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El Taki Onqoy: ¿un movimiento milenarista en Perú del siglo XVI?* Paulina Numhauser Bar,Magen UniversidadAlcalá de Henares .

Resumen Dentro de las discusiones más importantes acerca del pasado de la cultura andina, el Taki Onkoy sigue siendo un problema a resolver, en tanto que significa una idiosincrasia que pone de manifiesto la manera de ver, pensar y actuar de una época reñida entre lo occidental y lo autóctono, enfrentada en un sincretismo formado desde la nueva perspectiva de la religión imperante. El universo en el que se desarrolla el Taki Onkoy lejos de ser interpretado en su totalidad, ofrece muchas propuestas que la autora elucida en este artículo. Palabras clave Taki Onqoy, extirpación de idolatrías, milenarismo Abstraet Within diseussions more important about past of the culture Andean, ,The Taki Onkoy continues being problem to solve, whereas it means an idiosyncrasy that shows the way to see, to think and to act of a time fought between westem and the native thing, faced in a syncretism formed from the new perspective of the prevailing religion means one. The universe in which is developed the Taki Onkoy far from being interpreted in its totality, offers many proposals that elucide the authoress in this artide.

* Artículo basado en una Ponencia expuesta por la autora, con el mismo título, en el Congreso Internacional de Americanistas N° 48, Suecia 1994. RevistaSumma HislOriaeAño /, N° J

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"Algunascosas diré que parecerácontra toda razón natural, a las cualesel incrédulo dirá: que de largas vías, etc., mas el tal dará muestras de su corto entendimiento, porque no creen los hombres sino lo que en sus patrias ven." (Fray R. de Lizárraga 1946:22) Nuestra capacidad de conocimiento del mundo indígena prehispánico, resulta fuertemente limitado por el tipo de fuentes con que la historiografía trabaja. Fundamentalmente las crónicas, que con abundancia nos legó la conquista y colonización de Indias, presentan el grave problema de su origen europeo. Las escasas Qcasiones en que nuestro informante pertenece al ámbito indígena, la información que aporta nos llega fuertemente media tizada por el medio español o sufriendo un fuerte sincretismo cultural. Es indudable que cada crónica es un mundo en sí, pues refleja el universo propio de su autor, su formación, su experiencia, pero aún más, los objetivos que quiso alcanzar al transmitir su información. Comúnmente, en nuestro afán por sustentar nuestra propia versión del pasado, olvidamos que los cronistas, al tomar la pluma, lo hicieron insertos en las intensas polémicas de su época y mayoritariamente, si no siempre, interesados de convencer a sus lectores que su versión de los hechos era la "verdadera". Y esto en el período más temprano de la colonización, pues si nos internamos en el siglo XVI comprobaremos cómo la censura, ejercida por diversos organismos, fue determinante en la transmisión de la información que ha llegado a nosotros. Este factor, sin duda, no le quita valor a estas fuentes, sino que sencillamente nos obliga a ser más cuidadosos y críticos al analizar este tipo de documentos. Un ejemplo al respecto, es el del capitán Gonzalo de Oviedo y Valdés. Este autor, en su importante HistoriaGeneraly Natural de las Indias, demuestra un muy especial sentido de análisis. Escrita a mediados del siglo XVI, al intentar explicar el uso del tabaco entre los indígenas, nos describe cómo esta costumbre americana era similar a la practicada por los nativos de Tracia, afirmación que report~ba por asociación a sus lectores del sigloXVI, directamente a los que entonces se reputaban como los más tenebrosos y cruentos cultos diabólicos europeos, "Aquí me parece que quadra una costumbre viciosa e mala que la gente de Tracia usaba entre otros criminosos vicios suyos, segund el Abulensis escribe sobre Eusebio De LosTiempos, [Abulensis, lib. III, cap. 168], donde dice que tienen por costumbre todos, varones e mugeres de comer alrededor del fuego y huelgan mucho de ser embriagados o lo parescer: e que como no tienen vino toman simientes de algunas hiervas que entre ellos hay, las cuales echadas en las brasas dan de si un tal olor que embriagan a todos los presentes, sin algo beber. A mi parescer esto es lo mismo que los tabacos que estos indios toman"l.

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Fernández de Oviedo y Valdés. Historia General y Natural de las Indias. Real Academia de la Historia

Madrid.18Sl. p.l3l

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Mientras que otro autor muy popular, tanto entre sus contemporáneos como en la actualidad, el jesuita joseph de Acosta, en su HistoriaMoral y Natural de lasIndias,transmitía una versión no menos tranquilizadora para sus lectores, al describir las prácticas religiosas de los indígenas del Perú, "Lo que más admira de la envidia y competencia

de Satanás

es que no sólo en idolatrías

y

sacrificios sino también en cierto modo de ceremonias haya remedado nuestros sacramentos que]esucristo Nuestro Señor instituyó y usa en su santa Iglesia, especialmente el sacramento de la comunión que es el más alto y divino, pretendió en cierta forma imitar para gran engaño de los infieles...

,,2(Acosta, 1979: 131).

.

Este libro de Acosta, publicado por primera vez el año 1590, fue extensamente leído en Europa, con gran éxito, siendo casi inmediatamente traducido a numerosos idiomas. Resulta interesante subrayar la acogida que tuvo su explicación de que los ritos religiosos indígenas no eran más que meros remedos de similares festividades y ceremonias cristianas, inspirados por Satán Otra versión distinta sobre el mismo tema, esta vez proporcionada por el fraile carmelita descalzoAntonio Vázquezde Espinosa,en su Compendioy Descripciónde las Indias Occidentales,escrita a inicios del siglo XVII, sostiene que las prácticas de religiosidad de los Indios eran similares a los ritos religiososjudaicos, "Todos los mas de los Indios tenían, guardavan y observaban las costumbres, ritos y ceremonias de los Hebreos, y assi en todas las Provincias de aquellas regiones tenían aquellas gentes Sacerdotes y agoreros dedicados para el culto de sus falsos Dioses y ministerios de los templos y estos Sacerdotes eran mui observantes en su vana y falsa religión. En Nueva España avia un Sumo Sacerdote y otros menores, los quales eran ungidos con cierto licor a modo de bálsamo o diquidambar (sic), mezclado con sangre de niños que circuncidavan. Estos falsos Sacerdotes traían el cabello largo a modo de los Nazareos, y casi en todo imitaban a los de la lei vieja..." (Vázquez De Espinosa, 1948:24) , I , ~

'-r

.

Versiones sobre los ritos y costumbres religiosas de los indígenas deÁ~ricaréncontraremos tantas como crónicas y otros tipos de testimonios existen. Es por é'~Cqü'e~alestudiar y analizar el movimiento religioso indígena, denominado Taki Onqoy, nos e~frentamos a un claro problema de análisis y crítica de fuentes, aún más necesario a causa de la contradicción existente al respecto, entre estas mismas. Desde hace bastante tiempo, numerosos trabajos historiográficos se han interesado en el estudio de ésta "seta y apostasía", la cual han calificado de milenarista, y que habría surgido, según S.j.Stern "espontáneamente", (Stern; 1986:95) alrededor del año 1565. Esta

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Acosta,

Joseph. Historia Natural y Moral de las Indias.p. 131

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secta habría abarcado una vasta zona geográfica, entonces comprendida por el obispado del Cuzco, pero que a causa de las versiones encontradas referentes a su área de expansión, se puede, en principio, determinar que abarcó las provincias indígenas de Yauyos,Lucanas, Laramatí, Hatún Lucanas, Apcara y Andamarcas, Soras y Chocorbos, o sea la parte sur del actual departamento de Ayacucho, parte de Andahuaylas y Apurímac. (VarÓn Gavai, 1990:331-405). Las fuentes fundamentales con que contamos para el estudio de esta "apostasía",son la Relaciónde lasFábulasy Ritos de /osIngas (Molina: 1913), escrita entre los años 1574-1576, por el cura de la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios en Cuzco, Cristóval de Molina, además de otro voluminoso cuerpo de documentos, compuesto por un conjunto de cuatro "InfoTmacionesde Servicios"levantadas a solicitud del clérigo presbítero Cristóval de Albornoz en los años 1569, 1570, 1577 Y1584 sucesivamente. Debemos hacer la salvedad que la primera de ellas, más concisa que las posteriores, no contiene información directa sobre el Taki Onqoy y al mismo tiempo, agregada a la última "InfoTmación"de 1584, aparece una importante "Relaciónde la Visitade Extirpaciónde Idolatrías",que comprende una detallada lista de los indígenas sancionados por Albornoz, su nombre, lugar de origen, causa por la que son castigados, pena y una lista de guacas destruidas ( AGI Lima 316; Millones, 1990: 43-296). La "Relación" de Molina estuvo dirigida al obispo del Cuzco, Sebastián de Lartaún, y su objetivo fue informarle del tipo de religiosidad practicada por los Indios, para lo cual el autor dice haberse reunido con ancianos que le sirvieron de infoTmantesoEn el caso de las "InfoTmaciones",el obvio propósito fue destinar el documento a la Corte, en búsqueda de retribución o mercedes por los servicios prestados. Las restantes fuentes que se conocen sobre el particular son de menor importancia, y no agregan ni quitan nada al problema fundamental con que se ve enfrentado el historiador: la clara contradicción entre los datos proporcionados por Molina y los de los testigos de'Albornóz, y más desconcertante aún, las diferentes versiones que el mismo Molina proporciona como testigo y como cronista. Según estuvieron numerosos testigos que presentaron sus testimonios en la "InfOTmación", entre otros, Cristóbal jiménez (Millones, 1990:220) y Bravo de Berdusco, (Ibídem: 223)

-declaraciones

del mes de marzo de 1584- el año 1571, Cristóval de Albornoz

fue

nombrado "VisitadorGeneral" por el entonces virrey del Perú, Francisco de Toledo; su papel: "extirpador de idolatrías", además de "Visitador" de las Iglesias y clérigos de Chinchaysuyo. Mientras que de acuerdo a las declaraciones consignadas en el interrogatorio de 1570, varios testigos, tales como Hernán Ximénez Villanueba o el clérigo presbítero Francisco Gutiérrez, declararon que saben que mientras Albornoz era Visitadoreclesiástico en Guamanga, "Descubrióentre /osdichosnaturales la seta y apostasíaque entre /osdichos naturalesseguardabadel TakiOngo, porotro nombreAira..." (millones 1990: 161: 135) Por otra parte, en la InfoTmaciónde 1577, Albornoz interrogó a sus testigos preguntándoles lo que saben sobre "...la nueva apostasíaque en /osdichostiempossesembrópor todoelReyno..." (lbídem: 169) En este caso resulta fácil comprobar que, a pesar de que los testigos respondieron afirmativamente a los interrogantes de Albornoz, es muy dudoso que éste descubrió la "idola-

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tría"Ymás aún que este hecho haya sucedido en una fecha tan tardía como 1570. Molina en sus Ritos y Fábulas,deja claro que ya el año 1565 se tenía conocimiento del Taki Onqoy, y nombra al presbítero Luis de Olivera como su descubridor (Molina, 1913: 72). Resulta importante subrayar, que tanto Molina como Olivera trabajaron como lenguas o intérpretes de Albornoz en estas Visitas,y al parecer a costa del extirpador. Estas incongruencias nos llevan a preguntamos, ¿por qué si la "seta y apostasía" del Taki Onqoy representaba un peligro a "todo el reyno", se convivió con ella durante un extenso período de casi 5 años? Más aún, si analizamos las listas de la "Relación de la Visita..." en que se enumeran los condenados, salta a la vista que entre amancebados, hechiceros, apostatas e idólatras nos enfrentamos a un fenómeno muchísimo más extenso que el mero problema del Taki Onqoy. . Observando el problema desde una perspectiva más amplia, ¿es posible dudar de que los españoles convivieran, desde inicios de la evangelización de Indias, con el pobre conocimiento del dogma cristiano de sus recién convertidos prosélitos? El cronista Femández de Oviedo nos brinda una gráfica relación sobre el particular, "Pero en fin, estos indios (por la mayor parte de ellos), es nación muy desviada de querer entender la fe catholica, y es machacar hierro frío pensar que han de ser chripstianos, sino con mucho-discurso de tiempo, y assi se les ha parescido en las capas (o mejor diciendo) en las cabezas, porque capas no las traían, ni tampoco tienen las cabezas como otras gentes: sino tan gruesos y recios cascos, que el principal aviso que los chripstianos tienen, cuando con ellos pelean e vienen a las manos, es no darles cuchilladas en la cabeca porque se rompen las espadas" (Femández De OviedoyValdés 1851:125) y si la situación fue de convivencia con este hecho, ¿por qué de pronto y precisamente el año 1570, se inician estas "extirpacionesde idolatrías"?Además surge naturalmente la duda de Haconsideración del Taki Onqoy como una idolatría más grave que las demás? Los Takíes, Areytos o en México Mitotes, son danzas que, acompañadas por un cantar monótono, interpretaban los Indios para rememorar la historia de sus comunidades, acontecimientos extraordinarios o también en sus festividades religiosas. El jesuita Joseph 'de Acosta, considerando que no todos eran idolátricos, explica por qué terminaron siendo utilizados como medio adoctrinador. "Los nuestros que andan entre ellos, han probado ponelles las cosas de nuestra fe en su modo de canto, y es cosa grande de provecho que se halla, porque con el gusto del canto y tonada están días enteros oyendo y repitiendo sin cansarse." (Acosta 1979: 125-130) El Taki Onqoy tuvo, sin embargo, una connotación negativa: este era un baile o canto pero enfermo, frenético o convulsivo (Varón Gabai, 1990: 356-375). Las huacas andaban

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por los aires, secas y airadas porque los Indios ya no les ofrendaban de sus productos; para evitar su furia debía de evitarse todo contacto con lo español. Uno de los testigos de la "Visitación",Bartolomé de Berrocal, "notarioapostólicode la Audiencia apostólicade estaciudad," declaró que Albornóz,

_

",.. descubrió entre los dichos naturales la seta y apostasía que hera que muchos de -los dichos naturales predicavan e publicaban y dezían que no creyesen en ymágenes, ni entrasen en las Yglesias, y que se confesasen con sus formas como lo tenían de costumbre en tiempo del Ynga, no comiendo sal ni agí ni maíz, ni teniendo cópula con sus mugeres y mandándoles adorasen e ofreciesen de las cosas suyas naturales como son carneros, aves, tocto, chimbo, lampaca y carapa e mollas e mensaje-

rosde lasguacasTiticacay Tiaguanaco (oo.) y que en nombredellaslespredicava, las cuales dichas guacas dezían los dichos apóstatas que estaban peleando con [el] Dios de los cristianos, y que presto sería de vencida y que se acabaría su mita de mandar,..." (Millones, 1990:93) Sin embargo si por un lado, se informa que las huacas vagaban por el aire adueñándose de los "cuerpos"y "almas"de los indígenas y transmitiendo su mensaje a través de los "poseídos", quienes se movían en esas circunstancias frenéticamente hasta perder el sentido; por otro lado estos mismos testigos, contradiciendo sus propias declaraciones anteriores, informan que la "secta"era propagada por "predicadores"ambulantes, los cuales son identificados como, Juan Chocne y las mujeres Santa María y Santa Magdalena, quienes figuran en la larga lista de los principales condenados en el Cuzco por Albornoz. De acuerdo a estos testigos, además de las dos indias existían

"oo,

otros nombres de santas, que entre ellas se atlían

puestoparaque lasreverenciasenpor santas." (Millones, 1990: 89) iCuriosa manera de rechazo de lo español! Más aún, si tomamos en consideración, que de acuerdo a la descripción del contenido de las prédicas de los misioneros del Taki Onqoy, Molina señala que en sus sermones sus sacerdotes amenazaban a los Indios, "", queno sirviesena Diosy queno eratiempo de Dios sino de guacas, amenacando a los yndios si del todo no dexasen al cristianismo y reñían

al caziqueo yndioque se llamabanombre de cristiano,sino de yndiooo."(Molina 1913:75), pero esto resulta más incongruente todavía si consultamos las listas de los condenados por pertenecer a la "secta",en las que prácticamente todos los enumerados tienen nombre~ cristianos! En este momento, debemos pasar a abordar otro aspecto del problema. La abundante historiografía que en los últimos años ha venido estUdiando el tema a calificado al Taki Onqoy como una "respuestareligiosade tipo milenarista" por parte de los indígenas a la Conquista española. El argumento fundamental para sustentar esta teoría reside precisamente en las descripciones de sus,prédicas de rechazo a lo hispánico, y de los numerosos ritos de purificación que se consideran practicados como medios para lograr el fin supremo del moviraieRto: elretornodel Reinode lasHuacas, aunque estos mismos historiadores no se han puesto de

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acuerdo si se trata de un retorno al panteón incaico o al preincaico (Stern, 1986; Millones 1976y Rostworowskiet alii.1990:425-433, Curátola, 1977). Aquellos que sustentan esta posición han tendido a negar cualquier relación entre el Taki Onqoy y el reducto rebelde incaico de Vilcabamba, que en esos momentos vivía un período de álgida actividad militar. Esto a pesar de que Cristóval de Molina en su "Relación...", tratando de explicarse las causas y origen de la "secta",mencionaba que, "... no se pudo averiguarde quién uviesesalidoestenegocio.mas de que sesospechóy tratóquefue inventado de los echiceros que en Vilcabamba tenían los yngas que allí estaban alcados, porque lo proPio se

creyóaviasido loque en estereyno." (Molina, 1913:72). Incluso este cronista agrega que, por el año 1570, se había extendido el rumor que los españoles estaban asesinando indios con el propósito de utilizar su "unto"; . " ... para sanar cierta enfermedad que no se hallaba para ella medicina, sino el dicho unto, a cuya causa en aquellos tiempos andavan los yndios muy recatados y se estrañaban de los Españoles en tanto grado, que la leña, yerba u otras cosas no lb querían llevan a casa de Español, por dezir no los matase allá dentro, para les sacar el unto...". (Molina, Ibídem) Todas estas maquinaciones, provenientes de la revelada zona de Vilcabamba, fueron desbaratadas el año 1572, cuando el Inca Titu Cusi fue derrotado por el virrey Francisco de Toledo. Molina considera que con la derrota de los Incas, "se sirvióa Dios Nuestro señor mucho". Sin embargo, algunos estudiosos del tema han pretendido contradecir esta explicación, basando su tesis en el supuesto hecho de que existió una diferencia esencial entre el Estado rebelde de Vilcabamba (Kubler, 1947: 189-203) y el Taki Onqoy, debido al carácter mismo de la respuesta militar que implicaba el primero. En el caso de Vilcabamba, se trataba de una franca política de adopción de tecnologías y estrategias militares europeas y particularmente españolas, con el obvio propósito de alcanzar la victoria armada sobre sus enemigos; mientras que en el segundo caso, se trataba de una respuesta místico-religiosa de rechazo a lo español, impuro. Sin embargo, este último argumento se contradice con la misma esencia del Taki Onqoy, tal como nos lo describen las únicas fuentes que poseemos sobre el tema: estas, nos hablan del predicador Juan Chocne y de las santas María y Magdalena, figuras fácilmente relacionadas al cristianismo, aunque en este caso en particular, y por razones obvias, en carácter de apostasía. Pero evidentemente, en ambos casos, nos encontramos con adopciones similares de elementos españoles y por lo tanto impuras. Pero, ¿por qué al desaparecer el problema de Vilcabamba no desapareció también el del Taki Onqoy? O formulando el misma interrogante desde otra perspectiva, ¿por qué los testimonios de los testigos de Albornoz niegan cualquier relación entre ambos factores?, Y con relación a toda esta problemática, ¿por qué precisamente el año 1570 se dio inicio a las "extirpaciones

de idolatrías?".

De acuerdo al estado en que se encuentran las pesquisas historiográficas referentes al período inmediatamente anterior al arribo al virrey Francisco de Toledo al Perú, el año

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1569,podemosconcluirque la década del 60 ' fueun periodoen que surgieronnumerosas tensiones dentro del sistema del gobierno colonial. Por un lado, sucesivos levantamientos de encomenderos solicitando la perpetuidad de las encomiendas (el primero el año 1562) y la consecuente reunión de fray Domingo de Santo Tomás con los curacas, quienes decidieron solicitar a la Corte la anulación de éstas, incluso doblando cualquier propuesta en dinero ofrecida por los encomenderos, quienes el año 1563 nuevamente protagonizaron serios incidentes en el Cuzco. Y en alguna medida relacionado con este mismo problema, el nombramiento de Corregidores de Indios, hecho por primera vez durante el gobierno del licenciado García de Castro, entre los años 1565 1566, que produjo fuertes roces entre la Iglesia, en especial con las órdenes Franciscana y Dominicana, las que resultaban afectadas por el cercenamiento de sus atribuciones, y la administración virreinal. Por otro lado, la grave crisis en que se fue hundiendo la minería, principalmente las minas de Potosí, y el descubrimiento, precisamente en la zona de la apa, rición del Taki Onqoy, de las minas de azogue de Huancavelica, factores que reducen en esencia todos los problemas a uno básico: la disputa por el trabajo del Indio. El virrey Toledo, que asumió su cargo el año 1569, comprendió rápidamente este hecho y que con las Instruccionesque había recibido de la Corte antes de embarcarse al Perú y que le exigían el cuidado de los Indios de manera preponderante, manteniendo y haciendo obedecer las Ordenanzas que prohibían el servicio personal de los indígenas, la posibiJidad de concretizar las profundas reformas socioeconómicas en el virreinato, que consideraba de la mayor urgencia, se vería seriamente entorpecida. La rapidez con que actuó Toledo salta a la vista, pues ya el año 1571 recibió respuesta del Rey a una comunicación previa suya, en la que le solicitaba que la Inquisición, recién instalada en el virreinato, y cuya autoridad no alcanzaba a los Indios, se hiciera extensiva a éstos. La respuesta negativa del monarca nos demuestra, sin embargo, hasta qué medida los argumentos empleados por el virrey habían tenido acogida en la Corte. "Visto lo que dezis del poco fruto que se ha hecho en la doctrina de los naturales, y haber tenido sólo el nombre, y ser causa de ni averles destruydo a los Indios sus Idolos de raíz, y los hechiceros que andan esparcidos por esta tierra, que aunque algunos son bautizados, son dogmatizadores contra la fee, y demás desto matan a muchos con yervas y hechizos y que a estos tales el Ynga los castigava con pena de muerte, si andavan entre los indios, y considerados los más daños e inconvenientes que dellos resultan para que esto cesse vos hareys que se haga justicia en los negocios desta calidad que se ofrecieren." (Encinas, 1948:49) De esta manera, la institucionalización por el virrey Toledo de la "mita" (trabajo por turnos), que implicó el traslado de población indígena desde largas distancias en forma masiva hacia las minas de Potosí, con el propósito de sustentar la infraestructura del trabajo minero, a pesar de los decretos reales que prohibían expresamente este traslado, pudo verse favorecida por la creación de una imagen demonizada de los Indios.

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De acuerdo a la citada respuesta real, los hechiceros de los Indios eran "dogmatizadores contra lafee" y de la misma manera que el Inca los hubiera castigado por un delito semejante, merecían la pena de muerte y por lo tanto ser reducidos a la prestación de serviciospersonales, prohibidos por los decretos reales, (Recopilación de Leyes de Indias Libro VI, Tit. V Leyes, xxi, xxii, xxiiii y xxv) que los habían reemplazado por la paga exclusiva de tributos. Por lo tanto resultaba ser un castigo menor al delito dedogmatización. De esta manera, Albornoz fue nombrado extirpador,y su labor se vio recompensada por el traslado de cientos de indígenas a prestación de "serviciospersonales;',fundamentalmente en las Parroquias de Indios. Un ejemplo de este procedimiento fue vivido por los "21 yndios castigadospor hechizeros",que en realidad fueron 22 y de los cu~les la mitad estuvo integrado por mujeres, "... fueron encorocados y acotados y condenados a que sirviesen perpetuamente a la yglesiade su pueblo de Morcolla, y que junto a ella hyziesen sus casas y truxesen señales de colores que fuesen cruzes, los hombres en las mantas y las mujeres en las lliquillas, y que los curas los industriasen en las cosas de nuestra de católica." (Millones, 1990:260.) Por su parte, el recientemente descubierto cronista Bartolomé Álvarez, en su Memorial a FeüpeII, del año 1588, además de informamos que el nombre aymará del Taki Onqoy es talausu, también escribe que este taki, al que considera un culto diabólicomás, aún se continuaba practicándose en su tiempo, pues "el remedioque a esto se puso fue tan livianoque no bastó a que cesase,y si en algocesó, no fue más que en la publicidad..."(Álvarez, 1998:126) Mientras que el mismo extirpador,Cristóval de Albornoz, reconocerá amargamente ante el monarca, en una carta despachada desde el Cuzco en el tardío 15 de abril de 1602, que su trabajo de Extirpadorfue inútil, pues se continúa evidenciando el fenómeno y acusa a los Oficiales reales que "... como no atienden sino a laganancia, se quedan los indiostan idólatras comoantesporqueno losenseñan." (Millones, 1990:306) Sin embargo, los mismos testimonios de las Informacionesdemuestran que la construcción del documento de Albornoz tuvo un límite cuidadosamente resguardado. Una lectura meticulosa demuestra que en ninguna de las respuestas de los testigos presentados, se menciona, entre los productos ofrendados a las huacas, el de la hoja de coca. Existió en el período una relación muy estrecha entre el problema del servicio personal de los Indios y la coca. Este producto, una vez descubierto el mineral de Potosí, se convirtió en el más importante producto de comercio en el Gato o mercado de la Villa Imperial y por derivación en el mercado interno del virreinato. Frente al fenómeno de la hoja de coca, la Corona reaccionó principalmente preocupada por resguardar la integridad física de los naturales que participaban en su cultivo, el que se llevaba adelante en las regiones cálidas y húmedas de los Andes del Cuzco, cuyo clima afectaba a la salud de los trabajadores, oriundos en su gran mayoría de las regiones frías y secas de la Sierra andina.

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Por esta razón se redactaron una sucesión de cuerpos legales que, con el nombre de Ordenanzas de la Coca, se ocuparon de regular la actividad. La primera de las cuales fue la del año 1557, bajo el gobierno del Marqués de Cañete, Hurtado de Mendoza. Estos cuerpos legislativos se ocuparon fundamentalmente de las condiciones laborales de la producción, condicionando a la vez las cantidades de horas de trabajo y la cantidad de territorio cultivado su cumplimiento fue oscilante y estuvo directamente relacionado a los esfuerzos que los.funcionarios administrativos hicieron por hacerlas respetar. . No obstante, esta política no pudo evitar la fuerte polémica que se mantuvo viva, durante todo el siglo XVI, en torno a la coca, y que permanentemente mantenía amenazados a los productores con la posibilidad de la erradicación de los cultivos. Poco antes de la llegada al Perú del virrey Toledo, el oidor de la Audiencia de Charcas, Juan de Matienzo, había compuesto un extenso estudio sobre todas las materias de gobierno importantes del virreinato: su Gobierno del Perú, escrito el año 1567, posiblemente la antesala de muchas de las medidas adoptadas poco después por el nuevo virrey. El oidor Matienzo, gran defensor de la coca, pues "... tratar de quitar la coca es querer que no haya Perú...", en su obra expone sistemáticamente los beneficios que el empleo de la coca proporciona a los indígenas, en contra de los numerosos detractores de la hierba, quienes pugnaban amenazadoramente por la destrucción de sus cultivos. Entre los numerosos argumentos contrarios a la coca estaba el problema, según algunos, de que los Indios ofrendaban la hoja a sus Dioses, como nos lo relata el mismo oidor: "... ponen por inconveniente que la ofrecen al demonio: no es sola la coca la que ofrecen, sino todo lo que tienen en mucho: el maíz y la chicha que comen y beben, los corderos de la tierra, los cuyes, las mantas y camisetas que visten, y la misma plata y oro, y todas las demás casas. Según esto, devíaseles vedar de comer y beber y vestir, y todo lo demás (...) Mexor sería usar de otro remedio para les apartar de esta ceguedad, persuadiéndoles a conocer a Dios," (Matienzo, 1967: 1659) En el caso de los testigos de las Informacionesde Serviciosde Albornoz, entre los que se encontraron poderosos señoresde la coca,entre ellos Alonso de Mesa, se evidencia un claro propósito de defender la hoja, objetivo que se logró sencillamente "olvidando"mencionarla como parte de las ofrendas a las huacas sublevadas. Albornoz, debió de estar totalmente de acuerdo con estos testimonios, pues la Iglesia del Cuzco, institución de la cual formaba parte como miembro del Cabildo eclesiástico, llegó a ser durante este período, gracias al cobro de los diezmos de la coca, posiblemente la más rica Iglesia de Indias. Por su parte Molina, confiando en la ignorancia de la Corte, e intentando ser algo más fiel a la realidad que lo rodeaba, menciona que los Indios adeptos al Taki Onqoy, entre las ofrendas que otorgaban a las huacas, se encontraba la llipta, mezcla de cal y quinua que los indígenas mascan junto a la coca, sin nombrar, sin embargo, expresamente la hoja (Molina, 1913:74). Y esto no nos debe extrañar si consideramos que así como Cristóval de Molina, pesar de su calidad de clérigo, participó activamente en el comercio de la coca (Urbano, 1990:165-283), el

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El Taki Onqay: ¿un movimienro milenarista en Perndel siglo XVI?

mismo Cristóval de Albornoz, que (Archivo Arzobispal de Lima Cuaderno 1legajo 1-1)derivó gran parte de sus entradas también de la coca, a través de los fabulosos réditos recabados por medio del arrendamiento de los diezmos del producto. . En todos los casos resulta extraño, tanto si el Taki Onqoy buscaba el retorno de un panteón preincaico o incaico, que la coca haya estado ausente de su culto. Aún más, formando parte fundamental de éste, cómo lo menciona claramente Bartolomé Álvarez (Álvarez, 1998:217) y lo atestiguan gran número otras fuentes, tanto históricas como arqueológicas, referentes a las características de las ceremonias indígenas (Masuda ed, 1984) Estas razones y otras que aún deberán de continuar investigandose, seguramente nos permitirán llegar finalmente a comprender por qué, alrededor, del año 1570, hipotéticamente se dio inicio a estas persecuciones contra indígenas perplejos, a quienes los españoles del período acusaron de ser "dogmatizadorescontra lafee" y los historiadores actuales les han atribuido haber sido partidarios de un violento movimiento de carácter "milenarista",o en ambos casos de haber pertenecido a una "secta"(diabólica,redentora) Fuente inédita Archivo Arzobispal De Lima (ML) Cuaderno 1legajo 1-I Archivo General De Indias (AGI) LIMA 316 Bibliografía Acosta, José de., 1979 HistoriaNaturaly MoraldelasIndias, México: Fondo de Cultura Económica. Álvarez, Bartolomé [1588] 1998 De lasCostumbresy ConversióndelosIndiosdelPerú. Memoriala Felipen. . Anónimo 1879 1Tes Seleccionesde Antigüedades Peruanas.Ministerio de Fomento, Imprenta y Fundación M. Tello pp. 137-230. Curatola, Marcos 1977

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El Taki Onqoy: ¿Un movimiento milenarista en Perú del siglo XVI? por Paulina Numhauser