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CIENCIA Encuestas,unmundocomplejo HACER UNA BUENA ENCUESTA ELECTORAL EXIGE UNA GRAN PREPARACIÓN. ELEGIR BIEN A QUÉ PERSONAS ENTREVISTAR PARA QUE SEAN REPRESENTATIVAS DE LA TOTALIDAD DE LA POBLACIÓN ES PROBABLEMENTE LA TAREA MÁS DIFÍCIL. EL NÚMERO DE PERSONAS QUE HAY QUE ENTREVISTAR PARA QUE LOS DATOS SEAN SIGNIFICATIVOS ES EL SEGUNDO GRAN PROBLEMA. EVITAR LOS ‘NO CONTESTA’, EL TERCERO. [TEXTO: EQUIPO DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA DE KUTXAESPACIO] entro de unos pocos días tendremos elecciones locales y forales y antes empezarán a publicarse los sondeos y las encuestas. Una vez celebradas las elecciones muchas veces nos sorprende que las encuestas hayan sido tan precisas y otras veces lo hace lo contrario, lo mucho que se han equivocado. Detrás de una encuesta hay un importante aparato matemático –estadístico– y hoy queremos hablar un poco de él. Solo unas pinceladas, pues el tema es muy largo y complejo. Imaginemos que tenemos un saco que contiene mil canicas de unos pocos colores distintos; por centrar el tema diga-

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mos que sabemos que hay seis colores. No sabemos cuántas canicas hay de cada color. Para estar seguro lo mejor es mirar cada bola una a una, pero, claro, esto es posible con mil, pero imagínese usted que hay cuarenta y cinco millones de bolas. La cosa se complica. Una forma de saber aproximadamente cuántas bolas hay de cada color es sacar unas cuantas canicas y apuntar sus colores. Volvamos a nuestro saco con mil bolas. Si sacamos 20 bolas, es posible que el resultado sea algo así: 10 grises, 5 rojas, 2 azules, 1 verde, 1 amarilla y 1 morada. De ahí podríamos inducir que en todo el saco hay 500 grises, 250 rojas, 100 azules, 50 verdes, 50 amarillas y 50 moradas. Cuando hacemos una encuesta entre la población para ver sus intenciones de votos lo que estamos haciendo es equi-

OTRO PROBLEMA LA NO RESPUESTA Es posible que por muy bien elegida que esté la muestra, a la hora de llegar el encuestador los entrevistados se nieguen a contestar. El diseñador de la encuesta habrá tenido que pensar qué hacer en esos casos y probablemente sea intentarlo varias veces con amabilidad, pero si al final la persona no quiere contestar habrá que ir a otro sitio. Hay muchas razones por las que una persona no quiere contestar a una encuesta. Imaginemos que es porque no quieren decir que van a votar a un partido político por cierto temor –el que sea–. En ese caso, en las encuestas ese partido político estará infravalorado. Lo grave es que el no contesta está creciendo alarmantemente. En Estados Unidos, en los años 50 esta opción representaba entre el 12 y el 22% de los casos. Ahora está entre el 30 y el 55%. En Sudáfrica, en los años 1993 y 1994, el no contesta de las comunidades blancas conservadoras llegó al 100%. Así es difícil acertar en los resultados.

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valente a sacar las bolas del saco. Se trata de elegir un número de personas a las que preguntar sus intenciones. Pero ahora vamos a complicar un poco más el problema. Nosotros, de antemano, no sabemos si las bolas están distribuidas uniformemente por todo el saco. Pudiera ocurrir que las grises estuvieran arriba, las rojas abajo, las azules a la derecha, etc. Si sacamos las 20 bolas de arriba obtendremos 20 bolas grises, lo que no es representativo de las bolas que realmente hay. Así que tenemos que plantearnos una estrategia para decidir de qué modo extraemos las bolas, para que estén ubicadas donde estén tengan las mismas oportunidades de salir elegidas. ¿Cómo lo hacemos? ¿A que no es fácil? Sin duda la forma de elegir la muestra


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