Issuu on Google+

¿Qué está pasando? Y sobre todo… ¿Qué va a pasar? Sin duda, ésta es la pregunta y a falta de una respuesta convincente, hemos optado por aislar de “nuestra normalidad” a “aquello que no nos encaja” en ella y etiquetarlo con la palabra “crisis”. Sin embargo, creo que es un sentir muy extendido que, cuando desaparezca esta “crisis”, las cosas no van a ser como antes. ¿Por qué, qué intuimos? Parece que bajo todos estos cambios observables, se esconde “algo” mucho más profundo que va a marcar el modo en que nos vamos a relacionar con la realidad en un futuro inmediato. Durante siglos, hemos sentido la realidad como una entidad objetiva independiente de nosotros, en la que el ser humano parecía estar confinado. Nuestros límites estaban configurados por un contexto que se nos presentaba como hostil y resistente. El hombre se definía así por “contraposición” a la realidad que le envolvía, y su capacidad de acción quedaba reducida a la mera “reacción” frente a ella, bien con “resistencia”, o bien con “adaptación”, lo que, en cualquier caso, le otorgaba un papel de víctima que paradójicamente contribuía a realimentar este paradigma. El mismo término “contraposición” sugiere “algo” o “alguien” frente al que oponerse y ello apunta hacia un enfoque “dialéctico” en nuestra interrelación con la realidad.

What is happening? And above all… what is going to happen? Undoubtedly, this is the question and, as there is no convincing answer, we have chosen to isolate “things we don’t like” from “our normal life” and label them with the word “crisis”. However, I think there is widespread feeling that when this “crisis” disappears, things will not go back to the way they were. Why not? What do we suspect? It seems that these visible changes hide “something” that goes much deeper and that is going to affect the way we relate to reality in the immediate future. For centuries, we have perceived “reality” as an objective entity, independent from us, in which the human being appeared to be confined. Our limits were configured by a context that was seen to be hostile and resistant. Man defined himself in “contrast” to the reality around him, and his capacity for action was reduced to mere “reaction” to it, either through “resistance” or “adaptation”. Whatever the case, this turned him into the victim and, as such, he paradoxically contributed to re-nourishing the paradigm. The very term “contrast” suggests “something” or “someone” we can oppose and that points to a “dialectical” focus in our interrelation with reality.

El siglo XX fue sin duda el mayor

The 20th century was undoubtedly the

cementerio de creencias

largest burial ground for beliefs in the

de toda la historia de nuestra civilización

history of our civilisation

Esta forma de relacionarnos con la realidad, aunque siga muy vigente, se colapsó en el siglo XX, sin duda el mayor cementerio de creencias de toda la historia de nuestra civilización. Quizá por ello, poco a poco ha ido surgiendo una nueva forma de relación del ser humano con la realidad y es aquella en la que ya no nos sentimos definidos por ella, en tanto en cuanto asumimos que lo que llamamos realidad es únicamente nuestra interpretación de la misma. Siendo así, abandonamos la visión dialéctica y aceptamos el hecho de que existan otras interpretaciones de la realidad tan legítimas como la nuestra. Asimismo, en este modelo de relación, el ser humano ya no puede atribuir su sufrimiento a la realidad externa sino a la interpretación que hace de ella, abriendo el espacio para la “libre elección” de su actitud frente a la vida. De este modo, la acción humana deja de ser una reacción para convertirse en una respuesta; es decir, nos hacemos responsables y con ello protagonistas de nuestras vidas, en vez de víctimas. Otra consecuencia importante de este cambio en la manera de observarnos y observar la realidad es la referencia temporal. Si con la vieja conciencia de la realidad las cosas y las personas son los “objetos mentales” que elaboramos en otro tiempo, nuestro encuentro con la realidad presente lo viviremos apelando a nuestras experiencias

Although it remains very present, this way of relating to reality fell apart in the 20th century, which was undoubtedly the largest burial ground for beliefs in the history of our civilisation. Perhaps that is why a new form of relationship between the human being and reality has gradually appeared: that in which we no longer feel defined by it insofar as we assume that what we refer to as reality is only our interpretation of it. Thus, we abandon the dialectical viewpoint and accept that there are other interpretations of reality that are as legitimate as ours. Furthermore, in this relationship model, the human being can no longer attribute his suffering to external reality, but rather to his interpretation of it, opening up a space for “free choice” with regard to his attitude to life. Similarly, human action is no longer reaction, but rather becomes response. In other words, we become “responsible” and, consequently, the protagonists of our lives instead of the victims. Another important consequence of this change in how we see ourselves and reality is the reference of time. If, under the old awareness of reality, things and people were the “mental objects” we created in another time, our encounter with present reality comes by appealing to our past experiences.


Ideas 117