábiles (labiles, en francés) son aquellas que se deshacen primero (como las de las manos y los pies), y las persistentes (persistentes, en francés) perduran más tiempo (como la de la rodilla) (véanse Duday, 2005, y Duday et al., 1990, para una discusión más amplia; términos traducidos por la autora). Por lo tanto, es posible, en el caso de entierros secundarios, y a pesar del desplazamiento de los despojos, encontrar la rodilla aún articulada y los huesos de la mano completamente removidos y fuera de su lugar. Por el contrario, en casos de momificación que con el paso del tiempo terminan por descomponerse, Maureille y Sellier (1996) describen un proceso de desarticulación invertido, en donde las conexiones anatómicas lábiles perduran (v.g., la mano) y las persistentes se deshacen primero. Es por eso que individuos inicialmente momificados (natural o artificialmente) que han sido desplazados pueden llegar a presentar un orden de desarticulación llamado paradójico (Duday et al., 1990: 33).

M a t e r i a le s y m é to d o s

El patrón de desarticulación descrito a continuación fue observado durante excavaciones llevadas a cabo por el Proyecto Arqueológico-Taller de Campo “Lomas de Lurín”, proyecto de investigación dirigido por K. Makowski, de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Aunque el proyecto estudió ambas ocupaciones funerarias, la autora del presente trabajo sólo participó en la investigación de la segunda fase de ocupación del cementerio. Por lo tanto, como ya se mencionó, las observaciones presentadas provienen de la excavación de una estructura funeraria (EF 4 {NE-B}) y de información procedente de informes, tesis y registros gráficos y escritos de las temporadas de excavación anteriores (Atalaya, ms.; Balbuena, 1996; García, ms.; Makowski et al., 1996). Se observaron asociaciones osteológicas de primer grado, según la definición de Duday (2006: 50), directamente en campo, y también se les buscó en los registros gráficos de excavación generados por otros miembros del equipo de investigación. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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E x c a v a c i ó n y r e gi str o del yacimient o

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Como se describió más arriba, el equipo de Makowski excavó cinco estructuras funerarias, las cuales contenían entierros colectivos secuenciales (Gerdau, 2007; Gerdau y Makowski, 2011). Las técnicas de excavación y de registro de campo siguieron las recomendaciones de la escuela francesa de Archéothanatologie, la cual especifica que observaciones antropológicas detalladas deben ser recabadas en el campo, en conjunto con un registro gráfico y escrito detallado del contexto. Se ruega al lector referirse a los trabajos de Duday y sus colegas para más amplia información sobre los detalles que deben observarse (v.g., asociaciones osteológicas, articulaciones lábiles o persistentes, entre otros) y sobre las interpretaciones que ciertas observaciones conllevan (v.g., espacio vacío o rellenado, efecto de pared, inter alia), puesto que la metodología y sus aplicaciones son discutidas ampliamente en estos trabajos (Duday, 1986, 1987, 2005, 2006; Duday y Guillon, 2006; Duday et al., 1990). Dada la densidad de material contenido dentro de cada estructura, después de desarmar el techo de éstas para facilitar el acceso, la excavación progresó levantando una capa de material a la vez. Es necesario precisar que estas capas no representan diferentes eventos o momentos en el uso de cada estructura. Por el contrario, las capas eran delimitadas de manera artificial según la cantidad de elementos que podían ser identificados, registrados y levantados en una sola vista fotográfica en planta de toda el área interior de cada estructura (ver la figura 1). Por ejemplo, en la estructura EF 4 (NE-B), se requirieron un total de 64 vistas en planta para registrar todos los especímenes osteológicos u otros dentro de dicha estructura. Por ende, el primer levantamiento representa la capa superior, y el último representa la capa de restos arqueológicos que yacían directamente sobre el piso de la estructura. Los dibujos en planta de cada estructura están basados en estas imágenes fotográficas. Cada espécimen osteológico (según la definición de Grayson [1984, en Lyman, 1994: 100]) levantado fue registrado en estas fotograf ías de vista en planta. Además, la profundidad a la cual yacía cada espécimen fue registrada a partir de un punto fijo datum. Para la excavación de EF 4 (NE-B), la autora registró la profundidad de cada hueso largo a ambos extremos de éste (proximal y distal), a fin de identificar si éstos yacían de manera plana sobre la superficie, o de manera inclinada. Este tipo de registro permite ubicar cada espécimen en el espacio tridimensional, facilitando así el estudio de las asociaciones espaciales de todos los especímenes recuperados. Durante la excavación de EF 4 (NE-B), la autora identificó cada espécimen de más de 1 cm2 de forma detallada (elemento anatómico o parte de éste y lateralidad); sin embargo, elementos anatómicos menores que ese tamaño, Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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Figura 1. EF 4 (NE-B), Levantamiento 23, vista en planta.

como pueden ser las falanginas del pie, también fueron identificados y registrados in situ. Los registros de las otras cuatro estructuras por otras personas del equipo de investigación procedieron de manera similar pero con menor detalle en cuanto a los especímenes de menor tamaño. Aun así, para fines de este estudio fue posible establecer la ubicación de la mayoría de especímenes y evaluar las asociaciones espaciales, así como el grado de desarticulación de ciertos individuos y de partes anatómicas aisladas como pies, extremidades u otras. Asociaciones osteológicas de primera grado habían sido registradas en campo por todos los miembros del equipo, y a pesar de las remociones y el conglomerado óseo dentro de todas las estructuras, fue posible identificar ciertos individuos o partes de éstos dentro de cada estructura. El material asociado también fue registrado en el espacio tridimensional. Tamaño de la muestra El número mínimo de individuos (NMI) es diferente según la estructura (ver el cuadro 1). Como se mencionó más arriba, dentro de cada estructura, durante las excavaciones se pudieron identificar ciertos individuos completos o parciales. Como se puede apreciar en el cuadro 1, dentro de las cinco estructuras Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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Cuadro 1. NMI (Gerdau, 2007)

Individuos identificados como depósitos primarios

Otros individuos (adultos y juveniles) identificados (pueden ser depósitos primarios disturbados o secundarios)

EF 1 (NE-B)

36

0

11

EF 2 (NE-B)

38

0

2

EF 3 (NE-B)

29

1 adulto

8

EF 4 (NE-B)

55

3 adultos (y 1 juvenil)

15

EF 6 (NE-A)

20

0

3

Número Mínimo de Individuos (NMI), número de individuos identificados como depósitos primarios y número de otros individuos (disturbados) dentro de cada estructura excavada por el Proyecto Arqueológico-Taller de Campo “Lomas de Lurín”. Cabe resaltar que la discrepancia es grande entre el NMI y el número total de individuos identificados. Esto se debe a que sólo algunos de éstos pudieron ser identificados como tales en cada estructura; todos los demás individuos estaban conglomerados y no fue posible distinguir a unos de otros (según Atalaya, 1996; Balbuena, 1996; García, ms.; Gerdau, ms.

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sólo cinco de éstos estaban completos y aparecían como depósitos mortuorios primarios intactos. Sin embargo, un número más grande (39) estaban incompletos y hasta la fecha es dif ícil concluir si se trata de depósitos primarios disturbados o de depósitos secundarios, debido a que algunos de ellos habían sido removidos y desplazados dentro de la misma estructura múltiples veces (véanse Gerdau, 2007; Gerdau y Makowski, 2011). Estos pocos individuos completos son los que han provisto la mayoría de la información sobre el rito mortuorio, incluidas la preparación post mórtem del cuerpo con fines de entierro, la posición original de los restos y, finalmente, la secuencia de desarticulación esquelética dentro de un fardo funerario. El tamaño de la muestra es limitado, puesto que consiste en cuatro individuos adultos y un juvenil identificados como depósitos funerarios primarios (cuadro 1). De los cuatro adultos no todos mostraban el mismo patrón, pero se pueden distinguir rasgos generales, que se describen a continuación. Más aún, los individuos incompletos sirvieron para corroborar ciertas observaciones. El cuadro 2 presenta las articulaciones que se pudieron observar, y a aquellos individuos que las presentaban. Por último, es importante enfatizar que la secuencia de desarticulación que se detalla en este trabajo sólo se aplica a individuos adultos que fueron enterrados enfardelados, con las extremidades inferiores y superiores flexionadas, y que fueron depositados dentro de un espacio vacío (no en una tumba rellenada con tierra). Los juveniles, quienes aún no tienen las epífisis consolidadas, pueden presentar un patrón distinto, pero se necesitan más investigaciones al respecto. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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Cuadro 2. Cabeza caída sobre el torso

EF 3 (NE-B): inds. I EF 4 (NE-B): inds. VI, X, XIII (juvenil)

Persistencia de la articulación del hombro con dislocación escápulo-torácica y clavículo-esternal

EF 4 (NE-B): inds. X

Columna articulada hasta vértebras cervicales

EF 3 (NE-B): inds. I EF 4 (NE-B): inds. VI; X, XIII (juvenil)

Persistencia de la articulación del codo

EF 3 (NE-B): inds. I, III EF 4 (NE-B): inds. I, V, VI, VIII, X

Dislocación de la muñeca y de las articulaciones de la mano

EF 3 (NE-B): inds. I, IV, V EF 4 (NE-B): inds. I, II, VI, VIII, X, XIII (juvenil)

Persistencia de la columna lumbar

EF 1 (NE-B): ind. I EF 2 (NE-B): inds. I, II EF 3 (NE-B): inds. III EF 4 (NE-B): inds. I; II, XIV (juvenil), XVI, XVII

Persistencia de la pelvis

EF 2 (NE-B): inds. I, II EF 3 (NE-B): inds. I, III EF 4 (NE-B): conjunto de pelvis y un par de pies, inds. I; II, V, VI (dislocación del sacro), VIII, X, XIII (juvenil), XIV (juvenil), XVI, XVII

Persistencia del pie

EF 1 (NE-B): ind. I EF 2 (NE-B): inds. I, II EF 3 (NE-B): inds. I, III, IV, V EF 4 (NE-B): conjunto de pelvis y un par de pies; inds. VI, X, XIII (juvenil), XVII

Persistencia de la rodilla

EF 1 (NE-B): ind. I EF 3 (NE-B): inds. III, IV, V EF 4 (NE-B): inds. V; VI, VIII, X, XIII (juvenil), XVII

Desplazamiento de la extremidad inferior sin dislocación de los huesos del tarso

EF 3 (NE-B): inds. I EF 4 (NE-B): inds. VI, X, XIII (juvenil)

Individuos sobre los cuales se pudieron observar las articulaciones citadas en el cuadro. Véase Gerdau (2007) para una descripción detallada de cada individuo.

T a f o n o m í a d e l e sq ue le t o de un individuo s e n t a d o /fle x i o nad o y e n fardelado Como se describió más arriba, la posición original del cuerpo era sentado o acuclillado, con las extremidades superiores e inferiores flexionadas delante del pecho. Los individuos habían sido colocados sobre cestos y envueltos en un manto, al menos. Los textiles y otro material orgánico no se preservan bien en Tablada. Mientras que estos materiales se descomponían fueron progresivamente reemplazados por la tierra utilizada para rellenar las estructuras en el momento de su clausura, o por sedimento que se infiltraba desde el exterior de Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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las estructuras con el paso del tiempo (Balbuena, 1996; Gerdau, 2007; Gerdau y Makowski, 2011). Son la posición de los restos descritos más abajo, así como restos de fibra orgánica hallados entre ellos, los que sugieren la presencia de un cesto y textiles.

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Esqueleto axial Dada la posición vertical del cuerpo, es natural que la mitad superior de éste, así como los huesos largos de las extremidades inferiores, se hallasen en desequilibrio a medida que avanzaba el proceso de descomposición. Al desaparecer los órganos internos y generar un vacío en las cavidades torácica y pélvica, la mitad superior de la columna vertebral y de las costillas cayó dentro de estas cavidades perdiendo su orden anatómico y la mayoría de sus conexiones. El esqueleto cefálico se asentó sobre los huesos del tórax, en buena parte desarticulados, guardando su orientación original. Se ubicó el atlas inmediatamente por debajo de la base del cráneo o en proximidad de ésta. En algunos individuos, el fardo facilitó la conservación de las articulaciones de la columna vertebral en su casi totalidad (ver las figuras 3 a 6), proporcionando un soporte sobre el cual podían descansar las vértebras sin deshacerse las conexiones. Con el paso del tiempo, el tejido del fardo fue reemplazado por sedimento que se infiltró y por los despojos de individuos contiguos, que proporcionaban un apoyo adicional. En la mayoría de los casos observados en Tablada, fue únicamente la mitad inferior de la columna vertebral la que quedó articulada, apoyándose contra la parte posterior del cesto dentro del cual se había sentado al individuo, y contra el manto que lo envolvía. Al transcurrir el tiempo, el sedimento fue sustituyendo la cesta y el manto. La mitad superior de las costillas cayó en desorden dentro de las cavidades torácica y pélvica. Sin embargo, la mitad inferior de las costillas cayó de parte y otra de las vértebras, conservando más o menos su secuencia anatómica (figuras 3 a 6). Si el individuo yacía en un principio levemente inclinado hacia atrás, las costillas se asentaban detrás de la parte superior del hueso coxal, a menos profundidad que éste. Si el individuo yacía con la espalda recta o ligeramente inclinada hacia adelante, las costillas inferiores se asentaban sobre los iliones. Cintura escapular y extremidades superiores El movimiento de las extremidades superiores y de los huesos de la cintura escapular dependía mucho del espacio disponible en torno al cuerpo. Si el individuo se encontraba con la espalda recta y tenía algún soporte posterior, una vez liberada de sus conexiones anatómicas, la escápula se deslizaba hacia Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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Figura 2. Dibujo esquemático de los 19 individuos identificados dentro de EF 4 (NE-B) y de su cronología relativa. Las flechas indican el orden de llegada de los individuos (del más reciente al más antiguo), cuando ésta se pudo establecer. Por ejemplo, el individuo XVII fue posiblemente el primero en llegar; los individuos I y II estuvieron entre los últimos.

la zona pélvica y aparecía en su orientación anatómica natural, es decir, con la parte superior hacia arriba detrás del hueso coxal de la misma lateralidad (figuras 5 y 6). Si el individuo se hallaba inclinado hacia adelante, la escápula aparecía en vista posterior, por encima de las costillas y la pelvis (figuras 5 y 6). Con frecuencia, la cabeza humeral y la clavícula seguían en su caída a la escápula, hallándose a menudo en proximidad de ésta. Al pasar el tiempo, y según los movimientos de los demás huesos de la mitad superior del cuerpo, la articulación del codo se dislocaba levemente, pero los extremos proximales del radio y de la ulna (cúbito) se hallaban cerca del extremo distal del húmero (figuras 3 a 6). Era fácil reconocer la posición cruzada de las extremidades superiores. La posición original de las manos fue más dif ícil de establecer con claridad. Puesto que los antebrazos estaban cruzados delante del pecho, es posible Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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Figura 3. EF 4 (NE-B), Individuo VI, vista en planta (dibujo, Karla Gerdau).

Figura 4. EF 4 (NE-B), Individuo VI, vista en planta (dibujo, Karla Gerdau).

Figura 5. EF 4 (NE-B), Individuo X, vista en planta (dibujo, Karla Gerdau).

Figura 6. EF 4 (NE-B), Individuo X, vista en planta, mira 10 cm.

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que las manos se hallasen en una de cuatro posiciones: delante de la faz, a la altura del mentón, sobre el pecho o sobre los hombros. Estas posiciones han sido registradas en momias prehispánicas peruanas (véase Herrmann y Meyer, 1993). Cualquiera de estas posiciones es inestable para los huesos de la mano, una vez que desaparecen los tejidos blandos que los mantienen unidos. Por lo tanto, los huesos de la mano se hallaban desarticulados entre los huesos de las cavidades torácica y pélvica. Cintura pélvica y extremidades inferiores Las extremidades inferiores caían hacia un lado u otro, en función de la posición original del cuerpo. La cadera y el tobillo se desarticulaban tan sólo levemente (figuras 3 a 6). En varias ocasiones la rodilla se mantuvo en conexión, con la patela (rótula) aún in situ, a pesar de la caída de los huesos largos hacia un lado. Es muy probable que el manto del fardo mantuviese la patela en su articulación con el fémur y la tibia. El sedimento hubiera reemplazado progresivamente al textil. Gracias a su posición dentro de un cesto, los huesos de la pelvis y del pie se mantenían en conexión anatómica. La forma de la pelvis dictaría que una vez sus conexiones anatómicas se desintegraran, ésta se abriría, los huesos coxales girarían lateral y posteriormente, y el sacro caería ventral o dorsalmente (Duday, 2005: 170; 2006: 35). Sin embargo, las paredes del cesto sobre el cual estaba sentado el individuo proveían un soporte contra el cual se apoyaban los huesos coxales sin perder su precario equilibrio. Así mismo, al poner los pies a plano sobre el fondo de la canastilla, los huesos del pie lograban mantenerse en equilibrio y en casi perfecta conexión, a pesar de la descomposición de los tejidos blandos. En un caso en particular (Individuo XVII, EF 4 {NE-B}), los dedos del pie se hallaron dorsi-flexionados, aparentemente apoyados contra la pared anterior del cesto en el cual se sentó al individuo. Las falanges se encontraron, por ende, en posición vertical, distal hacia arriba. Por último, la presencia de un envoltorio (manto) y de un soporte (cesto) permite desplazar conjuntamente dentro de un mismo espacio o de un lugar a otro los despojos de un solo individuo, pese a su grado de descomposición avanzando. Así, se hallaron en conjunto restos fuertemente desarticulados que pertenecían a un mismo individuo, y otros despojos parcialmente articulados, en especial la pelvis y los pies, con evidencias de haber sido empujados hacia un lado (ver las figuras 7 a 10).

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Figura 7. EF 4 (NE-B), Individuo I, vista en planta (dibujo, Karla Gerdau).

Figura 9. EF 4 (NE-B), Individuo XVI, vista en planta.

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Figura 8. EF 4 (NE-B), Individuo I, vista en planta, mira 10 cm, norte hacia arriba.

Figura 10. EF 4 (NE-B), Individuo III, vista en planta (dibujo, Karla Gerdau).

Di s c usi ó n La muestra de individuos completos dentro de cada estructura es limitada (cuadro 1). Aun así, se puede discernir un patrón general, aunque se necesita recabar más observaciones. En Tablada, la posición vertical del cuerpo del individuo sentado o acuclillado aumentó el grado de desarticulación de la mitad superior del cuerpo, puesto que una vez el estado de descomposición es avanzado, ya no queda tejido blando que mantenga en su sitio los diferentes elementos óseos. Por lo tanto, éstos caen naturalmente. El manto-envoltorio y el soporte-contenedor inferior (cesto) estabilizan la mitad inferior del tórax, la pelvis y los pies, manteniéndolos en articulación completa o parcial. Cuando se halla un individuo en esta posición pero con la caja torácica, la columna y la pelvis aún en conexión anatómica, esto puede deberse a dos posibilidades: Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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1) el reemplazo progresivo de los tejidos blandos descompuestos por sedimento que se infiltra dentro del contexto (en el caso de entierros en sedimento fluido, como es la arena (Duday, 2005: 185-186; 2006: 41); o, 2) porque los elementos óseos fueron sujetos por algún soporte exterior, en el caso de depósitos en espacio vacío, como lo son los entierros en las cistas de Tablada. En dos individuos dentro de la estructura EF 4 (NE-B), la columna se mantuvo casi intacta por el soporte que ofrecían el envoltorio textil y los restos adyacentes (figuras 3 a 6). Articulaciones lábiles y persistentes El cuello Algunas observaciones hechas en Tablada corroboran aquellas de otros estudios sobre las articulaciones lábiles y persistentes (ver el cuadro 3). Por ejemplo, el atlas se halló bajo la base del cráneo del individuo X (EF 4 {NE-B}). Duday y sus colegas (1990: 31) afirman que la articulación atlanto-occipital es más persistente que otras articulaciones intervertebrales cervicales. Duday (2006: 35) escribe que la desarticulación inicial en el cuello ocurre al nivel de la articulación atlas-axis o axis-cervical 3. Andrews y Bello (2006: 17) también afirman que el cuello es una articulación lábil. Es posible que algunas articulaciones cervicales (atlas-axis, axis-cervical 3) sean más lábiles que otras (atlas-occipital). Más aún, dentro de los fardos las vértebras cervicales se encontraban en desorden dentro de las cavidades torácica y abdominal, con la excepción del atlas, que podía hallarse bajo la base del cráneo, indicación de que cuando el cráneo se asentaba sobre el torso, el atlas aún mantenía su conexión. Cintura escapular En Tablada, el hombro presenta evidencias de ser una conexión más persistente que la articulación clavículo-esternal o la conexión escápulo-torácica. Cuando la escápula se desarticula de la caja torácica, la clavícula y el húmero la siguen en su caída. Por otra parte, la articulación entre el esternón y la clavícula se deshace. Duday (2005: 167; 2006: 33; Duday et al., 1990: 31) también presenta la conexión escápulo-torácica como lábil. La muñeca y las articulaciones de la mano Las articulaciones de la mano, incluida la muñeca, son citadas como lábiles (Andrews y Bello, 2006: 17; Duday, 2005: 167; 2006: 33; Duday et al., 1990: 31). Entre los restos humanos de Tablada, estas articulaciones también aparecen Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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Cuadro 3. Lista de articulaciones lábiles y persistentes, según la literatura. Lábil

Persistente

Referencia

Articulaciones entre vértebras cervicales

Duday et al., 1990; Duday, 2005, 2006; Andrews y Bello, 2006

X

Articulaciones dentro de la mano

Duday et al., 1990; Duday, 2005, 2006; Andrews y Bello, 2006

X

Muñeca menos lábil que articulaciones dentro de la mano

90

Tablada*

X

Articulaciones distales del pie

Duday et al., 1990; Duday, 2005, 2006; Andrews y Bello, 2006

Articulaciones costoesternales

Duday et al., 1990; Duday, 2005, 2006; Andrews y Bello, 2006

Conexión escápulo-torácica

Duday et al., 1990; Duday, 2005, 2006; Andrews y Bello, 2006

X

Articulación clavículo-esternal

Duday et al., 1990; Duday, 2005, 2006; Andrews y Bello, 2006

X

Cadera

Duday, 2005, 2006 Articulación atlanto-occipital

Duday et al., 1990; Duday, 2005, 2006

X

Hombro

Duday et al., 1990; Duday, 2005, 2006

X

Columna lumbar, articulación sacrolumbar, articulación sacro-iliaca

Duday et al., 1990; Duday, 2005, 2006

X

Rodilla, tobillo, huesos del tarso

Duday et al., 1990; Duday, 2005, 2006

X

Rodilla, más persistente que tobillo

Pereira, 1996

X (también más persistente que cadera)

*La columna de Tablada se ha marcado con una X si la evidencia tafonómica indica que la articulación o conexión anatómica es lábil o persistente; no indica si las articulaciones se podían observar (véase el cuadro 2).

como lábiles. Más aún, la muñeca debe descomponerse después de las articulaciones entre los carpos, los metacarpos y las falanges. En Tablada no hay evidencias de que las manos cayesen enteras de la muñeca. Más bien, los huesos de la mano parecen haber caído progresivamente de la mano hacia la cavidad abdominal o pélvica.

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Columna lumbar y pelvis En Tablada, la pelvis y la columna lumbar aparecen como articulaciones persistentes. Esto confirma otras observaciones (Duday, 2005: 167; 2006: 33; Duday et al., 1990: 31). Sin embargo, cabe resaltar que esta observación puede ser un producto del patrón funerario, ya que la columna lumbar y la pelvis fueron mantenidas en articulación con ayuda del cesto y el envoltorio del fardo. Cadera, rodilla y tobillo El grado de persistencia de la articulación de la rodilla parece superior al de la cadera y los tobillos. Dentro de los fardos de Tablada, una vez descompuesta la articulación de la cadera, el fémur no podía mantenerse en su posición vertical y levemente inclinada. Por lo tanto, el muslo, la patela y los huesos de la pierna caían hacia un lado. Estos huesos caían conjuntamente y la rodilla se mantenía articulada. La tibia y la f íbula (peroné) se desarticulaban del talo (astrágalo), pero no jalaban ninguno de los huesos del tarso en la caída. Los pies se mantenían articulados. Estas observaciones sobre la rodilla y el tobillo confirman aquellas hechas por Grégory Pereira (1996) en el yacimiento arqueológico de Potrero de Guadalupe (Michoacán, México). Duday (2005: 167; 2006: 33; Duday et al., 1990: 31) también afirma que la rodilla y el tobillo son articulaciones persistentes. Tablada y Michoacán no contradicen esto. Más bien, indican que la rodilla es más persistente que el tobillo.

Co n c lusi ó n

La excavación y las observaciones detalladas de la disposición de restos óseos humanos ofrecen información sobre la secuencia de desarticulación de ciertas conexiones anatómicas del cuerpo humano. En los casos presentados aquí, la posición vertical del individuo acuclillado-sentado incrementó el grado de desarticulación de la mitad superior del esqueleto, ya que la desaparición del tejido blando que mantenía unidos los huesos generó una pérdida de equilibrio en esta posición. La presencia de un envoltorio (manto) y de un soporte inferior (cesto), en el caso de los fardos funerarios, proporcionó estabilidad a la mitad inferior del tórax, a la zona pélvica y a los pies, ayudando a mantenerlos en conexión anatómica parcial o completa. Así mismo, el cesto y el manto facilitaron el transporte de los restos de un lugar a otro dentro de la estructura, minimizando la pérdida de elementos óseos de los individuos. Por último, las observaciones hechas en Tablada tienden a demostrar que la articulación del hombro (escápula, húmero y clavícula) es más persistente que las conexiones clavículo-esternal y escápulo-torácica, puesto que al caer el hombro, los tres huesos que lo constituyen se mantienen en proximiAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 75-94

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dad; sin embargo, la clavícula se desarticula del esternón de manera marcada, así como la escápula de la caja torácica. Así mismo, el grado de “persistencia” de la articulación de la rodilla es más fuerte que el de la cadera y el tobillo. Una vez deshecha la articulación de la cadera, el muslo, la patela, y la pierna caen conjuntamente y de manera articulada. Al caer, la tibia se desarticula del talo sin que la caída afecte las conexiones anatómicas de los huesos del tarso. Estas observaciones sobre la rodilla y el tobillo confirman aquellas hechas por Pereira (1996) en el yacimiento arqueológico de Potrero de Guadalupe (Michoacán, México). Información sobre articulaciones lábiles y persistentes puede ayudar a la interpretación de depósitos primarios y secundarios, así como, posiblemente, a revelar la presencia de restos momificados descompuestos. Además, la observación detallada de los restos y su entorno puede revelar la presencia de envoltorios, soportes u otro material asociado que podrían haberse descompuesto y desaparecido con el paso del tiempo (véanse Boddington, 1987; Duday, 1986, 1987, 2005, 2006; Duday y Guillon, 2006; Duday et al., 1990). 92

A g r a d e c i m i e nto s

Quisiera agradecer a H. Duday, K. Makowski, a todos los miembros presentes y pasados del Laboratoire d’anthropologie des populations du passé (UMR 5199 – PACEA, U. Bordeaux I) y del Proyecto Arqueológico Taller de Campo “Lomas de Lurín” (Departamento de Humanidades, PUCP), así como a O. Dutour, M. Ziolkowski, P. Murail y D. Castex. Se agradecen de igual manera los comentarios y sugerencias de los evaluadores anónimos. Igualmente, agradezco a mis familiares y amigos por su paciencia y apoyo, en especial a Alex, Tadeo, Silvia, mis padres, Kati, Karla, y Greg. Este trabajo se llevó a cabo gracias al generoso apoyo financiero del Ministère de l’Enseignement Supérieur et de la Recherche (Francia), Cementos Lima, S. A. (Perú) y PATL-PUCP (Perú). .

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Paralelos

LA BIOLOGÍA DE LA CONSERVACIÓN APLICADA A LA ZOOARQUEOLOGÍA. LA SOSTENIBILIDAD DE LA CACERÍA DEL VENADO COLA BLANCA, ODOCOILEUS VIRGINIANUS (ARTIODACTYLA, CERVIDAE) EN AGUAZUQUE

María Fernanda Martíne z-Pol anco

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LA ARQUEOFAUNA DE XCAMBÓ, YUCATÁN, MÉXICO

Christopher M Göt z

y

Th e l m a N . S i e r r a S o s a

119

TAFONOMÍA DE HUESOS DE AVES. ESTADO DE LA CUESTIÓN Y PERSPECTIVAS DESDE EL SUR DEL NEOTRÓPICO

Isabel Cruz

147

PRIMER REGISTRO DE PERRO DOMÉSTICO PREHISPÁNICO (CANIS FAMILIARIS) ENTRE LOS GRUPOS CAZADORES RECOLECTORES DEL HUMEDAL DE PARANÁ INFERIOR (ARGENTINA)

A l e ja n dro A cos ta , Da n i e l Lop o n t e

y

César García Esponda

175

ARQUEOLOGÍA SUBACUÁTICA Y TAFONOMÍA: RECIENTES AVANCES EN EL ESTUDIO DE SITIOS FINIPLEISTOCÉNICOS SUMERGIDOS EN LA COSTA PACÍFICA DE CHILE CENTRAL

I s a b e l C a r t a j e n a F. , P a t r i c i o L ó p e z M . , D i e g o C a r a b i a s , C a r l a M o r a l e s y G a b r i e l Va r g a s

2 01

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L A BIOL O GÍ A DE L A C ONSE RVAC IÓN A PL ICA DA A L A Z O OA RQU E OL O GÍ A : L A S O ST E N I BI L I DA D DE L A CAC E R Í A DE L V E NA D O C OL A BL A NCA , OD O C OI L EU S V I RGI N I A N U S (A RT IODAC T Y L A , C E RV I DA E), E N AG UA Z UQU E M aría F ernanda M artíne z -P ol anco * mfmartinezp@gmail.com Instituto de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de Colombia

R e s u m e n El objetivo de este artículo es evaluar la cacería de O. virginianus en Aguazuque, un sitio de cazadores-recolectores tardíos de la sabana de Bogotá, a partir de elementos teóricos y metodológicos de la biología de la conservación, como lo es el concepto de sostenibilidad. Se utilizaron índices de diversidad comúnmente utilizados en ecología, además de índices normalmente empleados en zooarqueología como NISP y MNI. En el caso de la cacería del venado en Aguazuque, se encontró que ésta fue sostenible. PAL AB R A S C L AVE:

Biología de la conservación, zooarqueología, sostenibilidad, O. virginianus, sabana de Bogotá, cazadores recolectores tardíos.

* MSc., Antropología, Universidad Nacional de Colombia.

Artículo recibido: 1 de junio de 2011 | aceptado: 14 de octubre de 2011 | modificado: 23 de octubre de 2011 Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 294 pp. ISSN 1900-5407, pp. 99-118

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The Biology of Conservation Applied to Zooarcheology: Hunting Sustainability of the White Tail Deer Odocoileus Virginianus (Artiodactyla, Cervidae) in Aguazuque A B S T R AC T

10 0

The aim of this article is

A

biologia da conservação

aplicada à zooarqueologia: a sustentabilidade da caçada do veado cauda branca odocoileus virginianus (artiodactyla, cervidae) em aguazuque RESUMO

O objetivo deste artigo é avaliar

to evaluate O. Virginianus hunting in

a caçada do O. virginianus em Aguazuque,

Aguazuque, a late hunter-gatherer site at the

um lugar de caçadores-recolhedores

Sabana de Bogotá by using theoretical and

tardios na Sabana de Bogotá, a partir de

methodological elements of conservation

elementos teóricos e metodológicos da

biology, such as sustainability. In this study,

biologia da conservação, como é o conceito

diversity indexes which are commonly

de sustentabilidade. Utilizaram-se índices

utilized in ecology were used as well as

de diversidade comumente utilizados em

in zooarchaeology with indexes like NISP

ecologia além de índices normalmente

and MNI. In the case of the O. virginianus

empregados em zooarqueologia como NISP

hunting at Aguazuque the result is that it

e MNI. No caso da caçada do veado em

was a sustainable activity.

Aguazuque encontrou-se que foi sustentável.

KEY WORDS:

PAL AV R A S C HAVE:

Conservation Biology, Zooarchaeology,

Biologia da conservação, zooarqueologia,

Sustainability, O. virginianus, Bogotá High

sustentabilidade, O. virginianus, sabana de

Plane, Late Hunters Gatherers.

Bogotá, caçadores recolhedores tardios.

Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 99-118

L A BIOL O GÍ A DE L A C ONSE RVAC IÓN A PL ICA DA A L A Z O OA RQU E OL O GÍ A : L A S O ST E N I BI L I DA D DE L A CAC E R Í A DE L V E NA D O C OL A BL A NCA , OD O C OI L EU S V I RGI N I A N U S (A RT IODAC T Y L A , C E RV I DA E), E N AG UA Z UQU E María Fernanda Martínez-Polanco

L

E l pun t o de inicio: concep t os c lav e s d e la b i o logía de la conservación 101

a b i ologí a d e l a c o nse rva c i ó n es una ciencia multidisciplinaria que surge como respuesta a la crisis que enfrenta la diversidad biológica en la actualidad. Esta ciencia tiene tres propósitos: 1) Investigar y describir la diversidad que hay en el mundo; 2) Entender los efectos de las actividades humanas sobre las especies, las comunidades y los ecosistemas y 3) Desarrollar enfoques interdisciplinarios que tengan como objetivo proteger y restaurar la diversidad biológica (Primack, 2000). La biología de la conservación es considerada como una disciplina de crisis que debe responder rápidamente a diferentes problemas actuales (Groom et al., 2006). Para lograr este objetivo se debe conocer con detalle el problema por resolver y poner en práctica conceptos de biología y ecología, además de incluir información proveniente de otras áreas de conocimiento que puedan brindar más elementos para tomar decisiones acertadas de manejo y conservación (Primack, 2000). Las mayores causas de la pérdida de la diversidad biológica son: 1) Destrucción, fragmentación y degradación de hábitats, 2) Contaminación, 3) Sobreexplotación, 4) Introducción de especies exóticas y 5) Enfermedades. Estas causas son producto de la actividad humana, el incremento de la población mundial, que ha promovido el excesivo uso de los recursos naturales, además de los procesos de industrialización que se han dado en los últimos siglos (Primack, 2000). La mayor causa de pérdida de diversidad biológica es, justaAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 99-118

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mente, la pérdida de hábitat, que ha reducido en gran medida las zonas boscosas aptas para la conservación de la biodiversidad (IAvH, 1997). La contaminación es un factor indirecto de pérdida de biodiversidad; aunque su impacto puede no ser evidente, sí podría estar afectando la supervivencia de una especie (Primack, 2000). De la misma forma, las enfermedades pueden tener una incidencia indirecta en la conservación de las especies; usualmente, éstas son un efecto colateral de la introducción de especies exóticas, las cuales, además de competir con los organismos locales, pueden traer consigo enfermedades que pueden afectarlos (IAvH, 1997). La sobreexplotación es la segunda causa de pérdida de la diversidad biológica (Reynolds y Peres, 2006). Sin embargo, durante mucho tiempo los grupos humanos han convivido y explotado muchas especies tanto animales como vegetales sin llevarlas a la extinción (Ojasti, 2000). Aunque, en otros casos, la fuerte sobreexplotación que han hecho los humanos de una especie la ha llevado a la extinción, como es el caso de la paloma migratoria (Ectopistes migratorius), que se extinguió en el siglo pasado (Reynolds y Peres, 2006). Por otro lado, en la medida en que la tecnología se ha hecho más eficiente, la cacería se ha convertido en una seria amenaza para muchas especies. Además, la introducción de la cacería de subsistencia dentro de la economía de mercado ha hecho que muchas especies de fauna silvestre se encuentren en peligro (Primack, 2000). En algunos lugares del mundo la sobreexplotación ha sido tan dramática que ha dejado bosques vacíos (Empty forest), en donde los mamíferos grandes son los que más se han visto afectados, dado que son las presas favoritas de los cazadores (Redford, 1992). Sin embargo, por definición, las poblaciones biológicas pueden soportar ciertos grados de explotación humana, debido a que las poblaciones son renovables; esto quiere decir que pueden compensar los efectos de la mortalidad con la natalidad y mantener constante el tamaño poblacional dentro de ciertos límites (Reynolds y Peres, 2006). Esta característica de las poblaciones se denomina denso-dependencia (Caughley y Sinclair, 1994). La teoría biológica de la sostenibilidad se basa en este principio (Primack, 2000; Reynolds y Peres, 2006). La máxima cosecha sostenible (Maximum Sustainable Yield [MSY]) es la cantidad máxima de un recurso que puede ser cosechada cada año dependiendo de la capacidad que tenga la población de renovarse por el crecimiento poblacional natural (Begon, 2002; Bodmer et al., 1997). Se puede decir, entonces, a partir de la teoría biológica de la sostenibilidad, que una cosecha es insostenible cuando los niveles de extracción son mayores que los niveles de producción o reemplazo de la población, lo que puede llevar a que una especie se agote hasta su extinción (Robinson y Redford, 1991; RobinAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 99-118

LA BIOLOGÍA DE LA CONSERVACIÓN | MARÍA FERNANDA MARTÍNEZ-POLANCO

son y Bennett, 1999). Una población expuesta a la sobreexplotación presenta una o varias de las siguientes características: 1) densidades bajas (Alvard, 1999, Hart, 1999; Peres, 1999), 2) reducción del tamaño promedio del cuerpo de los individuos, 3) reducción del promedio de la edad de la primera reproducción (Hart, 1999), 4) reducción en el número de animales de determinada clase de edad (Altrichter, 2005; Leeuwenberg y Robinson, 1999; Maffei, 2001 y 2003), 5) potencial disminución de la población (Robinson y Redford, 1991), 6) inminente extinción de poblaciones de especies vulnerables (Alvard et al., 1997; Alvard, 1999; Bennett et al., 1999). Además, la sobreexplotación puede tener un efecto en la producción, estructura y composición de la comunidad biológica de la cual la población explotada forma parte, debido a que, al disminuir o desaparecer la taxa de más alto rendimiento, se empiezan a cazar otras especies de menor productividad (Hart, 1999). Para lograr que la cacería sea sostenible a largo plazo, un grupo humano puede manejar una población silvestre con el fin de explotarla sin agotarla (Caughley y Sinclair, 1994; Sinclair et al., 2006). Para evaluar la sostenibilidad de la cacería en la actualidad, se utilizan diferentes métodos; por una parte, se realiza una evaluación al nivel de comunidad analizando qué especies son cazadas, a partir de entrevistas y visitas a los cazadores, donde se pesan y miden los animales cazados para calcular su aporte proteico (Townsend, 1999; Fitzgibbon et al., 1999; Hill y Padwe, 1999; Mena et al., 1999). También se comparan las densidades de poblaciones animales en lugares con diferentes intensidades de cacería (Alvard, 1999; Fitzgibbon et al., 1999; Hill y Padwe, 1999; Mena et al., 1999). El otro nivel de análisis utilizado es el de poblaciones; en este caso, se analizan aspectos como el sexo, la edad y el tamaño de los animales cazados de cierta especie (Altrichter, 2005; Hart, 1999; Leeuwenberg y Robinson, 1999; Maffei, 2001 y 2003).

L a s o ste ni b i li d ad y la zooarqueología

A pesar de que el estado actual de las poblaciones animales es producto de una dinámica histórica, son muy pocos los casos en los que se incluye una perspectiva temporal en los estudios de manejo y conservación de fauna silvestre. Recientemente se ha venido dando una nueva tendencia dentro de la zooarqueología, interesada en aportar elementos prácticos útiles para los planes de manejo de ciertas especies (Lyman, 1996; Lyman y Cannon, 2004). La zooarqueología puede brindar elementos de análisis a la sostenibilidad, ya que puede indagar sobre el manejo de la fauna por parte de diversos grupos humanos en diferentes momentos y lugares del planeta (Frazier, 2007). La sostenibilidad se puede estudiar a partir de muestras faunísticas analizando aspectos tales como 1) Cambios en la composición de la caza a través del tiempo (Bovy, Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 99-118

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2007; Carder et al., 2007; Emery, 2007; McKechnie, 2007; Morwood et al., 2008), 2) Aumento en el número de individuos cazados de una especie determinada (McNiven y Bedingfield, 2008; Sapir-Hen et al., 2009), 3) Selección de animales más jóvenes de cierta especie después de un período determinado (Lyman, 1987; Etnier, 2004 y 2007; Walker, 2000), 4) Disminución de la talla promedio de los animales cazados (Blick, 2007; Carder et al., 2007; Hill Jr. et al., 2008; McKechnie, 2007; Whitaker, 2008). La biología de la conservación y la zooarqueología pueden aportarse entre sí elementos tanto teóricos como metodológicos que permitan entender el pasado a la luz del presente, así como comprender la relación entre grupos humanos y animales que se dieron en el pasado, y pueden dar claves para lograr un mejor manejo, conservación y protección de aquellas especies que se encuentran en peligro en la actualidad (Lyman y Cannon, 2004). En zooarqueología se utiliza el modelo de la presa de la teoría del forrajeo óptimo, para evaluar qué presas son utilizadas por el grupo humano estudiado y qué partes de las presas se están transportando hasta el lugar de asentamiento (Byers et al., 2005; Byers y Ugan, 2005; Reitz y Wing, 2008; Ugan, 2005). Para determinar qué presas son utilizadas se analizan las abundancias relativas de los diferentes taxa representados (Reitz y Wing, 2008). Para conocer las partes de las presas que son utilizadas se llevan a cabo análisis de la distribución diferencial (Reitz y Wing, 2008; Byers et al., 2005; Byers y Ugan, 2005; Ugan, 2005). Grayson y Delpech (1998) proponen que para entender modelos como la amplitud de la dieta (Diet breadth), que también se desprende de la teoría del forrajeo óptimo, se deben emplear análisis combinados que incluyan el número de taxas, el número de especímenes, la fragmentación y la distribución de las partes del esqueleto de los animales presentes en la muestra, para poder evidenciar claramente si ocurrieron cambios en la dieta de un grupo humano a lo largo del tiempo. Usualmente, el modelo de la presa es utilizado para probar hipótesis de sobreexplotación en el pasado de megafauna (Byers y Ugan, 2005), de mamíferos grandes (Broughton, 2002; Broughton y Bayham, 2003; Byers et al., 2005; Emery, 2007), entre otros. A la luz de este modelo, se espera que los cazadores siempre elijan aquellas presas que les generen mayores beneficios. Esto puede ser un riesgo, porque si se caza siempre la misma especie, se puede generar una extinción, lo que le significaría más costos a los cazadores (Blick, 2007). En este caso, tendrían que empezar a recorrer distancias mayores para cazar la misma especie o cambiar de presa; generalmente, se inicia la cacería de animales más pequeños, que representan menos ganancias (Ugan, 2005; Byers et al., 2005; Byers y Ugan, 2005). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 99-118

LA BIOLOGÍA DE LA CONSERVACIÓN | MARÍA FERNANDA MARTÍNEZ-POLANCO

Sin embargo, los cazadores pueden elegir otro tipo de estrategias que impliquen el manejo de las especies; estas medidas podrían incluir una cacería selectiva de animales adultos que hayan tenido la oportunidad de reproducirse (Martínez-Polanco, 2008a), o cazar más animales de un sexo o de otro (Etnier, 2007). Otra estrategia de manejo puede ser cazar varias especies a la vez; de esta forma, no se está agotando una sola especie (Emery, 2007). También puede existir otra clase de estrategias que impliquen la movilidad, de tal modo que no siempre se esté cazando en el mismo lugar (Whitaker, 2008).

Un punto en común: la sostenibilidad de la cacería de O. virginianus en la sabana de Bogotá

Esta investigación surge de un problema de manejo y conservación actual: la extinción local de O. virginianus de la sabana de Bogotá, de la cual no se conocen sus orígenes (Martínez-Polanco, 2008b). Se sabe que O. virginianus fue la especie más importante para los humanos que habitaron la sabana de Bogotá, desde los grupos de cazadores-recolectores hasta los grupos alfareros Herrera y Muisca, porque era la especie de mayor tamaño que se encontraba en la zona y la que mayores beneficios representaba. O. virginianus no sólo fue utilizado como alimento; también sus pieles pudieron haber sido empleadas como abrigo, al igual que sus huesos y astas como herramientas (Peña y Pinto, 1996). Posteriormente, en la época de la Colonia, los cronistas hacen referencia a la abundancia de esta especie en el área (Fernández Piedrahíta, 1987 [1688]; Rodríguez Freyle, 1985 [1636]; Simón, 1981 [1625]). El O. virginianus es una especie de amplia distribución que se expande desde Norteamérica hasta el norte de Suramérica (Einsberg, 1989; Emmons, 1999; Smith, 1991). En Colombia, O. virginianus se distribuye en la Orinoquia y la Amazonia, en la planicie del Caribe y en las cordilleras Central, Oriental, y en Nariño (López-Arévalo y González-Hernández, 2006). Esta especie se caracteriza por poseer un marcado dimorfismo sexual propio de los cérvidos. Los machos son más grandes que las hembras, pesan unos 50 kg y poseen astas ramificadas; las hembras pesan unos 30 kg y no presentan astas. Las hembras viven en grupos junto con los cervatillos; los machos tienen hábitos solitarios. Son animales muy adaptables, incluso en su alimentación, lo que les permite vivir en diferentes tipos de hábitats (Smith, 1991; Emmons, 1999; Teer, 1994) (ver la figura 1).

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a.

b.

Figura 1. a. Hembra O. virginianus; b. Macho O. virginianus Puerto Gaitán, Meta. Foto: Archivo personal Martínez-Polanco.

10 6

Teniendo en cuenta que la sobreexplotación es la segunda causa de pérdida de diversidad, en el caso de O. virginianus en la sabana de Bogotá es importante realizar estudios de largo alcance temporal acerca del impacto que pudieron causar los grupos humanos sobre las poblaciones de esta especie. El período precerámico de la sabana de Bogotá se encuentra bien documentado porque se han excavado varios yacimientos como El Abra (Hurt et al., 1976), Tequendama I (Correal y Van der Hammen, 1977), Nemocón y Sueva (Correal, 1979), Tibitó (Correal, 1981), Chía (Ardila, 1984), Vistahermosa (Correal, 1987), Aguazuque (Correal, 1990), Neusa (Rivera, 1992), Checua (Groot, 1992) y Galindo (Pinto, 2003). En todos estos sitios se han encontrado abundantes evidencias de O. virginianus; sin embargo, no se conoce el impacto de la cacería en este período desde una perspectiva regional (Martínez-Polanco, 2008a). El yacimiento arqueológico de Aguazuque fue excavado a finales de la década de los ochenta por Gonzalo Correal (Correal, 1990). En este sitio se encontraron cinco ocupaciones precerámicas datadas entre 2725 AP y 5025 AP y una cerámica de difícil interpretación (Correal, 1990). Todas las ocupaciones precerámicas tienen en común la presencia de instrumentos líticos de tipo abriense, elementos utilizados para el manejo de vegetales (molinos y yunques) y numerosos restos de O. virginianus (Correal, 1990). Éste es un sitio muy interesante, debido a que se encuentra en un área abierta, a diferencia de la mayoría de sitios de cazadores-recolectores, ubicados cerca de abrigos rocosos (Correal, 1990). Partiendo de los conceptos expuestos anteriormente, el propósito de este artículo es evaluar la sostenibilidad de la cacería del O. virginianus utilizando la muestra arqueofaunística proveniente del yacimiento arqueológico de Aguazuque. Para tal fin, se determinará si existieron cambios en la diversidad de Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 99-118

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especies cazadas a lo largo del tiempo, aplicando los índices de diversidad de Shannon-Weber (H) y el índice de uniformidad (E); además, se determinarán cambios en la representatividad del O. virginianus a lo largo de la ocupación utilizando el Número Mínimo de Individuos (NMI).

E v a luac i ó n d e la so ste nibilidad de la cacería d e O. v i rgi ni a nu s e n A guazuque Área de estudio El yacimiento arqueológico Aguazuque se encuentra ubicado en el predio de la hacienda del mismo nombre, en el municipio de Soacha, Cundinamarca (ver la figura 2). En este sitio se realizaron dos cortes estratigráficos. El corte 1 abarcó un área de 12 m2, y el corte 2, un área de 64 m2. Ambos cortes fueron excavados siguiendo niveles estratigráficos naturales y se utilizaron cernidores y tamices para recuperar evidencias de pequeños animales y vegetales (Correal, 1990). 107

Figura 2. Localización geográfica de Aguazque. (Fuente: imagen satelital Google Earth, consultada en agosto de 2007).

El área de Aguazuque en la actualidad se caracteriza por tener una vegetación de alta montaña; sin embargo, cuando estuvo ocupada se encontraba próxima a los dilatados pantanos remanentes del gran lago pleistocénico que cubría la sabana de Bogotá (Correal, 1990). Como se mencionó anteriormente, se encontraron seis ocupaciones; sin embargo, la sexta se encontró muy alterada, y se excluyó del presente análisis. Estas ocupaciones se prolongaron Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 99-118

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durante períodos de cierta amplitud y fueron ejercidas por grupos humanos más o menos densos (ver la tabla 1) (Correal, 1990). Tabla 1. Fechas de las ocupaciones encontradas en Aguazuque (Correal, 1990). Ocupación

Fecha

1

5025±40 AP

2

4030±35 AP

3

3850±35 AP

4

3400-2800 AP

5

2725±35 AP

Una característica muy interesante de Aguazuque es su ubicación geográfica, que les permitió a los grupos humanos que lo ocuparon acceder a recursos, no sólo del área de la sabana, sino también de otros provenientes del valle del río Magdalena (Correal, 1990). 108

Materiales Para realizar este trabajo se utilizó la muestra arqueofaunística de O. virginianus proveniente del sitio arqueológico Aguazuque. El material se encuentra depositado en la Colección de Arqueología del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá. Se trabajó con los materiales catalogados como ICN 661 hasta ICN 740. Fueron analizados los materiales provenientes del corte 2 de Aguazuque; en dicho corte se identificaron 3.524 elementos óseos (Martínez-Polanco, 2008a). Métodos Medidas de diversidad: para calcular los índices de diversidad, se determinó el Número de Restos (NR) o Number of Identified Specimens (NISP) de la muestra de O. virginianus de Aguazuque (Martínez-Polanco, 2008a); además, se utilizaron los datos publicados sobre el número de restos óseos de fauna colectados en Aguazuque (Correal, 1990) y el número de restos del género Cavia analizados por Pinto et al. (2002) para la revisión de este género en el país. Índice de diversidad de Shannon-Weaver (H): este índice tiene en cuenta el número de taxa y la abundancia relativa de cada taxón, para evaluar la heterogeneidad de la muestra (Krebs, 1985; Reitz y Wing, 2008). El índice se calcula de la siguiente forma: s _ H= (p ) (Log p )

Σ i=1

i

i

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donde: pi = es la abundancia relativa de cada taxa en la muestra. S = número de taxa. Con este índice, las muestras con una distribución uniforme entre los taxa tienen un valor mayor de H que aquellas muestras con el mismo número de taxa pero sin distribución uniforme (Grayson, 1984; Reitz y Wing, 2008). Índice de uniformidad (Evenness index –E–):����������������������������� este índice mide la abundancia proporcional de cada taxa en la muestra. Los valores más altos indican una distribución uniforme en la muestra, es decir, una representación equitativa de cada taxa en la misma. Valores pequeños de este índice indican el predominio de una o pocas especies en la muestra (Grayson, 1984; Magurran, 1988; Reitz y Wing, 2008), y se calcula de la siguiente manera: E = H/Log S donde: H = índice de diversidad de Shannon-Weaver S = número de taxa Número Mínimo de Individuos (NMI): el Número Mínimo de Individuos (NMI) se puede definir como el menor número posible de individuos de una especie que pueden existir en una muestra zooarqueológica (Reitz y Wing, 2008). Para determinar el NMI se utilizaron las tibias, que fueron el elemento más frecuente de la muestra arqueofaunística de O. virginianus de Aguazuque (n = 220). Se tuvieron en cuenta la lateralidad, la edad (grado de fusión de las epífisis), el sexo y la talla, para determinar el NMI (Reitz y Wing, 2008).

R e s ult ad o s

Medidas de diversidad: el número de especies cazadas en Aguazuque varió entre 12 y 16. Estas especies comprenden a peces como el capitán (Eremophilus mustisii), la guapucha (Grundulus bogotensis) y el capitán pequeño (Pygidium bogotensis); reptiles como tortugas (Kinosternon leucostomum) y cocodrilos (Crocodylia); aves como patos (Anatidae), pollas de agua (Rallidae) y pavas (Cracidae) (Correal, 1990). La muestra de mamíferos está compuesta por armadillos (Dasypus novemcinctus), ocelotes (Leopardos pardalis), zorros (Cerdocyon thous), venados de cola blanca (Odocoileus virginianus), venados soche (Mazama sp.), pecarís (Tayassu pecari), curíes (Cavia sp.) y pacas (Cuniculus paca) (Correal, 1990). Los valores del índice de diversidad de Shannon variaron entre 1,41 y 0,83 entre las diferentes ocupaciones, encontrándose el mayor valor en la primera ocupación, y el menor, en la cuarta (ver la tabla 2).

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Tabla 2. Medidas de diversidad de la muestra arqueofaunística de Aguazuque.

11 0

Ocupación

S Número de sp. cazadas

H Índice de diversidad

E Índice de equitabilidad

1

16

1,41

0,50

2

13

1,14

0,44

3

13

1,21

0,47

4

12

0,83

0,33

5

13

0,86

0,33

Los valores del índice de uniformidad oscilan entre 0,3 y 0,5 a lo largo de las cinco ocupaciones de Aguazuque. Hay una tendencia a la reducción tanto en el índice de diversidad H como en el de uniformidad E, lo que evidencia una composición de la caza dominada por pocas especies (ver la tabla 2). Número Mínimo de Individuos (NMI): en total, en Aguazuque se identificaron 105 individuos de O. virginianus. El NMI muestra una estabilidad en las tres primeras ocupaciones, con valores que varían entre 9 y 12 individuos. Posteriormente, se evidencia una tendencia al aumento de individuos cazados de O. virginianus desde la ocupación 3 hasta la 5, donde se observa el mayor NMI de toda la ocupación, con un total de 58 individuos, que representan el 55% de la muestra analizada (ver la figura 2 y la tabla 3). Tabla 3. Número de restos y Número Mínimo de Individuos de venado cola blanca, O. virginianus, cazados en Aguazuque. Ocupación

NISP

NISP %

NMI

NMI %

1

214

8,04

10

9,52

2

267

10,03

9

8,57

3

248

9,31

12

11,43

4

536

20,13

16

15,24

5

1398

52,50

58

55,24

Total

2663

100,00

105

100,00

Sí n t e si s y c o nc lusi o ne s En este trabajo se abordó el tema de la sostenibilidad de la cacería del O. virginianus en Aguazuque examinando varios aspectos de la caza. El primero de ellos fue diversidad de especies cazadas en la secuencia de ocupación, donde Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 99-118

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se esperaba encontrar un aumento en la diversidad de especies, generado por el agotamiento de O. virginianus, como lo predice el modelo de la presa de la teoría del forrajeo óptimo (Broughton, 2002; Emery, 2007). No obstante, el resultado de los índices de diversidad de Shannon y de equitabilidad no refleja esta tendencia. Por el contrario, el valor del índice de diversidad tiene una tendencia a disminuir con el paso del tiempo, lo cual puede reflejar más bien una tendencia a la especialización (Betts y Friesen, 2004) o intensificación (Earle, 1980) en la cacería del O. virginianus. Es posible que la densidad poblacional humana no fuera tan alta y que los niveles de extracción no alcanzaran a agotar el recurso, como sí ha ocurrido en otros sitios arqueológicos. En el área maya, por ejemplo, la representatividad del O. virginianus disminuyó con el tiempo de ocupación, dado el aumento en la densidad humana. Esta situación provocó que los cazadores explotaran una mayor diversidad de especies pequeñas (Emery, 2007). El segundo aspecto analizado para evaluar la sostenibilidad de la cacería fueron los cambios en la representatividad de esta especie a lo largo de la secuencia de ocupación de Aguazuque. Para tal fin, se determinó el número mínimo de individuos entre los diferentes estratos. Este análisis mostró que el aprovechamiento del O. virginianus fue estable en las cuatro primeras ocupaciones, con una tendencia al aumento en las últimas, especialmente en la quinta. El aumento en el NMI puede ser un indicativo de cambios significativos en el aprovechamiento de este recurso. En resumen, los análisis presentados en este trabajo evidencian que la cacería de O. virginianus fue una actividad sostenible en Aguazuque a lo largo de la secuencia de ocupación. Este resultado está de acuerdo con los hallazgos encontrados en otras investigaciones recientes que evidencian aprovechamientos sostenibles de recursos faunísticos en diferentes lugares del mundo y en diversas épocas (Carder et al., 2007; Etnier, 2004; Etnier, 2007; McKechnie, 2007; Whitaker, 2008). Las características de historia de vida del O. virginianus (Smith, 1991), su capacidad de adaptarse con facilidad a diferentes ambientes (Smith, 1991; Emmons, 1999), sus comportamientos alimenticios (Teer, 1994; Galindo-Leal y Weber, 1998) y sus comportamientos sociales (Rodríguez y Vaughan, 1994) posibilitan que las poblaciones de O. virginianus tengan la capacidad, hasta cierto punto, de soportar extracciones de individuos sin que esto ponga en peligro a toda la población o la especie. Es posible que estas características del O. virginianus hubiesen favorecido su permanencia en Aguazuque, a pesar de la continua explotación que hicieron los cazadores-recolectores a lo largo de la secuencia de ocupación del sitio. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 99-118

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En la última ocupación de Aguazuque ya empiezan a observarse diferencias bastante marcadas respecto a las otras ocupaciones, ya que se aprovechó O. virginianus de una forma más intensiva, lo que evidencia otro tipo de aprovechamiento del recurso. Este nuevo manejo de O. virginianus podría estar demostrando cambios en la organización social de los grupos humanos que habitaron Aguazuque, relacionados con un aumento poblacional y/o con un uso más permanente del sitio (Martínez-Polanco, 2008a). Del mismo modo que la población humana aumentó, creció la demanda de O. virginianus en Aguazuque; sin embargo, esta hipótesis debe ser explorada más a fondo. Es posible que la extinción de O. virginianus en el área de la sabana de Bogotá haya sido un evento relativamente reciente, probablemente más relacionado con la fragmentación y destrucción del hábitat que con la sobrecaza. Por tal razón, es conveniente seguir haciendo investigaciones tanto históricas como arqueológicas que den luces sobre el proceso del agotamiento del O. virginianus en la sabana y que sean una herramienta a la hora de proponer estrategias de manejo y conservación de la especie, no sólo en la sabana de Bogotá, sino en todo el país. .

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Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 99-118

L A A RQU E OFAU NA DE XCA M B Ó, Y UCATÁ N, M É X IC O C hristopher M. G öt z * cgotz@uady.mx Facultad de Ciencias Antropológicas, Universidad Autónoma de Yucatán, México

Thelma N oemí S ierr a S osa** tsierras@hotmail.com Centro Regional Yucatán del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), México

R e s u m e n Este artículo discute el patrón de aprovechamiento seguido por parte de los mayas prehispánicos del litoral yucateco (México), basándose en una muestra zooarqueológica del sitio de Xcambó. La discusión acerca del aprovechamiento gira en torno al amplio y diverso espectro faunístico del sitio, haciendo énfasis en el hallazgo de restos de foca tropical (Monachus tropicalis), una especie extinta hoy día. Especímenes de foca tropical son extremadamente raros en Mesoamérica, pero demuestran que estos animales fueron ocasionalmente utilizados por los pobladores precolombinos. PAL AB R A S C L AVE:

Arqueología maya, zooarqueología, subsistencia, pesca prehispánica, Monachus tropicalis.

* Doctor, Universidad de Hamburgo, Alemania. Maestro en Ciencias y Artes (Magister Artium) de la Universidad Rhinense Federico-Guillermo de Bonn, Alemania. ** Doctora en estudios mesoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México, México.

Artículo recibido: 1 de junio de 2011 | aceptado: 1 de noviembre de 2011 | modificado: 16 de noviembre de 2011 Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 294 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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Archeofauna of Xcambo, Yucatan, Mexico A B S T R AC T

120

This article discusses the faunal

A

arqueofauna de xcambó,

iucatã, méxico RESUMO

Este artigo discute o padrão de

use pattern of the pre-Hispanic Mayas of

aproveitamento seguido por parte dos Maias

the Yucatan coast (Mexico), based on a

pré-hispânicos do litoral iucateco (México),

zooarchaeological sample from the site of

baseando-se numa amostra zooarqueológica

Xcambo. The discussion addresses the use

do lugar de Xcambó. A discussão sobre o

of a wide and diverse spectrum of fauna,

aproveitamento gira em torno ao amplo

emphasizing the discovery of remains of the

e diverso espectro faunístico do lugar,

tropical seal (Monachus tropicalis) a species

fazendo ênfase no descobrimento de restos

currently extinct. Tropical seal specimens

de foca tropical (Monachus tropicalis), uma

are extremely rare in Mesoamerica, but they

espécie extinta hoje em dia. Espécimes de

show that these animals were occasionally

foca tropical são extremadamente raros em

used by pre-Columbian inhabitants.

Mesoamérica, mas demonstram que estes animais foram ocasionalmente usados pelos povoadores pré-colombianos.

KEY WORDS:

PAL AV R A S C HAVE:

Mayan Archaeology, Zooarchaeology,

Arqueologia maya, zooarqueologia,

Subsistence, Pre-hispanic Fishing, Monachus

subsistência, pesca pré-hispânica, Monachus

Tropicalis.

tropicalis.

Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

L A A RQU E OFAU NA DE XCA M B Ó, Y UCATÁ N, M É X IC O

Christopher M. Götz Th e l m a Noe mí Sie r r a S os a

L

Int roducción

os recientes estudios zooarqueológicos en las tierras bajas maya del norte han arrojado datos acerca de la dieta alimenticia, el uso ritual de animales, patrones de caza, pesca y domesticación por parte del pueblo maya prehispánico (véase, por ejemplo, Götz, 2008a y b; Márquez Morf ín, 1991; Masson y Peraza, 2008). En este artículo queremos presentar al conjunto zooarqueológico del sitio arqueológico de Xcambó, ubicado en la costa noroeste de la península yucateca (ver la figura 1), que fue excavado y analizado recientemente. Se discutirá el patrón de aprovechamiento de animales vertebrados e invertebrados1 que se seguía por parte de la población xcamboense durante los períodos de su apogeo (períodos Clásico Temprano [250 a 550 d. C.] y Clásico Tardío [550 a 700 d. C.]). Se efectúa una reconstrucción de las áreas de obtención de los recursos faunísticos explotados por los habitantes costeros prehispánicos, estudiando si el material faunístico del asentamiento que arqueológicamente ha sido reconocido como puerto comercial permite identificar también el traslado de animales o partes de éstos, desde o hacia regiones distantes. Una parte del artículo se adscribe a estudiar la interacción entre los antiguos habitantes del lugar y la foca tropical (Monachus tropicalis), cuyos restos se han encontrado en Xcambó y un sitio vecinos. Los fragmentos esqueléticos de foca tropical son de particular interés para el conocimiento zooarqueológico de Mesoamérica, porque hace más de veinte años se había postulado el aprovechamiento 1 La muestra arqueofaunística de Xcambó consistió primordialmente en animales vertebrados. Los animales invertebrados se refieren únicamente a crustáceos, ya que los moluscos forman parte de otro estudio. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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Figura 1. Mapa del área de estudio, que indica los sitios y regiones mencionados en el texto. En el recuadro se muestra el mapa del sitio prehispánico de Xcambó, Yucatán, México. Mapa general dibujado por C. Götz, mapa de Xcambó tomado de Sierra Sosa, 1997, modificado por C. Götz.

de focas por parte de los mayas prehispánicos (Andrews, 1984), pero entonces no hubo pruebas físicas al respecto. El hallazgo arqueológico reciente de restos de esta especie permite confirmar que sí hubo aprovechamiento, a pequeña escala, de esta especie por parte de los pobladores costeros prehispánicos de la región.

1 . D e s c r i pc i ó n d e l á r e a de est udio

La costa norte del estado mexicano de Yucatán, donde se encuentra el sitio de Xcambó, está conformada por sedimentos generados en el ambiente marino (Bautista-Zúñiga et al., 2003: 25-26). Entre dunas costeras y la llanura cárstica se encuentra una amplia depresión que acumula aguas saladas y semisaladas entre petenes2, donde las aguas dulces de los mantos freáticos únicamente afloran en pocas fuentes (Bautista-Zúñiga et al., 2003: 27; Contreras Espinosa, 1993: 179) y la agricultura no puede practicarse, debido a las inundaciones marinas del litoral (Bautista-Zúñiga et al., 2003: 32). Los fondos marinos someros del norte peninsular consisten en arena y corales, bajo aguas de tipo tropical con una salinidad entre 32‰ y 37,5‰, en los que se observa una circulación vertical 2 El término maya petén se define, según Bastarrachea y Canto (2004), como “isla o a campos llanos juntos al mar a manera de isletas, donde hay lagartos, tortugas y algunos peces”. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

L A ARQUEOFAUNA DE XC A MBÓ, YUC ATÁN | CHRISTOPHER M. GÖTZ Y THELMA NOEMÍ SIERR A

intensa y un enriquecimiento de nutrientes que aumentan la productividad del ecosistema (Chávez, 1994: 3). El Proyecto Arqueológico Xcambó del Centro INAH Yucatán, dirigido por Thelma Sierra Sosa, se llevó a cabo entre 1996 y 2000. El sitio, una comunidad que administraba y controlaba un puerto comercial y las salinas cercanas, está ubicado en la carretera costera Progreso-Telchac, al costado sur de la ciénaga. Xcambó fue construido modificando arquitectónicamente un pequeño petén y exhibe una infraestructura que concilia intereses económicos, políticos y religiosos con diseños y arreglos de construcciones y terreno. Los límites naturales del petén fueron modificados mediante la nivelación externa y la construcción de elevados basamentos, impidiendo daños por inundaciones. Alrededor de las plazas se construyeron residencias muy cerca unas de otras. Al oeste de la Plaza Principal se levantan las residencias mejor elaboradas, con áreas de actividad doméstica de los señores principales y de la élite. En el sector este se construyeron amplios basamentos bajos que soportaban viviendas más modestas. Los amplios espacios sin techar en este sector sirvieron probablemente para el trabajo al aire libre. De la pequeña plaza pública parten dos andadores o sak beo’ob3; uno se dirige a una unidad residencial localizada en el extremo este del sitio y el otro se interna tierra adentro, rumbo al moderno poblado de Dzemul, correspondiente a un antiguo sitio prehispánico. Xcambó mantuvo una especie de atracadero que se localiza al norte de la plaza principal, en la orilla de la ciénaga. En un primer período de ocupación (Clásico Temprano, 250 a 550 d. C.), el sitio fue planeado arquitectónicamente como un centro integrado por un grupo de edificios modestos de tipo administrativo, religioso, cívico y residencial, alrededor de los cuales se instalaron amplios basamentos con viviendas y numerosos depósitos de almacenamiento. El puerto comercial tuvo una posición económica y política importante, y suponemos que Xcambó controlaba económicamente las salinas costeras, así como los sitios aledaños costeros que producían sal y obtenían mariscos y pescados (Jiménez Álvarez, 2002; Sierra Sosa, 1997: 351; Sierra Sosa, 1999: 42ss.; Sierra Sosa y Martínez, 2001: 7; Sierra Sosa, 2004). El sitio tierra adentro de Izamal controlaba probablemente los recursos costeros, y Xcambó pudo haber sido un sitio de comercio intermediario, a través del cual se aseguraban las transacciones. La transformación de Xcambó durante el Clásico Tardío (550 a 700 d. C.) fue importante, y se modificaron la fisonomía del sitio y la ocupación de los 3 Un sak be (pl. sak beo’ob) consiste en una calzada interna o externa de los sitios precolombinos mayas, edificada de mampostería y cubierta de estuco (véase Garza y Kurjack 1980: 52-65). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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habitantes. Se cubrieron las construcciones y áreas de almacenamiento anteriores, para sustituirlas por residencias tanto de la élite como de la población de menor posición social, además de las construcciones de otra índole, como talleres, almacenes, áreas de actividad doméstica, etc. (véase Sierra Sosa y Martínez, 2001). Para el Clásico Tardío se incrementó la explotación de las salinas, pero parece que la población del sitio sobre todo administraba dicho trabajo (Wanner et al., 2007). Xcambó tuvo relaciones con los sitios de las costas aledañas de Campeche, y del occidente de Yucatán, con el centro y noroccidente de Yucatán, con el noroeste peninsular, con el Petén campechano-guatemalteco, con algunos sitios de la cuenca del río Grijalva-Mezcalapa de Tabasco y la sierra Zoque de Chiapas, con algunos lugares de la cuenca media y baja del río Usumacinta, de Tabasco y Chiapas, con la zona de la Laguna de Términos y la región de Atasta, y con algunos sitios de la región central veracruzana (Sierra Sosa, 2004).

2 . M a t e r i ale s y m é to d o s 124

La muestra de material arqueofaunístico de Xcambó considerada en este texto suma 1.539 especímenes y procede de la porción oeste del sitio (plaza oeste y estructuras NE2, NE14, NE19, NO1, NO2, NO4 y NO9), un área dominado por estructuras habitacionales de rango elevado. Los especímenes faunísticos están mayormente bien preservados, aunque restos microfaunísticos se encuentran poco. A pesar de haber una fuerte fragmentación del material esquelético, la mayoría de las piezas aún posee características diagnósticas para una identificación taxonómica y osteológica. Los materiales de Xcambó se obtuvieron durante la excavación de pozos estratigráficos y la liberación de los edificios, donde formaron parte de rellenos constructivos o se hallaban encima de antiguas superficies de uso. Muchos desechos alimenticios y de utensilios, entre otros, fueron usados en rellenos constructivos, de tal manera que Xcambó manifiesta, como también lo mencionan Cobos et al. (2007: 7) respecto a otro sitio costero maya, una virtual ausencia de basureros formales4, dificultando y muchas veces imposibilitando un fechamiento de los ecofactos con base en la estratigraf ía. Los pozos fueron excavados en el interior de las estructuras, en patios y plazas, con dimensiones de 2 x 2 m. La excavación siguió capas constructivas y se utilizaron cernidores de aperturas de 5 mm, para recuperar los materiales pequeños. En todos los casos, la excavación y recolección estuvieron en manos de trabajadores bajo la dirección y vigilancia de arqueólogos. 4 Este rasgo presenta una gran diferencia respecto a asentamientos mayas tierra adentro, donde dichos rasgos son frecuentes (véase Chase, Chase y Teeter 2004). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

L A ARQUEOFAUNA DE XC A MBÓ, YUC ATÁN | CHRISTOPHER M. GÖTZ Y THELMA NOEMÍ SIERR A

El análisis zooarqueológico se llevó a cabo en el Taller de Zooarqueología de la Facultad de Ciencias Antropológicas de la Universidad Autónoma de Yucatán. Durante el estudio zooarqueológico se realizó la identificación taxonómica y osteológica del material arqueofaunístico5, y se cuantificó mediante el conteo simple (NISP) y porcentajes de éste (véanse O’Connor, 2003; Reitz y Wing, 2008). Para las identificaciones de los especímenes, se utilizaron una colección de referencia osteológica, así como varios manuales de osteología de vertebrados (EA.FLMNH, 2003; Gilbert, 2003; Gilbert, Martin y Savage, 1996; Olsen, 1964, 1968 y 1982). La terminología taxonómica empleada en este trabajo se basa en estudios zoológicos recientes (Adam y García, 2003; Adam, 2004; Howell y Webb, 2004; Lee, 2000; Mojetta, 2005; Robins, Ray y Douglass, 1986; Reid, 1997), pero fue verificada en el Integrated Taxonomic Information System (ITIS, véase referencias). Los huesos de foca fueron identificados por medio de fotograf ías de especímenes modernos, facilitadas a los autores. Para las mediciones osteomorfométricas de los huesos de foca, se empleó el manual de Ericson y Storå (1999).

3 . Re s u lta d o s 3.1. Panorama general del aprovechamiento de animales por los mayas prehispánicos de Xcambó, Yucatán En la muestra de 1.539 fragmentos esqueléticos faunísticos se encontraron especímenes de crustáceos (7,7% del NISP total), peces (actinopterígios y condríctios juntos) (38,8% del NISP total), reptiles (34% del NISP total), aves (3,7% del NISP total) y mamíferos (15,8% del NISP total) (ver la tabla 1). De los crustáceos se encontraron 87,3% del NISP pertenecientes a cangrejos (brachyura). Un alto porcentaje de los brachyura (expresado en relación con el NISP total de cada respectiva muestra) corresponde al cangrejo de piedra (Menippe mercenaria), mientras que las demás especies de cangrejos, como la jaiba (Calinectes sapidus), el juey común (Cardisoma guanhuni), el cangrejo señalador (Uca rapax), el cangrejo araña (Libinia emarginata) y la cucaracha del mar (Limulus polyphemus) son poco representados (ver la tabla 2).

5 Un estudio tafonómico de perfiles de preservación y degeneración de restos faunísticos en la costa está desarrollándose en el momento de redacción de este manuscrito (sept. 2011). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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Tabla 1. Tabla que indica los porcentajes del NISP (% NISP) de los grupos taxonómicos más relevantes de las muestras.

126

ORDEN

XCAMBÓ % NISP (N= 1539)

XCAMBÓ NISP

CRUSTÁCEOS

7,7

118

PECES

38,8

597

REPTILES

34

524

AVES

3,7

57

MAMÍFEROS

15,8

243

CRUSTÁCEOS

XCAMBÓ % NISP (N= 118)

XCAMBÓ NISP (N= 118)

Cangrejos

87,3

103

PECES

XCAMBÓ % NISP (N= 597)

XCAMBÓ NISP (N= 597)

Tiburones y pez sierra

39,7

237

Rayas

2,3

14

Actinopterígios

58

346

REPTILES

XCAMBÓ % NISP (N= 524)

XCAMBÓ NISP (N= 524)

Crocodilos

1,3

7

Tortugas de mar

65,5

343

Tortugas de tierra/agua dulce

14,9

78

Iguanas

18,3

96

AVES

XCAMBÓ % NISP (N= 57)

XCAMBÓ NISP (N= 57)

Aves de mar

22,8

13

Buitres

0

0

Pavos y especies afines

36,8

21

Aves pequeñas

3,5

2

MAMÍFEROS

XCAMBÓ % NISP (N= 243)

XCAMBÓ NISP (N= 243)

Zarigüeyas

0,4

1

Armadillos

0,4

1

Roedores y conejos

3,3

8

Carnívoros menores

12,3

30

Felinos

0,4

1

Manatíes

1,2

3

Perisodáctilos

9,9

24

Artiodáctilos

50,2

122

Mamíferos marinos

4,5

11

Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

L A ARQUEOFAUNA DE XC A MBÓ, YUC ATÁN | CHRISTOPHER M. GÖTZ Y THELMA NOEMÍ SIERR A

Tabla 2. Tabla que indica los perfiles taxonómicos detallados de los dos conjuntos cotejados, mostrando el NISP y el porcentaje del NISP (% NISP). XCAMBÓ (N = 1539)

Taxón

NISP

% NISP

No identificado Brachyura no identificado

CRUSTÁCEOS

Cangrejos

15

1

Callinectes sapidus

1

0,1

Menippe mercenaria

100

6,5

1

0,1

1

0,1

Ginglymostoma cirratum

12

0,7

Carcharhinus spp.

188

12,2

Galeocerdo cuvieri

12

0,8

Rhizoprionodon terraenovae

22

1,4

Sphyrna spp.

3

0,2

Rajiforme no identificado

8

0,5

Dasyatis cf. americana

1

0,1

Aeobatus narinari

5

0,3

41

2,7

Ariopsis felis

68

4,4

Opsanus spp.

4

0,3

Centropomus spp.

174

11,3

Epinephelus spp.

15

1

7

0,5

Archosargus spp.

1

0,1

Calamus leucosteus

4

0,3

Cardisoma guanhuni Uca rapax Libinia emarginata Limulus polyphemus

Condrictio no identificado

Tiburones y pez sierra

Mustelus norrisi

Pristis pectinata Rayas PECES

Actinopterígio no identificado Megalops atlanticus Cynoscion cf. nebulosus

Actinopterigios

Caranx spp. Lutjanus spp. Heamulon plumieri

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(Cont.) XCAMBÓ (N = 1539)

Taxón

NISP

% NISP

32

2,1

Crocodylus cf. moreletii

7

0,5

Cheloniidae no identificado

247

16

Caretta caretta

49

3,2

Chelonia mydas

31

2

Eretmochelys imbricata

16

1

Dermatemys mawii

1

0,1

Kinosternon spp.

62

4

Tortugas de tierra Emydidae no identificado /agua dulce Terrapene spp.

7

0,5

Terrapene o Kinosternon

2

0,1

Trachemys spp.

6

0,4

Ctenosaura cf. similis

96

6,2

21

1,4

Sula spp.

1

0,1

Pelecanus spp.

6

0,4

Ardea herodias

1

0,1

Egretta spp.

5

0,3

Cracidae

1

0,1

Galliformes

2

0,1

Meleagris spp.

13

0,8

Meleagris ocellata

4

0,2

Puffinus spp. o Gallinula chloropus

1

0,1

Bartramia longicauda

1

0,1

1

0,1

Micropogonias undulatus Peces

Actinopterígios

Pomacanthidae Sphoeroides spp.

Crocodilos

Tortugas de mar

Eretmochelys o Chelonia REPTILES

128

Iguanas Ave no identificada

Phalacrocorax auritus Aves de mar

Fregata magnificens

Egretta spp. ó Ardea herodias Phoenicopterus ruber AVES

Buitres

Pavos y especies afines

Aves pequeñas

Coragyps atratus

Columbidae Aratinga spp. o Amazona spp. Cyanocorax yucatanicus

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(Cont.) XCAMBÓ (N = 1539)

Taxón Mamífero no identificado

NISP

% NISP

42

2,7

Didelphis spp. Zarigüeyas

Didelphidae cf. Philander opossum o Marmosa spp.

1

0,1

Armadillos

Dasypus novemcinctus

1

0,1

Agouti paca

4

0,3

Sylvilagus spp.

4

0,3

Canis lupus familiaris

18

1,2

Urocyon cinereoargenteus

9

0,6

Procyon lotor

3

0,2

Felidae cf. Puma concolor

1

0,1

Trichechus manatus

3

0,2

Equus caballus

7

0,5

Equidae o Bovidae

4

0,3

Tapirus bairdi

13

0,8

Pecari tajacu

9

0,6

Bos taurus

2

0,1

Odocioleus virginianus

106

6,9

Mazama spp.

5

0,3

Delphinidae

2

0,1

Monachus tropicalis

9

0,6

Dasyprocta punctata Roedores y conejos

Carnívoros menores MAMÍFEROS

Felinos Manatíes Perisodáctilos

Artiodáctilos

Mamíferos marinos

Dasyproctidae o Agoutidae

Felidae cf. Panthera onca

Cervidae

Los peces, subdivididos en tiburones y peces sierra, rayas y actinopterígios, muestran una distribución heterogénea: el 39,7% del NISP total de peces de Xcambó corresponde a tiburones y peces sierra, mientras que las rayas no superan el 2,3%. Los actinopterígios fueron representados por un 58% (tabla 1). Entre la fauna íctia se realzan porcentualmente diversos géneros de tiburones (Ginglymostoma, Carcharhinus, Galeocerdo, Rhizoprionodon, Sphyrna), al igual que varios especies y géneros de actinopterígios, como bagre (Ariopsis felis), mero (Epinephelus sp.) y gurrubata (Micropogonias sp.). El pez más numeroso y presumiblemente importante en Xcambó fue el robalo (Centropomus sp.), con un 11,3% del NISP de la muestra total del sitio (tabla 2). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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Entre los reptiles se distinguen cocodrilos, tortugas de mar, tortugas de tierra/agua dulce e iguanas. Los cocodrilos (Crocodylus moreletii) son poco frecuentes, con 1,3% de la muestra total de reptiles, mientras que las tortugas de mar alcanzan 65,5% del NISP total de reptiles, las iguanas 18,3% y las tortugas de tierra y agua dulce 14,9% (tabla 1). En el sitio se encontraron especímenes de la tortuga caguama (Caretta caretta), tortuga verde (Chelonia mydas) y tortuga carey (Eretmochelys imbricata), mientras que las tortugas de agua dulce comprenden a la tortuga de río (Dermatemys mawii), tortuga casquito (Kinosternon sp.), tortuga ‘japonesa’ (Trachemys sp.) y de caja (Terrapene sp.). En cambio, la única iguana identificada fue la Ctenosaura similis (ver la tabla 2). La colección arqueofaunística de aves se compone de aves de mar (22,8% del NISP total de aves) y pavos y especies afines (36,8%) (tabla 1). Entre los taxones marinos de aves hubo restos de pelícano (Pelecanus sp.), gallareta (Sula sp.), fregata (Fregata magnificens), garza (Egretta sp.), mientras que las aves de tierra comprenden pavos ocelados (Meleagris ocellata), gallinola (Gallinula chloropus) y perico (Arathinga o Amazona sp.) (ver la tabla 2). Con respecto a los mamíferos, se observan zarigüeyas, con 0,4% del NISP total de mamíferos; armadillos, con 0,4%; roedores y conejos, con 3,3%; felinos, con 0,4%, y mamíferos marinos (exceptuando el manatí), con 4,5%; los artiodáctilos son el grupo más numeroso en la muestra mamífera, y alcanzaron 50,2% (ver la tabla 1). El mamífero más frecuente en el conjunto es el venado cola blanca (Odocoileus virginianus), pero se encontraron también restos de conejo (Sylvilagus sp.), agutí (Agouti paca), pecarí (Pecari tajacu) y venado temazate (Mazama sp.)6. Semejante a otros sitios prehispánicos costeros, se hallaron numerosos restos de perro (Canis lupus familiaris) en Xcambó, que sumaron 12,3%. Hay pocas evidencias de felinos grandes (Puma concolor), y los restos de la foca tropical alcanzan un 0,6 % del NISP en Xcambó (ver la tabla 2). 3.2 Los hallazgos de foca De la foca tropical, foca monje o West Indian Seal (Hairr, 2010), se hallaron diez especímenes esqueléticos de las extremidades y del cráneo entre la muestra arqueofaunística de Xcambó. Los diez especímenes esqueléticos se encontraron incrustados en rellenos constructivos de nivelaciones y plataformas de la parte oeste del sitio y corresponden a un fémur izquierdo (ver la figura 2a), un 6 Los restos de bóvidos y équidos, aunque considerados en la tabla, corresponden a intrusiones modernas y fueron hallados sin excepción en superficie.

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Figura 2. Imágenes de los especímenes óseos característicos de foca tropical hallados en Xcambó, Yucatán. Fotografías y dibujo de C. Götz.

radio proximal derecho (ver la figura 2b), un fragmento anterior de un maxilar derecho con el tercer premolar in situ (ver la figura 2c), así como un canino superior derecho (correspondiente al maxilar anteriormente descrito) (ver la figura 2d). Además de esto, se encontraron en Xcambó un canino inferior y tres primeros premolares de foca, modificados como artefactos (véase Canto Méndez, 2009), ya que recibieron una perforación a nivel de raíz, probablemente para ser usados como colgantes. Casi todos los especímenes óseos de foca encontrados en Xcambó pertenecieron a individuos adultos; el único hueso de un animal juvenil corresponde a un radio proximal (ver la figura 2e), hallado en conjunto con los demás huesos. El fémur izquierdo, encontrado en el relleno constructivo de la estructura NE2, está muy bien preservado. Posee un largo total, con base en Ericson y Storå (1999), del cóndilo medial hasta el extremo distal del trocánter mayor, de 108,5 mm. Tomando los dos cóndilos en un plano, se alcanza un largo total de 98 mm, correspondiente a la medida 2 del fémur, según Ericson y Storå (1999). El ancho máximo del extremo proximal, medido desde la porción medial de la cabeza femoral hasta el lado lateral del trocánter Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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mayor, es de 65 mm (medida 3 del fémur del manual arriba mencionado). La distancia entre la depresión entre la cabeza femoral y el trocánter mayor y la depresión intercondilar distal alcanza 93 mm (medida 9 del fémur, según el manual arriba mencionado). Del radio, excavado en la plaza oeste del sitio, falta una parte de la diáfisis distal, por lo que no se pudo establecer con exactitud la edad biológica del mismo. Las inserciones musculares y la epífisis proximal están claramente definidas, y es muy probable que el animal haya sido de edad adulta. La longitud total del espécimen hasta la fractura es de 101,5 mm, y el ancho más próximo a la fractura, de 43,4 mm. Muy cerca de la fractura y de la inserción principal muscular de la línea áspera del radio se encontraron cinco ligeras raspaduras encima del hueso córtico, perpendiculares al axis longitudinal del hueso y paralelas entre sí. La revisión de las raspaduras bajo estereoscopio a 40 x reveló que presentan poca profundidad en un corte transversal en forma de U. Junto con el extremo denticulado de la fractura del radio, puede suponerse que fueron efectuadas por dientes de algún carnívoro, muy probablemente un perro pequeño, que masticó el hueso en la parte proximal, destruyendo una parte y raspando la otra entre el cuarto premolar y primer molar. El fragmento de maxilar, del lado derecho, posee aún in situ el tercer premolar, además del alvéolo del tercer y segundo premolar y de la mitad del alvéolo del canino, junto con el diente correspondiente, y fue hallado en el relleno constructivo de la plaza oeste de Xcambó. La edad biológica del maxilar es adulta, ya que se aprecia no solamente la erupción total de las piezas dentales, sino también un aumentado desgaste del premolar y una retracción alveolar7. La distancia entre el borde posterior del alvéolo del cuarto premolar y del borde anterior del canino mide 45,2 mm. El canino superior, perteneciente al maxilar y encontrado en asociación estratigráfica con éste, muestra daños en la porción lingual de la corona, habiéndose quebrado, al parecer en un momento post mórtem por falta de redondeo de los bordes de la fractura, un tercio de ésta. La raíz, sin embargo, está completa y el espécimen mide en total 46 mm. El primer premolar, que se encontró suelto en la estructura NE10, presenta únicamente el típico desgaste de la porción distal de la corona y mide 31 mm. 7 A pesar de que el desgaste dental y la retracción alveolar son sobre todo en esqueletos humanos signos patológicos o de una edad avanzada, parece que en las focas de la especie Monachus tropicalis constituyen un rasgo común, ya que investigadores que vieron individuos de esta especie aún vivos en los primeros años del siglo XX afirman que todos los individuos, exceptuando los muy jóvenes y jóvenes, padecieron de un aumentado desgaste dental, posiblemente relacionado con una dieta basada en peces y crustáceos (véase Nelson 1900, citado en Adam y García, 2003: 302, 305). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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Los especímenes de foca evidentemente procesados por seres humanos corresponden a cuatro dientes sueltos, asociados a las estructuras NO2, NE3 y NE7A (Canto Méndez, 2009). Estos dientes consisten en un canino inferior y tres primeros premolares, y concuerdan en tamaño con los dientes descritos anteriormente.

4 . D i s cusi ó n 4.1 Variabilidad y continuidad cronológica del aprovechamiento de especies acuáticas en la costa yucateca El perfil faunístico de Xcambó (ver la figura 3) permite esbozar el panorama de aprovechamiento que se seguía por parte de los habitantes del sitio entre 250 y 700 d. C.8. No fue posible separar cronológicamente con mayor detalle los especímenes faunísticos, porque la estratigraf ía de Xcambó, como ya se mencionó, se vio alterada por las frecuentes modificaciones y reutilizaciones de material de relleno, como lo demostró también el estudio de la cerámica por Jiménez Álvarez (2002). Wanner et al. (2007) y Cucina et al. (2011) demostraron que las actividades de la población xcamboense cambiaron entre el Clásico Temprano y el Clásico Tardío, pero no fue posible captar estos cambios en el material arqueofaunístico, hasta este momento.

Mamíferos marinos

Artiodáctilos

Felinos

Perisodáctilos

Carnívoros menores

Zarugüeyas

Roedores y conejos

Aves pequeñas

Aves de mar

Pavos y especies afines

Tortugas de mar

Tortugas de tierra /agua dulce

Rayas

Actinopterigios

Tiburones y pez sierra

Cangrejos

Xcambó

Figura 3. Gráfico que indica la riqueza de especies de Xcambó (la altura de las columnas indica la cantidad de especies identificadas por grupo taxonómico.

8 Los datos de Isla Cerritos proceden de Herrera Flores (2011). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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Con base en la reconstrucción de las áreas de obtención podemos constatar, tal como se había postulado en publicaciones anteriores (Götz, 2008b), que los antiguos moradores de la península obtenían animales silvestres mayoritariamente en las zonas cercanas y circundantes a los sitios prehispánicos. El sitio de Xcambó no es la excepción de este patrón, y la fauna consumida venía ya sea de las aguas poco profundas del litoral yucateco incluido el manglar, de las playas del litoral, o bien, de los bosques cercanos a la zona intermedia entre el litoral y la región tierra adentro (Götz, 2008b: 165). Los perfiles taxonómicos de la fauna íctica indican que en tiempos prehispánicos se aprovechaban principalmente de recursos bentónicos, de aguas menos profundas de lo que se pesca hoy día. No hay evidencia de que se navegaba, con fines de la pesca, en alta mar, ya que ninguno de los taxones encontrados ocurre exclusivamente en aguas pelágicas, aunque algunas especies encontradas en las muestras ocasionalmente habitan o viajan a través de aguas profundas (véase Froese y Pauly, 2009). Xcambó manifiesta una predominancia de especies que habitan en fondos lodosos cercanos a la costa y aguas costeras y estuarios, como bagre marino (Ariopsis felis) y robalo (Centropomus spp.). Actualmente, estas dos especies ya no son de importancia para la pesca, yaciendo el énfasis de la pesca yucateca moderna en meros (Epinephelus spp.) y camarones (Penaeus spp.), especies más alejadas de la zona costera inmediata (Chávez, 1994). La información ecológica de los crustáceos y de la herpetofauna marina apunta igualmente hacia un aprovechamiento de las zonas lacustres en tiempos prehispánicos, e indica que todas las especies de cangrejos tuvieron que obtenerse en la playa, los manglares o las aguas poco profundas costeras (véase Kaplan, 1988). En cuanto a las tortugas marinas, cuyos restos fueron recuperados en gran cantidad en la muestra, se observa que la mayoría de los individuos era de edad adulta (Cárdenas, 2011). Es posible que estos individuos hayan sido hembras adultas, capturadas, probablemente como aún sucedía hace algunas décadas en esta zona, en el momento de desovar en las playas, entre primavera y verano (Lee, 2000: 135-142; Marmolejo Monsiváis, 2000: 89-90). Otra alternativa de la pesca de tortugas de mar pudiera haber sido cazarlas durante la cópula o mientras descansaban en el agua (Carr, 1987: 8). Entre las aves marinas, llaman la atención los restos de la garza ceniza (Ardea herodias) y pelícano (Pelecanus spp.), ya que entre éstas se han observado movimientos migratorios para la temporada de invierno, que vienen del norte, lo que podría indicar que estos individuos fueron capturados en los meses de invierno (véase Howell y Webb, 2004). En relación con el comercio, actividad aparentemente de gran importancia para el asentamiento, pudo evidenciarse que en la muestra no se Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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encuentra realmente ningún taxón claramente identificable como procedente de regiones muy alejadas del sitio, tales como el sur y centro de Veracruz, Guerrero, la región del Chontalpa y Grijalva de Tabasco y Chiapas, así como las tierras altas de Guatemala, áreas con las que Xcambó mantuvo contacto comercial. Sin embargo, existe la posibilidad de que Xcambó tuviera una relación de intercambio con asentamientos tierra adentro cercanos. Los indicios de un intercambio de recursos faunísticos apuntan hacia un transporte de animales a menor distancia. Un gran porcentaje de los restos arqueofaunísticos de Xcambó procede de las inmediatas zonas costeras, refiriéndose en principio a animales marinos. Sin embargo, entre la fauna hubo también restos de animales que al menos en la actualidad no se encuentran en las inmediaciones de los sitios, como los pavos (Meleagrididae) y especies afines, así como particularmente los cérvidos (O. virginianus y Mazama spp.). Estos dos grupos de animales constituyen la fauna de aprovechamiento más importante y frecuente en sitios tierra adentro en las tierras bajas mayas del norte (Götz, 2008a, 2008b; Masson y Peraza, 2008; Pollock y Ray, 1957), mientras que no forman parte frecuente de la fauna natural en la costa yucateca (véase Howell y Webb, 2004: 225,226; Reid, 1997: 283). Los restos de pavo ocelado (Meleagris ocellata) podrían indicar que hubo un intercambio directo y estrecho con asentamientos tierra adentro, quizás para intercambiar sal por carne. La probable conexión entre el sitio de Xcambó y el sitio de Izamal podría haber servido para tal traslado. También el venado cola blanca, como varias otras especies de vertebrados generalistas que se encontraron en la muestra, habita tanto en la zona norte de la península de Yucatán como en las mencionadas áreas con las que Xcambó mantuvo contacto (véase Reid, 1997), pero no hay indicios certeros de que estos animales se hubieran transportado desde allí. Como mamífero más representado, el venado cola blanca (Odocoileus virginianus) pudo haber sido sujeto al intercambio entre habitantes costeros y de tierra adentro. Las partes esqueléticas de estos cérvidos, que representan todo el esqueleto, poseen una gran cantidad de huellas de hervido y de fuego directo, de cortes y huellas de impacto (Götz, 2008a). Esto concuerda con la gran mayoría de los sitios mayas de las Tierras Bajas, en donde el venado cola blanca fue el mamífero más aprovechado para el consumo en tiempos prehispánicos, y rebasa en sitios tierra adentro, en cantidad, a todos los demás taxones (véanse por ejemplo, Pohl, 1990; Götz, 2008b). Mediante el análisis de las marcas isotópicas en el colágeno de los huesos arqueológicos podría evidenciarse un traslado de animales desde áreas no locales (véanse, por ejemplo, Bentley, 2006; Emery y Thornton, 2008), pero estos estudios aún quedan pendientes para la arqueofauna de Xcambó. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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La abundancia de restos de pavos y cérvidos en sitios tierra adentro, la falta natural de éstos en la costa hoy día y la presumida existencia de una red de comercio dentro de la península (Andrews, 1998) permiten proponer que los restos de estos animales terrestres representan bienes de intercambio que se recibieron en la costa a cambio de productos marinos como sal, moluscos y peces. Esta hipótesis se ve apoyada por el hecho de que en Xcambó, una gran cantidad (n = 106, no considerados en el desglose numérico de la tabla 2) de restos óseos de cérvidos corresponde a metapodios, afilados en la parte distal en forma de punta y probablemente utilizados para la fabricación y reparación de redes (Canto Méndez, 2009: 93ss.), mientras que no se hallaron los restos postcraneales y craneales correspondientes en cantidad a estos especímenes en el sitio. Según Carr (1987: 15), estos artefactos probablemente llegaron ya fabricados a los sitios mayas costeros, lo que subraya entonces los argumentos al respecto de la propuesta red de intercambio. Hay que mencionar que a poca distancia de la costa inician en la actualidad zonas de bosques bajos donde sí se encuentran pavos, venados y otros animales terrestres (Anthony Andrews, comunicación personal, 2011). Estas zonas también pudieron haber existido en tiempos prehispánicos, abriendo la posibilidad de que los pobladores de los asentamientos hubiesen aprovechado este recurso, obteniendo la fauna alimenticia de asentamientos cercanos o cazándolos ellos mismos. Wanner et al. (2007) y Cucina et al. (2011) proponen que la población del Clásico Tardío del sitio se empeñaba especialmente en la administración del comercio, argumento a favor de que los animales terrestres hayan sido obtenidos por medio del intercambio. 4.2 La foca tropical y el ser humano en las costas yucatecas prehispánicas La foca tropical (Orden: Carnivora; Familia: Phocidae; Subfamilia: Monachinae; Género: Monachus; Especie: tropicalis [Gray, 1850]) (Davies, 2008; Adam, 2004) es una de tres especies de la familia de las “focas verdaderas” (Mangel, 2003: 3), especializadas en clima cálido o tropical. El nombre de la foca en maya fue tsulá (Andrews, 1984: 4); alcanzaba un peso promedio de 135 kg (Davies, 2008), y los individuos adultos tuvieron un color café a gris oscuro (Adam, 2004: 1). Las focas tropicales se alimentaban probablemente de peces y crustáceos (Adam y García, 2003: 305; Adam, 2004: 3) y moraban predominantemente en los arrecifes e islas lejanas de la costa (Adam y García, 2003: 305). Se conocen tres especies emparentadas del género Monachus, distribuidas en las aguas cálidas del planeta. La especie Monachus monachus es moradora del Mediterráneo, mientras que la especie Monachus schauinslandi habita las costas de Hawái (Adam, 2004: 1; Varona, 1980: 42 y 43). Se presume que las tres espeAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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cies se distribuyeron mediante la corriente ecuatorial en la era terciaria (Baker y Johanos, 2004: 108; Mangel, 2003: 3; Varona, 1980: 43). Monachus tropicalis se extinguó entre 1950 y 1970, debido a la sobreexplotación y destrucción del hábitat por el humano (Andrews, 1984; Mangel, 2003; Mignucci-Giannoni y Haddow, 2001; Adam y García, 2003; Davies, 2008; Adam, 2004). Reportes de recientes avistamientos de focas en el área centroamericana se atribuyen a otras especies (Mignucci-Giannoni y Haddow, 2001). Hay reportes de pescadores e investigadores que afirman haber visto y, en ocasiones, cazado animales de esta especie, principalmente en el siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, respecto a la costa de Veracruz, las aguas cerca de la ciudad de Campeche, del banco de Campeche y del arrecife Triángulos del estado mexicano de Campeche, así como al arrecife Alacrán y a la isla Anina del estado mexicano de Yucatán, pero también en el arrecife Chinchorro del estado mexicano de Quintana Roo y la bahía de Amatique, Belice (Adam y García, 2003: 302-3, 311, Fig. 2; Hairr, 2010). La mayoría de los reportes históricos de avistamientos de focas se refieren a las islas caribeñas de Cuba, República Dominicana, Bahamas y Jamaica (Adam y García, 2003: 302-3, 311, Fig. 2). En tiempos históricos ha habido gran abundancia de focas; en la Historia Natural de Jamaica, publicada en 1707 por H. Sloane, se menciona que las Bahamas no solamente estaban llenas de focas, sino que los pescadores capturaban a veces hasta cien en una noche, para luego freírlas y usar el aceite para las lámparas (Andrews, 1984: 6; Varona, 1980: 45). Fuera de las islas en el golfo de México y el Caribe, hay numerosos hallazgos arqueológicos de especímenes de la foca Monachus tropicalis, desde las costas este de Texas, EE. UU., sobre el litoral tanto del golfo de México como del Atlántico de Florida, EE. UU., hasta Puerto Rico, las Antillas Holandesas, Saint Kitts y Nevis y las British Virgin Islands (Adam y García, 2003; Adam, 2004; Walker, 2005). A nivel de Mesoamérica solamente existen los huesos aquí descritos de Xcambó, además de un espécimen arqueológico descubierto en Isla Cerritos, también en Yucatán, como testimonio zooarqueológico del aprovechamiento de esta especie por los mayas prehispánicos. El hallazgo de especímenes esqueléticos de foca en dos sitios costeros de la península yucateca, Xcambó e Isla Cerritos permite esbozar una interacción entre el ser humano y estos animales por un largo tiempo, correspondiendo Xcambó cronológicamente a los siglos III a VII, e Isla Cerritos, a los siglos IX a XI. Los datos taxonómicos y osteológicos de los especímenes de foca se ven enriquecidos por las informaciones contextual y tafonómico-antrópica encontradas en algunos especímenes. La frecuencia esquelética de los restos de foca en ambos sitios es demasiado baja para hacer inferencias estadísticas en el senAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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tido estricto. Sin embargo, se pueden notar algunas particularidades respecto de los hallazgos. No podemos asegurar que los animales hayan sido encontrados ya muertos en la playa, tal vez ahogados en una tormenta, como se supone para la foca de Pineland (Walker, 2005; véase también Gifford-González et al., 2005: 26), o si fueron cazados, porque los huesos carecieron de huellas antrópicas relacionadas con la caza y/o el procesamiento. Parece seguro, sin embargo, que hubo un aprovechamiento ocasional, lo que correspondería a una caza oportunista de estos animales, de manera semejante a lo que se ha reportado en cuanto al aprovechamiento de otras especies de focas por diferentes pueblos prehistóricos (véase Smith, 2005: 10). La foca tropical hawaiana busca alimento en incursiones que pueden durar varias semanas, durante el día y la noche, cerca de fondos marinos de poco relieve (Baker y Johanos, 2004: 107; Mangel, 2003: 3), por lo que existe la posibilidad de que los individuos de las muestras hayan sido capturados al buscar alimento cerca de la costa yucateca. Debido al hecho de que uno de los especímenes de foca de Xcambó corresponde a un individuo juvenil, podría argumentarse que su existencia en este sitio, junto a los huesos de uno o varios individuos adultos, significó que estos animales fueron capturados, ¿hembra y cría?, juntos durante el comienzo de la primavera, ya que Andrews (1984: 7) reporta, con base en informes biológicos del siglo XIX, que la época de procreación de las focas tropicales se llevaba a cabo en invierno. No sabemos si existieron áreas específicas de anidación/crianza de focas caribeñas en tierra firme, y los únicos avistamientos de hembras preñadas se hicieron en el arrecife Triángulo (Adam, 2004: 4; Adam y García, 2003). Si existieron áreas de anidación en la costa de la tierra firme peninsular, éstas tuvieron que haberse ubicado en algún sitio más alejado del asentamiento de Xcambó, ya que Mangel (2003: 7) reporta, nuevamente de la especie emparentada M. schauinslandi, que aun mínimas perturbaciones del hábitat, como la ocasional presencia del ser humano, causan que las focas abandonen las zonas de visita en las playas (véanse también Baker y Johanos, 2004: 106, y Gifford-González et al., 2005: 26). Otra razón por la que las áreas de anidación, si bien existieron en tierra firme, tuvieron que haber estado lejos de los asentamientos se basa en la frecuente presencia de perros, que al menos hoy día transitan aún fuera de los límites de los sitios, habiendo representado posiblemente un depredador de potencial peligro para crías de focas. La presencia de partes del cráneo y de los huesos grandes apendiculares, así como probablemente de la porción axial, podría sugerir que ciertas partes de los animales fueron, al capturarse o hallarse en la playa, separadas del cuerpo, llevándose únicamente las partes de provecho alimenticio o artefacAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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tual. De manera específica, llama la atención que no se hallaron restos de falanges, metapodios y podios, lo que podría significar, semejantemente a un caso encontrado en Pineland, Florida (Walker, 2005), que en este caso aplique el llamado efecto schlepp (Perkins y Daly, 1968), con el que el despiece de animales grandes, si se considera que focas tropicales alcanzaban un peso aproximado de 160 kg (Adam, 2004: 2) y hasta 200 kg (Davies, 2008), se llevaba a cabo en el sitio de caza o hallazgo. El cráneo, partes del esqueleto axial y algunas porciones de las extremidades se transportaron posiblemente a los sitios. No hay evidencia directa de que se haya consumido la carne de la foca, pero la ubicación de sus restos en los basureros secundarios de Xcambó podría apuntar hacia este uso. Esto resulta interesante, ya que los especímenes se asocian en Xcambó a una parte del asentamiento, donde se presume habitaba la gente socioeconómicamente importante. La rareza de focas cerca de tierra firme, y el hecho de que los mayas prehispánicos parecen no haber podido navegar a los arrecifes alejados de la tierra firme para cazarlos (véase también Gifford-González et al., 2005: 26), pudieran haber ocasionado que su consumo haya sido restringido a personas de la élite, tal como se menciona, en casos históricos, para grupos indígenas de Florida (Adam, 2004: 4, según Larson, 1980; Andrews, 1984: 5). La utilización de los dientes de la foca para fines ornamentales pudo también haber obedecido a la rareza del animal en el ambiente costero prehispánico. Por otro lado, tanto la foca caribeña (Adam, 2004) como la foca hawaiana visitaban las playas para descansar, mudar el pelaje, dar a luz o escapar de depredadores acuáticos (Mangel, 2003: 5). Para dar a luz y cuidar las crías, las focas hawaianas frecuentan playas con aguas poco profundas, alejadas de depredadores (Mangel, 2003: 5, según Westlake y Gilmartin, 1990). Las focas nunca cumplieron un papel importante en la dieta de los pobladores prehispánicos, ni en Mesoamérica ni en el sur de EE. UU. El hábitat de estos animales, alejado del alcance prehispánico, principalmente en islas y arrecifes lejanos de tierra firme (véase arriba, Adam y García, 2003; Adam, 2004; Andrews, 1984: 4-5), fue aparentemente protección suficiente contra una depredación severa (véase también Smith, 2005), en tiempos en los que la navegación aún no permitía moverse en alta mar. El cambio drástico en cuanto al aprovechamiento de éstas y otras especies de focas en diferentes partes del mundo tuvo lugar a partir de la colonización europea (Smith, 2005: 11). El hecho de que especímenes arqueológicos de esta especie se asocian a restos materiales de personas de estatus elevado es posiblemente una respuesta a la rareza de estos animales, en donde el consumo, así como el uso de trofeos y ornamentos, estaban restringidos a los que hubieran tenido el poder de reclamarlos. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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C o n c lusi o ne s

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La interacción entre los habitantes humanos del sitio costero de Xcambó y su entorno natural, vista a través de los materiales arqueofaunísticos, muestra que los ocupantes del asentamiento se alimentaban de una amplia gama de animales, que incluye miembros de todos los órdenes de animales vertebrados, como peces, reptiles, aves y mamíferos (Jiménez Cano, 2009). La obtención de esta gran variedad de animales vertebrados e invertebrados, al parecer, exclusivamente de aguas cercanas al litoral yucateco, fue posible gracias a la riqueza y gran biodiversidad del ambiente natural mencionado, y es de suponer que dicha riqueza en recursos naturales haya posibilitado el asentamiento en la zona costera y el sustento obtenido en áreas cercanas. Sin embargo, se pudo notar también que la riqueza de recursos faunísticos marinos aparentemente no reemplazó por completo las fuentes cárnicas de animales de tierra adentro, que se manifiestan, si bien en pequeña escala, en las muestras costeras de Xcambó, que pueden representar bienes de intercambio traídos desde tierra adentro. Un estudio de la ocurrencia de caries entre los antiguos habitantes de Xcambó (Cucina et al., 2011) mostró que los habitantes tanto del Clásico Temprano como del Clásico Tardío padecieron de esta patología, evidenciándose el consumo de maíz, junto con otros alimentos ricos en carbohidratos (cacao, miel, etc.), que también debían traerse de zonas tierra adentro. Un animal poco aprovechado, pero de gran importancia para la investigación de las zonas litorales prehispánicas, es la foca tropical, de la que se encontraron restos tanto en Isla Cerritos como en Xcambó, y se evidenció que los mayas prehispánicos utilizaron, cuando pudieron conseguirlos, a estos animales para fines artefactuales y, muy probablemente, también culinarios. Las investigaciones zooarqueológicas en sitios prehispánicos costeros han enriquecido nuestra visión acerca del desenvolvimiento de la cultura maya prehispánica en su entorno natural. Nuevas y detalladas excavaciones en otros sitios costeros generarán un mayor conocimiento del aprovechamiento de la fauna y del impacto que produjeron los asentamientos en tiempos prehispánicos en el ambiente costero. Futuros proyectos, tanto arqueológicos como propiamente zooarqueológicos, pueden intentar acercarse a estas problemáticas, buscando soluciones de las interrogantes.

Agr a d e c i m i e nto s

Queremos agradecer a la doctora Elizabeth Ramos Roca por la invitación a esta publicación. La elaboración de este artículo no hubiera sido posible sin el apoyo de David A. Herrera Flores y Nayeli G. Jiménez Cano, quienes estudiaAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 119-145

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ron partes importantes de las muestras esqueléticas de Xcambó e Isla Cerritos. Fotograf ías de especímenes esqueléticos de foca tropical, usados para la identificación zooarqueológica, fueron facilitadas por Jim Thomason, National Marine Mammal Laboratory, Alaska Fisheries Science Center, NMFS y Carol E. Colaninno, Department of Anthropology, University of Georgia. Peter Adam, Department of Biology, North West Missouri State University, Maryville, Missouri, ayudó a la identificación del radio y maxilar de la foca, al igual que a la descripción de rasgos diagnósticos de especímenes de esta especie, realizada en 2006. Cualquier error contenido en estas líneas, sin embargo, será asumido por los autores de este artículo. .

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TA F ONOM Í A DE H U E S O S DE AV E S . E STA D O DE L A C U E ST IÓN Y PE R SPE C T I VA S DE SDE E L S U R DE L N E OT RÓPIC O I sabel C ruz * isabelcruz55@yahoo.com.ar Universidad Nacional de la Patagonia Austral Santa Cruz, Argentina

R e s u m e n Las investigaciones en el sur del Neotrópico señalan que el impacto de los procesos tafonómicos sobre los restos de aves varía en relación con el tamaño corporal y la morfoanatomía de las mismas, así como en función del contexto ecológico y ambiental considerado. Los estudios futuros deberán enmarcarse en análisis comparativos para evaluar la acción de diversos procesos sobre los restos de diferentes vertebrados en un mismo contexto ambiental, y también deberán desarrollarse observaciones controladas para profundizar algunos temas. PAL AB R A S C L AVE:

Tafonomía de vertebrados, aves, meteorización, representación anatómica, modificaciones por carnívoros.

* Doctora en Arqueología, Universidad de Buenos Aires, Argentina.

Artículo recibido: 1 de junio de 2011 | aceptado: 10 de noviembre de 2011 | modificado: 21 de noviembre de 2011 Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 294 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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Bird Bones Taphonomy. State of the Problem and Perspectives from the Southern Neotropics A B S T R AC T

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Current studies on bird bones

Tafonomia de ossos de aves. Estado da questão e perspectivas desde o sul do neotrópico

RESUMO

As pesquisas no sul do Neotrópico

conducted at the Neotropics show that

sinalizam que o impacto dos processos

differences in the impact of taphonomic

tafonômicos sobre os restos de aves varia

processes are mainly due to body size

em relação ao tamanho corporal e a

and anatomy, as well as to the role of

morfoanatomia das mesmas, assim como em

environmental and ecological contexts.

função do contexto ecológico e ambiental

Future research must include comparative

considerado. Os estudos futuros deveriam

studies and controlled observations to

moldar-se em análises comparativos para

generate specific models that will help

avaliar a ação de diversos processos sobre

to understand taphonomic histories of

os restos de diferentes vertebrados num

zooarchaeological remains in the region.

mesmo contexto ambiental e também deveriam desenvolver-se observações controladas para aprofundar alguns temas.

KEY WORDS:

PAL AV R A S C HAVE:

Vertebrate Taphonomy, Birds, Weathering,

Tafonomia de vertebrados, aves,

Anatomic Representation, Carnivore’s

meteorização, representação anatômica,

Modifications.

modificações por carnívoros.

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TA F ONOM Í A DE H U E S O S DE AV E S . E STA D O DE L A C U E ST IÓN Y PE R SPE C T I VA S DE SDE E L S U R DE L N E OT RÓPIC O

Isabel Cruz

L

Int roducción

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as av es p r es en t a n c a ra c t e rí st i c a s que las convierten en instrumentos interesantes para analizar varios aspectos de la ecología humana. En primer lugar, constituyen un recurso que puede ser utilizado integralmente: su carne y sus huevos son un alimento importante, que contiene gran cantidad de proteínas y ácidos grasos. Además, sus plumas y huesos pueden ser utilizados como materia prima para la confección de diversos artefactos. En segundo lugar, las aves pueden ser importantes proxys en la determinación de variables paleoecológicas (Emslie, 1995; Morales Muñiz, 1993; Savanti, 1994, entre otros). Muchas aves están estrechamente asociadas a una comunidad vegetal o a un hábitat específico. La presencia de sus huesos en un depósito arqueológico puede ser una línea más en el análisis paleoambiental, que necesariamente debe integrar información de varios campos. Debido a que no todos los huesos de aves presentes en estos depósitos son producto de la predación humana, también permiten abordar aspectos relacionados con la formación del registro arqueológico, así como la distribución de especies presentes en un ambiente y su uso por los predadores no humanos. Durante los últimos años ha aumentado el interés en desarrollar este potencial a partir del estudio de los restos de aves provenientes de depósitos zooarqueológicos en diversos lugares de la región Neotropical (Corona Martínez, 2001, 2002; Cruz, 2007a; deFrance, 2005; Higgins, 1999; Lefèvre, 1989, 1992, 1997; Mameli, 2002; Martínez et al., 2009; Savanti, 1994; Tivoli, 2010, entre otros). A pesar de ello, todavía es poco lo que conocemos acerca de las Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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aves mediante el registro arqueológico en la región. Uno de los factores que han impedido lograr avances es que sus huesos pueden ser muy escasos en gran parte de los sitios arqueológicos. En virtud de que es poco lo que sabemos acerca de la forma en que se preservan sus restos, es dif ícil dilucidar si esta escasez se debe a que eran poco cazadas o a que sus huesos fueron destruidos por procesos naturales antes de poder incorporarse a los registros arqueológicos. La disciplina científica que se dedica a comprender cómo se conservan o destruyen los restos orgánicos es la tafonomía. Los estudios tafonómicos constituyen un paso previo al análisis de los restos zooarqueológicos, ya que brindan las herramientas interpretativas adecuadas para que las inferencias acerca del pasado sean correctas. El objetivo de este trabajo, por lo tanto, es sintetizar las investigaciones tafonómicas de restos de aves efectuadas hasta el momento en Patagonia (ver la figura 1), con el fin de evaluar el grado de conocimiento alcanzado y establecer las bases para las investigaciones futuras. La Patagonia se ubica en el sur del Neotrópico (región biogeográfica que abarca desde México hasta Tierra del Fuego), y muchas de las consideraciones presentadas aquí son de utilidad para toda la región. Sin embargo, tal como se enfatizará al final del trabajo, será necesario que en el futuro se desarrollen investigaciones específicas en distintos ambientes de esta región, que completen los estudios presentados aquí y muestren la diversidad ecológica que presentan los procesos tafonómicos en diferentes localidades de la región. Esto permitirá contar con un conjunto amplio de principios tafonómicos que podrá ser utilizado por todos aquellos que quieran abordar el estudio de las aves a partir de registros óseos (tanto arqueológicos como paleontológicos).

Z o o a r q ue o lo gí a y tafo nomía

Desde sus inicios como disciplina científica, la zooarqueología ha estado íntimamente ligada al desarrollo de los estudios tafonómicos (Andrews, 1990; Binford, 1981; Brain, 1981; Blumenschine, 1986; Gifford, 1981; Lyman, 1994; Pickering et al., 2007, entre otros). La tafonomía es el estudio de los procesos de preservación y de la forma en que éstos afectan a la información que puede obtenerse a partir del registro fósil, tanto paleontológico como arqueológico (Behrensmeyer et al., 2000). Como el registro arqueológico es el parámetro a partir del cual se determina la relevancia de las explicaciones acerca del pasado humano (Binford, 1981), gran parte de la tarea de los arqueólogos consiste en establecer la historia de formación de los depósitos. Una vez conocida esta historia –o, al menos, la parte de ella accesible a los investigadores–, entonces se puede proceder a evaluar la forma en que el registro en cuestión permite avalar o descartar las Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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Figura 1. Ubicación de Patagonia continental y Tierra del Fuego en la región Neotropical.

hipótesis acerca de la conducta humana. Desde esta perspectiva, el análisis zooarqueológico no sólo implica estudiar los depósitos en cuanto a los actores humanos, sino que también es necesario entender cuál pudo ser la contribución de otros actores y procesos en su formación. No hacerlo implica correr el riesgo de asignar contenido cultural a características de los restos óseos que son producto de procesos naturales. En el marco de la zooarqueología, uno de los objetivos de los estudios tafonómicos es generar instrumentos interpretativos que permitan garantizar las inferencias sobre la conducta humana que se basan en los restos de animales recuperados en contextos arqueológicos. Las observaciones actuales son un medio fructífero para comprender la manera en que diversos actores y procesos afectan a los restos orgánicos, ya que permiten establecer cuáles son las relaciones que existen entre procesos geobiológicos específicos y los conjuntos de huesos que son contemporáneos a los mismos (Binford, 1981; Gifford, 1981, entre otros). A lo largo de las últimas décadas se han multiplicado las observaciones tafonómicas en el sur del Neotrópico. Sin embargo, ni en esta región ni en otros lugares del mundo los estudios destinados a los restos de aves han sido tan exhaustivos como los dedicados a los mamíferos (Behrensmeyer et al., 2003; Bickart, 1984; Cruz, 2007b; Davis y Briggs, 1998; Livingston, 1989; Muñoz y Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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Savanti, 1998; Oliver y Graham, 1994, entre otros). Las investigaciones tafonómicas sobre huesos de aves en el sur del Neotrópico comenzaron a mediados de la década de 1990 y se desarrollaron fundamentalmente en ambientes de la Patagonia. Aunque todavía escasas, estas investigaciones han permitido conocer la forma en que diversos procesos afectan a los restos de estos vertebrados, así como algunos de sus efectos en la formación de los conjuntos óseos recuperados de depósitos arqueológicos.

E l e s que le to d e las a v e s y los p r o c e so s tafo nó m icos

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La interacción entre huesos y procesos tafonómicos está mediada por varios factores, entre los cuales se destacan las propiedades específicas de los huesos de cada grupo de organismos. El esqueleto de las aves difiere del de otros vertebrados en varios aspectos, especialmente los relacionados con la principal adaptación locomotora del taxón: el vuelo. El modo de locomoción plantea constricciones anatómicas y, aunque no todas las aves son voladoras, muchos aspectos corporales de las aves reflejan los especiales requerimientos que demanda el vuelo (Livingston, 1989). Los huesos de cualquier vertebrado tienen una función, que se relaciona con su “fuerza tafonómica” (Lyman, 1994). La función anatómica de un hueso determina sus propiedades mecánicas, las que a su vez median sobre los efectos que los procesos tafonómicos tendrán sobre ese hueso. Muchas de estas propiedades de los huesos pueden ser tafonómicamente significativas: el diseño y el tamaño corporal, así como la microestructura del tejido óseo, son factores que influirán en la destrucción o preservación de los restos de cada taxón (Andrews, 1990; Behrensmeyer, 1991; Blumenschine, 1987; Kidwell y Behrensmeyer, 1988; Lyman, 1994, entre otros). En el caso de las aves, entre los requerimientos para el vuelo que tienen correlatos importantes en el esqueleto se cuentan una reducción general del peso, la obtención de mayor rigidez corporal y una mayor resistencia para sobrellevar el stress que implica el vuelo (Bellairs y Jenkin, 1960; Feduccia, 1992; Gilbert et al., 1981). Debido a ello, varios investigadores han planteado la necesidad de efectuar estudios tafonómicos específicos para sus restos (Cruz, 2000a, 2007b; Davis y Briggs, 1998; Higgins, 1999; Lyman, 1994; Trapani, 1998, entre otros). Como grupo, las aves exhiben pocas diferencias osteológicas entre sí (Bellairs y Jenkin, 1960), pero presentan gran variabilidad con respecto al tamaño. Éste es un factor que debe ser considerado al analizar el impacto de los procesos tafonómicos sobre sus huesos, porque se ha demostrado que procesos tafonómicos como la meteorización, la acción de carnívoros o el pisoteo varían Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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según el tamaño corporal de los animales implicados (Andrews, 1990; Behrensmeyer, 1978; Behrensmeyer y Dechant-Boaz, 1980; Behrensmeyer et al., 2003; Blumenschine, 1987). Por otro lado, en relación con el vuelo, muchos de los huesos del cráneo y del esqueleto poscraneano de las aves son huecos y contienen sacos de aire (Bellairs y Jenkin, 1960; Higgins, 1999). El grado de neumatización varía entre taxones: es mínimo en las aves más pequeñas, mientras que involucra la mayoría de los huesos de las aves grandes y activamente voladoras, como los albatros y las águilas. También entre los Ratites, aves no voladoras, los huesos presentan un alto grado de neumatización, característica posiblemente derivada de sus ancestros adaptados al vuelo. En cambio, los huesos de las aves buceadoras están muy poco neumatizados y sus esqueletos reflejan el equilibrio entre los requerimientos del vuelo y del buceo (Gilbert et al., 1981). En síntesis, en función de las necesidades que plantea el vuelo, las aves han desarrollado un esqueleto más liviano y rígido, con menor cantidad de elementos individuales que el de otros vertebrados. Además, también la microestructura y la morfología de los huesos han sufrido modificaciones. Todos estos aspectos tienen particulares implicaciones para la tafonomía de sus huesos y permiten predecir que los procesos tafonómicos no los afectarán de la misma manera que a los de otros vertebrados.

A s p e c t o s m e to d o ló gi c os

Todos los estudios tafonómicos dedicados a los restos de aves efectuados en Patagonia se desarrollaron en el marco de lo que Marean (1995) denominó tafonomía naturalista. A diferencia de la tafonomía experimental, el enfoque naturalista permite conocer las condiciones variables en las que se conforman los registros óseos derivados de comunidades específicas, en ambientes concretos. Para ello, las investigaciones no se realizan en laboratorios o ambientes controlados sino que se basan en la observación de los restos depositados naturalmente. De esta manera, es posible establecer nexos entre los procesos tafonómicos y sus trazas en los restos. Tal como lo efectuaron otros investigadores en diferentes ecosistemas de África (Behrensmeyer, 1993; Behrensmeyer y Dechant-Boaz, 1980; Behrensmeyer et al., 2003; Blumenschine, 1989; Bunn et al., 1991; Sept, 1994; Tappen, 1995, entre otros), la metodología utilizada en Patagonia consistió en el registro y posterior análisis de todas las características de los restos óseos actuales a lo largo de unidades espaciales amplias, por medio de la implementación de transectas en diferentes sectores del paisaje (Belardi, 1999; Cruz, 1999, 2000b, 2004, 2007b; Muñoz y Savanti, 1998, entre otros). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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Las observaciones se centraron en aquellas aves de tamaño mediano a grande, que son las de posible utilidad económica para las poblaciones humanas del pasado (ver la figura 2). Con excepciones que luego se detallan, la mayor parte de estas aves están incluidas en lo que Behrensmeyer (1991) considera como microvertebrados, es decir, con un peso menor a 5 kg. Dentro del marco de este rango de tamaño corporal, las observaciones diferenciaron por lo menos tres grupos de aves en función de su morfoanatomía. El fundamento de esta diferenciación es que las características anatómicas tienen correlatos en la constitución del esqueleto y, por lo tanto, pueden ocasionar diferencias en el potencial de preservación de huesos correspondientes a distintas arquitecturas corporales. a)

b)

c)

d)

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Figura 2. Algunas de las aves patagónicas más comunes: a) cauquén común (Chloephaga picta), b) pingüino de Magallanes (Speniscus magellanicus), c) ñandú petiso (Rhea pennata) y d) martineta (Eudromia elegans).

En función de esta premisa, durante las observaciones efectuadas en Patagonia se consideraron las características que presentaban los restos de aves voladoras, de ñandúes (Rheidae) –aves no voladoras del grupo de las Ratites– y de pingüinos (Spheniscidae) –aves marinas no voladoras–. Las anatomías de estas aves presentan marcadas diferencias entre sí y sus pesos varían entre los 27 kg de los ñandúes, los 3,5-4 kg de los pingüinos y la diversidad de pesos (entre unos pocos cientos de gramos hasta los 4 kg) de las aves voladoras consideradas en la región.

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L o s r e sultad o s o b te ni d os Las investigaciones desarrolladas tanto en el sur del continente (Belardi, 1999; Cruz, 1999, 2000b, 2007b, entre otros) como en la Isla Grande de Tierra del Fuego (Muñoz y Savanti, 1998) permitieron conocer diversos aspectos relacionados con la depositación, modificación y destrucción de huesos de aves por los procesos tafonómicos en diferentes ambientes (la costa marina, la estepa y el bosque andino-patagónico). Muchos de estos resultados son concordantes con los obtenidos en otros lugares del mundo (Behrensmeyer et al., 2003; Bickart, 1984; Davis y Briggs, 1998; Oliver y Graham, 1994) pero también mostraron diferencias en algunos aspectos (Cruz, 2007b, 2008). Como en otros estudios actualísticos, las investigaciones patagónicas se centraron en dos aspectos relacionados con la preservación de restos orgánicos: la depositación y las modificaciones que se producen antes de que los mismos sean cubiertos por sedimentos (sensu Behrensmeyer et al., 2000). Esto tiene sentido si se considera que muchos de los factores que determinan las condiciones bajo las que se preservarán algunos organismos –o partes de los mismos– se definen en el momento de la muerte y/o en un corto lapso después de ella (Binford, 1981; Andrews, 1990; Behrensmeyer, 1991; Lyman, 1994, entre otros). Conocer la dinámica relativa a estos dos aspectos bajo condiciones ambientales particulares es un medio para establecer cuántos y cuáles podrán ser los restos que se preservarán o los que, por lo menos, tendrán posibilidades de ser cubiertos por los sedimentos. Aunque los temas abordados por estos estudios han sido muchos, aquí se sintetizan los resultados alcanzados en relación con algunos de ellos: la depositación de restos por causas naturales y su posible impacto sobre los registros arqueológicos de la región, la secuencia de desarticulación y la representación anatómica de aves, la meteorización y la acción de los carnívoros. Todos estos temas se consideran particularmente relevantes para una adecuada interpretación de los restos de aves contenidos en depósitos arqueológicos, para entender los contextos en los que los mismos se produjeron y como un instrumento más entre los varios necesarios para generar expectativas acerca de los registros óseos derivados de la actividad humana.

L a d e p o si tac i ó n d e hue sos p or c ausas na tur ale s

Una de las formas más evidentes en que los procesos naturales pueden afectar a los registros arqueológicos es mediante la acumulación de restos en lugares recurrentemente utilizados por los humanos, que forman palimpsestos en los que se mezclan huesos depositados por distintos procesos y actores. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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Binford (1981) define “integridad” como la homogeneidad relativa de los agentes causantes de la acumulación de los materiales presentes en un depósito arqueológico. Una herramienta útil para evaluar la integridad de los registros arqueofaunísticos en diferentes puntos del espacio y establecer las posibilidades de “contaminación” con huesos depositados por causas no humanas es conocer la dinámica que determina la depositación natural de restos en un ambiente dado. En un mismo paisaje existen variaciones en la depositación de restos (Behrensmeyer y Dechant-Boaz, 1980; Cruz, 2004, 2009a; Sept, 1994; Tappen, 1995, entre otros). La posibilidad de que exista superposición entre artefactos u otros restos arqueológicos y huesos derivados de muertes naturales variará en función de las características del registro arqueológico y de la forma que asuma la depositación natural de restos (Borrero, 2001). En Patagonia, la mayor diferencia en este sentido se encuentra entre los hábitats costeros y los del interior (tanto sectores de estepa como de bosque y humedales). En los hábitats costeros se producen grandes concentraciones de restos durante el período de nidificación y cría de las aves marinas, cuando la mortalidad es generalmente muy alta (Cruz, 1999, 2007b, 2009a). Dadas las características que presenta el registro arqueológico en muchos sectores costeros de la región, las probabilidades de “contaminación” de depósitos arqueológicos por la muerte natural de aves son muy altas. Como se ha planteado para varios casos en Patagonia continental, es posible que todos o gran parte de los restos de aves relacionados con un registro arqueológico particular sean producto de la depositación natural, debido a la dinámica de las colonias de nidificación (Cruz, 1999, 2004, 2006, 2009a). En cambio, en la estepa y el bosque característicos del sur de Patagonia las posibilidades de superposición o mezcla con restos arqueológicos son muy bajas, ya que, si se compara con lo que ocurre en la costa, son muy pocos los huesos de aves que se depositan, y, además, en virtud de la intensidad de los procesos tafonómicos, es factible que gran parte de ellos sean destruidos antes de ser cubiertos por sedimentos (Cruz, 2000b, 2007c, 2008, 2009a). La excepción detectada la constituyen los abrigos rocosos, que son sectores de gran acumulación natural por la acción de los carnívoros y por muertes naturales (Cruz, 2000a, 2000b, 2007a, 2009a). Los huesos de aves voladoras son frágiles y su destrucción puede ser rápida si no son cubiertos por sedimentos poco tiempo después de la depositación. Los abrigos rocosos constituyen puntos en el paisaje que generalmente presentan altas tasas de sedimentación o condiciones que atemperan la acción de los procesos destructivos, lo que facilita la conservación de huesos de aves. Como muchos de los depósitos arqueológicos en Patagonia continental se ubican en abrigos Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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rocosos, el potencial para la mezcla con restos derivados de muertes naturales es muy alto en estos loci. En síntesis, conocer la forma general que adopta la depositación natural de restos en un ambiente dado puede ser una herramienta útil para modelar la integridad de los depósitos arqueológicos y para generar los medios que permitan evaluarla en cada caso.

Se c ue nc i a d e d e sar ti c ulación

Otro de los temas al que se le ha prestado especial atención en la tafonomía de aves es la secuencia de desarticulación. Este interés ha sido importante en los estudios tafonómicos de otros vertebrados y se vincula con el hecho de que la representación de partes esqueletarias, utilizada frecuentemente para efectuar inferencias acerca del comportamiento humano, puede estar relacionada con esta secuencia. Si bien la desarticulación en sí misma no implica la destrucción o desaparición de los elementos, aumenta la vulnerabilidad de los huesos frente a la acción de otros procesos. La secuencia de desarticulación de aves voladoras sigue un patrón que, en líneas generales, ha sido registrado mediante observaciones actuales en diferentes lugares del mundo (ver la tabla 1). Entre los aspectos más recurrentes, se ha observado que las extremidades posteriores se desarticulan de la carcasa antes que las anteriores. Asimismo, los elementos de las extremidades posteriores se desarticulan entre sí más rápidamente que los de las extremidades anteriores. Estas últimas permanecen más tiempo como una unidad, frecuentemente junto a coracoides, fúrcula, escápula y, en algunos casos, esternón. En ambas extremidades, las porciones proximales se desarticulan antes que las distales. Estos aspectos de la secuencia planteada para carcasas de aves voladoras son coincidentes con la detectada en Patagonia, y también se cumplen en los restos de pingüinos (Cruz, 2007b). En las carcasas de ñandúes, en cambio, los primeros elementos en desarticularse son el cráneo, la cintura escapular, el esternón y las extremidades anteriores, que son rápidamente destruidos por los procesos tafonómicos. Vértebras y costillas pueden permanecer articuladas como una unidad en conjunto con la pelvis, pero se desarticulan y destruyen antes que las extremidades posteriores. Estas extremidades, especialmente la porción distal (tibiatarso, metatarso y dígitos), pueden permanecer articuladas por largo tiempo y sus elementos son los más resistentes a los procesos destructivos (Belardi, 1999; Cruz, 2007c; Cruz y Elkin, 2003; Cruz y Fernández, 2004). Estas diferencias en las secuencias de desarticulación pueden correlacionarse con diferencias en la preservación de partes esqueletarias de las distintas Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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Tabla 1. Secuencias de desarticulación de carcasas de aves (tomado de Bickart, 1984; Oliver y Graham; 1994, y Davis y Briggs, 1998).

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Bickart (1984)

Oliver y Graham (1994)

Davis y Briggs (1998)

Las costillas se desarticulan del esternón

La unidad cabeza-vértebras cervicales se desarticula de las vértebras torácicas

El cráneo y las vértebras cervicales como unidad se separan del tórax

Las extremidades posteriores se desarticulan del tronco

El cráneo se separa de las cervicales

El fémur se separa del sinsacro

Desarticulación de las vértebras

El esternón y las alas como unidad se separan del resto de la carcasa

La cintura escapular y las extremidades anteriores como unidad se separan del tórax

Desarticulación de la cintura escapular

Se separan el esternón y el coracoides

Las vértebras torácicas se desarticulan, causando que el tórax se separe del sinsacro

La porción proximal de las alas se desarticula antes que la distal

Las extremidades posteriores se separan del tronco

Las costillas se separan de las vértebras torácicas, las que a su vez se separan entre sí

Las vértebras torácicas se separan del sinsacro

Se desarticulan las extremidades posteriores

El coracoides se separa del húmero

Los elementos de las extremidades anteriores y la cintura escapular se desarticulan entre sí

La unidad tarsometatarso-falanges se separa de la porción proximal de la extremidad posterior Las falanges se desarticulan del tarsometatarso El tibiatarso y el fémur se desarticulan El húmero se desarticula de la porción distal de las alas Radio y ulna se desarticulan del carpometacarpo y las falanges

aves patagónicas. En efecto, aquellos elementos que se desarticulan primero son los que posiblemente se destruyan primero. Los elementos correspondientes a las extremidades anteriores de las aves voladoras, que permanecen articulados por más tiempo, son los que posiblemente se conserven mejor (ver la figura 3) en la superficie terrestre. En el caso de los ñandúes, los elementos que perdurarán más tiempo articulados son los de las extremidades posteriores, por lo que serán los últimos en destruirse y los que, por lo tanto, tendrán más posibilidades de preservarse tanto en contextos naturales como arqueológicos.

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Figura 3. Restos articulados de un juvenil de gaviota cocinera (Larus dominicanus).

R e p r e se nta c i ó n d e pa r tes esquelet arias La frecuencia de partes esqueletarias es una de las variables que permiten discutir la historia tafonómica de un conjunto óseo (Behrensmeyer, 1991) y es uno de los medios más utilizados por los arqueólogos para abordar diversos aspectos de la subsistencia humana. Debido a ello, muchos de los estudios tafonómicos se han dedicado muy especialmente a establecer las diferencias que existen entre el patrón natural de representación anatómica y el derivado de la acción humana (Cruz, 2005; Ericsson, 1987; Livingston, 1989, entre otros). Las investigaciones efectuadas dejaron en claro que la representación de partes esqueletarias de aves es el resultado de un conjunto complejo de procesos, que varía en función de gran número de variables (tamaño de las presas, tipo de predador implicado, si constituyen restos de comida o son restos regurgitados, etc.). Incluso, tal como ha planteado Bovy (2002) al respecto, la variabilidad puede extenderse a los conjuntos generados por actividades humanas, ya que pueden existir diferencias en función del tipo de aprovechamiento efectuado. Entre los logros más importantes de las investigaciones en Patagonia, se cuenta el haber definido patrones naturales de representación anatómica diferentes para cada uno de los tipos de aves considerados. Entre los restos de aves voladoras predominan los elementos correspondientes a las extremidades anteriores (especialmente húmeros, radios y ulnas), las vértebras, así como los tibiatarsos (Cruz, 2005; Muñoz y Savanti, 1998). En el caso de los ñandúes, los elementos más representados son los de las extremidades posteriores (tibiatarsos y tarsometatarsos) y las vértebras (Belardi, 1999; Cruz, 2000, 2005; Cruz y Elkin, 2003; Cruz y Fernández, 2004). Los restos de pingüinos más abundantes son los correspondientes a ambas extremidades (especialmente húmero, fémur y tibiatarso) y el coracoides (Cruz, 1999, 2005, 2007b; Emslie, 1995). La cintura pélvica es la porción anatómica menos representada en todos los casos. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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En síntesis, la representación de partes esqueletarias en conjuntos naturales no es azarosa, sino que presenta patrones consistentes. Las diferencias detectadas no pueden atribuirse a las respectivas historias tafonómicas: en todos los casos estos patrones son el resultado de la acción conjunta de varios procesos tafonómicos (principalmente, meteorización y acción de carnívoros) que facilitan la destrucción diferencial de elementos. Tampoco reflejan un problema de muestreo, ya que se puso especial cuidado en relevar hábitats específicos de cada una de las aves consideradas. Contrariamente a lo planteado por algunos investigadores, las investigaciones patagónicas mostraron que estos patrones son un correlato de la morfoanatomía de cada una de las aves y no se relacionan con el agente causal de la depositación (Cruz, 2005). El caso de los ñandúes constituye un ejemplo de aplicación de estos resultados: el patrón natural observado en los estudios tafonómicos es coincidente con la abundancia anatómica detectada en varios sitios arqueológicos de Patagonia y de todo el sur de Sudamérica en general. Las primeras interpretaciones de esta representación de partes esqueletarias proponían que la misma era el resultado del descarte de las extremidades posteriores en los sitios de caza, debido a que sólo se transportaban hasta los campamentos aquellas porciones con mayor contenido cárnico, que es variable entre elementos esqueletarios (Giardina, 2006). Sin embargo, esta representación anatómica también es característica de los conjuntos naturales y puede explicarse como el resultado de la destrucción mediada por la densidad (Cruz y Elkin, 2003; Fernández et al., 2001, entre otros). Por lo tanto, la abundancia anatómica de los conjuntos arqueológicos no debería atribuirse directamente a un comportamiento humano específico (el transporte de partes de una presa y el descarte de otras), ya que también puede ser el resultado de un gran número de procesos, en los que la destrucción mediada por la densidad mineral tiene el papel preponderante. Si bien las investigaciones acerca del aprovechamiento del ñandú por las poblaciones prehistóricas aún deben profundizarse, los estudios tafonómicos tuvieron un rol central para descartar una hipótesis y señalar nuevas líneas de investigación, las cuales deberán incluir explicaciones más complejas acerca de la representación de partes esqueletarias que presentan los restos de estas aves en los conjuntos arqueológicos de la región.

M e t e or i z a c i ó n

La meteorización es uno de los principales procesos que causan la destrucción de restos óseos en la superficie terrestre (Behrensmeyer, 1978; Lyman, 1994). Los huesos de distintos animales presentan diferentes tasas de meteorización en un mismo ambiente (Gifford, 1981), y el tamaño corporal es uno de los Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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factores determinantes para que esto ocurra (Behrensmeyer, 1978). Debido a las características de los huesos de aves y a su tamaño corporal generalmente pequeño, el impacto de la meteorización sobre ellos es muy diferente al que sufren los huesos de otros animales, especialmente los mamíferos. Por otro lado, como la meteorización es un proceso ecológicamente mediado, son necesarias investigaciones específicas para comprender la forma en que puede afectar los depósitos arqueológicos en un ambiente particular. Las primeras investigaciones en Patagonia dedicadas a los restos de aves fueron las de Muñoz y Savanti (1998) en la Isla Grande de Tierra del Fuego. A partir de sus observaciones, estos investigadores formularon varios estadios de meteorización para los huesos de aves que, en líneas generales, seguían los lineamientos propuestos por Behrensmeyer (1978) para los huesos de mamíferos de más de 5 kg. Estudios posteriores efectuados en Amboseli (África) corroboraron que los estadios inicialmente propuestos para los mamíferos también son útiles para evaluar la meteorización en huesos de aves (Behrensmeyer et al., 2003). A partir del perfil de meteorización de huesos de aves derivado de los resultados de sus observaciones, Muñoz y Savanti (1998) plantearon que el predominio de los estadios más bajos se debe a que las propiedades mecánicas de estos huesos facilitan su destrucción antes de alcanzar una meteorización avanzada. Estos resultados fueron confirmados por los estudios en el sector continental de Patagonia (Cruz, 2000a, 2007b, 2008, entre otros) y son acordes con los derivados de las investigaciones en Amboseli (Beherensmeyer et al., 2003). En todos los casos, la acción de la meteorización provocó que los huesos de aves desaparecieran más rápidamente que los de mamíferos, especialmente de ungulados. Existe un aspecto, sin embargo, en el que los resultados de Patagonia y Amboseli difieren: la destrucción de los huesos de aves producida por la meteorización es más rápida en Patagonia (Cruz, 2008). Esto es acorde con lo registrado para los huesos de ungulados en la región (Borrero, 2007), por lo que debe considerarse una consecuencia de las condiciones ambientales prevalecientes en el sur del continente. Un último punto por destacar se relaciona con las diferencias registradas entre los huesos de los distintos grupos de aves patagónicas con respecto a la meteorización. La comparación entre los perfiles de meteorización de huesos de aves voladoras y pingüinos en Patagonia permite afirmar que las diferencias que pueden existir en la estructura de sus huesos no son importantes frente a la acción de este proceso tafonómico (Cruz, 2007b). En cambio, se registraron diferencias al respecto en el caso de los ñandúes, ya que todas las observaciones destacan que los elementos correspondientes a las extremidades posteriores de estas aves tienen mayor resistencia a los procesos tafonómicos, incluida la Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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meteorización (Belardi, 1999; Cruz, 2007a; Cruz y Fernández, 2004). Esta resistencia puede atribuirse a dos factores: 1) los ñandúes son las aves de mayor tamaño corporal en Patagonia, y 2) estas aves están adaptadas para correr a grandes velocidades, por lo que los huesos de sus extremidades posteriores –especialmente tibiatarso, tarsometatarso y dígitos– poseen paredes gruesas y altos valores de densidad mineral (Cruz y Elkin, 2003). Como consecuencia, parte del esqueleto del ñandú (especialmente las extremidades anteriores, el cráneo y el esternón) comparte con el de las aves voladoras una rápida destrucción por la meteorización, mientras que las extremidades posteriores se asemejan a los huesos de ungulados, que poseen una mayor resistencia a este proceso (Cruz, 2007c).

M od i f ic ac i o ne s y tr a nsp ort e p or carnívoros

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A diferencia de lo registrado en otros ecosistemas (Binford, 1981; Blumenschine, 1989; Tappen, 1995, entre otros), los carnívoros patagónicos no tienen gran potencial para destruir huesos y carcasas de ungulados (Borrero, 1990, 2000; Cruz, 2008, entre otros). Sin embargo, en función de su pequeño tamaño corporal y su particular estructura ósea, las aves constituyen presas cuyos huesos y carcasas pueden ser profundamente afectados por la acción de predadores y carroñeros (Bickart, 1984; Oliver y Graham, 1994). Las observaciones efectuadas en Patagonia permitieron establecer que el impacto de la acción de los carnívoros varía según las características de las comunidades de aves y las condiciones ecológicas imperantes en distintos ambientes de la región. Esto implica que para una adecuada evaluación del impacto que puede tener este proceso sobre los restos de aves hay que considerar los contextos en que se producen la predación y el carroñeo. La costa marina presenta marcadas diferencias con los otros ambientes en lo que respecta a sus comunidades de aves, lo cual determina el grado en el que las modificaciones producidas por los carnívoros influyen en la conformación del registro (Cruz, 2004, 2007b, 2008; Muñoz y Savanti, 1998). En la costa, la gran mortalidad de aves concentrada espacial y temporalmente se expresa en una gran depositación de restos, que constituyen una importante fuente de alimento disponible para los carnívoros locales. Entonces, si bien podría esperarse una gran destrucción inicial en función del tamaño corporal de las aves, las condiciones de abundancia de carcasas permiten la preservación de gran parte de los restos. En la estepa y el bosque, en cambio, las aves son menos abundantes y las carcasas disponibles son escasas y están muy dispersas, por lo que los carnívoros las aprovechan más intensamente. Como parte de este aprovechamiento integral, se produce una mayor destrucción de las carcasas, y, además, el transporte de Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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algunas partes anatómicas por los predadores afecta la localización de los huesos de aves (Cruz, 2000b, 2007c, 2008). Los autores que han efectuado observaciones sobre la forma en que los carnívoros modifican los huesos y carcasas de aves concuerdan en que existen diferencias según se trate de predadores mamíferos o aves (Davis y Briggs, 1998; Oliver y Graham, 1994). Los mamíferos generalmente producen muchas modificaciones y destrucción y pueden transportar los restos fuera del sitio de muerte. En cambio, en general las aves carnívoras tienen una menor capacidad de modificación de los huesos y, si ocurre transporte, el mismo es de carne, vísceras o partes anatómicas segmentadas. En Patagonia, aves y mamíferos también tienen diferentes roles en la modificación de huesos y carcasas (Cruz, 1999, 2004, 2007b). En la costa marina se ha registrado poca acción de los mamíferos terrestres sobre las carcasas de aves; en cambio, es importante la acción de las aves, que generalmente se centra en los tejidos blandos. Tal cual se observó en otros lugares del mundo, su papel como actores tafonómicos consiste fundamentalmente en contribuir a la desarticulación de las carcasas. Sin embargo, en un área de nidificación de cormoranes emplazada en una isla en la que no habitan mamíferos se registraron restos de aves con modificaciones en el esternón (Cruz, 2009b). Estas modificaciones, similares a los punctures producidos por mamíferos y descritos por Binford (1981), fueron efectuadas por gaviotas (Larus dominicanus) o eskúas (Catharacta skua), e indican que en algunos casos las aves pueden producir efectos sobre los huesos. En la estepa patagónica, en cambio, son los mamíferos quienes suelen destruir, modificar y transportar carcasas y huesos de aves (Belardi, 1999; Cruz, 2000a; Muñoz y Savanti, 1998). El transporte se produce principalmente a sus madrigueras de cría, que en este ambiente suelen ubicarse en abrigos rocosos (Cruz, 2000a; Fernández et al., 2010; Martín, 1998). No todos los huesos de aves en estas madrigueras presentan modificaciones claramente asignables a carnívoros, por lo que, si en el abrigo existen depósitos arqueológicos, estos restos pueden incorporarse a los mismos sin trazas que permitan establecer su procedencia (Fernández y Cruz, 2010). Como en el caso de la meteorización, existen diferencias entre las distintas aves en lo que respecta a las modificaciones por estos actores tafonómicos. Los huesos de los ñandúes, en función de su tamaño y estructura, son más resistentes a la acción de los carnívoros. Los daños registrados no afectan a todo el esqueleto, sino que se ubican principalmente en las epífisis de huesos largos, el esternón y cintura pélvica (Belardi, 1999) (ver la figura 4). La destrucción de las carcasas de aves voladoras y pingüinos, en cambio, puede ser más Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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Figura 4. Sinsacro de ñandú petiso (Rhea pennata) con modificaciones efectuadas por cánidos. El círculo señala la zona afectada.

completa, y los huesos con más probabilidades de sobrevivir son los correspondientes a las extremidades anteriores y la porción distal de las posteriores (Cruz, 2000a, 2005, 2007b). 16 4

A p li c ac i ó n a c aso s z o o arqueológicos

Robert Blumenschine (1998) planteó que la habilidad de los arqueólogos para “leer” el registro arqueofaunístico de manera confiable y verificable no está a la altura de la creatividad alcanzada por las explicaciones acerca del pasado. Para este investigador, el desarrollo desigual de estos dos aspectos de las investigaciones zooarqueológicas no se debe a la carencia de principios y modelos tafonómicos, ya que afortunadamente los mismos son muchos y variados. La causa de esta inexplicable falta de profundización de los aspectos tafonómicos involucrados en la interpretación arqueológica es que muchos zooarqueólogos todavía se niegan a aplicar los modelos de esta disciplina en sus interpretaciones de los conjuntos que describen (Blumenschine, 1998). En los comienzos de la segunda década del siglo XXI, esto continúa ocurriendo en gran parte de las investigaciones en la región Neotropical. Por lo tanto, además del ejemplo mencionado en relación con el aprovechamiento de Rheidos en el sur de Sudamérica (ver “Representación de partes esqueletarias”), aquí presentaremos brevemente dos casos que permiten apreciar el potencial de los modelos tafonómicos para una adecuada interpretación zooarqueológica. El primer caso se vincula con la necesidad de evaluar si los restos de aves recuperados en varios sitios arqueológicos (CCP 5, CCP 7, ADG y AGV) en abrigos rocosos ubicados en el sector cordillerano del sur de Patagonia continental en Argentina derivan de la actividad humana o son el producto de procesos tafonómicos, como la acción de los carnívoros (Cruz, 2000a, 2007a). Teniendo en cuenta las altas posibilidades de superposición de huesos deriAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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vados de muertes naturales y restos arqueológicos en los abrigos rocosos (ver “La depositación de huesos por causas naturales” y “Modificaciones y transporte por carnívoros”), se planteó la necesidad de efectuar un análisis tafonómico que incluyese diversas líneas de evidencia para evaluar las hipótesis planteadas acerca de la explotación de aves en este sector cordillerano. El énfasis de este análisis estuvo puesto en la caracterización de la acción de los carnívoros en el área (Cruz, 2000a) y en las propiedades del registro óseo de los sitios arqueológicos de la localidad (Cruz, 2000b, 2007a). Por ejemplo, en varios de los conjuntos zooarqueológicos se registraron huesos de carnívoros sin modificaciones antrópicas, por lo que es posible pensar que estos animales murieron naturalmente en el abrigo y que debieron tener un papel en la acumulación y modificación de los restos recuperados (Cruz, 2000b). En el sitio CCP 5, se determinaron huesos de un cánido –posiblemente zorro extinto (Dusicyon avus)– y de puma, además de la presencia de marcas atribuibles a carnívoros en 3,4-6,6% de los especímenes de artiodáctilos identificados. En CCP 7, ADG y AGV también se registraron restos de carnívoros entre los materiales en estratigraf ía. Estos restos incluyen tanto huesos como excrementos, y posiblemente corresponden a cánidos (Cruz, 2007a). Además, en la actualidad, las aves rapaces ocupan varios de estos abrigos en los que se emplazan sitios arqueológicos (CCP 5, CCP 7 y ADG), y su presencia en las secuencias arqueológicas ha sido demostrada a partir de egagrópilas y plumas, de restos de sus nidos y de sus propios huesos. En síntesis, la evidencia indica que los carnívoros (tanto mamíferos como aves) utilizaron los abrigos rocosos durante el período de formación de los depósitos arqueológicos. El análisis de las escasas modificaciones culturales en los restos de aves y la información contextual de los mismos en los conjuntos arqueológicos permitieron determinar que los dos actores más importantes en la conformación del conjunto avifaunístico son los carnívoros y los humanos. Tanto unos como otros contribuyeron a la formación del mismo, aportando y modificando los huesos de aves, lo cual fue tenido en cuenta en las interpretaciones arqueológicas. En síntesis, este caso mostró la necesidad de evaluar todos los posibles actores tafonómicos involucrados en la formación de los conjuntos óseos, para ajustar las interpretaciones y corroborar adecuadamente las hipótesis acerca de la forma en que los humanos predaron las aves en este sector de la cordillera de los Andes (Cruz, 2007a). El segundo caso muestra los beneficios de comparar la representación natural de partes esqueletarias observada mediante estudios tafonómicos de huesos actuales de cormoranes (Phalacrocorax sp.) con la registrada en depósitos arqueológicos que incluyen restos de estas aves (Cruz, 2009b). A partir Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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de las observaciones actuales, se determinó que el perfil de representación anatómica de los cormoranes se destaca por el predominio de elementos de las extremidades posteriores (mayoritariamente, fémures y tibiatarsos) y anteriores (especialmente, húmeros). Esta diferencia con el perfil anatómico de aves voladoras (ver “Representación de partes esqueletarias”) se explica por la carencia de neumatización en muchos de los huesos de cormoranes y el papel de las extremidades posteriores de estas aves en la locomoción bajo el agua, por lo que sus huesos son más resistentes a los procesos tafonómicos que los correspondientes a los de otras aves voladoras (Cruz, 2009b). El análisis tafonómico estuvo destinado, entre otros temas, a comparar esta representación natural con la determinada en varios conjuntos zooarqueológicos que tienen una alta representación de los cormoranes. Tres de estos conjuntos provienen de Patagonia: Cabo Blanco 1 (Moreno et al., 1998), Punta Baja (Lefèvre, 1989) y Túnel VII (Mameli, 2002); el restante, de la costa peruana: Quebrada Tacahuay (de France, 2005). La única similitud detectada en la representación anatómica de todos los conjuntos (los arqueológicos y el natural) fue que la cintura pélvica es la unidad menos representada. El perfil de Punta Baja se asemeja en líneas generales al natural, pero con una alta representación del esqueleto axial que no posee el conjunto natural (Cruz, 2009a). Los otros conjuntos tienen representaciones anatómicas muy diferentes a las registradas a partir de los estudios tafonómicos. Lo más interesante de esta comparación es que no fue posible aislar un patrón común a todos los depósitos arqueológicos. Lo mismo sucede con otros conjuntos de Patagonia, como los analizados por Lefèvre (1992, 1997) y Savanti (1994). Esto no implica que el patrón detectado en cada uno de los depósitos no sea el resultado de la acción humana, lo cual debería determinarse en cada caso mediante un análisis tafonómico exhaustivo. Lo que estas diferencias señalan es que es posible una gran variabilidad en la representación de partes esqueletarias de cormoranes en los conjuntos zooarqueológicos, relacionada con la diversidad de actividades humanas que pueden involucrar a estas aves. Muchas de estas actividades no dejan una firma específica en los registros óseos y pueden asemejarse al perfil natural observado (tal como sucede con el conjunto de Punta Baja). Dada esta ambigüedad, el análisis tafonómico permitió concluir que los patrones de representación de partes esqueletarias no pueden considerarse un indicador claro de los actores y procesos involucrados, por lo que es poco aconsejable que se efectúen afirmaciones sobre la conducta humana utilizando exclusivamente estos perfiles anatómicos. Sin embargo, la representación de elementos constituye una de las variables que permiten discutir la historia de un conjunto óseo (Behrensmeyer, 1991), y su análisis en el marco de las investigaciones Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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zooarqueológicas permitirá efectuar estudios tafonómicos más precisos en cuanto a los procesos involucrados.

L a s i n ve sti gac i o ne s futuras

Las investigaciones tafonómicas efectuadas hasta el momento son un primer paso para comprender las particularidades del proceso de reciclado de huesos de aves en el sur del Neotrópico. Son varias las líneas de investigación sobre tafonomía de los restos de aves que quedan abiertas y que deberán desarrollarse para completar los resultados que presentamos aquí. En primer lugar, es necesario profundizar las investigaciones acerca de la relación entre morfología esqueletaria y resistencia a los procesos tafonómicos, especialmente entre diferentes especies de aves voladoras. Esta categoría abarca un amplio rango de tamaños corporales y de variación anatómica, dentro del marco general del esqueleto básico de las aves. La anatomía de muchas de estas aves está también influenciada por aspectos independientes de la locomoción, e incluso por modos de locomoción alternativos. En Patagonia se ha avanzado en este aspecto, iniciándose investigaciones en colonias de nidificación de cormoranes (Phalacrocoracidae). Como se mencionó anteriormente, a partir de estos estudios, se pudo establecer que la representación de partes esqueletarias de estas aves, que vuelan y bucean, se asemeja más a la de los Spheniscidae que a la de otras aves voladoras (Cruz, 2009b). En el futuro, las investigaciones deberían explorar éste y otros aspectos en los restos de aves con diferencias anatómicas y tamaños corporales marcados. En segundo lugar, los estudios tafonómicos de aves deben enmarcarse en investigaciones más amplias, destinadas a establecer el impacto que tienen diversos actores y procesos tafonómicos sobre los restos de distintos vertebrados en un mismo contexto ambiental. Esto permitirá evaluar el rol de las diferencias anatómicas más amplias en la preservación de restos de distintos organismos y puede constituir un instrumento adecuado para el análisis de conjuntos zooarqueológicos, generalmente conformados por restos de diferentes taxones. Además, algunos aspectos requieren ser tratados mediante observaciones controladas. Entre ellos, se destacan la secuencia de desarticulación y el impacto de la meteorización. Estos temas han sido tratados por medio de las observaciones efectuadas, pero la rápida destrucción de los restos de aves en contextos naturales hace necesario que se implementen metodologías específicas que permitan un control más estricto de las variables que harán posible comprenderlos más acabadamente. Por último, sería interesante contrastar los principios derivados de estas investigaciones tafonómicas en una escala más amplia, que permita aumentar Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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los contextos ambientales en los que se depositan y modifican los restos de aves. La dinámica tafonómica de ambientes más cálidos, con otras relaciones ecológicas o con mayor diversidad de aves, seguramente es diferente a la registrada en el extremo sur del Neotrópico. Esta comparación más amplia permitirá una comprensión más acabada del comportamiento tafonómico de los restos de aves y será de utilidad para interpretar depósitos en ésta y otras regiones biogeográficas.

Co n s i d e r ac i o ne s fi nale s

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Todo el conocimiento acerca del pasado está fuertemente mediado por la comprensión de los factores tafonómicos que han actuado para conformar los registros fósiles que son la base para las interpretaciones científicas (Behrensmeyer et al., 2000). El entendimiento amplio de la forma en que operan los mecanismos que promueven la destrucción y/o preservación de restos orgánicos permite generar los modelos e hipótesis que constituyen el corpus teórico a partir del cual se pueden interpretar los casos específicos. El principal aporte de las observaciones tafonómicas en Patagonia, o en cualquier otra región del Neotrópico, radica en que pueden dar cuenta de condiciones diferentes a las consideradas por los modelos y principios que actualmente constituyen la base de la disciplina, formulados a partir de observaciones en otros lugares del mundo. Cuanto mayor sea la cantidad de ecosistemas y ambientes en los que se evalúen los modelos tafonómicos, mayor podrá ser su grado de generalidad, debido a que habrán sido puestos a prueba bajo gran variedad de condiciones. Al mismo tiempo, las investigaciones en diferentes regiones del mundo permitirán desarrollar modelos más específicos, en virtud de que los ya existentes podrán ser ajustados para dar cuenta de situaciones particulares. En este sentido, las observaciones patagónicas permitieron, por un lado, mostrar la persistencia de los patrones regulares propios de los procesos considerados, que se expresan independientemente de las distintas condiciones ambientales. Por otro, posibilitaron establecer cuáles son las particularidades propias de la región y, de esta manera, comprender cuáles son algunos de los aspectos que pueden incidir en las variaciones. Como señaló Binford (1981), conocer la dinámica de las poblaciones humanas del pasado es imposible sin comprender el registro arqueológico. La tafonomía, como parte de las investigaciones arqueológicas, brinda la posibilidad de interpretar adecuadamente una porción del mismo –el registro arqueofaunístico–, al tiempo que permite abordar aspectos de los contextos en los cuales se generaron los depósitos. Dados la madurez de la disciplina y el desarrollo que la misma ha alcanzado en todo el mundo, esperamos que en los Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 147-174

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próximos años la tafonomía pueda incorporarse definitivamente en las investigaciones zooarqueológicas del Neotrópico.

A g r a d e c i m i e nto s

Este trabajo es un resultado de los proyectos UNPA 29A/260-1 y PIP/CONICET 112-200801-00996. .

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TAFONOMÍA DE HUESOS DE AVES | ISABEL CRUZ

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PR I M E R R E GI ST RO DE PE R RO D OM É ST IC O PR EH I SPÁ N IC O (C A N IS FA M I L I A R IS) E N T R E L O S GRU P O S CA Z A D OR E S R E C OL E C TOR E S DE L H U M E DA L DE PA R A NÁ I N F E R IOR (A RGE N T I NA) A le jandro A costa* acosta@retina.ar CONICET- Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, Argentina

D aniel L oponte ** dashtown@gmail.com CONICET- Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, Argentina

C ésar G arcía E sponda*** cesponda@museo.fcnym.unlp.edu.ar Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata, Argentina 175

R e s u m e n Se analiza el primer registro confiable de un perro prehispánico (Canis familiaris) recuperado en un sitio de cazadores recolectores del humedal del Paraná inferior (Argentina). Se discuten distintos aspectos relacionados con su origen, antigüedad y tipo de interacción que habrían establecido con las poblaciones humanas en el marco de la escasa información de la que actualmente disponemos acerca de su presencia entre los grupos cazadores-recolectores del extremo sur de Sudamérica. PAL AB R A S C L AVE:

Perro prehispánico, cazadores-recolectores, humedal del Paraná inferior.

* Doctor en Ciencias Naturales, Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata, Argentina. ** Doctor en Ciencias Naturales, Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata, Argentina. *** Doctor en Ciencias Naturales, Facultad de Ciencias Naturales y Museo, Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Artículo recibido: 1 de junio de 2011 | aceptado: 12 de octubre de 2011 | modificado: 5 de noviembre de 2011 Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 294 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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First Registry of the Pre-hispanic Domestic Dog (Canis familiaris) Among Gatherer-Hunter Groups in Lower Parana (Argentina)

Primeiro registro do cão domestico pré-hispânico (Canis familiaris) entre os grupos caçadores recolhedores da zona úmida de paraná inferior (argentina)

A B S T R AC T

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The first reliable record of the

RESUMO

Analisa-se o primeiro registro

dog (Canis familiaris) recovered in a hunter

confiável de um cão pré-hispânico (Canis

gatherer site from the lower Paraná wetlands

familiaris) recuperado num lugar de

(Argentina) is analyzed in this paper. We

caçadores recolhedores da zona úmida do

discuss several aspects related to the

Paraná inferior (Argentina). Discutem-se

origin, chronology and types of interactions

distintos aspectos relacionados com sua

established between dogs and aboriginal

origem, antiguidade e tipo de interação

groups in the context of scarce information

que teriam estabelecido com as populações

currently available about their presence

humanas na moldura da escassa informação

among hunter gatherer groups of Southern

que temos atualmente sobre sua presença

South America.

entre os grupos caçadores–recolhedores do extremo sul de América do Sul.

KEY WORDS:

PAL AV R A S C HAVE:

Prehispanic Dog, Hunter Gatherer, Lower

Cão pré-hispânico, caçadores-recolhedores,

Paraná Wetland.

zona úmida do Paraná inferior.

Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

PR I M E R R E GI ST RO DE PE R RO D OM É ST IC O PR EH I SPÁ N IC O (C A N IS FA M I L I A R IS) E N T R E L O S GRU P O S CA Z A D OR E S R E C OL E C TOR E S DE L H U M E DA L DE PA R A NÁ I N F E R IOR (A RGE N T I NA) Alejandro Acosta

E

D an i e l L o p o n t e César García Esponda

Int roducción

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n este trabajo presentamos y discutimos el primer registro de perro (Canis familiaris) prehispánico recuperado en un contexto arqueológico de cazadores-recolectores que habitaron el humedal del Paraná inferior (Argentina) durante el Holoceno tardío. Para ello se contextualiza la problemática abordada en función de la información de la que actualmente se dispone sobre la evolución y domesticación del perro en Euroasia y América. Posteriormente, se resumen los principales antecedentes y el estado actual del conocimiento sobre la presencia y origen de C. familiaris en el extremo sur de Sudamérica. Finalmente, analizamos y evaluamos nuestro caso de estudio a partir de otras evidencias disponibles, con el fin de discutir diferentes aspectos relacionados con el origen del perro, y las posibles interacciones que se habrían establecido entre estos últimos y las poblaciones cazadorasrecolectoras tanto en nuestra área de estudio como en el extremo sur de Sudamérica en general. El estudio sobre el origen y evolución del perro ha sido un tema que ha despertado un gran interés entre los especialistas de diferentes ramas de la ciencia. Hoy sabemos que esta especie fue una de las primeras en ser domesticadas por los seres humanos y que se utilizó con fines diversos (Schwartz, 1997; Morey, 2006). Durante mucho tiempo se discutió acerca de sus posibles centros de domesticación y cuál había sido su antepasado más directo, situación que implicaba establecer su potencial relación evolutiva con los cánidos salvajes tanto del Viejo como del Nuevo Mundo, tales como el coyote, el chacal, Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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distintas variedades de lobos, e incluso con algunos cánidos extintos de Sudamérica (e.g., Allen, 1920; Cabrera, 1934). Si bien gran parte de estos esfuerzos se basaron en estudios comparativos relacionados con el análisis morfométrico de las distintas especies implicadas (fósiles y modernas; ver ejemplos en Morey, 1992), las investigaciones genéticas realizadas en los últimos quince años han aportado pruebas de sustancial importancia para comprender este fenómeno (ver Okumura et al., 1996; Tsuda et al., 1997; Vilá et al., 1997; Leonard et al., 2002; Ostrander y Wayne, 2005; entre otros). En la actualidad, casi todos los investigadores aceptan que el perro habría derivado de la domesticación de Canis lupus (lobo gris) (ver, sin embargo, Koler-Matznick, 2002). Vilá et al. (1997) realizaron uno de los primeros estudios en donde se analizó y comparó el ADN mitocondrial de distintas poblaciones de perros (N = 67) y de lobos (N = 162) procedentes de Europa, Asia y América del Norte. A través de este trabajo se confirmó la estrecha afinidad genética que existe entre los perros y los lobos grises (euroasiáticos), siendo tan sólo del 2 % la diferencia estimada entre ambas especies. Asimismo, el análisis filogenético efectuado a partir de las secuencias de ADN mitocondrial permitió reconocer cuatro grupos o clados (I a IV), hecho que indicaría que los lobos fueron domesticados en distintas regiones y/o momentos (sin embargo, ver también Savolainen et al., 2002); es muy probable que luego de su domesticación se hayan producido diversos episodios de cruzamiento o procesos de hibridización entre perros y lobos (Andersone et al., 2002; Wayne et al., 2006). Las variaciones de ADN mitocondrial identificadas dentro del clado I indican que la divergencia genética en este clado es mucho mayor que en los otros tres. Al respecto, Vilá et al. (1997) calcularon que la divergencia entre los perros y los lobos grises habría acontecido alrededor de 135.000 años AP, mientras que Okumura et al. (1996), también sobre la base de información molecular, sugirieron una antigüedad de 76.000 a 121.000 años AP (para una discusión sobre la divergencia de ambas especies, ver Wayne y Vilá, 2003). De todos modos, los cambios morfológicos que diferencian a C. familiaris de C. lupus recién se presentan en los últimos 11.000 a 17.000 años AP, rango cronológico dentro del que se encuentran los primeros perros domésticos hallados en distintos sitios arqueológicos del continente euroasiático (Olsen, 1985; Sablin y Khlopachev, 2002; Morey, 2006; sin embargo, véase Germonpré et al., 2009, quienes reportan un ejemplar de perro paleolítico proveniente de la cueva de Goyet, en Bélgica, con una antigüedad de 31.700 años AP). En relación con este aspecto, se ha considerado que la selección fenotípica de determinados rasgos morfológicos no tendría una relación causal directa con los cambios observados en las secuencias del ADN mitocondrial (Vilá et al., 1997; Wayne et al., Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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2006). Es probable que, durante un largo tiempo, las primeras poblaciones de C. familiaris (o protoperros) no presentaran significativas diferencias morfológicas respecto de sus ancestros. Distintos autores han argumentado que ciertos rasgos (fenotípicos y/o conductuales) que diferencian a los perros de los lobos aparecieron más tardíamente, debido a las presiones selectivas ejercidas por los grupos humanos, en la medida en que se intensificó la interacción entre las poblaciones de H. sapiens y C. familiaris. Esta situación estaría estrechamente relacionada con la reducción de la movilidad y con la estabilidad de las ocupaciones de las sociedades humanas que habitaron Euroasia hace unos 15.000 años AP (Wayne et al., 2006; Kubinyi et al., 2007). En cuanto al Nuevo Mundo, los perros domésticos más antiguos provienen de América del Norte y poseen una antigüedad de entre 10.000 y 8.500 años AP, existiendo numerosos registros a partir de los 7.000 años AP en adelante (Grayson, 1988; Morey, 1992; Morey y Wiant, 1992). En el centro y sur del continente los registros tempranos han sido, en general, más escasos y/o controvertidos, y aunque existen evidencias entre los 7.500 y 4.500 años AP, la mayor parte de los hallazgos se ubican dentro de los 3.500 a 1.000 años AP (Wing, 1989; Schwartz, 1997; Valadez et al., 2003). Uno de los principales problemas que ha surgido en torno a los perros americanos ha sido el posible origen independiente de algunas razas a partir de las poblaciones de lobos originarias del norte del continente (ver, por ejemplo, Koop et al., 2000). Leonard et al. (2002) analizaron el ADN mitocondrial de perros prehispánicos en 37 muestras arqueológicas procedentes de México, Perú y Bolivia, más 11 de Alaska. Los resultados obtenidos fueron comparados con las secuencias genéticas de otros perros y de poblaciones de lobos (N = 259) de distintas regiones del mundo. A través de este estudio los autores lograron establecer que los haplotipos de los perros americanos se agrupaban en dos de los clados (I y IV) identificados por Vilá et al. (1997) y que ninguno de ellos tenía relación directa con los de los lobos (americanos), situación que indujo a plantear que los perros (americanos) serían de origen euroasiático. A su vez, en función de las variaciones registradas dentro de los clados (I y IV), y a partir del reconocimiento de una serie de nuevos haplotipos denominados como “grupo a”, sostuvieron que al menos cinco líneas de perros debieron ingresar al continente americano, las cuales habrían estado expuestas a diferentes grados de aislamiento (ver detalles en Leonard et al., 2002; Valadez et al., 2003). Dado que el ejemplar de C. familiaris que aquí se estudia proviene del sur de Sudamérica, es conveniente realizar algunas apreciaciones sobre la presencia y distribución de los perros prehispánicos en el subcontinente. En términos generales, el registro de perros es cuantitativamente menor en relación con el que Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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se dispone para Mesoamérica y para América del Norte. Casi todos los hallazgos que dan cuenta de su existencia se distribuyen a lo largo del eje cordillerano de la región andina, habiéndose registrado en Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, norte de Chile y noroeste de Argentina (N.O.A.). Es importante destacar que la mayoría de estas evidencias se encuentran asociadas a ocupaciones de sociedades agroalfareras con diferentes y complejos niveles de organización socioeconómica (Cabrera, 1934; Gallardo, 1964-65; Zetti, 1973; Wing, 1989; Schwartz, 1997; Mendoza España y Valadez, 2006; entre otros). En cuanto a los grupos cazadoresrecolectores del extremo sur de Sudamérica, la antigüedad e identificación de perros domésticos antes del contacto europeo han sido más bien controvertidas. En general, son muy pocos los casos que confirman su presencia prehispánica dentro de la vasta región que se extiende desde el paralelo 32º hacia el sur, quedando involucrados prácticamente más del 50% de los territorios que corresponden a Chile Argentina y Uruguay. Dentro de esta macrorregión, las determinaciones más confiables de C. familiaris que hasta ahora se conocen provienen de Uruguay y Argentina, habiéndose identificado su presencia en tan sólo siete sitios arqueológicos, todos ellos cronológicamente situados en el Holoceno tardío (ver más abajo), incluido el ejemplar que aquí se estudia. La existencia de perros prehispánicos entre los grupos cazadores-recolectores del extremo sur de Sudamérica ha sido recientemente confirmada. De todos modos, aún son escasos los registros confiables que se conocen y las regiones en donde se los ha identificado. Esto indicaría, aparentemente, que habrían existido en proporciones muy bajas, cuyas posibles causas más adelante trataremos de dilucidar. Más allá de su reciente confirmación, prácticamente desde principios del siglo XX, ya sea mediante evidencias arqueofaunísticas y/o a partir de fuentes históricas, distintos autores han aportado diversas pruebas para evaluar si habían existido o no perros con anterioridad a la conquista europea. La mayor parte de esta discusión se centró en la región de Pampa y Patagonia (Roth, 1902; Cabrera, 1932 y 1934; Kriscautzky, 1975b, cit. en Tonni y Politis, 1981; Cardich et al., 1977; Clutton-Brock, 1977 y 1978; Caviglia, 1980 y 1985-86; Tonni y Politis, 1981). La mayoría de los restos de cánidos que fueron determinados como C. familiaris provienen de la Patagonia meridional, más precisamente de ocupaciones arqueológicas datadas entre 10.000 y 7.500 años AP, aproximadamente. Éste es el caso de las cuevas Fell y Pali Aike (Clutton-Brock, 1977 y 1978; Bird, 1988), cueva Eberhard (Roth, 1902) (Magallanes, Chile) y la cueva 3 de Los Toldos (Santa Cruz, Argentina) (Cardich et al., 1977). Sobre la base de estos hallazgos y considerando su antigüedad, algunos autores llegaron a proponer como hipótesis, tanto para el área patagónica como para la pampeana, la preAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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sencia y/o el mantenimiento del proceso de domesticación de C. familiaris por parte de los aborígenes prehispánicos (ver Tonni y Politis, 1981: 264). Cabe aclarar que, para la región pampeana, el único registro que se conocía era el cráneo de un cánido asociado a un entierro humano recuperado en un sitio del Holoceno tardío denominado Río Luján I (Partido de Campana, Buenos Aires). Dicho cráneo, en una primera instancia, fue asignado por Kriscautzky (1975) a Chrysocyon brachyurus (aguará guazú), aunque muy poco tiempo después lo reasignó a Canis familiaris (Kriscautzky, 1975b, cit. en Tonni y Politis, 1981). De todas maneras, en un reciente trabajo se informó que el cráneo no correspondería a C. familiaris, ni a C. brachyurus, sino a Dusicyon avus (zorro extinto) (ver Prevosti et al., 2004: 33). Una posición diferente a las mencionadas anteriormente fue la asumida por Caviglia (1980, 1985-86), quien cuestionó la existencia de perros en la Patagonia antes de la conquista europea. A partir de un análisis realizado con los restos de cánidos recuperados en la cueva de Las Buitreras (Santa Cruz, Argentina) y en otros sitios de la Patagonia meridional y de Tierra del Fuego, sostuvo que los especímenes que habían sido atribuidos a cánidos domésticos tempranos corresponderían en realidad a D. avus, incluidos los recuperados en la cueva 3 de Los Toldos y que fueran referidos a C. familiaris por Cardich et al. (1977). Esto último fue puesto en duda por Tonni y Politis (1981), quienes sostuvieron que su asignación a C. familiaris era la correcta (ver Tonni y Politis, 1981: 262-263). Unos años después Caviglia (1985-86) planteó nuevamente la ausencia de perros prehispánicos en Patagonia y Tierra del Fuego. En este trabajo, realizó una revisión de los materiales de la cueva Fell e incorporó al análisis nuevos registros de cánidos, tanto tempranos como tardíos. A partir de una base mucho más sólida de datos efectuó un análisis cuantitativo de sus atributos (cráneo-dentarios) y logró establecer cuatro grupos de valores, los cuales se correspondían con las distintas especies de zorros (actuales y extinguidas) conocidas para la región de Fuego-Patagonia. También comparó el material estudiado con la información publicada sobre perros tempranos y otros cánidos del Cuaternario provenientes de América del Norte, estableciendo que no existían relaciones entre estos últimos y los zorros de Fuego-Patagonia. Además, tuvo en cuenta algunas fuentes etnohistóricas de los siglos XVI y XVII, que también sugieren el origen poshispánico de C. familiaris en la región. Es importante mencionar que, en un reciente trabajo, Amorosi y Prevosti (2008) reexaminaron los restos provenientes de las cuevas Fell y Pali Aike que CluttonBrock (1978; ver también Bird, 1988) asignara a C. familiaris, y determinaron que debían ser referidos a D. avus, tal como había originalmente propuesto Caviglia (1980 y 1985-86). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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Desde mediados de los ochenta hasta la actualidad, a pesar del considerable aumento de las investigaciones efectuadas en los sitios del PleistocenoHoloceno inicial de las regiones Pampeana y Patagónica (ver Borrero, 2009), no se recuperaron restos que hayan sido de manera precisa o potencialmente referidos a C. familiaris. Esta misma situación puede plantearse para el Holoceno medio. En cuanto al Holoceno tardío, en la Patagonia meridional y Tierra del Fuego, hasta ahora no se conocen evidencias que avalen claramente la presencia de perros prehispánicos, hecho que sustentaría las ideas de Caviglia (198586). En cambio, en la Patagonia septentrional y en el límite sur de la Región Pampeana fueron recientemente identificados en dos contextos arqueológicos de cazadores recolectores (Prates et al., 2010a y 2010b). Los restos provienen de los sitios Angostura 1 y Chenque 1. El primero se encuentra localizado en la provincia de Río Negro, en la costa norte cercana a la desembocadura del río homónimo. Los materiales referidos a C. familiaris son un canino y un molar inferior. El contexto de procedencia de estos restos fue datado en 938 ± 45 C14 años AP. El segundo es un cementerio aborigen ubicado en el suroeste de la provincia de La Pampa, en el Parque Nacional Lihué Calel. En este sitio se recuperó un esqueleto completo (C. familiaris) enterrado deliberadamente junto a uno humano correspondiente a un individuo subadulto. Una fecha taxón realizada sobre un fragmento de costilla del perro arrojó una antigüedad de 930 ± 30 años C14 AP (ver Prates et al., 2010a y 2010b). Finalmente, en Uruguay desde los años noventa se ha mencionado la presencia de perros asociados a enterratorios humanos en al menos cuatro estructuras tumulares situadas en el departamento de Rocha (Uruguay) (González, 1999). Los depósitos fueron generados por cazadores-recolectores del Holoceno tardío, conocidos en la literatura como “constructores de cerritos” (Pintos y Bracco, 1999; López Mazz, 2001). Cabe destacar que en su mayoría se trata de esqueletos que poseen un alto grado de completitud anatómica. Las determinaciones efectuadas por González (1999) incluyen distintos análisis morfométricos, además de comparaciones con otras razas de perros y de cánidos salvajes propios de la región. Lamentablemente, no se cuenta con fechas taxón. Sin embargo, en virtud de las cronologías radiocarbónicas obtenidas para los sitios, y en función de su procedencia estratigráfica y otros rasgos asociados, se estimó que los ejemplares, en su conjunto, tendrían algo más de 1.000 años AP (González, 1999: 67). Las edades radiocarbónicas obtenidas en Angostura 1 y Chenque 1, y probablemente las de Uruguay, se encuentran dentro de un rango temporal muy cercano al que posee el ejemplar recuperado en el sitio Cerro Lutz, y que seguidamente describiremos.

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E l r e g i str o pr e hi spáni co de Canis familiar is e n e l si ti o Ce r r o Lutz El sitio Cerro Lutz se encuentra en el sector centro-oriental de la Región Pampeana, en el departamento de Gualeguaychú (provincia de Entre Ríos); 33º 38’ 47" LS y 58º 36’ 20” LO (ver la figura 1), localizado en términos ecológicos dentro del humedal del Paraná inferior (HPI), correspondiente a la Ecoregión denominada “Delta e islas del Paraná” (Burkart et al., 1999). El depósito arqueológico, generado durante el Holoceno tardío por grupos de cazadoresrecolectores, se ubica sobre un albardón situado en la margen izquierda del arroyo Martínez, cercano a su intersección con el arroyo Sagastume Chico. La superficie de la ocupación arqueológica ha sido estimada en unos 24.000 m² aproximadamente. El total de superficie excavada hasta el momento es de 19 m², producto de cuatro Unidades de Excavación (UE) ubicadas en los sectores Norte y Sur del sitio. Los muestreos realizados han posibilitado obtener una abundante colección faunística y artefactual, además de una importante cantidad de enterratorios humanos (primarios y secundarios), cuya distribución y disposición indican una variada y compleja gama de prácticas mortuorias. Los materiales arqueológicos se distribuyen dentro del Horizonte A, habiéndose detectado una mayor redundancia de ocupaciones en el sector Norte, en donde la capa arqueológica alcanza una potencia de entre 65 y 95 cm, situación que pudo verificarse en las UE 2 y 4, respectivamente. Los perfiles expuestos en estas dos unidades de excavación presentan una secuencia estratigráfica compleja, observándose una superposición de actividades separadas entre sí por pequeños hiatos sedimentarios y por concentraciones de valvas de Diplodon sp., características que implican la existencia de diferentes eventos de descarte. Los fechados radiocarbónicos efectuados (ver la tabla 1) indican que los sucesivos episodios de ocupación registrados en Cerro Lutz se habrían producido, en principio, dentro de un rango temporal que se ubica entre los 976 ± 42 y los 730 ± 70 años C14 AP. El hallazgo de C. familiaris proviene de la UE-4 (sector Norte) ubicada a unos 10 metros hacia el norte de la UE-2. La UE-4 posee tan sólo 0,70 m² de superficie y presenta una potencia arqueológica de 95 cm. En esta UE se detectaron por lo menos tres estructuras de combustión separadas por densas y compactas capas de valvas de Diplodon sp. Se pudo observar que la distribución de estas acumulaciones en los perfiles era relativamente homogénea, aunque presentaban una concentración ligeramente mayor por debajo de las estructuras de combustión. Si bien en esta UE no se recuperaron restos humanos, se obtuvieron abundantes restos faunísticos y artefactuales. El ejemplar de C. familiaris corresponde a un individuo cuyo esqueleto se halla casi completo Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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Figura 1. Ubicación del sitio Cerro Lutz. 18 4

Tabla 1. Fechados radiocarbónicos obtenidos para el sitio Cerro Lutz. Cerro Lutz Unidad de excavación

Material datado

Laboratorio

C13

Cronología en años C14 AP

UE-2

Hueso

H. sapiens

LP-1711

-20.0± 2‰

730 ± 70

665 ± 66 años cal.

UE-2

Hueso

H. sapiens

AA77311

-19.7± 2‰

796 ± 42

724 ± 30 años cal.

UE-3

Hueso

H. sapiens

AA77310

-20.3± 2‰

976 ± 42

877 ± 53 años cal.

UE-4

Hueso

C. familiaris

AA77312

-22.0± 2‰

916 ± 42

844 ± 54 años cal.

y anatómicamente articulado. La mayoría de sus huesos (incluido el cráneo) se encuentran en un excelente estado de conservación, que no supera el estadio 1 de meteorización (sensu Behrensmeyer, 1978). Tampoco se observaron marcas naturales que sugieran que el cadáver sufrió algún tipo de alteración tafonómica significativa luego de su depositación. El esqueleto fue recuperado en el perfil Este (UE-4), en donde afloraba gran parte de la cintura pélvica y de los miembros posteriores, a los 93 cm de profundidad, entre la base del horizonte A y el techo del nivel A/C, hallándose literalmente sellado por una compacta capa de valvas de Diplodon sp. (ver la figura 2) (Acosta et al., 2010). La fecha taxón obtenida de un fragmento de costilla arrojó una edad de 916 ± 42 años C14 AP, cronología que resultó ser penecontemporánea con la datación efectuada sobre los restos humanos provenientes de la UE-3, cuya antigüedad fue fijada en 976 Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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± 42 años C14 AP (ver la tabla 1). Esto último sugiere una estrecha asociación entre la ocupación arqueológica y C. familiaris. En tal sentido, el alto grado de articulación anatómica que presentaba el esqueleto y su alta integridad tafonómica permiten plantear que el perro habría sido intencionalmente depositado y enterrado por los grupos humanos que ocuparon Cerro Lutz, aspecto que luego retomaremos.

Unidad excavación 4

Valvas (Diplodon sp.)

185

Figura 2. Perfil estratigráfico (E) de la Unidad de Excavación 4, en donde se recuperó el ejemplar de C. familiaris (INAPL/CL1-UE-3).

De s c r i pc i ó n y d e te r m i nación t axonómica El ejemplar recuperado en Cerro Lutz (INAPL/CL1-UE-3) fue determinado como C. familiaris, principalmente sobre la base del análisis de sus caracteres cráneo-dentarios. El mismo se comparó con otros ejemplares de perros y de cánidos sudamericanos como Lycalopex culpeus (zorro colorado), L. gymnocercus (zorro de las pampas), L. griseus (zorro gris), Cerdocyon thous (zorro de monte) y Ch. brachyurus (aguará guazú), depositados en las colecciones del Museo de La Plata y Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” (Argentina). Con el fin de determinar el tamaño del ejemplar, se consideraron la altura Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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en la cruz y el peso del mismo. La estimación de la altura se realizó mediante las fórmulas propuestas por Harcourt (1974), las cuales utilizan la longitud total de los huesos largos de los miembros. El peso se calculó a partir de las circunferencias del húmero y del fémur, mediante las fórmulas propuestas por Anyonge (1993), y a partir de la altura de la rama horizontal de la mandíbula, utilizando la fórmula de Wing (1978). Para evaluar la forma general del cráneo, se calcularon los índices facial (IF = ancho bicigomático x 100/longitud nasion-prostion), de la caja craneana (ICC = ancho interparietal x 100/longitud inion-nasion) y craneal (IC = ancho bicigomático x 100/longitud inion-prostion). Estos índices fueron tomados de Evans (1993) y comparados con los allí publicados para cráneos dolicocéfalos, mesocéfalos y braquicéfalos. Todas las medidas lineales fueron tomadas con un calibre digital con una precisión de 0,01 mm. Para determinar el sexo se observó la morfología del hueso basioccipital y se calculó un índice que tiene en cuenta la relación longitud-ancho del mismo (Trouth et al., 1977). 18 6

A n á li si s m o r fo ló gi c o

El cráneo (arco cigomático derecho incompleto, proceso paraoccipital izquierdo roto en su base), al igual que la dentición, presentan un alto grado de integridad (ver la figura 3). El esqueleto postcraneano se encuentra representado por las vértebras cervicales, doce vértebras torácicas, cinco vértebras lumbares, numerosas costillas, restos de las dos escápulas, húmeros, radios, ambos cúbitos sin el extremo distal, metacarpales II-V, huesos coxales, fémures, tibias, extremo distal de la f íbula izquierda; calcáneos, astrágalo izquierdo y metatarsales II-V (ver algunos ejemplos en la figura 4). Entre los caracteres cráneo-dentarios que permitieron asignar claramente el material al género Canis y diferenciarlo de los zorros sudamericanos se pueden mencionar los siguientes (sensu Tedford et al., 1995): el gran desarrollo de los senos frontales, los cuales penetran en los procesos postorbitarios y se extienden caudalmente ensanchando la constricción postorbitaria y otorgando un perfil convexo al cráneo en la región dorsal a las órbitas; el desarrollo aguzado del inion, que, en vista lateral, claramente sobrepasa caudalmente a los cóndilos occipitales; el considerable desarrollo del proceso angular de la mandíbula, debido a la gran extensión de la fosa para la inserción de la rama dorsal del m. pterygoideus medialis; el gran desarrollo de los I3, los cuales presentan un cíngulo posteromedial bien definido; el mayor desarrollo del paracono en relación con el metacono en los M 1-2. Asimismo, la relación entre la longitud del radio y la longitud de la tibia es del 90% (en los zorros sudamericanos es menor que ese valor, excepto en el aguará guazú). Otros caracteres Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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cráneo-dentarios, que habitualmente son utilizados para diferenciar a C. familiaris de C. lupus, también permitieron diferenciar al ejemplar de Cerro Lutz de los zorros sudamericanos. Generalmente, se interpreta que estos caracteres estarían relacionados con el proceso de domesticación del perro (e.g., CluttonBrock et al., 1976; Olsen, 1985; Koler-Matznick, 2002, entre otros); entre ellos se pueden enumerar: el mayor ancho relativo de la región facial del cráneo; el desarrollo de un perfil cóncavo en la región frontal, por delante de la órbita; el desarrollo de una mayor convexidad en el borde ventral de la mandíbula; una mayor curvatura caudal del proceso coronoides y el desarrollo más cóncavo de su borde caudal; un menor desarrollo de la bulla timpánica, la cual es relativamente más pequeña y aplanada; la disposición apiñada de los premolares y, en algunos casos, su orientación oblicua respecto de la serie dentaria; un menor desarrollo de los dientes que componen la cuchilla carnicera (PM4m1), los cuales son relativamente más cortos. Se observaron, además, algunas anomalías dentarias, tales como ausencia del pm1 izquierdo y presencia de incisivos supernumerarios. Estos últimos están representados por un pequeño incisivo ubicado entre los I1-I2 derechos y por un pequeño alvéolo ubicado entre los mismos dientes del lado izquierdo. Los valores estimados mediante las mediciones cráneo-dentarias, al igual que los obtenidos para los huesos largos, pueden verse en la tabla 2.

Figura 3. Vistas lateral, dorsal y ventral del cráneo de C. familiaris (INAPL/CL1-UE-3) recuperado en el sitio Cerro Lutz. Escala: 5 cm.

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Figura 4. Elementos del esqueleto apendicular de C. familiaris (INAPL/CL1-UE-3) recuperado en el sitio Cerro Lutz. Arriba, de izquierda a derecha: húmeros derecho e izquierdo (vista posterior); radios y cúbitos derechos e izquierdos (vista medial); fémures derecho e izquierdo (vista anterior); tibias derecha e izquierda (vista anterior). Abajo, de derecha aizquierda: fragmento distal de la escápula izquierda (vista lateral),huesos coxales derecho e izquierdo (vista lateral). Escala: 5 cm.

Los restos recuperados corresponden a un individuo adulto (epífisis soldadas, dentición definitiva totalmente erupcionada y con poco desgaste, sutura basioccipital-basiesfenoides fusionada), cuyo sexo es probable que corresponda a una hembra (índice sexual = 146,4; hembra si es mayor que 136, macho si es menor que 123). La altura en la cruz estimada es de unos 47 cm (media = 46,6 cm; mínimo = 44,6, promedio a partir de las tibias; máximo = 47,7, promedio a partir de los fémures). El peso promedio estimado es de 15,9 kg (mínimo = 14,1 kg, a partir de la altura de la rama horizontal de la mandíbula; máximo = 17,3, a partir del promedio de la circunferencia de los húmeros). Los índices del cráneo (IF = 117,2; ICC = 53,1; IC = 57,2) corresponden a los de uno del tipo mesocéfalo. Los resultados obtenidos indican que el ejemplar (INAPL/CL1-UE-3) habría sido de un tamaño equivalente al de las razas medianas de perros actuales.

Di s c usi ó n y c o nc lusi o nes

La presencia de perros prehispánicos en el humedal del Paraná inferior (HPI), y en el extremo sur de Sudamérica en general, genera nuevos interrogantes arqueológicos tanto en lo que se refiere a su origen como al grado y tipo de interacción que habrían existido entre éstos y las poblaciones aborígenes. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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Tabla 2. Medidas (en mm) cráneo-dentarias y de los huesos largos de C. familiaris (INAPL/CL1-UE-3), procedente de Cerro Lutz. Longitud del cráneo

Akrokranion-prosthion

174,6*

Longitud de la caja craneana

Akrokranion-nasion

95,4*

Longitud condilobasal

Margen posterior cóndilos occipitales-prosthion

167,5

Longitud facial

Nasion-prosthion

85,2*

Longitud nasal

Nasion-rhinion

53,0

Longitud palatal

Staphylion-prosthion

87,5

Ancho bimastoideo

Otion-Otion

60,7

Ancho bicigomático

Zygion-zygion

99,9*

Ancho interparietal

Euryon-euryon

51,0*

Ancho palatal

Tomada a nivel PM4-M1

65,4

Ancho interorbitario

Entorbitale-entorbitale

32,0

Ancho postorbitario

Ectorbitale-ectorbitale

46,6

Constricción postorbitaria

Menor ancho de la constricción postorbitaria

33,5

Longitud de la bulla

Longitud máxima (sin el proceso estiloides)

20,1

Longitud PM4

Tomada a nivel del cíngulo

18,2

Ancho PM4

Tomada a nivel del cíngulo

10,1

Longitud M1

Tomada a nivel del cíngulo

12,2

Ancho M1

Tomada a nivel del cíngulo

16,0

Longitud de la mandíbula

Infradentale-processus angularis

131,43

Altura de la mandíbula

Tomada a nivel del margen alveolar posterior del M1

22,0*

Longitud del M1

Tomada a nivel del cíngulo

20,0

Ancho del M1

Tomada a nivel del cíngulo

8,7

Longitud del húmero

Longitud máxima del húmero

146,1*

Circunferencia del húmero

Tomada a 35% de la longitud total, desde el extremo distal

40*

Longitud del radio

Longitud máxima del radio

141,0*

Longitud del fémur

Longitud máxima del fémur

156,2*

Circunferencia del fémur

Tomada en la mitad de la diáfisis

40*

Longitud de la tibia

Longitud máxima de la tibia

156,2*

* Medidas utilizadas para el cálculo de índices craneanos o estimaciones del peso y alzada (véase el texto)

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Una primera pregunta surge, justamente, a raíz de su reciente identificación, un hecho realmente notable es su escasa presencia arqueológica, a pesar de los numerosos sitios que se han excavado, particularmente en las regiones Pampeana y Patagónica en los últimos veinte años. Esto no implica descartar que existan defectos relacionados con el muestreo arqueológico. Tampoco creemos que su baja frecuencia pueda ser simplemente atribuida a que fueron introducidos tardíamente (ver más abajo), tal como lo indican los pocos hallazgos y fechados radiocarbónicos que hasta ahora se conocen. Por otro lado, debe notarse la escasa a nula existencia de fuentes etnohistóricas del siglo XVI (e incluso del XVII) en donde se mencione la presencia de perros entre los grupos aborígenes de Pampa-Patagonia, hecho que contrasta con la información de la que se dispone para el noroeste argentino y la región andina en general (ver algunos ejemplos en Gallardo, 1964-65, Raffino et al., 1977). En relación con el HPI, uno de los pocos datos del siglo XVI que se conocen proviene de Gonzalo Fernández de Oviedo y Valdés (1944), quien señaló que los grupos Timbúes que habitaban los territorios adyacentes al curso medio e inferior del río Paraná tenían “[…] muchos perros como los nuestros grandes y pequeños, que ellos estiman mucho, los cuales allá no avía, y se han hecho de la casta que quedó de quando Sebastián Gaboto y el capitan Jhoan del Junco anduvieron por aquella tierra” (Fernández de Oviedo y Valdés, 1944 V, XI: 155). En la misma página, se refiere a otros grupos indígenas que habitaban un sector más septentrional de la cuenca del Plata, y dice que también tenían “[…] unos perrillos que crían en sus casas, mudos, que no ladran y los tienen por buen manjar, y los comen cuando quieren” (Fernández de Oviedo y Valdés, 1944 V, XI: 155). Aunque en esta referencia no menciona el origen de dichos perros, es posible que en este caso se tratara de una raza nativa. Dentro del HPI, lamentablemente, aún no se conocen sitios arqueológicos que correspondan al siglo XVI, en donde, de acuerdo con la crónica de Fernández de Oviedo y Valdés, se pueda eventualmente constatar la presencia de perros domésticos. En cambio, son numerosos los depósitos arqueológicos que se han investigado para momentos previos a la conquista europea, los cuales en su mayoría se ubican dentro de los últimos 1.000 años C14 AP (Caggiano, 1984; Loponte, 2008), rango temporal que involucra a los perros recuperados tanto en Cerro Lutz como en los sitios Angostura 1 y Chenque 1 y, posiblemente, los hallados en Uruguay. En este sentido, y retomando el tema de su escasa representación en tiempos prehispánicos, es necesario realizar algunas consideraciones. Prates et al. (2010a y 2010b) sostienen que el origen tardío de los perros en el extremo sur de Sudamérica podría deberse a los complejos procesos sociales que experimentaron las poblaciones cazadoras-recolectoras Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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de Pampa-Patagonia durante la fase final del Holoceno tardío, momento en el que se habrían incrementado la interacción y la circulación de los individuos, bienes e ideas a lo largo de grandes distancias. De ser así, es probable que la incorporación de los perros dentro de las poblaciones aborígenes haya sido un fenómeno más bien circunstancial que sistemático. De otro modo, a no ser que existan importantes deficiencias de muestreo, es muy dif ícil explicar su baja identificabilidad arqueológica entre los grupos cazadores-recolectores antes del contacto europeo. Por lo tanto, en el caso de que los perros hayan constituido bienes (individuales) de intercambio provenientes de regiones distantes, es factible que la frecuencia de este tipo de eventos haya sido significativamente baja y ocasional. Una situación similar puede plantearse en relación con el intercambio de ciertos objetos y/o materias primas alóctonos (e.g., metales) que también suelen tener una muy baja frecuencia, llegando a constituir en algunos casos hallazgos excepcionales; un claro ejemplo puede verse, para el norte de la Patagonia, en Gómez Otero y Dahinten (1999). De haberse producido el ingreso de C. familiaris bajo las condiciones antes señaladas, es posible que sus poblaciones en el extremo sur de Sudamérica no hayan alcanzado a tener el mismo grado de proliferación como el que habrían tenido en la región andina. Esto sería concordante con la poca información etnohistórica que se conoce sobre la presencia de perros entre los aborígenes de Pampa y Patagonia durante los primeros siglos de la conquista europea. Si esto fue así, puede pensarse en que debió ser extremadamente baja la cantidad de perros que ingresaron como bienes de intercambio. De haber sido mayor, es probable que existiesen muchos más casos arqueológicos de los que hasta hoy se registraron. Aquí debe reiterarse que los hallazgos realizados en Cerro Lutz, Angostura 1 y Chenque 1 presentan una antigüedad circa a los 1.000 años C14 AP. Por lo tanto, y de haber existido un mayor número de perros circulando entre los grupos aborígenes, puede considerarse que el tiempo transcurrido entre la fecha aludida y el siglo XVI habría sido más que suficiente para que se produjera un significativo aumento de su población. Esto parece ser lo que ocurrió en la Región Pampeana con los perros europeos introducidos a partir del siglo XVI, en donde en el transcurso de unos doscientos años habrían dado origen a las grandes y densas jaurías de perros cimarrones que fueron históricamente registradas unos años antes de mediados del siglo XVIII (Cabrera, 1932). Dada la gran magnitud que tuvo dicho fenómeno, y de ser cierto que existió un reducido número de perros prehispánicos, es posible que estos últimos hayan sido rápidamente asimilados por las razas introducidas por los europeos, tal como parece haber sucedido con las poblaciones nativas de perros de otras regiones de América (ver Scott, 1968: 264). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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Volviendo a nuestro caso de estudio, la estructura arqueológica regional del HPI y los distintos rasgos que han sido identificados en el nivel arqueológico, y/o a partir de diversas crónicas del siglo XVI, sugieren que durante el Holoceno reciente los grupos cazadores-recolectores habían generado adaptaciones denso-dependientes y se hallaban en un creciente proceso de complejidad social (ver detalles en Acosta et al., 2010; Loponte et al., 2005; Loponte, 2008). Bajo estas condiciones, y debido al crecimiento de la población, pudieron incrementarse la interacción entre los grupos, la generación de conflictos, la diferenciación entre los individuos y la adquisición de prestigio mediante distintas conductas (cf. Hayden y Gargett, 1990; Clark y Blake, 1992), dentro de las que puede incluirse la obtención de bienes suntuarios o exóticos mediante el intercambio (cf. Ames, 2005), situación bajo la cual pudieron ser adquiridos los perros. Para el HPI, Loponte (2008), en función de la información arqueológica y etnohistórica disponible, ha propuesto cuatro posibles y grandes vectores relacionados con el intercambio y el flujo de bienes y de información que habrían existido entre los grupos humanos del HPI y los que habitaban otras regiones. Estos procesos habrían presentado diferentes trayectorias en cuanto a las distancias y al tipo de elementos implicados en las actividades de intercambio. Los principales vectores o macroespacios involucrados tanto en la circulación interna como externa de los bienes habrían sido: a) el corredor fluvial y áreas adyacentes del Paraná medio e inferior y del estuario superior del Río de La Plata, b) las sierras septentrionales bonaerenses, c) las sierras centrales de la provincia de Córdoba y d) el área Chaco-santiagueña y el N.O.A. Presumiblemente de alguna de estas dos últimas regiones pudieron provenir los perros (prehispánicos), al igual que otros objetos tales como los metales y los textiles de los que existen evidencias arqueológicas e históricas (para diferentes ejemplos acerca de esta dinámica, ver Loponte, 2008). Un comentario aparte merecen los perros que fueron recuperados en Uruguay. Aunque es prematuro saber si en esta región también pudieron haber constituido o no bienes de intercambio, es posible plantear algunas ideas al respecto. Es interesante notar que durante el Holoceno tardío los denominados “constructores de cerritos” habrían desarrollado complejos sistemas socioeconómicos (ver Pintos, 1999), por lo que también sería esperable que hayan generado distintas redes y formas de intercambio. Además, debe considerarse que hasta ahora en Uruguay, al igual que en otras regiones del extremo sur de Sudamérica, no se han recuperado restos de perros que puedan remitirse al límite Pleistoceno-Holoceno, ni al Holoceno medio, hecho que también permite presuponer su aparente origen tardío. Más allá de los mecanismos culturales que pudieron estar implicados, para el Holoceno tardío, existen dos posibles vías Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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de ingreso de los perros al territorio uruguayo: sur de Brasil, o bien desde el Litoral Argentino, a través del río Uruguay, siendo este último un curso fluvial fácilmente vadeable, particularmente cuando se producen las grandes bajantes. Esta segunda ruta de acceso sería la más probable, dado que en Brasil no existe hasta el momento información que avale la presencia de perros prehispánicos. Por otra parte, sabemos que los perros, ya sea por sus fines prácticos y/o simbólicos, fueron bienes muy valorados por numerosas sociedades humanas a través del tiempo. Entre sus principales aspectos utilitarios figuran su aprovechamiento como alimento y como complemento en las actividades relacionadas con la caza (cf. Schwartz, 1997). A juzgar por la documentación histórica, recién en los siglos XVIII y XIX los perros parecen haber sido activamente incorporados a los sistemas de caza por los aborígenes que habitaban distintas regiones de la Pampa y Fuego-Patagonia, e incluso del Chaco. En el HPI, ya hacia fines del siglo XVII y principios del XVIII, las poblaciones indígenas se encontraban en un franco proceso de extinción. Por lo tanto, y dada la escasa representación que habrían tenido los perros en momentos prehispánicos, es sumamente dif ícil evaluar si tuvieron algún grado de importancia cinegética dentro de las estrategias de caza, siendo más dificultoso aún establecer si constituyeron parte de la alimentación. Esto mismo se plantea en cuanto a su posible intervención como agente tafonómico. Un aspecto que sí puede considerarse a pesar de su baja frecuencia, es su evidente relación con la funebría. El entierro de perros, ya sean solos y/o asociados a las inhumaciones humanas, es una conducta que se ha registrado en diferentes lugares del mundo desde hace por lo menos 14.000 años AP, hecho que pone de manifiesto el estrecho vínculo y la importancia que tuvieron los perros para las grupos humanos luego de que fueran domesticados (una síntesis puede verse en Morey, 2006). No es casual que de los pocos casos registrados entre los cazadores-recolectores del extremo sur de Sudamérica, con excepción de Angostura 1, en el resto de los sitios se haya identificado este tipo de prácticas mortuorias. Tal es el caso de Chenque 1 (Prates et al., 2010a y 2010b) y el de los perros hallados en los cerritos de Uruguay, ya sea porque estaban en asociación directa con los entierros humanos o porque se encontraban muy cercanos a ellos (González, 1999). En Cerro Lutz es realmente llamativo que, en la unidad de excavación (UE-4) en donde se recuperó el esqueleto, no se hayan identificado restos humanos (ver más arriba). De confirmarse esta situación en futuras excavaciones, y considerando las características arriba mencionadas, estaríamos ante uno de los primeros entierros individuales de C. familiaris que se conocen para los grupos cazadores-recolectores del extremo sur del subcontinente. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 175-199

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La reciente identificación de perros prehispánicos en el extremo sur de Sudamérica abre nuevas e interesantes líneas de investigación. Es evidente que varios de los aspectos aquí planteados han generado más interrogantes que respuestas, tanto en lo que se refiere a su origen como al tipo y grado de interacción que mantuvieron con las poblaciones humanas. Un aspecto que aún debe explorarse en profundidad es la relación filogenética que poseen los ejemplares aquí mencionados con otros perros prehispánicos americanos y de otras regiones del mundo. Los resultados que se obtengan del C. familiaris recuperado en Cerro Lutz, a partir del análisis de ADN en curso, permitirán conocer un poco más sobre la trayectoria histórica que tuvieron los perros en nuestro subcontinente. .

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Referencias

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A RQU EOLOGÍ A SU BAC UÁTICA Y TA FONOM Í A: R ECI EN T E S AVA NC E S EN EL E ST U DIO DE SITIOS F I N I PLEI STOC ÉN ICOS SU M ERGI D OS EN L A COSTA PACÍ F ICA DE CH I L E C EN T R A L I sabel C arta jena F.* icartaje@uchile.cl Departamento de Antropología, Universidad de Chile, Chile

Patricio L ópe z M.** patriciolopezmend@yahoo.es Universidad Católica del Norte, IIAM, Chile

D iego C ar abia s A.*** dcarabias@arkachile.cl ARKA Consultores S. A., Chile

C arl a M or ales **** cmorales@arkachile.cl ARKA Consultores S. A., Chile

G abriel Varga s ***** gvargas@ing.uchile.cl Departamento de Geología, Universidad de Chile, Chile Resumen Se presentan los resultados del análisis tafonómico del sitio GNLQ1 (32º S – 71º O, Chile) descubierto a 13 m de profundidad bajo el mar. El sitio corresponde a un contexto primario conformado por una serie de restos de fauna continental extinta (familias Camelidae, Cervidae, Cricetidae, Artiodactyla, Equidae, Mylodontidae, Canidae, así como del Orden Xenarthra) recuperados en concentraciones dispuestas sobre una unidad estratigráfica asignada al Pleistoceno final. En este trabajo se abordan la determinación taxonómica y representación anatómica, además de las características superficiales del material, con el fin de conocer las condiciones paleoecológicas y delimitar los factores tafonómicos en contextos terrestres y subacuáticos. PAL AB R A S C L AVE:

Arqueología subacuática, tafonomía, fauna extinta, Pleistoceno final, Chile central.

* Doctora en Arqueología Americana (Altamerikanistik, Freie Universität, Berlín). ** Doctor en Antropología. Programa de Doctorado en Antropología, Universidad Católica del Norte, IIAM, Chile. *** Arqueólogo, Universidad de Chile, Chile. **** Doctora, Historia del Arte, Restauración y Conservación, Universidad Internacional S.E.K., Chile. ***** Doctor en Oceanografía y Paleoceanografía, Universidad de Bordeaux I, Francia. Artículo recibido: 1 de junio de 2011 | aceptado: 11 de noviembre de 2011 | modificado: 22 de noviembre de 2011 Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 294 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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Sub-aquatic Archeology and Taphonomy: Recent Advances in the Study of Submerged Phinipleistocenics in the Pacific Coast of Central Chile A B S T R AC T

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This paper presents the results

Arqueologia subaquatica e tafonomia: recentes avanços

no

estudo de lugares finipleistocênicos submersos na costa pacífico do

Chile

RESUMO

central

Apresentam-se os resultados

of a taphonomic analysis of the site GNLQ1

da análise tafonômica do lugar GNLQ1

(32 º S – 71º W Chile) discovered at 13

(32º S – 71º O, Chile) descoberto a

m of depth below sea level. The site can

13 cm de profundidade baixo o mar.

be characterized as a primary context,

O lugar corresponde a um contexto

conformed by diverse remains of extinct

primário conformado por uma série

continental fauna (families Camelidae,

de restos de fauna continental extinta

Cervidae, Cricetidae, Artiodactyla, Equidae,

(famílias Camelidae, Cervidae, Cricetidae,

Mylodontidae, Canidae and the Xenarthra

Artiodactyla, Equidae, Mylodontidae,

Order) recovered in concentrations arranged

Canidae e assim como da ordem Xenarthra)

on a stratigraphic unit also assigned

recuperados em concentrações dispostas

to the Late Pleistocene. We deal with

sob uma unidade estratigráfica atribuída ao

taxonomic determination, skeletal units’

pleistoceno final. Neste trabalho abordam-se

representations, and surface modifications

a determinação taxonômica e representação

of the material. We aim to understand

anatômica, além das características

paleo-ecological conditions and identify

superficiais do material com o fim de

taphonomic factors in terrestrial and sub

conhecer as condições paleoecológicas

aquatic contexts.

e delimitar os fatores tafonômicos em contextos terrestres e subaquáticos.

KEY WORDS:

PAL AV R A S C HAVE:

Underwater Archaeology, Taphonomy, Extinct

Arqueologia subaquática, tafonomia, fauna

Fauna, Late Pleistocene, Central Chile.

extinta, pleistoceno final, Chile central.

Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

A RQU EOLOGÍ A SU BAC UÁTICA Y TA FONOM Í A: R ECI EN T E S AVA NC E S EN EL E ST U DIO DE SITIOS F I N I PLEI STOC ÉN ICOS SU M ERGI D OS EN L A COSTA PACÍ F ICA DE CH I L E C EN T R A L I s a b e l C a r t a j e n a F. Patricio López M. Diego Carabias

L

Carla Morales G a b r i e l V a r ga s

Int roducción 203

a ar q ueologí a su b a c u á t i c a es una disciplina que ha comenzado a ocupar su propio espacio dentro de los estudios arqueológicos en Chile, ya sea mediante el desarrollo de proyectos de investigación con objetivos particulares y claramente definidos, o bien, en el marco de estudios de impacto ambiental (Carabias, 2001, 2005). Las dificultades de trabajar en un medio diametralmente distinto al terrestre, unidas a procesos de formación disímiles a los tradicionalmente estudiados, han llevado a la arqueología subacuática a formular sus propios marcos teóricos y metodológicos y adaptar otras técnicas a partir de los referentes clásicos de la arqueología de campo. No obstante, la excavación en un contexto subacuático no difiere en demasía de la de sitios sobre tierra, siendo similares en el registro visual, las técnicas de excavación, la recolecta de muestras y el registro planimétrico, aunque cambian las condiciones y los tiempos de trabajo, debido a las limitantes del medio. Los avances de la arqueología subacuática en las últimas décadas han posibilitado que esta disciplina haya ido consolidando metodologías propias en el estudio de restos de relevancia arqueológica que actualmente se encuentran sumergidos tanto en ambientes marinos como de agua dulce (Dean et al., 2000; Petriaggi y Davidde, 2007; Masters y Flemming, 1983). Si bien por tradición la arqueología subacuática y marítima ha enfatizado el estudio de contextos históricos, los trabajos en sitios prehistóricos son cada vez más frecuentes y se han enmarcado en problemáticas relacionadas con el uso de rutas costeras dentro Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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de procesos de poblamiento inicial de una zona, el uso de antiguas embarcaciones, la aplicación de técnicas de pesca y recolección de recursos marinos y sus correlatos materiales (Blanton, 1996; Clausen et al., 1979; Dunbar et al., 1992; Faught, 1996, 2004a, 2004b; Faught y Donoghue, 1997; Flemming, 2004; Galili et al., 1993; Gusick y Faught, 2011). Así mismo, el estudio de contextos paleontológicos y arqueológicos prehistóricos ha permitido recolectar una gran cantidad de información geoarqueológica relacionada con el aumento del nivel del mar, o bien, la inundación de sectores de gran potencial para estudios paleoambientales y geomorfológicos (Dunbar et al., 1992; Faught, 1996; Faught y Donoghue, 1997; Faught, 2004a, 2004b; Flemming, 2004). Dentro de la arqueología americana, las investigaciones subacuáticas han adquirido cierta relevancia en el estudio del poblamiento inicial del continente, debido al posible uso de la ruta costera (Dillehay, 2009; Goebel et al., 2008), cuyos sitios se encontrarían actualmente sumergidos, producto del avance marino durante el Pleistoceno final, y que suponen un poblamiento previo al denominado “Clovis First” (Bradley y Stanford, 2004; Dillehay, 2009; Faught, 1996, 2004a, 2004b; Goebel et al., 2008; Hoffecker et al., 1993). No obstante, la hipótesis de entrada por el Pacífico (Pacific Rim o Coastal-entry) es un modelo complejo que involucra diversas propuestas. Si bien la ruta por el Pacífico es lógicamente atractiva, la evidencia es escasa. Desde el Último Glacial Máximo, el nivel del mar ha subido hasta 120 m, inundando paisajes costeros y estuarios ribereños donde se podrían haber localizado los sitios. A excepción de Josenhans et al. (1997), que han logrado localizar sitios en la costa de Queen Charlotte Islands, se han realizado escasos esfuerzos de búsqueda a lo largo de las líneas costeras sumergidas (Bonnichsen et al., 2005: 321). Si bien la evidencia arqueológica señala la presencia de adaptaciones costeras, también cabe esperar la presencia de cazadores terrestres, no en el sentido planteado por Bonnichsen et al. (2005) en cuanto a la reubicación de asentamientos y un acercamiento a los recursos costeros ante un escenario cambiante, sino en el marco de la utilización de quebradas y estuarios por parte de grupos interiores, cuyas evidencias quedaron cubiertas posteriormente por el mar. El reconocimiento de yacimientos en este contexto no involucra únicamente la recolección de datos paleoambientales, geomorfológicos o evidencias artefactuales y/o ecofactuales, sino que además, como todo sitio arqueológico temprano, requiere una contrastación rigurosa de la antigüedad real de las ocupaciones humanas, así como de la integridad de las asociaciones esperadas para estos eventos ocupacionales (Stewart, 1999; Waters, 1992). Al respecto, uno de los problemas recurrentes a lo largo de las investigaciones de sitios del Pleistoceno final se centra en una evidencia poco diagnóstica para Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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discriminar eventos naturales y/o culturales en la generación de un yacimiento determinado, de manera específica, entre las evidencias osteofaunísticas de mamíferos actualmente extintos producidas por agentes naturales versus la acción humana. Este problema ha sido abordado con profusión, y la tafonomía constituye un referente metodológico y teórico clave para el entendimiento e interpretación de sitios donde los agentes naturales y culturales se mezclan, o son dif íciles de separar (Bonnichsen, 1982; Borrero, 2003; Frison, 1982; Hill y Behrensmeyer, 1985). Los proyectos orientados al estudio de sitios tempranos se caracterizan por el trabajo conjunto de numerosos especialistas, con el fin de entender y comprender los conjuntos recuperados. Disciplinas como la geología, geoarqueología, botánica, palinología, botánica y zooarqueología se congregan comúnmente para el estudio de dichos yacimientos. Mediante este trabajo conjunto, no sólo se busca la colaboración y compartir experiencias sino abrir nuevas perspectivas de análisis.

R e f le x i o ne s e n to r no a una t a f on o m í a e n c o nte x to s subacuát icos

Dentro de los estudios tafonómicos, los depósitos de mamíferos de talla mediana a grande han sido abordados en detalle, tanto en el marco de trabajos experimentales (Binford, 1981; Blumenschine, 1995), etnoarqueológicos (Bunn et al., 1988; Bunn, 1993; O’Connell et al., 1990), como mediante observaciones actualísticas en ensambles faunísticos modernos (Beherensmeyer, 1978; Borrero y Martin, 1996; De Ruiter y Berger, 2000; Domínguez-Rodrigo, 1999; Haynes, 1983a, 1983b). No obstante, los agentes y procesos tafonómicos estudiados se enmarcan en contextos terrestres, y escasamente han sido pensados para sitios sumergidos (Stewart, 1999; Stright, 1995; Waters, 1992). Dentro de estas reflexiones destacan las de Dunbar y colaboradores (1989), que proponen, a partir del caso del sitio de Aucilla River (Florida, EE. UU.), al menos cinco tipos de modificaciones que deben ser consideradas en contextos finipleistocénicos sumergidos con restos de fauna, a saber: 1) modificaciones culturales en huesos frescos sincrónicas a la muerte del animal (por ejemplo, huellas de corte), 2) modificaciones naturales previas a la depositación de los huesos (por ejemplo, meteorización, marcas de carnívoros), 3) modificaciones naturales posdepositacionales (mineralización, degradación por acción del suelo), 4) modificaciones naturales dentro de la interfaz sedimento-agua (por ejemplo, oxidación, abrasión) y 5) alteraciones posexcavación producto del cambio de ambiente de los huesos. Esta alteración, sin embargo, es controlable a partir de un debido trabajo de conservación y restauración de las osamentas (Bouzas y Laborde, 2003). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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A estas alteraciones agregamos aquellas que se producen en sitios con alta frecuencia de tránsito de barcos de distintos calado como muelles y puertos, además de zonas aledañas a pueblos y ciudades costeras. En el primer caso, los muelles y puertos, como la bahía de Quintero, constantemente movilizan y arrastran anclas, cadenas, o “muertos” que corresponden a bloques de concreto que alteran subsuperficialmente el fondo marino. En el caso de las poblaciones humanas asentadas en las cercanías de la costa, éstas producen alteraciones, debido a la incorporación de basura y tubos de desagüe. En el caso del sitio a estudiar, GNLQ1, ubicado en localidad de Quintero (Latitud: 32º 46’ 59” S; Longitud: 71º 31’ 59” O), en el litoral de Chile central, se encuentra aproximadamente a 13 m de profundidad bajo el mar y presenta características únicas en la costa del Pacífico sur. El sitio GNLQ1 corresponde a un contexto primario conformado por una serie de restos de fauna continental extinta del Pleistoceno final, depositados en sedimentos terrígenos actualmente sumergidos. Dentro de un área de 1 m2 de excavación, se registraron diversos restos del esqueleto apendicular y axial de especies extintas pertenecientes a las familias Camelidae, Cervidae, Cricetidae, Artiodactyla, Equidae, Mylodontidae, Canidae y restos del Orden Xenarthra, que fueron recuperados en concentraciones discretas dispuestas sobre una unidad estratigráfica caracterizada por una grava arcillosa en una matriz de arena fina a limo y arcillas con presencia de lentes de carbón. Los antecedentes faunísticos, geomorfológicos y sedimentológicos sugieren que el contexto durante el Pleistoceno final correspondía a un ambiente tipo estuario-lagunar, con un período de somerización-disecación, a uno de tipo de anteplaya superior, inundado por el mar. Las características del emplazamiento permiten, de acuerdo con Bishop (1980), adscribirlo a aquellos paleoambientes fosilíferos en regímenes continentales, que permiten la fosilización y conservación. Entre ellos se encuentran las aguas poco profundas de estuario, los deltas y depósitos lagunares asociados a las transgresiones marinas (Bishop, 1980: 23). Además, en un eje temporal, el contexto terrestre representa una escala temporal corta, en la cual es posible observar cambios rápidos en el ambiente, que ocurren y se perciben en el nivel sedimentario. Por otra parte, en su paso a un contexto subacuático, es posible adscribirlo a un ambiente instantáneo (“Instant environment” sensu Bishop, 1980: 22), definido como eventos a corto plazo, que permiten un conocimiento acabado de un evento catastrófico de diversa magnitud. En este medio acuoso, por su parte, el conjunto no presenta las particularidades de restos transportados o expuestos al movimiento de las aguas (Hanson, 1980).

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Figura 1. a) Ubicación nacional del sitio GNLQ1 y b) regional. c) Ubicación del sitio en la bahía de Quintero. Los puntos indican el contexto geomorfológico de las muestras, mientras que la estrella señala el testigo de sedimento obtenido de la bahía de Quintero. Las líneas grises indican las isóbatas. La flecha de mayor tamaño indica la dirección de propagación del frente de olas desde el suroeste; mientras que las flechas delgadas indican su dirección de propagación luego de producirse la difracción del frente de olas por efecto de la punta de Quintero (figura tomada y modificada de Vargas y Ortega, 2008).

A través del presente trabajo se busca caracterizar el conjunto faunístico recuperado del sitio GNLQ1, tanto al nivel de la representación de unidades anatómicas como de la diversidad taxonómica, poniendo especial hincapié en el análisis taxonómico, para lo cual se consideraron las características de las superficies, integridad y articulación de unidades. Si bien este análisis es preliminar, mediante los resultados obtenidos se busca conocer las condiciones paleoecológicas y delimitar los factores tafonómicos en contextos terrestres y subacuáticos (Behrensmeyer y Hill, 1980). Así mismo, a partir de este análisis se busca generar expectativas para el desarrollo de los análisis zooarqueológicos y tafonómicos en estrecha relación con programas de investigación que intenten formalizar la búsqueda de yacimientos arqueológicos prehispánicos sumergidos y su potencial para comprender y caracterizar de mejor manera procesos de poblamiento humano hacia el Pleistoceno final. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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Como se mencionó anteriormente, el sitio GNLQ1 se ubica en la bahía de Quintero, emplazada al norte de Valparaíso, V Región de Chile (ver las figuras 1a, 1b y 1c). Ésta corresponde a una bahía somera, con una profundidad máxima de 55 a 60 m, abierta hacia el noroeste. En ella descargan algunas quebradas con escorrentía de permanente a perenne, que generan lagunas y/o humedales entrampados por barras de arena asociadas a la acción de la hidrodinámica litoral (Vargas y Ortega, 2008). El perfil batimétrico muestra una mayor pendiente en los primeros ca. 250 m desde la línea de costa y una menor pendiente hasta los 1.600 m alejados de ésta. El sitio fue descubierto durante las labores de prospección y excavación arqueológica, en el marco de un proyecto relacionado con una terminal de gas. En este contexto se realizó una serie de sondeos subsuperficiales, en puntos distribuidos a lo largo de una transecta trazada dentro de un área de 40 x 25 m (Carabias, 2008). A partir de estas evidencias, se excavó una unidad de 1 x 1 m (Unidad K8) delimitada sobre una concentración de huesos que asomaban del fondo marino (erosionado por las actividades realizadas en el muelle cercano) y que presentaban potencial estratigráfico, de acuerdo con los sondeos realizados previamente. En el caso de la excavación del sitio GNLQ1, se procedió mediante niveles artificiales de 10 cm, registrando todo tipo de evidencias en planta, extrayendo el sedimento mediante dragado para ser harneado.

Figura 2. Vista del sitio GNLQ1. a) Proceso de decapado de unidad de 1 x 1 m con material in situ. b) Fósiles in situ en concentración erosionada por actividades desarrolladas en el muelle.

A partir del análisis del testigo se determinaron tres unidades estratigráficas con características sedimentológicas distintas, que por orden de antigüedad son: Unidad 1, Unidad 2 y Unidad 3. La Unidad 1 está constituida por arena fina de buena selección, con un sedimento de color café. La Unidad 2 está constituida por grava arcillosa clasto-soportada de aglomerados de arena fina y arcilla, y eventualAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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mente calcedonia, de alta dureza, de color naranja y gris, algunas con pátinas de carbón, en una matriz de arena fina a limo y arcillas. En la parte superior e inferior de la unidad se intercalan lentes milimétricos de carbón. La Unidad 3 está constituida por arena fina arcillosa de color café anaranjado (Vargas y Ortega, 2008). Las evidencias óseas fueron encontradas en la Unidad 2, distribuidas horizontalmente sobre una extensa área, directamente asociadas a lentes de carbón presentes en los primeros 5 cm de la Unidad 2 (Vargas y Ortega, 2008; ver las figuras 2a y 2b). Las muestras, luego de extraídas, fueron desalinizadas mediante lavados progresivos en agua desmineralizada. Al respecto, durante la excavación de los sondeos del sitio GNLQ1, los materiales recuperados fueron extraídos manteniendo gran parte del sedimento o matriz que los rodeaba. Este levantamiento “en bloque” permitió rigidez y soporte al hueso y sus fragmentos, y minimizó la pérdida de información y deterioro f ísico que pudiera ocasionar la extracción. Considerando la fragilidad de algunos de los restos, se puso especial cuidado en no afectarlos mecánicamente durante la intervención arqueológica. El primer daño que pueden sufrir los materiales orgánicos, cualquiera que éstos sean, es la pérdida de humedad. Para evitarla, se dispuso de recipientes individuales con agua salada para ir introduciendo los objetos a medida que son extraídos del fondo, impidiendo que se produzca la deshidratación de éstos, y así no romper el equilibrio que han logrado estando en el fondo marino. Los materiales óseos, así como la mayor parte de los materiales recuperados de sitios arqueológicos en tierra o bajo el agua, son vulnerables también a los cambios bruscos de temperatura. Para controlar ese tipo de daño los huesos se fueron almacenando, según se iban levantando, en una zona protegida de los rayos solares, en tanques de almacenamiento realizados especialmente para este proyecto. Una vez despejado, el material óseo se depositó en contenedores individuales con agua salada proveniente del mismo sitio. Allí se dio inicio al segundo proceso, quizás el más importante, del que dependen el éxito de la estabilización de los materiales y su posterior conservación. Este proceso consistió en bajar los niveles de sal que contienen, primero cambiando de manera gradual el agua que los contenía por agua libre de minerales. Este reemplazo se realizó periódicamente, con cambios del porcentaje de agua salada versus agua destilada una vez cada diez días, hasta que el 100% fuera agua dulce. Después de 50 días comenzó el tratamiento de rinsing de los huesos. Éste consistió en un lavado delicado con agua corriente utilizando una escobilla suave para acelerar la limpieza, teniendo cuidado de no rayar la superficie de la pieza. Mientras se realizaban estos lavados, los materiales fueron depositados en contenedores con agua desmineralizada renovada periódicamente en un lugar oscuro y fresco para evitar el desarrollo de microorganismos, como honAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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gos o bacterias. Al igual que en el proceso anterior, se buscó liberar al material óseo de la sal que tenía en su interior; en este caso en particular, los lavados se realizaron una vez por semana durante cuatro meses, hasta que los controles de acidez fueran bajos y pudiera iniciarse el último de los tratamientos, el secado. Estos controles se realizaron midiendo el pH durante cada cambio de agua, y correspondieron a uno de los procesos más importantes durante el tratamiento de conservación (Carabias, 2008). Ahora bien: para determinar la antigüedad del sitio fueron enviadas dos muestras de hueso de paleocamélidos para su datación por C14 (AMS), pero no presentaban colágeno suficiente. De acuerdo con el ambiente de sedimentación de las Unidades 3 y 2, el sitio GNLQ1 habría sido un estuario (Vargas y Ortega, 2008), y teniendo en cuenta la variación global del nivel del mar, junto a un despreciable alzamiento tectónico para la zona en los últimos miles de años, se podría tentativamente sugerir una edad superior a los 7.000 años AP, para la formación de la Unidad 2, puesto que el nivel del mar se encontraba alrededor de 10-20 m más bajo que su posición actual, entre los 7.000-9.000 años AP, respectivamente (Lambeck et al., 2002). Lo anterior ha quedado ratificado a partir de una muestra de sedimentos de la parte inferior de la matriz en donde se encontraban los restos (Unidad 2) bajo los restos fósiles, la cual aportó una fecha por C14 de 13.640±40 años AP sin calibrar (UGAMS#9194).

R e s ult a d o s Características del conjunto óseo Se analizó un total de 224 especímenes óseos (ver la tabla 1), que actualmente se encuentran depositados en Departamento de Antropología de la Universidad de Chile. Los restos provienen mayoritariamente de la cuadrícula K8-2 (Nivel 1, Concentraciones 1, 3 y 6), y, como se mencionó anteriormente, previo a cualquier análisis fueron sometidos a largos procesos de estabilización y conservación producto del cambio brusco de ambiente (Carabias, 2008). El conjunto óseo se encuentra en muy buenas condiciones de conservación. No obstante, algunos especímenes evidencian estados iniciales de meteorización como agrietamientos longitudinales en fragmentos de diáfisis, lo que sugiere una exposición a condiciones subáreas previa a su enterramiento final. Esta meteorización podría haber favorecido la fragmentación del conjunto, en especial astillas (27% de la muestra total) y fragmentos de huesos planos (17% de la muestra total). Pese a esto, un porcentaje no menor pudo ser remontado, pese a la erosión de los bordes de los huesos producto de la constante acción del agua y sedimentos abrasivos propios del ambiente de depositación del sitio. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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Tabla 1. Restos asignados como Mammalia del sitio GNLQ1. Mammalia indeterminados

NISP

% NISP

Astillas

61

41,2

Fragmentos de huesos planos

40

27,0

Fragmentos mínimos

31

20,9

Fragmentos de huesos largos

2

1,4

Identificables

14

9,5

Total

148

100,0

Determinación taxonómica Para la determinación taxonómica de los restos se utilizaron colecciones de referencia albergadas en el Departamento de Antropología de la Universidad de Chile correspondientes a équidos, camélidos y cérvidos actuales. Así mismo, se utilizó la colección paleontológica del sitio Kamac Mayu (II Región, Chile) depositada en el Laboratorio de Estudios de Arqueología y Patrimonio (LEAP) de la Universidad Internacional SEK-Chile. Debido a las cercanías y similitud faunística con el sitio GNLQ1, se utilizaron las colecciones del sitio Quereo (IV Región), que están actualmente depositadas en el Museo Arqueológico de La Serena. Para los restos de Canidae fueron utilizadas colecciones particulares de Pseudalopex griseus y Lycalopex culpaeus recolectadas en las cercanías al área de estudio, y que tenían por objeto caracterizar las diferencias de tamaño y morfología. Finalmente, en el caso de los restos de xenartros, el material paleontológico disponible en Chile para fines comparativos es escaso; sin embargo, existe en el Museo Nacional de Historia Natural de Santiago material bastante completo de Megatherium medinae y Glossotherium, que fue utilizado para la identificación anatómica de los restos. Debido a la relevancia del sitio, la fase de asignación taxonómica del material de GNLQ1 aún se encuentra en proceso, por lo que en el presente trabajo se discutirán y presentarán datos generales relacionados con este tema. Clase Mammalia Esta categoría taxonómica es la que presenta la mayor representación de restos dentro del conjunto (ver la figura 4). La mayor parte de los especímenes corresponden a astillas, fragmentos de huesos planos (muchos de ellos restos de costillas), fragmentos mínimos y algunas unidades anatómicas identificables como fragmentos de vértebras y epífisis humeral y femoral (tabla 1). Los restos Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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Figura 3. Restos óseos recuperados del sitio GNLQ1: a) fragmento de mandíbula de Cervidae; b) calcáneo de cánido; c) canino de cánido; d) falange ungueal de xenanrtro; e) molar de équido juvenil; f) húmero y radioulna articulados de camélido; y g) húmero de camélido con flecha que denota la escotadura y fractura en la diáfisis.

corresponderían a grandes mamíferos, encontrándose tanto fragmentos pertenecientes a individuos adultos como juveniles (no fusionados). Clase aves Estos restos fueron registrados en una cuadrícula diferente (K7), en la cual la presencia de huesos era mínima. Se recuperaron un fémur y una tibia de ave correspondientes a un individuo joven, lo que dificulta su asignación taxonómica. Sin embargo, la morfología y tamaño es compatible con especímenes de la familia Phasanidae. Orden Artiodactyla Se recobró un premolar deciduo de tipo selenodonte propio de un artiodáctilo. De igual forma, se registró un fragmento de cráneo (meato auditivo). Ambos restos, ante la ausencia de otros rasgos diagnósticos, se asignaron a esta categoría taxonómica.

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Figura 4. Histograma con la abundancia taxonómica del sitio GNLQ1, expresada en % NISP.

Familia Camelidae cf. Palaeolama sp. El total de restos recuperados es de 23 especímenes. Éstos corresponden principalmente a la extremidad anterior superior (húmero distal y radioulna), un cuarto carpiano y fragmentos de tibia (ver las figuras 3f, 3g y 5). La conservación de la epífisis permitió la obtención de medidas, que, comparadas con especímenes de guanaco (Lama guanicoe) y Palaeolama sp. provenientes de depósitos del Pleistoceno final de la zona aledaña de Los Vilos (31º S), denotan un camélido de gran tamaño, comparable con los géneros Palaeolama y Hemiauchenia. En el sitio GNLQ1 no fueron recuperados materiales que permitieran una asignación certera al género Palaeolama. Los restos recuperados (húmero distal y radioulna) son similares en tamaño y morfología al material recobrado del sitio de Quereo (López et al., 2004). De acuerdo con esto, se ha clasificado el material de Quintero como cf. Palaeolama, en espera de un registro más completo. Familia Cervidae El material analizado corresponde a fragmentos de la mandíbula izquierda con la serie dental completa, es decir, Pm2, Pm3, Pm4, M1, M2 y M3, además del I3, Pm2, Pm3, Pm4 derechos de un mismo individuo (ver la figura 3a). En comparación con Hippocamelus antisensis (taruca del norte o huemul), los restos de Quintero Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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Figura 5. Histograma con la representación de elementos óseos (MNE), comparados con los especímenes óseos (NISP) de cf. Palaeolama sp.

son de mayor tamaño, acercándose a géneros como Antifer y Blastocerus. Ahora bien, dados los escasos antecedentes sobre la sistemática de cérvidos extintos en territorio chileno (Casamiquela, 1984, 1999; Labarca y Alcaraz, 2011), se ha optado por asignar el material en estudio como Cervidae gen. et sp. indet. Familia Equidae El material estudiado corresponde a un P2 y un P3, ambos derechos, de un animal juvenil de aproximadamente dos años (figura 3e). La superficie oclusal, en el caso del P3, prácticamente no presenta desgaste y comienza a denotar el protocono, aunque con un pliegue caballuno casi inexistente. Si bien la forma del protocono tiende a ser ovalada, el escaso desarrollo de diente impide asignarlo con certeza al género Hippidion. Debido a esto, han sido asignadas ambas piezas como Equidae gen. et sp. indet. Orden Xenarthra El registro fósil de xenartros recobrados del sitio GNLQ1 corresponde a un osteodermo, la secuencia completa de los molariformes de la mandíbula derecha aparentemente de un mismo individuo y una falange ungueal (figura 3d). En el caso de los molariformes, las superficies oclusales por forma son afines a especies de la Subfamilia Scelidotheriinae. Por su parte, la ausencia de Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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rasgos diagnósticos de la falange ungueal impide por el momento asignarlo a una Familia específica. Por su parte, los osteodermos están presentes tanto en especies de la Familia Mylodontidae como en algunos ejemplares de Glyptodon (Rinderknecht, 2000). Este material se encuentra en proceso de estudio, y, de acuerdo con resultados preliminares, la totalidad del registro ha sido clasificada como Xenarthra gen. et sp. indet., en espera de mayores comparaciones. Familia Canidae El material de Quintero corresponde a un calcáneo y a un canino cuya morfología y cuyo tamaño son similares al actual Lycalopex culpaeus. No obstante, debido a lo escaso del material, se ha asignado el registro del sitio GNLQ1 como Canidae gen. et sp. indet. (figuras 3b y 3c). Familia Cricetidae Se recuperó un incisivo de un roedor de un Cricetidae de baja diagnosis taxonómica. 215

Tafonomía Alteraciones posdepositacionales del sitio Tal como se mencionó en párrafos anteriores, el sitio GNLQ1 se encuentra emplazado en una bahía somera que ha funcionado a lo largo de su historia como puerto natural para embarcaciones de distinto calado, y en la actualidad es un muelle artificial usado como terminal para el ingreso de gas licuado al país. A causa de ello, recalan en las cercanías del sitio embarcaciones de gran tamaño, lo que ha motivado a definir un área de exclusión alrededor del sitio para su debida protección (Carabias, 2008). Sin embargo, en el momento de descubrirse el yacimiento GNLQ1 se observó una serie de alteraciones menores, que afectaron mediante erosión los sedimentos superiores que sellaban el sitio y, por tanto, han acelerado la exposición superficial de algunas concentraciones de restos fósiles. Esta erosión se ha producido por la acción mecánica sobre el fondo marino de trabajos submarinos desarrollados en el marco de la construcción del muelle producto del traslado de “muertos”, bloques de cemento y cadenas que son llevados en remolques mediante embarcaciones en superficies (Carabias, 2008). Otro proceso de alteración que tiene una larga data en la bahía es el fondeo de anclas que constantemente remueven el fondo del muelle. Si bien estas alteraciones son continuas y han afectado mediante la erosión ciertos sectores del sitio, no han movilizado mayormente restos óseos, por cuanto se ha observado en dichas concentraciones cierta integridad anatóAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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mica, debido a que unidades de un mismo individuo que se articulan entre sí se disponen espacialmente en un mismo espacio acotado. Otras alteraciones posdepositacionales corresponden a la incorporación de basura actual sobre la capa superior del sitio. Estas incorporaciones han sido discriminadas sin problemas, debido a que corresponden a desechos históricos absolutamente diacrónicos con el depósito pleistocénico. Alteraciones tafonómicas en el registro óseo

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Abrasión Entre las alteraciones tafonómicas comunes para la totalidad de la muestra, o buena parte de ésta, se observa un leve grado de abrasión de la superficie de los huesos. Esta abrasión es homogénea y se manifiesta como un pulimento parejo tanto en los bordes como en las superficies planas de las osamentas. Esta alteración es esperable, debido a las condiciones de enterramiento de los huesos en un ambiente acuoso y de sedimentos abrasivos, aunque no se afectaron de forma muy agresiva, puesto que es posible distinguir rasgos como marcas producidas por distintos agentes biológicos (carnívoros y roedores), y aún pueden remontarse sin problemas astillas pertenecientes a un mismo elemento óseo, tal como se señaló anteriormente. Alteraciones químicas Una segunda alteración común a todos los restos es la presencia de manchas de oxidación producto de la interacción de los huesos con una interfaz de sedimentos de grava-arcillosa y agua (ver alteración química en la tabla 2). Este tipo de alteración es frecuente en ambientes similares a los del sitio GNLQ1 (Dunbar et al., 1989; Noakes et al., 2009), por lo que se la debe considerar a futuro como una expectativa dentro de las alteraciones tafonómicas. Por su parte, la presencia de sal en el agua marina y, por ende, en los huesos fue controlada mediante lavados continuos con agua desmineralizada, como se mencionó anteriormente. La meteorización afectó al 87,5% de la muestra (ver la tabla 2). Esta alteración es leve y se concentra en los estadios 1 a 2, según la escala de Behrensmeyer (1978). Así mismo, indica que los restos quedaron expuestos a condiciones subaéreas, previo a su enterramiento y posterior inundación. Cabe destacar que los restos de cf. Palaeolama presentan un estadio de meteorización más avanzado que el resto de la muestra (Estadio 2), que no sólo indica tiempos más prolongados de exposición, sino que también sugiere que en el sitio GNLQ1 se formó a partir de distintos eventos de enterramiento. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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Roedores Las únicas marcas producidas por roedores se concentran en el calcáneo de cánido (ver la figura 6a). Esta evidencia presenta características propias del paso de incisivos de roedores dentro de una zona acotada en la diáfisis del calcáneo, a modo de líneas delgadas, cortas y paralelas. Tabla 2. Alteraciones taxonómicas observadas en el conjunto óseo del sitio GNLQ1 expresadas en NISP.

Total

NISP

Meteorización

Abrasión

Alt. química

Carnívoros

Roedores

Radículas

224

196

222

222

13

1

220

Radículas La mayor parte del registro óseo presenta en su superficie evidencias de improntas de raíces (ver la tabla 2 y la figura 6b). La presencia de estas improntas en los restos no sólo indica el crecimiento de una cubierta vegetacional sobre los depósitos fósiles previa a la transgresión marina, sino que además es un buen indicador que sugiere cierta estabilidad del sitio. Al respecto, las improntas se distribuyen marcadamente sobre la superficie superior de las osamentas y decrecen en la superficie inferior, e indican que los huesos no se movilizaron dentro del estrato portador, previa a la inundación del sitio. Carnívoros La acción de carnívoros se observó en el 5,8% de la muestra total. Pese a lo bajo de la incidencia de carnívoros en la alteración del conjunto óseo, estos agentes son significativos, ya que no sólo aportan información referente a los procesos de formación del sitio sino que además sirven para una reconstrucción paleoecológica del ensamble faunístico. Ahora bien, de la totalidad del conjunto, los especímenes de cf. Palaeolama sp. presentan la mayor cantidad de marcas producidas por carnívoros. Por un lado, la epífisis distal de húmero presenta dos perforaciones circulares, que podrían ser atribuidas a la acción de un carnívoro de gran tamaño, y que muestran características similares a las observadas en restos de mamíferos extintos de diversos sitios registrados en la costa de la zona aledaña de Los Vilos (López, 2007). En la diáfisis de este hueso se observa una fractura transversal, que guardaría relación con la acción del carnívoro, puesto que en la superficie dorsal de la diáfisis y en el borde de la fractura se observan dos escotaduras cuyo agente podría ser el mismo carnívoro de gran tamaño, ya Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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Figura 6. Marcas tafonómicas en restos óseos del sitio GNLQ1: a) marca de roedores en hueso de Canidae; b) improntas de radículas en húmero de cf. Palaeolama; c) marca de carnívoro en costilla de mamífero indeterminado.

que presentan una distancia (ca. 35 mm) similar a las perforaciones registradas en la epífisis. Tal como se señaló en el párrafo anterior, este tipo de marcas presentes en especies de similar tamaño y peso que Palaeolama en distintos sitios paleontológicos y arqueológicos de la zona de Los Vilos fueron atribuidas por López (2007) a un carnívoro de gran tamaño, específicamente a Panthera onca mesembrina. En el caso del sitio GNLQ1, no se ha identificado con claridad el agente específico de las alteraciones producidas en los restos de cf. Palaeolama, aunque parecen indicar un predador cuya talla supera a la de los cánidos, y se relacionan más bien, por morfología y tamaño, con las de un gran carnívoro (Borrero y Martin, 1996). Estas marcas fueron observadas también en la epífisis distal del radio de cf. Palaeolama, que por su tamaño y proximidad espacial parece corresponder al mismo individuo al que pertenece el resto del material asignado a este camélido extinto. Dentro de los daños producidos por carnívoros se identificaron en fragmentos óseos y cuerpos vertebrales no identificados marcas de menor tamaño comparadas con las descritas para los restos de cf. Palaeolama sp., y que dan cuenta de la acción de pequeños carnívoros. Éstas son compatibles con la morfología y características de las modificaciones de cánidos, cuyos restos están presentes en el sitio GNLQ1 (ver la figura 6c). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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Evidencias culturales En los restos de cf. Palaeolama sp., el húmero distal presenta una fractura sobre hueso fresco. No obstante, esta fractura se asocia con perforaciones producidas por la acción de un gran carnívoro, por lo que es probable que este agente haya sido el causante de los daños observados en el húmero (Borrero y Martin, 1996; Haynes, 1983a). Si bien, este tipo de fracturas fue considerado propio de las actividades humanas, diversos análisis determinaron el grado de ambigüedad de este rasgo, ya que también aparecen en contextos formados por agentes naturales (Haynes, 1983a, 1983b; Myers et al., 1980). Cabe destacar, no obstante, el notable parecido de este espécimen con un húmero distal proveniente del cercano sitio de Quereo, donde se observa una fractura muy similar y que ha sido interpretada como cultural (López et al., 2004). Pese a esto, las diferencias observadas en el caso de la muestra de Quereo tienen relación con la morfología y los rasgos asociados al borde de fractura, puesto que se observaron escotaduras y negativos de impacto producidos por el golpe directo sobre la diáfisis del fósil de Quereo, que en el húmero del sitio GNLQ1 no se observan con claridad y además se asocian a las marcas de carnívoros descritas anteriormente. La totalidad de la evidencia ósea no permite atestiguar de manera clara la acción antrópica en el sitio GNLQ1. No obstante, el análisis sedimentológico de la Unidad 2, es decir, la capa portadora del registro fósil, evidenció lentes milimétricos de carbón cuyo origen podría deberse eventualmente a combustiones locales producidas en una ambiente de sedimentación de tipo somero a estuarial-lagunar (Vargas y Ortega, 2008). Ahora bien: en las superficies óseas se observaron manchas producidas por la oxidación propia de la interfaz del sedimento con el agua, aunque en algunos ejemplares estas manchas parecían mezclarse en algunos huesos con pátinas carbonosas dif íciles de separar macroscópicamente. Análisis mediante Microscopio Electrónico de Barrido (MEB) y Espectroscopía de Energía Dispersiva (EDS) indican que la totalidad de estas manchas son producto de alteraciones diagenéticas, debido a la presencia de óxidos de hierro.

Di s c usi ó n y c o nc lusi o nes

La información geomorfológica, sedimentaria y paleontológica del sitio GNLQ1 sugiere la presencia de un contexto primario con escasas alteraciones posteriores al depósito de los restos óseos. La unidad estratigráfica portadora de los restos fósiles, denominada Unidad 2, sugiere un ambiente estuarial-lagunar en proceso de desecación, el cual dio paso a un ambiente de anteplaya superior inundada por el mar. En relación con las dataciones del evento de enterramiento del conAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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junto fósil, si se consideran la variación global del nivel del mar y el alzamiento tectónico de la zona en los últimos miles de años, se sugiere una edad superior a los 7.000 años AP para la formación de la Unidad 2, puesto que el nivel del mar se encontraba alrededor de 10-20 m más bajo que su posición actual, entre los 7.000-9.000 años AP, respectivamente (Vargas y Ortega, 2008). Esta observación es consistente con el fechado de C14 obtenido de una muestra de la matriz sedimentaria sobre la cual se encuentra depositado el conjunto óseo. Del análisis tafonómico se desprenden diversos agentes que alteraron el registro previo, durante y posterior a su ingreso a la litósfera. Al respecto, se identificó la acción de al menos dos tipos de carnívoros sobre los restos, denotados por el tamaño y distancia de las punturas presentes. Uno de los agentes modificadores correspondería a un carnívoro de gran tamaño, como lo indican las marcas dejadas en huesos largos de cf. Palaeolama sp. Por otra parte, se observaron punturas más pequeñas compatibles con una arcada similar a la dejada por cánidos. En menor medida, la acción de roedores se manifiesta claramente en las marcas observables en un calcáneo perteneciente a un carnívoro. Por su parte, la presencia de improntas de raicillas indica el crecimiento de una cubierta vegetal, lo que denota que los restos, una vez expuestos y antes de la transgresión marina, habrían sido cubiertos por sedimentos, lo que favoreció la preservación e integridad del registro. Dentro de las alteraciones producidas después del ingreso de los huesos en los sedimentos, la más elocuente corresponde a las manchas oxidación producto de la interacción de los huesos con una interfaz de sedimentos de grava-arcillosa y agua, que pueden ser consideradas como propias de ambientes depositacionales similares a los del sitio GNLQ1. Por último, si bien no se identificaron restos culturales artefactuales ni en los sondeos ni en superficie, ni claros rastros de consumo humano de la fauna estudiada, no debe descartarse la acción del hombre en parte de la conformación del sitio. En relación con esta hipótesis, las investigaciones desarrolladas en la costa del norte semiárido chileno señalan una alta densidad de sitios con mamíferos extintos distribuidos en ambientes lagunares y ecosistemas estuarinos que se formaron a partir de eventos de mortandad natural de especies actualmente extintas, ya sea mediante la incorporación de carcasas y huesos dejados por carroñeros y carnívoros, o bien, por la acción predadora de las primeras poblaciones humanas asentadas en la zona (Jackson et al., 2005; López et al., 2004; López, 2007). El resultado de la intervención de estos tres agentes se encuentra muchas veces conjuntamente en un mismo sitio, como en el caso del sitio de Quereo y en otros sitios subsuperficiales del semiárido, observándose incluso posibles evidencias de carroñeo humano sobre restos dejados por Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 201-225

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grandes carnívoros (López, 2007; Núñez et al., 1994). A esto se suma que la evidencia artefactual es mínima y se complementa o prioriza el uso de huesos como artefactos expeditivos para el procesamiento de las carcasas (Jackson et al., 2007; López, 2007; Núñez et al., 1994). Estos antecedentes proponen un escenario que debe evaluarse en futuras investigaciones y sugieren que las evidencias del sitio GNLQ1 no son excluyentes de la posible acción antrópica dentro del conjunto óseo, aspecto que dependerá de un mayor cúmulo de evidencias. Sin lugar a dudas, este hallazgo es único por su naturaleza y estado de conservación; sin embargo, su similitud con otros yacimientos hace necesario ahondar los análisis, puesto que habría una serie de indicadores como la diversidad taxonómica, la concentración de los restos, la presencia de fracturas en hueso frescos, entre otros, que nos llevan a indagar su posible asociación con ocupaciones humanas.

A g r a d e c i m i e nto s

El presente trabajo fue financiado por GNL Quintero S. A. y Arka Consultores. Los autores desean agradecer al arqueólogo Joaquín Vega por la información y ayuda aportada. Especial agradecimiento a los organizadores del Primer Encuentro Latinoamericano de Zooarqueología, en particular a la doctora Elizabeth Ramos, por la ayuda y facilidades brindadas. Por último, agradecemos a los evaluadores anónimos, que ayudaron a mejorar el presenta manuscrito. Los errores de este trabajo son de exclusiva responsabilidad de los autores. .

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Panorámicas APROXIMACIONES Y ESCALAS DE ANÁLISIS EN LA ZOOARQUEOLOGÍA Y TAFONOMÍA SUDAMERICANAS. ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE SU ESTADO ACTUAL Y PERSPECTIVAS PARA SU DESARROLLO

Mariana Mondini

y

A. Sebastián Muñoz

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228

A PROX I M AC ION E S Y E S CA L A S DE A NÁ L I SI S E N L A Z O OA RQU E OL O GÍ A Y TA F ONOM Í A S U DA M E R ICA NA S . A L G U NA S R E F L E X ION E S S OBR E S U E STA D O AC T UA L Y PE R SPE C T I VA S PA R A S U DE SA R ROL L O M ariana M ondini * mmondini@conicet.gov.ar LaZTA, IDACOR-CONICET, Universidad de Buenos Aires, Argentina

A. S eba stián M uñoz ** smunoz@conicet.gov.ar LaZTA, IDACOR-CONICET, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina

Resumen En este artículo se discuten algunos aspectos teóricos y metodológicos de la zooarqueología y la tafonomía en relación con el desarrollo de estas disciplinas en Sudamérica. Particularmente, se tratan cuestiones relacionadas con las escalas de análisis, las aproximaciones teórico-metodológicas sobre el papel de los procesos tafonómicos y el comportamiento humano, y la interacción entre tafonomía y zooarqueología. Estos temas son abordados en el marco del estado actual de estas disciplinas y en el contexto de las particularidades de las faunas Neotropicales. PAL AB R A S C L AVE:

Zooarqueología, tafonomía, escalas, actores, Sudamérica.

* Doctora en Arqueología, Universidad de Buenos Aires, Argentina. ** Doctor en Arqueología, Universidad de Buenos Aires, Argentina. Artículo recibido: 1 de junio de 2011 | aceptado: 21 de octubre de 2011 | modificado: 23 de noviembre de 2011 Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 294 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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Approaches and Scale Analyses in South American Zooarcheology and Taphonomy: Reflections Regarding its Current State and Perspectives for its Development A B S T R AC T

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Theoretical and methodological

Abordagens e escalas de análise na zooarqueologia e tafonomia sul-americanas: algumas reflexões sobre seu estado atual e perspectivas para seu desenvolvimento

RESUMO

Neste artigo discutem-se alguns

aspects of zooarchaeology and taphonomy

aspectos teóricos e metodológicos da

are discussed in relation to the development

zooarqueología e a tafonomia em relação

of these disciplines in South America.

ao desenvolvimento de estas disciplinas

In particular, issues regarding scales of

em América do Sul. Particularmente

analysis, theoretical-methodological

tratam-se questões relacionadas com

approaches to the role of taphonomic

as escalas de análise, as abordagens

processes and human behavior, and the

teórico-metodológicas sobre o papel dos

interaction between taphonomy and

processos tafonômicos e o comportamento

zooarchaeology. Current issues in these

humano, e a interação entre tafonomia

disciplines and the particularities of

e zooarqueologia. Estes temas são

Neotropical faunas are considered.

abordados na moldura do estado atual destas disciplinas e no contexto das particularidades das faunas neotropicais.

KEY WORDS:

PAL AV R A S C HAVE:

Zooarchaeology, Taphonomy, Scales, Actors,

Zooarqueologia, tafonomia, escalas, atores,

South America.

América do Sul.

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A PROX I M AC ION E S Y E S CA L A S DE A NÁ L I SI S E N L A Z O OA RQU E OL O GÍ A Y TA F ONOM Í A S U DA M E R ICA NA S . A L G U NA S R E F L E X ION E S S OBR E S U E STA D O AC T UA L Y PE R SPE C T I VA S PA R A S U DE SA R ROL L O M a r i ana M o nd i n i

E

A. Sebastián Muñoz

Int roducción

2 31

l desarrollo de la tafonomía y la zooarqueología en la historia de la arqueología sudamericana está estrechamente vinculado a la introducción de una perspectiva teórica procesual en el tratamiento del registro arqueológico (ver Borrero, 1988a; Mondini y Muñoz, 1996; Politis, 2003; Mengoni Goñalons, 2007). Este desarrollo no ha sido homogéneo a lo largo del continente, aunque puede plantearse que en general siguió distintas etapas vinculadas a la evolución que tuvieron ambas disciplinas en el resto del mundo, muchas veces con cierta dilación y en otros casos con desarrollos pioneros (Politis, 2003; Mengoni Goñalons, 2004; Mengoni Goñalons et al., 2010). Durante las últimas décadas del siglo XX, las investigaciones tafonómicas sobre vertebrados en los países centrales estuvieron muy vinculadas al estudio de la información que ofrece el registro arqueofaunístico. En una primera etapa su lugar fue el de una instancia preliminar en la investigación arqueológica, destinada a “despojar” al registro arqueológico de los “sesgos” introducidos por agentes y procesos “naturales”, generalmente concebidos meramente como posdepositacionales. Posteriormente se dio importancia a la incorporación de la información paleoecológicamente relevante que brindan las trazas de estos procesos y agentes, lo que involucra no sólo evaluar la resolución y comparabilidad de los conjuntos analizados sino también estudiar la variabilidad de los mismos (Gifford, 1981). Estos enfoques sobre la variabilidad derivaron en un mayor conocimiento y comprensión de la complejidad de los procesos tafonómicos, lo que llevó paulatinamente a la formulación de marcos interpretativos Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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mejorados (Behrensmeyer, 1993). Más recientemente, las investigaciones tafonómicas vinculadas a la zooarqueología han incorporado un importante trabajo en la investigación de los procesos diagenéticos, tornándose asimismo más interdisciplinarias (O’Connor, 2005; ver también Behrensmeyer et al., 2000). La zooarqueología, por su parte, ha pasado también por distintas etapas. De manera muy sintética, puede decirse que un período inicial, en los años setenta, se caracterizó por la discusión de unidades de análisis y de cuantificación. A finales de esta década y en los años ochenta, muchos trabajos se orientaron hacia el reconocimiento de patrones y la búsqueda de situaciones típicas para abordar la variabilidad del registro zooarqueológico (ver discusión en Binford, 1978; Gifford, 1981; O’Connell et al., 1988; Schiffer, 1996 [1987]), buscando desarrollar, de este modo, un marco teórico y conceptual que, puede decirse, culmina con la publicación del modelo epistemológico propuesto en 1991 por Gifford-Gonzalez. En la década de los noventa el espacio destinado a la discusión del papel que los restos faunísticos ocupan en las explicaciones arqueológicas ha sido importante, tratándose de diversas maneras la complejidad existente entre la evidencia y los distintos procesos que la originan (por ejemplo, Stiner, 1993a y b, 1994; Lyman, 1994; Marean, 1995; Marciniak, 1999). Sin embargo, esta discusión no llevó a cambios sustanciales en las metodologías implementadas (Reitz y Wing, 2008). Para este momento comenzó una tendencia saludable que se continúa hasta hoy, que consiste en la publicación, cada vez más frecuente, de volúmenes dedicados a la zooarqueología y, en menor medida, a la tafonomía, acompañada de la publicación de numerosos artículos y síntesis en obras generales y revistas, así como la multiplicación de reuniones académicas en torno a estas disciplinas. En una evaluación reciente del estado actual de la zooarqueología, Reitz y Wing (2008) encuentran que los cambios ocurridos en los últimos diez años no han sido tanto en las metodologías más tradicionales sino más bien en el desarrollo de aplicaciones específicas, tales como los estudios genéticos y los isotópicos. Es decir, no se trataría de cambios importantes en la teoría y metodología zooarqueológicas sino más bien en la ampliación del espectro de técnicas utilizadas y en el énfasis dado a líneas de trabajo que antes no tenían una representación importante. Estas autoras señalan asimismo que una consecuencia de la importancia relativa que adquirieron las explicaciones geoquímicas se hace manifiesta en la integración de distintas perspectivas en el estudio de las relaciones entre los humanos y el ambiente, que diluyó en parte las distinciones entre profesionales de distintas disciplinas que hasta ese momento eran problemáticas (Reitz y Wing, 2008). Esta mayor amplitud de actores y perspectivas en el estudio de las relaciones humano-animales se hace evidente también en Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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la aparición de volúmenes que integran perspectivas metodológicas (por ejemplo, Maltby, 2006; Lyman, 2008), que desarrollan aspectos de la zooarqueología aplicada (por ejemplo, Lauwerier y Plug, 2004; Lyman y Cannon, 2004) o que integran diferentes disciplinas (por ejemplo, De Renzi et al., 2002; Lyman, 2008). En síntesis, puede decirse que la situación actual de la tafonomía y la zooarqueología en el mundo es de una alta productividad y de un refinamiento en el abanico de técnicas disponibles para inferir información sobre el papel de los animales en el pasado y la historia de sus restos. Sin embargo, esta situación sigue siendo de alguna manera transicional, ya que el problema de fondo yace, como señala James O’Connell (1993), en los marcos de referencia explicativos a los que recurrimos para dar cuenta de la variabilidad en el registro arqueológico, ya sea que se relacionen con los contextos ecológicos en que los registros fueron generados (por ejemplo, Gifford, 1981; Behrensmeyer, 1993; Hudson, 1993; O’Connell, 1993) o, más recientemente, con contextos sociales, religiosos, de género y otros (por ejemplo, Gifford-Gonzalez, 1993, 2007; O’Day et al., 2004; Orton, 2010). En buena medida, se trata de un problema relacionado con el modo en que es utilizada la información sobre el mundo contemporáneo. Asimismo, se relaciona también con una visión paradigmática de la naturaleza de las inferencias zooarqueológicas y tafonómicas.

L a t a fo no m í a y la z o o a r q ue lo gí a e n S ud américa

La tafonomía y la zooarqueología en Sudamérica han seguido en rasgos generales los mismos caminos que en el resto del mundo, aunque con particularidades que expresan una diversidad de situaciones en las comunidades académicas de cada país (ver Politis, 2003; Mengoni Goñalons, 2004, 2007; Mengoni Goñalons et al., 2010; Borrero, 2008). El recuento que presentamos a continuación es limitado, ya que está principalmente basado en el desarrollo que estas disciplinas han tenido en Argentina, no sólo porque como miembros de esa comunidad académica es el caso que más conocemos, sino además porque en este país la zooarqueología y tafonomía han tenido un desarrollo muy importante (Politis, 2003; Mengoni Goñalons, 2009). Consideramos que, pese a esta particularidad, se trata de un ejemplo interesante para analizar la agenda actual de las disciplinas en el continente. Un primer aspecto por señalar es que en Sudamérica los problemas de investigación abordados desde la zooarqueología y la tafonomía resultan tanto de la historia propia de estas disciplinas en la región (Mengoni Goñalons, 2004, 2009; Gutiérrez, 2009) como de su inserción en el escenario global (Reitz y Wing, 2008). En buena medida, los temas definidos han seguido lineamienAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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tos similares a los del resto del mundo (ver, por ejemplo, Mengoni Goñalons, 2010), entre los que se destacan la explotación de megafauna y la domesticación de camélidos, agregándose más recientemente preguntas de carácter social. En este sentido, se destacan asimismo una preocupación metodológica desde el comienzo de las investigaciones sistemáticas (Mengoni Goñalons, 1988, 2010) y la incorporación de innovaciones técnico-metodológicas en concordancia con los desarrollos introducidos en países centrales (por ejemplo, Borrero, 1990, Barberena et al., 2009). Más aún, como mencionamos antes, algunos desarrollos teóricos y metodológicos han sido originales en la región, como es el caso del planteo de una explotación oportunista de la megafauna por parte de las primeras poblaciones humanas (Borrero, 2009, entre otros), a diferencia de los planteos dominantes en América del Norte, y el desarrollo de modelos de densidad ósea de camélidos basados en nuevas metodologías (Elkin, 1995; Stahl, 1999). Sin embargo, este desarrollo de la zooarqueología y la tafonomía en América del Sur no siempre se traduce en una incorporación de sus resultados fuera de la zona de producción en la que fueron generados (Politis, 2003; Mengoni Goñalons, 2007). En la actualidad puede decirse que, más allá del grado de originalidad o desarrollo que hayan alcanzado desde lo metodológico o teórico, la zooarquelogía y, en menor medida, la tafonomía son campos de investigación reconocidos como importantes en la arqueología de la región (ver Nogueira de Queiroz, 1999; Politis, 2003; Mengoni Goñalons, 2007; Muñoz y Mondini, 2008a; este volumen). Más aún, las dos disciplinas han alcanzado en el continente altos estándares de calidad. En ambas existen, sin embargo, aspectos que aún no se han resuelto o que están siendo explorados, y sobre ellos se focaliza el presente trabajo. Entre los problemas mencionados en la literatura se destaca reiteradamente la falta de integración entre la investigación tafonómica y la arqueológica (Mondini y Muñoz, 1996; Borella y Cruz, 2000; Borrero, 2007a; Mengoni Goñalons, 2007). Esto hace que, a pesar de tener un importante desarrollo en determinadas comunidades académicas, la tafonomía no sea considerada un campo de investigación completamente establecido en la actualidad. Éste es el caso de Argentina (Borrero, 2007a), una de las comunidades académicas que más aportes ha realizado en este sentido en Sudamérica (Politis, 2003). Como señala Borrero (2007a), entre los aspectos positivos se destaca que en los últimos años se ampliaron los estudios tafonómicos planteados en escalas regionales (por ejemplo, Borrero, 1988b, 2001; Cruz, 2000), aunque su representación todavía es escasa. Esto se relaciona a su vez con la escala temporal de los estudios actualísticos, ya que son necesarios más estudios de largo plazo (por ejemplo, Borrero, 2007b; Cruz y Muñoz, 2010), capaces de reflejar la Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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variabilidad de los procesos estudiados a lo largo del tiempo (Borrero, 2007a). Este autor también señala la necesidad de incorporar una perspectiva tafonómica en las investigaciones que abordan preguntas relacionadas con el género, poder, y aspectos simbólicos. En este sentido, puede decirse además que las observaciones tafonómicas son relativamente abundantes pero los estudios sistemáticos no tanto, lo que sugiere que aún no se ha alcanzado un nivel de madurez en el reconocimiento de actores y procesos específicos. Como se señaló, esta situación en parte deriva de que las investigaciones tafonómicas no suelen formar parte integral y relevante de las investigaciones arqueológicas más generales. Incluso para los actores tafonómicos más estudiados localmente carecemos de un conocimiento exhaustivo de su variabilidad y de sus efectos. Esta situación se relaciona también con que en muchos casos se aborda la relación entre trazas y actores determinados con base en información de otras regiones del mundo, que no siempre resultan relevantes para las condiciones locales. La zooarqueología, como la tafonomía, ha logrado producir información con estándares internacionales de calidad, aunque la dependencia teórica y la tendencia a la replicación de los paradigmas hegemónicos son un problema por abordar en la agenda actual y futura de la disciplina en la región (Mengoni Goñalons, 2007). También la zooarqueología sudamericana ha apelado muchas veces a modelos generados en otras regiones, no siempre relevantes para las condiciones locales. En lo metodológico, aunque se han hecho importantes trabajos experimentales (por ejemplo, Miotti, 1998; De Nigris, 2004; Gutiérrez y Kaufmann, 2007), se trata de un campo que aún puede desarrollarse más con resultados productivos (Mengoni Goñalons, 2010). Las investigaciones etnoarqueológicas también tienen un gran potencial para la zooarqueología, que apenas ha comenzado a explorarse (por ejemplo, Caracotche, 2001; Yacobaccio, 2007; Martínez, 2009). En proporción, la mayor parte de las investigaciones zooarqueológicas han tratado diferentes aspectos de la subsistencia de sociedades cazadorasrecolectoras, y en menor medida, de los primeros productores de alimentos y de momentos históricos, por lo que es necesario un mayor énfasis en otras formas de organización social. También está pendiente un mayor trabajo en los aspectos políticos, sociales y simbólicos que se pueden abordar a partir del registro arqueológico (Mengoni Goñalons, 2010), que, como se señaló arriba, requieren además una aproximación tafonómica (Borrero, 2007a). De todos modos, estos temas comienzan a hacerse más comunes en los últimos años (ver, por ejemplo, deFrance, 2009). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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La zooarqueología ha estado mucho más integrada que la tafonomía a las investigaciones arqueológicas más generales, pasándose rápidamente de apéndices con listados taxonómicos a estudios plenamente integrados, que incluso proponían la agenda de investigaciones futuras. Sin embargo, esta integración podría ser todavía más productiva, de profundizarse en el futuro. De una manera muy sintética, y con el riesgo de obviar matices y complejidades que ello implica, puede decirse que la arqueología de cazadores-recolectores en Sudamérica ha incorporado más activamente los estudios zooarqueológicos y los tafonómicos, incluso desde la concepción más productiva que plantea que las improntas tafonómicas no sólo tienen consecuencias negativas para nuestras interpretaciones zooarqueológicas sino que también nos informan sobre las condiciones paleoecológicas en que vivieron estas sociedades (ver Behrensmeyer y Kidwell, 1985; Behrensmeyer et al., 2000; Muñoz y Mondini; 2010). En la arqueología de sociedades complejas, en cambio, la zooarqueología no ha sido un motor tan importante de modelos, y la tafonomía ha ocupado un lugar más secundario, incluso muchas veces limitado a evaluar posibles sesgos postdepositacionales del registro arqueológico. Puede asimismo plantearse que los modelos zooarqueológicos desarrollados en el marco de la arqueología de cazadores-recolectores tienden a tener niveles más altos de generalidad que los de sociedades complejas (pero ver deFrance, 2009).

A p un t e s par a la a ge nd a de la zooarquelogía y t a f on o m í a d e lo s pr ó x i mos años en Sudamérica

Una tendencia saludable de la zooarqueología y la tafonomía sudamericanas que creemos puede profundizarse es la generación de modelos localmente relevantes que den cuenta de las interacciones entre las sociedades humanas y la fauna regional, así como de la acción de los procesos y agentes tafonómicos. Generar estos modelos, o bien apelar a las particularidades de los ambientes y faunas de la región al aplicar modelos desarrollados en otros ámbitos, son estrategias fundamentales, ya que estas propiedades dictarán la relevancia o no de los modelos o aspectos de los mismos, más allá de cuán corrientes sean en otras regiones del mundo. La historia de las poblaciones humanas y su relación con la fauna en Sudamérica ha ocurrido bajo contextos que están profundamente condicionados por las propiedades f ísicas y la historia biótica del continente, y difieren de los de otras regiones en una serie de aspectos significativos. Por ejemplo, las interacciones entre predadores en la subregión Andino-Patagónica de los Neotrópicos, que abarca buena parte del continente, no implicarían los altos niveles de competencia involucrados en muchos modelos sobre tafonomía Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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de carnívoros derivados de otros contextos (Muñoz y Mondini, 2007, 2008b). En los últimos años han comenzado a diversificarse los estudios destinados a abordar regionalmente este tipo de problemas (por ejemplo, Morales et al., 2009), que generan así marcos de referencia relevantes para la historia de las poblaciones humanas en América del Sur y para la formación del registro arqueofaunístico en la región. Un problema relacionado que tenemos que resolver para avanzar en esta dirección es la dificultad que surge de no contar con buena información de base biológica y ecológica. Desconocemos, por ejemplo, en muchos casos la diversidad de especies actual y pasada y los cambios en las distribuciones de las mismas. Es decir, un mismo registro arqueológico o paleontológico muchas veces es objeto de estudio y referencia, ya que resulta dif ícil disponer de información independiente contra la que discutir nuestras ideas. Incluso procesos de gran impacto, como el resultante de la introducción de nuevas especies a partir de la ocupación europea del continente, recién empiezan a conocerse sistemáticamente. Esta falta de información se hace evidente también en lo limitado de los repositorios y las colecciones de museos, lo cual dificulta la contextualización y el estudio de la información pasada. Un mayor compromiso en la creación y sistematización de colecciones públicas es entonces un esfuerzo necesario. Profundizar la tendencia a producir modelos regionalmente relevantes implica considerar las interacciones entre las poblaciones humanas y animales en América del Sur como instancias del amplio rango de variabilidad en las mismas a lo largo de nuestra trayectoria como especie, instancias que implicaron una serie de particularidades. Las mismas, por ende, suelen no estar representadas en otros continentes, y sin embargo forman una parte significativa de nuestra historia. Ello se relaciona a su vez con la relativamente baja inserción de los estudios sudamericanos en el escenario global antes mencionada, una tendencia que desde los años noventa ha comenzado a revertirse saludablemente. Esto último es una excelente señal de la maduración relativa de la zooarqueología y de la tafonomía en nuestra región y de la divulgación de sus resultados en la comunidad académica más general. Sin embargo, dentro del continente y en el resto de Latinoamérica están pendientes todavía un desarrollo más homogéneo de las disciplinas a lo largo de las distintas regiones y los diversos países, así como una mayor integración de las investigaciones realizadas y de los propios investigadores. En un plano más general, uno de los principales desaf íos que a nuestro entender enfrentan la zooarqueología y la tafonomía consiste en evaluar qué Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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tan generales han de ser nuestras inferencias, más allá del marco teórico abordado. Esto se relaciona con nuestra concepción de la clase de datos que la evidencia arqueofaunística potencialmente ofrece y con los límites y la resolución de los mismos. Éste es un asunto que merece más atención aquí y en otras regiones del mundo, si bien en Sudamérica se hace particularmente relevante, dada la historia más joven de ambas disciplinas. Una serie de preguntas surgen en torno a este tema, tales como: ¿ha habido avances en lo que respecta a cómo acceder a niveles más altos de generalidad en las inferencias zooarqueológicas y tafonómicas, o los enfoques que aplicamos están todavía muy vinculados a explicaciones del tipo de las “historias de precaución” y las relaciones típicas entre actores y trazas? En otras palabras, ¿hemos avanzado en la construcción de narrativas históricas que vinculen la formación de registros faunísticos y la producción de trazas por humanos y otros agentes con contextos más generales? Más aún, cabe preguntarse si ésta es todavía una aspiración en la comunidad académica, o si la misma está actualmente más orientada a estudios particulares. También cabe preguntarse si las aproximaciones teóricas más recientemente incorporadas buscan la causalidad en principios generales o más bien en historias particulares. Sobre este punto, pensamos que en la arqueología sudamericana pueden verse actualmente ambas tendencias. Aun en los casos en que se busca elucidar historias más o menos particulares, puede pensarse que para dar cuenta de la formación del registro arqueológico es necesario remitirse en última instancia a marcos de referencia más o menos generales. Incluso en el caso de los registros que presentan una resolución suficientemente fina como para inferir actividades cotidianas, biograf ías de objetos, etc., su integridad debe demostrarse en cada caso (Borrero, 2007a). Todo esto nos plantea que es necesario rediscutir, en esta nueva etapa de la zooarqueología y la tafonomía, el rol de la analogía y el uniformismo (ver Gifford, 1981; Gifford-Gonzalez, 1991). Un punto de partida para ello es retomar el modelo propuesto por Gifford-Gonzalez (1991), en el que se planteaba explícitamente la integración de niveles más amplios de causalidad en la zooarqueología y la tafonomía. La pregunta que así surge es cómo vemos en la actualidad la aplicación de un modelo epistemológico vinculado a las relaciones de vida y las narrativas históricas, cuyas consecuencias han sido exploradas pero no profundizadas todavía, tanto en la arqueología sudamericana como en la de otras regiones del mundo (ver, por ejemplo, Marean, 1995; Gifford-Gonzalez, 1999; Marciniak 1999; Muñoz, 2007). Más allá de la valoración que se haga de estos intentos y de las alternativas que se propusieron, pensamos que el modelo de Gifford-Gonzalez (1991) Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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sigue siendo una guía programática con plena vigencia en la actualidad, ya que sugiere maneras específicas y epistemológicamente explícitas de explotar el máximo potencial de la zooarqueología y la tafonomía. Más aún, el mismo puede adaptarse a marcos teóricos diferentes de aquel dentro del que fuera originalmente elaborado (ver, por ejemplo, Gifford-Gonzalez, 2007). Se trata, asimismo, de un modelo interesante para estudiar el papel de los humanos en la comunidad faunística sudamericana, si tenemos en cuenta la historia de la biota del subcontinente, caracterizada por períodos de conexión y aislamiento con Norteamérica y por extinciones catastróficas en el Pleistoceno, entre otros procesos relevantes. Uno de los problemas que enfrentamos al plantearnos este tipo de programas tiene que ver con el modo de trabajar la variabilidad de la evidencia y las distintas escalas de análisis involucradas (Gifford-Gonzalez, 1991; Speth, 1991; O’Connell, 1993, 1995, entre otros). Como señala Gifford-Gonzalez (1991), el asignar significados más complejos y generales a los agregados de trazas y restos en los conjuntos zooarqueológicos plantea nuevas fuentes de incertidumbre inferencial, tanto metodológica (por ejemplo, respecto de la equifinalidad) como teórica (por ejemplo, respecto de la causalidad en los sistemas biológicos). Para ello, la autora propuso, entre otras cosas, una investigación actualística más compleja y epistemológicamente explícita. Como se analizó más arriba, si bien se han producido notables avances, esto requiere aún de mucho desarrollo y de un fuerte trabajo tafonómico y geoarqueológico. Los estudios actualísticos de escalas regionales y de largo plazo son un camino productivo en este sentido que es necesario seguir profundizando. A pesar de algunas opiniones en detrimento de los estudios actualísticos naturalísticos y los estudios comparativos sobre registros fósiles modernos (ver Marean, 1995), pensamos que cuando son bien controlados, éstos tienen un potencial aún mayor que los experimentales, ya que, si bien se pierde certidumbre respecto de la relación entre actores y trazas, se gana mucha información contextual que contribuye de manera fundamental a dar sentido a nuestras observaciones. Lo que contribuye a garantizar nuestras inferencias es más bien un análisis profundo de cuáles propiedades pueden considerarse uniformes y cuáles no, y bajo qué circunstancias pueden variar. De todos modos, si bien esto último dif ícilmente pueda derivarse de los estudios experimentales, éstos son necesarios para ahondar en las relaciones entre trazas y los niveles de causalidad más próximos. En general, entonces, es fundamental desarrollar aún más los estudios tafonómicos actualísticos y los etnoarqueológicos en Sudamérica. Una vía con mucho potencial son asimismo la búsqueda de patrones y el análisis de proceAntipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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sos a escala suprarregional, una perspectiva más cercana a la biogeograf ía y la macroecología, estrategia que aún no ha tenido tanto desarrollo mundial. Gifford-Gonzalez planteaba en 1991 que, habiéndose estudiado muchos actores y procesos tafonómicos en un nivel básico, podía proseguirse con el estudio de los contextos en los cuales varían. En la situación actual de la tafonomía y la zooarqueología en nuestro continente, consideramos necesario avanzar con ambas clases de objetivos paralelamente: ampliar nuestro conocimiento sobre los actores y procesos de menor nivel, especialmente en lo que incumbe a su variabilidad, a la vez que indagamos sobre las condiciones bajo las cuales varían sus acciones y los efectos de las mismas. Éste puede ser un punto de partida para acotar el problema derivado de la mayor ambigüedad propia de niveles de análisis en los que los resultados son probabilísticos y las propiedades emergentes algo esperado, en un contexto disciplinar en donde las sucesivas rondas de investigación sobre agentes y procesos particulares no han alcanzado aún niveles de redundancia. Una estrategia de investigación productiva sería una que apunte simultáneamente tanto a reconocer la variabilidad potencial y a reducir la ambigüedad de trazas y patrones en el registro faunístico como a explorar desde sus objetivos mismos las condiciones bajo las cuales se produce tal variabilidad y, por ende, su significado en cuanto al comportamiento humano en el pasado y el contexto en que tuvo lugar. Un tema pendiente en relación con estos planteos tiene que ver con la cuestión de si hemos avanzado en el tratamiento de la equifinalidad o nos hemos vuelto menos exigentes en este aspecto. En la medida en que se destaque una visión típica del comportamiento de los agentes tafonómicos, incluso del humano, y demos mayor importancia a los sesgos que a la información paleoecológica, que las trazas tafonómicas brindan, será dif ícil articular la idea de rangos de efectos producto de un agente que es variable contextualmente y de efectos similares producto de distintos agentes. En esto es importante la integración de los modelos tafonómicos a la par de los zooarqueológicos, de manera que la tafonomía no ocupe un lugar de compromiso, para garantizar que no haya fuertes sesgos postdepositacionales, sino que dote de significado ecológico y material a la interpretación de la evidencia arqueológica. En este punto nos preguntamos en qué medida han sido reconocidas las “contribuciones positivas” de la tafonomía (Behrensmeyer y Kidwell, 1985). Una estrategia mixta como la aquí propuesta, orientada a reconocer la variabilidad tafonómica al mismo tiempo que las condiciones bajo las cuales se genera, implica asimismo considerar tanto las contribuciones “negativas” (sesgos) como las “positivas” (paleoecología) de la tafonomía. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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Este aspecto de las investigaciones tafonómicas sigue siendo central en la agenda pendiente de la arqueología de Sudamérica, ya que ahondar en la información paleoecológica que ofrecen las trazas y restos de organismos en el registro arqueológico permitirá a su vez contextualizar los comportamientos humanos del pasado. Esto se relaciona con la necesidad de modelos localmente relevantes comentada arriba. La incorporación de principios generales, en conjunto con las trayectorias históricas que moldearon la biota sudamericana, aplicados al estudio de las poblaciones humanas y su registro arqueológico, son una herramienta con mucho potencial para construir narrativas históricas sobre la trayectoria de estas poblaciones en el continente (por ejemplo, Stahl, 1996; Muñoz y Mondini, 2008b).

Di s c usi ó n y c o nc lusi o nes

Como se señaló, la tendencia que muestra la zooarqueología en la actualidad puede sintetizarse como la de una disciplina orientada a la incorporación de nuevos objetivos de investigación y marcos de referencia (simbólicos y sociales, por ejemplo), y sobre todo de nuevas técnicas de análisis para resolver los viejos y nuevos problemas, pero dentro de un universo de preguntas que no ha implicado en todos los casos un cambio sustancial en los niveles de causalidad (Reitz y Wing, 2008). La tafonomía vinculada a la zooarqueología, por su parte, ha avanzado sobre la generación de información vinculada a la variabilidad de agentes y procesos pero aún no se encuentra en una etapa de síntesis y de hipótesis generales (Behrensmeyer, 1993). En Sudamérica, la zooarqueología y tafonomía han alcanzado un importante grado de desarrollo, si bien éste es heterogéneo a través de la gama de investigaciones arqueológicas que se llevan a cabo en el continente y de las diferentes regiones y países dentro del mismo. Del diagnóstico actual se desprende que al menos los siguientes puntos son sensibles y aún requieren trabajo: • la integración entre tafonomía y zooarqueología, y entre ambas y el resto de las investigaciones arqueológicas; • el desarrollo de estudios actualísticos: estudios tafonómicos en escalas espaciales y temporales suficientemente amplias como para abordar la variabilidad de los distintos actores y procesos, y estudios experimentales y etnoarqueológicos que complementen los marcos de referencia generados por otras vías; • el desarrollo de más estudios zooarquelógicos sobre aspectos sociales, religiosos, simbólicos, de género y otros más recientemente introducidos en la arqueología de la región, y la incorporación activa de la tafonomía en Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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los mismos, así como más investigaciones zooarqueológicas y tafonómicas sobre sociedades complejas; • el desarrollo de modelos y métodos zooarqueológicos y tafonómicos que den cuenta de los procesos particulares que incumben a la historia de las poblaciones humanas y los ambientes en Sudamérica, y que no dependan necesariamente de los paradigmas propuestos en otras regiones; • el tratamiento de la naturaleza y variabilidad de la evidencia y las distintas escalas de análisis involucradas en una estrategia de investigación de este tipo, y • la superación de las diferencias señaladas respecto del estado de conocimiento disponible en las distintas regiones y comunidades académicas del continente.

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El desarrollo futuro de las disciplinas en la región se verá beneficiado por la ampliación de los espacios de intercambio y discusión, así como por generación de modelos relevantes para las condiciones locales y, sobre todo, la reflexión sobre la generalidad de nuestras inferencias y los modos de obtenerlas. Creemos que pasar del reconocimiento de patrones y explicaciones próximas a explicaciones más generales y niveles más altos de causalidad implica necesariamente apelar a escalas más amplias, tanto temporales como espaciales. También destacamos la necesidad de continuar el desarrollo de estudios actualísticos, y especialmente la utilidad de una estrategia mixta de investigación, que busque reconocer la variabilidad de los procesos y agentes tafonómicos al mismo tiempo que se exploran las condiciones bajo las cuales esa variabilidad se genera, y, por ende, los contextos en que vivieron las poblaciones humanas en el pasado. Una propuesta programática como la de Gifford-Gonzalez (1991) puede ser más productiva en Sudamérica si se generan investigaciones en ambos niveles simultáneamente, y se integran desde el comienzo de las investigaciones arqueológicas, teniendo en cuenta el contexto específico del continente y de cada región en particular. Cabe preguntarse de todos modos qué tanto interés ha suscitado entre los investigadores de la región la aspiración a niveles de causalidad más generales. En este sentido, debemos tener en cuenta, además de la joven historia de las disciplinas en Sudamérica, algunas cuestiones paradigmáticas. En cualquier caso, como señalan muchos autores, una mayor integración de tafonomía y zooarqueología es una pieza clave tanto de un programa como el señalado como de otras propuestas, ya que sólo los arqueólogos buscamos responder a las preguntas sobre la formación del registro arqueológico, y ninguna otra disciplina ha generado la información necesaria para responderlas (Binford, 1981; Gifford-Gonzalez, 1991, entre otros). Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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Como se señaló, esto no niega que el desarrollo de la zooarqueología y la tafonomía sudamericanas ha sido muy destacable en general, tanto en cantidad como en calidad. Así lo evidencia, por ejemplo, el grado de avance del que disponemos hoy sobre algunos temas planteados como importantes hace más de veinte años, tales como la tafonomía de la acción de carnívoros sudamericanos (Borrero, 1988b) y los aspectos vinculados a la economía prehistórica y a los estudios paleoambientales abordados desde el registro zooarqueológico (Haber y Ratto, 1988). Un repaso de la literatura de síntesis (ver, por ejemplo, Mengoni Goñalons et al., 2010) deja en claro que en la última década la zooarqueología y tafonomía sudamericanas han dado en efecto un gran paso, expresado asimismo en el valor que se le asigna a la comunicación entre profesionales y la circulación de resultados originales. Esto es evidente si uno releva las herramientas que para ello se han propuesto, tales como la Red Iberoamericana de Arqueozoología propuesta en el congreso del ICAZ de 2002, la Red de Laboratorios Latinoamericanos de Zooarqueología (http://redlabz.uniandes.edu.co/) y otras redes de investigación con miembros de diferentes países, así como la publicación de volúmenes específicos para dar cuenta del estado actual de la disciplina en la región (Mengoni Goñalons, 2004, 2009; Gutiérrez et al., 2007, 2010; Muñoz y Mondini, 2008a; López et al., 2009; Mengoni Goñalons et al., 2010; Álvarez et al., 2011), el surgimiento de espacios propios en reuniones internacionales (como el Plenario sobre Zooarqueología Latinoamericana en el congreso del ICAZ de 2006 y los simposios de zooarqueología y tafonomía Neotropicales en los dos últimos congresos del ICAZ), e incluso reuniones científicas específicas (como las reuniones nacionales de zooarqueología llevadas a cabo en Chile en 2006 y Argentina en 2008 y 2011, los Encuentros de Zooarqueología Latinoamericana en 2009, y próximamente en 2012; el congreso “Culturas Americanas y su Ambiente: Perspectivas desde la Zooarqueología, la Paleoetnobotánica y la Etnobiología”, realizado en México en 2010, y el recientemente creado Grupo de Trabajo de Zooarqueología Neotropical del ICAZ y su primer reunión académica en 2012, además de los congresos del ICAZ realizados en la región: en 2006 en México y próximamente, en 2014, en Argentina). Estos espacios ponen en evidencia que existe una necesidad de generar y compartir conocimiento en lo que podemos definir como comunidad académica sudamericana, y que los desarrollos que se requieren no necesariamente van a venir a futuro de la mano de la replicación de modelos generados en otras regiones o en el marco de problemas de investigación diferentes (ver discusión en Politis, 2003; Mengoni Goñalons, 2007; Muñoz y Mondini, 2008a). Para ello es necesario entonces profundizar estos espacios académicos compartidos. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 229-250

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Afortunadamente, como señalan Reitz y Wing (2008), la zooarqueología es un campo disciplinar internacional llevado adelante por una comunidad inclusiva y en crecimiento, por lo que seguramente el futuro mostrará más desarrollos teóricos, síntesis y contribuciones originales, como ya comienza a ser el caso. En suma, tanto aquí como en otras regiones del mundo, el futuro más productivo de la zooarqueología y la tafonomía está ligado a nuestra capacidad de discutir teoría, metodología y epistemología desde estas disciplinas. Pensamos que ambas disciplinas se encuentran ya en ese camino en la región.

A g r a d e c i m i e nto s

Expresamos nuestro agradecimiento a Guillermo Mengoni Goñalons, quien nos facilitó bibliograf ía; a los organizadores del Primer Encuentro Latinoamericano de Zooarqueología; a dos evaluadores anónimos y a los editores de Antípoda. . 24 4

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Documentos

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L A Z O OA RQU E OL O GÍ A DE N T RO DE L A U N I V E R SI DA D NAC IONA L AU TÓNOM A DE M É X IC O R aúl Val ade z A zúa* raul_valadez@hotmail.com. Laboratorio de Paleozoología, Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, México

G ilberto P ére z R oldán ** gilgertions@yahoo.com.mx. Laboratorio de Paleozoología, Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, México

E

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Int roducción

n México la zooarqueología es una disciplina de fuertes contrastes. Por un lado, sabemos que desde finales del siglo XVIII se reportaron hallazgos de restos animales asociados a estructuras religiosas de tiempos prehispánicos (Bernal, 1992), pero aún en la actualidad muchos arqueólogos dudan de si vale la pena rescatar la arqueofauna descubierta porque no saben si los resultados podrán aportar información relevante para su investigación; por otro lado, desde el siglo XX, a partir de que la arqueología mexicana se constituyó como disciplina con un método de trabajo estructurado, siempre el arqueólogo ha vivido la disyuntiva de impulsar el estudio de la colección zooarqueológica obtenida, o mejor buscar información general en fuentes escritas del siglo XVI sobre la fauna que utilizaban los pueblos indígenas antes de la Conquista. Parte de este esquema tiene su origen en que la zooarqueología apareció en México, en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) * Doctor en Ciencias Biológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, México. ** Maestría en Antropología, Arqueología, Universidad Nacional Autónoma de México, México.

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(Pérez, 2009), medio siglo después de los primeros estudios arqueológicos formales, pero también existe la circunstancia de que gran parte de los trabajos zooarqueológicos se han realizado bajo un esquema conservador, es decir, limitando la investigación a la identificación de las especies presentes, que concluye con una sencilla lista de restos estudiados bajo la forma de un informe técnico, sin que exista en ningún momento la comunicación necesaria entre zooarqueólogo y arqueólogo, de forma que impulse la investigación hacia la comprensión de cómo el recurso animal fue concebido y empleado por la comunidad ahí establecida. Resultado inevitable de este patrón es que ambas partes (el arqueólogo y el zooarqueólogo) aceptan sin problemas los limitados productos bajo la certeza de que la ausencia de información (potencialmente existente pero no extraída) podrá ser sustituida por datos provenientes de fuentes históricas.

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O r i g e n d e la z o o a r q ue ología en la U n i v e r si d a d Na c i o nal A ut ónoma de México

La más importante institución académica mexicana, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cuenta con un laboratorio de zooarqueología adscrito al Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIA) desde 1986, cuando Raúl Valadez Azúa fue contratado para desarrollarlo. Aunque aproximadamente un 25% de los académicos del IIA son arqueólogos, cuando el Laboratorio de Paleozoología fue creado no se sugirieron esquemas de trabajo más allá de que su principal responsabilidad fuera el apoyo a los proyectos arqueológicos; por otro lado, el responsable, siendo biólogo formado en la UNAM, no tenía un antecedente de cómo era el trabajo zooarqueológico “normal” en entidades como el INAH, lo que permitió que la propuesta de cómo funcionaría el laboratorio se estructurara al margen de esquemas tradicionales y con las sugerencias de algunos antropólogos que con el paso de los años se han convertido en importantes figuras de la investigación antropológica mexicana, por ejemplo, los doctores Linda Manzanilla, Luis A. Vargas Guadarrama y Carlos Serrano Sánchez. Uno de los grandes beneficios de la UNAM es la libertad de cátedra, la cual, aunque no siempre puede rebasar los conflictos personales o las limitaciones de recursos, generalmente se mantiene como un enorme paraguas que protege a la academia de las tormentas económicas o políticas que se viven en el país. Dicha libertad, si es convertida en productos concretos de investigación –publicaciones, participación en congresos, cursos, conferencias, etc.–, dejará abierta la posibilidad de que el académico involucrado pueda desarrollar su línea de investigación con libertad. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 255-265

L A ZOOARQUEOLOGÍA DENTRO DE L A UNAM | R AÚL VALADEZ AZÚA Y GILBERTO PÉREZ ROLDÁN

Este conjunto de condiciones permitieron que desde el principio los productos zooarqueológicos derivados del laboratorio rebasaran el esquema tradicional y buscaran dar opciones acerca de la forma como se había dado la relación hombre-fauna en el sitio de estudio (Serra y Valadez, 1985), aspecto que, a partir de ese momento, se convirtió en la meta mínima por cubrir dentro de cualquier estudio zooarqueológico que se vaya a realizar.

I m p ulso i nte r d i sc i pli nario

Para mediados de los ochenta, el tema de la interdisciplina era algo poco manejado en México, pero en el laboratorio de Paleozoología este esquema de pensamiento se dio de manera natural como consecuencia de que el académico responsable tenía formación biológica y fuertemente encaminada hacia la investigación científica formal, pero dentro de un ámbito laboral completamente antropológico. Esto permitió que los problemas antropológicos fueran emprendidos bajo otros esquemas de pensamiento y que el resultado tuviera una alta aceptación académica (Barba et al., 1987; Serra y Valadez, 1986; Valadez, 1988a, 1988b y 1989), por lo que, cuando surgen las primeras demandas de estudios por realizar bajo una concepción interdisciplinaria, esto fue abordado sin problemas (Valadez, 1992, 1993, 1994, 1995 y 1996). Es necesario recalcar que dentro de este proceso fue nuevamente factor clave la libertad de cátedra de la UNAM, pues permitió que los productos obtenidos justificaran el esquema de pensamiento sin necesidad de explicarle a nadie. Por otro lado, debido a que en el campus de la ciudad universitaria (donde se encuentra el IIA) es relativamente fácil encontrar especialistas de diversas áreas que acepten apoyar el trabajo académico de colegas (zoólogos en general, médicos, nutriólogos, paleontólogos, médicos veterinarios, etc.), el ambiente mismo propicia la búsqueda de soluciones a problemas antropológicos a partir de otras disciplinas.

R ut a de la i nv e sti ga c i ó n zooarqueológica e n e l Lab o r ato r i o d e Paleozoología

A partir de los noventa, ya con lo interdisciplinario como esquema normal de trabajo, el reto académico principal ha sido incorporar todo tipo de estudio y visión innovadora dentro de la investigación zooarqueológica. Esto, sin embargo, ha requerido una planeación más cuidadosa de la ruta de estudio que sigue cada elemento óseo, a fin de saber qué cantidad y tipo de datos podrán obtenerse. La investigación zooarqueológica del Laboratorio de Paleozoología posee tres niveles (ver la figura 1). El primero incluye el estudio del elemento óseo, el hueso como tal, el cual se analiza para saber si requiere consolidación, y Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 255-265

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Fases de trabajo y secuencia

Nivel y secuencia de los estudios Básico

I. Individual (el elemento óseo como entidad de estudio)

Estratigráfico contextual

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Poblacional

Paleoambiental

Etnobiológico III. Integral

Zoología Anatomía comparada Taxonomía Ontogenia Restauración y conservación Análisis de materiales Arqueología experimental Veterinaria Zootecnia

Especializado I

Especializado II

II. Colectivo (la colección arqueozoológica como entidad de estudio)

Disciplinas involucradas

Química Biología molecular Genética Arqueología

Ecología Genética de poblaciones Ecología Zoogeografía Geología histórica Historia Etnohistoria Arqueología Lingüística Paleobotánica Etnobiología

Figura 1. Esquema de trabajo zooarqueológico que se realiza dentro del laboratorio de Paleozoología del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

después, para ubicarlo anatómica, taxonómica y ontogénicamente. Si en este primer nivel se reconocen detalles que involucren la necesidad o el interés de seguir estudiándolo con otros fines (búsqueda de evidencias de manipulación del hueso, ser parte de un esqueleto identificado, posibles malformaciones del individuo, detalles que sugieran manejo de organismos vivos o uso de los especímenes para estudios químicos o de otro tipo), entonces entrará a alguna de las dos categorías de estudio especializado. El segundo nivel involucra la colección arqueozoológica, ya como un conjunto de individuos reconocidos. El acervo de información derivado del anterior nivel se estudia bajo una perspectiva arqueológica, ecológica, zoogeográfica e histórica, para determinar el Mínimo Número de Individuos (MNI), Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 255-265

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reconstruir los esquema de uso, los cambios naturales y antropogénicos que se dieron para con la fauna al paso del tiempo y la reconstrucción de las condiciones ambientales que existieron durante el período estudiado. Por último, en el tercer nivel se involucran diversas disciplinas antropológicas (y otras afines) para colocar la información dentro de un marco etnobiológico y, así, tanto enriquecer los resultados obtenidos como aportar nuevo conocimiento a la etnobiología. El cuadro mostrado, sin embargo, requiere especialistas de diversas áreas, incluso dentro del mismo grupo de trabajo, pues es imposible que una sola persona pueda realizar toda la línea de estudio. En nuestro caso, tenemos un equipo constituido por dos arqueólogos (uno especializado en la manufactura del hueso), un biólogo con estudios de posgrado en antropología y un biólogo, además de químicos, f ísicos, médicos veterinarios, odontólogos, zoólogos, paleoetnobotánicos, antropólogos f ísicos, lingüistas y etnólogos, y otros arqueozoólogos con quienes se ha colaborado. Pero dif ícilmente podría llegarse a este nivel de esfuerzo académico si no existiera siempre el propósito de involucrar al arqueólogo responsable del proyecto dentro del estudio zooarqueológico, para que se integre en la medida de lo posible al espíritu de la investigación y proporcione la información necesaria para avanzar en los estudios. Ciertamente, no todos aceptan en principio la idea, pero conforme se han ampliado el banco de publicaciones hechas por el laboratorio y el alto nivel de beneficios académicos, se hace más fácil la labor de convencimiento e, incluso, puede darse la situación de que conozca el tipo de estudio que se realiza y busque precisamente este tipo de trabajos y resultados.

A lg un o s c a so s i lustr ativos

A lo largo de tres décadas han existido tanto proyectos de investigación con todo el acervo necesario para estudiar al máximo cada elemento óseo como aquellos con los cuales los resultados han quedado estacionados en cierto nivel, por la ausencia de información o por el pequeño tamaño de la colección. Por otro lado, se han llevado a cabo líneas de investigación dentro del laboratorio, independientes de proyectos arqueológicos, cuyo fin es el desarrollo de métodos de estudio del material zooarqueológico. El estudio de los cánidos mesoamericanos. Perteneciente a estas líneas de investigación tenemos, como primer caso, el estudio de los cánidos arqueozoológicos, el cual se inició desde 1989, junto con la Maestra en Antropología Alicia Blanco Padilla, de la Dirección de Salvamento Arqueológico del INAH. Su origen se relaciona con la enorme cantidad de restos del género Canis en contextos mesoamericanos, los cuales, sin embargo, nunca habían sido objeto Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 255-265

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de estudio detallado. En el presente poseemos el esquema metodológico necesario para reconocer especie, edad, sexo, raza (en el caso del perro), dimensiones (alzada, longitud, peso, patrones alimentarios, padecimientos congénitos, relación cánido-hombre, valor simbólico, posible uso post mórtem, y si se trató de ejemplares que al morir tenían menos de un año de edad, época en que se dio el evento) (Blanco, Valadez y Rodríguez, 2009) (ver la figura 2). Fases de trabajo y secuencia

Nivel y secuencia de los estudios Consolidación, si se requiere, determinación anatómica, toma de medidas, identificación de especie, reconocimiento de edad, huellas de manipulación, aspectos tafonómicos, si se trata de parte de un conjunto de huesos o es una pieza aislada

I. Individual

Estudio de huellas de manipulación, determinación de raza, de sexo, de anomalías, de posibles usos del hueso y del cánido

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Limpieza de la muestra, elaboración de colecciones de muestras, realización de estudios

Contextualización de los materiales, determinación del MNI, de biotipos, reconstrucción de las poblaciones de cánidos, determinación de actividades involucradas con cada tipo de cánidos II. Colectivo

Cánidos presentes en el sitio, condiciones de vida condiciones ambientales y humanas que determinaron su presencia, esquemas de interacción con el hombre en espacio y tiempo, determinación de la época de muerte de individuos no adultos

Empleo de los datos de los cánidos silvestres para reconocer condiciones ambientales

III. Integral

Comparación de la información obtenida respecto a los cánidos con la proveniente de otros sitios u otras fuentes de información. Reconocimiento de la relación hombre-cánido como fenómeno cultural

Figura 2. Proceso de estudio de cánidos zooarqueológicos dentro del laboratorio de Paleozoología de la UNAM. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 255-265

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Elementos traza y colecciones zooarqueológicas. Otra línea de investigación, aún en proceso de desarrollo, es el estudio de elementos traza, para determinar patrones alimentarios (en humanos y en fauna doméstica), pero el esquema metodológico requiere el empleo de la fauna silvestre del sitio estudiado para estructurar un marco de referencia que permita convertir los valores obtenidos en tendencias alimentarias (Valadez et al., 2005; Valadez y Tejeda, 2005) (ver la figura 3).

261 Ominívoros o carnívoros no especializados

Figura 3. Ejemplo de uso de la arqueofauna de mamíferos de un sitio arqueológico para reconocer patrones alimentarios en humanos. Los niveles de estroncio son directamente proporcionales a las dietas ricas en vegetales, y los de zinc, a las carnívoras. Al obtener datos de relación Sr-Zn en fauna silvestre creamos un marco de referencia que permite ubicar las tendencias humanas. Los resultados, de acuerdo con nuestra condición natural omnívora y su posición en la gráfica, nos presentan a los individuos estudiados con una dieta intermedia entre ardillas y zarigüeyas, indicativo de una alimentación muy diversa, pero con predominancia de alimentos de origen vegetal (Valadez et al., 2005; Valadez y Tejeda, 2005).

Fauna del proyecto “Túneles y Cuevas” de Teotihuacán. Respecto de proyectos arqueológicos que nos ilustran sobre el esquema de investigación tenemos, en primer lugar, “Estudio de Túneles y Cuevas en Teotihuacan”, del cual se derivó una colección zooarqueológica de poco más de 3.000 individuos pertenecientes a 275 taxa, distribuidos a lo largo de trece siglos (siglo VII-VIII d. C. hasta el presente). Su estudio permitió proponer secuencias ocupacionales del sitio, uso de la fauna en diversas épocas, evolución paleoambiental de la región, el hallazgo de una nueva forma de cánido doméstico, determinación de patrones alimentarios en humanos y cánidos domésticos y la elaboración de propuestas sobre el uso de los perros para realizar fechamientos relativos mediante el colágeno residual (Valadez, en prensa). Fauna del “Entierro 6” de la Pirámide de la Luna. En este momento se están concluyendo los estudios de la fauna descubierta en el “Entierro 6” de la segunda estructura piramidal más importante de la ciudad arqueológica Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 255-265

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de Teotihuacán, la “Pirámide de la Luna” (Sugiyama y López, 2006). La investigación zooarqueológica se inició en 2004 con el rescate de cuarenta organismos descubiertos, seguido de su consolidación, estudio y armado. En este momento se ha determinado el esquema de manejo que se dio con cada uno de ellos, que en algunos casos incluyó su captura y posterior cautividad, el reconocimiento de lesiones, forma de muerte y esquema de traslado a la pirámide (Blanco et al., en prensa) (ver la figura 4).

Co n c lusi o ne s

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Aunque la investigación zooarqueológica que se realiza en el Laboratorio de Paleozoología del IIA de la UNAM tuvo un inicio lleno de situaciones fortuitas, con el paso de los años ha tenido la oportunidad de consolidar un esquema de trabajo interdisciplinario de amplio beneficio académico, como lo demuestran las aproximadamente 200 publicaciones que se han derivado al paso de 23 años. Entre los factores que han tenido un papel crucial para el desarrollo de la zooarqueología bajo el esquema mostrado se encuentran, en primer lugar, la libertad de cátedra; en segundo término, el involucramiento del arqueólogo con los estudios por realizar, y, finalmente, la posibilidad de constituir grupos de trabajo donde las humanidades y las ciencias experimentales tienen un peso similar y el mismo objetivo, llevando así a una propuesta de investigación muy detallada en cuanto a la forma como el material faunístico es estudiado, y ambiciosa, en cuanto a la información que se busca obtener; afortunadamente, los resultados logrados demuestran, sin lugar a dudas, que este esquema de investigación es una realidad en todo sentido y un referente de la forma como se puede conducir la investigación zooarqueológica en América Latina. .

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Fases de trabajo y secuencia

Nivel y secuencia de los estudios Remineralización y consolidación de los huesos, reconstrucción de los mismos, determinación anatómica, toma de medidas, identificación de especie, de edad, búsqueda de huellas de manipulación y de otro tipo de alteraciones tafonómicas

I. Individual

Estudio de huellas de manipulación, reconstrucción de cada ejemplar, determinación del sexo y de su biotipo, estudio de restos óseos de cavidad gástrica y de lesiones identificadas

Separación de muestras, limpieza, elaboración de colecciones de muestras, realización de estudios de elementos traza

Búsqueda de patrones de acomodo de individuos, determinación de los esquemas de manejo de cada uno y posibles asociaciones simbólicas

II. Colectivo

Reconocimiento de individuos completos o que llegaron bajo la forma de pieles, reconstrucción del manejo que se dio con cada uno previo al evento, estudio de condiciones de cautividad y manejo de ejemplares vivos, determinación del posible momento de muerte de los animales cautivos y forma en que se realizó

Determinación de lugares de procedencia de los ejemplares, estudio de las circunstancias biológicas que favorecieron la cautividad de algunos

III. Integral

Comparación de la información obtenida con la de otros entierros descubiertos en la Pirámide de la Luna, estudio de otros eventos de cautividad de animales en Mesoamérica, reconocimiento de la tradición de capturar crías y mantener cautivos a ciertos animales como esquema cultural mesoamericano

Figura 4. Secuencia de trabajo zooarqueológico realizado con los ejemplares descubiertos en el “Entierro 6” de la Pirámide de la Luna (Blanco et al., en prensa).

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Referencias

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Serra. Mari Carmen y Raúl Valadez 1985. “Fauna de Terremote-Tlatenco, D.F.”, Anales de Antropología XXII, pp. 159-213. 1986. “Los recursos lacustres de la Cuenca de México: Los Patos”, Anales de Antropología XXIII, pp. 120-148. Sugiyama, Saburo y Leonardo López (eds.) 2006. Sacrificios de consagración en la Pirámide de la Luna. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia-Consejo Nacional para la Cultura y las Artes-Museo del Templo Mayor-Arizona State University. Valadez, Raúl 1988a. “Restos de Ovis canadiensis en el centro de México”, Ciencia y Desarrollo XIV (81), pp. 28-39. 1988b. “Algunos aspectos sobre aprovechamiento de los recursos silvestres, alimentación y modelos de estudio en comunidades prehispánicas de la Cuenca de México”, en Etnoarqueología, Mari Carmen Serra y Yoko Sugiura, eds.,Primer Coloquio Pedro Bosch Gimpera, pp. 283-304. México: Instituto de Investigaciones Antropológicas. 1989. “Restos animales”, en Las máscaras de la cueva de Santa Ana Teloxtoc, Ernesto Vargas, ed., pp. 142-150. México: Universidad Nacional Autónoma de México. 1992. “Impacto del recurso faunístico en la sociedad teotihuacana”, Tesis de Doctorado en Ciencias Biológicas, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México, México. 1993. “Macrofósiles faunísticos”, en Anatomía de un conjunto residencial teotihuacano en Oztoyohualco, Linda Manzanilla, ed., II, pp. 729-813. México: Universidad Nacional Autónoma de México. 1994. “¿Cuántas razas de perros existieron en el México prehispánico?”, Veterinaria México 25, (1), pp. 1-11. 1995. El perro mexicano. México: Instituto de Investigaciones Antropológicas. 1996. La domesticación animal. México: Plaza y Valdez-Instituto de Investigaciones Antropológicas. Valadez, Raúl (coord.) En prensa. El ambiente y el hombre: Arqueofauna de los túneles de Teotihuacan: Estudios Interdisciplinarios, vol. II, El inframundo de Teotihuacán: ocupaciones post-teotihuacanas en los túneles al este de la Pirámide del Sol, ed. general, Linda Manzanilla, México: El Colegio Nacional.

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Valadez, Raúl, Samuel Tejeda, Graciela Zarazúa, Leticia Carapias y Mario Casas 2005. “El estudio de elementos traza en restos arqueozoológicos y su empleo en la reconstrucción de paleodietas”, Estudios de Antropología Biológica XII (2), pp. 945-970. Valadez, Raúl y Samuel Tejeda 2005. “Modelo para la determinación de patrones alimentarios en poblaciones prehispánicas del centro de México a través de la cuantificación de elementos traza”, en Primer Congreso Argentino de Arqueometría, Adrían Pifferetti y Raúl Bolmaro, eds., pp. 290-299. Humanidades y Artes Ediciones.

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L A F U NC IÓN T R A NSDI S C I PL I NA R I A DE L A A RQU E OZ O OL O GÍ A E N E L SIGL O X X I: R E STO S A N I M A L E S Y M Á S A L L Á

L uis A lberto B orrero * laborrero2003@yahoo.com IMHICIHU-CONICET y Universidad de Buenos Aires CONICET-IMHICIHU y Universidad de Buenos Aires, Argentina

L

A la memoria de Oscar J. Polaco

La arqueozoología

a ar q ueoz oolo g í a se ha a se nt a d o sólidamente como uno de los pilares de la arqueología en el siglo XXI. Su objetivo gira alrededor del estudio de los huesos, pero esto no debe confundirse con una invitación a la hiperespecialización, que no es la mejor vía para lograr estudios integrados y comprensivos. He dedicado este trabajo a la memoria de Oscar J. Polaco, para mí un modelo en el tipo de búsqueda que defiendo, ya que en su obra abarcó desde el Pleistoceno hasta los períodos históricos (hablo exclusivamente de sus contribuciones arqueozoológicas), incluyendo una variedad de problemas desde muy distintos ángulos, generando puentes entre disciplinas (ver Polaco et al., 2001; Arroyo-Cabrales et al., 2005). Recientemente se ha destacado que dentro de este campo disciplinario existen variantes tales como la arqueozoología propiamente dicha –centralizada en la relevancia cultural de los restos faunísticos– o la “arqueología biológica” –centralizada en comparaciones entre distribuciones pasadas y presentes de faunas– (Mengoni Goñalons, 2007: 14), a las que se pueden agregar estudios de arqueozoología aplicada (Lyman, 2006), quizá incluidos los de transformaciones ambientales (Odling-Smee et al., 2003; Stahl, 2008). Como ha enfatizado Mengoni Goñalons, estas perspectivas se complementan y son integrables. * Doctor, Universidad de Buenos Aires, Argentina.

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Durante mucho tiempo la aspiración de la arqueozología fue multidisciplinaria, en el sentido de tratar su objeto desde ángulos muy diferentes, creando las sólidas bases observables hoy en distintos países (Mengoni Goñalons, 2004; Quiroz, 2009). La tafonomía asumió un papel crucial en el logro de todos estos fines, dada su capacidad para apuntalar la construcción de conocimiento. Más allá de esto, por definición operativa la tafonomía se constituye en parte integral de esta disciplina. Lo que hace no tanto tiempo llegó en algunos ámbitos a ser considerado como una moda, hoy se asienta en el mismo nivel de necesidad que tienen el informe estratigráfico o la taxonomía. De todas maneras, claramente “zooarchaeology is not just taphonomy, it goes far beyond” (Mengoni Goñalons, 2007: 22). Diré incluso que los objetivos de la arqueozoología trascienden el análisis de las faunas, pues debe presentar información creíble, operativa y –aquí está el desaf ío principal– transdisciplinaria. En otras palabras, debe servir a fines que no están exclusivamente centralizados en el mundo animal. Una de las formas es la consideración de las prácticas alimenticias utilizando distintos tipos de fuentes desde las arqueofaunas, los textos o los artefactos, como lo ha hecho María Marschoff al analizar el caso de Floridablanca, el asentamiento español del siglo XVIII (Marschoff, 2007). Otra forma es tratar de discutir el problema en diferentes escalas espaciales o temporales, utilizando el mismo tipo de materiales (Mengoni Goñalons et al., 2000). Cualquiera de las soluciones obliga a una interacción fuerte con los materiales no faunísticos. Por otra parte, no creo que se requiera un acercamiento teórico especial ni una arqueología exclusiva de América Latina (Borrero, 2004), opinión que extiendo a la arqueozoología. Entiendo las formas de practicar arqueozoología como universales, con matices que se seleccionan de acuerdo con una enorme variedad de circunstancias –entre las cuales se cuentan, por cierto, las geográficas o las políticas–, pero para mí la forma de la distribución resultante no tiene un eje geográfico. Existen varios temas comunes que parecen específicos para América Latina, como el estudio de los camélidos (Mengoni Goñalons et al., 2000; Yacobaccio, 2007) o su particular biodiversidad (Mengoni Goñalons, 2004). Sin embargo, los análisis realizados sobre los restos de camélidos no difieren de los que se eligen para estudiar otros animales. Los enfoques pueden ser morfométricos (L’Heureux, 2005), etnoarqueológicos (Martinez, 2007; Yacobaccio, 2007; Beretta, 2008), moleculares (Orlando et al., 2009), etc., ninguno de los cuales es exclusivo para los camélidos. Entonces, la existencia de problemas arqueozoológicos específicos de América Latina es innegable, tan sólo que éstos no pueden constituirse en el criterio demarcador de las metodologías de investigación. Vivian Scheinsohn (2009) analizó el panorama teórico relacionado con Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 267-274

LA FUNCIÓN TR ANSDISCIPLINARIA DE LA ARQUEOZOOLOGÍA EN EL SIGLO X XI | LUIS ALBERTO BORRERO

la construcción de una arqueología darwiniana en la periferia de los grandes centros productores de conocimiento, en particular en Argentina. Uno de sus resultados es que en Argentina operó una mezcla de esquemas. Scheinsohn indica que muchas de las aplicaciones teóricas realizadas en la periferia exceden o contrarían el préstamo, para constituirse en elaboración teórica (Scheinsohn, 2009: 82). Éstas son algunas de las condiciones desde las que se pueden realizar aportes metodológicos y teóricos desde América Latina, teniendo en claro que éstos también servirán en otros lugares del mundo. Por otra parte, el momento por el que pasa la arqueozoología en general requiere una postura metodológica. Lo avalan los avances producidos, entre otros, por Elkin (1995), Scheinsohn y Ferretti (1995), Stahl (1999), Gutiérrez y Kaufmann (2007), Borella et al. (2007), San Román (2009) o Kaufmann (2009). Estos aportes, a la vez, apuntalan la arqueozoología de América Latina y prestan un servicio que trasciende sus fronteras. No es casual que estos ejemplos provengan mayoritariamente del campo metodológico, crucial para la construcción arqueofaunística. Los estudios de anatomía económica, tafonómicos o ingenieriles mencionados plantean claros puentes hacia discusiones más amplias. En suma, hay varias razones por las que importa avanzar en la incorporación activa de estudios arqueozoológicos en general y metodológicos en particular. En síntesis, vale la pena alentar la exploración metodológica y explotar la capacidad de innovación que ofrece el caldo de cultivo creado por las excursiones teóricas muchas veces eclécticas de la arqueozoología en América Latina. Parte de esta búsqueda incluye lo que denomino “tafonomía irrestricta”.

T a f o n o m í a i r r e str i c ta

Algunas recientes revisiones de la historia de la arqueología o la arqueozología en América Latina han destacado la importancia de la tafonomía (Politis, 2003; Mengoni Goñalons, 2007; De Queiroz y De Carvalho, 2008; Quiroz, 2009). Muy adecuadamente la tafonomía se ha concentrado en el estudio de huesos, dado que éstos se adaptan más al análisis de procesos en escalas cortas. En otras palabras, su estudio se desarrolla en condiciones bajo las cuales el trabajo actualístico es más sencillo. Dado que el tiempo de reciclado óseo se mide en décadas, la vida nos alcanza para observar cambios significativos. Además, informan muy sensiblemente sobre su historia de vida y, cuando se destruyen, lo hacen rápidamente. Así, los estudios tafonómicos óseos nos han permitido sensibilizarnos con los ritmos de depositación, preservación y destrucción ósea. Más allá de esto, se espera que su uso sirva también para la comprensión de las historias de otros materiales. Éste es el gambito que permite proyectar la aventura ósea tafonómica a otros planos y otros tipos de restos. La tafonomía Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 267-274

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ósea sirve como control, por ejemplo, de la historia de exposición subaérea de conjuntos arqueológicos que incluyen restos no óseos (Martin et al., 2004; Borrazzo, en preparación). Entonces, habiendo sentado una sólida base en tafonomía ósea, el próximo desarrollo está en no restringir la tafonomía a los huesos –los estudios de tejidos blandos (Finucane, 2007) o moleculares (Willerslev y Cooper, 2005; Orlando et al., 2009) ya hace bastante tiempo que constituyen una parte integral– o no pensar la arqueozoología sólo en función de “animales”. La tafonomía estudia la tensión constante entre medios preservacionales y medios destructivos1. Al ocuparse de sentar las bases para discusiones arqueológicas posteriores, no se interesa sólo en la fauna. La mera inclusión de conceptos tafonómicos en una discusión arqueozoológica usualmente deberá llevarnos a trascender el mundo de los huesos, o el de los materiales orgánicos en general. Las funciones de una perspectiva tafonómica no sólo incorporan criterios formacionales, sino que llevan toda la discusión a un estado de sinergia en el que todas las clases de materiales –sedimentos, plástico, restos líticos o cerámicos, concreto, huesos, etc.– informan acerca de todo lo demás. No se trata meramente de desarrollar, por ejemplo, una tafonomía lítica (Hiscock, 1985; Borrazzo, 2006), cerámica (Ozán, 2009) o de fitolitos (Piperno, 1985) –todas incorporaciones positivas– sino de utilizar interactivamente los distintos marcadores. La fidelidad a esta posición permitirá incluir un espectro mucho más amplio de objetivos y expandirá los resultados. Si bien existen antecedentes para la mayoría de estos desarrollos, en América Latina adquieren un buen potencial de integración, cosa aún no totalmente formalizada en otros lugares. En este sentido, puede ser una ventaja la actual falta de sistematización de los componentes tafonómicos de una investigación que es observable en este sector del mundo, ya que facilitará esa expansión. He dicho, con otras palabras, que la tafonomía está detrás de toda empresa arqueológica. Simplemente no podemos creerle al registro en la forma en que se nos presenta sin una preocupación acerca de su historia formacional y preservacional (Gutiérrez, 2009). Siendo estrictos, se pueden concebir e identificar marcadores tafonómicos que abarquen toda la gama de procesos de interés arqueológico, desde los de mezcla hasta los indicadores de “depositación no funcionalmente significativa” –conjuntos de bifaces sin uso y/o quebrados (Carr y Boszhardt, 2003), taxa representados diferencialmente (Corona, 2007), segmentos de animales que no responden a marcos de referencia económicos 1 No me preocupo aquí por cuestiones nominales, tales como el excesivo respeto a una definición clásica de “tafonomía”. Entiendo que los trabajos clásicos delinearon un camino que, por necesidad, deberá estar signado por las adiciones y transformaciones. Antipod. Rev. Antropol. Arqueol. No. 13, Bogotá, julio-diciembre 2011, 292 pp. ISSN 1900-5407, pp. 267-274

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(Stahl, 2004; Politis, 2007), etc.–. El punto es que toda la búsqueda y discusión interpretativa estarán asentadas sobre una base sólida. Dicho esto, hay que enfatizar que el trabajo tafonómico clásico, caracterizado por el enfoque naturalista (cf. Marean, 1995), aún no ha dejado de prestar servicios. Tal vez se ha pensado que esa forma de adquisición de conocimiento ya cumplió su tarea, pero en realidad apenas ha comenzado a desarrollarla. Por ejemplo, los poderosos resultados de la tafonomía ósea naturalista aún deben ser explorados en su dimensión geográfica. ¿Cuáles son los valores de las variables en distintos ambientes, latitudes, alturas, etcétera? A esto se suman las apenas iniciadas series de observaciones sobre otros tipos de materiales, tales como concreto o plástico (ver Weisman, 2007). No hay nada que sugiera que esta tarea deba esperar por la existencia de un interés masivo por una arqueología que se ocupe de los mismos (ver Gould y Schiffer, 1981). Éste es un campo en el que es posible realizar las observaciones actualísticas antes de la iniciación de los programas intensivos de investigación, una situación que permitirá seleccionar las variables adecuadas de manera informada. En otras palabras, aún nos falta conocer ritmos básicos de la naturaleza en relación con nuestros problemas de investigación. El trabajo del arqueozoólogo, como se sigue de las bases epistemológicas de la teoría de la evolución, mínimamente exige un conocimiento de la variación exhibida por un fenómeno. Esto significa, sencillamente, que es mucho más lo que queda por conocer que lo ya hecho. No conozco proposición más alentadora que ésa. .

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Cr éditos i m ágen es A n típoda 13 Margarita Monsalve y Juan Antonio Monsalve ©

Portada

Diente de león 2004. Guarda

inicial

Estructuras 2004. Imagen

página

26:

Patinadores Nueva York, 2009. Imagen

página

96:

Parque de diversiones Mexico DF, 2002. Imagen

página

226:

Cony island Nueva York, 2009. Imagen

página

Pérgolas Barcelona, 2004. Guarda

final:

Tensores (det) 2004.

252:

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Normas

A N T Í P O D A N º 1 3 | J U L I O - D I C I E M B R E 2 0 11

Normas actualizadas pa r a pu blica r Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología, de la Universidad de los Andes es una publicación semestral que se proyecta como un espacio de encuentro y discusión sobre temas de interés para la disciplina antropológica. Su objetivo es incentivar el intercambio académico entre la Antropología y la Arqueología con otras disciplinas sociales y humanas. La revista tiene un interés especial en desarrollar y profundizar en los análisis de dichas áreas en torno a problemáticas actuales y regionales. Dado nuestro interés por crear lazos entre pensamientos académicos de otros contextos nacionales y continentales para discutir temas hispanoamericanos, la revista Antípoda publica textos inéditos en español, inglés y portugués. En volúmenes especiales, y de acuerdo con la decisión del Comité Editorial, se pueden publicar artículos en otros idiomas con su respectiva traducción al español. 278

Pr oc e so e d i to r i a l

• Cada número de la revista contiene un dossier especial en donde se presentan artículos relacionados con el tema principal de la publicación. Este tema es sugerido por el Comité Editorial o a partir de las propuestas recibidas por académicos interesados en participar como editores invitados. • Una vez seleccionado el tema del número, la revista lanza con seis meses de anticipación una convocatoria por un período determinado a través de distintas redes académicas. De forma regular, se reciben artículos que cumplan con el objetivo general de la convocatoria. • Se sugiere consultar con la editora general antes de enviar trabajos en idiomas distintos al castellano. antipoda@uniandes.edu.co • Los artículos presentados no deben estar en proceso de evaluación ni tener compromisos editoriales con ninguna otra publicación. • Los autores son responsables de conseguir los permisos correspondientes para la reproducción de imágenes, ilustraciones, figuras y citas extensas. La revista puede apoyar para solicitar dichos permisos. Una vez se cierra la convocatoria, orientada y coordinada por el (los) editor(es) invitados, el Comité Editorial en pleno hace una revisión cuidadosa de los artículos presentados. Allí se evalúa si el escrito cumple con los requisitos básicos exigidos por la revista y su pertinencia para figurar en cada número temático de Antípoda. • Una vez se cierra la convocatoria, orientada y coordinada por el (los) editore(es) invitados, el Comité Editorial en pleno hace una revisión cui-

• • •

dadosa de los artículos presentados. Allí se evalúa si el escrito cumple con los requisitos básicos exigidos por la revista y su pertinencia para figurar en cada número temático de Antípoda. Posteriormente, los artículos seleccionados son sometidos a evaluación por parte de dos árbitros anónimos, sugeridos por el (los) editor(es) invitado(s) y avalados por el Comité Editorial. La decisión final se informará a los autores en un plazo máximo de seis meses. El equipo editorial se encargará de enviar un concepto inicial a cada autor (aprobado, aprobado con cambios o rechazado). Igualmente, se inicia un proceso de seguimiento a los artículos aceptados, que consta de las siguientes etapas: evaluación, corrección por autores, revisión editorial y corrección de estilo. Las modificaciones y correcciones del artículo deberán ser realizadas por el autor en el plazo que le será indicado por el equipo editorial de la Revista. Al finalizar el proceso de evaluación, el (los) editor(es) invitado(s), junto con el equipo editorial, deberá(n) revisar los conceptos recibidos y determinar cuáles serán los artículos publicados. Igualmente, definirán en qué sección serán publicados y qué cambios requieren. Esta decisión será comunicada al autor tan pronto se tenga toda la documentación que le es solicitada en el plazo indicado. Los autores de los textos aceptados autorizan, mediante la firma del "documento de autorización" de uso de derechos de propiedad intelectual, la utilización de los derechos patrimoniales de autor (reproducción, comunicación pública, transformación y distribución) a la Universidad de los Andes, Departamento de Antropología, para incluir el texto en Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología (versión impresa y versión electrónica). En este mismo documento los autores confirman que el texto es de su autoría y que en el mismo se respetan los derechos de propiedad intelectual de terceros. Al finalizar este proceso, los textos no serán devueltos. Los autores recibirán dos ejemplares del número en el que participaron. En caso de que un artículo quisiera incluirse posteriormente en otra publicación, deberán señalarse claramente los datos de la publicación original en Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología, previa autorización solicitada a la dirección de la revista.

R e q ui si to s par a la pr e sent ación de art ículos

Antípoda recibe textos en español máximo de veinticinco (25) páginas (8.500 palabras Aprox.). En otros idiomas, no podrán sobrepasar las veinte (20) páginas (7.000 palabras Aprox.), (incluídos pies de página y bibliograf ía).

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Al presentar un artículo, se deben cumplir las siguientes especificaciones: • Los trabajos deberán presentarse en el siguiente formato: tamaño carta, márgenes de 2,54 cm, doble espacio, letra Times New Roman 12 puntos, numeración de página desde 1 hasta n, en el margen superior derecho, con un uso mínimo de estilos –negrita sólo para títulos y subtítulos; cursiva para énfasis dentro del texto–.   • Cada texto debe incluir el título del artículo y un resumen en español e inglés que no supere las 80 palabras, y 5 palabras clave en español e inglés.  • Debe incluirse en pie de página un breve perfil del autor o autores que incluya su actual vinculación institucional, el título académico más alto con la institución que lo otorgó, y su correo electrónico.  • Todos los diagramas y fotograf ías serán denominados “Figuras”, las cuales deben ser identificadas en el texto mediante un pie de foto.  • Todas las imágenes deben ser numeradas consecutivamente. Deberán ser eviandas en formato .tiff de alta resolución, es decir de 300 pixeles por pulgada (ppp).  • La forma de citación debe corresponder a las normas Chicago adaptadas por Antípoda. • Las referencias bibliográfica deben estar organizadas en estricto orden alfabético. Ver modelos de presentación de los datos bibliográficos que aparecen en los siguientes ejemplos: Libros: Apellido, Nombre Año Título. Ciudad, Editorial. Behrensmeyer, Anna Kay y Andrew Hill 1980 Fossils in the Making: Vertebrate Taphonomy and Paleoecology. Chicago, University of Chicago Press. Capítulo de libro o artículo de contribución: Uribe, Carlos Alberto 1992 Aculturación. En  Palabras para desarmar, eds. Margarita Serje, María Cristina Suaza y Roberto Pineda, pp.25-37. Bogotá, ICANH. Artículos en revistas: Bradley, Bruce y Dennis Standford 2004 The North Atlantic Ice-edge Corridor: A Possible Paleolithic Rout to the New World. World Archaeology 36 (4), pp. 459-478.

Se recomienda a los convicados tener en cuenta estas normas actualizadas a partir de Antípoda número 14. Como revista académica, Antípoda respeta y está abierta a diferentes líneas de pensamiento. Sin embargo, Antípoda no se hace responsable de las opiniones y conceptos de los autores que aparecen en cada número.

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C O N V O C AT O R I A

ANTROPOLOGÍA Y LITERATURA

Desde Herodoto hasta Frazer las relaciones entre la antropología y la literatura han sido estrechas. No pocas veces los cuadros etnográficos han estado acompañados de relatos ficticios en los cuales el pensamiento antropológico ha sido plasmado en textos de carácter literario que, en ocasiones, han tenido impacto mayor que el de la producción propiamente académica. A su vez, los antropólogos —como lo señalaron Clifford y Marcus en su ya clásico Writing Culture (1986)—, al hilar sus representaciones culturales en los textos etnográficos, han construido no sólo políticas de la diferencia, sino verdaderas geopoéticas en la cuales quedan involucrados como personajes o narradores literarios. Para su edición número 15, Antípoda, con el fin de aportar en este campo y de hacer una aproximación sistemática a la compleja relación entre antropología y literatura, está convocando contribuciones que propongan reflexiones sobre los espacios de intersección entre éstas poniendo en evidencia tanto la forma en que la literatura ha alimentado el pensamiento antropológico como la manera en que la antropología y, en particular, la etnograf ía se han constituido como prácticas narrativas. Editores invitados: Margarita Serje, profesora Departamento de Antropología Universidad de los Andes, Colombia; Juan Carlos Orrego, profesor Departamento de Antropología Universidad de Antioquia, Colombia. Fecha límite para la recepción de artículos: 12 de marzo de 2012 Los artículos pueden ser enviados a: antípoda@uniandes.edu. comserje@uniandes.edu.co languidamente@gmail.com Más información en: http://antipoda.uniandes.edu.co/page.php?c=Convocatorias

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C A L L

O F

PA P E R S

ANTHROPOLOGY AND LITERATURE

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From Herodotus to Frazer relations between anthropology and literature have been close. Not infrequently were the ethnographic pictures accompanied by fictitious stories in which anthropological thought has been expressed in literary texts that, at times, have had greater impact than the actual academic production. In turn, anthropologists like Clifford and Marcus said in their classic Writing Culture (1986) – by spinning cultural representations in ethnographic texts they have built not only policies of difference, but real geo-poetics in which they are involved in as literary characters and narrators. For its 15th edition, Antípoda, in order to contribute to this  field and make a systematic approach to the complex relationship between anthropology  and literature, it’s calling for contributions to propose reflections on the  intersection between these, highlighting both how literature has fueled  anthropological thought and the way anthropology and ethnography in particular,  have become narrative practices. Guest Editors: Margarita Serje,  Professor at the Department of Anthropology of the University of the Andes  (Universidad de los Andes), Colombia  Juan  Carlos Orrego, Professor at the Department of Anthropology of the University of  Antioquia (Universidad de Antioquia), Colombia Deadline for receipt of articles: March 12, 2012 The articles can be submitted to: antípoda@uniandes.edu.co mserje@uniandes.edu.co languidamente@gmail.com For more information go to: http://antipoda.uniandes.edu.co/page.php?c=Convocatorias

CHAMADA ANTROPOLOGIA E LITERATURA

Desde Herodoto até Frazer as relações entre a antropologia e a literatura  sempre foram muito próximas. Não poucas vezes, os quadros etnográficos vieram acompanhados de relatos fictícios em que o se colocava o pensamento  antropológico em textos de caráter literário que, ocasionalmente, tiveram maior impacto comparado com aquele da produção acadêmica própria. Por sua vez, os antropólogos, como já apontaram Clifford e Marcus no clássico Writing Culture (1986)— enquanto lavram as representações culturais nos textos  etnográficos, construíram não apenas políticas da diferença, mas verdadeiras  geo-poéticas em que personagens ou narradores literários ficam envolvidos. Para a edição número 15, Antípoda, no intuito de contribuir neste campo e de se aproximar sistematicamente à complexa relação entre antropologia e literatura, pretende reunir contribuições que levantem reflexões sobre os espaços de encontro entre elas, evidenciando tanto a forma em que a literatura tem alimentado o pensamento antropológico quanto a forma em que a antropologia, e nomeadamente, a etnografia, tornaram-se práticas narrativas. Editores invitados: Margarita Serje, professora Departamento de Antropologia Universidade de los Andes, Colômbia; Juan Carlos Orrego, professor Departamento de Antropologia Universidade de Antioquia, Colômbia. Data limite para recebimento de artigos 12 de março de 2012. Os artigos podem ser enviados a: antípoda@uniandes.edu.co mserje@uniandes.edu.co languidamente@gmail.com Mais informações: http://antipoda.uniandes.edu.co/page.php?c=Convocatorias

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Revista Antipoda No. 13