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Universidad Laica “Eloy Alfaro” de Manabí

La Universidad del siglo XXI que responda a las exigencias de la nueva época Para analizar a la Universidad de esta nueva época es conveniente revisar brevemente el desarrollo histórico de las instituciones que reciben este nombre. Estas instituciones no fueron diseñadas de acuerdo a alguna idea o concepto predeterminado, sino que fueron evolucionando a lo largo del tiempo y definiendo, en este proceso, sus características, sus valores, sus principios y sus objetivos. Estos atributos, son los que constituyen el concepto de Universidad. Ellos son permanentes, pero otros dependen de circunstancias que varían con el tiempo. Por eso un análisis como el que pretendo hacer en este trabajo debe considerar los antecedentes históricos de las universidades. Así las universidades desde su inicio hasta los momentos actuales han obedecido a las diferentes corrientes del pensamiento, de la filosofía, de los valores, de los modelos económicos y políticos del momento, así en las diferentes edades como el feudalismo, el capitalismo en sus inicios dejaron huellas imborrables en el proceso de conformación y transformación en sus estructuras y en sus haceres que hasta el momento son docencia, investigación y vinculación con la comunidad. El presente trabajo tiene como objetivo principal hacer un enfoque de que tipo de universidad latinoamericana necesitamos en este siglo que ya está por culminar su primera década. De tal manera que se debe basar este análisis en las exigencias del sector productivo de la comunidad hacia las universidades que respondan con eficiencia a estos requerimientos cuales son solución a los problemas inmediatos con creatividad y pertinencia. Probablemente nunca hubo un único modelo de Universidad y sin ser diferente nunca una Universidad se pareció a otra, mucho mas probable todavía será que en el futuro los modelos de Universidad se diferencien cada vez más; y, aquella “Universidad” que nació hace diez siglos para unificar toda la diversidad de conocimientos medievales, está llamada a diversificarse tanto de nuevo que sin perder no deje de arriesgar su universalidad. En el año 533, en el Digesto de Justiniano, aparece ya la palabra universitas, significando agrupación, corporación, gremio, comunidad, colegio o sociedad. Posteriormente se denominó "universitas magistrorum et scholarium". Mundo de historia, sociedad educativa. Sócrates, pensaba que la virtud no es un patrimonio de un grupo selecto sino que puede ser enseñada. Se diferencia de aquellos respecto al fin último de la educación. Ya no se encuentra el cariz práctico, característico del pensamiento sofista, sino que Sócrates privilegia el bien, la moral, como base para educación moral. La educación es un servicio público. Un estado requiere de personas moralmente aptas. En Bolonia se inició como una escuela de leyes que pronto alcanzó gran prestigio. Muchos de sus alumnos eran personas adultas que llegaban de distintos sitios de Europa y que contrataban a doctores en leyes para que fuesen sus profesores. Ya que eran extraños en la ciudad, enfrentaron problemas que los hicieron unirse para defender sus intereses, y una vez unidos, tomaron el

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control de la Universidad. Fue pues Bolonia la primera universidad cuyo gobierno estaba en manos de los estudiantes. Esta situación permaneció hasta 1350, aproximadamente, cuando las autoridades de la ciudad recuperaron el control de la Universidad y la entregaron a los profesores. Otras universidades que se desarrollaron posteriormente copiaron en forma total o parcial el sistema de gobierno por parte de los estudiantes. La Universidad de París alcanzó gran prestigio como una escuela de lógica y teología. Las autoridades de la ciudad favorecieron su desarrollo ya que la presencia de la universidad atraía a jóvenes y a intelectuales de muchas partes de Europa, lo que a su vez, estimulaba el crecimiento de París como un centro cosmopolita con una gran actividad socio económica. A diferencia de Bolonia, la Universidad de París estuvo gobernada por el gremio de profesores. Los alumnos estaban en calidad de aprendices. Este modelo recibió el nombre de universidad magisterial y también fue copiado por otras universidades europeas. La idea de Universidad en estas épocas se describía con la expresión latina studium generale. La palabra studium indicaba una escuela en la que había instalaciones adecuadas para estudiar, y la palabra generale significaba que la escuela atraía estudiantes de diversas partes. Existían también studium particulare que sólo tenían estudiantes de un área geográfica limitada. Los studium generale enseñaban artes liberales y además tenían una o más de las llamadas facultades superiores: leyes, teología y medicina. Algunas escuelas alcanzaron gran prestigio en algún campo, como la Escuela de Medicina de Salemo, pero no se les confirió el status de studium generale La determinación de este status estaba a cargo generalmente del Papa y en ocasiones del Emperador. El modelo de la Universidad de París terminó por imponerse con tres variantes. El más antiguo fue el modelo colegiado o tutorial en el que la enseñanza estaba descentralizada y se formaban numerosas comunidades de profesores y alumnos que estudiaban y convivían, como en Oxford. En este tipo de universidades se impartían conocimientos de tipo general. El segundo modelo es el de la universidad profesional en donde la enseñanza estaba centralizada y se formaban especialistas de acuerdo a las disciplinas cultivadas por los grupos de profesores. Se organizaron de esta manera. El tercero fue un modelo intermedio que combinaba una administración central con colegios de tamaño pequeño. Recibió el nombre de college university y según éste modelo se inició la construcción de conjuntos de edificios que reunían a toda la Universidad. Se considera lo que es el precursor de la universidad moderna ya que este tiene una administración única, adopta la estructura de colegios para el entrenamiento profesional y hace énfasis en la unidad de la ciencia. Hoy vemos que la crisis de la razón moderna afecta el proyecto institucional de las universidades tradicionales. Nuevas instituciones responden a esta crisis y cortoplacismo del mercado, formando en menos de cinco años “compradores de diplomas”. Hoy en día algunos gobiernos imponen recetas que señalan como debe ser la nueva Universidad, pero hay que revisar profundamente el marco jurídico, la parte presupuestaria y la infraestructura con que cuentan estas instituciones que se les exige cambios muy acelerados y que nuestra opinión traerá serios problemas en estos procesos de cambios.

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Participando de esta provocación, cabe preguntarnos: ¿Cómo se ha constituido históricamente el proyecto moderno de la universidad en los países de América Latina? ¿En qué habría consistido este, y cómo y por qué se habría agotado (o no) en la región? ¿De qué modo particular se ha definido a la certidumbre en las humanidades, al progreso en la ciencia y al optimismo en las profesiones en nuestros países? Sin asumir a fondo el reto de estas preguntas, la crítica a la mercantilización universitaria correría el riesgo de limitarse a proferir invectivas reiterativas, que por ese mismo carácter se diluirían en gestos de indignación inofensiva. Realizar aperturas interpretativas de carácter histórico se presenta como una alternativa frente a tal equívoco. La génesis de la misión pública de la institución universitaria, y la comprensión de su nexo con determinadas versiones sobre la modernidad vigente a lo largo del siglo XX en América Latina, podrían permitir al pensamiento y a la imaginación afincada en la historia concebir las posibilidades de relanzar un proyecto universitario democrático y radical en nuestros días. La escritura del pasado es siempre la escritura del presente. La Universidad del Ecuador tiene su historia con la Universidad Central del Ecuador, que remonta sus orígenes a la Universidad Central de Quito. La cual se originó de la unión de las Universidades: San Fulgencio fundada en 1586 por los Agustinos, San Gregorio Magno fundada en 1651 por los Jesuitas y la Santo Tomás de Aquino, fundada en 1681 por los Dominicos. El 4 de abril de 1786 se acordó la fusión de La Real y Pontificia Universidad de San Gregorio Magno (Jesuita) y La Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino(Dominica) Una vez constituida la Gran Colombia, la educación superior se convirtió en asunto de Estado, y el 18 de marzo de 1826 en la Ley General sobre Educación Pública aprobada por el Congreso de Cundinamarca se decretó, entre otras cosas, que "En las capitales de los departamentos de Cundinamarca, Venezuela y Quito se establecerán Universidades Centrales que abracen con más extensión la enseñanza de Ciencias y Artes". Sobre la base de la Real Universidad Publica Santo Tomas se fundo la Universidad Central de Quito. Para en el año 1836, mediante decreto del presidente Vicente Rocafuerte se cambie la palabra Quito, por Ecuador y surge ya de forma definitiva la Universidad Central del Ecuador (UCE). Con respecto a la nueva Universidad del siglo XXI se debe poner énfasis en el modelo de formación por competencia que está creciendo en el país con algunas universidades, así la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí se convierte en una de las pioneras en fomentar este modelo basado en competencia, que consiste en desarrollar conocimientos, habilidades y actitudes del profesional que responda con pertinencia a las exigencias de los nuevos tiempos. Estas universidades han respondido a raja tabla, a los principios del neoliberalismo que es la madre de la crisis, económica, social, ambiental, que estos nuevos tiempos y a través de las universidades se pretenden solucionar en base a principios, normas y reglas impuestas por el socialismo del siglo XXI, basado en la filosofía de Carlos Marx, Federico Engel y otros que se tomaron la bandera del socialismo en sus inicios, pero que hasta ahora no ha resuelto nada en favor de las sociedades. El presidente de Ecuador Rafael Correa destacó “la consigna de dar por

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terminado con el modelo neoliberal”, al referirse a la situación financiera global, señaló que “lo que se encuentra colapsado es el modelo capitalista e imperialista”. Al entrar a analizar la definición de Competencia tenemos que tener en cuenta que el término competencia tiene antecedentes de varias décadas, principalmente en países como Inglaterra, Estados Unidos, Alemania y Australia. Las competencias aparecen primeramente relacionadas con los procesos productivos en las empresas, particularmente en el campo tecnológico, en donde el desarrollo del conocimiento ha sido muy acelerado. La implementación de la formación por competencias demanda una transformación radical, más no inmediata, de todo un paradigma educativo, implica cambios en la manera de hacer docencia, en la organización del sistema educativo, en la reflexión pedagógica y sobre todo de los esquemas de formación tan arraigados por la tradición. Al definir Competencia es importante destacar que en cada definición existen supuestos previos diferentes con los que cada autor opera, lo que provoca que el resultado conceptual es distinto, y como expresara Le Boterf, el concepto de competencia actual posee un atractivo singular, la dificultad de definirlo crece con la necesidad de utilizarlo, de manera que como destaca este actor más que un concepto operativo es un concepto en vía de fabricación. Con el modelo curricular basado en competencias pretendemos enfocar los problemas que abordarán los profesionales como eje para el diseño. Se caracteriza por: utilizar recursos que simulan la vida real, ofrecer una gran variedad de recursos para que los estudiantes analicen y resuelvan problemas, enfatizan el trabajo cooperativo apoyado por un tutor y abordan de manera integral un problema cada vez. En mi opinión el diseño curricular por competencia responde a las necesidades de nuestros profesionales, así como a los cambios de los contextos. Los individuos formados en el modelo de competencias profesionales reciben una preparación que les permite responder de forma integral a los problemas que se les presenten con la capacidad de incorporarse más fácilmente a procesos permanentes de actualización, independientemente del lugar en donde se desempeñen. Dentro de este campo se circunscribe también la calidad de la educación superior que no es sino la característica de los procesos académicos y científicos valorados, determinados y proyectados en la búsqueda de la excelencia y perfección del aprendizaje educativo superior en beneficio de la sociedad; tal como lo determina La Ley Orgánica de Educación Superior, artìculo # 8. Otro aspecto importante con relación a este modelo estriba en el desarrollo de las capacidades de pensamiento y reflexión, para la identificación así como la toma de decisiones en situaciones problemáticas no contempladas durante la formación. En mi modo de ver la formación por competencia implica una preparación más completa, integral y flexible, que permite dar respuesta a las necesidades de los individuos, de la comunidad y de la sociedad teniendo en cuenta los diferentes contextos y culturas.

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Las competencias a lograr en los estudiantes a lo largo y al finalizar su formación constituyen la piedra angular del diseño curricular. Es por ello que se propone comenzar la reforma de un plan de estudios, revisando su perfil de egreso, siempre que se tengan claras las competencias que se espera lograr al cabo y a lo largo del proceso de formación. La Universidad en general tiene sus orígenes en Bolonia y Paris en donde la idea inicial es estudiar, aprender y difundir la filosofía, las artes, la cultura, los valores y los avances científicos y tecnológicos del momento, de esta manera las universidades fueron creciendo y alcanzando gran prestigio en sus haceres permanentes; así estas instituciones de educación superior han evolucionado hasta los momentos actuales que se requiere de una nueva Universidad en donde se revisen profundamente todos sus procesos, tanto en lo académico, investigativo y de vinculación con la comunidad, entonces la Universidad del siglo XXI, debe estar basado en el modelo de formación por competencias, la cual consiste en formar profesionales con altos conocimientos, grandes habilidades y valores significativos que le permitan responder con eficiencia y eficacia a las exigencia del sector productivo y de la comunidad. Para concluir este trabajo es necesario que: la Universidad de los nuevos tiempos debe revisar sus procesos de formación profesional capaces de insertarse en los tiempos modernos y cumplir con pertinencia a los nuevos requerimientos que este siglo XXI lo exige. Que el modelo educativo debe ser basado en competencias el cual responderá a estas exigencias, pues, en estos tiempos existen muchas problemáticas en la parte política, económica, filosófica, social, ambiental que requieren planteamientos que impacten significativamente en estas problemáticas y mejorar la calidad de vidas de las personas. Es importante entonces que la nueva Universidad del siglo XXI debe responder a las exigencias del sector productivo, de las instituciones públicas y privadas formando profesionales competitivos, creativos, con valores, con amplios conocimientos que les permita plantear alternativas válidas de solución a los problemas inmediatos, que se dan en la salud, alimentación, educación, cultura y en la naturaleza.

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