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INTERPRETACIÓN DE CINCO POEMAS DE “PERITO EN LUNAS” DE MIGUEL HERNANDEZ

TORO

PALMERA

GOTA DE AGUA

NORIA

HORNO Y LUNA

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(Toro) Para mí esta es una de la octavas reales más logradas del poemario y que más veces he leído, y no me cansa la belleza de las metáforas taurinas porque nos habla del toro de lidia, en el primer tercio. Veamos: «¡A la gloria, a la gloria toreadores!». Los toros de lidia con su nobleza y bravura y con su sacrificio por medio del arte de una tortura animal pública y reglamentada, son los que llevan a la gloria a los toreadores, toreros o matadores. En el segundo verso: «La hora es de mi luna menos cuarto», el poeta ya no dice que son las cinco de la tarde como tanto repetiría Lorca, años más tarde, en su elegía a la muerte de Ignacio Sánchez Mejías (1934). En Soledad Primera, Góngora se refiere al rapto mitológico de Europa por Júpiter metamorfoseado en toro, pero no en un toro común sino en un bello ejemplar de color del Sol, con cuernos de luna en creciente y ojos azules fulgurando deseos, la penetró en el mar y llegó a Creta... En la silva de Góngora leemos -«media luna las armas de su frente»- tiene una media luna en su frente, ahora bien, tiene sobre su frente los cuernos de la media luna que son sus armas. Por medio del método conceptista asociamos luna a las cinco, ahora bien, a las cinco menos cuarto, un cuarto de hora antes de salir el toro por los chiqueros, éste se encuentra en los corrales, imitando o emulando a los lagartos al sol de la tarde, tirados sobre la arena, esperando la hora de salir como gladiadores al circo al -«golfo de arena», así se completa el contexto mediterráneo entre golfo y ancoro (ancla). Es necesario recordar a Góngora en Fábula de Polifemo y Galatea, y veamos la similitud entre: «Émulos imprudentes del lagarto», con «émulo casi del mayor lucero» de Góngora, en la descripción de Polifemo (octava VII). (émulo: competidor que procura igualarse con otro). En la octava de Miguel, leemos «magnificáos [sic] el lomo de colores», este «magnificáos» con acento llano en la segunda á, ya que esta palabra no lo lleva por ser acabada en s, puede ser un sutil y desapercibido neologismo: caos más magnífico, ahora bien: magnífico caos. Usa de la alusión perifrástica con «lomo de colores» al toro en la lidia: sangre, banderillas, pelos rubios. «Por el arco, contra los picadores» (v. 5), vemos una alusión perifrástica en ese arco, es el arco de tiro de los cuernos, la media luna de sus armas, que embisten contra los picadores, cuernos como «flecha, a dispararme parto». Aquí el poeta se convierte en toro por el verbo en presente: yo parto. Y continúa con «si yo antes no os ancoro», o sea, no llegará esa gloria al torero, si yo os clavo mis anclas/cuernos, o también, os clavo mis anzuelos, y esa arena con sangre será ya un «golfo de arena»-, una parte de tierra húmeda al borde del mar, y las plazas de toro tienen esa forma arqueada de golfo, de media luna. En el último verso, «en mis bigotes de oro», significa con mis cuernos de oro. Ciertamente prosificando la última parte vemos que esa gloria no llegará al torero si el toro le coge. Para cuernos el poeta usará: arcos, flechas y bigotes. La ilustración es un toro lírico con cuerno de largos arcos y se lo he dedicado a todos los hernandianos.

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[Palmera] Enfrente de la casa de Miguel en la calle Arriba, en el callejón de entrada, junto a Santo Domingo, observamos actualmente cómo crece una palmera datilera, palmera que Miguel veía desde la puerta de su casa. Según Francisco Esteve (2002, 79): Él mismo se define: «alto soy de mirar a las palmeras», en «Silbo de afirmación en la aldea», aunque de forma contradictoria se lamentase en su poema «Del ay al ay por el ay» que «Las palmeras / no me quieren hacer alto/». Las alusiones a este árbol abundante en el levante español, se repetirá a lo largo de la cosmovisión hernandiana. En «Anda, columna, ten un desenlace / de surtidor», si no se supiera la solución sería muy difícil saber que es una metáfora de palmera, salvo que hubiéramos leído «El ciprés de Silos» de Gerardo Diego, donde encontramos además una similitud entre palmera y ciprés, como muy bien observó Agustín Sánchez Vidal (1976, 89): Enhiesto surtidor de sombra y sueño que acongojas el cielo con tu lanza.

En el poema «El huerto de la Petenera», de Federico García Lorca del ciclo de Poema del Cante Jondo, leemos (1995, 305): Los cipreses son negros surtidores de rosales [...]

En el verso 3 de la primera octava de «Abril-gongorino», Miguel, escribe: «con espuelas de palmas surtidoras». Lo cual es un guiño a las lecturas de Gerardo Diego. Continúa la octava con ricas metáforas surrealistas en el verso 3, con: «Pon a la luna un tirabuzón». Las lanceadas hojas de las palmeras son como cabellos en forma de tirabuzón, sobre todo cuando vemos la luna entre las copas de las palmeras. El lenguaje es un sistema de signos convencionales, entendemos copas como parte superior de las palmeras, pero tirabuzón de las palmeras como es una asociación novedosa, no nos es familiar, porque tiene similitudes por asociación de formas con la cabeza de la palmera. En «camello más alto de canela», lo que nos viene a decir es que el color de la joroba del camello es color canela, y además por asociación de lugares hay un parangón entre las palmeras de los oasis y los camellos del desierto.

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La segunda parte de la octava real entenderemos que, el «viento esbelto pace» entre las copas de las palmeras que es como un claustro de hojas y columnas, «a toda vela / con gargantillas de oro», es obvio que las gargantillas de oro son los dátiles, el fruto como el de un collar en la garganta, esta gargantilla se mueve a toda vela como si fuera veleta de la torre de un campanario. En «fundada en ti se iza la sierpe», caben las posibilidades de que la palmera sea como la camisa o funda que muda la sierpe, o bien que la culebra se puede izar o elevarse a través de la palmera y una vez arriba canta o silba su victoria. En la ilustración vemos a un «camello más alto de canela», cuya joroba se sitúa a la altura de la copa o joroba de la palmera. Una de las hojas pone un tirabuzón a la luna, mientras el viento pace en el oasis.

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(Gota de agua) Asistimos en primer lugar a una descripción de una gota de agua que cae desde una estalactita de las que cuelgan de los techos de las cuevas. En esta octava, la gota de agua es semejante a un «segundo de agua, desemboca», o desembarca o cae al suelo de la cueva o sobre una estalagmita. A espaldas de la Casa Museo de Miguel Hernández, antes calle de Arriba 73, ahora lleva el nombre del poeta, sale una senda que zigzagueando sube por la escarpada sierra de La Muela, en la que se ven varias oquedades. En el verso 3: «[...] se reanuda en su origen por la roca, / igual que una chumbera[...]», podría tener dos significados: uno, que cuando llueve sobre las formaciones rocosas, se acumula el agua durante varios días en los cocones (por la forma de coco invertido), y sirven de bebederos para el ganado y grajillas habitantes de las cárcavas. El segundo significado podría llevarnos a entender que una vez caída la lluvia, o sea, caída y esparcidas por el viento vuelve a proseguir lo interrumpido («reanuda») y reaparecen las gotas del agua en las estalactitas de las cuevas, con lo que el poeta consigue semejar a la roca porosa con la carnosidad también porosa de las chumberas: como reservas de agua. La chumbera vuelve a aparecer en la octava XLII con «geométrica chumbera», por su forma «elipsoide de crinita» de los astros, posiblemente una luna y crinita por el nombre dado a una variedad de palmera originaria de Cuba (La Coccothinax crinita). La segunda proposición nos habla de «cojo la bota fruncida» (arrugada), en cuyo análisis (Alhambra, 1976, 121), creo que Sánchez Vidal acierta plenamente en su comentario al construir la hipótesis de que «quizá se trate de un pellejo o bota, de la que el poeta-pastor bebía (de ahí la "ubre fruncida", porque ha de apretarse el pellejo para apurar su contenido) y, tras gotear ("puntos suspensivos"), le refresca y mata la sed [...]». Las botas de agua o de vino son como una ubre de piel seca, o de piel muerta, por eso «que otra mata aun muerta» (v. 6), se debe referir a que la bota de cuero (piel muerta) mata la sed, cuando «tras los renglones evasivos / de la lluvia» (vv. 7 y 8), (renglón como chorrito de agua que sale expulsada por la presión que se ejerce sobre la bota fruncida o arrugada). Evidentemente tras el primer chorro y cuando se agota, caen gotas últimas que semejan puntos suspensivos, una metáfora muy acorde con el primer verso «segundo de agua», en una alusión a la brevedad del tiempo y a la rapidez con que vuelve a repetirse la sensación de sed. Otro de los sistemas que los cabreros usaban para llevar agua consigo a modo de cantimplora, eran las llamadas calabazas de agua, (frutos inducidos desde su nacimiento a tener una forma de 8 para poder ser asidas con un cordel y tapada a su vez con una astilla de acebuche). La ilustración recoge la idea de las estalactitas de las cuevas y las chumberas como reservas de agua, en el centro una especie de calabaza de agua de las que fueron usadas en la Sierra de Almijara (Málaga). La lámina está dedicada al dibujante Ricardo Fuente, que le hizo un retrato a Miguel en la cárcel.

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(Noria) La noria es símbolo de regeneración de la vida por su círculo recolector de agua, vital para los regadíos y la vida misma. Recoge el llanto de la fuente. «Contra nocturna luna, agua pajiza / de limonar...» (v. 1), la octava nos sitúa ante la noche, que es lo opuesto al día, y esa oscuridad encierra ciertos peligros, porque el hombre es un ser diurno, ya que la oscuridad le priva de visión, porque la noche se identifica con la ausencia de todo, y es propicia para el sueño y las maquinaciones, las pesadillas y la muerte. Esta agua pajiza de limonar podría situar a la noria en medio de un limonar o bien es una novedosa tonalidad amarillenta del color pajizo. En «halladas acechanzas» (v. 2), deberíamos hacer un gran esfuerzo de imaginación y pensar en la luna y su reflejo sobre el agua pajiza del fondo de la noria, como dos elementos enfrentados y contrarios: se miran y se acechan. En consonancia con la octava real «XVIII (Pozo)», «subterráneo quinqué» (v. 6), como agua del Mediterráneo (observemos la rima consonante de estas dos palabras), las noches de luna, ésta se refleja sobre el espejo del mar, por ello las dos lunas (satélite y reflejada) se acechan mutuamente. En los versos 3 y 4: «[...] una afila el cantar y otra desliza / su pleno, de soslayo [...]», debemos aceptar como muy válido el análisis de Sánchez Vidal (1976, 126), cuando escribe: «los cangilones [cántaros de la noria], que sobre el agua (uno recogiéndola y el otro dejándola deslizar fuera de él) por sorpresa». Cuando el cangilón recoge el agua lo hace de soslayo, es decir, oblicuamente, de lado, por la posición que ocupa en la cadena de montaje de la noria. La segunda parte tiene ciertas alusiones perifrásticas complejas, por un lado tenemos: «Luna, a la danzarina de las danzas» (v. 5). La noria es como la veleta que gira y a la vez también es una luna que da vueltas en el firmamento, con estos tres elementos compone una metáfora por semejanza de movimientos, puesto que en la octava «XXIV (Veletas)» nos dijo el poeta «Danzarinas en vértices cristianos» (v. 1) y este movimiento se recoge también en la octava «XXIX (Gitanas)» con «¡Luna! Como gobiernas, como bronces, / siempre en mudanza, siempre dando vueltas» (vv. 2 y 3). Por otro lado, tenemos la acequia subterránea de donde la noria coge e iza el agua con los cangilones que golpean la superficie del agua como un pandero. Este pandero nos recuerda a García Lorca en «Su luna de pergamino / preciosa tocando viene» (vv. 17 y 18) de «Preciosa y el aire», o en «el jinete se acercaba / tocando el tambor del llano». (vv. 21 y 22) de «Romance de la luna, luna». En el último verso: «¡cadena de ti mismo, prometea!», la noria es cadena sin fin de sí misma, y esta cadena nos recuerda el título de la tragedia Prometeo encadenado de Esquilo del (s. V a de J. C.), y no es más que una alusión a Prometeo en femenino prometea para que rime con golpea. En la ilustración vemos una noria y su cadena de cangilones, y en la parte inferior una serie de canalizaciones o acequias geométricas subterráneas a modo de greca. Vemos tres lunas como movimiento en su fase danzarina.

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XXXV] (Horno y luna) Esta octava real es la que ha dado título al poemario por el verso 7. Pasado el tiempo, creo que Perito en lunas ha sido muy acertado; el de Poliedros, en cambio, no define nada en concreto. Luna tiene un significado de poeta vocacional, en cambio, perito es el pastor por obligación. Hay una contraposición entre lo material del trabajo y lo espiritual de ser poeta. Acierta Sánchez Vidal al exponer que «Perito en lunas resulta menos gongorino y más moderno». La primera proposición se refiere al horno como «estío de ceniza / para curtir la luna de la era». Esta metáfora es surrealista ya que la luna se presenta como una masa de trigo de la era por su blancura de cisne, que va a ser curtida en el horno. Toma la luna como si perteneciera al mundo vegetal de las mieses, quizás por los paseos que da sobre la era. Tiene semejanzas con la octava «[XXII] (Panadero)», por los elementos: «trigo, estíos, cisne, oro espigo». Entre los versos 3 y 4 se forma un significado, que interpreto como de que el cliente irá a comprar el pan que es oro duradero más o menos, según el dinero del que disponga. La segunda parte es una metáfora muy compleja y de difícil acceso por su disipación en cuanto se termina de leer. Creo que se refiere a la luna imposible de alcanzar y el pan alcanzadizo, como los dos están en dificultad de alcanzar, no sabe muy bien tras cual iniciar la carrera. Y se le presenta el dilema de si continuar con su labor de poeta o dedicarse a ganarse el pan con el pastoreo que es para lo que está predestinado, sin que su padre se lo reproche por no trabajar con el ganado, pues parece ser que a su vuelta de Madrid no trabajaba. José Luis Ferris (2001, 137), escribe: Su permanencia en casa le resulta cada día más difícil, ya que después de medio año viviendo fuera de la potestad paterna, se le hace muy cuesta arriba tener que soportar de nuevo la disciplina familiar y los constantes reproches de don Miguel.

Por ello, él mismo se nombra desde la segunda persona: «Oh tú, perito en lunas; (poeta de la luna) que yo sepa / qué luna (camino) es de mejor sabor», el de ser poeta en la eternidad o cepa de la vid/tierra y cepa como trigo y a la vez pan de la era. La ilustración resume esta idea, la de que el poeta no sabe muy bien si llevarse a la luna y dedicarse a ser poeta, o por el contrario ser cepa de vid como la tierra, a su vez un zarcillo trepador de la cepa abraza a la luna. Arriba a la derecha, vigila una luna con forma de boca de horno, que es a su vez una luna más real, más práctica que la de tener la cabeza llena de grillos, que sería lo que le diría su padre y su madre.

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La luna: Simbología en “Perito en lunas”

La luna es el «dominante», el elemento unificador o el cordón de enlace de todas las octavas reales, pienso que Miguel como pastor debió observar como un astrónomo aficionado, durante muchas noches y duros madrugones, a la luna en todas y cada una de sus fases, por ello, acordé llamarle poeta de la luna o «lunipoeta» aunque nos quede un neologismo muy pedante, pero cierto a falta de otro ajustado. Los hombres de las ciudades, o sometidos a la contaminación lumínica, hemos quedado privados del espectáculo cósmico de la observación de las estrellas o las fases de la luna o como es el chocante espectáculo de observar a la luna de día. Mi padre decía que la luna de día era una inutilidad, tanto como llover sobre el mar, eran algunos de sus muchos adagios, porque él fue cabrero durante su juventud. A la luna se le han atribuido muchos símbolos a lo largo de la historia de la humanidad. En el Diccionario de Símbolos de LIBSA, 2002, he encontrado algunos datos curiosos, como que sus ciclos ofrecieron la posibilidad de poder medir el tiempo, los musulmanes continúan con el calendario lunar con meses de 29 días y 5 horas, además la media luna es símbolo del Islam. Estos ciclos lunares son seguidos por las mareas o por los periodos de la menstruación de la mujer, y la fecundación de los animales y el crecer de las plantas. Si el Sol es el símbolo del fuego la Luna lo es del agua, por ello se le relaciona con la fecundidad y a la vez con la mujer. La luna llena o plenilunio simboliza la muerte entre los griegos. Selene era una divinidad funeraria. Sin embargo como esta fase de la luna es temporal, también es temporal la muerte, que es tránsito hacia la inmortalidad, por eso la luna con sus fases tiene vida propia y cambia como las cuatro fases de la vida: nacer, vivir, morir y renacer; el círculo de inmortalidad o de la reencarnación para los que crean en ella. Observamos que Miguel está enamorado de la luna, porque como dice el estribillo popular: «la luna es una mujer». La palabra luna se repite 21 veces como ya ha quedado explicado en el apartado de estadística. Y nuestro poeta se permite inventar dos neologismos: «tornaluna, lunaste»... En consulta de fecha (15-10-04) a la Real Academia Española de la Lengua a través de la red, aún no se han recogido estas palabras en el Diccionario, y es muy de lamentar que estas dos acepciones creadas por un poeta de talla universal no se hayan recogido aún. «Tornaluna» por similitud con tornasol (Lit.: Reflejo irisado que produce la luz en determinadas superficies), significa la iluminación de la luna sobre los campos. «Lunaste» podría significar iluminado por la luna equivalente a lunado o vestirse de luces, como veremos. En poemas correspondientes al periodo cíclico de Perito..., nos encontramos con el soneto «Echa la luna en pandos aguaceros». Un neologismo como «interlunas», en el poema «Abril-gongorino» en el primer verso de la tercera octava, puesto que este título consta de siete octavas. También tenemos una «luna monda» (octava XXX), que significa luna limpia, de la que hablaremos en dicho apartado. Página 12

Con muy bien criterio nos advierte Fernando Esteve (2002, 36) que en unas ocasiones la luna será jinete, en otras era, hogaza, narciso, etc. Evidentemente las metáforas o metamorfosis muchas veces se hallan encubiertas en otros objetos similares o bajo un nombre supuesto. A riesgo de equivocarme, creo haber encontrado algunas metáforas más, como en «mis largos / aletazos de remador,/» (vv. 6-7 de la octava XII), donde la pala del remo con la que el panadero introduce y saca el pan del horno, es como una luna, y de hecho lo he dibujado así en la ilustración para (Panadero).

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Perito en lunas